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La Ciropedia y la Anábasis: ¿un príncipe socrático en una παμβασιλεία?

García Sánchez, Manel

Abstract

Es un lugar común en los estudios sobre la Ciropedia de Jenofonte ver en ella un tratado sobre el liderazgo político (προστάτης; ἄρχων), así como un speculumprincipum para la Grecia de su tiempo y de toda la tradición occidental. Menos habitual ha sido leer la Anábasis como un tratado de filosofía política, pero tampoco han faltado solventes ejercicios que ven en ella otra obra de Jenofonte sobre el liderazgo político y en ambas la figura de un príncipe socrático en una παμβασιλεία.

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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 La Ciropedia y la Anábasis: ¿un príncipe socrático en una παμβασιλεία? The Cyropedia and the Anabasis: a Socratic prince in a παμβασιλεία? Manel García Sánchez1 Universitat de Barcelona (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0003-1289-1579 Recibido: 27-06-2024 Aceptado: 24-07-2024 Resumen Es un lugar común en los estudios sobre la Ciropedia de Jenofonte ver en ella un tratado sobre el liderazgo político (προστάτης; ἄρχων), así como un speculum principum para la Grecia de su tiempo y de toda la tradición occidental. Menos habitual ha sido leer la Anábasis como un tratado de filosofía política, pero tampoco han faltado solventes ejercicios que ven en ella otra obra de Jenofonte sobre el liderazgo político y en ambas la figura de un príncipe socrático en una παμβασιλεία. Palabras-clave: ἰδιώτης, liderazgo, monarquía, παμβασιλεία, politeía persa, porfirogénesis, speculum principum. 1 ([email protected]) Manel García Sánchez, ResearcherID: AAE-5970-2019, es Profesor agregado de Historia Antigua en la Universidad de Barcelona y especialista en la historia de la Grecia clásica, la Persia aqueménida y el género en la historia antigua. Sus intereses fundamentales se centran en la historia de las ideas políticas y en su recepción, en las relaciones entre oriente y occidente y en la historia del género en la antigüedad. Recientemente ha participado en la coordinación de La democracia griega y sus intérpretes en la tradición occidental, Madrid, Tecnos, 2023 y es autor de La lágrima de Jantipa. Las mujeres y los filósofos en la Grecia antigua, Madrid, Esfera de los Libros, 2024. Dirección para correspondencia: Facultat de Geografia i Història, Departament d’Història i Arqueologia (Despatx 1072), c/Montalegre 6-8, 08001, Barcelona (España). Este trabajo ha sido realizado en el marco de los Proyectos de Investigación PID2020-112558GB-I00 y PID2021-123951NB-I00, financiados por el Ministerio de Ciencia e Innovación del Gobierno de España, así como en el del Grupo de investigación 2021 SGR 00246 UB-UAB, reconocido y financiado por la Generalitat de Catalunya. 204 Manel García Sánchez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 Abstract It is commonplace in studies of Xenophon's Cyropaedia to see it as a treatise on political leadership (προστάτης; ἄρχων), as well as a speculum principum for the Greece of his time and the entire Western tradition. It has been less common to read the Anabasis as a treatise on political philosophy, but there have been no shortage of solvent exercises that see in it another of Xenophon's works on political leadership and the figure of a Socratic prince in a παμβασιλεία. Keywords: ἰδιώτης, leadership, monarchy, παμβασιλεία, Persian politeia, porphyrogenesis, speculum principum. Desde la misma Antigüedad, Jenofonte ha sido visto, a partes iguales, con admiración y con recelo. Para unos, la Ciropedia debería ser leída como una apología de la necesidad de un liderazgo sin fisuras para el mantenimiento del buen gobierno2; para otros, su teoría del liderazgo político escondería una apología inequívoca de una monarquía absoluta que sacrificaba la democracia y el ideal republicano a la voluntad arbitraria y los abusos de poder de un soberano absoluto o παμβασιλεύς3. La supuesta incongruencia de Jenofonte habría consistido en defender inicialmente el buen gobierno de los abusos de la autocracia a través de un idealizado y laconizado Ciro el Grande, modelo de poder justo, como destacó Cicerón (QF 1.23)4, para acabar diseñando un modelo autoritario incompatible con los ideales republicanos y democráticos, más acorde con una idealizada realeza espartana que con una, aunque no totalmente5, imaginaria realeza aqueménida6. De esa misma sospecha no se escaparía el análisis sobre la figura de Ciro el Joven en la Anábasis, sobre el que pesa la sospecha de que bajo su filohelenismo se esconde el inmanente 2 Esposito & Sandridge 2020. 3 Son los denominados por Gray (2011:1) darker readings. 4 Cyrus ille a Xenophonte non ad historiae fidem scriptus sed ad effigiem iusti imperi cuius summa gravitas ab illo philosopho cum singulari comitate coniungitur; quos quidem libros non sine causa noster ille Africanus de manibus ponere non solebat; nullum est enim praetermissum in iis officium diligentis et moderati imperi. Eaque si sic coluit ille qui privatus futurus numquam fuit, quonam modo retinenda sunt iis quibus imperium ita datum est ut redderent, et ab iis legibus datum est ad quas revertendum est?(Cic., QF 1.23: “Jenofonte no escribió su famoso Ciro para ser fiel a la historia sino como modelo de un poder justo, y para ello el filósofo reunió en el personaje una gran severidad y una afabilidad singular. Nuestro famoso Africano solía llevar siempre en sus manos estos libros, y no sin razón, pues en ellos no se pasa por alto ni una sola de las obligaciones de un poder diligente y moderado. Y si alguien que nunca llegaría a ser un simple particular las ejerció de esa manera ¿cómo no han de tenerla en cuenta aquellos a quienes se ha dado el poder con la condición de que lo devuelvan, y conforme a unas leyes a las que han de volver a someterse?”; trad. T. Hernández Cabrera, Madrid, Alianza Editorial, 2003). 5 Sancisi-Weerdenburg 2010; García Sánchez 2009. 6 Tuplin 1994; Azoulay 2007; Whidden 2007a. 205 La Ciropedia y la Anábasis: ¿un príncipe socrático en una παμβασιλεία? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 autoritarismo de los príncipes y reyes persas. Haber hecho de Jenofonte un amigo de los barbaros7, supuestamente también inequívoco el Ciro el Joven del Económico, es una interpretación que no vas más allá de la literalidad y que olvida una lectura global de la obra de Jenofonte, el Agesilao sin ir más lejos, y un análisis de los contextos de agencia de dichos príncipes o soberanos aqueménidas8. Podríamos, sin embargo, conceder a Jenofonte, con Italo Calvino9, que a su aversión hacia los bárbaros le es ajena, en no poca medida, la hipocresía colonialista. No fue Jenofonte el primero ni sería el último en atenuar el entusiasmo sobre el liderazgo de un soberano o príncipe aqueménida –pensemos en el Darío I de Platón como el ἰδιώτης o privatus que alcanza el poder por méritos o en el Ciro el Grande de los cínicos– y tuvo que hacer no pocas concesiones a su auditorio para representar a los persas como a un pueblo bárbaro y esclavo de todos los vicios y pasiones. Esas contradicciones son humanas, demasiado humanas, pero tampoco deben escandalizarnos demasiado porque forman parte de todas las construcciones identitarias y de todos los discursos sobre la alteridad. En el caso persa la presión del entorno era más exigente si cabe, si tenemos en cuenta que el oro persa arbitró la política griega hasta la llegada de Alejandro. Ver en Ciro el Grande o Ciro el Joven el modelo de un soberano ideal solo era posible si se transformaba a los soberanos y príncipes persas en príncipes socráticos laconizados. Ello, por supuesto, no deslegitima la utilidad que la obra de Jenofonte pueda tener para el gobernante −Maquiavelo lo sabía muy bien10− o para la propia disciplina de la filosofía política −como no se cansó de defender Leo Strauss11−, un autor conocedor como pocos del ideal y de la realidad de la política griega del siglo IV a.C. y un semillero para la reflexión sobre los grandes temas de la filosofía política y los usos y abusos del poder. 1. Ciro el Grande: el liderazgo paternalista Desde el liberalismo de John Stuart Mill tendemos a desconfiar del principio paternalista de los políticos, de unos líderes que consideran a sus súbditos como a unos eternos menores de edad privados de la virtud política de la prudencia (φρόνησις) necesaria para gobernar. Ese paternalismo ha recorrido la historia del pensamiento político desde Sócrates y la mayoría de las veces no ha escondido otra cosa que sacrificar la democracia a manos de 7 Hirsch 1985. 8 García Sánchez 2009. 9 Por qué leer los clásicos, “Jenofonte, Anábasis”. 10 García Sánchez 2019: 408-410. 11 Strauss 1970; 1972; Azoulay 2004; Gray 2011; Buzzetti 2014; García Sánchez 2023. 206 Manel García Sánchez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 una oligarquía dirigente12. Jenofonte no se ha liberado de esa sospecha, de su talante antidemocrático, como buen socrático, y su Ciro el Grande ha sido visto en la tradición tanto como un espejo de príncipes como un oscuro y astuto líder autocrático. ¿Para qué audiencia pensó Jenofonte su Ciropedia? ¿Cuál era su horizonte de expectativa? ¿En qué tradición de filosofía política se inscribía su teoría sobre el liderazgo político y a qué realidad de la Grecia clásica respondía13? ¿Se miró en el espejo de la República de Platón o en las apologías de Ciro como un nuevo Heracles de la diatriba cínica de Antístenes, que seguro circulaban en los círculos socráticos? ¿Por qué valerse de Ciro el Grande y de una Persia imaginaria14, del imperio aqueménida, y no solo y directamente de su admirado Agesilao y de su admirada Esparta, una pólis con una supuesta constitución mixta ideal? ¿Dónde halló la inspiración para su líder καλὸς κἀγαθός y, por extensión, para definir el arte político del liderazgo (ἐπίστασθαι ἀνθρώπων ἄλλων προστατεύειν)? ¿Qué relación creyó que debería establecerse entre gobernantes (οἱ ἄρχοντες) y gobernados (οἱ ἀρχόμενοι)? ¿Cómo degenera la autoridad política legítima en una tiranía y cómo se produce dicho proceso en la teoría clásica de los sistemas políticos15? ¿Responde Ciro al ideal del buen gobernante de los socráticos, que sacrifica el individualismo, también el individualismo posesivo, en favor de una ciudadanía virtuosa y de una pólis autónoma y de tamaño moderado, o sucumbe a la propensión oligárquica latente en la filosofía política de su maestro y, lo que es peor, al imperialismo? ¿Qué virtudes definen la conducta del gobernante ideal? ¿Deberemos, pues, con Leo Strauss, aunque extremando la prudencia, leer entre líneas para desenmascarar tras la ironía y otros tropos cuáles eran las verdaderas intenciones de Jenofonte para su apología de una παμβασιλεία en su Ciropedia y de qué recursos retóricos se valió en el contenido de la forma16? ¿Es aprovechable la reflexión de la Ciropedia sobre la supuesta περσῶν πολιτεία para la moderna teoría sobre la democracia y la dialéctica entre liderazgo y participación ciudadana? Dichas preguntas deberían responderse contrastando el ideal con la realidad, la realeza aqueménida idealizada y laconizada con el debate político de esa época convulsa que fue el final del siglo V a.C. y el siglo IV a.C. hasta la llegada de Alejandro, que contaba con la Ciropedia entre sus lecturas de formación17. Estas preguntas son igual de legítimas aplicadas a la Anábasis, pero centrémonos primero en el relato real sobre Ciro el Grande. No sería una exageración afirmar que toda la filosofía política de la Ciropedia se concentra en el libro primero y en el apéndice final sobre la 12 Canfora & Zagrebelsky 2020. 13 Dorion 2017; Brown Ferrario 2017. 14 Vlassopoulos 2017. 15 Newell 1983. 16 Dorion 2010; Tamiolaki 2020; García Sánchez 2023; Demont 2014; Nicolai 2014. 17 Tourraix 2021. 207 La Ciropedia y la Anábasis: ¿un príncipe socrático en una παμβασιλεία? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 decadencia de la realeza persa que concluye la obra en el libro octavo. El mismo inicio de la Ciropedia nos revela que Jenofonte se inscribía en la tradición clásica de los sistemas políticos al clasificarlos en democracia, monarquía, oligarquía y tiranía, de hecho, un sistema, la monarquía, vertebrado por la polaridad gobernante-gobernados y por el imperativo de respetar las leyes y tener como fin último, como télos, el bien de los ciudadanos: Una vez se nos ocurrió reflexionar sobre cuántas democracias han sido derrocadas por quienes preferían regirse con un régimen distinto del democrático, y sobre cuántas monarquías y cuántas oligarquías han sido ya, a su vez, abolidas por el pueblo, y sobre el hecho de que, de cuantos intentaron imponer la tiranía, unos fueron inmediatamente derrocados, y otros, por poco tiempo que se hayan mantenido en el poder, son objeto de admiración por haber sido varones tan sabios y afortunados (Cyr. 1.1)18. Jenofonte se valió de la analogía con el señor (δεσπότης) de la casa (ἐν ἰδίοις οἴκοις) y el gobierno de sus esclavos (οἰκέται) (Xen., Cyr. 1.1.1), como ya hizo en el Económico19, o, bebiendo en la tradición homérica, del pastor (νομεύς) con su rebaño (ἀγέλη) (Xen., Cyr. 1.1.2). Dicha comparación no es tan solo un recurso didáctico, más allá del talento jenofonteo de entender la labor del buen gobernante como un líder político y un gestor económico (cf. con el Ciro el Joven de su Económico o en su Sobre los ingresos), sino que es fundamental porque para nuestro autor aquí radica el gran problema a que debe hacer frente el diseño de un sistema político ideal, a saber, que “los hombres, en cambio, contra nadie se levantan más que contra aquellos en quienes noten intención de gobernarlos (ἄνθρωποι δὲ ἐπ᾽ οὐδένας μᾶλλον συνίστανται ἢ ἐπὶ τούτους οὓς ἂν αἴσθωνται ἄρχειν αὑτῶν ἐπιχειροῦντας)” (Xen., Cyr. 1.1.2). ¿Qué debe pues ofrecer el líder a los ciudadanos para que acepten su liderazgo20? La respuesta para Jenofonte es escueta, aunque el propósito sea difícil de conseguir: prosperidad y seguridad. Vemos aquí una muestra indudable de la modernidad de Jenofonte21, el esbozo de una teoría casi contractualista y tácita entre gobernante y gobernados, una teoría de la aparición del estado, prehobbesiana o prelockeana, mediante un pacto en el que los hombres renuncian a la libertad individual a cambio de la prosperidad y seguridad de la comunidad. Late en Jenofonte también la kantiana paradoja de la “insociable sociabilidad” de los hombres, su propensión a fundar una sociedad que, sin embargo, está perpetuamente amenazada por la disolución, la antinomia entre la inclinación a la vida comunitaria a la vez que al individualismo más egoísta, como vivió el propio Jenofonte en persona y con el vivo recuerdo de la ley 18 Las traducciones de la Ciropedia son de Ana Vegas Sansalvador en BCG (Madrid, 1987). 19 Whidden 2008; Carlier 2010: 358; García Sánchez 2021. 20 Wood 1964; Buxton 2017. 21 García Sánchez 2019. 208 Manel García Sánchez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 de amnistía del 403 a.C. y la condena a muerte de Sócrates en el 399 a.C. No obstante, enseguida desvela nuestro autor su modelo constitucional preferido al vencer su pesimismo de la razón sobre la ingobernabilidad de la naturaleza humana con el hallazgo del príncipe ideal, sabio y heroico, en la figura del laconizado y socrático Ciro el Grande y con una monarquía y un imperio multicultural y multiétnico como modelo que definen una περσῶν πολιτεία diseñada por un líder carismático, casi weberiano, que recuerda a la épica irania que, como señaló Arthur C. Christensen, veía en el liderazgo un instrumento de dos cuerdas, el heroísmo y la sabiduría22: Mientras meditábamos sobre estos asuntos, íbamos comprendiendo, al respecto, que al hombre, por su naturaleza, le es más fácil gobernar a todos los demás seres vivos que a los propios hombres. Pero, cuando caímos en la cuenta de que existió el persa Ciro, que consiguió la obediencia de muchísimos hombres, muchísimas ciudades y muchísimos pueblos (ὃς παμπόλλους μὲν ἀνθρώπους ἐκτήσατο πειθομένους αὑτῷ, παμπόλλας δὲ πόλεις, πάμπολλα δὲ ἔθνη), a partir de ese momento nos vimos obligados a cambiar de idea y a considerar que gobernar hombres (τὸ ἀνθρώπων ἄρχειν) no es una tarea imposible ni difícil, si se realiza con conocimiento (ἤν τις ἐπισταμένως τοῦτο πράττῃ). Por ejemplo, sabemos que a Ciro le obedecían de buen grado (ἐθελήσαντας πείθεσθαι) gentes que, unos distaban de él muchos días de camino, otros incluso meses, otros que no lo habían visto nunca y otros que sabían bien que ni siquiera lo verían jamás, y, sin embargo, estaban dispuestos a serle sumisos (ἤθελον αὐτῷ). En efecto, hasta tal punto sobresalió del resto de los reyes (διήνεγκε τῶν ἄλλων βασιλέων), tanto de los que habían heredado el poder de sus padres (τῶν πατρίους ἀρχὰς παρειληφότων) como de los que lo habían obtenido por sí mismos (τῶν δι᾽ ἑαυτῶν κτησαμένων) (Xen., Cyr. 1.1.3-4). Una condición, pues, debe cumplir el gobernante ideal para que los gobernados acepten su liderazgo: gobernar con conocimiento (ἐπίσταμαι/ ἐπιστήμη), una idea muy socrática que en sus Recuerdos de Sócrates (Xen., Mem. 3.10) es calificada como βασιλικὴ τέχνη23, y que fundamentará toda la crítica de los socráticos a una democracia participativa y por sorteo como la ateniense24, en donde el ciego y arbitrario azar conducía al poder a personas no preparadas y carentes de la ciencia de gobernar, de esa oclocracia que desesperaba al Viejo Oligarca. No perdamos tampoco de vista una distinción que será un motivo recurrente de la filosofía política clásica y de su crítica a la realeza aqueménida, especialmente en el pesimismo casi fatalista muy de época (pensemos en las Leyes de Platón), que domina el final del libro octavo de la Ciropedia sobre la decadencia de la realeza persa, a saber, heredar el poder por haber nacido hijo de un rey o alcanzarlo por méritos propios, esto es, 22 Christensen 1936: 141; Woronoff 1993: 48; Azoulay 2004: 26; Tourraix 2021: 16. 23 Dorion 2020: 46. 24 Ober 1999: 367; Brown Ferrario 2017: 66-72. 209 La Ciropedia y la Anábasis: ¿un príncipe socrático en una παμβασιλεία? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 siendo previamente un particular (ἰδιώτης) que viste la púrpura por sus virtudes y no por la herencia de haber nacido ya príncipe heredero, esto es, in regno et ante regnum (Just. Epit 2.10), combinado con la espartana institución de la porfirogénesis25. No obstante, la admiración por ese príncipe ideal pronto nos resulta sospechosa, en la más pura línea del realismo político, y a la idealidad se impone la realidad de la inmanencia al ejercicio del poder y las sartrianas manos sucias, la contradicción entre el “ser” y el “deber ser”, entre la eficacia y el compromiso político, las weberianas éticas del deber y éticas de la convicción, operaciones de maquillaje casi siempre del maquiavelismo político, que garantice una sociedad igualitaria, incluso como meritocracia, y justa: pudo abarcar tan extenso territorio por el temor que les inspiraba (ἀφ᾽ ἑαυτοῦ φόβῳ), de suerte que a todos aterrorizó (καταπλῆξαι) y nadie intentaba nada en su contra, y fue capaz de infundirles tanto deseo (ἐπιθυμίαν) de que todos le agradaran (χαρίζεσθαι), que en todo momento exigían ser gobernados según su criterio (ὥστε ἀεὶ τῇ αὐτοῦ γνώμῃ ἀξιοῦν κυβερνᾶσθαι) (Xen., Cyr. 1.1.5). De nuevo, pues, la necesidad de que el gobernante esté dotado de los medios para conocer (γνώμη), del carisma (χάρις) necesario para que un líder se sitúe, paradójicamente, por encima de la ley o las convenciones tradicionales para persuadir a sus súbditos26, introduciendo aquí Jenofonte una deriva autoritaria que, como en el caso de Ciro el Grande con la politeía persa, supondrá subvertir el orden constitucional y, llegado el caso, jugar circunstancialmente con ser o parecer virtuoso27, nada nuevo bajo el sol si pensamos también en las “mentiras piadosas” platónicas y una muestra más de cómo en la filosofía política griega la necesidad y la realidad se acaba imponiendo siempre sobre la idealidad, sobre cómo el diseño de una politeía ideal se corrompe al aplicarse sobre la imperfecta y cambiante realidad en la que quizás se cumplen más a menudo los análisis de realismo político sobre la naturaleza humana de los Trasímaco, Calicles o del Ciro y el Jenofonte admirados por Maquiavelo que los ingenuos y sospechosos intelectualismos morales de los socráticos (Nietzsche dixit). Las aptitudes naturales de Ciro el Grande hubieron de ser potenciadas según Jenofonte por una educación (παιδεία/ἀγωγή) especial, una educación más socrática28 o más de inspiración espartana que persa29, lejos de conductismo o ambientalismo alguno y fruto de un linaje (γενεά) también distinguido (Xen., Cyr. 1.1.6), con la figura de un padre de moral encrática y ejemplar, Cambises, dinasta ejemplar y modelo de buenos reyes que sucumbió con el mismísimo 25 Knauth 1975: 57; Carlier 1984: 241; García Sánchez 2005: 228. 26 Azoulay 2004; Atack 2018. 27 Tamiolaki 2018. 28 Gray 2011: 19. 29 Tuplin 1994; Lee Too 1998; Azoulay 2007; Whidden 2007a. 210 Manel García Sánchez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 Ciro cuando este fundó un imperio y sacrificó el ideal asambleario y clánico de los persas, según leemos en las páginas finales de la Ciropedia, y con la sucesión de Cambises II, o en Platón, que quizás se inspiró en Jenofonte o en Ctesias para su crítica de la irresponsabilidad del soberano aqueménida de delegar en el harén la educación del príncipe heredero30. Jenofonte es además explícito, en la línea de la mejor tradición de la autopsia de la historiografía griega al referir que lo que explica fue visto por él mismo (ᾐσθῆσθαι δοκοῦμεν περὶ αὐτοῦ), sin duda en sus contactos con ese otro modelo de príncipe ideal para nuestro autor que fue Ciro el Joven y en su peripecia vital en la Anábasis (si bien allí acostumbra a valerse del impersonal λέγεται). El buen rey de Jenofonte, y aquí volvemos a encontrarnos con el socrático que confía en la enseñanza de la excelencia (ἀρετή), debe contar con las virtudes que Ciro el Grande mostró con una precocidad que presagiaba al futuro soberano ideal, sin duda un omen imperii: Ciro era muy bien parecido (κάλλιστος) y muy generoso de corazón (ψυχὴν δὲ φιλανθρωπότατος), muy amante del estudio (φιλομαθέστατος) y muy ávido de gloria (φιλοτιμότατος), hasta el punto de soportar toda fatiga (πόνον) y de afrontar todo peligro con tal de recibir alabanzas (Xen., Cyr. 1.2.1). Las cualidades del soberano ideal, las cumple Ciro el Grande sobradamente en tanto que paradigma de hombre ideal: es hermoso (καλός), generoso de corazón (φιλάνθρωπος), amante del estudio (φιλομαθής), ávido de gloria (φιλότιμος), a lo que debemos sumar que es también justo (δίκαιος), una virtud, la justicia (δικαιοσύνη), que sí aparece en las inscripciones aqueménidas, por ejemplo en la Inscripción de Darío de Naqs-i-Rustam, como una cualidad imperativa del soberano referida mediante los términos antiguo persas arta (verdad), drauga (mentira) y data (justicia), y base de la educación de los jóvenes nobles persas31: Gracias a Ahura Mazda, soy tal que soy amigo de la verdad, no soy amigo de la injusticia; mi deseo no es que el débil sufra la injusticia a causa del poderoso; mi deseo no es que el poderoso sufra justicia a causa del débil (DNb § 2). Jenofonte refiere que Ciro el Grande fue educado “en las leyes de los persas (ἐν Περσῶν νόμοις)”, pero sobre todo lo más valioso de esa educación casi lacedemonia de los ὁμότιμοι persas como ὁμοῖοι espartanos32 es que, a diferencia de la mayoría de las ciudades estado, en esa παιδεία se ocupan del bien común (τοῦ κοινοῦ ἀγαθοῦ) desde el principio (Cyr. 1.2.2), una idea 30 García Sánchez 2009: 156-158; Gray 2011: 256-261. 31 Bucci 1983; García Sánchez 2009: 76; Sancissi-Weerdenburg 2010: 450; Degen 2020; Tourraix 2021: 18. 32 Tuplin 1994; Azoulay 2007; Whidden 2007a. 211 La Ciropedia y la Anábasis: ¿un príncipe socrático en una παμβασιλεία? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 cardinal de la filosofía clásica de la época de nuestro autor, y de los socráticos en particular, que define el estado y la politeía ideal, incluso con reminiscencias platónicas en la censura de aquellas póleis que permiten que los padres eduquen a sus hijos como deseen. Otra idea también en la línea de Platón es el alejar a los comerciantes de la conocida como “plaza de la libertad” (ἐλευθέρα ἀγορά), en donde son educados los jóvenes persas a la espartana y divididos en grupos de niños, jóvenes, adultos y, finalmente, aquellos que han sobrepasado la edad del servicio militar, prueba de cómo los persas, en este caso, los gobernantes ideales, se preocupan de que los ciudadanos sean los mejores (βέλτιστοι). Esa educación, en la línea socrática, no podría basarse en otras virtudes cardinales33 que no fueran la justicia (δικαιοσύνη), la templanza (σωφροσύνη), la obediencia (πειθώ), el autocontrol (ἐγκράτεια) y, aquí la aportación es de Jenofonte, aunque en la línea de la educación ecuestre persa, con el tiro al arco y en lanzar la jabalina en actividades cinegéticas o bélicas34. Nos faltaría la valentía (ἀνδρεία) como virtud cardinal, pero ella hace su aparición como virtud esencial del líder en el libro tercero, al presentar las primeras operaciones bélicas del reinado de Ciro el Grande (Xen., Cyr. 3.48-55), con inspiración homérica al presentar sus campañas casi como si de una ἀριστεία se tratase35. Un vicio importante debe, no obstante, evitarse en la educación ideal de los ciudadanos ejemplares (Xen., Cyr. 1.2.6-8): la ingratitud (ἀχαριστία). Si la gracia (χάρις) es una virtud fundamental del gobernante ideal jenofonteo36, el mayor riesgo del que pueda ser víctima el político, y el estado por extensión, y de ello hay innumerables muestras en la historia política griega (Sócrates, sin ir más lejos) es la ingratitud de los ciudadanos frente al gobernante que entiende la política como un servicio público (κοινός/ δημόσιος) desinteresado y con la vista puesta en el bien común, cuya norma no es el capricho, sino la ley (νόμος), el esfuerzo (πόνος) (Xen., Cyr. 1.5.12; 1.6.8; 2.2.11-17), el respeto a los dioses (Xen., Cyr. 1.6; 6.4.19-20), la competencia de saber ayudar siempre a los amigos y de afligir a los enemigos (Xen., Cyr. 1.4.25), siendo la amistad (φιλία) otra virtud cardinal del soberano ideal, en cuya politeía establece que las recompensas se brindan en función del mérito (ἀξία), esto es definiendo una politeía meritocrática con Ciro el Grande como árbitro (Xen., Cyr. 2.3.16; 4.1.2). No perdamos de vista la fecha de composición de la Ciropedia, hacia el 360 a.C., y los avatares de la historia griega vividos por el mismo Jenofonte37 y esa virtud de la φιλία, tan presente en Recuerdos de Sócrates, vertebrará también la concepción de la realeza de Alejandro y de las monarquías helenísticas. Cardinal en la definición de una politeía es, por supuesto, la definición de 33 Tamiolaki 2012; Dorion 2020; Danzig 2020. 34 Knauth 1975; García Sánchez 2005: 228. 35 Gray 2011: 141-142. 36 Azoulay 2004. 37 Dillery 1995. 218 Manel García Sánchez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 Ciropedia, menos aún la Anábasis, a las obras de filosofía política de Platón o de Aristóteles, en especial por su inclinación a mezclar géneros literarios y los usos de la retórica, como la novela80, la biografía casi hagiográfica de los Ciros o de Agesilao81, la historia o la utopía82, pero lo cierto es que sus Ciros son un modelo de liderazgo sin fisuras83 en los que subyace una filosofía política a favor de una realeza ilustrada84, pero a la vez ancorada en la realidad de los nuevos tiempos que se avecinaban, a saber, en donde a un imperio como el aqueménida solo se le podía hacer frente desde una παμβασιλεία y no desde una amalgama de póleis con sistemas constitucionales diversos y antagónicos entre sí, incluso con los riesgos que suponía la aventura imperialista panhelénica85. De ello incluso podríamos extraer hoy en día lecciones de política real, a saber, lo difícil que es para las democracias liberales controlar o vencer a las autocracias. Su gobernante ideal debe saber armonizar la gracia (χάρις) y la persuasión (πειθώ) con el miedo (φόβος)86 porque el miedo de los súbditos sirve también como mecanismo para garantizar la seguridad y también de antídoto terapéutico contra la traición, la sedición o, el peor de los males, la ingratitud (ἀχαριστία) hacia el gobernante o las instituciones, males de larga duración. Obviamente, nosotros hoy en día no podemos suscribir que la política se fundamente en el miedo, pero sí en el respeto y el patriotismo constitucional habermasiano, pero no es menos verdad en un ejercicio de realismo político a lo Trasímaco que nuestra obediencia a la ley bascula entre el cumplimiento del deber y el miedo a la sanción por el incumplimiento de la norma y que nunca es fácil armonizar seguridad y libertad. Para Jenofonte y su monarquía basada en el mérito, el buen rey, un líder carismático87, como Ciro el Grande o Ciro el Joven, no nace sino que se hace mediante los méritos del ἰδιώτης o privatus que le garantizan la legitimidad de la posesión del cetro, méritos entre los que se halla la educación mediante la virtud y la téchne política, una politiké paideía, educación cívica y moral vertebrada alrededor de las virtudes de la templanza, el esfuerzo, la equidad, el amor a la verdad, el patriotismo, la generosidad con los amigos que impida el vicio de la πλεονεξία, la magnanimidad, la piedad88, la solicitud y cuidado de los otros (ἐπιμέλεια), la austeridad, la filantropía, philotimía89, philomathía, 80 Tatum 1994; Pontier 2014; Madreiter 2020; novela histórica, en expresión desafortunada de Azoulay 2004: 15. 81 Flower 2012. 82 Gray 2010: 3. 83 Hutchinson 2000. 84 Esposito & Sandridge 2020; Flower 2020; Danzig 2020. 85 Carlier 2010: 358-359. 86 Azoulay 2004: 34-35. 87 Ruderman 1992; Tamiolaki 2017: 189-193. 88 Flower 2016. 89 Keim 2016: 127, 130. 219 La Ciropedia y la Anábasis: ¿un príncipe socrático en una παμβασιλεία? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 la justicia y la obediencia a la ley90. La Ciropedia, y en menor medida la Anábasis, en la línea de la mejor filosofía política de Platón o Aristóteles, reflexiona sobre cómo conseguir la estabilidad de los regímenes políticos, en su caso, la monarquía o la παμβασιλεία, y la aceptación libre y voluntaria de la obediencia (ἐθελούσας πείθεσθαι) por parte de los súbditos, una manera de resolver la paradoja entre la libertad y la obediencia debida, entre gobernantes y gobernados91, a través de una monarquía ilustrada, una idea que se respiraba en el ambiente de la época también en Isócrates y su defensa del panhelenismo en el Panegírico o el Filipo y de la inevitabilidad de la unión panhelénica de todos los griegos (con Agesilao o Filipo de Macedonia al frente) para hacer frente al imperio aqueménida, una idea que tuvo no poca influencia en la realeza helenística que halló en Jenofonte un perfecto espejo de príncipes92. El legado de Jenofonte a la filosofía política se sintetiza al inicio mismo de la Ciropedia: Pero, hijo mío, ¿has olvidado lo que una vez tú y yo razonábamos, que era una conveniente y hermosa labor para un varón poder ocuparse de convertirse en un hombre probadamente hermoso de cuerpo y noble de espíritu (καλὸς κἀγαθός), y de tener suficientes recursos él y su familia? Pero, aun siendo ésta una importante labor, el hecho de saber dirigir a otros hombres de modo que tengan recursos en abundancia y sean todos como deben ser (τὸ δέ, τούτου μεγάλου ἔργου ὄντος, οὕτως ἐπίστασθαι ἀνθρώπων ἄλλων προστατεύειν ὅπως ἕξουσι πάντα τὰ ἐπιτήδεια ἔκπλεω καὶ ὅπως ἔσονται πάντες οἵους δεῖ), se nos revelaba entonces como algo verdaderamente admirable (Xen, Cyr. 1.6.7). La Ciropedia de Jenofonte nos ofrece un modelo de soberano ideal que reina por deber y con el apoyo de la aristocracia, pero cuya labor es entendida también como un servicio fundado en la legalidad. Su speculum principis estuvo motivado por la necesidad de búsqueda de un líder ideal, socrático, incluso un líder real, de un príncipe socrático como el mismísimo Jenofonte93, una necesidad sentida como imperativa en la Grecia del siglo IV a.C., arbitrada a placer por el imperio aqueménida. Es cierto que su Ciro el Grande marcó el camino a seguir a los defensores de la autocracia en su apelación a la razón de estado y es cierto también que nos genera menos simpatías que los modelos republicanos de inspiración platónica o aristotélica o que nuestras democracias liberales, que tienen no poco de oligárquicas. Pero eso no significa que su legado sea hoy caduco, sino que sigue siendo necesario en nuestras sociedades liberales víctimas de la demagogia o en autocracias en donde políticos sin escrúpulos hacen válido que en política el fin justifica los medios, incluso frente 90 Luccioni 1947: 58-59, 62-64. 91 Gray 2011: 241-243. 92 Farber 1979. 93 Ruderman 1992; Buzzetti 2014. 220 Manel García Sánchez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i57.10 a los críticos que ven precisamente en su Ciro ese proceder maquiavélico como gran simulador y disimulador. En eso consiste precisamente la ironía. Jenofonte nos enseñó en la Ciropedia o en la Anábasis, por qué no, a ser ciudadanos comprometidos con la política y la regeneración del estado, a entender la política como inseparable de la ética −aunque no siempre− y como imperativo para el intelectual sentir como verdaderamente admirable conducir a sus conciudadanos hacia la luz de la justicia y del compromiso moral, diseñar un estado ideal fundado en virtudes o valores que culminen en la justicia, la dignidad humana y la idea del bien y en el que él mismo se presenta como líder en su condición de intelectual y soldado. ¿Por qué entender la República de Platón como una utopía que nos ayuda a reflexionar sobre las imperfecciones de la política real y la necesidad de su mejora permanente y no interpretar igual la Ciropedia de Jenofonte, incluido su filolaconismo? ¿Por qué no leer la Anábasis como un tratado sobre el liderazgo político? Ese fue, creemos, el compromiso de Jenofonte, esa una de sus mayores contribuciones a la filosofía política94, más que fruto de la ingenuidad o el oportunismo político, como la lectura crítica de Jenofonte no se ha cansado de destacar desde el siglo XX hasta nuestros días, la capacidad de adaptación a las circunstancias que la cambiante política griega del siglo IV a.C. reclamaba, algo que parece más una virtud de un hombre e intelectual comprometido que entiende la política como un servicio público que el vicio de un oportunista político atento astuta y pragmáticamente a los cambios de la fortuna de Grecia o de su circunstancia particular. Ha llegado, pues, la hora, de reivindicar de nuevo a Jenofonte como un filósofo político de primera magnitud, un teórico del liderazgo, sin necesidad de leer entre líneas o hacer elocuentes los silencios, con la certeza de poder leerlo desde la transparencia y la honestidad de su palabra fértil y no siempre desde la ironía, la sospecha o la desconfianza, por más que la política real que le tocó vivir lo inclinase no sin contradicciones por una defensa velada de la autocracia si se quería hacer frente al imperio aqueménida, con el coste que ese mismo imperialismo y παμβασιλεία tendría para los griegos, con la antinomia política sobre cómo armonizar libertad con seguridad. 94 Gray 2010: 5. 221 La Ciropedia y la Anábasis: ¿un príncipe socrático en una παμβασιλεία? Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 57. Tercer cuatrimestre de 2024. Pp. 203-226. 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