Sistemas de encimbrado y apeos en la Restauración Monumental española durante el siglo XIX
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Sistemas de encimbrado y apeos en la Restauración Monumental española durante el siglo XIX El proceso de construcción exige una manipulación física de los materiales para que vayan confonnando el elemento constructivo y adopten una forma concreta en el lugar específico del edificio. Esta serie de prácticas constituye la esencia de la técnica edificatoria y, en ocasiones, precisa de recursos auxiliares para la ejecución en función del tipo y la forma del material de que se trate. En el caso de las técnicas constructivas de cantería y albañilería, los materiales previamente conformados, se unen dando lugar al elemento constructivo de mayor tamaño y cuyas características formales y funcionales pueden ser radicalmente diferentes a las piezas elementales.] Para conseguir la unión o ensamblaje de las piezas, son precisos los medios auxiliares que soporten, de forma provisional, los pesos y las tensiones que se producen durante la construcción, en tanto el elemento constructivo, bien por la necesidad de trabazón de sus componentes o de endurecimiento del conglomerante que los una, adquiere la capacidad portante propia. Estos elementos auxiliares, como apeos y cimbras, eran conocidos y empleados en construcción desde la Antigüedad, aunque en las culturas egipcia y mesopotámica su uso fuera poco frecuente debido, entre otras cuestiones, a la escasez de madera.2 Sin embargo, fueron sistemas auxiliares básicos en la técnica de construcción romana. Aunque desde la construcción romana hasta la altomedieval se mantiene la herencia clásica en el empleo de los medios auxiliares de construcción (siendo de destacar únicamente los José Mg Calama Rodríguez Amparo Graciani García nuevos métodos de elevación de cargas pesadas que se empezaran a desarrollar a partir del siglo XII') en síntesis, estas novedades no afectan en demasía a los sistemas de cimbras y apeos. Su consideración de medio auxiliar que no queda incorporado a la construcción, hace que las cimbras, con el perfi] adecuado al arco al que deben servir de soporte provisional, se diseñae a partir de elementos sencillos pero suficientemente resistentes, empleando para ello sistemas triangulados de celosía, de manera que garanticen su indeformabilidad ante el peso y las acciones de la construcción, con una economía de medios. Cuando los arcos o bóvedas no son de grandes luces, un solo triángulo organiza el entramado estructural y, si la luz aumenta, la subdivisión en triángulos también lo hace, organizando una verdadera cercha sobre la que se apoyará el manto que dará soporte a las dovelas (figura 1). El empleo de estos sistemas auxiliares, no sólo ha condicionado, en múltiples ocasiones, el proceso constructivo a seguir, sino que ha influido incluso en ]a elección tipológica de los sistemas estructurales. Los romanos lIegaban incluso a realizar los diseños arquitectónicos de algunos elementos, teniendo en consideración el proceso de construcción a emplear; así, practicaban unos salientes, a modo de cornisas o impostas decorativas, en la última hilada horizontal del muro (figura 2), que a su vez servía para e] apoyo de la cimbra.4 También se llegaba a planificar el proceso constructivo a partir del análisis de la conveniencia de emplear una sola cimbra para ejecutar las Actas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Sevilla, 26-28 octubre 2000, eds. A. Graciani, S. Huerta, E. Rabasa, M. Tabales, Madrid: I. Juan de Herrera, SEdHC, U. Sevilla, Junta Andalucía, COAAT Granada, CEHOPU, 2000.
154 Figura 1 Cimbras romanas (P. Adams). J. M.' Cal ama, A. Graciani ~~ 10m Figura 2 Cimbras sobre impostas (P. Adams). roscas del arco y desplazarla para construir la siguiente, con el consiguiente ahorro de material, o si interesaba conformar cimbras completas para todo el espesor de la fábrica y poder, de este modo trabar las distintas roscas de los arcos, construyendo una verdadera bóveda. La etapa de construcción de las grandes catedrales góticas y especialmente algunos arquitectos de los siglos XV y XVI, aportaron nuevas soluciones de acuerdo a las necesidades que surgieron de las magnas construcciones.5 No obstante las soluciones se fundamentaban en diseños sencillos, al estar limitadas las dimensiones de las piezas de madera. Así, por ejemplo, la técnica utilizada para la construcción de arcos de medio punto se hizo extensiva a los arcos apuntados, a pesar que el comportamiento estructural de uno y otro diferían, especialmente, en cuanto a las zonas débiles o reforzadas, de ambos (figura 3). En otras ocasiones, el verdadero problema constructivo era la organización de los medios auxiliares que permitiesen acometer las arriesgadas soluciones arquitectónicas, como ocurría con las construcciones góticas que precisaban enormes entramados para salvar las alturas de los arcos torales y las bóvedas. -COILE PENOQLON DOSlE PA.R Figura 3 A) Cimbra para arco de medio punto; B) Cimbra para arco apuntado. En el caso de la intervención sobre edificios construidos, el empleo de cimbras y apeos adquiere doble función, ya que por un lado permite la reconstrucción de las partes arruinadas, mientras que por otro, organiza y completa la estructura dañada estabilizando los desequilibrios originados por la ruina de alguno de los elementos estructurales. En este sentido, durante la segunda mitad del siglo XIX se produjo en España un impulso a la restauración arquitectónica que, entre otras cosas, generó un estudio en profundidad de las técnicas constructivas del pasado. Las prácticas empleadas en la restauración de nuestros monumentos, especialmente los pro-
Sistemas de encimbrado y apeos en la Restauración Monumental Española durante el siglo XX 155 cesas de consolidación estructural de algunas fábricas medievales, llevaron a los arquitectos a plantear su naturaleza constructiva elemental. A partir de este sustrato teórico, los arquitectos hubieron de buscar y proyectar medios auxiliares acordes con la naturaleza de tales fábricas. En las páginas que siguen vamos a analizar algunos de las más singulares sistemas de encimbrado y apeas utilizados en los procesos de restauración monumental en España durante el siglo XIX. EL PROYECTO DE ENCIMHRADO DE JUAN DE MADRAZO PARA LA CATEDRAL DE LEÓN (1869-1874) Los desordenes estructurales introducidos por los derribos de algunos pilares y ]a cúpula barroca del crucero, ordenados por Matias Laviña a partir de 1859, fueron los causantes de una descompensación de empujes y contrarrestas en la estructura de la catedral. La llegada a León en 1869 de Juan de Madraza y Kunt (I 829-1880) como arquitecto restaurador supuso un transcendental cambio en los planteamiento de restauración del templo. El lastimoso estado de la catedral, tras los desmontes realizados por Laviña durante el período anterior, hacían imprescindible la creación de medios auxiliares para apoyar debidamente las partes desmontadas y proceder a la reconstrucción una vez asegurada la estabilidad de] edificio. Entre los años 1869 y 1874, Madraza elaboró un proyecto de encimbrado para las bóvedas altas de la catedral diseñados a partir de] principio de e]asticidad aplicado por los arquitectos racionalistas en la restauración de monumentos, que consideraban la arquitectura gótica dotada de un sabio equilibrio entre sus elementos constructivos y cuya perfección residía en la coherencia entre la forma y su comportamiento mecánico. Funcionalidad estructural y sistemas de equilibrio activo fueron principios rectores que sirvieron de base para e] diseño de las carpinterías de armar empleadas como medios auxiliares en los procesos de reconstrucción de los monumentos durante la segunda mitad del siglo XIX. En esta línea, para la realización de su proyecto, Juan de Madraza estudió los materiales utilizados en su reconstrucción, el tipo estructural general y las formas y dimensiones del templo, y todo ello lo analizó en Íntima conexión con e] proceso de ejecución y en relación con los medios auxiliares requeridos. Desde estos planteamientos, más que propiamente una restauraciÓn se desarrolló una labor de reconstrucciÓn. El impresionante sistema de encimbrado ideado por Madraza, a modo de inmenso armazón de madera, respondía a las necesidades requeridas por el estado de semiruina que presentaba la catedral. El desequilibrio de la fábrica era evidente: los pilares encorvados no ofrecían un apoyo estable a las bóvedas, los tramos desmontados de las bóvedas habían roto el equilibrio y, descompuestas, ejercían empujes desiguales al tiempo que el deterioro o desmonte de arbotantes y botarel es, en su función de contrarrestas, les incapacitaba para resistir los empujes; la ruina parecía inminente. Las obras de cantería para la reconstrucción de las bóvedas no podían ser continuadas si antes no se aseguraba la estabilidad del sistema. Estas cimbras eran imprescindibles para contener los empujes que extendían la ruina a otras zanas del edificio. Ante la falta de apoyos que sustituyesen en sus funciones estáticas a los elementos que habían sido derribados, las bóvedas se encontraban mutiladas sin el sostén necesario. Matías Laviña había realizado armazones de carpintería pero que no sirvieron para dotar de las entibaciones precisas al edificio. Sus armaduras eran grandes y pesadas y aprestadas sobre dunnientes solo servían como andamios y simple sostenimiento vertical de las bóvedas. El sistema de equilibrio de la catedral gótica era más complejo de lo que Laviña había imaginado. Fundamentos teóricos del sistema de encimbrado: funcionalismo estructural y equilibrio activo El sistema de encimbrado que ideó Madraza estaba concebido como una horma que sostuviese y entibase la catedral para permitir reconstruir las partes que se habían desmontado. Como hemos señalado, Madraza aplicó las doctrinas racionalistas de explicación del funcionamiento deJ sistema gótico de ViolIet-Je-Duc, y ese punto de partida metodológico fue el que adoptó para plantear la reconstrucción de las partes desmontadas, en este sentido, el sistema de encimbrado es la adaptación de la armadura de madera a las con-
156 J. M." Calama, A. Graciani diciones estructurales del sistema gótico, a modo de elemento neutro aphcado a ]a parte activa de] edificio. E] diseño de] encimbrado de Madraza partía de ]a consideración de] funcionamiento estructura] de la fábrica, que el arquitecto consideraba dividida en tres niveles, En primer lugar una parte elástica que correspondía a la estructura formada por botare]es, arbotantes' pilares contrafuertes y arcos de crucería para ]a formación de las bóvedas; estas fábricas desempeñaban la función activa y de el1as depende ]a estabi1idad de] edificio, E] resto de ]a fábrica no desempeñaba función activa y Madraza ]a c1asificaba en «rígida», sin función activa pero que actuaba como soporte de] cerramiento, y «neutra», es decir aque11a que gravita sobre las crucerías (entrepaños y plementería), Esta distinción entre partes activas y pasivas es de suma importancia para determinar e] sistema de restauración del edificio y los medios de sostén y apeo de las partes arruinadas, Lógicamente, la propiamente activa, es ]a que debe reconstruirsc en primer lugar para asegurar ]a estabihdad de] edificio y restituir el sistema de equilibrio de ]a catedral gótica, Como es natural, por su condición de medio auxihar, e] sistema de encimbrado proyectado por Madraza fue desmontado a] terminar los trabajos de cantería, Sin embargo, e] propio arquitecto dejó cuatro planos de su planta, secciones transversales y algunos deta11es con los pormenores de su ejecución6 (figuras 4a y 4b), Existen, además, otras fuentes documentales; Demetrio de los Ríos fue el autor de unos modelos en pequeña escala que fueron reproducidos en su monografía sobre la catedral (figuras 5" y 5b) Y Juan Bautista Lázaro realizó una interesante descripción del mismo, que fue publicada en 1886,7 Función y construcción: adaptación de las cimbras a los tipos estructurales del edificio gótico Una de las aportaciones de] sistema auxiliar proyectado por Madraza fue su origina] planteamiento para tensionar los cartabones de ]a cimbra, E] arquitecto articuló su encimbrado en función del sistema de bóvedas altas, pero no se limitaba a las carpinterías necesarias para ]a reconstrucción de los nervios y ]a plementería de estas, sino que las cimbras se ap1icaron a todos los arcos relacionados con el1as, con e] fin de que todos los empujes ejercidos por estos elementos, parte activa de ]a estructura, fueran correctamente 1t08In;. .. ti ............ L..e.." .. CO,,",TCi 't1\;AJ..""B<IJ'4," :,fOtt.LA..s.t5U aA DI: LA .S.A."'A. ~~..!! ,...tu. Figura 4 Proyecto de encimbrado de Juna de Madrazo para la catedral de León; A) Planta; B) Alzado.
Sistemas de encimbrado y apeos en la Restauración Monumental Española durante el siglo XX 157 Figura 5 Modelo de apeo y encimbrado de Madrazo, según maqueta de Demetrio de los Ríos. transmitidos al punto de apoyo, es decir a los pilares en el interior del edificio y hacia los botarel es exteriores a través de la acción ejercida por los arbotantes en su doble función de transmisores de empujes y contrarrestas. Para ello, Madraza comenzó por reconstruir los botarel es , considerados elementos indispensables para asegurar )a estabilidad de las bóvedas. Su proyecto de encimbrado estaba sustentado en el modelo teotérico de explicación del funcionamiento mecánico del sistema de equiJibrio activo de la catedral gótica. Este sistema aplicado por Viollet-Ie-Duc es concebido como «un sistema deducido desde arriba», ésto es, una vez concebida la disposición de ]as bóvedas, el resto de los sistemas de apoyo y contrarrestas se deduce Jógicamente. Un proceso de restauración de la magnitud de la catedral de León, con varios tramos de bóvedas desmontados, exigía la Íntima comprensión del mecanismo de función de la bóveda de crucería para la eficaz consolidación y restauración de la totalidad de la estructura. El sistema de contrarrestas entre los arcos es de especial importancia para asegurar el equilibrio estructural. Cada tipo de arco empleado en la construcción presenta un sistema de contrarresto en función de la acción mecánica que desarrolla. Los arcos que componen Ja bóveda del crucero, ]os arcos torales directamente y ]os diagonales indirectamente o por descomposición de fuerzas se contrarrestan en sus empujes por los arcos formeros de las naves altas que se encuentran en cada una de las cuatro prolongaciones del crucero, es decir, los formeros de la nave, del presbiterio y de los brazos del crucero. Por estas causas, el sistema de encimbrado diseñado por Madraza tenía una doble dimensión. En principio, y en su consideración global, suponía una adaptación aJ sistema de bóvedas de la catedral; pero en su aspecto constructivo más concreto, el sistema de encimbrado se adaptaba a] tipo especial de arco apuntado que componen Jas bóvedas. Es decir, hay una doble adaptación interrelacionada y definida por dos tipos estructurales activos del edificio gótico: la bóveda de crucería compuesta por nervios y plementos y los arcos apuntados que componen esta bóveda como sus elementos activos que sustentan estos rellenos y actúan como transmisores de los empujes a los puntos de apoyo. La reconstrucción de las bóvedas debía comenzar por ]a construcción de ]os arcos y por eso esta segunda dimensión del sistema de encimbrado, que atiende a los arcos, es inseparable y dependiente de la disposición genera] de la bóveda, puesto que los arcos forman el «esqueleto» efectivo de sillería en tales bóvedas. En el caso de la catedral de León, Jos cuchillos y las cimbras se realizaron para sostener, durante su construcción, racimos de arcos apuntados y por tanto compuestos de dos ramas que se tornapuntan mutua-
158 J. M.' Calama, A. Graciani mente en una junta vertical y nO en una clave -de la que carecena excepción de los diagonales, que la tienen porque se cruzan. Esta característica cOnstructiva de los arcos apuntados determina que tienen mayor tendencia a subir por su coronación que a bajar después del su descimbrado, aspecto que tuvo muy en cuenta Madrazo ya que fue vital para determinar una de las cualidades principales del sistema. En palabras del propio Madrazo:s «...10 que hay que hay que preparar, más bien que un sistema de encimbrado propiamente dicho, es un sistema en rigor dc entibaciones o aeodalados, un sistema destinado principalmente, y eomo punto de vista easi exclusivo, a neutralizar los empujes horizontales, y que realice los efectos de aprestamiento (mero temple) y atlojamiento, con tanta mayor sensibilidad cuanto más bajo esté el punto del arco sobre el que se opere.» Además del proyecto con los sistemas de montaje y descimbrado, Madrazo elaboró un apéndice al proyecto con los cálculos de los empujes previstos y en el que incluyó la resistencia de las cimbras. En sus dibujos (figura 6) representó los vectores de descomposición de las fuerzas de un arco toral del crucero y la aplicación de la cimbra correspondiente. El gráfico ! ~ r '. ~i f1 'f o,~ J U-f> 1 . ~ 1(1 Figura 6 Catedral de León. Cálculos de la cimbra para arco toral. Juan de Madrazo, (1875). muestra la doble presión horizontal y vertical ejercida por el arco, acorde con la definición general del arco apuntado que él daba en la memoria del proyecto, como «dos ramas que se tornapuntan mutuamente en una junta verticai>,.9 Esta propiedad del arco apuntado considerado en su forma genérica lleva a Madrazo a considerar su proyecto de encimbrado, como hemos indicado, como Un sistema de entibaciones neutras y rígidas capaces de neutralizar los empujes horizontales. La consecuencia es que el tipo de cimbra que propone está organizada a partir de un sistema de apriete y aflojamiento lateral o de costado (en lugar de cómo hasta la fecha se estaban empleando de adaptación inferior o en vertical) y dos medias cimbras que se van juntando, o separando, según el eje vertical. Desde esta característica común, las variedades se presentan, por una parte, en función de su adaptación a los arcos torales y, de otra, a los distintos sistemas de apoyo utilizados para sostener las cimbras. Para establecer los encimbrados a la altura de 22 metros, Madraza se sirvió de varios métodos de apoyo. En primer lugar, estableció los arranques de los racimos de cimbras sobre los capiteles de los pilares; aquí se planteó el problema de que los capiteles sólo ofrecían ocho centímetros de vuelo, base insuficiente para poderles confiar el apoyo de las cimbras, por lo que Madrazo decidió realizar un encinchado en la parte superior de los capiteles que, como apriete de todas las esperas de cimbras que arrancaban de cada pilar, ofreciera una sólida fundación a la carpintería. Para los apoyos restantes ideó dos sistemas. En primer lugar levantó las cimbras sobre apoyos verticales fundados sobre el pavimento; este sistema lo empleó en el crucero que ofrecía un pavimento resistente. Pero en el brazo sur el pavimento estaba «minado» por sepulturas y no ofrecía un firme estable para las cimbras y en los tramos de la nave principal se encontraba la sillería del coro, por lo que Madraza ideó un impresionante sistema de armaduras transversales colgadas que estribó a la altura del triforio de la catedral. Los requerimientos funcionales del sistema de encimbrado se completaban además can otros servicios prácticos que debían cumplir para facilitar la reconstrucción de las partes superiores del edificio, como era su utilización como paso de andamiajes para los operarios y de castilJete para la elevación y transporte de los materiales, que no sólo se limitaba a los reque-
Sistemas de encimbrado y apeos en la Restauración Monumental Española durante el siglo XX ridos para las bóvedas sino también a los utilizados para la coronación de hastiales, reposición de comisas, balaustradas y pináculos de la parte superior. Además, el sistema de encimbrado aseguraba el fácil desencimbrado de todas las carpinterías una vez terminados los trabajos de reconstrucción de bóvedas y partes superiores del edificio. Proceso de construcción del encimbrado Como se ha indicado, el desmonte de varios tramos de bóvedas fue la consecuencia inmediata del derribo de la cúpula central del crucero efectuada por Matías Laviña. Todos los tramos de la bóveda inmediatos a la cúpula se resintieron necesariamente a falta de contrarrestas. En el plano de planta de la cimbra de Madraza (ver figura 4.a) se muestran los tramos de bóvedas que comprendía esta fase de encimbrado y que correspondían a dos tramos de bóveda del este y oeste del crucero central, los dos correspondientes al braza sur del transepto y la bóveda central del crucero, es decir, los tramos de las bóvedas desmontadas; a estas bóvedas, añade la segunda de la nave principal sobre el coro y la segunda del presbiterio, como tramos en estado de ruina. El orden de ejecución del encimbrado respondía a la misma lógica que el de reconstrucción de las bóvedas, es decir, venía establecido por la división entre «partes que sostienen» y «partes sostenidas» Se comenzó por el castillejo central del crucero y por los cuchillos sobre los triforios (como partes que sostienen) y a éstos siguieron las cimbras para toda clase de arcos de las partes sostenidas, empezando por los arbotantes, los arcos principales, torales y formeros (como principales) y concluyendo por los diagonales. Una vez extendido el encimbrado a todas las bóvedas altas de la catedral, quedaba únicamente proyectar el correspondiente al ábside. La destitución de Madraza como Director de las obras de restauración, en octubre de 1879,10 motivó que este proyecto se demorase hasta que se hizo cargo de las obras Demetrio de los Ríos. EL ENCIMBRADO DE DEMETRIO DE LOS RÍOS PARA EL ÁBSIDE DE LA CATEDRAL DE LEÓN (1879) Demetrio de los Ríos completó y extendió el encimbrado de las bóvedas altas al ábside que, aunque bá- ]59 sicamente era igual en concepción a las carpinterías proyectadas por Madraza, por sus especiales características requirió la elaboración de un proyecto específico; la principal diferencia consistía en la necesidad de adaptar la carpintería a la estructura del ábside, algo distinta al resto de las bóvedas. Otras diferencias con respecto al resto de las cimbras que proyectó Madraza fueron debidas a la supresión de los sistemas de refuerzo y zunchado de almas para los andamios y los necesarios tornapuntas y sopanda s de plataforma en que descansaban los cartabones, motivado por la mayor distancia que debían tener las cerchas. Este encimbrado se componía básicamente de dos cuchillos que sujetaban una plataforma sobre la que descansaban cuatro cartabones correspondientes a los arcos de ojiva (figura 7). po.d,. ~l'~":'':~ 1;-'..."""',,, Figura 7 Catedral de León. Cimbras para el ábside. Demetrio de los Ríos (1880). Otros encimbrado y apeos El método seguido por Madraza para la restauración de la catedral de León, en directa aplicación de las doctrinas racionalistas de explicación del funciona-
160 1. M." Calama, A. Graciani miento del sistema gótico, llevadas a su más acabada elaboración por Viollet-le-Duc, se planteó con pretensiones de constituirse en una ciencia de la arquitectura de validez universal. Los procesos de restauración llevados a cabo en España durante la última mitad del siglo XIX (y principio del XX), se convierten en un interesante campo de experimentación y demostración de los principios racionales sobre los que se asienta la arquitectura gótica. El conocimiento preciso y detallado de estos sistemas constructivos entronca con las aspiraciones de algunos arquitectos de organizar un estudio sistemático y racional de los estilos arquitectónicos de la Historia, que posibilitara la intervención sobre edificios del pasado con suficiente garantía de fiabilidad, más allá de las primeras evocaciones sensibles y pintorescas del primer romanticismo. Los edificios desmontados, podrían volver a ser montados, siguiendo lógicas diferentes, deducidas de su propio sistema constructivo. Los distintos sistemas arquitectónicos se configuran en su evolución histórica como la consecuencia, aplicación y el desarrollo de los nuevos principios constructivos. Dentro de este marco teórico, Madraza se aproximó a la reconstrucción de la catedral de León a través del análisis de los principios arquitectónicos que gobiernan su estructura. La exposición de estos principios fue asumida y seguida, como hemos visto, por otros arquitectos, entre otros, su predecesor en León, Oemetrio de los Ríos. Encimbrados y entibaciones de Adolfo Fernández Casanova para la Catedral de Sevilla (1882-1888) Otro de los arquitectos que siguieron la estela de Viollet y adoptaron las técnicas de Madraza fue Adolfo Femández Casanova. El arquitecto restaurador de la catedral de Sevilla tuvo conocimiento directo de las actuaciones de Juan de Madraza en la catedral de León, lo que motivó una dependencia metodológica en los planteamientos empleados para reparar los arcos y las bóvedas dañadas de la catedral sevilJ ana. Fernández Casanova diseñó, entre 1882 y 1884, un complejo sistema de encimbrado y entibaciones que, al igual que en el caso de León, se mostraba como un seudo edificio de madera cobijando al pétreo. El complejo sistema de carpintería de armar estaba adaptado a las condiciones estructurales del edificio y contaba, al igual que en caso de la catedral de León, con un sistema de husillos para desplazar la cimbra del arco apuntado con movimientos de costado, a la vez que tensionaba los cartabones de la cimbra, neutralizando así los empujes fundamentales del arco ojival en la zona de los riñones del arco, donde estos son superiores en intensidad. Como en el caso de León, el encimbrado de Fernández Casanova también estaba diseñado a partir de la composición de dos medias cimbras para conformar el conjunto del soporte del arco. Sin embargo, el método empleado por este arquitecto aportó dos novedades al de Madraza. En primer lugar el sistema de elevación, denominado «de temple» o vertical, de manera que la cimbra se construía en la base y se iba elevando a partir de la incorporación de los pies derechos, los cuales, en este proceso, eran sucesivas y convenientemente arriostrados. En segundo lugar, el diseño de la triangulación de la celosía de la cimbra, conseguía que todas las cargas remitieran a las líneas de arranque de los arcos transversales, a través de tres grandes vigas armadas de ejes paralelos, sostenidas por un apoyo central, en unos casos, y por apoyos adosados a los pilares y fuertemente arriostrados entre sí. Estas estructuras provisionales fueron prácticamente destruidas a causa de la caída del cimborrio de la Catedral sevillana el 1 de agosto de 1888; no obstante, se conocen gracias a las fotos tomadas del desastre y a los planos dejados por Joaquín Femández Ayarragaray (figura 8),11 sucesor de Fernández Casanova en el cargo de arquitecto director de las obras de la Catedral hispalense, a raíz de su dimisión en 1889, y verdadero artífice de la reconstrucción del cimborrio. Femández Ayarragaray emplearía apeas y encimbrados completamente análogos a los de su antecesor. En su proyecto de 1890 dejó perfectamente diseñados los distintos modelos de carpinterías de armar empleados en cada tramo de la bóveda y un magnífico plano de la sección transversal por el eje del crucero. Apeos y encimbrados de Enrique M~ Repullés y Vargas para San Vicente de Ávila (1885) Aunque el sistema estructural de abovedamiento de la arquitectura románica no tenga nada que ver con la
--~------- Sistemas de encimbrado y apcos en la Restauración Monumental Española durante el siglo XX 161 Figura 8 Catedral de Sevilla. Caída del cimborrio (1888). crucería gótica, algunos arquitectos restauradores del siglo XIX español, contemplaron el estilo románico desde la perspectiva de la teoría violletiana, como un ensayo en el que el sistema estructural habría de concluir en el gran momento constructivo gótico, produciéndose unas interesantes reflexiones sobre la amplia naturaleza arquitectónica de las fábricas románicas. Esta teoría llevó a que aJgunos arquitectos restauradares encontraran los puntos débiles del sistema constructivo románico, a partir de las deformaciones y rupturas que experimentaban los edificios sobre los que se intervenía, llegando a diagnosticarse la patología estructural más frecuente padecida por las fábricas románicas, que no es otra que el desplome de los piJares y muros como consecuencia de la ruptura de arcos fajones en su clave (hacia el interior) y los riñones (hacia el exterior) con ]a consecuente dislocación de los arcos colatera]es. Precisamente este planteamiento violletiano de la elasticidad en el edificio románico, fue la base para que también en ]a restauración arquitectónica monumenta] de este período se emplearan medios auxiliares diseñados a partir de la metodología introducida por Juan de Madraza. Nos estamos refiriendo concretamente a la restauración de ]a Basílica de San Vicente de ÁviJa. La parte más antigua de este edificio está realizada en estilo románico-bizantino y corresponde a ]a cripta, los tres ábsides, los brazos de] crucero, varios pilares de las naves del templo, los muros latera]es y las portadas norte y sur; pero los arcos tora]es de] crucero, la torre del cimborrio y las bóvedas que cubren Ja nave centra], presentan claves estilísticas y constructivas de la arquitectura gótica. La dirección de Enrique María Repullés y Vargas en las labores de restauración del templo abulense, a partir de ]885, marcó una etapa de reintegración estructural de este edificio, cuyo crucero de base octogonal, fue uno de los primeros góticos construidos en nuestro país. Repullés, que llegaba a San Vicente precedido de una fecunda actividad profesional en Toro, Sa]amanca y la misma Ávila, dentro de la más pura línea de intervención violletiana, se enfrentó a los problemas graves de reintegración estructural de! edificio. Para hacer frente a estos problemas que originaban la consiguiente pérdida de estabilidad de] templo, el arquitecto realizó un minucioso estudio de los arbotantes añadidos en e] siglo XV, los cuales suponía eran los causantes, por su excesivo peso, de los desplomes que habían llevado a la ruina el cuarto tramo de las bóvedas laterales. Para equiJibrar los empujes, en tanto procedía a desmontar de los arbotantes y parte de las bóvedas, construyó un entramado de apeas y cimbras a partir de las curvas de presiones introducidas por los empujes de !as bóvedas, que calculó mediante estática gráfica, y cuyos elementos presentan características muy similares a los utilizados en ]874 por Madraza en ]a catedral de León. Los cuchiIJos de] castillejo estaban compuestos, al igual que en León, por un sistema de tomapuntas encepadas y arriostradas en varios puntos de su altura, sistema que se completa con los cuchillos de almas y puentes del andamio. Sin embargo, debido a las características del templo de un estilo de transición, la cimbra del arco fajón (figura 9) que separa los dos tramos de la bóveda, se compone de dos partes distintas. En la parte inferior, Repullés dispuso de un acoda]amiento que arrancaba de los apoyos sobre el pavimento y que no se correspondía con la línea de nivel de los capiteles