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La objetivación como forma de conocimiento estético

Porcel Dieste, David

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Fed o, Re is a de Es é ica y Teo ía de las A es. Núme o 8, ma zo de 2009. LA OBJETIVACIÓN COMO FORMA DE CONOCIMIENTO ESTÉTICO Da id Po cel Dies e Uni e sidad de Salamanca I. La azón al se icio del dominio bu gués El op imismo con el que en su ju en ud el esc i o y ilóso o E ns Jünge (1895- 1998) en iende la concepción posi i is a de la his o ia y del p og eso humanos simpa iza con el clima ideológico de comienzos del siglo pasado en Occiden e: “Nues a ac i ud e a la de quien que ía econoce con mi ada desencan ada la nue a ealidad de la écnica y del abajo y oma pa e en ella sin año anzas nos álgicas ni p oyecciones apocalíp icas.”1 Sin emba go, con ocasión de una se ie de acon ecimien os c uciales, como el hundimien o del Ti anic en 1912, el caso D ey us y, más conscien emen e, as el ad enimien o de la P ime a Gue a Mundial, el pensado alemán, como an os o os in elec uales de la época, comienza a descon ia de la idea ilus ada y posi i is a de alcanza una humanidad undamen almen e buena y segu a a a és del p og eso cien í ico y ecnológico. Como consecuencia de ello, Jünge se apa a de ese clima de op imismo social y en a a o ma pa e de una gene ación de pensado es que an a cues iona los p esupues os eó icos de la Ilus ación y del posi i ismo. Jun o a es a gene ación de pensado es, el esc i o alemán a a oma consciencia de los lími es de la azón pa a conoce y gobe na la na u aleza y a a cues iona aquellos p esupues os que cons i uyen la base de las concepciones socialis as y posi i is as del p og eso y de la his o ia humana. Jünge , al comienzo de su monumen al ob a El abajado (1932), en iende que el hecho de que has a aho a los alo es de la Ilus ación no hayan pene ado en la men alidad del homb e alemán, se debe al desajus e que exis e en e las concepciones ilus adas de la libe ad y de la esponsabilidad y el modo especí ico de se de aquél.2 51 En Alemania el e ce es ado (la bu guesía), du an e el siglo XIX y comienzos del XX, ue incapaz de alcanza un dominio cla o y econocido sob e los abajado es alemanes, la mayo ía de ellos educados en el ago de la ba alla y del pelig o. En e ec o, asegu a Jünge , el bu gués, he ede o di ec o del pensamien o ilus ado, ha a ado po odos los medios de some e a su dominio al abajado , iendo en és e la ep esen ación del cua o es ado, de una sociedad o de una economía nue as, es deci , elegándolo a la es e a de la negociación, del con a o, y p e endiendo que asimila a los esquemas y alo es de la Ilus ación. Sin emba go, asegu a Jünge , lo que igno a el bu gués es la imposibilidad on ológica de que el abajado asuma los alo es he edados de la Ilus ación. El análisis que ealiza el au o sob e los di e en es mecanismos de pode de los que se si e la bu guesía pa a some e al abajado , nos descub e un aspec o cues ionable de la ideología ilus ada. En El abajado Jünge en iende la Ilus ación como un p oyec o cien í ico y polí ico cuya me a úl ima consis e en alcanza una sociedad undamen almen e buena, segu a y azonable. Pa a alcanza dicho p oyec o el bu gués debe p ime o ence las ue zas imp e isibles de los elemen os, que se mani ies an ex e io men e, dando o igen a ca ás o es na u ales, pe o ambién in e io men e, o iginando en e medades, dolo , c ímenes pasionales... Po an o, el enemigo que eme el bu gués es el espí i u gue e o, dionisíaco, pasional, que enca nan an o el soldado del en e como el abajado , ambos p oceden es de la P ime a Gue a Mundial y educados en la escuela del dolo y del sac i icio, de la pasión y de la exal ación.3 Ese p oyec o, desde el pun o de is a de la men alidad bu guesa, sólo es alcanzable acionalizando la Na u aleza, es deci , ca ego izándola con o me a los p incipios lógicos de la azón y conside ándola, po an o, como una ealidad suje a a leyes y no mas suscep ibles de se conocidas po la azón. La bu guesía, he ede a de la men alidad ilus ada decimonónica, se e ige en onces como la clase dominan e que in e p e a los enómenos desde el p isma de la azón, y sólo desde él. Como ei e a Jünge en di e en es ocasiones, lo ca ac e ís ico del homb e bu gués no es su a án de segu idad, sino el ca ác e exclusi o de és e, de ahí que en odo momen o el bu gués a e de ob u a la uen e del pelig o. En e ec o, an e cualquie si uación de ince idumb e e ines abilidad, como la que p o ocan las con inuas amenazas p oceden es de la Na u aleza, la mejo mane a de p o ege se consis e en a a de 52 some e aquello que po su cons i ución puede con e i se en obje o de desazón o descon ol. El análisis que Jünge ealiza sob e dicho mecanismo de pode pe mi e comp ende los mo i os po los que el bu gués a a de seca las ue zas in e nas y o gánicas de igu as jünge ianas como las del Soldado Desconocido, p oceden e de la gue a del 14, o la del T abajado , he ede o del soldado p usiano. El au o en iende, en es e sen ido, que la o ma más pode osa de dominio consis e en nega el de echo a se , a exis i , de odo aquello que pueda cons i ui un obje o de amenaza; de ahí que, de acue do con es e p incipio, el bu gués a e de domina a los soldados, c iminales, poe as, aman es, y, en gene al, a aquellos abajado es educados en la escuela de la pasión, del pelig o y del sac i icio, negándoles el de echo a se , a ac ua con o me a su na u aleza dionisíaca, elemen al, p ocu ando que sien an, piensen y se compo en de acue do con las no mas y pau as acionales que les son impues as. No nos in e esa aho a de alla la o ma como en la ob a de Jünge se conc e a esa o ma de dominio de la clase bu guesa, ni las consecuencias pa a el abajado . Lo in e esan e aquí es comp ende que la na u aleza del dominio bu gués, al como lo in e p e a el pensado alemán, consis e en juzga odo lo exis en e po el mismo ase o de la Razón y en ca ego iza lo de acue do con los esquemas p opios de la concepción mode na de la Na u aleza. Así, la es a egia que emp ende el bu gués de acionaliza odo cuan o exis e conduce a acha de i acionales aquellos compo amien os que amenazan su segu idad y bienes a , y a legi ima la condena y la censu a de dichas ac i udes. En de ini i a, lo que p e ende es elega su obje o de amenaza al eino del no se , mejo dicho, al ámbi o de lo que no debe se . El iun o se basa en ese hecho, y la mejo a ma de la que dispone es una pedagogía que anula el modo de pensa , sen i y ac ua p opio del abajado . II. El papel de la o og a ía como exp esión de la mi ada del abajado An e es a si uación, Jünge op a po ei indica en los soldados y abajado es una nue a ac i ud an e lo elemen al, que pe mi a no sólo ecupe a y a i ma esa o a pa e esencial de ellos ol idada, camu lada po el bu gués, sino e idencia los lími es de la azón en su in en o de ob u a y seca las ue zas elú icas. En su ensayo Sob e el dolo (1934) Jünge enuncia la esis según la cual lo que de ine al abajado consis e en su pa icula elación con el dolo , o a de las o mas como se mani ies a lo elemen al. 53 En oposición a la ac i ud que el bu gués adop a an e el dolo , consis en e en un in en o de ehui y subs ae se de su dominio, haciendo uso de las posibilidades cien í ico- ecnológicas, el abajado de Jünge se ca ac e iza po su capacidad de obje i a la cuan ía de su imien o. En luga de a a de i i al ma gen del dolo , el abajado p e ende con i i con él, y la mane a de consegui lo consis e en obje i a lo. Como consecuencia de es a nue a ac i ud an e el dolo , Jünge e nace los nue os equipamien os écnicos median e los cuales el abajado puede conduci esa ac i ud obje i ado a y des aca así su ca ác e impe u bable, ío, dis an e. El au o piensa, en es e sen ido, que la elación con el dolo se ha modi icado de hecho, o jándose en el abajado un ca ác e ío, dis an e, c uel.4 Es os nue os mé odos écnicos de conducción de la mi ada obje i ado a, ía, ma emá ica, ca ac e ís ica del abajado , no sólo de inen el modo p opio de se del abajado , sino que ecue dan la p esencia insobo nable de lo elemen al. En e es os mé odos se encuen a el caso de la o og a ía, que a con inuación analizamos. La o og a ía, capaz de e ene a la bala en su ayec o ia como al se humano en el ins an e en el que una explosión lo despedaza, se con ie e en un ins umen o al se icio del modo peculia de e del abajado , en un nue o ó gano po el que se exp esa su olun ad de se y po el que se mani ies a la na u aleza del dolo y del pelig o, de los que no quie e sabe nada el bu gués. En su a ículo ‘Fo og a ía, gue a y dolo ’5, En ique Ocaña acla a la di e encia que exis e en e una i encia in e io de la gue a, que ei indica Jünge , y una i encia ex e io , más p opia del paci is a E ns F ied ich, como la que e lejan las o og a ías de ¡Gue a a la Gue a¡ (1924), cuya p e ensión úl ima es la de despe a en el espec ado un sen imien o de epulsión hacia las a ocidades come idas en la gue a: “El conjun o de imágenes del lib o componen una gale ía del ho o mili a que ecu e a la écnica de la yux aposición pa a he i a conciencia, sin ningún ipo de mi amien o, la sensibilidad del espec ado .”6 A juicio de Ocaña, la ecopilación de o og a ías de la P ime a Gue a Mundial que ealiza Jünge cap a, sin emba go, mejo la c ueldad abs ac a de las ba allas, pues econoce la ealidad del su imien o y no esconde la desolación que susci an los espacios inhóspi os y luna es, semb ados de c á e es y alamb adas. Así, en e a la óp ica de F ied ich, que esponde a una ‘ i encia ex e io ’ de la gue a, Jünge con apone la ‘ i encia in e io ’ de la misma, a la que aspi a el soldado que a a busca po su lib e olun ad el pelig o y la a en u a: an o el soldado, que aspi a a una i encia in e io de la gue a, como el o óg a o, que se equipa con la 54 cáma a en busca de esos momen os únicos, anhelan sensaciones ue es, si bien uno a equipado con un usil y el o o con una cáma a.7 El análisis que hace Jünge del modo peculia de e del ipo del abajado se e leja muy bien en las di e encias que exis en en e la na u aleza y la unción de las o og a ías omadas en la gue a anco-p usiana y las omadas en la gue a del ca o ce. Mien as que la mayo ía de las o og a ías omadas en el siglo XIX cons a an la p esencia de e a os de los p o agonis as de la gue a y de nume osas uinas de los más emblemá icos edi icios, las omadas en el ca o ce ecogen ins an es de la iolencia del comba e. El ipo de o og a ías p opio de las gue as del XIX pa ece habe a apado el ins an e an e io o pos e io al ago de la ba alla, pe o nunca e iene an o a la bala en su ayec o ia como al se humano en el ins an e en que una explosión lo despedaza. En ningún caso, an es de la gue a del 14, la o og a ía ac úa como un ins umen o de la conciencia écnica y adquie e un alo uncional especí ico, como ins umen o, po ejemplo, de espionaje o pa a ines ác icos.8 És e es el caso de la o og a ía aé ea, capaz de p opo ciona una pano ámica “a is a de pája o” y de isualiza el es ado de una ba alla a golpe de is a. La mi ada ía, ma emá ica, c uel, ca ac e ís ica del abajado , se e leja ambién en la imp on a de las o og a ías aé eas omadas en la p ime a gue a mundial. Un ejemplo lo encon amos en el olumen ¡Necesi amos la a iación¡, en el que apa ece una o og a ía i ulada “Cómo e el a iado de comba e su obje i o”. El pie de la o og a ía o ece una in e p e ación del conjun o: “Los c á e es de colo oscu o en su in e io con los bo des ele ados es án cons uidos de mane a a i icial, de modo que le dela an al a iado que p esumiblemen e han sido ocupados po el enemigo.”9 El ca ác e ana ómico que exp esa es a o og a ía se e leja en el hecho de que, como exp esa Geo g Knapp, el e i o io comple amen e des uido po la gue a se con ie e ( is o desde la dis ancia) en un paisaje de c á e es sin alma, que la obse ación ugaz puede con undi con una o og a ía de la supe icie de la Luna. En los años ein a, Jünge ambién se ija en el enómeno de la ele isión y del cine, que, jun o a la o og a ía, cons i uyen los nue os medios que es án apa eciendo con mo i o de la exigencia y demanda de ese nue o modo peculia de e ío, calculado , ca en e de odo pa hos. En e ec o, el a án de cosi ica la ida, el dolo y la mue e ambién se mani ies a en el cine, en cuyas ep esen aciones son los pe sonajes quienes los padecen, mien as que el espec ado con empla el espec áculo de mane a ía y c uel: “Causan ex añeza, po 55 ejemplo, las sal ajes ca cajadas p o ocadas po las películas cómicas, películas que se componen me amen e de un cúmulo de inciden es dolo osos y malignos.”10 Po an o, el abajado , como hemos is o en el caso de la o og a ía o del cine, a di e encia del bu gués, que busca sa is ace sus deseos de comodidad y bienes a concibiendo el dolo como un enemigo al que en en a se, se si e de la écnica pa a c ea un espacio desde el que con i i con el dolo , desde el que in eg a lo en su ida. En ese espacio el dolo queda expulsado de la zona del cue po y del sen imien o: ahí, obje i ado, mues a su na u aleza p opia, desnuda. Es cla o que el plan eamien o de Jünge e e ido a la unción obje i ado a de la o og a ía y del cine esul a de la he encia de su maes o Schopenhaue sob e la in e p e ación de la música como sublimación del dolo y, en gene al, de los sen imien os humanos: “La música no exp esa nunca el enómeno, sino únicamen e la esencia ín ima, el en sí de odo enómeno¸ en una palab a, la olun ad misma. Po eso no exp esa al aleg ía especial o de inida, ales o cuales is ezas, al dolo , al espan o, al a eba o, al place , al sosiego de espí i u, sino la misma aleg ía, la is eza, el dolo , el espan o, los a eba os, el place , el sosiego del alma.”11 III. Lími es de la azón y del a e como o mas de conocimien o Hemos is o que Jünge in e p e a la écnica como el equipaje que o ma pa e in eg an e del modo de se especí ico del abajado , como su uni o me, en palab as de Jünge . El abajado , in eg ado en lo que el au o denomina ‘cons ucciones o gánicas’ – sis emas uncionales compues os de elemen os écnicos y o gánicos y p og amados pa a un único in -, lo que debe hace es secunda la endencia hacia la obje i ación del su imien o, ya que sólo de ese modo puede e ela se la na u aleza del dolo y pone se de mani ies o los lími es de la azón. En e ec o, la azón, al como la concibe la bu guesía, con o me al acionalismo ca esiano o al neoposi i ismo del Cí culo de Viena, es á de e minada a pensa e idea la ealidad con o me a una se ie de p incipios lógicos, como el de iden idad o el de no con adicción, de o ma que las cons ucciones que elabo e debe án es uc u a se de acue do a dichos p incipios. Es a de e minación, inhe en e a la ac i idad acional, conlle a la imposibilidad de some e a sus esquemas y p incipios aquellas ealidades que, como el dolo o la en e medad, po su na u aleza o po las leyes que las de e minan, no se ajus an a aquéllos. Es deci , la acción de la azón sob e la na u aleza elemen al, dado el desajus e que exis e en e ambos en lo que 56 57 espec a sus de e minaciones12, excluye del ámbi o del conocimien o a esa o a ealidad elemen al, como el dolo , la aleg ía, el place , el sosiego, que p ecisa aho a de o os discu sos pa a su conocimien o. Hemos analizado en la ob a de Jünge el caso de la o og a ía y del cine, pe o ambién la música y la poesía, como ad ie e Schopenhaue , con ibuyen a es e in: “(La música) no exp esa más que la esencia abs ac a y gene al, ue a de odo mo i o y de oda ci cuns ancia. Y, sin emba go, sabemos comp ende la pe ec amen e en es a esencia abs ac a.”13 Tan o la eo ía jünge iana de la obje i ación como o ma de conocimien o es é ico como la eo ía de la sublimación de Schopenhaue , cons i uyen, en es e sen ido, un in e esan e pun o de pa ida pa a si ua los lími es an o de la azón como del a e, de e minando las posibilidades de cada discu so – acional y a ís ico- y especi icando la na u aleza del obje o del que cada uno se ha de ocupa . Pensamos, en es e sen ido, que sólo concibiendo la azón y el a e como discu sos complemen a ios y no excluyen es, cuidando que cada uno no in ada el dominio del o o, puede con ibui se a la cons ucción de un humanismo global que sa is aga nues o anhelo más ín imo y uni e sal de conocimien o. NOTAS 1 GNOLI, A., VOLPI, F., E ns Jünge . Los i anes enide os, T ad. An ilio Pen imalli, Ediciones península, Ba celona 1998, p.19: “Nues a ac i ud e a la de quien que ía econoce con mi ada desencan ada la nue a ealidad de la écnica y del abajo y oma pa e en ella sin año anzas nos álgicas ni p oyecciones apocalíp icas.” 2 JÜNGER, ERNST, El abajado , T ad. And és Sánchez Pascual, Tusque s, Ba celona 1993, p. 20: “(…) los alemanes (…) no supie on hace uso de la libe ad que había quedado ins au ada con la p oclamación de los de echos uni e sales del homb e: y es que pa a los alemanes e a esa libe ad un ins umen o que no gua daba la meno elación con sus ó ganos más ín imos y p opios.” 3 JÜNGER, ERNST, “La i upción de pode es elemen ales en el mundo bu gués”. En op. ci ., p. 52-61. 4 JÜNGER, ERNST, Sob e el dolo , T ad. And és Sánchez Pascual, Tusque s, Ba celona 1995, p. 81: “Nues a elación con el dolo se ha modi icado de hecho. El espí i u que desde hace más de cien años iene dando o ma a nues o paisaje es, de ello no cabe duda, un espí i u c uel.” 5 OCAÑA, ENRIQUE, ‘Fo og a ía, gue a y dolo ’. En E ns Jünge : Gue a, écnica y o og a ía, Uni e si a de València, Valencia 2000, p. 59-86 6 Ibid, p. 59 7 Ibid, p. 66 8 SANCHEZ DURÁ, NICOLÁS, ‘Gue a, écnica y o og a ía y humanidad en las o os-lib os de E ns Jünge ’. En E ns Jünge : Gue a, écnica y o og a ía, Uni e si a de València, Valencia 2000, p. 29 9 KNAPP GEORG, ‘Fo og a ía y mi ada es e eoscópica’. En op. ci ., p. 93 10 JÜNGER, ERNST, Sob e el dolo , T ad. And és Sánchez Pascual, Tusque s, Ba celona 1995, p.74 11 SCHOPENHAUER, ARTHUR, El amo , las muje es y la mue e, T ad. Miguel U quiola, Biblio eca Eda , Mad id 1993, p. 150 12 Jünge piensa que odo cuan o exis e, incluyéndose el conjun o de la Na u aleza, es á de e minado po lo que él llama la ley del sello y de la imp on a, que nada iene que e con el p incipio mode no de causalidad. En es e sen ido, Jünge piensa que la mode nidad, iniciada con el descub imien o del yo ca esiano y con inuada en el gi o kan iano de si ua al suje o del conocimien o como cen o de e lexión, ha pasado po al o la cons a ación de las e dade as leyes que igen la Na u aleza. Po ello el ilóso o p opone un e o no al clasicismo y se p egun a po la causa úl ima que explique la exis encia de odo 58 cuan o hay. E ocando la eo ía del Amo y del Odio del ilóso o Empédocles, Jünge pos ula la exis encia de unas ue zas o ganizado as que con igu an y mo ilizan el mundo isible, a las que se e ie e con el concep o goe hiano de Ges al (Figu a). Del mismo modo que Empédocles piensa que el esul ado de la acción de las ue zas in empo ales del Amo y del Odio consis e en el p oceso pe pe úo de la unión y desunión de los elemen os, y que es p ecisamen e median e la obse ación de es e p oceso como puede adi ina se la acción de la ue za que lo anima, el au o alemán a ibuye a la Figu a del T abajado el pode de mo iliza y con igu a el mundo en o ma de abajo. La Figu a es, en es e sen ido, el p incipio o ganizado que mo iliza la ma e ia de acue do a un plan p ees ablecido, inmanen e a ella, y la ley que explica el dominio de una Figu a no es la ley de la causa y del e ec o, sino la ley del sello y de la imp on a, que nada iene que e con la causalidad e icien e p opia de la concepción mode na mecanicis a (Al espec o éase Jünge , E ns ., El abajado , T ad. And és Sánchez Pascual, Tusque s, Ba celona 1993) 13 SCHOPENHAUER, ARTHUR, Las muje es, el amo y la mue e, T ad. Miguel U quiola, Biblio eca Eda , Mad id 1993, p. 150