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Ánforas vinarias en el este de la Hispania Citerior en época Tardorrepublicana (siglo I a.C.): epigrafía anfórica y organización de la producción

Járrega Domínguez, Ramón

Abstract

El objetivo de este trabajo consiste en valorar las razones que llevaron a la producción de ánforas vinarias en la zona de la actual costa catalana en el siglo I a.C. (especialmente en su segunda mitad). Se plantea la relación de la colonización cesariana y del Segundo Triunvirato con la producción y difusión de las ánforas de la forma Tarraconense 1. Analizamos el papel que en su elaboración pudieron jugar los personajes mencionados en los sellos anfóricos, de origen itálico, que podrían haber sido inversores foráneos o inmigrantes de la colonización cesariana.

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SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 ÁNFORAS VINARIAS EN EL ESTE DE LA HISPANIA CITERIOR EN ÉPOCA TARDORREPUBLICANA (SIGLO I A.C.): EPIGRAFÍA ANFÓRICA Y ORGANIZACIÓN DE LA PRODUCCIÓN WINE AMPHORAE IN EASTERN HISPANIA CITERIOR IN LATE REPUBLICAN TIMES (Ith CENTURY BC): AMPHORAE EPIGRAPHY AND ORGANIZATION OF PRODUCTION RAMÓN JÁRREGA DOMÍNGUEZ* Resumen: El objetivo de este trabajo consiste en valorar las razones que llevaron a la producción de ánforas vinarias en la zona de la actual costa catalana en el siglo I a.C. (especialmente en su segunda mitad). Se plantea la relación de la colonización cesariana y del Segundo Triunvirato con la producción y difusión de las ánforas de la forma Tarraconense 1. Analizamos el papel que en su elaboración pudieron jugar los personajes mencionados en los sellos anfóricos, de origen itálico, que podrían haber sido inversores foráneos o inmigrantes de la colonización cesariana. Palabras clave: Anforas vinarias, Hispania Citerior, época tardorrepublicana, Tarraconense 1, producción anfórica, epigrafía anfórica. Abstract: The aim of this study is to evaluate the reasons that led to the production of amphorae in the current Catalan coast in the first century BC (especially in the second half). We explore the relationship of the cesarean colonization and the Second Triumvirate with the production and diffusion of the amphorae of form Tarraconense 1. We analyze also the role that in its development could play the persons mentioned in the amphora stamps, of Italian origin, who may have been foreign investors or immigrants from the cesarean colonization. Key-words: Amphorae for wine, Hispania Citerior, Late Republican period, Tarraconense 1 production of amphorae, epigraphy of amphorae. 1. INTRODUCCIÓN El objeto del presente estudio son las primeras producciones de ánforas de las formas Dressel 1 y Tarraconense 1 de los siglos II–I a.C. en la zona nordeste de la antigua Hispania Citerior o Tarraconensis, es decir, aproximadamente lo que hoy es la actual Cataluña. Nos centraremos en la tipología asociada a la cronología de las formas, así como en la interpretación de los sellos anfóricos, a partir de lo cual intentaremos plantear las causas y la significación de estas producciones anfóricas en esta área concreta. 2. PRIMERA FASE: EL INICIO DE LA PRODUCCIÓN. LA DRESSEL 1 Las primeras ánforas vinarias indígenas detectadas en la zona son las imitaciones de las ánforas itálicas de la forma Dressel 1, si bien en el área costera del Maresme, al nordeste de Barcelona, se documentan Recepción: 29 de julio de 2013. Aceptación: 20 de diciembre de 2013 * Institut Català d’Arqueologia Clàssica. Pza. de Rovellat sn, 43003 - Tarragona. Correo-e: [email protected] 78 RAMÓN JÁRREGA DOMÍNGUEZ SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 algunas producciones autóctonas de ánforas de tipo greco-itálico, que pueden fecharse hacia la segunda mitad del siglo II a.C. (López y Martín 2008: 34). Estas imitaciones, especialmente del tipo Dressel 1 B, no parecen haber tenido una geografía muy extensa (fig. 1); la producción principal se localiza en la zona del Maresme (costa central catalana), especialmente alrededor del poblado ibérico y del núcleo romano-republicano de Cabrera de Mar y Burriac (López y Martín 2008: 38-42). Otro punto se ha localizado en la zona del Alt Camp, en el interior del antiguo ager de Tarraco, cerca de Valls; se ha documentado un posible taller en el yacimiento de El Vilar (Valls), donde además de ánforas de tipo convencional se han identificado versiones en miniatura que no encuentran paralelos en otros lugares (López y Martín 2008: 37-38). Finalmente, se señala su posible producción en el taller de La Salut (Sabadell), en la actual comarca del Vallès Occidental (provincia de Barcelona) (Casas 1987). La cronología de estas ánforas no es fácil de precisar, pues demasiadas veces se ha puesto de relieve su coexistencia en estratigrafías junto con las ánforas Tarraconense 1 e incluso la Pascual 1 y se ha hecho llegar su cronología hasta el cambio de Era (Comas 1998: 226; García y Gurri 1996-97: 415), sin tener en cuenta los factores de residualidad que probablemente expliquen mejor esta coexistencia. A grandes rasgos, podemos considerar que su producción se inicia a finales del siglo II o inicios del I a.C., alcanzando su máxima expansión en el segundo cuarto y mediados del siglo I a.C. (López y Martín 2008: 42). Su difusión aparece muy reducida, pues tan sólo se han documentado en reducidas cantidades en diversos yacimientos alrededor de Tarraco, estando todavía por valorar su posible presencia en el núcleo urbano de esta ciudad (Járrega y Abela 2001: 151), que debería haber sido el mercado natural de la producción del taller de El Vilar y su salida marítima; por ello, podemos suponer que estas producciones debieron ser los primeros intentos de comercialización de los vinos de esta zona de la Hispania Citerior, y que no debieron alcanzar una gran difusión. De todos modos, estas ánforas se han documentado en Mallorca y Menorca, así como algunos posibles ejemplares (de identificación insegura) en Burdeos o en el pecio de Cap-Béar 3, en el sur de Francia (López y Martín 2008: 43), que permiten pensar en una incipiente difusión exterior, aunque debió ser bastante limitada, no pudiendo competir todavía con los vinos itálicos contemporáneos. 0100 km 1 2 3 4? Figura 1. Distribución de los talleres que produjeron ánforas de la forma Dressel 1 del este de la Hispania Citerior. 1. Zona de Cabrera de Mar-poblado ibérico de Burriac. 2. La Salut (Sabadell). 3. El Vilar (Valls). 4. Mas Vendrell (Santa Eulàlia de Ronçana). Posible figlina. 79 SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 ÁNFORAS VINARIAS EN EL ESTE DE LA HISPANIA CITERIOR EN ÉPOCA TARDORREPUBLICANA... La epigrafía en relación con estas primeras ánforas “tarraconenses” es muy escasa. Se han documentado dos ejemplares de la forma Dressel 1 en la comarca del Alt Camp (Tarragona) y no lejos del posible centro productor de El Vilar mencionado anteriormente, que tienen marcas en las asas escritas en alfabeto ibérico (Carreté, Keay y Millett 1995: 81-82, figs. 5.14 y 5.15), Su transcripción, que parece ser NIO, no ha podido ser interpretada. Por lo tanto, cualquier hipótesis sobre la propiedad de la tierra y la gestión de las figlinae es tan válida como gratuita, pues estas inscripciones no nos pueden indicar, al no poder interpretarse, nada acerca de los propietarios ni de los agentes del proceso de producción. Es tan válido suponer que se trata de indígenas como de itálicos, pues si limitamos (como parece claro que debe hacerse) la epigrafía anfórica al mundo de la figlina es evidente que los trabajadores de la misma (que no necesariamente los propietarios) sean indígenas, y que en un momento en el que la escritura latina estaba todavía escasamente introducida en la zona estudiada escribiesen sus sellos en alfabeto ibérico. No obstante, paralelamente (o en todo caso, poco más tarde) comenzaron a marcarse ánforas con textos latinos (fig. 2). En el borde de un ejemplar de la forma Dressel 1 A hallado en Mas Vendrell (Santa Eulàlia de Ronçana, Barcelona) en la comarca del Vallès Oriental, aparece un sello con el texto Q·E; al lado se aprecia un signo inciso que podría ser ibérico, que parece leerse “ke” o “ko” (Pera 1994). Probablemente la letra Q corresponde a un praenomen, con lo cual la E sería la inicial de un nomen, de identificación problemática, pues muy pocos nomina comenzaban con esta letra (Egnatius, Erucius?). Por otro lado, en los asentamientos ibéricos tardíos de Can Portell y Can Balençó (Argentona, Barcelona) en la comarca del Maresme, se hallaron dos fragmentos de borde con la marca Q·FABI en ambos (CODEX 1992: 167 y 170-171; CODEX 1995a: 45; CODEX 1995b: 64). Evidentemente Fabius es un nomen de origen romano antiguo y no puede descartase que este Fabio pudiese ser un hispano romanizado (Olesti 1997 y 1998). Sin embargo, tampoco puede descartarse que se trate de un romano o itálico (Díaz Ariño 2008: 265), lo que nos parece más coherente en un período en el cual, si bien se documentan los primeros y escasos hábitats que responden a la tipología de la villa romana (Járrega 2000) persiste mayoritariamente una clara continuidad de los modos de vida ibéricos. Ello continuó así prácticamente hasta la época de Augusto, por lo que se hace difícil creer que el elemento indígena haya tenido algún papel importante en la organización de la producción anfórica y vinaria; hay que tener en cuenta que, como argumenta Pena (1998: 305) quien se dedicase a este negocio debería tener un cierto capital y un conocimiento del mercado que a priori nos puede resultar algo extraño entre los indígenas, no así entre los itálicos que en aquellos momentos estaban desarrollando el comercio masivo de vinos de procedencia itálica, como se puede comprobar en toda la costa catalana (Nolla y Nieto 1989; Járrega y Abela 2001: 146-147). En el caso, que nos parece más probable, de que el mencionado Q. Fabius sea de procedencia itálica resulta inútil intentar cualquier intento de identificación a través de las fuentes escritas y de los hallazgos epigráficos, pues se trata de nombres muy comunes. Eso sí, comunes entre la élite de Roma, a la que dieron abundantes cónsules desde los primeros tiempos de la República, por lo que podríamos pensar que los reflejados en las marcas anfóricas son miembros de esta élite, que debieron empezar a extender su influencia en Hispania en algún momento del siglo I a.C., adquiriendo algunos fundi. En tal caso, sería más lógico identificarlos como possesores que como negotiatores, por las razones 05 cm 05 cm 10 cm 1 2 3 Figura 2. Sellos de ánforas de la forma Dressel 1 del este de la Hispania Citerior (fuentes: CODEX 1992; Carreté, Keay y Millett 1995; CODEX 1995a; CODEX 1995; Pera 1994; Berni y Miró 2013). 80 RAMÓN JÁRREGA DOMÍNGUEZ SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 expresadas más arriba. Ello podría contribuir a explicar la presencia, escasa pero significativa, de las primeras villae de época republicana (Járrega 2000). 3. SEGUNDA FASE. LA PRIMERA ORGANIZACIÓN DE LA PRODUCCIÓN. LAS ÁNFORAS TARRACONENSE 1 A esta fase corresponde el despegue real de la producción anfórica vinaria de esta zona, como se refleja en la multiplicación de sellos anfóricos, pero sobre todo en la difusión (menor que en las producciones posteriores, pero ya apreciable) de las ánforas características de este período, las denominadas Layetana 1 por Comas (Comas 1985; Comas y Casas 1989) y Tarraconense 1 por Nolla (Nolla 1987; Nolla y Solías 1988). La denominación Layetana 1 procede del hecho de haberse identificado inicialmente en la costa layetana (la zona central costera catalana, incluyendo las actuales ciudades de Barcelona, Badalona y Mataró); sin embargo, Nolla ha argumentado su posible producción en la zona de Ampurias, más al norte, por lo que la denominación de Layetana le parece poco adecuada, optando por la de Tarraconense que atribuyó Tchernia (1971) a esta zona y que ha hecho fortuna, si bien hay que señalar que en realidad en las cercanías de la antigua Tarraco no tenemos evidencia segura de la producción de estas ánforas, aunque se haya sugerido (López y Martín 2008: 50). El ánfora que, para evitar duplicidades y aun siendo conscientes de que ninguna de las dos denominaciones es totalmente correcta, designaremos como Tarraconense 1 (que además, parece haber tenido mayor éxito en la bibliografía), que prefigura tipológicamente la posterior Pascual 1, es pequeña, de labio poco alto. Su inspiración tipológica se discute, si bien se han señalado como precedentes las ánforas apulas, concretamente las de Brindisi. Hay que tener en cuenta que las ánforas brindisinas, que tradicionalmente se habían considerado olearias (basándose en las referencias escritas sobre la abundancia y calidad del aceite de la zona), se ha planteado que en realidad puedan haber sido contenedores vinarios (Panella 1973, Manacorda 1990; Manacorda y Pallecchi 2012). En todo caso, la aparición de esta forma coincide en el tiempo con la de otras producciones similares de la zona bética localizadas en el valle del Guadalquivir, que conforman las denominadas ánforas “ovoides”, que han comenzado a sistematizarse en los últimos años (García Vargas, de Almeida y González Cesteros 2011). Long (1998) publicó unas ánforas halladas en un pecio localizado junto a Marsella que él mismo propuso llamar “Layetana 2”. A. López y A. Martín (2008: 45-47) la denominan Tarraconense 1 C, que parece ser una evolución de perfil fusiforme de la Tarraconense 1 “clásica” (la Tarraconense 1 A de López y Martín), que tiene un perfil ovoide. Sin embargo, podrían ser algo más tardías, pues presentan la marca L·VOLTEIL en el cuello, algo que sólo aparece también en la marca M·LOREI (documentada en un ejemplar fragmentario), mientras que las otras marcas en Tarraconense 1 aparecen casi siempre en el labio. Por todo ello, hemos de considerar la Tarraconense 1 C como una posible evolución fusiforme de la Tarraconense 1 clásica, o bien un ánfora distinta, con características físicas que la hacen parecer próxima a la Pascual 1. Un problema en el cual nadie se había fijado hasta ahora, es que cuando no se dispone de ejemplares completos, es muy difícil (por no decir imposible) distinguir entre las diferentes variantes de la Tarraconense 1, que al ser la segunda una evolución tipológica de la primera, cabe suponer que también sea algo posterior. 3.1. Cronología La cronología del ánfora Tarraconense 1 se ha situado grosso modo entre los años 40 y 30 a.C. (Comas 1985: 219), aunque se ha planteado una continuidad hasta el cambio de Era (Nolla 1987: 219; Nolla y Solías 1988: 138). En un silo hallado en Badalona la forma Tarraconense 1 aparece en un contexto con ánforas Dressel 1 “tarraconenses” y sin terra sigillata itálica ni ánfora Pascual 1, por lo que se ha datado hacia mediados del siglo I a.C. (Comas 1998: 221-222). La datación de este contexto ha sido considerada demasiado alta, y se ha sugerido que habría que rebajarla hacia el 20 a.C. (Beltrán Lloris 2008: 274-275), por la presencia de terra sigillata itálica (forma Conspectus 8.1.2) y cerámica de paredes finas (forma Mayet 14) datables en el último decenio antes de nuestra; sin embargo, no podemos descartar que otros materiales, como los que aquí nos ocupan, puedan ser algo más antiguos. Hay que tener en cuenta que no siempre los contextos reflejan la totalidad de materiales posibles, dependiendo de las cantidades que se hayan podido documentar; por ello, no es fácil saber si se trata de un contexto con materiales mayoritariamente anteriores y algunos más modernos, y en definitiva, si dicho contexto es utilizable para datar estos materiales. En la misma Badalona se han hallado en contextos de hacia el año 40 a.C. varios ejemplares con las 81 SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 ÁNFORAS VINARIAS EN EL ESTE DE LA HISPANIA CITERIOR EN ÉPOCA TARDORREPUBLICANA... marcas Q·MEVI, C·MVCI, C·SERVILI y SEX·STA (Comas 1997: 15-19). Por otro lado, diversos hallazgos en Francia (Arles, Nimes, e incluso en Bretaña) se fechan entre los últimos decenios anteriores al cambio de Era y la época de Tiberio (López y Martín 2008: 53), lo que podría reforzar la datación baja que propone Beltrán. De todos modos, como veremos seguidamente, los hallazgos efectuados en pecios abonan una datación alta (López y Martín 2008: 53-54). Los hallazgos submarinos en pecios, por su carácter de conjuntos cerrados, permiten en teoría una mejor aproximación a los aspectos cronológicos. En el pecio de Cap Béar III la forma Tarraconense 1 (con el sello P·MEVI) se documenta en un contexto anterior al año 10 a.C., por la presencia de ánforas de la forma Dressel 1 B, pero evidentemente esta datación ante quem no nos permite precisar la cronología concreta, que se ha propuesto situar hacia el 30 a.C. (Colls 1986: 210-213). El pecio de las islas Formigues, junto a Palamós (Gerona) tenía un cargamento de ánforas de la forma Tarraconense 1 (una de ellas con la marca L·VOLTEIL in planta pedis) acompañadas de cerámica campaniense B (formas Lamboglia 5 y 7 / Morel 2260 y 2270) y un vaso de cerámica de paredes finas de la forma Mayet 3 A (Foerster, Pascual y Barberà 1987). Asimismo, se señala una posible ánfora Pascual 1 falta del borde, lo que, teniendo en cuenta las diversas evoluciones de la forma Tarraconense 1, permite dudar de esta identificación. Este pecio se dataría, según López y Martín (2008: 53) hacia los años 40-30 a.C. Finalmente, en el pecio de Cala Bona (Cadaqués, Gerona), situado como el anterior en la Costa Brava, se hallaron ánforas ovoides béticas, ánforas Tarraconense 1 (con los sellos L·FVL·LIC o L·FV·LIC, de lectura dudosa, y Q·MEVI), junto con lucernas de las formas Dressel 3 (datables entre los años 70/60 y 20/10 a.C.) y Ponsich 1 C (con una datación más amplia, entre la segunda mitad del siglo II y el I a.C.). Todo ello, junto con la ausencia de la forma Pascual 1, lleva a López y Martín (2008: 54) a datar el conjunto hacia los años 50-30 a.C. 3.2. Áreas de producción La producción de la forma Tarraconense 1 parece detectarse en las cercanías de la ciudad de Emporiae (Ampurias), si bien no se han localizado los talleres. Diversos ejemplares (al menos cinco) de la marca L·VENVLEI se han hallado en esta ciudad (Nolla 1974: 196-197), lo que indicaría que se produjeron en esta zona; por otro lado, se ha documentado al parecer su producción en los talleres de Fenals (Lloret de Mar), el Collet de Sant Antoni (Calonge) y Llafranc (Nolla 2008: 165-167 y 174; Tremoleda 2008: 118-199 y 121-122), todos ellos en la zona costera de la actual provincia de Gerona. También puede considerarse segura su producción en el taller de La Salut (Sabadell, Barcelona), en la comarca del Vallès Occidental, donde se han documentado bastantes ejemplares, algunos de ellos deformados (Casas 1987: 19-20); a esta figlina puede atribuirse el sello M·CO, atribuido (creemos que erróneamente) a la forma Dressel 1. Asimismo, se ha atribuido la producción de ánforas con el sello L·VOLTEIL al yacimiento de El Sot del Camp (Sant Vicenç de Montalt, Barcelona), en la comarca del Maresme (Revilla 1995: 262-263; Tremoleda 1998: 122). Sin embargo, hay que tener presente que en Baetulo (Badalona) se han detectado cinco ejemplares más o menos bien conservados de esta marca (Comas 1997: 17-18) por lo que no nos parece descartable que pueda haberse producido en las inmediaciones de esta ciudad. En la misma comarca se documentado la producción de ánforas de la forma Tarraconense 1 en Can Mateu (Cabrera de Mar), y quizás en Can Portell (Argentona) (CODEX 1992: 170-173; López y Martín 2008: 50). Asimismo, parece haberse producido también en Les Casetes (Mataró) y Horta Nova (Arenys), si bien se conocen muy pocos datos, basados en prospecciones superficiales (Revilla 1995: 259 y 261); al parecer, en el segundo se producían también ánforas de la forma Pascual 1. Se ha hallado un ejemplar, que publicamos aquí por primera vez, en El Roser o El Mujal (Calella, Barcelona), con el sello L·FVLVI (fig. 5), taller donde se produjeron en abundancia ánforas de las formas Pascual 1 y Dressel 2-4; sin embargo, se trata de un único ejemplar hallado sin contexto estratigráfico, por lo que su posible atribución a este taller presenta dudas. Se ha señalado también su posible producción en la zona oriental del territorio de Tarraco, en El Vilarenc (Calafell), y Tomoví (Albinyana – Santa Oliva) (Revilla 1994: 116; Martín y Prevosti 2003: 235-236; López y Martín 2008: 50) aunque no hay evidencia directa (como fallos de cocción) y podría tratarse de importaciones layetanas. Por lo tanto, todo apunta a que se trata de una producción focalizada en la zona de la Costa Brava, el Vallès y el Maresme (fig. 3), es decir, en el área central y septentrional de la costa catalana (y quizás también en el área oriental del ager Tarraconensis) y su “hinterland” interior, si bien no se han identificado en cantidades apreciables ni se han documentado fallos de cocción en los pocos ejemplares hallados en los talleres productores. 82 RAMÓN JÁRREGA DOMÍNGUEZ SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 3.2. Epigrafía Los sellos de las ánforas de la forma Tarraconense 1 (fig. 4) se sitúan principalmente en el labio y en algunos casos en el cuello de las ánforas, y excepcionalmente en la panza. Son bien visibles, y presentan textos bien desarrollados que corresponden a un nomen en nominativo, siempre con la inicial del praenomen delante. El nomen puede desarrollarse completo o abreviado. Los estudios de Pena y Barreda (Pena y Barreda 1997; Pena 1998) creemos que han demostrado que se trata de nombres de itálicos poco o nada conocidos en la epigrafía lapidaria de la zona productora. Los nomina documentados más recientemente, como en el caso de P. Heidius, no hacen más que reforzar estas conclusiones. Los nombres documentados (una decena escasa) bien estudiados por Pena y Barreda (Pena y Barreda 1997; Pena 1998; veáse también Berni y Miró 2013: 66- 67), son L·FVL·LIC, Q·MEVI, C·MVCI, SEX·STATI, L·VENVLEI, L·VOLTEIL, y C·IVN, ya publicados por Miró; además de M·LOREI.. /.. ARCEL·AVC de Ampurias (AQUILUÉ et al. 1984: 154 y fig. 87, nº 12) y C·SERVILI de Badalona (Comas 1997). Estas marcas (excepto C·SERVILI) aparecen también en el catálogo de Pascual (1991) de los sellos de las ánforas denominadas tarraconenses. A ellos hay que añadir cuatro marcas más, MANTO (que, a pesar de la inexistente apariencia del punto en los dibujos publicados, habría que leer M·ANTO), que se documenta también en la forma Pascual 1, de la que se conoce un ejemplar hallado en la antigua Blandae (Blanes), en la colina de Els Padrets de Blanes, en la comarca del Maresme (Barcelona) y que, pese a estar publicado desde hace años (Vilà et al. 1978: 231 y 232, fig. 8.90) ha pasado extrañamente desapercibido a todos los investigadores que se han ocupado de este tema. Finalmente, hay que reseñar una marca P·HEID, procedente de Vinyes de Can Prat (Collsabadell, Llinars del Vallès, Barcelona) hasta hace poco inédita (Berni, Clariana y Járrega 2012), así como otras dos fragmentarias y desgraciadamente ilegibles (y de las que, por tanto, no nos ocuparemos aquí), una en el labio de una posible Tarraconense 1 de la que sólo se aprecia la letra R al final del texto, hallada en el Cours du Chapeau Rouge, en Burdeos (Berthault 2009: fig. 28, M26), y otra procedente del castillo de Miravet (provincia de Tarragona) junto al río Ebro, donde sólo se puede leer LA… en texto retrógrado, por primera vez documentado en Tarraconense 1 (Berni y Járrega 2012). Hay que añadir una marca M·CO probablemente referente a un 0100 km 1? 2 3 4 5? 9 10? 12 13? 14? 11? 6? 7 8 Figura 3. Distribución de los talleres que produjeron ánforas de la forma Tarraconense 1. 1. Zona de Ampurias. 2. Llafranc. 3. Collet de Sant Antoni (Calonge). 4. Fenals (Lloret de Mar). 5. El Roser o el Mujal (Calella). 6. Horta Nova (Arenys de Mar). 7. El Sot del Camp (Sant Vicenç de Montalt). 8. Les Casetes (Mataró). 9. Can Mateu (Cabrera de Mar). 10. Can Portell (Argentona). 11. Baetulo (Badalona). 12. La Salut (Sabadell). 13. El Vilarenc (Calafell). 14. Tomoví (Albinyana- Santa Oliva). 83 SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 ÁNFORAS VINARIAS EN EL ESTE DE LA HISPANIA CITERIOR EN ÉPOCA TARDORREPUBLICANA... Marcus Cornelius, que había sido erróneamente identificada como una Dressel 1, ya que en el yacimiento de La Salut (Sabadell, Barcelona) se ha hallado un fragmento de borde que, aunque se ha atribuido a la forma Dressel 1 B, parece corresponder en realidad a la Tarraconense 1, pues el perfil del labio es idéntico al de dos ejemplares de Tarraconense 1 de identificación segura que se publican adjuntos (Casas 1987: 17, fig. 3). Los nombres que pueden leerse muy claramente a partir de las marcas corresponden a Marcus Antonius, Publius Heidius, Caius Iunius, Marcus Loreius, Quintus Mevius, Caius Mucius, Caius Servilius, Sextus Statius, Lucius Venuleius y Lucius Volteilius (o Voltilius), así como posiblemente Marcus Cornelius. Sólo en un caso, el de M·LOREI.. /.. ARCEL·AVC (esta segunda parte de interpretación dudosa) se documentan dos nombres en la misma ánfora. En el caso de L·FVL·LIC es posible que se trate de unos tria nomina; éste sería el único caso conocido hasta ahora en ánforas de la forma Tarraconense 1. Sobre la procedencia geográfica de estos nomina, resumimos seguidamente los resultados de los estudios de Pena y Barreda (Pena y Barreda 1997; Pena 1998), además de añadir los documentados posteriormente (M. Antonius, P. Heidius y el probable M. Cornelius): — M. Antonius. Se conoce un solo ejemplar hallado en Blanes (Vilà et alii 1978: 231), si bien existen ejemplares de la forma Pascual 1 con marcas similares, como se comentará más adelante. El nomen Antonius es relativamente abundante en la epigrafía latina, aunque no excesivamente; en la base de datos de Eagle se han documentado 203 epígrafes de un total de 45536, de los cuales 94 corresponden a personajes denominados Marcus Antonius. Sin embargo, la mayoría de estas inscripciones son de época imperial. El personaje más conocido de este nombre es evidentemente el famoso triunviro Marco Antonio (más o menos contemporáneo de la marca en Tarraconense 1), pero existen otros muchos homónimos más o menos contemporáneos en Italia (véase Eagle, EDR005005, EDR005368 y EDR017350. — M. Co[(rnelius?]. Un ejemplar hallado en La Salut (Sabadell, provincia de Barcelona) presenta un sello de lectura dudosa, M·COR. o M·COS (Casas 1987: 18, lám. 2.1 y 19, fig. 2.2); en el primer caso puede desarrollarse sin duda como M. Cornelius, mientras que la segunda posibilidad es posible que pueda leerse M. Cossius o Cossutius. Este ejemplar se ha atribuido en la publicación original a la forma Dressel 1 B, pero parece corresponder en realidad a la Tarraconense 1, pues el perfil del labio es idéntico al de dos ejemplares de Tarraconense 1 de identificación segura que se publican adjuntos. La gens Cornelia es una de las grandes familias patricias de Roma; no obstante, existen también ramas plebeyas, como los Lucii Cornelii Balbi padre e hijo, el primero de los cuales recibió la ciudadanía romana a mediados del siglo I a.C. El praenomen Marcus es poco habitual entre los Cornelii. Evidentemente, es imposible identificar el personaje mencionado en la marca anfórica, especialmente cuando ni tan sólo estamos seguros de la lectura del cognomen. — L. Fulvius. Existen dos variantes, L·FVLVI (en el borde), de Ampurias (Almagro 1952: núm. 213; Pena 1988: 314 y 317; 318, fig. 1.3) y L·FVL·LIC (en el hombro) hallada en el pecio de Cala Bona (Cadaqués), en la Costa Brava (Nieto y Raurich 1998: 114 y 132, fig. 2; Pena 1998: 314). En este último 05 cm 12 34 56 78 9 11 05 cm 10 Figura 4. Sellos de ánforas de la forma Tarraconense 1 (fuentes: Almagro 1952; Casas 1987; Comas 1985; Pena 1998; Panosa, M.I. 2002; Berni y Miró 2013). 84 RAMÓN JÁRREGA DOMÍNGUEZ SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 caso al parecer nos encontramos con la presencia de unos tria nomina, que podemos desarrollar probablemente como Lucius Fulvius Licinianus, lo cual es prácticamente insólito en el caso de las ánforas Tarraconense 1. Existen en la forma Pascual 1 dos marcas, CN·FVL·SEC (que se refiere probablemente a un Cnaeus Fulvius Secundus) y FVL.PHIL (que corresponde al parecer a un Fulvius Phileros) (Pascual 1991: 50). Callender (Roman Amphorae, Oxford, 1965: núm. 1097) cita una marca de dolium de Pompeya donde se lee PHILEROS M· FVLVI SER (CIL X 8047,15); es muy posible que en ambos casos se trate de una doble homonimia, pero no podemos descartar que el Phileros de Pompeya fuese manumitido por Fulvius y acabase trabajando en una figlina de la costa catalana. Asímismo, se conoce una marca L·FVL·HERO en Dressel 7-11 producida muy probablemente en el taller del Mas d’Aragó, en Cervera del Maestrazgo (Castellón) (Fernández Izquierdo 2006: 285, fig. 15 que no sabemos si tienen relación alguna con el Lucius Fulvius mencionado en las ánforas Tarraconense 1. La gens Fulvia, de origen plebeyo y originaria de Tusculum, en el Lacio, generó un cognomen muy extendido, por lo que resulta imposible cualquier intento de identificación de este personaje. (Fig, 5) — P. Heidius. Conocemos solamente un ejemplar, hallado en el yacimiento de Vinyes de Can Prat (Collsabadell, Llinars del Vallès, Barcelona) (fig. 6). El texto está fragmentado, leyéndose claramente P·HEID, por lo que no sabemos si falta o no una letra, en cuyo caso podría leerse P·HEID[I]. Es un nomen rarísimo, del que se conocen tan sólo ocho inscripciones halladas en el centro y el sur de Italia (Campania), y en tres casos en el norte (Liguria y Emilia-Romagna). Se trata de inscripciones procedentes de Caraglio (Liguria), Bolonia (Emilia-Romagna), Santo Prisco (Caserta, en la Campania), y Sassoferrato, Acqualagna y Fossombrone, los tres en Umbria. Se fechan todas en el Alto Imperio, salvo quizás la de Caserta, que podría ser del siglo I a.C. (CIL 11, 05962, 05977, 06144 y 06838, CIL 19, 3783 (1) = CIL 001 (2 ed.), 0686; Eagle, EDR010180, EDR016187 = CIL 11, 05755, EDR071657). En ningún caso el praenomen es Publius, como en la marca anfórica, sinó Manius, Marcus y especialmente Lucius. El hecho de que cuatro de las ocho inscripciones procedan de Umbria, una de Sentinum (Sassoferrato), dos de ellas de Pitinum Mergens (Acqualagna) y otra de Forum Sempronii (Fossombrone) permiten suponer que la gens Heidia debía tener su origo en una zona muy localizada del sector oriental de la Umbria, en un área que podríamos definir dentro de un triángulo ideal entre Gubbio, Pesaro y Ancona, correspondiente a las actuales provincias de Pesaro-Urbino y Ancona. La inscripción de Sentinum hace referencia a dos Lucii Heidii (quizás padre e hijo) que fueron al parecer quattuorvir y aedilis; una de las inscripciones de Pitinum Mergens, aunque está fragmentada, permite suponer que cierto Lucius Heidius fue quattuorviro o duumviro quinquenal en su ciudad. Por ello, podemos concluir que algunos de los Heidii llegaron en algún momento del Alto Imperio al “status” de magistrado municipal. Es muy posible que nuestro Publius Heidius formase parte de una rama de la familia que se dedicó a inversiones en Hispania, no sabemos si con mucha fortuna, dada la escasa repercusión de este nomen tanto aquí como en Italia. — C. Iunius. Se conocen dos ejemplares sobre el borde de ánforas Tarraconense 1 de procedencia submarina, halladas una en la costa entre Mataró y Llavaneres (Barcelona) (Pascual 1981: fig. 13.4; Pascual 1991: 47, núm. 53.1) y la otra en Port-la-Nautique, el antiguo puerto de Narbona (ANTEAS 1993: 42, núm. 163). En el primer ejemplar el texto, según Pascual, es CIVN, mientras que en el caso de Narbona es C·IVNI Los Iunii son una familia romana de origen plebeyo con abundantes ramificaciones, de las que sólo unos pocos aparecen sin cognomen. Figura 5. Fragmento de ánfora de la forma Tarraconense 1, con el sello L·FVLVI, hallado en el yacimiento de El Roser o El Mujal (Calella, Barcelona) (dibujo: Albert Martín). 85 SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 ÁNFORAS VINARIAS EN EL ESTE DE LA HISPANIA CITERIOR EN ÉPOCA TARDORREPUBLICANA... El praenomen Caius es poco abundante, pero conocemos dos personajes, padre e hijo, contemporáneos de Cicerón (Cic., Pro Cluentio, 1, 20, 27, 29, 33 y 49), el primero de los cuales era uno de los jueces en el caso incoado por corrupción a Opiánico. También conocemos un C. Iunius Silanus, cónsul en el año 10 d.C., que fue acusado de malversación y traición (Tac., Ann., 3.66-67). Naturalmente, no estamos en condiciones de identificar el personaje mencionado en el sello anfórico que nos ocupa. Sin ir más lejos, podemos traer a colación el nombre de un ceramista que produjo lucernas en la bahía de Cádiz, Caius Iunius Dracus (Corzo 1982), que muy probablemente no tenía nada que ver con los Caii Iunii mencionados más arriba. — M. Loreius. Se conoce un ejemplar de procedencia desconocida depositado en una colección particular de Cadaqués, con la marca M·LOREI en el cuello (Pena 1998: 208 y 317). Este nomen es el único que aparece en una marca asociada a otra, que al parecer puede leerse ARCELAVOS, documentada en dos ejemplares, hallados respectivamente en el pecio Mateille C en Gruissan, cerca de Narbona (Solier 1981: 232, fig. 94) y en el foro romano de Ampurias (Aquilué et al. 1984: 154-155 y 171, fig. 87.13; Pena 1998: 308 y fig. 1.1); podemos suponer que el segundo nombre, de interpretación dudosa, corresponde a un esclavo o liberto asociado al propietario, al igual que se constata en la epigrafía suditálica de época tardorrepublicana (Desy 1989) y como se comprobará en la epigrafía layetana y tarraconense posterior. El nomen podría ser de origen osco, según Gabba (1973; cf. Pena 1995: 309) aunque ello no es seguro. Se conocen diversos Loreii en Pompeya, de los que es de destacar un M. Loreius que fue IIII- vir i IIvir en época republicana (CIL I/2, 1629-1630 = CIL X 937 y 938); el nomen aparece en inscripciones de época imperial en Roma, Ostia, Verona, Mantua y Aquileia. En Galia se documenta también en Narbona (CIL XII 4731) y Glanum (AEp. 1946: núm. 153). En Hispania tenemos documentado un M. Loreius en Ampurias, un L. Loreius en la zona de Lisboa y una Loreia en Vega de Medellín (Cáceres) (Pena 1998: 308). El hecho de que la marca se documente en el cuello de un ejemplar fragmentario, ubicación que se documenta también en el caso de la marca L·VOLTEIL que aparece en las ánforas fusiformes denominadas Layetana 2 por Long y Tarraconense 1 C por A. López y A. Martín (mencionadas anteriormente) podría hacer pensar que las ánforas con la marca de M. Loreius no correspondan exactamente a la Tarraconense 1 clásica, pudiendo quizá ser algo posteriores. Desgraciadamente, el ejemplar ampuritano se halló en un contexto revuelto que no permite acotar su datación, y el de Cadaqués no tiene contexto alguno conocido. — P. Mevius y Q, Mevius. Es interesante constatar que tenemos sellos que hacen evidentemente referencia al menos a dos personajes distintos, como consta por la indicación de los praenomina (Publius y Quintus), aunque el primero se ha documentado en un único ejemplar del pecio de Cap Béar III (Colls 1986). En cambio, la versión Q·MEVI es una de las más abundantes, documentándose en Badalona, donde se han hallado al menos cinco ejemplares, uno de los cuales, hallado en la calle de Pujol, tiene una datación estratigráfica de hacia el año 40 a.C. (Comas 1997: 17-18, núm. 6, 7 y 8). Se conoce un ejemplar de Ampurias (Almagro 1952: núm. 210; 05 cm Figura 6. Fragmento de ánfora de la forma Tarraconense 1, con el sello P·HEID, hallado en el yacimiento de Vinyes de Can Prat (Collsabadell, Llinars del Vallès, Barcelona) (fuente: Berni, Clariana y Járrega 2012). 92 RAMÓN JÁRREGA DOMÍNGUEZ SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 Llama la atención la relativa proximidad entre sí de las ciudades mencionadas más arriba (a las que habría que añadir la más lejana Arelate, actual Arles). Todas ellas fueron deductiones de origen militar. Así, en Narbo se establecieron veteranos de la décima legión (decumani), en Baeterrae los de la VII legión (septimani), mientras que en Arelate y Ruscino se instalaron los veteranos de la VI (sextani). No sabemos a qué legión correspondían los veteranos que se asentaron en Ampurias, según el testimonio de Tito Livio (Ab urbe condita, XXXIX, 9), ni tampoco el status de la ciudad, que en todo caso era un municipium en época de Augusto, no una colonia como las otras mencionadas. Ello formaba parte de un proyecto más vasto, ya que, según Suetonio, César concedió tierras a 80.000 plebeyos de la ciudad de Roma (Suetonio, Iul, 42, 1) y a 20.000 veteranos, según Plutarco (César, 57), quien hace mención explícita a la refundación de Corinto y Cartago. Aunque es dudoso, parece ser que la deductio colonial de Tarraco habría sido también ideada para establecer a soldados veteranos (Hoyos 1975; Ruíz de Arbulo 2002). No está clara la cronología de estas fundaciones, que muy posiblemente son posteriores al asesinato de César, desarrollándose probablemente en época del Segundo Triunvirato, como en el caso de la Colonia Victrix Iulia Lepida en el solar de la antigua Celsa, nombre que no deja dudas sobre su fundación por Lépido, sin duda después de la muerte de César, coincidiendo con la presencia de este personaje en Hispania en los años 42-43 a.C. (Roddaz 1988: 328-329). También la colonia Urbs Iulia Nova Karthago parece haber sido fundada por Lëpido en las mismas fechas, según se deduce de la numismática (García y Bellido 1961-62: 369- 370). Por la identidad de la titulación de Carthago Nova, podríamos suponer que la colonia de Tarraco se fundó también en estos años, en contra de la cronología más alta (Ruíz de Arbulo 2002) que se ha sugerido recientemente. En cualquier caso, está clara la importancia del elemento militar en la fundación de los establecimientos coloniales (fuese cual fuese su status) de Narbo, Baeterrae, Ruscino y Emporiae. Por lo tanto, creemos que no debe descartarse que algunos de los veteranos asentados en el territorio se dedicasen a la explotación vitivinícola, siendo al menos en parte los que aparecen mencionados en los sellos de las ánforas de la forma Tarraconense 1. Tampoco podemos descartar la llegada de especuladores foráneos, atraídos por la fundación de estas colonias. El papel preponderante que tuvo Narbo como centro distribuidor de los vinos layetanos y tarraconenses en época de Augusto, así como la presencia de notables narbonenses implicados en esta distribución, como se demuestra en el caso del Usulenus Veiento que selló ánforas de la forma Pascual 1 (Christol y Plana 1997 y 1998), hacen pensar que ya desde la deductio de la colonia fue éste un centro importante, donde pudieron radicarse los comerciantes implicados en la distribución de estos productos. No podemos descartar, de forma quizá subsidiaria, el papel de la ciudad de Emporiae, donde encontramos algunos cognomina que aparecen también en los sellos de las ánforas de la forma Tarraconense 1, y en cuyas cercanías parecen haberse producido las que llevan el sello L·VENVLEI. Por lo tanto, parece evidente que la colonización cesariana o triunviral resultó el detonante que provocó un salto cualitativo en la producción y comercialización vinaria, reflejada en la elaboración de las ánforas de la forma Tarraconense 1. Pese a lo que se ha dicho no es descartable que los mismos colonos, al menos en parte, tuviesen una implicación directa en este proceso de producción, sin descartar la presencia de elementos foráneos, o bien de una situación mixta, promovida por el nuevo proceso de urbanización y romanización. La presencia en los pecios de las marcas L·VOLTEIL, L·FVL·LIC y Q·MEVI en contextos de los años 50-30 a.C. respaldan una datación antigua, y la mayoría de los nombres mencionados en los sellos de las ánforas Tarraconense 1 no aparecen después en Pascual 1, lo que debe reflejar algunos cambios en el proceso productor y comercializador de los vinos de la zona estudiada. Por otro lado, con la aparición de las ánforas Pascual 1 entran en escena nuevos nombres de personajes foráneos, como Publius Usulenus Veiento de Narbo (Christol y Plana 1997 y 1998), Publius Baebius Tuticanus, de Verona (Tremoleda 1998), Caius Mussidius Nepos, de Sulmona (Barreda 1998), en Italia, así como probablemente Caius Antestius o Antistius (Miró 1988a: 222; Comas 1997: 22-23; Pena 1998: 311) que no aparecen mencionados en las ánforas de la forma Tarraconense 1. Por ello, podemos suponer que al menos durante la primera mitad del imperio de Augusto debieron seguir produciéndose las condiciones que habían llevado a personajes foráneos como los que hemos estudiado a involucrarse en la producción de vino en el nordeste de la Hispania Citerior. Tan sólo las marcas de L·VOLTEIL y MEVI parecen tener una continuidad en períodos posteriores, pues L·VOLTEIL se documenta abundantemente en ánforas Pascual 1 (Miró 1988a: 221; Comas 1997: 16). Además de las marcas Q·MEVI y P·MEVI en la forma Tarraconense 1, se documenta la forma MEVI en Pascual 1, 93 SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 ÁNFORAS VINARIAS EN EL ESTE DE LA HISPANIA CITERIOR EN ÉPOCA TARDORREPUBLICANA... posiblemente en Oberaden 74 y también al parecer en Dressel 2-4 (Comas 1997: 28; Revilla 1993; González y Járrega 2011); No solamente tenemos aquí una aparente continuidad, sino además un desplazamiento geográfico, ya que la marca Q·MEVI en Tarraconense 1 parece poder relacionarse con el área ampuritana o badalonesa, mientras que la marca MEVI aparece en una posible Oberaden 74 al parecer producida en la costa meridional catalana (González y Járrega 2011). Es un fenómeno parecido al de la marca SEX·DOMITI en la forma Oberaden 74, que se documenta tanto en el mencionado taller de l’Aumedina (Tivissa) como en el de La Canaleta (Vila-seca), cerca de Tarragona (Revilla 1993; Gebellí y Járrega 2011). Por cierto, que este Sextus Domitius, personaje de época de Augusto imposible de identificar desde el punto de vista prosopográfico, podría haber sido también de origen foráneo y responder a la misma dinámica económica que hemos estudiado más arriba. 5. CONCLUSIONES — Las primeras ánforas vinarias elaboradas a partir de modelos romanos en lo que hoy es Cataluña aparecieron en el siglo II a.C., si bien las cronologías no son muy claras. Se produjeron imitaciones de ánforas greco-itálicas y de la forma Dressel 1 A y, especialmente, B, incluso en algunos casos de tamaño muy pequeño, como en el taller de El Vilar (Valls). — La geografía de estas producciones se circunscribe hasta ahora a la costa central layetana (en el área del poblado ibérico de Burriac y sus alrededores), así como en su inmediato hinterland (comarca del Vallès Occidental). Se documenta también en el interior del ager Tarraconensis (taller de El Vilar de Valls). — La epigrafía presente en estas ánforas es muy escasa; en la comarca tarraconense del Alt Camp se han documentado sellos con texto ibérico, que prueban el papel de los indígenas en el proceso de elaboración de las ánforas. También contamos con epigrafía latina, con nomina latinos (Q·FABI). No sabemos si la iniciativa de la producción estaba en manos de personajes indígenas romanizados o foráneos; se ha discutido sobre el tema sin poder llegar a ninguna conclusión cierta. — Podemos suponer que los nomina latinos que aparecen en las ánforas Dressel 1 corresponden a elementos itálicos mejor que indígenas romanizados, teniendo en cuenta que la organización de la producción vinaria exigía tener cierto capital y alguna introducción en el mercado. Es posible que, más que de negotiatores, se tratase de possesores instalados en las primeras (y escasas) villae republicanas. — La difusión exterior de estas ánforas no parece haber sido muy importante; en todo caso, no tiene parangón con las masivas importaciones de los vinos itálicos, envasados también en ánforas de la forma Dressel 1. Su presencia es segura en Mallorca y Menorca, así como al parecer también en el sur de Francia (Burdeos y el pecio de Cap-Béar 3), aunque no es seguro que se trate de producciones de la Hispania Citerior o que sean itálicas. — La producción de ánforas de la forma Tarraconense 1 representa un cambio cuantitativo y cualitativo importante, después de la esporádica producción de ánforas de la forma Dressel 1. Aumentan considerablemente tanto el número de centros productivos como la epigrafía anfórica, muy presente en este tipo de ánforas y, por lo tanto, en esta fase productiva. — El área de producción de las ánforas de la forma Tarraconense 1 es, a diferencia de las anteriores Dressel 1, bastante variada. Puede suponerse con bastante seguridad que se producían en la zona de Ampurias, a juzgar por la concentración de la marca L·VENVLEI; en relación con esta ciudad habría que poner los centros de producción de Fenals, el Collet de Sant Antoni y Llafranc. La zona principal se sitúa en la costa central catalana, en la comarca del Maresme, en relación con las ciudades de Iluro y Baetulo. Se documenta también en el “hinterland” interior, es decir, en la comarca del Vallès Occidental (figlina de La Salut). En la costa meridional, tenemos documentada su posible producción en los talleres de El Vilarenc y Tomoví, que hemos de poner en relación con la ciudad de Tarraco. En todo caso, se trata de una producción focalizada en la zona septentrional y central de la costa catalana (Costa Brava, el Vallès y el Maresme), con una posible extensión hacia el área oriental del ager Tarraconensis. — La cronología de estas ánforas se ha situado grosso modo entre los años 40 y 30 a.C. Si bien se ha supuesto su producción hasta el cambio de Era, basándose en los datos estratigráficos de yacimientos terrestres en Cataluña y el sur de Francia, lo cierto es que las fechas proporcionadas por los pecios, con su valor como conjuntos cerrados, no permiten por ahora superar la cronología del 30 a.C. 94 RAMÓN JÁRREGA DOMÍNGUEZ SPAL 24 (2015): 77-98 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2015i24.04 aproximadamente. Por ello, las dataciones de los ejemplares de yacimientos de tierra firme pueden ser equivocadas, y los ejemplares documentados aparecer en estado residual. La ausencia de esta forma en los talleres del área de Barcino, que al parecer son coetáneos de la fundación de la ciudad (entre los años 12 y 8 a.C.), es otro indicio de que la cronología de las ánforas de la forma Tarraconense 1 tiene que ser anterior. — Esta datación tan limitada en el tiempo tiene que responder históricamente a unas circunstancias muy determinadas. Corresponde por lo tanto a época cesariana y, con mayor seguridad, del Segundo Triunvirato, cuando se llevaron adelante los planes coloniales ideados por Julio César. Es por lo tanto a la luz de este contexto histórico que tenemos que interpretar la producción de estas ánforas. — La difusión de las ánforas de la forma Tarraconense 1 está mucho más extendida que la de las Dressel 1 de la Hispania Citerior, penetrando hacia el interior hasta Zaragoza remontando el Ebro, y apareciendo también en el norte de la Comunidad Valenciana y en diversos yacimientos de las Baleares. Se distribuye también en la Galia a lo largo de las rutas del Ródano y del Garona hasta Bretaña. — Los sellos de las ánforas Tarraconense 1 hacen siempre referencia a nomina latinos. Solamente en un caso documentado en Zaragoza aparece una marca con un texto ibérico, que no ha sido posible interpretar. Se trata de una decena escasa de nombres (Marcus Antonius, Publius Heidius, Caius Iunius, Marcus Loreius, Quintus Mevius, Caius Mucius, Caius Servilius, Sextus Statius, Lucius Venuleius y Lucius Volteilius –o Voltilius–, y posiblemente Marcus Cornelius) cuya escasa o nula relación con la epigrafía lapidaria de la zona ha hecho suponer, como sugería M.J. Pena, que hacen referencia a personajes foráneos. — Los paralelos epigráficos conocidos permiten plantear el posible origen de estos personajes. Algunos (M. Antonius, L. Fulvius, C. Mucius, posiblemente M. Cornelius) podrían ser de origen romano o latino, pero la mayoría proceden del sur y el sudeste de Italia. — Aunque resulta muy probable la hipótesis de Pena según la cual los personajes mencionados en los sellos hubiesen acaparado tierras en las provincias aprovechando la coyuntura de las guerras civiles, la presencia en la epigrafía lapidaria de época imperial en Ampurias, Valencia y Cartagena de los nomina Fulvius, Loreius, Venuleius y Voltilius creemos que no permite descartar completamente que los personajes de las marcas anfóricas fuesen colonos cesarianos. Por ello, no es imposible que los mismos colonos hubieran tenido un papel directo en el proceso de producción, sin descartar la presencia de otros elementos foráneos. — La presencia de nombres de personajes homónimos aunque distintos (los praenomina son diferentes) en los sellos de las ánforas itálicas contemporáneas hace posible que los personajes citados en las marcas estuviesen ya de algún modo vinculados a la producción vinaria en Italia. — En todo caso, y después de las primeras y vacilantes producciones de ánforas vinarias de la forma Dressel 1, podemos concluir que la con la forma Tarraconense 1 se produjo un rápido salto cualitativo en la producción vinícola de la costa catalana, que corresponde probablemente a cambios en la gestión y que prefigura la generalización de la producción que se produjo en época de Augusto con las ánforas de la forma Pascual 1. Agradecimientos Este trabajo ha sido llevado a cabo con en el marco del proyecto de I+D “Amphorae ex Hispania. Paisajes de producción y consumo”, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (código: HAR2011-28244). Agradecemos a Albert Martín, director de la excavación El Roser o El Mujal (Calella, Barcelona), la información sobre este yacimiento y la autorización para usar estas noticias, así como habernos permitido publicar un ejemplar inédito. 6. BIBLIOGRAFÍA Aguarod, C. (1992): “Un ánfora Tarraconense 1 / Layetana 1 con sello ibérico procedente de Salduie”. Boletín del Museo de Zaragoza 11: 109-116. Alföldy, G. (1977-78): “Cnaeus Domitius Calvinus, patronus von Emporiae”. Archivo Español de Arqueología 50-51: 47-56. Almagro, M. (1952): Las inscripciones ampuritanas griegas, ibéricas y latinas. Barcelona, Instituto Español de Prehistoria del CSIC y Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación Provincial. Amela, L. (2011): “Las ánforas de Pompeyo Magno”. 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