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El tratamiento lexicográfico de los marcadores del discurso y la enseñanza de ELE

Martín Zorraquino, María Antonia

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EL TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE LOS MARCADORES DEL DISCURSO Y LA ENSEÑANZA DE E/LE María Antonia Martín Zorraquino Universidad de Zaragoza A la memoria de Antonio Quilis1 1. INTRODUCCIÓN: ALGUNAS PRECISIONES SOBRE LAS PROPIEDADES DE LOS MARCADORES DEL DISCURSO Y SOBRE LAS IMPLICACIONES QUE SU ESTATUTO PRESENTA PARA EL ANÁLISIS LEXICOGRÁFICO2 De entrada, deseo manifestar que, en la Universidad de Sevilla, una exposición sobre los «marcadores del discurso» no necesita presentación, porque, aunque con diferentes términos (sobre todo, el de «enlaces extraoracionales»: cf. Fuentes Rodríguez, 1987), se trata de unas unidades lingüísticas que en esta sede académica han contado, desde hace diecisiete años, con el cultivo y constante investigación de la Prof.a Fuentes Rodríguez, una de las lingüistas de nuestro país más citada en relación con dicho ámbito temático, como puede comprobarse en la bibliografía recogida por Cortés Rodríguez (1995a y 1995b) y en la que incluimos Martín Zorraquino / Montolío Duran, coords. (1998: 264-286) y Martín Zorraquino / Portóles Lázaro (1999: 4208-4213), o también en la que yo aporté en mi ponencia para el Congreso Internacional de Análisis del Discurso (Lengua, Cultura, Valores) («Los marcadores del discurso: balance y perspectivas para su estudio») (Pamplona, noviembre de 2002), cuyas Actas se hallan en prensa. Conviene recordar, sin embargo, pensando en el público que nos escucha (procedente de países diversos y familiarizado con tradiciones lingüísticas distintas), las múltiples etiquetas con las que suele denominarse a los elementos a los que aludo: operadores pragmáticos, conectores, elementos de cohesión, partículas discursivas, muletillas, además de, claro está, marcadores del discurso, enlaces extraoracionales, entre otros marbetes. Tampoco debe olvidarse lo heterogéneo de las categorías gramaticales a las que pertenecen las unidades aludidas (conjunciones, locuciones conjuntivas; adverbios —y locuciones adverbiales— de diverso tipo: disjuntos de estilo y de actitud, conjuntivos e incluso adjuntos enfocantes o subjuntos -vid., para dichos términos, Quirk et al., 1985; Dik, 1997; Cuartera, 2002-; interjecciones, y otros tipos de signos), así como la diversidad de las clasificaciones funcionales que se han ofrecido para ellas (cf. Fuentes Rodríguez, 1987; Casado Velarde, 1993; Portóles, 1993,1998a y 2001; Llórente Arcocha, 1996; Martín Zorraquino / Portóles Lázaro, 1999, entre otros) e incluso la pluralidad de definiciones que se proponen para «marcador del discurso», «operador discursivo» o «conecton> (o sus equivalentes en otras lenguas) (cf., por ejemplo, Ducrot et al, 1980; Fuentes Rodríguez, 1987; Schiffrin, 1987; Llórente Arcocha, 1996; Pons Bordería, 1998; Portóles, 1998a, etc.). Tal divergencia de funciones y de definiciones para caracterizar a los marcadores del discurso, y la propia heterogeneidad categorial de los mismos, plantean, ciertamente, dificultades a la hora de abordar su tratamiento lexicográfico y su enseñanza a los extranjeros. Por ello, y pese a que doy por supuesto que muchos de Vds. conocen bien lo problemático de los aspectos a los que hago referencia, precisaré en pocas palabras la definición de «marcador del discurso» de la que parto; lo que entiendo por «significado» y «sentidos» de los marcadores del discurso y las principales clases funcionales de marcadores discursivos que 1 No habiendo podido llegar a tiempo al Homenaje convocado en memoria de Antonio Quilis, amigo, colega y maestro para los filólogos y lingüistas de mi generación, quiero dejar constancia, por medio del presente texto, del afecto y gratitud con los que lo recuerdo siempre. 2 Deseo expresar mi reconocimiento al Comité Organizador del XV Congreso Internacional de ÁSELE y a la Junta Directiva de esta Asociación, por su cariñosa invitación -su confianza en mípara que impartiera la presente ponencia, y, muy especialmente, quiero agradecer a la Dra. M* Auxiliadora Castillo Carballo su comprensivo y eficaz apoyo. 53 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... LAS GRAMÁTICAS Y LOS DICCIONARIOS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA: DESEO Y REALIDAD suelen distinguirse. Destacaré, asimismo, que el estatuto de los marcadores del discurso dificulta su tratamiento lexicográfico. En Portóles (1998a: 25-26) -y de modo muy parecido, en Martín Zorraquino / Portóles Lázaro (1999: 4057)-, se ofrece la siguiente definición de «marcador del discurso»3. Z,O5 marcadores del discurso son unidades lingüísticas invariables, no ejercen una función sintáctica en el marco de la predicación oracional y poseen un cometido coincidente en el discurso: el de guiar, de acuerdo con sus distintas propiedades morfosintácticas, semánticas y pragmáticas, las inferencias que se realizan en la comunicación. En efecto (cf. Martín Zorraquino, 1998), los marcadores del discurso son signos lingüísticos invariables, bien porque son adverbios de diverso tipo {sinceramente -disjuntos de estilo-, evidentemente -disjuntos de actitud-, consiguientemente -conjuntivos-...), conjunciones (y, pero -coordinantes- / que -subordinantes-...) o interjecciones, (¡hombre!...), bien porque reflejan el resultado de un proceso de gramaticalización (son locuciones adverbiales -de tipo modal y de tipo conectivo-: en efecto, desde luego, con todo, sin embargo...; locuciones conjuntivas: de modo que, así que...; u otros tipos de signos complejos gramaticalizados: o sea...), bien porque representan un estatuto categorial borroso (entre el adverbio y la conjunción, por ejemplo: pues, en ¡Pues yo no voy!). Los marcadores no presentan un significado plenamente denotativo o designativo (a diferencia de lo que sucede con el léxico estructurado, como indica Coseriu: cf. Martín Zorraquino, 1994b: 580-589), ya que marcan la posición del hablante respecto del mensaje de contenido predicativo o designativo que él emite (claro, no sabiéndote la lección, no quieres ir a clase) o la conexión que se da, ajuicio del hablante, entre las secuencias de dicho contenido que se ensartan en el discurso (Juan no tiene dinero; o sea que no irá a la excursión) o distintos tipos de interrelación comunicativa entre el hablante y el oyente (hombre.... no me digas que no quieres venir al cine...), etc. El contenido «instruccional» de los marcadores del discurso se ve matizado frecuentemente según diversos factores que operan en el contexto, lo que se refleja generalmente por medio de los rasgos suprasegmentales (la entonación de las partículas discursivas); así, por ejemplo, podemos decir un bueno de aceptación neta y entusiasmada (A: ¿ Vienes a merendar? IB: ¡Bueno! ¡Encantada!) o un bueno de condescendencia resignada (A: ¿ Vienes a merendar? IB: Bueenoo...). En cuanto a las clases de marcadores del discurso, las propuestas son muy diversas. Como indiqué en mis primeros trabajos sobre las partículas discursivas (Martín Zorraquino, 1992: § 3. 2., y 1994a: 715-716), y como señala Portóles (1998a: 135-137; y 1998c), cabe distinguir, a grandes rasgos, dos principios de clasificación para dichos elementos: una perspectiva onomasiológica, desde la que se establecen funciones pragmáticas, relacionadas con «actos de habla» u operaciones ilocutivas diversas («explicación», «refutación», «corrección», etc.), a las que se adscriben los marcadores discursivos (o sea, es decir, a saber.,.;pero, sin embargo, por el contrario...; mejor dicho, vale decir...); y una perspectiva semasiológica, que parte de la caracterización morfosintáctica, semántica y pragmática de cada marcador tratando de relacionarlo con aquellos con los que puede alternar en el discurso, con el fin de crear pequeños grupos funcionalmente equivalentes que permitan determinar, con mejores garantías, las regularidades del comportamiento lingüístico de las unidades acotadas. Los trabajos de Casado Velarde (1993) y Llórente Arcocha (1996) ofrecen clasificaciones de las partículas discursivas con un enfoque onomasiológico; las clasificaciones que proponen Casado Velarde (1991) o Portóles (1998a y 2001), o la que incluimos en Martín Zorraquino /Portóles Lázaro (1999), en cambio, parten de un criterio semasiológico. De los límites de ambas perspectivas me ocupo en mi ponencia del Congreso sobre el Análisis del Discurso que ya he citado (cf, asimismo, Portóles, 1998c). Baste decir ahora (1) que las dos son legítimas, aunque me parece más prudente y segura la segunda; (2) que las dos se complementan y (3) que, en fin, hasta la fecha, las dos resultan insuficientes, porque, aunque son muchas ya las partículas discursivas estudiadas, las clasificaciones aportadas no son exhaustivas. 3 Tal definición enmarca la caracterización de las propiedades semántico-pragmáticas de los marcadores discursivos en el seno de la Teoría de la Argumentación de Ducrot-Anscombre (cf. Ducrot el al., 1980; Portóles, 1998b) y en el de la Teoría de la Relevancia o de la Pertinencia de Sperber / Wilson, desarrollada especialmente para el análisis de las unidades que nos ocupan por D. Blakemore (cf. Portóles 1998a y Montolío, 1998). 54 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... ACTAS DEL XV CONGRESO INTERNACIONAL DE ÁSELE Teniendo en cuenta, pues, la heterogeneidad categorial de las partículas discursivas, la índole «instruccional» o «de procesamiento» de su significado (y la versatilidad expresiva de sus sentidos), así como lo complejo de su clasificación, es evidente que el tratamiento lexicográfico de los marcadores discursivos no resulta fácil y, por tanto, tampoco es sencilla la orientación que podemos ofrecer sobre su empleo a los estudiantes que aprenden el español como lengua segunda (E / LE). En efecto, si pensamos en un diccionario monolingüe, este debería incluir para cada marcador, al menos, los siguientes datos: información sobre su categoría gramatical; una definición adecuada de su significado y de las diversas acepciones que puede expresar; ejemplos ilustrativos para cada uno de los valores semánticos aludidos; orientaciones sobre los rasgos suprasegmentales que, en la pronunciación, marcan dichos matices expresivos; e incluso, algunos sinónimos pragmáticos (representativos de la clase o clases funcionales a la(s) que pertenece cada partícula). Y, si pensamos en un diccionario bilingüe, a los datos indicados habría que añadir las equivalencias respectivas en el idioma correspondiente, equivalencias, se entiende, pragmáticamente adecuadas y, por ello mismo, no fáciles de elaborar. En lo que sigue, voy a tratar de mostrar algunas de las deficiencias o insuficiencias que presenta la información sobre las partículas discursivas que reflejan algunos diccionarios monolingües y bilingües que utilizan los estudiantes extranjeros que aprenden español; y voy a ofrecer algunas sugerencias y propuestas para mejorar dicha información. Con mis palabras no quiero subestimar la labor de los lexicógrafos, ni mucho menos; antes al contrario, lo que quiero es destacar la dificultad que entraña definir las palabras «pragmáticas» u «operativas», como son los marcadores del discurso, y reconocer que la labor lexicográfica es, en este terreno, de enorme interés, porque es necesaria y porque puede (y debe) alcanzar resultados muy útiles y fecundos. De hecho, en lo que se refiere a los diccionarios de partículas discursivas, ya en Martín Zorraquino (1994a: 715) destaqué la existencia de los elaborados para el alemán por Weydt / Hentschel (1983), Helbig (1988) y Helbig / Helbig (1990) y eché de menos obras semejantes para el español, al tiempo que encarecía la necesidad de su confección. En un trabajo reciente (Martín Zorraquino, 2003) he vuelto sobre el tema, ofreciendo algunas pautas y ejemplos concretos para el tratamiento lexicográfico de alguna partícula discursiva. Por otra parte, me cabe la satisfacción de comprobar que son varios los equipos investigadores que actualmente se ocupan de la elaboración de diccionarios de partículas discursivas: de una parte, en Valencia, el Dr. Antonio Briz coordina uno en el que participan, además del grupo Val.Es.Co (de la Universidad de Valencia), el dirigido por la Dra. Montolío (en la de Barcelona) y el que encabeza el Dr. Portóles Lázaro (en la Autónoma de Madrid); su objetivo es realizar un diccionario de marcadores discursivos (especialmente, conectores) en formato de CD-ROM. En la Universidad de Zaragoza intentamos complementar dicho trabajo con un diccionario de partículas modales que nos gustaría presentar impreso en papel. Me consta que aquí, en la Universidad de Sevilla, también la Dra. Fuentes Rodríguez se ocupa de la confección de un diccionario de conectores y operadores discursivos. Por otra parte, debo destacar que el Dr. Luis Santos Río ha publicado recientemente un diccionario de partículas en Salamanca, que actualiza una obra suya de mediados de los años 90 titulada entonces, modestamente, Apuntes paralexicográficos (cf. Santos Río, 2003). 2. LA COMPETENCIA LINGÜÍSTICA DEL ESTUDIANTE DE E/LE ANTE LOS MARCADORES DEL DISCURSO: EL ANÁLISIS DE LAS PARTÍCULAS DISCURSIVAS Y EL DICCIONARIO COMO HERRAMIENTA DE APRENDIZAJE El estudiante de E / LE identifica fácilmente los marcadores del discurso en los textos que lee y que analiza o en las conversaciones que escucha. Aun tipológicamente diferentes respecto a la cantidad y, sobre todo, a la entidad de las partículas discursivas, las lenguas humanas suelen contar con elementos de esa especie (cf. Weydt, 1969). Todas las lenguas indoeuropeas cuentan con unidades análogas a las que denominamos marcadores del discurso y lo mismo sucede en otras familias de lenguas. De forma que, si proponemos a nuestros estudiantes de español / LE ejemplos como los que siguen, no les resultará difícil explicar por qué las palabras destacadas en ellos son partículas discursivas: (1)E1 navajero que te pone la... la navaja en el cuello,pues eso es de ahora. Y, claro, eso es de ahora, lógicamente, por la droga, ¿eh?, exclusivamente. (Martín Zorraquino, 1991: 269). (2) A: Cuando has salido a otras ciudades, ¿te han notao que hablas una cosa diferente a ellos, 55 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... LAS GRAMÁTICAS Y LOS DICCIONARIOS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA: DESEO Y REALIDAD es decir, han, han notao que vienes de Zaragoza o de Aragón? ¿O no, no se nota? B: Hombre, sí, al principio sí se nota más (Martín Zorraquino, 1991: 271). (3) A: F¿por qué dices castellano y no español? ¿O lo has dicho sin pensar? B: No, porque castellano, pues viene de la lengua que se hablaba en Castilla, ¿no? (Martín Zorraquino, 1991: 273). (4)Luego, te vas haciendo a otras ideas, vas sabiendo que..., que el mundo no es como lo pintan... y que el mundo, pues, no es así. Entonces, pues no sabes lo que hay que hacer. Y si no tienes oportunidad... Pero luego, claro, al cabo de dos años, pues te das cuenta de que si hubieras estudiao o hubieras hecho algo, pues hubiera sido mejor. (Martín Zorraquino, 1991:274). Las palabras en cursiva de los ejemplos precedentes son, en efecto, marcadores del discurso. El estudiante descubre que se trata de tales signos porque se ajustan a la definición que hemos ofrecido más arriba. Todas son elementos invariables: conjunciones como y o pero; adverbios disjuntos modales como lógicamente; adverbios conjuntivos como entonces; interjecciones o pseudo interjecciones como ¿eh?, ¿no? (ambas, siempre en posición final de enunciado), hombre, claro (palabra susceptible de ser analizada también como adverbio de modalidad epistémica); locuciones verbales gramaticalizadas como es decir, e incluso un signo de categoría borrosa entre la conjunción y el adverbio como pues. Es evidente, asimismo, que dichas palabras no cumplen una función sintáctica en la oración o en la construcción en la que aparecen. El estudiante percibe, de hecho, que podría prescindir de ellas en los ejemplos, y estos mantendrían su contenido nocional o conceptual casi idéntico; hagamos la prueba con el ejemplo (1) y el (4): «El navajero que te pone la navaja al cuello: eso es de ahora. Y eso es de ahora, por la droga, exclusivamente»; «Luego te vas haciendo a otras ideas, vas sabiendo que el mundo no es como lo pintan..., que el mundo no es así. No sabes lo que hay que hacer. Y si no tienes oportunidad... Luego, al cabo de dos años, te das cuenta de que, si hubieras estudiao o hubieras hecho algo, hubiera sido mejor». De otra parte, es claro igualmente que las partículas discursivas no aportan un significado denotativo, sino que apuntan a los hablantes en el momento en que ponen en acto su actividad de hablar, su construcción del discurso. Así, algunas unidades en cursiva de los ejemplos que analizamos les sirven a sus emisores para comentar, posicionándose, los contenidos que transmiten {lógicamente) o para reformularlos, explicándolos {es decir). En otros casos, los hablantes que han emitido los ejemplos conectan, por medio de los marcadores, las secuencias discursivas que transmiten, bien dando realce a los elementos remáticos, que cohesionan lo que les precede {apues, por ejemplo) con lo que les sigue, u oponiendo el contenido de lo que se va a decir al de lo que se ha dicho {pero); en otras ocasiones, inician con el marcador un nuevo acto de habla o intervención (y), o marcan que lo que le sigue a este refleja la consecuencia que se deriva de lo dicho antes {entonces). De otra parte, con algunas palabras (interjecciones), el hablante regula el contacto con el interlocutor: trata de aminorar el efecto negativo que el contenido de su propia intervención puede producir en aquel a quien replica {hombre), o busca su connivencia, su complicidad {¿eh?, ¿no?). Finalmente, con un marcador como claro (con estatuto borroso entre adverbio de modalidad epistémica e interjección), el hablante señala lo indudable o evidente del contenido del mensaje que sigue al marcador, al tiempo que conecta, o hace más explícita, la relación efecto-causa, condicionante-condicionado, que existe entre los elementos que integran dicho mensaje {«claro, eso es de ahora / por la droga»: «claro, al cabo de los años te das cuenta que, si hubieras estudiao. o hubieras hecho algo, hubiera sido mejor»). Tras este rápido análisis, cabe una constatación no exenta de ironía: si los marcadores del discurso son, en realidad, «denotativamente» superfluos, ¿para qué estudiarlos? Aduciré varios argumentos a favor de su legitimidad en la clase de E / LE: (1) es cierto que las partículas discursivas son «denotativamente» («referencialmente») superfluas, pero es obvio también que cumplen diversas funciones discursivas; (2) si cumplen dichas funciones, forman parte de la competencia comunicativa de los hablantes, lo que quiere decir que, si se quiere aprender bien una lengua, no basta con conocer y practicar las reglas de la llamada gramática de la oración, sino las que afectan a la construcción de los distintos géneros discursivos, y, en general, las que regulan la interacción hablante-oyente-contexto, para todo lo cual el dominio del empleo adecuado de los marcadores del discurso es necesario; (3) los marcadores del discurso no son palabras raramente empleadas, sino muy frecuentes y, además, presentan, como ya he indicado, acepciones o matices diversos: conocer bien sus propiedades distribucionales, semánticas y pragmáticas 56 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... ACTAS DEL XV CONGRESO INTERNACIONAL DE ÁSELE implica conocer las características de un gran conjunto de palabras necesarias para la construcción del discurso, la expresión de la subjetividad del hablante y, entre otras cosas, muchos y sutiles matices expresivos de cada lengua; (4) finalmente, no son escasos los errores que cometen los aprendices de una lengua segunda en el uso de las partículas discursivas, de modo que también estas unidades, aparentemente superfluas, pueden traicionar al usuario y desvelar su impericia o su falta de destreza en la lengua que desea manejar (dominar) como un nativo (cf. Martín Zorraquino, 1999). En efecto, creo necesario destacar este último aspecto. Me serviré, para ello, de un par de ejemplos emitidos por un estudiante de español que tiene el francés como lengua materna: (5)No sé si ir o no ir a verlo, y pues no tengo mucho tiempo. (6) Yo ya le expliqué que no tema el trabajo [a mi profesor de Burdeos]; no he encontrado la bibliografía, y pues no había podido hablar con el profesor porque está enfermo y no viene a clase. Como puede apreciarse, en los ejemplos precedentes, el estudiante confunde el estatuto de pues en español con el de puis en francés (de etimología similar -lat. p o s t, con 101 breve o abierta, 'después'-), palabras que, aun muy parecidas en el significante, difieren, sin embargo, en las propiedades distribucionales y semánticas (y en sus funciones pragmáticas) en sus respectivas lenguas. En efecto, si consultamos el Gran diccionario Larousse Español-Francés / Francais-Es- pagnol (1999) (citado, en adelante, Larousse), bajo la voz pues (en la parte correspondiente al Español-Francés: I, p. 667), comprobaremos que, entre las varias equivalencias que ofrece para dicho término, no se encuentra etpuis. El pues español se corresponde con las conjunciones causales puisque (que vale igualmente por esp. 'ya que') -cf.: «págalo, pues lo compraste» - paie-le puisque tu I'as acheté-; parce que, car: «no pude salir, pues vino mi abuela» -je n 'aipaspu sortir car ma grand'mére est venue; pero también con el signo done (cuando indica conclusión, tanto si se trata, en español, de un elemento claramente adverbial conjuntivo como si refleja el pues remático, de estatuto borroso entre el adverbio y la conjunción): «es, pues, la mejor» - elle est, done, la meilleure I «¡pues ven!» - viens done! Dicho pues remático equivale, sin embargo, más frecuentemente a eh bien!: «pues te arrepentirás» - eh bien, tu le regretteras! En cambio, el pues vacilante del español (remático también, pero con entonación suspendida), se corresponde con el heu del francés («pues...» - heu...). El diccionario citado incluye más equivalencias para pues -combinado con otros marcadores (pues bien, pues claro, ¿pues qué?, etc.,)- de las que, lástima, no podemos ocuparnos, e incluye, asimismo -quiero subrayarlouna observación interesante e importante (aunque, quizá insuficiente, cf. infra, § 3): Employée au debut d'une phrase, la particule pues [es el pues remático o comentador, un estructurador de la información] renforce l'idée que l'on veut exprimer (¡pues! fsicj ¡no faltaba más! 'il ne manquaitplus que ca!'). Selon l'intonation etl'usage, cetteparticule peut avoir des sens tres variés: pues peor 'tantpis'; pues mejor 'tant mieux'; ¡pues no! 'sürement pas', 'il n 'en est pos question' [loe. cit.: I, 667] Como se observa, no hay rastro de etpuis como equivalencia de pues. Y, en efecto, en la parte correspondiente al francais-espagnol del Larousse, bajo la vozpuis (Larousse, 1999: II, 548), leemos que este signo se corresponde con esp. luego, después, y además, etc., todos ellos adverbios conjuntivos aditivos, y se subraya el marcador etpuis, que se traduce por 'además' y 'y además' (giro que hubiera debido emplear -en lugar de y puesel estudiante francés de los ejemplos 5 y 6 antes comentados). En cambio, se confirma en ese apartado del Larousse el valor de 'pues' para car (II, p. 108) o para done (II, p. 222), signo este que equivale también apor consiguiente (parte español-francés, I, p. 218). La diversidad de equivalencias del pues español en francés que acabamos de analizar en el Larousse, se puede apreciar igualmente cuando se cotejan textos españoles y sus versiones en francés. Así, de un pequeño conjunto de piezas teatrales en versión bilingüe, he entresacado unos cuantos ejemplos que nos permiten verificar la pluralidad de valores señalados para el pues es- 57 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... LAS GRAMÁTICAS Y LOS DICCIONARIOS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA: DESEO Y REALIDAD pañol4. En algunos casos,pues se corresponde con car (pues, conjunción causal); en otros, con done (pues, adverbio conjuntivo de consecuencia)' en otros, con eh bien, eh ben, ben (pues, partícula comentadora de la información o remática) ; en otros, con heu/euh (pues remático vacilante), en otros, con ningún signo (0, en francés), pero nunca se traduce por etpuis ni porpuis: Valerio: Lucinda, no desaproveches un beso. Preferible es que lo deposites sobre la sedienta boca del Valerio. Pues si entre pájaros vas a repartir besos, no hay pájaro que iguale a tu Valerio. Valere: Lucinde, ne gaspillepas un baiser. Dépose-le plutót sur la bouche avide de Valere. Car si c'est aux oiseaux que tu dois distinguer des baisers, aucun oiseau ne vaut celui de ton Valere (Zurro, 72 / 73). Colocados, pues, arbitrariamente... /Ainsi, done, puisqu'ils sont arbitrairement places... (Sanchis, 34/35). Bella: (...) El muerto al hoyo y el vivo al bollo. Y yo, Bella, soy el bollo. Pues no, me niego. Bella: (...) Le roi est morí, vive le roi! Or, le morceau de roi, id, c'est moi, Bella. Eh bien, je ne veuxpas de ga. (Zurro, 32 / 33). Esposa: ¿Quién? Épouse: Qui ga? Marido: Pues él..., él... Mari: Eh bien, lui..., lui... (Caballero, 98/99). Juan Gálvez: ¿Y qué pasó? John: Pues que desapareció de La Moraleja, donde vivía con sus padres. Juan Gálvez: Et alors? John: Eh ben on l'a plus jamáis revu á La Moraleja, ou il vivait avec ses parents. (Portes, 122 /123). Guarda Io: De acuerdo. Quédate tú. Guarda 2o: ¿Yo? ¡Ni hablar! Te quedas tú. Guarda 1": ¿Por qué yo? Guarda 2o: Pues porque tú eres más... Garde n° 1: D'accord. Reste, toi. Garde n" 2: Moi? Pas question. C'est toi qui restes. Garde n" 1: Pourquoi moi? Garde n°2: Ben, parce que toi, tu es plus... (Sanchis, 60/61). Orujo: ¿Dónde? Piquette: Comment? Parra: Pues... Verjus: Euh... (Zurro, 38/39). Juan Gálvez: No me des puntapiés. Mari Cruz: Pues córtate las piernas. Juan Gálvez: Arréte de me donner des coups depied. Mari Cruz: [0] T'as qu'á te couper les jambes. (Portes, 86/87). 4 He consultado José Sanchis Sinisterra, Los Figurantes I Les Figurants, traduction de Geneviéve Lachery Théron, Toulouse, Presses Universitaires du Mirail (Instituto Cervantes / Théátre de la Digue), 1999 (se cita Sanchis); Alfonso Zurro, Bufonerías I Bouffonneries, traduction de Rosine Gars, Toulouse, Presses Universitaires du Mirail (Instituto Cervantes / Théátre de la Digue), 1999 (se cita Zurro); Francisco Portes, La Trompeta de cristal veteado I La Trómpate de cristal veiné, traduction de Christilla Vasserot, Toulouse, Presses Universitaires du Mirail (Instituto Cervantes / Théátre de la Digue), 2000 (se cita Portes), y Ernesto Caballero, Rezagados y Auto I Lantemes rouges I Automobile, traduction de Agnés Surbezy y Emmanuelle Gamier, Toulouse, Presses Universitaires du Mirail (Instituto Cervantes / Théátre de la Digue), 2001 (se cita Caballero). 5 Jean Bouzet, en su Grammaire espagnole, París, Eugéne Belin, 1946 (§ 1007) advierte de la equivalencia áepues y eh bien para el valor remático o comentador del pues español (cf. Martín Zorraquino, 1992: §2.2,114). 58 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... ACTAS DEL XV CONGRESO INTERNACIONAL DE ÁSELE El análisis de las versiones bilingües de la misma obra complementa muy útilmente la consulta del diccionario bilingüe (e incluso monolingüe) para el estudio de los marcadores discursivos de E / LE. Presenta, sin embargo, el inconveniente (para la enseñanza, en general, de segundas lenguas) de que dichas versiones reflejan a menudo preferencias expresivas del traductor, matizaciones que no necesariamente se ajustan a lo que el diccionario concibe (o prevé) como equivalencias «regulares» o «más sistemáticas» de las palabras -en el caso que nos ocupa, los marcadores- de la lengua origen respecto de la lengua meta. Con todo, los diccionarios, como vamos a ver, no ofrecen siempre una información suficiente, aunque bastantes contienen datos claros y precisos (si no totalmente acertados, al menos, orientadores). 3. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA INFORMACIÓN QUE OFRECEN LOS DICCIONARIOS BILINGÜES PARA EL ESTUDIO DE LOS MARCADORES DEL DISCURSO. (DADO LO LIMITADO DEL TDIMPO DE QUE DISPONGO, ME CENTRARÉ EN UN PAR DE DICCIONARIOS ESPAÑOL - FRANCÉS / FRANCAIS - ESPAGNOL6) La información que ofrecen los diccionarios bilingües suele ser bastante eficaz, aunque también limitada (a veces, hay que reconocerlo, incluso defectuosa). El Larousse (1999), que hemos examinado y comentado para la voz pues, muestra equivalencias precisas y acertadas en general; incluye ejemplos numerosos (lo que es esencial) y, a veces, aporta observaciones (como hemos visto) sumamente interesantes, aunque no exhaustivas. Un aspecto problemático que suscitan los diccionarios que nos ocupan (y sucederá algo parecido para los monolingües: cf. infra, § 4) es que emplean, para las partículas discursivas, definiciones, en general, de tipo sinonímico, es decir: aportan una palabra equivalente en la lengua meta, que pueda sustituir a la que aparece como entrada del diccionario en la lengua origen. Naturalmente, el uso exclusivo de definiciones sinonímicas en un diccionario bilingüe no incurre en un círculo vicioso (pues 'car'; car 'pues'), ya que garantiza la sustitución constante de un término por otro, pero, generalmente, olvida todo / mucho / bastante (d)el abanico de posibilidades expresivas que cada palabra presenta, tanto en la lengua origen como en la lengua meta, así como el hecho de que las equivalencias entre ambas lenguas no siempre constituyen conjuntos idénticos (es decir: pues tiene muchos más valores que el de 'conjunción causal' -no siempre equivale al fr. car- y, por otra parte, tanto pues como car engloban conjuntos de sentidos que no se corresponden sistemática, constantemente, en español y en francés, si bien car suele poder traducirse con garantías, de forma bastante regular, por esp. pues). Para los marcadores del discurso, que poseen un significado no denotativo bastante matizable (por medio de la entonación) y versátil contextualmente (con efectos de sentido muy ricos), el tratamiento lexicográfico requiere particular minuciosidad, y esta virtud o cualidad es a menudo incompatible con las limitaciones de papel, de coste, etc., o con la uniformidad requerida desde la propia concepción metalexicográfica, que subyacen a la planificación de cada diccionario. Por eso, he de subrayar lo útil y necesario (o, al menos, conveniente) que es que se elaboren diccionarios de partículas -es decir, diccionarios sólo de partículas- (y no sólo monolingües, como los citados y los que se elaboran actualmente en España, sino también bilingües). Sin ánimo de critica a los autores (antes al contrario, ya he señalado repetidamente lo valioso de su trabajo y lo complejo de su misión), vamos a analizar a continuación algunos ejemplos más (complementarios del de pues), en los dos diccionarios indicados, para comprobar qué nos aportan de positivo y qué carencias (más bien que defectos) reflejan, para que podamos mejorar su utilización como herramientas fundamentales en la clase de E / LE. Tanto Reyes (1958) como Larousse (1999) presentan, como he dicho, definiciones sinonímicas; dan equivalencias, generalmente, precisas, y ofrecen ejemplos ilustradores o aclaratorios (pero, de forma mucho más regular en el segundo caso que en el primero). Hay que advertir que los objetivos de ambos diccionarios no son exactamente los mismos, aun tratándose de dos obras bilingües: Reyes (1958) está pensado, en primer término, para el español que traduce del francés a su propia lengua (Diccionario francés - español y español -francés), mientras que Larousse (1999) parece pensar, más bien, en el francés que traduce del español a su lengua propia (o en quien, siendo español, ha de hacer traducciones inversas -más complejas que las directas-), de ahí que se trate de un diccionario Español-Francés I Frangais-Espagnol. Compárese, así, lo esquemático (pero pertinente) de la información de Reyes (1958) para pues, respecto de la aportada por Larousse (1999), ya analizada; Reyes define pues como 'Done- Or, car.- Puisque.- Eh bien'. 6 Me referiré al Larousse (1999), ya citado, y al de Reyes (1958). 59 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... LAS GRAMÁTICAS Y LOS DICCIONARIOS EN LA ENSEÑANZA DEL ESPAÑOL COMO SEGUNDA LENGUA: DESEO Y REALIDAD Volviendo a algunas de las partículas analizadas más arriba (§ 2), podemos comparar cómo trata cada uno de los diccionarios claro y hombre. En Larousse (1999:1, 194), claro se incluye (en la parte español-francés) bajo la voz claro, -ra (adjetivo), que se define, en primer término, como 'clair, e'. Se reconoce un uso adverbial de claro (cf. hablar claro) y se hace referencia explícita de expresiones frecuentes y coloquiales como claro que 'il est évident que'; claro que sí, claro que no 'mais oui, mais non'. Se presta especial atención a ¡claro!, con entradilla destacada por medio de un rombo, y se valora al signo como interjección; se traduce por 'bien sur!', 'évidemment!', 'naturellement' y a la frase ¡claro está! 'évidemment!', 'bien entendu'. Por su parte, Reyes (1958: 951) incluye claro, -ra como adjetivo y ofrece varias acepciones sinonímicas del término; también indica que puede ser adverbio, pero nada aporta sobre sus valores interjectivos. En lo que respecta a ¡hombre!, Larousse (1999:1, 438) coloca a la voz bajo la entrada hombre (nombre masculino) y destaca su valor interjectivo por medio de una entradilla igualmente sangrada (precedida de un rombo); como interjección, le da las equivalencias de 'mon vieux' (indicadora de cariño); 'quoi' (asombro); 'tiens!' (sorpresa); 'allons done!' (incredulidad), 'eh bien' (admiración), 'vraiment!' (ironía), 'bah!' (duda), 'sans blague!' («no me digas»); y, sobre todo, añade como observación: L 'exclamation ¡hombre! est tres employée dans le langage courant et sert á exprimer les nuances les plus diverses. On peut méme I 'employerpour s 'adresser á unefemme, concurremment avec ¡mujer! Por su parte, Reyes (1958: 1218) también incluye ¡Hombre! dentro de la entrada de hombre (nombre masculino), pero sólo lo define como 'Mon ami!'. Da, con todo, numerosas expresiones hechas con hombre {hombre de pelo en pecho, hombre público, etc.). Se trata, pues, en ambos casos, de diccionarios precisos, pero con un grado de información diferente, en cantidad y en calidad. Y hay que añadir que, en el caso de claro, incluso Larousse (1999) peca de limitado o escaso, y que, en el caso de ¡hombre!, ni uno ni otro distinguen entre ¡hombre!, vocativo ('mon vieux!', 'mon ami!') y ¡hombre!, propiamente interjección. La observación de Larousse (1999) se queda, en ese sentido, algo coja, aunque, ciertamente, oriente bastante atinadamente al usuario. De otro lado, y aunque las definiciones sinonímicas de los diccionarios bilingües no conduzcan necesariamente a un círculo vicioso, es cierto también que llegan a sugerirlo, a poco que uno prosiga en sus consultas. Comparemos, así, lo que nos dice Larousse (1999) sobre sin duda y desde luego. El primer marcador aparece bajo luego (I, p. 510) y bajo desde (I, p. 274), y se define, en cada lugar, respectivamente, como 'évidemment, bien entendu, naturellement, bien sur' y como 'bien sur, évidemment': no se trata, pues, de forma uniforme la locución en dicho diccionario. Pero, además, si se recuerda la definición de ¡claro! ('bien sur!', 'évidemment!', 'naturellement!') que dicha obra aporta, se llega a la conclusión de que desde luego y ¡claro! han de ser equivalentes. Sin embargo, se trata de marcadores que implican matices distintos de evidencia cognitiva (modalidad epistémica), como se explica en Martín Zorraquino / Portóles Lázaro (1999: 4146-4158) y en Martín Zorraquino (2001). Por su parte, Reyes (1958) incluye desde luego también bajo desde (p. 1039) y bajo luego (p. 1286); ofrece equivalencias diferentes en cada caso: 'd'abord' (p. 1039) (¿traduce, quizá, más bien, el desde luego, ya inusual en España, 'desde inmediatamente' -en una frase como «dímelo desde luego»-, que algunos hispanoamericanos dirían «dímelo luego», «dímelo luego, luego» o «dímelo lueguito»?) y 'tres volontiers, bien entendu' (p. 1286). En lo que se refiere a sin duda, Larousse (1999:1, 309) señala como definición 'sans doute' (añade sin duda alguna 'sans aucun doute'; no cabe duda, no hay duda, sin lugar a dudas 'il n'y a pas de doute'), y, a su vez, incluye sans doute bajo doute, con el valor de 'sin duda' (y sans aucun doute 'sin duda alguna') (II: 224). Por otra parte, aporta una observación interesante: «Hoy sans doute significa más bien quizás, probablemente» (1,309). Pero eso sucede también en español, lengua en la que sin duda puede expresar certeza, pero también probabilidad (frente a desde luego, que señala lo evidente o indudable de algo, como experimentado por el propio hablante) (cf. Martín Zorraquino / Portóles Lázaro, 1999: 4158). Por su parte, Reyes (1958: 1074) define sin duda simplemente como 'sans doute'. Como decía más arriba, resultaría utópico (por antieconómico y, probablemente, lexicográficamente inarmónico o irregular) pretender integrar una descripción lexicográfica exhaustiva de 60 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... ACTAS DEL XV CONGRESO INTERNACIONAL DE ÁSELE los marcadores del discurso en los diccionarios bilingües «generales», pero, ciertamente, sería muy positivo realizar obras monográficas de ese tipo -es decir, diccionarios bilingües de partículas discursivas-. Ello permitiría incluir datos fónicos (para los matices expresivos que los hablantes ajustan regularmente por medio de los rasgos suprasegmentales -de entonaciónadecua- dos); precisar mejor las observaciones sobre el uso -las funciones pragmáticas de algunas partículas-, y, sobre todo, orientar con ejemplos abundantes y oportunos los sentidos de los marcadores del discurso. 4. ALGUNAS OBSERVACIONES EN RELACIÓN CON LA INFORMACIÓN LEXICOGRÁFICA QUE OFRECEN LOS DICCIONARIOS MONOLINGÜES DEL ESPAÑOL SOBRE LAS PARTÍCULAS DISCURSIVAS Si los diccionarios bilingües son herramientas esenciales para la enseñanza de lenguas y, en concreto para la de E / LE, no es menos cierto que los diccionarios monolingües son igualmente de extraordinaria utilidad en ese proceso, sobre todo, cuando el alumno extranjero, como recuerda María Moliner en el famoso prólogo de su Diccionario de Uso del Español (DUE, 1966 /1967: IX), ha llegado en «el conocimiento del uso del idioma a ese punto en que el diccionario bilingüe puede y debe ser substituido por un diccionario en el propio idioma que se aprende». Pues bien, como ya he señalado supra, en Martín Zorraquino (2003) -pensando tanto en los usuarios de E / LM como de E / LE-, reiteré la conveniencia y oportunidad de elaborar diccionarios monolingües de partículas discursivas; anuncié los que, hasta donde conozco, se están elaborando en España, y me ocupé de los problemas principales que plantea el tratamiento lexicográfico de los marcadores del discurso, con algunos ejemplos prácticos. En esa línea, subrayé que la confección de obras de ese tipo está extraordinariamente facilitada en español gracias al inmenso conjunto de contribuciones que se han publicado sobre partículas o grupos de partículas, bien acotados, en los últimos veinte años (aludía a los trabajos de Acín, Briz, Casado, Cortés, Fuentes Rodríguez, Garcés, Montolío, Pons Bordería, Porroche, Portóles y tantos otros investigadores - entre ellos, yo misma-). De hecho, algunos estudios (por ejemplo, Fuentes Rodríguez, 1987; Casado Velarde, 1991; Fuentes Rodríguez / Alcaide Lara, 1996; Llórente Arcocha, 1996; Portóles, 1998a y 2001; Martín Zorraquino / Portóles Lázaro, 1999; Briz, 2002 y Cuartero, 2002) ofrecen datos sobre las partículas discursivas no difícilmente convertibles en el metalenguaje lexicográfico. La publicación hace apenas un año del Diccionario de partículas de Luis Santos Río (Santos Río, 2003) ha supuesto, en esa línea, un avance muy importante. También fue en Martín Zorraquino (2003: 440-441) donde destaqué que «el hecho de que las partículas discursivas posean peculiaridades sintácticas, semánticas y pragmáticas no invalida [para ellas] el plan de trabajo que suele trazarse en la confección de los artículos de un diccionario». Por ello, recordando que el contenido de cada artículo lexicográfico debe establecerse en función de los objetivos que tenga que cumplir el diccionario que se quiera elaborar (op. cit: 441), propuse distinguir, en la microestructura de uno dedicado a las partículas discursivas: (...) información sobre la categoría de la partícula; sobre sus acepciones y subacepciones; particularidades relativas a marcas de ámbito o extensión de uso; inclusión de ejemplos ilustrativos y, en fin (...) observaciones (...) sobre el proceso de gramaticalización o de lexicalización [que subyace a muchos marcadores discursivos]. Subrayé especialmente en dicha contribución {op. cit, 441-442) que el aspecto más arduo del trabajo lexicográfico dedicado a las partículas del discurso radica -como, por otra parte, sucede para todos las palabras- en la definición que se debe aplicar, y ello, en nuestro caso, por dos razones: a) porque los marcadores del discurso son a menudo palabras o signos complejos cuyo significado no se deduce de la suma del de cada uno de sus componentes (como ocurre en toda locución o expresión fija), lo que debe quedarle claro al usuario; y b) porque la definición de las partículas discursivas (al no presentar estas contenido denotativo) debe ser de tipo funcional (Porto Dapena, 2002: 282-283), llamada también de uso (Lara, 2003: 113): la que afecta a los vocablos de inventario cerrado, palabras gramaticales o sincategoremáticas, cuyo significado real es «su uso», «su función». Esta definición no es fácil de ser expresada en un metalenguaje lexicográfico y, de hecho, muy frecuentemente, en los diccionarios monolingües del español, las partículas discursivas se definen por medio de sinónimos, lo que conduce, según hemos re- 61 ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... MESAS REDONDAS ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf... ASELE. Actas XV (2004). M.ª ANTONIA MARTÍN ZORRAQUINO. El tratamiento lexicográf...