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Señora. La Supresión repentina de los conventos y monasterios de España ha causado en las artes un efecto que se siente mejor que se esplica y à falta de medidas preparatorias que podían haber puesto á cubierto tanta riqueza artística como en ellos

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SEÑORA. jLía supresión repentina de los Conventos yMonasterios de España ha causado en las artes un efecto que se siente mejor que se esplica, yá falta de medidas preparatorias que podian haber puesto ácubierto tanta riqueza artística como en ellos habia ;la Academia de San Fernando ha creido muy conforme álos grandes fines de su instituto dirigirse áV. M. para presentarle reverentemente las observaciones que en Jimta plena, con asistencia del Protector Presidente, Consiliarios, Académicos de Honor ylos mas grandes Profesores de las tres Nobles Artes se ha celebrado por largo espacio de tiempo en el dia 21 de este mes. Mientras que este Real Cuerpo reuniéndose muy frecuentemente procuraba por todos los medios impedir el estravío de tanta preciosidad artística esparcida por toda la España, que la codicia de naturales yla sagacidad de los estrangeros buscaba ansiosamente con el oro en una mano ylos catálogos en la otra ;mientras que favorecido por vuestro Secretario de la Gobernación que con incansable celo estendia su atención átodas partes para que se recogiesen cuidadosamente yse conservasen, escitando el celo de los Gobernadores Civiles de todas las Pro - vincias, acogiendo benignamente cuantas observaciones le dirigia la Academia ;procuraba se erigiesen Museos en los pimtos convenientes ;se alzaba el grito en esta Corte por la imprenta periódica denunciando la pérdida de muchas pinturas yel peligro de que desapareciesen otras que infinitos agentes esparcidos por todas partes bajo retestos especiosos, estaban dispuestos ápagar áqualquier precio. Fntretanto corrian voces de la próxima destrucción de varios Conventos con el objeto, según se decia, de dar áesta Capital mas hermosura de hacer algunos establecimientos que la fuesen de comodidad óutilidad, yde completar cierto plan de ornato que se decia haberse proyectado, yel de San Felipe el Real parecia según los indicios ser el primero de los designados para ser demolidos. Entonces fue, cuando la Academia de San Fernando creyó ser llegado el tiempo de hablar de este grave asunto, pues que de otro modo pareciera autorizar con su silencio unos hechos, que aun teniendo buenos resultados, nunca pudieran justificarla álos ojos de la Corte, de la España ydel mundo culto. Cuando se esparcieron rumores de tales proyectos por la vez primera los creyó imposibles, óque si habian de llevarse áefecto, nunca sin consultarlos antes con el primer Cuerpo conservador de las Artes, con el que cuenta el Gobierno en todas las empresas de pública utüidad yornato, con aquel áquien recurren las Autoridades mismas que entienden en esta Comisión; ysi es verdad que según noticias se ha resuelto hacerlo así en adelante por acuerdo de la misma, hasta de presente nada se le ha comunicado de oficio. Sin noticia, según esto, de los planes que la Comisión se ha propuesto, fuera inoportuno entrar en particularidades ;pero partiendo de principios no puede menos de sentar como preliminar, que cualesquiera obras que hayan de hacerse en la actualidad para reemplazar los edificios que existen de grande ynoble arquitectura no podrán llenar di<^namente el lugar de las grandes masas arquitectónicas que hoy se ven, cuya destrucción diera una baja idea de los Españoles, en una época precisamente en que no se habla de otra cosa sino de progresos. Séale también permitido ásu celo indicar al mismo tiempo que mejor acaso que destruir, era dar áestos vastos edificios un destino digno, acomodado álas necesidades actuales, ydel que hubiera de resultar gloria, utilidad yel mejor servicio público ;yque de cuantos proyectos pu dieran adoptarse, niuguno mejor que el de fijar los principales Establecimientos de la Corte en todos sus ángulos, trasladando las Acá- demias^ los Tribunales, las Oficinas generales, las Casas de beneficencia, las Correccionales, los Archivos ylas Bibbotecas álos diferentes puntos adonde se hallan situados por fortuna la mayor parte dellos, de lo cual nacerían dos beneficios incalculables, ásaber, llamar la población del centro ála circunferencia, yhacer de los mismos una honrosa ygrande aplicación, que con solo anunciarse diera idea d_ la sabiduría yalta previsión del Gobierno, edificando dos veces por este medio. Pero si no es dado ála Academia aventurar sus votos de un modo decisivo en un negocio sobre el que no se le ha consultado todavia; permitásele añadir, que si las ideas anunciadas por los papeles púbbcos respecto de algunos Conventos fuesen ciertas; esta corte cuya esencia la constituye el ornato, la magnificencia, la bella perspectiva, perdiera con ellos lo que principalmente le hace parecer lo que es, después de atravesar los áridos ypobres campos que la rodean. Habla la Academia del efecto de esas hermosas cúpulas que descuellan tan magestuosamente, presentando ála arquitectura en toda su grandeza, yla influencia del genio del cristianismo en las artes; esas cúpulas que en algunos parajes ofrecen vistas tan hermosas como las de Roma, pero que despedazadas ysirviendo quiza de pábulo ála especulación privada no ofrecieran en los edificios que se levantasen con sus dilacerados trozos, sino otros tantos padrones de infamia que se alzasen contra nosotros. ,„,. ;Quién veria sin dolor el gran patio de San Felipe el Real, obra de la escuela del inmortal Herrera, ceder su lugar ácualquiera otra que se levantase sobre sus ruinas por una mano profana, que se atreviera áechar por tierra lo que sin veneración no puede mirar quien «merezca el nombre arquitecto? ¿Con qué pudiera llenarse dignamente el vacío de San Basilio yde tantos otros edificios, cuando por otra parte apenas hay un instituto que lo tenga propio yacomo a do ásu objeto? Lo necesita el Museo nacional; la Acadenaia de la Historia no tiene donde colocar sus monumentos antigüedades yi- IL- e„ igual caso se hallau la Biblioteca Real, el Tribunal de gue^ ytodas las dependencias de este ramo. So hay cárceles n. casas de ,r.„.rezcan esle nomhre; gran parte de los Arcl.iros correccon qu ^^^^ulares que devengan alquileres ycarenúblicos están en casas pri . ende nobleva^ los Tribunales de justicia, el supremo mismo yConsejo Real no estín cual corresponde. ¡Cuinto mas conveniente fuera 'esto que de una vea se completara una idea tan útil, yipre áIpar que se salvasen tantos edifloios de la ruina que les amenaza, fueran dignamente situados tan necesarios establecimientos, yde una vez se desplegase la magnanimidad de la nación por la aplicación y 1diesen, economizándose al mismo tiempo conlas formas que se les aiesen^ casiderables alquileres, yhermanándose la economía con hconservación de lo que es bueno, ycon la dignidad del Estado! ^Por^e no es propiamente el Ínteres el que este tiene que atender, el cual si se analiza es bien equivoco, pues en último resultado el valor no escedera mucho del de las arcas, sino loque se debe ási mismo pues- to que su mas importante patrimonio son el decoro yla grandeza. Si de los Establecimientos de la Corte pasa ácontemplar los demas déla Península, ¡cómo podrá mirar con indiferencia la suerte e tantos grandes Monasterios donde ála par de la piedad de sus fundadores yde la munificencia de los Reyes, se conservan los mas grandes recuerdos históricos, al paso que ellos por si son la historia de las Artesy pues que solo recorriendo una gran parte de los mismos yestudiándolosy ¡s como se conoce hasta donde Uegó el genio español en la Arquitectura, Pintura yEscultura? ¿Cómo permitiremos desaparezcan estos mudos testigos contra los que en otros países, desconociendo estos hechos, ni aun mención hacen de nuestros arquitectos? Tales monumentos, pues, que aun ápesar de la desastrosa guerra pasada todavia subsisten, fuera una mengua destruirlos, yno tratar de su conservación, cuando en el dia hay tantos sugetos áquienes el Estado tiene que dar su congrua alimentación, ypodía encargarles su custodia entretanto que se les iba dando paulatmamente la aplicación que mas conviniera. Pocos ignoran que en los paises estrangeros se andan muchas millas por los hombres mas sabios para ver una Catedral, las ruinas ’de una Abadía, un Templo gótico, ólos arcos ypartes que ámedio arruinar dejara cansado ya el furor de las guerras de religión, yperdonara su antorcha destructora. Pues si nosotros por fortuna los hemos conserrado, ¿permitiremos que el recuerdo de su anterior destino prevalezca sobre los cálculos de la razón detenida, pudiendo mas unos intereses mezquinos que los grandes nacionales? Tampoco podría disculparse que la codiciosa mano del aldeano estúpido quemase las maderas yarrancase las piedras de sus muros, óque im empresario convirtiera en utilidad suya los materiales de estos augustos monumentos. ¿Servirán para edificar miserables chozas las piedras sepulcrales que conservan recuerdos históricos? Los trofeos^ adornos yestatuas de nuestros mas grandes Reyes yguerreros, ¿se convertirán en cal, como ya por desgracia hay algún ejemplo? ¿los grandes frisos ycostosos adornos de nuestros bellos tiempos, perecerán ignominiosamente, yse sepultará con ellos en esta época que se dice de ilustración, la gloria de sus autores yla de los que los erigieran ycostearan con objetos muy diversos? ¿Y sera posible que de ellos no quede otro recuerdo sino los vaciados en yeso, que con ávida solicitud vienen ásacar los estrangeros átoda priesa, antes que nosotros los hagamos desaparecer, para ofrecer en los Gabinetes de Londres, Paris yen Rusia los modelos que formaron en España átoda priesa, antes que nosotros abandonásemos ydestruyésemos los originales? El Gobierno de V. M. es demasiado sabio para que no conozca la eslension de todns estas redexiones, yla Academia de San Fernando se faltari. 4si misma sino las hiciera. Penetrada de sumts.on yde „„e nna de sus primeras obUgaciones es el conservar, como lo hacen las mas célebres de Europa los monumentos públicos yprecio^ de Pintura, Escultura yArquitectura existentes en el remo, no ha perdonado medio alguno para conseguirlo en las circunstancias actuales. Se lia opuesto de todos los modos imaginables aque las pinturas saliesen de España; ha pedido el establecimiento de Mu- Ls- ha propuesto los modos de salvar las preciosidades artiticas y empleado ámuchos individuos de su seno en recogerlas yponer as 4cubierto :se ha ocupado sin cesar yse está ocupando en pre«rvar de la codicU de nacionales yestrangeros, lo ipie se conservaba en ha tenido la satisfacción de ser auxiliada los templos yGobernación, ypor los Gobernap.i^er lugar el de Madrrd, confTTn 2si las medidas que tiene propuestas se llevan aefecto con fiando en cpie pudieran temerse por las circunsfirmeza yconseguirse en gran parte el primer tandas serán acaso menores, ypoar .i^„r-pirse siempre que ála Academia se El se-undo puede también lograrse sierap q_^^ ^•tn éintervención tanto en lo que mira alos Establele dé conocimiento einterveia^i ^^de toda España. No es el animo de cimientos de Madrid como alos de toa p ,^«riaciones en algunos conventos suprimidos, los del mérito Arquitectóoico, habla de las obras ymonumemos las Artes yde la Historia, los cuales se ocupa en este moesperando ,ue el Gobierno que hoy no tiene, la ponga en el caso de obrar acu ta ivame Lyitodo trabajo estí dispuesta en obsequio de V. M. ,del b. de España ydel honor nacional que no puede serle Hecha esta manifestación, dado este paso por unammtdad de to os sus miembros, cree haber cumplido cou su deber, yesperándolo rrilustración ypatriotismo del Gobierno de Y. Mesta persnadida de que cuanto se ejecute en adelante respecto de demobctone no seré sino lo que dicte una necesidad imperiosa ;que nanease tenderSn aquellas 4las grandes masas de arquitectura que sirv» ornamento 4la Capital yde gloria 4las Artes en todo el R, que la necesidad no ser4 graduada sino de acuerdo con la m.sma Academia ósus Comisiones, tanto para la demolición como para los edificios que hayan de reemplazar lo demolido ;de ^re en todo h de procederse bajo los planos alzados por Arquitectos oAcadem. de mérito que no se ejecuten sino después de la aprobación e misma con arreglo 4las leyes rigentes, protestando esta no em - rar sn despacho aunque emplee dias yhoras eslraordinanas; yen Im, de que se le hará el honor de que con sn acuerdo se provea ala conservación de los grandes ediñeios de todo el Remo, ora pomen para su guarda personas que sean capaces de hacerla debidamente, ora dándoles destinos análogos que sean compatibles con su conservación ycustodia. Una simple esposicion de la Academia de nobles Artes de San Lucas de Roma detuvo al Emperador Napoleón en medio de sus glorias y triunfos ylo hizo desistir de la demobcion de un Convento de aquella Capital, con la cual despejaba la célebre Coliunna Trajana yla proporcionaba una plaza correspondiente ásu mole yvisualidad. Aquel genio emprendedor, aquella decisión yvoluntad pocas veces contrariadas se pararon ála voz de un cuerpo científico apoyado por el de Pans. Merezca, también. Señora, la Academia de San Fernando ser oída del mismo modo por V. M., ylas Artes tendrán este nuevo motivo e estarle reconocidas eternamente por tan grande beneficio, cuyo va or no puede apreciarse bastante, este Real Cuerpo una satisfacción mexplicable, yV. M. la ocasión de plantear yUevar ácabo una de las empresas mas importantes, capaz por sí sola de hacer época en un reí Así lo espera esta Real Academia de la sabiduría de V. M. Ma drid 27 de febrero de 1836. (^^ítiora. ALOS REALES PIES DE V. M. POR AC.A.DEMI-4 ^ecreéano. r;- ,í.) f.o.'. /• •:' :oo r.cr. rV.'iZ Gil; !• ítrn c:0'g*--; :i; - •-rrj ‘t :.) > .(.. 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