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Matrimonio y mujer en la poesía de tres Trobairitz

Víñez Sánchez, Antonia

Abstract

El este trabajo me propongo analizar un texto controvertido y polémico dentro del corpus de las trobairitz, la tensó entre Na Carenza –dama experimentada- y Na Alais, si bien ésta habla también en nombre de su hermana Na Iselda -doncellas en cabello- penetrando en las razones que las llevaron a cuestionar las ventajas del matrimonio como única forma de vida para las mujeres de su época, lo que las lleva a pedir consejo sobre si es mejor la virginidad. Sitúo el texto en el debate acerca de los modus vivendi de las mujeres de los siglos XII y XIII: la vida doméstico-marital, bajo el dominio del hombre (padre y marido) o la vida monacal, bajo el dominio de Dios. Dominio masculino, en todo caso. Analizo el frontal rechazo a la maternidad que refleja, testimonio excepcional en la poesía cortés, así como la posible vinculación cátara del texto. Pero, sobre todo, defiendo su autoría rigurosamente femenina.

Full text

919 MATRIMONIO Y MUJER EN LA POESÍA DE TRES TROBAIRITZ An onia Víñez Sánchez Depa amen o de Filología Uni e sidad de Cádiz [email p o ec ed] “Que me gus a ía que ue as una muje ” Fede ico Ga cía Lo ca: Bodas de Sang e. Resumen: en es e abajo me p opongo analiza un ex o con o e ido y polémico den o del co pus de las obai i z, la ensó en e Na Ca enza –dama expe imen ada- y Na Alais, si bien és a habla ambién en nomb e de su he mana Na Iselda -doncellas en cabello- pene ando en las azones que las lle a on a cues iona las en ajas del ma imonio como única o ma de ida pa a las muje es de su época, lo que las lle a a pedi consejo sob e si es mejo la i ginidad. Si úo el ex o en el deba e ace ca de los modus i endi de las muje es de los siglos XII y XIII: la ida domés ico-ma i al, bajo el dominio del homb e (pad e y ma ido) o la ida monacal, bajo el dominio de Dios. Dominio masculino, en odo caso. Analizo el on al echazo a la ma e nidad que e leja, es imonio excepcional en la poesía co és, así como la posible inculación cá a a del ex o. Pe o, sob e odo, de iendo su au o ía igu osamen e emenina. Palab as cla e: obai i z, ma imonio medie al, amo co és, ensó 1. Es ya luga común comenza los es udios sob e las muje es li e a as medie ales, y en conc e o sob e las obai i z, con aponiendo las pos u as ace ca de su exis encia eal. Has a la Que elle des emmes, impulsada po Ch is ine de Pizan (1364-1430), pa ece que no exis e ga an ía absolu a en una au o ía emenina de co e ei indica i o. Aun así, an o la au o a de Ci é de dames, como el conjun o de abadesas y monjas beguinas, que desde Hildega da de Bingen (1089-1179) a a iesan la época medie al, has a llega a Ma ga i a Po e e, acusada de he ejía po el obispo de Camb ai y quemada i a el 1 de julio de 1310, han sido obje o de juicios de alo desp ecia i os, cuando no se ha igno ado su es imonio. Las obai i z desa olla on su ob a en el su de F ancia, en el seno de la lí ica co és du an e los siglos XII y XIII, momen o pa a algunos, en que la muje a is oc á ica “dis u a de una se ie de p i ilegios que le pe mi en pa icipa de mane a excepcionalmen e ac i a en la ida cul u al y li e a ia de su época” (RIEGER, 2003: 41). F en e a es e “op imismo” de un sec o de la c í ica, nos hallamos an e el hecho innegable de la escasa a ención que sus coe áneos p es a on a es e conjun o de o ado as, con solo seis Vidas ansmi idas, de las cuales solo una, la de Ma ia de Ven ado n, log a una digna ex ensión, a gumen o que algunos ap o echan pa a es a impo ancia al hecho innegable de su p oducción poé ica y exis encia. Así, J. Ch. Huche , opina que el ela o de las idas conse adas pa e de una in ención de “in la ” la poesía de las obai i z y que “il cons i ue le p emie pas dans l’édi ica ion de la ic ion d’une socié é occi ane animée pa la p oduc ion de emmes poè es i alisan a ec les oubadou s” (HUCHET, 1983: 61). Tendencia que, lamen ablemen e, se pe pe úa con alusiones que ponen bajo sospecha la e dade a au o ía de las ein e 920 obai i z de nomb e conocido, o más, si sumamos las diecisie e de las que no nos han llegado ex o alguno, y pone en ela de juicio las cua en a y seis composiciones esc i as po o ado as, de las que ein icua o son anónimas, según la nómina de au o as y co pus es ablecido po la in es igado a más concienzuda en el ema, a quien debemos sin duda la mejo edición exis en e en la ac ualidad, A. Riege (RIEGER, 1991: 88-91). Desde que A. Jean oy en 1934 censu ase la es é ica de la oz emenina en la escuela lí ica co és, ildando es as composiciones de mal gus o y de excesi amen e olup uosas (JEANROY, 1973: 317), las mani es aciones sob e la dudosa au o ía de los ex os ha gene ado ince idumb es a in es igado es de la alla de G. Duby pa a quien “si a eces el discu so se p esen a como el de una muje , odo conduce a pensa que en el siglo XII, en la mayo pa e de los casos, ue elabo ado po un homb e que, pa a da place a quienes lo escuchaban, se esme aba en exp esa sen imien os y ac i udes que po con ención se a ibuían a los compañe os del o o sexo” (DUBY, 2001: 324). Es a suposición, esul ado de la in lexibilidad con que se pe sigue la li e a u a de aíz emenina desde sus o ígenes, se ha epe ido en o os es udiosos con un ma gen piadoso de con ianza: si el nomb e de muje no encub e a un o ado homb e, quizá son las muje es las que copian los modelos masculinos en es e “ ès modes e” co pus de ex os, como exp esa P. Bec, pa iendo de su di isión en e ex os de “ eminidad gené ica” y ex os de “ eminidad ex ual” (BEC, 1979, pp. 235-6), semb ando la duda de la au o ía emenina. Es as conside aciones han de i ado en una impo encia po dilucida la e dad, como admi e J. E. Ruiz Domenec: “el caso de las “ amosas muje es o ado as” es aún más di ícil de sabe ” (RUIZ DOMENEC, 1986, II: 380 [5]). O, como en el caso de F. M. Chambe s, que las denomina “Las obai i z soiseubudas”, con e iden e juego de palab as en alusión a la mis e iosa dama de Be an de Bo n en su amosa composición Domna, puois de me no·us chal (RIQUER, 1983: 697-701), llegando a duda , sino de la o alidad, sí de la exis encia de algunas (CHAMBERS, 1989: 46-7). El deba e, canden e en los úl imos años, a aíz del amoso es udio de M. Bogin, (BOGIN, 1978) de enso a a ul anza del p o o eminismo de las obai i z, se ha cen ado en la cues ionada “since idad” de los ex os emeninos, negada po P. Zum ho desde la pe spec i a o malis a, al no halla egis o exp esi o alguno ue a de los habi uales en la poesía o ado esca de au o es indiscu iblemen e masculinos (ZUMTHOR, 1993: 109-117). En medio del mismo se si úa P. D onke, pa a el que la since idad se ía innegable si bien los ex os no pe segui ían causa ei indica i a alguna (DRONKE, 1995: 144). No hay espacio su icien e pa a desa olla la con o e sia de los ex os emeninos o ado escos, que ha gene ado una abundan e bibliog a ía y cuyos plan eamien os gene ales esume ú ilmen e I. de Rique (RIQUER, 2000: 27-39), pe o sí pa a ex ae de es e ma emágnum de opiniones, e e encias y e lexiones los elemen os que nos pe mi an un análisis más de enido po uno de los ex os más in e esan es, po cuan o ep esen a, desde mi pun o de is a, un es imonio incues ionable de la poesía de muje en el seno de la escuela co és, que quizá pudie a esponde a la p egun a de D. Régnie -Bohle , cuyo es udio emana la ince idumb e, inspi ada po Bec, del luga que ocupan los ex os emeninos en el con ex o de la chanson de emme (chansons de oile, malma iées, can igas de amigo) compues as po homb es: “¿Dónde se encuen a una au én ica oz emenina?” (RÉGNIER-BOHLER, 2001: 485). 2. La ensó en e Alais, Iselda y Ca enza es una de las pocas mues as de poesía dialogada en e muje es ( es casos egis a RIEGER, 1991: 154). No nos han llegado ni las Vidas de es as obai i z, ni Razó alguna que pueda da nos o ien ación sob e es e complejo ex o, que desa olla cues iones p io i a ias pa a las muje es: el ma imonio y 921 la ma e nidad, ema és e úl imo, sin p eceden e en la poesía o ado esca (RIEGER, ibidem). En de ini i a, a ias son las cues iones con usas y en e ellas la p opia da ación del ex o, no esuel a con p ecisión, en el siglo XIII (a inales, según BEC, 1984: 201 y NELLI, 1977: 255). La composición, de ein icua o e sos decasílabos, se conse a en un único manusc i o, con la sigla Q, de inales del siglo XIII, copiado en I alia y que se conse a en la Biblio eca Ricca diana de Flo encia (RIQUER, 1983: 13); en él que han in e enido manos pos e io men e en el siglo XIV pa a ellena los espacios en blanco con di e sos ex os, algunas ensós, en e o os. De inida po los es udiosos como una ensó que, en é minos gené icos se ajus a a un poema dialogado en el que cada pa icipan e exp esa sus p e e encias, pa icipa de la na u aleza del pa imen, po cuan o Alais plan ea una cues ión con dos soluciones di e en es. Las Leys d’Amo , además, conside an cobla ensonada a aquellas composiciones en que una o a ias es o as se acompañan de una o nada, como sucede en nues o ex o. Todas es as denominaciones pa en de la si uación de en aja, desde el pun o de is a o mal, pa a que el que a anca el ex o, si bien señala M. de Rique que “po lo gene al la ensó, el pa imen y las coblas oman e si icación y música de una poesía ya conocida” (RIQUER, 1983 I: 69). Así, la ensó ep oduce el es o ismo de la amosa cansó de A nau de Ma uelh La g ans beu a z e·l is ensehamens, sob e la que luego eg esa emos, y p obablemen e ambién su melodía, que se conse a, siendo una de las composiciones con más éxi o e imi ación en su e si icación y imas, ep oducidas en dieciocho composiciones, como de e minó I. F ank (577: 81) (FRANK, 1966: 114). Cons i uida és a po cua o coblas, se han edi ado con dos sucesiones dis in as. Pa a M. Bogin y M. Ma inengo, la p ime a y e ce a es o as, de ocho e sos unissonans (cuyo esquema mé ico es abbaccee), y la segunda y cua a es o as de cua o e sos unissonans (ccee), cons i ui ían dos pa ejas de coblas doblas (BOGIN, 1983: 179; MARTINENGO, 1977: 117-8). Mien as que pa a Bec –que alo a la o denación de Bogin como un e o que alsea oda la in e p e ación- y Riege , es amos an es dos coblas unissonans de ocho e sos y dos o nadas de cua o e sos, según el o den del manusc i o (BEC, 1984: 201-5; RIEGER, 1991: 155). A endiendo a la na u aleza de con en io del géne o, en endemos que es más p obable la segunda o ganización, que mues a el ca ác e dialogado de la ensó y espe a el o den del manusc i o, si bien la o a e sión pod ía jus i ica se po el hecho de que el o den de las es o as en el conjun o de la poesía o ado esca cons i uye en sí un p oblema, como señala M. de Rique : “sólo el eci ado de memo ia puede explica el an ecuen e enómeno de que haya poesías que di e sos cancione os han ansmi ido con di e en es o denaciones de las es o as (…), ya que la no mal ansc ipción de ex os po la is a no puede da azón de ales al e aciones en la sucesión es ó ica, ni es imaginable una cap ichosa o denación po pa e de los copis as” (RIQUER, 1983 I: 18). El p oblema se ag a a al a a se de un unicum, sin emba go el desa ollo secuencial que p esen a el manusc i o es lógico: a la in e ención de Alais, que habla ambién en el nomb e de su he mana (es o a I), sigue la espues a de Ca enza (es o a II), y de es o de i a la éplica ampli icada nue amen e de la p ime a ( o nada I), y la espues a o con a- éplica inal de la segunda ( o nada II). El o den, así ijado, esponde a una p og esión emá ica cohe en e. En cuan o a los pe sonajes que in e ienen en el diálogo no hay acue do en de e mina si se a a de dos o es muje es. De la lec u a de los dos p ime os e sos, un pe sonaje emenino se di ige a Na Ca enza ogando consejo pa a ella y su he mana, doas se o s, como se indica en el . 2. Bec, e omando la pos u a de O. Schul z-Go a, J. Vé an y P. 922 Ande son, plan ea la duda del núme o de pe sonajes basándose en que solo una de las dos he manas e e idas en el ex o oma la palab a: “S’il y a deux soeu s, l’une es donc absolumen passi e dans la discussion”, bau iza a la dama como Alaisina Iselda -en lo que le sigue Riege en su edición- y a gumen a con a la “ingénieuse hypo hèse” de Bogin, que edi a dos nomb es, N’Alais i Na Iselda, opción de endida po R. Nelli, P. D onke y W. D. Paden, que acla a algunos ma ices más, como el uso de la conjunción i, a o pa a Bec en occi ano an iguo, pe o es imoniada en a ias uen es del XIII. Asimismo esuel e la posible hipe me opía del e so, ya que Alais, síncope de Azalais, puede compu a dos sílabas (PADEN, 1989: 227). Aho a bien, si los p oblemas ecdó icos plan eados di icul an la ijación del ex o, ello edunda en los p oblemas de in e p e ación semán ica de o ma di ec a. Pa a J. Ch. Huche pa ece que el ema del ma imonio se plan ea en la ensó con o al no malidad y den o de los lími es de la in’amo s (HUCHET, 1983: 88). No es un ema ajeno a la poesía o ado esca. De hecho, as la p esen ación de los pe sonajes queda es ablecida la elación de supe io idad de la dama Ca enza, no solo en edad sino en expe iencia y conocimien o en ma e ia emenina. La ensó se inicia con la pe ición de consejo de Alais y su he mana Iselda, aunque solo habla á la p ime a. Las ó mulas de a amien o con o me a la co esía indican un ango social ele ado en las es p o agonis as. De Ca enza, de cuyo nomb e se ha especulado un cie o simbolismo elacionado con la ca encia de ecu sos económicos o al a de hijos (ANDERSON, 1987: 56-7), ambién se plan ea su condición cle ical, que dudamos, aunque sin duda alguna conocía el ema. Desc i a según la e ó icas del géne o con el ópico de la exal ación de su he mosa p esencia (“al bel co s a enenz”, . 1), des aca su in e locu o a su “escïenz” ( . 4), un conocimien o que de i a de la expe iencia, po lo que es p obable que uese una muje casada aunque no necesa iamen e la mad e de las o as damas, como apun a Riege (RIEGER, 1989: 86), que des aca el sen imien o p o ec o de Doña Ca enza. Y si bien es cie o que la mad e cons i uía una pieza imp escindible en la educación de las hijas debiendo p ocu a casa las hon adamen e, ningún da o en el ex o nos pe mi e asegu a la elación ilial. Alais e Iselda, en cambio, apa ecen e e idas en é minos de la desc ip io puellae que Riege elaciona con la cansó an es e e ida del o ado A nau de Ma uelh, ya que és e emplea ecuen emen e es e canon e ó ico, como indica M. de Rique (RIQUER, 1983 II: 649). Así, de es as jó enes sol e as se esal an las cualidades de la dama co és: educación, mé i o, belleza, ju en ud, escos colo es ( edundando me a ó icamen e en el concep o an e io ), co esía, alo “sob e o as las au as conoissenz”, es ableciéndose una compa ación ya ópica en el lenguaje o ado esco que hace esal a po encima de la excelencia, la pe ección. De hecho, la belleza cons i uye un alo añadido pa a el ma imonio. P. L’He mi e-Lecle q explica el luga que ocupa es a cualidad en el o den eudal: “Los homb es de la iglesia se quejaban ama gamen e de que los pad es casa an a sus hijas más es ejadas y abandona an al Seño las más eas, a quienes el p edicado Be na dino de Siena a aba sin ningún mi amien o, de ‘ ómi os de la ie a’”. La muje bella se con ie e en seduc o a y es, po consiguien e, enca nación del mal. Así, E a es el ejemplo más ilus a i o de la isión a e ado a de la belleza pa a el cle o, cons i uyendo “una ampa mo al” pa a el homb e (L’HERMITE-LECLERQ, 2001: 288-291). A pesa de las di icul ades en ija el ex o y de su in e p e ación en algunos pun os oscu os, es e iden e que en los e sos 5 al 8 se plan ea la inquie an e cues ión que es eje de la composición y el pun o de pa ida, la con eniencia del ma imonio o de la i ginidad. Uno de los más p o undos conocedo es del ma imonio en el Medie o, G. Duby, a i ma con con undencia que en el medie o “ ou e o ganisa ion de la socié é 923 ci ile e ondée su le ma iage” (DUBY, 1986: 521). E. Powe , en su imp escindible Muje es Medie ales, es ablece las dos clases sociales uen es del conocimien o de las muje es, iglesia y a is oc acia: Las ideas sob e la muje se o ma on, de una pa e, po los clé igos – no malmen e célibes- y, de o a, po una pequeña cas a que enía medios económicos pa a pode conside a a sus muje es como un obje o de ado no, en an o que las subo dinaba es ic amen e al p ime obje o de su in e és: la ie a. (POWER, 1979: 14). El papel de la muje como me o obje o de in e cambio se sus en a sob e la concep ualización del ma imonio cuya legislación a conquis ando la iglesia desde el siglo XI, aunque ya en el siglo XII es ablece las líneas p io i a ias del de echo ma imonial y, como señala F. R. Azna Gil, alcanza la compe encia ju isdiccional en exclusi a en es a ma e ia (AZNAR, 1989 : 11-12). De es a o ma, el de echo canónico, que jun o a la eología si en de base a es a legislación, es ablece una e minología uni o me y desc ibe el p oceso en unción a dos momen os, denominados sucesi amen e ma imonium ini ia um y ma imonium pe ec um: consen imien o y cópula conyugal o unio ca nis. T as las dec e ales del papa Alejand o III, a i icadas po Inocencio III y los papas pos e io es, se con igu a la base doc inal has a la inclusión del ma imonio en e los sie e sac amen os, en el Concilio de T en o, al inal ya de la Edad Media. Es e p oceso con ie e al ma imonio, po el con a a la lib e unión sexual, en una ins i ución social que alía a las amilias con el único in de ob ene descendencia, azón po la que los peni enciales ecalcan el hecho de que no ha de ealiza se la cópula sino es con es a inalidad (FLANDRIN, 1986: 86). De ahí que la p egun a que o mula Alais a Ca enza asimile ambos concep os: ma imonio y ma e nidad an indisolublemen e unidos. El ma imonio, como opción, es un ecu so que ga an iza la hon a de la muje que pasa, de la u ela del pad e y de la amilia a la del ma ido. “La u ela amilia y ma i al acompaña a la muje a lo la go de su ida haciendo de ella un se ju ídicamen e disminuido y p o egido”, a i ma M. Asenjo González (ASENJO, 1983: 53). C. Segu a lo analiza eniendo p esen e no solo las uen es ju ídicas, insu icien es según ella, sino ambién las o denanzas municipales y los documen os económicos. Así, en los Fue os hispánicos, como el de Úbeda, no se con empla la posibilidad de que la muje es é sola y en el Fue o Real “ emos cla amen e que la si uación de las muje es casadas e a de o al some imien o a su ma ido” (SEGURA, 1986: 129). Y si bien la muje os en a la p opiedad de las a as y do e más la mi ad de los bienes ganaciales, no puede dispone o adminis a sus p opiedades sino es en el es ado de iuda. Pe o el plan eamien o p incipal del ex o que nos ocupa, expues o en es os p ime os e sos, se inse a den o del deba e social que e lejan los discu sos pas o ales y pedagógicos y que ca ego izan a las muje es en es g upos: í genes, iudas y casadas. Las ob as eológicas an a de ende un modelo en que iun e la cas idad, compo amien os llamados i uosos, con un echazo on al a la sexualidad. Ni que deci iene la supe io idad de la condición eligiosa. C. Casag ande esume es os modelos de conduc a p opues os: Las muje es son an e odo cue pos des inados a la Iglesia o a la amilia: í genes incon aminadas e ín eg amen e dedicadas a la ida del alma, muje es ecundas que ga an izan la con inuidad del núcleo amilia , iudas capaces de ol ida las exigencias de la ca ne pa a i i la ida espi i ual. A es e público, apa en emen e 924 o denado y anquilizado y apa en emen e inmó il e insensible espec o a los cambios de la his o ia, se di igen se mones, consejos, admoniciones y enseñanzas de p edicado es, clé igos, monjes, ma idos y pad es (CASAGRANDE, 2001: 122). Po o o lado, cada opción iene sus en ajas e incon enien es. De ahí la duda que plan ean las he manas: la compa ación de ambos es ados, el de muje casada, bajo el dominio del homb e (pad e-ma ido) o la enuncia a los place es ca nales, bajo el dominio de Dios. Reclusión domés ica o eclusión monacal: di ícil decisión, po que ninguna es sa is ac o ia. 3. “Es os escien os años –como odo el Medie o- se desa ollan bajo los p esupues os de la indiscu ida supe io idad del homb e sob e la muje ”, como a i ma M. I. Pé ez de Tudela (PÉREZ DE TUDELA, 1983: 59). Esa in e io idad, basada en el an i eminismo de la isión del cle o, se sus en a en una imagen de supues as limi aciones, no solo ísicas, como debilidad del cue po o incapacidad pa a el du o en enamien o caballe esco, sino ambién psíquicas o emocionales, como la olubilidad de la pe sonalidad, lo que aca ea g andes males. No es de ex aña si a endemos a los supues os bíblicos en que se basa la unión ma imonial, desde el Génesis a San Pablo, y ambién a los pad es de la iglesia: San Je ónimo, G ego io el g ande, San Agus ín. Po que si “no es bueno que el homb e es é solo” (Génesis 2, 18), ha es ablecido la desigualdad en e ambos sexos si uando a la muje en un cla o y con unden e segundo luga , como es ima San Pablo: “Las casadas es én suje as a sus ma idos, como al Seño ” (E esios 5, 22), empeñado en de ende la i ginidad como es ado supe io (Co in ios I 7, 7-8). En la iglesia p imi i a se o ja ese “ho o po las muje es” en palab as de G. Duby que he edan los Pad es de la Iglesia: desde la se e idad de G ego io el g ande en su desp ecio po los cónyuges que usan la copulación como medio de sa is acción placen e a, a San Agus ín, quien en su dualidad espí i u/ma e ia, dis ibuye exac amen e la dico omía Adán/E a, a ibuyendo a és a la pa e supues amen e maligna, la ca nal. En de ini i a, “el sen imien o obsesi o – ol emos a Duby- de que el mal iene del sexo echó aíces” (DUBY, 1982: 26-7). El ma imonio, según la concepción c is iana, es ic amen e monogámico e indisoluble, es, además conce ado, como dijimos más a iba. La muje , some ida a la u ela de pad es y pa ien es, ha pe manecido en el núcleo amilia ya sea nuclea o ex enso, en el que la “doncella en cabellos” ca ece de oda inicia i a o posibilidad de elección. El ma imonio no es más que una sociedad económica que sus en a las alianzas en e g andes amilias, los linajes, y ga an iza sus p opiedades, en la que la muje apo a su p opia do e y el ma ido le o o ga bienes (a as) de las que pod á dis u a si en iuda. La dama no e a dueña de su des ino, a excepción de algunos casos muy excepcionales (BOGIN, 1983:12). Po es a azón, en pa e, ex aña la p egun a de las he manas Alais e Iselda a la dama Ca enza, sino es po que el ex o se en iende como un plan eamien o e ó ico po el que se canalizan las oces pe sonales de las p o agonis as. Es as oces apa ecen bajo la o ma de pensamien os since os de duda, angus ia e ince idumb e y cons i uyen una denuncia de la si uación eal de la muje en la época: e sens ma i mi pa òp angoissós, dice la jo en Alais ( .8). No debemos ol ida que, desde las dec e ales, del papa Alejand o III, en ado el siglo XII, bas aba con la pube ad “ eal” pa a cons i ui un ma imonio. Es a inde inición p opo cionaba un lími e imp eciso a la ya emp ana pube ad legal, que es ablecía las edades casade as pa a muje es y homb es en 12 y 14 años espec i amen e, si bien es cie o que ya en las Pa idas el ma imonio pod ía consuma se an es de esos lími es, aunque no con menos de sie e años (AZNAR 1989: 72). Po o o lado, el homb e se casa con muje es mucho más jó enes, ya que 925 és as mue en an es que el ma ido a causa de los nume osos pa os –una media de ocho a diez- y en e medades de i adas, siendo eemplazadas de inmedia o (HEERS, 1978: 77). Sabemos que en la Edad Media la in ancia e a muy co a. Las he manas Alais e Iselda, a pun o de aspasa los lími es c onológicos que les impone su educación pa a cambia su s a us, buscan una espues a que ya saben. Es án celosamen e cus odiadas, ya que la i ginidad, además de en endida como un alo eligioso, es ambién un alo social. Es la lla e de una buena negociación ma imonial. “Las niñas –dice L’He mi e-Lecle cq- en an muy jó enes en el ma imonio, así como muy jó enes siguen en ando en el con en o” (L’HERMITTE-LECLERCQ, 2001: 281). La ensó plan ea, además, lo que algunos au o es, como Nelli, conside an un e lejo del espí i u cá a o (NELLI, 1977: 256-7). Base de es o es el innegable echazo a la ma e nidad que e leja Alais en la o nada p ime a, y que se ía el e dade o núcleo del deba e pa a Riege . Pa a la edi o a, la p egun a que o mula la doncella no es si debe casa se, sino si debe casa se y pa i hijos o pe manece sol e a pa a no engend a (RIEGER, 1991: 163). Es e iden e la osadía de la doncella, que con empla la posibilidad –i ealizable pa a la dama Ca enza- de no ep oduci , pues o que conoce, po la educación ecibida, que ma imonio y ma e nidad an unidos. También sabe que es imposible i i como una emme sole (es ado que solo pueden dis u a las iudas y quizá Na Ca enza uese una) y, po supues o, en sol e ía independien e, en e o as cosas, po la absolu a imposibilidad del acceso de la muje al me cado labo al. De hecho, “concebi y educa a los hijos e a (…) la ‘p o esión’ de las esposas” (OPITZ, 2001: 363). Pe o no debemos ol ida el consejo de la muje expe imen ada que es Ca enza, y que es un es imonio ex ao dina io de la conciencia emenina, sabedo a de que la anquilidad y, po ende, la soledad solo iene un camino: el con en o. Ca enza ecomenda á en onces que omen po ma ido a “co ona de scïencia” ( . 14), único modo de pe manece í genes. Nelli supone que es C is o. Ma inengo pa ece ene lo cla o y asocia la de ensa a la i ginidad con la ideología cá a a, mien as que Bec, po el con a io, niega cualquie inculación del ex o con ideas mís icas, cá a as o ca ólicas, aunque duda a la ho a de aduci los e sos de es a segunda es o a (BEC, 1984: 204- 5). Hay que eco da que du an e odo el siglo XIII el núme o de ó denes emeninas y con en os se duplica á y es e esu gi de la espi i ualidad emenina p oduce enómenos como el del beguinaje o mís icas san as, muchas eces conside adas he ejes (OPITZ, 2001: 403-5). Es a mediados de siglo cuando el mo imien o se halla en su máximo esplendo (ÉPINEY BURGARD-ZUM, 1998: 14). Añadamos que el “indesci able” e so 22 aca ea ambién p oblemas de in e p e ación: como e so oscu o lo ca aloga Bec (BEC, 1984: 205), que de iende una lec u a “neu a” en e a la de Bogin y Nelli, más en sen ido mís ico, de p o ección di ina. De un modo u o o, la o nada inal es una despedida, con ince idumb e y pesa de la dama Ca enza, que eme su sepa ación de las dos he manas doncellas, sabedo a de que el con en o supone la eclusión, la enuncia a los place es del cue po, si bien no log ado den o del ma imonio, sí po encialmen e ue a de él, como co esponde a la in’amo s, y ecue da And és el Capellán en su a ado De Amo e: “Causa coniugii ab amo e non es excusa io ec a” (CREIXELL, 1985: 362). Pe o la p egun a de Alais es una p egun a de muje . Po que en la ida de las muje es el ma imonio es el eje y, en consecuencia, el econocimien o exp eso de la unción ma e na, al como Al onso X y sus ju is as de inie on en Las Pa idas: “Ma is e munium son dos palab as de la in de que omó nomb e ma imonio que quie an o deci en omance como o icio de mad e. E la azón po que llaman ma imonio al casamien o 926 e non pa imonio es es a, po que la mad e su e mayo es abajos con los ijos que non el pad e” (PASTOR, 1986: 192). La al a de ins in o ma e nal es un p oblema y Alais lo sabe. Si la muje no daba hijos, pod ía se epudiada. Pe o no odas las muje es –como sucede en odas las épocas- que ían se mad e. Opi z ilus a el sen imien o an ima e nal con algunos ejemplos de hagiog a ías, en que mís icas y isiona ias sien en la libe ación de deja a ás a la amilia, incluidos hijos, si bien po una inalidad edi ican e, “pe o ambién hay o as uen es que incluyen ela os sob e cie as muje es que no deseaban de ningún modo un emba azo o que es aban dispues as a lib a se de la bendición de los hijos” (OPITZ, 2001: 370). No enemos espacio su icien e aquí pa a abo da el ema de la an iconcepción y del abo o, pe o la mayo ga an ía pa a no engend a hijos e a la opción eligiosa, sin duda alguna y, aunque Alais con iesa ag ada le ene ma ido, no concibe la idea de una ma e nidad o zosa. La p ime a o nada, espues a de Alais, encie a un ealismo an ené gico, que no es posible en ende un ca ác e lúdico, de comicidad, i onía y sá i a en la composición, que Riege e (RIEGER, 1991: 163-4). El lenguaje de la doncella encie a un miedo inocen e a la pé dida de la ju en ud y la belleza, como co esponde a un pe sonaje de edad muy emp ana que ha obse ado, sin emba go, en las muje es que la odean el de e io o que supone “engend a hijos de modo con inuado has a la mue e”, en palab as de S. Vecchio, quien añade que en es o consis e la isión isiológica de la ma e nidad medie al, en la que la muje , ealmen e, os en a un papel pedagógico mínimo (VECCHIO, 2001: 166-9). Es a desc ipción plás ica de las consecuencias de emba azos con inuados se cen a en las dos pa es ana ómicamen e ma e nales: pechos y ien e. Los pechos caídos, que Alais eme, o man pa e de la epugnan e eminidad con que se quie e simboliza la maldad de la muje . Así, ecue da C. F ugoni la ep esen ación de una pecado a en el in ie no en un esco de Ba olo di F edi en 1368 cuyos senos son láccidos y esecos (FRUGONI, 2001: 444). Se admi e el papel p eeminen e de la muje en el c is ianismo cá a o que echaza la sac alización del ma imonio: “Las he ejías del siglo XI, al igual que el ca a ismo, que se de ini á mejo en el siglo siguien e, se ca ac e izan, en e ec o, po no menosp ecia a la muje , sino, muy al con a io, po acoge la en un sueño común en el que se aboli ía oda sexualidad, oda di e enciación”, apun a A. B enon, que señala la coincidencia de la ideología llamada “he eje” po la iglesia en es a igualación espi i ual de homb es y muje es y el nacimien o de la in’amo s “en la misma época y en los mismos luga es” (BRENON, 1991: 75-6). Y si bien es muy posible que el ex o sea p oduc o de un caldo de cul i o cá a o, que p ác icamen e nadie niega, lo cie o es que e leja, an e odo, el des ino de la dama en la coyun u a de esos siglos. 927 N’ALAISINA YSELDA Y NA CARENZA “Na Ca enza al bèl cò s a enenz” Edición de A. Riege (1991) Na Ca enza al bèl cò s a enenz, dona z conselh a nos doas se o s, e ca saube z mielhz ia la melho s, consilha s mi second òs ’escïenz : pen ai ma i a os a conoissença, o’s a ai mi pulcela? E si m’agença, que a ilhons non cui que sia bos e sens ma i mi pa òp angoissós. N’Alaisina Yselda, ‘nsenhamenz P è z e bel a z, jo enz, escas colo s, Conosc qu’a e z, co isia e alo s, sob e o as las au as conoissenz; pe qu’ie.us conselh pe a bona semença pen e ma i co ona de scïença, en cui a e z ui de ilh glo ïós. Re enguda’s pulcel’ a cui l’espós. Na Ca enza, pen e ma i m’agença, mas a in anz cui qu’es g an peni ença, que las e inas pendon a al jos e lo en ilh es üa e’nojós. N’Alaisina Yselda so inença aja z de mi in l’umb a de gui ença: quan i si e z p eja z lo Glo ïós qu’al depa i mi i enga p ès os.