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Un psicópata llamado Homo Economicus

Manzano Arrondo, Vicente

Abstract

La corriente principal de la economía se asienta sobre la existencia de un individuo llamado homo economicus. Este individuo se caracteriza principalmente por ser racional, egoísta, falto de empatía, centrado en la maximización de sus beneficios y contar con una información completa. Aunque abundan las publicaciones que critican la existencia real de este ser, este trabajo propone observar la situación desde otro enfoque. Para ello, observa las coincidencias entre el homo economicus y otro perfil muy estudiado en otras disciplinas: la personalidad psicopática. Como resultado, se encuentra una identidad casi perfecta entre ambos. A su vez, se observan deficiencias en el procesamiento de la información y del conocimiento por parte del homo economicus. Estas deficiencias no solo generan perjuicios en los demás, sino que disminuyen el bienestar de este ser.

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Un psicópata llamado… 7 Análisis Económico Núm. 77, vol. XXXI Segundo cuatrimestre de 2016 (Recibido: 19/noviembre/2015 –Aceptado: 13/abril/2016) Resumen La corriente principal de la economía se asienta sobre la existencia de un individuo llamado homo economicus. Este individuo se caracteriza principalmente por ser racional, egoísta, falto de empatía, centrado en la maximización de sus beneficios y contar con una información completa. Aunque abundan las publicaciones que critican la existencia real de este ser, este trabajo propone observar la situación desde otro enfoque. Para ello, observa las coincidencias entre el homo economicus y otro perfil muy estudiado en otras disciplinas: la personalidad psicopática. Como resultado, se encuentra una identidad casi perfecta entre ambos. A su vez, se observan deficiencias en el procesamiento de la información y del conocimiento por parte del homo economicus. Estas deficiencias no solo generan perjuicios en los demás, sino que disminuyen el bienestar de este ser. Palabras Clave: homo economicus, personalidad psicopática, déficits de información. Clasificación JEL: A11, A12, J31. Un psicópata llamado Homo Economicus Vicente Manzano-Arrondo* * Profesor Titular de la Universidad de Sevilla. Correo-e: <[email protected]>. 8 Manzano 1. Introducción La economía como disciplina se fundamenta en la gestión de bienes y servicios orientada hacia la consecución de bienestar para las personas (Álvarez et al., 2012). Desde esta fundación, la economía muestra diversidad de enfoques, mayoritariamente desconectados (Naredo, 2013), que surgen de las diferentes concepciones sobre bienes, servicios, bienestar y procedimientos para manejar todo ello. A pesar de esa diversidad conceptual, un enfoque domina sensiblemente sobre todos los demás: la llamada corriente principal de la economía (Fernández, 2009), denotada en este documento mediante el acrónimo CPE. La CPE se asienta sobre un postulado extraordinariamente restrictivo, “el del individuo aislado y centrado en sus propios intereses, que elige libre y racionalmente entre diversas alternativas de acción tras sopesar sus presuntos costos y beneficios.” (Hirschman, 2013, p. 157). Se trata de un ser mítico (Levitt y List, 2008) cuya existencia real es tan cuestionada como necesaria para fundamentar los desarrollos especialmente matemáticos que dan forma a buena parte de la CPE y de las decisiones políticas que se derivan de ella. Este trabajo aborda la controvertida figura del Homo Economicus (en adelante, HoE) desde un enfoque multidisciplinar, aprovechando los avances en áreas del conocimiento que, ocupadas en la explicación y prevención de conductas humanas observadas en la práctica, han abordado perfiles semejantes al del HoE. El objetivo no es añadir más críticas al conjunto ya elaborado de incoherencias que rodean a este ser artificial, sino (1) enriquecer la discusión con argumentos que se centran en el hecho de que el HoE cuenta todavía hoy con un peso apreciable incluso más allá de la mentalidad económica de la CPE, y (2) contextualizar la abstracción, incluso haciendo referencia a quienes defienden el modelo. Con este motivo, la primera sección caracteriza al HoE y a su existencia teórica necesaria dentro de la CPE. En un segundo momento, se presenta la figura del psicópata, según es investigada desde la medicina forense, la psicología de la personalidad y otras disciplinas afines. La observación de ambas líneas de trabajo facilita la conclusión de que estamos definiendo al mismo individuo. En un tercer y último apartado, se profundiza en un aspecto que no ha recibido toda la atención que merece este asunto: las incoherencias internas en torno a la gestión de la información y el conocimiento, tanto respecto al HoE, como a su utilización dentro de la CPE y a la concepción del ser humano como un animal social. Un psicópata llamado… 9 2. Concepción y necesidad del HoE El HoE domina los desarrollos teóricos de la CPE, no por ser un individuo real cuyo comportamiento se desea explicar, sino por constituir un axioma de comportamiento notablemente simplificado, cuya creación ha supuesto una explosión expansionista de la teoría económica. Comprender su existencia implica conocer el contexto abstracto de creación, el papel que cumplen sus características definitorias y algunas reacciones del mundo académico y político. 2.1 Contexto de abstracción El contexto en el que se concibe la existencia genuina del HoE queda definido por una situación de intercambio de posesiones, materiales o no, entre dos partes, cada una de las cuales se encuentra en esta situación por voluntad propia y busca, mediante el intercambio, su propio beneficio. De este contexto queda excluido cualquier aspecto no mencionado aunque con presencia real, como es la existencia de: 1. Motivos, emociones o cualesquiera otras características psicológicas, antropológicas o de cualquier índole que afecta a las partes y que no sea expresamente la intención de realizar el intercambio. 2. Graduaciones en la voluntariedad. Ocurriría, por ejemplo, si una de las partes se encuentra en la situación por placer, mientras que la otra lo hace por necesidad. En su lugar, se contempla únicamente una taxonomía dicotómica: existe o no voluntariedad. Y se supone que el valor de la variable en la situación es “sí existe”. 3. Desequilibrios de poder para realizar el intercambio. En el caso extremo, ocurre cuando las condiciones del intercambio son impuestas por una de las partes, mientras que la otra tiene a su alcance únicamente la decisión dicotómica de aceptar o rechazar. 4. Consecuencias medioambientales o contextuales. Lo que, a su vez, incluye efectos boomerang, es decir, la posibilidad de que las partes sufran indirectamente consecuencias indeseables derivadas en última instancia de su acto de intercambio. 5. Terceras partes que pudieran verse afectadas. Los efectos pueden ser inmediatos o incluso muy mediatos (como ocurre con los generacionales, al heredar las consecuencias). 6. Terceras partes que deberían verse afectadas. En no pocas ocasiones, un intercambio beneficioso para dos partes se lleva a cabo gracias al aprovechamiento 10 Manzano del trabajo de una o varias terceras que, sin embargo, no obtienen beneficio derivado. 7. Variables temporales, como son los antecedentes (por ejemplo, ¿Cómo han adquirido las posesiones que intercambian?), o los consecuentes de la situación (por ejemplo, ¿cómo varía en el tiempo la utilidad asociada al intercambio para cada parte?). La abstracción implica ceñir el estudio de los intercambios a la situación precisa y observable en que tienen lugar. En palabras de James Buchanan (citado por Bowles y Gintis, 1993, p. 85): “I do not know the fruit salesman personally, and I have no particular interest in his well-being. He reciprocates this attitude. I do not know, and have no need to know, whether he is in direct poverty, extremely wealthy, or somewhere in between... Yet the two of us are able to... transact exchanges efficiently because both parties agree on the property rights relevant to them.” Como solución generalizada ante cualquier circunstancia, mencionada o no en los puntos anteriores, que pudiera atentar contra la definición de esa concepción simple de intercambio, se parte de tres supuestos. Son axiomas que protegen la situación idealizada de intercambio respecto a problemas que pudieran provenir de la consideración de otras variables. A saber, (1) cada una de las partes cuenta con acceso a información completa, además de (2) una capacidad racional suficientemente elevada y coherente como para manejar esa información, orientada invariablemente hacia la optimización de la utilidad del intercambio. Se añade por último que (3) este modo de proceder es generalizado, es decir, afecta completamente a todo agente de mercado, por lo que excluyendo cualquier realidad no mercantil, se tiene entonces una situación de partida que permite una modelización amplia, ágil y con múltiples aplicaciones teóricas para explicar y reproducir el comportamiento económico. La definición de este marco de partida, requiere la consideración de individuos que se comporten de forma coherente con el modelo. He aquí el HoE. 2.2. Dependencia teórica del HoE Desde la propia disciplina económica se ha descrito a este individuo como un cyborg que opera mediante costos y beneficios, sin pasión, ni tentaciones, ni empatía (Brzezicka y Wisniewski, 2014); que busca maximizar sus bienes y minimizar sus males, sin contradicción alguna (Leriche y Caloca, 2007); un individuo absolutamente egoísta y racional (Levitt y List, 2008), insensible y calculador (Fernández, Un psicópata llamado… 11 2009). Es también amnésico y universal (Leriche y Caloca, 2007), es decir, repite siempre la misma decisión ante la misma situación y se corresponde con el patrón de conducta que todo el mundo sigue. Si las características son tan socialmente indeseables y el modelo resulta ser tan irreal en grado sobresaliente, ¿cómo es que ha sido generado, desarrollado, extendido y no abandonado? Su simplicidad es su potencia. A partir de ello, es factible poner en marcha un exitoso proceso de construcción teórica que incluye un importante soporte de modelización matemática. De este modo, gracias al HoE, la CPE ha establecido un corpus muy extenso, denso y con una coherencia interna operativa, con tal éxito que le ha permitido hasta la fecha carecer de enfoque rival. La existencia real del HoE no es una preocupación de la CPE. En pocas palabras, si los individuos reales no se adaptan al modelo, no es problema de la CPE, sino de los individuos. La CPE ofrece la posibilidad de entender y aprovechar los comportamientos en un mundo que puede ser real en la medida en que las personas se transformen en agentes de mercado y se comporten coherentemente con los supuestos. La distancia que separa el individuo mítico del real es suficiente como para haber generado una gran cantidad de publicaciones, en parte criticando su existencia, y en parte intentando mejorar el modelo aportando algunas reformas. En términos generales, Skaperdas (2003) sentencia que el HoE transita únicamente por el lado oscuro de la economía, mientras que Fernández (2009) denuncia que este individuo equivale a una bola de billar que se mueve en una mesa infinita y sin rozamiento, supuestos que facilitan los cálculos, sin atender a los acontecimientos reales a los que teóricamente responde. Ivarola (2014) describe los movimientos generados en las aproximaciones a la utilidad, desde Bentham hasta Kahneman. No obstante, en todo caso, el individuo siempre es concebido como un sujeto movido por la búsqueda del placer y la huída del dolor, sin consideraciones sobre comportamientos rutinarios, actos puros de entrega o motivaciones del deber, por ejemplo. 2.3. Enfoque subyacente En Manzano-Arrondo (2014) se recurre a una metáfora para describir las diferentes posturas que adopta la acotación científica a la hora de abordar problemas reales: cómo se contempla la necesidad de que una bola roja entre por uno de los agujeros de una mesa de billar, contemplando la existencia de más bolas y una reglas de juego: 12 Manzano 1. 2. 3. 4. 5. Acción directa. Con la barra de billar (conocimiento y recursos académicos) se impulsa la bola hasta que cae. Rebote. Se diseña una investigación centrada en la bola amarilla, con la intención de que impacte en la azul que, a su vez, incidirá sobre cualquier otro objeto de la mesa, con alguna probabilidad de conseguir el objetivo. Dimensión paralela. Se considera que las administraciones públicas u otros especialistas son quienes deben solucionar directamente el problema. La ciencia facilita el trabajo estudiando los elementos que participan en la situación: la resistencia al movimiento que ofrece la superficie de la mesa, la velocidad de movimiento de las bolas, el efecto de los ángulos de colisión y del grado de humedad, etc. Desprecio. Si la bola roja está fuera del agujero, es su problema. Inopia. ¿Qué bola? ¿Qué agujero? La defensa del HoE por parte de la CPE se inscribe en la postura desprecio respecto al comportamiento real de los individuos, y en la inopia en lo referente a las variables no consideradas en el modelo. Las aportaciones reformistas han procurado mejorar al HoE, solucionando algunos de sus problemas. Sin embargo, muestran una incidencia al menos discutible, puesto que implican una complejización apreciable en torno al comportamiento y, con ello, dificultan los desarrollos teóricos. Básicamente, se instalan en dos dimensiones. Por un lado, se encuentra el reconocimiento de que no existe información completa de acceso, ni tampoco una racionalidad perfecta, por lo que las personas reales se mueven en contextos de incertidumbre, equipadas con capacidades racionales susceptibles de error. En esta línea se encuentran, por ejemplo, la economía comportamental o de la conducta (Levit y List, 2008) o la economía aplicada a la ciencia de los transportes (Sánchez-Flores y de Palma, 2013). Por otro lado, se observan trabajos que no parten del egoísmo racional como base suficiente para explicar el comportamiento del agente económico, como ocurre con la consideración de emociones en la neuroeconomía (Brzezicka y Wisniewski, 2014) o los patrones no egoístas en algunos desarrollos de la teoría de juegos (Cortés, Palacio y Parra, 2014). Es fácil observar estos intentos reformistas como resistencias a abandonar un marco de desarrollos que conocen y en el que se manejan con soltura buena parte de los expertos en economía. El análisis de los recursos lingüísticos utilizados por los trabajos teóricos, mediante el estudio de los discursos (por ejemplo, Rapley, 2014) constituye una buena oportunidad para observar estas resistencias. Así, por ejemplo, los autores suelen utilizar la expresión “anomalía” para referirse a lo que no queda explicado por la consideración del HoE. Ese término expresa una excepción y no una superación, negación o invalidación, por lo que su recurso refuerza el modelo de base, llevando la atención hacia el reto de explicar o dar cuenta de algo que no funciona “como debiera”. Bajo la misma perspectiva puede ser interpretada la expresión “racionalidad imperfecta” o “racionalidad sujeta a error”, en oposición a Un psicópata llamado… 13 la perfecta (que sugiere “deseable”), y que caracteriza al HoE. Otro efecto distinto se derivaría utilizando, por ejemplo, “racionalidad real”, “racionalidad humana”, o sencillamente el sustantivo sin calificativo, para hacer referencia al comportamiento cotidiano de las personas; mientras que podrían guardarse expresiones como racionalidad irreal, modelizada, supuesta o imaginada, por ejemplo, para hacer referencia al HoE. Estos recursos lingüísticos muestran que incluso buena parte de las críticas al HoE se resisten a dejarlo abandonado. 2.4. Reacciones de confesión y arrogancia La vivencia personal no es generalizable, pero sí puede constituirse como argumento de falsabilidad. En otras palabras: la no generalizabilidad de la vivencia se refiere a que de la experiencia directa propia u observada, no se puede o debe establecer una inferencia general, de tal forma que se afirme que todo el mundo es como yo soy o yo observo. Así, por ejemplo, si alguien practica la entrega a los demás, ello no le da fuerza argumentativa alguna para afirmar que el altruismo es un componente universal del comportamiento. No obstante, la experiencia directa sirve para desmentir una afirmación general, para falsearla. Ello es argumentativamente viable en los casos en que la experiencia no se ajusta al patrón que se ofrece como universal, de tal forma que se puede afirmar que “mi comportamiento o el que observo, no se adapta a esa afirmación”. Aplicando la falsabilidad desde la vivencia al modelo del HoE, no se requiere un amplio abanico de experimentos de laboratorio para rechazar que se trate de un individuo ya no solo real, sino especialmente universal, ni siquiera recluido en su faceta de agente económico. Cuando Palacio y Parra (2015) cuentan el caso de personas que, insertas en el juego del dictador, asumen sin problemas una ganancia del 0% como receptoras y del 100% para el proponente, con la sentencia “Si lo quiere todo, será que lo necesita”, están compartiendo evidencias observadas respecto a la irrealidad del HoE. En cualquier caso, cuando alguien afirma que un comportamiento C es universal, está a la vez realizando una declaración pública según la cual confiesa “Yo soy así” o “Yo hago eso”, dado que, en caso contrario, su propia experiencia sería un argumento de falsabilidad basado en la vivencia. Aplicado al contexto del HoE, quienes afirman que este individuo representa bien el comportamiento humano, están confesando públicamente “Yo soy un Homo Economicus, es decir, maquiavélico, egoísta, centrado en mis propias ambiciones, incapaz de aprender y sin empatía”. Al otro lado de estos desarrollos, la abundancia de textos en general y de experimentos en particular (especialmente inserto en la economía comportamental) que se han puesto en juego para demostrar que HoE no existe, se justifica por la 14 Manzano necesidad sentida de reunir evidencias empíricas que permitan demostrar lo absurdo de esa concepción. Este proceder cuenta con una lógica criticable al menos en dos sentidos. Por un lado, solo puede justificarse desde la arrogancia científica: no importa lo obvio que resulte una afirmación, debe ser sometida a un riguroso método de comprobación para demostrar finalmente lo que ya se sabe. La experiencia cotidiana, no solo en primera persona, sino en la observación de la conducta ajena, es más que suficiente para sentenciar de ridícula la descripción del HoE como un individuo característico sobre el que merece la pena organizar todo un cuerpo de conocimientos. Bowles y Gintis (1993) describen el HoE inicial, construido en los siglos x v i i i y x i x como una especie de gentleman victoriano, un caballero consciente de sus propósitos e intereses, pero con un comportamiento virtuoso y moral. Según estos autores, es a partir de la década de los 70 del siglo x x cuando el HoE es recuperado y transformado en el individuo cuya descripción está ocupando las primeras líneas de este trabajo. La motivación disciplinar consistía en impulsar los desarrollos de modelos teóricos sobre el comportamiento económico. Por último, el costo de la evidencia debería correr a cargo de quien introduce la sentencia o la afirmación. El contexto de abstracción definido más atrás es un ejercicio de imaginación conceptual que no tenía por qué haber abandonado el campo de los supuestos. Si ha triunfado es porque ha contado con un apoyo muy extenso por parte de quienes finalmente han colaborado en la construcción de la CPE. No solo quienes acuñaron el invento, sino también y muy especialmente, quienes lo defienden, son las personas o entidades que deberían demostrar con datos que sus afirmaciones son fruto de investigaciones empíricas y no de la imaginación o del deseo. No obstante, se observa que la carga de la evidencia se ha situado sobre quienes han asumido la tarea de demostrar que tal cimiento no existe y que, por tanto, el edificio es imaginario. La arrogancia es también evidente en otra dinámica propia de los desarrollos generados a partir de la aceptación del HoE. Hirschman (2013) comparte su asombro al observar la tendencia de la CPE de extender la lógica del HoE a toda dimensión identificable, incluyendo las relaciones de cuidado, los actos de entrega o el amor. Respecto a este último motivo, Cante (2013) lleva a cabo una revisión de trabajos realizados desde la economía, que muestra las incoherencias propias de forzar un elemento fuera de su contexto original de abstracción. Otro ejemplo muy destacado es la defensa del Estado mínimo a partir de la garantía que se deriva de la suficiencia de la ambición individual. En uno de los textos clásicos al respecto (Nozick, 1988), se describe el respeto a las normas sociales como una aplicación del costo de oportunidad: el HoE asume las normas cuyo incumplimiento le impide Un psicópata llamado… 15 acceder a determinados logros o, en otros términos, le resulte más perjudicial que el beneficio derivado de no respetarlas. En definitiva, pues, el HoE se corresponde con un ser egoísta, coherente, universal, carente de emociones y empatía, centrado en maximizar beneficios y minimizar pérdidas, que considera el contexto (incluyendo a los otros individuos) como un cúmulo de recursos o instrumentos para sus objetivos, e incapaz de aprender de la experiencia. Ha sido creado con el objeto de simplificar situaciones hasta el grado en que faciliten la modelización matemática. Su existencia real, de ocurrir, es anecdótica y ha sido criticada hasta el extremo de afirmar que el HoE ha muerto (O'Boyle, 2007). Sin embargo, sigue formando parte del referente dominante dentro de la economía y justificando con ello desarrollos actuales no solo en materia de economía mercantil estricta, sino también de toma de decisiones políticas. A la luz de lo anterior, existen al menos dos explicaciones que se derivan lógicamente: (1) el modelo HoE es defendido por casos reales de HoE que, no solo apoyan una teoría que se adapta a sus vivencias individuales, sino que, (2) también en coherencia, la mantienen y utilizan con los criterios que explican el comportamiento del HoE, es decir, desde la ausencia de empatía y la búsqueda de réditos personales. Una tercera explicación añade que (3) el HoE es defendido por personas que, precisamente por no ser HoE, se mueven por emociones complejas y racionalidades falibles que permiten la incoherencia de construir y defender comportamientos universales que no se adaptan siquiera a los suyos propios. 3. Otro caso controvertido y fundamental: el psicópata 3.1 La definición de la psicopatía Desde la medicina forense, la criminología, la psicología de la personalidad, la psicología clínica y la psiquiatría, se ha generado un interés histórico importante en torno a un perfil psicológico concreto que da forma al concepto de psicopatía y que mantiene un elevado protagonismo en la actualidad (Patrick, Fowles y Krueger, 2009). El interés original por comprender al individuo psicópata nace de la necesidad de entender, explicar y tratar con los antecedentes comportamentales individuales que subyacen a la realización de crímenes. Si bien los actos delictivos tienen un origen complejo que exceden la esfera meramente individual, este interés original se centraba en encontrar las características individuales que hacían más probable cometer un tipo de delito que está caracterizado por la ausencia de empatía y de remordimientos. Al entrevistar a estos criminales, se encontraba que en su relato no existía el sentimiento de culpa y, por contra, se concebía a las personas como 22 Manzano también con la búsqueda de éxito, a través del aumento en la incidencia de lo que Balestena (2001) denomina “fundamentalistas del éxito”; a su vez favorecido por las dinámicas estructurales de premios y castigos que ayudan a focalizar en el éxito individual la trayectoria de los individuos (Ball, 2003). Y se expande a través de la cultura creciente de la persuasión y el uso del beneficio como valor prácticamente ético (Álvarez y Svejenova, 2003). Este comportamiento, otrora considerado desadaptativo en sociedades colectivistas o cooperativistas, es más habitual y socialmente aceptado cuando se abunda en la cultura de la competición. Luego, hay indicadores sociales que ayudan a entender que la psicopatía y, por tanto el HoE, fuera de su tratamiento impactante en películas de éxito, va mitigando su cualidad de problema e incluso adquiriendo la categoría de rasgo positivo. Referencias Álvarez, J.L. & Svejenova, S. (2003). La gestión del poder. Breviario de poder, influencia y ética para ejecutivos. Barcelona: Ediciones Granica. Álvarez, S., Barceló, A., Carpintero, Ó., Carrasco, C., Martínez, Á., Recio, A. & Roca, J. (2012). "Hacia un paradigma sistémico", Revista de Economía Crítica, núm.14, pp. 277-301. Angelique, H., Reischl, T. & Davidson, W. (2002). "Promoting political empowerment: Evaluation of an intervention with university students", American Journal of Community Psychology, vol. 30, no. 6, pp. 815-833. 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