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María de Zayas, autora barroca de Novelas y Desengaños: Estado de la cuestión

Rivero Arjona, Cristina Nerea

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Realizado por: Nerea Rivero Arjona Departamento: Literatura Española e Hispanoamericana Dirigido por: Isabel Román Gutiérrez María de Zayas, autora barroca de Novelas y Desengaños: Estado de la cuestión 2 Índice 1. Introducción ………………………………………………….Pág. 3 2. Panorama narrativo del S. XVII. La novela corta ……..……. 4 2.1. Ruptura de modelos renacentistas………………………………….4 2.2. De las “novelas ejemplares” a las cortesanas………………………7 3. La obra narrativa de María de Zayas. Novelas amorosas y ejemplares y Desengaños amorosos………………………………… 10 3.1 La estructura de las novelas…………………………………….. 11 3.2 La intención didáctica………………………………………. …… 15 3.3 Los temas…………………………………………………………. 18 3.4 Los personajes. El modelo femenino……………………….. ……. 21 3.5 La enunciación narrativa………………………………………….. .24 3.6 Tiempo y espacio………………………………………………….. 27 3.7 Crítica moral y recepción de la obra………………………………. 28 4. Conclusiones……………………………………………………… 32 5. Bibliografía……………………………………………………… 33 3 1. Introducción Mi atracción por el género de la novela corta y las novelas ejemplares cervantinas, junto a mi desconocimiento en cuanto a la producción literaria de figuras femeninas en el siglo XVII (más allá de autoras de clausura como Sor Juana Inés), me ha llevado a orientar mi Trabajo Fin de Grado en esta dirección, siempre con la certeza de que una pequeña investigación de estas características contribuirá a mejorar mi formación. Tras la consulta y lectura de una gran cantidad de estudios y monografías sobre la época y el género, me pareció que la figura de María de Zayas resaltaba por su visión moderna y transgresora del ejercicio narrativo, así como por el planteamiento de los temas y el carácter de denuncia de algunas de sus novelas. Así pues, abordaré aquí un análisis del “estado de la cuestión” en torno a su obra narrativa, que destaca entre el resto de su obra (también cultivó la novela y el teatro), y en particular me centraré en sus dos grandes colecciones: Novelas amorosas y ejemplares y Desengaños amorosos. Realizaré un breve recorrido por los estudios que han visto la luz desde la década de los 90 hasta la actualidad. Mi punto de partida será el estudio realizado por Carlos Vaillo en 1993, recogido en la Historia y crítica de la literatura española de Francisco Rico (1992). Realizaré una revisión de los nuevos estudios, teniendo en cuenta que, en su mayoría, se apoyan en lo ya dicho por autores como Amezúa, Goytisolo, Felten o Foa. Trazaré un breve panorama en cuanto a la novela corta del XVII para posteriormente centrarme en la narrativa de Zayas, partiendo de los trabajos de Isabel Colón Calderón (2001) y Pedro Ruiz Pérez (2010). Esto nos permitirá conocer mucho mejor el contexto cultural de la época donde, dentro de un canon puramente varonil, acaba por resaltar la figura femenina de María de Zayas, por sus peculiaridades sociales, culturales y narrativas. Los estudios actuales dirigen su atención hacia las mujeres como grupo postergado, lo que nos proporcionará en su mayoría análisis sobre el feminismo que pudo dejar ver María de Zayas en sus novelas. Hablamos de estudios culturales, dominantes sobre todo a partir de 1990, realizados por autores que exaltan el papel y la función de Zayas y la repercusión de la misma como modelo o punto de partida posterior. 4 A pesar de haber gozado de cierta fama en su época, equiparable a la de Cervantes o Lope de Vega, no es una autora que se ofrezca para el estudio cotidiano de la literatura española. Tras ello parece haber un trasfondo relacionado con una discriminación del sexo femenino en determinados ámbitos culturales como eran las artes o las ciencias. Sin embargo, en este trabajo trataré de demostrar que es, y ha sido, una autora estudiada en profundidad durante el siglo XX e incluso el XXI. El interés general de nuestra autora radica en la moderna visión presentada en un siglo dominado por hombres, donde la labor de escritura femenina, a pesar de existir, no era demasiado estimada, ya que la mujer siempre se prefirió sumisa y subordinada a una figura masculina. Mi repaso por la crítica reciente de María de Zayas se organizará atendiendo, en primer lugar, a la estructura de la novela, para continuar con el tratamiento de los personajes, la enunciación narrativa, la organización temporal y espacial, así como la recepción de dichas colecciones. Por último, quiero indicar que utilizo la edición electrónica de las novelas de María de Zayas preparada por Enrique Suárez Figueredo para la colección “Textos” de la revista Lemir (números 16 y 18, de 2012 y 2014), que sigue la de Zaragoza, 1638. Aunque conozco también las de Yllera y Olivares, entre otras, he de reconocer que me ha resultado más fácil y asequible la electrónica. 2. Panorama narrativo en el S. XVII. La novela corta 2.1. Ruptura de modelos renacentistas El modelo literario imperante en el Renacimiento comenzará a desmoronarse a finales del XVI, iniciándose así el XVII como un siglo de revoluciones y cambios generalmente en el campo de la prosa. Hasta este momento, vemos una literatura depurada, caracterizada por la presencia de la naturaleza, el mantenimiento del decoro y el artificio. El autor por excelencia será Garcilaso y sus Églogas reflejarán a la perfección el mundo pastoril del locus amoenus, compañero de las cuitas amorosas de los pastores. Junto a estos últimos, los personajes dominantes serán héroes, en su mayoría procedentes de mundos fantásticos y 5 exóticos. Pedro Ruiz Pérez muestra esta ruptura a través de tres obras de tres autores muy importantes e influyentes para la literatura posterior. A lo largo de unas veinte páginas, nos plantea un panorama de cambios en el ejercicio literario realizados por Mateo Alemán, Cervantes y Quevedo. De esta manera, el Guzman de Alfarache, el Quijote y el Buscón se convierten en modelos de una nueva percepción del mundo que comienza a verse como una condena. Tiene lugar el triunfo del hastío vital. Hablamos del pesimismo, que comienza a ser partícipe de la vida de los personajes. Atrás quedaron los mundos de ensoñaciones, y cada vez está más presente la imagen fracturada del mundo en todos sus niveles; esto es: crisis económicas, políticas y sociales. Se busca la realidad y la verosimilitud. Así lo explica el autor: Así mientras caballeros y pastores se sitúan en un marco idílico, Guzmán siente la expulsión del paraíso y acaba concibiendo su vida como una condena […] plagada de obstáculos que castigan el cuerpo y despiertan la mente y el espíritu (Ruiz Pérez, 2010, 201). Esto supone un cambio en el tratamiento de los ejes principales del Renacimiento: Las bases neoplatónicas y el ideal de naturalidad han cedido ante el desengaño de las apariencias y la conciencia del artificio […], pero también por la revisión paródica y metaliteraria que el pastor, como idealizada imagen del poeta enamorado, está sufriendo en el campo de experimentación del romancero nuevo (2010,196). Esta parodia del modelo se ve claramente en el Quijote de Cervantes, donde la ridiculización se basa en la imitación desproporcionada de la forma de hablar de aquellos. De esta manera, empieza a interesar lo burlesco, lo ridículo, que es en definitiva una nueva forma de entretener al público. Pero la ruptura con respecto al ejercicio renacentista no concluye aquí: se abandonarán los escenarios exóticos y en su lugar aparecerán puntos de la geografía peninsular. Además, el héroe renacentista, cargado de valores, será sustituido por la figura del antihéroe o héroe a la contra. Con ello se propone “un ejemplo a contrario que, por vía del escarmiento, sirva para reforzar las bondades del ideal presupuesto” (Ruiz Pérez, 2010, 200). Llegamos por tanto, a la figura del pícaro, a la figura de Lázaro de Tormes o 6 Guzmán de Alfarache, que plantean un adoctrinamiento moral; hablamos ya de la picaresca: El plano de las consejas es el de la chocarrería, donde el ingenio aparece al servicio de la burla o como recurso para la supervivencia, presentando un mundo de engaños situado siempre en los niveles más degradados de la realidad […]; el escarmiento se ofrece en cabeza propia como una vía para huir de la corrupción del mundo y encaminar los pasos a un universo de salvación [...]. (Ruiz Pérez, 2010, 201-202). El enfrentamiento entre ficción y realidad será constante. Viene a imitar el enfrentamiento entre la antigüedad y la modernidad, el mundo idílico propio del clasicismo frente al desengaño y al mundo como una condena. Es una burla de la temática anterior, del mundo pastoril y de héroes característicos del Renacimiento. Se ridiculizan estos temas y se presenta la cruda realidad, temas cotidianos como la violencia, engaños o enredos amorosos. El cambio de siglo trae consigo un cambio industrial, lo que supone una ruptura del entorno natural. Esto es planteado en el Quijote a través del episodio los molinos. Han desaparecido los gigantes y han sido sustituidos por un elemento necesario. Los elementos de la técnica y la incipiente industria (batanes, aceñas, imprentas…) han roto la armonía de una naturaleza que ya no se ofrece al hombre para ser contemplada y admirada, sino para someterse a su transformación, un enfrentamiento que genera conflictos y deja en los márgenes los restos de un mundo viejo y unos ideales que, aun periclitados, tienen su punto de grandeza (Ruiz Pérez, 2010, 206). Como podemos comprobar El Quijote se presenta como un compendio de técnicas de experimentación. Es muy interesante cómo la ruptura con el pasado no se hace radicalmente, pues se tiene en cuenta la tradición en todo momento. Confronta el mundo de los héroes, del amor idílico, de los pastores y monstruos, frente al del viejo, el loco y el empobrecido de la sociedad española del XVII. Por supuesto, será una novedad la multiplicidad de voces. Se pone de moda la técnica del manuscrito o los juegos entre personaje protagonista y autor. Así lo vemos en el Quijote, al plantear la intervención de un mínimo de cuatro voces en un solo libro. Todo ello supondrá la formación de una nueva técnica dominada también por el engarce de la obra a través de capítulos: Con las obras de Lope, Alemán y Cervantes nos encontramos, respectivamente, con el empeño por actualizar la narrativa idealista, la voluntad de explorar las posibilidades de la 7 picaresca y el atisbo de un camino dialéctico para la novela. De las tres propuestas la primera mantendría una cierta inercia a lo largo del siglo, mientras que la cervantina tardaría mucho en fructificar; la senda más fecunda resultó la del Guzmán, pero sus secuelas se multiplicaron de inmediato sólo a costa de la disolución de su modelo (Ruiz Pérez, 2010,214). Ruiz Pérez considera que es mayor la ruptura que efectúa Quevedo en su Buscón, aunque considera que su repercusión no fue la misma que en los ejemplos anteriores. Cree que la obra solo sirve al autor para mostrar su tesis del determinismo social, “y de paso satirizar y desenmascarar a una galería de tipos” (2010, 215). Lo que sí es cierto es que el mundo del pícaro en general parece girar en torno a dos ejes, la honra y el dinero, y así lo vemos desde el Lazarillo. En cualquier caso, las tres obras nos muestran el sentimiento que caracteriza al siglo; hablamos del hastío, y ellas tres nos plantean el paso de la ingenuidad al desengaño. 2.2. De las “Novelas ejemplares” a las cortesanas Al hablar de la picaresca es necesario mencionar el otro extremo que también planteó Cervantes. La publicación de sus Novelas ejemplares propicia el éxito de las novelas cortesanas. Tal y como señala Ruiz Pérez, los personajes de esta nueva modalidad no manifiestan la soledad, principalmente porque aparecen en parejas y suelen plantear el ocio y el entretenimiento. Atisbamos, por tanto, dos nuevas vertientes en el XVII, la picaresca y las Novelas ejemplares de Cervantes. Esto se debe en gran medida al gusto del público por una narración más sintética, lo que degenerará en las conocidas novelas cortesanas o novelas cortas, que no por ello plantean una temática en relación únicamente a la Corte. Hay que apuntar que hasta 1620 es escasa la producción de novela y será a partir de este momento cuando la “novela”, en referencia a la breve, se retome. El género de la novela corta estaba destinada a un público urbano y es aquí donde podremos encuadrar a nuestra autora, María de Zayas. Generalmente parten del modelo italiano, planteado por Bocaccio, donde el esquema es muy sencillo: la narración se encuadra dentro de una reunión de amigos que para pasar el tiempo comparten relatos entretenidos. Es a partir de la segunda mitad del XV cuando comienza a manifestarse en la 8 península dicha influencia italiana. Realmente el desarrollo de esta nueva tendencia tendrá su auge en el siglo XVII apoyándose en la narrativa cervantina. Se caracteriza ante todo por la brevedad y por la acumulación de relatos en un mismo libro sin conexión temática directa. El discurso autobiográfico será utilizado como recurso para acercarnos a la verosimilitud; para ello se recurrirá a narradores internos dentro del relato, lo que nos lleva de nuevo al puente entre la ficción y la realidad. El espacio será mayormente urbano, y por lo que se harán alusiones a las ciudades, calles, iglesias, etc. A veces la casa es presentada como el propio marco de la narración. Sin embargo, sigue habiendo lugar para la naturaleza, no solo la pastoril, sino también la agreste, que según Isabel Colón era destinada mayormente para actos de violencia como las violaciones (2001, 25) Con respecto al público lector del género, se ha discutido el nivel social que lo componía. Como ya se ha dicho, se trata de lectores urbanos que generalmente eran criticados por los moralistas. Podemos hablar de un doble receptor: en el caso de ´las novelas de Zayas, puede hablarse de un lector dual, ya que no solo están dirigidas al “lector atento”, sino que también aluden al a sus detractores, en el “Prólogo de un desapasionado” el narrador se dirige a un lector “cruel o benigno·. Es interesante también el hecho de que en muchas ocasiones el lector tiene un papel en la obra, e incluso recibe un nombre, como veremos en el caso de Zayas al dirigirse a “Fabio”. Además, en ocasiones se ha especulado sobre si los autores satisfacían las necesidades y peticiones de su público. Este asunto queda retratado en Zayas cuando tiene en cuenta la supuesta petición de Fabio para que el final no sea trágico. En las novelas no solo hay lectores, sino también oyentes. Algunas historias son escuchadas por un auditorio, que al final da frecuentemente su opinión […]; en ocasiones los comentarios de los personajes se entremezclan con otros sobre los que oían los relatos (Colón Calderón, 2001, 44). Al ser un género que parte de una ingente cantidad de fuentes anteriores, es frecuente la presencia de poemas, cartas o breves piezas teatrales intercaladas, pues con ellos se llamaba la atención de los lectores. En el caso de la poesía, generalmente abundaba la amorosa, aunque también había lugar para los poemas burlescos: 9 Las poesías podían ser obra de los propios autores, bien compuestas para la ocasión, bien tomadas de otros textos suyos; así Zayas reutilizó unos versos de su comedia La traición en la amistad (Colón Calderón, 2001, 57) La expresión de “novela cortesana” fue propuesta por Amezúa (1929). Pero más allá de estas dos denominaciones (“novela corta” o “novela cortesana”), los críticos también se refieren a ellas como “novela corta marginada”, según Evangelina Rodríguez Cuadros (1979) o “novela corta romántica”, según Ludwig Pfandl (1933). Lo cierto es que, aunque aparece en España en el XVII se conforma a partir de antecedentes en siglos anteriores: “Las poéticas y retóricas no abordaron en profundidad la novela corta, sobre todo porque era difícil encuadrarla en el sistema de géneros trazado por Aristóteles, al que querían atenerse” (Colón Calderón, 2001,14). Pero, a pesar de la gran acogida que tuvieron, también recibieron críticas, se consideraron peligrosas porque incitaban al vicio, mentirosas e incluso se consideró que estaba mal escritas: Intervinieron en ellas los propios novelistas, en ocasiones criticándose entre sí, o cambiando de opinión, así como otros escritores. Se vertieron diferentes acusaciones algunas similares a las que ya se habían dirigido contra los libros de caballerías o las novelas pastoriles... (Colón Calderón, 2001,18). Tras esto, la misma autora plantea los cinco puntos que se atacaron (como decíamos, peligrosas, mentirosas, autobiográficas, para ingenuos y mal escritas), en los que no profundizaremos ya que lo realmente interesante es que las críticas sobre su inmoralidad finalizaron con la prohibición de 1625 que “supuso un cambio en el panorama”. Se llegó al punto de suprimir la palabra novela, y algunos autores utilizaron otras palabras, como Zayas, que la llama “maravilla”. En cuanto a la decadencia de la novela, Isabel Colón (2001, 22-23) parece hacerse eco de Pacheco-Rasanz (1984) al considerar que es entre 1665-1700 cuando tiene lugar la reducción de la producción novelística. Para Amezúa, antes de finalizar la primera etapa del XVII habría comenzado dicha decadencia, haciéndola coincidir con la muerte de Salas Barbadillo (1929, 277); apoyándose en él, Djidiack Faye en 2009 concluye que 16 ...porque si esta materia de que nos componemos los hombres y las mujeres ya sea una trabazón de fuego y barro, o ya una masa de espíritus y terrones, no tiene más nobleza en ellos que en nosotras; si es una misma la sangre, los sentidos, las potencias, y los órganos por donde se obran sus efectos son unos mismos, la misma alma que ellos (porque las almas ni son hombres, ni mujeres), ¿qué razón hay para que ellos sean sabios y presuman que nosotras no podemos serlo? (Novelas amorosas y ejemplares, Prólogo Al que leyere, 361) Este asunto, naturalmente, ha llamado la atención de la crítica. Así, por ejemplo, afirma Alicia Yllera (1999, 235-237): A la vez que defiende el honor de las mujeres defiende también su posición y fama como escritora [...], Ya en el prólogo, expone Zayas los dos argumentos que reiterará a lo largo de su obra para defender la capacidad intelectual de las mujeres: la igualdad de las almas y la autoridad de la historia […]. María de Zayas reprueba que se den a la mujer ruecas y almohadillas en lugar de letras y armas. En la segunda parte da un paso más y considera que tras esta educación castradora, se oculta el temor de los hombres a la competencia femenina. Y Pilar Alcalde (2005, 57) añade: Zayas extiende su creencia en que la igualdad biológica entre ambos sexos permite una igualdad en el conocimiento […]; al erigirse de forma independiente con respecto al modelo masculino renace y re-crea un modelo independiente del reflejado anteriormente. Esto es importante, pues es una defensa de no solo de la mujer sino también de la escritura femenina ante la posibilidad de que esta pudiera llegar a ser denigrada por ser obra de una mujer, considerada una figura incapaz en la época. De modo que su intención es renovar el panorama narrativo hasta entonces concebido. Para ello, esta defensa de la mujer o búsqueda de la igualdad, planteadas desde el principio, radicará en la elección de unos personajes preferentemente femeninos que sirvan de ejemplo para el público lector: Zayas retorna a una concepción más antigua: como el “Exemplo” medieval, sus novelas son advertencias, pero ahora sobre todo dirigidas a las mujeres. Sus novelas contienen enseñanzas, no ya religiosas o morales, sino sociales y profanas, en este sentido escribe la autora “comprometidas” (Yllera, 1999, 227). Esto nos permite hablar del público al que la autora se dirige. Parece perseguir un 17 público mayoritariamente femenino, pues desde su publicación se afirma que sus obras tratan de adoctrinar a las mujeres en determinados asuntos amorosos. A partir de este momento comienzan a surgir estudios culturales que dirigen su objetivo hacía las mujeres como núcleo postergado. En ello insiste Char Prieto (2002, 1): Zayas cree en la utilidad moral de la literatura y sigue el precepto horaciano dulce et utile, que tiene un propósito firmemente estético de entretener y recrear, pero, ante todo de enseñar mediante una crítica social. […] La transgresión del concepto de la honra y el honor en la obra zayesca se suma a la crítica de la subyugación femenina con el matrimonio impuesto y a la usurpación del poder masculino mediante la burla y el engaño. Al quebrantamiento de dichos conceptos añade el tema de la educación de las mujeres, lo cual pone a la autora en una perspectiva feminista y la hace atípica en el contexto del sistema patriarcal del Siglo de Oro. Más adelante concluye: “se mofa de la figura de la mujer casta pasiva e indecisa. […] Doña María propone un plan de alerta para que las mujeres no se dejen llevar por las reglas sociales” (2002, 6-8). Por su parte, en un estudio también reciente, Carmen Solana Segura precisa las intenciones de María de Zayas: La autora combate las posturas misóginas que aumentaron con la Contrarreforma en una sociedad patriarcal en la que la valoración de la mujer se cifra en la conservación de la virginidad y el cumplimiento de sus deberes como esposa (2010, 27). Del mismo modo, en las Actas de XVI Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, publicadas en 2010 en español, se recogen trabajos sobre nuestra autora. Costa Pascal (2010, 1) sostiene el interés actual por este aspecto de la obra de Zayas: En las últimas décadas ha interesado particularmente su figura como escritora. Sorprende su resuelta defensa de las mujeres, sus numerosos desafíos a los hombres, su horror al matrimonio o su deseo de solo otorgar la palabra a las narradoras en su segunda colección de novelas. No obstante, este interés lo había manifestado ya la crítica anterior. Estudios muy 18 recientes, como el realizado por M. Victoria Marínez Arrizabalaga en 2013, aún recogen las palabras de Sandra M. Foa, que insistía en que su propósito es “defender a las mujeres, afirmar su capacidad intelectual, y, sobre todo, avisarlas, aconsejarlas”. En relación a la transgresión que sufren el tema del honor y la honra añade más adelante: En este orden Zayas -en su intento por advertir a las mujeres acerca de su verdadera situación, según ella la entiende-, recrea frecuentemente en sus relatos historias que revelan el egoísmo, lujuria e inconstancia de los actores masculinos; historias cuyos tintes se tornan más oscuros desde las Novelas a los Desengaños, según veremos (2013, 8) En 2014 Marcella Trambaioli realiza una comparación con el modelo donjuanesco planteando el “anti-don Juan” en María de Zayas. Se vincula este estudio con el propio rechazo a la figura masculina en un intento de ensalzar la femenina: “censura con sutil ironía al tipo donjuanesco que se burla de las mujeres dejándolas sin honor, y lo hace entablando un complejo e ingenioso diálogo intertextual con El burlador de Sevilla” (2014, 1) Es decir, mantiene por tanto la idea principal de la mujer rebelada y plantea la inversión de cualidades entre hombres y mujeres; encontramos en este estudio un acercamiento a un “donjuan” mujer; son ellas las que engañan y se burlan de los hombres como forma de denunciar los abusos que ellas mismas padecen. Son muchos los autores que defienden la intención didáctica, mediante el “exemplo”, de la autora, apoyándose en consideraciones previas. De todo ello puede deducirse que estamos ante una novelista que no solo abre un nuevo camino para escritoras posteriores, sino que encuentra un público concreto por y para el que escribir. 3.3. Los temas Según Costa Pascal, [u]no de los aspectos que creemos caracteriza positivamente la escritura de María de Zayas es apoyarse en temas y tópicos perfectamente asimilados por la literatura, […] para, desde ellos, mostrar un mayor grado de atrevimiento o de ruptura sobre esa situación tópica o también a veces reconducir la situación a su propia lógica de ejemplaridad” (2010, 2). 19 Así pues, las consideraciones anteriores tienen una enorme relación con los temas principales de la obra zayesca. El tema dominante es el amor, aunque visto desde la perspectiva del engaño y los ultrajes que las mujeres sufren por parte de los hombres. La transgresión en cuanto al tratamiento de estos temas es lo que plantea la novedad. Realmente, en cuanto a los temas desarrollados por María de Zayas, la crítica actual no ha aportado nada nuevo; atiende a una lectura de la obra y a cuestiones establecidas con anterioridad por otros autores. Tanto Char Prieto (2002) como Djidiack Faye (2009) plantean la importancia del amor y la honra ligados a la venganza por el honor, y apoyan sus conclusiones en estudios previos. Con respecto al amor, Faye analiza determinadas ideas. La primera es la presencia de un amor pasional que es brusco: “basta con que la mujer o el hombre crucen las miradas para que uno de ellos sufra el fuerte golpe de la pasión sentimental” (2009, 214). Realmente es la pasión el punto de partida en el que la autora encierra el aparente enamoramiento. Presenta a la mujer como víctima y verdugo, pues es la que transgrede los límites del honor dejándose llevar por la figura masculina. En relación a esta cuestión habla de la belleza femenina como arranque del amor pasional, aunque para ser atractiva no solo era importante la belleza sino también la gracia o entendimiento Para que el galán de entonces se enamore de ella hace falta algo más: tiene también que ser discreta, ingeniosa, aguda, porque mientras que los ojos se ceban en la blancura, en las manos, en los lindos ojos y en la gallardía del cuerpo, no es razón que el alma este de balde u ociosa, y así el galán busca el entendimiento en su dama, ya que el entendimiento es “manjar del alma” (Faye, 2009, 211). Por otro lado, además de brusco, o, dicho de otro modo, audaz, lo considera violento pues ataca a las mujeres y las hace padecer: “Cuando el amor no ataca con caídas psicológicas como desmayos, actúa de otra manera, esta vez más paulatina: la enfermedad” (Faye, 2009, 216). Por último, habla de un amor pasional que no es mutuo dado que si así fuese tendría un final feliz. Aclara: 20 En el planteamiento zayesco […] es casi inexistente el casamiento feliz porque el amor que lleva a la unión de la pareja carece de sinceridad, que es, sin duda, lo más importante […]. La imposibilidad del matrimonio perfecto se debe, al parecer de la novelista, a distintas razones. Por una parte, Zayas subraya el carácter ciego del amor […]. Por otra parte, dado el carácter sagrado del matrimonio y todos los valores sociales que abarca, sobre todo lo que al honor atañe, la novelista defiende la idea del trato previo, que debe ser momentos de conocimiento mutuo y valoración social y humana de cada uno (Faye, 2009, 218). Tanto la belleza como el planteamiento del amor conducen al tratamiento del erotismo dentro de las obras de Zayas. Este es uno de los asuntos que mayor debate ha generado a lo largo de los siglos, dividiendo la crítica en aquellos que defendían su representación de la realidad frente a los que tachaban de obscenas dichas escenas. Ligado al tema anterior, y articulador de la obra zayesca, puede considerarse el del honor: Uno de los problemas con los que tenían que enfrentarse las jóvenes era el tan tratado y respetado concepto de la honra y el honor […]. Esta idea tan importante en los tiempos de María de Zayas es ridiculizada en muchas de sus obras, ya que quien pierde mediante el código de la honra y el honor es siempre la mujer (Prieto, 2002, 4-5). Posteriormente, Faye plantea un estudio del honor y la honra en la obra zayesca, analizando alguna de las novelas, como son las tituladas La burlada Aminta y la venganza del honor o El traidor contra su sangre. Doña María de Zayas y Sotomayor también, al igual que todos los escritores de su época, ha colocado el tema del honor en el centro de los fenómenos sociales que le sirvieron de tela de fondo para sus colecciones. […] Los que pierden el honor ya no ven la necesidad de seguir viviendo. Así, en la novela La burlada Aminta y la venganza del honor la heroína agraviada por don Jacinto y Flora decide suicidarse (2009, 197) Añade más adelante que el amor y el honor son dos realidades antitéticas puesto que: “el sentimiento amoroso enardece el ansia de entregarse carnalmente a la persona amada, y dicha entrega fuera del casamiento es un atentado contra el honor…” (Faye, 2009, 200) de modo que vendría a plantear la idea de que, cuanto más crece el amor, mayor se hace la deshonra. 21 Ambos autores plantearán un tercer paso en este recorrido: la venganza del honor. En el caso de Faye, considera que nuestra autora no se ajusta a la organización social que relega a la mujer a un segundo rango; es quizá esta rebelión contra lo establecido lo que la acerca a su ideología feminista. Aun así, aclara que mantiene la postura calderoniana en cuanto a la defensa y venganza del honor mediante la muerte del agraviador. Asegura que “Zayas otorga a la mujer su derecho de cumplir ella misma su venganza […]. En muchos casos, son ellas mismas las que solicitan su muerte para devolver la honra a sus familias” (2009, 198) Concluyen, en ambos casos, que el objetivo principal de la autora está relacionado con la búsqueda de un nuevo sistema educativo para la mujer, que le permita ser autosuficiente. En relación con esto, Char Prieto (2002) recuerda la novela de El prevenido engañado, donde se afirma que la mujer no necesita educarse para dedicarse al hogar. En última instancia, Djidiack Faye habla de otra de las temáticas dominantes en las colecciones de María de Zayas: las creencias religiosas y demoníacas, estas últimas relacionadas con la hechicería, que se plantean sobre todo como soluciones a determinados conflictos: …la hechicería en los Desengaños amorosos no solo es un procedimiento inmoral que permite a la mujer o al hombre, con la ayuda de espíritus diabólicos, triunfar sobre la persona que no le corresponde su amor, sino que también es la pasarela que desemboca en tragedia […]. En nuestra novelista, las prácticas supersticiosas y mágicas logran su mayor integración en la estructura interna de la historia narrada. Zayas no se contenta con hacer un mero trasplante de elementos hechiceros […] sino que disuelve todos esos ingredientes diabólicos en el seno de la materia novelizada para dar mayor visibilidad a su ideología antimachista y sobre todo religiosa. (2009,166-167). Este es uno de los temas que ha sido objeto de más estudios a lo largo de los años. Junto a Djidiack, encontramos un año después el ensayo realizado por Robin Ann Rice que plantea un análisis de la obra de Zayas en relación al contexto. Habla de la escritura como reflejo de la crisis del XVII y afirma, recogiendo las palabras de Montesa Peydró (1981, 241): “la reacción a la crisis del siglo XVII es precisamente el romanticismo barroco que 22 consiste en: el uso frecuente y deliberado de lo sobrenatural y maravilloso. Su afición a lo atroz y violento. Lo trágico unido a lo fantástico. Derroches de crímenes y lágrimas”. Sí que debemos reconocer, sin embargo, la importancia de la fe católica en nuestra autora, presente incluso en la resolución de las Novelas y Desengaños: …se traslucen las ideas religiosas de la novelista que ella misma defiende a todo trance e intenta inculcar a los contertulios de su sarao y sobre todo a sus lectores. […] La vida de religiosa tiene una doble ventaja, por una parte, permite alejarse de las perfidias y crueldades de los hombres […]. Por otra parte, la estancia en el convento ofrece al personaje la posibilidad de estar en perfecta comunión con Dios. (Faye, 2009, 278), 3.4. Los personajes. El modelo femenino La cuestión de los personajes que protagonizan las novelas de Zayas ha sido objeto de la crítica desde sus inicios. La autora presenta dos colecciones de novelas donde domina la presencia femenina, tanto en el marco narrativo, donde la protagonista principal es una mujer, como en las novelas que se irán contando, centradas fundamentalmente en la figura femenina, sus padecimientos, los engaños y burlas que sufre. Realmente, es en torno a esta cuestión donde surgen la mayor parte de los nuevos estudios que han abordado diferentes aspectos, como el carácter de los personajes, su relación con la autora o determinadas clasificaciones. Djidiack Faye (2010, 309-310) afirma en su tesis que “…la autora introduce con énfasis a sus personajes en sus cualidades físicas morales y sociales […]. Son las que encarnan los verdaderos valores de la nobleza femenina”. Entre todos sus personajes este autor resalta la presencia de Lisis considerando que es el prototipo de mujer con el que sueña Zayas. El resto de personajes femeninos actúa como tipos característicos de diferentes clases sociales. En relación a los personajes de Zayas, Costa Pascal en 2010 realiza un estudio y comparación de una de ellas con los pastores de Garcilaso: …es muy posible que el lector de María de Zayas haya reconocido en la figura de Jacinta una imitación de los tristes pastores de las Églogas de Garcilaso. En efecto, para un lector avezado 23 en la literatura pastoril y amorosa, Salicio y Nemoroso son los arquetipos de los amantes desgraciados, los paradigmas de los firmes amantes. Quizá María de Zayas se inspiró de la obra del poeta toledano para crear a su personaje femenino. […] Dicho de otra manera, el personaje de María de Zayas aparece dotado de la doble experiencia de Nemoroso y Salicio, en situación de ser “Nemorosa” y “Salicia” al mismo tiempo (2007, 3-5). A pesar de ser una figura doliente, la crítica coincide a la hora de plantear el carácter de las heroínas. Una de las ideas más importantes y que se toma como punto de partida para estos nuevos estudios es la imagen la mujer fuerte e independiente. En Zayas encontramos numerosos personajes activos. Se plantea un nuevo modelo de mujer, que no solo aparece en la narrativa, pues también lo encontramos en su tragedia La traición en la amistad. En torno a esta obra Marcella Trambaiolli plantea la idea del anti-donjuanismo de Zayas: Los críticos concuerdan en destacar que María de Zayas escribe inspirada por la cólera que le provoca la condición femenina Casi sin excepciones los protagonistas de sus relatos son unos burladores de mujeres, tipología masculina que, desde luego, halla en la figura de don Juan Tenorio su más acabada ejemplificación (2014, 2). Carmen Solana Segura (2010, 2) afirma que en las obras de Zayas “las protagonistas son mucho más activas y luchan con determinación para recuperar su honor y el amor”. Del mismo modo, Carmen Heredero de Pedro (2013) considera que “las protagonistas de sus novelas son mujeres con gran personalidad, libres, astutas e ingeniosas, que desafían el estereotipo social de mujer pasiva y sometida a la voluntad de los hombres” (2010, 27) Algunos estudios, como el realizado por Pilar Alcalde en 2005, establecen una simbiosis entre la autora y sus personajes. Desarrolla el tema de la auto-definición como base del texto narrativo; en este sentido, hace un trasvase de la imagen femenina tratada por escritores frente a la imagen femenina tratada por escritoras. Afirma que podríamos hablar de una identificación de la autora con sus personajes en los casos de escritura producida por mujeres: “se obtiene una identificación entre la imagen de la mujer en el texto, y la autora de ese texto quien, por medio de esa identificación, deriva una auto-afirmación autorial, necesaria para que se produzca el texto femenino” (2005, 54). Cita a Judith K. Gardiner que define esta teoría bajo el concepto de “narcissistic extensions of the author”, o lo que es lo 24 mismo, “the author exercises magical control over her character, creating her from representation of herself and her ideals” (1981, 357). Ya en 1987 Carmen Riera y Luisa Cotoner habían realizado una clasificación de los personajes de acuerdo con tres oposiciones: pasivos/activos; ingenuos o ignorantes/cínicos y astutos; voluntaristas/posibilistas. Algo parecido es lo que hace Eavan O’Brien en 2010, solo que en cuanto a las relaciones entre las propias mujeres: Specifically, the first two chapters will examine Zayas’s portrayal of women’s friendship and sisterhood and will also detail their subversion, conceptualising the novellas and frame narrative cohesively. Then, in the third chapter, I organize women’s interaction as represented by Zayas’s prose along the axis of class […]. The fourth and fifh chapter analyse motherdaugher relathionship, including secular and surrogate variants, as well as the divine role of Mary, as Mother of God. (2010, 7) En cuanto a los caballeros, añade Faye que, generalmente, aparecen subordinados a la descripción de la mujer. Destaca el tono burlesco de la voz narradora hacia ellos, a la vez que se desprende también una queja por la actitud de los hombres, que no tienen reparos en deshonrar a la mujer: “Se nota, pues, una incompatibilidad de personalidades entre las damas y los caballeros […]. En nuestra novelista, el género masculino es símbolo de la maldad por pactar con el demonio que lo manipula a su guisa” (2009 315). Más adelante concluye: “Las damas son las nobles inocentes, injustamente despreciadas y violentadas por los hombres, pintados como bárbaros apoderados por el espíritu demoníaco. En cuanto a la servidumbre, Zayas la presenta en sus obras como un mal necesario” (2009, 319). 3.5. La enunciación narrativa Como habíamos señalado con anterioridad en la página once, la obra de Zayas se construye en torno a tres nivele. Este análisis narrativo, que presenta una nueva lectura de la obra zayesca presenta como novedad a finales de la década de los noventa, siguiendo la propuesta teórica de Gerard Gennete 1 de 1972, traducida al español en 1989. Estos niveles son: intradiegético, metadiegético y extradiegético. Añade Faye: “A su parecer el narrador ocupa un nivel extradiegético con respecto a su narración, pero el personaje está en el nivel 1 Figures, III, Paris, Éditions du Seuil, 1972; trad. española: Figuras, III, Barcelona, Lumen, 1989- 25 diegético (o intradiegético)” (2009, 250). El narrador, pues, se sitúa en un nivel extradiegético pero parece presentarse en el nivel diegético, es decir, parece formar parte del marco narrativo, del relato de la historia de Lisis y las fiestas organizadas en torno a ella. El acto narrativo evocado por cada uno de los convidados da lugar al nivel metadiegético que es aquel que va planteando las Novelas amorososas o Desengaños. Así, Djidiack Faye asegura que “es de notar que los sucesos pertenecientes al nivel metadiegético incluyen los actos narrativos cumplidos por personajes de las novelas y desengaños que cuentan a otros personajes sus aventuras” (2009, 251). En un primer momento se manifiesta una voz narradora en tercera persona que nos va presentando a los personajes. Hablamos de la voz autorial. Según María Victoria Martínez Arrizabalaga (2013), esta voz autorial se va desdoblando a lo largo de la obra desde su comienzo, pues aparece tanto en el prólogo como en las desengañadoras del nivel diegético y en las protagonistas del nivel metadiegético (2013, 4). Esta es una idea que la autora toma de la presentación de Thiemann (2009, 127). Este yo narrador presenta a los participantes en el sarao, y detalla cómo se realiza la tertulia, sin asociarse a los acontecimientos. Los personajes presentados, a su vez, se entretienen contando historias; de tal modo, el narrador impersonal desaparece momentáneamente, al ceder la voz a los contertulios de Lisis en una aparente separación clara de los planos narrativos (2013, 5). Recoge además Martínez Arrizabalaga la idea de que la intromisión de la autora en las líneas finales de las Novelas amorosas y ejemplares es “es una estrategia autorial de corroboración de la veracidad de los eventos narrados” (2013, 5) En esto entretuvieron gran parte de la noche, tanto que por no ser hora de representar la comedia, de común voto quedó para el día de la Circuncisión, que era el primero día del año, que se habían de desposar don Diego y la hermosa Lisis; y así, se fueron a las mesas que estaban puestas, y cenaron con mucho gusto, dando fin a la quinta noche, y yo a mi honesto y entretenido sarao, prometiendo si es admitido con el favor y gusto que espero, segunda parte, y en ésta el castigo de la ingratitud de don Juan, mudanza de Lisarda y boda de Lisis, si como espero, es estimado mi trabajo y agradecido mi deseo, y alabado, no mi tosco estilo, sino el deseo con que va escrito. (Novelas amorosas y ejemplares, 328) 32 a ello la empujaban dos fines ya notados: defender primero a las mujeres y sacar después una moralidad ejemplar de sus relatos... (1948, 32-34). De esta manera, podemos concluir con Faye que quedan eclipsadas algunas de las críticas posteriores por las valoraciones contemporáneas a Zayas, puesto que si realmente hubiesen sido obras peligrosas no habrían obtenido autorización para ser publicadas. Considera Faye que la sexualidad en la obra de Zayas no se sostiene por ninguna intención lujuriosa, sino que es un modo de representación de la realidad. Añade que “los críticos que alimentan la mala prensa contra la novelista calificándola de inmoral, lo hacen desde el punto de vista de la moral en vigor de su época y no según la moral dominante en la época de María de Zayas” (2009, 119). 4. Conclusiones La intención didáctica perseguida por María de Zayas ha sido recuperada en la actualidad como mecanismo de revalorización del género femenino. En cierto sentido, y guardando las necesarias distancias, podría hablarse de que su obra es un antecedente, un punto de partida de las modernas ideas feministas, que sufrirían un largo proceso de maduración con un destacado un punto de inflexión en el siglo XIX. La aceptación de la autora en su época fue evidente, tanto por el lugar que ocupa en el género de la novela corta, junto a Cervantes o Lope, como por el hecho de que la crítica permitiese la difusión de sus novelas, a pesar de los cambios que ya proponía. Zayas plantea en sus obras un contexto similar al de la época, lo que nos permite hablar de cierto realismo que acercaba la situación real de las mujeres al público de dichas obras. Por otro lado, la permisividad de la que gozó la obra de Zayas se vio eclipsada por el rígido criterio moral imperante en el XIX y en parte del XX, donde la opinión o la voz de la mujer, salvo excepciones de todos conocidas, no fue tenida en cuenta de la misma manera. Solo en la actualidad ha sido recuperada dicha tolerancia al calor, sobre todo, de los estudios culturales, aunque ya en el XX podría hablarse de defensores de los principios morales de Zayas como es el caso de Amezúa. 33 Los continuos análisis y estudios realizados en torno a la obra zayesca demuestran que, a pesar, de no ser una autora que haya ocupado un lugar destacadísimo en el canon de la literatura española (lugar que, en la novela corta áurea ocupan Cervantes, Lope o Tirso), sigue atrayendo a los lectores no solo por ser una de las grandes cultivadoras del género, junto a otros autores como Salas Barbadillo o Castillo Solórzano, sino también por la actitud precozmente feminista que adopta en una época en la que las diferencias genéricas están muy marcadas. Si durante algún tiempo ha podido quedar relegada a un segundo plano debido a su condición de mujer, hoy está muy bien considerada como novelista y como defensora de la igualdad por su denuncia de la situación femenina. Sin embargo, es importante recordar que, realmente, los análisis más actuales, escritos en los últimos veinte años, no aportan mucho más de lo ya planteado por los autores del XX. En general, análisis recientes como los de Faye se apoyan casi en su totalidad en lo que ya habían señalado Amezúa y otros críticos. Otros estudios aquí comentados vuelven a asociar la intención didáctica de la autora con la defensa moderna del género femenino. Las aportaciones fundamentales de la crítica más actual se han centrado en aspectos puramente narrativos (estructura, organización enunciativa, tratamiento de los personajes…), aunque sin desvincularlos de la condición femenina de su autora. En cualq2uier caso. lo innegable es que la obra narrativa de Zayas sigue suscitando el interés de la crítica y el de los lectores. 34 5. Bibliografía - Alcalde, Pilar. 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