La alteridad en Eliot y Valente : en torno a "Little Gidding" y El fulgor
Abstract
Establecemos una comparación, a partir de un análisis temático, entre el fragmento final de “Little Gidding” y El fulgor. Tomando en consideración las diversas fuentes comunes (especialmente la mística de San Juan de la Cruz) consideramos la aparición del Otro en la obra de Eliot y Valente junto a una subjetividad que lleva en sí la posibilidad de la relación con la trascendencia, evitando la perpetua recaída en el Mismo. Se descubre en ambos poetas un yo que es vulnerabilidad, posibilidad de sufrir por otro (ser-para el otro), al mismo tiempo que se manifiesta una teología del Verbo, según la cual la Palabra se encarna en los poemas y el poeta sale de sí sin retorno sumergiéndose en el interior de este Verbo que se le revela.
Full text
349 la alteRidad eN eliot y valeNte: eN toRNo a “little giddiNg” y EL FULGOR carlos peinado elliot universidad de sevilla resumen establecemos una comparación, a partir de un análisis temático, entre el fragmento final de “little gidding” y El fulgor. tomando en consideración las diversas fuentes comunes (especialmente la mística de san Juan de la cruz) consideramos la aparición del otro en la obra de eliot y Valente junto a una subjetividad que lleva en sí la posibilidad de la relación con la trascendencia, evitando la perpetua recaída en el mismo. se descubre en ambos poetas un yo que es vulnerabilidad, posibilidad de sufrir por otro (ser-para el otro), al mismo tiempo que se manifiesta una teología del Verbo, según la cual la palabra se encarna en los poemas y el poeta sale de sí sin retorno sumergiéndose en el interior de este Verbo que se le revela. palaBras clave t. s. eliot y José ángel Valente, mística, ser para el otro, trascendencia, infinito, teología del Verbo. aBstract We set a comparison, from the tematic analysis, between the last fragment of “little gidding” and El fulgor. taking into account the common sources (especially the mysticism of st. John of the cross) we analyse the appearance of the other in the works of eliot and Valente, beside a subjectivity that carries in itself the possibility of relationship with the transcendence, avoiding the perpetual fall into the same. in both poets it is discovered an “ego” that means vulnerability, possibility of suffering for other (to be for other), at the same time that it is shown a theology of the Word by which the Word is incarnated in the poems and the poet goes out of himself without coming back, submerging himself in the inner part of this Word that is revealed to him. key words t. s. eliot and José ángel Valente, mysticism, trascendence, infinite, theology of the Word. CAUCE, Revista de Filología y su Didáctica, nº 26, 2003 / págs. 349-390
carlos peiNado elliot 350 résumé cet travail établit une comparaison entre le dernier passage de “little gidding” et El fulgor à partir d’une analyse du sujet. en vue des sources communes (en particulier le mysticisme de san Juan de la cruz) nous analysons comment le thème de “l’autre” se montre dans l’oeuvre d’eliot et de Valente à côté d’une subjectivité qui en soi-même rend possible un rapport avec la trascendence en évitant ainsi la chute éternelle dans le même. on découvre chez les deux poètes un “moi” qui est vulnérable, qui a la possibilité de subir à cause d’un autre (être pour l’autre) et au même temps on découvre la théologie du mot qui s’incarne dans les poèmes. mots-clés t. s. eliot et José ángel Valente, mysticisme, être pour l’autre, trascendence, infini, théologie du mot. como ha observado emilio barón palma, eliot fue uno de los principales maestros del llamado grupo de los cincuenta: el acto creador como extinción de la personalidad1, la invención del yo poético en el poema, la concepción de éste como objeto que se encuentra por encima de su autor, la función del crítico, la crítica a la identificación entre poesía y comunicación fueron algunos aspectos sobre los que influyó la obra eliotiana2. en 1951 se publica la primera traducción de Cuatro 1 cf. eliot (1944, p. 16; citamos esta obra por la edición conocida por Valente): lo que tiene lugar es una continua renuncia de sí mismo, tal como se es en el momento, a favor de algo más valioso. el progreso de un artista es un continuo autosacrificio, una continua extinción de la personalidad. resta definir este proceso de despersonalización y su relación con el sentido de la tradición. en esta despersonalización es donde puede decirse que el arte se aproxima a la condición de ciencia. Valente profundiza esta noción de despersonalización del poeta en su obra, uniéndose a la tradición inglesa y al propio movimiento creador de dios (Nuño, 1998, pp. 11-12): para entrar en este tema [relación entre conocimiento y palabra poética], yo me referiría a una carta de keats, escrita a richard Woodhouse, en la que dice que de todos los seres humanos, el único que no tiene identidad es el poeta. allí habla keats del chamelon poet. ¿por qué dice esto? porque el poeta tiene que operar la aniquilación de su yo, tiene que impedir que su yo se interponga entre la palabra y el universo. lo que dice keats es que el poeta tiene que vaciarse de su propia identidad, de su propio ego para hacerse transparente a lo universal, para que el universo se manifieste a través de él. ¿Qué es lo que opera el poeta? un vaciado, es decir, algo muy parecido al exilio divino del que hablaba antes. 2 cf. barón palma (1996, pp. 71-73). cf. también carme riera (1988, pp. 137-138).
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 351 Cuartetos (realizada por José gaos), que tendría una fuerte repercusión en los poetas jóvenes3. el temprano conocimiento de la obra de t. s. eliot que tuvo José ángel Valente se muestra en “estática y dinámica de la obra de arte”, artículo publicado en 1951, en el que, comentando el libro de dámaso alonso Poesía Española, destaca el carácter creador (poético) de la crítica (convicción que marcará hasta el final los ensayos de Valente, siendo difícil –especialmente en Variaciones sobre el pájaro y la red y La piedra y el centro– afirmar ante algunos de sus artículos si nos encontramos ante una obra crítica o ante prosa poética)4. en el artículo necrológico publicado en 1953 en homenaje a dylan thomas, “dylan thomas. un pensador con la sangre” (que fue escrito en colaboración con W. gordon chapman) se refleja ya su estima por la obra poética de eliot: los twenties habían producido muchas extravagancias vanguardistas, pero de ellos había salido un poeta verdaderamente serio y profundo: t. s. eliot. preocupado con los males que aquejaban a la cultura contemporánea, eliot llegó a la conclusión de que en una civilización varia y compleja como la nuestra la poesía tenía que ser forzosamente “difícil” y su lenguaje “alusivo” e “indirecto”. así, pues, su poesía fue erudita, 3 sánchez santiago (1990, p. 44): pero además hay algo que une a cernuda y a barral más de lo previsto, y es la relación de ambos con la obra de t. s. eliot, en particular con The Four Quartets. el aprovechamiento de la obra eliotiana pasa, en el caso de cernuda, por la asunción de un tono meditativo (…). 4 Valente (1951, p. 488): estudia dámaso alonso bellamente el carácter creador de toda crítica verdadera. una atenta meditación sobre el tema puede encontrarse en la Función de la Crítica, de t. s. elliot [sic], donde se alcanzan parejas afirmaciones. creo que la cualificación de la tarea crítica como menester poético es obra de los últimos tiempos. a mediados del siglo xix, Flaubert escribía: “en tiempos de la Harpe, el crítico era gramático; en tiempos de saint-beuve y de taine, es historiador. ¿cuándo será artista, nada más que artista, verdaderamente artista?” Valente contrapone en este artículo dos concepciones de la obra de arte (ibidem, p. 490): “en la primera de las actitudes referidas la obra de arte, evadida del fluir, del ir y no volver de las cosas, participa, salvando todas las distancias, de ciertos atributos divinos. en la segunda, arrebatada, de ese cielo inconmovible y exento, queda inmersa en el tráfago profundo y difícil de todo lo humano. Nuestro propósito era señalar la importancia de ambos intentos para cercar el misterio esencial de la obra de arte y, una vez hecho esto, callar meditativamente, laboriosamente, sobre ellos”. esta oposición entre eternidad y temporalidad (que no sólo incumbe al orden estético) encuentra solución tanto en eliot como en Valente en la idea de encarnación.
carlos peiNado elliot 352 compleja e intelectual y, en el peor de los casos, un juego “conceptista” (me refiero únicamente al primer eliot)5. Junto a la admiración por la obra poética de eliot, Valente expresa desde el principio la alta consideración que tiene por su teatro y sus ensayos, así como la relación íntima existente entre su reflexión crítica y su obra6, alabando su obra teatral por la fusión de poesía y drama (de modo que la poesía potencia plenamente lo dramático) así como por su “fecundo retorno a la vieja forma ritual del drama”7. durante su estancia en oxford, experimenta la huella de la obra de eliot en la poesía inglesa, superior a la de cualquier otro poeta contemporáneo8. la influencia de este autor permanece constante en la obra de Valente (acentuada por la figura de luis cernuda) ligada a tres núcleos esenciales de su obra: la unión de pensamiento y poesía, los conceptos de experiencia poética y revelación, la recuperación de la tradición. la traducción de Función de la poesía y función de la crítica por parte de Jaime gil de biedma, publicada por carlos barral en 1955, entra en la polémica abierta sobre la concepción de la poesía como comunicación, que había estallado con el artículo de 1953 de barral “poesía no es comunicación”9. el prólogo de gil de biedma se apoya 5 Valente (2002, p. 80). 6 cf. “poesía y drama. a propósito de t. s. eliot”. Valente (1953, p. 18): la justificación dramática del verso ha sido planteada no sólo históricamente, sino sobre la carne viva de su propia experiencia creadora, por t. s. eliot. el dato propio, el valor de lo personalmente logrado, es con seguridad lo que da más riqueza a la investigación del autor de “cocktail party”. eliot había tratado en más de una ocasión el problema, pero lo ha afrontado con definitiva maestría en “poetry and drama”. 7 Ibidem: consciente (…) de que la poesía dramática, si es verdaderamente tal, no responde sino a una íntima necesidad que el drama tiene de ser poéticamente expresado, eliot produce esa obra admirable que es “cocktail party”. aquí se ha procedido ascéticamente por despojo de todo elemento poético que careciese de “estricta utilidad dramática”. así, “cocktail party” se produce dentro ya de esa zona hacia la que todo teatro en verso debe tender, en que poesía y drama se confunden. porque el verso no es en el caso del teatro problema exclusivamente formal –entre otras cosas, porque los problemas puramente formales no existen en materia de creación artística– sino realización expresiva de la plenitud del drama. 8 Valente (1956, p. 6): y al reino de los hechos pertenece (…) el que la poesía de auden ejerza una amplia influencia, aunque ni esta influencia ni la de sus compañeros de generación haya desplazado la de eliot, que sigue siendo dominante. 9 sobre esta polémica, cf. riera (1988, pp. 151-162). esta autora refleja la importancia de la obra crítica de eliot en esta polémica (ibidem, p. 161):
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 353 en el ensayo al que antecede para arremeter contra esta idea de la poesía defendida por “el magisterio poético de Vicente aleixandre” y “la obra teórica de carlos bousoño”10. el poema para eliot se comunica a sí mismo (no comunica nada exterior)11, pues “lo que ha de comunicarse no existía antes de que el poema estuviese terminado”12 y, aunque se produjese la comunicación, “el poeta se dará escasa cuenta de lo que comunica”13. por ello, concluye eliot, “la comunicación no explica la poesía”14. en su prólogo, gil de biedma recoge las ideas de eliot y barral, centrando su ataque a la concepción de la poesía como comunicación, que supone que la poesía transmite unos sistemas de creencias religiosas o morales, una ideología, preexistentes al poema. en el ensayo “conocimiento y comunicación” (cuya primera versión –escrita en 1957– fue publicada en 1963 en la antología de ribes Poesía última) declara igualmente Valente que el poema explora y busca en lo oscuro, no mostrando un conocimiento previo (de hecho, se comunica al poeta en el momento de la creación) sino invitando a un proceso de indagación15. esta unidad de poesía y pensamiento se observa en el artículo “luis cernuda y la poesía de la meditación”, publicado en 1962 posiblemente, tanto barral como Jaime gil pretendían, al enfrentarse con bousoño, darse pisto, en primer lugar, en los círculos poéticos de madrid, entre los que eran prácticamente ignorados, y en segundo lugar, combatir a carlos bousoño, por el que no sentían simpatías. al oponerse a sus teorías poéticas demostraban sus conocimientos en la materia y se vinculaban a la crítica anglosajona, especialmente a eliot, su maestro. 10 eliot (1999, pp. 19-20). 11 Ibidem, p. 59: si la poesía es una forma de “comunicación”, lo que se comunica es el poema mismo y sólo incidentalmente la experiencia y el pensamiento que se han vertido en él. el poema tiene una existencia que está entre el poeta y el lector, una realidad que no es simplemente la realidad de lo que el escritor está tratando de expresar, o de su experiencia al escribir el poema, o de la experiencia del lector o del escritor como lector. consecuentemente, el problema de lo que un poema “significa” es mucho más difícil de lo que a primera vista parece. 12 Ibidem, p. 178. 13 Ibidem. 14 Ibidem. 15 Valente (1994, pp. 21-22): el poeta no opera sobre un conocimiento previo del material de la experiencia, sino que ese conocimiento se produce en el mismo proceso creador y es, a mi modo de ver, el elemento en que consiste primariamente lo que llamamos creación poética. el instrumento a través del cual el conocimiento de un determinado material de experiencia se produce en el proceso de la creación es el poema mismo.
carlos peiNado elliot 354 (incluido posteriormente en Las palabras de la tribu) y recogido con algunas variaciones en su conferencia “el sin por qué”, pronunciada el 7 de abril de 2000. pretende Valente, siguiendo la estela de cernuda16, recuperar la tradición de la poesía meditativa española17, que trata de unir pensamiento y sentimiento (obsérvese, igualmente, el concepto de experiencia que se revela en la cita de donne): recordemos aquí que, según ha explicado eliot en ensayo justamente famoso, “un pensamiento para donne era una experiencia: modificaba su sensibilidad”. y recordemos también que otras de las notas señaladas por eliot en la poesía de los metafísicos es “una aprehensión sensorial directa del pensamiento o una recreación del pensamiento en el sentimiento”18. alaba Valente la labor de recuperación de la tradición realizada por eliot19, especialmente en sus ensayos sobre los poetas metafísicos, y al 16 la influencia simultánea de cernuda y eliot se observa igualmente en otros poetas de la época (barón palma, 1996, pp. 75-76). 17 cf. Valente (1994, p. 116): la obra de los “metafísicos” –directamente y a través de su incorporación a la sensibilidad contemporánea: Hopkins, eliot, etc.– es, en cambio, una de las más importantes zonas de contacto de cernuda con lo que, según la designación unamuniana, venimos llamando poesía meditativa. en uno de los ensayos recogidos en el volumen Poesía y Literatura se pregunta cernuda si no habrá algo más que una simple afinidad fortuita entre nuestra poesía mística y nuestra poesía gongorina y el grupo de poetas metafísicos ingleses del siglo xvii: donne, Herbert, crashaw, marvell, Vaughan y traherne. 18 Ibidem, p. 117. 19 cf. la entrevista de ana Nuño al poeta (Nuño, 1998, p. 10): —¿dirías que con esos poetas latinoamericanos se produjo algo parecido a la relación que supieron establecer, en el ámbito de la poesía en lengua inglesa, eliot y pound con los poetas metafísicos, con donne, con Herbert, con crashaw? ¿y que el hecho de que su equivalente no ocurriera en españa puede haber contribuido a producir ese hiato entre los poetas españoles y cierta tradición de la poesía española? —en efecto, yo creo que eso es así, que ese fenómeno que se produjo en la poesía inglesa con ezra pound y t. s. eliot no tuvo equivalente en españa. Nosotros hubiésemos debido establecer la relación correspondiente con nuestra literatura. (…) en nosotros falta esa religación al mundo tradicional que, en efecto, eliot y pound hacen con los metafísicos ingleses. (…) en suma, no se produjo un descenso profundo a los centros de la tradición, y como no se produjo ese descenso, no hay un rebote creador, todo se queda en espuma, en la superficie. tanto en eliot como en Valente, esta centralidad de la tradición enlaza con la crítica a la noción de progreso, considerada por eliot una de las dos grandes falacias modernas (manju Jain, 1992: 49). en “la tradición y el talento individual” (1944, p. 15) niega la posibilidad de progreso en arte. según Valente (1997, pp. 35-36), “la obra individual es generada por la tradición a la que, a su vez, inflexiona, es decir, hace venir a la luz –alumbra– recargada de sentido”.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 355 mismo tiempo considera que en españa no ha tenido lugar un proceso semejante. por ello, en diversos ensayos trata de recuperar los autores que en la literatura española han fundido pensamiento y poesía. en “una nota sobre relaciones literarias hispano-inglesas en el siglo xvii”20, estudia la influencia de la literatura religiosa española en los poetas metafísicos ingleses, observando la relación entre ésta y la comunidad de little gidding (centro del último de los cuartetos de eliot)21. el interés de Valente por los metafísicos ingleses no desaparece, como se observa en su artículo de 1996 “andrew marvell en el jardín barroco”. en este trabajo, tras ensalzar el conocimiento de la tradición poética por parte de eliot22, comenta el tema del jardín en este poeta metafísico. la deuda de este artículo con el ensayo de eliot (“andrew marvell”) se observa no sólo en las citas que del mismo se encuentran en el texto de Valente, sino en los versos de marvell citados (la mayor parte de los cuales se encuentran también en el ensayo de eliot). si bien en su segunda etapa se distancia Valente de algunos de los rasgos eliotianos de su generación (como el monólogo dramático, el poema extenso o el prosaísmo), la huella de este autor permanece imborrable en su obra. podrían rastrearse diversos pasajes en los que se aluden fragmentos de la obra de eliot; así se observa en “Hojas de la sibila”, donde, como en “el entierro de los muertos” aparece una vidente, la muerte unida a las aguas y una advocación mariana23. 20 Valente (1991, pp. 133-155). 21 Ibidem, p. 144: Nadie ignora hasta qué punto los escritos de santa teresa, precisamente, fueron importantes para uno de los hombres más íntimamente vinculados al clima espiritual de little gidding: richard crashaw. Ferrar murió en 1631: en 1638, el poeta Joseph beaumont –amigo y compañero de crashaw en peterhouse– hacía oír en cambridge un ardiente elogio público de santa teresa. pero ya Ferrar mismo había traducido las ciento diez consideraciones de Juan de Valdés (precedidas de quien acaso sea, con donne, el mejor de los poetas de la escuela metafísica, george Herbert). esta última afirmación es heredera de las consideraciones críticas de eliot quien, tras considerar a Herbert un poeta menor, llegó a estimarlo superior a donne. en la citada entrevista con ana Nuño (1998: 10) insiste Valente en la relación entre los metafísicos ingleses y los autores espirituales españoles: “No hay que olvidar la influencia que tuvieron en europa determinados autores, como miguel de molinos o, antes, Juan de Valdés. este último, por ejemplo, pesaba enormemente en inglaterra, y tuvo una importancia indudable en el centro de little gidding –que es el título de uno de los Cuartetos de eliot–. 22 Valente (1996b, p. 3): “andrew marvell (…) pertenece a la línea del siglo xvii atraída hacia la sensibilidad contemporánea por ese gran entendedor de los ejes sobre los que ha girado la tradición lírica europea que fue t. s. eliot”. 23 cf. Valente (1999, p. 27):
carlos peiNado elliot 356 en el siguiente trabajo establecemos una comparación entre el fragmento final de Little Gidding (último de los cuatro cuartetos de t. s. eliot) y algunos poemas del libro de José ángel Valente El Fulgor. por las dimensiones de este estudio tendremos que limitarnos a un análisis temático, no pudiendo entrar a comparar los estilos de ambos autores. así mismo, haremos análisis en profundidad de las diferencias existentes entre ambos discursos. 1. FraGmento Final de little GiddinG este fragmento podría articularse en torno a la paradoja mística que considera la muerte (muerte del yo personal) como fuente de vida. el verso fundamental, que divide a este poema en dos partes claramente diferenciadas es la cita de The Cloud of Unknowing del verso 238: “With the drawing of this love and the voice of this calling”24. en la primera parte observamos el desarrollo de la equivalencia de muerte y principio. los dos primeros versos lo formulan de forma explícita: “What we call the beginning is often the end / and to make an end is to make a beginning”. No debemos, no obstante, entender estos versos como exposición del mito del eterno retorno ni como alusión al pensamiento de Heráclito. de hecho, y esto es algo que contrastará con la segunda parte, es importante notar cómo los verbos que señalan comienzo están en presente: “the end is where we start from”; “that is where we start”25. estos versos muestran, por tanto, no un regreso al principio sino un nuevo comienzo, el auténtico comienzo. en una reflexión clásica (que tiene su mayor desarrollo en el tópico barroco de la cuna y sepultura) el nacimiento está unido con la muerte, de modo que vivir es ir muriendo. No es extraño, pues, que eliot nombre a lo que se llama principio, fin. la muerte está presente en la vida (hacia ella se encamina en cada instante): “and any action / is a step to the block, to the fire, down the sea’s throat / or to an illegible stone”26. podríamos pensar que nos encontramos ante el ser- (…) como niños, como infantes corrimos, como niños que buscan el pecho de la madre, a la feroz mandíbula del gran procreador. con qué indiferencia dijo que había de encontrarme en las orillas o al borde de las aguas o en las santas-marías-de-la-mar. Vuelve, me dijo con ronca voz atenta a su dinero. dije que no. 24 eliot (1990, p. 158). 25 Ibidem, p. 156. 26 Ibidem.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 357 para-la-muerte heideggeriano. sin embargo, los versos anteriores se coronan a continuación con la afirmación siguiente: “and that is where we start”. el verso citado posee gran importancia, ya que señala una clara oposición entre el “seinzum-tode”, el dasein que se completa en la muerte (única posibilidad de constituirse como un todo, de cerrarse) y este ser que tiene su comienzo en una muerte que no es regreso a la nada. la muerte no sería la posibilidad más propia (nueva recaída, definitiva ya en la cerrazón del mismo –véase la relación de la muerte con el concepto de Jemeinigkeit–) sino el punto en el que comenzamos, el lugar de la trascendencia, porque supone la superación de este enclaustramiento en el mismo y una relación (un “ir hacia”) con lo auténticamente otro. esta relación, como veremos más adelante, no constituye una recaída en el yo porque es comienzo sin fin, no regreso. No hay, pues, circularidad, aunque sea circularidad no totalizada, sino apertura y comienzo. de igual modo, frente a la tesis heideggeriana según la cual la única muerte es, en cada caso, la propia (los demás “se mueren”), en eliot parece observarse una comunidad de destino entre los hombres, una imposibilidad de zafarse de la muerte del otro, pues su muerte es también la mía, al igual que su vida me concierne hasta el punto de que en ella lleva también mi vida: “We die with the dying: / see, they depart, and we go with them. / We are born with the dead: / see, they return, and bring us with them”27. estos versos parecen remitir a la vivencia de comunidad. como es sabido, eliot estuvo en little gidding y en estos versos refleja su experiencia de oración en la que se unió a la oración de los muertos de este lugar que es paradigma de la vida contemplativa: “eliot’s pentecostal poem, when it came, would record not only the private ‘glow’ that he experienced there, but his communication in prayer with the dead of little gidding”28. el ser, que se nos ha presentado como flujo (que lleva inexorablemente a la muerte) y devenir, se identifica con el tiempo. ser es temporizarse, es ser tiempo. si bien puede admitirse la influencia de Heráclito en esta afirmación, habría que matizar, como observa morris Weitz (1952, p. 142), que nos encontramos más bien ante una concepción neoplatónica: 27 Ibidem. 28 schuchardt (1993, p. 60).
carlos peiNado elliot 364 ness must grow old”; “if we do well, we shall / die of the absolute paternal care”) y se representa a cristo como el enfermero herido, que nos ha salvado mediante su propia sangre. Helen gardner (1991, p. 168)40 ha mostrado cómo la pasión, dentro de la obra estudiada, está pensada como un acto perpetuamente operativo en el tiempo, unido a la eucaristía. No es extraño, por lo tanto, que los niños se encuentren en el manzano: el pecado original sólo se supera en la cruz41 (aparece la tradicional analogía manzano-cruz). el final vuelve al principio pero es un principio distinto (la cruz es la salvación del árbol del paraíso y exige del hombre una actitud opuesta a la observada en el pasaje del génesis): el manzano se ha convertido en cruz y en ella se concluye, no en el árbol del bien y el mal. es necesario tener presente el significado del bautismo como unión a la cruz, a la muerte de cristo y, por ello, como fuente de gracia que libera del pecado. Hay que hacer constar la aparición, muy distinta, de un grupo de niños al comienzo de “burnt Norton”(con lo que se acentúa el paralelismo entre el primer fragmento de la obra y el último42 –así como las diferencias tan importantes que existen entre ellos–): se trata de unos niños excitados que no pueden contener la risa (“the leaves were full of children, / Hidden excitedly, containing laughter”). la voz de los niños en el manzano es oída a medias43. en eliot, como ha indicado donoghue (1993), la música no oída representa la 40 esta autora ha explicado el fragmento a partir de la figura bíblica del siervo de yahvé y del pasaje de la kénosis de Filipenses. retomaremos esta observación, que nos parece de gran importancia, más adelante. 41 citamos un fragmento de san Juan de la cruz (1991, ii, p. 141), autor al que eliot sigue en numerosas ocasiones, en el comentario a la estrofa del Cántico Espiritual que comienza “debajo del manzano”: así como debajo del árbol vedado en el paraíso fue perdida y estragada la naturaleza humana (el alma) en la naturaleza humana por adán, así en el árbol de la cruz fue redimida y reparada, dándole allí la mano de su favor y misericordia por medio de la muerte y pasión (…). esto es, debajo del favor del árbol de la cruz, que aquí es entendido por el manzano, donde el Hijo de dios redimió y, por consiguiente, desposó consigo la naturaleza humana, y consiguientemente a cada alma, dándole él gracia y prendas para ello en la cruz. 42 paralelismo que se observa también en el verso 252 del fragmento estudiado (“Quick now, here, now, always”), idéntico al verso 173 de “burnt Norton”, que está precedido también por la risa de los niños escondidos en los arbustos. 43 Quizá nos encontremos aquí ante la infinitud del decir, que siempre está más atrás y no puede ser atrapado. la voz no puede aprehenderse, ser reducida a un dicho establecido, por eso es oída, pero no totalmente.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 365 forma absoluta de la música. donoghue relaciona este punto con yeats aunque su precedente puede encontrarse en la “música callada” de san Juan. lo que se muestra, lo ostentado, es falso (es imagen, objeto de representación, ídolo); la voz (siempre prueba de exterioridad) es oída (no puede ignorarse) y a la vez no-oída (pues manifiesta un misterio que está detrás, que no puede ser atrapado ni violentado), pero en todo caso se revela como entrega de sí. en este momento, es necesario plantearse cuál es el principio tantas veces mencionado a lo largo del fragmento. la clave debe buscarse en las dos citas de Heráclito que encabezan la obra: to~ u lovgou d jejovnto~ xuno~ u zwvousin oiJ polloiv/ wv~ ijdivan evconte~ frovnhsin. i.p. 77. Fr. 2. ovdo;~ avnw kavtw mi‰a kai; wvnthv i.p. 89. Fr. 60. (aunque la razón es común a todos, la mayoría vive como si tuviera un pensamiento propio. el camino que sube y que baja son uno y el mismo.) morris Weitz (1952) ha señalado la cristianización de estos conceptos que ha llevado a cabo eliot, pues se trata del logos del evangelio de Juan, y por ende, del misterio de la encarnación. en Ash-Wednesday encontramos unos versos que arrojan luz sobre la palabra en eliot: “if the lost word is lost, if the spent word is spent / if the unheard, unspoken / Word is unspoken, unheard; / still is the unspoken word, the Word unheard, / the Word without a word, the Word within / the world and for the world; / and the light shone in darkness and / against the Word the unstilled world still whirled / about the center of the silent Word”44. la cita anterior se sustenta en la alusión al prólogo de Juan (Jn 1, 5: “esta luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la han comprendido”45), en el que se muestra la palabra como origen de todo lo creado (Jn 1, 1-3): “al principio ya existía la palabra, / y la palabra se dirigía a dios / y la palabra era dios: / ella al principio se dirigía a dios. / mediante ella se hizo todo; sin ella no se hizo nada de lo hecho”. creado en la palabra y por la palabra, el hombre tiene a ésta como 44 eliot (1952, p. 65). 45 citamos por la traducción de luis alonso schökel y Juan mateos, Nueva Biblia Española, madrid, ediciones cristiandad, 1975.
carlos peiNado elliot 366 su fin; de este modo, al llegar al fin regresa el hombre a su principio, encontrándose plenamente con ella46. la palabra es principio y centro. es palabra silenciosa (“unheard”, “silent” –recuérdense las voces y la fuente oídas a medias, “half-heard”–), quietud que no puede ser escuchada ni comprendida por el mundo en continuo movimiento (en el afán, la satisfacción del deseo), sólo es acogida en esa misma quietud: “Half-heard, in the stillness / between two waves of the sea”47. la palabra es entrega (“for the world”)48 hasta llegar a la muerte. Quizá a partir de aquí pueda entenderse también la segunda cita de Heráclito. ésta se ha interpretado frecuentemente como una oposición entre la vía afirmativa y la negativa. sin embargo, puede interpretarse más correctamente desde la mística de san Juan de la cruz: el abajamiento, la humildad, es el camino que nos lleva a dios (“abatíme tanto, tanto /que fui tan alto tan alto”49). así se observa en la figura de los diez peldaños50. igualmente, eliot inserta en el fragmento tercero de “east coker” los versos que escribió san Juan para el principio de la Subida51. este camino de unión con dios puede encontrar su fundamento justamente en la actuación del Hijo de dios, según la profecía del siervo (como aparece en isaías) y Filipenses 2,5-11 en los que se nos presenta el abajamiento como posibilidad de encumbramiento52. esta es la forma de llegar al principio (principio que es anterior a todo principio53): no se trata de la vuelta a un estado anterior sino de 46 así lo pone de manifiesto Juliana de Norwich. cf. schuchard (1993, p. 76): dame Julian concluyes her Revelations with a meditation on beginning and ending: “in our making we had beginning; but the love wherein He made us was in Him from without beginning. and all this shall we see in god, without end”. 47 también en El fulgor, citando el “prólogo” de Juan, aparece la encarnación de la palabra que no es acogida por el hombre. cf. Valente (1999, p. 154): “se hizo / el cuerpo la palabra / y no lo conocieron” 48 ya vimos anteriormente ese “ser para el otro”. 49 “tras de un amoroso lance”, san Juan de la cruz (1991, p. 77). 50 cf. donoghue (1993, p. 17): “the figure of the ten stairs comes from st. John of the cross (…); it sustains the Heraclitean motif of the way up and the way down”. 51 eliot (1990, p. 110): “in order to arrive at what you don’t know / you must go by a way which is the way of ignorance. / in order to posses what you do not possess / you must go by the way of dispossession. / in order to arrive at what you are not / you must go through the way in which you are not”. 52 Hay que recordar que este texto de pablo es una exhortación a la humildad de los miembros de la comunidad. eliot considera esta virtud esencial para llegar a dios (1990, p. 106): “the only wisdom we can hope to acquire / is the wisdom of humility: humility is endless”. 53 así se observa en la anterior cita de la dama Juliana de Norwich.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 367 la redención de éste mediante la salida de sí mismo en una entrega “por amor”, como dice el propio eliot. es necesario para ello llegar al estado de perfecta sencillez (“complete simplicity”) que significa vaciar el deseo de espontaneidad y libertad, convertir el sueño del deseo (risas, jardín-escenario de “burnt Norton”) en el sueño del amor54. esto sólo se consigue con la expansión del amor más allá del deseo, como se afirma en el fragmento tercero de “little gidding”: “–Not less of love but expanding / of love beyond desire, and so liberation / From the future as well as the past”. este ir más allá del deseo está relacionado con la búsqueda de una alteridad absoluta, de un otro que no pueda absorberse en el mismo: “our obligation, certainly, is to love-to love without desire (for the latter is to seek oneself in the beloved object, see st John of the cross quoted above) or i might say to love beyond desire-for such love is not effected by the mere quenching of desire”55. la forma de evitar buscarse a sí mismo en dios, nos dice san Juan en las líneas que preceden inmediatamente a las citadas por eliot, es la cruz: de donde les nace que en ofreciéndoseles algo de esto sólido y perfecto, que es la aniquilación de toda suavidad en dios, en sequedad, en sinsabor, en trabajo, (lo cual es la cruz pura espiritual y desnudez de espíritu pobre de cristo) huyen de ello como de la muerte, y sólo andan a buscar dulzuras y comunicaciones sabrosas en dios. y esto no es la negación de sí mismo y desnudez de espíritu, sino golosina de espíritu. en lo cual, espiritualmente, se hacen enemigos de la cruz de cristo (Flp. 3, 18), porque el verdadero espíritu antes busca lo desabrido en dios que lo sabroso, y más se inclina al padecer que al consuelo (…), sabiendo que esto es seguir a cristo y negarse a sí mismo, y esotro, por ventura, buscarse a sí mismo en dios, lo cual es harto contrario al amor56. mediante la cruz se vence sobre el pecado– “and all shall be well and / all manner of thing shall be well”57, el para-sí se convierte en para-otro y se abre la posibilidad de la unión: “all manner of thing shall be well / When the tongues of flame are infolded / into the crowned knot of fire / and the fire and the rose are one”. 54 donoghue (1993, p. 13). 55 citado de schuchard (1993, p. 58). 56 san Juan de la cruz (1991, pp. 87-188). 57 recordemos que se trata de una cita de la mística inglesa Juliana de Norwich que había recogido ya en la tercera parte de “little gidding”: “sin is behovely, but / all shall be well, and / all manner of thing shall be well”.
carlos peiNado elliot 368 por tanto, todo el fragmento se articula en torno a la idea de la renuncia al yo mediante la entrega absoluta, para abrirse, así, a una relación de auténtica alteridad, con un otro absolutamente otro y trascendente. el libro se configura como proceso de purgación del yo que se dispone para la contemplación unitiva del último cuarteto, en el que se revela el amor de dios. esta forma alegórica que conduce a la unión final se encuentra, como a continuación analizamos, en El fulgor. 2. el FulGor en este libro de José ángel Valente asistimos a la alegoría del cuerpo que parte en viaje amoroso tras el tú, a través de diversos momentos de iluminación. analizaremos el itinerario que lleva de la postración a la unión a través de los siguientes pasos: llamada, purificación (peregrinación y descenso a las aguas), ruptura de la inmanencia. A) Destrucción y muerte los primeros poemas de El Fulgor se encuentran marcados por la ausencia y la separación. a pesar de la presencia de la amada, en el poema i no puede producirse la unión: el ambiente está dominado por la muerte. la opresión de la sed y el calor húmedo, las arañas (símbolo opuesto al amor en Valente) hacen imposible el encuentro: “No estoy. No estás. / No estamos. No estuvimos nunca / aquí donde pasar / del otro lado de la muerte / tan leve parecía”58. se observa el comienzo de un proceso purgativo que es iniciado por la amada y que hará posible el encuentro final: pálidos caían uno a uno los muñecos abatidos del alba. acaso tú con lento amor los fueras destruyendo59. el espacio del primer poema evoca la caverna platónica: la oscuridad (“en lo gris”), la esclavitud y opresión (las arañas envuelven la voz), la irrealidad (“improbables redes”, “los muñecos abatidos del alba”), la 58 Valente (1999, p. 149). 59 Ibidem.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 369 carencia de certeza y conocimiento sobre cuanto sucede alrededor y sobre el otro (“acaso tú”). a pesar de la presencia del otro no hay comunicación ni cercanía: dominan los verbos en tercera persona, yo y tú sólo aparecen unidos por la ausencia (“No estoy. No estás. / No estamos”). la habitación aparece como espacio actual de la construcción humana, opuesto al espacio imaginario de la Naturaleza al que transporta la relación amorosa, presentándose como lugar de la separación o la soledad, pues no se ha cumplido el encuentro y la unión. el espacio cerrado simboliza el yo aislado e independiente que pretende tenerse a sí mismo. en el poema ii se observa la necesidad de purificar este yo, vaciándolo: (…) Vaciar la habitación en donde, húmedo, no visible, estuvo el cuerpo. el viento la atraviesa. se ve sólo el vacío. buscar en todos los rincones. No poder encontrarse60. como ha estudiado edward lobb en “limitation and trascendence in ‘east coker’”, la imagen de la habitación cerrada es central en toda la obra de eliot, indicando tanto la soledad de los individuos como la conciencia solipsista, y manifestando en ambos aspectos el deseo de ir más allá del sí mismo. sin embargo, estos espacios se transforman en lugares de purgación: aceptando la limitación, el yo se dispone para ser liberado por el tú de estos espacios cerrados; la revelación del otro trae consigo la luz a la oscuridad en la que el yo se encuentra sumido y lo rescata conduciéndolo a un espacio ilimitado61. tanto en los Cuartetos como en El Fulgor se observa la vía negativa, según la cual es necesario vaciar el yo para la iluminación mística: esta vía se 60 Ibidem, p. 150. 61 lobb (1993, p. 26): this, i would argue, is the central drama of the Quartets generally, and of “east coker” in particular. in theological terms, the recognition of our powerlessness enables us to accept grace and trascend our limitations; we cannot free ourselves by “thinking of the key”, but we can be freed (…). thus the enclosed and dark places in three of the Four Quartets becomes places of purgation, as in mystical literature, and lead to enlightment; the closed rooms open into visionary experience which is not finally undercut by doubt, despite the poems’ acknowledgement of the problematic nature of all perception.
carlos peiNado elliot 370 manifiesta en formas de ausencia (sequedad, oscuridad, vacío, silencio, nada). en “burnt Norton” aparecen vacíos el sendero y el estanque como símbolos de esta necesidad de purgación para llegar a la iluminación62; en “east coker” las imágenes del teatro y el metro simbolizan el vaciamiento de mente y alma. en el poema iii63 se nos presenta la situación de postración y caída que conlleva la ausencia de amor64. el derrumbe del cuerpo marca un movimiento de descenso a partir, al parecer, de una situación anterior de tensión (es posible que esto aluda a la torre de babel, es decir, al deseo de posesión que, para Valente, es lo opuesto al amor65). la ascensión sólo será posible tras un descenso que convierta esta salida no en voluntad de poder, sino en respuesta y entrega (como ya vimos en eliot): “el cuerpo se derrumba / desde encima / de sí / como ciudad roída / corroída, / muerta”. José ángel Valente66 postula la unidad de espíritu y materia, pues para él el hombre es encarnación (de ahí la importancia que tiene este misterio cristiano en su obra –de modo especial según la formulación que alcanza en el prólogo del cuarto evangelio–). el cuerpo es una unidad y por ello su derrumbe expresa el de la persona entera. todo el poema gira en torno a la destrucción y la muerte. el hombre, como cuerpo, puede ser abatido, es la vulnerabilidad misma, la posibilidad de envejecimiento y muerte. este abatimiento procede de la ausencia (fracaso, tal vez) del amor. el amor abre la posibilidad de trascendencia, de salida del mismo. sin éste, el cuerpo se encierra en sí67 (“el cuerpo / caído sobre sí”) en una especie de circularidad que no incluye nada que no sea su propio ser. 62 eliot (1990, p. 84): “so we moved, and they, in a formal pattern, / along the empty alley, into the box circle, / to look down into the drained pool. / dry the pool, dry concrete, brown edged, / and the pool was filled with water out of sunlight, / and the lotos rose, quietly, quietly, / the surface glittered out of heart of light, / and they were behind us, reflected in the pool. / then a cloud passed, and the pool was empty”. 63 Valente (1999, p. 151). 64 como afirma su verso central: “No conoció el amor”. 65 para eva Valcárcel (1989, p. 119) “la ciudad simboliza la sedentarización de los pueblos nómadas (detenerse en el camino hacia lo absoluto)”. la casa (morada, estancia), como acto de poder, como acto del yo que se impone, no deja espacio para el otro. la torre es, precisamente lo que nos defiende de lo otro que se presenta como enemigo. Valcárcel también ha vinculado la torre que aparece en el poema con su precedente bíblico, símbolo de la ascensión como poder. 66 cf. “el misterio del cuerpo cristiano”, Valente (1991, pp. 27-28). 67 Vemos también la relación con la definición clásica de pecado (“incurvatus in se”).
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 371 es la cárcel, el encierro de la mismidad. la “ausencia” de otro produce el infinito “pulular” del mismo, carente de unidad, que se deshace en una multiplicidad dispersa y desmembrada68. sólo mediante la presencia del otro es posible la condición de único, la individualidad (el poema termina, significativamente, con el verso “nadie”, que señala la falta de identidad que existe en la soledad absoluta69). pero hay una presencia de la alteridad en este poema, una posibilidad de apertura, precisamente en tanto que presenta al cuerpo como radical vulnerabilidad, como exposición. este dolor y este sufrimiento remiten a “uno en tanto que penetrado por otro”, en la imagen de la torre socavada, o de la ciudad corroída. el propio paso del tiempo refuerza la concepción de este ser (que es poder –en la torre–) corroído en sus mismos cimientos. es por esto, por la alteración en el mismo (en pleno centro de su constitución), por lo que será posible el traumatismo de la llamada del otro70. 68 esta unificación del yo por la llamada del otro se observa en el poema Vii. 69 aunque también podría entenderse aposición a los versos anteriores: “No conoció el amor. / el cuerpo / caído sobre sí / desarbolaba el aire / como una torre socavada / por armadillos, topos, animales / del tiempo, / nadie”. de cómo es el otro, el infinitamente otro el que constituye al uno y no éste el que se funda a sí mismo, da clara información un texto de “el ojo de agua” en el que comenta los versos del Cántico Espiritual en los que la amada pide ver los ojos de su amado en la fuente (Valente, 1991, pp. 80-81): la amada se constituye en su interior –entrañas– como mirada del amado. está la amada grávida de una mirada del amado. pide a la fuente que refleje no una imagen, sino una mirada. pide a la fuente que la ayude en su alumbramiento que es alumbramiento de un mirar. el alumbramiento del mirar del otro: del otro de sí, del otro que la constituye. No pide ver, pide ser vista. porque la plenitud del ser es ser plenamente en la mirada del amado. Frente a la imagen, dominio del yo a quien ésta se encuentra sometida (y recordemos también que este yo es anónimo, no es único, es, en sí mismo, sometimiento de toda individualidad) lo que pide la amada es un mirar. un mirar que la constituye y que la funda, un mirar que es exterioridad, alteridad absoluta, porque se trata de alguien que es infinitamente otro, que por lo tanto siempre escapa a toda posibilidad de ser englobado en el mismo. supone la entrega completa al otro (ser vista) dejando toda posibilidad de dominio (ver). 70 así lo ha expresado lèvinas (1995, p. 208): enfermedad, mal de carne viva, senescente, corruptible, perecimiento y podredura: (…) esta muerte sería inolvidable, irrecusable, irremisible; en la imposibilidad de disimularse uno mismo su propio morirse estriba la indisimulación misma y quizá el desvelamiento y la verdad por excelencia, lo de por sí abierto, el insomnio originario del ser; roedura de la identidad humana que no es un espíritu inviolable abrumado por un cuerpo perecedero, sino la encarnación con toda la gravedad de una identidad que en sí misma se altera.
carlos peiNado elliot 372 precisamente esta corrosión del yo por el exterior hace posible la presencia del otro. por ello, la ciudad o la casa en ruinas se convierten tanto en Valente como en eliot en símbolos de la noche oscura71. el tiempo erosiona el sujeto, vaciándolo desde su propio interior (“torre socavada / por armadillos, topos, animales / del tiempo”), para poder acoger al otro72. de esta forma muestra su condición sacrificial. el tiempo devora la morada, reduciéndola a la nada73. así se observa en la sección segunda de “little gidding”, en la que se muestra la muerte del aire, de la tierra, del agua y del fuego: “dust inbreathed was a house– / the wall, the wainscot and the mouse. / the death of hope and despair, / this is the death of air // (…) // Water and fire succeed / the town, the pasture and the weed. / Water and fire deride / the sacrifice that we denied. / Water and fire shall rot / the marred foundations we forgot, / of sanctuary and choir. / this is the death of water and fire”74. la casa en ruinas, derruida por el tiempo, es así símbolo de la purgación a que el yo es sometido para poder acoger la revelación. tanto en El fulgor como en Cuatro Cuartetos aparece el efecto destructor del tiempo, frecuentemente representado en la imagen del río que se asocia a la alegoría tradicional (la vida como camino hacia el mar75). en los fragmentos de El fulgor, la ausencia de la amada se une a la muerte, al desmembramiento de la realidad, al naufragio de cuanto existe (este último es símbolo frecuente de la noche oscura en 71 sobre este tema en Valente, cf. peinado (2002, pp. 325-334). 72 así se observa en “desde el otro costado”, poema del último libro de Valente (2000, p. 34): Ha pasado algún tiempo. el tiempo pasa y no deja nada. lleva, arrastra muchas cosas consigo. el vacío, deja el vacío. dejarse vaciar por el tiempo como se dejan vaciar los pequeños crustáceos y moluscos por el mar. el tiempo es como el mar. Nos va gastando hasta que somos transparentes. Nos da la transparencia para que el mundo pueda verse a través de nosotros o pueda oírse como oímos el sempiterno rumor del mar en la concavidad de una caracola. el mar, el tiempo, alrededores de lo que no podemos medir y nos contiene. 73 cf. la siguiente composición de “así en la tierra como en el cielo” (Valente, 2002, pp. 60-61): entre las ruinas, la vegetación delgada, delicada, traza insólitos grabados japoneses. mientras, en torno, sin piedad, el tiempo hunde los techos, cae sobre sí mismo, se devora y con él nos devora, nos deja huérfanos de toda sucesión, sin antes ni después. pregunto a quién escribo, con quién hablo, a dónde voy. ¿lo sabes? dime, ¿dónde estamos? 74 eliot (1990, p. 144). 75 cf. el fragmento xxxiV.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 373 Valente). si en el poema x la ausencia de la amada crea el vacío y une la voz del poeta a los ríos que descienden al mar76, en el fragmento siguiente la metáfora que identifica la luz con los ríos evoca la fuerza destructora del agua y el paisaje de un naufragio: No me abandones tú en los sumergidos muelles de esta anegada primavera. Hay ríos de enorme luz que arrastran los quemados baluartes del aire, lentas barcazas que naufragan, cuerpos que nunca más alcanzarán el mar77. uno de los núcleos centrales de “the dry salvages” es el poder del río (“i do not know much about gods; but i think that the river / is a strong brown god –sullen, untamed and intractable”78) que, identificado con el tiempo, destruye cuanto encuentra a su paso, arrastrando muertos: “time the destroyer is time the preserver, / like the river with its cargo of dead negroes, cows and chicken coops, / the bitter apple and the bite in the apple”79. en los dos poemarios existe una fuerte tensión entre el inexorable paso del tiempo (flujo que conduce a la muerte) y los instantes de eternidad que se revelan en el interior de la temporalidad. el símbolo de los ahogados es recurrente en la obra de eliot (como se observa en Waste Land y Four Quartets) e influye notablemente en la poesía de Valente. en él, los ahogados están presentes desde 76 Valente (1999, p. 158): extensión del vacío en las estancias del amanecer. No puedo incorporarme, cuerpo, en ti. la voz desciende muda con los ríos hacia el costado oscuro de la ausencia. 77 Ibidem, p. 159. en el fragmento xxxiii el otoño (que simboliza el fin de la vida) origina un paisaje anegado (Valente, 1999, p. 181): “ya te acercas otoño con caballos heridos / con ríos que rebasan el caudal de sus aguas, / con sumergidos párpados y vientres sumergidos / con jardines que bajan descalzos hasta el mar”. el cuerpo ha de despojarse de sí, introduciéndose en esta noche oscura, en la que sigue a la luz: “y de sí desatado el cuerpo envuelto en oros / desciende oscuro al fondo oscuro de tu luz”. 78 eliot (1990, p. 120). 79 Ibidem, p. 128. cf. también (ibidem, p. 122): “ it tosses up our losses, the torn seine, / the shattered lobsterpot, the broken oar / and the gear of foreign dead men”.
carlos peiNado elliot 380 a sí. reside aquí la diferencia entre deseo y necesidad que Valente ha señalado en numerosas ocasiones: algunos freudismos tardíos han distinguido pertinentemente necesidad y deseo. este último se sitúa siempre más acá y más allá de la demanda que, en rigor, sólo para la necesidad puede buscar respuesta apaciguante. es eterno porque es imposible de satisfacer; es insaciable y remite, una y otra vez, a lo inefable y lo inconsciente. deseo es –para lacan, por ejemplo– el deseo de deseo, el deseo del deseo del otro101. la realidad de la que es posible satisfacerse no es auténticamente otra, ya que su alteridad se reabsorbe en la identidad del poseedor o pensante que las emplea para colmar su vacío. en el fondo de la mayoría de estos deseos se encuentra la necesidad. el deseo es deseo del otro, del absolutamente otro, que, por esta condición, no puede satisfacerse. el amor es una ida sin fin, su movimiento consiste en “ir más allá de lo posible”102. es esto lo que señala el poema xxV: entrar, hacerse hueco en la concavidad, ahuecarse en lo cóncavo. No puedo ir más allá, dijiste y la frontera retrocedió y el límite quebróse aún donde las aguas fluían más secretas bajo el arco radiante de tu noche. en “Verbum absconditum”103 Valente, comentando El Cantar de los Cantares, analiza este deseo infinito (porque es deseo de lo infinito –deseo del otro–), este “sobrepasamiento sin término” (epéctasis). el poema refleja un devenir que “no es el llegar a ser, sino el estar siempre llegando a ser, sin que haya aposentamiento o sosiego en ningún estado final del proceso. el final es el comienzo”104. encontramos, por tanto, el mismo movimiento que en “little gidding” (cuya máxima prin101 Valente (1991, p. 200) 102 “la voluptuosidad comienza ya en el deseo erótico y sigue siendo, en todo momento, deseo. la voluptuosidad no viene a calmar el deseo, es este mismo deseo. por esto la voluptuosidad no es solamente impaciencia, es la impaciencia misma, respira la impaciencia y se sofoca en ella, sorprendida por su fin, porque va sin ir hacia un fin” (ibidem, pp. 270-271). 103 Valente (1991, pp. 202-220). 104 Ibidem, p. 220.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 381 cipal se repite al final de la cita anterior): no hay totalización posible sino marcha hacia el infinito. No se vuelve sobre sí, no hay regreso ni satisfacción, sino una búsqueda que es entrega absoluta al otro. El fulgor se configura como un viaje alegórico, eterno caminar del amante en busca de la amada, coronado por instantes de plenitud o éxtasis. este movimiento hacia el otro que nunca llega a apoderarse de él se manifiesta en un cambio paradójico del tiempo: éste se estira porque parece detenerse, ya que, debido a la distancia que se crea entre el amante y la amada, todo movimiento parece congelado. así se observa en el símbolo eliotiano del movimiento detenido105, la danza que es quietud106. este movimiento paradójico viene determinado por la infinitud de aquél que origina el movimiento y que es simbolizado mediante el jarrón chino107 o el punto inmóvil108. como la palabra se encuentra en el principio pero lo desborda, conduciendo hacia un futuro sin término por su trascendencia que no puede ser suprimida, el amante se encuentra ya en la meta (pues está herido y formado por la amada) pero jamás llega a alcanzarla, ya que, por su infinitud, es inabarcable y no puede poseerla. este movimiento de aproximación sin fin a la meta en la que ya se encuentra el amante se observa igualmente en la obra de Valente. en el fragmento xxV, los amantes viajan indefinidamente en el interior de la noche de la mujer, que se abre sin término a quien la recorre. la mujer aparece representada como espacio natural de proporciones maravillosas: es mar, gruta natural gigantesca, riberas, fondo de limos, vegetación, noche. igualmente, es esencial en Valente, relacionado con el deseo infinito, el movimiento paradójicamente inmóvil109, la detención del tiempo y del espacio110. 105 Ibidem, p. 114: “We must be still and still moving / into another intensity”. 106 Ibidem, p. 108. 107 eliot (1990, p. 92): “only by the form, the pattern / can words or music reach / the stillness, as a chinese jar still / moves perpetually in its stillness” 108 Ibidem, p. 86: “at the still point of the turning world. Neither flesh nor fleshless; / Neither from nor towards; at the still point, there the dance is, / but neither arrest nor movement”. 109 cf. “borde”, ibidem, p. 86: tu cuerpo baja lento hacia mi deseo. Ven. No llegues. borde donde dos movimientos engendran la veloz quietud del centro. 110 cf. el poema “espacio” (Valente, 1999, p. 87) y nuestro comentario del mismo en peinado (2002, pp. 275-281).
carlos peiNado elliot 382 el amor, por tanto, rompe la posesión111 (dominio del yo). el eros se dirige más allá, hacia lo secreto, hacia lo oculto. lo oculto está más allá de lo posible, porque es absolutamente inapresable. es este descenso a las aguas secretas, algo no-personal pero donde lo personal no zozobra, no se disuelve, el que podemos ver en los versos anteriores. el amor abre a lo que aún no es, a un tiempo nuevo (infinitamente futuro). “la demanda de deseo nos hace salir (éxtasis) del presente y nos proyecta hacia un futuro sin término”112. es el futuro de la entrega de sí, del no ser para uno mismo (retención, protensión) sino de ese escaparse (éxodo de sí) en búsqueda infinita del otro, en un abandono para el otro113. de esta forma se aclara la importancia que eliot concede (como vimos más arriba) a ese “ir más allá del deseo” como único modo de no buscarse a sí mismo en el otro. pero es necesaria una purificación del deseo para que éste no sea enmascaramiento de la necesidad; la noche oscura acerca a ese estado que eliot llama de perfecta sencillez (“complete simplicity”) y que en Valente se simboliza con la total transparencia (como en el poema xxxV), que no es inocencia sino la superación del yo (tras la muerte en las aguas tenebrosas). este estado implica una reducción, un acusativo, en cuanto que el yo se vuelve alimento, pura donación: “(…) te reduce a grano, / a grumo, a gota cereal, el pájaro / que vuela dentro / de ti mientras te vas haciendo / de sola transparencia, / de sola luz, / de tu sola materia, cuerpo, / bebido por el pájaro”114. 111 lèvinas (1977, pp. 275-276): “Nada se aleja más del Eros que la posesión. en la posesión del otro, poseo al otro en tanto que él me posee, a la vez amo y esclavo. la voluptuosidad se extinguiría en la posesión. pero, por otra parte, la impersonalidad de la voluptuosidad nos impide considerar como complementariedad la relación entre amantes. la voluptuosidad apunta, pues al otro, pero su voluptuosidad es voluptuosidad de la voluptuosidad, amor del amor del otro” José ángel Valente cita la primera de las frases anteriores de Totalidad e Infinito en “imágenes”(1996a). 112 Valente (1991, p. 201). 113 lèvinas (1994, p. 241): dicha agitación del mismo por parte del otro es lo que escande la diacronía del tiempo en su imposibilidad de terminación sobre una última sílaba cualquiera. esa escansión es la subida del tiempo hacia el infinito, la distancia del infinito, la versión hacia su altura, que es el tiempo en su diacronía. como tal, lejos de significar la corruptibilidad del ser, el tiempo significaría la ascensión hacia dios, el des-inter-és, el paso más allá del ser, la salida del “es”. 114 Valente (1999, p. 183).
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 383 No es un estado de inocencia originaria, pues el cuerpo ha pasado por la muerte. la subjetividad que aquí se encuentra no es un yo que sólo se diferencia del anterior en que se muestra puro y sin mancha, sino que se trata de un ser que no tiene retorno sobre sí, una libertad cuestionada (investida) por otro; lo primero sería una nueva recaída en el mismo pero que ahora ni siquiera tendría la limitación de una conciencia, al ser pura espontaneidad que se cree acorde con el ser. este cuestionamiento de la libertad (que ya describimos anteriormente en eliot) es el que, como ha señalado donoghue, tanto ha levantado las críticas de diversos investigadores. éstos han opuesto la postura de renuncia de eliot a la que se observa en la poesía de Whitman, ejemplo claro de un yo que no conoce límites, pura espontaneidad de acuerdo con el ser y la tierra. en Valente hemos ido caracterizando este yo que es limitado, que se somete a otro, yo que efectúa un movimiento de retracción y que no trata de abarcar ni contener a aquél que se le escapa continuamente. D) La unión es este estado de disponibilidad el que propicia la unión final. el fuego, junto a su sentido de purificación, simboliza también la pasión amorosa y en Valente (como se observa en “la memoria del fuego”115) la palabra divina. es la transparencia (o estado de desnudez) la que hace posible que las palabras se pronuncien a sí mismas, el fuego de la palabra. es el mismo símbolo que el empleado por san Juan en su “llama de amor viva”. como en ésta, la unión sólo se alcanza a través de la noche, en un incendio sin fin: “y todo lo que existe en esta hora / de absoluto fulgor / se abrasa, arde / contigo, cuerpo, / en la incendiada boca de la noche”. estaríamos, pues, ante la culminación del desinteresamiento, arder por otro infinitamente, sin posibilidad de regreso. culmina en este fragmento el largo viaje alegórico tras la luz que se había emprendido en el poemario: la aparición de la llama en el fragmento Vii, “el jugo oscuro de la luz” de la composición ix, la “súbita luz” del poema xiV, la “luz corpórea” del xV, la “cegadora claridad” del xix, el amanecer de los fragmentos xx, xxiV y xxVii, el “arco radiante” de la noche de la mujer en el xxV, el pájaro hecho “de sola luz” en el poema xxxV. 115 Valente (1991, pp. 251-257).
carlos peiNado elliot 384 igualmente, culminan en “little gidding” los instantes de revelación que se habían producido en los cuartetos anteriores: la luz en el estanque (“the surface glittered out of heart of light”116), la luz blanca quieta y móvil (“white light still and moving”117), el martín pescador suspendido en la luz (“after the kingfisher’s wing / Has answered light to light, and is silent, the light is still / at the still point of the turning world”118), el rayo de sol que despierta la risa de los niños al final de “burnt Norton”, el fuego de la destrucción (“that destructive fire / Which burns before the ice-cap reigns”119), la tiniebla de la noche oscura que es luz (“so the darkness shall be the light”120), el relámpago invernal. el último cuarteto está dominado por las imágenes de luz y fuego: si en el primer fragmento aparece constantemente la unión de nieve y luz121, la llama que es fuego de pentecostés122, el verano a cero (“zero summer”), en el cuarto fragmento desciende el espíritu con la llama incendiando cuanto existe: “the dove descending breaks the air / With flame of incandescent terror / of which the tongues declare / the one discharge from sin and error. / the only hope, or else despair / lies in the choice of pyre or pyre– / to be redeemed from fire by fire”123. el amor124, único causante de este fuego, acaba, finalmente, consumiéndolo todo: “a condition of perfect simplicity / (costing not less than everything) / and all shall be well and / all manner of thing shall be well / When the tongues of flame are in-folded / into the crowned knot of fire / and the fire and the rose are one”125. desde la primera atracción por la llamada del amor hasta la unificación final en el fuego, emplean tanto eliot como Valente la imaginería 116 eliot (1990, p. 84). 117 Ibidem, p. 88. 118 Ibidem, p. 92. 119 Ibidem, p. 104. sobre el fuego del purgatorio, cf. ibidem, p. 112: “and [i must] quake in erigid purgatorial fires / of which the flame is roses, and the smoke is briars”. 120 Ibidem, p. 108. 121 Ibidem, p. 140: “When the short day is brightest, with frost and fire, / the brief sun flames the ice, on pond and ditches, / in windless cold that is the heart’s heat, / reflecting in a watery mirror / a glare that is blindness in the early afternoon”. 122 Ibidem: “and glow more intense than blaze of branch, or brazier, / stirs the dumb spirit: no wind, but pentecostal fire / in the dark time of the year”. 123 Ibidem, p. 156. 124 Ibidem: “Who then devised the torment? love. / love is the unfamiliar Name / behind the hands that wove / the intolerable shirt of flame / Which human power cannot remove. / We only live, only suspire / consumed by either fire or fire”. 125 Ibidem, p. 158.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 385 de la luz previamente utilizada por dante (como señala eliot126); éste, en el penúltimo canto se dispone a ser unido al fulgor del amor primero (“e drizzeremo li occhi al primo amore, / sì che, guardando verso lui, penetri / quant’è possibil per lo suo fulgore”127), movido por el deseo que éste provoca128; contempla el nudo (símbolo trinitario que eliot toma de él) en el que todo lo diverso se unifica, siendo finalmente iluminado por un fulgor que le infunde el conocimiento de los misterios, mientras prosigue girando sin fin movido por el amor129. la unificación de la rosa (símbolo de la iglesia en dante130) con el fuego es reemplazada en El fulgor por la imagen del cuerpo que arde en la noche. se representa en el poemario de Valente la unificación total lograda al final del proceso contemplativo que une amor y pensamiento, reduciendo a unidad los sentidos y potencias del alma. así se observa en el comentario de unos versos de cernuda (cercanos a los de dante y eliot): “cuando en ella [en la obra] un momento se unifican / tal uno son amante, amor y amado, / los tres complementarios y antes dispersos: el deseo, la rosa y la mirada”. estamos de nuevo muy cerca de machado: “si un grano del pensar arder pudiera…” puede, en efecto, en el momento fulgurante de la unificación total131. el final de El fulgor es, precisamente, la puesta en práctica del terceto machadiano (“si un grano del pensar…): la realidad entera arde en un amor sin fin que la unifica. pero este proceso sólo tiene lugar a través del cuerpo, de la materialidad (materia-espíritu) que, a través del deseo puede unirse sin fin a lo otro. 126 eliot (1944, p. 332): en ninguna parte ha sido expresada en poesía con tal concreción una experiencia tan lejana a la experiencia ordinaria, por medio de un uso magistral de esas imágenes de la luz que son la forma de ciertos tipos de experiencia mística. 127 dante (2002, p. 529). el subrayado es nuestro. 128 Ibidem, p. 531: “e io ch’al fine di tutt’ i disii / appropinquava, sì com’ io dovea, / l’ardor del desiderio in me finii”. 129 Ibidem, p. 534: “Veder voleva come si convenne / l’imago al cerchio e come vi s’indova; / ma non eran da ciò le proprie penne: / se non che la mia mente fu percossa / da un fulgore in che sua voglia venne. / a l’alta fantasia qui mancò possa; / ma già volgeva il mio disio e ’l velle sì / come rota ch’ igualmente è mossa, / l’amor che move il sole e l’altre stelle”. 130 dante (2002, p. 519): “in forma dunque di candida rosa / mi si mostrava la milizia santa, / che nel suo sangue cristo fece sposa”. 131 Valente (2000b, p. 31).
carlos peiNado elliot 386 se corona de este modo el camino tras el otro-luz, que ha debido pasar diversos momentos de purgación e iluminación. la configuración de los poemarios es alegórica, al sustentarse en la alegoría del viaje o peregrinación hacia un tú misterioso e insondable, hacia el que eternamente marcha el yo del poema132. 3. la revelación en este camino se producen repentinas iluminaciones, hasta el punto que la repetición de estas revelaciones estructura los poemarios133. son instantes de gracia en los que lo eterno se encarna y se muestra en lo temporal, pues en ellos se repite la encarnación de la palabra134. en estos instantes de éxtasis coinciden movilidad e inmovilidad y, como acontecimiento de redención, se muestra el mundo nuevo que descubre en plenitud el antiguo, reuniendo pasado y futuro135. Valente manifiesta una concepción de la poesía como encarnación de la palabra136. ésta es la “palabra inicial que dice el principio o el origen”137, anterior e interior a todo (trascendente e inmanente al mismo tiempo138) y quien se acerca a ella tiene que “reproducir en él la 132 las reflexiones de eliot sobre la alegoría se encuentran en su artículo sobre dante. cf. eliot (1944, p. 300). 133 así lo ha observado spears brooker (1993, p. 94): this moment of sudden illumination, in and out of time, eliot associates with the Wordmade-flesh, the incarnation, and also with the word-made-art, poetry. the configuration of part and pattern, especially in these three dimensions (personal experience, religious illumination, art), emerges through repetition; the pattern is both the main subject and a major principle of form in Four Quartets. 134 eliot (1991, pp. 134-136): “but to apprehend / the point of intersection of the timeless / With time, is an occupation for the saint– / No occupation either, but something given / (…). / For most of us, there is only the unattended / moment, the moment in and out of time, / the distraction fit (…). / (…) these are only hints and guesses, / Hints followed by guesses; and the rest / is prayer, observance, discipline, thought and action. / the hint half guessed, the gift half understood, is incarnation”. 135 Ibidem, p. 88. 136 Valente (1991, p. 67): es indudable que en su amenazada naturaleza mistérica, el cristianismo fija ese instante de aparición o manifestación de la palabra espermática en el misterio de la encarnación. en definitiva, la más radical noticia que el evangelio nos da es ésta: el Verbo se hizo carne. tanto la experiencia poética como la experiencia religiosa (…) no tienen más espacio para producirse que el generado por esa palabra, son sustanciación o encarnación de ella. 137 Ibidem, p. 66. 138 Ibidem, p. 65.
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 387 fulgurante encarnación de la palabra”139. ésta se produce en momentos extáticos que transportan al hombre al centro en el que quietud y movimiento coinciden: momentos privilegiados en los que sobre la escritura desciende en verdad la palabra y se hace cuerpo, materia de la encarnación. incandescente torbellino inmóvil en la velocidad del centro y centro mismo de la quietud140. es éste el sentido de la palabra fulgor en Valente (la encarnación o revelación, su siempre misteriosa, por trascendente, aparición –señalada en el símbolo del rayo de tinieblas–) como muestra la siguiente cita de “a propósito del vacío, la forma y la quietud” que Valente había recogido en el paratexto de la primera edición de El fulgor: “sí, el fulgor; el rayo oscuro, la aparición o desaparición del cuerpo o del poema en los bordes extremos de la luz”141. el poema lleva así al origen en un acto de rememoración, como manifiesta Valente en “la hermenéutica y la cortedad del decir”, comentando unos versos de “the dry salvages”: en el tercero de sus Cuartetos, “the dry salvages”, eliot apunta en dos versos lo que podría ser en sustancia todo el progreso tanteante del conocimiento poético: “We had the experience but missed the meaning, / and approach to the meaning restores the experience”. para eliot esa experiencia restaurada en el sentido no es la de una sola vida, sino la de muchas generaciones. (…) el poema conlleva la restauración plenaria o múltiple de la experiencia en un acto de rememoración o de memoria, en el que los tiempos divididos se subsumen, pues toda experiencia así rememorada en su sentido, proyectada de una sola a muchas vidas, vuelve a urdir en potencia toda la trama de lo memorable desde su origen142. todo canto conduce al origen, al logos, lugar de la plenitud de sentido de la palabra. los versos de eliot citados por Valente remiten a la experiencia poética como revelación143. restaurar el sentido de la epifanía sólo es 139 Ibidem, p. 68. 140 Valente (1999, p. 119). 141 Valente (1997, pp. 26-27). 142 Valente (1994, p. 61). 143 eliot (1990, p. 126): “the moments of happiness –not the sense of well-being, / (…) but the sudden ilumination– / We had the experience but missed the meaning, / and approach to the meaning restores the experience / in a different form, beyond any meaning / We can assign to happiness”.
carlos peiNado elliot 388 posible a partir de la memoria, que no es sólo personal sino también colectiva (de ahí la función esencial de la tradición que se refleja en cada poema)144. esta memoria es igualmente material (como resalta Valente), pues la propia materia de la palabra (su sonoridad unida a su significado) transporta al lector al origen145. sólo a través de la memoria se recuperan los instantes de éxtasis, pudiendo ser interpretados (“only through time time is conquered”146) y encontrando en ellos lo intemporal, la Forma que traspasa lo temporal. este descenso en el interior de la palabra hasta la palabra es infinito, al igual que la búsqueda de la mujer: el descenso a la memoria, a la poesía y a la mujer coinciden en Valente147. el poeta, guiado por la palabra que se le revela, debe perderse en un viaje sin fin hacia su interior, entregándose a ella, que se le da sin descanso, pues cuanto más se le muestra su luz, más misteriosa es la noche que la envuelve. de este modo, El fulgor se configura mediante la repetición de momentos extáticos (también de retroceso en este camino de unión con la mujer) que se simbolizan en las imágenes recurrentes de la Naturaleza. los dos libros se constituyen como una búsqueda platónica: a través de la anamnesis, partiendo de momentos de iluminación, el yo es capaz de volver al origen. para ello ha de superar la noche oscura, es decir, debe introducirse en la sombra disponiéndose a morir a sí mismo para seguir marchando tras el otro. se observan importantes diferencias entre eliot y Valente: frente a la ortodoxia cristiana de eliot, Valente emplea símbolos comunes a las diversas místicas, potenciando la dimensión erótica (ausente en los Cuartetos) y material; al mismo tiempo concentra la poesía, eliminando lo accesorio hasta reducir sus 144 Ibidem, pp. 126-128: “ (…) i have said before / that the past experience revived in the meaning / is not the experience of one life only / but of many generations –not forgetting / something that is probably quite ineffable: / the backward look behind the assurance / of recorded history, the backward half-look / over the shoulder, towards the primitive terror”. 145 así lo indica eliot (1999, p. 158): (…) Jamás [arnold] llama la atención sobre ese elemento, tan esencial en poesía, que yo llamo la “imaginación auditiva”: el sentido de la sílaba y el ritmo, que cala muy por bajo de los niveles conscientes del pensamiento y la emoción, vigoriza cada palabra, bucea hasta lo más primitivo y olvidado, vuelve al punto de origen y trae algo consigo, busca el principio y el fin; ciertamente, opera a través de significados, o no sin significados en el sentido ordinario, funde lo viejo y obliterado y lo trillado; lo vulgar y lo nuevo y sorprendente, la mentalidad más antigua y la más civilizada. 146 eliot (1990, p. 88). 147 cf. Valente (1996c, p. 3).
la alteridad eN eliot y ValeNte: eN torNo a “little giddiNg” y EL FULGoR 389 fragmentos a los instantes de revelación de la palabra poética. sin embargo, ambos coinciden en una teología del Verbo que constituye la médula de sus obras: tratan de disponerse a la trascendencia de la palabra, dejando que ésta se encarne en sus versos. BiBlioGraFía BacHelard, g. (1978), El agua y los sueños, méxico, Fce. —, (1992), Fragmentos de una poética del fuego, buenos aires, paidós. Barón palma, e. (1996), T. S. Eliot en España, almería, servicio de publicaciones de la universidad de almería. donoGHue, d. (1993), “‘burnt Norton’”, en lobb (ed.) (1993), pp 1-19. eliot, t. s. (1944), Los poetas metafísicos y otros ensayos sobre teatro y religión, buenos aires, emecé editores. —, (1952), The Complete Poems and Plays, New york, Harcourt, brace and company. —, (1990), Cuatro Cuartetos, madrid, ediciones cátedra. —, (1999), Función de la poesía y función de la crítica, barcelona, tusquets editores. Gardner, H. (1991), The art of T. S. Eliot, london, Faber and Faber. Jain, m. (1992), T. S. Eliot and American Philosophy. The Harvard Years, cambridge, cambridge university press. levinas, e. (1977), Totalidad e Infinito, salamanca, ediciones sígueme. —, (1987), De otro modo que ser, o más allá de la esencia, salamanca, ediciones sígueme. —, (1993), Humanismo del otro hombre, madrid, caparrós editores. —, (1994), Dios, la muerte y el tiempo, madrid, ediciones cátedra. —, (1995), De Dios que viene a la idea, madrid, caparrós editores. loBB, e. (ed.) (1993), Words in time: new essays on Eliot’ Four Quartets, london atholone press. —, (1993), “limitation and transcendence in ‘east coker’”, en lobb (ed.) (1993), pp. 20-37. nuño, a. (1998), “el ángel de la creación. entrevista a José ángel Valente”, Quimera, 168, pp. 8-13. peinado elliot, c. (2002), Unidad y trascendencia. Estudio sobre la obra de José Ángel Valente, sevilla, alfar. riera, c. (1988), La escuela de Barcelona. Barral, Gil de Biedma, Goytisolo: el núcleo poético de la generación de los 50, barcelona, anagrama. sÁncHez santiaGo, t. y d., J. m. (1990), Dos poetas de la generación de los 50: Carlos Barral y José Á. Valente, granada, ediciones antonio ubago. san Juan de la cruz (1991), obra completa (2 vols.), madrid, alianza editorial. scHucHard, r. (1993) “‘if i think, again, of this place’: eliot, Herbert, and the way to ‘little gidding’”, en lobb (ed.) (1993), pp. 52-83.