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Esperanza y temporalidad: La Historia y el problema de la trascendencia en la filosofía de E. Bloch

Hernández-Pacheco Sanz, Javier

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ESPERANZA Y TEMPORALIDAD LA HISTORIA Y EL PROBLEMA DE LA TRASCENDENCIA EN LA FILOSOFÍA DE E. BLOCH JAVIER HERNÁNDEZ PACHECO Uno de los esul ados del ma e ialismo mode no pa ece habe sido la deshumanización del iempo, en endido como me o ámbi o de los acon ecimien os ísicos. La his o ia pie de así su in e és hu- mano, una ez que —hacia el pasado— las ideas de au o idad y adición se en despojadas de su sen ido no ma i o, y —hacia el u u o— el concep o de p oyec o ca ece ambién de sen ido más allá del ámbi o inmedia o en el que el mundo es, pa a cada uno, sensiblemen e accesible. «Pa a en onces odos cal os», «cuan la go me lo iáis», e c., son buenas exp esiones del e ane o y de la li e a u a que ponen de mani ies o es a ac i ud. Po o a pa e, es a pé dida del sen ido de la his o ia se e leja en la p opia biog a ía. Nos encon amos así con el enómeno, an desc i o, de la pé dida del sen ido de la ida. Desligada de odo sen ido no ma i o más allá de la ac icidad inmedia a de su eje - cicio, la exis encia p e ende en onces encon a jus i icación en cada uno de sus ins an es. La idea de caducidad, la expe iencia de la u- gacidad de la ida, que en los plan eamien os clásicos e a pun o de a anque pa a una acen uación del sen ido mo al de la exis encia, se con ie e aho a p ecisamen e en pun o de apoyo pa a ese desen- eno biog á ico que iene po lema: «¡a i i , que son dos días!». Pues bien, se a a de e aho a cómo es os enómenos psico- mo ales, de los que odos enemos una expe iencia más o menos ce cana, es án ligados al p oblema ilosó ico de la ascendencia, que cob a en es e con ex o aquí oda su ele ancia an opológica. Tó- picos ales como: «sin Dios la ida no iene sen ido», ienen aquí el luga de su a amien o. 87 JAVIER HERNÁNDEZ PACHECO Pe o no p e endo abo da es a cues ión en di ec o, sino en dis- cusión con el eplan eamien o de es os p oblemas que ha supues o en el ámbi o del pensamien o con empo áneo la iloso ía de E ns BLOCH. Es o pa ece in e esan e, en p ime luga po que las e le- xiones de Bloch han supues o un elanzamien o de la ieja idea clá- sica según la cual la ida es algo que iene su acabamien o, es deci , su pe ección y aquello de donde cob a su sen ido, más allá de su inmedia a dación his ó ica. Y en segundo luga po que su base i- losó ica, ligada muy es echamen e a la más es ic a o odoxia ma - xis a, lle a a BLOCH a in en a ecupe a la idea de una ealización ascenden e del homb e en la inmanencia de un mundo concebido como adicalmen e ma e ial. El concep o de un sen ido en la ida, que impone al homb e la e e encia a algo que no se ha dado, y po an o la ape u a de una dimensión ascenden e como me a de la dis ensión empo al de la exis encia; odo ello unido a una a i ma- ción adical del ma e ialismo, p oduci ía é igo a los iejos pa ia - cas, an o del ma e ialismo como de la adición clasico-c is iana. Es a p e ensión de BLOCH supone un e o a la adicional comp ensión del ma e ialismo y de la noción de ideal his ó ico, que muy bien me ece se es udiado de enidamen e. Los clásicos en endie on como i uosa esa ac i ud del homb e que se sabe en camino hacia la consecución de un obje i o, que es en endido como me a y, po an o, como no ma de ida; la co es- pondien e i ud lle a el nomb e de espe anza. Pues bien, en cons- cien e e e encia a es e plan eamien o clásico, BLOC H ha i ulado El p incipio espe anza la ob a cen al de su ida ilosó ica. Y sin emba go, odo el es ue zo eó ico de es a ob a a encaminado a sus- i ui la base clasico-c is iana desde la que se en iende eológicamen e el sen ido an opológico de es a i ud, po una base ma e ialis a, desde la que —a i ma BLOCH-— aún cabe espe anza en un mundo sin Dios. Cómo es o puede se posible es lo que in en a emos e a con inuación. Si a es o, po úl imo como homenaje en su cen ena io —que celeb amos en es e año 1985— a un au o que po su adicalidad eó ica me ece de odos el máximo espe o; y que, po habe pues o en el ape e de la discusión con empo ánea impo an es cues iones ol idadas desde an iguo, cuen a po mi pa e con la mejo de las simpa ías. 88 ESPERANZA Y TEMPORALIDAD EN BLOCH El pun o de pa ida de oda la eo ía de BLOC H es á cons i uido po lo que él denomina en la expe iencia más inmedia a del p opio i i el impulso del « oda ía-no». En e ec o, en la más elemen al e lexión sob e nues a p opia exis encia no es á nada cla o que un homb e se en ienda a sí mismo en unción de lo que ya ha llegado a se , sino, más bien, en elación con aquello que en nues- a ida es p oyec o, ambición, me a de nues o es ue zo. En de ini- i a, lo que de ine un en e no es, p opiamen e, lo que ya es, sino lo que aún no es. «S oda ía no es P», se ía, según es o, la exp e- sión co ec a de oda desc ipción e dade a. Nos encon amos aquí con ese sen imien o, an p opio de la ju en ud, que supone un e- chazo de lo dado, que se en iende como lími e de la p opia ida, como un es o bo del que hay que hui po que ep esen a una ame- naza pa a los más ambiciosos planes que se gua dan en el co azón. La esencia del i i se mues a en onces como nega i idad, insa is acción; en úl imo é mino, como algo que impide a i ma de ini i amen e la inmedia a ac icidad de ese i i en la o ma que iene aho a. Ejemplos de es a nega i idad son es ados ales como el hamb e y la sed, y en gene al odos aquellos que se mues an como conciencia de insa is acción, de al o ma que ienen de inidos, no po sí mismos sino po aquello que en ellos al a. La ida en su ac icidad inmedia a es en onces expe imen ada como ca encia. Es és a po an o una insa is acción que ya no se queda en el ago an- helo an es desc i o, sino que su ge de la negación de, o de la im- posibilidad de acep a , la ca encia conc e a; y es, po an o, la insa- is acción conc e a y de inida. Una nega i idad así expe imen ada no se queda en sí misma, sino que es en endida p ecisamen e como negación de un con enido posi i o. Pe o es p eciso en ende es o no sólo en un sen ido es ic- amen e lógico, sino como e lejo de un es ado eal en el cual los homb es «son u u o y supe an la ida que ha llegado a se eal pa a ellos. En la medida en que es án insa is echos, se conside an dignos de una ida mejo ...» En consecuencia, la ca encia es en en- dida como ausencia de algo que se busca. Po ello es a ida «nunca 1. Das P inz p Ho nung, 3 omos, F ank u a.M., pág. 1.616. Todas las ci as incluidas en el ex o, son aducciones mías del o iginal al que se hace e e encia. 89 JAVIER HERNÁNDEZ PACHECO pe manece ejiendo en sí misma. Po muy implíci o que sea su in- e io , se exp esa en que no iene lo que es suyo, sino que más bien busca ue a, pensando que iene hamb e. Y el ex e io al que acude lo subje i o, iene que se de al mane a que se deje alcanza ... Lo que no es, aún puede llega a se ; lo que se ealiza, supone lo posible en su ma e ia»2. Es in e esan e cómo conscien emen e BLOCH ecu e a las más ancias e e encias his ó icas a la ho a de p ecisa su pos u a. Po supues o a HEGEL, pe o ambién a ARISTÓTELES, y a LEIBNIZ, cuan- do és e compa a la nega i idad p opia de la exis encia al ape i o de las mónadas, po el que «al igual como en los cue pos elás icos se encie a como impulso su más amplia dimensión, del mismo modo se gua da en la mónada su es ado u u o... Se puede deci que en el alma, como en odo lo que exis e, el p esen e es á p e- ñado del po eni » 3. Es o es aho a de la máxima impo ancia pa a la comp ensión del plan eamien o de BLOCH. De inida como ausencia de algo posi i o, la nega i idad de la exis encia es al sólo en su pun o de pa ida, pe o no en aquello que la de ine. Po eso, en sí misma en un «no», cie amen e «no es algo...; pe o se di ige saliendo de sí hacia aque- llo que no iene, se pone en camino hacia su con enido» 4. Es a ne- ga i idad es en onces echazo de sí misma, y así negación de su p opia negación, y como al algo esencialmen e posi i o. «Es ca en- cia de algo y a la ez huida de esa ca encia; y así es impulso hacia aquello que le al a»5. Pe o como impulso la ida es en endida posi i amen e; iene de inida po una me a en la que esa nega i i- dad queda p ecisamen e supe ada. 2. Ibid., pág. 335. 3. LEIBNIZ, Ca a a Bayle, 1702. Después de es a ci a de LEIBNIZ con- inúa BLOCH: «De hecho el álgeb a de la e olución se hace más in eli- gible si el p esen e es á p eñado del u u o como una masa de gas comp i- mido lo es á de su mayo dimensión. Y así el amoso dicho ma xis a de que la iolencia es 'pa e a de una sociedad que es á encin a de la u u a', iene en común con el de LEIBNIZ, no sólo la imagen, sino más bien la es- e a del u u o, que al a en HEGEL» (Tübinge Einlei ung in die Phüosopbie, F ank u a.M., 1970, pág. 192). 4. TübTnge Einlei ungin die Philosophie, pág. 250. 5. Ibidem. 90 ESPERANZA Y TEMPORALIDAD EN BLOCH Y es aquí donde, unida a su mili ancia polí ica, la me a ísica gana en BLOCH ue za e ó ica: «El no a lo malo exis en e y el sí a lo bueno que se in uye, son asimilados po el que ca ece en un in e és e oluciona io. Con el hamb e empieza ya es e in e és y el hamb e se ans o ma... en dinami a con a esa cá cel que es la enuncia» b. La nega i idad, el no da se de aquello que es me a del im- pulso, en ningún momen o alsea la p oposición que ecoge como e dade o ese es ado inal en el que el deseo queda sa is echo, aun- que sea más allá del aquí y el aho a. «La ce idumb e u ópica se hace, con el daño que su e en los hechos, más p uden e..., pe o nunca queda e u ada po el me o pode de lo que es en cada caso, es deci , de lo ác ico. Po el con a io, es ella la que e u a y juzga es o..., la que p opo ciona la pau a pa a medi esa ac icidad...»7. Es p ecisamen e desde es a conciencia de lo que puede se y oda- ía no es, y p ecisamen e po que ( oda ía) no es, que es posible en ende lo dado como algo caduco, pasaje o; como algo que no iene de echo a exis i , po más que exis a. Es a con adición, en el más especí ico sen ido dialéc ico, se con ie e en ue za sub e si a que iene «como agen e obje i o en sí un e os hacia lo mejo que es á impedido»1*. Pues es a con adicción quie e se esuel a: «se a a del insopo able es ado, an emible como eliz, de no se lo que nues a na u aleza según su más eal impulso es, y de se así lo que oda ía no es»9. Lo ealmen e eal es en onces lo que, si uado en el u u o, oda ía no ha ocu ido, como es ado supe ado de las limi aciones p opias de la ida p esen e. No es ex año en onces que BLOCH se si úe muy ce ca del pensamien o clásico, al decla a que hay una e dad de las cosas más allá —en el iempo— de su ac icidad sen- sible. «Lo que el mundo es en e dad, no espec o de su esencia- e dad ác ica, sino de la no- ác ica, es deci , de la que aún no ha llegado a se , que es la única subs ancial, es o es en él un u opi- 6. Das P inzip Ho nung, pág. 84. 7. Tübinge Einlei ung in die Philosophie, pág. 96. 8. Ibid., pág. 190. 9. Ibid., pág. 138. 91 JAVIER HERNÁNDEZ PACHECO cum...»10, es deci , algo que es á (aho a) ue a del espacio y del iempo. Se a a en de ini i a, no de en ende las cosas como sen- siblemen e se dan ya, sino de encon a una espues a a la cues ión de «qué sean las cosas, los homb es, las ob as, en e dad, is as se- gún la es ella de su des ino u ópico» n. Po ello la iloso ía —pues es iloso ía es e sabe de las cosas al y como, más allá del aquí y del aho a, e dade amen e son— es «conciencia del mañana», oma de pa ido po el u u o, sabe espe anzado... Y la nue a iloso ía, al y como ha sido inaugu ada po Ma x, es... iloso ía de lo nue o, de esa esencia, aniquilado a o pleni ican e, que nos espe a a odos. Su conciencia es la abie a del pelig o y de la ic o ia que hay que log a a pa i de sus con- diciones» 12. Es a úl ima e e encia nos indica ya que malen ende íamos a BLOCH si pensásemos que se a a aquí de una me a conciencia de que las cosas pueden i mejo (en el sen ido de una me a posi- bilidad), pues o que, al y como se dan, ya son su icien emen e malas. La conciencia u ópica de la que aquí se a a es, po el con- a io, conciencia de que las cosas, en e ec o, pueden i mejo (en el sen ido aho a de la capacidad que hay en ellas, en el mundo y en el homb e, de que así sea). Aquí nos podemos e e i muy opo - unamen e a una ci a que BLOCH hace de GOETHE: «Nues os de- seos —dice— son p esen imien os de las capacidades que se encie- an en noso os; he aldos de lo que se emos capaces de log a . Lo que podemos y nos gus a ía hace se p esen a a nues a imaginación ue a de noso os y en el u u o. Sen imos nos algia hacia lo que en el ondo ya poseemos» 13. Es deci , la conciencia de nues a in- digencia es, a la ez, conciencia de que es a indigencia esul a de no posee ác icamen e lo que en esencia nos co esponde. Po ello 10. Tübinge Einlei ung in die Philosophie, pág. 226. 11. Geis de U opie, 1918, pág. 338s. (ci ado en Das P inzip Ho nung, pág. 172). C . ambién Tübinge Einlei ung in die Philosophie, pág. 170: «Si lo o malmen e co ec o ha de se anspa en e de lo e dade o, del mismo modo lo e dade o de aquello que apun a, de la endencia..., de lo u ópico esencial de una cosa». 12. Das P inzip Ho nung, pág. 5. 13. GOETHE, Dich ung und Wah hei , lib o 9, ci ado en Das P inzip Ho nung, pág. 1.172. 92 ESPERANZA Y TEMPORALIDAD EN BLOCH es a conciencia a unida a la así llamada conciencia del debe , como «misión de lucha desde lo que oda ía no exis e» 14. * * * Pues bien, iloso ía de la espe anza es pa a Bloch es e pensa- mien o que no econoce a lo ác icamen e dado el ca ác e de ul i- midad que la sensación eclama pa a ello. El mundo, al y como se da, es menos eal que lo que espe amos de él. Respec o de es e mun- do, el pensamien o se escapa más allá, al no que e , ni pode , acep- a lo como algo úl imo; y así es e pensamien o se hace iloso ía, en el sen ido más clásico del é mino, que implica e e encia eó ica al más allá. Podemos deci , po an o, que es e plan eamien o ilosó ico que hace BLOCH ha de se p o isionalmen e insc i o en el ámbi o de lo que de modo gené ico podemos denomina iloso ía de la ascen- dencia. Su e e encia, pues, a la i ud de la espe anza, no es una me a co ina de humo especula i a, sino que cons i uye, en mi opi- nión, un since o ace camien o a la adición ilosó ica clásica. Lo que hemos de plan ea nos aho a es has a dónde llega es a ap o- ximación y en qué medida cabe espe a de BLOCH una úl ima con- luencia con los undamen os úl imos de la adición. En un p ime momen o las pe spec i as no pueden se más hala- gado as pa a aquellos que se empeñan en econciliaciones. El ideal de pe ección que BLOCH plan ea como é mino inal del p oceso his ó ico en el que el mundo se desen uel e, iene odas las ca ac e- ís icas especí icas de lo que esca ológicamen e se en iende como « in de los iempos». Pues la pe ección a la que en es e p oceso el mundo iende no es una ela i a, sino aquella que se in uye como é mino, cie amen e in ini o, de odo anhelo. Además, es a pe ec- ción no se e ie e a un deseo pa icula . A mi en ende , uno de los pun os en que BLOCH mues a la impo an e dimensión de su es- ue zo especula i o, consis e en habe se dado cuen a del ca ác e in- ini o que iene la olun ad deseando. El obje o úl imo de odo 14. Tübinge Einlei ung in die Philosophie, pág. 184. 93 JAVIER HERNÁNDEZ PACHECO deseo u ópico no es á en una ecomposición del mundo pa icula - men e a o able, sino en la idea de un mundo que sea en su o a- lidad mejo que cualquie o o ac ualmen e exis en e, es deci , se a a ni más ni menos que del mejo de los mundos. La u opía se con ie e así en algo inal, en un «concep o lími e», obje o de la espe anza como «bien sup emo», que « ep esen a la egión del in úl imo del que pa icipa oda sólida p e ensión en la lucha libe ado a de la humanidad. El odo... es el no a más de aquello que los homb es en el ondo quie en» 15. Habíamos is o cómo el sen ido dialéc ico del p oceso lle aba a BLOCH a en ende la his o ia como una supe ación de lo iejo, insu- icien e, en algo nue o que, más allá de es e des ie o, se p esen aba como p omesa de pleni ud. Aho a se a a de da un paso más, pa a e cómo BLOCH en iende es e no um como un ul imum que iene p opiedades esca ológicas, como una eno ación de ini i a de un mun- do que ha de hace se, no solamen e mejo , sino ambién pe ec o. En e ec o, a i ma BLOCH, «los a ec os de espe a posi i os ( unda- men almen e la espe anza p opiamen e dicha) ienen lo pa adisíaco como lo incondicionado de su obje o in encional úl imo» 16. En de- ini i a, no hay más iun o que el úl imo que se o ece como eino a conquis a al in de los iempos, más allá de odo p esen e, pe o como lími e úl imo de la empo alidad en el u u o. El sen ido de la his o ia es pues esca ológico en su misma aíz: odo lo que ocu e cob a una signi icación que se mide po su ce canía o alejamien o espec o de esa pe ección úl ima. Escuchando a un ep esen an e de la o odoxia ma xis a habla un lenguaje que bien pod íamos pone en boca de S. AGUSTÍN, pa- ece que el pensamien o de BLOCH es ya él mismo un an icipo de esos nue os cielos y esa nue a ie a en los que la Esc i u a p o- me e que el lobo pace á jun o al co de o. Somos muy dueños de pensa al cosa, pe o no de deci que el mismo BLOCH haya dado pie pa a ello; ya que él epi e, con la mayo insis encia y cla idad que se puedan desea , que la idea de una ul imidad esca ológica, al como él la p opone, es á di igida con a odos los mi os de una 15. Das P inzip Ho nung, pág. 368. 16. Ibid., pág. 127. 94 ESPERANZA Y TEMPORALIDAD EN BLOCH ascendencia hipos asiada, y iene en el ma e ialismo a eo su úl ima condición de posibilidad. * * * No es ácil acla a es ic amen e el sen ido úl imo que BLOCH asigna al ma e ialismo. Bajo es e é mino se gua da en p ime luga sencillamen e un echazo de esa idea despec i a de u opía que, en su ca ác e abs ac o iene a se sinónimo de i ealidad, quime a, an a- sía, e c. Es p eciso dis ingui en e u opías abs ac as y aquélla que se encuen a en un conc e o p oceso de de eni . «En especial, las u opías sociales pueden se abs ac as en la medida en que su p o- yec o no es é mediado po las exis en es endencia y posibilidad so- ciales» ". Así es como las u opías se con ie en en hipós asis as- cenden es al mundo, y no en in enciones eales de ans o mación en el u u o. BLOCH se e ie e aquí sob e odo al oman icismo decimonónico, en cuyo con ex o «el ideal es aba an al o sob e el mundo que en absolu o en aba en con ac o con él, a no se en el de la in ini a dis ancia. Desde es a pe spec i a ( ales ideales) se con e ían en es ellas si uadas demasiado lejos pa a se alcanzables, y así en es ellas de eleidad y no de acción» 18. Aquí es donde el ideal se con ie e en ideología y iene sen ido la p o es a de MARX de que la lucha e oluciona ia en absolu o p e ende ealiza ideal alguno. Pe o es e echazo de ideales despegados de odo p oceso e his o ia no supone en absolu o un ecu so al ma e ialismo posi i- is a, en el sen ido de una idola ía de la ac icidad sensible; al y como se e leja, p. ej., en la desconsolado a ase de que «hay que 17. Tübinge Einlei ung n die Philosophie, pág. 95. 18. Das P inzip Ho nung, pág. 196. La ci a con inúa así: «De aquí su - gió el an asma de una me a ap oximación in ini a al ideal o, lo que es lo mismo, su desplazamien o al e e no impulso hacia él. El mundo quedaba así en su mise ia, los ideales mo ales colgaban en la lejanía celes ial, los ideales es é icos ni siquie a e an deseados, sino que se gozaba sólo de su esplando . Así de ácil es el sal o del que e in ini o a la me a con emplación; pues am- bién lo e e namen e ap oxima i o es con emplación, sólo moles ada po con- inua apa iencia de acción, que es acción po la acción». 95 JAVIER HERNÁNDEZ PACHECO ascende la impe ección p esen e en la p omesa de un eino po ealiza . La esencia de la eligión es la espe anza. Pe o no hay espe anza sin lucha conc e a po ealiza lo que es a eligión o ece como obje i o, de o a o ma se con ie e en aban- dono y desilusión. La eligión iene en onces que se supe ada en el abajo y en el es ue zo e oluciona io po ealiza la U opía. Pe o es a supe ación ya no es sup esión, sino p ecisamen e asunción, po pa e de una humanidad en lucha, de su con enido esencial, que es la espe anza de un bien o al y en odo o almen e ealizado. Es a es la he encia de la eligión, el p ecioso legado de su misma esencia, que ecoge p ecisamen e el ma xismo. El es el in de la eligión, pe o es e in no es sino su ele o: «me a eligioso sabe y conciencia del úl imo p oblema del adonde y del pa a-qué, que es el Ens p e- ec issimum»37. * * * Después de expone los pun os cen ales del pensamien o de BLOC H es aho a el momen o de en a en discusión con él pa a plan- ea nos la cues ión de su e dad. En la adicalidad de su plan eamien o, BLOCH se da cuen a en- seguida de que eL obje o cen al de odo anhelo humano es abso- lu o: el homb e lo quie e odo, pa a sí y pa a el mundo en me- diación con su p opia ida; no se con en a con un mundo mejo , sino que quie e el mejo de los mundos, con esa p esencia de odo bien y la ausencia de odo mal que en la adición eligiosa cons i- uye la u opía del Cielo; pues el Cielo es, en e ec o, ese luga ans- his ó ico, no ligado al espacio y el iempo —aquí adica su ca ác e u ópico—, que cons i uye pa a cada uno sencillamen e el colmo de la elicidad, aquella mayo que la cual ninguna o a pueda se pen- 37. Ibid., pág. 1.414. C . ambién pág. 1.413: «La exis encia de Dios... es supe s ición (Abe glaube); e (Glaube) es únicamen e la que enemos en un mesiánico Reino de Dios, pe o sin Dios. El a eísmo es en consecuencia an poco enemigo de la u opía eligiosa que cons i uye su p esupues o: sin a eísmo no hay luga al mesianismo». 102 ESPERANZA Y TEMPORALIDAD EN BLOCH sada. En su capacidad de que e , el homb e —es o lo e muy bien BLOCH— es in ini o. Vimos como uno de los pun os cen ales de la eo ía de BLOCH aquella ci a de GOETHE en la que se decía que los deseos son p e- sen imien os de nues as capacidades. Es ahí donde el deseo se ans- o ma, en la conciencia de su pode ep imido, en impulso e olu- ciona io, en ac i idad p oduc i a de la u opía a la que se di ige su anhelo. El homb e es así ue za c eado a de lo que se á su úl ima sa is acción. Pe o c eo que bas a con enuncia es o pa a que oda la eo ía de BLOCH se con ie a oda ella en a gumen o de su con- adicción. Po que es e iden e que, siendo in ini a su olun ad en- endida como anhelo, no lo es, y en absolu o, su olun ad en endida como pode . ¿Qué hacemos en onces con la u opía allí donde la us- ación se nos p esen a como un lími e absolu o de la olun ad? ¿Qué consuelo iene en el bien u u o de la humanidad la mad e que acaba de pe de un hijo, o el que su e la angus ia de un amo im- posible? Así, p. ej., econoce BLOCH que la mue e es «la más du a con- a-u opía» *. En es e sen ido es consecuen e con su plan eamien o espe anzado cuando se niega a acep a que el homb e sea de ninguna mane a un «se pa a la mue e» y que pueda habe algo así como la heidegge iana an icipa o ia decisión de mo i . Todo bien quie e e e nidad, dice ci ando a NIETZSCHE, y és e es el obje o cen al de la u opía. Pe o, ¿qué signi ica es o «si la mue e... acha la más pode osa expe ienciabilidad exis encial que es la exis encia mis- ma? Ningún enemigo es po an o más cen al que és e, y ninguno es á an ine i ablemen e apos ado». Po ello —concluye BLOCH— «en las nume osas imágenes de la supe i encia, la humanidad no sólo ha pues o de mani ies o su egoísmo y su igno ancia, sino am- bién la innegable dignidad... de no da se po con o me con el ca- dá e » 39. Pe o como única imagen de supe i encia posible en un mundo ma e ialis a, BLOCH no iene o a cosa que o ece que la usión del p opio a án con los ideales comba i os de la clase abajado a. Aquél que consigue supe a la p opia indi idualidad, el que log a 38. Ibid., pág. 1.290. 39. Ibid., pág. 1.301. 103 JAVIER HERNÁNDEZ PACHECO que su ida, en su inmedia ez pe sonal, no sea impo an e, pie de poco cuando mue e; sob e odo allí —en el hé oe ojo— donde esa mue e es se icio inmedia o a la causa socialis a. Po que —pe mí- aseme en es e con ex o la pa á asis paulina, que en absolu o es ex aña al es ilo de BLOCH— ya no es és e el que i e, sino la clase ob e a es la que i e en él; y és a iun a á en ese mañana en que espe a. Pe o en un au o de la indudable adicalidad especula i a de BLOCH hay que deci que es e a gumen o no es se io. La espe anza de i i es á indisolublemen e ligada a la a i mación absolu a de la ida, que siemp e es impo an e, y p ecisamen e en su inmedia ez pe sonal. P e ende que la ic o ia inal sea la mía, sólo po que he con ibuido a ella, es un engaño que no puede sal a el abismo que sepa a la pe sona de oda humanidad u u a, que se hace necesa ia- men e abs ac a si yo no es oy allí pa a goza con ella. Po lo demás, con es as conside aciones a mi en ende ni siquie a ocamos el pun o cen al. El p oblema de la mue e no es sólo, y quizás ni siquie a undamen almen e, el de mi p opia mue e, sino el de la mue e del o o, la de la pe sona amada. Es aquí donde se palpa el lími e de ini i o de la enuncia. ¿Quién le de uel e a una mad e iuda su hijo mue o? Cie amen e no el iun o de la e o- lución socialis a. ¡Y aún si el chico uese un hé oe ojo! ¿Pe o qué pasa si sencillamen e lo a opello un camión cuando iba a comp a la leche? Es e es el p oblema mismo de la ida, el que, si no es esuel o, la deja a ella sin sen ido y oda espe anza acía. Pe o hay o a cues ión que BLOCH esqui a de modo sis emá ico. Se a a del p oblema del pasado. El obje o de la espe anza —insis e una y o a ez— es á en el u u o. Pe o no es an ácil deci le es o a un iejo, so pena de condena le a la desespe ación; lo que se ía g a e, pues en esa ejez e mina odo ala de ju enil, cuando las cica ices de la ida, los caminos que con la mue e y la dis ancia se han ido ce ando, ya no dejan paso sino a los ecue dos. La me- mo ia es en onces el único consuelo, como ag idulce nos algia de lo bueno que se ue. Y lo que e dade amen e se desea en onces es, no se jo en, sino ol e a se lo, e i i . El cielo se piensa en onces como la ecupe ación de la ida que se ue, como pu o e-gocijo en el bien que la ida con el iempo nos obó. Pe o pa a BLOCH es la memo ia, en e a la imaginación, me a 104 ESPERANZA Y TEMPORALIDAD EN BLOCH ensión e óg ada. Aún iene sal ación si, en la conside ación de la injus icia como deuda no saldada, desemboca en el enco e olu- ciona io; pe o es es a una memo ia enga i a, que iene en el u u o, en un u ópico ajus e de cuen as, su sublimación. Po el con a io, pa a esa memo ia que, di igida a lo i emisiblemen e pe dido, se iñe del sen imien o de la nos algia, nues o au o no gua da sino el desp ecio po lo bu gués. El pasado -—insis e— no es sino pun o de pa ida del p oyec o hacia el u u o. Pe o, ¿qué ocu e si lo pasado, la in aes uc u a ma- e ial con la que —como muy bien dice BLOC H — iene que es a mediado odo deseo u ópico, no se deja amplia y se con ie e en lími e absolu o? ¿Quién no ha deseado nace ico, o no se ciego, si lo es? Deci que la ida es u u o signi ica e ec i amen e que es á a nues a disposición. El u u o es el ámbi o del cuen o de la le- che a, de un mundo que es á po c ea y del que noso os somos los au o es según el modelo de nues o in ini o deseo. Si lo eal uese u u o, y sólo eso: un oda ía no se , end ía azón BLOCH cuando dice que es amos aún an e la c eación del mundo, en el ins an e ce o del Génesis, como hacedo es de la p opia elicidad. Pe o a la leche a se le ha o o el cán a o y es o es pasado i emi- sible: se le acabó el ensueño y con él la espe anza. Podemos se lo que nos dejan, po que hay un «an es» en nues a exis encia que no se deja modela . Que el pasado exis e y que el mundo ha empe- zado a se an es de llega noso os es cie amen e una des en aja y lími e cie o a la olun ad, signo segu o de que somos ini os, de que pa imos las ados en la ca e a po la ida. Po eso BLOCH se equi oca adicalmen e en la in e p e ación, incluso me amen e an opológica, que hace de la Esc i u a como mesianismo que iene po obje o lo nue o, lo que no se ha dado. El con enido de la p omesa no es lo nue o, sino la eno ación, que no es lo mismo. El «Yo ha é nue as odas las cosas», se e ie e a lo que el homb e de ini i amen e no puede log a : ende eza lo que se o ció y, sob e odo, ecupe a la ocasión pe dida. Pode da ma - cha a ás al iempo, es deci , ol e al pun o ce o de la c eación del mundo, es e ec i amen e con enido esencial del deseo humano. Po eso la e olución socialis a —aunque uese el pa aíso en la ie- a— se queda adicalmen e co a, y no o ece espe anza alguna a quien, p. ej., sencillamen e quisie a que las cosas hubiesen salido 105 JAVIER HERNÁNDEZ PACHECO de o a mane a. Pe o aquí es á pa a el desea humano la única so- lución de su in ini o anhelo, ence ado ue a de su alcance, como sec e o del mundo, en ese a ma io del iempo que es el pasado. Es e p oblema es especialmen e in e esan e cuando el pasado no es ya la his o ia del mundo, sino la p opia his o ia pe sonal, al y como ha sido lib emen e ealizada. El lími e espec o de la p opia pe ección no es en onces el des ino, la p o idencia o la a alidad, sino el e o en sen ido mo al y el pecado en sen ido eológico. «Me equi oqué», «lo hice mal», son juicios de desap obación de la p o- pia ida, en los que uno se a epien e de se como es, de habe llegado a donde uno mismo se ha aído. Y no hay elicidad allí donde hay a epen imien o, pues uno no puede eiden i ica se con un pasado que quiso y ya no puede que e , y que sin emba go sigue es ando ahí. Es con enien e no ol ida que el sen imien o de culpa es humanamen e insupe able, si uno no enue a lo que hizo mal. Sólo hay pe dón, po o a pe sona o po noso os mismos, donde hay es i ución; y el pasado hace imposible oda es i ución. El daño que se hizo, ése, es i epa able, po que no hay a e ía que se pueda soluciona en el pasado. Po eso, donde uno se c ee pe donado, expe imen a siemp e el emendo desag ado de que oda nue a al a es eincidencia, ecibida, po sí mismo o po el o o, con el desma- yado «¡o a ez!», en el que se pone de mani ies o la imposibilidad humana de pe dona del odo. El pe dón signi ica ía « ol e a em- peza », que «ya es á ol idado», que «aquí no ha pasado nada». Pe o es o es imposible, y el a epen imien o es me o sueño, que quie e y no puede mejo a el pasado que es á ue a de su alcance. C eo que con es o queda cla o en qué sen ido sos engo que el anhelo humano en absolu o supone un p oblema que pueda se esuel o en la his o ia. Po que lo que odo homb e desea es la su* pe ación de su ini ud, y el iempo es p ecisamen e la ini ud esencial que se a a de deja a ás. Po eso la u opía, que es cie amen e el in de los iempos, no es el pun o ial de la his o ia, sino su supe ación; y iene el nomb e de e e nidad. La espe anza del hom- b e no puede se colmada en onces po écnica ni e olución alguna, sino que ha de se la eins au ación de odas las cosas en la unidad con su p opio o igen. Es a espe anza es la ida e e na, que es á como nues o in na u al más allá de las posibilidades de nues a na u- aleza, y es po an o don sob ena u al, p omesa g a ui a del Único 106 ESPERANZA Y TEMPORALIDAD EN BLOCH que puede esuci a a los mue os, pe dona los pecados y da sa- is acción al amo imposible. La u opía no es en onces la ealización «de lo posible, sino la ealidad e e na de lo que en la his o ia ni si- quie a pudo se . Es o es el cielo y su donan e es Dios. Si El no exis- e, oda espe anza es ana. 107