scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Joselito, paradigma del clasicismo

Albendea, Juan Manuel

Full text

1 ' HOMENAJE A JOSELITO Revista de Estudios Taurinos N° 2, Sevilla, 1995, págs. 13-26 JOSELITO, PARADIGMA DEL CLASICISMO Juan Manuel Albendéa Fundación de Estudios Taurinos GI 1 diccionario de la Academia en su primera acepción, del vocablo clásico lo define así: «Dícese del autor o de la obra que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier literatura o arte». Cuando don José de la Tixera escribe la Tauromaquia de Pepe Hillo, sitúa al diestro sevillano como autor de su obra. Lo mismo hace Aben- . Amar con la Tauromaquia de Paquiro. No puede seguir Gregario Corrochano similar pauta con su más emblemática obra ¿Qué es torear? porque, cuando la escribe, hace más de veinte años que Bailaor ha segado la vida de José. Pero, pese al largo tiempo trancurrido, y haber visto con su penetrante ojo crítico a muchísimos toreros posteriores, no duda en subtitular su obra con ejemplar fidelidad a una firme convicción: Introducción a la Tauromaquia de 'Joselito', o sea la plena identificación entre la preceptiva y el autor. No olvidemos que Corrochano ha sido testigo de excepción pe la paulatina maduración de la técnica en el toreo revolucionario de Juan Belmonte, del que· escribió numerosas crónicas ditirámbicas, hasta su misma retirada el año treinta y cinco. Sin embargo, cuando ha de explicar su teoría, se remonta treinta años atrás y acude a José. ¡Con la evolución que había experimentado el toreo en tan dilatado periodo! 14 Juan Manuel Albendea Pabón Predicar como paradigma del torero la figura de Joselito es fácil, si somos capaces de convenir cuáles son los factores que deben predominar en la concepción y en la ejecutbria del .torero ideal. Sin duda alguna, la primera es la vocación. Entendida, hasta tal límite, que para el sujeto la vida no tiene sentido si no es para satisfacer ese anhelo. La segunda es la dedicación plena a dicha actividad. Lo que, con neologismo en · boga, llamaríamos profesionalidad. La tercera es la ambición: . «¡Nadie me gana la pelea!». Otros factores, fundamentales también, pero más difíciles de aprehender, son la inteligencia, el valor, la estética ... La vocación en Joselito es tan profunda, está tan inmersa en su personalidad y se manifiesta tan prematura, que a los seis años. empieza a faltar al colegio de la calle Feria para refugiarse en la Huerta del Médico, en plena Barqueta, junto al río, donde los mozuelos, mayores que él, tratan de provocar la embestida de-unas vacas mansas que allí pastan a las que poder dar unos capotazos. Cuando ello no es posible, es Diana -.-·una perra de aguasla que sirve para ensayar en el paseo de La Alameda toda clase de lances. Joselito no podía ser otra cosa que torero. Juan Posada ha escrito que «Joselito, dios del Olimpo, fué enviado a la Tierra para que pusiera en vereda a los hombres que practicaban el sacrificio del toro ... » Alguien dijo de Joselito que era «el español que mejor conocía su oficio». Agustín Díaz Yanes se ha preguntado, en el número O de esta misma Revista, qué hubiera sido de la Tauromaquia sin la revolución de Belmonte. Y contesta que, probablemente, hubiera desaparecido. Y hubiera desaparecido porque con Joselito había llegado al límite de la perfección. No se podía avanzar más en el c.onocimiento de los toros ni en la ejecución de las suertes, conforme se concebía el toreo, cuando Gallito tomó la alternativa en 1912. Joselito, paradigma del Clasicismo Fig. nº 1. -Palau, G.: José Gómez Ortega «Gallito». Oleo sobre lienzo, 216 x 110 cms., Sevilla, Museo Taurino de Ja Real Maestranza de Caballería. Cartel del centenario del nacimiento de Joselito. 15 16 Juan Manuel Albendea Pabón De una vocación arraigada, en cualquier actividad, se desprende siempre un componente ético que se expresa, muy gráficafi!ente, en un término que el lenguaje social ha tomado, precisamente, del mundo de los toros: vergüenza torera. Por ejemplo, cuando Joselito va a debutar en Madrid como novillero acude a los corrales de la plaza a conocer a sus enemigos. La novillada le parece chica y, exige para lidiarla, una corrida de toros de Olea que se encuentra en un corral vecino. O se le cambia el ganado, o él no torea. Su dignidad -s u vergüenza torerano le permite presentarse ante el público madrileño con un encierro de, a su juicio, escaso trapío. En su sólo siete temporadas completas de matador de toros, Fig. nº 2.- Retrato de Joselito (Apud .: La Joselito se encerró en Lidia, nº extraordinario, 1914). veintidos ocas10nes con seis toros, y en casi todas ellas mató también el sobrero. Ese derroche de facultades y de entrega no lo consideraba un gesto. Era una actitud vital, un desbordamiento de una vocación sin límites. Jamás rehusó una ganadería por considerarla difícil. Joselito, paradigma del Clasicismo 17 Mató en su corta carrera cuarenta y tres corridas de Miura -hasta ocho en alguna temporaday no objetó nunca alternar con su principal rival, Juan Belmonte, que había trastocadp todos los cánones en los que José basaba su omnipotencia. Juntos torearon 257 tardes, más que con ningún otro diestro, lo que pone de relieve la autenticidad de una competencia sin parangón en la historia del toreo. Fig. nº 3.-Salvatella, M. S.: Gano la apu esta, Oleo sobre li enzo, 0,74 x 0,54 ms., Sevilla, Museo Taurino de la Real Maestranza de Caba ll ería. La vocación se ve, sin duda, favorecida por unas cualidades excepcionales para encauzarla. No fue Joselito un genio del toreo como Belmonte. Fue un maestro de saber enciclopédico. Saber que .más que humano; parecía de origen sobrenatural. Se Ip decía ya Corrochano en una crónica en 18 Juan Manuel Albendea Pabón 1915: «loselito, sólo Joselito nos quedó en la corrida de ayer. Desde la muerte del séptimo toro, la gente no hablaba de otra cosa, y a cada momento se producía la ovación, y apenas nos enterábamos ya de lo que pasaba. ¡Y es que no es de ayer, señores! Es una labor larga, constante, una y otra tarde, habiendo o no toro, con el manso, con el bravo, con el grande, con el chico, con todo lo que le echan por los toriles. Y las dudas se acaban y las pasiones se templan, que siempre sale valiente, siempre torero, siempre trabajador, siempre maestro; pero maestro con las arrogancias y bravuconerías de principiante, que principiante es, puesto que corre el tercer año de alternativa, que no es maestro por la edad, sino por inspiración divina». Cuando don Gregario le otorga el título de maestro, José no ha cumplido todavía los veinte años. Pero Joselito ha . nacido sabiendo. «¿Quién le ha enseñado a usted a torear? -le preguntó un día El Caballero Audaz-. Nadie -contestó JoséEl toreo no se aprende. Y o no había visto jamás un toro. de lidia, y la primera vez que me puse delante de él hice las mismas suertes qu~ hago hoy. Es una cosa especial que uno no sabe explicarse, y es que parece que ya estuvo uno en otro mundo, donde le enseñaron a torear». Habíamos convenido que la dedicación plena, el no vivir sino para la profesión, era otra característica del torero ideal, dedicación que en Joselito alcanzaba el paroxismo, como una pasión. En el campo dejaba las vacas fáciles a los de la · tapia y el se reservaba las difíciles, con las que podía aprender. Era torero en la plaza y en la calle. Súbre su atuendo -traje corto, camisa almidonada y bordada, sombrero de ala anchase expresó con rotúndidad: «El torero debe vestir siempre como-torero; lo demás son 'cursilerías y pamplinas . .. O se es torero o se es diplomático .. . ». José Joselito, paradigma del Clasicismo Fig. nº 4 .- Joselito toreando en la plaza de Talavera de la Reina el triste día de su muerte (Apud.: Carretero, 1929: 60). 19 \ 20 Juan Manuel Albendea Pabón no concebía tener un hobby, cualquier distracción. En la misma entrevista le preguntó El Caballero Audaz si le gustaba conducir autómoviles, algo novedoso en 1915 y atractivo para un muchacho de veinte años. «Sí; pero, vamos, no es una gran cosa ... Y o creo que Jos toros no me dejan a mí sítio para que me guste nada del mundo». Está claro que el toreo y el universo eran para José la misma cosa. Fig. nº 5.- Una imágen deportiva de José Gómez Ortega, Joselito el Gallo, al volante de un cabriolet (Apud .: El Ruedo, 1945, nº 41). La ambición es el tercer factor en el que -según hemos convenidoconfluyen las exigencias del torero ideal. Joselito no consentía que nadie le ganara la pelea. Para conseguirlo había que hacer un esfuerzo ciclópeo, y José lo hizo. Cuenta Corrochano que en Valencia le salió un toro que él intuyó que estaba toreado. En cuanto volvió a Sevilla pidió encerrarse con