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9 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE REVISITANDO LOS DESIERTOS: NACIÓN, TERRITORIO E IDENTIDAD EN UN VIAJE AL CHACO (1872) Deserts revisited: nation, territory and identity in a trip to the Chaco (1872) Beatriz Vitar* Resumen En este trabajo se analiza la construcción de la imagen de un territorio en el marco del proceso de formación nacional en Argentina y del fomento de la inmigración y colonización europea como vía para el dominio efectivo de las zonas indígenas aun no sometidas al control del Estado. En una coyuntura de expansión capitalista, orientada a la explotación de los recursos naturales dentro del modelo económico agro-exportador, fue clave la disponibilidad de vías interiores de comunicación, terrestres y fluviales. En este contexto se realizaron en la segunda mitad del siglo XIX una serie de viajes de exploración al Chaco, entre los que se encuentra la expedición por el río Bermejo en 1872 con el fin de estudiar su navegabilidad, dando origen al relato en el que se basa este estudio. El análisis de esta obra permite constatar el papel de la narrativa de viajes como legitimadora del proyecto estatal de consolidación territorial, bajo el lema de civilización y progreso y, asimismo, discernir el fenómeno de (re)elaboración de identidades en un espacio de múltiples confluencias étnicas a través de una estrategia discursiva cuyo fin es justificar la superioridad europea en los planes de colonización del Chaco con inmigrantes de ese origen, nuevos agentes civilizadores que sacarían a los indígenas de su primitivismo convirtiéndolos en sujetos productivos. ˂Chaco> ˂Viajes exploratorios> ˂Territorio> ˂Identidades> Abstract This paper examines the construction of the image of a territory within the framework of the process of national formation in Argentina, and the promotion of the immigration and European colonization in order to achieve the effective domain of indigenous areas not yet under the control of the State. At a juncture of capitalist expansion, aimed to the exploitation of the natural resources within the agro economic model, the availability of internal communication, land and river routes was crucial. In this context, a series of trips of exploration to the Chaco were performed in the second half of the 19th century, among which the expedition by the Bermejo River in 1872 to study its seaworthiness, lead to the story in which this study is based. The analysis of this work allows to verify the role of travel narrative as legitimizing of the State project of territorial consolidation, under the banner of civilization and progress. Besides, it permits to discern to discern the phenomenon of (re) defining identities in a space of multiple ethnic junctions. This is achieved through a discursive strategy which aims to justify the European superiority in the colonization of the Chaco plans with immigrants from that origin. These inmigrants were conceived as as new civilizing agents who would convert the primitive Indians into productive subjects. ˂Chaco> ˂Exploratory travels> ˂Territory> ˂Identities> Recibido: 01/07/2016 // Aceptado: 03/09/2016 * Doctora en Historia de América. UCM-US. [email protected]
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 10 Introducción En el siglo XIX, y en especial en la segunda mitad de esta centuria, la fiebre viajera se expandió por las zonas del territorio argentino que permanecían al margen del mundo civilizado, como el Chaco y la Patagonia. Bajo el aliento de una política orientada a la consolidación del Estado nacional y en el marco de un capitalismo en expansión se puso en marcha un conjunto de estrategias para incorporar esos --así llamados-- desiertos al ritmo de la modernidad tal como era concebida por los sectores dirigentes, erradicando la barbarie. En este proceso los viajes exploratorios realizados tanto por nacionales como por extranjeros tuvieron un papel clave a través de una prolífica narrativa (memorias, informes, relatos o diarios, entre otros), que sirvió de soporte a los objetivos de dominio territorial y sometimiento de los pueblos nativos en nombre del progreso. En ese contexto se inscribe el viaje del que trataré aquí, que constituye un claro exponente del creciente interés por las potencialidades económicas de las regiones antes mencionadas, sirviendo de acicate a las exploraciones ejecutadas por representantes de compañías privadas, hombres de ciencias (naturalistas, ingenieros, geógrafos) o militares, empresas que contaron con el auspicio de los gobiernos criollos y/o su participación directa. De acuerdo con el modelo agro-exportador que marcó las pautas del desarrollo económico en Argentina y en otras naciones del continente, la disponibilidad de vías interiores de transporte se convirtió en un imperativo de primer orden; tan crucial como la red ferroviaria fue la disponibilidad de ríos navegables, en aras del desenvolvimiento productivo de vastas zonas donde el Estado aspiraba a una posesión plena y a explotar sus recursos a través de la inmigración y la colonización europea. Un claro ejemplo de esta política fue la exploración del río Bermejo en 1872 con el objetivo de estudiar la navegabilidad a lo largo de su curso, dando origen al relato Viajes por la República Argentina. Una expedición al Chaco, obra del español César Valcárcel (Madrid, 1883).1 Este relato, en el que el autor volcó su experiencia como capitán de las fuerzas terrestres que escoltaron al vapor Leguizamón en su travesía por el río2, puede ser enfocado desde diversos ángulos, sin duda merecedores de un trabajo de mayores dimensiones, aunque por razones de espacio me limitaré a presentar algunas reflexiones surgidas tras una primera aproximación al texto, centrándome en algunos de sus muchos aspectos dignos de estudio. Por una parte, abordaré el contexto histórico en el que se realizó la expedición de 1872 y la figura de uno de sus protagonistas y autor de la citada obra; por otra, me centraré en las características de la narración y su contenido, para tratar dos problemas relevantes: la elaboración de una imagen del territorio del Chaco como espacio virgen para ser explotado –esas “inmensas soledades” o “desiertos”-- a los que 1 Esta obra se encuentra disponible en la Biblioteca Digital Hispánica: http://bdh-rd.bne.es/viewer. vm?id=0000039240&page=1, siendo este ejemplar digitalizado el que he consultado y del que han sido extraídos los fragmentos textuales citados en este trabajo, cuyas referencias a los números de páginas se corresponden con las de la fuente original. Asimismo, he modernizado la grafía, aunque los ajustes han sido mínimos debido a que se trata de un texto del siglo XIX. 2 El recorrido del Leguizamón por el río Bermejo fue a su vez objeto de otras dos memorias: Castro Boedo (1873) y Aráoz (1886).
11 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE sólo el poblamiento europeo podría sacar de su incivilidad, fiereza e improductividad, y la construcción de identidades en un escenario de múltiples confluencias étnicas. Con este fin enfocaré el análisis en los protagonistas centrales del relato: el propio autor, el francés Vernuil y su hija adoptiva, la mestiza Notaj/Diana, cuyos actos así como sus discursos auto-identitarios contienen los argumentos legitimadores de las políticas de dominio territorial y sujeción de los pueblos indígenas a los dictados de la civilización, representada por la inmigración europea. Dentro de este esquema, se rediseñó la condición ideal de los indígenas, cual era la de sujetos productivos. Si bien algunas de estas cuestiones han sido analizadas en importantes trabajos referidos a las regiones chaqueña y patagónica, el objeto de estas páginas es sumar una nueva aportación a la historiografía sobre los márgenes, aplicando otras perspectivas a su estudio en una coyuntura histórica crucial en la que se fue conformando el imaginario de una nación habitada por blancos: los herederos de los conquistadores hispanos y los procedentes de los flujos migratorios europeos, los ya asentados y los por venir. La expansión capitalista y la navegación de los ríos. La expedición al río Bermejo de 1872 La exploración de 1872 intentó hacer realidad un viejo anhelo, el estudio de la navegación del río Bermejo, cuyos antecedentes se remontan a los tiempos coloniales tardíos. Sin embargo, a diferencia de los móviles que guiaron a los gobiernos criollos, los intentos realizados desde la provincia del Tucumán en el siglo XVIII obedecieron más al interés de la comunicación entre el Alto Perú y el Río de la Plata que a la incorporación del Chaco como “área productiva” dentro de la economía regional (Lagos y Santamaría, 2008: 7). Un primer paso fue la “entrada” del gobernador Joaquín de Espinosa y Dávalos en 1759, durante la cual se navegó el Bermejo hasta unas 40 leguas antes de llegar Corrientes, interrumpiéndose el avance debido a las numerosas lagunas formadas en ese punto. Más tarde, la expedición del gobernador Juan Manuel Campero, con el auxilio del jefe mocoví Colompotoc y de varios misioneros de la Compañía de Jesús (que aspiraba a conectar las zonas misioneras bajo su jurisdicción), también arrancó del Tucumán con el objetivo de reconocer la navegabilidad del Bermejo hasta el territorio correntino. Pero esta meta quedó malograda tras ordenarse suspender la navegación y dar prioridad a la sujeción de los guaycurúes no reducidos (Vitar, 1997: 206, 210-212), repitiéndose en lo que restaba del siglo XVIII una serie de exploraciones partiendo también del oeste hacia el Litoral. Ya en la época republicana, desde 1820 y hasta los años 1860 se sucedieron otros viajes con el mismo objetivo, sin resultados satisfactorios (Lagos y Santamaría, 2008: 3). Desde mediados del siglo XIX, el Estado argentino trató de impulsar la colonización y el desarrollo productivo de los territorios que aún se hallaban fuera del control gubernamental --Chaco y Patagonia--, para lo cual era indispensable potenciar las vías de comunicación terrestre y fluvial. Con respecto a estas últimas, los principios enunciados por Juan B. Alberdi en sus Bases y puntos de partida… (1852) fueron adoptados con fervor por la clase dirigente y los sectores intelectuales y profesionales
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 12 adheridos al dogma del progreso. Por ello, no es de extrañar que en los informes sobre los viajes exploratorios al Chaco, los preceptos alberdianos brillasen con luz propia en la defensa de la libre navegación de los ríos como uno de los pilares de la prosperidad de la nación. Así lo ilustran la portadilla de la memoria de Guillermo Aráoz sobre la expedición al Bermejo de 1872, que lleva inserto un fragmento de la carta que dirigiese Alberdi a aquel autor: “No conozco industria más bella y honorable entre nosotros que la que tiene por objeto el tráfico y las vías de comunicación” (Aráoz, 1883) y, también, la exhortación a quienes conducían los destinos del país con la frase “Las vías de navegación son instrumentos de gobierno”, que encabeza el escrito del ingeniero Luis A. Huergo sobre la navegación interna en Argentina (Huergo, 1902: XI). Guiados por este espíritu los gobiernos apoyaron iniciativas privadas a fines de promover el transporte fluvial dentro del territorio. En lo que se refiere al Chaco, se trataba de habilitar la navegación de los ríos Bermejo y Salado, ambos de interés para el fomento de la colonización y la actividad productiva en la zona noroeste y noreste; con ello se allanaría la salida de productos a los mercados de consumo mediante un “tránsito rápido”, como el que se operaba a través de las “arterias principales”, los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay (Rams Rubert y Riestra, 1860: 1).3 En concordancia con estos planes, los objetivos de la expedición de 1872, fueron lograr “la fácil y positiva navegación del Bermejo, el prolijo reconocimiento de las riquezas naturales del Chaco y sus mejores puntos para colonizar y la asequibilidad de las principales tolderías de los indios para someterse a una nueva y generosa civilización” (Castro Boedo, 1873: 121). La exploración de 1872 tuvo sus orígenes en el contrato firmado por el gobierno de Domingo F. Sarmiento “con los señores Natalio Roldán y Matti” en 1869, con el fin de “verificar la navegación del río Bermejo hasta el punto de la Esquina Grande, explorando el canal del río hasta Orán o Lavallén- [e] introducir la navegación a vapor”.4 En virtud de esta concesión se constituyó en 1870 la Compañía de Navegación a Vapor del Río Bermejo, que realizó al año siguiente una expedición de doce meses con el vapor Sol Argentino, a cargo del ingeniero inglés Thomas Page y del comerciante Natalio Roldán, como representante de la Compañía (Huergo, 1902: 66-67; Castro Boedo, 1873: 118). Los malos resultados de esta primera exploración motivaron al año siguiente un segundo viaje de navegación, también dirigido por Natalio Roldán, a quien acompañaron el entonces presbítero Emilio Castro Boedo, “cronista de la expedición” (Valcárcel, 1883: 13) y el “comisario” Guillermo Aráoz, al servicio de la Compañía de Roldán (Aráoz, 1886: 6). Esta expedición, que llegó a congregar no sólo a argentinos sino también a extranjeros de distinta procedencia avecindados en el país, partió del Riachuelo en mayo de 1872 y completó su recorrido hasta unas 20 leguas al sur de Orán, retornando a Buenos Aires en abril de 1873 (Aráoz, 1886: 52-53). Según los datos proporcionados por Castro Boedo, entre los 26 miembros de la tripulación se encontraban el “práctico” español Manuel Cabo de Vila, el uruguayo Juan Barbosa 3 El afán exploratorio no se circunscribió al Chaco sino que se extendió también a la zona patagónica, promoviendo las exploraciones y estudios del río Negro (Huergo, 1902: VI). 4 Asimismo, mediante el contrato firmado en 1869 el gobierno otorgó a los concesionarios tierras en propiedad y una subvención por cada viaje realizado por el río. Más detalles en Huergo (1902: 66-68).
13 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE (segundo comisario), un maquinista inglés y dos “empleados” de Roldán: un hijo de Barbosa, y Miguel Raimundín, “español de conducta recomendable” (Castro Boedo, 1873: 120). A las órdenes de Roldán se hallaba nuestro cronista, César Valcárcel, en calidad de capitán de las fuerzas que, en prevención de ataques indígenas, escoltaron por tierra al vapor Leguizamón en su derrotero fluvial. El “pequeño” ejército de Valcárcel estuvo integrado por “cincuenta soldados elegidos”, entre los cuales iban lenguaraces (conocedores de la lengua toba) y algunos “baqueanos” en el Chaco; otros miembros de la expedición terrestre fueron el teniente Sandoval5 (“segundo” de Valcárcel); el sargento Decker, de origen alemán; un “curandero italiano que se hacía llamar doctor”6 y algunas mujeres de soldados, encargadas del servicio de “ambulancia” (Valcárcel, 1883: 10-11). Curiosamente, tanto en la crónica de Castro Boedo como en la de Aráoz, no existe ninguna referencia a Valcárcel ni al ejército bajo sus órdenes. Con relación a las etapas del itinerario7, Valcárcel no aporta una relación clara y precisa, haciendo solo referencia a los lugares de acampada de su ejército en las cercanías de la laguna de los Correntinos y del arroyo de San Lorenzo, tributario del Bermejo, al paso por la isla de Ñacurutú8 (Valcárcel, 1883: 10-11) y, desde este punto -intermediando un largo paréntesis para narrar diversos sucesosa la llegada a las cercanías de Lacangayé (emplazamiento de la antigua misión San Bernardo) después de ocho días de marcha (Valcárcel, 1883: 12). Desde este punto Valcárcel se trasladó a Rivadavia (Salta), de donde continuó rumbo a la capital de esta provincia para luego regresar a Buenos Aires, culminando así su viaje. En definitiva, la exploración de 1872 no dio los frutos esperados debido a las dificultades para la navegación del río, entre ellas su lecho arenoso, como lo destacaba Valcárcel (1883: 20), además de los problemas técnicos del vapor y de las inundaciones que “malograron” las obras de canalización (Aráoz, 1886: 52-53). No tuvieron mejor suerte las expediciones realizadas con posterioridad, llegándose a fines del siglo XIX sin haber superado los escollos con los que se enfrentaron los ensayos anteriores. Tras la fracasada tentativa del empresario inglés Leach en 1899, “el resultado final fue convencerse de la innavegabilidad del Bermejo” (Lagos y Santamaría, 2008: 9) pero, como señalan estos dos autores, no sólo “la naturaleza del río hizo su parte” sino también los intereses de las compañías ferroviarias, por la competencia que pudiera ofrecer el transporte fluvial (Lagos y Santamaría, 2008: 13-14). Como colofón a esos sueños de progreso y modernización, hoy quedan los restos de un “barco varado en el monte” en la localidad de Rivadavia (Salta), “expresión inmóvil de declinación y abandono” (Gordillo, 2015: 25-55). 5 Este “joven oficial argentino” era hijo del coronel Sandoval, “explorador del Chaco y jefe militar que había sido de aquellas fronteras” y de él Valcárcel (1883) apunta en nota al pie: “Fantaseado este personaje, cambiamos su nombre verdadero” (p. 40). 6 Más adelante, Valcárcel alude a este italiano como el “Dr. Remini”. 7 Para una información detallada sobre los hitos de la exploración de 1872, véase Castro Boedo (1873) y Aráoz (1886). 8 En este punto del itinerario, la expedición de Valcárcel iba adelantada con respecto a la travesía por el río: “[…] andábamos siempre cuatro horas más que el vapor, que seguía los movimientos de los de tierra” (Valcárcel, 1883: 11).
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 14 El relato de César Valcárcel sobre su experiencia chaqueña En lo que se refiere a la trayectoria vital de este militar-viajero, casi todo son conjeturas, ya que no se dispone sino de las pocas referencias que brinda el propio relato de Una expedición al Chaco, más algunos indicios que ofrecen otras obras del mismo autor9. Valcárcel era español y natural de Orense, Galicia10 y, “por una de esas circunstancias de la vida, que no son del caso referir aquí” --según indicaba al inicio de su texto-- se hallaba “al servicio de la República Argentina, sirviendo bajo sus banderas en la clase de capitán” (Valcárcel, 1883: 10), concretamente en el “batallón de infantería 3° de línea del Ejército de la República” cuando comenzó a planificarse el viaje por el Bermejo en el que acabaría participando. En cuanto a los motivos que le llevaron a dejar su país natal con una mano atrás y otra adelante, sólo al final de la narración desvela que fueron de índole política: “Yo había llegado pobre a América, impelido por la política de la madre patria” (Valcárcel, 1883: 75), pero sin mencionar la fecha de su llegada a Argentina. Atendiendo a estas razones, es probable que hubiese abandonado España tras la Revolución de 1868 (la “Gloriosa”); o bien que emigrase antes, en algunos de los contingentes migratorios que se asentaron en el país a partir de 1850 (provenientes del norte español: Galicia, Asturias, País Vasco11) y que al igual que tantos otros se enrolase como soldado, buscando en el servicio militar una vía de sustento (De Cristóforis, 2008: 120). Como el mismo Valcárcel explicaba en su libro, tras poner “en juego” todas sus relaciones había logrado que se le confiase la dirección del ejército que acompañó a la expedición fluvial de 1872, empeño al que le movería, tal vez, la posibilidad de un ascenso en su carrera militar. Las recomendaciones conseguidas de cara a alcanzar el “codiciado mando” de esas tropas, explicarían sus muestras de agradecimiento al principio y al final de la obra: “Yo he contraído una sagrada deuda de gratitud con la República Argentina”, reza en la dedicatoria de su libro a Bernardo de Irigoyen12, quien podría haber sido una de las personas que intercedieron a su favor. Asimismo, una de las frases con las que cerraba su relato permiten confirmar que fue este en sí mismo la forma de corresponder a tales atenciones, declarando haber procurado “nada más, que pagar una deuda de gratitud”; lo cual, dicho sea de paso, le permitía excusarse por el poco cuidado puesto en la “parte literaria” (Valcárcel, 1883: 10, 78). Aunque no lo decía de modo explícito, en definitiva el favor recibido quedaba compensado con una obra que 9 Hasta el momento, las indagaciones sobre la figura de César Valcárcel han sido infructuosas, aunque es probable que otra de sus obras (Impresiones de viaje desde la Península hasta Buenos Aires…, de 1882) que no ha sido posible consultar aún, pueda aportar mayores datos. Por lo demás, este autor ni siquiera es mencionado en las otras dos memorias referidas a la expedición (Castro Boedo, 1873 y Araóz, 1886). 10 En un pasaje de la narración, y a propósito de describir una pesadilla, viéndose amenazado por todo tipo de peligros, el autor no pudo menos que recordar a su madre y la casa familiar en Orense, “entre las riberas del [río] Miño” (Valcárcel, 1883: 13). El origen orensano del autor no se revela sino al final del relato (p. 77). 11 Entre otros trabajos sobre la inmigración española en Argentina, véase Fernández y Moya (1999) y, en relación con la emigración gallega en particular, la obra colectiva coordinada por Núñez Seixas (2001). 12 Ministro de Interior bajo la presidencia de Julio A. Roca y uno de los fundadores de la Unión Cívica Radical.
15 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE daría a conocer en Europa los afanes civilizadores del gobierno argentino, mostrándolo como adalid de la lucha contra la barbarie, además de difundir el promisorio horizonte que aguardaba a quienes se decidiesen a emigrar. Esto también le habría inducido a modelar su obra pensando en un público europeo: “Como se imprime en Madrid, es más que posible que se lea más aquí, que del otro lado del Atlántico” (Valcárcel, 1883: 62). No era la primera vez que el autor de Una Expedición al Chaco se embarcaba en empresas de este calibre, pues aseguraba haber participado con anterioridad en “las más recientes expediciones hechas por hijos del país”, como las del teniente coronel Napoleón Uriburu (comandante de las fronteras de Salta), la del alemán Francisco Host “y otros” (Valcárcel, 1883: 10). Una vez llegado con su ejército a las cercanías de Rivadavia, Roldán le comunicó a Valcárcel la orden de retornar a Buenos Aires para informar al Gobierno de los incidentes del viaje y de su relevo por las fuerzas al mando de los citados Uriburu y Host, que habían partido de Salta a su encuentro (Valcárcel, 1883: 36); tal orden le provocó cierto desencanto, puesto que considerándose “uno de los exploradores de estos países”, iba a marcharse de ellos “con mucha gloria, pero tan pobre como antes” (Valcárcel, 1883: 36). Desde Salta, emprendió su regreso a Buenos Aires, donde dio por concluida su “comisión ante el Gobierno”, obteniendo luego su baja del ejército no sin antes haber sido “emplazado” por Luis María de Campos, “coronel, inspector general de armas”, para escribir sus memorias sobre la expedición (Valcárcel, 1883: 77). No resulta aventurado pensar que a través de la difusión de su crónica chaqueña en Europa Valcárcel llegase a obrar, en cierto modo, como un agente de colonización --a semejanza de aquellos que reclutaban inmigrantes en el viejo continente--, como lo sugieren los discursos con tintes propagandísticos a favor de la inmigración europea; una especie de captación literaria --valga la expresión-- de emigrantes, quienes, una vez en Argentina, tendrían allanado el camino hacia el Chaco por medio del transporte a vapor. En este orden de cosas, es factible que a través de los comentarios de un personaje de la narración sobre el canal de navegación y de riego por él construido en las proximidades de sus Estados --como llamaba Valcárcel a la “colonia” creada por el francés Vernuil13--, el autor abrigase el propósito de promover el negocio de la compañía privada de vapores que navegó el Bermejo en 1872: “[…] aquí, donde tanta agua sobra, el camino más natural [y más barato] es el canal de navegación, no el ferrocarril”, expresaba el colono, mencionando expresamente en otro pasaje del texto a la Compañía de Roldán, que ofrecería un “transporte seguro” a la producción de los pueblos que llegaran “a constituirse definitivamente en el Chaco” (Valcárcel, 1883: 35, 43). Concluida su misión, Valcárcel pasó unos días de ocio en Buenos Aires en compañía de Vernuil y de su hija adoptiva, incluyendo paseos por la ciudad y la asistencia a una función en el Teatro Colón, entre otras actividades recreativas (Valcárcel, 1883: 75-76). No tardaría nuestro autor en embarcarse rumbo a Lisboa, travesía que duró cerca de un mes; desde la capital portuguesa y al cabo de tres días de viaje llegó el 13 Valcárcel (1883: 28). El autor utiliza este término y también otros como “territorios” o “tolderías” (setenta en total) para aludir al poblado establecido por Vernuil en torno a la Laguna de las Perlas.
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 16 19 de septiembre de 1874 a su tierra natal, Orense, “una de las cuatro provincias del antiguo reino de Galicia”, recibiendo al día siguiente un telegrama --reproducido en el relato-- de su amigo Vernuil, a la sazón también en Europa tras abandonar su “colonia” chaqueña. Con posterioridad nuestro autor se habría radicado en Madrid, introduciéndose en medios literarios como lo evidencian los nombres de escritores que redactaron el prólogo y la dedicatoria de una de sus obras posteriores. En 1882 vio la luz un primer libro de su autoría, titulado Impresiones de viaje desde la Península hasta Buenos Aires, con la descripción del periplo que lo llevó a Argentina, editando al año siguiente el relato de su viaje de 1872, Una Expedición al Chaco, aunque parte de su contenido lo había ido volcando por entregas en publicaciones tales como La Ilustración Militar, La América, La Gaceta Internacional de París “y otros muchos periódicos”14 (Valcárcel, 1883: 77). Años después publicó en la Habana la tercera de sus obras conocidas: Del natural. Novela de costumbres contemporáneas (1888)15, con prólogo de Aniceto Valdivia, quien, por cierto, resaltaba el mérito de la narración a pesar de “ciertos descuidos de estilo que a trechos la sombrean” (Valcárcel, 1888: 7). Esta novela, que el autor dedicó al conocido escritor vallisoletano Gaspar Núñez de Arce (ibídem, pp. 5-6)16, estaba inspirada en hechos de la vida real y su precio de venta fue de “medio peso” (igual coste que el de su libro anterior, Una Expedición al Chaco), conforme indica la portada. La mencionada dedicatoria a Núñez de Arce está firmada en la Habana (marzo de 1888), pudiéndose colegir que Valcárcel había realizado una nueva emigración --quizá destinado como militar-- hacia la Cuba aun bajo dominio español, en búsqueda de nuevos horizontes, aventuras y “emociones”, como solía repetir en su relato. Murió en 188917, posiblemente en la isla caribeña. El relato: promesas de un horizonte paradisíaco en las soledades del Chaco En primer lugar y como antes apunté, Una Expedición al Chaco representaría la materialización de una deuda de gratitud de su autor por la confianza en él depositada como capitán del ejército de tierra en la exploración de 1872. Considerando este cometido, la obra ostenta algunos de los rasgos que caracterizan las memorias redactadas por exploradores y/o comisionados del gobierno con el fin de informar sobre las vías de comunicación dentro del territorio argentino, con las consabidas referencias históricogeográficas y de tipo “etnográfico” y sobre los recursos naturales, sobresaliendo, en especial, el discurso justificativo de los planes gubernamentales para civilizar el Chaco, 14 De entre los periódicos señalados por Valcárcel, sólo he podido hallar referencias sobre La Ilustración Militar, que comenzó a publicarse en 1880. Algunos ejemplares del siglo XX se encuentran disponibles en la Hemeroteca Digital Hispánica: http://hemerotecadigital.bne.es/details.vm?q=id%3A0003854579. [Consulta: 13/05/2016]. 15 Esta obra también se encuentra disponible en la Biblioteca Digital Hispánica: http://bdh-rd.bne.es/ viewer.vm?id=0000102465&page=1 [Consulta: 13/05/2016]. 16 La novela lleva prólogo del “distinguido periodista y literato” Aniceto Valdivia (1857-1927), conocido también por su seudónimo, Conde de Kostia. Estudió desde joven en Madrid, donde residió hasta los años 1880 (Depestre Catony, 2009). 17 Fecha obtenida en la página Web de la Biblioteca Nacional de España, aunque no se consigna la de su nacimiento. Véase: http://datos.bne.es/persona/XX1472195.html [Consulta: 25/04/2016]
17 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE repoblándolo con inmigrantes europeos. No obstante, la obra de Valcárcel no constituye en sentido estricto una crónica de viaje, ya que carece de una descripción cronológica de los hitos del itinerario y de las incidencias puntuales habidas en cada uno18; de todo esto Valcárcel habla muy poco, mencionando apenas los sitios de algunas paradas de su ejército. Por otra parte, los datos técnicos referidos a la navegación por el Bermejo, salvo la referencia a la avería sufrida por el vapor Leguizamón, tampoco son del tenor de los proporcionados (como es de esperar) por las crónicas de Castro Boedo y Aráoz, ambos a bordo de aquella embarcación. Más bien los inconvenientes mecánicos sufridos por el vapor y que obligaron a suspender la marcha, propiciaron el detenimiento del autor en la narración minuciosa de otros acontecimientos, tales como el incendio en el monte provocado por un grupo de indígenas, episodio del que salieron ilesos los expedicionarios (Valcárcel, 1883: 12). Como relato de viaje, el libro de Valcárcel presenta otros elementos que caracterizan este tipo de literatura: las descripciones del medio natural, la incorporación de anécdotas y datos de color local, la intertextualidad, las miradas sobre la alteridad (comprendiendo esta no sólo el mundo nativo) y su derivado, las (re)definiciones identitarias. A medida que nos adentramos en el texto se suman ingredientes singulares y de peso que dificultan el encasillamiento de la obra en una tipología concreta (crónica, libro de viajes o memorias, entre otras formas narrativas), aunque tales ingredientes van a la postre en la misma dirección que los demás componentes y, por tanto, no invalidan el carácter apologético de la obra acerca de los beneficios de la inmigración europea y de la superioridad de este componente humano para hacer del Chaco un mundo civilizado y productivo, en consonancia con los fines de control de los territorios salvajes. Me refiero, en concreto, a la introducción de una trama novelesca a partir de la irrupción en el relato del francés Mr. Vernuil (constructor del todavía menos creíble “palacio” en las selvas y jefe de una próspera colonia de “tolderías” tobas, donde todo era orden y civilización) y de su hija adoptiva, la mestiza Notaj/Diana. Emerge aquí la faceta de relato novelado de un viaje, con el aditamento de una historia sentimental: un triángulo amoroso del que forman parte la mestiza, el oficial Sandoval y el doctor Remini (ambos miembros de la expedición de Valcárcel), situándose al margen el autor, a pesar de haber caído él también en las redes seductoras de la joven. Al final del texto justificará esos deslices fantasiosos en aras de abarcar un público más amplio con una obra divulgativa, pero sin apartarse del leit motiv de la narración; así, y a propósito de la muerte del naturalista Jules Crevaux en el Chaco19 y tras destacar “tan sensible 18 En un estudio sobre los Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, su autora destaca que “en el género cronístico predomina la narración de una serie de hechos con la finalidad de mostrar la mejora o el empeoramiento del héroe” (Borrero Barrera, 2000: 201). A pesar de carecer de un desarrollo cronológico preciso y detallado del itinerario, en el caso estudiado aquí en cierta manera se cumple esa transformación del protagonista (héroe) del relato, en cuanto a las circunstancias que marcaron su experiencia en el Chaco, como luego se verá. 19 Creveux perdió la vida en 1882, durante una misión científica en el Chaco. Los tobas, chorotes y tapietés fueron acusados de ser los responsables de su muerte así como la de todos los miembros de su equipo (véase al respecto: Arce Birbueth, 2003: 17). Por su parte, Valcárcel (1883: 78), al comentar este suceso, lo achacaba en parte a la “imprudente confianza” de Creveaux, fruto del desconocimiento de la peligrosidad
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 24 (Fernández, 2008: 14, 38). En ese mundo heterogéneo34 que aflora en el relato, si bien los discursos de Vernuil y Valcárcel se complementan en cuanto a delimitar sus respectivos rasgos nacionales, en ellos aflora además cierto sentimiento de pertenencia a una patria grande, Europa, de cara al propósito de justificar su superioridad y la necesaria presencia de sus gentes para civilizar el Chaco. Así parecen confirmarlo las palabras de Vernuil, al invitar a Valcárcel a una estancia en sus tolderías, “pues sabréis cosas muy curiosas y de grande utilidad para nuestra querida patria” (Valcárcel, 1883: 23). Un militar español en el Chaco Como yo narrador, la propia figura del autor suscita variadas interpretaciones, en cuanto al manejo de estrategias discursivas para trazar su perfil identitario, que construye también con las opiniones vertidas por otros con quienes interactúa. En primer lugar, cabe destacar su condición de español, embarcado en la exploración de un territorio indígena sobre el que se proyectaba la imagen de salvaje y hostil, en función de su legendaria resistencia al dominio colonial. Frente a la otredad el autor se erige en observador crítico aunque también él era en sí mismo un otro, tanto como representante de la sociedad hegemónica como por su estatus de extranjero en Argentina y al mismo tiempo sirviendo en su ejército. De modo singular, en este viajero español renacía la conciencia de un pasado de conquista y posesión de América: “El imaginario del viaje de descubrimiento-conquista tenía mucho que ver con unos mitos colectivos, el exotismo, el sueño colonial, el imperio, y con los sueños de unos individuos, los grandes viajeros” (Augé, 2006: 13). Cabe suponer que, no siendo oriundo del país, la experiencia del viaje sumergió de lleno a Valcárcel en un proceso de reafirmación identitaria, en el que pesaba el influjo del imaginario peninsular sobre el mundo americano. En los umbrales de su aventura en un territorio que sus antepasados no habían logrado someter, Valcárcel parecía empeñado en reeditar la gesta de los descubrimientos, llegando a equiparar su expedición con el viaje de Colón y, más aún, a un querer ponerse en la piel de los conquistadores más nombrados. A punto de partir al Chaco, no pudo dejar de recordar “una fecha memorable para España y América; el 3 de agosto de 1492, en el puerto de Palos, habiendo tenido también nosotros otros zumbones y miserables que nos dirigían sangrientos epigramas” (Valcárcel, 1883: 3), disparándose su imaginación al punto de soñar, además, “con el ataque de mil o más indios, con Hernán Cortés y sus héroes legendarios” (Valcárcel, 1883: 10). Valcárcel va desgranando sus señas de identidad a lo largo del relato, resaltando la índole de su “naturaleza”, hecha de una “imaginación exaltada” y amante de “las emociones y lo desconocido”, que le hacían experimentar de antemano “la emoción del ataque de una manada de tigres, y qué sé yo cuántas cosas más, que mi calenturienta 34 En la expedición de 1872, fuera de los nombrados expresamente, con seguridad participarían otros extranjeros, ya fuese como integrantes de la tripulación del vapor Leguizamón o bien de la soldadesca conducida por Valcárcel. En un pasaje del texto el autor aludía a la nacionalidad de un miembro de su ejército, pero sin darle nombre propio: “Entre nuestros soldados había un italiano que tocaba el acordion [sic] y los dejó [a los indígenas] maravillados” (Valcárcel, 1883: 19).
25 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE imaginación fabricaba” (Valcárcel, 1883: 10). Este discurso presenta ciertas connotaciones que denotan el poso de lecturas y de figuras literarias convertidas en un mito nacional. En esta línea, habría una cierta identificación con el Quijote, una asociación entre los valores que movían las acciones del caballero de la Mancha y los atributos con los que Valcárcel iba diseñando su propio personaje. Parte de su idiosincracia eran virtudes tales como la valentía, la heroicidad y el honor, que sacaba a relucir en la narración de episodios dramáticos, como un ataque de fieras en las cercanías de Lacangayé, al que hizo frente para preservar la vida de sus hombres: “Por encima de mi vida estaba el honor […]. A medida que arreciaba el peligro, adquiría mayor presencia de ánimo. […] ¡Qué emociones! Mi naturaleza española estaba satisfecha” (Valcárcel, 1883: 1213). Tal vez entre esas “emociones” que esperaba de su viaje se hallaba una aventura amorosa, de la que asoma un primer atisbo en el encuentro con unos grupos tobas dando lugar al escarceo con una “joven india”, a la que regaló “un espejo de bolsillo”. El episodio, reducido a un par de diálogos y al intercambio de dones, era rematado con los pormenores de la despedida, momento en el que la mujer le obsequió una ramita de nardo encargándole que no la botase, “[…] porque sería botarme a mí”; recomendación a la que respondía el viajero: “Adiós, querida chinita, le dije enternecido señalando el cielo; Tatá35 quiere que nos separemos” (Valcárcel, 1883: 19). El conocimiento posterior de la mestiza Notaj/Diana tendría otros ribetes, por las circunstancias que más adelante señalaré, aunque en el hipotético romance de Valcárcel con esta mestiza sus expectativas resultarán frustradas, quedando como el héroe fracasado en la búsqueda del amor36. El autor puede ser analizado también a través de la percepción que los otros tienen de él, en concreto Vernuil y su hija (representando ambos la voz misma del narrador), cuyos comentarios sobre los españoles completan el perfil identitario de Valcárcel quien, a su vez, incorporaba una dosis de autocrítica sin llegar a velar las bondades nacionales: “El español --le expresaba Vernuil--, si tiene vicios incorregibles, en cambio tiene virtudes verdaderamente legendarias; es noble, franco, generoso…” (Valcárcel, 1883: 36). Por otra parte, las circunstancias vitales del autor lo colocaban en una situación ambigua, que bien sintetizaba al presentarse al colono francés37: “Yo también soy extranjero hasta cierto punto […]. Soy español de nacimiento; de aficiones americano, y más que americano, argentino” (Valcárcel, 1883: 20). Frente a otro europeo la visión del proceso independentista del continente, le serviría para defender, como se diría hoy, la “marca” España: “Una emancipación sangrienta nos ha separado de esta parte del mundo, que solo el genio español supo conquistar para la civilización” (Valcárcel, 1883: 51). Una sentencia que no excluía la mirada condescendiente y paternalista hacia los argentinos, esos “hijos impacientes” (Valcárcel, 1883: 20) que 35 En cursiva en el original. 36 Sobre el sentimiento del amor asociado a los viajes, en especial los realizados por mar, Alicia Schniebs apunta que: “[…] la relación entre viaje y pasión es casi tan vieja como la literatura occidental que no necesita demostración, pues basta recordar qué hecho desencadena la travesía de los griegos hacia Troya” (Schniebs, 2008: 120). 37 Al presentarse a Vernuil, Valcárcel decía haberlo hecho en francés, aunque en el texto sus palabras figuran en español.
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 26 rompieron los lazos con la metrópoli, afluyendo una vez más la exaltación de las virtudes nacionales al manifestar a Diana que España sería siempre “la madre cariñosa de sus hijos rebeldes de ayer”. Palabras a las que respondía aquélla: “Era necesario que de un pecho español salieran tan nobles palabras” (Valcárcel, 1883: 51-52). Asimismo, la pobreza en la que Valcárcel se halló al final de sus días en Argentina, sobrellevando la situación con estoicismo, también le ayudó a configurar otra faceta del personaje construido sobre sí mismo, ya que ante sus reticencias --por una cuestión de “honor”-- a aceptar el dinero ofrecido por Vernuil para remediar sus penurias, este le respondió: “No seáis español a lo Quijote” (Valcárcel, 1883: 76). En otro orden de cosas, el compromiso ideológico del autor con el proyecto liberal de la época es algo patente en la narración, aunque ello no invalidaba el ejercicio crítico sobre la ineficacia de las políticas seguidas por los gobernantes argentinos --que hacía extensibles al periodo hispánico-- con relación a los indígenas del Chaco: “[…] unos ni otros no tienen nada que echarse en cara”, puesto que “sus reducciones38 y sus fortines, o no llenaban por completo su objeto, o los dejaban expuestos al primer empuje de estos hombres primitivos” (Valcárcel, 1883: 31). Al mismo tiempo, el pasado criollo inmediato es condenado como oscurantista, con referencia a las “dictaduras” de Francia en Paraguay y de Rosas en el Río de la Plata; en este sentido, el discurso del autor es previsible, dado su carácter de “comisionado” de un gobierno cuyo proyecto simbolizaba el triunfo sobre el rosismo. En cuanto a la visión del territorio, la obra de Valcárcel está hecha a imagen y semejanza de los informes sobre otras expediciones al Chaco, manifestando plena sintonía con los objetivos civilizadores del Estado argentino, toda una garantía de seriedad para los emprendedores e inversionistas del viejo continente. Las alusiones a los “tiranos” de un pasado histórico reciente, los “Nerones y Calígulas de los tiempos modernos”, daban pie al autor para denostar su antieuropeísmo, pues “retrajeron de una manera notable la cooperación que hoy se le pide a Europa” (Valcárcel, 1883: 51). El discurso misógino acompaña a las diatribas contra los “dictadores” hispanoamericanos; la condena a los tiranos se hacía extensiva a sus esposas así como a algunas figuras femeninas de las luchas independentistas, con el rechazo implícito a la injerencia femenina en espacios reservados a lo masculino. Véanse por ejemplo los comentarios sobre la peruana Cipriana Latorre de Vivanco, cuyas artes seductoras, decía Valcárcel, habían provocado el vuelco de las tropas enemigas a favor de su esposo o el párrafo dedicado a otras mujeres, como “[…] la señora de Gamarra, en el Perú mismo, y Elisa Linch en el Paraguay, y Manuelita la hija de Rosas, que han sido otras tantas matronas que dispusieron á su antojo de los destinos de un pueblo, teniendo por única ley el capricho” (Valcárcel, 1883: 51). La cuestión de la inmigración y colonización europea para modernizar el Chaco, que ocupa gran parte del relato, demuestra la plena identificación de su autor con el proyecto político argentino y con los principios rectores del liberalismo económico. Como destaca De Cristoforis (2010: 117), “los viajeros también se convertían en engranajes de la reproducción ideológica del sistema socio-económico al que pertenecían: el capitalismo 38 Véase también la crítica a la obra misionera en el Chaco en Castro Boedo (1872: 262).
27 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE en expansión”. Así, el relato transmite sin ambages los dictados del capitalismo que, en aras del aprovechamiento productivo de los territorios indígenas, abogaba por el “buen trato” a estos últimos, argumento sostenido de modo unánime por Valcárcel, Vernuil y Castro Boedo. Al respecto, resultan acertadas las observaciones de Pratt (2011), quien aplica la idea de “anticonquista” al discurso de los libros de viajes más modernos (a partir del siglo XVIII), donde emerge el uso de “estrategias de representación por medio de las cuales los miembros de la burguesía europea tratan de asegurar su inocencia al mismo tiempo que afirman la hegemonía y la superioridad europea” (p. 35. Subrayado añadido). Los comisionados del gobierno argentino también actuaron movidos por ese espíritu, enfatizando en la benevolencia de una política disfrazada de asistencialismo que venía a suplantar el requerimiento compulsivo de los tiempos coloniales, como queda muy bien reflejado en el exhorto dirigido por Castro Boedo a los “indios amigos del Chaco” a oír el mensaje del presidente argentino que, enterado “de lo pobrecitos” que estaban, había enviado esa expedición para ayudarles a conseguir una vida mejor (Valcárcel, 1883: 16). La pobreza, igual que en los tiempos hispánicos, era el caballito de batalla para legitimar los propósitos de dominación. Otros aspectos de interés en cuanto a las pautas culturales que delimitaban fronteras nacionales pueden encontrarse en cuestiones relacionadas con la vida cotidiana durante la expedición de 1872. En el plano de la gastronomía, por ejemplo, Valcárcel trazaba la diferencia entre las costumbres alimenticias españolas y las argentinas (en ocasión del “festín” organizado después de haber vencido el peligro del incendio en el monte) debido a la falta de legumbres, un ingrediente habitual en la dieta española e “imposible de todo punto de proporcionárnoslas sin acudir a las reservas de a bordo [del vapor Leguizamón], […] pero por otra parte, el argentino se pasa bien sin ellas y nosotros nos contentamos con una ensalada de pimientos de Calahorra”39 (Valcárcel, 1883: 15). Asimismo, para festejar a la tropa durante un descanso, la preparación de una paella que, “aunque es plato nacional en España, es importado, como nuestro idioma y costumbres, en el pueblo argentino” (ídem), también daba pie para incidir en el legado español, esta vez en lo culinario. En este plano, están presentes los tópicos sobre la cultura francesa, por la que el autor no ocultaba su admiración, aludiendo al sibaritismo (Valcárcel, 1883: 28) y a la excelencia de su cocina, no privándose de enumerar en esa lengua los platos del “menú de los oficiales” preparado a orillas del Bermejo y regado con vinos como el ¡Château Lafite!: “Dispénseme, lector; hablando de comer, hay que elegir el idioma francés: creo que sabe mejor lo que se come” (Valcárcel, 1883: 15) y… lo que se bebe, según se colige de la anécdota. 39 Producto típico de esta localidad de la provincia de la Rioja (España).
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 28 Vernuil, su “corona salvaje” y su hija mestiza La puesta en escena de Monsieur “Gustavo” Vernuil40 en el relato nos introduce de lleno en el fenómeno de la inmigración europea en Argentina.41 La historia ¿ficticia o en parte real?42 de este francés (hijo de un “indiano”) que había emigrado a América para repetir la aventura paterna y al que Valcárcel decía haber encontrado “en el mismo corazón del Chaco, hecho un semi-rey de una horda salvaje subordinada a su voluntad”43, termina por arrebatar la centralidad de la narración, con el detalle de su trayectoria a lo largo de trece años de estancia en Argentina, de los cuales llevaba diez en el Chaco.44 Desde el punto de vista histórico, la presencia de colonos franceses en la región es un hecho contrastable. Precisamente, a mediados del siglo XIX, entre los proyectos de colonización impulsados desde Paraguay destacan los acometidos con franceses en el sur chaqueño (Dalla-Corte y Vázquez Recalde, 2011: 123) y, en lo que respecta a Argentina, ya desde los años 1830 se hallaban afincados empresarios de ese origen, como el hacendado “vasco-francés” Pedro Luro, dedicado al negocio de tierras, animales, lanas y cueros45 y propietario de un saladero, que exportaba a Europa productos pecuarios (Fernández, 1999: 99). Es en este contexto en el que se podría explicar la existencia del extravagante Vernuil y de su boyante colonia, levantada con el trabajo de los tobas, dedicándose a la extracción de perlas (que mantenía a buen resguardo) y al negocio maderero, ambas actividades también realizadas por los indígenas, “remunerándolos con ciertos vicios” como los “licores” (Valcárcel, 1883: 27). Explotación laboral, expolio de recursos naturales y fomento del alcoholismo: una cruda realidad que vuelve obvios más comentarios. Independientemente de tratarse o no de un personaje inventado, los hechos relatados por Valcárcel, quitando la fabulosa “choza” del colono (el “mobiliario” de lujo y otros elementos de su vivienda), reflejan la realidad de las inversiones francesas en distintos ámbitos: agropecuario, comercio 40 El nombre de “Gustavo” al lado del apellido “Vernuil” (ambos entrecomillados en el original) sólo aparece al final del relato (Valcárcel, 1883: 78); en una ocasión figura como “Verneuil”, aunque debe advertirse que ambas formas existen en el idioma francés. Por lo demás, es frecuente la confusión del autor con respecto a nombres de pueblos indígenas o términos de la botánica o la zoología local; por citar unos ejemplos: “chiriguayo” por chiriguano; “angada” por jangada; “subirí” en lugar de surubí. 41 Este solo aspecto merecería un trabajo más extenso, puesto que la obra aquí comentada aporta datos valiosos para conocer la mirada de dos europeos sobre la inmigración, a través del intercambio de opiniones entre el autor y Vernuil sobre la política migratoria argentina de esos años. Dado que Una Expedición al Chaco fue escrita una década después de concluida la participación de Valcárcel en ella, contiene referencias a la Ley de Inmigración y Colonización (1876) que llevaba ya siete años de vigencia y que resumía, a juicio del autor, el “pensamiento del gobierno” en cuanto a colonizar tierras indígenas con europeos en pro de la civilización, “su objeto principal” (Valcárcel, 1883: 54). Otro aspecto de interés que surge en la narración es el de la inmigración “escogida”, también tratada en Castro Boedo (1873: 233 y ss). 42 Las búsquedas realizadas sobre la existencia real de este personaje no han dado resultados. 43 La manera en que Valcárcel se refiere a Vernuil suscita cierta -y casi inevitablecomparación con la aventura sudamericana de un compatriota suyo, Orélie-Antoine de Tounens, proclamado primer “rey” de la Araucanía por los mapuches en 1861. 44 Su “colonia” se hallaba situada en torno a la Laguna de las Perlas (Valcárcel, 1883: 31). 45 De hecho, este francés de las selvas demostraba, en uno de los diálogos mantenidos con Valcárcel, su conocimiento del negocio de curtidos y de los grandes beneficios que reportaba (Valcárcel, 1883: 35).
29 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE minorista y de exportación -sobre todo de lanas y algodón46y pequeñas industrias en Buenos Aires y provincias del Noroeste, del Litoral y Mendoza (Fernández, 1999: 20). De hecho, Vernuil se dedicaba a beneficiar la piel y el sebo del oso hormiguero, productos que luego enviaba a Corrientes, donde tenía su “corresponsal” (Valcárcel, 1883: 43). Empezando como mercachifle e intercambiando mercancías47 con grupos tobas en las fronteras de Corrientes, Vernuil había logrado aumentar su “reputación y ascendiente sobre la tribu” merced a las curaciones de enfermos de tifus con píldoras de quinina (Valcárcel, 1883: 27), prácticas que recuerdan los recursos misioneros para ganarse a los nativos compitiendo con sus chamanes. El mismo Vernuil aludía a sus “funciones de curandero” sujetas a los “preceptos de la ciencia” y “administrando” la homeopatía, “cuyo estuche no abandonaba jamás” (Valcárcel, 1883: 45). Los éxitos de Vernuil, colono y civilizador de un grupo de indígenas del Chaco austral y constructor de un canal de desagüe para llevar las aguas de una laguna al río Bermejo, que consideraba “ciertamente mi obra, y en parte por ella adquirí la especie de corona salvaje que me ofrecieron estos pobres pueblos nómadas” (Valcárcel, 1883: 23). Los emprendimientos de Vernuil en el Chaco ocupan un lugar predominante en la narración, con la clara intención de exaltar los beneficios de la inmigración europea en la región; a partir de la “aparición” de ese personaje se alternan en el texto sus discursos, agasajos y otras actividades compartidas con Valcárcel durante la acampada del ejército en las cercanías de su colonia. Por lo demás, el mismo autor justificaría la reserva de espacio en la obra para “narrar [las] inesperadas impresiones” que le había causado este personaje (Valcárcel, 1883: 35). Por otra parte, la historia que de él se cuenta en Una Expedición al Chaco, presenta ciertas aproximaciones a la biografía del naturalista viajero Aimé Bonpland, convertido en el científico-héroe por las peripecias sufridas en el Paraguay, siendo probable que Valcárcel se inspirase en su figura para elaborar el personaje de Vernuil, quien precisaba: “El naturalista Bonpland, cuyos pasos he procurado seguir, llegó a establecer en el Paraguay una colonia parecida a la mía” (Valcárcel, 1883: 31). Tras el encuentro de Vernuil y Valcárcel, en el relato asoma de inmediato cierta complicidad o si se quiere un sentimiento de hermandad europea, en virtud de la común pertenencia al viejo continente y más aun por la vecindad geográfica de sus respectivos países de origen. Lamentándose por llevar diez años sin hablar “la lengua de Corneille y de Molière”, Vernuil expresaba a Valcárcel: “… a tres mil leguas de la patria que nos vio nacer, los vecinos y los amigos son hermanos”. Completando sus credenciales, agregaba: “Caballero oficial, soy el dueño de hecho de estos lugares, aunque extranjero en el país. Con toda confianza podéis aceptar la hospitalidad que os ofrezco en mi propio nombre y en el de la tribu que voluntariamente me obedece. Soy francés. Esta es la garantía de mis palabras” (Valcárcel, 1883: 20. Subrayado añadido). Esta era la propia opinión de Valcárcel, quien aparece rendido ante lo que consideraba superioridad francesa, materializada en Vernuil y su obra colonizadora, su 46 Las exportaciones de estos productos se dirigían a las hilanderías del norte de Francia (Fernández, 1999: 19). 47 A todas luces se trataba de un intercambio desigual, ya que a cambio de pieles y plumas daba a los indígenas “telas ínfimas, espejos, abalorios y otras baratijas” (Fernández, 1999: 27).
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 30 capacidad de iniciativa, su laboriosidad e industria (Valcárcel, 1883: 23). El colono era presentado como el paladín de la inmigración europea y como la voz autorizada para proclamar sus beneficios y aportar sus recetas desde una posición paternalista: “Los indios, que hoy son un elemento de oposición, dejarían de serlo si con el espíritu que yo he desarrollado estas tolderías se establecieran colonias agrícolas para reducirlos”, aunque “es disculpable […] que los “jóvenes Estados no hayan hecho todo esto, porque es muy corto el periodo de su historia como naciones”, abogando a la vez por la libertad individual y el fomento estatal de la colonización mediante una sentencia que reproducía el lema de los gobiernos liberales: “Los hombres de negocios no vendrán mientras no tengan primero paz y buena administración” (Valcárcel, 1883: 29). Sin embargo, el autor añadirá en el francés una nota de autocrítica a través de comentarios con reminiscencias de la idea del buen salvaje y que atenuaban la percepción negativa de los indígenas, “estos salvajes que, en el fondo, en sus manifestaciones y apetitos, tan poco se diferencian de los pueblos que se precian de no serlo”. Palabras que tuvieron la réplica inmediata por parte de Valcárcel: “Me parece que os olvidáis que sois europeo y francés” (Valcárcel, 1883: 28). La fantasiosa48 historia de Notaj/Diana, otro símbolo de las proezas de Vernuil en su condición de hombre blanco, europeo y civilizado, constituye uno de los aspectos más curiosos y sugerentes del relato. Presentada como su “ejemplar”, la joven Notaj, nombre toba que significa “luz o día” -explicaba el autorhabía sido adoptada por Vernuil a la edad de seis años, tras quedar huérfana a raíz de una epidemia de tifus que azotó a su comunidad. Esta Mademoiselle Notaj, “que será Mlle. Vernuil para el mundo”, educada en la cultura europea, virtuosa en el piano y conocedora de obras clásicas de la literatura española (Pérez Galdós, Espronceda, Zorrilla) y francesa (H. Balzac, F. Soulié), era todo un portento de mujer que “reunía en su estética lo más bello de las distintas razas a que pertenecía, salvo [he aquí el matiz] algunos detalles de raza” (Valcárcel, 1883: 37). La descripción física de la “india mestiza” no tiene desperdicio, haciendo hincapié en la mezcla étnica como causa de su atractivo: “A la pureza de las líneas célticas se unían el vigor y el fuego de las razas romanas, confundidos con los destellos de las pasiones africanas; conjunto indescriptible; mezcla informe de arrogancia e impetuosidad, de molicie y de poesía. Sus ademanes, de un gracioso americano incomparable, no eran la dejadez clásica de los pueblos tropicales, eran verdaderos compases musicales” (Valcárcel, 1883: 38). La exaltación del mestizaje --aspecto este sobre el que volveré más adelante-- no impedía que Valcárcel frunciese la nariz ante un rasgo negativo, que le venía a la joven por su lado indígena: “Un detalle verdaderamente típico denunciaba a la india Notaj. Ese olorcillo acre, que exhalan todos los individuos de su raza, imposible de cubrir aún con todos los perfumes reunidos”. Ya en la lejanía, muchos años después de la experiencia chaqueña y sin el rastro perturbador de ese “olorcillo”, la idealización de la mestiza no tendría fisuras, llegando a confesar Valcárcel que le sería necesario “recoger en cada una de entre mil mujeres un detalle, 48 De hecho, en los prolegómenos de esta parte de relato, el mismo autor advierte al lector sobre lo “maravilloso” de lo que narrará a continuación (Valcárcel, 1883: 20).
31 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE para poder formar con todos ellos reunidos una especie de falsificación de la mestiza” (Valcárcel, 1883: 38). La discursividad en torno a este personaje pone de manifiesto una visión positiva del mestizaje, en el convencimiento de que la sangre blanca mejoraba significativamente al individuo, desdibujando los vicios de la raza inferior49. El mestizaje de Diana, “dominando la raza española”, tal como indicaba su padre adoptivo (Valcárcel, 1883: 37), servía al autor no sólo para reforzar su discurso sobre la superioridad de lo europeo y los alcances de su acción civilizadora sino también para hacer un elogio de lo español, en la línea de ensalzar su propio origen. Por otra parte, en uno de los pasajes referidos a la hija de Vernuil, la narración conlleva la previsible cuña de los estereotipos sobre las funciones femeninas, acorde con el imaginario de la época: “Mientras nosotros [los hombres de las expediciones terrestre y fluvial] nos dirigíamos a las tolderías, la india mestiza disponía lo necesario para el almuerzo de sus huéspedes, alcanzando su educación este detalle del hogar, tan indispensable a la mujer” (Valcárcel, 1883: 43. Subrayado añadido). Como contrapartida, el autor ponía en boca de Diana una réplica en forma de alegato a favor de las indígenas, para responder a la generalizada opinión masculina sobre la banalidad como atributo femenino: “[…] según vuestros libros [dirigiéndose a Valcárcel], es una condición genuina de la mujer la frivolidad, es decir, de la mujer civilizada, pero en la india ya es otra cosa, Algo bueno habíamos de tener” (Valcárcel, 1883: 39). Esta apreciación no le impedía el disculparse por su mitad indígena, como se refleja en otro de los diálogos sostenidos con Valcárcel; en respuesta a lo que creyó ser una reprensión de este, la mestiza le expresaba: “[…] me olvidaba que mi origen es también salvaje” (Valcárcel, 1883: 59). Los ejemplos expuestos muestran en este personaje el reconocimiento o conciencia de una parte de su identidad, pero ya corregidos los elementos indeseables de su vertiente indígena, lo que justificaría la incorporación de otra faceta para completar su perfil, la de redentora de sus hermanos los indios: “¿Podré yo nunca olvidar mi origen y no hacer siquiera por mis hermanos, con mayor razón, lo que por mí se ha hecho?” (Valcárcel, 1883: 39). Ante los encantos y virtudes de la mestiza, no era de extrañar que Valcárcel acabase rendido a sus pies, ante lo que ella no permaneció indiferente: “Diana, a mi presencia, experimentaba una emoción completamente desconocida en el terreno de la práctica”. Interpuesta ya la trama sentimental en la narración y adquiriendo densidad con la aparición y disputa entre otros dos competidores (el oficial argentino Sandoval y Remini, el médico italiano) “para derrotarme y dejarme fuera de combate” (Valcárcel, 1883: 39), asistimos a la evolución de una historia rosa en medio de los asuntos relacionados con la expedición y los lucimientos discursivos de Vernuil y Valcárcel sobre el Chaco y su porvenir. El desenlace del triángulo amoroso (también utilizado por 49 En el siglo XIX, la cuestión del mestizaje fue objeto de múltiples debates, tanto en Europa como en países de América, especialmente en aquellos en los que existía un claro predominio de la población negra, como era el caso de Cuba. En relación con estas discusiones cabe mencionar las ideas del pensador cubano Enrique José Varona, que defendía la mezcla entre razas en la convicción de que los elementos negativos de las consideradas “inferiores” se diluirían gracias a la aportación de las razas “superiores” (citado en García González y Naranjo Orovio, 1998: 278-279).
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 32 el autor para marcar las diferencias de carácter entre ambos contendientes) se ofrece hacia el final del relato al decantarse Diana por Remini, con quien contraería matrimonio una vez instalados en Europa. El secreto anhelo de Valcárcel de concretar una relación sentimental con la joven, frustrado en gran medida por sus indecisiones, según daba a entender en su narración, daba paso a la confesión de sus sentimientos más íntimos y a un lamento final por la oportunidad perdida, “prometiéndome a mí mismo --decía-- corregirme para lo sucesivo. Llegaba el caso, sin que me apercibiese de ello, y volvía a caer en los mismos errores” (Valcárcel, 1883: 77). La narración se cierra con la sorpresiva noticia de la destrucción de la colonia levantada por Vernuil, cuando este y los suyos (Diana y Remini) se hallaban ya en Europa. Un final para el cual Valcárcel reservaba al francés y a su hija mestiza un gesto grandilocuente para rematar su heroicidad; inducida por su ya “anciano” padre, Diana lograría influir “sobre el corazón de su esposo”, antes no muy convencido de tal acto de arrojo, para retornar al Chaco y poner nuevamente en pie las tolderías tobas. Con este motivo habían escrito a Valcárcel solicitándole su “auxilio” en función de sus “dotes y condiciones” (Valcárcel, 1883: 78), a lo que, evidentemente, no respondió nuestro autor, consagrado a afanes muy diferentes, como el de narrar viajes y reinventar/se en ellos. El mundo indígena En la suposición de que su obra habría de tener lectores mayoritariamente europeos, el autor de Una Expedición al Chaco justificaba la inclusión de referencias sobre las costumbres “propias de estos pueblos primitivos” (Valcárcel, 1883: 62), a cuyo fin echaba mano de los patrones discursivos acostumbrados, presentando la dicotomía entre “indios salvajes” o inciviles e “indios amigos”, categoría esta última en la que, claro está, se hallaban los colonizados por el francés Vernuil. En contraste con las memorias de Castro Boedo y G. Araóz (y sin ánimo de hacer una comparación exhaustiva, que no cabría aquí), con una información detallada sobre los grupos indígenas de la región, Valcárcel se limitará a algunos datos etnográficos, que semejan ser recortes de las anotaciones misioneras sobre el Chaco y sus pueblos. En todo caso, al tratar diversos aspectos de la vida indígena, puede detectarse la funcionalidad del discurso a los efectos de cumplir con el objetivo último de la obra: demostrar la superioridad de la sociedad blanca, sobre todo europea, y su necesaria mediación para hacer de los nativos sujetos productivos. De paso, cuando los acontecimientos narrados lo permitían, Valcárcel introducirá sus elogios a la obra civilizadora de España en el pasado. En el relato de las interacciones con diversos grupos indígenas pueden destacarse algunos contenidos de interés, como la acampada del ejército en la isla de Ñacurutú y el encuentro con “una numerosa familia de indios [tobas]”, a quienes los expedicionarios se acercaron en son de amistad “porque teníamos hambre y sed de verlos”, según confesaba Valcárcel (1883: 11); una clara manifestación de sus ansias por enfrentarse a lo que consideraría “emocionante”, sin duda producto de imágenes prefabricadas sobre los habitantes de la región obtenidas en sus lecturas chaqueñas.
33 Nº 26, Resistencia, Chaco, Agosto 2016 IIGHI - IHCONICET/UNNE - pp. 9-40 FOLIA HISTORICA DEL NORDESTE Otro dato sugerente se halla en el diálogo del autor con el anciano cacique Fortunato50 --cuya comunidad no había vuelto a tener contacto con los blancos tras las guerras de la independencia, en las que habían combatido “en la causa de España”-- y en la pregunta por aquél formulada: “¿Y cómo está nuestro rey don Fernando VII?” (Valcárcel, 1883: 12), un detalle anecdótico introducido por Valcárcel en su narración; es probable que la ilustración referida a este episodio y añadida al texto, obedeciese al ánimo de incidir en el pasado hispánico y en una fidelidad monárquica que haría de estos tobas hombres menos salvajes. Por otro lado, la mencionada anécdota nos remite a esos diálogos insertos a la manera de los misioneros o expedicionarios en sus crónicas, recogiendo supuestamente las voces indígenas, cuando en realidad simbolizan la voz de quienes tenían el poder de la escritura51. Por lo demás, los viejos hábitos de la conquista se hacen presentes en los obsequios a los indios amigos, “con todo lo que pudimos, vaciando nuestras cantimploras, cargadas de ginebra” a cambio de charatas y pescado, en un trueque habitual por el que el civilizado fomentaba entre los indígenas lo que luego convertía en objeto de censura (la ebriedad). La edad del mencionado Fortunato, calculada en unos ochenta años, era vista por el autor como “un gran signo en cuanto a las condiciones climatológicas del país. Y esta verdad la confirmé más tarde, con otros más viejos y mejor conservados que [él]” (Valcárcel, 1883: 12), referencias estas que aparecen a menudo en los crónicas coloniales (de jesuitas, sobre todo) y que no esconden la fantasía de la longevidad de los chaqueños por sus hábitos de vida contrarios al sedentarismo, sin duda como reclamo dirigido al público europeo. Con relación a las costumbres de los grupos indígenas del Chaco, los datos ofrecidos están referidos a los tobas, incluyendo aspectos como la autoridad de los caciques y los modos de hacer la guerra, sin faltar el comentario sobre las pinturas faciales “que les dan un aspecto horrible” (Valcárcel, 1883: 16). En cuanto a la cultura material el relato aporta unos escuetos datos sobre las armas, las bebidas consumidas, la vivienda y los vestidos, haciendo hincapié en los materiales de que estaban hechos y en su modo de fabricación, que el autor describía como “groseros” (Valcárcel, 1883: 11) con la intención de remarcar la falta de tecnología, lo que se aplicaba desde los tejidos hasta la “chicha” (Valcárcel, 1883: 16), frente a la calificación positiva que merecían los elementos producto de la “industria” del colono Vernuil y de los indígenas bajo sus órdenes. Claro está, sin olvidar la mención de lo “extremadamente sucios52 que eran estos últimos “a pesar de vivir casi constantemente en el agua” (ídem), en contraste con el oasis perfumado que simbolizaba la “choza” del francés (Valcárcel, 1883: 23). Fuera de lo señalado, cabe incidir en una cuestión relevante, atendiendo a los fines con los que Valcárcel elaboró su escrito. Conforme a los intereses gubernamentales que subyacían en los planes oficiales de fomento a la colonización de los territorios indígenas, el salvajismo era una condición propia de los grupos no asimilados y por ende 50 Castro Boedo (1873) también hace referencia a este “capitanejo”, al que describía como “cristiano, fugitivo entre los indios” (p. 123). 51 Sobre esos intercambios verbales en las “zonas de contacto” (Prat, 2011), véase Vitar (2014). 52 La “suciedad” formaba parte de los rasgos que distinguían a los pueblos “salvajes” desde la óptica occidental (Rodríguez Mir, 2006: 239).
ARTÍCULOS Vitar. Nación, territorio e identidad en un viaje al Chaco (1872) 40 Wilde, G. 1999. “¿Segregación o asimilación? La política indiana en América meridional a fines del período colonial”. Revista de Indias, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, pp. 619-644. Zusman, P. 2000. “Desierto, civilización y progreso. La Geografía del Gran Chaco y el proyecto político territorial de la formación del Estado Argentino”. Ería, 51, Oviedo, Universidad de Oviedo, pp. 60-67.