Full text
UN ARTE DE LO HORRIBLE
INTERVENCIÓN FENOMENOLÓGICA SOBRE
LO HORRIBLE SIN EL HORROR, O SOBRE ARTE Y DISTANCIA
Césa Mo eno-Má quez
Uni e sidad de Se illa
Resumen:
Pa iendo del comen a io del ilm Hen y. Re a o de un asesino (J. McNaugh on,
1986), el a ículo da a pensa la posibilidad de ei indica , en el ho izon e de un
a e de lo ho ible, la expe iencia de sen ido de lo ho ible e i ando supedi a
dicha expe iencia al ho o como e ec o psíquico. En la medida en que ello sea
posible, la exp esión a ís ica de lo ho ible queda á no sólo jus i icada (de ca a
al consumo más o menos ácil y masi o), sino e alo ada/ e alo izada, pues aun
sin la desca ga psíquica, el a e b inda la posibilidad de un acceso medi a i o a lo
ho ible, sin que con undamos psicologis amen e el mo i o (lo ho ible) con el
e ec o (el ho o ) ni caigamos en una me a es e ización de lo ho ible (que no lo
oma ía su icien emen e en se io).
Palab as cla e:
A e, ho ible, ho o , enomenología, psicologismo, dis ancia
Abs ac :
Taking a e iew o he ilm Hen y: Po ai o a Se ial Kille (J. McNaugh on,
1986) as s a ing poin , his pape aims o hink abou he possibili y o claiming
he expe ience o meaning o ho ible on he ho izon o an a o he ho ible,
a oiding o subo dina e such expe ience o ho o as a psychic e ec . inso a as
i is possible, he a is ic exp ession o he ho ible will s ay no only jus i ied
(wi h a iew o a mo e o less easy and massi e consump ion), bu also e alued,
Fed o, Re is a de Es é ica y Teo ía de las A es. Núme o 15, julio de 2015. ISSN 1697- 8072
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since he a o e s he possibili y o a medi a i e access o ho ible, e en wi hou
he psychic shock, and wi hou he con usion (i.e., wi hou he psychologiza ion)
o he ho ible as cause wi h he ho o as e ec , nei he alling in a me e
aes he iciza ion o he ho ible ( ha would no ake i se iously enough).
Keywo ds:
A , ho ible, ho o , phenomenology, psychologism, dis ance
I
No me esul a ía ácil pensa en o no a las exp esiones a ís icas del
ho o sin deja de ae a mi memo ia un episodio de mi ida como espec ado
que quizás pueda pone nos en an eceden es, al menos a í ulo anecdó ico, ace ca
de lo que en es a con ibución quisie a indaga , ela i o a la di e encia ac i a que
puede su gi –si uese al caso (la di e encia pasi a de suyo ya se da)- en e lo
ho ible como mo i o y el p opio ho o como espues a psíquica a lo ho ible,
pues dicha di e encia me pa ece de signi ica i a ele ancia de ca a a la
jus i icación c í ica de la exp esión a ís ica del ho o o, casi como p e e i ía
deci (según in en a é mos a ), de la exp esión a ís ica de lo ho ible.
Ca el anunciado de Hen y. Po ai o a Se ial Kille (1986)
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En el episodio/anécdo a a que me e ie o de inmedia o quizás no se a aba
del a e, sin más, como solemos en ende lo usualmen e, sino del a e an i-a e.
Debía se allá po 1990, con ocasión del es eno en los Cines Alpha ille de Mad id
de un ilm que p ome ía se in e esan e, de géne o policíaco. Me e ie o a Hen y.
Po ai o a Se ial Kille , ilm de muy bajo cos e di igido po John McNaugh on
en 1986. Si ya su es eno en EE.UU. ue demo ado po p oblemas con la censu a
debido a su con enido iolen o, ni que deci iene que, al menos a la al u a de su
año de es eno, Hen y so p endió a muchos, en e los que me con aba, en
especial po que inespe adamen e, sin es a ad e ido espec o a lo que cabía
espe a , Hen y i aba de la expec a i a de “ ilm policiaco” a casi “ ilm de ho o ”.
No ecue do en qué momen o exac o, pe o habiéndose sob epasado, a pa i de
cie as si uaciones, el pun o c í ico de sopo abilidad de la ama, buena pa e del
público asis en e –en e la que me encon aba- comenzó a abandona la sala sin
espe a a la conclusión del ilm. No sé si a echa de hoy nues a eacción hab ía
sido la misma, pues la pe cepción ho o izada (ho o ) de lo ho ible se
ans o ma muy os ensiblemen e según la ci cuns ancia cul u al y epocal, la
edad, el es ado de ánimo del momen o, e c. El mismo ela o o el mismo ilm
pueden epe cu i psicológicamen e en noso os de o ma di e sa, aun
pudiéndose econoce con acilidad la misma ca ga de sen ido de lo ho ible en
un caso u o o. En buena medida, en los ein icinco años anscu idos, si algo
puede deci se del espec ado , en gene al, es que ha sido adies ado en es a , como
suele deci se, cu ado de espan o (po más que no sé si se ía adecuado c ee que
se a a en e dad de una “cu a”). Sin duda, lo que esul aba escandaloso y
lace an e en el ilm no e a sin más la can idad de iolencia, pe o hab ía esul ado
demasiado complicado pa a la ges ión de la censu a a gumen a que, en e ec o,
el p oblema se encon aba no ya o no sólo en el con enido (lo ho ipilan e del
ema: las idas y asesina os de dos se ial kille s), sino especialmen e en la o ma
y es ilo del ilm, que esul aba se demasiado hipe eal, de modo que se impedía
al espec ado ascende o dialec iza el mal mos ado, uese con la con apa e
de las íc imas, de la policía o el ípico de ec i e, o al menos con algún p opósi o
mo al o a ís ico, con lo que lo ho ible se inc emen aba. Hen y pa ecía
desplaza se desde la icción a ís ica a la “ ealidad”. Cie amen e, en el ilm no
apa ecían (y en cie o momen o los espec ado es p esen ían con desasosiego que
ya no iban a apa ece ) ni igu ación alguna de la “pa e de bondad”, o al menos
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algo pa ecido a la “ley y o den”, ni nada que eco dase (siquie a a í ulo de
angua dia) a “a e”… ni, especialmen e –me gus a ía insis i en ello-, dis ancia
alguna. Todos es os “no” y “ni” con e ían el ela o ílmico en algo muy
desca nado y b u al, o mando una combinación demasiado pe u bado a, jus o
en la medida en que el echazo o la epulsión no encon aban compensaciones ni
palia i os… La hipe ealidad es aba pe ec amen e log ada jus amen e como
a e ac o, del único modo en que es posible: a pesa de la b u alidad de algunas
escenas, sin e ec ismo ni exo ismo alguno
1
, alcanzando una e osimili ud ayana
en lo insopo able
2
, has a el pun o de que uno comenzaba a deja de sen i se “a
sal o” en el in c escendo de la desazón. Uno de los momen os culminan es del
ilm es cuando, casi en cumplimien o del e ec o “ ea o en el ea o” o “cine en el
cine”, Hen y y O is se delei an isionando sus c ímenes, que p e iamen e han
ilmado, siendo noso os espec ado es de ales c ímenes jus amen e a a és del
mismo medio ( ideo y ele isión) que ellos u ilizan, eco dándonos
indi ec amen e el di ec o que si lo que ellos en en la ele isión es eal, noso os
debe íamos oma lo que emos como eal ambién – al como lo en ellos-, sin
que, sin emba go, noso os debié amos complace nos, bajo pena de con e i nos
en sus cómplices i uales.
No hay casi nada a lo que a e a se en Hen y. No es ácil sabe si se a a
de ho o o de náusea… Nada pa ecido a sus os ni g i os desga ado es, ni pue as
chi ian es ni en anas en eabie as, ni pasos en la oscu idad, ni se es de
ul a umba, ni mansiones lób egas, ni paisajes é icos, ni o men as a media
noche, ni posesiones diabólicas, y muy p on o se nos ol ida cualquie aspi ación
al a e o al a gumen o mo al, donde quie a que pudie a encon á selos… No hay
ascendencia ni poé ica alguna, ni nada que eco dase ni de lejos aquella di isa
de una hipo é ica poé ica en Jean Gene , cuando és e decía, en su Dia io del
lad ón, que de lo que se a aba, en el ela o de su ida, e a de «da a an pob e
1
Piénsese, sólo a modo de ejemplo, en el uso de la cáma a len a en escenas muy iolen as (po ejemplo, en G upo sal aje,
de Sam Peckinpah, de 1969), o en inequí ocas es e izaciones del ho o (po ejemplo, en la se ie de TV Ame ican Ho o
S o y).
2
Hen y. Re a o de un asesino depende, po comple o, de la pe spec i a de los asesinos, no de las íc imas, que no suponen
apoyo a gumen al alguno. Po ejemplo, la e ec i idad de La ma anza de Texas (1974), po ci a a un clásico, es muy
impo an e, pe o es á ealizada en g an medida desde la pe spec i a de las íc imas, apa e de que el en o no es aunque
pudie a habe sido eal-
aslada a la ida c iminal misma de los p o agonis as, desde ellos mismos.
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apa iencia un aspec o sublime»
3
. En gene al, no hay dis ancia, o és a es á
educida me amen e a la que uese capaz de in e pone la conciencia del
espec ado , que, sin emba go se sien e a as ada po lo que pa ece es a “casi-
i iendo” en lo que la pan alla ( enden e a ce o) le mues a. Ve dade amen e, en
Hen y odo es bajo, co idiano, só dido y absu do. Quizás la única ascendencia
es aba en el homenaje encubie o que endimos al ilm quienes, ho o izados
(aunque no uese el nues o un ho o de aspa ien os ni g i e ío, sino en e dad
un compa ido pseudo-ho o - e dade o), abandonados la sala de p oyección:
un ges o hones o, después de odo, y lúcido, espec o a un ilm de ho o –que lo
ha ía iun a como al. Ve dade a pedagogía del ilm, así pues: oma lo ho ible
en se io debe p o oca un ho o en se io. Y sin emba go, ¿se los pod ía
con undi ?, ¿se ía acaso posible lo ho ible sin ho o (psíquico)? ¿Signi ica ía
dicha posibilidad, de se iable, no oma lo ho ible en se io?
Aquella expe iencia pudo conclui , hace ein icinco años, en desánimo o
decepción an e la expec a i a de una expe iencia inalmen e “g a i ican e” –a la
que sin duda el público espec ado adolescen e o ju enil es especialmen e
p ocli e. Pe o, en e dad, ¿cuán o había, cuán o hab ía habido de also o al menos
mis i icado , en p incipio, en semejan e expec a i a? Sólo se ía posible a cambio
de concede más ele ancia al ho o que lo ho ible, y a un ho o , digamos,
“amable” a pesa de odo, y a cambio, po supues o, de pseudo-ol ida que “se
a a sólo de un ilm”. Po eso, en el juego iccional, nos sumamos a aquel me
desha é en lág imas an e la icción a que se e ie e Lo man
4
…, en la medida en
que en el ho izon e de la empa ía emocional unciona e icazmen e lo eal
i eal(izado) an o como lo i eal eal(izado). En luga , sin emba go, de
pe manece en su neu alidad, nues o psiquismo ap o echa pa a “juga ” a
emociona se, si bien ese amos celosamen e en la ecáma a de nues o
3
Gene , J., Dia io del lad ón, Ba celona, Seix Ba al, 1988, pp. 37-38.
4
Lo man, Y. Es uc u a del ex o a ís ico, Ba celona, I smo, 1982, p. 89: «P opiedad impo an e del compo amien o a ís ico
es el hecho de que el que lo p ac ica ealiza simul áneamen e, po así deci lo, dos conduc as: i e odas las emociones que
susci a ía una si uación p ác ica análoga y, al mismo iempo, es cla amen e conscien e de que no se deben lle a a cabo las
acciones elacionadas con es a si uación (po ejemplo, p es a ayuda al p o agonis a). La conduc a a ís ica supone la sín esis
de lo p ác ico y de lo con encional. Examinemos el e so de Pushkin: Me desha é en lág imas an e la icción. Se a a de
una b illan e ca ac e ización de la doble na u aleza del compo amien o a ís ico. Apa en emen e, la conciencia de que nos
hallamos an e una icción debe ía exclui las lág imas. O po el con a io: el sen imien o que susci a las lág imas nos ha ía
ol ida que nos encon amos an e una icción. De hecho, ambos ipos opues os- de conduc a exis en de modo simul áneo
ahondándose mu uamen e»
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subconscien e el sabe que se- a a-de- icción, de modo que es a dis ancia nos
pone a sal o pe mi iéndonos, además, “ho o iza nos” con uición. Sin emba go,
al asis i a Hen y pa ecía que uno comenzaba a sen i se a apado, con lo que esa
“de ensa” –que es como una dis ancia- de lo eal i ealizado pa ecía queb a se.
II
A echa de hoy di ía que, a ándose de lo ho ible y del ho o , la
expe iencia de la e i ada o del desis imien o espondía hones amen e, an e
Hen y, al con ac o con la al e idad de lo ho ible al como y en la medida en que
esa al e idad pudie a se ansmi ida ílmicamen e en la ape u a de su p opio
sen ido y a a és de la emoción del ho o . Despojado de e ec ismos,
pob emen e, el ho o de Hen y casi- ealmen e esponde a lo ho ible…, o ma
una unidad en la que la epe cusión psico-emo i a se hace ca go e dade amen e
de una si uación ho ible de desas e humano.
Pe o no siemp e es así. Dijimos que Hen y iene oda la apa iencia (nunca
mejo dicho) de se exp esión e icaz de un a e an i-a e. La p egun a no se hace
espe a : ¿y si se hubiese p opues o y ealizado el abajo ílmico como una
mediación genuina y ma cadamen e a ís ica? Habida cuen a de la p og esi a y
a enazan e disminución de la dis ancia, que no pudo se e i ada po la
conside ación del ilm en cuan o ilm (a sabe , po la dis ancia en e pan alla y
pa io de bu acas), no se a a únicamen e de que nos al ase más “es ómago” pa a
dige i cie as imágenes y si uaciones. En e dad nos al ó jus amen e a e y una
ie a i me en la que sen i nos a sal o –simbólica y mo almen e-, como el sabio
de Luc ecio al con empla un nau agio
5
, pudiendo esa ie a se quizás el aside o
i ual de la dis ancia del a e. Si con iásemos mucho en el pode del ac o
psíquico, di íamos que po in un ilm se omaba en se io lo ho ible,
5
Luc ecio, De la na u aleza de las cosas (ed. a ca go de A. Ga cía Cal o), Mad id, Cá ed a, 1983, . 1-22, p. 139):
«Re ol iendo los ien os las llanu as / del ma , es delei able desde ie a / con empla el abajo g ande de o o; / no po que
dé con en o y aleg ía / e a o o abajando, mas es g a o / conside a los males que no ienes: / sua e ambién es sin iesgo
uyo / mi a g andes ejé ci os de gue a / en ba alla o denados po los campos: / pe o nada hay más g a o que se dueño /
de los emplos excelsos gua necidos / po el sabe anquilo de los sabios, / desde do puedas dis ingui a o os / y e cómo
con usos se ex a ían / y buscan el camino de la ida». C . Hans Blumenbe g, Nau agio con espec ado . Pa adigma de una
me á o a de la exis encia, Mad id, Viso /La Balsa de la Medusa, 1995).
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in ensi icando el ho o de un modo no engañoso ni edulco ado, p ecisamen e en
la medida en que espondía a algo ho ible sin ecu i a e ec os ni a o a e ó ica
que al pode de impac o de “lo eal” in a ílmico, sin ade ezos ni eelabo aciones
o males, discu si as o a gumen ales. Como exp esión de comp omiso psíquico,
el ho o espondía pe ec amen e a la hondu a hipe eal de lo ho ible que el
ilm ansmi e. Hen y se ía un ejemplo, en es e sen ido (lo decía hace un
momen o), de una sue e de an i-a e, o quizás cab ía deci que se desen ol ía
en el a e de un hipe ealismo an i-a ís ico…, de una a e ac ualidad que se
niega a la apa iencia de a is icidad, abandonando odo ecu so ( enomenológico,
he menéu ico, semiológico) que nos ayuda a a sos ene la mi ada a lo ho ible.
III
He aquí donde su ge el p oblema del que quisie a que nos ocupásemos –y
que me gus a ía plan ea , p ecisamen e espec o a las exp esiones a ís icas de lo
ho ible. P egun émonos, pues: si p opiamen e lo ho ible uese elabo ado y
exp esado a ís icamen e, ¿se da ía a pensa como e osímil la posible
sepa ación en e lo ho ible y su e ec o psíquico en el ho o
6
? ¿Pod ía da se lo
ho ible sin el ho o ? ¿Equi ald ía es a neu alización del e ec o y del e ec ismo
psíquicos a una des-sen imen alización, con i iéndonos acaso en se es dis an es
y íos, ca en es, en úl ima ins ancia, de empa ía pa a con lo ho ible? La
p egun a genuinamen e enomenológica pod ía se a inada: ¿pod ía educi se el
sen ido de lo ho ible a la desca ga psíquica del ho o que lo ho ible puede
p o oca ? Y po o a pa e: ¿en qué medida la búsqueda del e ec ismo del ho o
pod ía dis ae nos de la expe iencia de sen ido de lo ho ible? ¿No se p opicia
escandalosamen e, en la en able me cado ecnia del ho o (en el ocio de masas),
que mien as haya ho o (como desca ga psíquica), lo ho ible sea en el ondo
i ele an e y no equie a que se piense (demasiado) en ello? Y po in, y sin
emba go: ¿no se ab en las posibilidades de es a expe iencia cuando no
dependemos, en ella, de que aun es ando abie os (comp ensi amen e) a lo
6
Hab á de en ende se que el ho o al que me e e i é en adelan e y me ha é pesado eco dando al lec o es e po meno -
no es el ho o que como espues a a lo ho ible o ma una unidad mo al con lo ho ible, en su p opia inmanencia, sino el
ho o que uese el complemen o psíquico de lo ho ible, en el sen ido de su desca ga psíquica. En lo que sigue, se ap ecia á
un esbozo de p opedéu ica enomenológica con a la psicologización de la expe iencia de lo ho ible.
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ho ible, no engamos que expe imen a necesa iamen e ho o ?, ¿no supond ía
la exp esión a ís ica una posibilidad de con ac o expe iencial con lo ho ible,
lib e de la exigencia psíquica (casi a modo de las e) de cae ho o izados?
Demasiadas p egun as. Dije hace un momen o que en la medida en que en
Hen y se dan an o lo ho ible como el ho o , su ejemplo no se ía aquí
pe inen e. Sin emba go, nos da a pensa cómo espec o a las exp esiones
a ís icas de lo ho ible hay una modalidad (en la p oximidad de las posibilidades
que b inda el hipe ealismo) que iende a inmola se como a e, po así deci lo, y
que busca a o ece no la e dad, sino la in ensidad que el ho o b inda a lo
ho ible; y o a que al ez pod ía neu aliza o inhibi el ho o . Lógicamen e,
nos impo a aquí sob e odo es a modalidad (que iene a se la adicional o más
común espec o a lo que suele en ende se po “a e”), a in de islumb a si es
azonable la posibilidad de lo ho ible sin el ho o .
La p opues a a la que nos acogemos es la de que no debemos deja nos guia
po la p esun a ob iedad del ín imo ínculo “na u al” en e lo ho ible y el ho o
(insis o: como ho o psíquico), po más que pa ezca que lo ho ible
necesa iamen e debe ho o iza nos (psíquicamen e), y si acaso no lo hicie a,
cab ía sospecha que la expe iencia de lo que c eíamos ho ible en e dad y al in
no lo uese, po que no in undie a el ho o que psíquicamen e espe amos que
p o oque. Es e camino acaba ía de aluando la alía de las exp esiones a ís icas
de lo ho ible, po que en luga de a ende a lo que pudiesen enseña , se queda ía
con que no-dan-ho o . De es e modo, con undiéndose el e ec o con su causa, o
c eyendo que aquél es á implicado necesa iamen e en és a, al no habe se
p oducido el e ec o psíquico (ho o ) no hab ía p opiamen e causa. Incluso
pod ía llega se a c ee que sabemos de lo ho ible po el ho o que p o ocase,
como si el signi icado de aquél pudie a con undi se con el hecho psíquico de su
e ec o-ho o i ido. De segui se es e a gumen o, un suje o que psíquicamen e
es u iese “cu ado de espan o” no cap a ía nada ho ible.
La p egun a se di ige, pues, a la di e encia en e lo ho ible como mo i o-
con-sen ido y el ho o como e ec o-psíquico, de modo que la a enuación de és e
(que pa ece i con a la endencia empá ico-na u al hacia la unidad en e lo
ho ible y el ho o ) no menoscabase la expe iencia humana y mo al de sen ido
de lo ho ible. Juega a a o de Hen y el oma se lo ho ible en se io y ges iona
magní icamen e, sin es idencias, el ho o co espondien e. Sin emba go, se ía
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un g a e e o , en de imen o del a e, conside a que po a enua el ho o
psíquico, el a e, como medio exp esi o de lo ho ible, se ía incapaz de abo da
lo ho ible con la se iedad y dignidad que se me ece, como si esa dignidad se
concen ase sólo en el ho o que pudie a p oduci empá ico-na u almen e. Si el
a e, o algún o o ipo de dis ancia, consiguiese el acceso a lo ho ible sin el
ho o , és e se mos a ía sólo p obable o incluso muy p obable (aunque siemp e
con ando con la singula idad del medio a ís ico en cada caso: no es lo mismo una
pin u a que un ilm, po ejemplo), pe o no necesa io, ab iendo es a no-necesidad
muchas ías a ís icas de acceso dis anciado (lo que no signi ica de poco alo , y
menos aún also) a lo ho ible, lo que iene a se uno de los asgos esenciales del
a e de lo ho ible.
Si hay que suspende la inc eencia en la i ealidad de la icción pa a
“deshace se en lág imas an e la icción”, es deci , “c ee ” que es “ eal” lo iccional,
si no sólo esa e-o ien ación hacia lo iccional- eal puede se ac i ada, ambién
puede se lo su in e sa, po un p oceso in e so de neu alización a ís ica, de
modo que “deshace se en lág imas” ya no se ía an sólo un e ec o ob io e
incues ionadamen e posi i o. Po eso Be ol B ech habló con insis encia sob e
el e ec o-ex añamien o
7
, en la medida en que no pensaba que las adhesiones
incondicionales empá icas (di e samen e mediadas) a lo que ocu ía en la escena
uese lo p imo dial, sino más bien la a ención a la “cosa misma” de la escena
misma. En ese camino in e so, segui ía eniendo igencia lo que p oduce las
lág imas, pe o ya és as no se ían ác icamen e necesa ias.
* * *
Cie amen e, lo decisi o es a icula una dis ancia, una di e encia, una
demo a… En es e aspec o, la dis ancia que ope a el a e supone una opo unidad
muy aliosa, siemp e expues a a se banalizada. Sin emba go, quizás se a e de
la opo unidad que nos es concedida quizás menos expues a a se mal e sada o
malin e p e ada, p ecisamen e po que ya la hemos codi icado como la
opo unidad de una ascendencia. Se me pe mi i á un inciso. Respec o a la
posible di e enciación en e lo ho ible y el ho o , con is as a pensa
hipo é icamen e (pues se a a de o za la si uación expe iencial “na u al”), c eo
7
B ech , B. Esc i os sob e ea o. Ba celona, Alba edi o ial, 2010, pp. 82-83, 200, passim.
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pa a que los inculemos, sino quizás, sob e odo, pa a que nos sea dado el
p i ilegio de pode los disocia y encon a en ello una opo unidad de lucidez.
Aho a bien: el a e no pe sigue necesa iamen e ni sob e odo la
neu alización del ho o , sino la p oduce simplemen e. No es eso p opiamen e
una a ea que se le imponga ni se au oimponga a sí mismo, sal o si el a e es
pseudo-a e. Más bien alcanza esa neu alización espon áneamen e en su p opia
ob a/a i icio. No es p esumible que Ca a aggio hubie a que ido hace más
amable un mo i o ho ible, sino más bien b indá noslo… e i ando con ello que
apa ásemos la mi ada. En cie o modo, en luga de dulci ica , hab ía en es e
sen ido en el a e de lo ho ible una sue e de olun ad de c ueldad, o al menos
de c uel lucidez, pues su dis ancia nos ap oxima lo que de o o modo no se ía
“mi able” (y menos ad-mi able). La es ampa de Goya no busca ni banaliza el
mal ho ible ni hace lo bello, sino más bien, al con a io, que nos a e amos a
mi a y a demo a nos pensa i amen e en lo ho ible. El a e se pone al se icio
de odo aquel, a is a o espec ado , que piensa que el a e es un ecu so álido en
la escuela de lo ho ible, en la que hay, como en la de lo ágico, más de una
lección –y muy decisi a- que ap ende , en e a la que debemos demo a nos
medi a i amen e, sin que la epe cusión psíquica del ho o nos dis aiga de ello.
Po an o, ni se a a de sus i ui la expe iencia i al-na u al plena, en oda su
complejidad, en la que el ínculo en e lo ho ible y el ho o es más indisoluble,
ni se a a de pensa que po no da se el ho o no se da ía la expe iencia de lo
ho ible.
En buena medida, Hen y nos si ió pa a es a expe iencia i ida, ya no
me amen e con emplada, del echazo que cons i uye la e dad de lo ho ible y
su ho o (más que me amen e nues o ho o ), cuyo e ec o de hipe ealidad
es aba comple amen e log ado, a pesa de (o al ez g acias a) su p eca iedad de
medios. La sensación no nos pe mi ió demo a nos… y jus amen e de eso se
a a ía. Respec o a lo ho ible, el ho o es el a iso psíquico, e olu i amen e
elabo ado, de que en medio de lo eal, es p eciso hui de lo ho ible. Y sin
emba go, lo ho ible enseña mucho más (en conc e o, espec o a su al e idad) de
lo que enseña el ho o , no se ago a en expulsa nos de su lado po medio de la
i encia del ho o .
No, no se a a de comba i el edio, desde luego, ni de de ol e nos la
sensación, que c eemos pe de cada día, de c ee nos a sal o… Si el a e es u ie a
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ahí pa a solamen e eso, se ía demasiado poco. Apenas nos o ece ía e dad
alguna. Y es cie o que es mucha e dad lo que nos b inda. No es un leni i o ni
un es imulan e psicológicos.
Que la dis ancia en e lo ho ible y el ho o sea mínima en lo que
llamamos ealidad no a en de imen o del a e, sino a su a o . La génesis del
a e no es, desde luego, ¡ni siquie a en la más inequí oca exp esión mimé ica!, la
de una ep oducción ou cou de la ida y lo eal. Lo que se pe sigue con él no
es, en el ondo, sino su p opio apa e, su “ma co”, su islo e de in e osimili ud,
como decía O ega y Gasse en su Medi ación del ma co… de la que o ma ía
pa e es a sue e de dis ancia que pe mi e, en el a e, sepa a la con emplación
de lo ho ible de la i encia del ho o . Si es a sepa ación puede esul a nos
in e osímil, quizás se deba a que no hemos ing esado comple amen e en ese
“islo e” o en el ma co, y seguimos midiendo el a e po lo eal y sus deudas y
comp omisos.
VII
Es desde la iloso ía, sob e odo, en nues o caso, desde donde iene es a
apelación, espec o a lo ho ible, a su lucidez de sen ido y, jun o con el a e de lo
ho ible, con a su habi uación, u inización, anecdo ización y me cado ecnia.
Asis i a lo ho ible sin (la desca ga psíquica d)el ho o no signi ica simplemen e
la opo unidad de encon a una paz y segu idad en las que el dis u e p oceda
especialmen e de una sensación de es a -a-sal o en la ie a i me de la me a
ep esen ación, sino más bien de sabe a lo que es amos expues os y en e a lo
que, po an o, debemos es a igilan es, que en el ondo –lo sabe la Filoso ía- es
la posibilidad misma del acon ecimien o de lo ho ible.
Quizás lo que quiso enseña nos John McNaugh on es que con lo ho ible
no se juega. Y pod íamos es a pe ec amen e de acue do al espec o. Podemos
hipe ealiza el a e de lo ho ible, sac i icando el a e “bello” al empeño po
deses ima ese ho o adul e ado, adocenado, adolescen izado, que en e dad
di icul a o al menos dis ae de la expe iencia de sen ido de lo ho ible, po que
acaba po complace , y de una expe iencia de sen ido que no nos iba a o ece la
sue e del consuelo de, después de odo, pode e ugia nos en un delicioso
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ho o
11
. El camino que siguió McNaugh on ue el de ag a a , po la ía de un
males a c ecien e, el comp omiso psíquico del espec ado . El o o camino no
sigue el “mé odo” de es e ag a amien o, sino que se con ía al a e…, pe o no en lo
que iene de leni i o y anes esian e (en una de las líneas de in e p e ación del
a e en Schopenhaue ), sino en lo que apo a con is as a si ua nos- en e-a-la-
in imidad-de-sen ido-de-lo-ho ible.
Be ol B ech –al que nomb aba an es- aspi aba a que en el ea o los
espec ado es comp endie an lo que la escena misma que ía deci les, y pa a ello
no hacía al a imi a la ealidad comp ome iéndose emocionalmen e con lo que
ocu ía en la escena. Pa a comp ende lo que Shakespea e quiso deci nos con su
Hamle , no es necesa io que los escena ios, los pe sonajes, e c., pa ezcan
diseñados de acue do a la época his ó ica en que se en iende que anscu e la
ob a, ni que empa icemos emocionalmen e con la ama (lo que, po cie o,
“des i úa” la asis encia al ea o en el manipulado Hamle y en su ío Claudio,
cuando el p ime o manipula cie o signi ica i o pasaje de El asesina o de
Gonzago pa a que su ío “se iden i ique”)
12
. En nues o caso, pa a comp ende la
expe iencia de sen ido de lo ho ible no se ían necesa ias –sal o en un es a o
genuinamen e psicológico- las “emociones ue es” que nos adhie an a lo
ep esen ado. Es pues, en es e sen ido –ya se lo hab á comp endido-, en el que el
a e ayuda a ese dis anciamien o espec o al ho o , a enuando la simpa ía o
an ipa ía emocionales.
Quizás pod íamos deci que la exp esión a ís ica pone en ob a la
ascendencia de lo ho ible, o eciéndonos con ello una cla e de nues a
expe iencia cuando, en la p oximidad de lo ágico, lo ho ible nos enseña, po el
echazo (con más o menos ho o psíquico) que susci a, que lo que se ha de
pensa es lo-que-menos-desea íamos-que-acon ecie a. A su modo, lo ho ible es
exp esión de cie a i upción o sob e enida de la p esencia, un en ío excepcional
donde compa ece humanamen e un mal capaz de adop a mil os os y o mas, y
11
Bu ke, E., Indagacion iloso ica sob e el o igen de nues as ideas ace ca de lo sublime y de lo bello. Mad id, Tecnos, 1987,
p. 29
12
C . Mo eno, « », en Philologia Hispalensis
27/3-4 (2013) 51-82.
(h p://ins i ucional.us.es/ e is as/philologia/27_3_4/03_Mo enoMa quez_Vol%2027_3_4%20(2013).pd )
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en el que podemos c ee encon a –en el mal, sí, no nos equi ocamos, en lo O o
que es el Mal- un balua e ex e io de nues o Mundo-Hoga .
VIII
Excep o cuando uésemos p o agonis as di ec os o es igos p óximos,
como lo es el sabio de Luc ecio, nues o con ac o con lo ho ible-ho ible, lo
ho ible en se io, lo e dade amen e ho ible, suele se muy escaso e indi ec o
(po o una). Somos casi siemp e espec ado es po medio de un O o, que hace
las eces de mediado , mensaje o, o a is a al ez (aunque el a is a ambién es,
a su modo, un mensaje o), que no nos g i a pasen y ean, sino que más p óxima
e ín imamen e, a cada uno de noso os, y casi al oído, nos susu a: en y mi a. A
di e encia del espec áculo o show a los que aquel que g i a nos in i a, es e
mediado , el que susu a, nos p opone una escena. No nos empuja a una
a acción de e ia de ho o es ni mons uos, sino a pene a casi, a eces, cuando
se a a del g an a e, en un ex año san ua io o en un Fondo insondable y
conmo edo ya con la sola ue za de lo ho ible mismo.
Léolo (Jean-Claude Lauzon, 1992)
Fo og ama de Léolo
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Fo og ama de La cabina (A. Me ce o, 1972)
La demo a medi a i a que la exp esión a ís ica de lo ho ible hace posible
puede con ibui al ap endizaje en o no a lo ho ible como al, más allá del
ho o , si bien, cie amen e -¡cómo desp ecia es a ci cuns ancia!-, en la medida
en que una exp esión a ís ica puede b inda nos acceso a ello, inconmensu able
con la du eza de lo ho ible mismo acon ecido en medio de lo eal.
Con ac a con lo ho ible… An es apelamos a Ca a aggio, Bou geois o
Goya. Desplacémonos po un ins an e. Po ejemplo, a la p egun a de si Léolo, de
Jean-Claude Lauzon (1992), es un ilm de ho o o más bien sob e lo ho ible, en
o ma de locu a y des ino, esponde ía, desde mi pun o de is a, que
inequí ocamen e lo es, aunque en buena medida ca ezca de esos asgos que
suelen ca ac e iza el “cine de e o ”. T as su isionado –en el que somos
za andeados a dosis simila es po la c udeza, la belleza, lo ho ible y la poesía-, al
mismo iempo que sabemos que es un ilm sob e lo ho ible de la ida, la in ancia,
la locu a, e c., la ascendencia poé ica ha alcanzado unas co as ales, poquísimas
eces igualadas en la his o ia del –en pocas ocasiones mejo dicho- sép imo a e,
que lejos de se ocul ado o eclipsado, lo ho ible ha sido a i mado sin ambages
y, al mismo iempo, ascendido has a casi luci . Algo pa ecido me a e e ía a
deci –aho a me iene a la memo ia- de La cabina, de An onio Me ce o/J.L.
Ga ci (1972), ob a maes a de lo ho ible sin el ho o , en cuyo isionado se nos
ue za a pensa simbólicamen e… sin que po ello hayamos podido deja de
econoce que e dade amen e el suceso que se abo da en la ama es ho ible…
IX
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La apelación al mediado de la emoción (mensaje o o a is a) no es baladí,
y no quisie a deja de llama la a ención sob e la esponsabilidad de quien, en
gene al, b inda la no icia o media a ís icamen e la expe iencia de lo ho ible.
O ece lo ho ible no es, no puede se ácil. Se equie e sensibilidad y cuidado
pa a con el espec ado . Y en ese mismo cuidado, ambién el cuidado po lo
ho ible mismo, cuando in olun a iamen e la exp esión a ís ica pudiese
in e eni como e gi e sación y dis o sión. La g andeza de la exp esión a ís ica
exige su p opia au oc í ica, en el sen ido de econoce que no siemp e se
equie en sus ecu sos habi uales, ni que se deba a oda cos a edimi o “sal a ”
a ís icamen e lo i edimible e insal able, ni pe segui un sen ido sublime pa a
log a algo pa ecido a un delicioso ho o
13
. En el ondo, lejos de desp ecia al
espec ado , el ilm de McNaugh on encub ía en su hipe ealidad es e cuidado
pa a con el espec ado a la ez como un homenaje hones o a lo ho ible como al.
Tan o lo cuida, que le de uel e la e dad de un ho o sin ampa ni ca ón,
log ando que se e i e del espec áculo.
Cuidado po el espec ado , ambién, en la medida en que la común pasión
deli an e po la anspa encia supone hoy un incon olado é igo de lo ho ible
y el ho o , habiéndose o nado odo inc eíblemen e más c udo, isce al, e ible
y –c eo que es así como mejo se lo ca ac e iza- sin concesiones ni piedad.
Cuando e a niño (si se me pe mi e), en los documen ales sob e la ida sal aje, el
momen o en que el león se abalanzaba sob e la gacela, mo diéndola en el cuello
has a as ixia la, o aquel o o en que las hienas odeaban al bú alo, pa a luego
abalanza se sob e en él en la noche… eso no se mos aba. Bas aba imagina lo.
Hoy, sin emba go, no se esca ima a la “ e dad” el más mínimo ápice de la
posibilidad de que pueda p o oca ho o con ocando lo ho ible –que en el caso
de la ida animal e dade amen e no ha luga . En buena medida, el ho o se ha
hecho popula –como la po nog a ía- quizás po que ambién le es necesa io a la
maquina ia de la anspa encia pa a demos a os en osamen e sus pode es.
13
Es a p oblemá ica se desa olló especialmen e a aíz de la polémica ace ca de cómo mos a o na a lo acon ecido en los
campos de ex e minio. «
», en (M. C uz y D. B aue , comps.).
Ba celona, He de , 2005, pp.: 111 132.
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X
Hay, sin duda, una pode osa pulsión hacia la expec ación de lo ho ible y
hacia la desca ga emocional en el ho o , es cie o, a cambio de dis ae nos del
edio y sen i nos a sal o. Queda ía a la esponsabilidad siquie a pa cial del
mediado de lo ho ible –y es o es lo que me pa ece decisi o- el que los
espec ado es no quedasen adocenados al se desplazada y ma ginada la p egun a
po lo ho ible. Es a ía uno en ado de pensa que así como, po ejemplo, en la
moda (y no es un ejemplo baladí) se nos habi úa a una p oduc i ísima y
sis emá ica ausencia de sen ido, po el ho o se nos pod ía adocena o doma
po el dis u e con lo que nos espan a, en el espan o. En es a medida, neu aliza
el impac o de la desca ga psíquica end ía un sen ido eminen emen e c í ico y
e apéu ico. Pa ece como si nues a sociedad pe siguie a sis emá icamen e
cu a se de espan o, lle a a gala que nada le in undie a emo , como si se a a a
de “es a p epa ado pa a odo”. Pe o eso p o oca con inuamen e al e o , que
busca siemp e su inc emen o (gene ando siemp e un nue o edio) y al mismo
iempo su supe ación hacia una “nue a co a”. A la ez habi uado a ho o es
(mediá icos), el espec ado ap ende y se cu e en la indi e encia, equi iendo
cada ez de más ele adas e in ensas dosis de ho o . Insensibiliza se, conju a
los miedos, los pánicos noc u nos, las zonas de amenaza… después de odo, ¿no
suponía un p og eso supe a odo el in an ilismo del ho o ? ¿No es po ello que
los adolescen es, buscando deja a ás la in ancia, aman el e o (en el cine)? Sin
emba go, el ap endizaje de lo ho ible en el seno de lo ágico iene un in
eminen emen e mo al, cuyo cen o se encuen a en el econocimien o,
e e namen e dialéc ico, del Mal que el Bien necesi a. Lo ho ible y el ho o
suponen el echazo máximo, el echazo más in enso que el cual ningún o o se ía
concebible. La cues ión abie a, inquie an e, es la posibilidad de que el Mal que
el Bien necesi a dialéc icamen e, y que po an o con i ma a és e, ese Mal, po
habe se consumado en lo Peo , equi iendo odas las ene gías de lo ho ible y del
ho o , simplemen e hubiese dejado a ás la e e encia al Bien, cues ionando
incluso su memo ia. F en e a lo ho ible, lo me amen e malo pod ía apa ece
como bueno. ¿Queda en el deseo de ho o –aunque uese como un juego y sólo
pa a se sus espec ado es- espacio de inspi ación del Bien? ¿No se ía en onces
cie o que po ese deseo de ho o se nos ecue da aquel edio mons uoso que
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anunciaba Baudelai e ya desde mediados del XIX, y del que decía que sueña
cadalsos?
Uno de los g andes alo es de la exp esión a ís ica en gene al, y del ho o
en pa icula , depende á de en qué medida el a e consiga de ol e su dignidad a
lo ho ible y al ho o , libe ándolo de su banalización. Es p eciso que el des ino
de lo ho ible y del ho o no se esuel a, en el in c escendo que esul a de la
pé dida del i al (el Bien), en su p opio inc emen o.
Pensa lo ho ible sin (apenas) el ho o –como hemos in en ado- esul a,
sin duda, un es ue zo cos oso, po que nos obliga a una se iedad y sob iedad
insóli as. Si el discípulo de la escuela de lo Posible en que pensaba So en
Kie kegaa d no equie e no ya g andes acon ecimien os his ó icos, decía
Kie kegaa d, sino p es a su a ención al acon ecimien o posible que supond ía
que un u ogallo le an ase el uelo en las desé icas playas de Ju landia, quizás el
mejo discípulo en la escuela de lo ho ible no necesi ase ampoco (o no an
abundan emen e) aspa ien os, ni g i os, sang e ni ísce as.
Pe o lo ho ible no an o sin, cuan o más allá del ho o , eso es “ha ina de o o
cos al”.
Ya hemos ealizado ci iliza o iamen e, a nues o modo, nues as 100
Jo nadas del ho o , del mismo modo que Sade quiso con e i odas las
pe e siones sexuales en una especie de enciclopedia, con la excusa –después de
odo, azonable- de que has a que no se las conocie a odas y cada una no
es a íamos en condiciones de elegi el camino de nues o place . El e eno del
ho o , como an os o os (pienso eminen emen e en el del sexo) es á siendo
explo ado/de as ado a un i mo e iginoso, lo que quizás nos conduci ía a la
p egun a –que aplaza emos- po el u u o de las ep esen aciones de lo ho ible
en su ascendencia, o al ez en su edio in ini o.