La muerte desde la escritura clariniana
Abstract
El tema de la muerte, particularmente representado a través de los personajes, de sus reflexiones sobre la misma, de sus actitudes ante el lecho del enfermo o ante los entierros y funerales, es recurrente en la obra de Leopoldo Alas Clarín; otro de los grandes testigos del Ochocientos español junto a Galdós y Pardo Bazán. En estas páginas se pretende recoger la manera con la que Clarín plasmó su interés por esta cuestión inherente al ser humano y a toda la literatura, a la vez que se compara con la representación de la muerte galdosiana.
Full text
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1. Sección A ículos a ios
LA MUERTE DESDE LA ESCRITURA CLARINIANA1
AboAl lópez, MA íA
uniVe SidAd in e nACionAl de lA ioJA (eSpAñA)
P o eso a adjun a
Código ORCID: 0000-0002-7236-4167
ma ia.lopezaboal@uni .ne
Resumen: El ema de la mue e, pa icula men e ep esen ado a a és de los pe sonajes, de sus
e lexiones sob e la misma, de sus ac i udes an e el lecho del en e mo o an e los en ie os y une ales,
es ecu en e en la ob a de Leopoldo Alas Cla ín; o o de los g andes es igos del Ochocien os
español jun o a Galdós y Pa do Bazán. En es as páginas se p e ende ecoge la mane a con la que
Cla ín plasmó su in e és po es a cues ión inhe en e al se humano y a oda la li e a u a, a la ez
que se compa a con la ep esen ación de la mue e galdosiana.
Palab as cla e: Leopoldo Alas Cla ín, mue e, ealismo, na u alismo, Pé ez Galdós.
Abs ac : The subjec o dea h, pa icula ly ep esen ed by he cha ac e s, hei e lec ions on i ,
hei a i udes o he sickbed o a bu ials and une als, is ecu en in he wo k o Leopoldo Alas
Cla ín, one o he g ea wi nesses o spanish Eigh hund ed wi h Galdós and Pa do Bazán. In hese
pages we in end o collec he manne in which Cla in e lec ed his in e es in his issue inhe en in
human beings and in all li e a u a, while compa ed o hese wo no elis s.
Keywo ds: Leopoldo Alas Cla ín, dea h , ealism, na u alism, Pé ez Galdós.
1. in oducción
El obje o de es udio del p esen e a ículo es la ep esen ación de la mue e
en la esc i u a cla iniana. Pa a ello, he buscado en la ob a de Leopoldo Alas aque-
llos ins an es en los que apa ece e lejada la idea de la mue e. Y, inalmen e, los he
encon ado en La Regen a, Su único hijo (apenas una e e encia al suicidio), en sus
“no elas co as” Pipá, Doña Be a, Cue o y en el cuen o Mi en ie o. Con es e
ma e ial he analizado cómo Cla ín e a a la mue e pa a así comp ende mejo su
p opia ob a, así como el cambio que se p oduce en la ep esen ación de la mue e
du an e la segunda mi ad del XIX.
1 Es e a ículo de encuad a en el P oyec o I+D+i “Pode , espi i ualidad y géne o (Cas illa: 1400-
1500): la eme gencia de la au o idad emenina en la co e y el con en o” (FFI2015-63625-C2-1-P).
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El ema de la mue e, pa icula men e ep esen ado a a és de los pe sona-
jes, de sus e lexiones sob e la misma, de sus ac i udes an e el lecho del en e mo
o an e los en ie os y une ales, es ecu en e en la ob a de Leopoldo Alas Cla ín;
o o de los g andes es igos del Ochocien os español jun o a Galdós y Pa do Bazán.
En es as páginas se p e ende ecoge la mane a con la que Cla ín plasmó su in e és
po es a cues ión inhe en e al se humano y a oda la li e a u a, a la ez que la com-
pa a emos en di e sas ocasiones con la de Galdós, y en algunos momen os con la
de Pa do Bazán.
Los a ances cien í icos del XIX se con agia on ápidamen e a la no ela g a-
cias a una na a i a ealis a y na u alis a que p e endía plasma con mayo p eci-
sión odo aquello que sucedía a los homb es y muje es de su sociedad. Así, el a án
de e osimili ud y el espí i u de p og eso médico de la época queda on plasmados
en mul i ud de escenas en las no elas decimonónicas. Aquí ecoge emos única-
men e las co espondien es al au o zamo ano, in en ado así islumb a su p opia
ep esen ación de la mue e en un pe íodo en el que ya no se eje cía sob e ella la
ascinada y exal ada mi ada del oman icismo, después e omada en el decaden is-
mo inisecula . Los pe sonajes con los que nos ace có Cla ín al ema de la mue e
pe enecen a La Regen a, Cue o, Pipá, Mi en ie o o Doña Be a, y de es a o -
ma, a a és del es udio de los mismos y de su en en amien o al desenlace inal,
podemos ace ca nos un poco más a la p opia isión cla iniana sob e el ema. Si la
elación de la no ela ealis a con el con ex o his ó ico es undamen al (So elo Váz-
quez, 2002: 164), in en a emos islumb a si esa ap oximación a la ida con em-
po ánea del Ochocien os se co esponde con la “mue e edada” que A iès (1975)
enma có en la segunda mi ad de aquel siglo.
2. loS pe SonAjeS y lA Mue e
2.1 La Regen a
Son di e sos los momen os ma cados po la p esencia de la mue e en La
Regen a, y odos ellos apo an in o mación esencial sob e los pe sonajes. Especial-
men e e elado a esul a la desapa ición de San os Ba inaga, quien eniega de los
san os sac amen os y de la Iglesia en su lecho de mue e, pe o cuyo allecimien o
bien pod ía inclui se den o de las mue es que siguen en cie a mane a un pa ón
eligioso, ya que, como a o os pe sonajes de la no ela ealis a —especialmen e
galdosianos; po ejemplo, el caso de Mau icia en Fo una a y Jacin a ya es udiado
en Aboal López, 2015—, a Ba inaga se le in en a impone es e modelo, si bien en
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1. Sección A ículos a ios
el caso del come cian e es o esul a un absolu o acaso. Es en esa escena cuando
asis imos a la pa icula lucha de don San os con la eligión, aquí ep esen ada po
la igu a del cu a don An e o:
Don San os le an ó un poco la cabeza y conoció al cu a de la pa oquia.
—Don An e o... us ed ambién... po aquí... Me aleg o... así... pod á us ed da e
pública... como esc ibano... espi i ual... digámoslo así... de es o que digo... y es odo
mi es amen o: que mue o, yo, San os Ba inaga... po al a de líquidos su icien emen-
e... alcohólicos... que mue o... de... eso... que llama el seño médico... Colasa... o
Colás... segundo...
Se de u o, la os le so ocaba. Hizo un es ue zo y ayendo hacia la ba ba el embozo
sucio de la sábana o a, con inuó:
—Í em: mue o po al a de abaco... O osí... mue o... po al a de alimen o... sano...
Y de es o ienen la culpa el seño Magis al, y mi seño a hija... (Alas, 1885, II: 322).
El inal con cie o ono agicómico de Ba inaga nos e oca la ya ci ada esce-
na galdosiana de la mue e de Mau icia: además de su i ambos los es agos del
alcoholismo —Somoza ya había diagnos icado que San os se mo ía po es a en e -
medad y po al a de alimen ación2—, los dos conse an la ebeldía que les ca ac-
e iza du an e sus úl imos momen os de ida. A con inuación, comp obamos cómo
ambién Cla ín, de mane a simila a don Beni o, e leja la alsedad con la que odos
in en an ocul a le al mo ibundo la g a edad de su es ado y, una ez más, quien
mien e en es e ipo de mue e es el cu a:
—Vamos, don San os —se a e ió a deci el cu a— no a lija us ed a la pob e Celes a.
Hablemos de o a cosa. Ni us ed se mue e, ni nada de eso. Va us ed a sana en seguida...
Es a a de le ae é yo, con oda solemnidad, lo que us ed necesi a, pe o an es es p eci-
so que hablemos a solas un a o. Y después... después... ecibi á us ed el Pan del alma...
—¡El pan del cue po! —g i ó con sup emo es ue zo el mo ibundo, i i ado cuando
podía—. ¡El pan del cue po es lo que yo necesi o!... que así me sal e Dios... ¡mue o
de hamb e! Sí, el pan del cue po... ¡que mue o de hamb e... de hamb e!...
Fue on sus úl imas palab as azonables. Poco después empezaba el deli io. Celes ina
llo aba a los pies del lecho. Don An e o, el cu a, se paseaba, con los b azos c uzados,
po la sala mise able, haciendo echina el piso. Guima án con los b azos c uzados
ambién, en e la alcoba y la sala, admi aba lo que él llamaba la mue e del jus o.
Ca aspique había co ido a Palacio (ibíd.: 322-323).
2 “Y aunque us edes no comp endan es o, la ciencia decla a que la p i ación de alcohol p ecipi a
la mue e de ese homb e, en e mo po abuso de alcohol…” (ibíd.: 300). Es a en e medad, e a ada
en nume osas ocasiones en la na a i a na u alis a, es ampliamen e a ada po Zola en el pe sonaje
de Coupeau, en L’Assomoi .
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Cuando la no icia de la indisciplina del mo ibundo llega has a los oídos del
obispo asis imos a una escena donde la p eocupación de es e po Ba inaga con-
as a adicalmen e con la apa ía mos ada po el Magis al, al que lo único que le
inquie a de la desapa ición del ende o es que p o oque un empeo amien o de su
epu ación en Ve us a. Cla ín e leja así los emo es in e nos que acosan a Fe mín
de Pas; emo es que, más adelan e, e emos con i ma se du an e el en ie o ci il
del come cian e:
“Y aho a don San os mo ía escandalosamen e, mo ía como un pe o, hab ía que en e-
a le en aquel pozo inmundo, desampa ado, que había de ás del cemen e io y que
se ía pa a los en e amien os ci iles; y de odo es o iba a ene la culpa él, y Ve us a
se le iba a echa encima”. Ya empezaba el um um del mo ín, el Cha o enía a cada
momen o a deci le que la calle de don San os y la ienda se llenaban de gen e, de ene-
migos del Magis al... que se le llamaba asesino en los g upos —po que él obliga-
ba al Cha o a deci le la e dad sin odeos— asesino, lad ón... El Magis al al llega a
es e pasaje de sus e lexiones, sin pode con ene se, golpeó el pa imen o con el pie.
Ca aspique dio un sal o (ibíd.: 323).
Po odo ello, podemos a i ma que, al igual que ocu e poco después con la
escena de su une al, Alas se si e de la mue e de Ba inaga pa a e ela la uindad
de Fe mín de Pas y su i ánico pode , algo ní idamen e e lejado cuando es e in luye
en el obispo —quien sí deseaba sal a al pob e don San os— impidiendo que acu-
da al auxilio del pob e come cian e. A pesa de odas es as ci cuns ancias, San os
Ba inaga mue e inalmen e ue a del seno de la Iglesia, y es en onces cuando pa a
Guima án su amigo el come cian e se con ie e en una especie de hé oe del a eís-
mo, ejemplo a segui po odos los impíos y agnós icos de Ve us a:
—¡Mue e glo iosa! —decía don Pompeyo al oído de cualquie enemigo del P o iso
que enía a compadece se a úl ima ho a de la mise ia de Ba inaga—. ¡Mue e glo-
iosa! ¡Qué ene gía! ¡Qué esón! Ni la mue e de Sóc a es... po que a Sóc a es nadie
le mandó con esa se.
[…]
Mu ió al amanece .
Las nieblas de Co ín do mían oda ía sob e los ejados y a lo la go de las calles de
Ve us a. La mañana es aba emplada y húmeda. La luz cenicien a pene aba po odas
las endijas como un pol o pegajoso y sucio. Don Pompeyo había pasado la noche al
lado del mo ibundo, solo, comple amen e solo, po que no había de con a se un pe o
alde o que se mo ía de iejo sin sali jamás de casa. Ab ió Guima án el balcón de pa
en pa ; una á aga húmeda sacudió la co ina de pe cal y la is e luz del día de plomo
cayó sob e la palidez del cadá e ibio.
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A las ocho se sacó a Celes ina de la “casa mo uo ia” y el cue po, me ido ya en su caja
de pino, lisa y es echa, ue deposi ado sob e el mos ado de la ienda acía, a las
diez. No ol ió a pa ece po allí ningún sace do e ni bea a alguna.
—Mejo —decía don Pompeyo, que se mul iplicaba.
—Pa a nada que emos cue os —exclamaba Foja, que se mul iplicaba ambién (ibíd.:
332-333).
Jugando nue amen e con la pa adoja de las c eencias eligiosas, Cla ín ep o-
duce un poco más adelan e la mue e del amigo de Ba inaga, don Pompeyo Guima-
án. Su caso nos si e pa a ilus a la ambigua ep esen ación del allecimien o de
un “a eo empede nido” (ibíd.: 409) con e ido al c is ianismo en el p eciso ins an e
de su ex inción3: la ambigüedad en la ep esen ación de la mue e na u alis a pa e-
ce se , jun o con la i onía, o o pun o en común de Alas con Galdós. Más adelan e,
comp oba emos cómo Cla ín i oniza con el solemne en ie o del a eo Guima án.
Reco demos aho a que don Pompeyo su e el empeo amien o de su salud desde el
mismo día del en ie o ci il de Ba inaga, as el pe inaz aguace o que so p ende a
odos camino del cemen e io, y es desde en onces cuando don Pompeyo abandona
sus isi as al Casino y las amis ades que allí ecuen a. Poco a poco, el allecimien-
o de su es imado Ba inaga deja de esul a le a Guima án un ejemplo de con icción
é ica pa a p o oca le el miedo a su i la misma mue e mise able4.
“No, no que ía más luchas eligiosas. Ya iba siendo iejo pa a amañas emp esas.
Mejo e a calla ; i i en paz con odos.” La mue e de Ba inaga le hacía embla al
eco da la. “¡Mo i como un pe o! ¡Y yo que engo muje y cua o hijas!” (ibíd.: 408).
Cuando Guima án cae en e mo, y después de la ec i icación del doc o
Somoza, quien en un p incipio decla ó que es e no enía nada g a e, sus hijas y su
muje emen una más que p obable nega i a del mo ibundo an e la p opues a de
ecibi el sac amen o de la con esión. Sin emba go, su espues a so p ende a odos:
“Media ho a después oda Ve us a sabía el milag o. ¡El A eo llamaba al Magis al
pa a que le ayuda a a bien mo i !” (Alas, 1885, II: 410). Pe o, pa a desg acia de
3 Pa a López Landei a (1979-1980: 96): “La i onía es conna u al a oda la mani es ación a ís ica
de Alas”.
4 Aun así, Cla ín pa ece mos a desde es a igu a a ea al único habi an e de Ve us a que ealmen e
sigue los mandamien os di inos cuando el na ado a i ma que: “Al in, hay una eligión, la del ho-
ga ” (Alas, 1885, II: 409). Nue amen e desde la i onía, Alas incide sob e el abismo exis en e en e
las apa iencias y el in e io de casi odos los pe sonajes y, así, du an e la p ocesión de Semana San a
el na ado comen a que ya ningún e us ense pensaba en Dios po que: “El pob e don Pompeyo, el
a eo, ya había mue o” (Alas, 1885, II: 430).
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don Pompeyo, De Pas, jus o as conoce la no icia de la asomb osa pe ición del
mo ibundo, ecibe la ca a de econciliación de Ana Ozo es y an es de acudi a su
lecho de mue e pasa po la casa de la Regen a y pe manece allí du an e más de
una ho a y media. Una ez expues a la absolu a al a de compasión del Magis al,
la pluma cla iniana uel e a ceba se con el mundo del cle o, como cuando al ede-
do del lecho de mue e de don Pompeyo el na ado señala que di e en es cu as
“ e olo ean” cual bui es5.
La apa ición del Magis al, iluminado po su econciliación con Ana, le o o ga
un halo de san idad an e los espec ado es de la eminen e mue e de don Pompeyo.
Aun cuando se quedan solos mo ibundo y con eso , la escena de su econciliación
con la Regen a, que De Pas econs uye en su cabeza, es a p o agonismo a una ci -
cuns ancia an ascenden al como la ex inción de la ida de Guima án. Sin duda,
la supues a unión en e los has a aho a e e nos enemigos (De Pas y don Pompe-
yo) se e ela como me a apa iencia ca en e de cualquie a isbo de since idad. De la
misma mane a que en los cuad os galdosianos de mue es eligiosas el mo ibundo
apa ece odeado de soledad e incomp ensión (Aboal López, 2015), ambién aquí el
pe sonaje cla iniano se desdibuja an e el p o agonismo de la ambición del con e-
so , quien desea que el céleb e a eo se con ie a al c is ianismo, no po e se guia-
do po un e dade o sen imien o eligioso, sino po ambiciona la epu ación que
es a especie de milag o le p opo ciona ía en Ve us a:
Se sen ó al lado del en e mo y po p ime a ez io lo que enía delan e: un os o páli-
do, a ellanado, odo huesos y pellejo que pa ecía pe gamino cla o. Los ojos de Gui-
ma án enían una humedad elucien e, es aban muy abie os, mi aban a los abismos
de ideas en que se pe día aquel ce eb o en e mo, y pa ecían dos en anas a que se
asomaba el asomb o mudo (Alas, 1885, II: 416).
O a coincidencia de la ex inción de Guima án con algunas mue es galdosia-
nas es el ecu so de cie as simbologías eligiosas, como la coincidencia de que don
Pompeyo comulgue p ecisamen e el Domingo de Ramos. No obs an e, el ma i io
al que es some ido es e pe sonaje du a á unos días más —como el que se ep esen-
a du an e la Semana San a de Jesuc is o— ol iendo a pone en duda los conoci-
mien os cien í icos del médico, ya que Somoza equi oca de nue o su diagnós ico
y la mue e no e a an inminen e como anunció en un p incipio: “Mu ió. Mu ió el
5 Jun o al mo ibundo es aban el A cediano, don Cus odio, el cu a de la pa oquia y o os clé igos
a los que habían ecu ido las hijas desespe adas al e que De Pas no llegaba. An e la nega i a de
don Pompeyo a a a con nadie que no ue a el Magis al, “Gloces e se mo ía de en idia” (Alas,
1885, II: 414).
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1. Sección A ículos a ios
Mié coles San o. El Magis al y T i ón espi a on. También espi ó Somoza. Los
es hubie an quedado en idículo a sucede o a cosa” (Alas, 1885, II: 421).
La acusación con a la sociedad que Casaldue o (1943: 205) islumb a en
Ma ianela es muy simila a la que Cla ín mani ies a en La Regen a a a és del
en ie o de don Pompeyo Guima án. Reco demos que es e, as el e ible aguace-
o su ido du an e el une al de su amigo Ba inaga, comienza a sen i se mal y cae
muy en e mo. So p enden emen e, an es de allece , el econocido a eo pide con-
esa se con el Magis al, hecho ex ao dina io que no deja indi e en e a nadie en
Ve us a y, así, el en ie o de Guima án se con ie e en odo un espec áculo y en una
sonada lección de e p o agonizada po De Pas, al a a se de la con e sión de un
a eo con encido. Po odo ello, es e une al es la an í esis del en ie o ci il de Ba i-
naga, al que, pa adójicamen e, el p opio Guima án había in luenciado an o con sus
ideas an icle icales6. La celeb ación, que po su boa o se asemeja a la de un miem-
b o eclesiás ico, le p opo ciona al Magis al la opo unidad de da un gi o adical:
de su ecien e papel de e dugo en la de unción de Ba inaga pasa a se un sace do e
eden o po que, desde es e momen o, De Pas se á conside ado el a í ice del mila-
g o de la con e sión del a chiconocido e us ense, y las que an es e an palab as de
epudio con a él, aho a se án exp esiones de halago y admi ación7:
El en ie o del a eo ue una solemnidad como pocas. Acompaña on a la úl ima mo a-
da del cadá e del inado las au o idades ci iles y mili a es; una comisión del Cabildo
p esidida po el Deán, la Audiencia, la Uni e sidad, y además cuan os se p eciaban de
buenos o malos ca ólicos. La iuda y las hué anas ecibían especial a o y consuelo
con aquella pública mani es ación de simpa ía. El Magis al iba p esidiendo el duelo
de amilia: no e a pa ien e del di un o, pe o le había sacado de las ga as del Demonio.
Según Gloces e , que se quedó en la sala capi ula mu mu ando, “aquello, más que
el en ie o de un c is iano ue la apo eosis pagana del pío, elice, iun ado Vica io
gene al”. En e ec o, el pueblo se lo enseñaba con el dedo: “Aquel es, aquel es”, decía
la muchedumb e señalando al Após ol, al Magis al (Alas, 1885, II: 421-422).
6 Pa a Baque o Goyanes (1995: 62) don Pompeyo, el “a eo o icial de Ve us a”, “es el esponsable
de que el pob e Ba inaga mue a sin ecibi los auxilios espi i uales de la Iglesia y haya de se en e-
ado ci ilmen e”.
7 No obs an e, pa a el lec o no hay ninguna duda de que lo que se comen aba du an e el en ie o
de Ba inaga (“Aquel pob e don San os había mue o como un pe o po culpa del P o iso ”; Alas,
1885, II: 335) se e ela plenamen e con el de don Pompeyo: al Magis al no le impo a ningún mo-
ibundo ni le p eocupa lle a la e a un a eo, lo único que le in e esa es él mismo y el man ene una
imagen de g andeza que ha c eado pa a sen i se admi ado po odos. No ol idemos que an es de
acudi al lecho de mue e de Guima án, De Pas acude sin p isa alguna a isi a a la Regen a y que
du an e la con esión del mo ibundo sus pensamien os es án en Ana Ozo es.
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Muy di e en e esul a la o a ca a del en ie o de don Pompeyo, la de la g an
indignación de sus colegas de ideología, aquellos que le ayuda on a en e a a
Ba inaga, y enemigos ambién del Magis al, que conside an que Guima án les ha
desac edi ado a odos con su úl ima acción en ida e, incluso, con es a de cue po
p esen e: “Los que es aban u iosos e an los lib e-pensado es que comían ca ne en
una onda odos los Vie nes San os” (II: 422). Además, el i ual une a io de don
Pompeyo denuncia, pa adójicamen e, su culpabilidad en el en ie o-des ie o de su
amigo don San os Ba inaga, al que ha aicionado al inal de su ida ideológica y
é icamen e. Nue amen e nos encon amos an e un ac o de engaño al mo ibundo8.
Po odo ello, el pe sonaje de don Pompeyo Guima án se e ela como un au én ico
iasco po que, como bien señala Robe Jammes (1988: 396), “ ep esen a el a eís-
mo y su acaso, acaso ma e ializado po el lamen able en ie o ci il de don San-
os Ba inaga y, sob e odo, po la p opia con e sión de Guima án en el momen o
de mo i ”9.
Desapa ición muy dis in a, pe o undamen al po su ele ancia en los acon-
ecimien os de La Regen a, es la e iginosa mue e de Víc o Quin ana , cuando
du an e el duelo10 con Ál a o Mesía una bala le pe o a la ejiga p o ocándole la
pe i oni is que acaba con su ida11. Lo inespe ado de es as si uación conlle a una
absolu a al a de iempo pa a cualquie mínimo i ual y, aquí, las p isas hacen que
se aslade al malhe ido a la casa nue a del i e o sin posibilidad alguna de se
acompañado po su esposa y amilia es. Reco demos que los impac an es inales de
las mue es epen inas ienen su o igen en una mue e que esul a siemp e mucho
más inespe ada que o as y que sigue el pa ón an ex endido de ob as como Emma
Bo a y, Anna Ka énina, C imen y cas igo o Jude he Obscu e. P ecisamen e, el
8 P ecisamen e, Richmond (1986: 505) pe cibe en es e hecho o o nexo de unión en e Ba inaga
y el p o agonis a de Mi en ie o, quien ambién se á engañado po su amigo y po su muje (como
ambién ocu e en la no ela Lo p ohibído de don Beni o).
9 Como bien señala el pe sonaje de Gloces e , la celeb ación se pa ece más a una es i idad de la
magni icencia del Magis al que al en ie o del pob e don Pompeyo (Alas, 1885, II: 421).
10 Sob e la e i alización del desa ío y el duelo en el Ochocien os, éase Díaz-Plaja (1969: 175-192).
Asimismo, en es e episodio cabe pensa en las siguien es palab as de Eo (1965: 84): “Segu amen-
e, en lo que más se di e encia La Regen a de Madame Bo a y, no es en el ema, sino en el es ilo li-
e a io, en la p eponde ancia en la no ela española del elemen o cómico sob e el ágico, dis inción
undamen al en e el genio li e a io español y el ancés”.
11 Simone Sailla d (1988: 315-319) des aca, además de las consul as del au o a un a ado de me-
dicina pa a documen a se sob e es e caso, el pa ecido de es a escena con el capí ulo XXXVIII de
Renée Maupe in de los he manos Goncou , cuando el he mano del p o agonis a ambién mue e a
consecuencia de un duelo.
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1. Sección A ículos a ios
suicido de Ka énina bien pod ía habe in luido en la mue e de Doña Be a de Cla-
ín. Reco demos que la p o agonis a de Alas allece al se a ollada po el an ía
en la calle Fuenca al (Alas, 1892a: 163-164), mien as que la céleb e he oína usa
se lanza a las ías del en (Tols ói, 1877: 954-955). Ese inal de la igu a cla iniana
a ollada po el an ía con i ma además el cambio en la ep esen ación de la mue -
e en la na a i a ealis a hacia un espacio más u bano, alejado de los amplios espa-
cios e incluso paisajes ex e io es desc i os en an as mue es omán icas.
De nue o, en La Regen a, no puede e i a Cla ín a eme e con a el doc o
Somoza y en es a ocasión las palab as del na ado dejan en e e la posible cu a-
ción si el médico hubie a pe mi ido el aslado del he ido a Ve us a12. El inal de
don Víc o gua da a su ez elación con los d amas de capa y espada que an o leía
el esposo de Ana Ozo es; y así e mina él, asesinado no po se el adúl e o, sino el
esposo engañado13. Al habla del ema de la us ación y el sen imien o de aca-
so en La Regen a, Baque o Goyanes (1978: 166) conside a que la mue e de don
Víc o es una especie de cas igo a su ea al exis encia: “Lo dolo oso, lo inmedia-
amen e isiológico da la exac a medida de la oposición ida li e a u izada- ida
eal. Y esul a una pa adoja ágica la de que el ea al don Víc o conozca la io-
lencia de esa ida au én ica, solo en el ance de la deshon a y momen os an es de
mo i ”. De hecho, el duelo po el que pie de la ida Quin ana esul a nue amen e
una sue e de pa odia del oman icismo.
Yacía don Víc o en la misma cama donde meses an es había do mido con el dulce
sueño de los niños.
Al ededo del lecho es aban los dos médicos, F ígilis que enía lág imas heladas en
los ojos, Ronzal, es upe ac o, y el co onel Fulgosio, lleno de emo dimien os.
[…]
Y F ígilis en ó en un gabine e, que es aba a oscu as, pa a llo a a solas.
Poco después Pepe io sali al co onel Fulgosio y de ás a Somoza el médico.
—¿Y aslada le a Ve us a…? —decía el mili a .
—¡Imposible! ¡Ni soña lo! ¿Y pa a qué? Mo i á es a a de de ijo.
Somoza solía equi oca se, an icipando la mue e a sus en e mos.
Es a ez se equi ocó dándole a don Víc o más iempo de ida del que le o o gó la
bala de don Ál a o.
Mu ió Quin a a las once de la mañana (Alas, 1885, II: 579-580).
12 Pa a el es udio de los pe sonajes médicos cla inianos, éase López Aboal (2012).
13 Sob e es e mismo aspec o, éase Baque o Goyanes (1995: 24-25).
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y, así, asis imos a una escena donde el p opio p o agonis a, en un in e esan e des-
doblamien o, se amo aja a sí mismo. Es e pa icula eje cicio de obse ación que
ealiza la igu a cla iniana nos ecue da al que lle a a cabo el Manso galdosiano, a
quien ambién su au o le pe mi e “juga ” con su allecimien o y se es igo de su
p opia mue e. Ambas ob as gua dan una es echa elación con el ela o de Zola La
mue e de Oli ie Bécaille, pe sonaje que na a su mue e en p ime a pe sona28. Una
ez más, nues os esc i o es expe imen an con la ob a na a i a y se ap oximan aquí
a lo que a i ma Manuel A anz en el p ólogo a La mue e de Vladimi Jankélé i ch
(2002: 9): “La mue e es inimaginable e ine able”. Po ello, según F eud (1915:
2110), la escuela psicoanalí ica a i ma que nadie c ee en su p opia mue e, ya que
“en lo inconscien e odos noso os es amos con encidos de nues a inmo alidad”.
Al igual que la ya amosa i onía de don Beni o, la de Leopoldo Alas ampo-
co iene lími es, como cuando su p o agonis a llega al cemen e io y comen a que:
“En onces los del duelo, po la p ime a ez, se aco da on de mí” (Alas, 1892b:
174). Es e ipo de ca ilaciones sob e la alsedad de aquellos que odean al mo i-
bundo y al cadá e ya las hemos encon ado en La Regen a y ol e emos a e las
en di e en es agmen os cla inianos. El inal de Mi en ie o, con su ono de humo
absu do, abunda en es a idea: Ronzuelos, que obse a odo lo que ocu e as su
mue e, en especial las eacciones de sus amigos y de su esposa, concluye que es
mejo queda se en el cemen e io y le dice al en e ado : “No quie o ol e a la ciu-
dad de los i os” (176)29.
3.3 La Regen a
Desde la na a i a cla iniana podemos ambién asis i al en ie o de San os
Ba inaga, escena que nos si e como esumen de muchas de las ca ac e ís icas de
los i uales une a ios de la no elís ica de Leopoldo Alas; no obs an e, es a la mue -
e de Ba inaga, y su une al, a la que nues o esc i o dedica más páginas. Al a-
a se de alguien conocido po su an icle icalismo, la no icia de su mue e dispa a
en Ve us a odo ipo de hipó esis sob e su en ie o. Los amigos de don San os es án
28 En es e ela o zolesco (Zola, 1884: 81-111), el p o agonis a expe imen a con la mue e al se
en e ado con ida. T as muchos es ue zos consigue escapa de su p opio a aúd pa a comp oba ,
una ez en el mundo de los i os, que es aba mejo en el de los mue os, ya que odos le han ol i-
dado ápidamen e, y su muje y su mejo amigo se han ma chado jun os.
29 Aunque Ronzuelos se o ece a paga un alquile po el nicho, el en e ado a isa a su amilia y, al
día siguien e, su muje y algunos de sus amigos consiguen lle á selo de allí, a pesa de su esis en-
cia, y uel en a coloca lo en el able o de ajed ez (Alas, 1892b: 177).
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1. Sección A ículos a ios
indignados po que no se le a a da sepul u a en campo san o, sino en la zona del
cemen e io des inada a los llamados en e amien os ci iles30, y culpan de odo ello
al Magis al. La escena del sepelio de don San os no puede se más lúgub e, y le
si e a Cla ín, una ez más, pa a expone la pe e sidad de Fe mín de Pas —ene-
migo decla ado del di un o— y el odio bas an e jus i icado que muchos e us en-
ses sien en hacia el Magis al:
El en ie o ue ce ca del anochece . Solo así podían asis i los de la Fáb ica.
Llo ía. Caían hilos de agua pe ezosa, diagonales, su iles.
La calle se cub ió de pa aguas.
El Magis al, que espiaba de ás de las id ie as de su despacho, io un ondo neg o
y pa do; y de epen e, como si se alzase sob e un pa és, apa eció po encima de odo
una caja neg a, es echa y la ga, que al sali de la ienda se inclinó hacia adelan e y se
de u o como acilando. E a don San os que salía po úl ima ez de su casa. Pa ecía
duda en e desa ia el agua o ol e a su i ienda. Salió; se pe dió el a aúd en e el
oleaje de seda y pe cal obscu o (Alas, 1885, II: 334).
El ampliamen e desc i o en ie o del amigo de don Pompeyo esul a cu io-
so y pa adójico en muchos momen os, como cuando al aslada el é e o hacia el
cemen e io algunos miemb os de la comi i a p onuncian o aciones. Si bien Guima-
án, quien p eside el duelo, ecomienda a odos man ene se en silencio, inalmen-
e, as discu i sob e el ema, la comi i a úneb e acaba ezando: “Todo aquello
e a una con adicción, pe o Ve us a no es aba p epa ada pa a un e dade o en ie o
ci il” (335). El pe inaz aguace o que acompaña al cue po de don San os du an e
es e úl imo iaje esul a un ma co excelen e y, a modo de escena e o í ica, el é i-
co ambien e si e pa a esal a las malas a es del Magis al; quien, a pa i de aho-
a, e á aumen a su mala epu ación en e muchos ciudadanos de Ve us a: “Aquel
pob e don San os había mue o como un pe o po culpa del P o iso ; había ene-
gado de la eligión po culpa del P o iso , había mue o de hamb e y sin sac amen-
os po culpa del P o iso ” (335-336)31.
30 Sob e la negación de la sepul u a a algunos di un os po pa e de la Iglesia, éase Al onso Di
Nola (1995: 142-143). Sob e el en e amien o ci il en la no ela cla iniana, éase lo que ano a Oleza
(ibíd.: 324, n. 31).
31 Las alusiones a mo i como un pe o ambién apa ecen du an e la agonía de Eloísa en Lo p ohi-
bído, cuando es a le ec imina a José Ma ía su ausencia en esos momen os (Pé ez Galdós, 2001,
485), así como en la e ible mue e de Papá Go io , cuando el p o agonis a ya mo ibundo llama
desespe ado a sus ing a as hijas: “‘¡Eh, Nasie! ¡Eh, Delphine! ¡Venid a e a ues o pad e que an
bueno ha sido con oso as y que su e!’ Nada, nadie. ¿Es que oy a mo i como un pe o? Esa es
la ecompensa que engo, mo i abandonado” (Balzac, 1992: 233).
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Pe o no solo se cas iga al Magis al du an e es a escena, sino que el en ie o
de Ba inaga se con ie e en oda una lucha con a los elemen os y, de mane a casi
apocalíp ica, los que p e enden da sepul u a al he eje pa ecen se esca men ados
du an e la hazaña (“llo ía a la igazos”)32. Es a du a si uación p eocupa a don Pom-
peyo, quien ya con los pies encha cados comienza a eme has a po su salud: “No
hay Dios, es cla o —iba pensando—, pe o si le hubie a, pod ía c ee se que nos es á
dando azo es con es os diablos de aguace os” (336).
Guima án es el enca gado de media con el en e ado y el capellán del cam-
po san o y, as las di icul ades pa a en a , consiguen in oduci el é e o en el
cemen e io, aunque no lo hacen po la pue a p incipal, “sino po una especie de
b echa abie a en la apia del co alón inmundo, es echo y lleno de o igas y esca-
jos en que se en e aba a los que mo ían ue a de la Iglesia ca ólica” (337)33. No se
lle a a cabo ce emonia alguna, pe o Pompeyo pe manece bajo la llu ia has a que
odos abandonan el cemen e io, sin sospecha que el u bulen o une al de su ami-
go se con e i á en su p opia condena a mue e34; posible cas igo pa a el culpable
del a eísmo que ha conducido a don Pompeyo a una is e mue e35.
Había ce ado la noche. Se de u o solo, comple amen e solo, en lo al o de la cues-
a. “A su espalda, a ein e pasos enía la apia úneb e. Allí de ás quedaba el míse o
amigo, abandonado, p on o ol idado del mundo en e o; es aba a lo de ie a... sepa-
ado de los demás e us enses que habían sido, po un mu o que e a una deshon a;
pe dido, como el esquele o de un ocín, en e o igas, escajos y lodo... Po aquella
b echa pene aban pe os y ga os en el cemen e io ci il... A oda p o anación es a-
32 Podemos eco da aquí las palab as de Richmond (1986: 504), pa a quien es e une al “es un
ac o de signi icación ideológica”. Reco demos que el une al de Pipá ambién ocu e du an e una
o men a que pa ece p esagia la a alidad (Landei a, 1979-1980: 93).
33 Tampoco es en e ado en sag ado el p o agonis a cla iniano de El doc o Pé inax, pe sonaje
a eo que Richmond (1986: 503) y, en su es ela, Oleza (ibíd.: 418, n. 7), conside an p edeceso de
Ba inaga y Guima án. Richmond asimismo con empla una es echa elación en e el en ie o de don
San os y la no ela co a Mi en ie o.
34 Tal y como señala Richmond (1986: 504), es e une al es el ac o desencadenan e de a ios
e ec os y ans o maciones en don Pompeyo: en e ma, ompe con sus amigos del Casino y deja de
deba i sob e la eligión al conclui que la única eligión que exis e es la del hoga .
35 Muy isual esul a ambién la ensoñación de don Pompeyo Guima án en La Regen a, du an e esa
noche de ieb e que pasa as el pa é ico en ie o de su que ido Ba inaga: “Soñaba que él e a de cal
y can o y que enía una b echa en el ien e y po allí en aban y salían ga os y pe os, y alguno que
o o diablejo con abo” (Alas, 1885, II: 338). Es a expe iencia oní ica e leja su miedo a e mina
como su amigo, indicio de ese cambio del pe sonaje que hemos comen ado, en e ado en esa ie a
indigna des inada pa a aquellos que mo ían ue a de la Iglesia y a la que se accedía “po una especie
de b echa abie a en la apia del co alón inmundo, es echo y lleno de o igas y escajos” (337).
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1. Sección A ículos a ios
ba abie o... Y allí es aba don San os... el buen Ba inaga que había endido pa enas
y i iles... y c eía en ellos... en o o iempo. ¡Y odo aquello e a ob a suya... de don
Pompeyo; él, en el ca é- es au an de la Paz, había comenzado a demole el alcáza
de la e... del pob e come cian e...!” (Alas, 1885, II: 337-338).
3.4 Pipá
Casi an impac an e como su mue e es la desolado a escena del une al de
Pipá. Así, las a ídicas ci cuns ancias ec eadas po el au o du an e la mue e de
es e —ab asado den o de un onel mien as odos es án de ies a a su al ededo —,
pa ecen dila a se has a el momen o de su en ie o; donde, i ónicamen e, los mis-
mos que no le ayuda on ni le p es a on ninguna a ención en onces, aho a le obse -
an con cu iosidad y de enimien o, en calidad de es igos:
Como que Pipá es aba den o de la caja de en e a chicos que iene la pa oquia,
como es ue zo sup emo de ca idad eclesiás ica36. Y no había miedo que se mo iese,
po que es aba hecho un ca bón, un ca bón comple o como decía Ma ipujos.
La ho ible b uja con emplaba la masa neg a, in o me, que había sido Pipá, con mal
disimulada aleg ía. Gozaba en silencio la enganza de mil inju ias. Tendió la mano y
se a e ió a oca el cadá e , sacó de la caja las cenizas de un apo con los dedos que
pa ecían ga ios, ace có el in ame os o al mue o, ol ió a palpa los es os ca bo-
nizados de la mo aja, pegados a la ca ne (Alas, 1886: 144).
Cla ín no desap o echa la ocasión pa a incidi en la uindad y la hipoc esía
de las gen es del pueblo llano y de la Iglesia: “La pa oquia no dedicó a Pipá más
hon as que la caja de los chicos, cua o ablones mal cla ados” (145). Pe o, ade-
más, nues o esc i o se ceba especialmen e con uno de los pe sonajes que ambién
después end á un papel singula en La Regen a: Celedonio. Aquí, el céleb e mona-
guillo demues a su mezquindad du an e oda la ce emonia (cuando la gen e le p e-
gun a quién es el di un o, “Celedonio con es aba con ges o y acen o despec i os:
—Nadie, es Pipá”; 145) y, sob e odo, al inal del une al y de la no ela, ce ando
la ob a, como ambién lo hace en La Regen a, con un oque g o esco y e elado
de su pe sonalidad37:
36 Como ya comen amos, Cla ín basó es a no ela co a en un hecho eal que iene muchas coinci-
dencias con es a desc ipción: “Po la a de, al en a en la Pue a Nue a, Leopoldo piensa en Pipá
que aho a yace en un ca bón en la caja de los chicos, cua o ablones mal cla ados, is e egalo de
la pa oquia” (Lisso gues, 2007: 88).
37 P ecisamen e, cuando Bese (1982: 32) comen a la elación en e es as dos ob as cla inianas a i -
ma que el inal de La Regen a le pa ece más ap opiado de un ela o co o del ipo de Pipá.
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Celedonio di igía la p ocesión con aje de monaguillo. Chi ipa y Pijue a con o os
dos pille es lle aban el mue o, que a eces deposi aban en ie a, pa a dispu a , blas-
emando, quién lle aba el mayo peso, si los de la cabeza o los de los pies. E an ganas
de queja se. Pipá pesaba muy poco.
La popula idad de Pipá bien se conoció en su en ie o; seguían el é e o odos los
g anujas de la ciudad.
[…]
En el cemen e io, Celedonio se quedó solo con el cadá e . […] El monaguillo le an-
ó la apa del é e o, y después de asegu a se de la soledad… escupió sob e el ca -
bón que había den o.
Hoy ya nadie se acue da de Pipá más que yo; y Celedonio ha ganado una beca en el
semina io. P on o can a á misa (Alas, 1886: 145).
4. concluSioneS
Si bien Leopoldo Alas ma ca de mane a undamen al la na a i a ealis a y
na u alis a española38, ambién su ep esen ación de la mue e, a a és de la ela-
ción de sus pe sonajes con ella, ayuda a con o ma una nue a isión de la misma,
apa ándose en la segunda mi ad del XIX de la mi ada exal ada que sob e ella eje -
ció el oman icismo pa a i desmi i icándola y diseccionándola desde una mi ada
más clínica (Aboal López, 2015), coincidiendo, po an o, con esa “mue e edada”
p opia de la segunda mi ad del Ochocien os en la que la medicalización la a ele-
gando a un segundo plano, enmasca ándola de en e medad (A iés, 2000)39.
La habi ual i onía de Cla ín se con agia ambién a la isión de la mue e, con-
agiada po su an icle icalismo y po la c í ica a una eligiosidad mal en endida40,
38 Pa a So elo Vázquez (2002: 65) La Regen a es la ob a maes a del na u alismo español.
39 Po o o lado, apenas hay e e encias a la mue e olun a ia en la no ela cla iniana y, así, en Su
único hijo solo encon amos una pequeña mención sin ele ancia (Alas, 1891: 199). Sin emba go,
Noël Valis (2002: 243) sugie e la posibilidad del suicidio de An onio Reyes en el agmen o de la
inconclusa Sin onía de dos no elas: Una medianía. Sob e es a misma cues ión, Oleza (1989: 27)
señala que Cla ín decla ó en una ca a a Menéndez Pelayo que su pe sonaje es aba condenado a
suicida se “cuando adquie e la e idencia de esa medianía que es” (ca a del 6-X-91).
40 Sob e la eligiosidad cla iniana, éase A boleya (1978: 43-59), así como los es imonios del p o-
pio Leopoldo Alas que Lisso gues (2007: 169; 304) ecoge en su biog a ía. Es e úl imo (Lisso gues,
1996: 109) ad ie e sob e Cla ín que “Si se mues a an icle ical, no se decla a jamás an i eligioso,
y algunos a eba os i e e en es con a cie os dogmas ca ólicos no an más allá de una ei indica-
ción del lib e examen en e a una imagine ía pue il y sin consis encia acional”. Ezama (1994: 76)
señala una búsqueda de Cla ín de la eligiosidad au én ica a pa i de 1890.
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así como po esa p imacía de lo ma e ial sob e lo espi i ual an as eces simboliza-
da en la no ela decimonónica y p opia del momen o social.
Po o o lado, hemos comp obado cómo las mue es de los p o agonis as a ec-
an a las acciones del es o de pe sonajes y nos apo an más da os psicológicos sob e
es os úl imos. Así, la desapa ición de Quin ana acen úa la ya emenda soledad de
Ana Ozo es, además de cas iga su in idelidad con Ál a o Mesía y adelan a su con-
dena inal; y la de unción de don Pompeyo Guima án mani ies a la hipoc esía del
pe sonaje, el aude mo al que supone ese gi o adical del a eísmo al c is ianismo
del que Cla ín se si e al mismo iempo pa a ahonda en la uindad del Magis al
(como ambién hemos is o que ocu ía con la de unción de San os Ba inaga).
Sin emba go, esul a cie amen e llama i o que Cla ín dedique en sus no e-
las más espacio a la desc ipción de los en ie os de sus pe sonajes que a las mue es
de los mismos; algo que le di e encia especialmen e de Galdós, quien esc ibió más
páginas ep esen ando a los mo ibundos en sus úl imas ho as. No obs an e, coin-
cide Alas con esa en ada en la li e a u a que hace el cemen e io en el XIX y que
es udia ampliamen e A iès (1975: 412-443), quien señala incluso que: “el cemen-
e io del siglo XIX se ha con e ido en obje o de isi a, en un luga de medi ación”
(435). En es e sen ido, Das u (2007: 32-33) des aca que es as p ác icas o i os son
p ecisamen e las que “ma can po sí mismas la apa ición del eino de la cul u a, ya
que son es imonios del echazo a some e se pasi amen e al o den de la na u aleza,
a ese ciclo de la ida y de la mue e que ige a odos los se es i os”.
Analizando la ep esen ación de la mue e en la no ela cla iniana, comp oba-
mos que la misma apa ece como o ma de ahonda en la psicología de sus igu as
de icción y, a a és de ellos, quizá en el homb e del Ochocien os. Al in y al cabo,
es udian al O o, a aquel que se queda a con empla la mue e po que, como ecoge
Azcá a e de León (2000: 417): “Los i os, po supues o, no han quedado ausen es
del p oceso de la mue e. Más aún, son casi siemp e los p o agonis as p incipales”.
En el ealismo y na u alismo, la mue e ya no se ep esen a como una posi-
ble unión con la na u aleza, como sucedía en muchas ocasiones en el oman icis-
mo, sino que se con empla como un inexo able acío, al y como pe cibimos en la
ob a cla iniana y que emos en pa e ejempli icada en es as di agaciones de Víc o
Quin ana , donde apa ece ya esa negación de la mue e que comenza á en la segun-
da mi ad del siglo XIX y que se man end á has a nues os días.
En la mue e no que ía pensa , po que eso le ponía malo […]. La mue e… la mue -
e… él enía así… una aga y dispa a ada espe anza de no mo i se… ¡La medicina
p og esa an o! y además, se podía mo i sin g andes dolo es, po más que F ígilis lo
nega a (Alas, 1885, II: 283).
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5, bibliog AFíA
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