El diablo en sus infiernos. Ed. María Jesús Zamora Calvo (Madrid, Abada Editores, 2022) [Reseña]
Full text
Reseñas bibliográficas 171 El diablo en sus infiernos Ed. María Jesús Zamora Calvo (Madrid, Abada Editores, 2022) El volumen El diablo en sus infiernos nos descubre diferentes facetas de la figura del diablo gracias a la realización de un exhaustivo trabajo de investigación multidisciplinar. El hilo conductor es claro: el mal es todo aquello que amenaza o se opone a lo establecido. Como lectores, nos adentramos en este mundo de ocultismo y superstición de forma accesible, como quien decide bajar a darse un paseo por el infierno en un intento de responder a algunas de las preguntas que pueden surgirnos cuando reflexionamos sobre el mal personificado, como ¿qué es el diablo?, ¿cómo se manifiesta en la cultura?, ¿qué formas adopta?, ¿a qué propósito sirve?, ¿cuál es la relación entre demonio e Inquisición?, o ¿en qué consiste el estudio demonológico? Por esta última cuestión, precisamente, comienza el libro. Antonio Doñas describe la bula Super Illius Specula y saca a relucir un problema aparentemente extendido, la falsificación de bulas. Alimenta el debate sobre el concepto de herejía y la extensión del término. Junto con el Directorium Inquisitorum de Eimeric, esta bula supone una transición hacia un derecho canónico distinto, más severo contra la herejía. Al hilo de esto, María Jesús Torquemada analiza las implicaciones jurídicas del pacto con el diablo. ¿En qué se fundamenta y cómo se desarrolla un derecho que sea justo cuando juzgue al diablo y a la persona afectada por él? La autora incluye una descripción detallada de los cuatro elementos esenciales del pacto con el diablo: consentimiento, objeto, causa y forma. De diablos escurridizos y pactos más que ilícitos nos cuenta Alberto Ortiz. Explica sin tapujos —al estilo áureo— las diferencias entre los súcubos e íncubos analizando cuestiones materiales como su sexo, su capacidad para crear vida y su función tentadora por tratarse de lo prohibido. En los dos capítulos siguientes se reflexiona sobre cómo se relaciona a las mujeres y a los jesuitas con el diablo. En apariencia, ellas lo abrazan y los otros lo rehúyen. Por un lado, Araceli Toledo Olivar recurre al imaginario del diablo de Pedro Ciruelo para indagar en la relación entre demonio y mujer hechicera, bruxa. Ambos son depositarios del mal y el extremo opuesto a la santidad, por lo que surge la duda de por qué Dios permite ese comportamiento.
Atalanta . Revista de las Letras Barrocas 172 Por otro lado, Irene Coloma López estudia la caracterización del diablo en la producción literaria de Juan Eusebio Nieremberg. Para asegurar la salvación de las almas (siguiendo la doctrina jesuita), es necesario conocer los remedios naturales y de otra índole que alejen al diablo del camino que deben transitar los creyentes. Seguidamente, Beatriz Moncó sintetiza lo que el resto de los autores desarrollan añadiendo una acentuada perspectiva de género. Presenta distintas formas de ser mujer en el Siglo de Oro: recluida en un convento, casada o en los márgenes. Sea mujer marginada o monja prestigiosa, todas tienen en común que ninguna escapa de ser relacionada con el diablo por quienes las ven como amenaza. Precisamente de esto trata el capítulo, de monjas prestigiosas (santa Teresa de Jesús) y de mujeres marginadas (María Cayetana Loria) que, perseguidas por la sombra de la Inquisición, son examinadas de formas radicalmente distintas. Por un lado, Rocío Pérez-Gironda ofrece una introducción teórica sobre el mal y los diversos tipos de diablos para que entendamos mejor la relación entre el diablo y Teresa de Jesús. Esta santa intachable sufre por la tentación del diablo y duda de sí misma. Por su parte, Robin Ann Rice comparte sus hallazgos sobre el tratado inquisitorial de María Cayetana Loria y explica por qué a santa Teresa de Jesús se la trata de santa y a la Loria de «ilusa». Cuestiones como su identidad mulata y un aspecto degradado, que se unen a su fama de mocear tanto con el diablo como con el bachiller Vázquez, seguramente tengan algo que ver. Tras esto se abre un nuevo espacio pensado para abordar un doble análisis sobre la teatralidad del diablo. En primer lugar, Luis González Fernández aborda el conflicto entre la corporeidad del demonio y su representatividad teatral. En este sentido, recoge algunos recursos para hacerla posible, entre ellos la necesidad de pactar con el público cierta suspensión de la incredulidad. Por su parte, Javier Espejo Surós nos muestra a otro diablo teatral que a lo largo de la obra progresa de diablo seductor a diablo derrotado. Sociopolíticamente reafirma las instituciones, sólidas y seguras, ante el engaño y manipulación diabólicos. Además, incluye una distinción de cuatro niveles de comedia en la representación escénica de la criatura. En el último bloque imaginamos y vemos al diablo en todo su esplendor a través de diversos medios que, en última instancia, consolidan una imagen más uniforme de la criatura, una imagen que, aunque había venido gestándose durante siglos, alcanza su punto álgido con el éxito de la industria cinematográfica. María Jesús Zamora Calvo nos introduce a una María de Zayas aguda que exprime todas las posibilidades del diablo (la
Reseñas bibliográficas 173 sexualidad, el pacto, lo negro) recogidas en los tratados demonológicos. De Zayas retrata la violencia ejercida contra la mujer del Siglo de Oro por el hombre, cuyos hilos mueve el diablo, para que sirva de advertencia a las mujeres inexpertas. A continuación, Sonia Pérez-Villanueva recurre a los ejemplos de tres mujeres judías —la Susona, Lilit y la Sinagoga— que, a ojos cristianos, son vinculadas con el mal y todo un simbolismo adyacente. Inevitablemente, la mujer asociada con el mal resulta en mujer próxima al diablo. De hecho, más es así si se trata de jóvenes seductoras que desean pervertir al cristiano llevándolo por el camino del pecado con su sensualidad. Más adelante, David Alfonso Alonso nos lleva de viaje a los infiernos de distintas culturas —principalmente la cristiana y la musulmana— mediante fragmentos de la Biblia y el Corán. A su vez, estos van acompañados de imágenes artísticas medievales muy bien seleccionadas que ilustran los infiernos ya retratados literariamente. En último lugar, Roberto Morales Estévez nos presenta distintas interpretaciones del diablo representado en el cine que enriquecen sobremanera el volumen. A diferencia de lo que sucedía en el teatro, se juega mucho más con la sugestión de la criatura y de la imagen. El diablo se convierte en un personaje con dimensión psicológica cuya posición es unas veces de víctima y otras de victimario. En definitiva, se trata de un libro muy completo que constituye un buen punto de partida para introducirse en este mundo. Como hemos podido comprobar, esta colección nos propone un mismo diablo con cuatro caras principales: el diablo moral, mucho más teológico que el resto y depositario del mal; el diablo activamente tentador, que en este caso concentra sus esfuerzos en pervertir a los fieles desde el lecho; un diablo estructural, como apuntaba santa Teresa en la cita inicial; y, por último, un diablo representado cuyo potencial es inagotable. Ahora es cuestión de elegir qué aspecto nos interesa más y profundizar desde ahí para dejarnos asombrar por la magnitud de la criatura que tantos quebraderos de cabeza ha dado a lo largo de la historia. En la actualidad, da la impresión de que su figura se ha difuminado porque no parece seguir tan presente en materia de creencias. Sin embargo, El diablo en sus infiernos recorre el motivo desde diferentes ángulos para arrojar luz sobre su relevancia y vinculación con nuestra cultura. CAROLINA DE ALEJANDRO-IZQUIERDO