La monumentalización de la memoria
Abstract
Construir bibliotecas. En consecuencia, crear todavía nuevos espacios (reductos) de lectura. Erigir, en un esfuerzo último, los lugares definitivos o nichos para el códex, cuya estrella, indudablemente, comienza a declinar. Pero, también, improvisar los nuevos dominios ergonómicos para una pluralidad de consultas multimedia. Tal vez rehabilitar espacios del pasado. Mantener entonces estos espacios bibliotecarios como «lugares de la memoria », para asegurar mejor así un tránsito suave entre ese mismo pasado y futuro. Ello para, lejos de señalar entre ellos una fractura, lograr allí el lugar de una continuidad serena . Emplear en todo momento medios tecnológicos (avanzados).
Full text
LA MONUMENTALIZACIÓN
DE
LA MEMORIA
Fe nando R. de la Flo
«Quo mihi innume ables lib os e biblio hecas?»
Séneca,
De anquilli a e animi
(9, 4-7)
Cons ui biblio ecas. En consecuencia, c ea oda ía nue os espacios ( e-
duc os)
de
lec u a. E igi , en un es ue zo úl imo, los luga es de ini i os o
nichos pa a el
códex,
cuya es ella, indudablemen e, comienza a declina .
Pe o, ambién, imp o isa los nue os dominios e gonómicos pa a una plu-
alidad
de
consul as mul imedia.
Tal
ez ehabili a espacios del pasado.
Man ene en onces es os espacios biblio eca ios como «luga es de la me-
mo ia», pa a asegu a mejo
así
un ánsi o sua e en e ese mismo pasado
y u u o. Ello pa a, lejos de señala en e ellos una ac u a, log a allí el
luga de una con inuidad se ena. Emplea
en
odo momen o medios ecno-
lógicos (a anzados).
La monumen alización de las memo ias
Es os que son los enunciados p og amá icos de es e especial momen o nues o, ca ac e izado
po la desmesu a de sus mi as, implica el man eniemien o de una lógica de ape u a bi on e.
Mani ies a un deseo u gen e de ab i se a las luencias comunica i as, an o si és as p o ienen
del pasado, como si llaman a un po eni del que no enemos oda ía exac a e e encia.
La Biblio eca
-espacio
ans e sal;
espacio
de
in e sección-
se p oyec a como un úl imo
locus
concilia o io en e dos empo alidades, de las que sólo sabemos se excluyen y se niegan. Es pues,
me á o a ideal de la condición de un p esen e ines able que negocia y ans ie e, a ando siemp e
de sal a lo ascenden al y de desemba aza se del olumen c ecien e de lo que es acceso io (o
se á quizás
al
e és, pues una biblio eca es hoy ambién el luga donde el lib o o la in o mación
aliosa, cen al, se iene a pe de , se ex a ía y camu la en e la plu alidad de lo banal).
La
biblio eca es hoy a queológica, pues, en la misma medida p oyec i a y u ópica al modo que
lo son las iglesias, an o conceden
un
espacio de e ec uación a las memo ias pe didas y a las
p ác icas en e oceso que albe gan ambién las ó mulas sociales que da án luga a una e unda-
ción, a una mu ación, que se es á ya p oduciendo en su in e io , hoy con e ido, en el caso de las
bibilo ecas a anzadas, en un labo a o io donde se eelabo an las nue as posibilidades in o ma i-
as, comunica i as.
-
CI-
101
P o eso de Li e a u a de la Uni e sidad de Salamanca
ASTRAGALO, 17 (2001)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2001.i17.09
Tal p og ama mo iliza el léxico del momen o democ á ico-libe al, que an o mi a al u u o
como negocia con el pasado, a ando de a i ma se sin up u as, en una in encional polí ica
y
e-
ó ica de la en abilidad de la memo ia, mien as en ealidad se deja a as a po el ien o
ue e de la his o ia.
Todo ello habla en el lenguaje p oyec ual del Es ado. Supone la cons a ación de que el p og ama
de ilus ación pública a anza oda ía bajo los juegos de imágenes cons uc i as que p esidie on
la p ime a época del lib o iun al.
La anspa encia y gene al accesibilidad (que nunca ue la condición del a caico mundo del li-
b o) se gene alizan hoy an ás icamen e. El espacio biblio eca io se cons i uye así como un e i-
che de la cul u a democ á ica; alcanza en nues os días
un
des acado ol ci il. Pues el signo de
oda democ a ización e ec i a se mide hoy po es e c i e io esencial: el de la pa icipación y el
acceso al a chi o, a los depósi os de sabe , po la posibilidad, ambién, de pa icipa en su cons-
i ución/cons ucción, de igual modo que en su in e p e ación y análisis (en calidad de p o eso-
es, de es udian es, de a qui ec os, de públicos y usua ios, en gene al).
La
emp esa, cie amen e, nos eclama a odos de modo o denado. Somos, en e ec o, ecuen e-
men e con ocados en es os úl imos años po es e p og ama de cons ucción gene alizada.
Quie o eco da que e an undamen almen e ilólogos los esponsables en el pasado hispano de
la cons ucción de las g andes biblio ecas. Filólogos quienes es ablecían el deco
o
y p og amas
102 de las biblio ecas. Filólogos los que ejecu aban la a qui ec u a mo al de
su
ca álogo,
y,
a me-
nudo, ambién, ilólogos
-como
sucede con los biblis as en el en o no de Felipe
II-
quienes de-
ciden las condiciones simbólicas de los edi icios.
Bien, empleamos oda ía la a caica palab a «biblio eca», po que hay en es os espacios desde
luego algo ísico que cus odia en e mu os; algo sob e
lo
que alen a y p omo e su conse a-
ción, y algo ambién que expone y hace público. Hay, en e ec o, una misión pa imonial que es-
as a qui ec u as oda ía debe án ga an iza y acoge las biblio ecas, como los museos que cono-
cen hoy ambién su Edad de O o en España, son ya, de ac o, los únicos luga es donde las masas
en an en con ac o ísico con la his o ia, con la memo ia, y es o pa ece p io i a io en ellos,
y
hab á
sin duda que man ene las como los monumen os de la e a ipog á ica aún po la go iempo.
De eso se a a en gene al, de la ges ion de
un
capi al, de una memo ia que necesi a oda ía es-
pecializa se; do a se de un dominio ma e ial que uncione con
un
alo emblemá ico, p obable-
men e ya de signo exclusi amen e simbólico, pues iene como unción
un
a exal ación monu-
men al que hoy, en España, ya no es más exal ación nacional, sino más bien un conjun o dis-
pe so de ope aciones es au ado as de memo ias locales, egionales, au onómicas, de cuya suma
y o al se ex ae ía la dimensión misma del alo de una cul u a hispana p opia y singula , a la
que po pa adoja de momen o no pod emos si ua en pa e alguna, y menos llama la hoy Biblio-
eca de España.
-
en-
Tenemos
la
pe cepción de que nues a memo ia de lo impe ial hispano es á, en buena medida,
mal ubicada, quizá pe dida, desclasi icada, opaca inaccesible. Es a «k ip oni a» cul u al de-
manda hoy su os enso io, su
locus,
digámoslo su «luga de au o idad» y de ep esen ación. Es
u gen e p ocede a su ca alogación,
al
a chi o y esidencia ísica de esa
logomasa
gene ada po
una cul u a an año pode osa. Es la ubicación de es e ondo o depósi o ma e ial el que p es a
po hoy a las biblio ecas hispánicas, lo que Cassi e ha denominado su «es uc u a espi i ual».
Pa a el caso sob esalien e de los a chi os, po odas pa es hoy en ance de econs ucción, su
apa iencia de caja ue e o su ecnología di ec amen e dependien e de las cons ucciones mili a-
es de ensi as, e idencia ambién que allí eside un alo -pa ón, deposi ado en una sue e de
«Fo Nox», en una ese a ísica, en la que de un modo in angible y milag oso desde los só anos
se unda y se sos ienen el es o de alo es cul u ales, la cul u a hispánica como alo singula .
Los edi icios biblio eca ios son, en buena medida, conjun os es a ig á icos, que desde la p o un-
didad de la ie a, de la ma e ialidad y de la his o ia, se ab en hacia un elemen o aé eo, inconsu-
il, hacia una
g ajós e a
u u a, de la que sólo sabemos que no se á sin duda con enida po mu os
o po echos.
Es una expe iencia al amen e simbólica, la que po ejemplo se puede ene en la Biblio eca Cen-
al de la Uni e sidad de México, donde los dos iempos y pola idades de las que enimos ha-
blando se encuen an ísicamen e sepa ados. De un lado, la biblio eca de la ac ualidad, de los
lujos de p esen e, abie a al espacio elec ónico, elemá ico, c eciendo hacia a iba. De o o, el
llamado « ondo an iguo», al que se accede po una ampa en descenso, un únel del iempo; en
ealidad un a co ol aico que iene su inspi ación en el g an poema del sueño del sabe , com-
pues o po so Juana Inés de la C uz.
De un lado pues, las a qui ec u as del p esen e, de o o, el educ o del pasado, o a ez con el
olo a made a, las luces pe sonales, los p og amas iconog á icos con alego ías y los iche os ma-
nuales, econs ucción mimé ica y museís ica ya de un iejo ambien e de abajo.
Mal de a chi o
Ha íamos mal en desp ecia el alo simbólico de es as cápsulas empo ales del pasado, pues en
ellas alien a hoy y se de e mina el alo sec e o que man iene odo el edi icio de la mode nidad.
Su necesa ia exis encia esponde al p oceso gene al de capi alización, de esau ización, que po-
see el siglo: es la mues a de un «mal de a chi o», que odo lo domina en la nue a conciencia i-
nisecula . En e medad del siglo que ecien emen e ha diagnos icado
J.
De ida, pa a una socie-
dad que desea ya ealiza el in en a io comple o de sus egis os, de sus insc ipciones his ó icas,
acumulando y capi alizando la o alidad de su memo ia cul u al. Cons uyendo en ealidad su
mausoleo es anco, su cáma a de embalsamamien o
-como
e emos más adelan e-, y asegu án-
-CIII -
103
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donas
que
po
in se ha acabado la
e a
de las g andes des ucciones, pues el pasado
ha
pasado a
se decla ado
zona de ese a,
«pa que» o paisaje a i icial que conse a a odo ance, incluso
cuando esul a ajeno a oda u ilización p ác ica.
Vas o paisaje in e esan ísimo el de es as o ganizaciones biblio eca ias del An iguo Régimen po
odas pa es hoy conse adas en una unción casi i i icado a. De oche sac i icial y gas o de
ep esen ación, és e de almacena , clasi ica las huellas del pasado: a ea de
la
que los u u is as
que ían eximi a la humanidad, conec ando di ec amen e las cloacas de las g andes ciudades eu-
opeas con los almacenes de ondos museís icos y biblio eca ios.
Y
es que cuando an as cosas en el e eno del conocimien o empiezan a es a desconec adas de
luga es ísicos, es en onces cuando sob e iene una nos algia más ue e
de
luga , una ansiedad
de
localización y de cons ucción, que, en, e ec o, e enga y ampa e oda ía un poco más las ie-
jas
p ác icas y los a e ac os cul u ales que hemos conocido.
Nues o iempo i e esa apo ía, según la cual, mien as se a anza a pasos gigan escos en la cons-
ucción de un espacio i ual, que cap a los luidos de in o mación inma e iales y en ealidad
a ópicos, oda ía se insis e melancólicamen e en la adicación y en la isicidad de los depósi os,
dedicando ingen es sumas a una conse ación y en la ele ación de con enedo es, que en la
e a
de
la ep oducción écnica y de la digi alización del esc i o se hace ya, de ac o, innecesa ia.
A medida que se ab en
po ales web,
las pue as y co edo es que conducen a los depósi os, se
104 an ce ando casi pa a siemp e, como esa pue a de la cáma a aco azada de ás de la cual
due me el manusc i o de
Pe
Abad, del que podemos asegu a
ya
no se á ocado
po
mano
al
-
guna humana.
La
posibilidad emible de pe de el eal con ac o con el pasado es imula la p oducción
de
luga es
donde suje a , donde con ene , y ubica lo que
ya
écnicamen e se encuen a en ance,
en
posibi-
lidad eal de ubica se, en ealidad, ue a de cualquie luga , o bi ando disponible, en lo que se ha
dado en denomina la
g a os e a.
Resul a una expe iencia melancólica de nues a mode nidad, el asoma se hoy como no edad al
g an id io que sepa a pa a siemp e al u ismo de la g an sala biblio eca ia de la Uni e sidad de
Salamanca.
Se
a a de un mi ado sob e el pasado, que
al
mismo iempo e ela has a qué pun o
es e pasado comienza a es a alejado de noso os, con e ido en un paisaje abuloso y a cano, al
que le concedemos más que un a amien o museís ico, como se dice, en ealidad, los hono es de
un i ual une a io.
Los lib os de la g an sala gene al salman ina cons uida a comienzos del
XVI
es,
de
ac o, ya, un
Juga que se ha con e ido
en
ajeno a los modos
de
es udio y consul a con empo áneos, po lo
que
ha
sido
en
ealidad sellado po una p o usión de pue as aco azadas
de
200 milíme os.
Y
i-
nalmen e econ e ido a una a mós e a es anca, y pelig osa, donde odo des aca en él las pa icu-
la idades de un sepulc o.
-CIV -
Es amos pa a
siemp e ya sepa ados po el me ac ila o que nos de iende de
su
a mós e a co-
up a y con aminada po los abajos de la desin ec acion y de los pa ási os. Súbi amen e, es a
biblio eca a queológica
se
ha uel o
un
en o no pelig oso y le al, escena io ideal pa a las p oduc-
ciones de
un
Hollywood que desde en
La
boca del miedo has a la úl ima película de Polansky:
La
no ena pue a, !o elige como espacio simbólico de al a densidad.
El lib o y sus depósi os a queológicos han comenzado ya a gi a de signo: la p opia conse a-
ción de la especie y del mundo he edado comienza ya a señala en el lib o
un
pelig oso emiso
an iecológico, un po ado de ébolas,
un
obje o sumamen e inco ec o polí icamen e hablando,
po el gas o sun uoso de ma e ia p ima que él simboliza. Las iejas biblio ecas silenciosas nos
in anquilizan po que el cine las ha con e ido en el e i o io ideal de la psicosis.
Es po ello que la biblio eca len amen e cambia ía de signo, podemos deci de «alma», despi-
diéndose po in de su pasado. Nues os obje i os gene ales, más oda ía en cuan o cons uc o-
es y edi icado es de luga es, no pa ecen es a ya apenas elacionados con el pasado. Muy poco
en la biblio eca queda e e ido hoy a la conse ación del mayo núme o, o del núme o más cohe-
en e posible de supe icies ege ales esc i as, de odea la de sus ambien es, an o da
si
na u a-
les, a queológicos o so is icadamen e p ese a i os y lio ilizados en el sen ido de cons ui el
depósi o bajo las de e minaciones de quien cons uye a una cáma a ue e
de
alo es.
No. Algo oda ía más pode oso (el ien o ue e que sopla benjaminianamen e sob e la his o ia)
en las biblio ecas ac uales nos a isa de que es amos en el e i o io a ianzado del p esen e
y,
en
105
ocasiones, ellas se p oyec an como los luga es idóneos donde es ablece una conexión con los
nue os ámbi os de in o mación del u u o.
Las biblio ecas se an con o mando como luga es ideales, no sólo pa a la consul a del ma e ial
sedimen ado, sino, cada ez más, como obse a o ios o o es de comunicaciones pa a la cap a-
ción de la p oducción p esen e, ins an ánea y ac ual que iaja po la elec icidad. Focos de ex-
plo ación y cap ación del espacio elemá ico, y pun o nodal en
un
ejido de elaciones y een-
íos, donde una nue a co po alidad lec o a es á some ida, po cie o, a una dic adu a ambién
nue a en e amen e, a una disciplina de sujeción de sus sen idos y de unas de e minaciones isio-
lógicas que ace ca án el sillón de lec u a
al
asien o eyec able del as onau a. Pudiendo ad i i se
ya que en el lenguaje se han unido las se ies me a ó icas que hoy designan de igual mane a
al
lec o que al iaje o del espacio ex e io .
Biblio eca: el luga absolu o
La biblio eca es hoy po hoy luga de c uce y de on e a pa a es as de e minaciones. Un luga de
mes izaje de memo ias (incluidas las que ienen del u u o,
al
que en cie o modo es amos eg e-
sando) pe o ambién un luga donde acuden con ocados cue pos di e sos, según és os hayan
sido modelados po el espacio de la ipog a ía o pe enezcan ya en e amen e a esa ca ego ía
-
c -
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mix a y p ecipi ada a una condición casi sup aco po al que de e mina en el homb e
su
in e az
con
la
máquina.
Nunca an es como hoy, la biblio eca pública es u o in es ida de un ideal an absolu o, ni eunió
den o de
sí
de e minaciones an dispa es, pues esa idea de explo a y con ene un espacio de
p oducción p esen e, y p esen emen e ac ualizada, en e dad, nunca es u o en el diseño a caico
de la biblio eca a la an igua, más bien ca ac e izada en onces como un «espacio se eno», hacia el
que pa a ing esa en él, y po deci lo de alguna mane a, «se e ocedía».
És e e a an año el luga , es abilizado, sin e olución, ni p og eso sus ancial en su ma co gene a-
do ; luga donde
se
con e sa con los an iguos, y an an iguo el mismo que Mon aigne decía
de
él
que cuando pene aba
en
su pequeña biblio eca lo hacía es ido elegan emen e a la an igua, pues
le pa ecía que en aba
en
el salón
de
la
his o ia pasada y en el ibunal de los an iguos.
En
de ini-
i a, el Juga del pasado po excelencia, el dominio
de
consul a con el iempo mue o, o de los
mue os.
En
p opiedad, las biblio ecas del pasado e an an es, y sob e odo,
bibilio a ios,
po
lo
demás ce ca siemp e de un sepulc o (el de los Tolomeos, en el caso de la mí ica Alejand ía).
No
po
nada in undado, en cas ellano an iguo se decía de
Jos
lib os en los anaqueles que ellos
e an «Cue pos»
en
depósi os. De es os «cue pos de códex» has a los nue os cue pos digi aliza-
dos, he
ahí
la ensión dialéc ica hoy es ablecida. Tensión que cu a y some e a una p esión di í-
cil el hecho p opio de una a qui ec u a biblio eca ia.
Hoy, la emp esa
de
la nue a biblio eca une audazmen e es as de e minaciones an es inexis-
en es, lo que ue za a
la
ez la cons ucción necesa ia
de
un espacio con mu os
y,
al mismo am-
bién, sin ellos (en un homenaje explíci o, en onces no sólo a lo que ep esen a Gu enbe g, sino
ambién a lo que bajo el nomb e de Mac Luhan queda comp ome ido pa a el u u o).
Ningún sueño sa an e y enciclopedis a de ningún p íncipe mecenas del Renacimien o o ba oco
pudo nunca exp esa
Jo
que p oponen las palab as de Mi e and diseñando su nue a
Biblio eca
de F ancia:
«Es a g an biblio eca de ipo en e amen e nue o debe á cub i ísicamen e con
su
s depósi os odos los
campos del conocimien o, debe á es a a la disposición de odos, u iliza eno adamen e las ecnolo-
gías más mode nas de comunicación, pod á se consul ada, a dis ancia,
y
desde ella misma se pod á
en a en comunicación con odas las bibilio ecas del mundo.>>
Es a ensión equipolen e y es e p og ama con empo izado con empo alidades di e gen es, que
el edi ico biblio eca io debe con ene , es á siemp e a pun o de desequilib a se. Es ácil hoy de-
ja se domina
po
es a ansiedad
de
u u o, po es a u opía pancomunicacional que nos hace sus
p omesas. Todo con ibuye a e osiona el pasado, a disol e las o maciones del An iguo Régi-
men en el que has a hoy mismo hemos i ido, y de cuya ida el hecho simbólico del lib o de-
pende.
-CVI -
Pe o sucede que, sin emba go, po encima de la empi ia y de las ealizaciones, el pasado e ca-
men e man iene ambién
su
imagina io. Po mucho que se pene e en el espacio de la no edad,
po mucho que
se
a ance en la cons ucción elemá ica de la bibli oeca, enemos la imp esión
que al imagina io i e de enido en el iempo, p ocede en buena medida de o o iempo.
Pese a es os i uales de alejamien o, y de ac i o echazo, palpable ya en las gene aciones nue as
de lec o es sin sopo e ísico, y pese a que ello ma ca á la nue a e a, y que se á de ini i o
cuando la o alidad de los ondos an iguos hayan log ado se digi alizados, es p ecisamen e
aho a, cuando es as an iguas ac o ías del abajo in elec ual,
se
disuel en en
su
ine ec i idad, y
al a de ida, cuando más es a igu a de la biblio eca
alZa
an ica
más eme ge en nues o imagina-
io como un luga a icula o io cen al.
Y
lo
es, sin duda, po cuan o se mues a como pocos capaz de ancla y hundi en el pasado los ci-
mien os de sociedades que
se
di igen ápidamen e hacia su u u o.
Todo
lo
que hoy se hace en el p esen e depende al cabo de una dimensión imagina ia, casi oní-
ica y es o no nos lle a cie amen e
al
u u o, sino que an es bien nos conec a di ec amen e con
el pasado. P oblemá ico pasado és e, que además no ha dejado huellas ísicas (es casi o al la
des ucción de los espacios biblio eca ios españoles del An iguo Régimen), pe o que nos g a a
pesadamen e nues os sueños e ideales ace ca de lo que en ealidad comp ome e la cons ucción
de una «casa del sabe ».
En es as condiciones, la esonancia y el eco que ha log ado en nues os días la pe cepción bo -
giana de lo que en e dad comp ome e un espacio lib esco, es un emblema de nues a o andad
poé ica, de la dependencia que expe imen amos espec o a an iguos modelos y igu aciones, p e-
cisamen e en el momen o de mayo pujanza y pode ío ecnológico, lo que señala hoy el luga de
un e oceso, de una inmo iliación en el, po o a pa e, e iginoso campo de mu aciones.
Muy lejos de oda uncionalidad, el biblio eca io ciego p oyec a en nues os días sus especula-
ciones me a ísicas que
se
supe ponen a las ealizaciones p ác icas, y has a di íamos de ellas, que
nos ampa an en la ac ual o andad concep ual. La poé ica de la a qui ec u a biblio eca ia ac ual
ha encon ado así en el maes o a gen ino una uen e en exclusi a hacia la que siemp e ol e se
pa a la
in en io
de sus luga es a gumen ales.
El imagina io bo giano, con su e e encia a Babel, con su insis encia en que la biblio eca es el
espacio del deli io y de la ans e encia de las ca gas eales y de los mundos eales hacia los es-
pacios imagina ios que end án en adelan e más peso, obsede nues os sueños y pa aliza un poco
la dimensión cons uc i a pedagógica de la azón o lógica biblio eca ia
al
uso. O,
al
menos, en a
en con adicción con ello, cosa que no sé si es siemp e ad e ida, hecha conscien e.
¿Acaso no se e cla amen e que Bo ges nos hace ing esa en la biblio eca pa a a con inua-
ción eni a ce a la pue as as de noso os y hace imposible la uel a al mundo y a la ea-
-CVII -
107
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lidad, p oclamando, po así deci lo, la ealidad de la biblio eca y la inexis encia del mundo?
Disol iendo
po
lo an o, el p oyec o pedagógico que en ella alien a oda Ilus ación. De
ex o
en
ex o, cada ez más pe dido, la biblio eca se consag a así, como un mundo ue a del
mundo, sin conexión con él. Célula al i a, mónada, en sen ido leibniziano, pe o sob e odo,
cá cel me a ísica, imagen de lo que signi ica la al a de sen ido
en
la elabo ación de lo hu-
mano, aquello que jus amen e in ie e el sen ido del p oyec o y p omesa que
en
ella
se con-
enía.
Babel, pues, la biblio eca supone, en es e sen ido p eciso, la c eación de
un
mundo a i icial, de
un ci cui o ce ado de in e cambios de ex os en la que el homb e se enajena po in de su incu-
lación al mundo na u al, mien as exp esa su independencia espec o a él.
En al caso, el ela o del g an mi óg a o de nues o iempo, no con ibuye, como así se c ee, a
o ja la idea de la biblio eca como pa aíso, sino an es bien allí se con igu a la imagen de un in-
ie no. Y
en
e ec o, así se han e elado a cie os espí i us después de Séneca, las o gullosas y
au osu icien es cons ucciones biblio eca ias. ¿Qué me impo a a mí la exis encia de innume a-
bles lib os y de as ísimas biblio ecas?, había dicho el iejo clásico. Aquí se insinúa una adi-
ción cul u al
de
nega la p e ensión o ali a ia y el p oyec o global que ocupa una biblio eca a
lo Boullé y de lo que da ejemplo ese Cassi e , que deseando du an e años pene a en la pe -
ec a biblio eca del Wa bu g, cuando po in puede isi a la, cuando comp ueba que, en e ec o,
¡ 08 en su ma a illosa disposición los sabe es adquie en un modelo izomá ico que le lle a á del es-
udio de la iloso ía al de la as ología, y de ella a la medicina, a la eligión, a la magia, al ol-
clo e, y que ascendiendo po los pisos du an e los años enide os deambula á
po
los cubículos
que almacenan los eso os del sabe de la li e a u a y el a e, en onces an e es a isión, enmude-
cido y conmocionado, sale a Sou h Kensing on y se pie de po la calle mu mu ando: «nunca
ol e é aquí, po que si cedie a a la en ación de ol e , me pe de ía pa a siemp e
en
es e labe-
in o de palab as».
F en e a es e ejemplo y apólogo mo al, es e iden e que quien hoy nos guía con sus isiones es
aquel ciego a gen ino. Bo ges se ha con e ido en el p o eedo o icial de un imagina io posmo-
de no del espacio biblio eca io. Pa a muchos a qui ec os y comi en es, hoy, el abajo de la
anspa encia y de la accesibilidad democ á ica se hace pa adójicamen e bajo la igu a de las
somb as, del sec e o y de la me a ísica.
Es e imagina io bo giano ci cula , es á, sin emba go, más del lado de la pé dida, de la suspen-
sión del iempo y del escep icismo adical y aún del nihilismo, y mien as ope a la decepción so-
b e el sabe y su sen ido, abusa y desa olla odas las me á o as uni e sales que han ido cons u-
yendo la biblio eca como aquello que
ya
llama on los Tolomeos en exclusi a «espacio del cui-
dado (na cisis a) del alma», lo que disuel e el con a o de és a con el se ísico y social del
indi iduo.
-CVIII -
Es
un
imagina io es e pe e so, en su exclusi idad ce eb al, como ha sido is o,
y
no o iamen e
ad e ido. O os poe as con una nue a conciencia del pelig o de la o alización de
un
espacio pú-
blico mien as se empequeñecen nues os limi ados e indi iduales, sen idos
y
po encialidades,
co a án de golpe es e nudo bo giano que se nos p opone en la biblio eca labe in o.
Pues se a a á siemp e de encon a la salida que de la biblio eca conduce al mundo, e omando
ahí las iejas igu aciones de las p ime as biblio ecas his ó icas que, como es sabido, cons i uían
en ealidad un a ma ium colocado en el claus o abie o, ce ca, en cualquie caso, del cielo eal,
del mundo.
Es p eciso oí aho a a uno de es os poe as, Juan An onio González Iglesias, en es e caso, pa a
que se en ienda bien que biblio ecas
y
gimnasios deben en cualquie caso es a p óximos, an o
como en la e imología, la cual de e mina sabiamen e que allí donde es án los cuidados
y
a encio-
nes del alma se si úe ambién con u gencia la epa ación p o iso ia del cue po.
El poe a ha isi ado la Fnac pa isina, de súbi o una u gencia le acome e a escapa de la biblio eca
y en onces,
<<
Yo
salí
-dice-
a la
uede
Rennes
i
los coches, el p isma
de
las o es
sus p opo ciones áu eas. Pene é
en el gimnasio (en su e imología,
po que, dicen, ambién la opa es ex o)
Mien as me desnudaba, ecob é
g adualmen e, igual que en
un
a ado
b e e y an iguo, la se enidad.
E a o a ez mi piel, lími e único
y simple con el mundo,
mi
memo ia
de animal que camina,
mi
pu eza.
E a o a ez
un
homb e, es e p oyec o
e dade o que nunca es a á esc i o.
El
es ua io bullía de cue pos
pode osos.>>
Y,
sin emba go, pese a es e co e b usco que dic amina el abandono de la biblio eca, nues o ima-
gina io a caico sob e ella se encuen a de enido, sin p og eso, oda ía bo giano, gi a en ealidad
ascinado aún po
un
háli o d amá ico de la biblio eca, que hace de és a, ¿po cuán o iempo?, el
luga oda ía de la made a, del incendio posible, del eneno en las hojas, de la oscu idad, del
ac o
y
de la miel de amada po las lámpa as indi iduales, que sumen el es o de las as as es-
ancias en la penumb a.
El
luga de la polilla
-del
áca o del lib o-, el luga áus ico del a ón,
quien oe
y
acaba los depósi os, u giendo las a eas de la lec u a an es de la desapa ición inal
del ex o en su sopo e e íme o.
-
CIX-
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ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672