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Dossier 43 ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) Desbordamientos del río Copiapó, Chile, e inundaciones urbanas: 1833-1929 Overflows of the Copiapó River, Chile, and urban floods: 1833-1929 Inmaculada Simón Ruiz Universidad de Sevilla Sevilla, España [email protected] ORCID: 0000-0001-5820-2930 Recibido: 19-05-2022 Revisado: 27-08-2022 Aceptado: 19-10-2022 ISSN 2340-8472 ISSNe 2340-7743 DOI 10.17561/AT.22.7132 CC-BY © Universidad de Jaén (España). Seminario Permanente Agua, Territorio y Medio Ambiente (CSIC) resumen El río Copiapó sufre periodos de sequía y episodios de inundaciones debido a las características geográficas de la región donde se ubica. Las inundaciones son recurrentes desde el siglo XVII, pero no devinieron en desastres hasta los siglos XIX y XX. Desde la perspectiva de la construcción social de los desastres, analizaremos algunas inundaciones que tuvieron efectos negativos sobre la población, y las respuestas generadas por esta con el fin de entender, a través de estas dinámicas, las razones por las que las ocasionales inundaciones ocurridas en el desierto más árido del mundo llegaron a transformarse en una amenaza. Para esta investigación nuestras fuentes primarias principales serán los expedientes sobre nuevas poblaciones, la correspondencia entre administración local y central, las actas municipales y la prensa local. Palabras clave: Inundaciones, Copiapó, Modernización urbana, Riesgo. abstract Geographical features of the region where Copiapó River is located cause periods of drought and episodes of flooding in the Copiapó Valley. Floods have been recurrent since the 17th century, but did not become disasters until the 19th and 20th centuries. From the perspective of the social construction of disasters, we will analyze some floods that had negative effects on the population —and the responses they generated— in order to understand, through these dynamics, the reasons why occasional floods that occurred in the driest desert in the world came to become a threat. Our main primary sources for this research will be records on new settlements, correspondence between local and central administration, minutes of the municipal council and the local press. Keywords: Floods, Copiapó, Urban modernization, Risk.
Inmaculada Simón Ruiz Dossier 44 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 Transbordamento do Rio Copiapó, Chile, e inundação urbanas: 1833-1929 resumo: O Rio Copiapó sofre períodos de estiagem e episódios de enchentes devido ás características geográficas da região onde está localizado. As inundações são recorrentes desde o século XVII, mas não se tornaram desastres até os séculos XIX e XX. Sob a perspectiva da construção social dos desastres, analisaremos algumas inundações que tiveram efeitos negativos sobre a população e as respostas por elas geradas a fim de compreender, por meio dessas dinâmicas, as razões pelas quais as eventuais inundações que ocorreram no deserto mais seco do o mundo tornouse uma ameaça. Para esta investigação, as nossas principais fontes primárias serão os arquivos das novas vilas, a correspondência entre a administração local e a central, os atos municipais e a imprensa local. Palavras chave: Inundações, Copiapó, Modernização urbana, Risco. Staripiamenti del fiume Copiapo, Chile, e inundazioni urbana: 1833-1929 sommario Il fiume Copiapó soffre periodi di siccità e crisi d'alluvioni dovute alle caratteristiche geografriche proprie della regione dove si trova. Gli alluvioni sono ricorrenti dal Seicento ma non sono dono diventati disastri fino al Ottocento e il Novecento. Dalla prospettiva della costruzione sociale dei disastri, analizzeremo alcuni alluvioni che hanno avuto degli effetti negativi sulla popolazione e le risposte da questa generate affinché possiamo capire, attraverso queste dinamiche, le ragioni per le quali gli alluvioni casuali avvenuti nel deserto più arido del mondo sono diventati una minaccia. Per questa ricerca le nostre fonti primarie principali saranno i fascicoli sulle nuove popolazioni, la corrispondenza fra amministrazione locale e centrale, verbali comunali e la stampa locale. Parole chiave: Alluvioni, Copiapó, Modernizzazione urbana, Rischio. Débordements de la Rivière Copiapó, Chile, et inondations urbaines: 1833-1929 résumé Les caractéristiques géographiques de la région traversée par le fleuve Copiapó expliquent que celui-ci connaisse des périodes de sécheresse et des épisodes de crue. Récurrentes depuis le XVIIe siècle, ce n’est cependant qu’aux XIXe et XXe siècles que les crues ont commencé à donner lieu à des catastrophes naturelles. Sous l’angle de la construction sociale des catastrophes naturelles, nous analyserons certaines crues qui ont eu des effets négatifs sur les populations, ainsi que les réponses apportées par celles-ci, afin de comprendre, à travers ces dynamiques, les raisons pour lesquelles des crues ponctuelles survenues dans le désert le plus aride du monde sont aujourd’hui devenues une menace. Pour ces travaux de recherche, nos principales sources primaires seront les documents administratifs relatifs à l’implantation de nouvelles populations, la correspondance entre l'administration locale et centrale, les procès-verbaux des conseils municipaux et la presse locale. mots-clés: Inondations, Copiapó, Modernisation urbaine, Risque.
Desbordamientos del río Copiapó, Chile, e inundaciones urbanas: 1833-1929 Dossier 45 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 Introducción La ciudad de Copiapó, fundada en 1744, está ubicada en el desierto de Atacama, uno de los más áridos del mundo. A pesar de su aridez se encuentra atravesada por un río que, por una serie de características que enunciaremos más adelante, en ocasiones aumenta su caudal de forma vertiginosa, llegando incluso a salirse de su propio cauce provocando inundaciones. Dada la permanente escasez de agua, desde los primeros años de su fundación se promovieron normas para el reparto por turnos. También se diseñaron e implementaron varias obras hidráulicas destinadas a la conducción y almacenamiento para las diversas actividades relacionadas con la subsistencia, la agricultura y la minería. Pero no encontramos una legislación específica ni tampoco tenemos constancia de la realización de obra hidráulica dirigida a la prevención de inundaciones en el período colonial. ¿Quiere esto decir que no hubo inundaciones en esa etapa o que no devinieron en desastres? Tenemos el dato de, al menos, una gran inundación en el valle en 1655, pero no se habla de daños personales. La descripción de esta inundación y de otras situaciones similares que mencionaremos a lo largo del texto sugiere que tradicionalmente las comunidades ahí asentadas solían encontrar en eventos de esta naturaleza una forma de fertilización del suelo, más que una amenaza. Si ha quedado registro de ella en los archivos fue por el posterior conflicto por las tierras fertilizadas, no por los daños materiales causados por el desbordamiento del río1. Para el siglo XIX, sin embargo, hay información abundante relativa a inundaciones que afectaron negativamente a Copiapó y a la cercana población de Tierra Amarilla. El hallazgo de las minas de Chañarcillo en 1832 atrajo a mucha población a la zona, lo que impulsó el crecimiento de la ciudad y de la actividad vinculada a la minería. Todo ello vino a incrementar el riesgo potencial ante eventos climáticos y a modificar las condiciones de demanda sobre el agua, lo que impulsó nuevas obras hidráulicas destinadas a regular la distribución entre los diversos usuarios y a procurar el abastecimiento en tiempos de escasez (pretiles, canales y acequias); también se rediseñaron y complejizaron los sistemas de turnos y vigilancia para repartir los usos entre regantes, trapicheros y consumidores urbanos, pero, al igual que ocurrió en el siglo XVIII, no se realizaron obras destinadas a la contención en caso de abundancia. A esto se unió la falta de planificación en la ampliación del plano de la ciudad, lo que contribuyó, como veremos, a la generación del desastre en las inundaciones posteriores. Desde las últimas décadas del siglo XX el estudio de los desastres ha despertado el interés de las ciencias sociales y humanas. Con ello, los desastres se definieron como procesos que develan condiciones críticas preexistentes. Estas condiciones críticas no son desconocidas por las poblaciones, aunque sí frecuentemente ignoradas por las autoridades que tienden a dejar para más adelante las medidas necesarias para mitigarlas por muy diversas razones, entre las cuales la más frecuente es la falta de recursos para llevarlas a cabo. Es por ello por lo que a los estudios sobre desastres se les añade una dimensión social y política y surgen los estudios multidisciplinares que analizan la construcción social de los desastres que parten de la premisa de que estos no son naturales sino producto de la interacción de las sociedades con el medioambiente2. Esta interacción vivió un momento especialmente crítico en el proceso de transformación de las poblaciones en la transición del XVIII al XIX. Como señala Sedrez, la transformación de las villas coloniales en ciudades modernas tuvo significativas implicaciones que revelan la gran vulnerabilidad ambiental del modelo urbano en la historia de América Latina. El crecimiento de las ciudades conllevó, por ejemplo, “la ocupación intensa de áreas inundables —lluvias que anteriormente caían en praderas y selvas ahora ocasionan desastres que representan un gran riesgo para la población urbana—”3. En las inundaciones, los daños provocados por causas predominantemente naturales conviven con otros de origen múltiple y complejo, parcial o totalmente inducidos por la actividad del hombre. En el caso que nos ocupa nos interesa conocer la evolución de la relación que las poblaciones establecieron con el agua del río Copiapó y por eso iniciaremos el estudio describiendo el territorio hidrosocial, con el objetivo de exponer en toda su complejidad las consecuencias de las lluvias torrenciales en determinados momentos de la historia. Nos fijaremos en primer lugar en los aspectos físicos y posteriormente haremos relación de las actividades antrópicas para dar paso, finalmente, a la descripción de las inundaciones que se dieron en 1833, 1888 y 1929, 1 Simón; Sánchez, 2018. 2 García, 1996. 3 Sedrez, 2018, 62.
Inmaculada Simón Ruiz Dossier 46 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 y las correspondientes respuestas de la población a los eventos, con el fin de detectar las posibles transformaciones en las relaciones de la sociedad con el río y sus eventuales crecidas. Para la realización de esta investigación hemos revisado varios periódicos locales como El Atacameño, El Amigo del País y El Obrero. Esta información fue complementada con las descripciones geográficas realizadas en el siglo XVIII4 y con trabajos más recientes sobre las inundaciones en Chile5 que se nutrieron en buena medida del trabajo de Vicuña Mackenna6, quien, a su vez, cuando hace referencia a Copiapó se basa en los trabajos de Philippi7. Otros viajeros que describieron la geografía de la región fueron Charles Darwin8 en 1835 y Vicente Pérez Rosales9. Otro instrumento de gran valor para esta investigación fue la recopilación de fuentes primarias sobre la historia urbana de Chile realizada por Santiago Lorenzo Schiaffino para el XVIII, que fue complementada para el siglo XIX con la documentación que hemos podido consultar sobre el municipio en el Archivo Municipal y sobre la intendencia en el Archivo Histórico del Museo Regional de Atacama y Archivo General de Indias. Territorio hidrosocial Para entender la recurrencia de inundaciones y aluviones en una población ubicada en un desierto tan seco como el de Atacama es importante conocer el régimen de aguas de su principal recurso fluvial, el río Copiapó, que da nombre al valle que atraviesa y que se forma a 1.230 metros de altura sobre el nivel del mar. Se trata de un curso de agua cordillerano andino que recibe las aguas del Jorquera, el Pulido y el Manflas y de diversas quebradas como la de Paipote, cercana a la ciudad de Copiapó, la cual se alimenta, a su vez, de otras tantas quebradas que la mayor parte del tiempo están secas. Las aguas de estos afluentes provienen del deshielo en el verano y de las escasas lluvias invernales, lo que implica que su curso sea irregular, como advierte Risopatrón sobre la quebrada de Paipote: “no tiene corriente continua de agua, pero… lleva tal cantidad en las grandes lluvias ocasionales, que causa serias inundaciones en los terrenos planos de su desembocadura”10. De esta forma, si bien en ocasiones la sequía es tal que el río no lleva agua suficiente como para llegar a realizar todo su recorrido de 160 km hasta su desembocadura en la localidad de Puerto Viejo, es relativamente frecuente que sufra importantes crecidas en las escasas oportunidades en que llueve copiosamente en el valle, en las más aún raras circunstancias en las que lo hace en la cordillera en lugar de nevar o cuando coinciden lluvias tormentosas en la cordillera con el deshielo característico de la época estival durante el denominado invierno boliviano: “En años muy húmedos los caudales permanecen bastante uniformes a lo largo del año, sin embargo, los mayores caudales se presentan en junio y entre diciembre y febrero, producto de aportes pluviales y nivales, respectivamente”11. Esto último fue lo que sucedió, por ejemplo, en las grandes inundaciones que se dieron por todo Chile en 1776, cuando cayó “copiosísima lluvia en la cordillera, que es cosa muy extraordinaria, pues puede decirse que en ella no llueve jamás, sino que solamente nieva”12. Si bien en Chile, dada la gran pendiente de sus valles, las crecidas y aluviones ocasionados por tormentas no generan inundaciones duraderas, sí… “…generan caudales inusuales en los ríos, con el consiguiente arrastre de aquellas piedras que ha ido produciendo la cordillera desde la crecida anterior. Esto ocurre en ríos con lechos muy anchos, configurados no para transportar el agua, sino para las piedras que ingresan… Mientras más árida es una zona, sus crecidas son más agresivas, ya que ofrecen más suelo susceptible a la erosión y arrastre pluvial”13. Por tanto, en esas raras ocasiones ríos y quebradas que casi siempre están secos se colman de agua y se desbordan, como pasa con la quebrada del Paipote, que desagua en la laguna aluvial en la que confluye con el río, lugar donde se ubicó, por cierto, la Villa de San Francisco de Copiapó de la Selva. Este afluente permanece seco cuando la climatología está estable, pero en eventos climáticos adversos fluye con abundante agua cargada de sedimentos y desemboca en el extremo 4 Amay; Junyent, s.f.; Abate, 1788; Gómez, 1889. 5 Fernández; Espinosa, 2020; Urrutia; Lanza, 1993. 6 Vicuña, 1877. 7 Philippi, 1860. 8 Darwin, 2011. 9 Rosales, 2010. Otros viajeros y cronistas fueron Treutler, s.f.; Recaredo, 1872; Sayago, 1874. 10 Risopatrón, 1924, 616. 11 Cade-Idepe, 2004. 12 Gómez, 1889, 28. 13 Astaburuagua, 2004, 70.
Desbordamientos del río Copiapó, Chile, e inundaciones urbanas: 1833-1929 Dossier 47 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 suroeste de la actual ciudad. Resulta inexplicable que la villa se localizara en una situación tan delicada, pero no lo es tanto si consideramos que una de las primeras recomendaciones que hacían las ordenanzas era la de que las ciudades tuvieran buen acceso al agua y, dada la escasez dominante en la región, debió de parecer razonable hacerlo cerca del curso del río y mejor aún poder contar, además, con las aguas que eventualmente corrieran por la quebrada. Junto con la elección del lugar de ubicación de la villa, otro factor potencialmente peligroso fue la cantidad de obra hidráulica construida. Cuando las villas se conformaban de nueva planta, la primera obra pública que se hacía era la apertura de un canal para la distribución del agua. En aquellos casos en que fue posible se aprovecharon las realizadas por los indios o por los hacendados y a partir de ahí se trazaban las nuevas acequias, que llevaban agua a cada uno de los solares en los que se instalaban las viviendas con sus respectivos huertos. Martín Sánchez ha estudiado la planta de estos pueblos huerteros, a los que describe así: “a lo largo y ancho del continente americano fueron fundados pueblos, villas y ciudades cuyo común denominador, además de que su planta urbana tuviera la forma de damero, fue la importancia de la plaza mayor, la ubicación de las casas reales y la iglesia, contando con una red de canales o acequias que cruzaban todas y cada una de sus cuadras, todas y cada una de sus viviendas y solares. Unas veces se trataba de ramificaciones de una acequia principal y en otras ocasiones eran múltiples sistemas hidráulicos derivados directamente de los ríos”14. Este modelo se puede ver en Chile en las ciudades de Santiago, La Serena y Copiapó15 y visualizarlo es de suma importancia para entender la recurrencia de las inundaciones urbanas, como podemos ver en este comentario realizado al poco de instalarse la Villa de Copiapó en una visita de inspección ordenada por el corregidor Nicolás Luque Moreno: “El sitio destinado para casas de cabildo y cárcel estaba todo cercado con tapias de dos varas de alto, las cuales se encontraron en mal estado a consecuencia de la inundación de una acequia, producida por una crece del rio”16. Las fundaciones de poblaciones y villas que se dieron a mediados del XVIII tenían como objetivo poner a la población en policía, según la terminología de la época, tal y como queda explicitado en el acta fundacional de la Villa de San Francisco de Copiapó de la Selva: “para que se funden en este reino villas y poblaciones formales de españoles en donde congregados vivan instruidos en la ley de Dios y documentos cristianos, cuyas providencias expidió su majestad (que Dios Guarde) en consideración de los repetidos informes que le dieron los señores obispos, quienes prácticamente reconocieron en las visitas el modo con que vivían expresos (sic) en estos vastos territorios, con tan ninguna doctrina en los documentos cristianos y políticos; procediendo de esto muchos excesos pecaminosos motivados de no estar congregados en lugar donde sean instruidos en los documentos cristianos y políticos”17. No era tarea fácil congregar a una población dispersa y recelosa ante la intromisión del Gobierno en su territorio. En este sentido es muy significativa la cautela que se recomienda en las “Instrucciones del fiscal de la Audiencia Martín Gregorio de Jáuregui al superintendente de Copiapó sobre cómo proceder en la fundación de la villa”, emitidas el 22 de agosto de 1744. Con “afabilidad, maña y suavidad” se pedía al superintendente que actuara con el fin de evitar el recelo de los pobladores del valle, puesto que lo que se pretendía era recuperar antiguas tierras de indios que habían sido ocupadas de manera fraudulenta por los hacendados para, posteriormente, redistribuirlas entre los nuevos pobladores y para seleccionar entre ellas el solar en donde se levantaría la propia villa. El argumento que supuestamente debía convencer a los recelosos era la revalorización que sufrirían las tierras que conservaran con la fundación de la nueva población: “Procurará, que si el terreno donde destinare el plan de la dicha villa fuere ajeno, de particular o comunidad, solicite hagan donación formal de él, y de competentes tierras para ejido, dehesas y repartimientos a la dicha villa; y en esta diligencia pone el principal costo la afabilidad, mañana y suavidad que ha de practicar el comisionario con los interesados o dueños, haciendoles presentes las resultancia útiles que les previene de la dicha fundación, porque con aquella enajenación de cortas tierras acrecen la estimación y valor de las demás que les quedan”18. 17 Lorenzo, 2004, 288. 18 Lorenzo, 2004, 288. 14 Martin, 2015, 42. 15 Para el caso de los dos primeros, ver las reproducciones de los antiguos planos proyectados sobre los mapas de las actuales ciudades en el proyecto “Agua, agricultura y urbanismo” del Colegio de Michoacán ,s.f. 16 Sayago, 1874, 71.
Inmaculada Simón Ruiz Dossier 48 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 En las mismas instrucciones se indicaba que los detentadores de tierras tendrían que demostrar la propiedad de ellas y que para ello solicitaría “el comisionario a todos los vecinos hacendados y veedores de tierras del dicho valle de Copiapó, incluyendo el Huasco y toda su jurisdicción, que exhiban y manifiesten los títulos de las tierras que cada uno goza y posee”19. No contento con esto, el 29 de agosto Manso de Velasco dictaba un decreto ordenando la mensura de tierras y también algo que tuvo que ser muy molesto para algunos pobladores, la distribución de agua entre los que la necesitaran: “Asimismo mando al dicho comisionario, que respecto a experimentarse alguna escasez de agua en aquel río a causa de usar de ella los hacendados y trapicheros sin orden reglado; que lo de y haga repartimiento de ella, señalando a cada uno lo que precisamente necesite según el número de tierras y su calidad, obligándoles a todos a que pongan marco, y a los trapicheros que tienen sus trapiches en lo superior de la población a que vuelvan las aguas a la madre principal del río por que no se pierdan inútilmente”20. Con estas medidas se procuraba aumentar el control sobre los habitantes del valle, sobre sus recursos y, principalmente, sobre las actividades agrícolas que perjudicaban a las mineras, que eran las que redituaban mayores beneficios a la corona. Por ello se recomendaba que se establecieran turnos de agua puesto que eran “muchos los trapiches de oro que están sin trabajar, pero los más de los trapiches no muelen por el desorden de los hacendados y chacareros”21. Esto explica, entonces, la oposición de los pobladores a la política de nuevas fundaciones, que no dejaban de ser mecanismos de control de sus actividades y de sus relaciones con la población local. Ante la evidencia del levantamiento de villas buena parte de los hacendados, obligados a tener casa en ellas, reaccionó con el abandono de estas, contribuyendo, así, con la retirada a sus haciendas, a aumentar la precariedad de las nuevas poblaciones. Santiago Lorenzo Schiaffino describe varias de estas poblaciones chilenas en las que abundaban los solares sin construir y las casas abandonadas, pues también los arrendatarios de las haciendas se retiraban a estas quedando las poblaciones más reducidas y sin apenas recursos para el mejoramiento urbano. Eran las comunidades religiosas y los edificios del cabildo y la cárcel las únicas edificaciones que contribuían a mejorar el aspecto y las condiciones de habitabilidad de las villas22. Bajo estas circunstancias, una vez fundada la villa, las principales ordenanzas del cabildo, de un cabildo aquejado permanentemente de falta de recursos, estuvieron centradas en la gestión de la escasez de agua a través de la organización de turnos, construcción y mantenimiento de las acequias y la puesta en ellas de marcos reguladores, así como de la fiscalización sobre aquellos que incumplían las normas. Pero sus esfuerzos por procurar el orden en los turnos y la limpieza de las acequias solían ser infructuosos. Es recurrente para el caso de Copiapó el que los hacendados de la parte alta del río hicieran caso omiso de las disposiciones del cabildo23. Como era de temer, la creación de la villa incrementó la demanda sobre el agua tanto para el consumo diario de sus habitantes como para el de las faenas agrícolas y actividades artesanales, comerciales o mineras realizadas por los nuevos pobladores. La nueva villa quedó en el curso medio del río. El curso alto estaba ocupado por grandes haciendas y las minas y trapiches se distribuían a lo largo del río, como puede verse en la figura 1. La molienda en húmedo no requiere grandes cantidades de agua, pero hay que señalar que las minas, alejadas de los puertos y centros urbanos, implicaron el despliegue de una serie de actividades que sí fueron altamente demandantes del recurso. La principal de ellas es la agricultura de plantas forrajeras para alimentar a las mulas que transportaban el mineral a los trapiches y de ahí al puerto de embarque. En una zona desértica como el norte de Chile, producir alfalfa para alimentar a los animales de carga fue un gran quebradero de cabeza. Imposible pensar en importar el alimento (lo que demandaría, entre otras cosas, más animales para el transporte) así que su producción se convirtió en un imperativo que se resolvió a partir de la producción a gran escala en los potreros propiedad de los grandes encomenderos de la zona24. En cuanto al agua utilizada para trapiches, el decreto de 29 de agosto anteriormente mencionado señalaba que una vez utilizada se devolvieran “las aguas a la madre principal del río porque no se pierdan 19 Lorenzo, 2004, 281-282. 20 Lorenzo, 2004, 283. 21 AGI, Chile, 137, Expedientes sobre nuevas poblaciones en el Reino de Chile, 1716, f. 580. 22 Lorenzo, 2013, 84. 23 Broll, 1988; Torres, 1985; Simon, Sánchez, 2018. 24 Simon, Sánchez, 2018.
Desbordamientos del río Copiapó, Chile, e inundaciones urbanas: 1833-1929 Dossier 49 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 inútilmente”25, con el fin de que fueran reutilizadas en otras actividades. Como se puede ver en el plano, el modelo de pueblo huertero se ve completado por la presencia de multitud de trapiches que almacenan temporalmente las aguas que utilizarían para la molienda y después redistribuían por las diferentes acequias al resto de la población para aprovechar, así, hasta la última gota. Lamentablemente, este entramado de acequias atravesando todas y cada una de las manzanas que componían la villa contribuía a aumentar las posibilidades de inundación, tal y como hemos referido anteriormente26. Estas inundaciones urbanas ocurrían porque el despliegue de obra pública en materia de acopio de agua no tuvo correlación con la necesidad de gestionar estas crecidas del río, las cuales, a pesar de ser raras, como insisten en consignar cronistas y viajeros, se daban con cierta frecuencia, tal y como evidencian las fuentes. Sayago da cuenta de alguna de las discusiones suscitadas por este motivo en el seno del Ayuntamiento en los días cercanos al evento y su posterior abandono porque “al poco, otros imperativos de la villa los llevaron a ocuparse de otras cuestiones y la oportunidad de tomar medidas preventivas se dejó pasar”27. Por tanto, la situación de indefensión de la población durante la etapa colonial continuó y se incrementó tras el cambio que supuso el hallazgo de Chañarcillo en 1832 y la posterior promoción de Copiapó a la categoría de capital de la provincia de Atacama motivada por la importancia que adquirió la minería de la plata a partir de la segunda mitad del XIX. Esta “gran transformación fue relevante en su dimensión económica, y además transformaría las relaciones espaciales y las dinámicas demográficas en el marco de una renovada vocación extractiva”28. No obstante, no trajo aparejados grandes cambios relativos a la gobernanza del agua ni en el plan urbano o en las necesarias obras de contención ante eventuales crecidas de las quebradas o del río. Tal y como señalaba Darwin, en 1835 la ciudad ocupaba una gran extensión y cada casa estaba rodeada de un huerto, pero era, a su juicio: “un lugar incómodo y las casas estaban pobremente amobladas. Cada cual parece tener solamente un objetivo: ganar dinero y marcharse de ahí lo antes posible. Casi todos los habitantes se ocupan en minas y no se oye hablar de otra cosa que de minas y minerales”29. Al estar toda la economía vinculada a la minería también había una gran dependencia de los animales de carga que transportaban el mineral hasta la costa para Figura 1. Plano de la Villa de San Francisco de la Selva, 1774 Fuente: Archivo General de Indias (en adelante AGI), MP-PERU_CHILE, 210. 25 Lorenzo, 1995, 283. 26 Sayago, 1874, 71. 27 Sayago, 1874, 112. 28 Astudillo, 2018, 13. 29 Darwin, 2011, 68.
Inmaculada Simón Ruiz Dossier 50 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 cuya manutención era fundamental contar con forraje. Como señalaba Darwin “Sonaría extraño en Inglaterra, que todo el valor de un negocio minero dependiera de la cantidad de pasto a ser obtenido por cualquier individuo”30. Pero era una realidad que ponía constantemente en jaque a los diferentes usuarios que competían por el agua para el riego de los campos de alfalfa. Tan acuciante se fue volviendo la falta de forraje para las mulas que se hablaba incluso en la prensa internacional de la necesidad de sustituirlas por el ferrocarril: “Un periódico de Nueva York publicó el 20 de marzo algunas noticias de Chile tomadas del Mercantile Reporter de 12 de enero, que no carecen de importancia. Desde el descubrimiento reciente de nuevas minas de plata y cobre, se notaba un aumento considerable en los negocios relativos a aquel ramo de la industria. En el distrito de Copiapó escaseaba el alimento de las bestias empleadas en el acarreo del producto de las minas. Parece que dicho acarreo se hacía con gran dificultad y se creía que sería necesario llevar a cabo el plan propuesto de un camino de hierro desde Copiapó a la costa”31. Un año después de esta publicación, en julio del año 1851, estaba en circulación el primer ferrocarril de Chile que recorría el tramo Caldera-Monte Almagro y que poco después se hizo extensible a Copiapó. No es casualidad que fuera puesto en marcha por William Wheelwrigth, accionista de la Compañía Anglo-Chilena de Minas en Copiapó y de la primera máquina de destilación de agua para eliminar la cal “con el objeto de no dañar las calderas de la locomotora y de dar agua potable a la población”32. Con el ferrocarril, Copiapó salía definitivamente de la etapa de “declive urbano” que se había vivido en el país y en toda América Latina durante las primeras décadas de la Independencia33. La ciudad comenzaba a modernizarse y de hecho fue la primera en Chile en introducir no solo el ferrocarril sino el alumbrado a gas. Los vecinos más ricos dejaron de poner resistencia a avecindarse en una ciudad que contaba ya con tantos adelantos y los “nuevos ricos” comenzaron a edificar algunas mansiones que contrastan con la pobreza de las de la mayoría de la ciudad y de los improvisados campamentos de los recién llegados. El aumento poblacional fue considerable en esta etapa. En 1778 contaba con 3.595 habitantes; en 1813, con 3.715; en 1835, con 11.34334; en el censo de 1855 eran poco más de 30.000 y en el de 1865 alcanzaban los 39.75135. Evidentemente esto tuvo su reflejo en el crecimiento de la mancha urbana y también de la ocupación de ambas riberas, tal y como se percibe en la descripción de la ciudad y el valle realizada por Treutler, uno de los aventureros que llegó en busca de riquezas mineras a mediados del XIX: “AI fondo en forma de terrazas superpuestas las cordilleras de los majestuosos Andes, desde cuyos faldeos el riacho de Copiapó serpenteaba por las llanuras cubiertas de candentes arenas y a través de las serranías roqueñas. Hasta donde se extendía su vivificante fertilidad, transformaba el fondo del valle de un desierto estérilen exuberantes campos de cultivo, huertos, frutales, bosquecillos y jardines, que ostentaban higueras, naranjos, damascos, duraznos y olivos alternados con mirtos y palmeras. En esta forma, el río alcanza finalmente la antigua aldea indígena de Pueblo Indio, y llega al barrio oriental de Copiapó, San Fernando, hasta desembocar en el pantano situado cerca de la capital… Después de volver a reunir sus aguas en un lecho angosto, cruza todavía el barrio occidental, La Chimba, consistente en una calle de una milla inglesa de largo y cuyas casas, situadas entre jardines, impresionaban muy favorablemente. Por fin, formaba un gran pantano, desde el cual ya no tenía suficiente fuerza para cruzar el extenso desierto de arenas hasta el mar”36. Tal y como queda descrito por el aventurero alemán, el río atravesaba la ciudad que quedaba flanqueada por dos zonas pantanosas: una al inicio (La Vega) y otra al pasar La Chimba, y después continuaba su camino hacia llegar al Pacífico, cosa que ya hemos señalado que no ocurría en los años secos. La irregularidad propia del caudal se veía incrementada por la de las quebradas que, a lo largo de su recorrido, desaguaban en él. En las inmediaciones de la ciudad, la de Paipote era un aporte importante en las raras ocasiones en que bajaba con agua y ha sido un factor relevante en las inundaciones de 1833, 1888 y 1929 y en varios de los amagos que hubo desde el siglo XVIII en Copiapó y en la población vecina de Tierra Amarilla. En 1853 José Raimundo Julio hablaba sobre la amenaza que suponía esta quebrada para la ciudad y la necesidad de realizar obras de contención con la suficiente antelación como para evitar futuras inundaciones en un esfuerzo mancomunado con los habitantes 30 Darwin, 2011, 59. 31 El clamor público, Madrid, 14 de abril de 1850, n.° 1778, 3. 32 Biblioteca Nacional de Chile, Memoria Chilena, s.f. 33 Morse, 1975. 34 Pinto, 1980. 35 Instituto Nacional de Estadística, 1866, 293. 36 Treutler, s.f., 85.
Desbordamientos del río Copiapó, Chile, e inundaciones urbanas: 1833-1929 Dossier 51 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 de la localidad vecina, Punta Negra, ante la inminencia de una nueva inundación que transportara el agua de la quebrada hacia La Vega: “a fin de precaver los males que amenaza la quebrada de Paipote, cuya medida ya la había tomado y me dirigía al punto indicado, aunque previniendo con sentimiento que nada valdrían nuestros esfuerzos en el momento de estar sobre nosotros la creciente de las quebradas, pues este reparo se puede poner muy anticipadamente y con la cooperación de ambos vecindarios”37. Seguía diciendo: “que por una casualidad ahora nos hemos librado, pues si en lugar del gran nevazón baja en agua, habríamos sido anegados irremediablemente, y como esta casualidad puede no repetirse y venir todavía otro aguacero, que veo muy probable que venga, me parece muy del caso dar principio lo más pronto posible”38. Como respuesta se levantó el plano de las obras para la canalización de las aguas de la quebrada, pero el director de obras públicas, Federico Castillo, señalaba la inconveniencia de llevarlo argumentando que resultaba demasiado oneroso y afectaba a diversas propiedades privadas. Daba, a cambio, otra solución supuestamente más práctica, puesto que afectaba únicamente a una propiedad: “El proyecto principal lo creo muy gravoso, tanto por abarcar mayor extensión de terreno, como porque con él se atraviesan varias propiedades, con grave perjuicio, inconvenientes que quedan salvados con el que indico a US, y porque además atraviesa solo la propiedad de doña Ignacia Mercado”39. No obstante, no hay constancia de que se pusiera en marcha ninguno de los proyectos mencionados y al poco ocurrió otra crisis en la que la quebrada volvió a amenazar con anegar el sector del pueblo de indios de San Fernando y se volvieron a solicitar medidas para evitarlo: “Con fecha 6 del presente recibí un oficio de VS en los momento que caía la lluvia, por el cual se me encarga la vigilancia que debo tener con la quebrada de Paipote, debo decir a VS que no hay medida que tomar si la quebrada bajase, el ancho que tiene dicha quebrada en la desembocadura es de doce a dieciséis cuadras y en toda su extensión tiene la corriente a la población; lamentable sería si en uno de estos aguaceros baja su creciente, siendo este tan corto ha caído al canal que da agua a las hijuelas de este pueblo, con tres regadores de avenidas soy de parecer que VS debe tomar medidas antes de ver inundada la población; el año parece lluvioso, y el mal que nos amenaza si bajase la quebrada es cierto, no deja duda”40. Las inundaciones de 1833, 1888 y 1929 Como señalábamos en la introducción, hasta la fecha no hemos localizado descripciones de inundaciones catastróficas en el XVIII, aunque sí diversas alusiones a las crecidas del río y el consecuente anegamiento de las calles y daño a los edificios. Felipe Gómez de Vidaurre en 1789, como el abate Molina un año antes41, mencionaba que dadas las características de los ríos en Chile las lluvias abundantes eran más bien beneficiosas que perjudiciales “para que los ríos de Chile inunden sus campiñas, se requiere una causa extraordinaria, y que ellos, lejos de ser fatales, traen infinitos bienes a sus campiñas”42. Solo menciona para el XVIII dos ocasiones en las que la población de Santiago se había visto afectada, aunque sin daños de consideración: “el río Mapocho pasa por dentro de la capital, a la que sin grave daño ha inundado dos veces en el presente siglo”. Un poco más adelante continuaba explicando que las “salidas de madre” de los ríos, que ocurrieron de manera simultánea en varios lugares de Chile en el año 1776, habían sido bastante más peligrosas para la población y se habían llevado ganado y bestias de carga, pero, decía, se trataba de “una cosa tan irregular que se descubren causas que pasan siglos sin que ellas se vean”. A pesar de tan ligero pronóstico para el caso de Santiago, poco después, para finales del XVIII, ya comenzaba a percibirse la inundación como amenaza en Copiapó, como relata Sayago cuando hace referencia al amago de “junio de 1796 cuando al poco de ocurrido el temblor y cuando ya estaban recuperándose del desastre, una gran crecida amenazó con inundar la ciudad”, aunque en aquella ocasión, como él mismo señala, la cosa quedó solo en el susto, puesto que el agua rezumó en los terrenos “por tantos años secos”43. 37Archivo Municipal de Copiapó (en adelante AMC), Oficios del Pueblo de San Fernando, Subdelegación n.° 8 de San Fernando, San Fernando, 18 de agosto de 1853. 38AMC, Oficios del Pueblo de San Fernando, Subdelegación n.° 8 de San Fernando, San Fernando, 18 de agosto de 1853. 39AMC, Oficios del Pueblo de San Fernando, Subdelegación n.° 8 de San Fernando, San Fernando, 18 de agosto de 1853. 40AMC,OficiosdelPueblodeSanFernando,9demayode1856. 41 Abate, 1788, 46. 42 Gómez, 1889, 28. 43 Sayago 1874, 112.
Inmaculada Simón Ruiz Dossier 58 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 En el siglo XIX ya había un amplio conocimiento sobre la climatología y las condiciones hidrográficas y la recurrencia de las inundaciones, así como de técnicas arquitectónicas y planificación para evitar que ciertos fenómenos naturales devinieran en catástrofe69. A la luz de estos conocimientos se hicieron frecuentes propuestas de obras públicas. No obstante, estas propuestas fueron desoídas. Las razones fueron principalmente de índole económico y también sociopolítico, relacionadas tanto con el mantenimiento de los privilegios de algunos pocos como con la debilidad del Estado y su administración. Viajeros y cronistas del XIX explicaban que los objetivos de los vecinos de Copiapó eran enriquecerse y marcharse. Desde la fundación de la villa vimos que la población con más recursos se caracterizó por vivir lejos de ella y a desinteresarse por el desarrollo urbano, lo que explica, sin duda, la pobreza endémica del erario en esa primera etapa. Un detalle significativo es que las destiladoras de agua fueran utilizadas para el ferrocarril y no para el consumo humano. No obstante, con la llegada del ferrocarril y la modernización de la ciudad comenzaron a avecindarse personajes más ricos y a edificar en ella sus mansiones, lo que no redundó en una mejor planificación urbana ni en la creación de obra hidráulica destinada a la contención de las aguas del río y de la quebrada del Paipote. Por el momento, la escasa información que permanece en el Archivo Municipal y en el del Museo Regional de Atacama70 no nos ha permitido hacer una evaluación de los presupuestos municipales para ver si hubo un incremento de ingresos derivado de esta situación. Lo que sí hemos podido comprobar es que desde la prensa se culpaba sobre todo al Gobierno central de la falta de previsión en la reconstrucción de obra pública para el mejoramiento de la infraestructura urbana relacionada con el agua, transformando en una cuestión política una demanda que venía realizándose desde finales del XVIII. La falta de memoria y la politización del tema tuvieron, y siguen teniendo, importantes repercusiones para la población. Todavía tras el último gran aluvión de 2015 se recurría a la argumentación partidista para explicar la puesta en marcha de las obras en la canalización de Paipote, como podemos ver en las declaraciones del SEREMI de Obas Públicas, César González, en las que para emprender una obra que venía reclamándose más de 200 años se argumentaba que el Gobierno anterior no había realizado nada al respecto: “hemos invertido 8 veces más de lo que se invertía en el pasado en obras de defensa fluviales y control aluvional, de un presupuesto de 2.800 millones de pesos nos pasamos a un presupuesto de 21 mil millones de pesos en estos últimos cuatro años y eso da cuenta del enorme esfuerzo del gobierno por dar una solución a un problema que no fue solucionado en el pasado, por lo tanto somos el gobierno que está solucionado el problema, un problema heredado del gobierno anterior que tomó malas decisiones, dejando que se construyeran obras donde no se debía y no invirtió lo suficiente, en momentos cuando el país más crecía y la región de Atacama más aportaba a este crecimiento”71. Sería deseable que al abordar cuestiones relacionadas con temas tan relevantes y que afectan de manera recurrente a la población se dejaran a un lado las disputas políticas y se tuvieran en consideración, para la toma de decisiones, las investigaciones realizadas por científicos de diferentes especialidades, así como por los registros de la memoria de los habitantes reflejados en registros tan diversos como la fotografía o la arquitectura a lo largo de la historia. El olvido recurrente, la priorización de actividades productivas a toda costa y la instrumentalización de las consecuencias de los fenómenos naturales son caldo de cultivo para que estos devengan en desastres. Fuentes de archivo Archivo General de Indias, Chile, 137, Expedientes sobre nuevas poblaciones en el Reino de Chile, 1716, f. 580. Archivo Municipal de Copiapó, Oficios del Pueblo de San Fernando, Subdelegación n.° 8 de San Fernando, San Fernando, 18 de agosto de 1853; 9 de mayo. Archivo Regional de Atacama, Boletín Municipal del Departamento de Copiapó, 1871. Instituto Nacional de Estadística, 1866: Censo General de la República levantado el 19 de abril de 1865, Santiago (Chile). 69 A los conocimientos adquiridos por la población autóctona y de los primeros siglos de ocupación colonial se une la experiencia de los ingenieros ilustradosdelXVIIIylosavancesingenierilesycientíficosdelXIX.Petit- Breuilh, 2002. 70 Agradezco a Guillermo Cortés Lutz y Rodrigo Zalaquett su generosa actitud y el apoyo brindado para la consulta del archivo del Museo Regional de Atacama y lo mismo a Mabel Tapia en el Archivo Municipal de Copiapó. Sin sus orientaciones y facilidades en la consulta no habría sido posible avanzar en esta investigación. 71 Gobierno Regional de Atacama, 2017.
Desbordamientos del río Copiapó, Chile, e inundaciones urbanas: 1833-1929 Dossier 59 Agua y Territorio, 22 · pp. 43-60 · Julio-Diciembre 2023 · Universidad de Jaén (España) ISSN 2340-8472 · ISSNe 2340-7743 · DOI 10.17561/AT.22.7132 Hemerografía El Amigo del País, 1888 El Atacameño, 1929 El Obrero, 1911 Referencias bibliográficas Abate Juan Ignacio Molina. 1788: Compendio de la historia geográfica natural y civil del Reyno de Chile. Madrid (España), Antonio de Sancha. http://www.bibliotecanacionaldigital.gob. cl/visor/BND:8028 Amat y Junyent, s.f.: Historia geográfica e hidrográfica, con derrotero general correlativo al plan del Reino de Chile [Manuscrito] / que remite... a Carlos III, Rey de las Españas y de las Indias, su Gobernador y Capitán General D. Manuel de Amat y Juynent. http://bdh–rd.bne.es/viewer.vm?id=0000130499&page=1 Astaburuagua, Ricardo. 2004: “El agua en las zonas áridas de Chile”. 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