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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 Lord Acton, juez e historiador de las ideas Lord Acton, The Judge and Historian of Ideas Paloma de la Nuez1 Universidad Rey Juan Carlos (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2714-4533 Recibido: 15-04-2022 Aceptado: 10-09-2022 Resumen Los liberales de todas las épocas han concedido siempre una gran importancia a las ideas en la historia y, en ese sentido, Lord Acton no es ninguna excepción. Al contrario, defendió en sus escritos que las ideas son fuerzas históricas muy poderosas que mueven el mundo. Son las causas de los sucesos políticos y, entre todas ellas, la más importante es la idea de libertad. Una idea moral entendida como libertad de conciencia de la que nacen todas las demás. Precisamente, por el reconocimiento del protagonismo de las ideas en las sociedades humanas, se le considera hoy en día uno de los mayores exponentes de la disciplina Historia de las ideas políticas. Sin embargo, encontramos en el pensamiento histórico de Acton una serie de afirmaciones polémicas y contradictorias. Reconoce la imperfección de nuestro conocimiento, la complejidad de la historia y de las ideas que contribuyen a explicarla, a la vez que hace del historiador un juez inflexible, objetivo e imparcial que ha de juzgar, no sólo los hechos históricos y las ideas que los provocaron, sino también a los historiadores que los narraron. Hasta qué punto es compatible la visión liberal de la historia con ese historiador devenido en juez al que se le supone el conocimiento para discernir, nada más y nada menos, entre el bien y el mal, sigue siendo una incógnita. Palabras-clave: historia, religión, ideas, libertad, juez. 1 ([email protected]) Profesora Contratada Doctora de la Universidad Rey Juan Carlos. Doctora en Ciencias Políticas y Sociología por la UCM. Sus publicaciones reciente son: “Una relación difícil: liberalismo y religión en el pensamiento de F.A. Hayek”. ¿Atenas y Jerusalén? Política, filosofía y religión desde 1945. Ed. Tecnos, 2022; “La Escuela austriaca”. Crisis y revisión del liberalismo en el periodo de entreguerras, Ed. Tirant, 2022 y “Dos formas discordantes de resignificar y solucionar la corrupción. Ferguson y Turgot entre el comercio y virtud”. La idea de corrupción en los siglos XVIII y XIX. Forjas y resignificaciones, Ed. Marcial Pons, 2022.
276 Paloma de la Nuez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 Abstract Liberals of all ages have always attached a great deal of importance to ideas in history, and Lord Acton is no exception. On the contrary, he argued that ideas are very powerful historical forces that shape the world. They are the causes of political events, and the most important of them all is the idea of freedom. This is a moral idea, understood as a freedom of conscience from which all others are born. Today he is considered one of the leading exponents of the discipline of History of Political Ideas precisely because of his recognition of the leading role played by ideas in human societies. However, Acton's historical thought contains a series of controversial and contradictory statements. He recognises the imperfection of our knowledge and the complexity of history and the ideas that help to explain it, while simultaneously making the historian an inflexible, objective and impartial judge who has to judge not only historical events and the ideas that caused them, but also the historians who narrated them. The extent to which the liberal view of history is compatible with that of a historian as a judge who is assumed to have sufficient knowledge to judge between nothing less than good and evil remains unknown. Keywords: history, religion, ideas, freedom, judge. 1. La Historia como historia de las ideas Escribe G. Himmelfarb que en la década de los cincuenta del siglo XX la Historia de las Ideas era ya una disciplina respetable en las instituciones académicas, pero no lo era aun cuando escribía Lord Acton. En aquel momento, su interpretación de la historia como historia de las ideas era algo incipiente y novedoso, aunque él estaba convencido de que lo que diferenciaba a los historiadores modernos de los antiguos era precisamente su esfuerzo por trazar el progreso de las ideas. Tenía muy claro que para no quedarse en la superficie de las cosas, había que preocuparse por ellas incluso más que por los hechos: “History deals with ideas, facts alone useless” (Fears 1985, vol III: 627)2. Es decir, como le escribe a Mary Gladstone (la hija de su admirado y gran amigo, el político liberal, William Gladstone), para comprender la historia 2 “La historia tiene que ver con las ideas. Hechos sólo, inútiles”. G. Himmelfarb publicó su tesis sobre Acton en 1952 y su libro se ha convertido en una referencia fundamental en los estudios sobre este autor. Como recuerda Dalmacio Negro Pavón, la Historia de las ideas como nueva disciplina aparecería en la obra de Leopold von Ranke que las consideraba fuerzas del espíritu que mueven el mundo, y ponía el énfasis en sus efectos históricos. La disciplina comenzará a adquirir forma institucional en los Estados Unidos de América en las primeras décadas del siglo XX gracias, en gran medida, a A. Lovejoy, fundador del Journal of the History of Ideas (Negro Pavón 2020: 285).
277 Lord Acton, juez e historiador de las ideas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 política, religiosa, literaria o científica había que situarse más allá de los hombres, atrapar y comprender las ideas y su movimiento: “to get behind men and to grasp ideas” (Paul 1913: 42) 3. Las ideas son causa y efecto, reflejo de acontecimientos en los que también influyen, y la historia de las ideas políticas está esencialmente asociada a los acontecimientos políticos y recibe y combina todas las influencias que vienen de la religión, la filosofía, la jurisprudencia y la economía porque existe, además, una gran unidad en la historia de las ideas. Por eso Acton animaba a sus colegas a centrarse en la influencia de las ideas yendo más allá de los acontecimientos políticos y los hombres poderosos: “en la medida en que he comprendido las ideas que han influido en cada país y en cada época sucesiva, la voluntad accidental desaparece, lo que parece episódico y aislado será absorbido y colocado en el armonioso curso de la historia” (EELP 1999: 375). Insistía en hacer historia de las ideas porque son ellas las que principalmente gobiernan el mundo. “Principalmente” porque reconocía también la importancia de las condiciones sociales, el hábito, los intereses o la pasión. Las ideas no son abstracciones porque están arraigadas en su tiempo; tienen raíces. A menudo reflejan las condiciones sociales y políticas del momento. Así, por ejemplo, se puede interpretar la teoría política de Locke como el reflejo de las condiciones de la aristocracia terrateniente del siglo XVII, pero con todo, ellas tienen un poder superior y son el futuro. Sin embargo, desde su perspectiva idealista que concede preponderancia al espíritu sobre la materia, los hechos, los movimientos sociales y las palabras son, sobre todo, signos del pensamiento como los acontecimientos son los expresión y resultado de las ideas. La historia de las ideas “rescata a la historia de las garras de la materia”. Esto es, el historiador -como afirmara también R. G. Collingwooddebe descubrir los pensamientos que contienen y expresan los acontecimientos históricos. En realidad, éste revive pensamientos pasados de forma crítica. Por eso, en ese sentido, “toda historia es historia del pensamiento” y, de alguna manera, conecta también con la filosofía política (Collingwood 1996: 210). Por otro lado, las ideas están en perpetuo cambio y renovación, son inquietas. Tienen una vida propia, por eso no son fáciles de tratar. El historiador debe tener una “curiosidad de anticuario” y estudiar su movimiento porque ellas tienen ancestros, un desarrollo, conexiones y radiaciones y a menudo el descubrimiento del pedigrí de las ideas puede ser “muy irritante”4 pero, aun así, hay que intentar analizar cómo esas ideas influyen en la política, el comercio o 3 “Colocarse detrás de los hombres y agarrar las ideas”, en Carta de L. Acton a Mary Gladstone del 31 de octubre de 1879. 4 “Una historia que rastreara de principio a fin todas las sutiles conexiones podría ser realmente valiosa, pero no como tributo a la paz y la reconciliación. Pocos descubrimientos resultan tan irritantes como aquellos que exponen el pedigrí de las ideas”. (EELP 1999: 376).
278 Paloma de la Nuez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 las instituciones. Por ejemplo, conviene investigar la relación entre la idea de libertad y las instituciones del liberalismo o las conexiones que existen entre Juan de Mariana y Milton o entre W. Penn y Rousseau (a quien Lord Acton consideraba el más influyente pensador político de todos los tiempos). Esta forma de hacer historia debía ser compatible con estudiarla de forma objetiva e imparcial, atendiendo a los hechos y apoyándose en documentos y manuscritos, formales e informales, públicos o privados. De hecho, nuestro historiador concedía mucha importancia a la correspondencia, a las cartas personales de los protagonistas de los acontecimientos históricos porque ellas son más reveladoras que otros textos. Por eso, describe G. Himmelfarb, el tesoro que constituían para Acton las discusiones o los debates en las Asambleas, sin dejar fuera la imaginación para entrar en un sistema de ideas ajeno al nuestro y poder identificarnos con las ideas de otros tiempos (Himmerlfarb 1993: 201)5. Todo esto sin olvidar que la historia de las ideas tiene que ser una historia cosmopolita. No puede ser tratada de forma nacional porque las ideas mismas son extraterritoriales. (Himmelfarb: 196)6. Ahora bien, también existen peligros y complicaciones. Los autores se leen de muy diferentes maneras según las generaciones y, sobre todo, cuando circulan de una cultura a otra. A veces se transmiten ideas falsas o subversivas respecto a las instituciones y las personas o ideas que otros se apropian para nuevos o contradictorios medios y fines. Y es que, como dice en uno de sus aforismos, “we comtemplate our ideas in the sunlight oh heaven, and appy them in the darkness of earth”. Ideas had wings”. “Laws are local and temporary. It is the idea that survives, propagates, exttends”7. Asimismo, el gobierno de las ideas puras y especulativas puede acabar queriendo invadirlo todo con sus políticas doctrinarias porque “el gobierno de las ideas tiende a abarcarlo todo. Tiende a hacer a toda la sociedad obediente a esas ideas” (EELP 1999: 377). Siempre que el Estado fija como fin supremo la defensa de una idea especulativa, deviene inevitablemente un Estado absoluto. (Esto puede ocurrir, por ejemplo, con la idea de nacionalidad que convierte un sentimiento en demanda política). Y es que las ideas son poderosas. La especulación tiene un potencial revolucionario. Pueden subvertir las instituciones y ser muy críticas con las personas y los acontecimientos y provocar por ello una revolución. Por 5 “History is better written from letters that from histories: let a man criminate himself” y “no public character has ever stood the revelation of private utterance and correspondence” (“La Historia se escribe mejor desde las cartas que desde las historias: permiten que el hombre se incrimine a sí mismo”, y: “ningún personaje público ha soportado la revelación de sus declaraciones y correspondencia privadas (Fears 1985, vol II: 387). 6 “Las ideas tienen alas con las que atraviesan fronteras y mares” (Fears 1988, vol III: 514). 7 “Contemplamos nuestras ideas bajo la luz solar del cielo y las aplicamos a la oscuridad de la tierra”. “Las leyes son locales y temporales, pero son las ideas las que se propagan y extienden (Ibidem: 656).
279 Lord Acton, juez e historiador de las ideas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 ejemplo, Acton afirma que en 1776 los colonos de América que no eran pobres ni estaban oprimidos, sacrificaron todo por una idea. Creyeron necesario (como ocurrió en la Revolución de los puritanos) edificar una nueva sociedad sobre ideas que aún no se habían encarnado. “Le problème posé par les Americains était, au fond, celui-ci: Doit-on risquer l’existence de son pays, de sa famille, donner sa fortune à la ruine et ses enfants à la mort, verser le sang à flots, renoncer à tout ce qui est établi par l’autorité et sanctifié par la coutume, pour une idée qui n’est écrite nulle part, qui est du pur idéal, qui est spéculative et nouvelle, en contradiction avec la constitution, avec les lois de son pays et des autres, qui n’a pour elle ni sanction religieuse, ni crédit légal, qui est inconnue à tous les codes et à tous les législateurs? La réponse affirmative, c’est la Révolution, ou comme nous disons le Libéralisme”.8 Y también la revolución francesa de 1789 fue en gran medida el resultado de la influencia de libros políticos. Por eso, asegura que para el historiador los libros que influyen sobre los hombres, incluso aunque no posean grandes méritos, son más importantes que las obras de algún gran genio. “La toma de la Bastilla, por ejemplo, fue un gran signo; el panfleto de Sieyès ¿Qué es el tercer estado? fue un hecho aún mayor” (EELP1999: 378) y (Himmelfarb 1993: 205). Así, una nueva época comienza con una nueva idea. Ideas que son a menudo obra de hombres originales, “grandes hombres fuertes”, que se apartan de los caminos trillados y llevan el mundo hacia delante de un modo parecido a lo que escribiera también John Stuart Mill en su On Liberty, aunque “hasta que no se prueban, las nuevas ideas son impotentes”. Este poder de las ideas es tal que incluso el hombre prefiere sacrificar a su país antes que a sus ideas. Por eso, los whigs se alegraron del éxito de los colonos americanos en su lucha contra Inglaterra (EELP 1999: 376 y Figgis: 226)9. En definitiva, se trata de encontrar los orígenes profundos; las causas morales y espirituales que determinan los acontecimientos, puesto que las leyes y las instituciones tienen sus raíces en la opinión del pueblo (una planta que 8 “En el fondo, el problema que planteaban los americanos era el siguiente: ¿debe uno poner en riesgo la existencia de su país y de su familia, arruinarse y abocar a los hijos a una muerte segura, derramar sangre a raudales, renunciar a todo aquello establecido por la autoridad y santificado por las costumbres, por una idea que no queda recogida en ningún sitio, que es un puro ideal, especulativa y nueva, que va en contra de la constitución, las leyes del país y de otras naciones, que no cuenta con la aprobación de la iglesia y carece de crédito legal, que es ajena a todos los códigos y a todos los legisladores? La respuesta afirmativa es la Revolución, o como decimos nosotros, el Liberalismo”. Este párrafo se encuentra en una carta escrita por Lord Acton en Cannes a principios de mayo de 1887 (Figgis y Vere Laurence 1906: 229-230). 9 De todos modos, Acton pretendía alejarse tanto de la historiografía whig del momento que juzgaba el pasado con los criterios del presente asumiendo un progreso siempre indefinido, como del historicismo tradicionalista que idealizaba el pasado porque creía que el historiador debe considerar cada suceso y periodo de la historia bajo su luz propia natural. Tampoco se identificó nunca con la historia que hacía Hegel; al contrario, Acton admiraba mucho a Ranke y creía firmemente en la posibilidad de estudiar la historia científicamente dando un estatus científico al historiador.
280 Paloma de la Nuez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 crece despacio y que está influida por el pasado y el hábito). En realidad, no solo las ideas gobiernan la Historia, sino que el mismo hombre será en gran parte lo que sean las ideas: “el hombre será, sobre todo, lo que sean las ideas humanas de estos últimos siglos”. (EELP1999: 56). Ideas cuya fuente no está dentro del individuo, sino que entran en él desde diferentes lados y diferentes fuentes. Por eso lleva su tiempo asimilarlas y se necesita cierta madurez para darle sentido al conjunto10. 2. El historiador como juez de las ideas Se ha criticado muchas veces a Lord Acton por su rigorismo moral (los principios morales son absolutos, atemporales y universales), y por el papel de juez que atribuye al historiador al que, por eso mismo y aunque parezca contradictorio, le exige un comportamiento científico y objetivo. Debe ser imparcial y no servir a ninguna causa. El historiador debe desaparecer de la historia: “It requires an impartial man to make a good historian” (Tulloch 1988: 99). Acton pedía que se describieran los hechos con honestidad con los métodos de investigación científicos adecuados y desde la independencia y libertad intelectual del historiador, incluso aunque esta actitud acarreara consecuencias personales y profesionales desagradables, como le pasó al propio historiador liberal11. El fin no justifica los medios y, por lo tanto, el historiador tiene el deber de no rebajar su nivel de exigencia moral ni disculpar a unos u otros personajes históricos -mucho menos a los grandes hombresporque hayan servido a lo que, desde su punto de vista, su ideología o sus prejuicios, era una buena causa. En realidad, cuanto más poder ostenta, más responsabilidad se debe exigir. Y, ya que en la mayoría de los casos no ha habido responsabilidad legal o penal, por lo menos que la haya histórica. “Quite frankly, I think there is no greater error. The inflexible integrity of the moral code is, to me, the secret of the authority, the dignity, the utility of history. If we may debase the currency for the sake of genius, or success, or rank, or reputation, we may debase it for the sake of a man’s influence, of his religion, of his party, of the good cause which prospers by his credit and suffers by his disgrace. Then history ceases to be a science, an arbiter of controversy, a guide 10 “The source of our ideas is not in us. They pour in from all sides and springs. It takes time to assimilate them (…) the man must be mature before it has given unity to the whole” (Fears 1988, vol III: 662). 11 Debido a su rigorismo moral que no aceptaba excusas ni excepciones, Acton se enfrentó incluso a su querido maestro y amigo Döllinger, con quien había estudiado en Munich, después de haber sido rechazado en Cambridge por su condición de estudiante católico.
281 Lord Acton, juez e historiador de las ideas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 of the wanderer, the upholder of that moral standard which the powers of earth, and religión itself, tend constantly to depres”12. Y esta intransigencia moral incluye a la Iglesia Católica y a los Papas de Roma. Acton había descubierto en los archivos que empezaban a ser accesibles en varios países europeos, que algunos historiadores católicos habían falseado o cambiado ciertos datos históricos para proteger la reputación de la Iglesia o defender sus intereses, incluso justificando la tortura y el asesinato, el peor de los crímenes, porque Acton creía en la santidad de la vida humana y por ello se muestra indignado con el Papado. La religión no puede excusar esos comportamientos. Al contrario: son mucho peores los crímenes alentados y permitidos por los jefes de la Iglesia porque van en contra del cristianismo y de su misión espiritual. “Religious cannot excuse them, unless the end justifies the means. Instead of excusing, it aggravates the fault”. (Fears 1988, vol III: 668)13. “I cannot accept your canon that we are to judge Pope and King unlike other men, with a favourable presumption that they did no wrong. If there is any presumption it is the other way against holders of power, increasing as the power increases. Historic responsibility has to make up for the want of legal responsibility. Power tends to corrupt and absolute power corrupts absolutely. Great men are almost always bad men, even when they exercise influence and not authority: still more when you superadd the tendency or the certainty of corruption by authority”14. 12 “Francamente, creo que no hay error más grande. En mi opinión, el secreto de la autoridad, de la dignidad, de la utilidad de la historia está en la integridad inflexible del código moral. Si nos permitimos devaluar el patrón moral en aras de la genialidad o del éxito, o del rango o de la reputación, bien podemos hacerlo por el bien de la influencia de un hombre o de su religión, de su partido o de la buena causa que prospera gracias a sus méritos y fracasa cuando cae en desgracia. Es así como la historia deja de ser una ciencia, un árbitro de la controversia, un guía para el viajero, el sostén de esa escala de valores que los poderes terrenales y la propia religión tienden a debilitar constantemente”. (Figgis y Vere Laurence 1917: 9). (Creighton era el autor de A History of the Papacy during the Reformation). 13 “La religión no puede excusarlos, salvo que el fin justifique los medios. En vez de excusarlos, agrava su falta”. 14 Es en estas cartas a Creighton en las que Acton desarrolla su teoría del juicio en la historia. “No comparto su principio de juzgar a Papas y Reyes de forma distinta al resto de los hombres bajo la presunción, favorable, de que no hicieron nada malo. En caso de existir una presunción para los que detentan el poder, esta debería ser la contraria e incrementarse a medida que lo hace su poder. La responsabilidad histórica debe compensar la falta de responsabilidad legal. El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre hombres malos, incluso cuando ejercen su influencia y no su autoridad: más aún cuando a eso se le añade la predisposición a la corrupción de la autoridad y la realidad de la corrupción ejercida por esta”. (Figgis y Vere Laurence 1917: 9). Es en estas cartas a Creighton en las que Acton desarrolla su teoría del juicio en la historia.
282 Paloma de la Nuez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 También porque evitaba el juicio de los hombres y sus ideas, no aceptaba la interpretación whig de la historia. Esta estaba llena de víctimas y de sufrimiento, pero no se hablaba de los criminales. Esta visión whig a la que a veces erróneamente se identifica con la de Acton, no hacía a los individuos los responsables de la historia porque no tenían mucha elección y sin elección no se les podía hacer moralmente responsables (Tulloch, 1988: 97)15. Pero ¿quién es responsable de los males del mundo? ¿se juzga solo a los hombres o también a las ideas? Si se juzgan los hechos históricos por sus consecuencias o efectos morales, ¿también deben juzgarse las ideas que los provocan? Porque, en última instancia, las ideas son la causa de los acontecimientos políticos y tan culpable es el teórico que incita o aprueba el crimen como el que lo comete (si no es incluso peor). Por encima del hombre de acción, está el hombre que piensa, aunque el liberal no quiera nunca imponer sus ideas a otros. En este sentido y de acuerdo con Himmelfarb, Acton sí juzga las doctrinas políticas como si fueran personas mortales. Y es así porque él mismo escribe que hay que ser más riguroso con las ideas que con las acciones y que una causa no debe escapar al castigo que la historia tiene el poder de infligir, incluso arriesgándose a un exceso de rigor16. Un caso claro que destaca el historiador católico especialmente, es la doctrina de la persecución religiosa que está en la raíz de numerosos crímenes. Los autores y defensores de dicha doctrina serían también responsables y culpables de los mismos asesinatos. Asimismo, “aquellos que -de acuerdo con el principio de la Iglesia primitiva de que los hombres son libres en cuestiones de concienciacondenen toda intolerancia, censurarán por igual a católicos y protestantes” (EELP, 1999:151). Sin embargo, las cosas son más complicadas porque no siempre las buenas ideas van unidas a hombres buenos y, a menudo, los hombres buenos están equivocados. No siempre el bien está totalmente en un solo lado y a veces los hombres malos (que lo son por su amor al poder) hacen lo que es necesario para el bienestar de las naciones (Himmelfarb 1993: 239)17. Por otro lado, los mejores teóricos políticos pueden ser muy malos políticos en la práctica como afirma le pasaba, entre otros, a Turgot o a Burke. Se puede tener mucha sabiduría política aprendida en los libros, pero no saber crear instituciones, o se pueden tener cualidades intelectuales pero no morales, aunque a Lord Acton 15 Además, Acton desmontaba la tesis whig de que la historia de Inglaterra respondía al deseo de los ingleses por la libertad. La historia de Inglaterra, como la de cualquier otro país, es mucho más compleja (Tullock 1988: 95). 16 A este respecto, G. Himmelfarb comenta que, dado el rigor moralista de Acton, casi ninguna idea quedaría inmune a la crítica (Himmelfarb 1993: 200-203). 17 Aunque, a pesar de esa visión del poder y de los poderosos (casi siempre hombres malos), no es un pesimista absoluto, sino que como dice su biógrafa G. Himmelfarb, tenía esperanzas modestas, aunque grandes ideales (Himmelfarb 1993: 240).
283 Lord Acton, juez e historiador de las ideas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 no le parecían históricamente relevantes los asuntos de la vida privada de los grandes personajes históricos: “los siete pecados capitales no existen para la Historia” (Figgis y Vere Laurence 1917: 232). En todo caso, lo importante no es tanto acumular conocimientos como pensar históricamente. Sea como fuere, según Lord Acton, la historia educa y forma el carácter y también es útil y práctica porque revela las verdades de la experiencia y, en ese sentido, es un instrumento de acción para la praxis política. En realidad, la historia sirve para iluminar la política porque conocer el pasado es un instrumento de acción y de poder. “La historia tiene una función profética y nuestra experiencia del pasado modela nuestras ideas sobre el futuro” (EELP: 268). Por ejemplo, conocer las ideas que una nación abriga sobre su historia (que son las más importantes) moldea sus ideas sobre su futuro y dirige su conducta porque el pasado actúa a través de las ideas que sugiere. De ahí que las ideas de los historiadores también pueden ser peligrosas y ellos serán los responsables de sus consecuencias. 3. La historia de la idea de libertad Para Lord Acton, el constante progreso hacia la libertad era el hecho característico de la historia querido por la Providencia. Acton creía que, en última instancia, había fuerzas ocultas trabajando en la Historia por un futuro más feliz; que Dios actúa en la historia favoreciendo el progreso que, en gran medida, consiste en el conocimiento de lo que está mal o bien por parte de la conciencia pública18. En ello y en el perfeccionamiento del mundo se ve la sabiduría divina. En este sentido, el liberalismo de Acton sería también una filosofía de la historia. El historiador debe dar sentido a la historia. Como es sabido, el propósito de Lord Acton de escribir una historia de la libertad no se cumplió nunca, aunque su objetivo habría sido trazar su lento progreso a través de las diferentes fases de la historia19. Porque la Historia trata precisamente de eso: de la lucha de la libertad como idea moral contra el efecto corruptor del poder que degrada y desmoraliza. Un concepto de libertad espiritual que surge de los derechos de la conciencia y que fue la gran contribución del cristianismo temprano. Fue la religión cristiana la que estableció su responsabilidad frente a Dios, la que le confirió dignidad al ser humano y la que luchó por protegerla 18 “Providence means progressnotion that God is active in historythat Christ pursues His work among men”. (Fears 1988, vol III: 637). 19 A pesar de que Acton no escribiera nunca el libro, sí escribió muchas otras cosas: artículos, ensayos, reseñas, apuntes, aforismos y correspondencia. Sin embargo, como escribía sobre historiografía, ideas políticas, historia, religión etc., y en ocasiones en publicaciones no muy conocidas, su obra es difícil de clasificar ya que no se corresponde con la idea convencional de lo que debe hacer un historiador profesional.
290 Paloma de la Nuez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 de ideas, del espíritu; por eso lo que debe hacer el historiador es comprender la idea que dicta las leyes Vemos, pues, que nuestro autor otorga preeminencia a las ideas sobre las normas y las instituciones, como al espíritu sobre la materia. A fin de cuentas, la virtud de las instituciones depende de las ideas que las crean. Lo que se juzga respecto a las ideas es si favorecen o no la libertad, y en política está bien aquello que la promueve, la desarrolla y la perpetua. Es su causa lo que hay que favorecer. La libertad no es un medio, es el fin que debemos perseguir. Pero no solo eso. El legado del hombre a la humanidad no es tanto su personalidad como sus ideas. “El depósito permanente de la historia no es el que dejan los políticos o soldados cuya obra pasa, sino el de los hombres de ideas que ponen los cimientos de la verdad y el conocimiento” (EELP 1999: 377)29. Está claro que la manera de Acton de entender la historia es inseparable de su manera de espiritual de entender el liberalismo. La historia debe interpretarse, sobre todo, como un progreso moral e intelectual y, precisamente, una manifestación de ese progreso que se manifiesta en la historia es la sustitución del dominio de la fuerza por el de las ideas. La civilización implica pasar de la voluntad a la ley y a la razón. Que el hombre deje de estar gobernado por su pasiones, necesidades o intereses a serlo por el conocimiento y las ideas y, aunque los ideales políticos no siempre se realicen, su persecución determina la historia. La libertad es, así, el premio de la civilización (Fears, 1988, vol III: 34-35 y 174, y EELP 1999 :41). De hecho, Acton analizaba una época o un acontecimiento histórico en función de su contribución a dicho progreso y, como hemos visto, se atribuía el papel de juez de hombres e ideas. Incluso los historiadores del pasado tenían también que ser sometidos a escrutinio. Había que indagar en sus motivos y comprobar la veracidad de lo que decían (Fears, 1988, vol III: 621 y Tullock 1988: 98)30. 29 Y en su caso, podría decirse que así ha sucedido, aunque sus ideas tuvieran que esperar su momento; esperar a que se diera el clima político y espiritual adecuado. En ese sentido, su pensamiento fue recuperado y más valorado después de la Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Fría, puesto que pensadores como Karl Popper, F.A. Hayek o I. Berlin vieron en él un profeta del siglo XX por sus advertencias respecto al nacionalismo, al poder ilimitado del Estado y por la necesidad de un nuevo orden moral tras la experiencia de los totalitarismos. De acuerdo con H. Tulloch, el renacimiento o la resurrección de Acton en este momento se debió fundamentalmente a la necesidad de un orden moral tras la postguerra y cuenta cómo en 1944, Hayek propuso un plan para crear Sociedades Acton por toda Alemania para luchar contra el nazismo y devolver a Alemania al buen camino (Tulloch 1988: 9). De hecho, es sabido que Hayek propuso llamar a la que luego fue la Mont Pelerin Society, Acton- Tocqueville Society, dos pensadores católicos y liberales, aunque Hayek fue siempre un reconocido agnóstico. 30 Respecto a los historiadores franceses del XVIII escribe que eran adictos inescrupulosos a la calumnia y que sentían una indiferencia despectiva respecto a la distinción entre hecho e invención (Tulloch 1988: 600).
291 Lord Acton, juez e historiador de las ideas Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 Ya en su tiempo, muchos de sus colegas pensaban que ese juicio impedía el verdadero conocimiento histórico y se planteaban hasta qué punto se puede ser un juez imparcial, evitando juzgar la historia del pasado desde el presente. O hasta qué punto el historiador puede “desaparecer” de la historia, o hasta qué punto se puede discernir el papel de Dios en ella e interpretar su voluntad desconocida, máxime cuando él mismo reconoce que la influencia de la Historia es compleja y variada porque no responde a una sola fuerza sino a muchas. De ahí que el historiador deba reconocer la imperfección de su conocimiento. Como puede apreciarse, encontramos en el pensamiento histórico de Acton una serie de afirmaciones complejas y contradictorias parecidas a las que se encuentran también en su interpretación del liberalismo. El historiador católico afirma la complejidad de la historia y las ideas que contribuyen a explicarla, así como la limitación de nuestro conocimiento pero, al mismo tiempo, hace del historiador un juez inflexible, objetivo e imparcial que ha de juzgar, no sólo los hechos históricos y las ideas que los provocaron, sino también a los historiadores que los narraron. Hasta qué punto es compatible su visión liberal de la historia con ese historiador devenido en juez al que se le supone el conocimiento y la habilidad necesarias para discernir, nada más y nada menos, entre el bien y el mal, sigue siendo una incógnita.
292 Paloma de la Nuez Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 275-292. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.12 Abreviaturas citadas de correspondencia y fuentes directas de Acton: SW: J.R. Fears (ed.), Essays in Religion, Politics and Morality (Selected Writings of Lord Acton). 3 vols. (Indianapolis, 1988). EELP: P. de la Nuez (ed.), Ensayos sobre la libertad y el poder (Madrid, 1999) ELPR: Manuel Álvarez Tardío (ed.), Ensayos sobre la libertad, el poder y la religión (Madrid, 1999). J. N. Figgis y R. Vere Laurence (ed.), Lectures on Modern History (Londres, 1906). (Disponible en Internet en Online Library of Liberty, https://oll.libertyfund.org/). J. N. Figgis y R. Vere Laurence (ed.), Selections from the Correspondence of the First Lord Acton, (Cardinal Newman, Lady Blennerhassett, W.E. Gladstone and others) (Londres, 1917). (Disponible en Internet en Online Library of Liberty, https://oll.libertyfund.org/). H. Paul (ed.), Letters of Lord Acton to Mary, Daughter of the Right Hon. W.E. Gladstone, (Londres, 1913). (Disponible en Internet Online Library of Liberty, https://oll.libertyfund.org/). Bibliografía citada: J. Burrow, Historia de las historias. De Heródoto al siglo XX (Barcelona, 2009). R. C. Collingwood, Idea de la historia, Fondo de cultura económica (México, 1996). G. Himmelfarb, Lord Acton. A study in Conscience and Politics (San Francisco, 1993). R. Hill, Lord Acton (New Haven, 2000). D. Negro Pavón, “Historia de las ideas”, en Enciclopedia de las ciencias morales y políticas, pp. 284-289 (Madrid, 2020). P. de la Nuez, “Presentación” (Madrid, 2020). R. Pezzimenti, The Political Thought of Lord Acton. The English Catholics in the Nineteenth Century (Herefordshere, 2001). H. Tullock, Acton. Historian on historians (Londres, 1988).