scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

El Periodismo Social como una nueva forma de “narrar-nos”. La necesidad de reconocer-nos como agentes en la construcción mediática de los casos de violencia de género

Gutiérrez Jiménez, María Eugenia; Zurbano-Berenguer, Belén

Abstract

Desde su aparición, el periodismo siempre ha parecido responder a alguna función. Pero, ¿qué sucede cuando los encargados de construir los relatos del presente ceden en sus funciones? ¿Podemos seguir hablando de periodismo, tal y como fue concebido en sus orígenes? Éste es el desafío del que parte a priori el Periodismo Social como una nueva forma de “pensar” la función que debería desempeñar el periodismo en la sociedad del conocimiento y de “mirar-nos” como agentes sociales de la información, reconociendo así al sujeto no sólo como profesional, sino como ciudadano que forma parte de la realidad que “narra” en cada noticia, en cada reportaje o información. Por tanto, ¿qué implicaría este enfoque “social” en la práctica del periodismo? ¿La dignificación de los sujetos protagonistas de los hechos? ¿La recuperación de la diligencia profesional y, por tanto, de la función informativa y formativa de los medios? Para ello, primero tenemos que observarnos como profesionales –y como lectores- en nuestra interacción con los medios para posteriormente llegar a reconocer los errores que se cometen en la práctica, en la forma de representar los temas “sociales” y a sus protagonistas, en los términos utilizados para referirnos a la realidad narrada. Un ejemplo de la falta de consenso en el tratamiento informativo que se le debe dar a las informaciones de índole social lo encontramos en los casos de violencia de género, donde la indefinición en cuanto a la terminología y al tipo de violencia hace que estas noticias sean tratadas como meros sucesos o casos aislados. Esto no es más que un claro reflejo de la dejación por parte de los medios de comunicación en su función de agentes socializadores que no sólo determinan la identificación del ser con su sociedad, sino la imagen que éste llega a tener de sí mismo.

Full text

Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 1 El Periodismo Social como una nueva forma de “narrar-nos”. La necesidad de reconocer-nos como agentes en la construcción mediática de los casos de violencia de género The Social Journalism as a new way to “tell-us”. The need to recognize ourselves as agents in the media construction of gender violence María Eugenia Gutiérrez Jiménez Profesora del Departamento de Periodismo I de la Facultad de Comunicación Universidad de Sevilla [email protected] Belén Zurbano Berenguer Estudiante de postgrado Universidad de Sevilla [email protected] Resumen: Desde su aparición, el periodismo siempre ha parecido responder a alguna función. Pero, ¿qué sucede cuando los encargados de construir los relatos del presente ceden en sus funciones? ¿Podemos seguir hablando de periodismo, tal y como fue concebido en sus orígenes? Éste es el desafío del que parte a priori el Periodismo Social como una nueva forma de “pensar” la función que debería desempeñar el periodismo en la sociedad del conocimiento y de “mirar-nos” como agentes sociales de la información, reconociendo así al sujeto no sólo como profesional, sino como ciudadano que forma parte de la realidad que “narra” en cada noticia, en cada reportaje o información. Por tanto, ¿qué implicaría este enfoque “social” en la práctica del periodismo? ¿La dignificación de los sujetos protagonistas de los hechos? ¿La recuperación de la diligencia profesional y, por tanto, de la función informativa y formativa de los medios? Para ello, primero tenemos que observarnos como profesionales –y como lectores- en nuestra interacción con los medios para posteriormente llegar a reconocer los errores que se cometen en la práctica, en la forma de representar los temas “sociales” y a sus protagonistas, en los términos utilizados para referirnos a la realidad narrada. Un ejemplo de la falta de consenso en el tratamiento informativo que se le debe dar a las informaciones de índole social lo encontramos en los casos de violencia de género, donde la indefinición en cuanto a la terminología y al tipo de violencia hace que estas noticias sean tratadas como meros sucesos o casos aislados. Esto no es más que un claro reflejo de la dejación por parte de los medios de comunicación en su función de agentes socializadores que no sólo determinan la identificación del ser con su sociedad, sino la imagen que éste llega a tener de sí mismo. Abstract: Since their appearance, the journalism has always seemed respond to any role. But what happens when those responsible for building the stories of this cede in its functions? Can we continue to talk of journalism, as was conceived in their origins? This is the challenge of that party a priori Social Journalism as a new form of "thinking" the role that should play the Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 2 journalism in the knowledge society and of "look-us" as social agents of the information, recognizing the subject not only as a professional, but as a citizen who is part of the reality that "narrates" in each story, in each information. Therefore, what would this approach "social" in the practice of journalism? Does the dignity of the subject players of the facts? Does the recovery of the professional diligence and, therefore, the reporting function and formative media? For that reason, we first have to observe as professionals in our interaction with the means to subsequently come to recognize the mistakes that were committed in practice, in the form of representing the themes "social" and its players, in the terms used to refer to the reality narrated. An example of the lack of consensus in the treatment information that he should give information of a social nature is to be found in cases of gender violence, where the uncertainty as to the terminology and the type of violence makes these news are treated as mere events or isolated cases. This is not more than a clear reflection of the abdication by the media in its role of socializing agents that not only determine the identification of be with their society, but the image that it comes to take of itself. Palabras clave: Periodismo Social; realidad mediada; violencia de género. Keywords: Social Journalism; mediated reality; gender violence. Sumario: 1. Introducción 2. Punto de partida: la necesidad de reflexionar sobre la función social de los medios 3. Asunción de responsabilidades en el tratamiento de informaciones sociales 4. La necesidad de superar el suceso como encuadre periodístico válido a la hora de abordar las informaciones sobre “violencia de género” 5. Notas para la articulación del “enfoque social” de la información Summary: 1. Introduction 2. Starting Point: the need to reflect on the social function of the media 3. Assumption of responsibility in the handling of social information 4. The need to overcome the event as framing journalistic valid at the time to address the information on "gender violence" 5. You notice for the joint of a social approach of the information Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 3 1. Introducción “¿Qué sucede cuando los encargados de narrar el presente ceden en sus funciones?” Con esta conjetura el teórico de los estudios culturales en América Latina, Jesús Martín Barbero, no sólo parece alertarnos sobre las amenazas que se ciernen actualmente sobre la libertad de prensa, sino también sobre las consecuencias que puede conllevar la suspensión del derecho a la información para el individuo de una sociedad global, tecnificada, del conocimiento y democrática. De ahí que el fin último de esta disertación sea analizar en qué medida la praxis periodística actual lesiona este derecho fundamental y cómo podríamos corregirla a partir del enfoque social. Si nos fijamos en la acción connatural que se le atribuye a los medios de comunicación (narrar lo que sucede), y el recurso narrativo utilizado por Martín Barbero para negar la acción (la interrogación), ¿no cabría, entonces, poner en duda si lo que actualmente observamos como lectores y espectadores es la dejación por parte de los medios de su función primigenia (contar la realidad) o simplemente asistimos a una transformación en la forma en que se informa sobre lo que acontece? Es decir, no es que los medios de comunicación hayan dejado de narrar, sino que siguen narrando pero sin contar nada o contando poco de lo que necesitaría saber un ciudadano cualquiera para desenvolverse en su realidad. Y esta forma de actuar por parte de los medios, ¿no implicaría desinformar? Pensemos por un momento en cómo se produce la información. La situación de precariedad laboral del periodista y el sometimiento a las rutinas productivas o a la línea ideológica del medio, condicionada por los intereses del grupo de accionistas, son algunos de los factores que determinan la construcción de la realidad de una forma superficial y definen el modelo informativo imperante, según Pascual Serrano (2009): “¿Cuántos productos informativos conocemos que las autoridades hayan retirado del mercado debido a su mala calidad? La mayor parte de las noticias que nos llegan se elaboran resumiendo, sin crítica y sin contrastarlas, algo que una fuente interesada ha contando a los periodistas. Es decir, el periodista –generalmente muy mal pagado, no especializado, con gran presión del tiempo y un contrato precario, temeroso de perder su puesto de trabajova a un lugar al que le ha citado alguien que tiene interés en hacer saber algo, toma nota de lo que le cuentan, con frecuencia no puede preguntar, resume lo más llamativo y fácil de entender y con eso elabora la noticia. Si es mentira, no lo sabrá ni tendrá tiempo de comprobarlo antes de que la noticia se emita.” (p. 19) Esta descripción sobre las condiciones en las que se produce la información vendría a justificar que el tratamiento de los textos se pudiese caracterizar por su falta de profundización o superficialidad. De hecho, “el 80% de las informaciones son fruto de actos declarativos”, donde se nos cuenta “una versión de la versión que alguien da sobre algo” (Serrano, 2009, p. 28), pero no lo que realmente ha podido ocurrir; las fuentes consultadas son pseudo-fuentes o fuentes “decorativas” en la medida en que sólo sirven para “adornar” la información; las noticias se presentan Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 4 descontextualizadas, es decir, “ofrecen unas cifras, mientras se callan otras; se presentan determinados hechos sin discutir los motivos ni las condiciones sociales que lo provocan; se obvian los antecedentes, el contexto y, por ende, el razonamiento” (p. 44); y a diario se utilizan términos políticamente correctos a los que los públicos están acostumbrados –y mediante los cuales “conocen”- pero que falsean o reducen la realidad que denominan, como por ejemplo los vocablos “violencia de género”, “violencia machista”, “violencia familiar” y “violencia doméstica” para nombrar los diferentes tipos de violencia contra la mujer. A todo ello hemos de sumarle el marco en que se nos presenta la información, entendiendo por “marco” –o frameel esquema que estructura y sitúa los hechos en el contexto en que está inserto el individuo. Es decir, que nosotros no conocemos en nuestra relación directa con la realidad, sino a través de discursos que median nuestro conocimiento sobre lo real. Dicho esto, ¿podríamos entender la realidad mediada como la realidad social? Partimos de que quien informa es un sujeto –el periodista-, que no objeto, con su idiosincrasia e ideología, y que a diario observa cómo su margen de maniobra al informar sobre determinadas realidades se ve reducido en el sometimiento a los intereses e ideología del medio. Esto no justificaría la falta de diligencia o ética por parte del periodista, pero sí explicaría que su intermediación implicase inevitablemente una deformación de la realidad, pues el periodista le da forma a los hechos discriminando unos datos e incluyendo otros, concibiendo la “muerte” de una mujer “a manos de su marido” como un hecho aislado, sin relación con otros actos de violencia que sufren las mujeres, sin una perspectiva histórica sobre la evolución de la “violencia de género” y con un tratamiento sensacionalista centrado en la descripción del acto de la violación, si lo hubo, o en las partes del cuerpo donde se hallaron contusiones. Y se le da este tratamiento a temas como la violencia contra la mujer porque ¿es a lo que está acostumbrado el público o a lo que lo hemos acostumbrado? ¿Porque se recuerda mejor un acto cuando se cuentan los detalles que conmocionan? ¿Para que de esta forma no nos preocupemos por las causas y consecuencias o si detrás está la ineficacia de medidas políticas parciales que no tienen por objeto solucionar el problema? Dicho esto, parece ser inevitable la deformación de la realidad en el intento de informar o presentar los hechos, pero también parece ser necesaria debido a las limitaciones perceptivas de los individuos. Según la teoría psicológica de la Gestalt, el ser humano no es capaz de percibir en su totalidad el entorno que le rodea, de ahí que se valga de los discursos mediáticos para comprender lo que sucede a partir de la porción de realidad que representan los medios. Es decir, que la mayoría de las veces conocemos a través de los encuadres que se proponen desde los mensajes periodísticos. Asimismo, no podemos obviar la influencia que ejercen sobre la actitud o comportamiento que adoptamos hacia el “otro” o hacia determinadas realidades sociales, puesto que la finalidad del uso del encuadre es “organizar nuestra experiencia”, tal como apunta el sociólogo y teórico del interaccionismo simbólico Erving Goffmann (2006). Por todo ello, no podemos entender que la realidad mediada corresponda en su totalidad con la realidad social, además de admitir la imposibilidad de que los textos periodísticos den cuenta de todas las versiones existentes sobre un mismo hecho, ya que el sujeto al conocer se posiciona. No obstante, es en este punto donde el profesional de la información puede empezar a asumir sus responsabilidades como agente social: en el Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 5 compromiso que adopte ante la realidad -sobre la cual informa- y los actores sociales que la protagonizan. Un ejemplo de ese compromiso y trabajo diligente implicaría la transformación de los marcos de percepción o encuadres con los que se dan a conocer realidades como la violencia contra la mujer, pues casi siempre es representada como si de un suceso se tratase, vetándonos así la posibilidad de observar en esos textos los cambios que se están produciendo en esa realidad social, o si los ciudadanos y el Estado están haciendo algo para cambiarla. Antes de seguir sacando conclusiones, profundicemos a partir de nuestra experiencia como lectores y espectadores en el tratamiento que se le da a las informaciones de índole social en los medios, en concreto, analicemos la realidad representada sobre la violencia contra la mujer. 2. Punto de partida: la necesidad de reflexionar sobre la función social de los medios “Las investigaciones siguen mostrando que los medios de comunicación discriminan positivamente lo masculino al tiempo que mantienen ciertos comportamientos misóginos: 'todo parece indicar que se trata de un crimen pasional' recogía una noticia. Los asesinos no parecen ser los culpables de la violencia contra las mujeres, sino la entelequia 'violencia doméstica' que desenfoca y no señala con el dedo al hombre que mata: 'un nuevo caso de violencia doméstica'. Las mujeres 'mueren', no son 'asesinadas'. Se evita la palabra 'asesino' para utilizar abundantemente 'hombre'. Y en contra de la ética periodística, se identifica en muchísimas más ocasiones a la víctima que al asesino. ¿Acaso nos sorprende que siendo las mujeres el 52% de la población del mundo constituyan el 21% de las personas que figuran en las noticias? En España, sólo 15 de cada 100 personas mencionadas en la radio son mujeres”. Así comenzaba la periodista Mariló Rico Sánchez su artículo Violencia de Género y Responsabilidad Social de los Medios, exponiéndonos un claro ejemplo de cómo el tratamiento informativo incorrecto sobre un colectivo vulnerable1, como son las mujeres, llega a determinar la percepción y el grado de conocimiento que la sociedad posee sobre esa realidad, incluso puede condicionar la actitud o comportamiento que el ciudadano adopte frente a un mujer que lleva la etiqueta de “maltratada”. Llegados a este punto, y admitida la mediación en nuestra percepción de la realidad, el lector debería preguntarse si ese falta de diligencia por parte del profesional de la información y, por ende, de los medios de comunicación no menoscaba su derecho a recibir información veraz (Artículo 20.1. d) de la Constitución Española de 1978) y a comunicarse, en el sentido en que fue expuesto en el Informe dirigido por Sean MacBride, Un solo mundo, voces múltiples (1980): 1 Según Aurora Labio en su artículo Del estereotipo al amarillismo. Prácticas periodísticas incorrectas en el tratamiento de grupos sociales vulnerables (2005), cuando hablamos de colectivos vulnerables “nos estamos refiriendo a aquellas personas que se encuentran en una situación de desventaja para ejercer sus derechos y libertades.” Además, “se ha venido optando por tipificarlos en virtud de su situación de pobreza, etnia, edad, género o discapacidad. En la actualidad también se incluye la tendencia sexual como circunstancia de vulnerabilidad.” Estas notas pueden hallarse en los apuntes de la profesora Labio [archivo digital] titulados Periodismo Social. Disponibles en la biblioteca de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 6 Los componentes de este Derecho Humano integral incluyen los siguientes derechos de comunicación específicos: a) El derecho de reunión, de discusión, de participación y los derechos de asociación relacionados. b) El derecho de inquirir, de estar informado, de informar y los derechos de información relacionados. c) El derecho a la cultura, a la elección, a la intimidad y los derechos de desarrollo humano relacionados (p. 150). Es decir, que ya en la década de los 80, momento en el que se plantea la necesidad de estudiar los problemas de la comunicación a nivel internacional para la configuración de un nuevo orden mundial de la comunicación que equilibrara las desigualdades entre las distintas naciones para que todas participaran del “desarrollo” económico global, se observa la necesidad de concebir la comunicación como un elemento fundamental en el desarrollo humano, esto es como una necesidad vital del hombre: el desarrollarse – como un proceso que siempre se está dando y que nunca tiene fincomo individuo a partir de su pertenencia y participación en el desarrollo de su sociedad. Por consiguiente, y dada esa dimensión social de la comunicación, no sólo los medios de comunicación deben asumir sus responsabilidades para con los públicos, los cuales deberían tener acceso a una información veraz para posicionarse críticamente ante los hechos sociales de cualquier índole: políticos, económicos, culturales,… sino que también los órganos institucionales (Consejo Audiovisual de Andalucía) con competencias para controlar y vigilar el tratamiento de la información deben velar por que las mujeres “maltratadas”, por ejemplo, sean referidas en el discurso no como “víctimas” que necesitan de la protección del Estado (poniendo así en cuestionamiento la efectividad de la política basada en la “discriminación positiva”, que no deja de discriminar a otro sujeto, en este caso, el hombre), sino como sujetos de derecho. Todo ello implicaría a su vez la concepción de los lectores y espectadores no como meros consumidores de productos “culturales”, sino como receptores activos capaces de participar en la reivindicación de otro tipo de información. Es decir, que este planteamiento a su vez pondría en entredicho el concepto de información como mera mercancía, fundamentado en la supeditación de la dimensión social de la comunicación a la económica. De hecho, la mercantilización de la información –así como nuestros modos de vidaha sido vista por muchos como el origen de la crisis de credibilidad de los medios y de su papel como agentes socializadores. Uno de esos testimonios nos lo proporciona el escritor y periodista polaco Ryzard Kapuscinski en su discurso ¿Reflejan los media la realidad del mundo?2: “Desde que está considerada como una mercancía, la información ha dejado de verse sometida a los criterios tradicionales de la verificación, la autenticidad o el error. Ahora se rige por las leyes del mercado.” 2 Este discurso fue leído por Kapuscinski durante la ceremonia de entrega de los premios de periodismo Stora Journalistpriset en Estocolmo. Además, fue publicado en Le Monde Diplomatique entre el mes de julio y agosto de 1999. Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 7 Por tanto, con la asunción de obligaciones, derechos y deberes por parte de los tres agentes sociales mencionados arriba: los órganos institucionales, medios de comunicación y públicos, lo que se está reivindicando es la necesidad de trascender –y sustituirla concepción liberal de la prensa, que entiende toda intervención del Estado como una vulneración de la libertad de expresión y del libre mercado de ideas, para recuperar la llamada teoría de la responsabilidad social, fundamentada en las conclusiones extraídas a partir del estudio realizado por la Comisión Hutchins en 1947 sobre la prensa estadounidense. No obstante, no podemos perder de vista que esa “nueva” relación moral entre la prensa y la sociedad postulada en los años 50 por la teoría de la responsabilidad social asumía ya como uno de los logros de la prensa -y parte de los problemas de la comunicaciónla controversia entre la búsqueda del beneficio económico por parte de los medios de comunicación, concebidos a su vez como entes autónomos y configurados en la mayoría de los casos como empresas, y el derecho fundamental a comunicarse de los individuos que conforman los públicos. Es decir, que debido a los intereses divergentes de los agentes sociales implicados en la comunicación, el enfoque colectivista de la sociedad, donde se afirma la supremacía de los valores sociales ante los individuales, sólo podría hacerse realidad en la actualidad si se llegase a forjar una conciencia social que demande la necesidad de debatir públicamente sobre los derechos y deberes que debe asumir la prensa para con una sociedad que se quiere democrática. De esta forma, cada sociedad acordaría las funciones de los medios en el marco de un determinado sistema político. En este sentido, las autoras Inés Alberdi y Natalia Matas (2002) afirman que “los medios de comunicación se encuentran atrapados entre dos intereses contrapuestos: respetar la seriedad de las noticias teniendo en cuenta la gravedad de los hechos y satisfacer su necesidad de atraer al máximo la atención del público, y eso es más fácil de conseguir por la vía del sensacionalismo. Se encuentran entre la responsabilidad como informadores y formadores de la opinión y su posición empresarial de ofrecer un producto que el público desee y consuma”. Asimismo, el hecho de que la apelación a los sentimientos garantice la venta del producto, hace que actualmente observemos una extensión de ese tratamiento a otros ámbitos de la especialización periodística, como por ejemplo al social. Esto no sólo provocaría la lesión del derecho a recibir información veraz de los públicos, sino también el derecho a comunicarse de aquellos que aparecen referidos en el discurso mediático como meros “objetos de ayuda” o “víctimas”. ¿Dónde quedan, por tanto, las funciones que deberían desempeñar los medios en una sociedad democrática y del bienestar social? ¿Sabemos cuáles son las funciones que deben asumir los medios en el contexto actual? ¿Nos encontramos en plena transformación de las mismas? Según el Informe MacBride (1980, p. 36), las principales funciones de los medios deberían ser: informar; socializar; motivar la consecución de objetivos comunes que reporten un beneficio a todos los miembros de la sociedad; establecer discusiones públicas; educar; dar a conocer y preservar la herencia cultural; entretener; e integrar a los distintos grupos sociales. Volvamos de nuevo a la pregunta anterior: ¿Qué sucede cuando el entretenimiento contamina la información y, por ende, eclipsa la formación? Además, no podemos perder de vista que a la primacía de las leyes del mercado en la producción de la información se une el contexto actual de crisis económica, Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 8 generalizando no sólo la despreocupación de los medios por la calidad de la información, sino también agravando la situación de indefensión y desprotección del profesional de la información en su intento de ejercer su derecho a comunicar información veraz. Por consiguiente, “el periodista –argumenta Aurora Labio (2006)- ha de conjugar su pertenencia al sistema con su margen de maniobra para dar a conocer determinadas realidades. No es por ello extraño que este profesional entre en constantes contradicciones entre lo que hace y lo que debería hacer.” Se hace necesario, por tanto, la discusión pública sobre las consecuencias de las transformaciones que se están dando en la praxis periodística, sobre todo en torno a la falta de diligencia en el tratamiento de temas sociales como la violencia contra la mujer, la inmigración, los menores, la homosexualidad, los enfermos mentales, etc., realidades todas ellas protagonizadas por colectivos vulnerables que posicionados en situación de desventaja social, no pueden hacer valer o reivindicar su derecho a comunicarse. 3. Asunción de responsabilidades en el tratamiento de informaciones sociales En la actualidad, la dispersión de los temas sociales entre las páginas de un periódico (a veces aparecen en la sección de Internacional, otras en Nacional o incluso en Andalucía, dependiendo del enfoque dado por el medio), el que sean enmarcados o tratados como sucesos, o su simple ubicación en la sección de Sociedad, denominada como “cajón de sastre” porque a ella van a parar todo aquello que no se sabe dónde ubicar, es decir, lo “desclasado”, son algunos de los ejemplos que denotan la falta de criterios y consenso a la hora de seleccionar y tratar las informaciones de índole social. Esa indefinición sobre qué debemos entender por temas sociales puede deberse tanto a la naturaleza plural de estas informaciones, donde confluyen medidas políticas con factores económicos y culturales, como por los grupos sociales que protagonizan esas realidades, en su mayoría colectivos vulnerables que no forman parte de la agenda setting si no es por intereses partidistas. Esto no vendría a justificar el tratamiento incorrecto que se le suelen dar, pero sí explicaría en parte que temas sociales como la violencia contra la mujer o los flujos migratorios, aún siendo concebidos como “preocupaciones sociales” o temas “sensibles”, sean “maltratados” por un tratamiento sensacionalista y periodistas no especializados. Además, ese tratamiento incorrecto sobre los distintos temas sociales, a diario caracterizado por el uso de tópicos, estereotipos y generalizaciones que a su vez determina la actitud que adoptamos con respecto al sujeto referido en los textos, constataría la dejación por parte de los medios de su papel no sólo como actores sociales, que comprende la labor de informar, generar corrientes de opinión que influyan en las decisiones políticas, así como encuadres que focalicen la atención de los públicos en determinados problemas sociales o aspectos de los mismos, sino también como agentes de socialización que posibilitan la integración y el diálogo para una convivencia cívica entre los distintos grupos que conforman la sociedad. De hecho, Aurora Labio nos recuerde en su artículo que: (…) la Constitución de la UNESCO reconoce el papel de denuncia de las injusticias y la defensa de los derechos humanos que tienen los medios, contribuyendo de esta manera al desarrollo social y a la convivencia humana. Además, desde todas las instancias se reconoce la importante Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 9 responsabilidad social que posee el trabajo periodístico. De qué y cómo esté informada la opinión pública de un país, dependerá no sólo su salud democrática sino también su grado de conocimiento y su actitud en términos sociales (2006, p. 4). No obstante, se hace necesario reivindicar la asunción de responsabilidades de los medios, pues con la actual forma de ejercer el periodismo se nos veta la posibilidad no sólo de observar los cambios sociales, sino de participar en los mismos. Desde esta perspectiva, y desde la reivindicación de un posicionamiento crítico y consensuado de los medios ante determinadas realidades sociales, seguiremos abordando a continuación las llamadas de atención del legislador a los mismos. Centrándonos en las informaciones sociales que tratan la violencia contra las mujeres, denominada con una gran pluralidad de vocablos: “violencia de género”, “violencia machista”, “violencia doméstica” y “violencia familiar”, protagonizada por un grupo social tipificado como vulnerable y entendida como una de las “lacras” sociales existentes en todas las sociedades del mundo, cabe señalar que el legislador se ha visto obligado a recordarles la responsabilidad social que tienen los medios para con estas realidades y sus protagonistas; hecho que constata, por otro lado, la dejación de los medios en el tratamiento de estos temas. Adentrarse en los porqués de esa mención en el desarrollo normativo sería ya aventurarse en exceso; no obstante, este hecho no nos limitaría en el análisis de la multiplicidad de prácticas de carácter dudoso llevadas a cabo por los medios de comunicación a la hora de abordar los casos de violencia de género. Dicho esto hay que reconocer también el profundo esfuerzo que los medios, como motor de cambio, han realizado en cuanto a la concienciación en un asunto social e informativamente complejo. La violencia de género es un tema paradigmático, representativo de distintos debates y transformaciones que están abiertos de manera amplia dentro del periodismo, tales como los cambios en la delimitación de lo privado y lo público, la responsabilidad social de los medios de comunicación de manera particular con determinados problemas sociales, o, vinculado a ello, las prácticas de autorregulación y la formación y especialización periodística, entre otros. (Carballido, 2009, p. 160) Sin embargo, desde que se legislara en 2004 sobre esta realidad no hemos observado que una mayor visualización3 del problema haya implicado una mejora en la praxis periodística con respecto a los casos de mujeres que sufren “violencia de género”. 3 Diversos estudios coinciden en que fue el llamado “caso Ana Orantes” el que, en 1997, marcó un antes y un después en la visualizaciónvisibilización de este problema que conocido por todos pero del que los grandes portadores y portavoces de la opinión pública, de la esfera pública, no se hacían eco de un modo consciente, homogéneo ni especializado. Esta mujer, que apareció en Canal Sur Televisión denunciando en público los malos tratos que había recibido durante su matrimonio, fue días después quemada viva por su ex marido. Él declaró, a modo de explicación –si es que así puede entenderse-, que lo hizo por no poder soportar la enorme afrenta que suponía el conocimiento público de esa agresión. Lo relevante no fue que sociedad y medios de comunicación se volcaran con lo dramático –y cercano, pues era por primera vez televisado un testimonio de este tipo en un programa tan populardel caso, sino que “la Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 16 víctima, práctica periodística que se repite de forma generalizada en los cuerpos de los textos cuando abordan a la mujer únicamente en su ámbito de agredida y sin contextualización. Además, vemos como se la despoja absolutamente de su condición de persona quedando relegada al sujeto paciente de una agresión pertrechada por el otro, actor principal también en los titulares. Este caso nos sirve también para introducir otro de los rasgos que definen a las noticias sobre casos de violencia de género: su carácter excepcional y espontáneo. Con estos dos adjetivos venimos a referirnos a cómo no tienen continuidad alguna los casos de violencia de género, siendo relatados únicamente como una agresión puntual en el momento en que la prensa tiene conocimiento sobre ellos. En la mayoría de los casos analizados, a excepción del caso acontecido en Mairena (Sevilla) en el año 2000, con una cobertura informativa continuada, se puede observar como una nota constante el mínimo seguimiento que se realiza de estos hechos. Esto guarda además una estrecha relación con el foco central de atención mediática: la muerte. Después de ella, suele ser noticia la repulsa social y las manifestaciones, pero poco más. En ocasiones, cada vez más, una noticia de este tipo (agresiones, muertes) puede dar lugar a relacionar este suceso con otros acontecidos temporal y geográficamente próximos. Nos referimos por ejemplo a la razón de ser de la noticia Tres mujeres han sido apuñaladas por sus compañeros en Sevilla en lo que va de año (El Mundo, 3/XI/2000). En cuanto a las informaciones sobre la violencia que sufren las mujeres, en su mayoría no profundizan en el tema, por lo que dan una visión incompleta de la realidad. “Estas noticias se siguen insertando en muchas ocasiones en las páginas de sucesos o presentadas como tales en los informativos de radio o televisión. Se abordan como si fueran un accidente o un hecho causal, cuando se trata de una conculcación de los derechos humanos y un problema estructural que afecta a toda la sociedad.” (Rico Sánchez) La imagen en este tipo de noticias es una de las cuestiones también relevantes, y evidentes, en la concienciación de los medios en cuanto a su responsabilidad social inherente. La imagen es el primer contacto de un lector con una información y es ahí donde el medio decide, en primer lugar, qué quiere contarle a la sociedad. Siguiendo al catedrático Juan José Igartua (2007), “si bien es cierto que investigaciones realizadas han determinado que otros medios de comunicación –fundamentalmente la televisiónpresentan habitualmente un mayor grado de sensacionalismo que la prensa escrita, en la que se cuida más la calidad de las informaciones, en lo que se refiere a la información gráfica, la prensa, al igual que la televisión, también tiende a utilizar de manera estratégica las imágenes dramáticas, colocándolas en situaciones de mayor protagonismo en los diarios”. Para analizar el tipo de cobertura gráfica de que gozan estas noticias, hemos de realizar una clasificación formal entre lo que hemos venido a considerar noticias institucionales y noticias de episodios. En el primer tipo, se encuadrarían declaraciones políticas, manifestaciones públicas, medidas legislativas adoptadas etc. Y se caracterizarían por la ausencia de imágenes o por cierta neutralidad de las mismas. En este tipo de informaciones, o se carece de fotografías o suelen estar definidas por una imagen del acto, por una persona relevante que protagoniza la información, así como por tablas y gráficos, si se trata de estudios o de informes de gestión. Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 17 Sin embargo, las noticias episódicas o de casos violentos de “violencia de género”11 se caracterizan, en ocasiones, por ir acompañadas de ilustraciones gráficas de un marcado sentido macabro. Si las fotografías tienen su razón de ser en complementar a la información textual a la vez que en llamar la atención del lector para centrarlo en el hecho narrado, cabe decir que hay algunas imágenes que si no por estética, al menos por ética, no deberían estar incluidas en las informaciones de violencia de género. Siendo además éste otro de los aspectos destacados en la LO 1/200412 (España, 2004). Asimismo, nos referimos a los siguientes casos en los que queda patente cómo la información gráfica de las noticias de episodios violentos no aporta nada significativo a la información y puede dañar la sensibilidad de las personas afectadas. El uso sensacionalista, por tanto, de estas imágenes no parece guiado por un claro afán informativo. Además, cabe considerar cómo las mismas imágenes aparecen en varios medios sin que en ninguno se haya puesto en cuestionamiento si su contenido daña algún derecho. 11 Venimos insistiendo en cómo, a pesar de las recomendaciones, ésta es casi la única manifestación de la violencia de género a la que se hace referencia en los medios españoles. Sin embargo, en ésta incluimos agresiones sexuales, acoso, amenazas… y todas las que aparecen en los medios de comunicación como forma de violencia de género. 12 Artículo 14. Los medios de comunicación fomentarán la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombre y mujer evitando toda discriminación entre ellos. La difusión de informaciones relativas a la violencia sobre la mujer garantizará, con la correspondiente objetividad informativa, la defensa de los derechos humanos, la libertad y dignidad de las mujeres víctimas de violencia y de sus hijos. En particular, se tendrá especial cuidado en el tratamiento gráfico de las informaciones. Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 18 Mata a su ex pareja en la calle golpeándola con una azada. La mujer lo había denunciado por malos tratos en dos ocasiones (El Mundo, 2/VII/ 2010) Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 19 (Reclamo en la sección de Enfoque, que cabe definirla como una selección de temas de interés general y de actualidad. Se amplía luego la información sin fotografía. Se detallan los dos titulares, el de la sección de Enfoque y posteriormente, el de la sección Andalucía). Homicidio en Granada. Asesinada cruelmente a golpes de azadón / Mata a su ex compañero con una azada en plena calle de un pueblo de Granada y se entrega. (Abc, 2/ VII / 2010) La policía libera a 30 mujeres chinas obligadas a prostituirse en Madrid. Vivían y trabajaban en habitáculos con pésimas condiciones de higiene. (El País, 2/VII/2010) Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 20 (Reclamo en portada de la información. Dentro de la noticia se volvía a usar la imagen pero de mayor tamaño.) Cae una red que explotaba a mujeres a través de anuncios. La policía desarticula una trama de proxenetas de origen chino que obligaba a prostituirse en pisos burdeles de Madrid a una treintena de jóvenes a cambio de alojamiento y manutención. (Público, 2/VII/2010) Hallado muerto un matrimonio en su chalé de El Puerto. La autopsia aclarará el suceso, que podría ser de violencia machista. (El País, 5/VII/2010) No obstante, y aunque estas desviaciones a la hora de abordar con rigor el tratamiento gráfico de la violencia de género se dan y aquí arriba tenemos algunos ejemplos, debemos destacar que estas prácticas sensacionalistas, explícitas y desagradables –en algunos casos incluso rozando la vulneración del derecho a la intimidad y a la propia imagen de las personas afectadas y su entorno cercanono son prácticas periodísticas habituales. En un gran porcentaje de las informaciones de violencia de género no hallamos imágenes y otro importante tanto por cierto la constituyen fotografías simbólicas, de actos de repulsa o de recuerdo de las víctimas. Todos estos aspectos relatados no caben sino definirlos como diferentes vectores en un claro enfoque de sucesos. Siguiendo a la profesora Carmen Herrero (2003), “los sucesos son los relatos del lado malo de la vida, de la cara negativa; que despiertan gran interés y que requieren una competencia profesional. No todos los sucesos son susceptibles de convertirse en noticia; los medios no prestan la misma atención a todo ese material.” Para ser noticia, el hecho criminal debe ser impactante, “escalofriante y sensacional”. De este modo, en el análisis que venimos haciendo encontramos que las agresiones son relatadas como hechos criminales susceptibles de repulsa y de condena por la sociedad, pero sin más trasfondo periodístico o ético. Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 21 5. Notas para la articulación del “enfoque social” de la información Por todo lo expuesto más arriba, podemos inferir que la falta de credibilidad de los medios y la suspensión de su rol como agentes socializadores puede deberse a dos factores: por un lado, los textos periodísticos ya no ayudan al ciudadano a conocer parte de su entorno o a desenvolverse en él (sino a perderse), pues al ser elaborados a partir de actos declarativos emitidos por fuentes interesadas, se convierten en “metatextos”, esto es en textos que hablan de lo que otros hablan pero no de lo que puede estar ocurriendo. Y, por otro lado, el individuo no llega a “reconocer-se” en los textos construidos por los periodistas porque siempre aparece referido como “víctima” o, en el mejor de los casos, los textos se hacen eco de su testimonio no para dar a conocer la situación en la que vive o sus necesidades, sino para usarlo en la medida en que con ello puede exaltar la labor caritativa de un personaje o entidad públicos. Por consiguiente, la consecuencia lógica de esta praxis periodística es la pérdida -por parte del sujetodel sentimiento de pertenencia al grupo social y su desconexión con la realidad. Lo que provocaría a su vez la suspensión de su derecho a comunicarse y a participar de los cambios sociales. Ahora bien, caeríamos en un análisis parcial de esta realidad si no asumiésemos que esta dejación por parte de los medios en el desempeño de sus funciones: informar y formar, no sólo conlleva la desprotección del derecho de los públicos a recibir información veraz sino también la del periodista en su intento de comunicar, pues a diario su quehacer periodístico se ve sometido a los intereses del medio. Dicho esto, cabe pensar que la articulación del “enfoque social” de la información parte de la necesidad de “pensar” una posible solución al déficit identitario del ciudadano, que tiene su origen en la asfixia por sobreabundancia de información, y al déficit de legitimidad del periodista, resultado de la mercantilización de la información y, por ende, de la “funcionarización” de la praxis periodística. Y esa posible solución quizás la hallemos en una nueva reconfiguración del papel del profesional de la información, de aquel que conoce para luego trasladar los hechos a la sociedad. Porque sólo en la medida en que se consiga dignificar la figura del periodista, se dignificaría a los sujetos que aparezcan referidos en el discurso. Pensemos en lo que significaría poder ejercer el periodismo en libertad: podría documentarse e indagar sobre los hechos, consultar fuentes expertas diferentes a las oficiales u oficiosas para con la información que le ofrezcan contrastar los hechos, articularía un nuevo “marco” desde el cual darle voz a los protagonistas y así superar el enfoque de estas realidades como sucesos, etc. Una vez imaginado lo que podría ser el desempeño del trabajo periodístico con diligencia, pensemos ahora en la nueva recepción o apropiación por parte de los públicos de esos textos: por un lado, esas informaciones ofrecerían al lectorespectador una oportunidad de aprendizaje sobre la realidad que cuentan y, por otro lado, los textos no sólo reflejarían los cambios que se estén dando en la sociedad, sino que también reflejarían la esencia del hombre, es decir, la manera en que nos valemos y practicamos el bagaje cultural heredado de nuestros antepasados para resolver los problemas cotidianos y del presente. Además, esta profundización propiciaría cambios en las actitudes en la que nos relacionamos con nuestro entorno y con el “otro”, ya que esa información que se da con diligencia sobre una porción de la realidad social, puede Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 22 hacer que pongamos en cuestionamiento los estereotipos y tópicos con los que a diario creemos conocer al “otro” y su realidad. En definitiva, el “enfoque social” implicaría la reconfiguración constante de las formas en las que conocemos y damos a conocer la realidad, es decir, la necesidad de aprender a “mirar” y a “mirarnos” en los relatos que construyen el presente para no llegar a olvidarnos del compromiso con la realidad que implica ser, por un lado, ciudadano y, por otro, informador. Porque necesitamos “mirar” al mundo que nos circunda y saber que somos parte de él, Martín Barbero nos recuerda la necesidad vital del hombre de narrarse, esto es de comunicarse, como antídoto ante la destrucción del pensamiento. La vitalidad de una cultura tiene que ver con su capacidad para comunicarse con otras. Y desde hace tiempo juego con esa polisemia que tiene el verbo contar en castellano: contar significa contar cuentos, contar relatos, pero contar también significa ser tenido en cuenta, es decir, contar para alguien. Y es que sólo existimos en términos de identidad y, por tanto, de diferencia, en la medida en que somos capaces de narrarnos. (2008, pp. 16-17) Referencias bibliográficas Alberdi, I. y Matas, N. (2002). La violència domèstica: informe sobre els maltractaments a dones a Espanya. Barcelona: Fundación “La Caixa”. Andalucía. (2007) Ley 13/2007, de 26 de noviembre, de Medidas de Prevención y Protección Integral contra la Violencia de Género. Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, 18 de diciembre de 2007, núm. 247. Aznar, H. (2008). Violencia de género y medios de comunicación: antecedentes, logros y retos. Dilemata: portal de éticas aplicadas. [en línea]: http://www.dilemata.net/index.php/Etica-de-la-comunicacion/violencia-de-genero-y- medios-de-comunicacion-antecendentes-logros-y-retos.html [Consulta: 01/11/2010] Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 23 Consejo Audiovisual de Andalucía (2009). Informe del Consejo Audiovisual de Andalucía sobre marco normativo, opinión de la ciudadanía y consulta a los operadores de radio y televisión sobre el tratamiento de la violencia de género [en línea]: http://www.consejoaudiovisualdeandalucia.es/opencms/opencms/ActuacionesDelCAA/i nformes_dictamenes/ [Consultado: 15.11.2010] España (2004). Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Boletín Oficial del Estado, 29 de diciembre de 2004, núm. 313. Goffmann, Erving (2006): Frame analysis: los marcos de la experiencia. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas. González, R. y Zurbano, B. Formas de representación y tratamiento discursivo de la violencia de género en prensa. En: Actas del II Congreso de Investigación y Género. Unidad de Igualdad. Universidad de Sevilla. (Sevilla 17-18 de junio de 2010) Herrero Aguado, C. (2003). Periodismo de Sucesos y Tribunales. Tratamiento informativo de la violencia social. Sevilla: Padilla Libros Editores & Libreros. Igartua, J.J., Muñiz, C., Otero, J.A. y De la Fuente, M. (2007). El tratamiento informativo de la inmigración en los medios de comunicación españoles. Un análisis de contenido desde la Teoría del Framing. Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 13, pp. 91-110. Instituto Andaluz de la Mujer (1999). Decálogo de recomendaciones a los medios de comunicación para el tratamiento de la violencia contra las mujeres [en línea]: http://www.juntadeandalucia.es/institutodelamujer/DE-CARACTER- DIVULGATIVO.html [Consulta: 01/11/2010] Labio Bernal, A. (2006). Del estereotipo al amarillismo. Prácticas periodísticas incorrectas en el tratamiento de los grupos sociales vulnerables. Anàlisi, 33, pp. 31-44. Martín Barbero, J. (2008). Diversidad cultural y convergencia digital. I/C Revista científica de Información y Comunicación, 5, pp. 12-25. Rico Sánchez, M. Violencia de género y responsabilidad social de los medios. La Otra Página. Revista Feminista Independiente [en línea]: http://www.laotrapagina.com/articulo-105.html [Consulta: 01/11/2010] Sádaba Garraza, M.T. (2001): Origen, aplicación y límites de la “teoría del encuadre” (framing) en comunicación. Comunicación y Sociedad, 2, pp. 143-173. Sean MacBride (coord.) (1980): Un solo mundo, voces múltiples. México: Fondo de Cultura Económica. Serrano, P. (2009): Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo. Barcelona: Península. Actas – II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social – Universidad La Laguna, diciembre de 2010 ISBN: 978-84-938428-0-2 Página 24 Van Dijk, T. A. (1996): La noticia como discurso. Comprensión, estructura y producción de la información. Barcelona: Paidós Comunicación.