La incorrecta descripción de lo que somos
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1 Aristóteles. Peri ta zoia historiai (HA). 501 b. 2 Aristóteles. Peri zoion morion (PA). 653 a.b. 3 Aristóteles. Peri ta zoia historiai (HA) 491 b y 516 a. THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 39, 2007. LA INCORRECTA DESCRIPCIÓN DE LO QUE SOMOS Jesús Mosterín de las Heras. Universidad de Barcelona. La antropología filosófica sólo puede despegar y emprender el vuelo intelectual desde la base sólida a ser posible en nuestros días, gracias a los recientes avances de la paleoantropología, de la genómica humana y de la neurociencia. Esta situación es nueva, pues en el pasado no sabíamos casi nada acerca de nosotros mismos, lo cual no era tan grave como podría parecer. No hace falta entender la digestión ni la respiración para digerir o respirar. No es necesario saber nada de genética ni de embriología para reproducirse. Y el ser incapaces de describir el funcionamiento del cerebro nunca nos ha impedido pensar. Sin embargo, la falsa autoconciencia de lo que somos, basada en datos falsos y pseudoexplicaciones insostenibles, impide la puesta en marcha de la antropología filosófica como empresa cognitiva. 1. Platón y Aristóteles Para ilustrar este punto, vamos a pasar revista a algunas y Aristóteles de las falsas ideas y descripciones de algunos de los más grandes filósofos, psicólogos y médicos del pasado, empezando por Platón. Platón escribió que nuestra alma es un espíritu que cayó del cielo, donde vivía antes de nacer, precipitándose sobre el cuerpo que ahora lo aprisiona. Desde luego, es imposible saber hasta que punto Platón se tomaba en serio sus propios mitos o si más bien eran guiños de su fino sentido del humor. También fue famosa e influyente su división tripartita (en razón, emoción y apetito) del psiquismo humano, a la que correspondía otra división tripartita anatómico-funcional: la cabeza sería la sede de la razón, el pecho sería la sede de las emociones y el vientre la de los apetitos. Aunque ingeniosa e influyente, esa opinión no corresponde en nada a la realidad. El cerebro es la sede tanto de la razón (y la sinrazón) como de la emoción y del apetito. En concreto, las estructuras cerebrales más directamente implicadas en el procesamiento de las emociones son ciertas partes del sistema límbico del cerebro, como las amígdalas, el hipotálamo y la corteza cingular. El pecho no tiene nada que ver con las emociones. No sólo Platón se equivocaba, sino también Aristóteles, el más grande biólogo que ha habido hasta el siglo XVIII, además de gran filósofo, claro está. Al estagirita, que estuvo dos veces felizmente casado, nunca se le ocurrió contar los dientes en la boca de su mujer. Por eso pensaba que los hombres tienen más dientes que las mujeres. En general, «los machos tienen más dientes que las hembras, tanto entre los seres humanos, como entre las ovejas, las cabras y los cerdos…»1 Aristóteles creía que los hombres tienen más suturas en el cráneo que las mujeres, a fin de proporcionarles más ventilación, ya que están más calientes. Pensaba que la función del cerebro es refrigerar la sangre, que el corazón calienta excesivamente. Los hombres tienen, en relación a su tamaño, mayores cerebros que las mujeres. «En la especie humana, los hombres tienen el cerebro más voluminoso que las mujeres; en efecto, la región que rodea el corazón y los pulmones está más caliente y tiene más sangre en el hombre. Y esa es también la razón por la que el humán es el único animal que se mantiene erecto… El humán es también el animal que más suturas tiene en la cabeza, y el hombre tiene más que la mujer, siempre por la misma razón, a fin de que esta región respire más fácilmente, sobre todo el cerebro mayor.»2 Insiste dos veces3 en que la mujer tiene una sola sutura de forma circular, mientras que el hombre tiene tres, que se reúnen en el mismo punto. De
24 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 4 Aristóteles. Peri zoiron morion (PA), 652b 17-28. hecho, el cráneo, visto por arriba, presenta tres suturas: La sutura coronal (que separa el hueso frontal de los paritales), la sutura sagital (que separa los dos huesos parietales entre sí) y la sutura lambdoidea (que separa el hueso occipital de los parietales). La sutura coronal se junta con la sagital en un punto llamado bregma. La sutura lambdoidea y la sagital se juntan en el punto lambda. Esto vale igual para hombres y mujeres. Probablemente Aristóteles se refiere al bregma cuando dice que en los hombres se cruzan las suturas en el mismo punto. Aristóteles concebía el cerebro como un refrigerador. Pensaba que el corazón calentaba en exceso la sangre, y podría acabar sofocando al animal, a no ser que otro órgano se encargase de enfriarla para mantener el equilibrio térmico del cuerpo. El cerebro sería el órgano encargado de enfriar la sangre. «Puesto que todo necesita contrapeso para alcanzar el equilibrio y el justo medio, … por esta razón la naturaleza ha dispuesto el cerebro como contrapartida de la región del corazón y del calor que genera… Así pues, el cerebro modera el calor y la ebullición que reinan en el corazón» 4 2. Galeno Galeno, nacido en 129 en Pérgamo, fue el médico más famoso de la antigüedad. Todavía ahora llamamos galenos a los médicos. Sus obras de anatomía han servido de libros de texto a todas las generaciones de médicos en el mundo occidental e islámico hasta el siglo XVI. Vuelto a Pérgamo en 157 tras sus estudios en Alejandría, Galeno obtuvo la plaza de médico de la escuela de gladiadores, en la que ejerció de cirujano cuatro años, durante los que adquirió amplia experiencia en el tratamiento de las heridas (las «ventanas al cuerpo») y los traumatismos tan frecuentes en la actividad de los gladiadores. Poco después se estableció en Roma, donde fue médico de cabecera del emperador Marco Aurelio y tuvo un gran éxito profesional. Además de atender a sus pacientes, Galeno se dedicaba a escribir, enseñar y hacer disecciones públicas de animales en las que mostraba su dominio de la anatomía. Galeno dio pábulo a la especulación y la filosofía, pero también fue un adalid del método experimental y de la observación directa. Trató de establecer la medicina sobre una base a la vez experimental y especulativa. Aunque no fue consciente de los límites y riesgos de la especulación, afirmó la supremacía del experimento en la búsqueda de la verdad. De hecho, fue el primer investigador experimental (y no solo observacional) en medicina. Llevó a cabo disecciones de cadáveres de animales y vivisecciones (disecciones de animales vivos), en el curso de las cuales realizaba experimentos para determinar la función de la respiración, del pulso, de los riñones, del cerebro y de la médula espinal. Galeno también usó el método experimental para corregir y refutar diversas opiniones de sus antecesores. El fisiólogo Erasístra- to de Keos había sostenido que la sangre sólo fluye por las venas, no por las arterias, y que las arterias sólo llevan aire, pero no sangre. Galeno corrigió este error, probando experimentalmente que la sangre fluye por las arterias. Mostró que cuando ligaba un segmento de arteria por los dos extremos y luego lo punzaba, salía sangre. También mostró que basta con hacer un corte en una arteria para desangrar el cuerpo entero en menos de media hora. Galeno rechazó también la opinión de Aristóteles de que el corazón era el centro del pensamiento; el centro del pensamiento y del sistema nervioso es el cerebro. Los médicos hipocráticos apenas habían intentado un estudio serio de la anatomía y fisiología del cuerpo humano, que se inició con Aristóteles. Fueron precisamente los peripatéticos los que trasladaron ese interés a Alejandría. Erasístrato de Keos, nacido hacia -340, discípulo del escolarca del Liceo Estratón de Lampsaco, fue el más notable anatomista alejandrino. A diferencia de lo que había pasado en Alejandría, donde los reyes griegos de Egipto, los Ptolemeos, habían permitido la disección de los cadáveres de los ajusticiados, en Roma estaba estrictamente prohibido diseccionar cadáveres humanos. Galeno tuvo que contentarse con diseccionar
25 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 otros animales, como cerdos (por la similaridad de sus órganos con los humanos), cabras, ovejas y, sobre todo, los macacos de Berbería, por lo que en general su descripción del cuerpo humano es en realidad la descripción de cuerpo del macaco. Es curioso que los médicos europeos y árabes que durante mil quinientos años estudiaron sus obras no se diesen cuenta. Galeno incluso llegó a atribuir al humán estructuras anatómicas de ciertos rumiantes, como la red vascular cerebral rete mirabile. Sus obras anatómicas son de valor muy desigual; contienen observaciones agudas y detalladas, mezcladas con errores y especulaciones. La fisiología de Galeno se basaba en proporciones variables en la observación, el experimento, las doctrinas recibidas, los principios filosóficos y la especulación. Galeno asumió la teoría hipocrática de los cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra). La sangre se formaría en el hígado; la bilis amarilla en la vesícula biliar; la bilis negra en el bazo; la flema o pituita en la glándula pituitaria. Esos cuatro humores eran fluidos que corresponderían a los cuatro elementos y a las cuatro estaciones del año: la sangre corresponde al aire y predomina en la primavera; la bilis amarilla corresponde al fuego y predomina en verano; la bilis negra o melancolía corresponde a la tierra y predomina en otoño; la flema corresponde al agua y predomina en invierno. La enfermedad se concebía como un desequilibrio entre esos cuatro humores, que se puede diagnosticar por el pulso, la orina y las inflamaciones de los órganos, cuya detección requiere conocimientos anatómicos previos. De todos modos, las funciones vitales mismas resultarían de la producción y transporte interno de los tres «espirutus» (pnéûmata), como a continuación veremos. Galeno hizo encajar cuanto sabía sobre la respiración, la digestión y el sistema nervioso en un sistema fisiológico ingenioso y bien integrado, que explicaría la triple función vital del humán. La palabra griega pneûma significa inicialmente soplo, viento, aliento y luego también soplo vital, vida, alma, espíritu. Los estoicos la habían puesto de moda, considerando el pneuma como el aliento cósmico, el principio dinámico que mantiene la unidad y coherencia del Universo y de cada cosa, especialmente de cada animal y muy particularmente de cada humán. Según Aristóteles, todos los seres vivos, incluso las plantas, tienen vida vegetativa, es decir, nutrición y crecimiento. Los animales tienen, además de la vida vegetativa, la sensitiva, caracterizada por el deseo y la locomoción. Los humanes, finalmente, son capaces, además, de vida intelectiva, de pensar y razonar. Galeno, siguiendo a los estoicos, hace que todas las formas de vida dependan de cierta manifestación o forma del pneuma cósmico. El pneuma está en el aire y, al respirar, lo introducimos en nuestro cuerpo a través de los pulmones. Toda la fisiología humana está dedicada a adaptar este pneuma a las tres formas de vida que tenemos, permitiéndose así crecer, movernos y pensar. La primera adaptación o cocción tiene lugar en el hígado, la segunda en el corazón y la tercera en el cerebro, dando lugar, respectivamente a los tres tipos de pneuma o «espíritu»: El pneûma physykón o espíritu natural del hígado, causa del crecimiento. El pneûma zōtikón o espíritu vital del corazón, principio de la locomoción. El pneûma psykhikón (en latín, spiritus animalis, de animus) o espíritu animal del cerebro, causa del pensamiento. Todavía el siglo XVII Descartes seguiría empleando la terminología galénica de los «espíritus animales». La filosofía galénica culmina en la descripción de tres sistemas orgánicos independientes, por cada uno de los cuales fluye un «espíritu» distinto y que posibilitan nuestros tres tipos de vida: El hígado y las venas serían los órganos principales de la vida vegetativa. El corazón, junto con los pulmones y las arterias, mantienen la vida sensible. El cerebro y los nervios son la base de vida intelectiva. El sistema del cerebro y los nervios era un tercer sistema independiente por donde fluía otro espíritu, el espíritu animal (del ánima). Algunas arterias conducirían la sangre arterial cargada de espíritu vita desde el ventrículo izquierdo del corazón al cerebro, pasando a través de una tupida red de vasos sanguíneos situada debajo del cerebro, llamada la rete mirabile. En esta rete mirabile y el cerebro, la
26 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 sangre arterial cargada de espíritu vital se transformaría en espíritu animal, que desde el cerebro se distribuiría por el cuerpo a través de los nervios, que Galeno concebía como tubos huecos. De hecho, la rete mirabile no existe en los humanes, ni en primate alguno, sino sólo en los rumiantes; Galeno la vio diseccionando cabras u ovejas, y pensó que también debería de estar en los humanes, pero se equivocó, impedido como estaba de poner a prueba su conjetura, dado que en Roma estaba prohibida la disección de cadáveres humanos. 3. Metáforas de la mente Toda nuestra conducta, nuestra cultura y nuestra vida social, cuanto hacemos, pensamos y sentimos, depende de nuestro cerebro. El cerebro es la sede de nuestras ideas y emociones, de nuestros temores y esperanzas, del gozo y el sufrimiento, del lenguaje y la personalidad. Si en algún órgano se manifiesta la naturaleza humana en todo su esplendor, es sin duda en nuestro voluminoso cerebro. Lástima que no lo conozcamos mejor. De todos modos, el hecho de que apenas entendamos cómo funciona el cerebro no nos ha cohibido a la hora de especular sobre la mente y la conducta, el alma y el intelecto. Las palabras acuñadas por las lenguas indoeuropeas para designar el alma implican desde el principio la metáfora del aliento o la respiración. El ánima del animal se concebía como aquello que diferenciaba a un animal vivo de un cadáver. Esa diferencia parecía estribar en la respiración: el animal vivo respira, mientras que el muerto no lo hace. En griego el alma se llama psykhē, que originalmente significa soplo o aliento y que procede del verbo psýkhō (soplar, exhalar, respirar). En latín el alma se llama ánima, que inicialmente significaba aire, soplo, viento, aliento o respiración y que procede del verbo animare (soplar, dar aire). En sánscri- to el alma se llama átman, palabra emparentada etimológicamente con el verbo alemán atmen, que significa respirar. Aunque en castellano temprano existía la expresión de «parar mientes» (darse cuenta) y de «mentar» (mencionar) y luego se ha hablado de «oración mental» y de «cálculo mental» (que tiene lugar en la cabeza, sin sonidos ni papeles), el uso actual de la palabra «mente» es reciente y debido al influjo del inglés mind. Así, «mente» ha venido a sustituir a «intelecto» o «alma intelectiva», expresiones pasadas de moda y caídas en desuso, y a veces incluso a conciencia o pensamiento. Cuando no entendemos algo, buscamos analogías con otros sistemas que creemos entender mejor. A veces usamos esos sistemas como metáforas de lo que entendemos. Si nos tomamos demasiado en serio la metáfora y la desarrollamos teóricamente, acabamos embarcados en un paradigma metafórico, que, si bien puede resultar sugestivo, con frecuencia bloquea el camino de la investigación directa de la cosa misma. Hasta el surgimiento de la ciencia moderna en el siglo XVII, gran parte del pensamiento filosófico y científico era de tipo metafórico. En especial, toda la reflexión psicológica discurría por cauces metafóricos. René Descartes (1596-1650) fue un gran matemático, un imaginativo físico y un mediocre biólogo. Consideraba que el cuerpo y el alma son cosas completamente distintas e independientes. El alma es puro pensamiento (res cogitans), mientras el cuerpo es pura extensión (res extensa). Influido por los estudios de William Harvey (1578-1657) sobre la circulación de la sangre, Descartes trató de desarrollar una fisiología hidráulica, presentando el cuerpo humano como máquina y su funcionamiento como puramente mecánico. Todos los movimientos del cuerpo estarían determinados por el movimiento de unos líquidos que él llamaba «espíritus animales», y que producirían todos los fenómenos fisiológicos, desde la digestión hasta los movimientos reflejos. El alma, a su vez, podía controlar los movimientos corporales actuando sobre ese líquido en la glándula pineal. La mente o alma –según Descartes– era una entidad no extensa. ¿Cómo podía mover, por ejemplo, una pierna? El alma movía la glándula pineal, que era una especie de músculo, que a su vez ponía en movimiento la pierna. En Les passions de l´âme, Descartes expone cómo la sangre, al dilatarse en el corazón, produce unos fluidos muy tenues, los espíritus animales, sometidos a las leyes de la hidrodi-
27 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 5 En Gilbert Ryle. The Concept of Mind. Barnes & Noble (1949). P. 15. námica. Estos fluidos se quedan atrapados en los poros del cerebro, desde donde, a través de los nervios, llegan a los músculos, cuyas contracciones producen. Antes de salir del cerebro pasan por la glándula pineal, donde el alma interacciona con ellos. Según Descartes, la mente o alma no está en el cuerpo ni depende de él, pero interacciona con él a través de la glándula pineal. ¿Por qué eligió Descartes la glándula pineal? Galeno había pensado que era como una válvula que servía para regular el flujo del pensamiento desde el cerebro. Descartes creía que la glándula pineal era un órgano que solo se encontraba en los humanes, y no en los otros animales. Por ello, los otros animales, desprovistos de glándula pineal, carecerían de mente y de alma, serían meras máquinas. Sin embargo, unas décadas más tarde Nicolaus Steno (1638-1686) descubrió la glándula pineal en otros animales. Este descubrimiento, que arruinaba uno de los pilares de la filosofía cartesiana, resultaba embarazoso para Steno, que se consideraba cartesiano. Ahora sabemos que casi todos los vertebrados tienen glándula pineal, e incluso que en algunos reptiles está bastante más desarrollada que en nosotros. Según Descartes, la glándula pineal es el lugar imposible donde un alma etérea interacciona con un cuerpo burdamente mecánico, moviendo los espíritus animales. De hecho, la glándula pineal o epífisis es una glándula endocrina periforme, del tamaño de un guisante, situada en medio del encéfalo, detrás del tálamo y en cima de los tubérculos cuadrigéminos superiores; forma parte del diencéfalo o cerebro intermedio. (Obviamente, no hay que confundir la glándula pineal o epífisis con la glándula pituitaria o hipófisis, que es la glándula maestra del cerebro y está situada más abajo.) La glándula pineal es, en los mamíferos, un órgano secretor de melatonina, evolucionado a partir de un órgano fotorreceptor más antiguo, un tercer ojo dorsal o epifisial, presente en anfibios y reptiles, que no forma imágenes, sino que se limita a captar la intensidad de luz. La glándula pineal, bajo el influjo de la formación reticular, regula el ciclo del sueño y la vigilia, secretando melatonina cuando cunde la oscuridad, lo que induce el sueño. Ahora la melatonina se sintetiza también en los laboratorios, y se vende en píldoras, que adelantan el ritmo del sueño y la vigilia tras los vuelos intercontinentales, ayudando a combatir el jet-lag. Descartes trataba de alcanzar un compromiso entre sus ideas científicas mecanicistas, que desarrollaba con audacia, y su cristianismo voluntarista en cuanto a Dios y al hombre, con el que cubría prudentemente sus espaldas y evitaba el destino de Galileo. Los fenómenos biológicos serían incluidos en el dominio de la física, pero no la mente humana. Ya no habría diferencia entre lo animado y lo inanimado, sino entre lo material y lo espiritual. Atribuir un alma inmortal a todos los animales o concebir a los humanes como meros autómatas sin alma, eran alternativas prohibidas por la Iglesia. Descartes solucionó el dilema introduciendo lo que Gilbert Ryle llamó el mito del fantasma en la máquina5, la extravagante doctrina dualista según la cual el alma humana sería simple, inmortal y puro pensamiento, mientras el resto de los animales y el mismo cuerpo humano serían máquinas hidrodinámicas. 4. Psicoanálisis El psicoanálisis fue creado por Sigmund Freud (1856-1939). Freud inició su carrera como neurólogo y médico del sistema nervioso. En 1895 escribió Entwurf einer Psychologie (Proyecto de una psicología), que sólo fue publicado póstumamente. Esta obra contiene lo que Freud llamaba su metapsicología, es decir, la descripción del modelo general de la vida psíquica, que está detrás de sus teorías y doctrinas psicológicas concretas. Cuando lo formuló, Freud pretendía aplicar un enfoque científico y materialista al estudio de la vida mental y las neurosis. El psicoanálisis surgió inspirado en la ciencia de 1895, pero luego rompió sus amarras con la investigación posterior, a la que dejó de tener en cuenta. La metodología freudiana ya no fue renovada ni puesta a punto en función de los descubrimientos posteriores. El paradigma psicoanalítico usaba inicialmente como hilo conductor un modelo termodinámico o hidrodinámico, basado en la comparación metafórica de la psique
28 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 con una máquina de vapor, lo que explica el uso de nociones como la represión (la presión del gas que sale por las junturas). Freud sabía ya que el cerebro se compone de neuronas (Cajal acababa de confirmarlo) y había oído que por el sistema nervioso circulan impulsos eléctricos. Recogió de la física la idea de energía como cantidad conservada y la adoptó como «energía psíquica». Según Freud, los sentidos recogen energía del entorno y la trasmiten al cerebro. Además, en el propio cuerpo, las gónadas y los órganos genitales producen energía psíquica o libido, que envían al cerebro. El cerebro está sometido a presión por toda esta energía que le llega y que le resulta desagradable. Trata de librarse de ese exceso de energía, dándole salida mediante acciones que la gastan, consumen y disipan. Para la energía psíquica valdría el principio de conservación de von Helmholz. La energía no desaparece ni se pierde. Se almacena y concentra en el cerebro, poniendo en peligro a todo el organismo. En el acto sexual se disipa la energía sobrante del cerebro, acumulada allí por las gónadas. Freud no sabía qué era esa energía. Curiosamente, ha habido una tendencia a concebir lo que no entiende como algún tipo de fluido, baste recordar los «espíritus animales» de Descartes, o el flogisto de Stahl o el calórico de Lavoisier. Freud concebía también su energía psíquica como un fluido. Tenía la imagen de una máquina de vapor, que transforma la presión a que es sometida en trabajo, en acción, pues si no, estalla. Este modelo psicohidráulico está basado en la experiencia del orgasmo. Le parecía como si la sexualidad generase una energía (la libido), que pugna por liberarse o disiparse en el acto sexual. Estas ideas freudianas fueron desarrolladas hasta el paroxismo por Wilhelm Reich (1897-1957), un discípulo heterodoxo de Freud. Según Reich, todas las neurosis se deben a que la energía sexual no acaba de liberarse en el orgasmo. Esta energía se acumula y la presión que ejerce se manifiesta como neurosis. La actividad sexual sería el tubo de escape de esa energía ficticia. Más tarde Reich pretendió haber detectado manifestaciones de la energía sexual generalizada en la fermentación (biones) e incluso en la atmósfera y el cielo. Creyó haber descubierto una fuerza fundamental de la naturaleza desconocida hasta entonces, a la que llamó orgon, e incluso llegó a mostrar un acumulador de orgon que había construido a Einstein, que no le hizo caso. Nosotros sabemos ahora que el cerebro no recibe ni almacena ni envía energía, sino señales, información. El cerebro envía a los músculos la orden (la información) de contraerse, pero no les envía energía. De hecho, las células de los músculos producen la energía que necesitan descomprimiendo en ADP el ATP que previamente acumulan mediante la respiración celular. No hay un tráfico de energía entre el cerebro y otras partes del cuerpo. Hay que distinguir el psicoanálisis como método terapéutico y como teoría o modelo de la mente humana. La posible eficacia de una terapia no depende de la veracidad de la teoría que la justifica. Baste con pensar en los casos de eficacia terapéutica de los placebos o de curación por la fe. La aspirina o ácido acetilsalicílico ha estado quitando el dolor de cabeza durante mucho tiempo en ausencia de explicación alguna de cómo se conseguía ese efecto. La acupuntura es una terapia de la medicina tradicional china consistente en clavar agujas en ciertos puntos del cuerpo del paciente. La base teórica de la acupuntura es sumamente dudosa; se basa en la existencia del yin y el yang como fuerzas fundamentales de la naturaleza, en la concepción de las enfermedades como desequilibrios entre el yin y el yang, y la existencia de una serie de «meridianos» o canales que recorren el cuerpo longitudinalmente, conectando los diversos órganos, y por los que fluye la energía vital (qi). Nadie ha detectado tales fuerzas ni canales. Sin embargo, la acupuntura tiene bastante éxito práctico como analgesia y como terapia de ciertas enfermedades. Los filósofos de la ciencia del siglo XX han sometido el psicoanálisis a análisis crítico. El resultado ha sido uniformemente devastador, aunque la devastación ha tomado dos formas distintas. Según algunos autores, como Karl Popper (1902-1993), el psicoanálisis es una doctrina incontrastable e irrefutable, por lo que no puede ser
29 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 6 Grünbaum, Adolf: The Foundations of Pyichoanáyiyis: A Philosophical Critique. University of California Presss. 1984. tomada en serio como teoría científica. Según otros autores, como Adolf Grünbaum6, el psicoanálisis sí es una teoría contrastable, ya ha sido contrastado y ha resultado ser falso. Se tome como se tome, el psicoanálisis como teoría sale mal parado del escrutinio epistemológico: es una mera especulación incontrastable o una falsedad patente. 5. Los sueños Aunque el español dispone de verbos diferentes para dormir y para soñar, confunde ambas actividades en el único y equívoco sustantivo «sueño». En otras lenguas se emplean sustantivos distintos, por ejemplo, en inglés sleep y dream, en alemán Schlaf y Traum, en francés sommeil y rêve. Algún artículo técnico traduce dream por «ensoñación», pero en castellano habitual esa palabra más bien significa fantasear estando despierto o a lo sumo en duermevela. A falta de un vocablo mejor, usaremos aquí «dormida» como sustantivo correspondiente al verbo «dormir». La conciencia carece de estabilidad y permanencia, es una realidad intermitente, interrumpida y desactivada con frecuencia. No sólo en los raros casos de desmayos, coma y anestesia, sino en la dormida cotidiana, la conciencia se apaga. Sin embargo, el cerebro sigue funcionando mientras dormimos de hecho, sigue funcionando mientras vivimos, por definición, pues la muerte suele definirse como la cesación de la actividad cerebral. Ya Aristóteles señalaba que todos los animales duermen. Más recientemente hemos descubierto que todos los mamíferos sueñan. El psicólogo William James (1842-1910) había roto con el estructuralismo introspectivo de Wilhelm Wundt (1832-1920) con su insistencia en el funcionalismo, en la pregunta por la función y la contribución a la supervivencia de los fenómenos psíquicos. ¿Cuál es la contribución del dormir y el soñar, para qué sirven, por qué fueron retenidos por la selección natural en el curso de la evolución biológica? No lo sabemos. Hay muchas hipótesis al respecto, varias de las cuales tienen que ver con la consolidación de la memoria de contenidos y procedimientos recién aprendidos. Como señalaba Heráclito, «para los despiertos hay un mundo único y común, mientras que cada uno de los que duermen se vuelve hacia su propio mundo particular» [fr. 652]. Ese mundo particular es el mundo de los sueños. En las culturas primitivas han sido frecuentemente interpretados como mensajes enviados por los dioses o como visiones de una realidad mágica y superior. En el siglo XX el psicoanálisis ha especulado incansablemente sobre el presunto significado de los sueños. En su famosa obra de 1900, Die Traumdeutung (La interpretación de los sueños), Freud dio por supuesto que los sueños significan algo y trató de encontrar su interpretación adecuada. Según Freud, los sueños constituyen la satisfacción o realización simbólica de deseos peligrosos irrealizados y reprimidos, desterrados al subconsciente, del que escapan por la noche en forma de sueños. Allí estableció la diferencia entre el sueño latente o auténtico, que es el deseo reprimido, y el sueño manifiesto, que es su forma disfrazada, como el sueño se recuerda. Esta distinción inmuniza la teoría freudiana frente a la crítica, pues si los sueños no coinciden con lo que predice el psicoanálisis, siempre cabe atribuir la discrepancia a la distorsión sufrida por el sueño latente al pasar a sueño manifiesto. Según Freud, el sujeto tiene experiencias y recuerdos inquietantes y deseos insatisfechos, a veces desde la infancia, deseos inaceptables e inconfesables, y por tanto reprimidos por la censura interna. Estos deseos insatisfechos pueden volver, excitarnos e impedirnos dormir y descansar. Por tanto, la función de los sueños consiste en permitir el descanso, relejando la tensión excesiva de los deseos insatisfechos de un modo simbólico, aunque disfrazado para pasar la censura. Ya hemos aludido a la diferencia entre el contenido manifiesto del sueño, que el sujeto recuerda, y el deseo insatisfecho real, latente en el inconsciente. Los sueños manifiestos no necesitan ser explicados, sino interpretados, leídos entre líneas, hasta dar con los
30 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 verdaderos deseos insatisfechos latentes. Freud llama elaboración del sueño a ese trabajo de disfrazarlo para que pase la censura. La interpretación, por el contrario, trata de apartar el disfraz y llegar a la versión original, la latente. En los sueños el sujeto vive sus deseos eróticos insatisfechos de la infancia, que permanecen en su inconsciente. Esos deseos son elaborados según un simbolismo, el lenguaje de los sueños. Para Freud, los sueños son «el camino real» de la exploración del inconsciente. Lo mismo ocurre con los actos fallidos del habla. Hasta Freud, la psicología introspectiva pretendía ocuparse sólo de la conciencia y de la vida consciente. Freud tenía razón al señalar la existencia de una gran cantidad de psiquismo inconsciente. Lo que es peculiar del psicoanálisis y carece de apoyo empírico es que el inconsciente sea el resultado de una censura o rechazo cuasimoral, de una pugna interior entre principios opuestos, entre deseos indecentes inconfesables y tendencias represivas cuasimorales. Todos los mamíferos sueñan, como documentan numerosos estudios con gatos y otros animales a los que difícilmente puede atribuirse la moral victoriana o las costumbres de la Viena de la época de Freud. Desde 1953 hemos aprendido mucho sobre el dormir y el soñar; por ejemplo, el papel de la formación reticular del tronco cerebral en el inicio y el control de la dormida y de los suelos y en la secreción de melatonina por la glándula pineal. Cada noche soñamos unas cuatro veces, generalmente durante las etapas de movimiento rápido de los ojos (REM, rapad ye movements), caracterizadas por una actividad eléctrica del cerebro (reflejada en el encefalograma) parecida a la de la vigilia, con ondas muy rápidas, en contraste con las ondas lentas de las etapas de dormida sin sueños. Durante las etapas REM, aunque el cerebro trabaja a toda máquina, los músculos permanecen relajados. Si nos despertamos o nos despiertan durante una etapa REM, sabemos lo que estamos soñando y lo describimos con toda facilidad. Más del 80% de todos los sueños, y desde luego los más vividos y complicados, tienen lugar durante estas etapas REM. En 1928 el alemán Hans Berger registró la actividad eléctrica del cerebro mediante un encefalograma. Para registrar los potenciales de acción de las neurona hacía falta un sistema más rápido: el osciloscopio, inventado por Edgar Adrian y Brian Mathews en 1933. En los años 1930s y 1940s, Nathaniel Kleitman (1895- 1999), profesor de Fisiología en la Universidad de Chicago, hizo mediciones del cambio de ciertas magnitudes fisiológicas (como la temperatura o el ritmo cardiaco) durante las horas de dormida y de vigilia. En 1951-53 se descubrieron las fases del sueño REM en el laboratorio de Kleitman por su estudiante Eugene Aserinsky. Entre 1953 y 1955 Aserinsky y Kleitman publicaron los resultados de la observación del movimiento rápido de ojos (REM) en niños. Otro estudiante, William Dement, continuó la investigación en adultos. En 1957 Dement y Kleitman publicaron los resultados. El descubrimiento de que todos los mamíferos sueñan y de la distinción entre las etapas REM y no-REM del dormir ha abierto la puerta al mundo de los sueños. Hay un modo infalible y sólo uno de averiguar lo que sueña un sujeto: despertarlo durante la etapa REM de su dormida. Si el conocimiento de los sueños tuviera un valor en la terapia, como pensaba Freud, los psicoanalistas deberán adoptar este procedimiento; pero no lo han hecho. El ritual del sofá, de la libre asociación y del presunto recuerdo no conduce al conocimiento de los sueños, sino a su invención. Los psicoanalistas interesados en conocer los sueños de sus pacientes deberían observarlos mientras duermen por la noche, como hacen los médicos de las unidades de sueño de los hospitales, a fin de despertarlos tras detectar rápidos movimiento de sus pupilas bajo los párpados. Si lo hicieran, obtendrían versionas fidedignas y completas de los sueños, cosa de la que ahora carecen. 6. Conductismo. Si Descartes había concebido el humán como al unión implausible de un fantasma con una máquina, los conductistas rechazaron el fantasma, pero aceptaron la metáfora de la máquina. La máquina conductista sería incapaz de actuar espontá-
31 Thémata. Revista de Filosofía, 39, 2007 neamente o desde dentro, pero podría reaccionar a los estímulos externos. John Watson rechazó la psicología estructuralista anterior, basada en la introspección, por razones metodológicas. Un principio fundamental de la metodología de la ciencia empírica consiste en que las observaciones y mediciones de un científico deben poder ser verificadas y repetidas por los demás. Pero los datos de la introspección son completamente inverificables por lo demás. Por tanto, ninguna psicología científica podría basarse en ellos. Watson proponía sustituir como objeto de la psicología los inobservables contenidos de la conciencia por la conducta externa, observable y medible por todos. Este programa recibió por ello el nombre de conductismo. Fue presentado por Watson en 1913 en un a artículo titulado «Psychology as the behaviorist views it». Watson trataba de establecer una ciencia natural de la conducta, que explicase el comportamiento observado del sujeto en función de su aprendizaje previo, es decir, como efecto de las recompensas y castigos que el sujeto hubiera recibido del entorno. Estas correlaciones no necesitarían tener en cuenta ningún tipo de factor interno, ni mental ni genético ni neurológico, sino que se basaría en la mera observación de las pautas según las cuales cierto tipo de estímulos provocan cierto tipo de respuestas. Ivan Pavlov (1849-1936) ya había estudiado los reflejos condicionados, basados en el condicionamiento clásico. Salivar al oír una campana es un reflejo condicionado que tiene lugar en el perro previamente sometido al proceso de acondicionamien- to. Este tipo de respuesta condicionada, que correlaciona directamente los estímulos con las respuestas, era el ejemplo paradigmático de método psicológico propugnado por Watson. Lo que Pavlov había establecido con perros, Watson lo comprobó con seres humanos, como el famoso bebé Little Albert. Edward Thorndike (1874-1949) enfatizó el aprendizaje por ensayo y error. Burrhus Skinner (1904-1990) continuó la labor de Pavlov y Watson y estudió otros tipos de condicionamiento, como el condicionamiento operante. El condicionamiento operante es un sistema de retroalimentación (feedback): si un premio o refuerzo sigue a cierta respuesta a un estímulo, esa respuesta se hace más probable en el fututo. Skinner introdujo la famosa caja de Skinner, que aisla a una rata o una paloma y la premia con comida o la castiga con una ligera descarga eléctrica, según su conducta, a fin de obtener diferentes tipos de aprendizaje. La caja de Skinner permite un control perfecto de los parámetros que intervienen en el experimento, asegura su repetibilidad y nos encamina hacia la meta de la psicología conductista: la predicción y el control de la conducta. Desde su cátedra en la universidad de Harvard, Skinner ejerció una inmensa influencia en la psicología de mediados del siglo XX. Entre 1925 y 1960 el conductismo fue la forma predominante de psicología en el mundo académico. Su influencia fue decisiva en filósofos como Ludwig Wittgenstein (1889-1951), Gilbert Ryle e incluso Willard Quine (1908-2000). Las ideas conductistas acerca del control de la conducta inspiraron pesadillas literarias como Brave New World (Un mundo feliz) de Aldous Huxley, o 1984, de George Orwell, así como utopías al estilo de Walden Two, del mismo Skinner. Sin embargo, pronto etólogos como Honrad Lorenz (1903- 1989) dejaron atrás los laboratorios para salir al campo abierto a observar la conducta de los animales en libertad y en su medio natural. Estos etólogos enfatizaron desde el primer momento el papel de los instintos congénitos y las pautas de conducta heredadas, incompatibles con la metodología de Skinner. Las ideas conductistas sobre el lenguaje tampoco lograban convencer a los lingüístas. En 1957 Skinner hizo un último intento con su libro Verbal Behavior (Conducta Verbal), sometido poco después a crítica devastadora por Noam Chomsky. Desde un punto de vista epistemológico, conviene distinguir entre teoría y explicaciones de caja negra, que se limitan a correlacionar diversos tipos de parámetros externo o fenomenológicos, y teorías y explicaciones de caja traslúcida, basadas en los mecanismos subyacentes que producen los fenómenos. En las explicaciones de caja negra, típicas de lo estadios iniciales de la ciencia, se supone que los mecanismo subyacentes son inaccesibles o desconocidos, y simplemente tratamos de establecer correlaciones funcionales entre entradas y salidas, inputs y autputs, estímulos y respuestas. En los estadios más avanzados, tratamos de llegar al fondo del asunto, desentrañando los mecanismos subyacentes. Es lo que ha ocurrido con