Full text
LA RE-HABILITACIÓN COMO ESTRATEGIA DE “DECRECIMIENTO”; LA ACTUACIÓN SOBRE EL “PATRIMONIO”: RE-PENSAMIENTO, RE-UTILIZACIÓN Y RE-GENERACIÓN…¿SOSTENIBLES? LA DISOLUCIÓN DE LA ARQUITECTURA. 1Herrera Limones, R., 2Parra Boyero, C. 1Departamento Construcciones Arquitectónicas I de la E.T.S. de Arquitectura, Universidad de Sevilla. Avd. Reina Mercedes, 2 + Estudio de arquitectura republica_dm 2Profesor Master de Arquitectura Sostenible de la Universidad Internacional de Andalucia. + Estudio de arquitectura republica_dm 1[email protected], 2[email protected] RESUMEN Dado el momento socio-histórico, nos planteamos si no sería conveniente hacer desaparecer la Arquitectura, tal como hasta ahora la hemos concebido; al menos, disolverla -o diluirlajunto con el resto de elementos que conforman el torbellino de cambio (=crisis) en cuyo ojo andamos sumidos. Si la única actitud defendible es aquella que propugna un decrecimiento sostenido (y por tanto sostenible), se deduce que como consecuencia de ese proceso jibarizador, debiera llegar el momento en el que el decrecimiento fuera tal que directamente desembocara en la desaparición, tanto del sujeto (arquitecto) como de la disciplina. Si hasta hace poco, “lo más sostenible” era no aumentar la entropía del mundo sino, a lo sumo, intervenir sobre lo ya edificado (el patrimonio existente), re-pensándolo, reutilizándolo, re-habilitándolo…, ahora quizá haya que complementar dicha postura, con una actitud conducente al entendimiento de la práctica arquitectónica como disciplina más social y humanística, extrayendo de ella lo esencial, lo portátil: aquello que cupiera en una simple caja de herramientas o maletín transportable (que contendría lo imprescindible para que permitiera cargar con él y sirviera tanto para para atajar situaciones límite como cotidianas). Si los arquitectos hemos de sobrevivir en este campo acotado por límites indefinidos y escasez evidente, habremos de re-inventarnos. Si, definitivamente, tras este vórtice brutal, no fuera posible la re-aparición en estas condiciones extremas, estaríamos abocados a la des-aparición. Si lo antedicho conlleva que haya de existir la Arquitectura sin arquitectos… que así sea. Keywords: crisis, decrecimiento, disolución, re-pensamiento, arquitectura
1.- Introducción: Hace escasamente un año, en el marco del 1er. Congreso Nacional de Construcción sostenible y soluciones eco-eficientes, comenzábamos la disquisición argumental con la siguiente puerilidad u obviedad flagrante: La ARQUITECTURA debe nacer como la solución idónea que el LUGAR (en su doble acepción LOCUS1 + SITUS2) nos dicta, en una atenta observación del sitio y las experiencias precedentes. Concebir la Arquitectura atendiendo a los factores de “contorno” es lo que se viene llamando, desde la celebración del Congreso de la UIA de Chicago3, ARQUITECTURA SOSTENIBLE. A pesar de lo evidente de las aseveraciones precedentes, nos pareció oportuno extraer dichas ideas, al constituir el primero de una serie de encuentros en torno a la arquitectura, la construcción, el ambiente, la sostenibilidad… que emprendían camino en la segunda década del siglo XXI, en pleno proceso de crisis. Lo extraño es que no se hubieran celebrado décadas antes, en el ámbito de la tercera Escuela de Arquitectura más veterana del país… A decir verdad, sí tuvieron lugar, hace aproximadamente un lustro, las “1as. Jornadas sobre Arquitectura Sostenible” que, a la postre, acabaron siendo las “últimas”, dado el carácter belicoso y poco correcto políticamente que finalmente tomaron, al pretender analizar con luz y taquígrafos las actuaciones poco afortunadas que desde el punto de vista territorial se venían produciendo en el entorno del área metropolitana de Sevilla. La intención, pienso, era alabable pero… se nos fue de las manos. El poder encontrarnos ahora, de nuevo, en este marco discursivo evidencia, por una parte, que el diseño de las presentes jornadas es equilibrado y se centra en cuestiones “abarcables”; por otra parte, también viene a poner de manifiesto que inmersos como estamos en un proceso de cambio (o sea, de crisis), hemos de prestar si cabe más atención a las razones que pueden acabar con la vida en nuestro planeta (al menos con el tipo de vida que actualmente disfrutamos)…y sin embargo, no abundan certámenes científico-teóricos en los que se postule el cambio de punto de vista hacia el hecho arquitectónico4. Durante este relativamente corto lapso de tiempo -en torno a un año-, las condiciones o factores de “contorno” han mutado. Han cambiado tan brutalmente que, de hecho, nadie podía imaginar entonces que tras este periodo, no sólo no nos encontraríamos algo mejor, sino que los visos de cambio estuvieran tan lejanos. Dicho de otra manera: tras las rebeliones árabes, el desastre nuclear de Japón, el escándalo financiero y sexual del F.M.I. (ejemplificado por el patetismo de Dominique Strauss-Kahn), el derrumbe de las economías europeas más frágiles, etc., pensamos que habíamos tocado fondo. 1Comprende los factores culturales e históricos. 2Hace referencia a los factores climáticos y al entorno físico. 3 El concepto “sostenible” (o “sustentable”), aplicado a la arquitectura, se implementa de facto en las Actas del Congreso de la UIA en Chicago, en el año 1993. 4 Véanse por ejemplo los recientes Congresos de Salamanca y Lisboa, en 2012.
También en nuestro campo, la arquitectura, no podíamos retroceder ni un milímetro más: era imposible que hubiera menos encargos, menos proyectos. Si fuera así, la economía (tanto la del país como la nuestra propia) se acercaría a la quiebra; sin inversión no hay trabajo; sin obras no se crea empleo ni se mueve la economía… Pues sí. Como reza la famosa sentencia: “todo es susceptible de empeorar”: aquellos trabajos que nos parecían “excepcionales” por su idiosincrasia “tipo crisis”, hoy nos lo parecen por verosímiles. Fig.1, 2 y 3 ”Re-utilización de Lonja municipal de Puente Genil, Córdoba, para Espacio de la Creación Joven. Arq.:estudio republica_dm”
Aquella arquitectura que se construía tras un proceso de competición en concursos limpios –y abundantes-, con posterior encargo, provisión de fondos, redacción de proyecto y subsiguiente encargo de dirección de las obras… hoy es francamente minoritaria. Fig. 4 ”Piscinas cubiertas en Dúrcal, Granada. Junta de Andalucía. Alzado Sur día/noche. Arq.:estudio republica_dm” Fig.5 “Estudio energético / de iluminación natural en piscinas cubiertas en Dúrcal, Granada. Junta de Andalucía. Arq.:estudio republica_dm”
Tan sólo abundan los encargos de pseudo-proyectos sobre entelequias poco definidas, o las direcciones de obras con documentación técnica producida en un proceso anterior a la aparición en escena del equipo director. En gran parte de los casos, el papel del arquitecto linda más con el campo de la asistencia social que con el del arte o la ingeniería civil. Fig.6 y 7 “Asistencia técnica para la dirección de obra y asesoramiento proyectual complementario de piscinas cubiertas municipales, con estructura preexistente. Arq. Municipales + estudio republica_dm” Además, de manera cuasi inentendible, el objeto último de la actuación no es tanto la construcción de un artefacto más o menos arquitectónico, sino que mediante el proceso de obra, se emplee a un número mayor de mano de obra (sin importar excesivamente si son o no cualificados, o si el empleo de técnicas de coordinación modular, prefabricación, etc., brillan por su ausencia). En definitiva, si hemos de diluirnos y mezclarnos, hagámoslo. Si la única actitud defendible es aquella que propugna un decrecimiento sostenido (y por tanto sostenible), se deduce que como consecuencia de ese proceso jibarizador, debiera llegar el momento en el que el decrecimiento fuera tal que directamente desembocara en la desaparición, tanto del sujeto (arquitecto) como de la disciplina. Si hasta hace poco, “lo más sostenible” era no aumentar la entropía del mundo sino, a lo sumo, intervenir sobre lo ya edificado (el patrimonio existente), re-pensándolo, re-utilizándolo, re-habilitándolo…, ahora quizá haya que complementar dicha postura, con una actitud conducente al entendimiento de la práctica arquitectónica como disciplina más social y humanística, extrayendo de ella lo esencial, lo portátil: aquello que cupiera en una simple caja de herramientas o maletín transportable (que contendría lo imprescindible para que permitiera cargar con él y sirviera tanto para para atajar situaciones límite como cotidianas). Si los arquitectos hemos de sobrevivir en este campo acotado por límites indefinidos y escasez evidente, habremos de re-inventarnos.
Fig.8 ”Sustitución de edificio de aulas de infantil, en colegio público entre medianeras. Estado inicial. Arq.: estudio republica_dm” Fig.9 y 10 ”Sustitución de edificio de aulas de infantil, en colegio público entre medianeras. Croquis de proyecto. Arq.: estudio republica_dm”
Fig.11 y 12 ” Proyecto –sin dirección de obrasdel Colegio Almudena Grandes en Teatinos, Málaga. Inauguración con la presencia de la escritora. Arq.: estudio republica_dm” Fig.13 “Reparación patológica y rehabilitación energética de guardería en baluarte costero de Cádiz. Arq.: estudio republica_dm”
Si, definitivamente, tras este vórtice brutal, no fuera posible la re-aparición en estas condiciones extremas, estaríamos abocados a la des-aparición. Si lo antedicho conlleva que haya de existir la Arquitectura sin arquitectos…que así sea. Ya hace tiempo que se viene propugnando la desaparición de los escritores, sin que ello conlleve necesariamente la extinción de la literatura; por tanto el símil nos resulta válido: Paseábamos por la llamada alameda del fin del mundo, un melancólico sendero junto al castillo de Montaigne, cuando me preguntaron: - ¿De dónde viene tu pasión por desaparecer? Mi acompañante deseaba saber de dónde venía esa idea de desaparecer que tanto anunciaba yo en escritos y entrevistas, pero que no acababa nunca de llevar a la práctica. La pregunta me cogió más bien desprevenido, pues andaba en ese momento distraído pensando absurdamente en un gol que había marcado Pelé en el remoto Mundial de fútbol de Suecia. Así que no escuché bien del todo la pregunta y pedí que me la repitieran. - Pues no sé –terminé al poco rato contestando-, ignoro de dónde viene, pero sospecho que paradójicamente toda esa pasión por desaparecer, todas esas tentativas, llamémoslas suicidas, son a su vez intentos de afirmación de mi yo. […] […]En Walser pensaba yo a menudo. Me gustaba la ironía secreta de su estilo y su premonitoria intuición de que la estupidez iba a avanzar ya imparable en el mundo occidental. Me intrigaba la gran originalidad de sus relaciones con el mundo de la conciencia. Y siempre había encontrado infelices pero muy bellos sus melancólicos paseos alrededor del manicomio de Herisau, donde, remedando el destino de Hölderin, estuvo internado durante veintitrés años, hasta el final de sus días. Desde que entrara en el manicomio de Herisau hasta que murió, no había escrito una sóla línea, se había apartado radicalmente de la literatura. […] […]En Walser, el discreto príncipe de la sección angélica de los escritores, pensaba yo a menudo. Y hacía ya años que era mi héroe moral. Admiraba de él la extrema repugnancia que le producía todo tipo de poder y su tremprana renuncia a toda esperanza de éxito, de grandeza. Admiraba su extraña decisión de querer ser como todo el mundo cuando en realidad no podía ser igual a nadie, porque no deseaba ser nadie, y eso era algo que sin duda le dificultaba aún más querer ser como todo el mundo. Admiraba y envidiaba esa caligrafía suya que, en el último periodo de su actividad literaria (cuando se volcó en esos textos de letra minúscula conocidos como microgramas), se había ido haciendo cada vez más pequeña y le había llevado a sustituir el trazo de la pluma por el del lápiz, porque sentía que éste se encontraba <más cerca de la desaparición, del eclipse>. Admiraba y envidiaba su lento pero firme deslizamiento hacia el silencio. […] 5 5 Extraído de “Doctor Pasavento” de Enrique Vila-Matas, 2005 (editorial Anagrama, 2005); del capítulo I: La desaparición del sujeto.
Y ahondando en la cuestión: Las huellas que Robert Walser dejó en su vida fueron tan leves que casi se han disipado. Al menos desde su regreso a Suiza en la primavera de 1913, y en realidad, claramente, desde el principio, sólo estuvo unido al mundo de la forma más fugaz. En ninguna parte pudo establecerse, nunca tuvo la más mínima posesión. No tuvo casa jamás, ni una vivienda duradera, ni un solo mueble y, en su guardarropa, en el mejor de los casos, un traje bueno y otro menos bueno. De lo que necesita un escritor para ejercer su oficio no tenía casi nada que pudiera llamar propio. Libros no poseía, según creo; ni siquiera los que él había escrito. Los que leía eran siempre prestados. […] 6 En definitiva, si nuestra disolución, provoca la desaparición discreta de la “Arquitectura” frente a la “arquitectura” llana, del usuario, portátil, ligera… bienvenido sea. Porque en realidad, quien realmente, ha de interesarnos especialmente es el USUARIO frente a la sociedad: “cómo siente la ciudad, o la arquitectura en la que vive”. “Ésta” (el contenedor del habitar, el contenedor de personas) realmente será SOSTENIBLE, si “ellos” (los usuarios) están bien sostenidos en la “atmósfera sensorial” que se ha creado a su rededor y, por supuesto… si todo aquello funciona y resulta mínimamente confortable y económico de mantener… Fig.14 “Re-pensamiento de ruina/armario empotrado en Guadalcanal, Sevilla. Estado inicial de ruina. Arq.: estudio republica_dm” 6 Extraído de “El paseante solitario. En recuerdo de Robert Walser” de W. G. Sebald, 1988. (ediciones Siruela, 2007); del inicio del libro.