Educación femenina : cursillo de conferencias celebrado en el Ateneo barcelonés los dias 31 de enero y 1, 3, 4 y 5 de febrero de 1916
Full text
Educación emenina : cu sillo de con e encias celeb ado en el A eneo ba celonés... Biblio eca PixeLEGIS. Uni e sidad de Se illa.
INDICE
P
ÁoIN
A
s
A guisa de p ólogo
5
An eceden es
I
I
P og ama
17
Sesión inaugu al
9
LECCIÓN
PRIMERA
Tema
p ime o:
La muje en la an igüedad y
la
muje mode na; sie a o compañe a
21
Tema segundo:
De la misión social de la muje
en la ida mode na
2
9
LECCIÓN SEGUNDA
Tema
p ime o:
El abajo in elec ual
y
el a-
bajo manual de la muje mode na
4'
Tema segundo:
In luencia decisi a
que la edu-
cación
y
cul u a de la esposa eje cen sob e
el
ca ác e y conduc a del ma ido
y
como conse-
cuencia de los hijoS
67
)1-
2
4
PÁGINAS
LECCIÓN TERCERA
Tema p ime o:
Ve dade o concep o de los de-
be es sociales de la muje y es udio sob e la
educación que debie a dá sele pa a que pue-
da cumpli con su misión de esposa
y
mad e. 99
Tema segundo:
¿Llega la muje a la ma e nidad
con su icien e p epa ación pa a da a la so-
ciedad hijos sanos, ue es
y
hon ados
?
125
LECCIÓN
CUARTA
Tema único;
El
sen imien o eligioso en la mu-
je española
153
Discu so de clausu a.
171
F ases de ag adecimien o.
187
A GUISA DE PRÓLOGO
IDEALES DE MUJER
Las se enas y b illan es sesiones del
Cu sillo
de Educación Femenina,
celeb ado úl imamen e
en nues o selec o A eneo, me han p oducido una
imp esión de calma y de con ianza a un iempo.
Hace p óximamen e dos años, encon ándome
es udiando en Roma, dió la coincidencia de cele-
b a se allí el segundo Cong eso In e nacional
Femenino. Po es a ci cuns ancia se encon a on
en la ciudad e e na muje es de los luga es más
apa ados del mundo, y al euni se en asamblea
ap endie on a conoce se, a es ima se y a abaja
po
la
paz
del mundo y la p ospe idad de los
6
pueblos. Nada menos que
.
ein idós países enían
su ep esen ación, pode osa o sencilla, en es e Con-
g eso: Ingla e a, Aus alia, Es ados Unidos de
Amé ica, Canadá, A gen ina, Finlandia, Rusia,
Alemania, Aus ia, Hung ía, Suiza, F ancia,
I alia, Bulga ia, Suecia, No uega, Dinama ca,
Egip o, Rumania, Nee landia, Po ugal, que se
a ilió en aquellos mismos días, y la ágica Se -
ia... Todos, odos menos España.
Me dolía en el alma que España es u iese hué -
ana de ep esen ación; po que nues as muje es,
calladamen e, an conquis ando sus legí imos de-
echos, cumpliendo al mismo iempo sus más ele-
men ales debe es, que son el abajo y la adquisición
de una cul u a.
Me
dolía en el alma; po que aunque en España
la muje no haya buscado la esonancia de cam-
pañas eminis as
n
la p ensa y no haya pe dido
el
iempo
con discu sos ampulosos, ha demos-
ado su capacidad pa a las ob as li e a ias, y
.4
si un iempo u imos san a Te esa que hizo aya
la
li e a u a mís ica
a su mayo al u a, hoy algo-
7
nas li e a as nues as han conquis ado ama mun-
dial.
La muje ca alana no sólo b illa en las le as
y
en las a es, sino que demues a su ap i ud pa a
di igi emp esas me can iles e indus ias impo -
an es. ¡Cuán os come cios que comenza on mo-
des ísimamen e son hoy casas de p ime o den
y
cuán as de ellas deben su empuje al genio y a
la labo cons an e de una muje ! Fijémonos en
el g an núme o de ab icaciones impo an es en
que
po
impe iosa necesidad, al pe de al je e
de amilia, la muje ha lle ado el imón de la
emp esa y lo ha sabido lle a con una ene gía y
habilidad de que nadie la hab ía sospechado
po-
seedo a.
Y
es o lo hace la muje , a pesa de la
insigni ican e cul u a que, has a aho a se le ha
p opo cionado,
sob eponiéndose al medio hos il
que le cie a las ue as pa a in e eni en la ida
pública y mul iplicando sus es ue zos po que
di ige, además, oda la ida domés ica.
Po eso di ía yo que la muje posee una in ui-
ción ma a illosa que suple con c eces la al a de
8
ins ucción y sabe adap a se, y aun más, mejo a
el medio que los aza es de la ida le depa an.
La muje de odos los países, especialmen e la
de aza la ina, igno a sus debe es y de echos
cí icos; no obs an e, hoy odos admi amos su
ges o he oico y su ca idad inago able an e la
ho ible agedia que des oza la humanidad. La
mad e se desga a a sí misma, pe o en ega
sus
hijos y su ma ido pa a sal a a su pa ia y oda-
ía emplea las pocas ue zas que le es an en
omen a los medios de ida de su
país
o en es-
edia las he idas de o os mo ales.
La muje española al c ia a sus hijos lo ha
hecho has a aho a casi guiada únicamen e
po
el amo ma e no; pe o és e no bas a, como nos
lo con i man las a e ado as ci as de mo alidad
in an il, y
po
eso las con e encias de es os días
ienen una o ien ación excelen e, pidiendo la ense-
ñanza de la pue icul u a en las escuelas de niñas
y la c eación de escuelas especiales pa a la ense-
ñanza secunda ia de la muje .
También es á sedien a la muje española
de
4
9
que se le acili e su educación cí ica Pa a conoce
mejo sus debe es y cumpli los, pa a no opone
abas a la misión social del homb e y pa a pode
hace de sus hijos buenos ciudadanos.
La muje i aliana lle a a la española cí ica-
men e mucha en aja; po que las damas omanas
ya no a an únicamen e de cumpli sus debe es,
sino que ecogen los u os de su abajo bien
o ganizado y pueden ealiza algunos de sus
de echos.
Dos damas omanas o man pa e de la Real
Comisión enca gada de e o ma odo lo e e en e
a legislación de meno es y han colabo ado con
eminen es abogados en la o mación de nue as
leyes.
Po eso decía al comenza , que es e
Cu sillo
de Educación Femenina
me había p oducido
una sensación de con ianza en el es ue zo colec-
i o de la muje española; po que ha llegado el
momen o de que su abajo no se
p ac ique
en
silencio o pe manezca desconocido, sino de que
se mani ies e en oda su ascendencia social, y
16
A es del Lib o, Inspec o es, Ca ed á icos y
pú-
blico
nume oso y dis inguido.
La sesión inaugu al se celeb ó en dicho día
y las lecciones que se publican a con inua ión po
el mismo o den del
p og ama,
ue on dadas los
días , 3, 4 y 5 de eb e o siguien es.
MIGUZI
4
PARERA
2
PROG RAMA
SESIÓN
INAUGURAL, (Día 31 de ene o)
LECCIÓN
PRIMERA
(Día 1.
0
de eb e o)
1.
0
La muje en la an igüedad y la muje mode na; sie a
o compañe a; po don Fede ico Climen Te e .
2.°
De la misión social de la muje en la ida mode na; po
doña Ca men Ka de Lasa e.
LECCIÓN SEGUNDA
(Día 3 de eb e o)
1.0
El abajo in elec ual y el abajo manual de la muje
mode na; po doña Leono Se ano y Pablo.
2.°
In luencia decisi a que la educación y cul u a de la es-
posa eje cen sob e el ca ác e y conduc a del ma ido y
como consecuencia de los hijos; po doña Ma ía Do-
ménech de Cañellas.
LECCIÓN TERCERA
(Día 4 de eb e o)
1.
0
Ve dade o concep o de los debe es sociales de la muje ,
y es udio sob e la educación que debie a dá sele pa a
cumpli con su misión de esposa y mad e; po doña Rosa
Sensa de Fe e .
2.°
¿Llega la muje a la ma e nidad con su icien e p epa-
ación pa a da a la sociedad hijos
sanos,
ue es y kon-
ados?; po doña Ma ía Baldó de To es.
LECCIÓN CUARTA
(Día 5 de eb e o)
1.
0
El sen imien o eligioso en la muje española; po doña
Dolo es Monse dá, Vda. de Maciá.
2.°
Cul u a musical. Audición de canciones popula es de
ca ác e mís ico.
3. ) Discu so esumen; po el ilus e doc o don Valen ín
Ca ulla, Rec o de la Uni e sidad.
No a.—Las ilus aciones musicales ue on ejecu adas
po
las seño i as del «Cen o de Cul u a Musical Popula '>, bajo la
en endida
di ección de su undado a doña Na cisa F eixas.
1
SESIÓN INAUGURAL,
(Día 31 de ene o)
Es a memo able sesión,
más de ca ác e o i-
cial que educa i o, u o luga bajo la p esiden-
cia del Ilmo. seño don Vicen e Ca illa, Rec o
de la Uni e sidad, y se desa olló b illan emen e
con un elocuen e discu so sob e la educación
emenina en gene al, el selec o concie o dedi-
cado a es e
Cu sillo
po las encan ado as co-
is as de
Cul u a Musical Popula ,
que bajo
la di ección de su undado a, la no able com-
posi o a doña Na cisa F eixas, ilus a on es as
sesiones, enca gándose de la pa e de solis a la
dis inguida sop ano seño i a Juliá.
Finalizó con b e es palab as de la P esiden-
cia decla ando abie o el
Cu sillo y
haciendo
p o esión de adhesión e ien e y en usias a a
sus enseñanzas.
.
-4
LECCIÓN PRIMERA
TEMA PRIMERO
La muje en la an igüedad y la muje mo-
de na; sie a o compañe a
po
D. Fede ico Cilmen y Te e a
IzusTRisimo
SEÑOR:
SEÑORAS; sEÑoR s:
L
A explanación de es e p ime ema se á en
mis labios un b e ísimo p elimina o in-
oi o de los que con mayo amenidad de pa-
lab a y más i a lucidez de pensamien o des-
en ol e án en sucesi as lecciones las ilus es
cón e encian es que han de ocupa es a i-
buna; y así no se á ex ah.o descub i en e
mis concep os y los suyos algunas coinciden-
cias y analogías, pues apa e de que odos los
emas que han de a a se en es as con e encias
son modalidades del ema único y capi al de
la educación emenina, las ideas no ienen
dueño exclusi o ni econocen de echos de p o-
piedad ence ada en pa en es ni p i ilegios.
Las ideas lo an en el océano men al que nos
odea y cada ce eb o, cada men e humana se
I
4
22
asimila y exp esa las que po su po encia es
capaz de ecibi .
El nume oso concu so eunido en es e salón,
sin necesidad de p emiosas exci aciones, y el
in e és que han despe ado en el nobilísimo ele-
men o emenino las con e encias anunciadas,
no como espec áculo de exhibición apa a osa,
sino muy al con a io, como es ímulo de labo
in ensa y posi i a, demues an e iden emen e
los anhelos que la muje sien e de edimi se
po su p opio es ue zo de la escla i ud en que
oda ía la e ienen p ejuicios hos iles a oda
jus icia, y que se e con capacidad sob ada
pa a ocupa dignamen e el si io que po de e-
cho le co esponde en el hoga y en la sociedad.
Fue a empeño muy supe io a mis ap i u-
des, ni cab ía en los es echos lími es de una
con e encia, el es udio de enido de la si uación
social de la muje en la an igüedad; pe o como
odas oso as conocéis la his o ia, bas a á pa a
el obje o de nues o ema ep esen a os la
innegable e dad de que en la an igüedad la
muje ué socialmen e an o más escla a cuan o
más bá ba o e incul o e a el pueblo a que pe -
enecía, po que la escla i ud de la muje a
siemp e acompañada y sos enida po la igno-
ancia y b u alidad del homb e, po el deseo-
nocimien o de la e e na ley de jus icia p omul-
gada po Dios en las Esc i u as Sag adas de
odas las eligiones, y más pa icula men e pa a
23
noso os en la Biblia, de donde, a pesa de la
idícula jac ancia de los p esun uosos pedan es
mode nis as, en esacó en oda época la ilo-
so ía humana las doc inas é icas y sociales
que po su in ínseca bondad y e dad esis-
en a las eleidades de la moda cien í ica y a
los emba es del iempo. Y p ecisamen e en el
Génesis, de cuya sabidu ía se mo an los inca-
paces de comp ende lo, encon amos los un-
damen os del e dade o eminismo, del sano
eminismo que coloca a la muje en el luga
donde Dios la puso, pa a que no uese supe io
ni in e io ni siquie a igual al homb e, como
p oclama el eminismo ex a iado, sino pa a
que uese lo que debe se : el complemen o del
homb e, su compañe a y no su escla a.
Tal es el concep o o odoxo y sin iesgo
alguno acep able del eminismo, con a el que
se le an a el egoísmo del homb e encas illado
en los oda ía no de uídos balua es de la
an igua ba ba ie, hoy disimulada bajo el dis-
az de una alsa ci ilización. Es e concep o
es á admi ablemen e simbolizado en aquel pa-
saje del Génesis que nos dice que Dios o mó
a la muje de la cos illa, es o es, del cos ado
del homb e, como dando a en ende que no la
o mó de la cabeza pa a indica con ello supe-
io idad, ni de los pies pa a señala in e io idad,
sino del cos ado pa a signi ica compañía, com-
plemen o y co espondencia. Así dice Dios que
24
no es bueno que el homb e es é solo y de e -
mina hace ayuda idónea pa a él; y cuando
Adán e a la muje que Dios le había dado
pa a ayuda y no pa a sie a, exclama: (Es o
es aho a hueso de mis huesos y ca ne de mi
ca ne; és a se á llamada a ona po que del
a ón ué omada)). He aquí mani ies a la dig-
nidad de compañía en la hon osa denominación
de a ona con que Dios, po boca. de Adán,
designa a la muje , en an í esis del denig an e
cali ica i o de hemb a que la egoís a ing a i ud
del homb e le da hoy en las es adís icas demo-
g á icas de una sociedad que se llama cul a, y
sin emba go equipa a a la noble mi ad del
linaje humano con las especies animales.
Al apa a se el homb e de la ley de Dios,
obje i amen e mani es ada en las leyes de la
na u aleza, cayó a as ado po la culpa en
los so ocan es b azos de la igno ancia, y abu-
sando de su ue za b u a escla izó a la muje
y la u o en menos es ima oda ía que a las
eses de sus ganados, negándole oda pa ici-
pación en los in e eses de la ida social; pe o
como la muje es an hija de Dios como el
homb e y ambién alien a en su cue po el alma
c eada a la di ina imagen, no pudo po menos
de eje ce su in luencia espi i ual con a asalla-
do a sobe anía en los momen os c í icos de
la ida del que, no obs an e habe se e igido en
su dueño, es aba escla izado a ella po las in-
25
isibles cadenas del amo sexual. Y así emos
que, a pesa del impe io social que leyes injus as
9.
y cos umb es bá ba as dan al homb e sob e
la muje , eje ce és a sob e él en oda época
sigiloso dominio. Así emos a Sa a cau i a
la olun ad de Ab ahán, de e minando con su
ascenden e el des ino de dos pueblos. Así emos
a Rebeca in lui decisi amen e en el ánimo de
su hijo Jacob y al e a con su esolución el
po eni del pueblo escogido.
Y sin necesidad de
ci a
los nume osos ejem-
plos que de la in luencia de la
muje
en la
an igüedad nos da la his o ia p o ana, bas a án
pa a nues o p opósi o los que la his o ia sa-
g ada nos p esen a en la p o e isa Débo a,
go-
be nado a
de Is ael, sin cuya compañía no se
a e ió Ba ac a ma cha con a los cana ios;
en la ale osa Judi h; en la p uden e Es e ,
y en an as o as muje es bíblicas que, a des-
pecho de su in e io idad social, domina on como
seño as en ez de obedece como escla as.
Tal ez digáis que es os ejemplos no an
más allá de excepciones sin e icacia alguna en
la de e minación de la alía emenina; pe o
con iene ene en cuen a que las muchedum-
b es de homb es han pasado po es e mundo
como ebaños an sólo cuidadosos del pas o,
sin que en e ellos sob esalie an po su
alen o
o bondad mayo núme o que el de muje es
cuyos hechos bene icia on a la aza humana;
32
un conocido sociólogo ca ólico o ecía una solu-
ción, que mue e a las más se ias e lexiones,
sob e el po eni de la misión social de la muje
española:
el
con en o.
«El con en o — dice — qui a de en medio,
alejándolas de
la lucha
po
el ma ido,
un g an
con ingen e de muchachas jó enes.» Apóyase
en azones muy dignas de se enidas en cuen a
y añade:
«¿Qué puede hace una jo en de la clase
media, una hué ana con una do e de cua-
o a cinco mil pese as? Si no iene ocación
eligiosa, hab á de en a en un esc i o io, ex-
cluyendo de él a un jo en de o o sexo o subs-
i ui le en el mos ado de una ienda, o consu-
mi se abajando día y noche en labo es de
aguja que le da án una ganancia muy mez-
quina, an o que ni unida a la en a de su
pequeño capi al apenas pod á su aga sus más
ap emian es necesidades. Mas pe mi id a esa
jo en que se asocie con o as ein e de sus
mismas cos umb es, que pongan sus do es en
común, que se empleen en ulga es abajos,
abs eniéndose de odo gas o supe luo en el
es i , en la habi ación y de los mil cap ichos
de que apenas puede ca ece la ida emenina;
he édense, además, mu uamen e, de sue e que
ayan acumulando un pa imonio social y con
odo es o goza án de las en ajas mo ales de
la sociedad domés ica y pod án pasa su ida
33
pob emen e, pe o lib es de las mise ias y peli-
g os mo ales y sociales que asedian a la pob e
muje aislada e inde ensa.»
Y
añade el sociólogo:
#...Es o ol ida el eminismo a u dido e in-
sensa o, el cual, si log ase da ocupación y
sus en o a las muje es jó enes, nunca pod á
llena el inmenso acío que se ab e en el alma
emenina cuando comienza a declina el día
de su exis encia, si no acuden a llena lo las
a ecciones del hoga na u al o los san os a ec-
os de la ida eligiosa.»
¿No es p o undamen e dolo oso que en Es-
paña exis a
aún
quien pueda c ee que la solu-
ción del p oblema emenino es á únicamen e
en el
con en o
cuando alla el ma imonio?
¿Qué
concep o ienen esos...
SOCIÓLOGOS
de
la
misión social
de la muje ?
Y a p opósi o de es o, dejadme habla os b e-
emen e de aquellas muje es a las que pa ece
incumbi más di ec amen e una misión social
en azón de su independencia: me e ie o a
aquellas a las cuales los aza es de la ida, los
dec e os de la di ina P o idencia, han dejado
solas en el camino donde o as halla on com-
pañia.
Esas
Esas muje es, si han llegado a la ho a á-
gica del o oño emenino sin una p epa ación
que les llene el alma del e o de un ideal, no
3
34
solamen e se án p o undamen e desg aciadas,
sino que, conducidas po la ama gu a o incons-
ciencia de una ida acasada, se án unos se es
inú iles, cuando no noci os a o as inicia i as
u ili a ias.
Po es o, sob e odo, hay que da a la muje ,
desde su despe a a la ida, conciencia de su
p opio alo , de su pode y de su misión; es
indispensable que enga una noción bien de i-
nida de su pe sonalidad, pa a que los desenga-
ños sean pa a su co azón ecundos en expe-
iencia gene osa, pa a que piadosamen e, ija
la mi ada en las mise ias humanas y el espí-
i u en la di ina espe anza, comp enda la ue za
consolado a del debe y de la dicha
de da a
odas las c ia u as aquella su alma que no ha
podido consag a a o a alma.
* * *
La e dade a misión social de la muje ha
de es a , pues, basada en la conciencia de su
pode , de sus debe es y de sus de echos.
En e la su agis a iolen a, homb una, e-
oluciona ia, y la bea a igno an e, aná ica e
in ansigen e, hay la muje ue e de que nos
hablan los san os P o e bios. Hay
la muje
que es eina en su hoga , donde ama los queha-
ce es domés icos sin se de ellos la escla a. La
que sabe hace de su casa el luga donde los
•
35
que ama se encuen en mejo que en ninguna
pa e. La que es c eyen e po conciencia y
piadosa po amo y espe o a los di inos mis-
e ios; la que amando la belleza en odas sus
mani es aciones hace compa i sus goces a los
que la odean; la que espe a lo que no com-
p ende y no ol ida que «si una muje pod á
siemp e coope a en la ob a de su ma ido con
lo que
sabe bien,
en cambio le moles a á con
lo que igno a o
sabe mal».
Ella, la muje dulce
y ue e que iene e nu as y ado ables pe do-
nes pa a el niño que i e e e namen e en cada
na u aleza masculina; la que es opo una en
llega y desapa ece , en la aleg ía, en la is-
eza, en la soledad de los que ama; la que
siemp e busca en o no suyo a qué desampa o
da algo del inago able eso o que gua da su
alma.
Es a es, seño es, a mi humilde en ende , la
muje que hay que o ma pa a que, desde el
luga donde el des ino la haya colocado, su
in luencia, más allá del ce cado de su ja dín,
sea bienhecho a y ecunda. De ella nace án
hijas que sab án cumpli su misión social (con-
a los pelig os de la ida, mejo de endidas
po su o aleza mo al que po los mu os de
un con en o); y sus hijos se án unos homb es
que se a e gonza án de ocupa un luga de ás
de un esc i o io o de un mos ado , midiendo
cin as y encajes, endiendo agujas o pe umes
36
en an o la ie a necesi a b azos pa a sus co-
sechas.
La misión social de la muje en la ida mo-
de na
debe empeza , pues, en el hoga , ya que
en el hoga adica el g an pode de la muje ,
más bien nacida pa a eina que pa a com-
ba i .
Ella, con su dulzu a, calma á las iolencias
del homb e que pueden in lui en su ac uación
social, encamina á su jus icia y o alece á su
o aleza. Cuan o mayo sea su in luencia in-
e na, más b illa á ex e io men e; y como la
luz en la casa ce ada, i adia án po las en-
dijas su i ud y su o aleza.
La His o ia, hablándonos de aquellas no-
bles damas medie ales que con sus blancas y
sua es manos ab ochaban sob e el pecho de
sus caballe os las ue es a madu as que ha-
bían de gua da les del pelig o en las ba allas,
e oca un símbolo de e e na e dad, pues la
co aza del alma, pa a que és a sea in ulne a-
ble, ha de es a ajus ada po una amo osa
mano de muje . Y solamen e cuando ella
no ha sabido ce a ue emen e la a madu a,
cae el homb e encido.
* * *
¿Y qué más pod ía deci os, seño es, de lo
que es
la misión social
de la muje en la ida
mode na,
si hoy
p ecisamen e se alza sob e el
mundo como un himno sag ado, solemne, en
su ges o sublime de he oica belleza, de ágica
esignación?
Con emplemos endidos de espe o a la muje
de o as ie as, en su misión social, an e la
con lag ación mundial.
Cumpliendo ciegamen e lo que ella c ee su
debe , admi able, la muje , la eina del ja dín
amilia ha abandonado su eino sa u ado del
pe ume de sus lo es p e e idas; cub iendo su
cue po del humilde hábi o blanco, de las albas
ocas su cabelle a, os en ando po única joya
el b azale e de ubíes de la C uz Roja, se ha
si uado a la cabece a de los he idos, de los
mo ibundos, íc imas p opicia o ias de las c ue-
les ambiciones de los pode osos de la ie a.
Su
misión social en la ida mode na,
la mu-
je hoy ambién la desempeña, de endiendo
el pan de los hijos desde los luga es donde en
o os iempos elices de paz y de p ospe idad
el homb e lo ganaba cada día.
Y ha hecho más oda ía la muje en el cum-
plimien o de la misión impues a po la
ida
mode na.
Ha ol idado, an e el pelig o de la
37
38
pa ia, que e a mad e, y ha dado sus hijos
¡sus hijos! a odos los pelig os de la sang ien a
e ignominiosa lucha; los ha dado a la cegue a,
a la impo encia, a la mue e en plena ju en ud.
¡Y más aun! Ella, la dulce, la piadosa, la
pací ica, se ha uel o c uel e inhumana, pues
de sus manos sua es hechas pa a eje exqui-
si as ma a illas, pa a aca icia a los niños, pa a
se besadas po el amo o pa a c uza se en la
o ación, la muje ca ga de me alla los ins u-
men os de des ucción y de mue e; y en el
cumplimien o de la misión social que la ida
mode na pa ece habe le impues o, la muje ha
llegado a hace municiones de gue a.
* * *
Después de es o ¿quién se a e e á a duda
de la ue za que adquie e el debe en el alma
emenina? En en e de semejan e ans o ma-
ción de la eminidad, ¿quién pod á nega a la
muje la i ud de la o aleza? ¿Quién se a e-
e á en es os momen os a encomenda al emi-
nismo ei indicaciones, p e oga i as, de echos
legales?... Un g an silencio se impone. En an o,
en e las e ibles luchas ges a calladamen e
la ho a de la jus icia a los de echos de la muje .
Y mien as, espe ando el ad enimien o glo-
ioso, amos noso as, las muje es de España,
las hijas de Ca aluña, lle ando a cabo nues a
39
misión de paz y de enacimien o, abajando
po nues o pe eccionamien o, cada día con
más e o , cada ez con más con ianza.
Es poco deci , según a i ma el poe a, que
las pisadas de la muje no sólo no des uyen
las lo es, sino que ni las ma chi an. Es nece-
sa io que las lo es nazcan bajo sus pasos, po
un milag o de amo y de piedad, como un día,
en el egazo glo ioso de la san a eina de Hun-
g ía, lo ecie on las osas.
.
4
LECCIÓN SEGUNDA
TEMA
PRIMERO
El abajo in elec ual y el abajo manual de
la muje mode na
po
D.
a
Leono Se ano de Xand i
ILUSTRÍSIMO SEÑOR:
SEÑORES; SEÑORAS:
J
AMÁS como en es e ins an e hemos c eído
en la necesidad de que un con e encian e
suplique bene olencia a su público.
Cuando, labo ioso y a e ido, desin e esada-
men e y po ac i idad espon ánea, a a p e-
sen a sus con icciones, el abajo elabo ación
p opia, an e un público desconocido y cu ioso,
a eces hos il, ya necesi a y mucho de esa
bene olencia. Pe o añadid que esos con e en-
cian es sean damas que po p ime a ez en
un país esbocen el plan eamien o de un p o-
blema delicado y complejo, y que sea su no ma
absolu a la since idad, plazca o no plazca, y
encon a éis ahí la disculpa de que solici emos
no el aplauso, no; algo mejo : la simple y au-
•
48
cen al exis en ibus en donde la muje es
más obus a que el homb e, po dedica se ella
a la de ensa del e i o io; de donde esul a
que es ella la que eje ce siemp e el mando. En el
A ghanis án,, según el mismo au o , una ibu
iene a las muje es pa a gue ea y caza , y a los
homb es pa a el abajo domés ico. El ey de
los achan is en el A ica occiden al y el de
Dahomey ienen egimien os de gua dias eme-
ninas, escogidos
po
se más c ueles y más
e oces que los gue e os a ones. También,
según Augus o Bebel, ci ando a Diodo o de
Sicilia, ué cie o que en iempo de Alejand o
el G ande exis ie on las amazonas, pues
su
eina Tales is
isi ó
en el
campamen o al con-
quis ado macedon,io pa a
que la hiciese mad e
de un, hé oe.
En cambio, cuando adelan a la
ci ilización,
el
abajo
in eligen e adquie e su hegemonía
sob e la ue za. La muje egipcia dedícase ella
sola a la ag icul u a, al pas o eo, al
ejido.
Y
su ge el
ma ia cado (i),
la
hegemonía
de
la
mad e.
Los
nomb es de los mue os os en an
(x) Con poca se iedad y has a e iden e mala e, algún a -
iculis a ha que ido e en es a nues a con e encia aspi aciones
diame almen e opues as a nues o pun o de is a. Todos es os
son da os his ó icos pa a demos a nues a esis; pe o' ella
pa e p ecisamen e de conside a la ue za b u a y la lucha,
lo mismo en el homb e que en la muje , como e ocesos del
espí i u.
5
;
•
49
es a insc ipción,: To h, hijo de la dama Thais.
El apellido lo oman de la mad e.
Y ¡cosa cu iosa! A compás del abajo o de-
nado, la muje has a comienza a
eadqui i
su no malidad ísica. Las momias an iguas, los
a aúdes egipcios que modelan el cue po, pe -
mi en la hipó esis de un ipo emenino, supe-
io en es a u a y p opo ciones al de o as
o ien ales, celosamen e ecluidas en el hoga ,
como la pe sa, la heb ea, la dulce heb ea dedi-
cada a sencillos quehace es domés icos, cual
Rebeca, o can ando salmos al Seño , cual las
hijas de Sión, en la poé ica cí a a cuyas lejanas
melodías pa en del incón más apa ado de
un hoga celoso.
En G ecia, la espa ana cuida casi an o
como el homb e de su ue za ísica y anhelos
gue e os; mien as la a eniense, en el apa a-
mien o de su gineceo, e inada y cul a, cui-
dando sin emba go ex ao dina iamen e de su
ísico, ue za y belleza, dan un ipo sin é ico:
el g iego, con una a monía de o mas y una
p opo cionalidad de líneas que no di ie e ex-
ao dina iamen e del
ipo
masculino, y en
cambio, es cas i econocible en las bellezas
del desnudo o ecidas po a is as mode nos.
•
En e Adonis y la
Venus de
Milo hay menos
di e encia de líneas y
o mas
que en e és a
y las es G acias de Rubens.
Ni en las desnudas bellas del Ticiano, ni en
5o
las agan es de Rubens, ni en las inci an es
de Goya, ni siquie a en la neo-clásica Paulina
Bonapa e, de Cano- a, ol emos a encon a
las líneas excelsas del di ino a e g iego. Al
compa a las, pa ecen bellezas de líneas des i-
gu adas: p edominio del bajo onco; ca nes
opulen as en exceso en la egión gli ea, de o -
mación de la cin u a demasiado en an e.
Son bellas ambién, pe o con o a belleza
que e pi a humanidad, exceso de sensual hu-
manidad, sob e la espi i ualidad, humana am-
bién, pe o con un humanismo ideal que b o a,
cual mís ico e lu io de alma y de a e, de las
inmo ales Venus de G ecia.
Al an opólogo se le ocu i ía la hipó esis
de una de o mación ísica, aída po la a o ia
espi i ual: una hipe o ia de bajos ó ganos po
se a a és del iempo los casi únicamen e
usados, y, po lo an o, degene ación de pa -
es más nobles po un uso casi nulo.
Compa emos aún hoy la muje española, i a-
liana o caucásica, de o mas edondeadas y
opulen as, aunque a eces pequeña, con la an-
cesa, g ácil muñeca menuda, o la inglesa, usa
o no uega. Hay di e encia de abajo, de eje -
cicio y de ísico, po lo an o.
Compa ad aún en España la andaluza, e-
cluida en la casa, ama delicada y minuciosa
en mil í olos abajos manuales, con la me-
nes ala ca alana, saliendo sola, de endiéndose
51
y ganándose la ida en la indus ia y el co-
me cio.
¿Cómo duda de que si el ambien e y la
ocupación in luyen de al modo en, azas con-
empo áneas y coexis en es hoy, pudiéndose
ap ecia a simple is a las di e encias, ambién
hab á in luido ex ao dina iamen e a a és de
las edades con una impues a sumisión y espe-
cialización del abajo?
Cabe, pues, supone una e dade a a o ia,
o po lo menos a i iciosa o mación de ipo
emenino, an ina u al ya en la pa e ísica.
Más aun, en la pa e in elec ual que amos a
es udia . Desde luego es indiscu ible la ín ima
elación de és a con el ó gano del pensamien o:
el ce eb o.
En ealidad, bas an e se ha hablado ya del
ce eb o emenino y de su in e io idad con es-
pec o al masculino. Pe o b illan emen e Ra-
denhause , Büchne , S ua Mill y Augus o
Bebel han espondido a es e a gumen o, cuyas
azones, eminis as y an i eminis as, sin e iza-
emos en los es pun os siguien es:
1.
0
Es cie o que los é minos medios del
peso del ce eb o emenino, según Bine , B oca,
Denicke y o os, dan pa a las azas eu opeas
o de o igen eu opeo 15o cen íme os cúbicos
de meno olume , equi alen e a 126 g amos
de meno peso.
2.
0
Es cie o que Lomb oso a i ma la in e-
52
io idad in elec ual de ,la muje , conside ándola
como una a o ia del desa ollo men al in an il,
in e medio en e el desa ollo del niño y del
homb e.
Pe o no es menos cie o:
3.
0
Que ambién odos los au o es ci ados
econocen no exis i en las azas p imi i as
descubie as po la a queología casi nunca g an
di e encia de amaño en e los c áneos axa i-
amen e econocidos como de di e en es sexos.
Ni casi ninguna di e encia de c áneos, pesos
y olúmenes en las ac uales azas inci ilizadas
no eu opeas, con i mándose así la hipó esis de
la di e encia po el abajo.
4.
0
Que asimismo econocen más di e encia
de peso y olumen cuan o más di e encia hay
en las clases sociales: p ime o, po el abajo,
y segundo, po la nu ición. Así en es o los
in elec uales ienen más peso y olumen ce e-
b al que los ob e os; és os mayo que los cam-
pesinos, y, aunque no an o, los icos más que
los pob es.
5.° Que, en in, no es el mayo peso y olu-
men un da o absolu o de mayo capacidad espi-
i ual, sino que es ela i o a la es a u a; que
ha de ene se en cuen a asimismo el mayo
e in
g
mien o y complicación de las masas ce e-
b ales y de sus ci cun oluciones, y que p ecisa-
men e es un hecho el que en meno es es a u as,
con p edominio del sis ema ne ioso, se dan
53
no sólo mayo es ce eb os en olumen, ela i o
a la es a u a, sino ambién sea causa o e ec o,
p edominio de ene gía y a eces po encia espi-
i ual.
En suma, hoy po hoy hay debilidad ísica
y ambién in e io idad espi i ual en la muje ;
pe o una y o a cosa ¿son ingéni as o adqui-
idas? Ádemás, ¿son ansi o ias o pe manen es?
An e la duda, como an e la a i mación o la
negación, se impone un ambien e nue o, de
comple a libe ad de abajo y de selección
del mismo, pa a que las mismas posibilidades
de p oducción de cue pos y espí i us emeninos
no abo en po la coacción de la ue za con p o-
ducciones neu as y anodinas de ins umen os
de abajo a o iados.
Po que an e el es ado ísico y espi i ual que
a a és de la his o ia hemos analizadó en la
muje ¿cuál ha sido su p oducción de abajo
en la economía uni e sal?
De abajo ísico ya lo imos: o odo o nada.
O bes ia de ca ga, o bes ia de lujo; que dice
Bena en e. Y la ci ilización hoy mucho más
iende a lo úl imo que a lo p ime o en las clases
al a y media. Ese e oceso de media huma-
nidad, mien as la o a media pe ecciona,
depu a y a anza en el abajo con el mínimo
de es ue zo y máximo de endimien o, no sola-
men e ha pe judicado a la humanidad, subs-
ayéndole una espe able can idad de b azos
54
e in eligencias, sino que ha pe judicado más
que nada a la muje , p olongando su escla i ud
y haciendo e dade amen e dolo osos, po no
deci casi insupe ables, los le es y pa icula í-
simos es ue zos de edención de unas cuan as.
El abajo lib e es la mani es ación más i me
de la pe sonalidad humana. La p ime a o ma
de la abolición de la escla i ud no ué la cesa-
ción del abajo, sino la lib e elección y e i-
bución del mismo. Sin abajo no hay dignidad
pe sonal, y sin abajo e ibuido no es ácil
de ende se en la dignidad social.
Luego la p ime a ei indicación emenina ha
de
se el de echo al abajo lib e y e ibuido.
El p oblema del eminismo es un p oblema
económico.
Pe o ¿se á la muje capaz de abajo? Y de
en e és os ¿cuáles se le asigna án y cuáles no?
Aquí ambién podemos apoya nos en la his-
o ia. A pesa de las des a o ables condiciones
en que se ha desa ollado, ha abajado en
odo: hilando, ejiendo, pas o eando, lab ando
y ambién luchando, cazando y pescando. El
abajo domés ico, el de alle, la minuciosidad
no puede, sin excepciones, a ibuí sele como
exclusi o: ha sido hijo del ambien e.
Cie o que el abajo ha de especializa se;
nadie puede hace lo bien odo. Pe o es una
coacción absu da o za a una clase, a una
cas a o a un, sexo a un solo y exclusi o abajo.
55
El único p opio y ca ac e ís ico de su emini-
dad es an sólo el abajo ma e no; el pa o,
la c ía, la p ime a educación, no pueden enco-
menda se a nadie; se ían un con asen ido de
la na u aleza lo mismo lo uno que lo o o.
Pe o ese es un abajo social. Se a a de
un nue o indi iduo. Luego la sociedad ha de
econoce ese abajo
como
al y p o ege lo y
ecompensa lo debidamen e.
En
cuan o a abajo in elec ual, poco pu-
die a deci nos la his o ia
ni
ampoco pueden
hoy po hoy hace se muchas a i maciones. Suele
econoce se en las muje es alguna ap i ud pa a
las a es y las le as. No mucha pa a las cien-
cias. Ninguna pa a el mando o gobie no.
Sin emba go, en a es y le as o hay pocos
nomb es o és os son bas an e in e io es al b i-
llo alcanzado po nomb es masculinos, excep-
ción hecha quizás de casos muy con empo áneos
en que la muje , más lib e de p ejuicios, se
ha
p oducido con más in ensidad.
Pe o lo cie o es que en la his o ia no han
llegado a
g an
al u a ni las muje es a is as
ni
las li e a as. Sa o y Co in,a en G ecia dis an eno -
memen e de Ho ne o y Hesiodo; Bea iz
Ga-
lindo, de Luis Vi es; madame de Sé igne es á
muy lejos de Boileau; madame de S aél,
de
Víc o Hugo. Las pin o as, escul o as y o as
a is as ac uales, como no sea en la escena,
en, que sus papeles son pe sonales y no pueden
56
se compa ables con los del homb e, lo cie o
es que en igualdad de condiciones han esul-
ado in e io es.
En cambio, S ua Mili hace no a cómo las
muje es gobe nan es en su casi o alidad han,
esul ado excelen es. Ca alina de Rusia es muy
compa able a Ped o el G ande o a Fede ico.
Isabel de Ingla e a no cede ni en, in eligencia
ni en ene gía a Felipe II de España. Isabel la
Ca ólica supe a a Fe nando su esposo y a Ca -
los I su nie o. San a Te esa de Jesús es unda-
do a an o o más admi able que san Ignacio,
y o as cuya enume ación se ía in e minable.
Es que en el p ime caso el a alismo de la
se idumb e adicional pesó en la muje , seña-
lándole como camino único el ag ada al a ón,
el ama y se amada, sin eje cicio de ene gías
dis in as de ninguna clase. Y cuando, a pesa
de odo, algunas pode osas pe sonalidades u-
ie on el alo su icien e pa a lucha y sob e-
pone se al medio, al p opio medio ín imo,
ep esen ado po la he encia y la sociedad,
cons i uyendo una segunda na u aleza, en on-
ces cul i a on la ciencia y el a e, no como
p o esiones, como ines sup emos de una ida,
sino po i esis ibles impulsos de su ue za in-
e na, pe o sin p epa ación, sin eje cicio, sin
hábi o de con inuidad. Y es o es a al siemp e.
Debían sen i se siemp e en odo es ue zo con-
a es adas po el es igma de desag ado que
57
el homb e en gene al pone en oda labo eme-
nina que no ienda a complace le.
Po eso, y po que los pa ones o eglas li e-
a ias y a ís icas, y po lo an o la c í ica de
oda ob a emenina debía hace la el homb e,
y po que, además, es muy escaso el núme o
de muje es dedicadas al abajo in elec ual, se
explica la al a de o iginalidad que se ad ie e
en la li e a u a y el a e emeninas. Po que
has a en la moda, los nue os modelos suelen
lanza los los modis os. No c eemos que en la
moda, como ob a de a e, una muje se a e-
ie a a lanza un, modelo excesi amen e o i-
ginal.
Pe o, en cambio, ¿qué ha sucedido en el go-
bie no de los pueblos y las comunidades cuando
és e se encomendó inciden almen e a la muje ?
Que el éxi o ué indiscu ible. Po que la muje ,
lib e de esa adicional sumisión op esi a, y
dedicada a esa misión suya po comple o, sin
con encionales es icciones de la sociedad que
ya como gobe nan e la acep aba, desplegó o-
das sus ene gías. Y iun ó.
Todos és os no son más que da os his ó icos
pa a comp oba , en suma, la a i mación de
que ni ísica ni in elec ualmen e la muje ha
llegado a desplega odas sus ene gías, hoy po
hoy casi desconocidas, po al a de abajo en
la mayo ía de los casos y po udo exceso en
algunos; en. las clases menes e osas, en que la
64
encia, sino duplicando ene gías al lado ues-
o. Po que de ende se a sí misma es ayu,da os
a de ende económicamen e el hoga común,
ísicamen e la aza común y espi i ualmen e
la ci ilización común ambién. Y eso es lucha
po el abajo, con a la pe eza; po la educa-
ción ísica, con a la debilidad y la explo ación;
po la cul u a, con a la
igno ancia.
En esa lucha no os podéis
nega a ayuda la.
Y en onces ence á.
CONCLUSIONES
L
a
La muje necesi a un cambio adical que
mejo e su educación ísica.
2.
a
La educación in elec ual y mo al de la
muje
debe comple a se con la enseñanza de
la Pue icul u a y
Pedagogía
como cul u a
ge-
ne al; y, además, el ap endizaje
o
p o esión espe-
cial que elija, sin abas de
ningún géne o, de-
biéndose
c ea y amplia escuelas p o esionales
de adul os.
3.
a
En espe a de que
los
Es ados odos ijen
el sala io mínimo, deben aumen a se las aso-
ciaciones de abajo y és as
pe segui
como
una
explo ación la in e io idad del sueldo emenino.
4
.a
An e la ley el abajo domés ico, ocu-
pación exclusi a de la muje , debe conside a se
e ibuido po el homb e, y aquél,
como
odos,
65
conside a se p o esión y bienes legales eme-
ninos.
5.
a
El Es ado ha de p o ege la ma e nidad
como un abajo social, impidiendo odo o o
a la muje du an e un año: los cua o úl imos
meses de ges ación y ocho p ime os de lac an-
cia, abonando la co espondien e indemniza-
ción dia ia igual a la econocida po su abajo
usual.
6.
a
Es ado mul iplica á las casas-cunas
y escuelas de pá ulos con can ina y con pe -
sonal écnico que hoy desde an emp ana edad
de los niños equie e la mode na pedagogía,
cuya asis encia se á olun a ia pa a los niños
de la clase ob e a.
7.
a
A los ines an e io es, así como al o-
men o del abajo, el Es ado debe ía es ablece
los impues os p og esi os siguien es.
a)
A odo homb e o muje sin p o esión
jus i icada;
b)
A odo homb e sol e o;
c) A odo ma imonio sin hijos (po su do-
ble ing eso y mínimo gas o).
8.
a
A pesa de odo lo dicho, c eemos que
el p oblema del eminismo español es p ema-
u o, po la incul u a y pe eza ac ual. Debe
comenza se po una nue a educación ísica y
una nue a cul u a emenina encauzada a ha-
bi ua al abajo.
5
1
TEMA SEGUNDO
In luencia decisi a que la educación y cul u a
de la esposa eje cen sob e el ca ác e y
conduc a del ma ido y como consecuencia
de los hijos
po
D1
a
Ma a Doménech de Calsellas
ILUSTRÍSIMO SEÑOR:
SEÑORES; SEÑORAS:
E
,
ema sob e el cual debo dise a es de ín-
dole an delicada y de an ascenden al
impo ancia, que nadie pod á achaca a exceso
de humildad ni a ana ó mula de co esanía
las p o es as que, p e iamen e, haga yo de mi
pequeñez in elec ual. Así, al decla a me inep a
pa a la misión que me ha sido con iada, pongo
a mi osadía el a enuan e de mi anqueza,
espe ando amino a el deli o de aquélla po
la i ud de és a.
Ni po un momen o podía yo pensa que un
día ue a in i ada a colabo a en la in e esan e
labo de di ulgación de las ideas de conoci-
mien o y es ímulo de la olun ad, acul ad que,
aseso ada po el en endimien o, debe p esidi
nues os ac os, según nos demues a la sana
y equilib ada doc ina del g an pensado Ma -
den. Considé ese, pues, cuál hab á sido mi so -
68
p esa al e me llamada aquí, donde in alible-
men e han de queda de audadas las espe-
anzas de quienes en mi escasa alía pudie on
con ia . Conociendo mis escasas ue zas, yo de-
bía declina el hono . ¿Po qué he acep ado,
pues? Po el impe io de o a ue za: de aquella
ue za que nos mue e a apo a nues a coope-
ación a las causas que sin e izan nues o más
ín imo sen i y pensa . Si conside a nos la i -
ud de esa ue za que me impulsa a emp ende
a ea an noble, halla emos que, po g ande
que ella sea, es mayo en mí el amo a la causa
que en ella se incula; po que si un espí i u
exis e que c ea en el impe io de la olun ad,
es e es el mío; y si un co azón puede habe que
sien a el gozo que de ese impe io dimana al
p esidi nues os sen imien os, ambién es e es
el
mío;
y si un alma puede halla se que, c e-
yendo se la enseñanza del impe io de la
o-
lun ad
un medio de esu gimien o y de ida
pa a su pueblo, se dé a ella po en e o, es a
alma es la mía; y, en in, si puede halla se
una
muje
con encida de que la más i me
base
de un pueblo es el
emple de sus
muje es, y
dispues a a da
su
ida pa a
educa lo en
al
sen ido, es a muje
soy yo.
liechas es as
acla aciones pasemos al es u-
dio,
po pa es, del enunciado del ema, empe-
zando po examina
lo
que ha sido y es la
muje .
69
Pa a mí, ella es quien ma ca el ni el mo al,
el es ado in elec ual de un pueblo. La mane a
como es conside ada y a ada demues a el
espe o a que se ha hecho ac eedo a, y a la
ez indica el bien que ha sabido in undi en
sus hijos. Y digo que
ella solamen e
es quien
se hace ac eedo a al a o que ecibe, po que
c eo que e dade amen e es ella quien modela
el alma, inicia las aspi aciones y alien a los
sen imien os de su pueblo.
Examinando e ospec i amen e la ida de
la humanidad has a donde alcanza nues a mi-
ada in es igado a, en e las nebulosidades del
pasado más lejano, emos que aquellos pueblos
de la an igüedad más emo a que deja on algún
as o de cul u a y de e inamien o, ya habían
hecho de la muje un cen o donde con e gían
sus ideales y sus sen imien os. Po el con a io,
los pueblos que menos han digni icado a la
muje , a ándola como a un se más o menos
ú il, son los que han i ido en es ado de incul-
u a y de sal ajismo. La muje de esos pueblos
no supo halla en sí misma la i ud mo aliza-
do a, se esignó a su emb u ecimien o, y dejó,
en consecuencia, que sus hijos se e olca an
en el mismo lodo.
Y hoy, si mi amos en o no nues o, obse -
amos el mismo enómeno; po que den o de
la humanidad ac ual los p ocesos y las e olu-
ciones espi i uales se p oducen idén icamen e
70
en los hijos po ob a y i ud de la espi i ua-
lidad y de la in elec ualidad de las mad es.
Comenzando po la an admi ada ci iliza-
ción helénica, como pun o de pa ida en e las
que nos son algo a ines, emos que el cul o a
la es é ica, p esidiendo odo sen imien o y oda
ob a, es su ca ac e ís ica; cul o que po idio-
sinc asia es inhe en e a la muje desde que,
casi ins in i amen e, da sus p ime os pasos po
caminos de mo alización y de cul u a. Can a
lo bello y lo bueno, compene ándose y comple-
ándose, e a la ónica de aquel pueblo; y desde
la obus ez de las es o as épicas a la g acia
de los e sos bucólicos, desde las augus as lineas
de los g andes monumen os al más sencillo
pliegue de las únicas de las beldades pe pe ua-
das en el má mol, odo demues a ese cul o a
la belleza y a la pe ección. Y e a sob e odo
en la muje donde ese cul o enca naba y donde
hallaba su más exquisi o símbolo.
Pasemos de esa ci ilización ne amen e g iega
a la ya más in ensa de los omanos, que, e-
niendo ya de suyo ida y ue za, se ap opia on
de los g iegos el cul o a la belleza, y e emos
ambién cómo las muje es inician a sus hijos
en semejan e cul o, demos ándolo cla amen e
el hecho de que la desmo alización
emenina
y
la consiguien e elajación del pensa y del
sen i inicia on la decadencia y causa on la
uina del coloso que, al o de muje es de al a
espi i ualidad, se halló p i ado de su mejo
balua e de de ensa con a la co upción in e na
y con a las acome idas del in aso .
Luchó el pode omano con la ci ilización
c is iana que, al p econiza se, ya busca adep-
os en e las muje es, po c ee y en ende
que sólo con ándolas como após oles de su doc-
ina log a á impone se. Y así ué en e ec o,
pues o que la muje de nues as adiciones
halló alo en sus c eencias y supo in undi a
sus hijos odo el a dimien o con que lucha on
con a la iloso ía de los e sículos del Ko án,
que amenazaba ex ende se e impe a po oda
la ieja Eu opa.
No es opo uno (apa e mi incompe encia)
hace aquí un es udio de odas las ci ilizacio-
nes; pe o yo c eo que en cada acon ecimien o
ca ac e ís ico de las mismas, en cada hecho
de alo , en cada mo imien o de a ance y de
e oceso, hallamos el sen imien o que lo im-
pulsa a, nacido en el co azón de la muje , que
supo da le ida y o ma en el seno de su pue-
blo. Y descendiendo del conjun o de una ci i-
lización y su pode ío a la eunión de a ios
indi iduos o amilias llamada sociedad, emos
que el cen o y el eje de los pequeños núcleos
es siemp e la muje . Tenemos, pues, que las
g andes ci ilizaciones ienen o madas po las
sociedades, las cuales ienen su o igen en las a-
milias; y siemp e den o de los núcleos amilia-
72
es encon amos a la muje aconsejando al es-
poso, y en calidad de mad e educando y mode-
lando el alma y el co azón de sus hijos. Desde
su si ial del hoga , ha sido y se á la muje , en
odas las edades y en odas las ci ilizaciones,
la modelado a del ca ác e de los pueblos.
No amos a a a de cómo han ap eciado
a la muje las di e en es eligiones conocidas;
es e asun o no es de nues o ema; pe o puede
sen a se como e dade o p incipio que, cuan o
más Lógica es una eligión, más es ima a la
humanidad en su na u al mane a de se , sin
da ni qui a p e oga i as a ninguna de las
dos mi ades que la in eg an.
La humanidad es un odo a mónico com-
pues o de dos se es que, compene ándose, se
comple an. Son an dependien es uno de o o,
que sin esa compene ación ninguno de ellos
exis i ía. De ello esul a que, siendo dos, son
uno, y siendo an di e en es, son iguales. Digo
que siendo dos son uno po que, al ando el
concu so de uno de ellos, no puede exis i un
e ce o. Po an o, uno solo no es su icien e a
sí mismo. Y son iguales po que, di e encián-
dose en las espec i as pa icula idades, nin-
guno de ellos puede desp ecia la coope ación
del o o pa a exis i . Es, po lo an o, ilógico e
i acional el conside a se supe io el uno al
o o, po que si es más ue e en al o cual
.e n im.ien o,
es
más
débil en
o o, y ice e sa;
73
naciendo de la dependencia esencial de los dos
componen es de la humanidad, la dependencia
cuali a i a, po que siendo las espec i as acul-
ades hijas de la especial mane a de se de uno
de ellos, ampoco puede posee las el o o; de
lo
cual se desp ende que deben espe a se y
a ende se mu uamen e en lo que son y alen.
P osiguiendo en el desa ollo de nues o
ema, si nos compe e es udia el
se muje
en
oda su pe sonalidad, debemos más especial-
men e hace lo en sus cualidades de esposa y
de mad e. A eso amos, pe o es algo la go el
camino, y no podemos acele a demasiado la
ma cha, pa a llega an p on o como quisié-
amos al in p opues o.
Empecemos po a i ma que la muje
es
ac eedo a a los mismos de echos y p e oga i-
as que el homb e; que si bien en el mis e io
de la p oc eación le ué ese ada po Dios la
unción más pasi a, en cambio, en la ob a de
o mación subsiguien e ella sola es quien ac úa
y ella quien con su p opia sang e alimen a al
homb e al nace , compensándose así una ue za
po o a. Eso en cuan o al sen ido subs an i o
de la humanidad, pues o que en el de inicia-
ción y educación, c eo p eeminen e el impe io
de la muje , como demos a é más adelan e.
La muje , de cue po más débil, pe o
más
lexible y más esis en e que el homb e, sien e
disminui , pe o no ago a se, las
p opias
ue -
8o
Y la sociedad en gene al (pun ualizo sob e
la sociedad de nues os iempos) ha de acep a
de buen g ado el ambien e de i olidad
y de
hipoc esía o mado po la mane a de se de sus
muje es. Y an iciada es á la sociedad den o
de es e ambien e que, como un en e mo del
pulmón a quien
el
oxígeno pu o moles a y ago-
bia, c ee ía ahoga se al p ime soplo de e dad
que emo iese sus pensamien os
y
pe mi iese
a la
muje educa se en los mismos p incipios
que el homb e. De odo lo cual se deduce que
las an decan adas hipoc esía y i olidad de
la muje ienen impulsadas po el sen imien o
de emo
de la misma sociedad, la
cual no a-
ciocina sob e el p incipio de que, si una ue za
exis e, en una o ma u o a se impond á en
la ida.
Así, si
la olun ad de la muje
impe ase
anca
y azonablemen e, ella ue a la
base
de su since idad en el p ocede
y de su
ec i ud
en
el ob a ; y
cuando la muje no ealiza a
cumplidamen e su misión educado a den o de
los sanos p incipios de la e dad, pod ían ha-
cé sele
más
ca gos y exigi le un
mejo cumpli-
mien o de sus
debe es, oda ez que en el mundo
de los e dade os conocimien os se le hab ían
concedido más de echos.
Ac ualmen e, las esponsabilidades que la so-
ciedad exige a la muje no siemp e son jus as,
ya que se la
man iene inconscien e, haciéndole
8i
pasa en e nieblas el camino de la in ancia,
pube ad, adolescencia y ju en ud. Así llega
a la pleni ud de su exis encia, al ma imonio;
y si bien al llega descub e el mis e io de la
ida del homb e, no po es o log a sabe más
de lo que ya, sin explicá selo, adi inaba su
ins in o, y con inúa siendo an indoc a como
an es en el conocimien o de la ida, del cual
hab ía de se ella la iniciado a.
Del ma imonio, base lógica de la socie-
dad, nace, impe ioso y a asallado , el po-
de de la muje ; y del ma imonio dimanan,
en consecuencia, el bien o el mal que ese pode
apo a a la humanidad. Mas si p oclamamos
las en ajas del ma imonio como medio de
o mación y de unión de las sociedades y de
los pueblos, no po eso desconocemos sus im-
pe ecciones ni las injus icias o inmo alidades
que, con ha a ecuencia, se le hacen encub i
y ampa a . Cons e, pues, que sólo del e dade o
ma imonio hablamos con simpa ía; es deci ,
de aquella unión a la cual an los con ayen es
guiados po el amo y deseosos de ene hijos,
única inalidad del ma imonio, según san Agus-
ín. Y cla o es á que en endiendo el ma imo-
nio así, deja emos a un lado los con a os,
en as, p os i uciones, con ube nios y demás
a eglos acomoda icios que a menudo pod ían
ene que e con el de echo penal y que casi
exclusi amen e debie an a a se po leyes me -
6
82
can iles. Deja emos ambién apa e oda o a
unión, dándola po desca ada de nues a cues-
ión y de los p incipios mo ales y sociales en
que se apoya.
Pe o an es de p osegui sob e es e pa icula ,
que emos hace una obse ación. No se c ea
que, po se noso os los p econizado es del
ma imonio, que amos impone lo como único
medio de ida, pa icula men e en la muje .
Nada más lejos de nues o modo de pensa ,
pues o que noso os espe amos oda o a opi-
nión azonada y es amos plenamen e con en-
cidos de que una de las g andes co upciones
del ma imonio es la c eencia, lle ada a la
p ác ica, de que la muje debe casa se como
medio de ida. A eso la induce la sociedad
cuando come e el c imen de no concede le pe -
sonalidad mien as es sol e a, y de es ingi le
los de echos en la iudez. Ninguna de esas
ignominias, ninguna de esas abe aciones iene
cabida en nues o ánimo. Si p econizamos el
ma imonio es po que c eemos q ue has a la
ho a p esen e es el más pe ec o es ado de la
humanidad, cos ándonos mucho no e en el
celiba o algo de inmo al.
Hecha es a obse ación, epe imos que es
necesa io que el ma imonio esponda a sus
al os ines; es necesa io que sus componen es,
homb e y muje , al da se po es ad sob e sus
cue pos, se hayan compene ado espi i ualmen e
83
y que sus co azones ib en conmo idos po un
mismo amo ; y es necesa io, además, que en-
gan conocimien o de los debe es y de las es-
ponsabilidades que espec o a la sociedad con-
aen, ya que hemos con enido en que el
ma imonio es la más i me base social. De la
p epa ación ma imonial de los con ayen es,
especialmen e de la muje , se han ocupado o
se ocupa án en es e ciclo de con e encias o as
men alidades más compe en es y cla as que
la mía; pe o ya que de la muje es oy hablando
en la cues ión ma imonial, séame pe mi ido
ocupa me b e emen e del o o componen e del
ma imonio: el homb e.
Va hemos dicho, al ap ecia las cualidades
del homb e y la muje , que se compene an y
se comple an uno a o o po la azón de que
son di e en es. También hemos a i mado que
el uno depende del o o y que, po an o, en
buena lógica no puede exis i supe io idad ni
in e io idad.
El homb e es más ico que la muje en ue za
po encial; más ue e de cue po, más ené gico
e impulsi o de olun ad, más ac i o anímica
y ísicamen e. Pe o ambién es menos analí-
ico, menos e lexi o. De pu o ue e, con e-
cuencia es queb adizo. Así le emos más ac i o,
pe o no an insis en e, pe sis en e ni pe se e-
an e como la muje . Sus sen imien os suelen
mos a se con al ehemencia, que ácilmen e
84
u ban
su in elec o y anulan su olun ad: de
lo que esul a que el más ue e es el más débil,
y el más sesudo uécase en más i e lexi o.
Y como en el ma imonio han de impe a
una misma olun ad y uh mismo sen imien o
de amo , de la buena di ección de esa olun ad
y de ese amo depende á la a monía ma i-
monial.
Y aquí llegamos a la en aña de nues o ema,
ya que la in luenc
i
a de la educación y de la
cul u a de la muje en el ca ác e y en la con-
duc a del ma ido, y en consecuencia de los
hijos, empieza a mani es a se con ese abun-
dan e caudal de olun ad y de amo que ha
de posee la esposa desde el p ime día de
su
ma imonio.
Dice un pensado que el homb e a al ma i-
monio lle ado po el deseo de posesión de un
eso o que es ima, y que, po lo an o, no se
impone
ni di ige, sino que sigue sumiso la luz
que le a ae y le guía; y que la muje , más
e lexi a, pe ca ada de su pode , con la p e-
sión de su, amo impone su olun ad al homb e,
el cual, que iendo posee , queda poseído. Pe o
si la muje no p ocede amo osamen e en esa
a ea de imposición de
la
olun ad, po ene la
mal educada, de segu o que al poco iempo
la compene ación de las almas se á nula, pues o
que,
log ado el eso o, le al a ya al homb e
el g an es ímulo de su ilusión, y p on o: :es él
.:A
85
quien impe a como dueño, ap opiándose odos
los de echos, mien as la muje abúlica pasa
a se obje o secunda io del esposo; o, en el
peo caso, si la muje impone su olun ad mal
educada, es deci , sus cap ichos, en onces el
esposo no los acep a, y ma chan cada uno en
sen ido opues o, es ando sólo un con a o bila-
e al cuyos socios no se a ienden, aniquilán-
dose así la base donde debía undamen a se la
amilia.
Pues bien; si es p incipalmen e la olun ad
de la muje y de la mad e la que ha de egi
den o del hoga , según lo indica la palab a
ma i-monio, ¿cómo ha de p ocede la muje
pa a impone su olun ad, en an o que el
homb e eje ce la suya en los agen es ex e nos
y demás elacionados con el
pa i-monio de
la
amilia?
Mi espues a se á una sola palab a, la de
siemp e: iCon amo y sólo con amo !
Amo es ida, amo es e y es ilusión, y es
con ianza, y es indulgencia, y es ca idad. Si
nos amá amos su icien emen e los unos a los
o os, pocos p oblemas hab ía que esol e y
pocos con lic os que es udia . Si los esposos
se ama an debidamen e, el hoga se ía odo
paz. Si supié amos ama a los hijos, ellos nos
ama ían, y la amilia, base de la sociedad, se ía
eliz. Pe o como el homb e lle a en sí el ge men
del bien y del mal, del mismo modo que sabe
86
aspi a el pe ume de odo bien, que es el
amo , sabe ambién pe cibi el háli o de odo
mal: o gullo, amo p opio con odos sus de i a-
dos, en idia, concupiscencia, maledicencia, e c.
La ciencia de las ciencias es sabe ama .
Cuando Dios nos hizo don del Decálogo, com-
pendió oda sabidu ía p esc ibiendo que le amá-
amos sob e odas las cosas a 'Él, y al p ójimo
como a noso os mismos. Con sólo es o nos dió
explicada oda la ciencia del bien.
Po an o, la muje ha de se manan ial de
ida y uen e de amo , y en consecuencia, es
quien más ha de sabe ama . Amo osamen e
cau i a á al esposo, amo osamen e educa á a
los hijos y amo osamen e ha á la elicidad del
hoga y de la amilia. El alo mo al de una
muje de olun ad i me y de co azón amo oso
es incalculable. Pa a ella no hab á obs áculos
que no cedan en las luchas de la ida, ni los
hab á ampoco pa a aquellos a quienes ella
cobije con su e nu a y con su decisión.
La que ales i udes posea sab á ap ecia
el ca ác e de su esposo dedicándole las mayo-
es solici udes, haciendo los mayo es sac i icios
po aquel homb e que ha de lab a su elicidad
y la de sus hijos. Y no nos e e imos solamen e
a las pequeñas ocupaciones case as, que, aun
no siendo desp eciables, pueden deja se en se-
gundo luga , sino al cuidado que ha de pone
en la comp ensión del empe amen o de su
87
ma ido, induciéndole, po medio del amo , a
ob a siemp e pensando en el bien de la ami-
lia, in undiéndole alien o pa a las g andes em-
p esas y los g andes pensamien os que le dic e
el conocimien o de las cosas, y p ocu ando, en
i
n, que su olun ad no des allezca an e las
di icul ades ni an e los escollos.
Ha de p ocu a se ambién, en odo y pa a
odo, como cla o y pulido espejo en donde pue-
dan con empla se su esposo y sus hijos. ¡Ni el
más pequeño háli o de o gullo o de amo p opio
han de llega jamás a empaña lo! Y no ol i-
dando que la mejo enseñanza es la del ejem-
plo, os en a á sin anaglo ia odas aquellas
i udes que quisie a ado nasen a aquellos a
los cuales in e esa la mane a de se de ella.
Ni la esposa ni la mad e deben deja nunca
una p egun a sin la espues a debida, ni han
de esca ima un consejo si pueden da lo con
conocimien o de causa. Es con enien e, pues,
que la muje , esposa y mad e, es é bien ins-
uida y educada, que no deje nunca de es u-
d
,
ia , que enga el posible conocimien o de odo,
que sea, en una palab a, un lib o abie o pa a
los se es que idos.
Que su palab a sea since a y con incen e,
llena del sen imien o de la e dád y del odio
a lo also y con encional; que hable como
piensa y piense como sien e, ya que sus sen-
imien os obedece án a su juicio, sos enido
88
po la ue za de su bien educada olun ad.
El solo hecho de cumpli una muje con su
ma ido, dándole plena posesión de su cue po
sin al a poco ni mucho a los debe es que al
po es ad impone, no es bas an e pa a consi-
de a la una buena esposa; como ampoco puede
deci se que una muje sea una e dade a mad e
po habe dado a luz un obus o ás ago ( enó-
meno que ob a la p opia na u aleza), ni po
habe lo c iado a sus pechos, pues unción es
és a que no c eemos pueda deja de cumpli
muje alguna, ya que, po humilde que sea,
no es in e io a la más insigni ican e o eja.
No. La muje e dade amen e esposa es la que
sabe lee en el alma de su compañe o, amoldán-
dosele en lo que enga de supe io y co igién-
dola en lo impe ec o y de ec uoso, y es e -
dade amen e mad e al ocupa se en la educación
del hijo desde el día mismo en que és e iene
al mundo. Educa le el alma es un debe sac a-
ísimo que a nadie debe con ia . Explica nues o
Guime á en su poesía
Als cinc anys,
glosan-
do su con esión de niño, el pa o que inspi-
óle la idea que de Dios le sugi ie an, has a
que su mad e, al acos a lo la noche de aquel
día, iluminó su in eligencia y consoló su co a-
zón in undiéndole la idea de Dios amigo de los
niños. «Uno e a el Dios de su mad e y o o el de
su p ecep o .» Uno solo e a Dios, una sola la
idea que de él debía ene el niño; pe o la mad e
89
le que ía y sabía in undi le la idea de la di ina
omnipo encia con palab a amo osa.
Con iene educa el in elec o y los sen imien-
os del niño p ocu ando acomoda nues a men-
alidad y nues a sen imen alidad a las suyas.
Y, ya llegado a la ju en ud, a a lo como
jo en; po que si bien la e dad es siemp e una,
no hay que ol ida que la humanidad la com-
p ende, la eme o la quie e según el desa ollo
de sus acul ades y de sus sen imien os. Uno
de los sec e os de la enseñanza es sabe se amol-
da a la edad del discípulo, y es a cualidad ha
de posee la la mad e en g ado supe la i o, no
dejando en absolu o su misión ni cuando el
hijo es ya homb e. Si no son enseñanzas lo que
en onces le dé, se án consejos, que en esencia
es lo mismo. Y la palab a de la e dade a
mad e es siemp e a endida po el hijo, el cual
esul a á
buen hijo en no en a y nue e casos
con a uno, pues o que ella lo hab á o mado
a su semejanza.
Tengan en buen ho a los niños p o eso es
que los ins uyan en ales o cuales conocimien-
os, pe o odo ello al a imo ma e nal y sin
deja de gua ece se bajo el hoga . El p o eso
cul i a á su in elec o, y la mad e, en an o,
no descuida á la educación de sus almas. No
es lo mismo ins ui que educa ; pa a lo p i-
me o bas a se buen pedagogo y conoce la
ciencia que se enseña, y pa a lo segundo es
96
consecuencia se á inmensa su acción en el campo
donde impe e, esul ando i i icado a y salu-
dable si ha sido bien encaminada, o demoledo a
y unes a si es incul a o pe e ida.
¿Quién su i á las consecuencias de la mala
educación de las acul ades y los sen imien os
de la muje , ya que, a pesa de odo, bien o mal,
ella ac ua á po de echo p opio, al igual del
homb e, en la humanidad?
Nues a gene ación y la enide a; noso os
y nues os hijos.
P ocu emos, pues, que la muje es é debida-
men e educada, como el homb e; dejémosle
ancas odas las u as pa a que llegue a su
pe eccionamien o; de ibemos, como lo han he-
cho o os pueblos cul os, los inmensos obs ácu-
los que el egoísmo social ha acumulado a su
paso; ab amos odos los campos del humano
sabe
a
la in eligencia de nues as esposas y
de nues as mad es, que ellas sab án ap ehen-
de y asimila odo lo que, pasado po el amiz
de su disc e a in eligencia y delicada sen imen-
alidad, sea base de la educación de nues o
pueblo.
Y dejemos que la muje emple su ca ác e
en las enseñanzas de los o jado es de olun-
ades, a cuya
angua dia ma cha se enamen e
el pensado Ma den enseñándonos el más anco
camino de la ida, aquel que pe mi e a anza
sin di icul ades si nos dejamos lle a po nues-
97
a olun ad bien o ien ada y po el op imismo
que dimana de la espe anza en el ideal. Sea la
muje la p ime a en conoce ese bello camino
de la ida, pa a pode mos a lo a su esposo
y conduci po él a sus hijos.
Resis ámonos a c ee , como nos dice el mismo
Ma den, que Dios pueda mo a se de noso os
in undiéndonos anhelos sin da nos ue zas pa a
pode los sa is ace . Si él nos hizo a su imagen,
no seamos noso os quien se oponga a la pe -
ección de su ob a. Dios c eó a la muje , y al
in undi le el alien o i al, in u,ndió en su alma
la esencia de las acul ades que posee. ¿Po
qué hemos de exigi le que las esconda? ¿Po
qué hemos de que e las a o iadas o pe -
didas?
Po las dep imen es condiciones en que du-
an e siglos ha i ido, nues o pueblo, a pesa
de ene un eso o de olun ad ocul o, ob a
como un abúlico. Él es, pues, quien más nece-
si a. de es as doc inas o jado' as de olun ades,
y nadie mejo que la muje , la esposa, la
mad e, puede inculca le la c eencia de que en
ellas es á su sal ación.
Y si an es me he di igido a las muje es
exho ándolas a que no deja an a sus hijos
en manos me cena ias, me di ijo aho a a los
homb es y les digo: No emáis pe e sidades
de la muje conscien e ni eceléis que quie a
usu pa ues o impe io, ya que, cuan o más
7
98
educada, más conocedo a se á de sus debe es,
y, espe ándose, os sab á espe a .
Que no impe e en oso os el egoísmo, sino
el amo a la e dad, luz que odo lo acla a.
Sabed e en la muje ues a he mana, ues-
a igual, ues a compañe a, y en onces con
el es ue zo de sus i udes y el pode oso
a ac i o de su olun ad, eje ce á amo osa-
men e decisi a in luencia sob e oso os y
sob e ues os hijos, haciendo de ellos un
pueblo de e y de olun ad.
LECCIÓN TERCERA
TEMA PRIMERO
Ve dade o concep o de los debe es sociales
de la muje y es udio sob e la educación
que debie a dá sele pa a que pueda cum-
pli con su misión de esposa y mad e.
po
D.
&
Rosa Sensa de Fe e
ILUSTRÍSIMO SEÑOR:
SEÑORES; SEÑORAS:
H
AST.A. es e momen o no me doy cuen a del
a e imien o que ep esen a po mi pa e
el habla os desde es e si io, que jamás po p o-
pia inicia i a hab ía enido a ocupa . Cuando
el en usias a o ganizado de es as con e encias
ué a pedi mi concu so pa a el es udio del
p oblema de la educación emenina, me encon-
ó, ap o echando las acaciones del e ano,
ocupada en es a cues'ción; y, na u almen e, lleno
el espí i u de las mismas ideas y p eocupaciones
que él me mani es aba, no acilé en deci le que
con ase conmigo, po que c eí que, como muje
y como maes a que sien e in ensamen e las
1-4
100
cues iones de educación, no podía nega me a
expone mi opinión espec o a un p oblema de
an i al in e és, a deci lo que de él me ha
enseñado la expe iencia y el es udio, en España
y en o os países; a con ibui con mi es ue zo
a una p opaganda ac i a y desin e esada en
a o de la educación de la mujex.
Y a eso engo, a cumpli con un comp omiso
con aído, sin iendo únicamen e no posee una
más bella y co ec a palab a que diese odo el
elie e y oda la ue za del con encimien o a
las cues iones que nos ocupan y que conside o
de la mayo ascendencia social. Con inco ec-
ciones, pues, que espe o end éis la amabilidad
de pe dona y con ando con ues a bene o-
lencia, oy a da p incipio a mi abajo, cuyo
ema es: «Ve dade o concep o de los debe es
sociales de la muje y es udio sob e la educa-
ción que debie a dá sele pa a que pueda cum-
pli con su misión de esposa y mad e>>.
Mi ema, seño es, como se puede e , es de
soluciones, es de a i maciones; no es de c í ica
de la educación ac ual que odos conside amos
equi ocada y de icien e, comple amen e des-
o ien ada y des ocada, inadecuada po comple o
a las necesidades de nues o iempo; es de eso-
luciones y de e minaciones, que ya es ho a de
que conc e emos en es a cues ión y nos pon-
gamos de acue do sob e la educación que con-
iene a la muje de la sociedad ac ual. Pe o
101
si educación quie e deci
o mación,
p epa a-
ción pa a una misión de e minada, hemos de
pone en cla o an es cuál sea es a misión, cuál
es el e dade o papel de la muje mode na en
el conjun o social. Y aquí en amos de lleno
en el p oblema eminis a, que an os egoísmos
pone de mani ies o, que an as con o e sias
o igina, que an os ecelos y suspicacias des-
pie a, segu amen e po lo inde e minado del
concep o o po no es a bien plan eado ni bien
comp endido. «Yo soy an i eminis a
s
>, me decía
días pasados una seño a. Pues yo soy e ai-
nis a, le con es é; pe o hablando, hablando, nos
encon amos pe ec amen e de acue do sob e
odos los aspec os de la educación de la muje .
La di e gencia, al pa ece , enia, pues, de no
da a la palab a
eminismo
el mismo alcance ni
la misma acepción.
Hablemos, pues, del eminismo, al como lo
en iendo, y e emos si nos encon amos con o -
mes. Pe o ¿qué
eminismo
debe se és e, os p e-
gun a éis, que empieza po habla no de los
de echos,
sino de los
debe es
de la muje ?
Es que, seño es, es muy sencillo y muy llano
p oclama un de echo,
pe o no
lo es an o cum-
pli con un debe ; y yo en iendo que solamen e
adquie e oda su pe sonalidad, oda su digni-
dad, aquel se humano, sea homb e o muje ,
que ha sabido, con es ue zos sucesi os de o-
lun ad, cambia en hábi o, casi inconscien e,
102
la lucha y el es ue zo que ep esen a, al p in-
cipio, el cumplimien o de un debe ; que ha
llegado a aquel es ado de pe ección en que el
debe se cumple con oda calma y se enidad,
con oda aleg ía, como una cosa na u al e
inna a, sin que quede en el ánimo la más lige a
somb a de is eza o de pena po no habe
ob ado de un modo con a io.
Y po es e mo i o, yo quie o habla de los
debe es
de la muje , po que quie o pa a ella
oda es a pe sonalidad, que hoy se le niega,
p ecisamen e po es o, po que no puede o no
sabe cumpli los.
El p ime debe de la muje , como el de odo
indi iduo, es el del abajo. En es o no admi o
di e encias ni excepciones pa a nadie. Es con-
dición p opia de la na u aleza humana, es el
cumplimien o de la ley biológica de la ac i i-
dad. Pe o has a aquí no se ía más que una
mani es ación na u al y espon ánea de su ida;
cuando adquie e e dade amen e el ca ác e
de un
debe
es en cuan o o ma pa e la muje
del conjun o social. Y a es e conjun o nadie
puede nega se a apo a su ue za, su p oduc-
ción, su concu so. El elemen o que gas a y no
p oduce es un elemen o pe u bado , es un
elemen o que se opone a la ley del p og eso
humano, la ley que hace a anza las ci iliza-
ciones. El p og eso sólo ha sido posible po
la,
asociación, po la di isión del abajo, po la
103
con ibución de odos los elemen os a la acción
común. Una sociedad es an o más ica y
más
ue e cuan os más miemb os ú iles posee, cuan-
os más b azos, más in eligencias iene pa a
p oduci ; luego la muje , que iene b azos, que
iene un pode men al (aun dando po sen ado,
de momen o, que sea in e io al del homb e),
iene el debe de pone los al se icio de la socie-
dad de que o ma pa e pa a con ibui a su
pe eccionamien o (es e anhelo supe io que
nunca debe queda sa is echo), y paga , en
cie o modo, abajando po las gene aciones
enide as, el bienes a , las comodidades y e i-
namien os de la ida mode na, de que dis u-
amos, y que nues os an epasados nos han
conquis ado a ue za de abajo y de abnega-
ción, muchas eces con el sac i icio de su p o-
pia ida.
El segundo
debe
de la muje es el de su
p opia educación, en _el más ele ado sen ido
de la palab a, en el sen ido de desa ollo de
las acul ades que posee y del pe eccionamien o
de odo su se . Educa se es con inua , consoli-
da la ob a de Dios. Y es e debe , que es indi-
idual, que eo muy pe sonal, lo es ambién
social, po que a indi idualidades más educadas
siemp e co esponde án sociedades más pe -
ec as. Y así como en la educación del homb e
se econoce que, apa e de aquella p epa ación
especial que le hace ap o pa a el desempeño
104
de una unción social de e minada, según su
ocación, ap i ud y condiciones na u ales de
su ida, ha de habe p imo dialmen e y an es
que odo aquella educación gene al pa a o -
ma al homb e como a al homb e en la unidad
y a monía de odas sus ue zas; así ambién
en la educación de la muje , lo esencial, lo p i-
me o, es o ma su pe sonalidad, la muje como
a al muje , con oda la pleni ud, con oda la
dignidad que la palab a encie a. El homb e
puede se médico, abogado, ag icul o ; pe o
an es que odo es homb e, miemb o de la g an
amilia humana; pues la muje ambién, apa e
de las ac i idades y de las ocupaciones a que
la lle e su des ino, ha de se
muje , po que
en la es e a de la na u aleza, aunque las leyes
del dimo ismo sexual es ablezcan di e encias
en e ella y el homb e, el concep o de iden idad
de especie los hace en e amen e equi alen es.
La muje iene una in eligencia, una olun ad,
una iqueza de sen imien os al ez supe io
a la del homb e; iene un se espi i ual que ha
de alcanza , con el conjun o de las demás po-
encias, una pe sonalidad.
El e ce
debe
de la muje , como indi iduo
de la especie humana, es da hijos a la especie;
como indi iduo social es da a la sociedad
homb es educados; a la pa ia, ciudadanos. Pe o
el mismo debe iene el homb e.
Nos encon amos aquí con el p ime núcleo
1os
social: la amilia. Es an g ande, an ex enso
en la amilia el campo de su ac i idad, es an
ascenden al en el conjun o de la sociedad
la
misión de la muje como mad e, que se ha
conside ado es a misión como exclusi a, como
su única, p opia y esencial misión. Pe o de en-
gámonos aquí, po un momen o, y eamos las
condiciones de la sociedad ac ual, al como la
ealidad nos la p esen a. ¿Puede la muje , en
es e pun o, elegi su des ino? Es que se ha
dicho y se ha epe ido mucho: «La misión de
la muje no es o a
'
que la de esposa y mad e»;
pe o, seño es, es necesa io econoce que pa a
que ella llegue a esposa y mad e es p eciso que
haya homb es que quie an se pad es y espo-
sos. La muje se encuen a, pues, muchas eces
en la imposibilidad de pode cumpli el debe
que la especie le impone, po que la sociedad
de hoy hace la ida muy du a pa a odos, y la
concu encia en el abajo, el enca ecimien o
de las subsis encias y o as causas e aen al
homb e del ma imonio. Es o, y el exceso de
población emenina sob e la masculina nos da
un an o po cien o c ecido de muje es que no
se casan, y de consiguein e, no pueden cumpli
con es a misión que se les concede como única
y exclusi a. Todos conocemos, po que son po
desg acia
nume osos,
es os casos de pad es que
no se han p eocupado del po eni de las hijas,
y no eniendo bienes de o una, no les han
112
los conocimien os indispensables pa a se una
buena educado a de sus hijos, pa a lle a a
cabo la g andiosa ob a de la educación del hom-
b e, sano de cue po y de espí i u, del indi iduo
equilib ado que, como unidad social, con ibuya
al mejo amien o de las sociedades u u as. Pe o
dejemos la c í ica, que se iene a los labios,
pues ya conocemos los de ec os de la educación
ac ual, y man engámonos en nues o p ime
p opósi o. A medida que el niño c ece, los p o-
blemas se complican. Hay que igila su salud,
su desa ollo ísico, las mani es aciones de sus
ins in os, hay que busca le escuela, pone se en
elación con el maes o pa a ma cha de acue do
en los p ocedimien os educa i os; hay que ene
su icien e ilus ación pa a sabe con es a a
las p egun as del niño, sob e los se es y las
cosas, sob e los enómenos del mundo q ue le
odea, sa is aciendo su cu iosidad en el momen o
mismo en que el in e és se p esen a, pues nunca
en a án en su men e las ideas con an a cla-
idad como en es os momen os, ni nunca se án
acogidas con an a con ianza como cuando salen
de labios de una mad e. Ha de es udia és a sus
40
ap i udes y adi ina su ocación. Ha de sabe
inspi a le amo al abajo. Ha de enseña le a
ama la Na u aleza y despe a le el gus o po
las mani es aciones del A e. Es o le apa a á
de di e siones g ose as y malsanas. Hay un
momen o en
la
ida del hijo en que la adqui-
"3
sición del gus o po el eje cicio ísico en plena
na u aleza, la uición de las bellezas na u ales,
puede p ese a le de una caída o de una indig-
nidad. Cuando hayamos hecho sen i al niño
odo el encan o de aspi a la escu a exquisi a
del ai e ma inal, el espec áculo de ju en ud,
de escu a, de luz, de con ianza y de abajo
que el campo p esen a; cuando le hayamos
hecho comp ende la belleza de las cosas que
se bo an y di uminan en aquel momen o exqui-
si o de una pues a de sol, al declina del día,
hab emos conquis ado pa a él una uen e inago-
able de elicidad, un medio de hace se la ida
más amable, hones a y bella.
Y hay una mul i ud de p oblemas a esol e
po la muje en la educación de los hijos: la
educación del sen imien o eligioso; la educa-
ción de la pu eza, asun o que sólo ella puede
a a con ac o exquisi o; la educación del
alo ; la del sen imien o pa io. La muje , has a
hoy, ha i ido demasiado e i ada y ecluida
en su hoga y se ha hecho egoís a y conse a-
do a. No i iendo más que pa a sí y los suyos,
en el es echo cí culo de la amilia, ha pensado
sólo en és a, en su obus ecimien o y en su
bienes a , desen endiéndose po comple o de
la acción social. Ha dicho y epe ido al esposo
y a los hijos: «La
polí ica no
os da á pan». «Vues-
o único debe es ae pan a casa», sin sospe-
cha , po incomp ensión e igno ancia, nues a
8
"4
solida idad con odos los miemb os de la socie-
dad en que i imos, sin islumb a siquie a
nues os debe es de ciudadanía. Po es o España
es uno de los países menos pa io as, po que
la muje , ence ada en su mezquino cí culo,
ha inspi ado a los suyos es e indi idualismo y
al a de espí i u público y colec i o que ma a
a nues o pueblo y es causa de nues a in e io-
idad nacional.
Pod íamos segui examinando el campo de
acción de la muje . ¡Cuán ex enso y as o se
nos p esen a, al conside a la como esposa, como
mad e, como ama de casa y di ec o a de odas
las ac i idades del hoga ! Lib os se necesi a ían
pa a conc e a lo y de alla lo.
Pe o ol iendo a nues o análisis de las con-
diciones ac uales en que la muje i e y se
desen uel e, nos encon amos con las siguien-
es ealidades: muje es que no se casan y que
imp escindiblemen e han de gana se la ida;
muje es que se casan y han de abaja pa a
ayuda a sos ene las ca gas domés icas; muje-
es que ienen po única ocupación el cuidado
del hoga y de sus hijos; muje es, po in,
que conside ando como mezquino concep o del
abajo el acudi a él sólo po necesidad, lo
emp enden
pa a
ennoblece su ida,
pa a se
algo en el mundo y
paga en cie o
modo la
deuda que con la sociedad enemos con aída.
Den o de es os é minos hay que conc e a ,
1
"5
pues, cuál es la educación que con iene a la
muje . Y en amos de lleno en el p oblema
pedagógico. No hay o o país en Eu opa, ue a
de Tu quía, que no enga más cen os de ense-
ñanza o icial pa a la muje que la escuela p i-
ma ia. La escuela llamada secunda ia, media
o supe io es á es ablecida en odos los países,
y an ex endida como la p ima ia en algunos.
Aquí no la enemos y la necesidad la impone,
No hay más que ab i los ojos y mi a . El
«Ins i u o de Cul u a pa a la muje )>, nunca
bas an e alabado, es una p ueba pa en e del
sinnúme o de muje es que buscan el pan de la
in eligencia. Nues o Ins i u o de segunda en-
señanza se llena de muje es en busca de se ios
es udios, de una ins ucción sólida.
La «Escuela del hoga y p o esional de la
muje
'
), en Mad id, ecien e es ue zo del Es-
ado, es lo único que enemos. Po boca de
un ex minis o, el seño Be gamín, en su dis-
cu so p onunciado en el Ins i u o de Cul u a,
dicho cen o no llena bien su inalidad. Sin
emba go, su c eación iene una g an impo -
ancia, po que e ela el econocimien o del p o-
blema de la educación de la muje po pa e
del Es ado. Escuela del hoga , po un lado, es
deci , la muje se ha de educa pa a mad e de
amilia; escuela p o esional po o o, es deci ,
la muje se ha de p epa a pa a gana se la
ida: dos necesidades sen idas po do quie a
116
en el mundo. Pe o enimos noso os y añadi-
mos: la muje se ha de educa , an es que odo,
pa a se muje , pa a alcanza su pe sonalidad,
sea cual ue e ul e io men e su des ino. Es o
modi ica los é minos del p oblema, po que es e
aspec o de la cues ión le da mayo ampli ud
y uni e salidad, ya que comp ende absolu a-
men e a odas las muje es.
Cada día se acen úa más en el campo de la
Pedagogía la endencia a conside a solamen e
dos es e as en. la educación del homb e: la edu-
cación gene al pa a o ma al homb e, com-
p endiendo in eg amen e el desa ollo de odas
sus ene gías psico ísicas sin excepción; la edu-
cación especial o p o esional que le p epa a
pa a el desempeño de una unción social de e -
minada, según su ap i ud y ocación. En cada
una de es as es e as, que son cuali a i as, hay
una se ie ilimi ada de g ados cuan i a i amen e.
La escuela p ima ia ep esen a el g ado p i-
me o de la p ime a es e a. Es al ez, con odos
sus de ec os, la p ime a que ha comp endido
su e dade a misión, o ien ándose cada día
más en el sen ido de es a cul u a gene al que
necesi a el homb e.
Como
a segundo g ado hay
el ins i u o. La muje que ha sen ido la nece-
sidad de una supe io cul u a al sali de la
escuela p ima ia, en nues o país, no hallando
un cen o adecuado, ha acudido al ins i u o;
pe o no es es o lo que le con iene. Y la p i-
me a azón es po que, al como es á o gani-
zado, ampoco con iene al homb e, pues no
ealiza aquella misión educado a, o alecedo a
de odas las ene gías, que an o el homb e
como la muje necesi an pa a cumpli sus debe-
es sociales. No le con iene, además, po o as
causas. El p oblema de la coeducación es á po
esol e , y no c eo que sea el ins i u o el campo
más adecuado pa a hace los p ime os expe i-
men os, ni la edad de los alumnos la más ap o-
pósi o pa a uni los cuando an es han i ido
sepa ados. No le con iene, ampoco, po que
pa a la muje , que iene la misión especialísima
de mad e, aunque no sea la única, son conoci-
mien os de cul u a gene al y no especial aque-
llos que la p epa en pa a aquella misión, que
muchas se pueden encon a en el caso de ene
que cumpli , y en el ins i u o de segunda
enseñanza no ienen cabida es os es udios.
La muje , pues, necesi a cen os de cul u a
gene al donde pueda encon a una sana, mo al
y equilib ada educación; una cul u a in eg al
sólidamen e undamen ada, una sa is acción a
sus ideales de
amo a
la e dad y a la ciencia,
una p epa ación. pa a ul e io es di ecciones;
cen os, en in, donde pueda encon a el ap en-
dizaje, apoyado en p incipios cien í icos, de su
p ime a ocupación: la de mad e, la de buena
ama de casa.
Yo no soy pa ida ia, seño es, de que se haga
de la llamada
escuela menagé e
una escuela
especial. En iendo que son conocimien os p o-
pios de odas las muje es los que las habili an
-P
pa a el buen manejo de la casa y la c ianza de
los hijos y que, sea cual ue e la di ección que
luego hayan de segui , no pueden desen ende se
del odo de los quehace es domés icos, que esul-
an más ing a os y pesados de lo que en ealidad
se án cuando se enseñen bien y se apoyen en
bases cien í icas. En las escuelas
menagé es
de
los Es ados Unidos la cocina es un e dade o
labo a o io y las ope aciones culina ias an p e-
cedidas de expe imen os químicos que explican
el
cómo
y el
po
qué
de lo que se hace, que
acos umb an a la p ecisión y a la pulc i ud,
lo cual en nada pe judica, sino muy al con a-
io, al sabo delicado de los manja es.
C eo que no debie a habe cen o de cul u a
gene al de la muje sin la enseñanza domés ica,
sin la enseñanza de la Pue icul u a, de la Hi-
giene, de la Economía y de la Pedagogía o
p incipios de educación. Y al deci cen os de
cul u a gene al, no excluyo la escuela p ima ia,
que c eo debe ía o ma , con las de segunda
enseñanza, un pe íodo con inuo de cul u a, una
se ie cíclica con p og amas más y más amplia-
dos. Así se ían dos g ados de una misma di ec-
ción de la cul u a de la muje ; el uno asequible
a odas, el o o pa a las muje es icas y de la
clase media cuyas necesidades de gana se la
ng
subsis encia no uesen an ap emian es. Cla o
que es de lamen a que haya muje es que en-
gan que deja la escuela a los doce años; pe o
la ealidad lo impone así. Pa a és as, ambién,
es p eciso que la cul u a gene al sea comple a,
aunque, na u almen e, más es ingida. Las cla-
ses de noche pa a adul as ienen a llena
es a necesidad de a i ma conocimien os y de
a a cues iones que no pueden se comp en-
didas a los doce años.
En
cuan o a la enseñanza de los quehace es
domés icos de un modo
p ác ico pa a
las niñas
que ecuen an la Escuela p ima ia, c eo que
no se puede p escindi de ella, y en la imposi-
bilidad de ene una ins alación de cocina, la-
ado, plancha, e c., en cada escuela, pod ía
adop a se la solución de B uselas, consis en e
en mon a unas escuelas del hoga popula es,
sencillas, modes as, económicas, con poco pe -
sonal, si iéndose casi del mismo de la Escuela
p ima ia, donde pudie an p ac ica po u nos
semanales las niñas del úl imo g ado de las
escuelas de un mismo ba io.
Y amos a la segunda es e a de la educación
de la muje : la educación especial. Pa a es o
hacen al a cen os de enseñanza p o esional
donde pueda ap ende la muje un o icio de e -
minado, con odo el buen ecnicismo que se
apoya en
el dibujo, en el a e, en las eglas del
buen gus o. Pod ían comp ende : co e, som-
120
b e os, lence ía, bo dados en blanco y a ís-
icos, deco ación de po celanas, enseñanza co-
m- cíal (mecanog a ía, aquig a ía, idiomas,
enedu ía de lib os, geog a ía come cial, e c.)
y
an os o os campos de ac i idad de la muje ,
que le pe mi an adqui i un medio de gana se
la ida deco osamen e.
Tend íamos, pues, al sali de la Escuela p i-
m .L ia dos di ecciones pa a la muje ; una, en.se-
ñ.auza gene al; o a, enseñanza especializada.
La p ime a pa a aquellas muje es que no u ie-
sen la imp escindible necesidad de gana se la
ida o ue an a ella en busca de p epa ación
pa a una ca e a. El cuad o de enseñanzas,
que no es posible aho a de alla , de es a Es-
cuela, que pudié amos llama secunda ia, debe-
ía comp ende es udios se ios, sólidos, ex ensos
de lo que cons i uye la cul u a gene al; pe o no
p opo cionados a dosis de es cua os de ho a
lección po p o eso es que saliesen de la
Escuela y no se p eocupasen más de las alum-
nas, sino po maes os o maes as que eje cie an
una acción cons an e sob e és as, una in luencia
espi i ual encaminada a la o mación de ca ac-
e es bien emplados en la i ud y de una
ele ada onalidad é ica. Ni alle ni uni e si--
dad es lo que pedimos; que emos simplemen e
una escuela, con oda la ele ada signi icación
que la palab a encie a. Es o quie e deci que
odo su plan, odos sus mé odos de enseñanza,
i
121
oda la ida de la escuela debe ía ene una
inalidad: la educación; y oda su o ganización,
odo su espí i u hab ía de i encaminado a la
o mación de muje es in eg almen e cul as, so-
cialmen e u ilizables, mad es y esposas pe -
ec as. Es os es udios se i ían, además, de
p epa áción pa a las ca e as y p o esiones a
las que se ha de pedi lib e acceso pa a la
muje .
En. cuan o a los cen os de enseñanza espe-
cializada, a los que pod ían acudi las muje es
que u ie an que gana se la ida más p on o,
hab ían de ene ambién cie as clases de am-
pliación de la enseñanza p ima ia, pa a no deja
de mano ni ol ida nunca, cualquie a que sea
la di ección que emp enda la muje , es a cul u a
gene al que la ha de hace ap a pa a cumpli
su misión de mad e.
Aho a, seño es, esumamos y conc e emos.
La muje se ha de educa pa a dos cosas p in-
cipalmen e: pa a bas a se a sí misma y pa a
se esposa y mad e; pe o la una no excluye a
la o a. La jo en cuando se educa, no conoce
su des ino. Ha de bas a se a sí misma pa a
conquis a su independencia, pues sólo así po-
d á lle a al ma imonio una idealidad y a ec-
os
del co azón y no la mi a
egoís a de una
solución al p oblema de la ida; sólo así pod án
cons i ui se los ma imonios bajo la única base
mo al que pueden ene , que es el amo . La
128
dones adop a una posición alsa a odas luces,
muy cómoda ambién pa a noso os, pues o
que con es e p ocedimien o esul a muy ácil
p epa a a los hijos pa a la ida.
Ved los u os que de ello ob enemos: hoga es
sin idelidad, hijos en e mizos, pueblos de escasa
i ilidad... algo así como la demolición de la
aza.
An ecede a la ma e nidad el ma imonio.
E nog á icamen e se ha p obado que las gene-
aciones p imi i as o ganiza on la amilia a
base del a ón, que con su ue za p o ege a la
muje y a los hijos que de
su
unión ob iene;
aun en
los
pueblos sal ajes es una ley el debe
del homb e de alimen a a la amilia, y an o
es así, que en e las azas poligámicas el hom-
b e no iene de echo a más muje es que las
que
puede man ene . La aíz del ma imonio
es á, pues, en la amilia, y así se explica que
en muchos pueblos no es álido el ma imonio
has a después que nazca un hijo. Pa a la cons-
i ución de la amilia es p eciso un momen o
decisi o en la ida del homb e, en el que el
yo
sien a ue e y decisi amen e la necesidad de
comple a se con el
ú,
y en onces su ge la cues-
ión de la elección sexual.
El a ón elige casi siemp e e ins in i amen e
a la muje jo en, sana y bien o mada; és a
p e ie e a los hé oes, a los audaces, a los ue -
es;
sien e así
más p o egida su debilidad.
En
129
el o den in elec ual, un homb e de in eligencia
cul i ada se casa con una muje poco ins uida;
en cambio, las muchachas ilus adas pocas e-
ces llegan a uni se con homb es za ios. Pa a
lle an a cabo la elección sexual en el o den
isiológico, la humanidad lle a en sí la noción
de la belleza, noción muy ela i a y di e en e
según los pueblos; así, mien as las aplas adas
na ices de los aus alianos exci an nues a hila-
idad, sien en ellos la comezón de la isa al
conside a la, pa a ellos, longi ud de la nues a.
Sin emba go y como egla gene al di emos,
apa e del ideal de la aza, de las cos umb es
de la misma y de los gus os indi iduales, que
pa a la elección sexual se busca en la muje la
pleni ud de o mas y la g acia; en el homb e,
la des eza y la ue za muscula . Digámoslo
con manos palab as: la salud. O os sen imien-
os in luyen en la elección sexual: el espe o,
la e nu a, a eces la compasión, la admi a-
ción, el deseo de cons i ui amilia... His ó ica-
men e pod íamos p oba , na ando el desa ollo
de la ci ilización humana, que en las p imi-
i as e apas es mucho más in enso el ca iño a
los hijos que el amo de los esposos. La deli-
cadeza en el a o y el amo en el ma imonio
ac ual no e an conocidos en las an iguas ci i-
lizaciones, a pesa de habe pueblos, como los
onganeses, que al mo i la muje se suicidaba
el ma ido.
9
13o
A medida que a anzamos en la ma cha p o-
g esi a de la humanidad, los espí i us se a i-
nan, y apa e de la ley isiológica, in luyen en
la elección sexual, como una p econdición pa a
exci a la simpa ía y el a ec o, la comunidad
de opiniones, de sen imien os, de cul u a; ya
el a ón a comp endiendo la igualdad de los
dos sexos y se acos umb a a conside a a su
muje como una compañe a. A pesa de odo
ese esu gi espi i ual, hay casos, po desg acia
muy ecuen es, en que quizás po exceso de
e inamien o, y alga la pa adoja, como si qui-
sie a enace en e noso os el ma imonio po
comp a de o as épocas y aun aho a de pueblos
sal ajes, el cálculo, con su desca nada ga a,
deshace el ideal de belleza, salud, in eligencia, i -
meza de ca ác e , capacidad pa a el abajo, pa a
iza sob e es as uinas la bande a del dine o...
Y cuando es o ocu e, hay en el ma imonio
un pecado de o igen que a a ez se bo a. Pa a
desasi se de esa ga a o pa a no deja se coge
po ella, la muje no iene más ecu so que una
educación sexual se ia, azonada, lógica que
la ponga en condiciones de sabe lo que a a
hace , a lo que se expone y qué esponsabilidad
adquie e al pode os en a el í ulo de mad e;
bien pe echada, no es di ícil que la aigamb e
del cálculo y del in e és mengüe i alidad y
lozanía a sus ideales hondamen e sen idos y
azonadamen e cimen ados.
131
Lle ado a cabo el ma imonio, al que an la
inmensa mayo ía de las españolas unas eces
empujadas ciegamen e po la simpa ía, o as
po la pue ilidad de no se sol e onas, en oca-
siones po encon a quien las man enga, se
p esen a el p oblema de los hijos; p oblema
que aquí esol emos con la ingenua desp eocu-
pación de la igno ancia. Dimana es a igno ancia
de la escasa o nula cul u a que de es as cues io-
nes apo a la muje al ma imonio. No conoce-
mos al casa nos ni nues os debe es ni nues os
de echos; debe íamos, pues, se i esponsa-
bles, i esponsabilidad muy denig an e en
noso os que que emos ceñi la diadema de la
acionalidad.
Hemos indicado ya que los hijos cons i uyen
el ínculo ilogénico y aun psicológico del ma-
imonio; son lazo que une y a a a los indi i-
duos de una amilia. Cuando dos indi iduos
han p oc eado hay o debe habe en e ellos
una al comunidad de debe es, una esponsa-
bilidad an g ande, que aun cuando o a cosa
no les jun a a, eso debie a uni les. Tienen los
pad es pa a con los hijos debe es ineludibles
que cumpli que, apa e de que se sien en y se
cumplen ela i amen e, el Código los ma ca,
como es sabido. Se ía muy discu ible si el hom-
b e, je e sup emo de la amilia, conoce sus debe-
es pa e nales y los lle a a cabo; los negocios,
los queb ade os de cabeza, dicen ellos; y yo
132
añado, las e ulias en casinos, los
oye s
de los
music-halls,
la comodidad de qui a se de encima
un debe , les impiden ocupa se de los hijos.
Spence , con una i onía inísima, dice: <‹Nues-
os homb es se p eocupan de ob ene un ca-
ballo de aza, un pe o que gane el p ime
p emio en cualquie exposición; en cambio, les
iene sin cuidado que sus hijos se c íen enclen-
ques y delgaduchos*. Qué g an e dad y como
odas ellas ¡cómo nos deja el palada ama go!
No es es a ocasión de habla de los homb es,
pues o que el
Cu sillo
es de educación eme-
nina y a és a debemos e e i nos.
Los eminis as aná icos son pa ida ios del
ma ia cado en el sen ido de que la mad e, que es
la que más unida es á a los hijos, les dé su nom-
b e en jus a compensación a lo ol idada que
quedaés a en odo lo que a ida ex e io y social
se e ie e, ya que la mad e su e dolo es po
los
hijos, desgas a sus ene gías i ales po ellos, les
p odiga sus cuidados y los educa, aun cuando po
al a de p epa ación lo haga de icien emen e.
Hoy sabemos que la denominación po línea
ma e na queda sólo pa a aquellos que ue on
engend ados sin habe cumplido sus pad es las
o malidades eligiosas y ci iles. ¡O a c ueldad
de nues a ci ilización, o mejo , de nues os
homb es, que no sien en en su conciencia la
necesidad de a on a lo hecho con denuedo
y con alo !
133
Con espec o al ma ia cado yo no es in-
gi ía an o su campo de acción. En cuan o a
los apellidos soy pa ida ia de que se os en en
los de ambos pad es; ambos nos engend a on,
de ambos debemos pe pe ua el nomb e.
En
mi
opinión, el ma ia cado se ía una especie de
ins i ución que ma ca a a la mad e odo lo
que debe hace po sus hijos, que no son
suyos
sólo, sino que pe enecen de hecho y de de echo
a la sociedad en que i en, a la nación que los
cobija bajo su bande a, y a ella ha de da
cuen a de los homb es que le p epa a.
- En es e sen ido acep a ía yo el ma ia cado,
po que digni ica a la muje , dándole la no ma
de sus debe es ma e nales. Una de dos: o a iende
el homb e a sus debe es de pad e, o capaci a
a la muje pa a que sea la ue za mo o a que
imp ima mo imien o y ida a la minúscula
sociedad conyugal.
En
es e sen ido debie an auna sus es ue zos
los que es án en ac i ud hos il al eminismo y
los que son a o ables a él, po que en es e
campo nada end ían que eme los p ime os
y mucho adelan a ían los úl imos. Si la muje
ha de se sólo muje en el sen ido de queda
elegada a las ocupaciones domés icas, lo menos
que podemos pedi es que és as las hagan con
conocimien o de causa. En e la muje educada
y la que no lo es á, es ablezco yo un simil, ul-
ga , pe o eal, a mi en ende . Va la misma di e-
134
encia en e la muje p epa ada pa a sus debe-
es y la que no lo es á, que en e el ama de
casa y su c iada. És a ba e, qui a el pol o,
pe o po encima, en lo que se e; aquélla busca
los incones, a egla sus a ma ios, o dena los
más nimios po meno es...
La mad e ins in i amen e la a a su hijo
cuando es á sucio o no lo la a nunca; la mad e
conscien e lo la a como medida p e en i a,
sin espe a a que se ensucie; aquélla da el pecho
a su hijo cada ez que llo a; és a, con más
ca iño, eglamen a al niño las e adas pa a e i-
a al ie no es ómago de su bebé un abajo
pe judicial po lo excesi o. Y así i íamos en-
con ando di e encias siemp e a o ables a la
muje aseso ada po una azonable educación
domés ica.
Po es o, ya que no po o a causa, con en-
d ía da a la muje una educación ma e nal
concienzuda.
Si se me p egun a a po dónde debía empeza
dicha p epa ación, di ía sin acilación alguna
que po nociones de eugenesia y aun de pa olo-
gía y psicopa ología sexual, pues o que el da
hijos sanos a la sociedad no depende sólo de
que la muje los cuide bien después de nacidos.
Es la eugenesia, seño es, una, se ia en a i a
de egene ación de aza; en aña una sana mo-
al, pues o que anhela conduci al jo en a un
encimien o de sus pasiones, sob eponiéndose
135
a ellas y aun a sus sen imien os cuando la
obje i idad de és os no se di ijan a un bien
común; iende la eugenesia a que el homb e
con íe en él mismo po su po encia ísica, po
su capacidad in elec ual, po el dominio de su
olun ad; es ambién su in hace de la muje
un se ené gico, con ue za oli i a, de ele ados
sen imien os, de g áciles o mas y de obus ez
o gánica que pe mi an espe a de ella hijos
igo osos. Cues iones son an impo an es y
an necesi ados es amos de a ende a ellas, que
yo no acilo, aun en época en que oda ía no
enemos las muje es belige ancia, en p ocla-
ma me de enso a de una ciencia que homb es
y muje es debe íamos conoce an es de uni -
nos en ma imonio, pa a no o ece al mundo
gene aciones de se es depaupe ados.
¿Po qué no habla a la muje de pa ología
y psicopa ología sexual? ¿Po qué no impone la
de esos a la ez deg adan es y dolo osos es a-
dos ano males isiológicos? Si de no decí selo
dependie a que en sus ojos de adolescen e con-
inua a siemp e la enda de la igno ancia, yo
se ía la p ime a en demanda silencio; pe o si
después la ida, imponiéndose, le ha de mos a
odos sus ho o es y a eces lace a su alma
al hace p esa en sus hijos, ¿po qué ad e i la
cuando no hay emedio?
Y
po o a pa e, si no las conoce, ¿cómo
pod á di igi a sus hijos cuando llegados a la
136
edad c í ica necesi en de sus ad e encias, de
sus consejos, de su solici ud ma e nal?
Tal ez al oi es o alguien sen i á la ala ma
p opia de oda inno ación, y sin emba go no
hay pa a ello mo i o. Tengo la absolu a segu-
idad de que si se lle a a a la muje has a la
na u aleza y supie a e la con el p isma del
sen imien o a a esado po la luz de la ciencia,
nos encan a ían después los ma ices de e da-
de o pudo , cas a dignidad y na u alidad su-
blime en que queda ía en uel a y es umada el
alma emenina. Tal como ob amos, podéis
c ee lo, esas cabeci as ado ables de ju eniles
muje ci as ienen un cendal blanco de igno-
cencia; pe o le an adlo y e éis po den o los
moles os e lejos de la malicia.
Suponiendo ya a la muje casada, suponiendo
que ha de se mad e de un hijo, es menes e
p epa a la pa a sabe cómo ha de conduci se
mien as lle a a su hijo en las en añas y qué
cuidados deben dá sele cuando llegue al mundo;
a ese hijo es p eciso es i le, hay que alimen-
a le, p ime o con leche, después haciendo las
comidas comunes; ese niño echa á los dien es,
a ese hijo hay que des e a lo; c ece á y en su
c ecimien o pueden habe c isis; a ese hijo hay
que o ma le el alma, hay que hace le homb e,
en una palab a.
Cada uno de los pun os iniciados da ía ma -
gen no a una lección, sino a un Cu sillo pa a
137
de alla lo. Hoy hemos de conc e a nos a sem-
b a la semilla de nues as ideas en oso os,
campo abonado po que de no se lo no en-
d íais a oi nos —, pa a que ge minen aho a y.
uc i iquen más a de si algo de lo dicho ponéis
en p ác ica.
Respec o a los es idos nos limi a emos a
deci que lo esencial en an i al asun o es que
no impida la libe ad de mo imien os de las
ex emidades y del onco del niño, a in de
que se desa ollen no mal y con enien emen e
sus sis emas óseo y muscula . Ya sé que al
sis ema caduco y malo de la aja y los pañales
ha subs i uido el mode no es ido a la inglesa;
pe o sé ambién, y c eo que es a éis con o mes
conmigo, que ello no ha sido más que una
imposición en nues as cos umb es de la moda,
y que, po lo an o, no es que la muje en gene-
al se haya dado cuen a de que e a p eciso se
más humanos con los niños y no o u a los
mien as inde ensos odo lo espe an de nos-
o os, is iéndoles, a p e ex o de cub i sus
encan ado as y osadas ca nes, con una unda
a ada con endajes a mane a de momias egip-
cias.
Me undo, al deci que se is e a los niños a
la inglesa po imposición de la moda, en un
hecho eal.
La muje del pueblo, la que da más con in-
gen e de población, is e a su hijo oda ía con
144
hado, aun cuando ue a sólo bosquejándolo,
que no llega la muje al ma imonio en condi-
ciones de da a la sociedad hijos sanos. Y no
sólo ca ece de condiciones po la educación
que ella pueda da , sino po la que ecibe,
pues o que su misma p epa ación ísica pa a
la ma e nidad es de icien ísima, o mejo , nula.
No pa ece sino que los músculos y los huesos
de la muje hayan de es a e e namen e en e-
poso según la educamos en pleno seden a ismo.
Dice ambién el ema: buenos y hon a-
dos. ¡Cualquie a se a e e a da su opinión
sob e es e asun o!: pe o es es e un cu sillo de
educación en el que se me ha pedido mi c i e-
io y oy a expone lo noblemen e.
En cuan o a buenos, pod íamos se mucho
mejo es de lo que somos; en cuan o a hon a-
dos... depende de la acepción que se le dé a la
palab a. Yo en iendo que no sólo pie de su
hono el que oba en despoblado, el que ase-
sina..., y opino que deja de se hon ado el que
se ap o echa de una idea noble pa a encum-
b a se y med a , el que hace de su p o esión
un medio de luc o, el que se a as a ilmen e
mendigando lo que pudie a alcanza con más
ene gía de su pa e, el que halla el medio de
i i a cos a de o o, el que no sabe gua da se
a sí mismo espe o, el hipóc i a, el calumniado
de o icio, el mogiga o; odo ello cons i uyen en
el c is al de la hon adez ace as sin e lejos.
145
no
1:1
sos
e.
lán
de
e-
Y en es e sen ido oda ía queda mucho que
hace pa a que podamos llama nos hon ados.
También aquí la in luencia de la mad e es
in e esan e y decisi a, pe o no única. Cuando
el hijo ac úa lib emen e en la amilia, de lo
que pueda se iene an a esponsabilidad él
como la mad e y quizás más aquél, pues o
que ep esen a la je a u a, el o den, la
disciplina; es deci , el ce eb o y la olun ad,
mien as la mad e es el amo , la e nu a, el
a ec o, en una palab a, la sensibilidad.
Po lo que a ec a a la muje , ampoco se la
pone en condiciones de educa mo almen e a
sus hijos, en e o os mo i os, po que el p i-
mo dial in de es a educación consis e en p e-
pa a a los hijos pa a que i an su p opia
ida, pa a que ac úen con libe ad y con inde-
pendencia, y ¿cómo pod á la muje hace nace
esos anhelos si ella i e sin una y o a? Con-
engamos en que a la muje no se le concede
independencia ninguna y en esa limi ación de
su ida espi i ual hay que busca p ecisamen e
la causa de sus pue ilidades. También es e -
dad que espe ando su de echo a la libe ad,
al como hoy la educamos, es un pelig o, po que
sin conciencia p opia bien de inida pasa ía muy
p on o de la on e a de la libe ad al lib e albe-
d ío, y cuando el se humano conoce sus de e-
chos e igno a sus debe es se con ie e en un
obs áculo pa a el desen ol imien o de la huma-
1
0
146
nidad. An es de da le libe ad a la muje hab ía
que p epa a la pa a al e inamien o; de lo
con a ío, no sab ía usa bien de esa excelen e
p e oga i a.
Educada en la idea de la esponsabilidad de
sus ac os, se ía más mo al (la bondad sin libe -
ad pa a hace el mal no es al bondad) y o e-
ce ía a los suyos ejemplos sublimes que imi a .
Si la mad e uese la cons an e compañe a de
su hijo, si jun ándose a sus aleg ías uese pa -
ícipe de ellas, si supiese en e e en e sus jue-
gos sus ap i udes y las a o eciese y encauzase
has a alcanza la inalidad buscada, si en las
decepciones de la amis ad encon ase el apoyo
del ca iño inmu able ma e nal, si le enseñase
a sopo a con alo las di icul ades de la ida,
en el co azón del niño i ían cayendo semillas
de bondad y de hon adez que se ans o ma-
ían luego en ie no amo a su mad e, en sin-
ce o a ec o a bu hoga , en g an espe o a su
pa ia, en amo y ansigencia a los homb es;
has a su sen imien o eligioso se ía más depu-
ado, po que lo a alo a ía una conciencia ec a.
Si la muje -mad e supiese hace de sus hijos
se es igo osos y sanos, end íamos mucho al-
canzado pa a llega a una educación mo al
comple a, po que los ue es, po lo egula , son
buenos; los en e mizos son se es pusilánimes,
muy capaces, po que les al a la ue za, de acu-
di a odas las debilidades humanas pa a llega
147
a donde se p oponen; y es que al ene débil el
o ganismo se debili a ambién la olun ad y
se es uman los sen imien os. Los sanos son
ené gicos, aleg es, jus os en sus concep os; los
débiles son egoís as, is es, de ca ác e acomo-
da icio. No ienen culpa; su alma ecibe imp e-
siones pob es po mediación de su cue po de-
paupe ado. Po el con a io, la salud co po al
iene a se sinónimo de bondad de alma; po
eso end ía g an alo social que la mad e,
cuando no o a cosa, supiese da hijos sanos y
ue es a la sociedad.
Aho a bien; ¿dónde adqui i á la muje su
educación ma e nal?
La opinión de muchos es que en la escuela;
no soy con a ia a esa opinión, y al es así que
en la de mi di ección engo es ablecida la ense-
ñanza de la pue icul u a desde hace mucho
iempo; en iendo, desde luego, que en la escuela,
como cen o educa i o, es donde han de ini-
cia se los p oblemas de la ida; pe o sé ambién
que la maes a ha de epa i el iempo en la
enseñanza de a i mé ica, g amá ica, geog a ía,
geome ía, his o ia, eligión, ciencias ísicas y
na u ales, lec u a, esc i u a, higiene, isiología,
música, abajos manuales, dibujo y labo es,
esas labo es, único encan o de los pad es, que
oban a la muje ho as y ho as en la época de
su p epa ación anímica.
Inú il es deci que la escuela educa i a sabe
148
encon a elaciones en las di e sas enseñan-
zas, ag upándolas según su mayo a inidad, y
con es o ab e ia iempo; la escuela educa i a
deja las ó mulas y i e lo que enseña, con lo
que las epe iciones no se imponen; pe o a pesa
de es o, si bien acep o que en la escuela p ima-
ia se den nociones de educación ma e nal,
en iendo que debie an habe escuelas donde
esas nociones se ampliasen y se pe ecciona an.
Eso es lo que se hace en cualquie p o esión;
cuando sale de la escuela, la muchacha busca
el alle , la áb ica, el almacén, el esc i o io, e c.,
donde hace el ap endizaje pe eccionando lo
ap endido en la escuela. ¿Po qué no segui
un camino semejan e en la, llamémosla p o e-
sión de mad e, si es la más augus a pa a los
pueblos y la que mejo eje ci a la muje , po -
que en ella pone oda su alma?
La escuela p ima ia educa i a descub e ap i-
udes, pe o no las especializa; he ahí la azón
del po qué, como una inalidad p ác ica de
es e
Cu sillo,
p opond ía la c eación en Ba ce-
lona de una escuela donde la muje se ins u-
ye a en odo cuan o a economía domés ica se
e ie e y de un modo especial a la pue icul u a
y ma e nología.
El Es ado debie a p eocupa se de la c eación
de esas escuelas especiales donde la niña hiciese
su ap endizaje de u u a mad e, y a él debie a
acudi se en demanda de escuelas del hoga
149
donde p epa a a la muje pa a su ca go de
ama de casa; pe o si no lo ha hecho ¿po qué
espe a ? Todos enemos el debe de coadyu a
al eng andecimien o mo al y ma e ial de nues-
o pueblo, y si el hace mad es conscien es
hubiese de se en bene icio del mayo ni el
mo al y del mejo amien o de la aza, e
g
inne-
gable que a ello debié amos di igi nues os
es ue zos, sin espe a a que nos die an la cues-
ión esuel a.
Si aho a me obliga ais a deci cómo se lle a-
ía a cabo la c eación de esas escuelas, no os
pod ía con es a conc e amen e; es en mí un
ideal que os ansmi o po si que éis soña en
él; pe o si ese ideal nos p opusié amos eali-
za lo, p on o se ia un hecho; es amos en ie a
ca alana, en ie a donde oda cul u a a aiga;
hay aquí excelen es ps
;
quia as, es udiosos
pe-
dagogos,
maes as me i ísimas. Hay ambién
cen os educa i os emeninos (i) donde se a-
baja con en usiasmo plausible y con esul ados
posi i os; ellos quizás nos cobija ían has a an o
que el Es ado los es ableciese po su cuen a.
Ya eis como enemos elemen os; al ez
nos al a a ambien e, po que sabed que am-
bién hay muje es de pasi idad al que cuando
se les enseña a ab i se paso p e ie en queda se
(i) Ins i u o de segunda enseñanza pa a la muje e ,Ins i u
i Biblio eca pe a la dóna›, di igido po la seño a Bonnemaison
de Ve dague .
150
quie as, po que, desde luego, es más cómoda
la paz que la lucha. Si ese ambien e se hicie a,
el p oyec o es cosa, muy ac ible; una ez pues o
el ideal en el c isol que hab ía de con e i lo
en ealidad, la o ganización su gi ía po sí sola;
es cues ión, pues, de olun ad.
No se c ea que con es o c is aliza ían mis
aspi aciones con espec o a la educación eme-
nina; ha habido épocas en mi ida en que he
sabido lo que e a ene se que ale po si p opio
y po eso sé ambién lo necesa io que es capa-
ci a la pa a la lucha; en es e sen ido, b illan í-
sim.amen e han expues o las dis inguidas damas
que me han p ecedido en el uso de la palab a
su aliosa opinión, opinión que yo hago mía;
po que en iendo que no es sólo la inalidad de
se mad e la que debe inspi a a la muje , ya
que no odas se casan. Mi debe en es e
Cu sillo
e a p oba la de icien e educación del hoga
que la muje lle a al ma imonio y a ello me
he limi ado; muchas de las damas que han
ac uado ya, abundan en la idea de que oda
de iciencia en la cul u a emenina emana de
la p imacía del homb e que, con el de echo del
más ue e, le ma ca una o ien ación limi ada
y ahoga sus aspi aciones y su libe ad en e
es echos moldes. Lle an azón; pe o yo no
c eo que deba insis i en habla de es e asun o.
Si alemos más o si alemos menos, si nues-
a capacidad es meno o mayo ... son cues-
151
iones bizan inas poco in e esan es ya. Ade-
lan e, adelan e siemp e, poco a poco, ab ién-
donos paso en nomb e de nues a libe ad de
se es humanos, y si la labo es p o echosa,
iun a emos.
Pa a que las de iciencias de la cul u a eme-
nina se ans o men o acaben es p eciso cola-
bo a odos en su educación, empezando po
que el homb e mismo se dé cuen a de ello y
colabo e en ob a an ascenden al, con la segu-
idad de que o mando espi i ualmen e a la
muje ha de encon a una auxilia y no una
compe ido a.
Si odos abajamos con e, alcanza á la ida
de amilia odo su alo .
El ma imonio se ha á en e gen es ins ui-
das en las elaciones sexuales y los e en uales
pelig os que de ellas pueden dimana ; sab án
que el abajo es condición p ecisa pa a la
exis encia de odos; homb es y muje es se da án
cuen a de la di e encia de su misión indicada
po el sexo y la indi idualidad.
Se inclina á a los hijos a gana se los goces
y a me ece su sus en o, po que se les c ia á
ue es y hon ados; hab á aleg ía en la amilia,
po que hab á salud. Limpieza ex emada, es é-
ica y a e eina án en el hoga y el amo se á
más ue e po cuan o no a a án a la amilia
lazos de in e és ma e ial.
Todo ese milag o pod ía e ec ua lo una muje
152
educada di igiendo un hoga bien cons i uido.
¡Que no pese sob e nues a conciencia el apla-
zamien o de esa ob a de amo y _de bien social!
y pa a que así no sea le an emos bande a de
educación emenina que os en e el lema: ma e -
nidad, au eolado po los i isados ma ices de la
ciencia y nimbado po las ilig anas del sen i-
mien o.
LECCIÓN CUARTA
TEMA ÚNICO
El sen imien o eligioso en la muje española
po
D. Dolo es Monse dá, Vda. de Maciá.
ILusTRISIMO
SEÑOR:
SEÑORES; SEÑORAS:
E
L benemé i o edi o y en usias a p opagan-
dis a de cul u a cí ica y mo al
D.
Miguel
Pa e a, u o la a ención de solici a mi concu so
pa a es e ciclo de con e encias o lecciones enca-
minadas a la ilus ación y enal ecimien o de la
muje ; y a pesa del in enso a ac i o que pa a
mí iene la idea, como es un ema que desde
el año 1869 en con inuados a ículos y úl ima-
men e en mi lib o
Es udi eminis a
he enido a-
ando con algunas de las mismas o ien aciones
expues as es os días (lo que me obliga a epe i
concep os y mani es a los después de habe sa-
bo eado el público los compe en es abajos de
las no ables esc i o as que me han p ecedido),
esul a de odo ello una an g an des en aja
pa a
mi,
que únicamen e la ele ada signi ica-
ción que a mis ojos iene el ema que se me ha