scieee Open visual document viewer

Evocación de don José Sebastián Bandarán

Gutiérrez-Álviz y Armario, Faustino

Full text

EVOCACION DE DON JOSE SEBASTIAN BANDARAN (*) POR FAUSTINO G U TIÉRREZ-ALVIZ Y ARMARIO Lo p ime o qu e exige la jus icia es ag adece ues a p e- sencia en es a sesión so lemn e en conmemo ación de nues o an os años Di ec o D. José Sebas ián y Banda án . Lo se- gundo, aplaudi el acie o de cuan os desde el día de su óbi o han es udiado y glosado pe iles di e sos de su acusada pe - sonalidad y de los no meno s a iados aspec os de su ob a , y, muy especialmen e, elici a a los doc os compañe os que han hecho uso de la palab a en la a de de hoy. Nues o insigne p edeceso ha dejado una huella p o un- da con su labo sace do al, p o eso a} y académica; como his o i a do , como c ul i ado del a e , como o ado , como pa- ne g i is a apasionado de Se illa, como di ulgado de la mís- ica , como homb e simp lem en e de su iempo. Muchos de los que se han ocupado de él lo han hecho con sob ada au o idad, pues di ícilme n e no pudie a halla se en- e los sob e i ie n es de sus con empo áneos na ado es más in o mados, ni más a ec uosos, doc os y amenos. En ocasio- nes, a a és de la anécdo a o de la e e encia pe sonal , po unos ins an es se nos ha es i uido la in imidad del inado insigne. Hoy que, en el o den del i e mpo y en el de los me ecimien- (*) Palab as p o nun ciadas en la Se sión-homenaje en Ja cual in e ini e o n ambién l os aca d ém icos D. Ru ino Villalobos Bo e y D. Ca los Ga cía Fe nández. 94 FAUSTINO GUTIÉRREZ-ALVIZ Y ARMARIO os, alzo mi oz, en úl imo luga , no p e endo, en una dise - ación de ono académico, aba ca el abajo a eso ado en los ecue dos conmemo a i os. Ni lo p e endo ni esul a ía hacede o. La emp esa esul a ía allida aun acome iéndola quien poseye e cuan o a mí me al a, que es el máximo en- ca ecimien o de la su iciencia. Nadie me ha á el ag a io de eme que me ponga a am- plia , y oda ía menos a enmenda , los juicios que se han expues o sob e D. José Sebas ián y Banda án desde el día de su allecimien o, ma cados cada uno con la au o idad bien asen ada del au o espec i o. Lo único que me incumbe ex- p esa , lle ando po ez p ime a la oz co po a i a de es a Academia, es la i a sa is acción que odos sus componen es sen imos po cuan os homenajes y ecue dos se le han ibu- ado desde un p ime ins an e, a los que se ha sen ido aso- ciada de co azón nues a Ins i ución, ese ándose es a opo - unidad solemne, pa a al ilo de los es meses de su mue e segui le exal ando y ei e a como p opio el econocimien o a cuan os le han exal ado. La Real Academia Se illana de Buenas Le as es ima y es- ima á pe pe uamen e a Sebas ián y Banda án como uno de sus más cla os blasones. Es e a ec o nue s o no es o gullo ni u anía; puede sen i lo el au o de una p oeza, y la ida y ob a de nues o D. Jo sé suya es de odo en odo. Se suceden, siglo as siglo, en la Academia homb es ep esen a i os de las gene aciones li e a ias, cien í icas, cul u ales de la ida hispalense; ellos la o man, la au o izan y la digni ican; el ínculo c o po a i o no es s ino lo qu e el co dón en el sa al. Al e con ados los quila es y pues os a cla a luz los esmal es del joyel, no nos eng eímos; sen imos complacido nues o amo a la Co po ación más ep e se n a i a en la ida cul u al de la ciudad de la g acia. Pe o, ya es oy hablando de más. No he de explica os ues- o p opio sen i , nues o sen i unánime al e oca a Sebas- ián y Banda án . En igo , con las palab as dichas pod ía da po cumplida la hon osa ocupación de Di ec o . EVOCACIÓN DE D. JOSÉ SEBASTIÁN BANDARÁN 95 Ello no obs an e, he de pedi os algunos minu os más de a ención a in de sa is ace mi deseo de con ibui con mi in e ención a la a esana ob a común de su homenaje. Aunque den o de la Academia con i í con D. José desde mi ing eso en ella, coinciden e con su designación p ime a pa a la Di ección, y aunque él po amis ad a e na con mi amilia polí ica ué -como pa a an os se illanos- el es- igo cuali icado y minis o del Seño que bendijo mi boda, no se me depa a on ocasiones pa a in ima en su a o. Siem- p e le espe é y soy deudo de sus delicadezas y bondades, pues su i ma con las de o os maes os y amigos me ab ió las pue as académicas, y sus p opues as me lle a on a ocupa dis in os o icios en la Co po ación, con la bene olencia de los compañe os. Po eso, a a és de cuan os le han eco dado he podido enmenda sublimándo lo el juicio que sob e él enía, aun sien- do és e muy lauda o io. Aho a hallo algo empequeñecida y con ahecha la semblanza que saqué inad e idamen e, al ez po que D. José, pese a su po e seño ial, escondía aun pa a sus amigos y colegas sus muchos me ecimien os y i udes. Tengo hoy a nues o siemp e p esen e Di ec o po pe sona de con icciones cla as, esuel as y i mes, en el más al o g a- do, que, con a a enacidad, las man u o en el decu so de su la ga ida y en medio de las pe ipecias ambien ales que a o os hicie on ambalea , apa e de sus muy ele ados me - ecimien os cul u ales y sus exal ados amo es po cuan o ha- cía e e encia a nues a ciudad. Tal ez en la ecia pe sonalidad de nues o e ocado com - pañe o, la cla e del enigma sicológico se halla en el modo de o ma se su in eligencia. Como nos han pues o de elie e quienes le han eco dado con an e io idad, nació en la Se illa de sus a anes, exen o del acosado des elo po el pan co i- diano. Su congéni a, noble y ansiosa cu iosidad le emba gó el alma en e a desde sus más ju eniles años, que, en es as la i udes -y más en su época- suelen disipa quienes no aen ocación an es udiosa y decidida. La obse ación no es mía. Acos umb an los bióg a os a pon- 96 FAUSTINO GUTIÉRREZ-ALVIZ Y ARMARIO de a la y comen a la en o os espí i us selec os, semejan es, que me ecie on y alcanza on glo iosa ama . Su o mación amilia y escola p ime o , la lec u a cuida- dosa y la in es igación insaciable después, le inci a on a e- co e , á ido y embelesado, los más di e sos sende os: idio- mas, li e a u a, his o ia, iloso ía, eología, siemp e del b azo de uno u o o maes o p es igioso. Reco dad los da os o e- cidos po sus amigos-bióg a os y obse ad los dis in os sen- de os de su magis e io p o eso a!. Piadoso el cielo alumb ó su ocación sace do al, acos um- b aba eco da . Toda su ida se man u o dispues o pa a en- a de lleno en la egión de la luz inex inguible, donde mo a, sin duda, su alma p i ilegiada, as un la go e eno camina . Su p o esión sace do al habíale imp eso ca ác e . Tenía alojado en el cen o de su alma un minis e io ascenden al y de ini i o. Tenía ija una isión en las cosas y de las cone- xiones en e las cosas. Tenía un o den men al an disciplina- do que podía al e na , a lo la go de su ida, en e los am- bien es a is oc á icos y los de mayo necesidad y pob eza, de- jando en ellos po igual el as o y ecue do de quien quedó ungido pa a siemp e. No oy a eco da os sus ob as y quehace es. Cuando an e los académicos, en p i ada sesión de duelo, eco dé su igu a y an e el hecho no o io de que D. José e a pa e insepa able de la ida de nues a gene ación, me p e g un aba , con un in - signe ingenio español: a los que han exis ido con él ¿qué le s oy a deci ?; a los que han es ado du an e mucho s años en diálogo incesan e con su espí i u ¿qué les oy a e ela ? ¿Dónde es á el elogio que pu e da a en aja al ecue do? Y el ecue do nos ae a D. José po sus calles y plazas se illanas, de eniéndos e con el lab ado y el co me cian e; con el in el e c u al y el a esano; con el po en ado y el menes e oso. El e cue do nos ace ca a un D. José en los dia ios am- bien es de es a Se illa de siemp e: su Ca ed al, su San a Ca- idad, su Museo, sus con en os, sus co adías y s us Acade- mias. En las solemnidades y ies as, la esbel a ig u a de D. José, e a como un elemen o imp escindible y en la Semana San a el guión papal concepcionis a del Silencio se nos apa ecía EVOCACIÓN DE D. JOSÉ SEBASTIÁN BANDARÁN 97 de mad ugada con su po ado como en una sola pieza, quien ho as an es había acompañado a Jesús de Pasión en su iun- al ca e a del Jue es San o. Días pasados la a e na Academia de Bellas A es p oyec- aba la igu a de Banda án sob e el elón de ondo de más de medio siglo de ac i idad a ís ica. In es igado enaz, pa- ono del Museo, e udi o en el es udio y la dise ación. Como académico de es a Real de Buenas Le as no p eci- samos eco da lo, po que en es a co po ación -como he di- cho- D. José Sebas ián y Banda án segui á siemp e p esen e. Pocas eces puede da se una simbiosis más pe ec a, que la que a lo la go del iempo se ha p oducido en e la Academia y su ex in o Di ec o . D. José e a y segui á siendo la pe so- ni icación de la Academia. Y no es que la Academia no enga ida y alma p opia. Pe o D. José puso an o amo y anhelo en se i la, que se ope- ó esa in eg ación hon osa . Desde su llamada a la Co po ación el 6 de no iemb e de 1914, Sebas ián y Banda án consag óse a su se icio. Bien p on o, en 5 de no iemb e de 1915 (un día an es del año de espe a eglamen a ia) leyó su discu so de ing eso sob e la Fun- dación del p ime Es udio de la Compañía de Jesús en Se- illa, con es ándole en la Sesión solemne de e ce pción cele- b ada el 29 de oc ub e de 1916 D. Luis Mon o o. Sec e a io l. º, desde el 17 de ab il de 1936, ocupó la Di ección, po elecciones ei e adas desde 2 de no iemb e de 1951, has a su alleci- mien o. Desde su ing eso, oda su ida la eo ci ada y compen- diada en un amo e dade o a la Academia y a los ines pa a los cuales exis e; amo sin el cual no son cumplide a s, del modo que Banda án solía cumpli las, las obligaciones anejas al hono de sen a se en es os sillones. Me ece ía de enida conside ación es e asgo que ca ac e i- zó a nues o an iguo Di ec o , el académico modelo ; no an solamen e pa a ibu a le endida g a i ud, sino ambién pa a ensalza y enca ece el loable ejemplo, po que del suyo y de los análogos e o es de adhesión de o a, es de donde única- 7 98 FAUSTINO GUTIÉRREZ-ALVIZ Y ARMARIO men e nues o Ins i u o oma el se y el b ío pa a conse - a lo y eno a lo. La Academia (y pod ía plu aliza eco dando a un ilus e polí ico) no exis e pa a hon a y glo i ica a los que ue on en el cu so de los siglos, ni a los que son aho a miemb os de ella. Con di icul ad se con a ían, de pu o se nume osos, los que alcanza on p es igiosa nomb adía; muchos me ecie on y alcanza on que en b once y en má moles se pe pe uase su ama insigne; pa a mucho más alen sus p opias ob as como el más insupe able de los monumen os, y has a sus solos nom- b es les asegu an celeb adísima y luminosa pos e idad . Mas odas es as jus icias ensalzado as se cumplen po sepa ado de la Academia; den o de ella pe du an anónimas, eca adas y con undidas en el común ace o de las apo aciones ines- imables que de unos as o os escla ecidos indi iduos se allega on. Tampoco es á la Academia ins i uida pa a el p o pe sonal de quienes en cada iempo pueblan sus asien os secula es. Aun- que en nues a pa ia abundan menos que en ex años países, son o as las undaciones hechas con al designio, y o os los modos adecuados pa a a o ece lo. G an hono es halla se elegido como ap o pa a pe enece a ella e in e e ni en sus quehace es, con ibuyendo al cul- i o de las bu e nas l e as en gene al y a ilus a la his o i a de Se illa y de la egión andaluza, como es ablecen sus Es a u os. La A cademia no exis i ía , ni ampoco me ece ía exis i , si no consis iese en una pe du able asociac ión de indi idual es ac i idades que aman , gua dan y cuidan, con desin e és y con celo, odo cuan o a scie nd e en la ida de Se illa, en su his o ia y en su la i de cada día, que se á ambién hi s o ia an e l as e inas de quienes nos sucedan. En pu idad, es la Real Academia de Buenas Le as uno de los aspec os de Se illa misma, deposi a ia y se ido a de cosas, an jun a s y an unidas a su alma, an p eciosas pa a su expansión, su pe pe uación y su glo i icación, como son su his o ia , su cul u a y su es ilo. La Academia ha espondido en odo momen o a las nece- sidades y anhelos de Se illa (o a cosa es que haya sido es- EVOCACIÓN DE D. JOSÉ SEBASTIÁN BANDARÁN 99 cuchada po sus au o idades) y iene que hace oi su oz en el u u o, como gua diana de una cul u a y de un es ilo que no sólo hay que conse a en el a ca de los ecue dos, sino que hay que p esen a como guía en las inaplazables in- no aciones que demanda el p esen e y el u u o, con ca ác e de u gencia y de angus ia. La Academia no es ni quie e se inmo ilis a. Siemp e supo ae a su seno las igu as más ep esen a i as de odas las endencias, co ien es y sabe es . También en lo académico, el se enemigo de la eno ación, puede ep esen a p opugna un camino que conduzca inexo ablemen e a la des ucción de lo que debe se pe du able. F en e a oda la p oblemá ica se illana, desde la de ensa de su ío has a el azado de sus calles; desde las i iendas en uina has a su indus ia poco menos que en ance de inexis encia; desde sus co adías has a la úl ima exp esión de su ipicidad, Se illa nos exige a odos no una ac i ud de año anza po cielos que pe dimos, sino una esuel a ac i ud de galla día po los nue os cielos que debemos log a . La Academia, al ene como debe co po a i o el ilus a la ida de Se illa, quie e que los homb es de hoy hagan ya his o ia, como aquellos capi ula es de su Ca ed al, que un día no u- i e on empacho en a asa eliquias a queológicas, po que aun a ueque de que las u u as gene aciones le u ie en po locos, ele aban pa a su Dios y pa a Se illa la áb ica de una Ca ed al que hoy podemos mos a con o gullo. Muchas e- ces he pensado y he comen ado en g upos amigables, po mi al a de p o agonismo polí ico, que ales capi ula es no sólo nos lega on una Ca ed al asomb o de muchos, sino un lema pa a una polí ica hispalense no sólo u banís ica. Labo a po Se illa, no mi ando hacia a ás, s ino p o yec ando hacia el u u o . Pe o hag á moslo con an g ande ambición y an g ande desin e és p e s onal , que odo cuan o p oyec emos pa- ezca ob a de locos quijo es enamo ados de la más bella dul- cinea, que un día pudo e leja su belleza en el más g ande de los íos, sin halla menguado su espejo. El amo que Banda án p o esó a la Academia en lo hu - mano, sólo ue compa ido po ese su amo a Se illa; y 100 FAUSTINO GUTIÉRREZ-ALVIZ Y ARMARIO po encima de ellos su con inuado loa a la celes ia l Seño a. Y, e mino. Ese amo a nues a co po ación y a su ciudad que él doblemen e idealizó es, al cabo, a ibu o ennoblecedo del alma humana. Se ha podido esc ibi que, de su di ina alcu nia, le iene a és a un anhelo congéni o de pe pe uidad, de pe manencia, al menos pa a sus ope aciones y sus emp e- sas; inclinación que pugna con la agilidad de la ida in- di idual. La casi o alidad de las gen es ansi a po el mundo sin deja huella; de los muy con ados que sob esalen y lanzan alucinado es des ellos queda, en e ec o, un ecue do a ec uoso en e sus deudos, sus allegados o sus con empo áneos; pe o p on o se disipa, como en la sel a se pie de un as o al en ec uza se o os as os pa ecidos. La sed de supe i en- cia no se aplaca sino inco po ando la ob a indi idual a es e linaje de ins i u os pe du ables -cual la Academia-, en los que se asocian homb es y gene aciones que la mue e y los siglos aisla ían y ha ían pol o es é il. Con ales ag egaciones incesan es, se ac ecien a y se ans- mi e el mayo azgo espi i ual del pueblo, in eg ando una he- encia, pa imonio pa a los suceso es. Po que el ánimo de D. José Sebas ián y Banda án es u o imbuido de es os sen i es, es a Real Academia le end á siem- p e p esen e. Su nomb e debe á se siemp e espe ado, mien- as descansa su alma en la que epu amos muy me ecida paz del Seño . Noso os debemos segui conside ando p esen e a quien la mue e ha que ido a eba a nos. Po que pa a la Academia, D. José no ha mue o. Pa a inaliza , yo quisie a u iliza aquí, en es a solemne ocasión, una exp esión ancesa muy llena de espí i u. Deci en ez de «ha mue o», «ha i ido». Po que, no odos los que han mue o, han i ido. Ya un poe a glo ioso, A. Machado, pudo esc ibi : «Vi id, la ida sigue, los mue os mue en y la s somb as pasan, lle a quien deja y i e el que ha i ido.» EVOCACIÓN DE D. JOSÉ SEBASTIÁN BANDA RÁ N 101 ~~~~~~~~~~ Sí, i e; sigue i iendo, el que ha dejado de i i ; si es que, e ec i amen e, i ió. Nues o D. José ago ó una la ga ida. Te minó su exis en- cia ísica, pe o segui á i iendo, po que i ió, cual lo ac edi a el que nos dejó una ob a y nos legó una conduc a . Po que sigue i iendo, quien dejó de i i y hoy ísica- .e n e no nos p eside , yo os solici o que ya que hemos pedido al Seño po el e e no descanso de su alma, e minemos es a sesión con el dolo de su ausencia y con la más g a a de las p omesas que en su p esencia pod íamos o mula : la de emu- la su ejemplo en el se icio a es a Real Academia Se illana de Buenas Le as.