¿Puede la libertad ser suplantada por conceptos sucedáneos?
Abstract
This paper examines one aspect of the problem of the relation between nature and freedom. The expression “surrogate concept of freedom” is usually employed to refer to any notion which, whether accepting or rejecting the concept of freedom, explains both human being and human agency as a natural mechanism. After testing the viability of this view, this paper will reject it.
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Anuario Filosófico, XLII/2 (2009), 283-303 283 ¿PUEDE LA LIBERTAD SER SUPLANTADA POR CONCEPTOS SUCEDÁNEOS? J UAN A RANA This paper examines one aspect of the problem of the relation between nature and freedom. The expression “surrogate concept of freedom” is usually employed to refer to any notion which, whether accepting or rejecting the concept of freedom, explains both human being and human agency as a natural mechanism. After testing the viability of this view, this paper will reject it. Keywords: freedom, mechanicism, agency. El estudio se centra en un aspecto de la problemática de las relaciones entre naturaleza y libertad. Con el término “concepto sucedáneo de la libertad” se designa cualquier noción que —conservando o rechazando el término “libertad”— trata de explicar el ser y obrar humanos en función exclusiva de mecanismos naturales. A lo largo de la exposición se explora la viabilidad de este tipo de apuesta teórica, para acabar rechazándola . Palabras clave: libertad, mecanicismo, obrar. Recepción: 27 abril 2009. Aceptación: 20 agosto 2009. La cuestión que propongo considerar tiene que ver con la distinción entre naturaleza y libertad. Se trata de averiguar si existe una diferencia radical entre las realidades a las que apuntamos con ambos conceptos. Si fuera así, sólo sería posible obtener una comprensión adecuada de lo libre desde el reconocimiento de esta brecha insalvable. Es evidente que ha habido y hay muchas propuestas tendentes a “naturalizar” la libertad. Sugiero que en esto consiste precisamente la maniobra de “suplantar” la libertad por un concepto sucedáneo, sin que importe mucho que se conserve o rechace la palabra “libertad”. Cualquier filosofía que trate de entender el ser y el hombre sin recurrir a la idea de libertad o que proponga se-
JUAN ARANA 284 riamente explicar la libertad desde la naturaleza, está usando este tipo de conceptos sucedáneos, y la pregunta es si se trata de una opción teórica viable. No escondo que personalmente me inclino por una respuesta negativa, a pesar de lo cual voy a tratar de formularla sin partir de ningún tipo de prejuicio, en la medida que esté a mi alcance conseguirlo. Exploremos un poco el campo de posibilidades. Es frecuente suponer que el contraste entre naturaleza y libertad no sólo es nítido, sino que cabe contraponer una y otra para obtener una división dicotómica de lo que, sin meterme en demasiadas honduras, denominaré “esfera accesible de la realidad”. Sumando lo libre a lo natural tendríamos la totalidad de lo que está al alcance de nuestro obrar y conocer. Lo que me preocupa ahora no es tanto decidir si además de lo libre y lo físico “hay algo más”, como averiguar si se puede establecer una línea de demarcación satisfactoria entre los dos ámbitos. Legítimos o no, los planteamientos que sitúan libertad y naturaleza en los extremos del eje que vertebra lo real son típicos de la modernidad. Entre los primeros griegos lo habitual no era oponer lo físico a lo libre, sino a lo caótico, y quizá perviva algo de esta costumbre en la todavía frecuente asimilación de “libre” y «azaroso». En cambio, durante las primeras fases del pensamiento cristiano, la alternativa más obvia a lo natural estaba en lo sobrenatural, y puede que aquí se encuentre la causa secreta de que la libertad se haya revestido de un carácter casi sagrado, y que muchas concepciones ateas se muestren hostiles a ella. Sin embargo y como ya he adelantado, entre los modernos lo más usual es entender tanto la naturaleza a partir de la libertad como la libertad desde la naturaleza. Para ellos ambas nociones tienen un parentesco profundo que emerge por debajo y se prolonga más allá de sus diferencias. De un modo aproximativo podría caracterizarse así: la libertad es la fuente de donde surge la naturaleza, que se convierte entonces en libertad ya sida, una libertad que se ha decantado de modo inconmovible tanto en el ámbito del ser como del devenir. Entre libertad y naturaleza habría la misma relación que entre legislador y ley. Desde el siglo XVII lo físico ya no
¿PUEDE LA LIBERTAD SER SUPLANTADA POR CONCEPTOS SUCEDÁNEOS? 285 es un reino de ciega necesidad, sino de necesidad prevista e informada por un Dios geómetra y previsor que no juega a los dados. La invariabilidad de las reglas que siguen los cuerpos al caer, los planetas al girar en el espacio o los gases al ser comprimidos en un recipiente, manifiesta que no hay capricho ni improvisación en el acontecer cósmico, sino ejecución fiel e invariable de decisiones que adquieren densidad ontológica en la misma proporción de que una vez tomadas no son abrogadas. Es evidente que cuando vemos la naturaleza como producto y criatura de la libertad no estamos pensando en una libertad que pueda ser atribuida al hombre, sino al Dios galileano que emplea caracteres matemáticos para escribir su libro, o a la sustancia espinoziana que se identifica con la absoluta necesidad de su despliegue. Sin embargo, en muchos aspectos los modernos son tan cristianos —si no más— que los medievales, de manera que muchos encuentran una analogía entre la libertad humana y la libertad divina, en virtud de la convicción de que —al fin y al cabo— el hombre ha sido hecho a imagen y semejanza de Dios. Por eso, al menos en el Barroco la libertad humana se frustra cuando se diluye en caprichos momentáneos y se desdice a cada instante. El hombre cabal aspira a convertir en hábitos sus resoluciones. Le importa menos decidir sobre la marcha, manchar de libertad el aquí y el ahora, que protagonizar el destino, fraguar poco a poco lo que uno mismo será en definitiva y para siempre. Cabe, por supuesto, volverse atrás de lo que se quiso, pero no sin que medie un acto de arrepentimiento, el reconocimiento explícito de que aquello fue una “salida en falso” de la voluntad que aspira a ejercer la libertad. Así se manifiesta la primera y principal diferencia entre la libertad humana y la divina. Ésta es segura e infalible; aquélla quiere serlo, pero ha de bregar con el error desde el punto de vista objetivo y con la inconstancia desde el punto de vista subjetivo: tan malo es tomar la decisión equivocada como desistir de la correcta. A pesar de que entre libertad humana y divina medie una diferencia tan notoria, no siempre fue reconocida a principios de la Modernidad, de modo que algunos entendieron “a lo humano” la libertad divina y otros en cambio concibieron la libertad humana “a
JUAN ARANA 286 lo divino”, aunque en este caso habría que matizar que a lo perversamente divino. El ejemplo más representativo de humanización de la libertad divina lo da Newton, de quien con toda razón decía Leibniz: “El señor Newton y sus seguidores tienen también una opinión muy graciosa acerca de la obra de Dios. [...] Esta máquina de Dios es también tan imperfecta que está obligado a ponerla en orden de vez en cuando por medio de una ayuda extraordinaria, e incluso a repararla, como haría un relojero con su obra. Sería así un mal artífice en la medida que se viera obligado a retocarla y corregirla. [...] Yo sostengo que cuando Dios hace milagros, no los hace por mantener las necesidades de la naturaleza, sino las de la gracia. Juzgar esto de otra manera sería tener una idea muy baja de la sabiduría y el poder de Dios” 1 . El reproche es claro: puesto que la naturaleza plasma la voluntad creadora de Dios, una naturaleza voluble e imperfecta revela una concepción antropomórfica de la libertad divina. También puede cometerse el error simétrico incurriendo en una interpretación teomórfica de la libertad humana, cuando se insiste demasiado en su omnipotencia y falta de supuestos, como ocurrirá ya a fines de la modernidad (piénsese por ejemplo en el primer Sartre), o cuando es transformada en algo inexorable que no sabe de rectificaciones, de acuerdo con la vieja divisa de la obstinación que recomienda “sostenella y no enmendalla”. Caso distinto es el de los teólogos partidarios de la predestinación y el servo arbitrio, pues hacen del destino humano algo que no se decide en el trascurso de la existencia terrena, o sea, en el único escenario donde el hombre puede apropiarse de sus actos para hacerse libre. La libertad del hombre, a diferencia de la de Dios, o es libertad en el tiempo, o simplemente no es. Esa es la razón de que Lutero, Calvino y otros anclen los dinamismos de la voluntad en una naturaleza corrompida. Enseguida llegarán los primeros teóricos del materialismo __________________________ 1. E. R ADA , La polémica Leibniz-Clarke, Taurus, Madrid, 1980, pp. 51-52.
¿PUEDE LA LIBERTAD SER SUPLANTADA POR CONCEPTOS SUCEDÁNEOS? 287 moderno, que eliminarán la concepción pesimista de la naturaleza, pero no la dependencia completa del obrar humano respecto a ella. La Mettrie, por ejemplo, dictamina en su Tratado del alma: “Es evidente que [...] son sensaciones las que anticipan los primeros pasos de nuestra libertad, y las que predeterminan al alma, sin que se mezcle en ello ninguna deliberación por su parte, puesto que son estas mismas sensaciones las que la inducen a deliberar” 2 . Hay motivos para sostener que quienes quitaron al hombre su libertad por razones teológicas abrieron el paso a quienes más tarde le negaron la misma prerrogativa en nombre de principios menos encumbrados. Es de presumir que los teóricos del fatalismo religioso asentaban la dignidad del hombre en aspectos que no tienen que ver con la autonomía de la voluntad, sino en otras circunstancias, como el hecho de ser sujetos pasivos de la gracia o la predestinación. Resulta significativo, no obstante, que en medio de los enconadísimos debates suscitados al hilo de esta cuestión surgieran voces defendiendo que en el hombre la libertad es inseparable de cualquier otro atributo natural o sobrenatural que pudiera ser cifra de su rango. Piénsese en Erasmo de Rotterdam y en otros humanistas que se opusieron a la furia liberticida de ciertos teólogos. Sebastian Castellio, por ejemplo, se atrevió a oponerse a Calvino tras la muerte de Miguel de Servet y fue atacado de mil maneras por el reformador ginebrino, que le acusó entre otras cosas de “robar madera”. Para defenderse de aquella calumnia, Castellio apeló a la doctrina de su oponente: “Supongamos que fuera cierto y que realmente yo hubiera robado, porque estuviera predestinado a ello, tal y como tú enseñas, ¿por qué me insultas entonces? ¿No deberías sentir más bien compasión hacia mí, ya que Dios me ha reservado este destino y ha hecho que me sea inevitable no robar? ¿Por qué llenas entonces el mundo con tu griterío acerca de mi robo? __________________________ 2. J.-O. DE LA M ETTRIE , Tratado del alma en Obra filosófica, Nacional, Madrid, 1983, p. 146.
JUAN ARANA 288 Pero si lo hago forzado, si robo como consecuencia de una predestinación divina, entonces en tus escritos debes absolverme considerando la presión que pesa sobre mí” 3 . La tesis implícita de estos humanistas es que, por muy problemática que resulte su existencia, sin libertad no hay forma de evitar que la identidad humana se disuelva en un amasijo de elementos extraños. La libertad es signo y sostén de la sustantividad del hombre, de la posibilidad de que contenga una interioridad apta para cualquier enriquecimiento ontológico, que debe ser ulterior a ella desde el punto de vista objetivo. Si al hombre no se le otorga libertad como primera providencia, entonces no se le puede donar nada más, porque simplemente no hay a quién dar. En este sentido, libertad, antes aún que capacidad de elegir o de autodeterminarse, significa aptitud para recibir y, por ende, para crecer en el ser. Cualquier concepción antropológica que reconozca la irreductibilidad del hombre, que no se limite a verlo como un agregado de partes separables, ha de incluir explícita o implícitamente la libertad, porque es a la vez constitutiva de su intimidad y puerta de acceso a ella: sólo a través de la libertad el hombre recibe o da, recibe lo que viene de fuera o da salida a lo que viene de dentro, sin que ello suponga alienación, suplantación o pérdida de sí mismo. Se puede comprobar la corrección de estos extremos de un modo especialmente claro en los pensadores antiguos, aunque no tuvieran —quizás incluso, porque no tenían— una conciencia tan clara como los modernos de las implicaciones de la libertad. Así Platón, cuando relata el mito de Er al final de la República, presupone que la necesidad subyacente al destino del hombre pivota sobre una elección previa que no puede ser enajenada a quien lo sobrelleva: “Almas efímeras, he aquí que comienza para vosotras una nueva carrera caduca en condición mortal. No será el Hado quien os elija, sino que vosotras seréis vuestro hado. Que el __________________________ 3. S. Z WEIG , Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia, El Acantilado, Barcelona, 2007, p. 216.
¿PUEDE LA LIBERTAD SER SUPLANTADA POR CONCEPTOS SUCEDÁNEOS? 289 que salga por suerte el primero, escoja el primero su género de vida, al que ha de quedar inexorablemente unido. La virtud, empero, no admite dueño; cada uno participará más o menos de ella, según la honra o el menosprecio en que la tenga. La responsabilidad es del que elige; no hay culpa alguna en la Divinidad” 4 . Hay pues una quiebra en la secuencia prefijada por Dios, un quicio móvil que preserva el orden temporal —los avatares de las vidas en trance de comenzar— de una necesidad completamente ajena a quienes han de vivirlas. Importa ahora poco que dicha necesidad sea ciega o clarividente, es decir, que sea Dios o la materia quien selle el destino humano. Lo decisivo es el hecho de la expropiación y no la instancia expropiante. Juguetes de los dioses o de la anónimas potencias cósmicas, el resultado no sería muy diferente desde el punto de vista de quien en ambos casos se ve privado de la posibilidad de pilotar su singladura vital. Otro rasgo interesante del mito platónico está en lo que podríamos llamar topología de la libertad: el alma ha de decidir antes de que comience su peripecia biográfica, y ha de decidir de una vez por todas. Dejemos a un lado la doctrina de la preexistencia de las almas, que Platón necesita para dar coherencia narrativa al mito, pero resulta innecesaria para descifrar su contenido profundo. ¿Qué podría significar —metempsicosis aparte— una decisión que se toma “antes” del tiempo? No debe interpretarse como una especie de autopredestinación, porque no tendría ningún sentido referida al propio hombre. Si nuestra existencia como seres libres está indisolublemente unida al tiempo, ese “antes” tiene que referirse al secreto entrelazamiento de lo sucesivo. La existencia humana se compone a primera vista de momentos dispersos, episodios separables, resoluciones que siempre cabe replantear, promesas que uno puede incumplir, periodos separados por cesuras en los que hacemos “borrón y cuenta nueva”. Eso es lo que “parece”, pero en realidad nadie puede volver a empezar absolutamente de cero. No podemos __________________________ 4. P LATÓN , República, 617d-e, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1969, III, p. 182.
JUAN ARANA 290 vivir mil vidas, ni siete, ni dos siquiera. Sólo nos es ofrecido un destino, que podrá tomar la forma de rapsodia o sinfonía, pero que en definitiva y una vez cumplido, es susceptible de ser entendido a partir de un acto único de voluntad ejercido antes de empezar, o bien parsimoniosamente larvado y pacientemente plasmado a lo largo y ancho de toda la existencia. Un autor contemporáneo, Jorge Luis Borges, expresa una intuición paralela cuando hace decir a uno de los personajes de sus relatos: “Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es” 5 . Volviendo al mito de Er, lo que Platón establece en definitiva es la diferencia entre la vivencia psicológica de la libertad —que resulta en efecto ocasional, voluble y potencialmente engañosa— y la libertad misma, que puede parecer evanescente y nouménica, sin que ello le impida ser la condición de posibilidad tanto de la libertad psicológica como de cualquier otro sentido que queramos otorgar al vocablo. La gran dificultad que hay que vencer para ubicar espacio-temporalmente este sentido genuino y profundo del concepto explica y justifica el hecho de que en el relato puesto por Platón en boca de Alcinoo se opte por un “tiempo” que “precede” al tiempo vivido y rompe por decirlo así la estructura diacrónica de la existencia humana. De hecho, la libertad ha sido un poderosísimo disolvente de todas las estructuras que tratan de “encadenar” el curso del devenir. Alrededor de ella han surgido los más obscuros y pertinaces enigmas teológicos (basta con pensar a la polémica de auxiliis, o en la casi infinita literatura sobre el problema del mal). Pero también ha sido el principal obstáculo que ha encontrado en su camino el empeño de fabricar una física completa, simétrica, transparente. Una vez más fueron los griegos los primeros en detectar este conflicto y tomar postura a favor o en contra. No deja de ser paradójico que se juzgue materialista la física atomista, cuando es de todas las antiguas la que más gracia hace a la exigencia de dejar hueco a la li__________________________ 5. J. L. B ORGES , El Aleph en Obras completas, Emecé, Barcelona, 1989, I, p. 562.
¿PUEDE LA LIBERTAD SER SUPLANTADA POR CONCEPTOS SUCEDÁNEOS? 291 bertad. Ya Epicuro defendió que “era mejor prestar oídos a los mitos sobre los dioses que ser esclavos del destino de los físicos” 6 . Lucrecio no dudó en hacer pedazos la teoría racional del movimiento de los átomos con tal de salvar la independencia del acto libre: “En fin, si todos los movimientos se encadenan y el nuevo nace siempre del anterior, según un orden cierto, si los átomos no hacen, declinando, un principio de moción que rompa las leyes del hado, para que una causa no siga a otra causa hasta el infinito, ¿de dónde ha venido a la tierra esta libertad de que gozan los seres vivientes? ¿De dónde, digo, esta voluntad arrancada a los hados, por la que nos movemos a donde nuestro antojo nos lleva, variando también nuestros movimientos, sin que los determine el tiempo ni el lugar, siguiendo sólo el dictado de nuestra propia mente? Pues, sin duda, es la voluntad de cada uno la que da principio a estos actos; brotando de ella, el movimiento fluye por los miembros” 7 . Todavía cabe preguntar si Epicuro y Lucrecio son suficientemente radicales y coherentes, puesto que no parece posible arrancar la voluntad del abrazo de los hados y de la causalidad física sin romper con una ontología basada en la dicotomía de átomos y vacío. En todo caso, ello nos llevaría a la conclusión de que maestro y discípulo fueron mejores filósofos de la libertad que físicos o metafísicos, juicio que refrenda el estudioso Robert Lenoble cuando afirma que es el Epicuro ético y no el físico quien contribuyó decisivamente a la constitución de las ciencias de la naturaleza, precisamente por exceptuar de su jurisdicción a todo lo relacionado con la libertad 8 . __________________________ 6. E PICURO , Epístola a Meneceo, en C. G ARCÍA G UAL – E. A COSTA , La génesis de una moral utilitaria, Barral, Barcelona, 1973, p. 100. 7. L UCRECIO , De la naturaleza II, 57-62, Alma Mater, Barcelona, 1962, vol. I, pp. 74-75. 8. Véase R. L ENOBLE , Histoire de l'idée de nature, Albin Michel, París, 1969, pp. 60-64.
JUAN ARANA 298 dada, conservando las mismas proporciones, de tal manera que podamos entrar en ella como en un molino. Esto supuesto, si la inspeccionamos por dentro, no hallaremos más que piezas que se impelen unas a otras, pero nunca nada con que explicar una percepción. Así, pues, es necesario buscar la percepción en la sustancia simple, no en el compuesto o en la máquina. Más aún, no cabe hallar en la sustancia simple otra cosa excepto esto, es decir, excepto las percepciones y sus cambios. Y también solamente en esto pueden consistir todas las Acciones internas de las sustancias simples” 15 . Aunque análogos, el argumento de Leibniz posee respecto al de Teilhard la ventaja de que, no teniendo ventanas, las mónadas no pueden “acoplarse” unas a otras y cada una de ellas está encerrada en su insondable intimidad que de alguna manera contiene todo el universo. En cambio, la expresión “libertad elemental” sugiere un proceso integrativo-constructivo de los sujetos libres que va de lo simple a lo complejo, algo que de modo muy dudoso casa con la arquitectónica de la libertad, porque ésta es a mi juicio incompatible con cualquier tipo de proceso analítico, sintético, constructivo o deconstructivo. Es imposible construir la libertad como quien construye un edificio, ni siquiera (casi diría: mucho menos) empleando ladrillos “libres”. La libertad, o bien encuentra en sí misma su fuente y principio, o bien se recibe de una sola vez y “desde arriba”, no poco a poco y “desde abajo”, porque eso sería tanto como sostener la libertad del todo sobre el sacrificio y anulación de las libertades de las partes. La muerte de la libertad nunca sirve para encumbrar una libertad más excelsa, sino exclusivamente para su empequeñecimiento, como ha mostrado con especial convicción Karl Popper: “No es posible creer que las vidas humanas puedan convertirse en el medio de satisfacer el deseo estético de un artista de expresarse a sí mismo. Debe exigirse, más bien, que cada individuo disponga, si lo desea, del derecho a modelar su pro__________________________ 15. G. W. L EIBNIZ , Monadología, Biblioteca Nueva, Madrid, 2001, p. 109.
¿PUEDE LA LIBERTAD SER SUPLANTADA POR CONCEPTOS SUCEDÁNEOS? 299 pia vida, en la medida en que no interfiera con los deseos de los demás. Pese a todo lo que podamos simpatizar con el impulso estético, cabe sugerir que el artista debe buscar otro material para expresarse. Y debe exigirse que la política sustente principios igualitaristas e individualistas; los sueños de belleza deben subordinarse a la necesidad de ayudar a los desvalidos y a las víctimas de la injusticia, y a la necesidad de construir instituciones con estos fines” 16 . Según esto, del mismo modo que no es posible obtener algo libre mediante el acoplamiento y ajuste de factores y elementos no libres, tampoco son aptos los sujetos libres para sacar de ellos una expresión aún más plena de la libertad mediante ensamblaje y simbiosis, ya que éstas son operaciones que sólo es dable completar en la medida que neguemos la libertad de lo que ensamblan y simbiotizan. Un ser libre tiene la potestad de consagrar su libertad al servicio de una causa, de un ideal o de otros seres, pero su libertad misma es planta delicada que no admite ser trasplantada a un suelo distinto del que ha nacido. Precisamente la delicadeza de la libertad de los entes finitos explica tanto la recurrente tentación de suplantarla con conceptos sucedáneos, como el indefectible fracaso de este tipo de reemplazos. Voy a examinar brevemente los proyectos de naturalización de la conciencia, que constituyen la principal estrategia de los que argumentan en favor de su pertinencia. Permítanme introduzca la discusión apelando a una experiencia personal. No hace mucho he sufrido una infección de vías respiratorias, que se tradujo en recurrentes y difícilmente controlables ataques de tos. Como consecuencia de ellos experimenté algo de cuya existencia era ajeno, esto es, el “colapso tusígeno”. Repetidas veces algo tan cotidiano y prosaico como la tos vencía no sólo la resistencia de mi libertad, sino la misma conciencia que con razón consideramos consustancial a nuestra especie. Como a todo se acostumbra uno, llegué a elaborar una especie de fenomenología de __________________________ 16. K. P OPPER , La sociedad abierta y sus enemigos, Orbis, Barcelona, 1984, p. 164.
JUAN ARANA 300 la pérdida de conciencia: cuando el ataque se insinuaba, rápidamente buscaba donde sentarme para evitar ir al suelo y después observaba resignado cómo los escandalosos espasmos se apoderaban de mis funciones respiratorias y oscurecían poco a poco mi atención hasta llegar en ocasiones a una momentánea eliminación del propio yo. He procurado otorgar al relato un poco de dramatismo, pero en definitiva la cosa se parece bastante a cuando uno se queda transpuesto después de una opípara comida, viendo los divertidos programas de nuestra televisión o en mitad de una conferencia como ésta. En definitiva el placer, el aburrimiento o la tos parecen tener virtudes aniquiladoras de lo que nos convierte en mónadas pensantes y libres. Aunque no es tan fácil dar una explicación exacta del porqué en términos neurológicos, buena parte de los estudiosos del cerebro piensan (mejor dicho, formulan enunciados lingüísticos que sugieren) que todo se reduce, en efecto, a procesos de índole material. Rodolfo Llinás, por ejemplo, plantea en estos términos las bases para la comprensión de la conciencia: “Cuando diversos grupos de neuronas, con patrones oscilatorios de respuesta, «perciben» o codifican diferentes aspectos de una misma señal de entrada, podrán unir sus esfuerzos para resonar en fase uno con otro (como los gritos de «olé» en la plaza de toros o de «gol» en el estadio de fútbol), fenómeno éste que se conoce como coherencia neuronal oscilatoria. Como veremos más adelante, la raíz de la cognición se encuentra en la resonancia, la coherencia y la simultaneidad de la actividad neuronal, generadas no por azar, sino por la actividad eléctrica oscilatoria. Más aún, tal actividad intrínseca conforma la entraña misma de la noción de algo llamado «nosotros mismos»” 17 . Sentado lo cual, llega a la convicción de que: “Si consideramos que las ondas coherentes a 40 Hz se relacionan con la conciencia, podemos concluir que ésta es un evento discontinuo, determinado por la simultaneidad de la actividad en el sistema tálamo-cor__________________________ 17. R. R. L LINÁS , El cerebro y el mito del yo. El papel de las neuronas en el pensamiento y el comportamiento humanos, Belacqua, Barcelona, 2003, p. 15.
¿PUEDE LA LIBERTAD SER SUPLANTADA POR CONCEPTOS SUCEDÁNEOS? 301 tical” 18 . De todos modos la cosa no debe ser tan sencilla, puesto que científicos no menos eminentes ni tampoco menos materialistas que él dan versiones completamente diversas, que proliferan sin fin entre los que especulan sobre el que consideran último misterio de la mente. Sin ir más lejos, el descubridor de la estructura del ADN y premio Nobel Francis Crick dedicó los últimos años de su vida a un empeño similar, fijando su atención no en el sistema tálamo-cortical sino en las capas 5 y 6 de la corteza cerebral. Pero a pesar de su ambición y a fuer de sincero confesaba: “Lo decepcionante es que, en el momento de escribir estas líneas, no parece haber un conjunto de ideas tales que encajen convincentemente como para elaborar una hipótesis neuronal detallada que nos dé el tufillo de que es correcta. Si a usted, lector, le da la impresión de que me estoy abriendo paso en la selva, está en lo cierto” 19 . Aunque el caos doctrinal que se ha producido entre los partidarios de la naturalización de la conciencia (lo mismo se podría decir de los que abogan por la naturalización de la libertad) es enorme 20 , sería un error muy grave pretender sostener la irreductibilidad de conciencia y libertad sobre algo que no es, en definitiva, más que una circunstancia fáctica: el hecho de que sus defensores no se ponen de acuerdo. La persistencia del disenso puede ser ilustrativa, pero demuestra tan poco como la eventualidad de un consenso. Más recientemente, las opiniones de los expertos parecen decantarse en dos direcciones: los que sostienen que la conciencia corresponde a una propiedad global de una gran colección de neuronas en excitación y los que defienden que grupos específicos de neuronas median y generan las distintas experiencias conscientes 21 . Lo que sostengo es que un avisado defensor de la es__________________________ 18. R. R. L LINÁS , op.cit., p. 146. 19. F. C RICK , La búsqueda científica del alma. Una revolucionaria hipótesis para el siglo XXI, Debate, Madrid, 1995, p. 314. 20. Véase J. H ORGAN , La mente por descubrir. Cómo el cerebro humano se resiste a la replicación, la medicación y la explicación, Paidós, Barcelona, 2001. 21. Véase C. K OCH – S. G REENFIELD , ¿Cómo surge la conciencia? Dos esclarecidos neurocientíficos contrastan sus teorías sobre la actividad cerebral
JUAN ARANA 302 pecificidad irreductible de la conciencia o de la libertad no tiene por qué tomar partido a favor o en contra del éxito o el fracaso de esta clase de intentos explicativos. Dado que una leve tosecilla puede interrumpir mi libertad y la propia conciencia de mí mismo, ¿qué problema hay en admitir que su ejercicio esté ligado a la actividad coordinada o desacompasada de éstas o aquéllas neuronas, o a la emisión y recepción de tal o cual neurotransmisor? En buena hora llegará el momento de que tales incógnitas sean despejadas, si es que su desvelamiento redunda en beneficio de la humanidad. Sin embargo, y dado que lo que se busca en el horizonte de las neurociencias es establecer una correlación entre la actividad neuronal y el despertar de la conciencia o el ejercicio de la voluntad, la eventual determinación, aunque sea completa, de tales correlaciones en nada equivaldría a la completa naturalización de la conciencia ni de la libertad. Lo único que quedaría desacreditado con tales avances sería un dualismo descarnado, de un tipo que ni siquiera Descartes llegó a defender. La unidad del hombre implica que las dimensiones corpóreas y anímicas que descubrimos en él están entrelazadas de un modo tan íntimo, que no sabríamos acabar de separar unas de otras ni física ni conceptualmente. Tradicionalmente se asume sin problemas que esto afecta a las nociones anímicas, psíquicas o espirituales, pero lo cierto es que afecta del mismo modo a las corpóreas o materiales. O dicho en otras palabras: tiene tan poco sentido hablar de meras neuronas, moléculas o átomos, como de mera conciencia, voluntad o libertad. Se trata en ambos casos de abstracciones, aspectos más o menos definidos de lo real que hemos separado conceptualmente, cortando artificialmente sus lazos con el todo del que forman parte, y asumiendo que en una primera aproximación podemos valernos de ellas para acercarnos al conocimiento de la verdad que buscamos. Ahora bien: de la misma forma que la descripción matemática de la gravedad se complica más y más cuanto más exigentes nos hacemos en nuestra tarea de adecuarla mejor a su correlato, también los _________ que subyace bajo la experiencia subjetiva, “Investigación y Ciencia”, 2007, pp. 50-57.
¿PUEDE LA LIBERTAD SER SUPLANTADA POR CONCEPTOS SUCEDÁNEOS? 303 conceptos biológicos, químicos y físicos se hacen más complejos a medida que el conocimiento avanza y también más inadecuados a medida que la pretensión totalizadora se hace demasiado exigente. Al final resulta que en el hombre, en efecto, hay materia y hay espíritu, hay determinación natural y espontaneidad libre, hay ciega necesidad y lúcida conciencia. Podemos verificar la justicia de tales atribuciones por datos inmediatos a la conciencia, ya sean los que adquirimos a través de las intuiciones sensibles, la experiencia moral o la autotransparencia del propio pensamiento. El desvelamiento de cómo se integran todas esas dimensiones en el todo sustancial que el hombre forma no acabará de lograrse nunca, aunque el tiempo deparará sin duda mejoras y profundizaciones sustanciales. Sin perjuicio de ello, cualquier pretensión de subordinar unilateralmente el todo del conocimiento a una sola de sus fuentes, o el todo del ser a entificaciones abstractas, supone un abuso tanto de la teoría del conocimiento como de la ontología, y en este sentido me atrevo a augurar que el genuino (y por tanto abierto) concepto de libertad, nunca podrá ser suplantado por conceptos sucedáneos y tanto menos cuanto más artificialmente cerrados y simétricos sean éstos. Juan Arana Universidad de Sevilla jar[email protected]