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El carruaje como objeto de ostentación

Atienza Medina, Rafael

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EL CARRUAJE COMO OBJETO DE OSTENTACIÓN Po RAFAEL ATIENZA MEDINA El coche de caballos ha sido siemp e un elemen o de os en- ación. Ya Home o desc ibe la iqueza y ado no de los ca os con los que dioses y homb es se mue en de acá pa a allá. Las uedas de hie o, los adios de b once, los lá igos de o o, la des eza de Jos coche os, son exal ados en a ios can os de la Ilíada. Los elie- es del palacio de Asu banipal en Níni e, los del palacio de Da ío en Pe sépolis o los escos y elie es de Egip o mues an caiTos con un ado no y esplendo deslumb an es. Los a queólogos que en a on en la umba de Tu ankamón encon a on cinco ca os, con inc us aciones de pied as semip eciosas y c is ales de colo e s. Las ce ámicas g iegas y los mosaicos y elie es omanos nos mues an cien os de ca os: iun ales, de ca e a, de caza, de comba e. Pocas eces en la his o ia apa ece un· ingenio con an a capacidad pa a la ep esen ación de la je ai·quía y la exhibición de lujo y pode . Cie o es que as la caída del impe io omano desapa e- cie on la mayo pa e de los ehículos des inados al anspo e de pe sonas y al ámbi o ce emonial. Incluso las ca e as de ca os en los ci cos ue on p osc i as en el o ien e bizan ino y en el occiden e desapa eció el ca o como emblema de al o ango mili- a . A pa i del enacimien o, sin emba go, uel e a apa ece el ca uaje con un ma cado ca ác e de os en ación. A p incipios del siglo XVI cualquie co e de us e había de ene una colección de ca uajes pa a exhibi en cualquie unción. La moda se ex en- dió desde la co e y, a ines de siglo enía coches de caballos 198 RAFAEL ATlENZA MEDINA oda la nobleza y la al a bu guesía. Los co esanos y emba jado es encuen an en el ca uaje un mé odo pa a medi y clasi ica la iqueza y esplendo de las ciudades que isi aban. Ma in Zelle , au o de un lib o de iaje po España publi- cado en 1637. esc ibe que cualquie pe sona de impo anc ia a en España a caballo o en coche. I y deja se e en canuaje es el i o co idiano. En Ba celona, cuando hace buen iempo, iene lu- ga po la noche, jun o al ma , un paseo en el que suelen pa ici- pa más de cien coches. O os an os pueden e se po la calles de Mad id. Magalo i. que iaja po E sp aña con la co e de Cos- ne de Médici, desc ibe las imp esionan es coche as de los g an- des de España y el es ilo de ida de la nobleza andaluza. En Se illa. esc ibe. "la gen e dice que hay ochocien os coches, pe o apenas si había espacio''. Las mona quías y co es in en aban ena y eglame n a es os excesos y de sa ue os en ma e ia sun ua ia, y de sde los pú l- pi os se in en aba limi a an a pompa y p odigalidad. L os p ínci- pes alemanes lamen aban la pé dida del hábi o de la mon a a ca- ba ll o en e a la molicie que su po nía el paseo en coche. En 1588, Julius on B aunschweig in odujo medidas pa a impedi la ex- pa nsión del coche, pues emía que "las i udes i iles de digni - dad, alo , hono y leal ad de la nación alemana ue an a ec a- dos, pues el guia coches conducía al ocio y a la indolenc ia ." Todas las co es o dena on y limi a on los ipos de coche, ado - nos, elas, penachos y, na u alm en e, núme o de caballo s. En Ale- mania, un noble podía lle a cua o caballos enganchados; un con - de o duque, seis; los miemb os de amilias ea les, ocho. En Espa - ña. según el lib o de Zelle ya mencionado. los ehículos iban i ados po cua o caballos como máximo, pues sólo el ey podía dispone de coches con seis; y sólo los g andes de España podían saca dos coches. En la exhibición que se ce leb a cada íspe a de e ia en la Maes anza, el Real Club de Enganches hubo de limi- a a cinco el núme o má ximo de caballos, pues los a icionados sacaban a la plaza enganches de diez o más caballos, que, como oda desmesu a, en usiasmaban al público. A lo la go del siglo XIX se p oduce un desa ollo espec a- cula . La cons ucción de coches de caballos se con ie e en una de las más ele an es es uc u as indus iales del con inen e. Los EL CARRUAJE COMO OBJETO DE OSTENTACIÓN 199 caminos de he adu a se an ans o mando en caminos ca e e- os y Eu opa se llena de áb icas en las que el ca uaje se elabo a en mode nas cadenas de mon aje. Los coches alcanzan una g an pe ección écnica que hace su uso más cómodo y iable, con nue os ipos de eso e, amo iguación y uedas. Los ipos se di- e si ican, alcanzando una g an a iedad , desde el anspo e pú- blico has a la limpieza u bana. Como sucede a los hé oes de las g andes agedias, la caí- da del ca uaje ue súbi a y espec acula . Pocas eces una moda an a aigada u o un in an ab up o: el mo o de explosión, pa- en ado po Daimle en 1883 y Benz en 1885, y el in en o de los neumá icos po Dunlop en 1888 a incona on, nada más apa ece , al ehículo de acción animal. La expans ión del au omó il ue ulgu an e. A los pocos años se celeb aban ca e as de au os con una concu encia y en usiasmo nunca is os. Con la elocidad que sólo iene las modas, la cen ena ia exhibición de ca uajes ue sus i uida po las ca e as de au omó i les: la ca e a Pa ís- B u deos (1895), El Tou de F ance (1899) el Pa ís-Be lín o la copa Challenge, ins i uida en los Es ad os Unidos po Vande bil , daban odo el colo y la pasión al in de siglo. En un b e ísimo plazo, pues, el ca uaje pasó de se uno de los más ap opiados ingenios pa a la exhi bi ción de magni icencia y pode , a con e i se en un obje o de no s a lgia. En 1905 odas las co es eu opeas, con una sola excepción, habían sus i uido sus co- ches de caballos po coches de mo o . Sólo la co e de F ancisco José man u o, impe é i a, el uso de ca uajes y caballe izas has a la G an Gue a; y nada más acaba és a, una disposición c eó el Wagenbu g, museo que acogió oda la co lección de ehículos. Así, de un plumazo, el pa que mó il se con i ió en museo his ó ico. Nada podía ep esen a de o ma más g á ica la mue e súbi a del coche de caballos. Pues lo que había pasado a la his o ia en unos pocos años no e a an sólo el camiaje, que a la pos e e a un mue- ble que se podía conse a , sino odo un mundo de indus ia y ca oce ía, caballe izas y pos as, e e ina ios y gua nicione os, o- ajes y posadas, exhibiciones y e ique a. De es a mane a, la ma yo ía de lo s coches an iguos ha e - minado su i da ac i a y se hallan en museos y colecciones pa i- cula es, al cuidado de conse ado es expe os en ma que e ía o 200 RAFAEL A TIENZA MEDI NA ~ ~~~~~~ ~~ ~~~ - ~~~~ ~~~~~~~ ~ ~ ebanis e ía, como si uesen cómodas Ca lo s IV o en edoses Boulle: esos cam njes del XIX co n ienen mecanismos demasiado p eciosos y ensamblajes demasiado icos como pa a que anden po ahí odando. El coche i ado po caballos ha pe dido oda s sus unciones, incluida la de ep esen ación, que siemp e ue una de las más impo an es, y ha omado o o camino: el depo i o . Las p uebas de enganches que se celeb an en Eu opa han sus i- uido, en buena medida a los des iles co nmem o a i os. Es os con - cu sos equie en coches de nue a ac u a con caja de hie o, e- nos de disco y oda sue e de adi amen os écnicos. Es os nue os ehículos depo i os. que uedan po Holanda o Alemania, h an con ibuido a jubila lo s coc h es ab icados en el XIX. En Andalucía, sin emba go. el p oceso ha sido exac amen e el con a io: mien as que aquí languidece el depo e del enganche, se mul iplica la es au ación de coches an iguos pa a su exhibición en des iles y concu sos. En los úl imos años cien os de ca uaje s apolillados han salido de almacenes y na es o han enido de Po - ugal y F ancia. y as un l( ing. han uel o a engancha se. Si en Eu opa la mayo ía de los ca ua je s es án al cuidado de mueblis as y conse ado es, pues son demasiado aliosos e i epa a- bles pa a expone los al desgas e de la calle, en Andalucía se es au- an pa a sali a la e1ia, a expone se al sol, a la llu ia y a los baches. En des iles como el de Windso , los ca uajes, uni o mes y gua niciones se ajus an a las no mas de inales del XIX. Se a a de una ce emonia his o icis a en la que cada de alle debe a ene se al siglo en que se enganchaba. En Andalucía, po el con a io, se in - en an uni o mes. co lo es, penachos, y se modi ican a gus o del p o- pie a io los diseños de los coches. Los especialis as in en an pon e o den a es e ma e mágnum de cap icho, al a de espe o po el mue- ble y a án de emulación. Pe o al inal es o es una e ia: la exhibición llama i a y el espí i u de ies a iun an sob e la se e1idad e nog á i- ca, como un es ua io de ópe a en e a un museo del aj e. T es aspec os quisie a sa be des aca pa a expli ca es a di- e encia en e Andalucía con el es o del mundo. El p ime o es que el andaluz es un olklo e pa icula men e i o, con sus mo- das y cambios con inuos. De ahí su o aleza, y de ahí ambién su escasa idelidad al o iginal. Al e és que los opajes o danzas egionales de o as zonas eu opeas, el baile y ca n e lamencos o EL CARRUAJE COMO OBJETO DE OSTENTACIÓN 201 los ajes y ado nos han de se con inuamen e eno ados: en se- guida quedan ansnochados o pa sados de moda. Es un olklo e a asallado , que impone modas y bailes en Ba celona o Tokyo, que es adop ado po los jó enes po que es una moda i a y, po ello, abso ben e y expansi a. Pe o la ida es á eñida con Ja pu- eza: po ello, o odoxos y nos álgicos se quejan de que una ies- a an i a no pueda man ene se iel a su modelo o iginal. La mayo ía de los olklo es locale s eu opeos cons i uyen el caso con a io: son a queologías e nog á icas, en gene al man- enidas con p esupues os au onómicos o municipales que pe mi- en a señalados an opólogos saca b illo a esos ósiles. Y, na u- almen e, pueden man ene su in empo alidad. El segundo aspec o se e ie e a las ins i uciones y asocia- ciones que pod íamos llama de ep esen ación: son ins i uciones a las que se acude olun a iamen e, en las que se abaja sin e- mune ación y que uncionan so p enden emen e bien. Se di ía que la g a uidad en la s ac i idades se illanas es ga an ía de éxi o. Como si el mi smo se illano que abaja con abandono y deso den en la o icina, nada más llega po la a de a su he man- dad se ans o mase en un alemán: p eciso, o denado, e icaz. Los ciudadanos de o os países desa ollados ienen unas aspi aciones que, po lo gene al, se pueden ci a en dine o. y, po an o, consegui con abajo. En Se illa pa ece que el ciuda- dano p e ie e se a ene . Me es oy e i iendo, na u almen e, a se alguien. Pocas ciudades debe habe donde más gen e sea alguien: es deci , o me pa e de la di ec i a de una de las nume osas o ganizaciones de oda clase que nacen y se inco po an al ico ace o p o ocola io de la ciudad. En países como Holanda o F ancia i en millones de p ós- pe os ciudadanos anónimos. Su buen abajo y sus aho os les pe - mi en mi a con anquilidad el u u o. No se plan ean la necesidad, ni siquie a la con eniencia, de ene conocidos en e la p o esión médica o polí ica, o si mplemen e de ene que gana se a nadie. El ciudadano anónimo es uno de los lujos de la ci ilización occiden al: que un ciudadano pe ec amen e desconocido enga la anquilidad de exigi odo aquello a que iene de echo; de no se some ido a abuso ni a bi a iedad; en suma, de no necesi a amigos ni elacio- ne s, de no ene que ex ema simpa ías, halagos o uegos. 202 RAFAEL ATIENZA MEDINA En Se illa, po el con a io, no hay peo condena que el ano- nima o. P obablemen e la descon ianza hacia el co ec o unciona- mien o de las ins i uciones y se icios con ibu ye a ello. Se piensa qu e es con enien e, quizás necesa io, ene amigos o elaciones en el come cio, en la abogacía o en la banca; en e los jueces o médicos; an e cualquie en anilla adminis a i a. Toda es a ed de asociacio- nes apo a elaciones y p o agonismo: a a és de muchas ac i ida- des no emune adas se de sa ollan una se ie de amis ades y a o es, de elaciones y ag adecimien o s, de : nequ es de oda clas e, que o- men an más bien la as ucia y la simpa ía que la cla idad y la ci - cunspección. De ahí la impo ancia de la ep esen ació n. El e ce aspec o de nues o olklo e es su capacidad de abso ción. Cualquie ex año, apenas llegado, is e las galas lo- ca les con oda na u alidad. Un amigo mío ino a Se illa a ha - ce se unos zahone s. T as p oba le la p enda, el zahone o, a in de hace e su buen abajo, le dijo "Don ulano, pa ece us ed un seño i o de los de oda la ida". De oda la ida es la exp e- sión cla e. Toda la i da, en Se illa , puede se un año o do s; en es a ciudad c eado a de adición odo se con ie e en in e e a- do y de oda la ida en un b e ísimo plazo. Po eso en nues as ies as es di ícil sepa a a p opi os de ex años, a adicionales de ecién llegados: odos pa ecen es a ahí desde siemp e. De ahí la apa iencia de o o ija, inda able, inmemo ial. El des ile de ca uajes que puede e se, cada íspe a de e ia, en la maes- anz a, iene oda la apa iencia de un i ual secula , aunque ape- nas enga quince años de an igüedad. El enganche pa ece una adición amilia , siendo así la inmensa ma yo ía de los a icio- nad os son ecien e s. Es os es aspec os, aunque udimen a iamen e a ados, con- ibuyen a explica po qué el enganche, en Se illa y Andalucía, ha adqui ido an a impo ancia ecien emen e, y po qué en nada se pa ece a lo que hacen nues os ecinos: engancha , aquí, no es un depo e, ni exhibición de habilidad, ni es au ación cuidadosa, sino una pa e más de nues o i o y abie o olklo e y cul u a de ep esen ación. Pues es p ecisamen e en es e campo de an ancio aspec o donde se p oduce una mo ilidad social sólo compa able a la de las casas de so wa e que nacen y mue en con inuamen e en el Silicon Valley.