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Ernest Hemingway, innovador de la crónica taurina en fiesta 1926

Campos Cañizares, José

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Re is a de Es udios Tau inos N.º 42, Se illa, 2018, págs. 39-69 ERNEST HEMINGWAY, INNOVADOR DE LA CRÓNICA TAURINA EN FIESTA (1926) José Campos Cañiza es* i ha exis ido un esc i o céleb e en la his o ia de la li e a u a del siglo XX, ese esc i o ha sido E nes Hemingway. En la ca e a que emp endió hacia la celeb idad, pe mi ió que se con undie a la ida con la li e a u a. En su caso, és a se desa olló a expensas de aquella. Fue un esc i o se io que, sin emba go, llegó a es a dominado po los a a a es de una ida legenda ia en la que quedó a apa- do. E nes Hemingway, es ableció, si uándose él en un p ime plano, una es echa elación en e aquello que i ía y lo que des- pués asladaba al papel. Lo i encial y lo eal ue on condición sine qua non pa a la icción en su ob a y base de su ocación li e a ia. En esa e ien e de que e i i la ida con in ensidad máxima y de supedi a sus expe iencias a la ocación de esc i- bi , en esa emoción an hemingwayana, España y su cul u a y los o os con su i ual eligioso, pasa on a se el eje y el cen o de casi odos sus in e eses como homb e y esc i o . Miles de aspec os se pueden es udia en la ida y ob a de E nes Hemingway y, has a hoy, se ha esc i o con p o usión sob e in inidad de ellos. La bibliog a ía sob e él es inmensa, casi * Uni e sidad Wenzao, Kaohsiung, Taiwán. Miemb o de la Te ulia In e nacional de Juegos y Ri os Táu icos (T. I. J. R. T.). S José Campos Cañiza es 40 inaba cable si p e endié amos lee la en su o alidad. Un hecho que so p ende po que es un au o con empo áneo que ha i ido en echas oda ía ce canas a noso os. No obs an e en e an a p oducción c í ica en o no a Hemingway aún exis e una ace a en la que se puede deci algo, y en cie o modo nue o, que con- sis e en des aca su modo inno ado de con a lo que sucede a lo la go de la lidia de un o o. Una mane a o iginal de en oca la c ónica au ina en o no a la acción que en en a al o e o con el o o. Donde la minuciosidad de su p osa consigue de ene el iempo, pa a elabo a imágenes en mo imien o de la lucha éc- nica de los o e os con la embes ida de los as ados. Se á un con- cep o de p osa “ex á ico, cinema og á ico”, con la que Hemingway asciende los mo i os del c onis a au ino pa a e leja la ealidad del o eo desde la au en icidad. ESPAÑA Un componen e muy cla o de la igu a de Hemingway ue su amo hacia España, que le man u o en el deseo, du an e oda su ida, de que e en ende nues a cul u a p o undamen e. Leyéndole, e in es igando sob e él, dis inguimos que es una ca ac e ís ica de su ob a que no albe ga dudas. Desde nues o pun o de is a E nes Hemingway conoció y comp endió los sec e os más ocul os de la cul u a española y del pueblo español. En in inidad de ocasiones exp esó que España e a el país donde le hubie a gus ado habe nacido, el que más que ía después del suyo y donde mejo se sen ía. Ya, en sus p ime os con ac os e í- me os con España, Algeci as, en 1919, y Vigo, en 1921, el país le a ajo1. P on o ol e ía a él pa a e co idas de o os, en 1A Vigo llegó Hemingway con su muje Hadley Richa dson camino de Pa ís, el 18 de diciemb e, al hace el ba co donde iajaban, el S. S. Leopoldina, una escala de unas ho as. Pa ada que ap o echó pa a eco e lo poco que pudo en an poco iempo de es ancia. Del b e e eco ido que pudo ealiza en el pue o de Vigo, nació el a ículo “La pesca del a ún en España”, publicado en el pe iódico E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 41 Mad id, en la p ima e a de 1923, pa a queda enamo ado de un espec áculo que le pa eció inc eíble, po que emi ía a la an i- güedad clásica y e a posible e lo, como un milag o e dade o, a comienzos del siglo XX. Esa de oción a la co ida de o os española la man u o has a 1960, cuando en su úl imo iaje a España asis ió a los úl imos es ejos que pudo p esencia . Fig. n.º 3.- E nes Hemingway Licencia C ea i e Common CC0. De los iajes es ables que Hemingway hizo a España en e 1923 y 1960, se sabe que la isi ó en quince años (1923-1927, 1929, 1931, 1933, 1937-1938, 1953-1954, 1956 y 1959-1960). The To on o S a Weekly (18-II-1922), pa a el que abajaba. En es e b e e a ícu- lo se inicia una elación de amo de Hemingway po España: «Vigo es un pueblo de pos al, con calles adoquinadas y casas e ocadas en blanco y na anja, si uado en un g an pue o de en ada pequeña en el que cab ía oda la escuad a b i ánica. Mon añas ma ones equemadas po el sol se agazapan has a el ma como dino- sau ios iejos y cansados y el colo del agua es an azul como un c omo de la bahía de Nápoles», (Hemingway, 2005: 65-66). José Campos Cañiza es 42 De los cuales en nue e i ió los San e mines. Vio o os en odas las es ancias en España a excepción del pe iodo de la Gue a Ci il, es deci , en o al ece años. Pa a esc ibi su p ime a no e- la Fies a, asis ió, de 1923 a 1926, con pasión a nume osas co i- das de o os, no sólo en Pamplona. La composición de Mue e en la a de le ocupó ocho años (1925-1932), en los que llegó a e más de cien o cincuen a co idas, de mane a especí ica, y puede que más, en o al. Es una ci a di ícil de es ablece , si bien se pod ía llega a conoce indagando en sus papeles, pues a Hemingway le gus aba ano a odas las co idas a las que asis ía. El núme o o al de es ejos au inos en los que es u o a lo la go de su ida, en e España y los que pudie a e en México2, puede si ua se al ededo de cua ocien os. Da o que no compo a nada en especial, sino que pa a se un esc i o que no i ía en España, ap o echó bas an e bien las es ancias que pasó en nues o país, pa a e o os, lo que ue pa a él una e dade a pasión. En es e apa ado que elaciona a Hemingway, su ob a, con la cul u a española y con el mundo de los o os, han exis ido di e en es alo aciones. Es as an desde las de aquellos que piensan que no en endió a España, ni sabía de o os -sen encia és a p opia del mundo au ino-, has a la pos u a con a ia, la de quienes es iman su p o unda comp ensión de lo español, su eje - cicio de neu alidad (Po quién doblan las campanas), su en en- dimien o del hecho au ino según analiza el espec áculo (po ejemplo en Fies a) y cómo cap a lo ne amen e his ó ico y an o- pológico (Mue e en la a de). A España le dedicó más ob as que a ningún o o país o cul u a de las que le in e esa on (unamos a las an e io es, La quin a columna y El e ano pelig oso; más la p esencia de España, ambién, en di e sos ela os). Fue un país donde se sen ía como en casa, del que ap endió el idioma, y que 2En el in ie no de 1947, io o ea a Manole e en Mé ida (México), en a de en la que el o e o de Có doba u o mal lo e. E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 43 Licencia C ea i e Common CC0siemp e lle ó en el pensamien- o y en el co azón. De hecho, puede elaciona se su decisión de i i en Cuba (comp ó Finca Vigía en 1940) po el deseo de es a en con ac o con el idioma español, po que le eco daba a España, pues una ez e minada la Gue a Ci il española, le iba a se di ícil ol e a pisa suelo español. Exis en dos es udios sob e Hemingway donde se demues- a de una mane a comple a la ín ima elación que u o con España y cómo consiguió in oduci se con hondu a en la cul u a española. Es os lib os son Hemingway en España, de Edwa d F. S an on, de 1986, y Hemingway, en e la ida y la mue e,de José Luis Cas illo-Puche, publicado en 1968. Ambos au o es desde pe spec i as di e en es se aden an en la inculación de Hemingway con lo español pa a mos a nos has a qué pun o sin- ió lo más ecóndi o que posee y esconde el espí i u de lo hispá- nico. Son dos ob as mayo es. Pa a Edwa d F. S an on, Hemingway encon ó en España «la úl ima buena ie a, el úl i- mo pueblo bueno que quedaba en Eu opa», sin la in luencia ani- quilado a de la indus ialización del mundo mode no que comenzaba a a asa a EEUU y a o os muchos países, ni el males a del u ismo, cuyo cas igo e a e iden e en an os des i- nos eu opeos. España pa a Hemingway e a un país pu o y sec e- o, con a iedad de cul u as y paisajes, con un idioma que «conse aba, mejo que o os idiomas mode nos, los ecos p imi- i os del habla an igua», y una ida social plena, que no exis ía en ningún o o luga . Además, según S an on, Hemingway se dio cuen a que «la lla e pa a accede a la cul u a española e a el o eo», un undamen o que le acili ó conoce y comp ende España. Desde la pe spec i a de es e in es igado , su ob a no se puede en ende sin si ua nos an e es a inclinación suya hacia nues a cul u a: «Pasó un o al de casi es años en la Península. Conocía a espa- ñoles de odas clases y odas las egiones, a los a is as y esc i- José Campos Cañiza es 44 o es del pasado y del p esen e. Conocía el paisaje de la misma mane a que había conocido las llanu as de Illinois an es de que se cub ie an de edi icios, y los luga es de pesca y caza en el Oes e y en la cos a de Flo ida. Conocía el cas ellano, los olo es, los sonidos, los inos, la comida, los caminos, pája os, anima- les, á boles, cielos y “cómo es aba el iempo”, como él decía: “Amo a España como amo a Idaho, Wyoming y Mon ana”»3. El lib o que le dedica José Luis Cas illo-Puche, Hemingway, en e la ida y la mue e, in en a aden a se en las azones que lle a on a Hemingway a suicida se el 2 de julio de 1961, en su casa de Ke chum, en Idaho. José Luis Cas illo-Puche a ó mucho a Hemingway a pa i de 1954 y llegó a in ima con él. Fue el a í ice de que se p oduje a la isi a del esc i o no e- ame icano a Pío Ba oja en oc ub e de 1956, poco an es de que mu ie a el esc i o asco. C ee que a Hemingway le unía a Ba oja, no ene una ideología ija y de inida, ni más ni menos, se un libe al. Piensa, a su ez, que no se le puede comp ende sin elaciona lo con España, un país y una cul u a que imp egnó oda la ob a y la pe sona del esc i o es adounidense. Veía en él a un coloso con pies de ba o, a un homb e que daba la sensa- ción ex e na de dominio y segu idad cuando en ealidad e a un g an ímido y poseía, en muchas ace as, insegu idades i ales, que se mani es aban en decli es del ánimo y dep esiones. E a un homb e gene oso y a able, poco con encional y de una i alidad i esis ible. LA MÍTICA José Luis Cas illo-Puche opina que Hemingway in uyó que en la co ida de o os se encon aba un « esiduo de i o paga- no y sac o» donde el o e o, “un o ician e” y “deposi a io del i o 3(S an on, 1986: 18) Las ases en e comillas con enidas en el pá a o an e io , éanse en págs. 17, 238 y 248. E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 45 sac o”, «se a oga el a ibu o de la di inidad de da la mue e4, dando en onces el ma ado la sensación de inmo alidad»5,y que 4La ase, base del azonamien o de José Luis Cas illo-Puche, su ge de lo que Hemingway esc ibe sob e la sue e sup ema en Mue e en la a de, en su capí- ulo 19. Un concep o que asumió nada más oma con ac o con la co ida de o os. El au o es adounidense mani ies a que la sue e de ma a es la más bella de la lidia y con iene un aspec o écnico y o o espi i ual. Es deci , el o e o debe sabe ma a al o o, pe o además iene que c ee en ello, lo cual compo a un elemen o de c e- encia, de e en lo que hace cuando o icia. De es e modo, pa a que la sue e de ma a se ealice con au en icidad, al e dade o g an ma ado , (nos dice) « iene que gus a le ma a (pues) si no c ee que ma a es la cosa mejo que puede hace - se, si no es conscien e de la dignidad de es e ac o y no encuen a en él su p opia ecompensa, se á incapaz de la abnegación necesa ia pa a la e dade a sue e de ma a . El e dade o g an ma ado iene que ene un sen ido del hono y un deseo de glo ia que sob epase con mucho el del o e o o dina io. En o as palab as: iene que se un homb e sencillo. Debe sen i place ma ando (apa e de pone en juego su ida haciendo bien la sue e con mule a y espada -po lo cual sen i á o gullo po el simple hecho de se homb e-) debe sabo ea una sa is acción espi i ual en el momen o de ma a . (Pa a:) Ma a con limpieza (y que) p opo cione place es é- ico y o gullo (desde) la e dade a aleg ía de ma a . (…). Es el o gullo el que hace la co ida de o os y es la e dade a aleg ía de ma a la que hace al g an ma ado ». (2011: 273-274). La in e p e ación de José Luis Cas illo-Puche, puede lee se en (1968: 103) Lib o que se adujo al inglés, y según el au o , con ó pa a que en EEUU e Ingla e a se alo a a la impo ancia de España en la ida y en la ob a de Hemingway, éase en su a ículo, (1984: 3). 5Pa a Hemingway, el o e o cuando alcanza la g an aena o la aena com- ple a, lo cual ocu e en muy pocas ocasiones, es algo que nadie puede ol ida ; en onces, al aena «hace sali al espada de sí mismo (y) lo hace sen i se inmo al mien as la es á ejecu ando. (Es una) aena que lo hace cae en un éx asis, aunque momen áneo, an p o undo como un éx asis eligioso, un éx asis que a as a al mismo iempo al gen ío que hay en la plaza y a c eciendo en emoción, y se lle a consigo al o e o, y es como si el dies o, po medio del o o, pudie a ob a sob e la masa y ecibi a la ez la éplica que le en ía. Es un éx asis c ecien e de desdén i ual y apasionado hacia la mue e, un éx asis, que al e mina con la mue e del o o, que lo ha hecho posible, deja al espec ado an acío, cambiado y is e como cualquie o a g an emoción». Es e concep o de cómo sien e el o e o que alcanza la inmo alidad, lo cie a Hemingway, ambién, en Mue e en la a de, con las siguien es palab as, aho a elacionadas con una in e p e ación global de la co ida de o os: «La esencia, la seducción emo i a de la co ida es iba en el sen imien o José Campos Cañiza es 46 cuando uno mi a al o ician e es e sen imien o se hace p opio, y si emos mo i (al o e o), no se emos noso os quienes mu a- mos, si no que «se ía más bien como la mue e de los dioses» (Hemingway, 2011: 252-253) asladada a cada espec ado 6, con o me lo conside a Cas illo-Puche, que de mane a o al ein- e p e a así el pensamien o áu ico hemingwayano: «Pa a Hemingway, el o e o [En El e ano pelig oso, pe soni i- cado en An onio O dóñez] es el: que o eando concedía, ans- mi ía, adminis aba, epa ía, impa ía la mue e a odos los p esen es, po que de su posible mue e pa icipan odos, como de la bendición que impa e el sace do e en nomb e de Dios pa - icipa has a el úl imo iel, comenzando po el Minis o del al a de inmo alidad que el o e o expe imen a en medio de una g an aena y que comunica a los espec ado es. El o e o lle a a cabo en e a nues os ojos una ob a de a e, juega con la mue e, se ace ca cada ez más a ella, más ce ca, más ce ca oda ía, a una mue e cuya p esencia se sabe que es á en los cue nos, po que se han is o los cue pos de los caballos cubie os de man as en la a ena pa a p oba - lo. El o e o os comunica su sen imien o de inmo alidad y, cuando lo mi áis, ese sen imien o iene que se ues o; y cuando ese sen imien o es algo común a odos, lo co obo a con la espada». (2011: 246 y 252). [Aquí, obse amos algo unda- men al, como es el hecho de que Hemingway compuso Fies a y io muchos o os, cuando oda ía no había pe o en los caballos]. A su ez, éase (Cas illo-Puche, 1968: 103) 6Así, explica José Luis Cas illo-Puche, esa ci a de Hemingway sob e la posible mue e del o e o, que puede sucede le al se un sace do e que impa e la mue e, en una ce emonia que puede inclui la suya p opia: «Fijémonos que no dice; se ía la mue e de un dios, sino la mue e de los dioses, po que odos los espec ado es pa icipan de esa mue e, uno po uno. Es deci , de la mue e impa - ida po el o ician e o e o. Y po eso la palab a impa i ( o impa en su o iginal) espondía exac amen e a su necesidad de in e p e ación» de la comunión exis en- e, en la co ida y en la sue e de ma a , en e o ician e y ieles; éase en (1968: 103-104). [Lo que esc ibió exac amen e Hemingway ue: «E en i yo saw him killed i would no be you who would be killed, i would be mo e like he dea h o he gods», (1994: 188). (El é mino impa i , es un é mino que apa ece en El e a- no pelig oso, y le si e a Cas illo-Puche pa a ealiza su in e p e ación sob e el o e o como o ician e, en Hemingway). E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 47 que hace la in ocación (…) El sace do e no se bendice a sí mismo sino que epa e e impa e la bendición que iene en depósi o de mane a ca ismá ica y minis e ial. Al impa i la bendición da de lo que iene como de un depósi o sag ado (…) El o e o no sólo a a la mue e sino que iene de la mue e y él es quien la da. Y al ace ca se a su mis e io, a la mue e, la mue - e que puede ecibi y a eces ecibe, no es sólo la p opia, la suya y la que es aba des inada a sí mismo, sino que se a a de una mue e que pe enece p opo cionalmen e a odos los que es ando en la plaza ienen disposición y capacidad pa a ecibi - la» (Cas illo Puche, 1968: 103). Deduce José Luis Cas illo-Puche que Hemingway adi inó que en la co ida de o os se p oduce una ansmisión del pode del o o en el momen o de la mue e hacia el ma ado . En endió que en la co ida el o e o celeb a un i o en un al a –la a ena– y an e unos ieles –el público– que pa icipan «ac i amen e, y no sólo ísica sino espi i ualmen e ambién, de esa mue e compa - ida y conceleb ada» (Ibidem: 104). Cabe señala que, además, con sus azonamien os, si uó al o eo en el paso o ánsi o que a de se i o eligioso a juego que emp ende el o e o con el o o. Una aliosa ap eciación que llega ía a popula iza , más adelan- e, en la in es igación his ó ica Ángel Ál a ez de Mi anda, en su ob a Ri os y juegos del o o (1962)7. Con al es imación nos encon amos ins alados en el i ual y en la mi ología, en lo eli- gioso y en lo simbólico, en algo an e io a la ci ilización y que nos ace ca a la inmo alidad. Nos hallamos pene ados de sec e- os y eso os, emplazados an e la ascenden al apues a que la au omaquia española di ige a la cul u a uni e sal. Pa a Hemingway no había jus i icación pa a que los esc i o es espa- ñoles no explo a an a ís icamen e el ema de las co idas de 7Ibídem. Una suge encia que apo a José Luis Cas illo-Puche ace cándo- se a la ob a de Ángel Ál a ez Mi anda y la au omaquia de Hemingway. José Campos Cañiza es 54 «El o o se e ol ió como un ga o y embis ió a El Algabeño y Algabeño lo ecibió con el capo e. Una, dos, es eces hizo el pe ec o, alado, len o e olo eo con el capo e, pe ec amen e, con g acia, elegan e, cla ado en sus alones, desconce ando al o o» (S an on, 1986: 65 y 67). Pa a S an on, en Hemingway «el i mo de la acción» es imi- ado po un lenguaje que, a su ez, es capaz de ansmi i «el i mo de los mo imien os de o e o y animal en el uedo». Un log o, una écnica, que ambién se ap ecia en una de las iñe as au inas que in odujo en En nues o iempo, su segunda ob a publicada en 1924, cuando in en a ep oduci el o eo de Nicano Villal a. A con inuación, acili amos el episodio según apa ece en el lib o de S an on, con aducción de Joaquín González Muela. En e pa én- esis si uamos algunos é minos empleados en la aducción de Damián Alou (Hemingway, 2015: 223): «Si lo que ocu ía es aba ahí abajo, delan e de us ojos, muy ce ca, pod ías e a Villal a g i a le al o o y maldeci le, y cuan- do el o o (embes ía) se inclinó hacia a ás, i me como un oble cuando el ien o lo golpea, (las pie nas bien jun as), la mule a (a as ando) y la espada siguiendo (la) cu a. Después maldijo al o o, (agi ó) la mule a (delan e de él) y se inclinó hacia a ás al embes i el o o, (los pies i mes), la mule a (desc ibiendo) una cu a y con cada pase la mul i ud ugía. Cuando se p epa aba pa a la es ocada ue ambién como un enda al. El o o lo mi ó di ec amen e, odiándolo. Sacó la espada (con un solo mo imien o) de los pliegues de la mule- a a la ez que mi aba (apun aba) y llamaba ¡To o! ¡To o! y la bes ia a ancó y Villal a a ancó y po un momen o los dos se hicie on uno. Villal a se hizo uno con el o o y odo es aba acabando. Villal a (e guido) y (la empuñadu a) del es oque (asomando) como si nada en e las espaldas del o o. Villal a, una mano en al o saludando a la mul i ud y el o o (se desan- E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 55 g aba), mi ando di ec amen e a Villal a, desplomándose» (S an on, 1986: 66-67). En la explicación de S an on, la p osa í mica de Hemingway se desa olló «de la mano con el o eo, un a e emi- nen emen e í mico, como la música y el baile. (Po que) casi odo en la co ida es i mo» (Ibidem: 67). En esa coyun u a el esc i o es adounidense asimila á el emple del o e o, la an- quilidad, la sua idad con la que debe mo e los engaños y cómo el lidiado le coge la elocidad al o o. Una concepción écnica y a moniosa que encon amos en es e pasaje de Mue e en la a de: «es el homb e quien debe o za al o o a embes i como el o e o le place, haciéndole desc ibi más bien cu as que líne- as ec as; es él quien debe ija su di ección, y no ap o echa se simplemen e de las embes idas del o o cuando pasa ce ca de él pa a hace le ilig anas». Obse amos que Hemingway en iende el o eo y quie e ija en su esc i u a su empo, su esencialidad, su acompasamien o, que es á unido al igo de la lidia: «Los españoles dicen: ‘To ea es pa a , empla y manda ’; es deci , que en la e dade a co ida el ma ado iene que pe ma- nece anquilo, iene que egula la elocidad del o o con el mo imien o de las muñecas y de los b azos que sos ienen la ela, y domina y di igi la lidia. Cualquie o a mane a de ( o e- a ) o de da pases escul u ales en el ayec o na u al del o o, po b illan es que esul en, es án ue a de la e dade a lidia, po que en onces es el animal el que manda, y no el o e o» (Hemingway, 2011: 186). El esc i o no eame icano diseccionó en su esc i u a au- ina, opina S an on, además del emple del o eo y los pases indi- iduales, la isión de conjun o y la ligazón en se ies (1986: 67), como cuando desc ibió el o eo de capo e de Pepe Algabeño. Algo que e lejó, más adelan e, en Fies a, cuando ec eó los pases liga- dos de la úl ima aena desc i a de Ped o Rome o, median e una José Campos Cañiza es 56 p osa que S an on denomina como ex á ica, que en la aducción de la no ela al español de Miguel Ma ínez-Lage, suena así: «Ligó odos los pases, los comple ó odos, odos ejecu ados con len i ud, emplados, medidos (…) No hubo la meno b usquedad. Con cada pase, en el momen o de alcanza su culminación se quedaba uno con un ansia epen ina po den o. El público desea- ba que no e minase nunca» (Hemingway, 2002: 240) [«All he passes he linked up, all comple ed, all slow, empled and smoo h (…) The e was no b usqueness. And each pass as i eached he summi ga e you a sudden ache inside. The c owd did no wan i e e o be inished» (Ibidem, 2014: 175)]. Pa a Edwa d F. S an on: Hemingway halló en el o eo el modelo pa a alcanza su “p osa ex á ica”, un nue o es ilo pa a las secuencias con acción, que se anudaba a la economía de medios18, que b o aba usionado al con enido del o eo, po el éx asis que p oduce la g an aena al se is a y sen ida, po su eligiosidad y su mís ica, su in ensidad y su emoción, y po la exal ación del momen o, su ugacidad y su de ención en un p e- sen e pe pe uo. Es deci , la p osa que él buscaba, la que con enía mo imien o, emoción, pe manencia y au en icidad. Dinamismo y humedad, “un lui de la men alidad inconscien e” y un i mo len o que con e i á la expe iencia de lo is o, en una comunión en e esc i o y lec o : «Igual que el o e o y el gen ío es aban unidos po una emoción común, el c eado de la p osa ex á ica y el lec o que la leía es a- ban unidos po un sen imien o de libe ación, pu i icación y ca a sis. Po eso Hemingway se sen ía acío después de unas 18 S an on quie e apun a que en Hemingway hay dos es ilos, el de odos conocido, el escue o, el conciso; y el de la p osa ex á ica alcanzado median e su obse ación y ep oducción esc i a del o eo. Una p osa ex á ica que aplicó a la pesca, al esquí, a la caza y al amo . Su gido del éx asis de la co ida. De la ieja y adicional agedia. Del i mo del o eo. E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 57 cuan as ho as de abajo, y noso os podemos sen i algo seme- jan e al lee sus mejo es esc i os». Un éx asis en el que podían pa icipa “ o e o o espec a- do , esc i o o lec o ”. E nes Hemingway, añade S an on: «E a un esc i o muy isual: (pa a él) había que i i bien con los ojos. Pe o sob e odo e a un a is a del iempo, que c eó un es ilo o iginal con el i mo y la su il música de las palab as. Un esc i o eligioso que se sen ía ce cano a los dioses g iegos, que le a aía el mis e io. Que en el i o an iguo y a á ico de la au- omaquia encon ó un a e que podía se i de modelo a su o i- cio de esc ibi , una expe iencia de éx asis que había log ado sob e i i milag osamen e en el siglo de la azón, la ciencia y la ecnología, y que enía sus aíces en la Península Ibé ica. El o eo y su p osa ex á ica ue on las p ime as ‘cosas sec e as’que Hemingway descub ió en España (uno de los sec e os de España)» (1986: 70, 77 y 78). FIESTA En Fies a, se da, po lo an o, una inno ación a la ho a de con a el hecho au ino, la acción au ina, los lances y la aena. Una inno ación, que es cie o, como hemos ap eciado, ambién, apa ece en o os esc i os suyos algo an e io es en el iempo. En Fies a se habla de es co idas de o os, is as po el au o en los San e mines de 1925. La p ime a de ellas, la del 7 de julio: o os de F ancisco Villa , pa a An onio Má quez, Ma ín Agüe o y Caye ano O dóñez Niño de la Palma (Ped o Rome o en la no e- la19). En ella Jake Ba nes (al e ego de Hemingway en la ob a) 19 Josephs Allen es udia el nomb e elegido po Hemingway pa a el o e o de Fies a. En p ime a ins ancia se iba a llama An onio Gue a, como e e encia a Gue i a; más adelan e, iba a apa ece el nomb e au én ico de Caye ano O dóñez. Finalmen e, eligió Ped o Rome o, con e dade o acie o, pues es e o e o legen- da io eúne las cualidades mí icas y de pu eza del a e au ino. Véase en el a ícu- lo (Allen, 2014: 129-160). José Campos Cañiza es 58 se queda p endado del o eo de Ped o Rome o «E a un o e o au én ico, y hacía mucho iempo que no se eía uno así» (Hemingway, 2002: 186) [«This was a eal one. The e had no been a eal one o a long ime» (Ibidem, 2014: 131)]. A Hemingway le se i á su expe iencia como espec ado au ino de aquella época pa a elabo a el o eo y la icción en Fies a. Hay una base eal y un conocimien o acumulado. Es deci , en 1925 io a Niño de la Palma muy bien en di e en es plazas de o os, en e ellas la de Mad id en la co ida de la p ensa20. En la co ida mencionada de Pamplona es posible que Caye ano O dóñez sólo es u ie a en un ono acep able21. 20 En la enciclopedia Los To os, de José Ma ía Cossío [ e sión en dos olúmenes] [ . II], de Caye ano O dóñez, Niño de la Palma (1904-1961), de su ac uación en la co ida de la Asociación de la P ensa, en Mad id, el 16 de julio, de 1925, donde con i mó la al e na i a ( o eó con Luis F eg, Nicano Villal a y el Li i, an e o os de Vicen e Ma ínez y Es eban He nández), es ejo que io Hemingway [Caye ano le en egó a Hadley, pa a que lo gua da a du an e la co ida, su capo e de paseo - (I iba en, 1984: 70)]; de esa a de, como apun á- bamos, enemos la siguien e e e encia: «El iun o de Niño de la Palma o eó con capa y mule a insupe ablemen e, y le ue concedida la o eja del o o po uná- nime solici ud. El lidia de Caye ano e a, sob e odo, un p odigio de esca espon aneidad, de na u alidad del mejo gus o, que ealzaban la ju en ud y la g aciosa igu a del o e o». Al hace balance de su o eo el Cossío añade: «Me ece sub aya se aquella su in uición ma a illosa en el uedo que le hizo se uno de los mejo es di ec o es de lidia que ha conocido es a época, an descuida- da en es e aspec o de las co idas. Después de es o una na u alidad o, mejo dicho, una espon aneidad en las mane as de su a e, que le daba luga p i ile- giado en e los e o cimien os y a ec aciones de o os dies os. Con la capa su epe o io e a a iadísimo, y esas cualidades ocupaban el p ime plano. Lo mismo puede deci se de su mule a», en (Cossío, 1997, 631-632). 21 Véase en la c ónica de esa co ida, sin i ma, que se publicó en Abc, el día siguien e, 8 de julio de 1925, en pág. 29. Hemingway comen a en El e ano peli- g oso [que de Caye ano O dóñez esc ibió en Fies a]: «hice de él un e a o y una des- c ipción de su modo de o ea (…) Todo lo que en ese lib o se na a ace ca de la co ida es exac amen e lo que sucedió. El es o, lo que ocu e ue a de la plaza, es pu a in ención. Caye ano lo sabía y nunca se quejó de la ob a», en (2011: 31). E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 59 La segunda co ida que nos encon amos en Fies a, ue la del día 11 de julio, con o os de Game o Cí ico: Juan Belmon e, Ma cial Lalanda y Niño de la Palma22. De es a co ida, en Fies a, sólo se habla de Ped o Rome o. La p esencia de Juan Belmon e, el au o se la ese a pa a habla de él en la e ce a co ida de la no e- la y úl ima. En ealidad, la del día 12 de julio. En la desc ipción de la segunda co ida asis imos a la p e igu ación del emple de Ped o Rome o, con el capo e y con la mule a, en p osa ex á ica: «Le hice ija se (a B e ) en cómo alejaba Rome o al o o del caballo de ibado a pun a de capo e, cómo lo e enía y lo hacía i a en la o a di ección, con lisu a y sua idad, sin ago a al o o. No ó que Rome o e i aba oda b usquedad de mo imien- os y que ese aba sus o os pa a el inal, pa a el momen o que deseaba, sin a iga los en exceso, no dejándolos sin esuello, sino sua emen e abajados y debili ados. En endió la eno me p oximidad con que Rome o se abajaba a sus o os (…). Rome o no hacía una sola con o sión; siemp e es aba ec o, pu o, na u al, en línea con el o o. Los o os se e o cían como sacaco chos, le an ando los codos, a imándose al lanco del o o una ez habían pasado de la go las as as, pa a p oduci una alsa sensación de pelig o. (…) El o eo de Rome o p oducía au én ica emoción, po que man enía una absolu a pu eza de mo imien os, siemp e segu o, inamo ible, anquilo al deja pasa de la go la co namen a del o o en cada pase. (…) Rome o o eaba a la an igua, con una pu eza de líneas log ada median e la máxima exposición al o o, al iempo que lo dominaba haciéndole comp ende que e a inalcanzable mien as se p epa- aba pa a en a a ma a 23». 22 En es a co ida no es aba anunciado Niño de la Palma. En ó en ella, «en sus i ución del Algabeño, que el día an e io , o eando en Mad id, se había lesio- nado la muñeca», (I iba en, 1984: 58). 23 (Hemingway, 2002: 189-190). La c ónica de Abc de es a co ida se publicó el 12 de julio de 1925, (sin i ma), en pág. 31. José Campos Cañiza es 60 La e ce a co ida que se na a en Fies a, co esponde a la del día 12 de julio de 1925, donde Hemingway ya si úa a Juan Belmon e, que en e dad no o eó. Había o eado An onio Má quez. En la no ela Belmon e compa e ca el con Ma cial Lalanda y Niño de la Palma. Se co ie on o os de Pablo Rome o. Es cie o que Niño de la Palma co ó una o eja, como en la no ela lo hace Ped o Rome o24. En in, las co i- das de Fies a, es án inspi adas en las eales, pe o acomodadas al a e del esc i o , a lo que él que ía ansmi i . De la e ce a co ida, en el ela o, exis en nume osos pasajes de excelen e c ónica de p osa ex á ica. Uno de ellos, la en ada al caballo del p ime o o de la lidia de Belmon e, donde se esceni ica una e dade a sue e de a as du an e el e cio de qui es, en u no de Ped o Rome o. En una época donde no había pe o. Es a secuencia, po lo an o, nos b inda la opo unidad de ace ca nos a una co ida de o os oda ía sin a iación (el au o elige que sea una a a sin eca ga del o o) con espec o a sus o ígenes his ó icos, donde lo an opológico y lo simbó- lico podían b illa con mayo ue za: «El picado , con el cas o eño calado has a los ojos y el as il de la a a de pica en ángulo agudo hacia el o o, espoleó a la mon- u a y, con las iendas en la mano izquie da, hizo a anza al caballo hacia el o o. En apa iencia con emplaba al caballo blanco, pe o en ealidad mi aba la pun a de ace o iangula de la pica. Rome o, a en o, io que el o o mo ía la cabeza. No deseaba embes i en ese momen o. Hizo un le e mo imien o con el capo e, de modo que el o o cap ó el ale eo del colo . El o o embis ió en un ac o e lejo, y se encon ó no el des ello de 24 No hemos encon ado c ónica en Abc de es e es ejo, en el que según José Ma ía I iba en, el plan el de o e os, con o os de Pablo Rome o, lo o ma- on An onio Má quez, Ma cial Lalanda y Niño de la Palma. I iba en (1984: 59) cons a a que Caye ano O dóñez «consiguió una o eja». E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 61 colo que ie a, sino un caballo blanco, y un homb e enca ama- do encima, que le cla ó la pun a de ace o de la a a, hecha de ecio nogal ame icano, en lo al o del (mo illo) que ema aba su espalda , a la ez que desplazaba al caballo de cos ado según pi o eaba con odo su peso sob e la a a de pica , causándole una he ida, cla ando el ace o en las ca nes del o o, haciéndolo sang a pa a Belmon e. Fig. n.º 5.- Picado . Acua ela de San iago Ma ínez Delgado, SMD Collec ion. El o o no insis ió bajo el ace o. No deseaba en ealidad alcan- za al caballo. Se ol ió y se deshizo el g upo» (Hemingway, 2002: 237). En la no ela, una ez que ese o o sale del caballo, se uel e al o eo, a los engaños con las elas, y se cen a en el qui e de Rome o. Se e leja án secuencias í idas de cómo se o eaba con el capo e en los años ein e del pasado siglo. De la José Campos Cañiza es 62 cadencia, de la sua idad y del i mo que se in en aba imp egna a lo iolen o: «Rome o lo ecogió a pun a de capo e. Lo hizo sali con lisu a y sua idad, y se de u o de modo que, de pie en e al o o, le endió de nue o el capo e. El o o le an ó el abo y embis ió, y Rome o mo ió los b azos p o ocando un gi o del capo e, los pies cla ados en la a ena. El capo e mojado y pesado po la a ena adhe ida se ab ió al gi a con la hinchazón de una ela de ba co, y Rome o pi o ó con él delan e del o o. Te minado el (lance) se encon a on uno y o o de nue o ca a a ca a. Rome o son ió. El o o quiso busca le de nue o y el capo e de Rome o se ol ió a henchi , sólo que es a ez po el lado con a io. En odo momen o dejó pasa al o o an ce ca de sí que el homb e, el o o y el capo e que se henchía y que gi aba po delan e del o o e an una y la misma cosa, una masa g abada con ni idez al agua ue e. Y odo ue len o y con olado. Fue como si mecie a al o o pa a do mi lo. Hizo cua o e ónicas como la p ime a, y e minó con media e ónica con la que dio la espalda al o o pa a sali caminando a ecibi los aplausos, la mano en la cade- a, el capo e al b azo, el o o iéndolo aleja se de espaldas» (Ibidem: 2002: 237-238). En la aena de mule a del p ime o o que le co espondió a Ped o Rome o, con emplamos que u o que ealiza la – as obse a en el capo e que el o o no dis inguía los engaños– aco- modándose a ese de ec o pa a pode saca le aena. Rome o lo encela á o eciéndole su cue po, ela a el esc i o , adap ando, con inuamen e, su p ocede a esa ex aña embes ida, la de un o o epa ado de la is a: «Con el o o que no dis inguía los colo es del capo e, ni la a- nela esca la a de la mule a, Rome o u o que obliga lo a en a al apo usando su p opio cue po con engaño. Tu o que a i- ma se an o que el o o se ija a en su cue po y a ancase a po E nes Hemingway, inno ado de la c ónica au ina en Fies a (1926) 63 él, y ac o seguido desplaza la embes ida del animal a la ane- la, pa a e mina el pase a la mane a clásica (…). (Inme so en la aena). En el cen o del edondel, solo po comple o, Rome o seguía con la misma u ina, a imándose an o que el o o lo ie a con cla idad, o eciéndole el cue po, ci ándolo aun desde más ce ca, mien as el o o lo mi aba sin e , has a el ins an e, an ce ca es aba, en que el o o pa ecía con encido de que lo enía a su alcance, y ci ándolo una y o a ez, has a cap a su a ención y, con la a ancada, an es de que lo alcanzase con los pi ones, en egando al o o (la mule a) pa a que siguie a su a- yec o ia, cosa que hacía con una mínima sacudida, impe cep i- ble casi» (Ibidem: 238-239). En la es ocada a ese o o, Ped o Rome o ma ó en la sue - e a un iempo25. Con una ejecución a cáma a len a: «En el cen o del albe o Rome o se pe iló en e al o o, sacó la espada de los pliegues de la mule a, se puso de pun illas y apun- ó con el ojo sob e el ilo de la espada. El o o embis ió a la ez que Rome o a acaba. [The bull cha ged as Rome o cha ged (Hemingway, 2014: 174)]. Con la mano izquie da, bajó la mule- a delan e del mo o del o o pa a cega lo, adelan ó el homb o izquie do en e los pi ones a la ez que pasaba la espada y, po un ins an e, se aunó del odo con el o o, Rome o bien po enci- ma, el b azo de echo ex endido a lo al o, en pos de la espada, que había en ado en la c uce a misma del animal. A englón seguido se deshizo la igu a única. Con una sacudida, Rome o salió lib ado de la embes ida y se encon ó de pie, con una mano en al o, en e al o o, la camisa desga ada po debajo de la 25 José Ca los de To es (1996: 367), elige pa a explica es a sue e el Dicciona io de Sánchez de Nei a (1879): «Es uno de los nue os nomb es dados al modo de ma a mode namen e. Consis e en a anca el o e o y el o o, uno hacia el o o, p ecisamen e al mismo iempo, es deci , en el mismo ins an e y como se comp ende á desde luego, es o siemp e iene que sucede sin p epa a lo ni pen- sa lo. Po lo demás, la sue e es a ancando».