La humanidad frente al imperativo tecnológico
Abstract
Este trabajo busca abordar la cuestión de la técnica en relación con la formación identitaria del ser humano, haciendo un repaso desde el hombre primitivo hasta el transhumanismo. Este recorrido es expuesto desde lo que se podría catalogar como un humanismo que bebe de corrientes existencialistas. Es una apuesta por recuperar la centralidad de la cuestión antropológica y una alerta que nos impulse a tomar el timón de forma consciente de lo que para muchos autores supone la cuarta revolución industrial.
Full text
UNIVERSIDAD DE SEVILLA Facultad de Filosofía Departamento de Filosofía y Lógica y Filosofía de la Ciencia LA HUMANIDAD FRENTE AL IMPERATIVO TECNOLÓGICO TFG Oficial Universitario, Grado de Filosofía Trabajo realizado por: Noelia Hernández García Tutor: Prof. Moisés Pérez Marcos Sevilla / 2024
1 Título: LA HUMANIDAD FRENTE AL IMPERATIVO TECNOLÓGICO Autor: Noelia Hernández García Tutor: Dr. Moisés Pérez Marcos Resumen: Este trabajo busca abordar la cuestión de la técnica en relación con la formación identitaria del ser humano, haciendo un repaso desde el hombre primitivo hasta el transhumanismo. Este recorrido es expuesto desde lo que se podría catalogar como un humanismo que bebe de corrientes existencialistas. Es una apuesta por recuperar la centralidad de la cuestión antropológica y una alerta que nos impulse a tomar el timón de forma consciente de lo que para muchos autores supone la cuarta revolución industrial. Palabras clave: vida, técnica, Inteligencia Artificial, cerebro, transhumanismo. Abstract: This paper seeks to address the question of technology in relation to the formation of human identity, reviewing it from primitive man to transhumanism. This journey is presented from what could be catalogued as a humanism that draws from existentialist currents. It is a bid to recover the centrality of the anthropological question and a warning that encourages us to consciously take the helm of what many authors see as the fourth industrial revolution. Keywords: life, technology, Artificial Intelligence, brain, transhumanism.
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3 ÍNDICE ÍNDICE ........................................................................................................................................ 3 INTRODUCCIÓN: marco teórico ............................................................................................. 4 Objetivo del trabajo ................................................................................................................. 4 El imperativo tecnológico ........................................................................................................ 4 CAPÍTULO 1: ¿Quiénes somos? ¿El mono con ropa? ¿Aquel que levantó la mirada hacia el cielo? .......................................................................................................................................... 7 Historia de la técnica: ¿de dónde venimos y a dónde vamos? ............................................... 13 1. Técnica del azar ........................................................................................................... 14 2. Técnica como artesanía ............................................................................................... 15 3. Técnica del técnico ...................................................................................................... 17 CAPÍTULO 2: Sobre la “cuarta revolución industrial” ........................................................ 20 Técnica como cibertécnica .................................................................................................... 20 1. La peculiaridad del carácter totalizador de las tecnologías digitales ........................... 20 2. Tecnologías orientativas .............................................................................................. 23 3. Inversión de referentes ................................................................................................. 27 4. Virtualidad, otras vidas ................................................................................................ 29 La búsqueda de la inmortalidad a través de la digitalización ................................................ 30 CAPÍTULO 3: Sobre la inteligencia ........................................................................................ 36 Las exteriorizaciones ............................................................................................................. 36 ¿En qué se distingue la inteligencia humana y la artificial? .................................................. 39 1. El papel del cuerpo y la suposición biológica ............................................................. 39 2. Ruido y señal: ¿qué es “significar”? ............................................................................ 41 3. Procesamiento de información: correlaciones y relaciones ......................................... 44 4. Exaptación y memoria ................................................................................................. 46 CAPÍTULO 4: Reflexión existencialista .................................................................................. 50 Bibliografía .................................................................................................................................. 54
4 INTRODUCCIÓN: marco teórico Objetivo del trabajo Con este trabajo pretendo fundamentalmente tres cosas, que considero imperativas ante la nueva tecnología de la Inteligencia Artificial. La primera es adquirir una comprensión clara de qué es la técnica. Desde mi punto de vista esto sólo se puede abordar desde una pregunta anterior: quién produce la técnica. Lo que nos lleva a entenderla como la función o capacidad más característica del hombre; un ser que está dividido siempre entre lo que es y lo que puede imaginar. La técnica, por tanto, responde a una necesidad vital del mismo hombre, es decir, está al servicio de su vida; de cómo entiende el hombre el vivir. Para tratar la situación actual, sin quitar el foco de atención de la relación entre el hombre y la técnica, he querido hacer, en el capítulo primero (titulado “¿Quiénes somos? ¿El mono con ropa? ¿Aquel que levantó la mirada al cielo?”) un breve repaso de cómo ésta evoluciona hasta el día de hoy. Pues para mí, encontramos en ella peculiaridades frente a los estadios que había descrito Ortega. Este será el tema del segundo capítulo, titulado: “Sobre la cuarta revolución industrial”. La segunda es entender a qué nos referimos cuando hablamos de “inteligencia” artificial, lo que conlleva desmitificarla. La información que nos llega a través de la ficción, los medios (que buscan incentivar el morbo y la mitificación) y el propio lenguaje utilizado, nos llevan a confundir estos sistemas computacionales con una especie de “superinteligencia”. Veremos que realmente esta no es más que una nueva forma de la técnica. En esta parte entraría la comparación entre la inteligencia artificial y la propiamente humana (la falta de cuerpo, el uso de la memoria, qué es significar, la diferencia entre relación y correlación, etc.). La tercera es, teniendo en cuenta los dos puntos anteriores, poner sobre la mesa la pregunta acerca de cuál debe ser el papel que le asignemos como sociedad a la Inteligencia Artificial. Tenemos la responsabilidad de no convertir su palabra en un dogma, ni asignarle el lugar del espíritu. Pues si la tecnología debe estar al servicio de la vida humana (capítulo 1) y sigue siendo el hombre el único capaz de deliberar acerca de cuáles son las mejores decisiones para orientarla (capítulo 2), entonces es importante acotar qué cantidad de trabajo vamos a delegar en ellas. La posición del hombre, por tanto, sería principalmente la de supervisión, regulación y consumo. Este último apartado no pretende llegar a ninguna conclusión efectiva sino enfatizar la necesidad de una reflexión a nivel social sobre todos estos temas. El imperativo tecnológico
5 La cuestión que motivó el trabajo desde un inicio no es más que el fruto de un fenómeno al que he denominado “imperativo tecnológico”. En este momento, las llamadas superpotencias (países como Estados Unidos, China y la Unión Europea) están invirtiendo significativamente en IA, con estrategias nacionales que buscan asegurar su liderazgo tecnológico. China, en particular, ha anunciado su ambición de convertirse en el líder mundial en IA para 2030, con inversiones masivas en investigación y desarrollo. Estamos viviendo una carrera “armamentística” en las fuentes de datos procedentes de empresas como Google, Amazon, Microsoft o Alibaba que funcionan como munición. La aplicabilidad y eficiencia para la maximización productiva de estas nuevas inteligencias han constituido a las mismas como el campo de batalla en el que disputar el poder económico sobre el resto del globo. La expectación que estos sistemas generan y lo que se consigue atribuyéndoles características como la “inteligencia” los adhiere imaginariamente a una posición deliberativa privilegiada asociada con una supuesta neutralidad y objetividad que baña tanto la técnica como la ciencia. Aunque en el caso de la técnica parece más sencillo deshacerse de este fantasma, pues una bomba nuclear nunca podrá ser entendida como neutral, ya que es imposible salvarla de la inherente y constitutiva esencia mortífera que posee (como bien, nos fue recordado en Oppenheimer, “el destructor de mundos”). Seguimos corriendo el riesgo de dejar el timón en manos de otro espectro/ilusión que convive con nosotros, el “Progreso”. Este problema de orientación se refiere al problema potencial que tendremos, o tenemos actualmente, al ejercer control sobre las IAs a medida que se vuelven más poderosas, sofisticadas y autónomas. Lejos de la versión más extrema de esto que se presenta en películas de ciencia ficción como Terminator (Cameron, 1984) o Matrix (Wachowski & Wachowski, 1999), donde los sistemas Al de alguna manera alcanzan conciencia junto con plena autonomía y proceden a intentar eliminar o esclavizar a todos los humanos, lo cual veo poco probable, pues en estos escenarios resolveríamos el problema de la conciencia, sí creo que estamos en un momento crucial para sentar las bases sobre hacia dónde queremos orientar esta poderosa herramienta. Como afirma Stuart Russell1, nadie en Alabama está trabajando para hacer que las máquinas sean conscientes, ni nadie sabría por dónde empezar. La verdadera preocupación no es que cobren conciencia, sino que incluso si nosotros les asignamos los objetivos a perseguir, 1 Russell, 2019, 16.
6 tendrán mucha autonomía para decidir cómo hacerlo y esto sí puede ser perjudicial para nosotros.
7 CAPÍTULO 1: ¿Quiénes somos? ¿El mono con ropa? ¿Aquel que levantó la mirada hacia el cielo? Como he expuesto en el apartado anterior, en esta parte del trabajo me encargaré de ofrecer una comprensión teórica de la técnica y el ser humano como animal técnico. Para ello me basaré en la visión del antropólogo Marvin Harris, expuesta en la obra Nuestra especie, y del filósofo Rodríguez Valls, en Orígenes del hombre: la singularidad del ser humano, utilizaré sus ideas acerca de cómo pasamos del hombre primitivo al hombre como lo entendemos actualmente. Para desarrollar el vínculo entre la técnica y el hombre me he basado en ideas de Ortega y Gasset y me he apoyado también en la lectura que hace José Orihuela de Ortega, desarrollada en su tesis doctoral sobre este tema. Para mostrar el contraste entre los seres humanos y el resto de los animales, me he basado en un artículo escrito por Mejía Rendón titulado El otro lado de la técnica: la técnica animal. El antropólogo americano Marvin Harris comienza el primer capítulo de su obra Nuestra especie (1997) con la afirmación: “En un principio era el pie”2. Hace cuatro millones de años, antes de adquirir el uso de la palabra o de la razón, nuestros antepasados ya caminaban erguidos sobre dos patas. Este hecho no es trivial, ya que el bipedalismo marca un hito crucial en nuestra evolución. ¿Por qué creó la naturaleza a un simio que caminaba a dos patas? Ningún animal grande se desplaza por las ramas ni salta entre ellas usando solo dos patas. Los mamíferos que habitan el suelo, en su mayoría, se desplazan a cuatro patas, lo que les proporciona estabilidad y velocidad. En el caso de los seres humanos, existe una clara distinción entre pie y mano, configurando un simio bípedo y bimano. Esta característica sólo tiene sentido desde un punto de vista evolutivo porque permitió a nuestros antepasados realizar en el suelo algo que ninguna otra criatura había hecho nunca de manera tan eficiente: fabricar.3 Las características morfológicas de la verticalidad humana no son las únicas que nos distinguen como especie, pero podemos defender que el principio de estas características se encuentra en el pie y, en segundo lugar, en la mano, o más precisamente, en la liberación de la mano. Para mí, esta liberación de la mano también supone la llave a la imaginación. En esta 2 Harris, 1997, 13. 3 Ibíd.
14 1. Técnica del azar En este discurso la característica técnica atraviesa con tanta fuerza la conceptualización del ser humano, que nos lleva a poder hablar de él antes incluso de llegar a convertirse en Homo sapiens. El Homo habilis comenzó a construir herramientas hace unos dos millones y medio de años. Lo más antiguo que hemos encontrado es una ligera lasca de no más de veinticinco centímetros de largo, afilada y dentada, de posible uso polivalente: atacar, desgarrar, arma defensiva, cazar. ¿Cómo percibe la técnica este hombre primitivo? La respuesta es clara y contundente: el hombre primitivo no reconoce su propia técnica como tal; no se da cuenta de que posee una habilidad particular que le permite modificar la naturaleza según sus deseos. “El repertorio de actos técnicos que usufructúa el primitivo es sumamente escaso y no llega a formar un cuerpo suficientemente voluminoso para que pueda destacar y diferenciarse del repertorio de actos naturales que es en su vida incomparablemente mayor que aquél. Esto equivale a decir que el primitivo es mínimamente hombre y casi todo él puro animal.”20 Podemos decir que la técnica del Homo habilis es comprendida, mantiene una relación versátil de medios y fines, característica del entendimiento. Aunque como defiende Ortega para este los actos técnicos, en esta etapa, no tienen nada de especial, son considerados una de tantas actividades que puede realizar. “El primitivo se encuentra con que puede hacer fuego lo mismo que se encuentra con que puede andar, nadar, golpear, etc. Y como los actos naturales son un repertorio fijo y dado de una vez para siempre, así también sus actos técnicos. Desconoce por completo el carácter esencial de la técnica, que consiste en ser ella una capacidad de cambio y progreso, en principio, ilimitados.”21 La técnica era simple y escasa, lo que implicaba que todos los miembros de la comunidad participaban activamente en las actividades técnicas. No había una especialización o aislamiento de ciertos individuos en tareas técnicas específicas. Todo el grupo indiscriminadamente se encargaba de las mismas tareas. Tampoco se toma conciencia de la técnica en lo que el autor denomina “su momento 20 Ortega y Gasset, 1964, 360. 21 Ibíd.: p. 361.
15 más revelador”22, que es la invención. En el desarrollo cotidiano de los acontecimientos, mientras que el primitivo se encarga de cualquiera de sus labores, manejando sin ninguna finalidad exacta los objetos circundantes, surge, por mero azar, una situación que produce un resultado nuevo y útil. Se pone como ejemplo el descubrimiento del fuego. “Por ejemplo, rozando por diversión o prurito un palo con otro brota el fuego. Entonces el primitivo tiene una súbita visión de un nuevo nexo entre las cosas. El palo, que era algo para pegar, para apoyarse, aparece como algo nuevo, como lo que produce fuego. El primiti-vo, así tenemos que imaginarlo, queda anonadado, porque siente como si la naturaleza de improviso hubiese hecho penetrar en él uno de sus misterios.”23 La técnica aparece en esta etapa más como verdades reveladas que como invenciones propias, por el abismo de comprensión casuística. Estas están sujetas a un halo de misticismo, divinidad. No se siente Homo faber. “Este hombre, pues, no se sabe a sí mismo como inventor de sus inventos.”24 2. Técnica como artesanía Avancemos al segundo estadio: la técnica del artesano. Es la técnica que le pertenece a la antigua Grecia, la Roma pre-imperial y la Edad Media. La brecha entre la vida que experimenta el hombre en este estadio, con todas sus técnicas, y la que tendría sin ellas, no es tan drástica como para que, en caso de fallos o suspensión de estas técnicas, no pueda regresar a una forma de vida primitiva o casi primitiva. Es decir, hay una importante base natural que sigue sustentando el desarrollo de la vida humana. En palabras de Ortega: “Aún la proporción entre lo no técnico y lo técnico no es tal que lo técnico se haya hecho la base absoluta de sustentación.”25 El incremento considerable de los actos técnicos y su complejidad ha llevado a que muchos de ellos no puedan ser ejecutados por cualquier persona. Es necesario que ciertos individuos se dediquen plenamente a ellos, dedicando su vida a estas tareas: estos son los artesanos. Esto implica que el hombre comience a desarrollar una conciencia de la técnica como algo distinto y especial. “No pocos de éstos se han hecho tan complicados que no puede ejercitarlos todo 22 Ibíd.: p. 361. 23 Ibíd.: p. 361. 24 Ibíd.: p. 362. 25 Ortega y Gasset, 1964, 363.
16 el mundo y cualquiera. Es preciso que ciertos hombres se encarguen a fondo de ellos, dediquen a ellos su vida: son los artesanos.”26 Aunque aún no tiene conocimiento de la existencia de la técnica como tal, ya reconoce la presencia de artesanos, hombres que tienen un conjunto particular de habilidades que no son comunes ni naturales para todos. Una vez más, en el ámbito de la artesanía, no se desarrolla una conciencia del acto de inventar. El artesano debe someterse a un extenso período de aprendizaje durante el cual adquiere técnicas que ya están establecidas y provienen de una tradición ancestral e insondable. El artesano se guía por la norma de ajustarse a esa tradición como un todo: está orientado hacia el pasado y no está abierto a posibles innovaciones.27 En la artesanía, se producen exclusivamente instrumentos y no máquinas. Aquí, el instrumento actúa como un auxiliar de la fuerza de trabajo humana. Por el contrario, en el ámbito de las máquinas, el propio instrumento actúa de manera autónoma y produce el objeto deseado, relegando al hombre a un papel secundario como un elemento auxiliar. “La técnica deja de ser lo que hasta entonces había sido, manipulación, maniobra, y se convierte sensu stricto en fabricación. En la artesanía el utensilio o trebejo es sólo suplemento del hombre.”28 Un aspecto fundamental que dificulta la toma de conciencia del fenómeno técnico en toda su amplitud es que en el artesano se fusionan los dos elementos básicos de cualquier técnica: el diseño, que constituye propiamente la técnica, y su ejecución. Es decir, “El artesano es, a la par e indivisamente, el técnico y el obrero. Y lo que más se ve de él es su maniobra y lo que menos su «técnica» propiamente tal.”29, mientras que, en el siguiente estadio, su disociación será una de las características distintivas. La esclavitud y la fuerza humana barata fueron fundamentales para que la técnica se mantuviera durante siglos en el ámbito artesanal. El método empleado por la técnica arcaica o por la artesanía revela que el técnico comenzaba con el resultado deseado y, en función de ese objetivo, buscaba los medios para alcanzarlo. Esto implica que, para cada finalidad, se deben probar soluciones específicas y diferenciadas, lo cual impide el establecimiento de reglas generales de procedimiento. 26 Ibíd.: p. 363. 27 Ibíd.: p.364. 28 Ibíd.: p.365. 29 Ibíd.: p.365.
17 3. Técnica del técnico Ortega señala que en el siglo XVI se alcanza el punto culminante de una nueva perspectiva para abordar problemas, lo cual conduce al surgimiento de la ciencia y la técnica modernas. En esta etapa, el ser humano se vuelve consciente de las infinitas oportunidades que le ofrece la actividad técnica. Señalando además cómo: “Está ya irremediablemente adscrito a ésta y colocado en ella como el hombre primitivo en su contorno natural.”30 En este estadio se hace patente la transición del instrumento a la máquina, que desplaza al hombre del papel protagonista en el conjunto del proceso productivo a un mero asistente. “Una fábrica es hoy un artefacto independiente al que ayudan en algunos momentos unos pocos hombres, cuyo papel resulta modestísimo.”31 “En suma: hay el técnico y hay el obrero que ejercen en la unidad de la faena técnica dos funciones muy distintas.”32 El obrero es quien realiza el trabajo manual y se encarga de la ejecución práctica de las tareas según las instrucciones y conocimientos proporcionados por el técnico. El obrero domina las técnicas necesarias para llevar a cabo su labor, pero no necesariamente comprende los fundamentos teóricos que subyacen a las mismas. Su conocimiento es más empírico y basado en la experiencia directa con el trabajo. En el transcurso de la historia, hemos buscado constantemente ampliar nuestros límites corporales, creando dispositivos que doten a la humanidad de una potencia física superior. La máquina se concibió inicialmente como una extensión protésica, diseñada para superar las insuficiencias inherentes a nuestra condición biológica. En esta hazaña de superación, nos inspiramos principalmente en referentes naturales, observando y emulando las capacidades de otros animales, plantas e insectos, así como fundamentándonos en sólidos principios teóricos. Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta tendencia es el vuelo humano. Durante siglos, la humanidad soñó con volar como los pájaros. Fue observando a estas aves, estudiando la forma en que utilizaban sus alas para planear y ascender, que los pioneros de la aviación como los hermanos Wright lograron desarrollar el primer avión controlado y sostenido en el aire. Las alas de los aviones, con su diseño aerodinámico, son un claro reflejo del estudio minucioso de las aves y su capacidad de vuelo. Otro ejemplo notable es la creación del velcro, inspirado por las semillas de la planta de bardana. George de Mestral, un ingeniero suizo, se dio cuenta de cómo estas semillas se 30 Ibíd.: p.368. 31 Ibíd.: p.368. 32 Ibíd.: p.365.
18 adherían a su ropa y al pelaje de su perro mediante pequeños ganchos que se enganchaban a las fibras. Este sencillo pero ingenioso mecanismo natural llevó al desarrollo del velcro, una herramienta práctica y versátil utilizada en innumerables aplicaciones, desde la moda hasta la tecnología espacial. En el transcurso de la historia, el Homo technicus se erige como el indiscutible soberano de la cadena alimenticia, no por su fuerza bruta o velocidad, sino gracias a su inteligencia y notable capacidad. Galardonándose como conocedor y procurador de toda imposibilidad, se ve a sí mismo como el favorito de los dioses, el elegido para dar forma al mundo. En el siglo XVII, René Descartes, formuló su célebre frase “pienso, luego existo”, resultado de esta misma búsqueda de una verdad indubitable, encontró en el pensamiento y la conciencia una base sólida para la afirmación de su propia existencia, “yo” como res cogitans, sustancia pensante, alma. De la mano con el avance científico, la dinámica sujeto-objeto pasó a dominar a todas las áreas y el mecanicismo se impuso como modelo cosmológico. Esto supondría un distanciamiento vital con la realidad, pues, esta se había convertido en mera res extensa, los animales, las plantas (e incluso a nosotros mismos33) como mecanismos de relojería. Fuimos arrebatando a la realidad ese matiz misterioso y oculto, pero más importante todavía nuestra argumentación nos había desprovisto de la carga ética de contemplar al mundo como un igual, lo había transformado en cosa, en medio, en recurso. La sensibilidad Occidental fue aclimatada en la pura percepción utilitaria. “Mientras el Mundo y el hombre sean considerados como seres mutuamente alejados, mientras su relación sea la de amo y esclavo (...), mientras no se considere que esa relación es constitutiva tanto del hombre como del Mundo, no se encontrará ningún remedio duradero”34 En la Ilustración, Kant, enunció con fuerza sapere aude, el imperativo de la curiosidad y la razón, como la virtud suprema del verdadero Homo sapiens. El orgullo de nuestra especie se medía a través de la imposición del intelecto y la técnica, aquello nos alejaba de las bestias. El espíritu frío y calculador del científico se coronó como el único juez, impasible y objetivo, el verdadero profeta. Nuestro narcisismo nos llevó a creer que aquellos actos de violencia, explotación e imposición producidos por el mero desear del ego quedaban justificados en nombre, como dice 33 Como manifiesta el auge del conductismo. 34 Panikkar, 1999, 66-67.
19 Francis Bacon, de la inquisición de la verdad. “Porque no tenéis más que perseverar y, por así decirlo, perseguir y acosar a la naturaleza a donde vaya y seréis capaces, cuando os plazca, de conducirla y llevarla después al mismo sitio otra vez. [...] Tampoco debe un hombre tener miramientos a la hora de entrar y penetrar en esos agujeros y rincones, cuando la inquisición de la verdad es el único objeto que lo guía.”35 La técnica se volvió la mejor herramienta para seguir nutriendo nuestro insaciable ego y el progreso el mito perfecto para justificarnos. Tanto Ortega y Gasset como Heidegger diferenciaban entre la técnica antigua y la técnica moderna. La técnica antigua se enfocaba en manejar la realidad para liberar al hombre y aumentar su poder, y era vista de manera positiva. Por otro lado, la técnica moderna, o tecnociencia, busca explotar y dominar la naturaleza, y sobre todo a otros hombres. Esto causa una deshumanización de la naturaleza, creando un mundo sin alma. “Es el pensamiento que cuenta, calcula. Somete al cálculo posibilidades siempre nuevas, cada vez más prometedoras, y al mismo tiempo, más económicas. El pensamiento que calcula no nos deja respiro y nos empuja de una probabilidad a la siguiente.”36 35 Bacon, 1947, 296. 36 Ulloa Auvelez & Acevedo Guerra, 2018.
20 CAPÍTULO 2: Sobre la “cuarta revolución industrial”37 En esta parte, trataré cómo nuestra manera de relacionarnos con la tecnología ha cambiado cualitativamente. Para ello me ha sido muy útil la lectura de la obra de É. Sadin, Inteligencia artificial o el desafío del siglo: Anatomía de un antihumanismo radical (2020), así como ideas de Whitaker, las cuales descubrí tras mi relectura de los dos últimos capítulos de la obra de Mingo Rodríguez, Vivir a la vista de todos: ensayos sobre humanismo y transparencia sostenible (2017). Tras la argumentación de esta propuesta de un nuevo estadio técnico, abriré la pregunta: ¿significa esto que ha habido un avance cualitativo hablando de técnica estrictamente? Realizaré unas caracterizaciones contraponiéndolas con la inteligencia humana para defender que el cambio respecto a la técnica como hecho aislado es cuantitativo y no cualitativo. Para este apartado me he basado fundamentalmente en el trabajo de José Luis Delgado Rojo. Técnica como cibertécnica Desde mi punto de vista, nuestra relación con la tecnología ha cambiado cualitativamente respecto a la modernidad. Se trata de un cambio de estatuto de las tecnologías digitales. He querido dividir este análisis de lo que considero dibuja un nuevo estadio en la historia de la técnica a partir de cuatro características principales:38 1. La peculiaridad del carácter totalizador de las tecnologías digitales En esta nueva etapa la explotación ya no es tan evidente porque no es fundamentalmente material, aunque esta no haya desaparecido. Esta nueva explotación es mucho más sutil, invisible. Se alimenta de tiempo e información. El obrero que abandona la fábrica sigue participando, aun sin ser plenamente consciente de ello, porque sigue cediendo datos, consumiendo y por tanto alimentando una máquina mucho más poderosa que la de la fábrica moderna. Las tecnologías digitales han trascendido el ámbito profesional y económico para convertirse en una parte integral de nuestra vida cotidiana. En muchos sentidos, ya no asociamos la palabra “tecnología” con herramientas, ya sean manuales o mecánicas, sino con 37 Qué Entendemos Por Industria 4.0, 2021 38 Tres de los fragmentos en los que divido estas caracterizaciones están inspirados por este fragmento de Sadin: “Desde ese entonces, se franquearon tres umbrales cuyos primeros crujidos él había presentido. Primero, se llegó a un alcance totalizador de las tecnologías digitales, destinadas a inmiscuirse, a largo plazo, en todos los segmentos de la vida. Luego se alcanzó un poder de inflexión de los comportamientos, ya que estas tecnologías de ahora en más parecen estar destinadas, al menos una parte, a orientar la acción humana. Finalmente, la técnica como campo relativamente autónomo hoy ha desaparecido. No existe sino un mundo tecnocientífico convertido en feudos por las instancias económicas que dictan las trayectorias a adoptar.” (Sadin, 2020, 40)
21 vastos sistemas de dispositivos a través de los cuales fluyen multitud de datos. Gran parte de nuestro contacto con la tecnología se realiza a través de interfaces que ocultan su funcionamiento interno: programas y sistemas operativos que almacenan y procesan datos, así como un hardware, circuitos, servidores, cables de fibra óptica y otros componentes físicos que lo hacen posible. Cuando deslizamos el dedo o nos desplazamos entre aplicaciones, se producen flujos de información. A medida que leemos, comentamos, interactuamos con el contenido, el teléfono en sí parece desaparecer: funciona como una puerta. Frecuentemente describimos nuestra interacción con los teléfonos móviles como algo pasivo y casi adictivo, más que una habilidad activa. Las interacciones con la tecnología digital parecen suceder sin esfuerzo aparente. Según Heidegger, las herramientas más eficientes son aquellas que se vuelven menos perceptibles: “A la hora de fabricar un utensilio, por ejemplo, un hacha, se usa y se gasta piedra. La piedra desaparece en la utilidad. El material se considera tanto mejor y más adecuado cuanto menos resistencia opone a sumirse en el ser-utensilio del utensilio. (...) Cuanto más manejable resulta un utensilio tanto menos llama la atención, como le ocurre por ejemplo al martillo, y tanto más exclusivamente se mantiene dicho utensilio en el ámbito de su ser-utensilio.”39 Heidegger ilustraba esto con el ejemplo del martillo: cuando lo uso eficazmente, el martillo desaparece en mi acción y sólo se hace presente si se rompe. El martillo, en ese sentido, se convierte en una extensión de mí mismo; yo no soy un sujeto separado de las herramientas que manipulo para mi propio uso. Cuando estoy más familiarizado con la esencia de una herramienta, ésta deja de ser un mero objeto. El Internet de las Cosas (IoT) ha llevado esta integración un paso más allá, conectando dispositivos como refrigeradores, termostatos y sistemas de seguridad a redes digitales que permiten un control y una automatización sin precedentes.40 En el año 2003, había sólo 0,08 dispositivos conectados por persona. Para 2020, ese número había superado los 6,5 dispositivos por persona.41 Esta red de dispositivos interconectados está diseñada para mejorar la comodidad y la eficiencia, pero también para recopilar y analizar datos sobre nuestros hábitos 39 Cortés et al., 1996. 40 Evans & Cisco IBSG, 2011. 41 Este dato estadístico lo ofreció Nuria Mª Oliver Ramírez que es Ingeniera de Telecomunicaciones, Doctora por el Media Lab del MIT y académica numeraria de la Real Academia de Ingeniería de España. Esta conferencia incluida dentro del Ciclo de Fe y Cultura 2024 «El reto de la Inteligencia Artificial» organizado por la Comisión para el Diálogo entre la Fe y la Cultura de la Diócesis de Orihuela-Alicante.
22 y preferencias, creando un perfil digital detallado de cada individuo. Para Heidegger el mundo no es un lugar físico ni un contenedor de objetos. El mundo está en un continuo juego de desvelamiento y ocultamiento. Rescatar esta forma de entender el mundo puede ser muy útil en los tiempos que corren, donde el mundo digital “online” ya no se distingue tan fácilmente del mundo físico “offline”.A medida que las interfaces se vuelven más invisibles, es decir están más integradas, el umbral entre el aquí (el mundo analógico basado en la química del carbono) y el allí (el mundo digital basado en el silicio) se vuelven cada vez más borrosas. Un buen ejemplo de ello es nuestra forma de desplazarnos de un lugar a otro. Por regla general todos utilizamos aplicaciones de navegación asistida como GoogleMaps mientras conducimos. Nuestra conducción y el GPS quedan entrelazados de forma inseparable. En el ámbito económico, las tecnologías digitales han revolucionado la producción y el consumo. Las plataformas digitales, como Uber y Airbnb, han creado nuevos modelos de negocio basados en la economía colaborativa, donde los individuos pueden ofrecer servicios directamente a otros usuarios, eliminando intermediarios tradicionales. En el ámbito social, redes sociales como Facebook, WhatsApp e Instagram representan un nuevo tipo de “países digitales”, donde millones de usuarios interactúan, comparten y consumen contenido diariamente. En el ámbito educativo, la digitalización también ha revolucionado el acceso al conocimiento. Las plataformas de aprendizaje en línea, como Coursera, edX o Khan Academy, han democratizado el acceso a la educación de alta calidad, permitiendo a personas de todo el mundo adquirir nuevas habilidades y conocimientos sin las barreras geográficas y económicas tradicionales. Mark Zuckerberg, el CEO de Meta (la empresa matriz de estas plataformas), tiene un control significativo sobre las políticas y decisiones que afectan a miles de millones de usuarios en todo el mundo. Este poder concentrado en manos de una sola persona o entidad no tiene precedentes en la historia y plantea serias preocupaciones sobre la falta de representación y responsabilidad democrática en estos vastos espacios digitales. Las decisiones tomadas por estas corporaciones pueden influir en la privacidad, la libertad de expresión y la seguridad de sus usuarios, sin estar sujetas a los mismos controles y equilibrios que los gobiernos democráticamente electos. Lo revolucionario de esta “totalización” no es simplemente que la base de nuestra vida se haya convertido en ese mundo artificial, en el que nos servimos de la bombilla, el coche, la
23 nevera o el microondas, como si todo aquello hubiera existido siempre. Pues, de ser así, el cambio frente a la modernidad sería cuantitativo. En esta etapa encontramos un rasgo clave, que hace que la experiencia de relacionarnos con todos estos “útiles” sea verdaderamente diferente, esta es la cuestión de la transparencia. Todas las áreas de nuestra vida han sido atravesadas y convertidas en ventana. Esto nos transporta a la novela de George Orwell titulada 1984, en la cual la intimidad estaba prohibida. Hoy en día, hay una proliferación masiva de dispositivos “inteligentes” que nos acompañan en nuestro día a día como: móviles, relojes, etc. Algunos de ellos equipados con funciones de reconocimiento facial, ubicación, seguimiento de movimientos, escucha constante (necesaria para la activación de funciones a distancia por medio de la voz) y un largo etc. El uso de datos para la publicidad dirigida demuestra la capacidad de las corporaciones para monitorear y predecir comportamientos individuales con una precisión que Orwell no podría haber imaginado. Como advertía Whitaker, ya en 1999, la vigilancia total se está convirtiendo en una realidad. Ahora mismo, las grandes empresas y los Estados poseen una base de datos masiva y centralizada, así como tienen poder para ejercer una vigilancia, vincular y recuperar datos de forma muy superior a la que Orwell imaginó.42 2. Tecnologías orientativas Hemos podido observar un cambio significativo en la función, el papel, que ocupan las tecnologías digitales. La carga conferida a lo digital no consiste solamente en permitir el almacenamiento, la indexación y la manipulación más sencilla de corpus cifrados textuales, sonoros o icónicos, se están transformando en herramientas menos orientadas a informar y más enfocadas en guiar la acción humana.43 Es decir, están alcanzando un poder de inflexión de los comportamientos. Esto comienza a vislumbrarse en la Segunda Guerra Mundial, el ingeniero en informática John Eckert y el físico John William Mauchly idearon un sistema, desarrollado a partir de 1945, que podía realizar cálculos de balística basados en probabilidades.44 Este sistema recolectaba diversas informaciones, particularmente las proporcionadas por los radares, que detallaban las trayectorias y velocidades de los aviones enemigos, así como datos sobre las condiciones meteorológicas. Su función consistía en señalar, en tiempo real, el 42 Whitaker, 1999, 163-164. 43 Sadin, 2020, 17. 44 Ibíd.: p.53.
30 dual e interconectado, y que no responde a la sujeción de un lugar geográfico específico. Esto supone un salto cualitativo, pues aunque los avances en los diferentes tipos de transporte y la imprenta, supusieron un gran paso hacia la globalización en ambos seguíamos sujetos siempre a una realidad material que necesita de un tiempo de desplazamiento y de un lugar particular. Ahora el lugar no supone un obstáculo pues podemos desplazarnos en la nube sin que esto suponga ningún tipo de esfuerzo y estar presentes de manera simultánea en diversos espacios virtuales. Whitaker nos advierte: “Las nuevas tecnologías de la información han prometido muchas cosas, y han abierto incluso un nuevo universo paralelo: el ciberespacio. Tal universo paralelo es apasionante, pero también puede ser un espacio amenazador: oscuras torres de datos que generan el horizonte, en posesión de sombrías réplicas distorsionadas de las personas, réplicas que pueden poner en peligro a las personas reales, o ridiculizarlas en sus vidas cotidianas. Se trata de un mundo alienado, en el que los frutos de nuestra invención pueden volver para atormentarnos.”59 La búsqueda de la inmortalidad a través de la digitalización Por último, aunque aún no puedo identificarlo claramente como una característica actual, es necesario destacar este tema como uno de los debates vigentes en la ciencia y la tecnología, la cuestión de la inmortalidad. Es probable que, en unos años, se convierta en una parte integral de los cambios en nuestra relación con el complejo tecnológico. La muerte casi siempre ha invocado definiciones puramente físicas y orgánicas. Esto ha sido importante sobre todo en ciertos contextos médicos. Por ejemplo, a la hora de valorar si extraer o no órganos de un paciente. Durante mucho tiempo y desde diferentes creencias la muerte le pertenece únicamente al cuerpo, pues en nosotros había algo de inmortal. El ejemplo más carismático para mí se presenta en la cultura egipcia. Los egipcios tenían una visión muy elaborada de la muerte y del más allá, que no se limitaba únicamente al final de la vida corporal, sino que implicaba un complejo proceso espiritual y ritualístico. Según sus creencias, la muerte era solo una transición hacia otra forma de existencia. Para los antiguos egipcios, el ser humano estaba compuesto de varias partes, incluyendo 59 Whitaker, 1999, 169.
31 el cuerpo físico (el khat), el alma (ba), el espíritu (ka), y el nombre (ren), entre otros.60 La preservación del cuerpo a través de la momificación era esencial para garantizar que el ka y el ba pudieran reunirse después de la muerte, permitiendo así la continuación de la vida en el más allá. Ren era el nombre del individuo y se creía que contenía la esencia de su identidad. Mientras el nombre de una persona fuera recordado, esa persona seguiría viviendo en el más allá. Por esta razón, los egipcios se aseguraban de que sus nombres fueran escritos en sus tumbas, monumentos y estelas. La eliminación del ren de los registros equivalía a la destrucción de la existencia del individuo. La trascendencia del ren dependía de la memoria y el reconocimiento por parte de los vivos. El hecho de que la muerte sea inevitable y esencial para la existencia humana no solo implica el fin de la vida, sino que también revela, para Heidegger, la verdadera naturaleza del ser. El morir no es simplemente un evento futuro al que nos enfrentamos, sino que es una posibilidad constante que da forma a nuestra existencia en el presente61. La impronta del morir nos confronta con nuestra propia finitud y nos hace conscientes de la temporalidad de nuestra vida. En lugar de ver la muerte como algo ajeno a nuestra existencia, Heidegger la considera como una posibilidad existencial que impregna cada momento de nuestra vida. Cuando vemos la muerte como un problema existencial, como una cuestión de cómo debemos relacionarnos aquí y ahora tanto con la muerte de otros como con el hecho de nuestra propia mortalidad inminente, Internet y los avances tecnológicos han creado nuevos discursos sobre la supervivencia. En toda experiencia de pérdida se produce una doble pérdida. La pérdida efectiva del objeto amoroso (la persona querida) y pérdida de uno mismo, el modo en que mi estar en el mundo se realizaba con esa persona. La experiencia es atroz porque lo que se pierde es el modo en el que yo hacía mundo con esa persona. Cuando se muere un ser querido muere algo en nosotros, esa forma de hacer mundo con el otro se pierde. Toda pérdida es irreversible, no hay vuelta atrás para recuperar lo perdido.62 La superación de la muerte es para Unamuno el verdadero y más profundo deseo del 60 Mayans & Ikram, 2023. 61 Anna, 2017. 62 Andrés Vargas, 2009, 5-6. ”Al advertir Freud que hay una distinción entre por quién estamos de duelo y lo que perdemos con él, nos permite decir que hay una diferencia entre ambos pero que siempre hay un amarre entre uno y otro. Uno no es sin el otro.”
32 hombre, es por lo que el hombre escribe, narra.63 Esta escritura es una forma de trascender la muerte. En esta búsqueda incesante, la tecnología no iba a ser menos. Así se han postulado al menos tres formas mediante las cuales la tecnología digital es capaz de salvarnos. En primer lugar, podemos lograr una especie de vida futura digital mediante la preservación de nuestros “restos digitales”. Este es un debate reciente, pues nos hemos topado con la problemática de qué hacer con aquellos perfiles, informaciones que pertenecieron a aquellos que ya no nos acompañan. Autores como Gibson y Carden han llamado a este hecho “carne digital” porque captura como nos volvemos vulnerables a los demás en un espacio en línea y como esta sobrevive aunque sea por un corto lapso de tiempo a nuestra muerte clínica, el cuerpo sigue presente.64 Estos restos, al igual que las narraciones unamunianas, mantienen vivo nuestro rostro a través de videos e imágenes, nuestras ideas a través de conversaciones, nuestros gustos a través de suscripciones y recomendaciones. Nuestros datos no se eliminan y seguimos estando en el mismo “lugar” donde nos aparecimos ante el resto del mundo, con el mismo aspecto que antes de morir. Esto a priori no parece más que la actualización de las momias, pero en la medida en que estas “reliquias” permiten que los muertos persistan entre los vivos como objetos de recuerdo y consideración, son preferibles a la simple destrucción. Antes de internet esta forma de supervivencia se veía obstaculizada por la memoria orgánica. La segunda forma de trascender la muerte es una versión interactiva de esta primera, la cual está últimamente en boca de muchos pensadores, la denominada nigromancia digital65, comenzaron en la década de 2010 a partir de los avances en la proyección de videos (con la tecnología de “deep fake”) que llevaron a la resurrección de Bruce Lee, Michael Jackson o Lola Flores. Aquí tomamos los restos digitales de una persona, ya sea video, imagen, audio, o cualquier rastro digital, que generaron mientras vivía y que ahora reanimamos. La idea más 63 Unamuno, 1913, 112. 64 Afanador López, 2023, 9. 65 La nigromancia digital, a veces también conocida como “necrocomunicación digital” o “resurrección digital”, es un concepto relativamente nuevo que se refiere al uso de tecnologías digitales para interactuar con representaciones virtuales de personas fallecidas. Este término toma prestada la noción tradicional de la nigromancia, que es la práctica de intentar comunicarse con los muertos, y la aplica al contexto digital.
33 llamativa es la de entrenar chatbots. Se trata de Deadbots (Bots Muertos) o Griefbots (Bots de duelo), básicamente chatbots de inteligencia artificial que simulan los patrones de lenguaje y los rasgos de personalidad de personas muertas. Esta práctica, de acuerdo con científicos de la Universidad de Cambridge66, permite a los usuarios mantener conversaciones de texto y de voz con sus seres queridos. En 2013, la serie de televisión Black Mirror67 ya adelantaba este tipo de servicio y lo presentaba de forma muy avanzada en la ficción. Uno de los motivos por los que estas tecnologías están en auge es porque replican a la perfección una de las formas clave en la que la persona estuvo presente en vida, ya que podemos decir que a menudo interactuamos más con nuestros seres queridos a través de dispositivos que cara a cara. La pregunta la que nos empujan estas innovaciones es qué efectos psicológicos pueden tener en nosotros. ¿Supondrá como se quiere defender una ayuda a las personas en duelo, o, por el contrario, esta práctica consistirá en un no “dejar ir”? El ser humano, que se relaciona de forma afectiva con todo lo que le rodea, podría llegar a experimentar estos bots como un reemplazo de la persona fallecida, reduciendo la en términos heideggerianos a una pura reserva permanente, en meros recursos para los vivos. Como podemos observar estas dos opciones nos ofrecen una especie de segunda vida, o por lo menos una forma de trascendencia frente a la potencia más democrática, la muerte. Pero ninguna de ellas nos salva realmente de la tragedia del morir que atañe a nuestra subjetividad. Esto nos lleva a la tercera y última propuesta de inmortalidad, el transhumanismo. La incursión de la tecnología en la biomedicina está teniendo grandes resultados y las investigaciones no dejan de incrementar en diferentes ámbitos, esto nos ha llevado a percibir la realidad del cyborg como una posibilidad cada vez más cercana. Aunque todavía hoy el término aún conserva matices relacionados con la ficción podemos encontrar personas que al integrar partes robóticas en su cuerpo se consideran como tales. La figura del hombre vitruviano, los brazos y las piernas que definen la medida de las cosas, tan maravillosamente dibujado por Leonardo, se ha roto. Asumiendo que toda vida orgánica implica mortalidad. El transhumanismo tiene como meta deshacernos por completo de aquella cárcel platónica que supone el cuerpo, cargando 66 Hollanek y Nowaczyk-Basińska, 2024 67 Van Patten, T., 2016, Netflix.
34 nuestra mente en un cuerpo de silicio inmortal. Lo que separa al ser humano de la naturaleza es el uso de la tecnología en este contexto. Para separar al ser humano de lo natural, como propuso Hobbes, es necesario recurrir a lo artificial, que representa el control que el hombre ejerce sobre la naturaleza. De esta manera, el ser humano se elimina a sí mismo como ser natural. Esta eliminación de lo humano mediante la tecnología será vista, desde una perspectiva transhumanista, como una mejora. La pregunta pertinente que debemos hacernos, por tanto, es: ¿qué significa mejorar? ¿A qué se refiere un transhumanista cuando dice que su proyecto tecnocultural representa una mejora del ser humano? Cuando se afirma que el transhumanismo es una mejora humana, se está indicando que se trata de una elevación de la naturaleza humana hacia un nivel superior. En este sentido, el transhumanismo actual, como mejora humana, mantiene el significado que Dante le dio a la palabra “transhumanar” y adopta también la visión de Huxley sobre la trascendencia. Se busca una trascendencia de la vida que está por encima de la naturaleza, lo sobrenatural, que en este contexto se identifica con lo artificial. El ascenso transhumano intenta dejar atrás su condicionamiento biológico. Es un ascenso disolutivo hacia la indeterminación del ser, una indeterminación que permite ser todas las cosas y ninguna a la vez, una especie de potencia pura, lo virtual, a menudo, consiste precisamente en un “no estar ahí”. La imaginación, la memoria, el conocimiento y la religión son vectores de virtualización que nos han hecho abandonar el “ahí” mucho antes que la informatización y las redes digitales. El lugar en el que se tiene una conversación telefónica es inasignable, es un no-lugar. Cuando una persona, una colectividad, un acto, una información se virtualiza, se colocan “fuera de ahí”, se desterritorializan. Una especie de desconexión los separa del espacio físico o geográfico ordinario y de la temporalidad del reloj y del calendario. Es un paso de lo finito a lo infinito, un acceso a lo divino. El transhumanismo es una lucha contra la finitud y contra el tiempo. El punto más general y evidente es que el transhumanismo tiene una visión lineal de la historia. El transhumanismo se convierte, en consecuencia, no en una tarea específica de perfeccionamiento de la especie humana, sino en un perfeccionamiento cósmico que implica la desaparición de la especie humana, ya que supone la superación de nuestra determinación en un tiempo. Dejaríamos de ser conciencias situadas en un espacio y un tiempo. El humanismo
35 estaría transformándose en algo que debemos llamar, sin remedio, posthumanismo. En este discurso, por tanto, adquiere sentido la sentencia de Nietzsche sobre que el hombre es algo que debe ser superado. El transhumanismo, apoyado sobre la lógica de una idea de progreso lineal y darwinista, concibe posthumano como el siguiente paso en el escalafón. Aniquilando así aquellas categorías que hasta ahora hemos comprendido como más cercanas a nosotros mismos: el tiempo, el espacio y la mortalidad.
36 CAPÍTULO 3: Sobre la inteligencia En este apartado pretendo arrojar luz acerca del proceder de la inteligencia artificial, con la meta de deshacernos de ciertos mitos que nos persiguen en forma de fantasmas y nos impiden hacer una correcta reflexión acerca de hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos y cuáles deben ser nuestros miedos. Cuando nos sumergimos en conversaciones con una IA, como ChatGPT, podemos experimentar una sensación de estar hablando con algo así como un “alter ego digital”. ¿Cómo es posible que estas palabras, estas respuestas, provengan de una máquina? Es casi como si estuviéramos tocando los límites de lo que significa ser consciente, de lo que significa tener pensamientos y emociones. ¿Acaso estamos a punto de cruzar un umbral en el que la creación de un “Frankenstein” digital? “Inteligencia artificial” fue la palabra del año de 2022, elegida como la más destacada según la FUNDÉURAE68, esta suena cada vez con más fuerza tanto en las aulas como en la calle. Según Iberdrola69, “La Inteligencia Artificial (IA) es la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que presenten las mismas capacidades que el ser humano. Una tecnología que todavía nos resulta lejana y misteriosa, pero que desde hace unos años está presente en nuestro día a día a todas horas.” Este avance despierta tanto fascinación como temor. La promesa de un “Frankenstein” programado está a la vuelta de la esquina. Pero, ¿cómo son realmente estas nuevas “inteligencias”? ¿Representan un sustituto a la inteligencia humana? Para responder afirmativamente a estas preguntas la “inteligencia artificial” debería cumplir con alguno de estos supuestos: 1- Es una inteligencia diferente a la humana, libre de sesgos, emocionalidad, intereses, que efectivamente es más efectiva y objetiva peritando el mundo circundante y extrayendo conclusiones confiables/científicas. 2- Esta inteligencia es del mismo orden que la humana, pero sus capacidades son cuantitativamente mejores, es una especie de superhumano, es más veloz, tiene más memoria, establece relaciones de significado… Las exteriorizaciones 68 El español urgente con FundéuRAE -'Inteligencia artificial', palabra del año 2022 69 ¿Qué es la Inteligencia Artificial?, 2022
37 José Delgado Rojo define “exteriorizar” como: “el proceso de materializar u objetivar en un soporte externo una capacidad o habilidad que hasta ahora había tenido como soporte exclusivo al hombre.”70 Aquí ocupa un lugar privilegiado la invención de la escritura. Antes de la invención de la escritura, la capacidad de almacenar y transmitir información estaba limitada a la memoria humana y a la transmisión oral. Sin embargo, con la escritura, esa capacidad se “exteriorizó” en forma de marcas en un soporte físico, como el papel o la piedra. El medio no es lo importante, la verdadera novedad consiste en el refugio, en la salvaguarda de la integridad del mensaje a través del paso del tiempo sin nuestra intervención activa.71 Este movimiento de exteriorización avanzará hacia el campo de la percepción con la invención en el siglo XIX de la cámara fotográfica o el telégrafo, que nuevamente permiten fijar imágenes o sonidos en un soporte externo. De esta manera se transfieren capacidades o competencias humanas. La IA es el punto más alto que hemos alcanzado en este proceso. Pues en ella, reside el sueño de exteriorizar la mente, el pensamiento y el entendimiento.72 Hasta entonces, a lo largo de la historia, ningún artefacto fue creado con la intención de replicar de manera idéntica nuestras habilidades humanas. Más bien, el objetivo siempre ha sido superar las limitaciones de nuestro cuerpo, desarrollando dispositivos con una potencia física superior a la nuestra. Estos artefactos, desde las herramientas más simples hasta las tecnologías más avanzadas, han sido diseñados para ampliar nuestras capacidades y compensar nuestras deficiencias, permitiéndonos realizar tareas más allá de nuestras habilidades naturales. En esta historia de “exteriorizaciones” el nuevo modelo es el cerebro, es decir, se pretende externalizar la capacidad de trabajar manejando símbolos con significado siguiendo una lógica, en la IA. Como podemos ver esto es una reinterpretación moderna del antiguo problema cuerpo-mente/alma. Este dualismo parte de una herencia difícil de superar por sus profundas raíces en la comprensión del ser humano que nos acompaña desde los albores de la filosofía. Platón dividía al hombre en cuerpo y alma, atribuyendo a esta última las funciones cognitivas, en las que además se ponía el foco a la hora de caracterizar nuestra singularidad. Aristóteles, como todos sabemos, definió al hombre como animal racional; Descartes, como un ser pensante, un cogito. En ambos casos lo fundamental es la idea de alma, que se traduce a las lógicas epocales, pero 70 Delgado Rojo, 2023, 109. 71 Ibíd.: p.109-110. 72 Ibíd.: p.110.
38 mantiene el mismo sabor. En ella residía la facultad de conocer. Así, en Occidente sosteníamos que el conocimiento científico entendido como verdadero y revelador del lenguaje del universo era posible. La ciencia era una actividad que se dirigía a la verdad porque tanto nuestra forma de conocer como los parámetros del universo estaban escritos en un código accesible por medio del razonamiento lógico. Estas leyes de la razón configuraban nuestro entendimiento y nosotros solo teníamos que disponer bien de las mismas. Este pensar dualista afectaba a nuestra forma de dividir el saber, entre un sujeto cognoscente aislado, ajeno, y un objeto externo. Más adelante, Kant hablará del sujeto como aquella estructura vacía de contenido, pura forma. Esta pura forma puede ser interpretada en una lógica de funciones, el ser humano está programado y por tanto sujeto a cierta limitación en su entendimiento. Esto nos lleva a entender la mente como dispositivo que opera con fragmentos de información de acuerdo con reglas formales. La idea de una inteligencia artificial surge de una comprensión de la racionalidad humana como un proceso que puede ser replicado mediante sistemas mecánicos. Tanto empiristas como idealistas prepararon el terreno para este modelo del entendimiento en el que se ha basado la ciencia a la hora de generar ordenadores. Podemos hacer una equiparación entre el bit y las impresiones de Hume73 y la programación con la forma trascendental del sujeto.74 De alguna forma podemos situar aquí el germen de este modelo de pensamiento como procesamiento de datos. Pero estas reglas que gobiernan nuestro entendimiento, aún no han sido extraídas, al menos hasta el día de hoy. Esta forma de pensar basada en el dualismo ha quedado atrás, pero su sombra todavía está presente. A pesar de los avances en neurociencia, tanto el cerebro como la mente siguen siendo enigmáticos. Aunque el proyecto inicial tenía como objetivo replicar los mecanismos cerebrales humanos basándose en lo físico, en realidad esto no ha sido posible. Lo que perdura más fuertemente de esta aspiración inicial y última, a la cual muchos científicos han 73 La equiparación entre el bit y las impresiones de Hume radica en su rol fundamental como unidades básicas que constituyen la experiencia y el conocimiento en sus respectivos dominios. Al igual que los bits forman la base de la información digital, las impresiones de Hume son los elementos primarios de la experiencia sensible y emocional que luego dan lugar a nuestras ideas y pensamientos. 74 La analogía entre la programación y la forma trascendental del sujeto se centra en el papel organizativo y estructurante que desempeñan. La forma trascendental del sujeto proporciona el marco conceptual a través del cual organizamos y comprendemos nuestras experiencias. Ambos son principios ordenadores que permiten la inteligibilidad y la operatividad dentro de sus sistemas respectivos.
39 renunciado, es una retórica que, a mi parecer, solo alimenta una ficción. De forma metafórica o imitativa de la estructura cerebral, compuesta por neuronas, sinapsis, conductores eléctricos y redes de comunicación, se genera todo un dispositivo retórico que busca otorgar un prestigio simbólico a todo ello. Se desarrolla un conjunto completo de términos que se apropian de elementos del ámbito de las ciencias cognitivas sin ningún tipo de reserva ni preocupación por la precisión terminológica. Se mencionan así chips “sinápticos”, “neuromórficos”, “redes de neuronas artificiales” y “procesadores neuronales”, apelando más a la imaginería que a una exactitud rigurosa. Esta suposición de que el procesamiento de información humano y mecánico son dispositivos de manipulación de símbolos de propósito general es muy explícita. Para mi tan explícita como pretenciosa, por lo menos en la medida en la que se tome esta como una afirmación y no como una posibilidad futura. ¿En qué se distingue la inteligencia humana y la artificial? 1. El papel del cuerpo y la suposición biológica Un punto muy fundamental, es que lo humano, al igual que cualquiera de sus productos (ciencia, arte, técnica…), está situado en un espacio y un tiempo. Esto se debe a que no podemos entendernos prescindiendo de nuestra condición material, “poseemos un cuerpo” o, mejor dicho, para salvarnos del fantasma del cogito cartesiano, somos un cuerpo, aunque nuestra existencia no se reduzca a un hecho físico. Esto, aunque parece algo evidente, no lo ha sido. Como mencionamos anteriormente, con Kant llegamos a la comprensión del sujeto como una estructura vacía de contenido. No es hasta el siglo XIX, cuando tanto en filosofía como en las ciencias sociales y la biología el sujeto recupera el cuerpo. Marx, Freud y Darwin son ejemplos de este evento. Durante este siglo aquel sujeto que Kant había concebido como forma pura va poco a poco llenándose de contenido. Estas arquitecturas tecnológicas, arrastran en cierta medida esa herencia, porque siguen desprovistas de un cuerpo. E incluso si estas arquitecturas estuvieran vinculadas con otras instancias mediante sensores, su capacidad para comprender y procesar el mundo sería limitada y estaría restringida por la naturaleza binaria de los códigos utilizados. La información recopilada y procesada por estas máquinas sería inherentemente reduccionista, dejando de lado una infinidad de dimensiones que son esenciales para comprender plenamente la complejidad del mundo real.
46 relaciones y descubra patrones, solo el hombre hace ciencia. El ámbito de la comprensión sigue siendo nuestro. Reside aquí uno de los grandes riesgos de los que nos advierte Éric Sadin, que tiene que ver con dotar a estos sistemas de inteligencia artificial de una autoridad mayor a la que poseen. Estas “verdades”, “predicciones”, sin justificación no se pueden tomar como absolutas. No debemos dejar al arbitrio de la máquina la decisión última.79 Los modelos de lenguaje como ChatGPT que consideramos ahora mismo la cúspide de la IA, al menos disponible al gran público, se basan en modelos estadísticos para predecir qué cadena de palabras es más probable que tenga como resultado una respuesta adecuada a la consulta del usuario medio. La profundidad y las respuestas del sistema son impresionantes, pero son versiones amplificadas de las ahora omniscientes herramientas de autocompletar en nuestros teléfonos y correos electrónicos. Cuantitativamente más poderosas, pero cualitativamente iguales. De lo que se trata es de buscar una adaptación del ser humano a los aparatos que no implique subordinación sino que sirva de medio a la realización de las mejores posibilidades de la técnica actual. Frente a su perspectiva del control, personalmente me inclino hacia una lógica que entienda la función que ambos desempeñan y un reparto equitativo de roles. Por un lado, la obtención de resultados, y, por otro lado, la justificación y evaluación de consecuencias. 4. Exaptación y memoria Gilbert Simondon sostiene que el hombre y la máquina poseen dos modos “complementarios” de conservación del pasado: la “plasticidad del soporte” típica de la memoria técnica, y la “plasticidad del contenido”, que pertenece a la memoria humana.80 De esta manera ninguna sería absolutamente mejor que la otra, sino que cumplirían con objetivos distintos. Por un lado, la memoria técnica, con su “plasticidad del soporte”, puede retener una cantidad considerable de información con una fidelidad objetiva notable. Esta capacidad permite la conservación a largo plazo de datos complejos y detallados. Sin embargo, esta memoria carece de estructura. 79 Sadin, 2020, 136 80 Delgado Rojo, 2015.
47 Por otro lado, la memoria humana exhibe lo que Simondon llama “plasticidad del contenido”. Esto implica que la forma en que los humanos conservan la información es flexible y se adapta a la naturaleza específica de cada contenido. A diferencia de las máquinas, los humanos no almacenan datos de manera uniforme, sino que organizan la información según su significado y relevancia. Aunque puede ser dinámico y móvil, carece de la capacidad de establecer relaciones entre contenidos almacenados previamente y nuevos registros. cada interacción se guarda de forma independiente, sin que las conversaciones anteriores influyan en la asimilación de futuras. Esta falta de conexión entre los contenidos previos y los nuevos registros significa que la memoria técnica es, en esencia, una “memoria sin historia”. Los datos almacenados no se enlazan entre sí en una narrativa o contexto histórico. Cada entrada es tratada como un evento aislado, sin influencia de lo que ha ocurrido antes. Esta característica contrasta con la memoria humana, que tiende a organizar la información en un contexto histórico y relacional, dando continuidad y significado a través del tiempo. La memoria humana tiene un rendimiento mayor con contenidos dotados de un cierto orden interno. Esta sensibilidad respecto a la forma es la “plasticidad del contenido”, es el poder de selección de las formas, de esquematización de la experiencia. Los contenidos ya conservados orientan la selección de la forma bajo la cual deben conservarse los nuevos (en función de alguna afinidad mutua entre ambos). Por tanto, la forma o codificación de cada contenido ya no viene prefijada por el soporte sino que se extrae del resto de contenidos almacenados. Todo aquello que no suponga relevante será desechado. La forma con la que se conserva un contenido es variable y está en función del resto de los contenidos ya conservados, es decir, requiere elaboración, no es una asociación ciega. La memoria humana es dinámica y asociativa, funcionando en un contexto de emociones y experiencias personales. Cuando exteriorizamos la memoria en un libro, una computadora o la nube, esta memoria se convierte en algo fijo y descontextualizado. La naturaleza de la información almacenada cambia y se transforma en datos que pueden ser manipulados de manera diferente a cómo funciona la memoria biológica. Y a su vez tiene consecuencias en nuestro propio uso de la memoria. Con el fácil acceso a la información a través de internet y los teléfonos móviles, las personas tienden a recordar menos información específica, confiando en cambio en su capacidad para buscar información
48 cuando la necesitan. Esto fenómeno se conoce como el “efecto Google”.81 Un estudio clave realizado por Betsy Sparrow, Jenny Liu, y Daniel M. Wegner encontró que las personas son menos propensas a recordar información cuando saben que pueden encontrarla fácilmente en internet. La forma en que almacenamos y recuperamos información se ha visto alterada. En lugar de recordar información de forma aislada, tendemos a recordar dónde y cómo encontrarla. Esto cambia la naturaleza de nuestras conexiones y asociaciones mentales, delegando parte de nuestra memoria a dispositivos externos. La metáfora de la técnica como prótesis, aunque útil, sólo capta una parte de la verdad porque la capacidad exteriorizada no suple exactamente a aquello que exterioriza. La alianza entre los dos tipos de memoria, uno fiel al detalle y otro sensible a la forma, representa lo que podríamos llamar una “memoria híbrida”. Esta combinación de características de memoria técnica y humana aprovecha lo mejor de ambos mundos: la capacidad de las máquinas para conservar datos con fidelidad y la habilidad humana para organizar y dar sentido a la información. Como conclusión, y retomando la cuestión formulada al principio del capítulo: “¿cómo son realmente estas nuevas “inteligencias”? ¿Representan un sustituto a la inteligencia humana? Para responder afirmativamente a estas preguntas la “inteligencia artificial” debería cumplir con alguno de estos supuestos: 1- Es una inteligencia diferente a la humana, libre de sesgos, emocionalidad, intereses, que efectivamente es más efectiva y objetiva peritando el mundo circundante y extrayendo conclusiones confiables/científicas. 2- Esta inteligencia es del mismo orden que la humana, pero sus capacidades son cuantitativamente mejores, es una especie de superhumano, es más veloz, tiene más memoria, establece relaciones de significado…” Podemos concluir que efectivamente no podemos afirmar ninguno de estos casos: 1- Aunque efectivamente sea una “inteligencia” diferente a la humana, no está exento de sesgos, esta movida por intereses y orientada hacia fines específicos, con lo cual se pierde la objetividad/neutralidad de sus resultados. 2- No podemos hablar de un superhumano, puesto que aunque nos supere en ciertas capacidades como la cantidad de información y el detalle con el que puede 81 Sparrow, Liu, y Wegner, , 2011.
49 almacenar información, en cuestiones como la significación nos separa un abismo insalvable. Por tanto, esta nueva técnica a pesar de que en apariencia sobresale entre el resto de invenciones desarrolladas hasta nuestros días, no podemos afirmar que se haya dado algo así como un salto cualitativo si nos centramos solo en la ingeniería que hay tras ellas. La técnica no ha dejado de ser técnica, no ha trascendido hacia una actividad más sofisticada. Los principios técnicos fundamentales, basados en las leyes de la física y las matemáticas, siguen siendo los mismos. Las tecnologías modernas, aunque más avanzadas y complejas, se construyen sobre los mismos fundamentos. Solo que ahora disponemos de procesadores mucho más potentes y de una cantidad abrumadora de datos disponibles con las que entrenarlas. Esto quiere decir, por tanto, que los discursos defendidos anteriormente siguen siendo válidos para ella.
50 CAPÍTULO 4: Reflexión existencialista En este apartado, teniendo en cuenta lo desarrollado en los anteriores: es decir, teniendo clara de qué interpretación sobre la técnica partimos, el momento en el que nos encontramos y qué es aquello que se está llamando “inteligencia artificial”, vamos a plantear la cuestión del horizonte. La cual, a mi parecer, es el siguiente paso. Para esta reflexión me apoyo sobre todo en Ortega y Gasset, al igual que Miguel de Unamuno, que sostienen que toda línea de investigación y todo conocimiento se enmarcan dentro de una unidad de sentido que vincula cada cuestión con su función vital: “Todo mi pensamiento filosófico ha emanado de esta idea de las calendas griegas. Ahí está en simiente toda mi idea de la vida como realidad radical y del conocimiento como función interna a nuestra vida y no independiente o utópica.” 82 “La curiosidad, el llamado deseo innato de conocer, sólo se despierta, y obra luego que está satisfecha la necesidad de conocer para vivir; y aunque alguna vez no sucediese así en las condiciones actuales de nuestro linaje, sino que la curiosidad se sobreponga a la necesidad y la ciencia83 al hombre, el hecho primordial es que la curiosidad brotó de la necesidad de conocer para vivir, y este es el peso muerto y la grosera materia que en su seno la ciencia lleva; y es que aspirando a ser un conocer por conocer, un conocer la verdad por la verdad misma, las necesidades de la vida fuerzan y tuercen a la ciencia a que se ponga al servicio de ellas, y los hombres, mientras creen que buscan la verdad por ella misma, buscan de hecho la vida en la verdad.”84 Entonces, la técnica no es el origen ni el motor de este proceso, sino más bien la herramienta mediante la cual se lleva a cabo un plan vital previamente establecido. En la misma medida en que la circunstancia nos brinda ciertas facilidades y obstáculos dependiendo del proyecto vital que enfrentamos, la técnica adoptará una forma y un modo que mejor se ajuste a los intereses de dicho proyecto. La técnica, al igual que la circunstancia, está moldeada por la voluntad humana. Un superordenador, al igual que una piedra, aislado de la mirada humana, deja de ser un ordenador y pasa a ser simplemente una masa física dentro de la cual se producen cambios electromagnéticos. Como hemos visto, todo lo que tienen de “inteligentes” estas máquinas no 82 Ortega y Gasset, 1964, 22. 83 La técnica se inscribe dentro de estas prácticas de elaboración e implementación del conocimiento científico. 84 Unamuno, 1913, 19.
51 reside en la parte artificial, sino en la configurada por personas. Las cuales forman parte de la IA como diseñadores, mantenedores, reguladores, consumidores, supervisores…La propia atribución de “función” alguna remite directamente a un ser para el cual un efecto dado sea funcional. Y por supuesto, el papel decisivo y ejecutivo de estas tienen su origen una vez más, aunque ya no esté presente, en algún humano que tomó la decisión de ponerla en movimiento y dirigirla hacia algún punto, por poco concreto que este pueda ser. Así, hablar del poder de decisión de las máquinas supone más una licencia lingüística que una realidad y enmascara un aspecto fundamental, el que somos absolutamente responsables del nivel de delegación que vamos a otorgarle a estas. El progreso tecnológico no para, tacha metas de su lista a una velocidad de vértigo, pero ¿es acaso el progreso tecnológico lo que determina el verdadero progreso? La confusión de uno por otro es lo que nos lleva a olvidar que la vida es un fin, el único y verdadero fin. La verdadera pregunta, tanto para Unamuno como para Ortega sería ¿Esta tecnología nos ayuda a vivir mejor? ¿Vivir con más paz interior? Unamuno cuestionaba las ganancias de un progreso que nos hunde en el negocio, el trabajo y la ciencia, pero que no nos deja oír nuestra voz interior. “El hombre es un fin, no un medio. La civilización toda se endereza al hombre, a cada hombre, a cada yo. ¿O qué es ese ídolo, llámese Humanidad o como se llamare, a que se han de sacrificar todos y cada uno de los hombres? Porque yo me sacrifico por mis prójimos, por mis compatriotas, por mis hijos, y estos a su vez por los suyos, y los suyos por los de ellos, y así en serie inacabable de generaciones. ¿Y quién recibe el fruto de ese sacrificio? Los mismos que nos hablan de ese sacrificio fantástico, de esa dedicación sin objeto, suelen también hablarnos del derecho a la vida. ¿Y qué es el derecho a la vida? Me dicen que he venido a realizar no sé qué fin social; pero yo siento que yo, lo mismo que cada uno de mis hermanos, he venido a realizarme, a vivir. Sí, sí, lo veo; una enorme actividad social, una poderosa civilización, mucha ciencia, mucho arte, mucha industria, mucha moral, y luego, cuando hayamos llenado el mundo de maravillas industriales, de grandes fábricas, de caminos, de museos, de bibliotecas, caeremos agotados al pie de todo esto, y quedará ¿para quién? ¿Se hizo el hombre para la ciencia o se hizo la ciencia para el hombre?”85 ¿Vamos quizás demasiado deprisa? El tráfico de la ciudad, el ruido de los cláxones, la saturación epiléptica de luces, colores y chispazos están atropellando la paz necesaria para el 85 Unamuno, 1913, 10.
52 goce; y la industria psicológica y médica nos advierte de ello. Aquellas máquinas más rápidas que nuestro propio organismo, en función de las cuales se rige el nuevo tiempo, exigen de nosotros un esfuerzo atencional para el que quizás no estemos preparados actualmente. ¿Es esta la manifestación de aquello que llamamos civilización? ¿Estamos conduciendo nuestras máquinas o ansiosamente corriendo detrás de ellas? Y de ser así, ¿hacia dónde corren? La respuesta a esta pregunta está en aquello que se esté financiando. Y cuando nos preguntamos sobre qué programas se están financiando en el ámbito tecnológico, es importante considerar quiénes son los agentes que toman esas decisiones de financiamiento y cuáles son sus intereses. Por ejemplo, en el ámbito de la inteligencia artificial, ¿se están financiando programas que buscan el bien común y la equidad, o predominan aquellos impulsados por el lucro o el control? Tanto la situación a la que hemos llegado como aquella a la que nos vayamos a dirigir es nuestra responsabilidad. Entonces, llegamos a que el problema es cómo especificar los objetivos correctos para la IA asegurándose que estos objetivos sean realmente beneficiosos para los humanos. Pero ni siquiera es posible establecer estos “objetivos correctos” entre humanos. Es algo que la historia de la filosofía ética nos ha mostrado: la ética no es una ciencia exacta, ni la cantidad de consecuencias de cada decisión es parametrizable. Por tanto, estos objetivos no deben ser tomados como fijos, pues no responden a una lógica deductiva donde hay una verdad, una idea platónica de bien hacia la que orientarnos. Estos objetivos deben tener una naturaleza inestable al igual que los seres humanos, para poder responder a lo que persiguen en cada momento. Como consecuencia necesitan ser revisados con frecuencia. Entender así la IA la dota de cierta humildad, frente a la idea sensacionalista de un dispositivo mejor dotado para interpretar la realidad que nosotros. En este trabajo no hemos respondido a cómo abordar exactamente el problema del control. En primer lugar, porque sería una osadía creer que una única persona pudiera resolver un problema de tales dimensiones y, en segundo lugar, porque lo que pretendo no es resolverlo sino dejarlo abierto. ¿Abierto hacia dónde? Hacia una comprensión más humana de esta tecnología que justamente precisa de profesionales que reflexionen teniendo siempre de referencia una tesis antropológica. Así se evita caer en la vida al servicio de la técnica y la técnica por la técnica orientada hacia el fantasma del progreso que, como hemos visto, no lleva más que a la deshumanización y, en extremos, a la propia autoextinción.
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