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Reseña al libro de Gisela von Wobeser, Orígenes del culto a Nuestra Señora de Guadalupe

Mora Reyes, María Fernanda; Jiménez Gómez, Ramón

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447 Número 46, junio 2021, pp.447-451 María Fernanda Mora y Ramón Jiménez Reseña al libro de Gisela von Wobeser, Orígenes del culto a Nuestra Señora de Guadalupe. https://dx.doi.org/10.12795/Temas-Americanistas.2021.i46.20 Gisela von Wobeser, Orígenes del culto a nuestra señora de Guadalupe 1521-1688, México, Fondo de Cultura Económica, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 2020, 240 p. + ilustraciones. La virgen de Guadalupe es una de las devociones marianas de mayor envergadura en el mundo; su famosa imagen se encuentra resguardada en la segunda basílica más importante de la Iglesia católica, santuario donde se dan cita millones de creyentes. Por si fuera poco, esta advocación se ha vinculado tan estrechamente a la historia de México que, para muchos, es un símbolo identitario. Por lo anterior, la devoción y, especialmente, la historia de sus apariciones y la impresión milagrosa de su imagen en el ayate del indio Juan Diego han sido objeto de estudio de múltiples autores. Ante un tema de tan hondas implicaciones y ante una abundante historiografía, Gisela von Wobeser ha realizado una cuidadosa reconstrucción histórica de los momentos fundantes de ese culto mariano en su más reciente libro, Orígenes del culto a nuestra señora de Guadalupe 1521-1688. Gisela von Wobeser es una especialista en la historia económica y religiosa de Nueva España. En este campo ha estudiado las creencias y prácticas religiosas de los novohispanos, las representaciones que construyeron sobre los lugares del más allá (el cielo, el infierno y el purgatorio) y la espiritualidad de algunas mujeres afamadas, tales como Catarina de San Juan y sor Juana Inés de la Cruz. Ahora, en el libro que aquí se reseña, se ha enfocado en uno de los temas que definieron la religiosidad y la identidad durante el periodo colonial: el culto a la virgen de Guadalupe. A partir de su profundo conocimiento de la historiografía guadalupana, la autora detectó las principales perspectivas, intereses, polémicas, lagunas y aportes de los trabajos realizados por los historiadores, historiadores del arte, arqueólogos y filólogos que se han interesado en el tema. Tras lo cual concluyó que la mejor forma de comprender lo que ha significado y significa Guadalupe en la historia de México es mediante el análisis de los prístinos años de la devoción. Por lo tanto, en esta obra tuvo como objetivo historiar los elementos y fundamentos del origen y desarrollo del culto a la virgen de Guadalupe durante los primeros 163 años de su existencia; a saber, la imagen, el sitio que la albergó (el Tepeyac), las muestras devocionales que los fieles le profirieron y el desarrollo del relato aparicionista. 448 Número 46, junio 2021, pp.447-451 María Fernanda Mora y Ramón Jiménez Reseña al libro de Gisela von Wobeser, Orígenes del culto a Nuestra Señora de Guadalupe. La trascendencia metodológica de la obra radica, primero, en la imparcialidad con la que la autora procedió ante la tradicional división que ha existido entre investigadores aparicionistas y antiaparicionistas, hecho que le permitió dialogar con ellos, diferir o matizar sus posturas y contribuir con nuevas reflexiones. Segundo, en el cuidadoso análisis de fuentes inéditas y editadas, arqueológicas e iconográficas que rastreó en distintos repositorios nacionales e internacionales. Y tercero, en el enfoque social y cultural—tan característico en sus más recientes publicaciones— que le imprimió a su investigación. De ese modo, no solo se limitó a los aspectos políticos y económicos, sino que también incluyó los devocionales, identitarios, simbólicos y de la vida cotidiana para explicar el fenómeno guadalupano. A partir de esta metodología y perspectiva, en el primer capítulo de diez que conforman la obra, se precisa cuándo y cómo se erigió la primitiva ermita del Tepeyac y el momento en que pudo haberse colocado la imagen mariana. Contrario a lo que han postulado otras interpretaciones históricas, y con apoyo en trabajos arqueológicos, Wobeser concluye que en el antiguo centro ceremonial del Tepeyac pudieron existir varias deidades prehispánicas a las que los antiguos nahuas les rendían culto, de ahí la carga simbólica y numinosa del sitio. De todas ellas, la más importante fue la diosa Tonantzin, a la cual los franciscanos sustituyeron por la virgen de Guadalupe. Los frailes fomentaron su culto entre los indígenas y decidieron levantarle una ermita. Con base en un análisis minucioso de las fuentes, la autora determina que ambas acciones debieron haber ocurrido mucho antes de lo que el relato aparicionista y la historiografía postulan, posiblemente entre 1525 y 1528, lo cual haría de este culto mariano uno de los más tempranos de Nueva España y el primero en tener una ermita propia. En el segundo capítulo, uno de los más atractivos del libro, la autora establece cuál pudo ser el grabado que sirvió de base para elaborar la imagen de la Guadalupe, empresa que, salvo Francisco de la Maza, en la década de los cincuenta del siglo pasado, ningún historiador había intentado. Debido a que su composición pictórica corresponde a la iconografía con la que, desde el siglo XIV, se representaba a la Virgen como mulier amicta sole, específicamente en el ámbito del Sacro Imperio, Wobeser se dio a la tarea de examinar cerca de 80 grabados flamencos y alemanes de finales de la Edad Media. Este 449 Número 46, junio 2021, pp.447-451 María Fernanda Mora y Ramón Jiménez Reseña al libro de Gisela von Wobeser, Orígenes del culto a Nuestra Señora de Guadalupe. puntual estudio la llevó a postular que el grabado que serviría a la hechura de la virgen de Guadalupe pudo ser el de “la Virgen en la gloria”, elaborado en la provincia de Brabante (Holanda) hacia 1420. La autora señala que, posiblemente, fray Pedro de Gante trajo este grabado a América—ya que él provenía de esta región—y se lo dio al pintor indio Marcos Cipac para que ejecutara la imagen de la Guadalupana. En suma, esta se confeccionó por uno de los indios pintores más reconocidos del momento (hecho que ya se sabía por las fuentes existentes), pero a partir de un grabado alemán y por instrucciones del fraile flamenco. Una vez que la imagen fue colocada en dicha ermita, gracias al impulso que le dieron los franciscanos, la devoción guadalupana comenzó a florecer en la zona, primero entre los indios y después entre los españoles y mestizos de la ciudad de México. Esta se fortaleció en los años subsecuentes por diversas causas, entre las que se encontraban el apoyo que le dio el Arzobispado de México durante el episcopado de fray Alonso de Montúfar, interesado en las ganancias que el culto comenzaba a generar y en la importancia simbólica que representaba para su diócesis; la posición geográfica de la ermita, pues estaba en una de las entradas y salidas de la ciudad; y los milagros que se le comenzaban a atribuir a la Virgen. Así lo explica Gisela von Wobeser en los capítulos tercero, cuarto y quinto, donde también describe las prácticas religiosas que los fieles llevaban a cabo para mostrar su devoción. De tal suerte que, a lo largo de estas páginas, el lector podrá visualizar cómo eran las procesiones al Tepeyac, las penitencias y mortificaciones que los devotos se imponían cuando estaban en dicho lugar y las limosnas, donaciones y exvotos que dejaban en el recinto. En definitiva, en este apartado del libro, la autora realiza una historia cotidiana y devocional del culto durante el siglo XVI, lo cual le ayudó a vislumbrar que, desde esos años, la ermita se constituyó como uno de los primeros santuarios marianos de peregrinación en Nueva España. Con todo, para esas fechas, existían algunas voces críticas hacia el culto, como la de los franciscanos, quienes, encabezados por su provincial Francisco de Bustamante, argumentaban que era poco deseable que se fomentara entre los indios, ya que podían caer en sus antiguas idolatrías y supersticiones. Asimismo, aún se hallaba ausente en el imaginario colectivo la historia de las apariciones de la Virgen al indio Juan Diego y la 450 Número 46, junio 2021, pp.447-451 María Fernanda Mora y Ramón Jiménez Reseña al libro de Gisela von Wobeser, Orígenes del culto a Nuestra Señora de Guadalupe. creencia de su impresión en el ayate. Si bien es difícil datar el momento exacto en el que esta narración se gestó, Wobeser estipula que los primeros indicios de la tradición aparicionista guadalupana surgieron a finales del siglo XVI, primero en un ámbito oral y después en los espacios letrados. Esta se iría enriqueciendo y fortaleciendo durante las siguientes décadas con la hechura y publicación del Nican Mopohua y el Nican Moctepana, escritas en lengua náhuatl, y los libros de Miguel Sánchez, Mateo de la Cruz, Luis Becerra Tanco y Francisco de Florencia. Por ello, la autora dedica los restantes capítulos de la obra a analizar estos textos, poniendo énfasis en los elementos que cada uno aportó a la construcción de dicha tradición y a su posterior consolidación como canon. También define qué otros factores ayudaron a que Guadalupe fuera considerada una verdadera mariofanía y que la historia de sus apariciones fuera conocida y aceptada por la mayoría de los novohispanos. Entre ellos se encuentran su vinculación iconográfica y teológica con la Inmaculada Concepción; su representación como símbolo identitario para los españoles criollos del virreinato; el impulso que le dieron distintas corporaciones, como los cabildos catedralicios de México y Puebla; y la existencia de copias de la imagen en ciudades del otro lado del Atlántico, como Sevilla, Cádiz, Madrid y Roma. Sin perder de vista su espacio geográfico (Nueva España) y temporal (los siglos XVI y XVII), la autora incluye en su análisis otros factores que ayudan a explicar de mejor manera los orígenes de la imagen y del culto, así como su posterior desarrollo, tales como la tradición iconográfica de la “Mujer del Apocalipsis” (mulier amicta sole); la importancia que tuvo la Virgen en los procesos de la Reconquista y la Conquista de América; el fomento de devociones marianas en los primeros años de la evangelización en Mesoamérica; las reformas que emprendió la Iglesia en materia devocional y disciplinaria a raíz del Concilio de Trento; y la relevancia que cobró la advocación de la Inmaculada Concepción en las monarquías cristianas, especialmente en la hispánica. De este modo, este estudio comprende a la devoción guadalupana en contextos mucho más amplios y complejos, como son el de la Monarquía hispánica y el de la religiosidad católica universal. Es importante señalar que la obra contiene otras dos grandes virtudes. La primera es la manera en la que Wobeser procedió, pues constituye una estrategia metodológica 451 Número 46, junio 2021, pp.447-451 María Fernanda Mora y Ramón Jiménez Reseña al libro de Gisela von Wobeser, Orígenes del culto a Nuestra Señora de Guadalupe. aplicable para el estudio de otros cultos y de otras imágenes consideradas milagrosas. La segunda, que en cada capítulo el lector encontrará nuevos temas de investigación sobre el portento guadalupano, entre los que se hallan las corporaciones seglares que se crearon entorno a la imagen, especialmente la cofradía de Guadalupe; las gestiones de los procuradores de la mitra mexicana en Roma para que la Guadalupana tuviera su propio día de fiesta; el pensamiento teológico de cada uno de los autores que contribuyeron a la historia aparicionista; y el devenir del culto, la ermita y la efigie después de 1688. En suma, el libro es un excelente medio por el cual el lector logrará adentrarse en el panorama devocional y religioso de la Nueva España de los siglos XVI y XVII, pues conocerá los principales focos devocionales, las prácticas religiosas y el significado que esos hombres y mujeres le otorgaron a sus cultos. A lo largo de sus páginas, también se evidencia que para que una devoción sea exitosa no solo basta con la promoción que las autoridades civiles, eclesiásticas o particulares hagan de ella, sino que debe ser aceptada y cultivada por los fieles. En este caso, fueron los indios, los mestizos, los criollos y los peninsulares de la ciudad de México y, posteriormente, de toda Nueva España quienes se vincularon afectivamente con la Guadalupana, haciendo de ella un símbolo de su tierra natal o adoptiva, de su patria novohispana. Por todo lo dicho, Orígenes del culto a nuestra señora de Guadalupe es una obra de obligada lectura para el público general y el especializado, allende de que es una narración ordenada, concreta y de fácil comprensión de un tema tan vasto, tan polémico y con tanta carga ideológica. María Fernanda Mora Reyes Universidad Nacional Autónoma de México Ramón Jiménez Gómez Universidad Nacional Autónoma de México