Discursos leidos ante la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando en la recepción pública de Nicolas Gato de Lema
Full text
DISCURSOS
LEIDOS
ANTE
LA
REAL
ACADEMIA
DE
NOBLES
ARTES
DE
SAN
FERNANDO,
en
h
ecepción
pública
DON
NICOLAS
GATO
DE
LEMA,
L
DIA
4
DE
DICIEMBRE
DE
1859.
MADRID,
IMPRENTA
Y
ESTEREOTIPIA
DE
M.
RIVADENETRA,
calle
de
la
Made a,
nú a.
8.
1859.
DISCURSOS
leídos
an e
la
REAL
academia
de
nobles
a es
DE
SAN
FERNANDO,
en
la
ecepción
pública
don
NICOLAS
GATO
DE
LEMA.
IM
I’
n
K
N
T
A
V
MADRID,
es e eo ipia
dk
m
caíle
déla
Made a,
baja,
núme o
8
*
V
A
D
E
K
e
,
!
1859
.
DISCURSO
DON
NICOLAS
GATO
DE
LEMA.
Señoiies
:
En
es e
dia,
pa a
mí
an
solemne,
cuando
llego
sin
mé i os
al
san ua io
de
las
a es,
pa a
ecibi
las
no¬
bles
insignias
que
me
ha
o o gado
ues a
bene olen¬
cia
,
sien o
po
la
p ime a
ez
en
mi
ida
ca ece
de
las
al as
do es
de
e udición
y
elocuencia
que
subliman
á
los
ingenios
más
a o unados,
pa a
mos a me
ag adecido
á
ues os
a o es.
Mas
como
no
es
dado
al
homb e
cambia
su
mane a
de
se ,
ni
al e a
en
un
momen o
los
hábi os
de
oda
su
ida,
ha o
comp ende éis,
Seño es,
que
no
puede
exp esa se
con
acilidad
y
elegancia
po
medio
de
la
pluma
el
que
sólo
es á
acos umb ado
á
ha¬
ce lo
modes amen e
po
medio
del
pincel.
Humilde
se á
po
an o
la
o enda
que
os
p esen e,
al
cumpli
el
p ime o
de
los
debe es
que
me
impone
la
al a
hon a
que
me
habéis
dispensado;
si
bien
me
anima
la
conso¬
lado a
espe anza
de
que
os
ha
de
pa ece
acep able,
po que
la
indulgencia
ha
sido
siemp e
compañe a
del
e dade o
sabe .
C
DISCURSO
Si
á
és e
sólo
a endie a,
Seño es,
ué ame
en
e dad
muy
di ícil
halla
asun o
á
p opósi o
pa a
es e
discu so.
Po que
¿sob e
qué
pun os
del
a e
ó
de
su
his o ia
ne¬
cesi a éis
oso os
se
ilus ados?
Ni
¿qué
pudie a
yo
deci
aquí,
donde
se
eúnen
an as
eminencias
a ís i¬
cas
y
li e a ias,
que
u iese
pa a
oso os
no edad
ó
in e es
alguno?
En
la
segu idad,
pues,
de
que
odo
os
es
igualmen e
conocido,
no
hab ia
pa a
mí
p e e encia
en
la
elección
del
asun o.
Hay
uno,
sin
emba go,
que
po
la
índole
de
mis
pob es
es udios,
exige
de
mí
pa i¬
cula
p edilección;
no
pudiendo
causa os
ma a illa
que
en
ocasión
an
solemne
p ocu e
ambién
ija
en
él
mis
incie as
mi adas.
Aludo,
Seño es,
al
paisaje:
á
ese
amo
de
la
pin u a
que
iene
á
su
ca go
ep oduci
las
más
bellas
escenas
de
la
na u aleza,
y
que
han
ele ado
á
an a
al u a
los
a is as
mode nos.
Habla é,
pues,
del
paisaje,
conside ándolo
en
su
impo ancia,
en
sus
apli¬
caciones,
y
sob e
odo
en
el
g an
desa ollo
que
ha
al-
canzado
en
nues os
dias.
En
el
asun o
de
que
oy
á
habla os,
la
his o ia
no
nos
suminis a
abundan es
no icias
;
o écenos,
sin
emba ¬
go,
iluminada
po
la
an o cha
de
la
iloso ía,
algunos
es igios,
po
donde
podemos
descub i
sus
emo os
o ígenes,
econociendo
en
la
índole
especial
de
la
cul¬
u a
de
cada
pueblo
las
azones
undamen ales
que
se
oponen
á
la
exis encia
del
paisaje,
ó
impulsan
su
na u¬
al
desa ollo.
No
busquéis,
Seño es,
es a
mane a
de
pin u a
en
la
India
ni
en
el
Egip o,
cuna
y
p ime a
mo¬
ada
de
la
an igua
ci ilización
del
mundo.
Allí
donde
la
na u aleza
no
alcanza
á
despe a
la
con emplación
de
DE
DON
NICOLÁS
GATO
DE
LEMA.
7
sus
innume ables
bellezas;
donde
domina
en
oda
idea
eligiosa
y
mo al,
como
en
oda
ob a
a ís ica,
la
e¬
p esen ación
simbólica
de
las
ue zas
de
la
Di inidad
y
de
la
c eación,
allí
la
na u aleza
inanimada
desapa ece
an e
la
di inización
absu da
y
g ose a
de
la
na u aleza
animal:
degene ada
ya
la
p imi i a
idea
del
símbolo,
no
es
posible
ni
áun
la
iniciación
del
sen imien o
dulce
y
apacible
que
lle a
al
homb e
á
goza
del
espec áculo
de
la
na u aleza,
de
la
cual
iene
á
se
al
p opio
iempo
admi ado
y
ey.
Ni
pidamos
ampoco
á
la
G ecia,
á
esa
nación
ci ilizado a
que
as o mó
odas
las
ideas
de
la
India
y
del
Egip o
pa a
con e i las
en
uni e sal
p o e¬
cho
de
la
humanidad,
la
imi ación
de
que
me
p opongo
habla os.
G ecia,
á
di e encia
de
la
India
y
del
Egip o,
di iniza
al
homb e
ele ándolo
has a
el
cielo:
la
o ma
humana
ue,
en
consecuencia,
el
bello
ideal
que
debió
idealiza ,
y
que
idealizó
en
e ec o
el
a e,
de
los
g iegos.
Po
odo
es o
se
explica
que
desde
que
Apolodo o
ab ió
el
g an
lib o
de
la
pin u a,
y
con inua on
sus
páginas
Zéuxisde
He aclea,
su
i al
Pa asio,
y
sus
dignos
ému¬
los,
Timan o
de
Sámos
y
Apéles
de
Cos,
has a
algún
iempo
después,
no
nos
o ezca
el
paisaje
b illan es
mues as
del
alen o
de
es os
g andes
ingenios.
Es u¬
diaban
en
cambio
an
insignes
a is as
al
homb e,
idea¬
lizándolo
en
la
ep esen ación
de
los
dioses,
semidioses
y
hé oes,
a ea
an
p incipal
en
los
o ígenes
del
a e,
que
sólo
cuando
empieza
á
decae
aquella
en idiada
cul u a,
llega
á
se
obje o
de
sus
abajos
la
ep esen¬
ación
de
los
hechos
memo ables.
Fué,
pues,
el
paisaje
casi
desconocido
en
la
an igüe-
14
DISCURSO
(los
los
p odigios
que
debían
ealiza se
con
más
deci¬
dida
delibe ación
en
el
paisaje
mode no.
Gonság anse
á
su
es udio,
y
cul i ando
bajo
las
alas
de
aquellos
g an¬
des
pin o es,
un
I ia e,
un
Mazo,
un
Collan es,
un
An o-
linez
y
o os
muchos
ingenios
de
meno
ue za
el
pai-
saje,
pa ece
i i
en
el
suelo
de
la
Península
po
algún
iempo
con
ida
p opia;
pe o
llegado
el
a al
ins an e
en
que
empieza
á
eclipsa se
el
as o
de
nues o
pode ío,
y
con
él
la
es ella
de
nues as
le as
y
de
nues as
a es,
oscu écese
de
p on o
la
luz
que
lo
habia
iluminado,
y
po
espacio
de
más
de
un
siglo
apénas
o ece
el
ingenio
es¬
pañol
mues a
alguna
digna
de
alabanza,
y
capaz
de
e¬
co da
los
p odigios
de
Velazquez
y
de
Mu illo.
Rese ado
es aba
á
la
edad
mode na
da
nue a
ida
al
paisaje,
e is iéndole
de
los
encan os
que
hoy
admi¬
amos
en
él,
y
ele ándolo
á
un
g ado
de
pe ección
al,
como
no
habían
conocido
los
iempos
an e io es.
Bien
puede
asegu a se
(po que
los
hechos
dan
es imonio
de
es a
e dad)
que
al
cabo
de
an os
siglos
de
exis encia,
la
na u aleza
no
habia
sido
e a ada
con
la
exac i ud
que
lo
es
hoy
dia.
Los
paisajis as
con empo áneos
son,
puede
deci se
así,
los
que
han
descubie o
esos
magní¬
icos
bosques,
esas
pin o escas
llanu as,
esos
lagos
se¬
enos,
esos
ho izon es
emo os,
has a
aho a
igno ados
pa a
el
a e
po
an os
siglos
como
cuen a
el
mundo.
No
pa ece
sino
que
ambién
la
pin u a
lia
buscado,
como
el
homb e,
en
el
espec áculo
de
la
na u aleza
el
eposo
de
la
agi ada
ida
del
mundo,
y
que
descansa
el
espí i u,
a~
ligado
po
sus
g andes
emociones,
en
las
sencillas
y
ie ¬
nas
escenas
de
la
ida
campes e.
DE
DON
NICOLÁS
GATO
DE
LEMA.
La
sociedad
mode na
con ibuye
con
decidido
em¬
peño
a
impulsa
es e
mo imien o.
La
a ición
á
deco a
las
habi aciones
con
paisajes,
ya
al
esco
ó
al
emple
ya
en
lienzos
de
g andes
ó
de
pequeñas
dimensiones’
c ece
cada
dia
has a
el
pun o
de
que
apénas
se
halla á
una
egula men e
deco ada,
en
que
el
paisaje
no
ocupe
su
luga .
No
poco
ha
se ido
pa a
gene aliza
es a
a i-
cion
el
uso
de
las
acua elas,
de
los
álbums
(a),
y
has a
de
las
li og a ías,
aplicado
á
es e
géne o
de
pin u a.
Es
sob e
lodo
no able
el
adelan o
que
se
ha
hecho
en
es os
dibujos
de
pequeñas
dimensiones.
An iguamen e,
es
de¬
ci ,
desde
el
siglo
m,
exo naban
los
códices
minia u as
pequeñas,
hechas
con
la
impe ección
que
es
consi¬
guien e
al
nacimien o
de
un
a e
an
di ícil;
hoy,
un
e¬
ducido
lienzo,
una
pequeña
acua ela,
un
simplé’dibujo,
pueden
ence a
páginas
llenas
de
iloso ía
y
de
sen i¬
mien os,
que
p oducen
en
el
alma
an
dulces
y
p o undas
emociones
como
un
inmenso
cuad o
donde
el
a is a
desplegue
g an
lujo
de
composición.
Y,
o zoso
es
con esa lo,
Seño es,
es a
p edilección
con
que
se
mi a
al
paisaje
en
la
sociedad
mode na,
no
es
in¬
undada;
iene
su
azón
de
se ,
y
una
azón
muy
sólida
y
p o unda,
en
la
misma
o ganización
del
homb e:
po que
al
paso
que
son
muy
pocas
las
pe sonas
capaces
de
com¬
p ende
odo
el
mé i o
his ó ico,
ilosó ico
y
a ís ico
de
un
g an
cuad o
de
composición,
en
que
á
las
eces
el
es-
pec ado p e ende
halla
imp opiedades
y
de ec os
donde
(a)
Los
hay
en
Lond es,
que
cada
uno
de
ellos
o ma
una
gale ía
de
l:: i“
,as
aode nos
-
*
-««.
poco
so os
de
g an
alo .
DISCURSO
10
no
hay
sino
p o undo
es udio
del
asun o
y
exac a
ep e¬
sen ación
de
sus
de alles;
odos
es án
dispues os
ásen i
las
bellezas
del
paisaje,
po que
odos
han
sen ido
algu¬
na
ez,
y
ecue dan
siemp e
con
dulce
a ec o,
las
escenas
de
la
ida
campes e.
P opio
es
en
e ec o
de
nues a
o ¬
ganización
ama
la
na u aleza,
y
ec ea nos
con
la
is a
de
los
á boles
y
de
las
lo es,
de
los
mon es
y
de
los
alles,
en
cuya
p esencia
espi a
el
alma
con
esa
expansión
á
que
no
le
es
dado
en ega se
en
medio
del
á ago
mun¬
danal
y
ence ada
en
el
ecin o
de
las
ciudades.
Imaginad
un
asun o
que
si a
de
ma e ia
á
un
paisa¬
je
,
y
cualquie a
que
él
sea,
si
su
ejecución
es
pe ec a,
la
imp esión
que
p oduce
en
el
ánimo
del
espec ado
es
siemp e
i a
y
p o unda.
T asladaos
con
ues a
imagi¬
nación
á
un
soli a io
alle,
de
cuyas
ibe as
se
alzan
pin¬
o escas
y
e des
mon añas
que
ocan
al
cielo,
y
en
cuya
alda
apenas
se
dis ingue
alguna
silenciosa
cabaña
ó
al¬
gún
humano
i ien e
;
ó
elegid
más
bien
la
aleg e
y
pin¬
o esca
campiña,
esmal ada
de
lo es,
somb eada
po
la
a boleda,
poblada
de
pin o escos
case íos,
imágen
de
la
na u aleza
animada,
donde
lodo
son íe
y
halaga
los
sen idos.
Ele aos
con
la
inspi ación
del
a e
á
los
úl imos
lími es
de
la
na u aleza
c eada,
á
las
inaccesibles
é
impo¬
nen es
ocas
que
si en
de
co ona
á
las
más
al as
mon¬
añas,
donde
ni
asien a
el
homb e
su
plan a,
ni
la
ege¬
ación
lo ece,
ni
osan
siquie a
llega
las
a es
con
su
ma¬
jes uoso
uelo;
ó
descended
más
bien
has a
las
amenas
playas
que
baña
una
ma
anquila,
su cada
po
mul i¬
ud
de
lige os
bo es.
Tomad,
en
in,
ues o
asun o
en
la
empes ad
con
su
somb ío
é
imponen e
celaje,
ó
en
el
DE
DON
NICOLÁS
GATO
DE
LEMA.
he moso
dia
de
p ima e a
con
su
esco
y
se eno
am¬
bien e,
ó
en
la
es ación
canicula
que
en uel e
en
una
son osada
a mós e a
odo
cuan o
os
odea;
y
cualquie a
que
sea
de
es os
asun os
el
que
hayais
elegido,
siemp e
halla éis
en
el
co azón
del
espec ado
una
cue da
que
esponda
al
e ec o
que
que áis
p oduci ,
ya
sea
és e
el
de
la
is eza
inspi ada
po
el
alle,
ya
el
de
la
aleg ía
que
causa
la
campiña,
ya
el
del
e o
á
la
is a
de
la
es¬
ca pada
peña,
ya
el
de
la
dulzu a
en
la
plácida
ibe a,
ya,
en
in,
el
de
cualquie a
o o
de
los
sen imien os
que
causa
en
el
homb e
la
na u aleza
bajo
sus
di e en es
as¬
pec os.
'
Pa a
p oduci
es os
so p enden es
e ec os,
el
paisa¬
jis a
mode no
ha
ele ado
el
a e
á
la
al u a
de
una
cien¬
cia
,
la
ciencia
de
lo
bello;
y,
me ced
al
conocimien o
de
sus
luminosos
p incipios,
se
ele a
á
las
egiones
de
la
idealización,
y
exo na
y
a moniza
lo
que
o ece
á
sus
ojos
el
g an
ea o
de
la
na u aleza;
no
emp endiendo
nunca
una
ob a
e dade amen e
a ís ica,
sin
habe
medi ado
y
combinado
su
ejecución
en
su
conjun o
y
en
sus
de a¬
lles,
en
lo
p incipal
y
en
lo
acceso io,
en
lo
sus ancial
y
en
los
acciden es.
El
paisajis a
mode no
no
se
con en a
con
copia
y
e a a
la
mon aña,
la
a boleda,
la
casca-
da,
el
ondo
del
país
ó
el
ho izon e,
á
la
en u a
y
sin
consul a
las
eglas
del
buen
gus o;
sino
que
imp ime
unidad
al
conjun o,
hace
b o a
de
él
un
pensamien o
y
p ocu a
que
haya
en
su
ejecución
esa
escu a
impe cep
ibie,
ese
eposo
campes e,
esa
a monía
se ena
esa
belleza
que
se
sien e
mejo
que
se
explica,
pe o
cuyos
sec e os
ensenan
al
pa
la
in uición
y
la
p ác ica
del
a e
DISCURSO
y
es udio
de
la
na u aleza.
Ni
ha
de
se
és e
solo
el
ob¬
je o
de
sus
a eas;
pues
la
ep oducción
de
los
á boles
y
de
las
lo es
exige
á
su
ez
pa icula
es udio,
sin
el
cual
solo
pudie an
se
ep oducidos
de
un
modo
g ose o
é
impe ec o:
y
la
ep esen ación
de
los
animales
lo
ecla¬
ma
con
mayo
azón.
¿Cómo,
si
no,
sab ia
un
pin o
as¬
lada
al
lienzo
el
ápido
uelo
del
paja illo
que
c uza
el
espacio,
el
g acioso
mo imien o
del
a e
que
jugue ea
en
el
es anque,
el
a do
buey
ecos ado
en
la
e de
p a¬
de a
,
el
co de illo
que
co e
p esu oso
en
pos
de
su
ma¬
d e,
la
cab a
que
oe
los
pámpanos
y
los
a bus os,
el
caballo
que
da
su
c in
á
los
ien os,
ó
el
pe o
que,
ya
sigue
iel
los
pasos
de
su
amo,
ya
gua da
con
se e o
con inen e
el
ebaño
que
le
es á
con iado?
Y
obse a é,
Seño es,
con
es e
mo i o,
cuán
unánime
es
en e
los
pin-
o es,
así
an iguos
como
mode nos,
la
p ác ica
de
da
cabida
en
sus
composiciones,
pa a
ameniza las
con
ellos,
á
es os
que
pudié amos
llama
humildes
compañe os
del
homb e,
con
los
cuales
compa e
muchas
eces
la
is¬
eza
de
su
soledad,
y
que
cons i uyen
lo
que
se
llama
la
na u aleza
animada.
Y
uel o
á
deci lo,
Seño es:
los
a is as
mode nos
son
los
que
han
le an ado
el
paisaje
á
la
al u a
en
que
lo
e¬
mos,
así
po
el
g ande
es udio
y
esme o
que
se
pone
en
la
in e p e ación
de
la
na u aleza,
como
po
el
colo ido
y
po
la
conclusión
de
los
cuad os.
No
p e endo
nega
á
los
an iguos
la
glo ia
que
de
de echo
les
pe enece
como
maes os
y
como
p edeceso es
en
an
di ícil
a e;
pe o
es
lo
cie o
que
no
ue on
an
gene ales
en
sus
composi¬
ciones,
y
que,
pagando
ibu o
á
su
época
y
siguiendo
DE
DON
NICOLÁS
GATO
DE
LEMA.
19
sus
exigencias,
die on
á
sus
cuad os
un
e ec o
de
oscu o
excesi amen e
eca gado,
que
qui a
al
paisaje
la
dia ani¬
dad
,
y
le
p i a
de
ese
he moso
ambien e
que
pa ece
espi a se
á
su
is a,
cuando
las
somb as
no
lo
oscu e¬
cen
demasiado:
po
lo
que
no
se
encuen a
en
ellos,
aun¬
que
admi ablemen e
ocados,
y
á
eces
con
un
colo ido
encan ado ,
esa
e dad,
esa
escu a,
esa
belleza
poé¬
ica
que
hemos
admi ado
ecien emen e
en
las
exposi¬
ciones
de
F ancia,
de
Ingla e a,
de
Bélgica,
de
los
Países-Bajos
y
de
P usia,
cuyas
naciones,
en
especial
la
G an
B e aña,
han
llegado
en
sus
so p enden es
aguadas
á
un
pun o,
del
que
pa ece
imposible
pasa .
¡Qué
bien
comp endida
es á
la
na u aleza
de
es os
cuad os!
¡Qué
e dad
en
el
ai e
in e pues o!
¡Qué
lon ananzas
an
ad¬
mi ables!
Qué
e ec os
de
luz
an
encan ado es!
¿Quién
pudie a
nega
es a
p eeminencia
al
paisaje
mode no,
si
ha
enido
ocasión
de
conoce
en
el
ex anje o
las
g an¬
des
ob as
que
en
nues os
dias
p oduce
la
inspi ada
ima¬
ginación
de
algunos
eminen es
a is as?
Tal
es
y
an
p odigioso,
Seño es,
el
uelo
que
ha
o¬
mado
es e
amo
del
a e,
que
se
le
e
lo ece
simul á¬
neamen e
y
á
po ía
en
las
p incipales
naciones
de
Eu¬
opa.
Id
á
la
ecina
F ancia,
y
allí
encon a éis
áT oyon,
á
quien
no
dudo
apellida
el
maes o
de
los
maes os,
y
admi a éis
ex asiados
sus
cielos
que
no
ienen
i al.
Sólo
su
cuad o
de
los
Bueyes
que
an
á
la
labo
,
magní ica
ex¬
p esión
de
poesía
pas o il,
con
su
diá ano
ambien e
de
la
mañana
y
sus
plan as
esmal adas
de
ocío,
iluminado
po
la
luz
del
sol
que
despun a
po
el
O ien e,
bas a ia
á
habe
le an ado
su
epu ación
á
la
al u a
en
que
se
en-
DISCURSO
20
cuen a.
Allí
e éis
ambién
los
cuad os
de
Madlle.
Rosa
Bonheu ,
que
pin a
los
animales
con
la
e dad
y
la
maes¬
ía
que
es i ica
la
Siega
del
heno;
los
de
León
Belly,
au o
de
un
bellísimo
paisaje
de
E ec o
de
o oño
en
el
c epúsculo;
los
de
Blancha d
,
Ghe e ,
Bellel,
Fle s
y
Lambine .
T asladaos
luégo
áIngla e a,
y
allí
eneis
á
Holland,
á
Lee,
á
Linnell,
á
Poole,
áRobe s,
áRenne ,
á
Callow,
á
Duncan,
á
S am ield,
á
Robins,
á
W.
Hun ,
á
Ju sumh,
á
Wa d
y
4
Landsee .
No
in en a é
ci a
los
cuad os
no a¬
bles
de
es os
pin o es,
po que
os
moles a ía
demasiado;
pe o
no
puedo
esis i
al
deseo
de
eco da
una
Vis a
de
Ro e dam,
de
Holland;
o a
del
G an
canal
de
Venecia
,
po
Robe s;
el
Fue e
de
Tilbu y,
de
S am ield;
un
Ca¬
mino
en
las
mon añas
y
la
Galles
del
No e,
de
Linnell;
una
Pues a
del
sol,
de
Duncan;
las
p eciosas
acua elas
de
Callow,
y
los
animales
de
Landsee .
¿Quién
es
capaz
de
señala
aquí
las
bellezas
po
que
b illa
en
pa icula
cada
uno
de
es os
g andes
a is as
?
Fue a
de
que
es
o zoso
econoce
que
la
Ingla e a
imp ime
á
odas
sus
p o¬
ducciones
un
sello
de
g andeza,
de
o iginalidad,
que
las
dis ingue
de
odos
los
demas
países.
Con
gus o
pago
aquí
un
ibu o
de
jus icia
á
ese
g an
pueblo,
p ocla¬
mando
que
sus
cuad os
son
al amen e
dignos
de
es udio,
y
nos
o ecen
cons an e
ocasión
de
admi a ,
ya
su
mag¬
ní ica
exp esión,
ya
el
es udio
ilosó ico
de
los
asun os,
ya
el
buen
gus o
en
la
ejecución,
ya,
en
in,
la
biza ía
y
la
desen ol u a
con
que
pin an,
y
ex emada
delicadeza
con
que
concluyen,
sus
ob as.
Mas
allá
de
Ingla e a
emos
ambién
b illa
el
paisaje
en
las
heladas
egiones
de
No uega.
La
exposición
uní'
DE
DON
NICOLÁS
GATO
DE
LEMA.
^
e sal
de
Pa ís
nos
o eció
ocasión
de
admi a ,
en e
o os
cuad os,
uno
de
Gude
ep esen ando
unas
Mon a¬
ñas
de
la
p o incia
de
Be gen
,
en
que
hay
ica
y
bien
en endida
en onación,
he moso
e ec o
de
luz,
g an
ue za
de
e dad
y
una
exp esión
de
dulcísima
y
deliciosa
poesía;
y
ála
pa
con
és e,
o o
paisaje
lleno
de
g acia
y
muy
bien
es udiado,
de
F ich,
ep esen ando
un
Valle
de
mon añas
y
un
Bosque
de
pinos,
y
o a
p eciosa
Vis a
de
las
inmediaciones
de
Ch is iania
(
a
),
de
Mülle .
Sinos
alejamos
de
los
climas
del
No e
pa a
busca
en
el
cen o
de
Eu opa
los
p og esos
del
paisaje
,
admi a¬
emos
en
P usia
los
inmejo ables
países
de
A.
Acliem-
bach,
cuyo
cuad o
de
las
Cos as
de
Sicilia
en
un
dia
de
empes ad
es
de
un
e ec o
so p enden e;
á
Hildeb and ,
au o
de
o o
magní ico
cuad o
que
ep esen a
el
In¬
ie no;
al
Conde
de
Kalck eu h,
de
quien
se
conoce
una
p eciosa
Vis a
deSeculejo
,
en
los
al os
Pi ineos
(
b
);
á
Leu,
áPape,
á
Michelis,
á
Po mann,
Schmid ,
Schul en,
y
o os
cuyos
países
son
en
ex emo
no ables,
pa icula ¬
men e
unas
is as
de
la
No uega
,
del
p ime o,
y
un
Bos¬
que
de
pinos,
del
segundo
:
cuad o
és e
úl imo,
más
allá
del
cual
no
se
concibe
lle a
la
exp esión
de
la
e dad
y
de
la
belleza
po
medio
del
pincel.
Hallamos
ambién
en
Bélgica
á
Luis
Win e ,
au o
de
algunos
deliciosos
pai¬
sajes,
en e
los
cuales
me ece
menciona se
Una
pos u a
del
sol;
áFou mois,
au o
de
un
E ec o
de
mañana
no
ménos
bello;
á
Yan-Schendel,
que
en e
o os
cuad os
ha
pin ado
una
encan ado aFisía
de
Bo e dam
con
e ec o
(a)
No uega.
(b)
Ce ca
de
Bagne es
de
Luchon.
DISCURSO
de
lana;
á
Iíoelo s,
au o
de
o a
magní ica
Vis a
de
las
A de ías;
e emos
en
los
Países-Bajos
los
he mosos
cua¬
d os
de
Bilde s;
el
O oño
y
el
In ie no
,
de
Koekkoek;
la
Vis a
de
un
pue o
de
Holanda
,
de
Waldo p;
un
Venda-
bal
en
la
cos a
de
Sclie eningue
,
de
Meye ,
y
o os.
Po
úl imo,
la
Suiza
nos
pond á
de
mani ies o
los
países
de
Bu le ,
en e
ellos
la
Vis a
del
Rhin
,
en
los
Alpes,
y
e Lago
de
los
cua o
can ones
,
ejecu ado
bajo
di e sos
pun os
de
is a
po
Caíame
y
Ul ich;
una
Mañana
de
O oño
,
de
Cas an,
y
o os
muchos
que
omi o
menciona .
En
medio
del
p odigioso
desa ollo
que
ha
omado
el
paisaje,
se
p esen a
como
una
de
sus
más
bellas
o mas
la
acua ela
,
desconocida
has a
nues os
dias,
y
lle ada
al
más
al o
g ado
de
pe ección
po
la
Ingla e a,
donde
con
el
auxilio
del
papel
y
colo es
de
Newmans,
se
hacen
p odigios
de
e dad
y
de
poesía
en
cuad os
de
educidas
dimensiones,
de
que
puede
o ma se
una
gale ía
en
las
hojas
de
cada
álbum.
Es e
p ecioso
descub imien o
es
uno
de
los
que
con
más
jus o
mo i o
pueden
en anece
á
los
a is as
de
la
p esen e
época,
po que
con
él
se
ha
c eado
un
nue o
y
especialísimo
géne o
de
pin u a,
que
acili a
su
p opagación
y
su
adquisición
,
y
que
no
iene
i al
en
lo
mode no;
po que
ni
lo
es
ni
puede
se lo
I
a
o og a ía,
pues o
que
ni
exis e
ni
puede
exis i
i ali¬
dad
en e
dos
cosas
de
índole
absolu amen e
dis in a,
y
que
léjos
de
con a ia se
ni
exclui se,
es
la
una
el
más
pode oso
auxilio
de
la
o a.
Y,
en
e ec o,
Seño es,
I
a
sublime
in ención
de
ija
de
un
modo
pe manen e
I
a
e lexión
de
los
ayos
luminosos,
ep esen ando
la
imáge
n
del
obje o
e lec an e,
en
p ime
luga ,
es á
ue a
de
I
a
DE
DON
NICOLÁS
CATO
DE
LEMA.
es e a
de
las
bellas
a es,
po que
co esponde
á
la
de
las
ciencias;
y
en
segundo,
léjos
de
se les
con a ié,
ha
enido,
po
lo
que
espec a
á
la
pin u a,
á
obus ece
los
sólidos
undamen os
en
que
se
apoyaba,
demos ando
que
po
medio
de
la
con e gencia
de
las
líneas
y
la
g a¬
duación
de
las
in as
se
ep esen a
en
una
supe icie
lo
que
en
ealidad
iene
bul o,
iene
p o undidad,
y
exis e
á
di e en es
dis ancias.
Es o
se
sabía;
es o
eó icamen e
se
explicaba
has a
el
pun o
de
que
p ac icándolo,
se
conseguían
los
ape ecidos
esul ados;
pe o
la
o og a ía
ha
dicho
á
la
pin u a
:
«sigue
p ocediendo
con
en e a
»segu idad
en
odas
us
ope aciones,
po que
lo
mismo
»que
u
p ocede
la
na u aleza.»
El
pin o
iene
es e
ma¬
yo
y
mejo
c i e io
de
e dad,
debido
á
los
adelan os
p ác icos
de
las
ciencias
ísicas,
que
po
o a
pa e
en
nada
con a ía
el
uelo
de
su
imaginación,
la
acul ad
de
oba
á
la
misma
na u aleza
el
momen o
más
p ecioso
de
su
a iable
belleza,
ni
de
aslada
al
lienzo
ó
al
pa¬
pel
lo
que
es á
ue a
del
o den
ma e ial,
la
idea,
el
sen¬
imien o,
la
ilimi ada
modi icación
de
los
a ec os
y
has a
lo
imagina i o
y
an ás ico.
No
exis e,
pues,
esa
i ali¬
dad
que
ulga men e
se
supone;
y
sí,
po
el
con a io
esal a
en e
la
o og a ía
y
la
pin u a
la
comple a
a mo¬
nía
la
a e nidad
que
no
puede
ménos
de
encon a se
que
s
on
dT
am
°
S
^
C0m0
^ agos
que
son
de
un
mismo
onco,
de
la
in ini a
Sabidu ía
El
paisaje,
Seño es,
no
es
sólo
en
nues os
dia*
obje o
de
ec eo;
es
además
un
a e
de
ú iles
y
necesa"
ñas
aplicaciones
á
la
his o ia,
á
la
li e a u a
y
I
Z
Z
p o esiones
sociales;
y
ue a
ha o
p olija
nues a
ZZ
30
CONTESTACION
cien
p osc i os,
y
los
emplos
de
la
ciencia
á
milla es
de
alum¬
nos,
gala donaba
á
los
encedo es
en
las
a es
con
la
p ez
que
es imula
mas
á
la
ju en ud,
que
no
el
lau o
y
los
eso os,
con
la
hechice a
son isa
de
la
belleza.
Y
como
si
añías
ci cuns ancias
no
bas a an
á
suspende
la
men e
embebecida
de
unos,
y
á
exal a
la
ogosa
imaginación
de
o os,
dos
ue zas,
po
deci lo
así
sob ehumanas,
le an a¬
ban
los
ánimos
y
acele aban
el
impulso
de
los
co azones:
la
mue e
con
pa o osos
p esagios;
la
espe anza
con
dulcísimos
ensueños.
Y
así
e a
la
e dad,
Seño es;
que
aquel
Mona ca,
úl imo
q
ue
en e
noso os
ha
eje cido
el
pode
absolu o
de
los
Cá los
y
F
e
"
lipes,
lle aba
ya
en
la
en e
el
sello
del
emplazamien o
é e no,
y
á
nadie
se
ocul aba
que
su
hinchada
y
émula
mano
sos enía
po
úl ima
ez
la
balanza
de
jus icia,
y
que
sus
sienes
ca¬
len u ien as
hubie an
ma chi ado
las
co onas
que
á
los
imbe ¬
bes
y
animosos
alumnos
epa ía.
Y
po
un
con as e
singula ,
el
apacible
semblan e
de
su
bella
compañe a;
las
nue as
cuca das
icolo es
de
la
e olucionada
F ancia
y
de
la
nacien e
Bélgica
que
cual
capullos
aquí
y
allí
b illaban
;
el
ogoso
en usiasmo
de
la
apiñada
ju en ud,
que
pene aba
a opelladamen e
po
en i*
e
los
do ados
escaños
de
los
magna es,
pa ece
como
que
daba
*
1
á
odos
en
os o
con
aquel
a oma
de
ie a
mojada,
que
o ea
los
campos,
con
aquella
escu a
balsámica,
que
aen
consig
0
las
au as,
inmedia amen e
án es
que
desca guen
las
o men o¬
sas
llu ias
de
la
p ima e a.
Ni
al aba
allí
la
a monía
de
can o es
sublimes;
que
los
p
oe
'
as,
esos
uiseño es
de
la
in eligencia,
que
can an
siemp e
eí)
el
c epúsculo
de
la
ci ilización
de
los
pueblos;
que
p esagi
311
’
como
las
a es
del
cielo,
si
bien
po
supe io
y
casi
di ino
m
s
in o,
la
au o a
de
la
ciencia
y
la
explosión
de
las
empes ades
los
a es,
digo,
llenaban
es as
bó edas
de
sus
mágicosconceO'
POR
EL
Excmo.
Sb.
MARQUÉS
DE
MOLINS.
os,
y
p eocupaban
con
sus
a icinios
los
co azones.
Uno
de
ellos
libe al,
descendien e
de
los
insignes
Condes ables
de
Cas illa
y
Duque
y
Embajado
á
su
ez,
se
a e ía
á
apos o a
así
al
dúe-
ño
absolu o
de
idas
y
haciendas:
Cuando
los
senos
de
la
umba
oscu os,
Reyes,
que
humilde
el
uni e so
hono a.
Pa a
siemp e
habi éis
en
le e
pol o,
Sólo
las
ob as
del
ingenio
os
pod án
inmo aliza ;
Po que
ecundo
El
genio
de
las
a es
bienhecho as
Es
de
la
ama
oz,
lengua
del
mundo.
O o
poe a
,
hijo
de
la
clase
media
,
aunque
co esano
enca¬
necido
en
los
palacios,
ol ía
sus
ojos,
ya
casi
p i ados
de
la
luz,
hácia
los
nue os
lau eados;
y
con
oz
cascada
y
débil
como
la
del
mismo
Sobe ano,
les
decia
que
aquel
que
'
No
sien e
en
sí
la
inspi ación
sec e a,
Ni
se á
a is a,
ni
nació
poe a.
Dejadme,
Seño es,
que
admi e
aquí
un
momen o
las
icisi udes
y
mudanzas
de
los
iempos,
los
inesc u ables
dec e os
de
la
P o¬
idencia,
las
pasmosas
pe ipecias
de
la
his o ia.
Al
en e
de
aque-
Hosalumnos,
p emiados
po
Fe nando
Vil,
es abanColomé
Pon
ciano
y
Ri e a;
es
deci ,
el
a qui ec o,
el
escul o
y
el
pin o
que
habían
de
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que
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en
su
ida
alzaba
en
público
la
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y
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á
es os
inmo ales
lienzos
o en es
de
ajena
a mo¬
nía
(
a
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,
es
el
mismo
que,
cascado
ya
po
los
sucesos,
más
aun
que
po
los
años,
oma
hoy
ues o
nomb e,
y
p e ende
en
p o¬
pia
y
desaliñada
p osa
da
la
bien enida
al
dis inguido
compa¬
ñe o
á
quien
llamáis
en e
oso os.
És e,
sin
emba go,
en
la
época
á
que
me
e ie o,
no
pe e¬
necía
á
la
epública
de
las
a es;
más
aún
,
ni
siquie a
en
la
as a
y
luminosa
ex ensión
de
és as,
ni
siquie a
en
la
ju isdicción
aca¬
démica
es aba
deslindada
la
pa e
del
paisaje,
que
ha
dado
á
Don
Nicolás
Ga o
de
Lema
ca a
de
ciudadanía
y
í ulo
digno
y
asien o
en idiable
á
ues o
lado.
Con
lodo,
ya
en
aquella
ci ¬
cuns ancia
uno
de
los
p ecla os
poe as
que
he
ci ado,
el
Duque
de
F ias,
había
hecho
del
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encomio
sublime,
diciendo
que
eia
en
la
campiña
de
B eda
Al
golpe
dies o
de
pincel
alien e
,
En e
humo
denso
y
nebuloso
cielo,
Cimas
alzadas
del
lejano
mon e
Ce ando
el
ho izon e;
Y
el
o o
poe a,
A iaza,
añade
que
El
mismo
sol
se
asomb a
De
no
pode
da
luz
al
campo
oscu o
Que
condenó
el
pincel
á
e e na
somb a.
Pe o
no
adelan emos
el
o den
de
las
ideas,
y
sigamos
más
bien
al
nue o
Académico
en
el
e udi o
azonamien o
con
que
acaba
de
p oba
cuán
digno
es
del
pues o
á
que
le
llama on
ues os
su agios.
Al
hace lo,
no
me
p opongo
con adeci le
ó
enmenda le
:
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°
(o)
En
la
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pública
de
832,
á
que
nos
e e imos,
no
pudo
el
Exc no.
S .
que
de
F ias
lee
la
oda
que
habia
compues o
,
y
lo
hizo
en
su
ausencia
el
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es e
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EL
Excmo.
Sa.
MARQUÉS
DE
MOL1NS.
no
lo
pudie a
in en a
mi
a ec o,
ni
ealiza
aquello
mi
insu icien°-
,
sino
que
más
bien
me
aleja é
p ime o
de
su
a gumen o
has a
coloca me
en
el
pun o
de
is a
ilosó ico,
y
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CONTESTACION
donde
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el
mismo
que,
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ya
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sucesos,
más
aún
que
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hoy
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nomb e,
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desaliñada
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bien enida
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dis inguido
compa¬
ñe o
á
quien
llamáis
en e
oso os.
És e,
sin
emba go,
en
la
época
á
que
me
e ie o,
no
pe e¬
necía
á
la
epública
de
las
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más
aún
,
ni
siquie a
en
la
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y
luminosa
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de
és as,
ni
siquie a
en
la
ju isdicción
aca¬
démica
es aba
deslindada
la
pa e
del
paisaje,
que
ha
dado
á
Don
Nicolás
Ga o
de
Lema
ca a
de
ciudadanía
y
í ulo
digno
y
asien o
en idiable
á
ues o
lado.
Con
lodo,
ya
en
aquella
ci ¬
cuns ancia
uno
de
los
p ecla os
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que
he
ci ado,
el
Duque
de
F ías,
había
hecho
del
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encomio
sublime,
diciendo
que
eia
en
la
campiña
de
B eda
Al
golpe
dies o
de
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En e
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nebuloso
cielo,
Cimas
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del
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Ce ando
el
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Y
el
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que
El
mismo
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se
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pode
da
luz
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campo
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Que
condenó
el
pincel
á
e e na
somb a.
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no
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el
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de
las
ideas,
y
sigamos
más
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Académico
en
el
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pública
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y
la
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la
poesía
y
la
música,
la
pin u a
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CONTESTACION
y
la
escul u a,
la
elocuencia
y
has a
la
d amá ica.
¡Oh
noble,
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g ande
a qui ec u a,
que
en
la
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de
g acia,
en
la
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na,
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bó edas
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de
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pa a
que
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de
la
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y
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y
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que
se
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en
el
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el
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de
la
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1
A
medida
que
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ma iz
ué
c eciendo;
al
paso
que
ue¬
on
ele ándose
len a
y
majes uosamen e
hacia
el
cielo
sus
pila¬
es,
como
las
palmas
del
desie o,
ue on
ambién
las
oi ás
a es
obus eciéndose
á
su
somb a.
Hízoseel
impe io
más
jus o,
la
le
gislacion
más
azonable,
la
poesía
más
sublime,
la
música
mas
ica;
adqui ió
ue za
la
elocuencia,
in lujo
eíd ama;
y
(despi¬
diéndonos
de
aquí
adelan e
de
es os
amos
del
sabe
humano),
¿cómo
no
e
que,
al
c ece
nues as
basílicas
de
los
si¬
glos
xui,
xi
y
x ,
la
escul u a
da
esbel ez
á
sus
o mas
y
gi
a
n
diosidad
á
sus
opajes,
la
pin u a
ag acia
las
p opo ciones
del
cue po
humano,
y
alcanza
más
a monía
en
sus
g upos,
mayo
e dad
en
sus
in as,
más
sen imien o
en
sus
asun os?
Al
p opio
iempo
los
o os
amos
del
dibujo,
ge minaban
(si
es
líci o
deci lo
así)
en
odas
sus
dis in as
aplicaciones:
el
his¬
ó ico
en
los
e ablos;
el
que
hoy
se
llama
de
géne o
ó
de
cos um¬
b es,
y
áun
de
ca ica u as
,
en
las
iniciales,
o las
y
ado nos
de
los
J
lib os
de
co o;
el
mismo
de
paisaje
en
los
códices
y
de ociona¬
ios,
los
cuales
con
su
exage ada
nimiedad,
como
dice
el
nue o
Académico,
mos aban
que
no
e a
an ipá ica
á
la
ci ilización
c is
iana
la
ep esen ación
de
la
na u aleza.
Sin
emba go,
las
a es
odas
no
habían
dejado
aún
el
amo oso
egazo
de
la
Iglesia,
Y
en
ella
es aba
la
e dade a
pin u a
(si
p escindimos
de
la
labo
de
los
iluminado es)
limi ada
á
ep oduci
la
igu a
humana
sin
é minos,
sin
campo
y
sin
ambien e.
Bien
así
como
la
humanidad
misma
án es
del
ac o
del
Gene
sis
exis ia
sólo
en
la
men e
de
Dios:
inmo al
sí,
en
su
espíii
1
1
’
WTO
El.
Elcc.
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MARQUÉS
RE
MOL'NS
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que
había
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Di inidad
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exp esión,
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b es,
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de
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Con
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ni
An onio
del
Rincón
,
ni
pin o
al¬
guno
de
los
que
ya
lo ecían
en
España
al
e mina
el
siglo
x ,
me ecen
es a
censu a;
su
hábil
g a i ud
nos
legó
en
e dad
los
p eciosos
e a os
del
Ma qués
de
Sanlillana
y
de
los
Reyes
Ca ó¬
licos;
pe o
nos
los
deja on
ales
como
ue on
aquellos
insignes
pe sonajes:
allegados
al
San ua io,
e e en es,
piadosos,
ado ¬
nados
sólo
con
los
a a íos
de
su
espec i a
dignidad.
No
se
p o¬
pasa on
aquellos
maes os,
como
o os,
áen ome e
á
susMecé-
nas
en
el
abe náculo,
y
á
dis aza los
con
el
man o
y
el
nimbo
de
la
san idad;
ni
ménos
busca on
con
impío
na u alismo
en
las
ahonas
y
enc ucijadas,
ó
en
o os
si ios
ménos
hones os,
mode¬
los
pa a
ep esen a nos
á
la
Vi gen
de
las
Ví genes,
á
la
Mad e
inmaculada
del
Ve bo
E e no.
Es os
a is as
ue on
ambién
los
p ime os
en
España,
á
loque
yo
c eo,
que,
a ancando
las
igu as
humanas
del
ondo
do ado
de
los
e ablos,
hicie on
en a
el
paisaje
como
acceso io
en
sus
composiciones.
Ve dad
es
que
sus
is as
ca ecen
de
pe spec i¬
a,
como
sus
igu as
de
mo imien o
;
pe o
no
hay
que
pedi
más
á
la
in ancia
del
a e,
ímido
y
como
pudo oso
po
su
p opia
inexpe iencia.
E an
además
aquellos
los
iempos
en
que
la
cen e¬
llan e
mi ada
del
adalid
se
ocul aba
bajo
el
casco,
y
la
púdica
son isa
de
la
enamo ada
no
pasaba
el
an i az.
¿Qué
mucho
qoe
andu ie a
el
pincel
inexpe o,
y
que
eca a a
los
sen imien os
mismos
que
le
mo ian?
Llegamos
ya
al
aus o
siglo
x i,
época
g ande,
en
que
po
p i¬
me a
ez
se
pudie on
g aba
en
un
mismo
escudo
del
alcázai
impe ial
de
Toledo
las
in encibles
o es
de
Cas illa
y
las
pe¬
eg inan es
ba as
de
A agón:
e a
eliz
en
que
pudo
o ece se
en
.
POR
EL
E.«o.
S«.
MARQÜÉS
DE
MOLINS
la
an igua
basílica
de
Reca edo
el
o o
de
A
•
,
"
*
TW,M
°
'“
*
WH
11«
«,»,
Acumúlanse,
pues,
á
la
sazón
en
España
l«
A
,
encías
de
odas
las
escuelas
de
I alia;
y
epa iendo
^
^
'
eXC6
~
las
di e sas
p o incias
de
nues a
península
da!
^
^
queza
á
dinas ías
de
a is as
on
i,
dan
o
'
8
en
í
i
'
-
«-».
-o
.a
sa
*
-
0
dei
el
i o
colo y
mágico
ambien e
dLenJZ
.^T'
C
°“
las
a ias
escuelas
de
nues a
pa ia
en e
i
3
P
°
ía
-
Pe mi i éis
ci a ,
lade
*££
*
Un
mismo
ca ác e
las
dis ingue;
mejo
dicho
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Jíí£¿;
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;17
d
í
68
e
',
es
P‘
i u
español,
es
el
espí i u
eligioso
Sin
.
™
«'
■
andes
undado es
de
aquellas
es
escuelas
a 8
°’
'°
S
e- on
de
una
mane a
apocada
o no
su,
A
^
D
°
'°
P
°'
P"Sa;
ni
lo
p o ana on,
como
sus
maesi
P
.
edeceso es
de
Es¬
posas
mezclas
del
paganismo
•
án e,
h
Ía
’
ÍDde
'
magní mo
espec áculo
de
la
na’
aÍiT
a
ebalad
°e
po
el
'“en e
sus
asun os
sag ados
en
medio
d
COl
°
Ca 0n
ecuen e-
l
°n(los
alles;
y
a a
ez,
casi
„u.
6
"“T®!
c
am
P
iñas
y
de
las
ábulas
poli eís as
aue
n
'
*
*’
Se
ded
'
ca
on
á
pin a
CONTESTACION
■
ll
Rey
en
e dad
es
Velazquez;
y
ed
aquí
la
cla ísima
dinas ía
de
que
p ocede.
Ticiano,
su
undado ,
que
ige
con
el
pincel,
á
la
ez
que
su
amigo
Ca los
V
con
el
ce o,
el
impe io
más
as o
que
ha
conocido
la
humanidad
;
Felipe
II,
hijo
de
és e,
que
alcanza
en
su
la go
einado
á
los
dos
discípulos
del
Vece-
lio;
Na a e e,
mudo
como
la
p udencia
del
Rey;
y
el
G eco,
que
iluso
descoyun a
las
pe sonas
y
adul e a
los
cielos,
como
la
Inquisición
y
el
ana ismo
del
huésped
del
Esco ial.
Síguese
T is an,
discípulo
del
G eco,
hon ado
y
piadoso
como
Felipe
III,
el
De o o,
y
no
más
eliz
en
la
pe manencia
de
sus
ob as;
y
Ve¬
lazquez,
en
in,
con
más
mo i o
que
su
amo
y
pad ino
Felipe
IV,
apellidado
el
G ande,
el
In encible,
el
T iun ado .
Gomo
lal
i e:
¡con
cuán
gene osa
la gueza
da
la
inmo alidad
á
sus
amigos
(núm.
81
y
o os),
á
sus
a o i os
(núms.
107,
127,
128),
has a
á
sus
bu ones
escla os
(núm.
245
y
o os)!
¡Cómo
depa e
ami¬
gablemen e
con
magna es
y
p íncipes
(núms.
155,
177)
!
¡Cómo
co¬
noce
los
p e endien es
(núm.
267),
y
á
eces
so p ende
po
humo¬
ada
ó
po
cu iosidad
los
alle es
de
las
hilande as
(núm.
335),
y
áun
las
bu lescas
ce emonias
de
los
beodos
(núm.
138)
!
¡Cuán
g ande
y
magnánimo
p eside
en
los
campos
de
ba alla
(núm.
319)
!
¡Cuán
piadoso
se
pos a
an e
el
Dios
c uci icado!
(En
la
Real
Academia.)
¡Cómo
á
las
eces
se
encie a
en
la
con emplación
ascé ica,
eco ¬
iendo
las
uinas
del
o o
omano
(núm.
118),
ó
isi ando
á
los
.anaco e as
del
ye mo
en
sus
g u as
de
la
Tebaida
(núm.
87)!
¡Cómo
dis ae
sus
ocios
en
los
ojeos
y
bosques
del
Pa do,
apa¬
sionado,
á ue
de
caballe o,
á
la
he mosu a
y
b io
de
los
co ¬
celes!
y
¡cómo,
en
in
,
sin
que
c ia u a
humana
le
acompañe
(«)»
(o)
Hemos
ci ado
odos
los
cuad os
po
el
núme o
que
ienen
en
el
Ca álogo
del
Real
Museo;
pe o
me ecen
especial
mención,
po que
son
de
pu o
paisaje
y
modelos
en
es e
géne o,
el
87,
que
ep esen a
á
S.
Pablo
y
S.
An onio
ecibiendo
el
pan
q
iie
les
ae
á
su
soledad
un
cue o;
el
145,
que
e a a
la
úl ima
uen e
del
ja dín
de
la
Isla
de
A anjuez,
asladada
boy
al
Campo
del
Mo o;
los
101
y
102
y
el
132,
q
ue
con
su
compañe o
143
son
me os
es udios
de
país.
POR
EL
Excmo.
S .
MARQUÉS
DE
MOLINS.
45
descansa
y
se
embebece
al
uido
de
los
sal ado es
de
A anjuez
(núm.
145),
ó
en
la
umb ía
de
los
impene ables
mon es
ole¬
danos
(núm.
132
)
!
Bás ale
á
la
co e
de
España
es a
glo ia,
como
á
Velazquez
e
bas a ía
la
de
paisajis a
pa a
eina
en e
los
pin o es
;
po -
(
l
u
e
nadie
mejo
que
él
ha
conocido
la
magia
del
ai e
in e -
pu
e
s o,
|
a
alen ía
del
oque,
la
deg adación
de
la
luz,
el
en-
ca
n
o
del
colo ,
la
aspa encia
de
las
somb as,
odos
los
sec e-
los
>
en
in,
que
o man
el
impe io
de
la
pin u a.
Yo
de
mí
sé
deci ,
que
isi ando
en
Roma
el
palacio
Do ia,
Gn
COni
p
añía
de
sapien ísimos
p o eso es,
i
un
cuad o
de
nues-
l0
P
a
i
sa
n
o
al
lado
del
céleb e
molino
de
Claudio;
y
ni
yo
ni
mis
com
p
añe os,
aunque
ex anje os,
pudimos
ménos
de
cla-
Va
Ios
°J°
S
en
la
pompa
del
e a o
español
(o),
como
al
p in-
‘!
PI0
os
dije
que
acon ecía
en
los
iun os
de
los
encedo es,
que
nos
dis aje a
del
a obamien o,
ni
el
plácido
ambien e,
ni
el
ago
de
la
cascada,
que
el
céleb e
Apéles
de
Lo ena
en-
Ce ó
en
su
lienzo.
se á,
pues,
mucho
que
oso os
ambién
aho a
paséis
sin
?
0la
P o é ico
campo
de
Collan es
(núm.
408),
las
ba allas
de
eona do
(
n
úms.
210
,
248),
Caxés
(núm.
151)
y
Mi anda,
los
admi-
ial
^
^
GnZ0S
^
a
d
u
c
ho
(6),
los
imponen es
mon es
del
Esco-
(oúm.
236)
y
los
obus os
puen es
de
Za agoza
(núm.
79),
ence ados
en
b e e
espacio
po
el
paisajis a
Mazo,
ye no
del
I
m
°
Yelazquez
;
y
mil
cuad os,
en
in,
con
los
cuales
puede
nscuela
cas ellana
aspi a
al
dic ado
de
paisis a
;
bien
que
no
Se
^
^
a
ana omía
ege al
y
á
la
a qui ec u a
de
los
ja dines
impo ancia
que
Ag ícola,
Bo h
y
Mompe
(c).
(&)
L
e
a
°
^
P
a
P
a
ñiocencio
X,
Pamphili.
d0
^
iaa
d
e
S.
B uno
en
más
de
cincuen a
cuad os,
exis en es
en
el
Minis e io
B ech^
U,
'
S
^^
co
^
a
’
Paisajis a,
nació
en
Ra isbona
en
1667.—J.
Bo h,
nació
en
e
n
161Q.
Mompe ,
nació
en
Ambé es
en
1580.
40
CONTESTACION
¿Consis e
es o
acaso
en
que
los
alemanes,
holandeses
y
la¬
mencos
habían
con
la
p o es a
de ibado
á
la
ez
la
e
en
sus
co azones
y
el
ado no
en
sus
al a es?
¿Consis e
en
que,
op imi¬
dos
po
nues os
e cios,
no
sen ían
(cosa
na u al)
el
en usiasmo
de
B eda
;
en
que,
mal a ados
po
sus
gobe nado es
y
capi a¬
nes,
que ían
más
pin a
la
na u aleza
inanimada
y
las
escenas
de
paz,
que
no
e a a
el
sañudo
os o
y
los
sang ien os
iun¬
os
de
sus
op eso es?
A
los
polí icos
la
espues a.
Áun
mayo
cul o
que
en
Cas illa
y
Valencia
se
daba
al
a e
en
las
Andalucías:
no
pa ece
sino
que
Dios
había
que ido
jus i¬
ica
el
dic ado
de
Jacob
de
la
pin u a
,
dado
á
Luis
de
Va gas,
y
que
su
semilla,
bendi a
po
la
e,
se
había
dila ado,
como
el
pol¬
o
de
la
ie a,
de
O ien e
á
Occiden e
y
del
Mediodía
á
Sep en¬
ión,
y
que
sus
descendien es
se
habían
mul iplicado
como
las
es ellas
del
i mamen o.
Así
e a
la
e dad:
la
de oción
inspi aba
sus
co azones;
la
cálida
luz
del
na i o
suelo
colo aba
sus
lienzos;
la
iqueza
del
sace docio
y
la
piedad
del
pueblo
ecompensaban
sus
abajos;
la
elabo ación
de
las
sa gas
adies aba
su
ejecución;
las
paco¬
illas
de
Amé ica,
las
expediciones
de
I alia
y
Flándes
acili a¬
ban
su
despacho;
y
cada
uno,
en
in,
de
los
Roelas,
Pacheco,
He e a
el
iejo
y
el
mozo
,
Llano
Valdés,
Cas illo,
Valdés
Leal,
Ca o,
Anlolinez
y
o os
más,
p esidia
como
un
pa ia ca
an i¬
guo
á
una
nume osa
ibu
de
a icionados
y
alumnos.
Subiendo
las
co ien es,
p ime o
del
Bé is,
y
del
Genil
des¬
pués
,
ex ienden
aquella
aza
de
a is as
en
Có doba
y
G anada
dos
homb es
ex ao dina ios,
aunque
dis an es
en e
sí
más
de
medio
siglo.
Ambos
p o esaban
á
la
ez
la
pin u a,
la
escul u a
y
la
a qui ec u a;
hábil
el
uno
además
en
la
li a,
el
o o
en
la
espada
;
ambos
eclesiás icos,
y
acione os
de
sus
ca ed ales.
De
di e so
ca ác e
en
e dad,
pe o
de
igual
a ición
á
los
iajes,
el
co dobés
hallaba
en
ellos
nue os
amigos
y
discípulos;
el
g a-
POR
EL
Excmo.
S .
MARQUÉS
DE
MOLINS.
-Í7
na
^
¡
n
o
}
nue os
ad e sa ios
y
espadachines:
siemp e
ol ía
el
pnme o
con
p imo osos
códices
y
an igüedades;
el
segundo
con
mal
cu adas
cica ices
ó
incoados
p ocesos,
pe o
ambos
con
Ju eles
a ís icos:
aquel-
o naba
á
su
iglesia
con
aumen ado
e o ;
és e,
ó
se
e ugiaba
en
ella
de
la
jus icia
,
ó
inquie aba
á
Su
cabildo
con
expedien es
y
li igios.
Uno
y
o o
bebie on
en
Se illa
los
p ime os
so bos
del
buen
gus o.
En
el
espe o
á
las
Sondes
máximas
del
an iguo,
muy
pa ecidos;
y
en
la
in luencia
Con
sus
suceso es,
no
desemejan es.
Ni
se
alcanza on
en
ida,
01
se
di e encia on
en
in luencia.
Fue on
es os,
ya
lo
adi ináis,
I
a
olo
d
e
Céspedes
y
Alonso
Cano
(a).
Los
nume osos
discípulos
de
ambas
escuelas,
así
como
los
de
Se illa,
o zados
á
da
al
ondo
de
sus
e a os
y
cuad os
mayo
Piedad,
y
enca gados
po
las
opulen as
comunidades
y
los
91
'
s
oc á icos
cabildos
de
pe pe ua
las
idas
de
los
hé oes
c is-
hanos
en
sendas
colecciones
con
que
se
ado naban
las
iglesias
y
aus os,
u ie on
po
necesidad
que
da
más
impo ancia
al
es udio
de
la
na u aleza
inanimada,
y
que
dedica se
con
mayo
esme o
á
la
copia
del
paisaje.
Me ece
en e
ellos
menciona se
el
insigne
Zu ba án,
que
en
as
idas
de
San
Buena en u a,
San
Ped o
Nolasco,
San
En i-
^
Ue
’
Sa
n
LuisBell an,
San
Je ónimo
y
o os,
y
en
los
claus os
Ce
es
Me cedes
Calzada
y
Descalza
y
de
las
Ca ujas
de
Je ez
y
Vl
a
hizo
p uebas
de
paisajis a,
po
lo
ménos
an
a en ajadas
COni
°
*
a
s
de
muchos
ex anje os
de
aquel
siglo,
y
p epa ó
la
Pa ición
del
ángel
de
la
pin u a
española,
Mu illo.
Angel,
sí:
¿quién
mejo
que
él
ha
ele ado
has a
el
cielo
los
Us
P¡ os,
los
colo es,
el
ai e,
los
acciden es
de
la
ie a
en
que
u
i
nos?
Quién
mejo
que
él,
celes e
mensaje o,
ha
aído
al
nil)
ndo
el
ulgo
inc eado,
la
a monía
angélica
,
la
isión
bea
i¬
a)
Pablo
(i
Céspedes
mu ió
en
i
008;
Alonso
Cano
liabia
nacido
en
1604.
CONTESTACION
48
ica
de
las
mansiones
inmo ales?
Quién
mejo
que
él
ha
podido
da
consuelo
y
espe anza
al
a ligido
y
al
dolien e,
y
se ena
o ¬
aleza
y
a dien e
ca idad
al
má i
y
al
compasi o?
Él
edujo
á
isual
imp esión
las
ine ables
g acias
de
aquella
p edes inada
Vi gen,
que
el
E angelis a
de
Pá mos
había
is o
diez
y
seis
siglos
án es
es ida
del
sol
y
co onada
de
es ellas.
Él
gozó
sólo
de
an emano
el
place
espi i ual
in enso
y
e o oso
que
dos
si¬
glos
después
sin ió
la
c is iandad
oda
con
el
dogma
de inido
po
el
o áculo
del
Va icano.
Mucho
me
duele
en
e dad
que,
po
una
pa e
el
emo
de
cansa os
demasiado,
y
po
o a
los
lími es
de
an emano
p es¬
c i os
á
mis
obse aciones,
me
ue cen
á
conside a
sólo
á
Mu illo
como
paisajis a;
pe o
en
cambio
me
consuela
el
sabe
que
ácil¬
men e
se
explica
lo
que
á
p ime a
is a
se
descub e.
Voso os
conocéis
odos,
y
nues o
nue o
Académico
ha
es u¬
diado
como
se
me ecen,
muchos
lienzos
con
que
Mu illo
ha
en i¬
quecido
el
Régio
Museo
(uúms.
276,288),
y
en
los
cuales
no
hay
o a
cosa
que
peñascosos
ye mos
y
aspa en es
lagos,
y
ai e,
ese
ai e,
que
nadie
como
el
pin o
de
Se illa
ha
sabido
ija
en
el
lienzo.
Voso os
habéis
paseado
sin
duda
po
la
espaciosa
dehesa
en
que
el
Hijo
P ódigo,
jun o
á
su
inmundo
ebaño,
sin ió
los
úl¬
imos
emo dimien os
de
su
conciencia
(a).
Voso os,
en
in,
con
sólo
ab i
esa
mampa a,
e éis
desa olla se
las
apacibles
colinas
de
Roma,
y
po
un
doble
milag o
de
la
omnipo encia
y
de
la
pin¬
u a,
cub i se
allá
á
lo
léjos
de
nie e
las
cimas
del
Esquilino,
y
espi a se
aquí
ce ca
la
ab asada
a mós e a
del
5
de
agos o
(ú).
4
¡Oh
g an
Mu illo!
(exclama é
con
Jo ellanos)
yo
he
c eído
en
us
ob as
los
milag os
del
a e
y
del
ingenio;
yo
he
is o
en
(o)
Es e
cuad o,
con
o os
de
la
ida
del
Hijo
P ódigo
,
exis e
en
la
gale ía
del
S .
D.
José
de
Salamanca.
(6)
Los
céleb es
medios
pun os
que
posee
la
Real
Academia,
los
cuales
ep esen¬
an
el
milag o
de
la
Vi gen
de
las
Nie es,
acaecido
el
6
de
Agos o.
4!J
POR
EL
Excmo.
S .
MARQUÉS
DE
MOLINS.
«Haspin ada
la
a mós e a,
los
á omos,
el
ai e,
el
pol o,
el
mo¬
imien o
de
las
aguas,
y
has a
el
émulo
esplando
de
la
luz
de
'
a
mañana.
>
¿Cabe,
Seño es,
hace
del
paisajis a
un
elogio
mayo
que
el
que
acabais
de
oi ,
azado
po
la
misma
pluma
inmo al
que
es¬
c ibió
el
In o me
de
Ley
Ag a ia
?
Pues
aun
lo
hace
mayo
el
mis
mo
Mu illo
cuando
habla
de
un
paisajis a
de
sus
iempos,
del
Smpuzcoano
Ignacio
de
I ia e
,
sec e a io
de
la
Academia
de
Se illa
en
mil
seiscien os
y
an os
(a).
«La
delicadeza
de
las
hojas
de
sus
ondosos
á boles
(dice
Cean
Be mudez),
la
deg adación
en
los
léjos,
la
dia anidad
de
las
somb as,
la
elección
de
los
e enos,
la
con aposición
del
cla o
oscu o,
la
he mosu a
de
los
Cle|
os,
la
aspa encia
de
las
aguas,
el
ambien e,
y
un
aco de
gene al
en
odas
sus
pa es
e an
cualidades
de
I ia e
econoci¬
das
en
España
y
en
Eu opa;
y
Mu illo
solia
deci
que
Ignacio
no
P°dia
deja
de
pin a
países
po
inspi ación
di ina,
según
lo
bien
que
lo
hacia.
»
¡Oh
sencilla,
jus a
y
e dade a
sen encia!
¡Oh
allo
inape¬
able,
p onunciado
po
la
au o idad
á
la
ez
más
al a
y
más
asequible
á
odos,
más
espe ada
y
más
popula
del
mundo
a ¬
ís ico
!
Mu illo,
el
que
pa a
muchos
pasa
po
modelo
y
p o o-
llpo
de
la
escuela
na u alis a,
es ablece,
con
inimi able
inge-
Uui
dad,
que
el
a e,
siquie a
se
dedique
á
la
imi ación
de
la
na
u aleza
inanimada,
no
puede
camina
á
la
pe ección
me a¬
men e
po
la
copia
se il
de
la
ma e ia,
sino
po
el
impulso
sublime
y
san o
que
iene
de
lo
al o,
po
inspi ación
di ina.
He
llegado,
pues,
al
apogeo
de
nues a
glo ia
a ís ica
:
des-
Va
n
ecido
y
pasmado
al
con empla
desde
su
al u a
la
p o undi-
je o°)
*
L
áslinia
la
mayo
pa e
de
las
ob as
de
es e
pin o
se
hallen
en
el
ex añ¬
as
<lon
^
e
800
es imadas!
El
Real
Museo
sólo
posee
es
cuad os
ma cados
con
me os
515,
526
532,
el
úl imo
de
los
cuales
ha
me ecido
se
colocado
en
el
^
lon
^
la
Reina
Isabel.
CONTESTACION
SO
dad
del
enma añado
p ecipicio
en
que
luego
se
de umba on,
no
la
pin u a
sola,
sino
la
lengua,
la
ciencia,
la
ci ilización
y
la
dignidad
españolas,
bendigo
al
cielo
que,
negándome
la
elo¬
cuencia
de
Jo ellanos,
me
libe a
ambién
de
a ligi me
y
a li¬
gi os
con
la
na ación
de
an
e gonzoso
pe íodo.
Espec áculo
más
g a o
y
consolado
o ece ían
los
úl imos
anales
de
nues a
his o ia,
cuando
al
benigno
in lujo
del
pací¬
ico
Fe nando
VI
y
del
bondadoso
Cá los
III,
se
ab en
los
sa¬
lones
de
es a
Real
Academia,
y
se
p epa a
el
ea o
en
que
ha¬
bían
de
b illa
luego,
áun
como
paisajis as,
Goya,
el
ol e ia¬
no
c eado
de
los
cap ichos,
el
maligno
c onis a
de
las
ome ías,
Ri elles
el
escenóg a o,
Villamil
el
de
las
ioláceas
in as,
cuyo
asien o
aun
es á
acan e
en e
oso os,
y
Fe án,
en
in,
que
ha
dejado
p ema u amen e
el
suyo
al
Académico
que
aho a
os
p esen o.
Conside aciones
áciles
de
ap ecia
me
imponen
silencio;
pe o
bas a
la
enunciación
de
sus
nomb es,
bas a
ol e
al
mismo
iempo
la
is a
a as,
pa a
conoce
con
cuán a
azón
el
c í ico
á
quien
espondo
ha
sen ado
la
p oposición
capi al
de
su
dis¬
cu so,
á
sabe
:
que
el
paisaje
ha
alcanzado
en
nues os
dias
una
impo ancia
que
no
ha
enido
en
iempos
an iguos.
Pe o
¿consis e
es o
acaso,
como
p e enden
los
i e e en es
de ac o es
de
lo
pasado,
en
que
nues os
g andes
pin o es
ue¬
sen
insensibles
á
ales
encan os
de
la
na u aleza,
ó
poco
dies os
en
ep oduci
sus
ma a illas
inanimadas?
No,
cie amen e:
desde
Juanes,
Va gas
y
Na a e e,
has a
Ri e a,
Velazquez
y
Mu illo,
p ueban
lo
con a io;
y
mis
pob es
azones,
ue es
sólo
con
la
e dad,
os
lo
ac edi an.
¿Vend á
la
p epo encia
ac ual
del
pai¬
saje
(como
po
el
con a io
alegan
los
mal
a enidos
con
lo
mo¬
de no)
de
que
ya
el
sis ema
na u alis a
de
al
mane a
p osc ibe
la
idealidad,
que
de
odo
pun o
la
des ie a
y
aniquila?
Aun
con
mayo
ue za
debemos
nega
es o,
undados
en
las
ob as
POR
EL
Excmo.
S .
MARQUÉS
DE
MOLINS.
51
(
^°
an os
p ecla os
paisajis as
que
el
nue o
Académico
lia
es u¬
diado
en
sus
ú iles
iajes,
y
ha
e e ido
en
su
nu ido
discu so.
desmien en
al
pa
los
cuad os
mismos
que
le
han
alido
la
dis inción
que
le
dispensáis,
y
ya
poé icamen e
lo
con adecía
-^niaza
en
la
ocasión
que
al
p incipio
he
mencionado,
cuando
can aba
:
Mas
no
siemp e
el
pincel
sus
asgos
bellos
Enlu a
con
la
gue a
asolado a;
Que,
ecundo
á
la
ez,
os en a
en
ellos
El
man o
de
la
noche
ó
de
la
au o a;
Y
el
lienzo
iluminado
en
los
des ellos
De
la
p ime a
luz
que
el
campo
do a,
O ece
g a o,
en e
á boles
y
lo es,
Danzas
de
nin as,
juegos
de
pas o es.
O
bien
blanquea
un
úmulo
lejano
En e
el
e de
cip és
y
el
ago
cielo,
Que
al
alma
in unde
un
sen imien o
humano.
Mezclado
de
e nu a
y
desconsuelo:
La
pas o al
A cadia
así
en
Albano
De
lág imas
se
e
po
en e
el
elo,
•
Y
un
ecue do
ugaz
hace
p esen e
La
mal
do mida
pena
en
nues a
men e.
Po que
el
Sup emo
Au o
que
el
o be
mue e.
Sus
dones
en
el
homb e
así
ha
ijado.
Que
no
alcanza
á
c ea
la
lo
mas
le e,
Pe o
sí
á
e a a
cuan o
es
c eado.
La
imi ación
que
es a
e dad
exp ime
Es
de
las
a es
la
in ención
sublime.
}
í
eno
azón
el
poe a:
una,
como
la
esencia
de
Dios,
debe
se
a
A ención
sublime
del
a e,
una
la
e dad,
una
la
imi ación.
Ni
^
,e
ne
es a
más
que
un
p incipio,
ni
se
encamina
más
que
á
un
ln
*
Se
n i
i amen e
po
supe io
inspi ación
y
po
o ganización
P
l
j
i
l
e
giada
la
belleza,
es e
es
el
p incipio.
T asmi i
á
los
de-
,ls
e icazmen e
es as
mismas
sensaciones,
y
le an a
su
ánimo
CONTESTACION
i'2
hácia
el
o igen
al ísimo
de
la
inspi ación
di ina,
hé
aquí
su
lin.
Los
medios
son
sin
emba go
muchos,
los
ins umen os
mul i¬
o mes,
los
caminos
a iados.
El
poe a,
el
esc i o ,
cuen an
con
ja
imp en a;
el
músico
y
el
d amá ico
necesi an
de
o os
a is¬
as
que
les
ayuden
á
in e p e a
sus
p opias
inspi aciones,
as¬
mi iéndolas
al
público;
el
a qui ec o
e
mul i ud
de
o icios,
cen e¬
na es
de
homb es,
quizá
gene aciones
en e as,
desgas a se
án es
de
que
su
idea
se
con ie a
en
ealidad
;
y
el
escul o
y
el
pin o ,
en
íin
(cosa
a a
po
cie o),
necesi an
asimismo
de
un
auxilia ,
de
un
coope ado ,
que
dé
impulso
p é io
á
la
concepción
mis¬
ma
de
su
ob a.
¿Cuál
es?
Muchos
de
oso os
lo
sabéis;
nadie,
si
bien
lo
e lexiona,
pod á
nega lo:
es e
auxilia
es
el
p oce ,
el
amigo,
la
sociedad
en e a,
que
hayan
de
e
la
es a ua
y
el
cuad o.
Pe mi idme,
pues,
que
os
diga
pa a
e mina
es e
desaliñado
discu so,
cómo
se
i ia
en
los
iempos
an iguos,
cómo
i imos
en
los
p esen es;
y
oso os
así
conoce éis
á
los
dos
auxilia es
pasado
y
ac ual
que
di igen
el
pincel
de
nues os
a is as,
y
de¬
duci éis
después
ácilmen e
á
cual
géne o
han
de
dedica se.
El
magna e
español,
o a
acaudalado
po
el
cúmulo
de
sus
mayo azgos,
o a
indiano
en iquecido
po
las
lo as
y
g anje ias
ul ama inas,
comenzaba
el
dia
e ugiándose
en
la
capilla
pa i¬
monial,
al
pió
del
e ablo
que
Bece a
ó
Mon añés,
Co ea
ó
Mo ales
habían
ado nado,
y
que
sus
p opios
blasones
ealzaban.
Buscaba
allí
las
inspi aciones
de
su
conduc a
cuo idiana;
y
de
hinojos
sob e
la
losa,
que
de
iempo
en
iempo
daba
en ada
á
una
pe sona
que ida
de
su
co azón,
o ecía
á
Dios
y
á
su
me¬
mo ia
las
ob as
odas
y
los
a ec os
de
aquel
dia.
Cie o
que
e a
és e
compasado
y
monó ono,
empleado
como
el
an e io
y
el
o o
p eceden e
,
ya
en
el
se icio
del
Rey
(que
así
en onces
se
pe soni icaba
la
pa ia),
ya
en
p o echo
V
au¬
men o
de
la
p opia
hacienda;
pe o
aquel
se icio
se
cumplía
sin
POR
EL
Excmo.
Sb.
MARQUÉS
DE
MOLINS.
Smo
de
inminen es
cesan ías,
y
es e
p o echo
se
log aba
sin
a
an
de
med os
epen inos.
Al o
aún
el
sol,
cong egaba
á
su
amilia
á
la
mesa
ugal
y
no
a
ás
que
aseada.
bendi a
al
p incipio
con
la
in ocación
de
Dios,
y
san i icada
al
in
con
la
memo ia
de
aquellos
que
la
mue e
había
a eba ado.
No
se
ex endía
luégo
el
paseo,
en
cha olado
coche
ul ama ino,
más
allá
de
las
alamedas
del
pueblo
na i o,
é
del
claus o
del
ecino
con en o,
ico
en
pin u as
edi ican es,
Y
al
cae
de
la
a de
se
epe ían
piadosas
o aciones
an e
una
Vi gen,
quizá
de
Juanes,
en
medio
de
ieles
domés icos,
c iados
en
e dad
,
po que
en
la
casa
habían
nacido,
y
med ado
en
ella
CO no
hijos
de
ganancia.
Al
amo
del
gigan esco
hoga ,
la
his o ia
de
los
hé oes
del
c
¡s ianismo
se ia
de
lec u a,
y
de
con e sación
el
ecue do
de
,as
campañas
de
Flándes
y
de
I alia,
y
el
de
las
na egaciones
ala
s
Indias.
Tal
ez,
depa iendo
con
su
esposa,
ex endía
su
a
m
b
icion
á
ag ega
un
ecue do
de
aquellos
hechos,
ya
en
cua¬
cos,
ya
en
apices,
á
la
an igua
inculación
de
su
casa:
al
ez
^
amo
pa e nal
inspi aba
á
ambos
el
deseo
de
undai
nue o
mayo azgo
pa a
su
hijo
meno ,
ó
de
ins i ui
una
pia
memo ia
(
í
U
e
diese
á
la
ez
caudal
á
sus
descendien es,
sa is acción
á
su
Piedad,
y
al a
y
cul o
á
la
imágen
de
su
de oción.
Cuando
en
in
se
e i aban
los
dos
conso es
al
cas o
lecho
en
c
í
I
J
e
sus
pad es
habían
do mido
el
úl imo
sueño,
y
en
que
ellos
c
°n aban
bendeci
á
sus
hijos,
¡
cuán
g a o
les
e a
e mina
el
^
a
como
lo
habían
comenzado,
saluda
el
aus e o
con inen e
COn
que
Ri e a
pin aba
el
san o
pa ono,
y
do mi se
bajo
el
es¬
ilado
man o,
p es ado
po Mu illo
á
la
Vi gen
Inmaculada!
¡qué
di e encia!
Apénas
ab imos
los
ojos,
el
pe iódico
de
nu
e
sl o
pa ido
nos
ae
la
ación
de
odio
bas an e
pa a
odo
el
dla
-
Llegamos
de
p isa
á
la
o icina
como
empleados
ó
como
p e¬
sidien es;
á
la
Bolsa
como
e dugos
ó
como
íc imas;
al
Pa -