scieee Open visual document viewer

Discursos leidos ante la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando en la recepción pública de Nicolas Gato de Lema

Gato de Lema, Nicolás; Molins, Mariano Roca de Togores, Marqués de (1812-1889); Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid)

Full text

DISCURSOS LEIDOS ANTE LA REAL ACADEMIA DE NOBLES ARTES DE SAN FERNANDO, en h ecepción pública DON NICOLAS GATO DE LEMA, L DIA 4 DE DICIEMBRE DE 1859. MADRID, IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENETRA, calle de la Made a, nú a. 8. 1859. DISCURSOS leídos an e la REAL academia de nobles a es DE SAN FERNANDO, en la ecepción pública don NICOLAS GATO DE LEMA. IM I’ n K N T A V MADRID, es e eo ipia dk m caíle déla Made a, baja, núme o 8 * V A D E K e , ! 1859 . DISCURSO DON NICOLAS GATO DE LEMA. Señoiies : En es e dia, pa a mí an solemne, cuando llego sin mé i os al san ua io de las a es, pa a ecibi las no¬ bles insignias que me ha o o gado ues a bene olen¬ cia , sien o po la p ime a ez en mi ida ca ece de las al as do es de e udición y elocuencia que subliman á los ingenios más a o unados, pa a mos a me ag adecido á ues os a o es. Mas como no es dado al homb e cambia su mane a de se , ni al e a en un momen o los hábi os de oda su ida, ha o comp ende éis, Seño es, que no puede exp esa se con acilidad y elegancia po medio de la pluma el que sólo es á acos umb ado á ha¬ ce lo modes amen e po medio del pincel. Humilde se á po an o la o enda que os p esen e, al cumpli el p ime o de los debe es que me impone la al a hon a que me habéis dispensado; si bien me anima la conso¬ lado a espe anza de que os ha de pa ece acep able, po que la indulgencia ha sido siemp e compañe a del e dade o sabe . C DISCURSO Si á és e sólo a endie a, Seño es, ué ame en e dad muy di ícil halla asun o á p opósi o pa a es e discu so. Po que ¿sob e qué pun os del a e ó de su his o ia ne¬ cesi a éis oso os se ilus ados? Ni ¿qué pudie a yo deci aquí, donde se eúnen an as eminencias a ís i¬ cas y li e a ias, que u iese pa a oso os no edad ó in e es alguno? En la segu idad, pues, de que odo os es igualmen e conocido, no hab ia pa a mí p e e encia en la elección del asun o. Hay uno, sin emba go, que po la índole de mis pob es es udios, exige de mí pa i¬ cula p edilección; no pudiendo causa os ma a illa que en ocasión an solemne p ocu e ambién ija en él mis incie as mi adas. Aludo, Seño es, al paisaje: á ese amo de la pin u a que iene á su ca go ep oduci las más bellas escenas de la na u aleza, y que han ele ado á an a al u a los a is as mode nos. Habla é, pues, del paisaje, conside ándolo en su impo ancia, en sus apli¬ caciones, y sob e odo en el g an desa ollo que ha al- canzado en nues os dias. En el asun o de que oy á habla os, la his o ia no nos suminis a abundan es no icias ; o écenos, sin emba ¬ go, iluminada po la an o cha de la iloso ía, algunos es igios, po donde podemos descub i sus emo os o ígenes, econociendo en la índole especial de la cul¬ u a de cada pueblo las azones undamen ales que se oponen á la exis encia del paisaje, ó impulsan su na u¬ al desa ollo. No busquéis, Seño es, es a mane a de pin u a en la India ni en el Egip o, cuna y p ime a mo¬ ada de la an igua ci ilización del mundo. Allí donde la na u aleza no alcanza á despe a la con emplación de DE DON NICOLÁS GATO DE LEMA. 7 sus innume ables bellezas; donde domina en oda idea eligiosa y mo al, como en oda ob a a ís ica, la e¬ p esen ación simbólica de las ue zas de la Di inidad y de la c eación, allí la na u aleza inanimada desapa ece an e la di inización absu da y g ose a de la na u aleza animal: degene ada ya la p imi i a idea del símbolo, no es posible ni áun la iniciación del sen imien o dulce y apacible que lle a al homb e á goza del espec áculo de la na u aleza, de la cual iene á se al p opio iempo admi ado y ey. Ni pidamos ampoco á la G ecia, á esa nación ci ilizado a que as o mó odas las ideas de la India y del Egip o pa a con e i las en uni e sal p o e¬ cho de la humanidad, la imi ación de que me p opongo habla os. G ecia, á di e encia de la India y del Egip o, di iniza al homb e ele ándolo has a el cielo: la o ma humana ue, en consecuencia, el bello ideal que debió idealiza , y que idealizó en e ec o el a e, de los g iegos. Po odo es o se explica que desde que Apolodo o ab ió el g an lib o de la pin u a, y con inua on sus páginas Zéuxisde He aclea, su i al Pa asio, y sus dignos ému¬ los, Timan o de Sámos y Apéles de Cos, has a algún iempo después, no nos o ezca el paisaje b illan es mues as del alen o de es os g andes ingenios. Es u¬ diaban en cambio an insignes a is as al homb e, idea¬ lizándolo en la ep esen ación de los dioses, semidioses y hé oes, a ea an p incipal en los o ígenes del a e, que sólo cuando empieza á decae aquella en idiada cul u a, llega á se obje o de sus abajos la ep esen¬ ación de los hechos memo ables. Fué, pues, el paisaje casi desconocido en la an igüe- 14 DISCURSO (los los p odigios que debían ealiza se con más deci¬ dida delibe ación en el paisaje mode no. Gonság anse á su es udio, y cul i ando bajo las alas de aquellos g an¬ des pin o es, un I ia e, un Mazo, un Collan es, un An o- linez y o os muchos ingenios de meno ue za el pai- saje, pa ece i i en el suelo de la Península po algún iempo con ida p opia; pe o llegado el a al ins an e en que empieza á eclipsa se el as o de nues o pode ío, y con él la es ella de nues as le as y de nues as a es, oscu écese de p on o la luz que lo habia iluminado, y po espacio de más de un siglo apénas o ece el ingenio es¬ pañol mues a alguna digna de alabanza, y capaz de e¬ co da los p odigios de Velazquez y de Mu illo. Rese ado es aba á la edad mode na da nue a ida al paisaje, e is iéndole de los encan os que hoy admi¬ amos en él, y ele ándolo á un g ado de pe ección al, como no habían conocido los iempos an e io es. Bien puede asegu a se (po que los hechos dan es imonio de es a e dad) que al cabo de an os siglos de exis encia, la na u aleza no habia sido e a ada con la exac i ud que lo es hoy dia. Los paisajis as con empo áneos son, puede deci se así, los que han descubie o esos magní¬ icos bosques, esas pin o escas llanu as, esos lagos se¬ enos, esos ho izon es emo os, has a aho a igno ados pa a el a e po an os siglos como cuen a el mundo. No pa ece sino que ambién la pin u a lia buscado, como el homb e, en el espec áculo de la na u aleza el eposo de la agi ada ida del mundo, y que descansa el espí i u, a~ ligado po sus g andes emociones, en las sencillas y ie ¬ nas escenas de la ida campes e. DE DON NICOLÁS GATO DE LEMA. La sociedad mode na con ibuye con decidido em¬ peño a impulsa es e mo imien o. La a ición á deco a las habi aciones con paisajes, ya al esco ó al emple ya en lienzos de g andes ó de pequeñas dimensiones’ c ece cada dia has a el pun o de que apénas se halla á una egula men e deco ada, en que el paisaje no ocupe su luga . No poco ha se ido pa a gene aliza es a a i- cion el uso de las acua elas, de los álbums (a), y has a de las li og a ías, aplicado á es e géne o de pin u a. Es sob e lodo no able el adelan o que se ha hecho en es os dibujos de pequeñas dimensiones. An iguamen e, es de¬ ci , desde el siglo m, exo naban los códices minia u as pequeñas, hechas con la impe ección que es consi¬ guien e al nacimien o de un a e an di ícil; hoy, un e¬ ducido lienzo, una pequeña acua ela, un simplé’dibujo, pueden ence a páginas llenas de iloso ía y de sen i¬ mien os, que p oducen en el alma an dulces y p o undas emociones como un inmenso cuad o donde el a is a desplegue g an lujo de composición. Y, o zoso es con esa lo, Seño es, es a p edilección con que se mi a al paisaje en la sociedad mode na, no es in¬ undada; iene su azón de se , y una azón muy sólida y p o unda, en la misma o ganización del homb e: po que al paso que son muy pocas las pe sonas capaces de com¬ p ende odo el mé i o his ó ico, ilosó ico y a ís ico de un g an cuad o de composición, en que á las eces el es- pec ado p e ende halla imp opiedades y de ec os donde (a) Los hay en Lond es, que cada uno de ellos o ma una gale ía de l:: i“ ,as aode nos - * -««. poco so os de g an alo . DISCURSO 10 no hay sino p o undo es udio del asun o y exac a ep e¬ sen ación de sus de alles; odos es án dispues os ásen i las bellezas del paisaje, po que odos han sen ido algu¬ na ez, y ecue dan siemp e con dulce a ec o, las escenas de la ida campes e. P opio es en e ec o de nues a o ¬ ganización ama la na u aleza, y ec ea nos con la is a de los á boles y de las lo es, de los mon es y de los alles, en cuya p esencia espi a el alma con esa expansión á que no le es dado en ega se en medio del á ago mun¬ danal y ence ada en el ecin o de las ciudades. Imaginad un asun o que si a de ma e ia á un paisa¬ je , y cualquie a que él sea, si su ejecución es pe ec a, la imp esión que p oduce en el ánimo del espec ado es siemp e i a y p o unda. T asladaos con ues a imagi¬ nación á un soli a io alle, de cuyas ibe as se alzan pin¬ o escas y e des mon añas que ocan al cielo, y en cuya alda apenas se dis ingue alguna silenciosa cabaña ó al¬ gún humano i ien e ; ó elegid más bien la aleg e y pin¬ o esca campiña, esmal ada de lo es, somb eada po la a boleda, poblada de pin o escos case íos, imágen de la na u aleza animada, donde lodo son íe y halaga los sen idos. Ele aos con la inspi ación del a e á los úl imos lími es de la na u aleza c eada, á las inaccesibles é impo¬ nen es ocas que si en de co ona á las más al as mon¬ añas, donde ni asien a el homb e su plan a, ni la ege¬ ación lo ece, ni osan siquie a llega las a es con su ma¬ jes uoso uelo; ó descended más bien has a las amenas playas que baña una ma anquila, su cada po mul i¬ ud de lige os bo es. Tomad, en in, ues o asun o en la empes ad con su somb ío é imponen e celaje, ó en el DE DON NICOLÁS GATO DE LEMA. he moso dia de p ima e a con su esco y se eno am¬ bien e, ó en la es ación canicula que en uel e en una son osada a mós e a odo cuan o os odea; y cualquie a que sea de es os asun os el que hayais elegido, siemp e halla éis en el co azón del espec ado una cue da que esponda al e ec o que que áis p oduci , ya sea és e el de la is eza inspi ada po el alle, ya el de la aleg ía que causa la campiña, ya el del e o á la is a de la es¬ ca pada peña, ya el de la dulzu a en la plácida ibe a, ya, en in, el de cualquie a o o de los sen imien os que causa en el homb e la na u aleza bajo sus di e en es as¬ pec os. ' Pa a p oduci es os so p enden es e ec os, el paisa¬ jis a mode no ha ele ado el a e á la al u a de una cien¬ cia , la ciencia de lo bello; y, me ced al conocimien o de sus luminosos p incipios, se ele a á las egiones de la idealización, y exo na y a moniza lo que o ece á sus ojos el g an ea o de la na u aleza; no emp endiendo nunca una ob a e dade amen e a ís ica, sin habe medi ado y combinado su ejecución en su conjun o y en sus de a¬ lles, en lo p incipal y en lo acceso io, en lo sus ancial y en los acciden es. El paisajis a mode no no se con en a con copia y e a a la mon aña, la a boleda, la casca- da, el ondo del país ó el ho izon e, á la en u a y sin consul a las eglas del buen gus o; sino que imp ime unidad al conjun o, hace b o a de él un pensamien o y p ocu a que haya en su ejecución esa escu a impe cep ibie, ese eposo campes e, esa a monía se ena esa belleza que se sien e mejo que se explica, pe o cuyos sec e os ensenan al pa la in uición y la p ác ica del a e DISCURSO y es udio de la na u aleza. Ni ha de se és e solo el ob¬ je o de sus a eas; pues la ep oducción de los á boles y de las lo es exige á su ez pa icula es udio, sin el cual solo pudie an se ep oducidos de un modo g ose o é impe ec o: y la ep esen ación de los animales lo ecla¬ ma con mayo azón. ¿Cómo, si no, sab ia un pin o as¬ lada al lienzo el ápido uelo del paja illo que c uza el espacio, el g acioso mo imien o del a e que jugue ea en el es anque, el a do buey ecos ado en la e de p a¬ de a , el co de illo que co e p esu oso en pos de su ma¬ d e, la cab a que oe los pámpanos y los a bus os, el caballo que da su c in á los ien os, ó el pe o que, ya sigue iel los pasos de su amo, ya gua da con se e o con inen e el ebaño que le es á con iado? Y obse a é, Seño es, con es e mo i o, cuán unánime es en e los pin- o es, así an iguos como mode nos, la p ác ica de da cabida en sus composiciones, pa a ameniza las con ellos, á es os que pudié amos llama humildes compañe os del homb e, con los cuales compa e muchas eces la is¬ eza de su soledad, y que cons i uyen lo que se llama la na u aleza animada. Y uel o á deci lo, Seño es: los a is as mode nos son los que han le an ado el paisaje á la al u a en que lo e¬ mos, así po el g ande es udio y esme o que se pone en la in e p e ación de la na u aleza, como po el colo ido y po la conclusión de los cuad os. No p e endo nega á los an iguos la glo ia que de de echo les pe enece como maes os y como p edeceso es en an di ícil a e; pe o es lo cie o que no ue on an gene ales en sus composi¬ ciones, y que, pagando ibu o á su época y siguiendo DE DON NICOLÁS GATO DE LEMA. 19 sus exigencias, die on á sus cuad os un e ec o de oscu o excesi amen e eca gado, que qui a al paisaje la dia ani¬ dad , y le p i a de ese he moso ambien e que pa ece espi a se á su is a, cuando las somb as no lo oscu e¬ cen demasiado: po lo que no se encuen a en ellos, aun¬ que admi ablemen e ocados, y á eces con un colo ido encan ado , esa e dad, esa escu a, esa belleza poé¬ ica que hemos admi ado ecien emen e en las exposi¬ ciones de F ancia, de Ingla e a, de Bélgica, de los Países-Bajos y de P usia, cuyas naciones, en especial la G an B e aña, han llegado en sus so p enden es aguadas á un pun o, del que pa ece imposible pasa . ¡Qué bien comp endida es á la na u aleza de es os cuad os! ¡Qué e dad en el ai e in e pues o! ¡Qué lon ananzas an ad¬ mi ables! Qué e ec os de luz an encan ado es! ¿Quién pudie a nega es a p eeminencia al paisaje mode no, si ha enido ocasión de conoce en el ex anje o las g an¬ des ob as que en nues os dias p oduce la inspi ada ima¬ ginación de algunos eminen es a is as? Tal es y an p odigioso, Seño es, el uelo que ha o¬ mado es e amo del a e, que se le e lo ece simul ᬠneamen e y á po ía en las p incipales naciones de Eu¬ opa. Id á la ecina F ancia, y allí encon a éis áT oyon, á quien no dudo apellida el maes o de los maes os, y admi a éis ex asiados sus cielos que no ienen i al. Sólo su cuad o de los Bueyes que an á la labo , magní ica ex¬ p esión de poesía pas o il, con su diá ano ambien e de la mañana y sus plan as esmal adas de ocío, iluminado po la luz del sol que despun a po el O ien e, bas a ia á habe le an ado su epu ación á la al u a en que se en- DISCURSO 20 cuen a. Allí e éis ambién los cuad os de Madlle. Rosa Bonheu , que pin a los animales con la e dad y la maes¬ ía que es i ica la Siega del heno; los de León Belly, au o de un bellísimo paisaje de E ec o de o oño en el c epúsculo; los de Blancha d , Ghe e , Bellel, Fle s y Lambine . T asladaos luégo áIngla e a, y allí eneis á Holland, á Lee, á Linnell, á Poole, áRobe s, áRenne , á Callow, á Duncan, á S am ield, á Robins, á W. Hun , á Ju sumh, á Wa d y 4 Landsee . No in en a é ci a los cuad os no a¬ bles de es os pin o es, po que os moles a ía demasiado; pe o no puedo esis i al deseo de eco da una Vis a de Ro e dam, de Holland; o a del G an canal de Venecia , po Robe s; el Fue e de Tilbu y, de S am ield; un Ca¬ mino en las mon añas y la Galles del No e, de Linnell; una Pues a del sol, de Duncan; las p eciosas acua elas de Callow, y los animales de Landsee . ¿Quién es capaz de señala aquí las bellezas po que b illa en pa icula cada uno de es os g andes a is as ? Fue a de que es o zoso econoce que la Ingla e a imp ime á odas sus p o¬ ducciones un sello de g andeza, de o iginalidad, que las dis ingue de odos los demas países. Con gus o pago aquí un ibu o de jus icia á ese g an pueblo, p ocla¬ mando que sus cuad os son al amen e dignos de es udio, y nos o ecen cons an e ocasión de admi a , ya su mag¬ ní ica exp esión, ya el es udio ilosó ico de los asun os, ya el buen gus o en la ejecución, ya, en in, la biza ía y la desen ol u a con que pin an, y ex emada delicadeza con que concluyen, sus ob as. Mas allá de Ingla e a emos ambién b illa el paisaje en las heladas egiones de No uega. La exposición uní' DE DON NICOLÁS GATO DE LEMA. ^ e sal de Pa ís nos o eció ocasión de admi a , en e o os cuad os, uno de Gude ep esen ando unas Mon a¬ ñas de la p o incia de Be gen , en que hay ica y bien en endida en onación, he moso e ec o de luz, g an ue za de e dad y una exp esión de dulcísima y deliciosa poesía; y ála pa con és e, o o paisaje lleno de g acia y muy bien es udiado, de F ich, ep esen ando un Valle de mon añas y un Bosque de pinos, y o a p eciosa Vis a de las inmediaciones de Ch is iania ( a ), de Mülle . Sinos alejamos de los climas del No e pa a busca en el cen o de Eu opa los p og esos del paisaje , admi a¬ emos en P usia los inmejo ables países de A. Acliem- bach, cuyo cuad o de las Cos as de Sicilia en un dia de empes ad es de un e ec o so p enden e; á Hildeb and , au o de o o magní ico cuad o que ep esen a el In¬ ie no; al Conde de Kalck eu h, de quien se conoce una p eciosa Vis a deSeculejo , en los al os Pi ineos ( b ); á Leu, áPape, á Michelis, á Po mann, Schmid , Schul en, y o os cuyos países son en ex emo no ables, pa icula ¬ men e unas is as de la No uega , del p ime o, y un Bos¬ que de pinos, del segundo : cuad o és e úl imo, más allá del cual no se concibe lle a la exp esión de la e dad y de la belleza po medio del pincel. Hallamos ambién en Bélgica á Luis Win e , au o de algunos deliciosos pai¬ sajes, en e los cuales me ece menciona se Una pos u a del sol; áFou mois, au o de un E ec o de mañana no ménos bello; á Yan-Schendel, que en e o os cuad os ha pin ado una encan ado aFisía de Bo e dam con e ec o (a) No uega. (b) Ce ca de Bagne es de Luchon. DISCURSO de lana; á Iíoelo s, au o de o a magní ica Vis a de las A de ías; e emos en los Países-Bajos los he mosos cua¬ d os de Bilde s; el O oño y el In ie no , de Koekkoek; la Vis a de un pue o de Holanda , de Waldo p; un Venda- bal en la cos a de Sclie eningue , de Meye , y o os. Po úl imo, la Suiza nos pond á de mani ies o los países de Bu le , en e ellos la Vis a del Rhin , en los Alpes, y e Lago de los cua o can ones , ejecu ado bajo di e sos pun os de is a po Caíame y Ul ich; una Mañana de O oño , de Cas an, y o os muchos que omi o menciona . En medio del p odigioso desa ollo que ha omado el paisaje, se p esen a como una de sus más bellas o mas la acua ela , desconocida has a nues os dias, y lle ada al más al o g ado de pe ección po la Ingla e a, donde con el auxilio del papel y colo es de Newmans, se hacen p odigios de e dad y de poesía en cuad os de educidas dimensiones, de que puede o ma se una gale ía en las hojas de cada álbum. Es e p ecioso descub imien o es uno de los que con más jus o mo i o pueden en anece á los a is as de la p esen e época, po que con él se ha c eado un nue o y especialísimo géne o de pin u a, que acili a su p opagación y su adquisición , y que no iene i al en lo mode no; po que ni lo es ni puede se lo I a o og a ía, pues o que ni exis e ni puede exis i i ali¬ dad en e dos cosas de índole absolu amen e dis in a, y que léjos de con a ia se ni exclui se, es la una el más pode oso auxilio de la o a. Y, en e ec o, Seño es, I a sublime in ención de ija de un modo pe manen e I a e lexión de los ayos luminosos, ep esen ando la imáge n del obje o e lec an e, en p ime luga , es á ue a de I a DE DON NICOLÁS CATO DE LEMA. es e a de las bellas a es, po que co esponde á la de las ciencias; y en segundo, léjos de se les con a ié, ha enido, po lo que espec a á la pin u a, á obus ece los sólidos undamen os en que se apoyaba, demos ando que po medio de la con e gencia de las líneas y la g a¬ duación de las in as se ep esen a en una supe icie lo que en ealidad iene bul o, iene p o undidad, y exis e á di e en es dis ancias. Es o se sabía; es o eó icamen e se explicaba has a el pun o de que p ac icándolo, se conseguían los ape ecidos esul ados; pe o la o og a ía ha dicho á la pin u a : «sigue p ocediendo con en e a »segu idad en odas us ope aciones, po que lo mismo »que u p ocede la na u aleza.» El pin o iene es e ma¬ yo y mejo c i e io de e dad, debido á los adelan os p ác icos de las ciencias ísicas, que po o a pa e en nada con a ía el uelo de su imaginación, la acul ad de oba á la misma na u aleza el momen o más p ecioso de su a iable belleza, ni de aslada al lienzo ó al pa¬ pel lo que es á ue a del o den ma e ial, la idea, el sen¬ imien o, la ilimi ada modi icación de los a ec os y has a lo imagina i o y an ás ico. No exis e, pues, esa i ali¬ dad que ulga men e se supone; y sí, po el con a io esal a en e la o og a ía y la pin u a la comple a a mo¬ nía la a e nidad que no puede ménos de encon a se que s on dT am ° S ^ C0m0 ^ agos que son de un mismo onco, de la in ini a Sabidu ía El paisaje, Seño es, no es sólo en nues os dia* obje o de ec eo; es además un a e de ú iles y necesa" ñas aplicaciones á la his o ia, á la li e a u a y I Z Z p o esiones sociales; y ue a ha o p olija nues a ZZ 30 CONTESTACION cien p osc i os, y los emplos de la ciencia á milla es de alum¬ nos, gala donaba á los encedo es en las a es con la p ez que es imula mas á la ju en ud, que no el lau o y los eso os, con la hechice a son isa de la belleza. Y como si añías ci cuns ancias no bas a an á suspende la men e embebecida de unos, y á exal a la ogosa imaginación de o os, dos ue zas, po deci lo así sob ehumanas, le an a¬ ban los ánimos y acele aban el impulso de los co azones: la mue e con pa o osos p esagios; la espe anza con dulcísimos ensueños. Y así e a la e dad, Seño es; que aquel Mona ca, úl imo q ue en e noso os ha eje cido el pode absolu o de los Cá los y F e " lipes, lle aba ya en la en e el sello del emplazamien o é e no, y á nadie se ocul aba que su hinchada y émula mano sos enía po úl ima ez la balanza de jus icia, y que sus sienes ca¬ len u ien as hubie an ma chi ado las co onas que á los imbe ¬ bes y animosos alumnos epa ía. Y po un con as e singula , el apacible semblan e de su bella compañe a; las nue as cuca das icolo es de la e olucionada F ancia y de la nacien e Bélgica que cual capullos aquí y allí b illaban ; el ogoso en usiasmo de la apiñada ju en ud, que pene aba a opelladamen e po en i* e los do ados escaños de los magna es, pa ece como que daba * 1 á odos en os o con aquel a oma de ie a mojada, que o ea los campos, con aquella escu a balsámica, que aen consig 0 las au as, inmedia amen e án es que desca guen las o men o¬ sas llu ias de la p ima e a. Ni al aba allí la a monía de can o es sublimes; que los p oe ' as, esos uiseño es de la in eligencia, que can an siemp e eí) el c epúsculo de la ci ilización de los pueblos; que p esagi 311 ’ como las a es del cielo, si bien po supe io y casi di ino m s in o, la au o a de la ciencia y la explosión de las empes ades los a es, digo, llenaban es as bó edas de sus mágicosconceO' POR EL Excmo. Sb. MARQUÉS DE MOLINS. os, y p eocupaban con sus a icinios los co azones. Uno de ellos libe al, descendien e de los insignes Condes ables de Cas illa y Duque y Embajado á su ez, se a e ía á apos o a así al dúe- ño absolu o de idas y haciendas: Cuando los senos de la umba oscu os, Reyes, que humilde el uni e so hono a. Pa a siemp e habi éis en le e pol o, Sólo las ob as del ingenio os pod án inmo aliza ; Po que ecundo El genio de las a es bienhecho as Es de la ama oz, lengua del mundo. O o poe a , hijo de la clase media , aunque co esano enca¬ necido en los palacios, ol ía sus ojos, ya casi p i ados de la luz, hácia los nue os lau eados; y con oz cascada y débil como la del mismo Sobe ano, les decia que aquel que ' No sien e en sí la inspi ación sec e a, Ni se á a is a, ni nació poe a. Dejadme, Seño es, que admi e aquí un momen o las icisi udes y mudanzas de los iempos, los inesc u ables dec e os de la P o¬ idencia, las pasmosas pe ipecias de la his o ia. Al en e de aque- Hosalumnos, p emiados po Fe nando Vil, es abanColomé Pon ciano y Ri e a; es deci , el a qui ec o, el escul o y el pin o que habían de le an a y ado na el Cong eso de los Rep esen p".d« .1 ¿ A 32 CONTESTACION donde las uinas son e e nas, V las espe anzas in alibles: y el jo en que po p ime a ez en su ida alzaba en público la oz, y mandaba á es os inmo ales lienzos o en es de ajena a mo¬ nía ( a ) , es el mismo que, cascado ya po los sucesos, más aun que po los años, oma hoy ues o nomb e, y p e ende en p o¬ pia y desaliñada p osa da la bien enida al dis inguido compa¬ ñe o á quien llamáis en e oso os. És e, sin emba go, en la época á que me e ie o, no pe e¬ necía á la epública de las a es; más aún , ni siquie a en la as a y luminosa ex ensión de és as, ni siquie a en la ju isdicción aca¬ démica es aba deslindada la pa e del paisaje, que ha dado á Don Nicolás Ga o de Lema ca a de ciudadanía y í ulo digno y asien o en idiable á ues o lado. Con lodo, ya en aquella ci ¬ cuns ancia uno de los p ecla os poe as que he ci ado, el Duque de F ias, había hecho del paisaje encomio sublime, diciendo que eia en la campiña de B eda Al golpe dies o de pincel alien e , En e humo denso y nebuloso cielo, Cimas alzadas del lejano mon e Ce ando el ho izon e; Y el o o poe a, A iaza, añade que El mismo sol se asomb a De no pode da luz al campo oscu o Que condenó el pincel á e e na somb a. Pe o no adelan emos el o den de las ideas, y sigamos más bien al nue o Académico en el e udi o azonamien o con que acaba de p oba cuán digno es del pues o á que le llama on ues os su agios. Al hace lo, no me p opongo con adeci le ó enmenda le : csl ° (o) En la sesión pública de 832, á que nos e e imos, no pudo el Exc no. S . que de F ias lee la oda que habia compues o , y lo hizo en su ausencia el au o es e esc i o. POIl EL Excmo. Sa. MARQUÉS DE MOL1NS. no lo pudie a in en a mi a ec o, ni ealiza aquello mi insu icien°- , sino que más bien me aleja é p ime o de su a gumen o has a coloca me en el pun o de is a ilosó ico, y di igi é luégo E “g boa Pa e de su as o diseño, la his o ia del paisaje en E na m a ención y „ u(¡s a; b¡en ^ ^ LunÍ a k el conJun o de un cu a d o maes o, se e i a obse Pa 7’ " e ca la man ° ’ eco Se con ella los ayos de luz enso lien” Pa ‘ ÍCU ' a V CUÍdadosamen e aa 'ado sólo del ex^ edadl”-^” 6 ’ SeBO CS ’ P ° anl °’ que ni ue ' a la is a á las como que lo domina y abso be odo. 3 6na Pa ° Ce la Yo me complazco, lo con ieso, en e que, así como el o be de c ia u as nace allá án es del o igen de ln<s aleza Z ' '' SUb ‘ ¡me de ' E an S elio - Ve da d es que la na u- e | a e Pa eC ^ '* e a pa adislaca c °“P'Ca y pe ec a, y q le I a e nació en es a o a e a de g acia, udo y de o me • es 1! llc ; 8 0 ^ 1 161 y'- -odeluc a u aiqleeseo; Y bella c ece y pe ecciona se bajo el impe io de In¬ ca y del pode ; y p„ el con a io, emp ^a dmoiÍ ,T' desa olla se y co egi se desde el es ado de aba Y . abajosa «. ■ se ia. Fué lo p ime o ob a de omnipo en e m 7 ^ epa ación: á | 0 uno bas aba la bondad i i ' ’ * '°. S esundo de ‘' a a 10 o ° había de concu i el albed o h '. nmensidad l alible, impe ec o y caduco. mmano, lib e sí, pe o En e ec o, Seño es, oso os i n c u • me edi icio de España, donde se aÍ niÍ °i ^ P^® Ín ° ~ Dios humanado, nacie on jun as las a es 77”” aCe > a al de gobie no y la de legislación, | a poesía . S . e spañolas - 3 ’ P ° eSla y la música, la pin u a 32 CONTESTACION donde las uinas son e e nas, y las espe anzas in alibles: y el jo en que po p ime a ez en su ida alzaba en público la oz, y mandaba á es os inmo ales lienzos o en es de ajena a mo¬ nía [a], es el mismo que, cascado ya po los sucesos, más aún que po los años, oma hoy ues o nomb e, y p e ende en p o¬ pia y desaliñada p osa da la bien enida al dis inguido compa¬ ñe o á quien llamáis en e oso os. És e, sin emba go, en la época á que me e ie o, no pe e¬ necía á la epública de las a es; más aún , ni siquie a en la as a y luminosa ex ensión de és as, ni siquie a en la ju isdicción aca¬ démica es aba deslindada la pa e del paisaje, que ha dado á Don Nicolás Ga o de Lema ca a de ciudadanía y í ulo digno y asien o en idiable á ues o lado. Con lodo, ya en aquella ci ¬ cuns ancia uno de los p ecla os poe as que he ci ado, el Duque de F ías, había hecho del paisaje encomio sublime, diciendo que eia en la campiña de B eda Al golpe dies o de pincel alien e, En e humo denso y nebuloso cielo, Cimas alzadas del lejano mon e Ce ando el ho izon e; Y el o o poe a, A iaza, añade que El mismo sol se asomb a De no pode da luz al campo oscu o Que condenó el pincel á e e na somb a. Pe o no adelan emos el ó den de las ideas, y sigamos más bien al nue o Académico en el e udi o azonamien o con que acaba de p oba cuán digno es del pues o á que le llama on ues os su agios. Al hace lo, no me p opongo con adeci le ó enmenda le : esl° (o) En la sesión pública de 1832, á que nos e e imos., no pudo el Excmo. S . D u ' que de F ías lee la oda que había compues o , y lo hizo en su ausencia el au o d® es e esc i o. POK EL Excmo. Sb. MARQUÉS DE MOLINS. «o lo pudie a in en a mi a ec o, ni ealiza aquello mi insu icien- has¡a coL m áS 7“ aleja, -é p ime o de su a gumen o oloca me en el pun o de is a ilosó ico, y di igi é luéeo S ° la pa a da - '- o diseño, ,a his o ia de, p 1 E na m alenc¡on y ]a ues a 8 bjen as¡ / J-" algunos n„ a K C ° njUD ° dB uncuad *-o maes o, se e i a y obse a 2 T , '' man ° ’ eCOge C ° n e " a los a y° s de luz . enso lienzo Pa ‘ ^ " CUÍdadosamea e lado sólo del ex- edade' j” 6 ’ SeB ° eS ’ ^ anl °’ qUe ni uel a la is a á las e si m bo ¡ ' o Y e “ q “ e ela le no se «^pojó del ca ác- que e” s al’ 2 ng ?n , aS ép ° CaS *** * 'omana, e " como qu í T l 60 SU Pa C ma e ial P a ece que lo domina y abso be odo las c ia u a IDPlaZC °' '° C On ieSO ’ C " VCTque ’ el o be de de su C iado 6 “ de ' °~ gen de '° S Íem P os ' al sol ° la C uz í i ’ T aS a óS es P anolas “ a cen á la pa e acá de aleza nm ' -? ^ 6 ' E a " g el¡0 - Ve dades T'c la «a u- el a e L a‘° “ P a ad¡síaca com P lela y pe ec a, y qile 10 “noe a h oh Ti ™ ^ de 8 acia ’ udo de ü me : es que ácil y bella' c adejnad ° > y loo o de la c ia u a; que es cosa cia y del n„d Y pe eCCÍOaa se » a Ͱ e l ¡"<Pc iode la inocon- d oaa ollal e Y ^ T?**’ d¡ ícil y abajosa mise ia. Ful lo n 8 '^ , eS ‘ ad ° de aba ¡ m ¡ e u o y de epa ación á ° 0 ‘T , °T ¡ P O eqcÍa • 1 >° segundo de pa a lo 0 " 0 b 7 b ° n d a d D¡VÍna en su inmensidad; me edÍ-o d! e F° e - ’ TT '° Sabe¡S ’ baj ° el ™ « o - Dios humanado Pana ’ ^ a ' Z Ó Una ple § a ia a <*pla al d « gobie no y a’deT'T a ‘ eS l ° daS «P^las. 1 a 3 no y la de leg,slac,on, la poesía y la música, la pin u a u CONTESTACION y la escul u a, la elocuencia y has a la d amá ica. ¡Oh noble, on g ande a qui ec u a, que en la e a de g acia, en la edad mode ¬ na, hicis e con us bó edas o icio de i mamen o, pa a que bajo ellas naciesen á la oz de la ca idad y de la e an as ma a illas, y pa a que se epi iese en el mundo in elec ual el po en o de la c eación 1 A medida que es a a e ma iz ué c eciendo; al paso que ue¬ on ele ándose len a y majes uosamen e hacia el cielo sus pila¬ es, como las palmas del desie o, ue on ambién las oi ás a es obus eciéndose á su somb a. Hízoseel impe io más jus o, la le gislacion más azonable, la poesía más sublime, la música mas ica; adqui ió ue za la elocuencia, in lujo eíd ama; y (despi¬ diéndonos de aquí adelan e de es os amos del sabe humano), ¿cómo no e que, al c ece nues as basílicas de los si¬ glos xui, xi y x , la escul u a da esbel ez á sus o mas y gi a n diosidad á sus opajes, la pin u a ag acia las p opo ciones del cue po humano, y alcanza más a monía en sus g upos, mayo e dad en sus in as, más sen imien o en sus asun os? Al p opio iempo los o os amos del dibujo, ge minaban (si es líci o deci lo así) en odas sus dis in as aplicaciones: el his¬ ó ico en los e ablos; el que hoy se llama de géne o ó de cos um¬ b es, y áun de ca ica u as , en las iniciales, o las y ado nos de los J lib os de co o; el mismo de paisaje en los códices y de ociona¬ ios, los cuales con su exage ada nimiedad, como dice el nue o Académico, mos aban que no e a an ipá ica á la ci ilización c is iana la ep esen ación de la na u aleza. Sin emba go, las a es odas no habían dejado aún el amo oso egazo de la Iglesia, Y en ella es aba la e dade a pin u a (si p escindimos de la labo de los iluminado es) limi ada á ep oduci la igu a humana sin é minos, sin campo y sin ambien e. Bien así como la humanidad misma án es del ac o del Gene sis exis ia sólo en la men e de Dios: inmo al sí, en su espíii 1 1 ’ WTO El. Elcc. s,. MARQUÉS RE MOL'NS poi que había de se emanación de la Di inidad • “ S ° ma e ia ’ P° q«e había con la pleni ud d ln 7®*' be ” a en emplo y es idu a al Ve bo enca nado d e “ p o s de da uel a po do quie a en h • 7 ’ ^ a ' S lada ’ sola Ven- •*- «»« ■ » Wa si se quie e aun e Y ■ e " Causlos an iguos, apa ece nunciase de nue o pa^ la a lTaqÜel anl uo” 8 ’ C ° m ° S Í P °~ ce y mul iplica se y llena la ie a7 8 ° p eCe P l 0 ^ e e- emancipadas, como las a es Sea ZZT'7 V na cam P ea en medio de las bellezas de la ¿ 8 i8 “ a huma ' ex ienden al omb as de e du a c, e acion ; á sus pies se lamen sus plan as, y l os bosques le ^ ^ ^ l ° eS: las ie as las empinadas sie as limi an sólo su ^ S ° mb a ’ ? los ma es y Es a oz di ina, que enue a elTn 3 ^ 1 ^ 03 bo ' zon es - deci lo? es la imp en a: ella esuena en e * 6 " 1 0 ’ ¿neCesila é en odas las naciones, p opaga odos 1 ° ° S pa es » ,ia, l a eco daa 'as in eligencias, di unde la ¡I acT < ' S ’ '*** 0 ‘ gus o; y de una n * USl ac,0n > comunica el buen * «4. i *“ ■ q ' “ •' “*«“ Je le* emplos, „ i, onioe o““ 0kJ ' l< ’* m ° 8 ’ ' u e > c °mo hemos dicho , ge minaban T ° mucll0si ' a - cn os, ya la p epo encia, en in d ° CU .° S en '<* «anos- do e a os, de cos umb es, de países ' h ‘ S ó ica - h e oica, Muchos son los que acusan á es a én , gen á la escuela inconside adamen e mi^ * babe dado o i_ 6 6 °' No se é Y® quien disculpe el ex" ™ **'*' ~ “ ,amenla n qne engo po udeza del a e el m Cesoen es e p un o; yo men ó pa a la enunciación simbó deT"' 0 “ e ° ^ po impiedad que ebaje los mis e io! ^ SaS ados < ‘ a » g o 36 CONTESTACION a e casi me a esc i u a je oglí ica, es poquedad indigna de a ¬ is as; pe o a e e se con él á ma e ializa , sólo con una sensual exp esión, las cosas san as, si no es sac ilegio indigno de hom¬ b es, es po lo menos e o imp opio de c is ianos. Con odo, ni Jo ge Inglés, ni An onio del Rincón , ni pin o al¬ guno de los que ya lo ecían en España al e mina el siglo x , me ecen es a censu a; su hábil g a i ud nos legó en e dad los p eciosos e a os del Ma qués de Sanlillana y de los Reyes Ca ó¬ licos; pe o nos los deja on ales como ue on aquellos insignes pe sonajes: allegados al San ua io, e e en es, piadosos, ado ¬ nados sólo con los a a íos de su espec i a dignidad. No se p o¬ pasa on aquellos maes os, como o os, áen ome e á susMecé- nas en el abe náculo, y á dis aza los con el man o y el nimbo de la san idad; ni ménos busca on con impío na u alismo en las ahonas y enc ucijadas, ó en o os si ios ménos hones os, mode¬ los pa a ep esen a nos á la Vi gen de las Ví genes, á la Mad e inmaculada del Ve bo E e no. Es os a is as ue on ambién los p ime os en España, á loque yo c eo, que, a ancando las igu as humanas del ondo do ado de los e ablos, hicie on en a el paisaje como acceso io en sus composiciones. Ve dad es que sus is as ca ecen de pe spec i¬ a, como sus igu as de mo imien o ; pe o no hay que pedi más á la in ancia del a e, ímido y como pudo oso po su p opia inexpe iencia. E an además aquellos los iempos en que la cen e¬ llan e mi ada del adalid se ocul aba bajo el casco, y la púdica son isa de la enamo ada no pasaba el an i az. ¿Qué mucho qoe andu ie a el pincel inexpe o, y que eca a a los sen imien os mismos que le mo ian? Llegamos ya al aus o siglo x i, época g ande, en que po p i¬ me a ez se pudie on g aba en un mismo escudo del alcázai impe ial de Toledo las in encibles o es de Cas illa y las pe¬ eg inan es ba as de A agón: e a eliz en que pudo o ece se en . POR EL E.«o. S«. MARQÜÉS DE MOLINS la an igua basílica de Reca edo el o o de A • , " * TW,M ° '“ * WH 11« «,», Acumúlanse, pues, á la sazón en España l« A , encías de odas las escuelas de I alia; y epa iendo ^ ^ ' eXC6 ~ las di e sas p o incias de nues a península da! ^ ^ queza á dinas ías de a is as on i, dan o ' 8 en í i ' - «-». -o .a sa * - 0 dei el i o colo y mágico ambien e dLenJZ .^T' C °“ las a ias escuelas de nues a pa ia en e i 3 P ° ía - Pe mi i éis ci a , lade *££ * Un mismo ca ác e las dis ingue; mejo dicho „ ^ »«*L Jíí£¿; ,1?- l ;: *>» ■ ***.,. „¡„i “ ¡ í a ™ « “ » -«»•• ™ . d,T ;17 d í 68 e ', es P‘ i u español, es el espí i u eligioso Sin . ™ «' ■ andes undado es de aquellas es escuelas a 8 °’ '° S e- on de una mane a apocada o no su, A ^ D ° '° P °' P"Sa; ni lo p o ana on, como sus maesi P . edeceso es de Es¬ posas mezclas del paganismo • án e, h Ía ’ ÍDde ' magní mo espec áculo de la na’ aÍiT a ebalad °e po el '“en e sus asun os sag ados en medio d COl ° Ca 0n ecuen e- l °n(los alles; y a a ez, casi „u. 6 "“T®! c am P iñas y de las ábulas poli eís as aue n ' * *’ Se ded ' ca on á pin a CONTESTACION ■ ll Rey en e dad es Velazquez; y ed aquí la cla ísima dinas ía de que p ocede. Ticiano, su undado , que ige con el pincel, á la ez que su amigo Ca los V con el ce o, el impe io más as o que ha conocido la humanidad ; Felipe II, hijo de és e, que alcanza en su la go einado á los dos discípulos del Vece- lio; Na a e e, mudo como la p udencia del Rey; y el G eco, que iluso descoyun a las pe sonas y adul e a los cielos, como la Inquisición y el ana ismo del huésped del Esco ial. Síguese T is an, discípulo del G eco, hon ado y piadoso como Felipe III, el De o o, y no más eliz en la pe manencia de sus ob as; y Ve¬ lazquez, en in, con más mo i o que su amo y pad ino Felipe IV, apellidado el G ande, el In encible, el T iun ado . Gomo lal i e: ¡con cuán gene osa la gueza da la inmo alidad á sus amigos (núm. 81 y o os), á sus a o i os (núms. 107, 127, 128), has a á sus bu ones escla os (núm. 245 y o os)! ¡Cómo depa e ami¬ gablemen e con magna es y p íncipes (núms. 155, 177) ! ¡Cómo co¬ noce los p e endien es (núm. 267), y á eces so p ende po humo¬ ada ó po cu iosidad los alle es de las hilande as (núm. 335), y áun las bu lescas ce emonias de los beodos (núm. 138) ! ¡Cuán g ande y magnánimo p eside en los campos de ba alla (núm. 319) ! ¡Cuán piadoso se pos a an e el Dios c uci icado! (En la Real Academia.) ¡Cómo á las eces se encie a en la con emplación ascé ica, eco ¬ iendo las uinas del o o omano (núm. 118), ó isi ando á los .anaco e as del ye mo en sus g u as de la Tebaida (núm. 87)! ¡Cómo dis ae sus ocios en los ojeos y bosques del Pa do, apa¬ sionado, á ue de caballe o, á la he mosu a y b io de los co ¬ celes! y ¡cómo, en in , sin que c ia u a humana le acompañe («)» (o) Hemos ci ado odos los cuad os po el núme o que ienen en el Ca álogo del Real Museo; pe o me ecen especial mención, po que son de pu o paisaje y modelos en es e géne o, el 87, que ep esen a á S. Pablo y S. An onio ecibiendo el pan q iie les ae á su soledad un cue o; el 145, que e a a la úl ima uen e del ja dín de la Isla de A anjuez, asladada boy al Campo del Mo o; los 101 y 102 y el 132, q ue con su compañe o 143 son me os es udios de país. POR EL Excmo. S . MARQUÉS DE MOLINS. 45 descansa y se embebece al uido de los sal ado es de A anjuez (núm. 145), ó en la umb ía de los impene ables mon es ole¬ danos (núm. 132 ) ! Bás ale á la co e de España es a glo ia, como á Velazquez e bas a ía la de paisajis a pa a eina en e los pin o es ; po - ( l u e nadie mejo que él ha conocido la magia del ai e in e - pu e s o, | a alen ía del oque, la deg adación de la luz, el en- ca n o del colo , la aspa encia de las somb as, odos los sec e- los > en in, que o man el impe io de la pin u a. Yo de mí sé deci , que isi ando en Roma el palacio Do ia, Gn COni p añía de sapien ísimos p o eso es, i un cuad o de nues- l0 P a i sa n o al lado del céleb e molino de Claudio; y ni yo ni mis com p añe os, aunque ex anje os, pudimos ménos de cla- Va Ios °J° S en la pompa del e a o español (o), como al p in- ‘! PI0 os dije que acon ecía en los iun os de los encedo es, que nos dis aje a del a obamien o, ni el plácido ambien e, ni el ago de la cascada, que el céleb e Apéles de Lo ena en- Ce ó en su lienzo. se á, pues, mucho que oso os ambién aho a paséis sin ? 0la P o é ico campo de Collan es (núm. 408), las ba allas de eona do ( n úms. 210 , 248), Caxés (núm. 151) y Mi anda, los admi- ial ^ ^ GnZ0S ^ a d u c ho (6), los imponen es mon es del Esco- (oúm. 236) y los obus os puen es de Za agoza (núm. 79), ence ados en b e e espacio po el paisajis a Mazo, ye no del I m ° Yelazquez ; y mil cuad os, en in, con los cuales puede nscuela cas ellana aspi a al dic ado de paisis a ; bien que no Se ^ ^ a ana omía ege al y á la a qui ec u a de los ja dines impo ancia que Ag ícola, Bo h y Mompe (c). (&) L e a ° ^ P a P a ñiocencio X, Pamphili. d0 ^ iaa d e S. B uno en más de cincuen a cuad os, exis en es en el Minis e io B ech^ U, ' S ^^ co ^ a ’ Paisajis a, nació en Ra isbona en 1667.—J. Bo h, nació en e n 161Q. Mompe , nació en Ambé es en 1580. 40 CONTESTACION ¿Consis e es o acaso en que los alemanes, holandeses y la¬ mencos habían con la p o es a de ibado á la ez la e en sus co azones y el ado no en sus al a es? ¿Consis e en que, op imi¬ dos po nues os e cios, no sen ían (cosa na u al) el en usiasmo de B eda ; en que, mal a ados po sus gobe nado es y capi a¬ nes, que ían más pin a la na u aleza inanimada y las escenas de paz, que no e a a el sañudo os o y los sang ien os iun¬ os de sus op eso es? A los polí icos la espues a. Áun mayo cul o que en Cas illa y Valencia se daba al a e en las Andalucías: no pa ece sino que Dios había que ido jus i¬ ica el dic ado de Jacob de la pin u a , dado á Luis de Va gas, y que su semilla, bendi a po la e, se había dila ado, como el pol¬ o de la ie a, de O ien e á Occiden e y del Mediodía á Sep en¬ ión, y que sus descendien es se habían mul iplicado como las es ellas del i mamen o. Así e a la e dad: la de oción inspi aba sus co azones; la cálida luz del na i o suelo colo aba sus lienzos; la iqueza del sace docio y la piedad del pueblo ecompensaban sus abajos; la elabo ación de las sa gas adies aba su ejecución; las paco¬ illas de Amé ica, las expediciones de I alia y Flándes acili a¬ ban su despacho; y cada uno, en in, de los Roelas, Pacheco, He e a el iejo y el mozo , Llano Valdés, Cas illo, Valdés Leal, Ca o, Anlolinez y o os más, p esidia como un pa ia ca an i¬ guo á una nume osa ibu de a icionados y alumnos. Subiendo las co ien es, p ime o del Bé is, y del Genil des¬ pués , ex ienden aquella aza de a is as en Có doba y G anada dos homb es ex ao dina ios, aunque dis an es en e sí más de medio siglo. Ambos p o esaban á la ez la pin u a, la escul u a y la a qui ec u a; hábil el uno además en la li a, el o o en la espada ; ambos eclesiás icos, y acione os de sus ca ed ales. De di e so ca ác e en e dad, pe o de igual a ición á los iajes, el co dobés hallaba en ellos nue os amigos y discípulos; el g a- POR EL Excmo. S . MARQUÉS DE MOLINS. -Í7 na ^ ¡ n o } nue os ad e sa ios y espadachines: siemp e ol ía el pnme o con p imo osos códices y an igüedades; el segundo con mal cu adas cica ices ó incoados p ocesos, pe o ambos con Ju eles a ís icos: aquel- o naba á su iglesia con aumen ado e o ; és e, ó se e ugiaba en ella de la jus icia , ó inquie aba á Su cabildo con expedien es y li igios. Uno y o o bebie on en Se illa los p ime os so bos del buen gus o. En el espe o á las Sondes máximas del an iguo, muy pa ecidos; y en la in luencia Con sus suceso es, no desemejan es. Ni se alcanza on en ida, 01 se di e encia on en in luencia. Fue on es os, ya lo adi ináis, I a olo d e Céspedes y Alonso Cano (a). Los nume osos discípulos de ambas escuelas, así como los de Se illa, o zados á da al ondo de sus e a os y cuad os mayo Piedad, y enca gados po las opulen as comunidades y los 91 ' s oc á icos cabildos de pe pe ua las idas de los hé oes c is- hanos en sendas colecciones con que se ado naban las iglesias y aus os, u ie on po necesidad que da más impo ancia al es udio de la na u aleza inanimada, y que dedica se con mayo esme o á la copia del paisaje. Me ece en e ellos menciona se el insigne Zu ba án, que en as idas de San Buena en u a, San Ped o Nolasco, San En i- ^ Ue ’ Sa n LuisBell an, San Je ónimo y o os, y en los claus os Ce es Me cedes Calzada y Descalza y de las Ca ujas de Je ez y Vl a hizo p uebas de paisajis a, po lo ménos an a en ajadas COni ° * a s de muchos ex anje os de aquel siglo, y p epa ó la Pa ición del ángel de la pin u a española, Mu illo. Angel, sí: ¿quién mejo que él ha ele ado has a el cielo los Us P¡ os, los colo es, el ai e, los acciden es de la ie a en que u i nos? Quién mejo que él, celes e mensaje o, ha aído al nil) ndo el ulgo inc eado, la a monía angélica , la isión bea i¬ a) Pablo (i Céspedes mu ió en i 008; Alonso Cano liabia nacido en 1604. CONTESTACION 48 ica de las mansiones inmo ales? Quién mejo que él ha podido da consuelo y espe anza al a ligido y al dolien e, y se ena o ¬ aleza y a dien e ca idad al má i y al compasi o? Él edujo á isual imp esión las ine ables g acias de aquella p edes inada Vi gen, que el E angelis a de Pá mos había is o diez y seis siglos án es es ida del sol y co onada de es ellas. Él gozó sólo de an emano el place espi i ual in enso y e o oso que dos si¬ glos después sin ió la c is iandad oda con el dogma de inido po el o áculo del Va icano. Mucho me duele en e dad que, po una pa e el emo de cansa os demasiado, y po o a los lími es de an emano p es¬ c i os á mis obse aciones, me ue cen á conside a sólo á Mu illo como paisajis a; pe o en cambio me consuela el sabe que ácil¬ men e se explica lo que á p ime a is a se descub e. Voso os conocéis odos, y nues o nue o Académico ha es u¬ diado como se me ecen, muchos lienzos con que Mu illo ha en i¬ quecido el Régio Museo (uúms. 276,288), y en los cuales no hay o a cosa que peñascosos ye mos y aspa en es lagos, y ai e, ese ai e, que nadie como el pin o de Se illa ha sabido ija en el lienzo. Voso os habéis paseado sin duda po la espaciosa dehesa en que el Hijo P ódigo, jun o á su inmundo ebaño, sin ió los úl¬ imos emo dimien os de su conciencia (a). Voso os, en in, con sólo ab i esa mampa a, e éis desa olla se las apacibles colinas de Roma, y po un doble milag o de la omnipo encia y de la pin¬ u a, cub i se allá á lo léjos de nie e las cimas del Esquilino, y espi a se aquí ce ca la ab asada a mós e a del 5 de agos o (ú). 4 ¡Oh g an Mu illo! (exclama é con Jo ellanos) yo he c eído en us ob as los milag os del a e y del ingenio; yo he is o en (o) Es e cuad o, con o os de la ida del Hijo P ódigo , exis e en la gale ía del S . D. José de Salamanca. (6) Los céleb es medios pun os que posee la Real Academia, los cuales ep esen¬ an el milag o de la Vi gen de las Nie es, acaecido el 6 de Agos o. 4!J POR EL Excmo. S . MARQUÉS DE MOLINS. «Haspin ada la a mós e a, los á omos, el ai e, el pol o, el mo¬ imien o de las aguas, y has a el émulo esplando de la luz de ' a mañana. > ¿Cabe, Seño es, hace del paisajis a un elogio mayo que el que acabais de oi , azado po la misma pluma inmo al que es¬ c ibió el In o me de Ley Ag a ia ? Pues aun lo hace mayo el mis mo Mu illo cuando habla de un paisajis a de sus iempos, del Smpuzcoano Ignacio de I ia e , sec e a io de la Academia de Se illa en mil seiscien os y an os (a). «La delicadeza de las hojas de sus ondosos á boles (dice Cean Be mudez), la deg adación en los léjos, la dia anidad de las somb as, la elección de los e enos, la con aposición del cla o oscu o, la he mosu a de los Cle| os, la aspa encia de las aguas, el ambien e, y un aco de gene al en odas sus pa es e an cualidades de I ia e econoci¬ das en España y en Eu opa; y Mu illo solia deci que Ignacio no P°dia deja de pin a países po inspi ación di ina, según lo bien que lo hacia. » ¡Oh sencilla, jus a y e dade a sen encia! ¡Oh allo inape¬ able, p onunciado po la au o idad á la ez más al a y más asequible á odos, más espe ada y más popula del mundo a ¬ ís ico ! Mu illo, el que pa a muchos pasa po modelo y p o o- llpo de la escuela na u alis a, es ablece, con inimi able inge- Uui dad, que el a e, siquie a se dedique á la imi ación de la na u aleza inanimada, no puede camina á la pe ección me a¬ men e po la copia se il de la ma e ia, sino po el impulso sublime y san o que iene de lo al o, po inspi ación di ina. He llegado, pues, al apogeo de nues a glo ia a ís ica : des- Va n ecido y pasmado al con empla desde su al u a la p o undi- je o°) * L áslinia la mayo pa e de las ob as de es e pin o se hallen en el ex añ¬ as <lon ^ e 800 es imadas! El Real Museo sólo posee es cuad os ma cados con me os 515, 526 532, el úl imo de los cuales ha me ecido se colocado en el ^ lon ^ la Reina Isabel. CONTESTACION SO dad del enma añado p ecipicio en que luego se de umba on, no la pin u a sola, sino la lengua, la ciencia, la ci ilización y la dignidad españolas, bendigo al cielo que, negándome la elo¬ cuencia de Jo ellanos, me libe a ambién de a ligi me y a li¬ gi os con la na ación de an e gonzoso pe íodo. Espec áculo más g a o y consolado o ece ían los úl imos anales de nues a his o ia, cuando al benigno in lujo del pací¬ ico Fe nando VI y del bondadoso Cá los III, se ab en los sa¬ lones de es a Real Academia, y se p epa a el ea o en que ha¬ bían de b illa luego, áun como paisajis as, Goya, el ol e ia¬ no c eado de los cap ichos, el maligno c onis a de las ome ías, Ri elles el escenóg a o, Villamil el de las ioláceas in as, cuyo asien o aun es á acan e en e oso os, y Fe án, en in, que ha dejado p ema u amen e el suyo al Académico que aho a os p esen o. Conside aciones áciles de ap ecia me imponen silencio; pe o bas a la enunciación de sus nomb es, bas a ol e al mismo iempo la is a a as, pa a conoce con cuán a azón el c í ico á quien espondo ha sen ado la p oposición capi al de su dis¬ cu so, á sabe : que el paisaje ha alcanzado en nues os dias una impo ancia que no ha enido en iempos an iguos. Pe o ¿consis e es o acaso, como p e enden los i e e en es de ac o es de lo pasado, en que nues os g andes pin o es ue¬ sen insensibles á ales encan os de la na u aleza, ó poco dies os en ep oduci sus ma a illas inanimadas? No, cie amen e: desde Juanes, Va gas y Na a e e, has a Ri e a, Velazquez y Mu illo, p ueban lo con a io; y mis pob es azones, ue es sólo con la e dad, os lo ac edi an. ¿Vend á la p epo encia ac ual del pai¬ saje (como po el con a io alegan los mal a enidos con lo mo¬ de no) de que ya el sis ema na u alis a de al mane a p osc ibe la idealidad, que de odo pun o la des ie a y aniquila? Aun con mayo ue za debemos nega es o, undados en las ob as POR EL Excmo. S . MARQUÉS DE MOLINS. 51 ( ^° an os p ecla os paisajis as que el nue o Académico lia es u¬ diado en sus ú iles iajes, y ha e e ido en su nu ido discu so. desmien en al pa los cuad os mismos que le han alido la dis inción que le dispensáis, y ya poé icamen e lo con adecía -^niaza en la ocasión que al p incipio he mencionado, cuando can aba : Mas no siemp e el pincel sus asgos bellos Enlu a con la gue a asolado a; Que, ecundo á la ez, os en a en ellos El man o de la noche ó de la au o a; Y el lienzo iluminado en los des ellos De la p ime a luz que el campo do a, O ece g a o, en e á boles y lo es, Danzas de nin as, juegos de pas o es. O bien blanquea un úmulo lejano En e el e de cip és y el ago cielo, Que al alma in unde un sen imien o humano. Mezclado de e nu a y desconsuelo: La pas o al A cadia así en Albano De lág imas se e po en e el elo, • Y un ecue do ugaz hace p esen e La mal do mida pena en nues a men e. Po que el Sup emo Au o que el o be mue e. Sus dones en el homb e así ha ijado. Que no alcanza á c ea la lo mas le e, Pe o sí á e a a cuan o es c eado. La imi ación que es a e dad exp ime Es de las a es la in ención sublime. } í eno azón el poe a: una, como la esencia de Dios, debe se a A ención sublime del a e, una la e dad, una la imi ación. Ni ^ ,e ne es a más que un p incipio, ni se encamina más que á un ln * Se n i i amen e po supe io inspi ación y po o ganización P l j i l e giada la belleza, es e es el p incipio. T asmi i á los de- ,ls e icazmen e es as mismas sensaciones, y le an a su ánimo CONTESTACION i'2 hácia el o igen al ísimo de la inspi ación di ina, hé aquí su lin. Los medios son sin emba go muchos, los ins umen os mul i¬ o mes, los caminos a iados. El poe a, el esc i o , cuen an con ja imp en a; el músico y el d amá ico necesi an de o os a is¬ as que les ayuden á in e p e a sus p opias inspi aciones, as¬ mi iéndolas al público; el a qui ec o e mul i ud de o icios, cen e¬ na es de homb es, quizá gene aciones en e as, desgas a se án es de que su idea se con ie a en ealidad ; y el escul o y el pin o , en íin (cosa a a po cie o), necesi an asimismo de un auxilia , de un coope ado , que dé impulso p é io á la concepción mis¬ ma de su ob a. ¿Cuál es? Muchos de oso os lo sabéis; nadie, si bien lo e lexiona, pod á nega lo: es e auxilia es el p oce , el amigo, la sociedad en e a, que hayan de e la es a ua y el cuad o. Pe mi idme, pues, que os diga pa a e mina es e desaliñado discu so, cómo se i ia en los iempos an iguos, cómo i imos en los p esen es; y oso os así conoce éis á los dos auxilia es pasado y ac ual que di igen el pincel de nues os a is as, y de¬ duci éis después ácilmen e á cual géne o han de dedica se. El magna e español, o a acaudalado po el cúmulo de sus mayo azgos, o a indiano en iquecido po las lo as y g anje ias ul ama inas, comenzaba el dia e ugiándose en la capilla pa i¬ monial, al pió del e ablo que Bece a ó Mon añés, Co ea ó Mo ales habían ado nado, y que sus p opios blasones ealzaban. Buscaba allí las inspi aciones de su conduc a cuo idiana; y de hinojos sob e la losa, que de iempo en iempo daba en ada á una pe sona que ida de su co azón, o ecía á Dios y á su me¬ mo ia las ob as odas y los a ec os de aquel dia. Cie o que e a és e compasado y monó ono, empleado como el an e io y el o o p eceden e , ya en el se icio del Rey (que así en onces se pe soni icaba la pa ia), ya en p o echo V au¬ men o de la p opia hacienda; pe o aquel se icio se cumplía sin POR EL Excmo. Sb. MARQUÉS DE MOLINS. Smo de inminen es cesan ías, y es e p o echo se log aba sin a an de med os epen inos. Al o aún el sol, cong egaba á su amilia á la mesa ugal y no a ás que aseada. bendi a al p incipio con la in ocación de Dios, y san i icada al in con la memo ia de aquellos que la mue e había a eba ado. No se ex endía luégo el paseo, en cha olado coche ul ama ino, más allá de las alamedas del pueblo na i o, é del claus o del ecino con en o, ico en pin u as edi ican es, Y al cae de la a de se epe ían piadosas o aciones an e una Vi gen, quizá de Juanes, en medio de ieles domés icos, c iados en e dad , po que en la casa habían nacido, y med ado en ella CO no hijos de ganancia. Al amo del gigan esco hoga , la his o ia de los hé oes del c ¡s ianismo se ia de lec u a, y de con e sación el ecue do de ,as campañas de Flándes y de I alia, y el de las na egaciones ala s Indias. Tal ez, depa iendo con su esposa, ex endía su a m b icion á ag ega un ecue do de aquellos hechos, ya en cua¬ cos, ya en apices, á la an igua inculación de su casa: al ez ^ amo pa e nal inspi aba á ambos el deseo de undai nue o mayo azgo pa a su hijo meno , ó de ins i ui una pia memo ia ( í U e diese á la ez caudal á sus descendien es, sa is acción á su Piedad, y al a y cul o á la imágen de su de oción. Cuando en in se e i aban los dos conso es al cas o lecho en c í I J e sus pad es habían do mido el úl imo sueño, y en que ellos c °n aban bendeci á sus hijos, ¡ cuán g a o les e a e mina el ^ a como lo habían comenzado, saluda el aus e o con inen e COn que Ri e a pin aba el san o pa ono, y do mi se bajo el es¬ ilado man o, p es ado po Mu illo á la Vi gen Inmaculada! ¡qué di e encia! Apénas ab imos los ojos, el pe iódico de nu e sl o pa ido nos ae la ación de odio bas an e pa a odo el dla - Llegamos de p isa á la o icina como empleados ó como p e¬ sidien es; á la Bolsa como e dugos ó como íc imas; al Pa -