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Máster en Arquitectura y Patrimonio Histórico Escuela Técnica Superior de Arquitectura Universidad de Sevilla Javier Muñoz Godino Mar Loren Méndez Pablo Millán Millán 3 de diciembre de 2020 P a i s a j e s d e a g u a Beas de Segura: caracterización patrimonial y propuesta para un paisaje de interés cultural marph 20-21 AUTOR TUTORES SEVILLA
2 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a 1. Plan investigador. Introducción [6] 1.1. Temática y justificación I. La investigación como parte de la tutela patrimonial II. Emplazamiento: el valle del río Beas 1.2. Objetivos y procedimientos I. Objetivos II. Metodología 1.3. Estado del arte I. Investigaciones sobre los paisajes del agua II. Metodología sobre el paisaje cultural III. Investigaciones sectoriales existentes IV. Fuentes primarias V. Trabajos de investigación propios VI. Experiencias modelo 2. Transformaciones en el paisaje. Marco teórico [30] 2.1. Los paisajes de interés cultural en Andalucía. Metodología 2.2. Manifiesto del Tercer Paisaje 2.3. Cartografías culturales Í N D I C E Máster en Arquitectura y Patrimonio Histórico Escuela Técnica Superior de Arquitectura Universidad de Sevilla TRABAJO FIN DE MÁSTER Paisajes de agua Beas de Segura: caracterización patrimonial y propuesta para un paisaje cultural AUTOR Javier Muñoz Godino TUTORES Mar Loren Méndez, HUM-666 Pablo Millán Millán, HUM-958 SEVILLA 3 de diciembre de 2020 marph 20-21 Imagen de la portada Planta de represas en la zona alta del río Beas a su entrada a la villa. Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir
3 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a 3. Paisajes de agua: Beas de Segura. Marco analítico [41] 3.1. Dimensión temporal del paisaje 3.2. Territorio y medio físico I. Sección hídrica II. Sección geomorfológica 3.3. Procesos históricos y socioeconómicos I. Evolución urbana de Beas de Segura II. Agricultura y ganadería III. La producción del pan y del aceite: molinos y almazaras IV. Industria textil: batanes y tenerías V. La Provincia Marítima de Segura 3.4. Interacción y adaptación: naturaleza y asentamiento I. Un paisaje de huertas II. Inundaciones: sistemas de defensa de agua 3.5. Recursos patrimoniales I. Elementos y arquitecturas del agua II. Fortaleza de la Villavieja III. Monasterio de San José del Salvador IV. Cementerio de San Lorenzo 3.6. Imagen proyectada I. Información turística e institucional II. Toponimia III. Manifestaciones artísticas IV. Repercusión social V. Catálogos 3.7. Marco normativo vigente 4. Protección patrimonial del paisaje. Marco propositivo [114] 4.1. Propuesta de Paisaje de Interés Cultural I. Actualización de la Demarcación paisajística de Cazorla, Segura y La Sagra 4.2. Recomendaciones: gestión y planeamiento 4.3. Repercusión de la investigación I. Plan Director del castillo de Beas y la fortaleza de la Villavieja II. Rutas guiadas por el paisaje del agua de Beas III. Inclusión en catálogos 5. El agua como generador del paisaje. Conclusiones [137] Bibliografía [141] Atlas cartográficos [146]
4 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a ABSTRACT Water landscapes is a concept that gathers those territories in which historically water has developed a decisive role in their structure and cultural form, and eventually transforming their socio-economical processes, settlement adjustments to the environment, heritage resources, together with their inhabitant’s self identity. The main landscape generator element in the Beas river valley and the municipality of Beas de Segura (Jaén) is water: since the village genesis it has determined its location, urbanism, social model, architectures or economies, just as its productive and destructive processes. However, nowadays these elements show an apathetical and declining situation on the behalf of the village, which is slowly losing the memory of its landscape. Departing from a detailed process of characterization and significance of the distinguishing case study values, it is proposed to be included in the Register of Landscapes of Cultural Interest in Andalusia, as part of an enhancement strategy and patrimonial reactivation concerning water infrastructures and architectures, and its settlement perception and involvement. Nonetheless, it contributes to a new heritage approach that goes beyond the object and focuses in the way of inhabiting and perceiving the territory.
5 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a RESUMEN Paisajes de agua es un concepto que recoge aquellos territorios en los que el agua ha ejercido históricamente un papel determinante en su estructura y forma cultural, hasta el punto de transformar e influir en sus procesos socioeconómicos, en la adaptación del asentamiento al medio, en sus recursos patrimoniales, así como en la propia identidad de sus habitantes. El principal elemento generador del paisaje existente en el valle del río Beas y del municipio de Beas de Segura (Jaén) es el agua: desde la formación del pueblo ha determinado su ubicación, urbanismo, modelo social, arquitecturas o economía, así como sus procesos productivos y destructivos. Sin embargo, a día de hoy estos elementos muestran una situación de deterioro y desidia por parte de la población, que está perdiendo lentamente la memoria del paisaje. A partir de un detallado proceso de caracterización y significación de los valores que singularizan el caso de estudio, se propone su inclusión en el Registro de Paisajes de Interés Cultural de Andalucía, como parte de una estrategia de puesta en valor y reactivación patrimonial de las arquitecturas e infraestructuras del agua, y de la percepción e implicación comunitaria en el lugar. De esta forma se contribuye a la conformación de una nueva mirada patrimonial que va más allá del objeto y se centra en la forma de habitar y percibir el territorio.
6 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a La presente investigación constituye el Trabajo Fin de Máster (TFM) del Máster en Arquitectura y Patrimonio Histórico (MARPH) de la Universidad de Sevilla y se enmarca en la Cátedra Unesco Built Urban Heritage CREhAR in the Digital Era (Creative Research and Education on heritage Assessment and Regeneration) de la Universidad de Sevilla. Centrada en la caracterización y recuperación de aquellas categorías patrimoniales más vulnerables debido a su baja protección y apreciación por la sociedad y las instituciones y por tanto en más riesgo de desaparecer, estos paisajes de agua representan un ejemplo de estos patrimonios no excepcionales, frente a los monumentales, que no gozan de una consideración por parte de la comunidad y los entes públicos a cargo de su protección. Así mismo, se desarrolla en el grupo de investigación Ciudad, Arquitectura y Patrimonio Contemporáneo (CAPC). Se adscribe a las siguientes líneas de investigación asociadas al Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico: “Patrimonio como relación entre pasado-presente” y “Acción patrimonial desde lo normativo, legal y administrativo”; ya que versa sobre las transformaciones del paisaje cultural y las estrategias de reconocimiento, protección y puesta en valor existentes o por desarrollar. INTRODUCCIÓN Plan investigador 1.1. Temática y justificación 1.2. Plan investigador 1.3. Estado del arte 1
7 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a El marco de la investigación es la protección y caracterización del paisaje cultural generado por el agua y de los elementos que lo componen. Por la manera en que se manifiesta, la presencia del agua genera en sí misma un paisaje cultural, que condiciona el territorio ya sea por su abundancia o por su escasez: El agua es un elemento vital y constitutivo de nuestro mundo material. Por lo tanto, en su imagen de conjunto resulta ineludible su presencia. Es decir, la percepción de su realidad física en alguna de las formas posibles. Encontraremos numerosas manifestaciones de la naturaleza y del mundo artificial donde el agua es algo manifiesto, visible, buscado y encontrado, por ser tan necesaria, porque es inevitable o es imprescindible. (MOSQUERA, 2011:15) Si pensamos en el territorio resultado de la acción del hombre, es demostrado que se encuentra en constante transformación: está formado por una suma de elementos que a su vez desaparecen o perduran a lo largo del tiempo, entre los que siempre se encuentra el agua como necesidad o como justificación. Todas las culturas tienen en sus mitos fundacionales referencias al agua de una forma u otra, siempre relacionado con el origen de la vida. Un paisaje contemporáneo es ineludiblemente cultural, en tanto surge por la interacción de la acción humana con el medio natural, llevando a cabo esas transformaciones y permanencias. Lo más relevante de estos cambios está en aquellos elementos que no solo persisten, sino que dan forma al territorio del que son parte, estableciendo dinámicas de evolución a partir de sí mismos: los elementos generadores del paisaje, que definen el paisaje por su singularidad, importancia o influencia. Se convierten así en el 1.1. Temática y justificación principal indicador que permite diferenciar lo que se conoce como paisaje de interés cultural. Y, sin lugar a dudas, las formas del agua y sus infraestructuras pueden llegar a considerarse elementos generadores de un territorio. La evolución del paisaje es un proceso necesario y lógico, sin embargo, una transformación sostenible es aquella que responde a los procesos propios del territorio, de tal manera que lo reivindica a la par que lo actualiza. Por ello es necesario que el proyecto de arquitectura –en todas sus escalas– comprenda el equilibrio existente entre los elementos que estructuran un lugar y sea capaz de integrarse en él para poder responder a las demandas de la sociedad en cuanto a pertenencia histórica e identificación cultural. Existe un amplio espectro de elementos entendidos como generadores del territorio y que caracterizan un paisaje: podemos hablar de elementos ligados al material (la piedra arenisca de Villamayor en la ciudad de Salamanca), elementos tipológicos (la vivienda mediterránea almeriense, el jardín en el Albaicín granadino), elementos de origen agrícola (la parcelación en el campo holandés, los latifundios en el olivar jiennense, los molinos mallorquines o los secaderos y acequias en la Vega de Granada), elementos industriales (la arquitectura salinera en San Fernando o Cabo de Gata) e incluso elementos tecnológicos (la iluminación artificial en el paisaje de Las Vegas). No hablamos de objetos patrimoniales aislados, sino de sistemas de elementos diversos capaces de construir paisajes arraigados a su alrededor y que conforman una manera de estructurar el territorio. Así mismo, un mismo paisaje puede estar formado por uno o varios elementos generadores o caracterizadores.
8 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a do, especialmente a partir del siglo XX: la potencialidad de estos recursos merece una recuperación de su memoria y una puesta en valor del paisaje. A esto se une una cuestión logística, la cantidad de documentación archivística pendiente de investigar en relación a esta villa, y un cierto vacío científico en cuanto a la exploración de la comarca de Segura. En un segundo orden, también se justifica la investigación por la escala regional que el paisaje de Segura adquiere en el territorio andaluz a través de sus líneas fluviales y el interés que suscita su situación limítrofe entre la sierra y el valle o depresión del Guadalquivir. Es una representación adecuada de la transformación de los paisajes colindantes y de transición. Constatar y profundizar en el valle del río Beas contribuye a completar el vacío investigador existente en la comarca segureña, dando forma a un corpus de conocimiento de las sierras. El trabajo toma como hipótesis base la importancia del agua como elemento generador de Beas de Segura y la posibilidad de desarrollar una mirada patrimonial multiescalar que sirva como herramienta de planeamiento y transformación del paisaje, estimando imprescindible su caracterización con objeto de facilitar su puesta en valor y el reconocimiento de su interés cultural. Las infraestructuras para el abastecimiento y la canalización del agua, son elementos fundamentales en la ordenación del territorio, imprescindibles para el asentamiento humano. Existen lugares en los que la influencia de estos sistemas es tan decisiva que podemos hablar de paisajes de agua: el conjunto se puede entender desde su lectura como paisaje modelado por las formas y las líneas del agua. Paradigma de este tipo de lugares es la villa de Beas de Segura, en Jaén, caso de estudio elegido en el acercamiento a este paisaje. Las infraestructuras de agua son uno de los elementos generadores de Beas: desde el origen del pueblo hasta la actualidad han condicionado tanto su ubicación fundacional, como su urbanismo, la estructura de la sociedad, la arquitectura o la producción, e incluso sus procesos destructivos por inundaciones. Esta importancia del agua ha venido influida por la configuración del territorio: un valle con numerosos arroyos, acuíferos y cauces que funciona como nexo de unión entre la campiña de los ríos Guadalimar y Guadalquivir y la Sierra de Segura, llamada por algunos autores, “la sierra del agua”. Debido a ello, la villa de Beas conserva una larga tradición y memoria de interacciones con el agua, en términos de patrimonio material e inmaterial. Sin embargo, refleja en la actualidad una situación de cierto olvido e indiferencia por parte de su población, que, de un tiempo a esta parte ha llevado a cabo el desarrollo del pueblo a espaldas de su historia y de su propio paisaje. La necesidad de plantear esta investigación tiene su origen en el reconocimiento del vasto patrimonio relacionado con el agua existente en Beas –construido a través de la canalización, conducción e instrumentalización del agua para tareas de regadío, abastecimiento, producción, urbanismo, etc.– y la pérdida de valor que viene sufrien-
9 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a La investigación como parte de la tutela patrimonial La presentación de esta investigación como Trabajo Final del Máster supone la puesta en práctica del proceso de tutela patrimonial, como conclusión de este proceso de aprendizaje y demostración de competencias adquiridas. La tutela patrimonial es el proceso de recuperación de un bien desde su identificación hasta su puesta en carga y difusión en la sociedad. Representa la metodología adecuada a seguir frente a un bien con valor patrimonial, ya sea este patrimonio de cualquier tipo, material, inmaterial, cultural, etc. De esta forma, hoy día hablamos de cuatro acciones básicas dentro del proceso de gestión tutelar, que son las siguientes: Investigación y producción de conocimiento. Es fundamental como estudio previo donde recopilar y procesar toda la información existente acerca del bien o el conjunto de bienes culturales. Se lleva a cabo en un proceso multidisciplinar dependiente de la naturaleza del bien en cuestión, y en éste debe caracterizarse y definirse adecuadamente el elemento de estudio. Protección. Tomando como punto de partida la caracterización y el conocimiento obtenido, se debe determinar el nivel de protección deseable y necesario que el bien cultural exige, conociendo los valores patrimoniales que se quieren proteger. Esta protección puede tomar forma a través del planeamiento, las figuras patrimoniales, el reconocimiento cultural, o de otras formas, según se considere conveniente. Conservación y restauración; intervención. Esta fase implica actuar sobre el bien, que puede estar amenazado, deteriorado o sencillamente descuidado. Para ello lo primordial es llevar a cabo una valoración de daños y un plan de actuación que no comprometa la integridad del elemento. Puesta en valor, difusión, comunicación. Como última acción de la tutela, implica la activación social y cultural del bien tutelado, se debe generar la información necesaria para darlo a conocer, permitir que sea interpretado por la sociedad, estudiar la necesidad o no de musealizarlo, o de dinamizarlo culturalmente como infraestructura. Para ello se debe construir un mapa conceptual de sus rasgos y valores que permitan desarrollar un plan que los potencie y active. El presente trabajo se enmarca fundamentalmente en la producción de conocimiento, que se desarrolla activamente en los marcos teórico y analítico. El marco propositivo, no obstante, también avanza ya cuestiones relativas a la protección y reconocimiento del paisaje objeto de estudio, por lo que debe entenderse como un ejercicio de desarrollo de las primeras fases de la tutela patrimonial. Es fundamental tener en cuenta que la investigación cobra sentido cuando forma parte del proceso de la tutela y tiene una aplicación directa en el devenir del bien cultural, como ocurre en esta investigación, al desarrollar la figura del paisaje de interés cultural en base a la caracterización del paisaje previamente realizada. De esta manera, queda el camino establecido para desarrollar posteriormente las tareas de intervención en el paisaje –de gran complejidad al no tratarse de un bien único– y la difusión del paisaje cultural.
16 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Anteriormente al desarrollo analítico y propositivo del trabajo, es necesario conocer qué investigaciones han profundizado previamente sobre las cuestiones que éste pretende abordar, y qué enfoques se han obtenido al respecto. En definitiva, qué otros trabajos, publicaciones, artículos o documentos refieren la temática elegida y cómo la abordan: de qué base teórica y documental partimos, incluyendo fuentes primarias. El estado del arte aborda igualmente experiencias empíricas llevadas a cabo en otros lugares. Del estudio de esta documentación se podrá apoyar el presente trabajo en lo avanzado por autores anteriores, además de mantener abiertas futuras líneas de profundización y de inclusión de aquellas investigaciones que también afectan a la cuestión presente. Son cuantiosos los trabajos y autores que han abordado las temáticas que se refieren, por ello, se seleccionarán las que más interés y aplicación presenten, agrupándose en seis bloques: las investigaciones generales respecto al agua, las investigaciones y documentos sobre los paisajes culturales en el territorio andaluz, las investigaciones o publicaciones sectoriales sobre el agua en Beas de Segura, la relación de fuentes primarias disponibles, los trabajos de investigación realizados por el autor dentro de esta misma línea, y las experiencias modelo sobre paisajes de agua. Investigaciones sobre los paisajes del agua El agua en el territorio andaluz es un elemento estructurante del territorio y del urbanismo, especialmente desde la época de dominación islámica, siendo la Alhambra ejemplo ilustre. Existen numerosos estudios e investigaciones a este respecto, de los que se han seleccionado aquellos de interés en este caso, tomando como premisa el tratamiento de la dimensión paisajística de las infraestructuras de agua. En primer lugar, es necesario destacar las investigaciones de Eduardo Mosquera Adell en torno a la importancia del agua en Andalucía. Se desarrolló la importancia del agua como elemento estructurante en la publicación El agua como factor de identidad patrimonial (2007), junto a María Teresa Pérez Cano y Francisco Javier Robustillo Yagüe. Y destaca especialmente la obra La cultura del agua en la imagen patrimonial de Andalucía (2013). En ella, se caracterizan las múltiples formas del agua en la cultura andaluza, detallando cómo ha influido en esta forma de habitar el territorio y de crear identidad; por lo que resulta de gran interés el estudio de este paisaje a escala regional para comprender las similitudes que puedan existir en la escala local de estudio (Beas de Segura). Se describen una serie de situaciones según el papel que el agua juega: El agua como presencia reproduce la imagen de “bien preciado”: un elemento finito que hay que cuidar, almacenar y no desperdiciar, a pesar de tendencias contemporáneas que olvidan esta conciencia histórica. Se habla de “agua libre” y “agua del hombre”, como podemos observar en la gran tradición andaluza de patios, jardines, palacios o vegas. 1.3. Estado del arte
17 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a El agua es modelador natural del soporte territorial andaluz, puesto que, desde las sierras hasta los valles fluviales, en la mayoría de ocasiones este elemento ha sido clave fundacional de los enclaves urbanos y de los territorios productivos, y sigue siendo a día de hoy rasgo caracterizador de muchas de nuestras ciudades o pueblos. El río Beas ha sido el modelador natural del valle y de la propia villa, como se observa en el marco analítico. A su vez, el agua modelada por las manos humanas ha sido una herramienta de creación y diseño para el habitar en Andalucía, bien sea como imitación de la naturaleza al dotarla de recorrido, mediante su aprovechamiento por captación o almacenamiento. Igualmente, la técnica ha permitido que el agua cambie sus funciones o se adapte a las necesidades de la sociedad con la construcción de arquitecturas o infraestructuras. Como ejemplo, podemos ver el acueducto de Itálica determinando la trama urbana de la ciudad para abastecer sus arquitecturas, el foso de las Puertas de Tierra en Cádiz para defender la ciudad de las invasiones, el embovedado del Darro o del Tagarete para facilitar el crecimiento urbano, o los aljibes que desde época islámica almacenan el agua de consumo en las ciudades. Desde el punto de vista contrario, no siempre el agua sirve como herramienta defensiva, sino que también puede ser necesario defenderse de ella. Muchas de las presas reguladoras, compuertas o desvíos de ríos se han realizado con esa función, para evitar inundaciones, como las que asolaron Sevilla, o también Córdoba y Granada. Esta cuestión se repite particularmente en el caso de Beas de Segura, como veremos más adelante. El agua como vehículo de comunicación, a través “del carácter navegable de sus ríos atlánticos, el Guadalquivir, el Guadalete, el Tinto y el Odiel, el Guadiana” (MOSQUERA, 2011: 37) es otro aspecto que también se repite en el paisaje del río Beas, gracias al transporte de maderas por los cauces para abastecer al Real Negociado de Maderas de Segura y a la Provincia Marítima de Segura, principalmente por el río Guadalimar. Especialmente importante para el caso de estudio es recordar el papel del agua como material de construcción, no tanto en la intimidad de los patios y las viviendas andaluces, sino como cualificador del espacio público, que encuentra su “calidad” en plazas de agua, ya sea en forma de láminas, albercas, pozos o fuentes en su mayoría actualmente. La “jerarquía” del espacio urbano a través de estos elementos ordenadores y de encuentro social, de nuevo como ha sido tradicionalmente en la villa histórica de Beas. Sin olvidar, la importancia del agua en la producción, siendo la energía que mueve los molinos, las aceñas, los batanes y las almazaras. Podemos hablar de poblaciones que definen ejemplarmente su imagen en razón del binomio agua natural y agua conducida y utilizada por el hombre, constituyendo micropaisajes culturales del agua dentro de geografías incluso espectaculares. (MOSQUERA, 2011:67) Fig. 2 y 3. La Alhambra de Granada, un paisaje de agua. Fuente: Patronato de la Alhambra
18 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Así mismo, es de gran interés la trayectoria profesional e investigadora del profesor Francisco Granero Martín, que comienza en 1985 con una serie de inventarios de las fuentes públicas y surtidores de la provincia de Sevilla o la propuesta de rehabilitación en 1999 del conjunto de la arquitectura del agua en Baleizâo (Portugal). Paralelamente, publica una serie de investigaciones de gran interés en torno a la temática del agua: Influencias territoriales de la Arquitectura del Agua. Sistemas de Abastecimiento (1992), Arquitecturas del Agua en el Territorio. Sistemas de Abastecimiento y defensa (1992), AGUA Y CIUDAD. Análisis de Estrategias y procesos de Planificación. Quince a Diecinueve (2002) y finalmente, AGUA Y TERRITORIO. Arquitectura y Paisaje (2003). En todos estos trabajos, se hace hincapié en la relación que existe en el territorio entre agua y arquitectura, y el paisaje que se genera cuando aparecen infraestructuras dedicadas al abastecimiento o a la defensa, siendo las dos principales funciones que ha representado históricamente. También el autor hace una cerrada defensa acerca de la utilización del agua en los proyectos de arquitectura, no como algo pintoresco, sino como algo justificado, reflexionado y pertinente cuando el contexto así lo sugiere, o lo reconoce. Se recogen también, respecto a procesos de planificación, un pormenorizado estudio histórico-urbanístico sobre cómo el agua ha sido un elemento determinante en la planificación de muchas urbes, como por ejemplo en Latinoamérica entre los siglos XV y XIX. La obra AGUA Y TERRITORIO será la que condense el pensamiento generado a partir de las investigaciones previas, donde se detallan las relaciones entre agua y arquitectura y cómo este elemento provoca transformaciones en el espacio. Estas transformaciones son las que producen el asentamiento humano en un paisaje, y generan un paisaje cultural: articulan el territorio. Igualmente, se reseñan las investigaciones de José Castillo Ruiz en relación a los paisajes agrícolas, su abastecimiento, y la importancia de las acequias e infraestructuras hidráulicas, realizadas principalmente sobre la Vega de Granada (La Vega de Granada. Construcción cultural de un paisaje a través de la actividad agraria, 2010). Este trabajo da lugar a la Carta de Baeza, auspiciada por la Universidad Internacional de Andalucía y de autoría múltiple, coordinada por José Castill. En ella se busca definir y acotar el significado de lo agrícola en la sociedad, y, especialmente, abogar por medidas de protección y puesta en valor que eviten su desaparición. Si bien no refiere explícitamente al agua como protagonista, es indiscutible la necesaria complicidad de este elemento para el surgimiento del paisaje agrario, especialmente en los bienes que la Carta define como “bienes inmuebles de conjunto o lineales (paisajes, asentamientos rurales, sistemas de riego, agroecosistemas singulares, vías pecuarias, caminos, etc.)” (CASTILLO, 2013:32). Este patrimonio también requiere del reconocimiento de carácter cultural, puesto que es su esencia compleja y múltiple lo que le otorga el valor propio, no adscribible a un patrimonio inmueble o concreto. La agricultura ha sido una realidad intrínseca de la actividad humana, que ha marcado las sociedades desde la Antigüedad, y como tal debe evaluarse su contribución. En relación al caso de estudio de Beas de Segura, es de interés rescatar uno de los valores que la Carta asocia al patrimonio agrícola: “su
19 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a relación armónica con el territorio, manifestada en un aprovechamiento sostenible y dinámico de los recursos naturales, en una adecuación respetuosa a las condiciones naturales del medio físico y, finalmente, en la mínima afección a las condiciones medioambientales de dicho territorio” (CASTILLO, 2013:35) La Carta de Baeza hace una serie de demandas en materia de protección, de difícil cumplimiento en la actualidad al tratarse la agricultura de una actividad económica primordial y necesitada de constante actualización, pero que pueden servir de base para una puesta en valor de este patrimonio cultural de una forma compatible con los intereses de los agricultores e implicados del sector. Concretamente, se demanda un reconocimiento legal del Patrimonio Agrario amparado en una normativa cultural, la elección de la escala territorial como la herramienta de protección y transformación de este paisaje, y así mismo, la compatibilidad con otro tipo de protecciones parciales o individuales que puedan otorgarse a elementos concretos. Singularmente, conviene referir el trabajo Huellas de identidad, del profesor Juan Domingo Santos, donde se aborda un caso particular: la recuperación de un antiguo molino de agua para la construcción de un museo sobre la importancia de dicho elemento en Lanjarón (Granada). La pedagogía de la intervención muestra cómo la estrategia que le da sentido fue la comprensión y el encaje del antiguo molino en la red hídrica del territorio que lo cobijaba. El estudio y conocimiento prematuro de esta actuación ha sido de gran importancia personal en el interés del autor por el agua como herramienta de construcción de paisajes. Finalmente, cabe reseñar artículos de investigación como el del profesor Florencio Zoido Naranjo sobre Los paisajes del agua en Andalucía, donde, más allá de una caracterización histórica del agua como elemento del paisaje transversal a las culturas, se pretende describir qué es un paisaje de agua y denunciar los riesgos a los que están sometidos actualmente, o los constantes abandonos y pérdidas que se han sufrido en nuestra comunidad. Si bien es cierto que desde que fue publicada hasta la actualidad, se han producido avances reseñables, muchos de los riesgos que se describían siguen siendo de actualidad. La retrospección histórica que introduce el artículo nos muestra cómo el agua siempre se ha asociado a los lugares idílicos y soñados (el locus amoenus latino), tales como “el pozo, la vera del manantial, las orillas del río, los frondosos sotos, los verdes valles que el agua recorre, las vegas y huertas ubérrimas” (ZOIDO, 2006: 4). Estos paisajes en los que el agua aparece recogida, canalizada o contenida son habituales en el clima seco andaluz, debido a su ascendencia islámica, cuya cultura siempre tuvo en el agua el objetivo primario del asentamiento, y procuró darle un estatus digno en su urbanismo y arquitectura. Sin embargo, la importancia que tienen estos paisajes en Andalucía no se corresponde con la cantidad de amenazas que siguen cerniéndose sobre ellos: son paisajes muy alterados precisamente debido al delicado equilibrio en el que se encuentran. En primer lugar, la desecación y el cambio de clima están consiguiendo que lugares donde el agua brotaba con naturalidad ahora requieran de sistemas de apoyo o de inversiones específicas para continuar funcionando; también el turismo y el aprovechamiento de Fig. 4. Paisaje del olivar en el valle del Guadalquivir. Fuente: Carta de Baeza Fig. 6. Aljibe de riego en el Cortijo del Fraile. Fuente: Carta de Baeza Fig. 5. Acequia de tierra en la Vega de Granada. Fuente: Carta de Baeza
20 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a los espacios naturales así mismo, las nuevas técnicas agrarias (regadíos optimizados, invernaderos) transforman estos paisajes al hacer inútiles las infraestructuras que históricamente los habían abastecido. Cuando estas infraestructuras dejan de ser necesarias para la producción, caen irremediablemente en el abandono. Afortunadamente, como se detalla en el presente trabajo, la figura del paisaje de interés cultural ha sido ya desarrollada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, y poco a poco se asienta la importancia de este patrimonio para con la cultura andaluza. Sin embargo, aún no se ha invertido la dinámica transformadora a la que refiere Zoido Naranjo y que ha venido alterando la configuración de estos paisajes tan cotidianos, para los que no se han desarrollado criterios de intervención o modernización homogéneos. Muchos de ellos han desaparecido, siendo los paisajes agrarios los más castigados por su vocación productiva y funcional, excepto aquellos en los que se han llevado a cabo actuaciones públicas para proteger enclaves singulares. Metodología sobre el paisaje cultural El paisaje cultural, o paisaje de interés cultural es una figura patrimonial que refiere a “lugares en los que la acción humana en el territorio ha producido y conservado paisajes que ilustran singularmente una forma de habitar, de usar, o simplemente de percibir el territorio por parte de las sociedades a lo largo del tiempo y que muestra su capacidad de adaptación a determinadas condiciones naturales y sociales” (FERNÁNDEZ CACHO, 2018:66), y, por lo tanto, desde hace años está siendo estudiada y caracterizada por los investigadores. El presente trabajo pone el foco en la labor y metodología desarrollada en el ámbito del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), que, con sucesivas publicaciones ha acotado el concepto, proponiendo métodos de acercamiento y estudio. Encuentra su precedente inmediato en el Convenio Europeo del Paisaje, que fue el primer texto vinculante que se realizó con alcance continental para poner en valor un elemento tan fundamental en la vida humana como es el paisaje. Se redactó en el año 2000 en Florencia, entrando en vigor en el 2004, e incluyendo actualmente a 37 países adheridos. Se actualiza la definición del término: “por paisaje se entenderá cualquier parte del territorio tal como la percibe la población, cuyo carácter sea el resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos” (CONSEJO DE EUROPA, 2000:2). De este reconocimiento surgen los propios objetivos del documento, como son la protección de los paisajes, su gestión y ordenación, y la necesidad de establecer una estrategia común europea basada en la colaboración.
21 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a El texto registra el cambio de entender el paisaje como patrimonio, y pone especial énfasis en un elemento clave hasta ahora desdeñado: la población, los usuarios y habitantes de un paisaje. Es la población la que otorga al territorio la categoría de paisaje (o paisajes) por su manera de vivirlo y de percibirlo; de igual manera, es la sociedad quién debe responsabilizarse del cuidado y de la valoración del mismo. Destaca la aparición no explícita del concepto de percepción. La percepción no deja de ser una imagen mental o una configuración interior que obtenemos a través de los sentidos de la realidad material que nos rodea, pero es indudablemente una cuestión que afecta a nuestro estado de ánimo o a nuestro bienestar en sentido amplio, al pasar de lo sensorial a lo mental. No es lo mismo encontrarse en un bosque, en una playa, en una vivienda, o en un túnel. Cada escenario paisajístico implica unas connotaciones para la persona que condicionan su manera de vivir, en definitiva. Y aquí aparece el matiz clave que aporta el Convenio: la percepción no es exclusiva de expertos, paisajistas, estudiosos del patrimonio o arquitectos, cualquier persona percibe (cualquier ser vivo en sentido amplio); por tanto, cualquier ser humano está obligado a implicarse en el paisaje que habita. La acción sobre el paisaje debe llegar e incluir a toda la sociedad, no únicamente a los ámbitos especializados. A partir de la firma del Convenio, la aplicación de los conceptos del paisaje cultural en Andalucía exigía unas bases metodológicas y territoriales que se empezaron a sentar con los trabajos que llevó a cabo el equipo del IAPH formado por Silvia Fernández Cacho, Víctor Fernández Salinas, Elodia Hernández León, Esther López Martín, Victoria Quintero Morón, José María Rodrigo Cámara y Daniel Zarza Ballugera. En el año 2008 se publicó en el boletín del Instituto el texto Caracterización patrimonial del mapa de paisajes de Andalucía, donde se muestra la división del territorio andaluz en las llamadas “demarcaciones paisajísticas”, hasta un total de 32: estas áreas corresponden a las diferentes tipologías de paisaje en amplio espectro en los que se puede dividir la comunidad. Se estableció un método de descripción y registro de cada una de ellas, caracterizándolas de manera homogénea para crear un gran mapa andaluz de demarcaciones, que aparecería en la investigación del año 2010 Paisajes y patrimonio cultural en Andalucía. Tiempo, usos e imágenes. Se recogen las fichas de las 32 demarcaciones, convenientemente descritas y caracterizadas. Este proceso cristaliza en la publicación que realizan en el año 2012 José María Rodrigo Cámara, José Manuel Díaz Iglesias, Silvia Fernández Cacho, Víctor Fernández Salinas, Elodia Hernández León, Victoria Quintero Morón, Beatriz González Sancho y Esther López Martín, conjuntamente entre el Instituto, la Universidad de Sevilla y la Universidad Pablo de Olavide. Hablamos del Registro de paisajes de interés cultural de Andalucía (R-PICA). Criterios y Metodología, donde, consolidada ya la división en demarcaciones, se aborda directamente lo que supone un Paisaje de Interés Cultural en Andalucía, cómo se selecciona, qué criterios existen para su identificación y localización, cómo se clasifican y qué relación se establece con los instrumentos de gestión y planeamiento. Tras la elaboración del marco, comienza la divulgación de los contenidos, como se
22 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a hizo en el VI Congreso Internacional de Musealización de Yacimientos Arqueológicos y Patrimonio, en el año 2013, con la ponencia El Paisaje y la dimensión patrimonial del territorio. Valores culturales de los paisajes andaluces, elaborada por el equipo del Instituto (Fernández Cacho, Fernández Salinas, Hernández León, López Martín, Quintero Morón, Rodrigo Cámara). Este trabajo pone una mirada retrospectiva sobre la trayectoria realizada, y también sobre los procesos históricos del paisaje y sus detonantes. A partir de este corpus investigador, han surgido otras cuestiones, como el artículo Uses and historical management of water in the landscapes of cultural interest in Andalusia, de José María Rodrigo Cámara, que relaciona el agua con el paisaje cultural y se detallan las maneras que éste elemento ha tenido para transformar el territorio: abastecimiento, transporte, energía o agricultura. Investigaciones sectoriales existentes A las investigaciones sobre paisaje en amplio espectro se les añaden las publicaciones o trabajos que se han realizado sobre el ámbito específico de estudio, la comarca de Segura, el valle del río Beas y la población de Beas de Segura. El artículo Las inundaciones de Beas de Segura en 1926 (2015), escrito por Francisco Jesús Martínez Asensio y publicado en la revista Argentaria, es, sin duda, esclarecedor respecto a la responsabilidad que el agua ha tenido históricamente sobre la villa beatense, tanto en factor positivo, como en consecuencias negativas, que son las que este texto describe. Se hace una radiografía de los daños provocados por la inundación, las causas que provocaron la misma y el estado de la población. Así mismo, la cronología permite reconstruir los acontecimientos y las medidas que se tomaron, pues fue la Confederación Hidrográfica del río Guadalquivir la que tuvo que intervenir directamente desde su sección en Córdoba. Estas inundaciones fueron el germen del posterior proyecto de defensas de Beas, que generó dos canales-muralla para proteger la población. En segundo lugar, es de gran interés la Tesis Doctoral La provincia marítima de Segura (1733-1836) (2018) obra de Vicente Ruiz García. En ésta se recogen de forma fidedigna y detallada las relaciones comerciales que se establecieron entre la Sierra de Segura y las principales ciudades andaluzas a cuenta de la importación de madera, obtenidas de los archivos de la Marina Española. Gracias al paisaje fluvial de los ríos Guadalimar y Guadalquivir se pudieron transportar las maderadas río abajo, llegando a
23 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a utilizarse activamente durante los siglos XVIII y XIX en edificios como la Real Fábrica Tabacalera de Sevilla o en los astilleros de la Armada en San Fernando. Se constata la implicación de la villa de Beas en la tala de madera y su transporte valle abajo hasta el Guadalimar, cuando la estación lo permitía. Por último, es de gran importancia la obra El Mercado Franco de Beas de Segura (2013), escrito por Antonio Yuste Moreno, cronista oficial de Beas de Segura. En este trabajo no solo recoge el logro que supuso para una villa de este tamaño la otorgación del permiso de comerciar libremente y sin impuestos, sino que contextualiza toda la época moderna en el municipio, que sentaría las bases de su configuración actual en términos de economía, urbanismo y singularidad. Se documentan ampliamente los sectores productivos, y elementos ligados al agua como los molinos, los batanes o los sistemas de riego. Fuentes primarias Además de los trabajos y publicaciones existentes, la parte fundamental del trabajo de investigación reside en el hallazgo de documentación histórica inédita o poco utilizada que se ha llevado a cabo, en colaboración con el Ayuntamiento de Beas de Segura y los archivos provinciales. A pesar de haberse perdido mucha documentación histórica a causa de un incendio en la sede consistorial en el siglo XIX, los diferentes documentos han permitido reconstruir gran parte de ese paisaje local que caracteriza a la villa. La recopilación documental llevada a cabo permite establecer el siguiente mapa: Cartografías y planimetrías • Provincias Marítimas del departamento de Cádiz, 1765. Biblioteca Nacional de Madrid. • Plano de la cabecera del Guadalimar, 1787. Archivo General de la Marina. • Plano topográfico de las campañas de la Guerra de la Independencia, 1809. • Grabado de la Orden Carmelita en Beas, 1866. • Planimetría comarca de Beas de Segura, 1897. Instituto Geográfico y Estadístico. • Croquis territorial y cortes geológicos de la región de Beas, 1930. Instituto Geológico y Minero. • Proyecto de ampliación parcial del abastecimiento de agua potable de Beas de Segura (1935). • Esquemas de caminos, fuentes y arroyos Fig. 7, y 8. Documentación histórica: Memorias políticas y económicas (1792), Proyecto de defensa de Beas Segura (1941)
24 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a • Planimetría comarca de Beas de Segura, 1948. Instituto Geográfico y Catastral. • Obras de defensa de Beas de Segura: - 1927 proyecto obras de defensa - 1941-1952 documentación varios años e informe 1941 - 1952 proyecto defensa obras urgentes - 1954 proyecto defensa obras definitivas - 1958 proyecto reformado de defensas - 1962 limpieza de la boca del túnel - 1972 proyecto de reparación canales defensa - 1977-1978 proyecto de reparación canales defensa - 1996 proyecto de reparación canales defensa - 2002 adecuación hidrológico-forestal - 2012 reparación deslizamientos y limpiezas Fotografías • Vistas generales de Beas: 1890, 1910, 1920, 1956, 1970, y sucesivas. • Fotografías de las inundaciones de 1926. • Fotografías del Parque Felipe Arche 1950-1979. • Ortofotografías aéreas del vuelo americano 1956-1957. • Ortofotografías del Instituto Geográfico Nacional. • Vistas de las defensas de agua, 1958. • Planos del proyecto de defensas de agua en su estado actual. • Fotografías variadas de la villa de Beas a lo largo del siglo XX. Documentos • Carta real de Fernando III aprobando el trueque de Veas por parte del obispo de Osma a la Orden de Santiago, 1239. • Carta de Juan de Osma, obispo de Burgos, confirmando la permuta de la villa de Veas a la Orden de Santiago, 1242. • Relaciones Topográficas de Felipe II, 1575. Descripción de la Beas en base a una plantilla de 59 cuestiones. • Población General de España, de Rodrigo Méndez Silva. Descripción de la Villa de Beas, 1675. • Población General de España, Historia Cronológica, de Juan Antonio de Estrada. Descripción de la Villa de Veas, año 1748. • Descripción de los pueblos del Campo de Montiel por la Orden de Santiago, del año 1773. • Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España, de Eugenio Larruga. Descripción de Beas, 1792. • Suplemento al Diccionario Geográfico-estadístico de España y Portugal, de Sebastián de Miñano. Descripción de Beas, 1829. • Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, de Pascual Madoz. Descripción de Beas de Segura, 1846-1850. • Libro de acuerdos del Ayuntamiento de Beas de Segura. Extractos 1869-1879. • Memoria de proyecto de ampliación parcial del abastecimiento de agua potable de Beas de Segura (1935)
25 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a • Memorias de las obras de defensa de Beas de Segura: - 1927 proyecto obras de defensa - 1941-1952 documentación varios años e informe 1941 - 1952 proyecto defensa obras urgentes - 1954 proyecto defensa obras definitivas - 1958 proyecto reformado de defensas - 1959 proyecto modificación de precios - 1962 limpieza de la boca del túnel - 1965 segunda propuesta de modificación de precios - 1972 proyecto de reparación canales defensa - 1977-1978 proyecto de reparación canales defensa - 1996 proyecto de reparación canales defensa - 2002 adecuación hidrológico-forestal - 2012 reparación deslizamientos y limpiezas • Informe sobre el abastecimiento de aguas a Beas de Segura, 1951. • Estudio del flujo del río Beas en el entorno del extremo de aguas abajo de su tramo canalizado a lo largo de la ciudad de Beas de Segura, 2020 Trabajos de investigación propios La elección de Beas de Segura como caso de estudio no es casual, ya que la investigación sobre los Paisajes de Agua por parte del autor es anterior al presente trabajo, que no busca sino dar continuidad y avanzar en dicha metodología e incorporarse a una mirada reflexiva general. Por ello es necesario referenciar las investigaciones Las aguas de Aynadamar (MUÑOZ, 2017), en torno a esta acequia que funcionaba como línea de abastecimiento del Albaicín, en Granada y Las acequias del río Darro (MUÑOZ, 2018), sobre las derivaciones y tomas de agua que se le practican a dicho río para convertir el territorio Alhambra y el Bajo Albaicín en un gran vergel. Ambas conforman antecedentes metodológicos de la investigación actual. Como ya se reseñaba, las arquitecturas e infraestructuras del agua son inherentes al asentamiento humano en cualquier cultura, no obstante, es en las civilizaciones procedentes de climas cálidos y secos donde se convierten en la parte fundamental de la ocupación del territorio. Por ello Andalucía es un territorio idóneo para llevar a cabo una investigación acerca de este paisaje, allí donde la mano humana ha sabido convertir los lugares de sequía en otros de naturaleza y frescor, tal y como revelaba Washington Irving en su visita a estas tierras a finales del siglo XIX: “pero tal es la naturaleza de España; agreste y dura desde el momento en que carece de cultivo; donde el desierto y el jardín se encuentran siempre el uno al lado del otro” (IRVING, 2007:24). La acequia de Aynadamar es una muestra de las relaciones entre agua y paisaje-ciudad en una escala territorial. Esta investigación pertenece al Trabajo Fin de Máster (TFM) del Máster Habilitante en Arquitectura, Intervención en la Muralla Zirí del Albaicín de Gra-
32 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a sobre una fotografía enorme hecha de madera y acero. El aire vidrioso de Nueva Jersey definía las partes estructurales del monumento mientras yo tomaba instantánea tras instantánea. (SMITHSON, 1993:57-58) No obstante, aunque esta caracterización patrimonial no tiene a día de hoy un complemento normativo o legislativo en la que reflejarse en la normativa andaluza, no es esta el único objetivo de la administración cultural al ofrecer esta figura: Podría decirse que a través del paisaje se abren nuevos caminos de gestión de los bienes culturales, participando de la orientación actual sobre el tratamien- to del patrimonio cultural, que no se dirige como único destino a la creación de delimitaciones para la protección, sino también hacia aspectos relacionados con la educación o didáctica patrimonial, el desarrollo territorial, la participación pública, la gobernanza territorial o, incluso, como clave del bienestar social. Se evoluciona en la inclusión como patrimonio cultural de nuevos tipos o elementos antes ignorados o poco tratados y también hacia la gestión integral de los bienes en el territorio, en las dinámicas de participación, en nuevos modelos de gestión más próximos a la ciudadanía, etc. (RODRIGO, 2012: 67) Se toma como punto de partida el proyecto de “Caracterización patrimonial del mapa de paisajes de Andalucía”, realizado en el año 2008 por técnicos e investigadores del Instituto en colaboración con las Universidades de Sevilla, Pablo de Olavide y Alcalá de Henares. Este proyecto divide el territorio andaluz en 32 demarcaciones paisajísticas, que han sido caracterizadas en fichas incluyendo Fig. 13. Fotografías de los “monumentos”. Fuente: Un paseo por los monumentos de Passaic
33 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a los siguientes datos: identificación, localización, territorio, procesos y actividades socioeconómicos históricos, recursos patrimoniales, y la imagen proyectada. Incluye así mismo los Paisajes de Interés Cultural existentes en cada demarcación, y las valoraciones y recomendaciones básicas a tener presentes en los documentos de planeamiento territorial y urbanístico. Todos estos paisajes pasarían a formar el Registro de Paisajes de Interés Cultural de Andalucía (R-PICA), para lo que se define la metodología adecuada en cuanto a incluir un paisaje en dicho registro o caracterizar las nuevas incorporaciones. El texto aborda las cuestiones fundamentales: criterios de selección, criterios de delimitación, escala territorial, clasificación, descripción, esquema de implantación, e instrumentos de protección y ordenación. Por criterios de selección o filtrado, se establecen tres cuestiones básicas que deberán cumplirse por cada paisaje: una escala patrimonial que permita homogeneidad en la caracterización, un patrimonio cultural representativo y unas cualidades perceptivo formales singulares (RODRIGO, 2012: 68). En cuanto a criterios de localización y delimitación, la propia concepción de este paisaje aconseja huir de límites definidos y apostar por “franjas de transición”, puesto que, como se ha dicho, no existe una asociación directa con cuestiones legalistas que precisen de un ámbito exacto. Especialmente relevante es la cuestión de la escala territorial, pues no podemos hacer referencia a paisajes culturales del tamaño de una comarca entera o que ocupen una manzana urbanística, la escala de protección ronda el 1:10.000 o inferiores, y las escalas de reconocimiento territorial deben situarse entre 1:40.000 y 1:50.000, suficientes para caracterizar una unidad paisajística completa. La clasificación de los paisajes atiende a un método enlazado de sistema-tipo-subtipo, por el cual se define la categoría general de cada emplazamiento y las variaciones que pueden existir dentro de ésta. Existen hasta seis sistemas diferentes: sistemas de asentamiento, sistemas de infraestructuras territoriales, sistemas de seguridad y defensa, sistemas de producción y transformación, sistemas de creencias, artes y comunicación y sistemas de referentes geográficos connotados. La descripción también se acota, estableciendo cinco aspectos fundamentales que cada nuevo paisaje que se incorpora al R-PICA debe contener: a) Rasgos justificativos que dan carácter al paisaje b) Determinación de las claves espaciales (naturales y antrópicas) c) Claves históricas que han influido en su conformación d) Usos y actividades e) Referencias en el arte Fig. 14. Los paisajes defensivos de fortalezas. Frecuencia por intensidad de tono de color. Fuente: PH Cuadernos núm. 32
34 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 15. Tabla de clasificación de los paisajes de interés cultural en Andalucía. Fuente: PH Cuadernos núm. 32 Fig. 16. Clasificación espacial de los PIC. Fuente: Revista PH
35 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a A la descripción es necesario añadir un aspecto complementario: el esquema de implantación territorial que organiza cada paisaje y la relación de éste con su entorno. De esta manera, se facilita la comparación entre unos paisajes y otros, estableciendo similitudes, diferencias, o estrategias compartidas. Los esquemas posibles son puntuales (por emplazamiento o por referencia), lineales (por continuidad o por interrelación), en red (por continuidad o por interrelación) o de área (por delimitación o por difusión). Por último, es necesario incluir un análisis de los instrumentos de protección y planeamiento que incluye la normativa vigente a escala subregional, local y subsidiaria para conocer las afecciones que pesan sobre cada uno de los paisajes. Una vez conocido el estado del planeamiento, se ha procedido a estudiar en cada caso las determinaciones que afectan a cada uno. Para ello se han localizado cartográficamente los hechos relevantes a partir de la descripción de los paisajes, y se han estudiado los aspectos generales fundamentales que inciden en ellos. El objetivo del R-PICA no es tanto establecer directrices de protección de los paisajes, ni siquiera la elaboración de un diagnóstico pormenorizado de cada uno de ellos, como realizar un primer intento de clasificación, identificación y descripción. No obstante, el registro no renuncia a establecer, de forma sintética, los valores principales de cada paisaje de interés cultural; una sucinta relación de impactos y amenazas; y unas recomendaciones básicas, tanto para la gestión del propio paisaje, como para ser tenidas en cuenta en la planificación espacial y sectorial. (RODRIGO, 2012:75) Estos trabajos son la base teórica del artículo Uses and historical management of water in the landscapes of cultural interest in Andalusia (2019), por José María Rodrigo Cámara, donde se seleccionan de entre los paisajes de interés cultural reconocidos en el R-PI- CA, aquellos que están relacionados con el agua. El artículo repasa el trabajo metodológico realizado por el Instituto, y la clasificación de paisajes que le permite segregar únicamente los relacionados con el agua. Describe los diferentes tipos de este paisaje que podemos encontrar en Andalucía, dependiendo de la función que el agua adquiere en cada uno de ellos: agua como herramienta para el asentamiento, agua como estrategia defensiva, agua sustento de los cultivos, agua como energía hidráulica y el agua idealizada: Many places acquire the condition of being inhabited only by the virtual disposition and accessibility of water. The Mediterranean irrigated spaces of mountains, valleys and plains are the best known examples of water landscapes signified by their economic function. Many of these landscapes are the support of the ancestral agrarian culture with manifestations of the ethnographic heritage at the highest level of protection. In the framework of the economic function of water uses, traditional technological adaptations for hydraulic conduction or the creation of propulsive energy have provided landscapes in agrarian territories of great heritage value. (RODRIGO, 2019:3-4)
36 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a En resumen, el concepto del paisaje de interés cultural asumido por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico a partir del Convenio Europeo del Paisaje está dotado de una caracterización y una metodología, como se ha descrito, lo que posibilita que pueda aplicarse al caso de estudio elegido en el presente trabajo de investigación: el paisaje de agua de Beas de Segura. De manera complementaria a la metodología de reconocimiento y puesta en valor de los paisajes de interés cultural, la consideración y estudio del Manifiesto del Tercer Paisaje (2004) del jardinero, arquitecto y paisajista francés Gilles Clément aporta el contrapunto necesario para encontrar el difícil equilibrio que debe existir en un paisaje entre la regulación normativa y los procesos naturales. En este texto se plasma con precisión la complejidad y la fugacidad del paisaje contemporáneo al subvertir la concepción tradicional que hacemos del territorio y de sus paisajes, obligando a cambiar la forma de mirar y a tomar una postura crítica respecto a la gestión que de los mismos se realiza. Es relevante incluir estas consideraciones al hablar de un paisaje abierto y en transformación como el del valle del Beas. Cuando Clément habla de tercer paisaje, se refiere en realidad al espacio no ordenado con alevosía, al espacio con origen residual, pero que se puede convertir en un refugio de la diversidad cambiante y dinámica. Estos paisajes surgen de manera “natural” y no exigen la protección administrativa o especializada, sino la connivencia social o ciudadana. No se trata de una reserva (lugar no explotado, por azar o por dificultad) ni de un conjunto primario (reserva de facto), ni siquiera de un residuo (un terreno agrícola, industrial, urbano, turístico o de otro tipo anteriormente explotado que se ha abandonado), si bien en estos elementos reside el origen de lo que pueda llegar a ser un paisaje terciario. El autor lo define así: Podremos descubrir de repente una gran cantidad de espacios indecisos, desprovistos de función, a los que resulta difícil darles un nombre. Este conjunto no pertenece ni al dominio de la sombra ni al de la luz. Está situado en sus márgenes: en 2.2. Manifiesto del Tercer Paisaje Fig. 17. Demarcaciones paisajísticas de Andalucía. Fuente: IAPH
37 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a las orillas de los bosques, a lo largo de las carreteras y de los ríos, en los rincones más olvidados de la cultura. (CLÉMENT, 2004:9) La clave de la aparición del tercer paisaje está por tanto en los residuos además de en los espacios no funcionales; por ejemplo, “en los sectores rurales, los residuos ocupan los relieves accidentados, incompatibles con la maquinaria de explotación, así como todos los restos directamente vinculados con la disposición: lindes de los campos, setos, riberas, bordes de carreteras, etc.” (CLÉMENT, 2004:12), lo que implica que, ante un relieve más pronunciado, aumenta la posibilidad de encontrar residuos, que, dadas las circunstancias adecuadas, pueden transformarse en áreas secundarias, que, si no se incluyen en el planeamiento y se respetan como tales, pasan a ser paisajes terciarios. El relieve contribuye, por tanto, a la extensión de la diversidad. El Tercer Paisaje es el paisaje secundario buscado, el paisaje planeado para no planearse: “el fragmento no decidido del Jardín Planetario” (CLÉMENT, 2004:60). Si recordamos que el caso de estudio de Beas de Segura se ubica en un paisaje de transición entre el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas –es decir, una reserva primaria– y el paisaje planeado de las vegas del Guadalimar, adquiere especial interés la consideración del Tercer paisaje a la hora de intervenir sobre el valle del Beas. Más allá del objetivo de la declaración cultural del paisaje, nos referimos al futuro de la biodiversidad que éste alberga, y de cómo debe planearse (o no). Este territorio precisamente puede funcionar como corredor biológico entre los paisajes que conecta, y facilitar las relaciones de la diversidad, superando el mero límite administrativo entre lo que es reserva (Parque Natural) y el resto del paisaje. Así mismo, la composición topográfica del valle del Beas está formada por un relieve pronunciado que desciende hacia el río, lo que predispone la creación de residuos y su evolución a paisajes secundarios. La propia configuración del monte lo hace mucho más proclive a crear estos espacios que una llanura. Por sí mismos, los residuos no son positivos para la diversidad o para el paisaje, sin embargo, sí lo son si pueden evolucionar hasta ser paisajes secundarios (de una parcela abandonada, a un bosque, por ejemplo), en ciertos casos, y unirse a los paisajes genuinamente terciarios. En los paisajes secundarios y terciarios se da lo que Clément ha venido a llamar “mezcolanza planetaria”, el encuentro de la diversidad planetaria sin las restricciones de protección que puedan existir en los conjuntos primarios. En el extremo contrario, una excesiva antropización del paisaje puede acabar convirtiendo el planeta en un inmenso residuo, como advierte el autor. La transformación productiva que viene ocurriendo en el valle del Beas, tanto de la agricultura hacia el monocultivo como de los tipos de industria, ha fomentado el surgimiento de residuos que pueden llegar a cualificarse como paisaje terciario. Al igual que ocurre en el Convenio Europeo del Paisaje, el Manifiesto del Tercer Paisaje pone el énfasis en la sociedad como garante del mismo: “su mantenimiento no depende de unos sabios sino de la conciencia colectiva” (CLÉMENT, 2004:26), por lo tanto, no debe ser protegido física o legalmente por el sector especializado. Esta ausencia de protección es la que permite que pueda ser futuro biológico, como se ha mencionado anteriormente, ya que no existe un control de su expansión natural y de la diversidad que lo habita, ni tampoco un valor de escala asociado. A esto se une la Fig. 18. Esquemas sobre surgimiento de residuos, continuidad biológica y tipos de límite. Fuente: Manifiesto del Tercer Paisaje
38 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a relación inversamente proporcional entre aumento de la demografía y aumento de los paisajes terciarios: una mayor presión demográfica repercute negativamente en la posibilidad de crear este tipo de zonas, y de mantener la deriva biológica. El fomento del Tercer paisaje en el valle del Beas requiere el consenso social y la conciencia colectiva. Sin embargo, el surgimiento del Tercer paisaje no hace que éste deje de ser un paisaje cultural, mantiene su origen y un valor idéntico, por lo tanto: “aparece en referencia al territorio organizado y en oposición a éste” (CLÉMENT, 2004:57). No tendría sentido hablar de territorio terciario en un paisaje no alterado por el hombre. El autor hace referencia a este espacio como análogo al “inconsciente”, un espacio que está, que crea y diversifica, pero en el que es habitual no reparar. La manera en que este paisaje se relaciona con la sociedad es variable, puesto que puede ser considerado como naturaleza, y en tal caso se produce una “captación” por parte de las instituciones; es decir, se imponen criterios, límites, usos y protección. Por definición, el tercer paisaje no puede ser considerado como patrimonio, pues acabaría desapareciendo: habría de someterse a una protección no natural, mientras que debe ser un espacio que se desarrolle por sí mismo, y por la sociedad, no por unas reglas dictadas por expertos. También puede considerarse como lugar de ocio, lugar improductivo o incluso sagrado e intocable, en cuyo caso se produce un abandono por parte de la institución; este abandono no debe considerarse como algo negativo, sino como algo intrínseco al paisaje. Es esto lo que lo protege: el no ser rentable, el que sea irracional explotarlo o simplemente que resulte incómodo hacerlo. Igualmente se insiste en que este paisaje no debe seguir reglas, ni legales, ni morales ni sociales o políticas, debe crecer en libertad: no es un bien patrimonial a “congelar” sino un “espacio común del futuro” (CLÉMENT, 2004:60). Las mallas urbanas deben ser permeables y permitir los corredores de diversidad, desde la Sierra de Segura hasta las vegas del Guadalimar, que no deben ser límites sino conductores, y que surgen en los márgenes de las ciudades con frecuencia. El texto culmina con el Manifiesto como tal, en el que Clément hace un llamamiento a cambiar la manera recurrente de tratar el paisaje que se ha venido desarrollando: el no ordenamiento no solo es aceptable, sino necesario y positivo para la diversidad y la vida. La ordenación (necesaria) debe encontrar su complementariedad en el paisaje terciario, que tenga capacidad para ofrecer un espacio suficiente para equilibrar la antropización galopante del planeta. Por ello, la traslación de los postulados del manifies- to al caso de estudio permite contraponer el, en ocasiones, precipitado afán regulador a la necesidad de equilibrio del paisaje. Es positivo, necesario y recomendable que el paisaje de agua de Beas de Segura sea caracterizado y reconocido si reúne los requisitos para considerarse como de interés cultural, no obstante, esto no debe fomentar a futuro un excesivo y rígido planeamiento que pretenda convertir cualquier paisaje en una reserva natural.
39 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a La definición de los paisajes culturales, como figura dependiente de cuestiones no solo objetivas sino también subjetivas, como es la importancia de la percepción, ha empezado a demandar una nueva manera de representar el territorio que sea capaz de recoger la complejidad que éste conlleva. Por ello se incluyen en este Marco Teórico algunos apuntes sobre representación no convencional del territorio que puedan servir como referencias a la hora de elaborar cartografías no analíticas. Esta necesidad de innovación no es exclusiva del campo cultural, pues la normalización cartográfica ha venido imponiéndose frente a otras formas históricas de representar el territorio, como ya hizo notar el arquitecto italiano Stefano Boeri: “desde hace tiempo las técnicas de representación y los instrumentos de modificación del territorio registran una inestabilidad crónica respecto a vocabulario y formas de observación; [...] La morfología cenital es un punto de vista que promueve un fuerte “distanciamiento” entre el observador y el territorio reduciendo al primero a una entidad impersonal y externa a su campo de observación, que queda despojado de sus tensiones” (BOERI, 2003:181). Como alternativa, Boeri propone la figura de los atlas eclécticos. Una cartografía de este tipo “propone nuevas maneras de examinar las correspondencias entre espacio y sociedad. [...] Intenta construir representaciones con “múltiples puntos de vista” y observan los territorios en busca de los códigos individuales, locales y múltiples que unen cada vez al observador y a los fenómenos observados” (BOERI, 2003:181). Es decir, parten con la aceptación de la insuficiencia representativa de las técnicas tradicionales y buscan suplir estas carencias con una visión más completa del territorio que permita huir de reduccionismos simplistas, hallar las reglas de funcionamiento de una ciudad y la “tenacidad de sus propios códigos locales”. Apuestan en definitiva por la revalorización de lo específico frente al arrollador impulso generalizador. En un atlas ecléctico hay una lectura de las reglas que estructuran el lugar, así como un dibujo selectivo y proyectual de éste. No corresponde con un modo concreto de cartografía, sino que puede haber muchas maneras de trabajar este tipo de dibujo, como se puede ver en los trabajos de algunos arquitectos que se reseñan a continuación: La lámina como dibujo renacentista de Enric Miralles. Rompe con el paradigma moderno de la sucesión de planos independientes para recuperar la manera de dibujar propia del Renacimiento: un único dibujo en el que la arquitectura se despliega, la lámina. De esta forma, todos los dibujos son autónomos e incluyen una serie de abatimientos y relaciones que buscan captar los matices de lo representado. Las acuarelas de Steven Holl. El trabajo de Steven Holl siempre se ha caracterizado por la investigación sobre las percepciones, la manera de entender el espacio desde su temperatura, su color, su intensidad, su atmósfera, en definitiva. Las acuarelas son un reflejo de esta investigación, una radiografía emocional y personal del territorio, y en los múltiples masterplanes en los que Holl ha intervenido, han sido una herramienta esencial. Los mapas de actividad de Paola di Bello. En La disparition se refleja la activi- 2.3. Cartografías culturales Fig. 19. Lámina de la mesa ines-table. Fuente: El Croquis Fig. 20. Acuarela de Steven Holl. Fuente: El Croquis
40 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a dad, se observa como un mapa en principio plano, ortogonal, pasa a relatar algo tan tangible como es el flujo de viajeros de la línea de metro según qué paradas se desgastan más en el papel, el usuario hace el plano dándole más importancia en éste a lo que la tiene en la realidad. A la “objetividad cenital” se le superpone la actividad humana sobre la ciudad como filtro ecléctico. Los dibujos de palabras de Rem Koolhaas. El mapa de palabras es una estrategia habitual de este arquitecto, acostumbrado a intervenir en contextos remotamente alejados entre sí. De esta manera busca disgregar las variables del lugar y poner un orden comprensible: en ocasiones el lenguaje nos ayuda a la comprensión al tratar de explicar o nombrar ciertos fenómenos. Una estructura en planta se rellena así de palabras que tratan de explicarla. La sección tridimensional de Toyo Ito. Es capaz de mostrar al mismo tiempo muchos sucesos, a pericia a la hora de elegir el corte marca la densidad de relaciones que éste muestra. Este arquitecto siempre ha insistido en la incapacidad contemporánea de leer la ciudad, por ello su método de trabajo incluye esta estrategia de profundización en las dimensiones. Fig. 22. La disparition. Fuente: USE: Uncertain States of Europe Fig. 23. Mapa de palabras de Rem Koolhaas. Fuente: oma.eu Fig. 21. Sección tridimensional de Toyo Ito. Fuente: El Croquis
41 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Beas de Segura es un municipio situado en la provincia de Jaén, Andalucía, en la comarca de la Sierra de Segura, al noreste de la provincia. Limita en sus extremos con Villanueva del Arzobispo al sur, con Chiclana de Segura al oeste, con Arroyo del Ojanco al norte y con Hornos y Segura de la Sierra al este. El valle ha dado muestras de ocupación en época paleolítica, y el asentamiento data de época romana, de lo que da testimonio el Puente Mocho sobre el río Guadalimar. La villa de Beas recoge unas características propias de su paisaje urbano y, a su vez, está íntimamente relacionada con el paisaje natural que la rodea debido a su situación en promontorio. Esta dualidad encuentra su nexo en el agua como elemento modelador de la forma urbana y del territorio natural, convirtiéndose así en el elemento principal de la población: funciona como una suerte de sustrato continuo que condiciona el pueblo desde su fundación hasta la actualidad. El presente trabajo de investigación busca llevar a cabo una caracterización de este paisaje marcado por la constante presencia del agua, de acuerdo a los criterios del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Por ello, se dividirá el marco analítico en seis bloques que recorren la metodología de trabajo que se ha desarrollado para los ya definidos como paisajes de interés cultural: MARCO ANALÍTICO Paisajes de agua: Beas de Segura 3.1. Dimensión temporal del paisaje 3.2. Territorio y medio físico 3.3. Procesos históricos y socioeconómicos 3.4. Interacción y adaptación: naturaleza y asentamiento 3.5. Recursos patrimoniales 3.6. Imagen proyectada 3.7. Marco normativo vigente 3
48 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a 1926), el puente de las Carnicerías (demolido en torno a 1926), el de Barrionuevo (al embovedar el arroyo de la Tobilla, finales del siglo XIX), el de Casas Nuevas (tras la riada de 1926 para evitar colapso) o el puente de Cantarranas. Además de estos puentes que cruzan el río Beas, destaca por encima de todos el Puente Mocho, situado río abajo de la confluencia Beas-Guadalimar. Se trata de un puente de origen romano construido para salvar el río Guadalimar y era el único acceso a Beas desde Castilla (Campo de Montiel), en la conocida como ruta ganadera de “El Paso”. Está construido en piedra caliza –alterna sillares y mampostería– y tiene cinco tramos de arcos de medio punto, siendo uno significativamente de menor tamaño y está construido con aparejo isódomo. Entre los tres tramos del lado derecho y los dos del izquierdo el puente desciende hasta una isleta convirtiéndose en un vado, de tal manera que pueden diferenciarse dos partes. El arco menor está construido sobre un tajamar de la misma piedra. No tiene pretil ni peto en los laterales. Incomprensiblemente, su estado de conservación es muy deficiente por no haber recibido la atención que su calidad arqueológica merece. Además, corre serio riesgo de acabar de arruinarse por causas naturales (por ejemplo, una fuerte avenida del río Guadalimar que, aguas arriba, no está regulado en el tramo que le da nombre, al contrario del brazo del Guadalmena). También fue descrito por Pascual Madoz en el Diccionario geográfico-estadístico-histó- rico de España y sus posesiones de Ultramar de la siguiente forma: “[...] Río Guadalimar, que se haya al oeste una legua de la población, en cuyo sitio tiene un puente bastante estropeado de cinco arcos de piedra de sillería de 200 pies de largo, 15 de ancho y 60 palmos de elevación, salvándolo muchas veces las aguas” (MADOZ 1846-1850: Beas). Las Relaciones Topográficas ya recogen la existencia de muchos de estos puentes en el siglo XVI: “en el dicho río de Guadalimar hay un puente antiguo y principal. Está a una legua de esta villa. Y este rio Veas tiene ocho puentes comunes cercanos a la población, las cuales y el del Guadalimar, son libres de pontaje ni otros derechos, y en ellas nadie tiene señorío, porque son comunes a todos” (VILLEGAS, 1975:47). De donde se deduce que en esta Villa el agua y sus infraestructuras fueron prontamente concebidos como bienes públicos y compartidos, a diferencia de otros lugares donde se asociaba cruzar un puente a un privilegio por el que había que pagar impuestos. Otras infraestructuras de interés en el territorio Beas son las dedicadas a la acumulación del agua que el valle arrastra, destacando dos: la presa de origen romano en la confluencia con el Guadalimar y el aljibe construido en el siglo XX en el barrio de El Calvario. La presa era originalmente un puente de época romana, que permitía atravesar el Beas en su zona más baja. Con el tiempo, la fachada hacia el valle fue desmoronándose mientras la otra se consolidó, permitiendo que en este punto se acumulara agua dedicada al regadío de las múltiples huertas y cultivos que empiezan a proliferar en esta parte del territorio. El aljibe, que se desarrolla con más detalle en el apartado 3.5., recoge las aguas del valle para disponerlas al consumo y abastecimiento de la población beatense, su capacidad y la de los manantiales correspondientes garantiza el suministro en todas las épocas del año. Fig. 27. El río Beas a su entrada en el pueblo. Fuente: elaboración propia
49 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a *Consultar anexo de ATLAS CARTOGRÁFICOS
50 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Sección geomorfológica La singularidad del valle del Beas no reside únicamente en su cuenca fluvial, sino que también la composición geológica del suelo tiene un papel indispensable para garantizar su ya mencionada fertilidad. Es necesario distinguir entre el firme en el fondo del valle, donde tienen lugar las huertas y se encuentran las aguas, del suelo que asciende por laderas y riscos, menos poroso. Los minerales que forman parte de este suelo en el fondo del valle son principalmente calcáreos, en contraposición a la España silícea que ocupa la mitad occidental de la península. Los terrenos calizos son permeables y solubles por el agua; esta solubilidad hace que el tamaño de los conductos de infiltración aumente con el paso del agua a través y, a su vez, el mayor caudal disuelve más material por lo que el proceso se potencia a sí mismo reiniciándose con más intensidad que en el origen: “en esta hoja de Beas el espesor de esta unidad calcárea alcanza un máximo de unos 50 metros” (INSTITUTO, 1972-2003:20). Es decir, aunque en la superficie no se observe una gran acumulación de agua, esta se infiltra bajo tierra y permanece mucho más tiempo en acuíferos o como sustrato, lo que contribuye a explicar la naturaleza porosa, fértil y transpirable que constituye este territorio y la proliferación de acuíferos: El Sector de acuíferos de Beas de Segura es el que aflora dentro de la hoja, tiene una extensión de 135 km2 de los que sólo 54 km2 son permeables. Debido a la existencia de niveles arcillosos, las cotas piezométricas presentan gran dispersión, así como la posición del nivel estático en sondeos. Las cotas más bajas se ubican en el cauce del río Beas donde se localizan un conjunto de manantiales cuya descarga media supera los 30 L/s dentro de los límites de la hoja. (INSTITUTO, 1972-2003:47) Además, dentro de este terreno calizo se ha dado el fenómeno singular de formación de la piedra toba, que se produce debido a la caída de carbonatos procedentes de cuerpos de agua dulce a temperatura ambiente, hecho derivado de la exposición de un terreno como el de Segura a un ciclo lluvioso de cierta constancia y fuerza. El agua que cae de la lluvia al no contener CO2, arrastra los materiales calcáreos depositándolos sobre plantas y musgos al aflorar al exterior, donde cristalizan hasta que la vegetación termina muriendo y deja tras de sí el vaciado poroso que la toba registra en su interior. Agua y piedra se entrelazan dando lugar a este material tan singular y característico de Beas y de sus arquitecturas. Se trata, por tanto, de una roca de formación calcárea y una gran porosidad, al haberse formado con rellenos vegetales de ríos manantiales. En España es posible hallarla tanto en paisajes costeros de la Comunidad Valenciana, Baleares o Murcia como en nacimientos de sistemas fluviales, el Alto Tajo o el Alto Ebro. En el caso de Beas estaríamos en el área de influencia del Alto Guadalquivir. Las terrazas travertínicas aparecen en el río de Beas, en la misma localidad de Beas de Segura. Se trata de un importante afloramiento, dispuesto a modo de terraza y Fig. 28. Esquema tectónico de Beas. Fuente: Instituto Geológico y Minero de España
51 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a disectado por el río por lo que en el frente de su escarpe pueden observarse sus sedimentos. […] A veces se observan niveles detríticos limos, y calcarenitas de origen tobáceo. Al igual que otros travertinos del ámbito mediterráneo, tienen, en su entorno, grandes masas de carbonatos y afloramientos de naturaleza yesífera. (INSTITUTO, 1972-2003:22) La toba puede hallarse en diferentes puntos del valle, pero es especialmente llamativa en la conformación del Tobazo, el gran macizo rocoso sobre el que se erige la fortaleza de la Villavieja, descrita más adelante. Este cerro recogió el origen urbano de la villa, al estar elevado de tal manera que sirviera como defensa frente a ataques y a inundaciones, siendo especialmente visible en la cara sur. Este gran acantilado tobáceo genera dos realidades entrelazadas: el mundo superior, de la gran fortaleza construida sobre roca y la trama urbana que aparece posteriormente; y, en un nivel inferior aún inexplorado en parte, un paisaje cavernario de vacíos y grutas que perfora la roca, por su propio origen poroso. La muestra más visible de la piedra toba es la que encontramos en la arquitectura defensiva de la propia fortaleza de la Villavieja, excavada en la misma roca que hace las veces de cerro, y de donde se extrae el material necesario para construir las murallas y torres de esta fortificación. El resultado, a pesar de las pérdidas morfológicas que acusa el castillo, es impresionante: es difícil distinguir lo que es el acantilado natural de lo que son las murallas creciendo, y se entremezcla aún más cuando las murallas se convierten en soporte de arquitecturas residenciales de corte popular. Se superponen los estratos de roca, fortaleza y vivienda sin solución de continuidad, creando un panorama habitual en ciudades con remanentes medievales sobre los que los nuevos crecimientos se apostillan con naturalidad. Ya en origen de la Villa se generalizaría el uso de la toba como material de construcción, más allá del castillo, lo que permite que en la actualidad aún permanezcan ciertas edificaciones y otros elementos con esta materialidad, tanto dentro de la Villavieja como en el resto de la villa, de tal manera que se produce un “desplazamiento” de la materia rocosa a otras arquitecturas del pueblo. La propia roca del valle ha sido la que ha dado forma a muchas de sus arquitecturas singulares.
52 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Evolución urbana de Beas El proceso de caracterización del valle del Beas necesariamente debe tratar de reconstituir los cambios urbanísticos y morfológicos que ha registrado el municipio, puesto que el río y las corrientes han sido factor influyente en muchos de ellos. No obstante, Beas de Segura, a pesar de tratarse de uno de los principales municipios de la Sierra de Segura, no ha tenido la importancia histórica de otras ciudades como Úbeda, Baeza o Jaén, lo que redunda en un gran vacío planimétrico en comparación a estas. Las pocas cartografías que existen son de escala regional, de uso militar o croquis de uso local, difícilmente conservados. Por lo tanto, para poder recomponer una línea urbana histórica se complementará la poca información planimétrica existente con fotografías o grabados de época que permitan dilucidar los cambios acaecidos en la villa. 1866, Grabado de la orden Carmelita. Se trata de un grabado con hasta escenas que recogen la casuística general de la orden en el municipio de Beas, así como sus atributos fundacionales. La número 2 es la escena principal del grabado, que ocupa el centro y muestra las ruinas del convento de San José del Salvador (Carmelitas Descalzas), posteriormente a la invasión francesa. La escena 3 es, probablemente, la que más interese desde el punto de vista del contexto urbano, pues muestra una vista aérea de la zona baja de la Villa que abarca desde la iglesia conventual hasta el ascenso a la Villavieja. En el centro de la imagen se localizan la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (en estado ruinoso) con su reconocible campanario y la Casa de la Audiencia. En la parte posterior del frente, se muestran la Casa de los Sandovales y el ascenso a la Villavieja, que se muestra como un camino prácticamente exento de edificaciones que llega hasta el montículo que corona el barrio. De extenderse la vista hacia el sur, deberían aparecer los restos de Santa María de la Villa, pero no la ermita de la Virgen de la Paz, cuya fundación se data en 1873. Por lo tanto, en esta imagen podemos comprobar que en el siglo XIX el entorno de la Villavieja seguía virgen en cuanto a construcciones residenciales, desde la destrucción de las murallas tras la invasión francesa, de las que únicamente quedaban restos. En el fragmento 10 encontramos el receptáculo de la fuente de San Alberto, que se localiza en el interior del convento, y a la que se le atribuyen propiedades curativas. La morfología de la fuente, en una doble arcada en el muro, recuerda a la fuente de la Queva, en la zona baja de la Villa. Finales del siglo XIX, antigua vista de Beas. Se trata de una de las primeras fotografías que se conservan de la villa de Beas, tomada desde el cerro del Sol, en la zona donde actualmente se desarrolla el Chorraero. En ella se observa que la extensión urbana no alcanza la parte alta del pueblo como en la actualidad: la calle Saenz de Quejana es inexistente. Aparecen edificaciones aisladas en torno al Cantón del Toledillo, que comienza a formalizarse como el barrio alto por encima de la Villavieja. Destaca la figura de la ermita de la Virgen de la Paz, coronando el barrio de la Villa, apareciendo por primera vez, lo que confirma que hablamos de una imagen posterior a 1873. 3.3. Procesos históricos y socioeconómicos
53 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a 1880, Plano de la villa de Beas. Se observa un núcleo urbano muy similar al registrado durante la época moderna, lo que coincide con los años de estancamiento económico pasados. El río Beas es totalmente tangente a la trasera de las edificaciones de ribera, puesto que no existen aún las amplias zonas libres que surgirán a mediados del siglo XX. El arroyo de la Tobilla aparece descubierto y cruzado por un puente. Especialmente relevante es el registro de las fuentes: aparecen las dos fuentes de la plaza del Mercado (actual Constitución), una fuente principal en la Plaza Nueva, una fuente junto a la iglesia de la Anunciación, una fuente en la Plazuela, otra en el barrio del Toledillo y la fuente de la zona de Casas Nuevas. 1897, Mapa del Instituto Geográfico y Estadístico. Se trata de un mapa por páginas de la provincia de Jaén, el cual, en la hoja 886, recoge las aguas altas del Guadalimar y la Puerta de Segura. Se observa a escala 1/50.000 el área que incluye Castellar de Santisteban, Villanueva del Arzobispo, Chiclana y la propia Beas. El plano marca esencialmente topografía, líneas de agua, formas urbanas y toponimia, así como caminos y vegetación. Aparecen gran cantidad de los arroyos que descienden hacia el río Beas, y se observa perfectamente la configuración del valle, así como la zona fértil o agrícola. También aparecen topónimos relacionados con las aguas, como el camino de las Albercas, y la localización de algunos de los molinos. En cuanto a la morfología urbana, se observa como el pueblo mantiene su centro en la Villavieja, aunque existe una extensión hacia la plaza del Mercado, siguiendo la traza del río hasta la altura del convento de San Francisco. Se reconoce una primera extensión de la Villa hacia la ribera sur del río, la zona de Casas Nuevas y Valparaíso, que se acentuará conforme avance el siglo XX: el río continúa siendo el principal condicionante urbano. 1910, Portfolio fotográfico de Andalucía, nº 28, Villacarrillo. Este cuaderno publica imágenes de los pueblos situados en el partido judicial de Villacarrillo, entre los cuales se encuentra Beas. Está tomada desde la ribera sur y se observa como el río seguía siendo una trasera de la ciudad, al no haber frente urbano hacia esta fachada y no existir siquiera la alameda actual que da forma al Parque, puesto que el río avanza a ras de las traseras. Más aún, las edificaciones se cierran al río con tapias o pocos huecos para evitar las riadas o crecidas del río, que eran habituales al encontrarse cerca. Hasta este punto, el crecimiento urbanístico sigue siendo desde el núcleo elevado inicial de la Villavieja hacia el río, siguiendo su trazado. 1920, Planos esquemáticos de Beas. Se trata de una serie de esquemas que dibujan el entorno inmediato del municipio, dejando en blanco la parte urbana y construida del mismo. Se detecta que Casas Nuevas y Cuatro Vientos están apenas urbanizados, pues el núcleo urbano se limita a la ribera norte, terminando al este con la zona de la Encomienda, al norte con el Toledillo y al oeste con el primigenio barrio de San Francisco. Si bien los esquemas no muestran el interior del centro urbano, sí recogen los oficios, industrias y equipamientos perimetrales al municipio, que se organizan en su mayoría a lo largo del río: teatro, matadero, molinos o almazaras. Aparecen industrias como Fig. 29 y 30. Fuente de San Alberto y vista de Beas. Fuente: Ayuntamiento de Beas de Segura
54 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 31. Plano de Beas, 1880. Fuente: Ayto. de Beas de Segura
55 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a la almazara de San Francisco en el Angosto, otra almazara en la parte alta del río, y la fábrica orujera de la Unión Agrícola en la entrada del pueblo, así como el matadero. Estos planos también reflejan la existencia de fuentes públicas esparcidas por el pueblo, en puntos relevantes de su urbanidad, como en la que posteriormente sería plaza de San Marcos. 1935, Plano de abastecimiento de aguas. A raíz de la necesidad de ampliar la red de agua de Beas, se decide trasvasar caudal desde el manantial de La Raja al de la Hermana Francisca, de manera que se pueda rediseñar el sistema de abastecimiento público y privado, como se refleja en esta planimetría. En esta década, hasta el comienzo de la Guerra Civil, Beas experimentó un aumento poblacional que se reflejó en estas nuevas necesidades de suministros. Este plano se analiza profusamente más adelante, sin embargo, el aspecto que más interesa a la urbanística, es que recoge con precisión las formas urbanas: calles, manzanas y terrenos. La edificación se sigue desarrollando en la ribera norte, con previsión ya de construir la carretera, futura calle Saenz de Quejana, al dotarla de línea de abastecimiento. La ribera sur se mantiene de uso principalmente agrícola, atravesada por el camino de las Huertas, paralelo al cauce del río; Casas Nuevas empieza a extenderse hacia Valparaíso y se reconocen equipamientos en esta zona como la Plaza de Abastos y el Teatro. Además, comprobamos que en este momento el cauce del río se mantiene tangente a la trasera de las edificaciones de la calle de la Feria (entonces llamada calle de la República), de modo que no existe aún el Parque. 1945-1946, Vuelo americano serie A. Entre las novedades más relevantes destaca el giro artificial practicado a la trayectoria del río Beas, de tal forma que se libera la gran explanada que habrá de ser el Parque de la Paz, lo que llevará a que la mayoría de edificaciones rehagan fachadas a sur. La zona del centro histórico comienza a consolidarse frente a las variaciones, y la Villavie- ja aparece prácticamente colmatada. La ribera sur comienza a ser objeto de desarrollo urbanístico preparando los terrenos para la construcción. También la barriada de San Isidro a la entrada del pueblo comienza a tomar forma. 1948, Mapa del Instituto Geográfico y Catastral. Una segunda edición del que ya se realizara en 1898, que nos permite ver nuevamente los cambios de la forma urbana a escala regional. Se comprueba la extensión a la ribera sur que se ha mencionado en el vuelo americano, y también el crecimiento de la zona de entrada del pueblo: las nuevas generaciones empiezan a “descender” de la zona elevada del pueblo para asentarse más cerca del río, toda vez que están empezando a llevarse a cabo trabajos para controlar las inundaciones (especialmente virulentas en los años veinte). 1956 aproximadamente, Vista aérea de Beas de Segura. Esta fotografía aérea, seguramente de las primeras que se hacen al municipio, muestra con alta resolución para la época toda la parte del centro histórico de la Villa y el Toledillo. La evolución urbana mantiene la expansión reseñada en los anteriores documentos, viéndose claramente los vacíos en la zona de Santa Isabel, el arroyo de la Tobilla y las huertas del convento de las Hermanas Carmelitas. La villa ha continuado extendiéndose colina arriba, probablemente para alejarse Fig. 32 y 33. Planos cartográficos de la comarca de Beas, años de 1895 y 1948. Fuente: Instituto Geográfico y Catastral
56 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a de los daños producidos por las inundaciones, puesto que no se realizan las obras definitivas de contención hasta esta década. La imagen muestra la arquitectura abigarrada y colmatada del núcleo fundacional, una arquitectura que se adapta a la topografía para ir escalonándose en su acceso ladera arriba, conforme se aleja del río hacia la Villavieja. Se observan edificaciones estrechas y esbeltas de hasta cuatro alturas, lo que permite salvar el desnivel de una calle a otra y muestra el poco tamaño de las parcelas. Se trata de una morfología que recoge las características tipo del pueblo mediterráneo andaluz, en escala, configuración y materiales (revoco de cal, cubierta de teja árabe); una arquitectura sencilla pero bella, de volúmenes bajo la luz. 1959, plaza del Mercado, Vista de Beas desde el cementerio, Vista parcial de Beas. Las tres imágenes ubicadas en este año muestran una imagen de la Villa ya abiertamente extendida siguiendo el nuevo cauce del río, y en proceso de girar sus fachadas hacia la recién creada alameda, la ciudad ya no le da la espalda al río sino que busca abrirse a este espacio verde. El barrio de Santa Isabel y la zona alta aún no han comenzado a edificarse, puesto que sigue siendo una zona de campo y arboledas con un acceso en ladera. El desarrollo urbanístico está cogiendo velocidad en la zona sur, más habitable y accesible, por lo que se priorizan estas cuestiones al no haber una implantación del automóvil entre la población; el barrio de San Marcos es ya una realidad, ascendiendo la ladera sur del valle. 1970, Plaza de la Constitución, Vista parcial de Beas. Las imágenes de la década de los setenta confirman que el desarrollismo no había llegado aún al municipio, pues la arquitectura aún mantiene mayoritariamente el carácter rural y de pequeña escala. La zona de Santa Isabel y la calle Saenz de Quejana siguen siendo terreno natural, aunque se observa que las calles ya están urbanizadas. 1980-1986, Vuelo Nacional. En estos años se produce un desarrollismo asociado a los aumentos demográficos de la década anterior, muchos edificios de la zona nueva se demuelen para construir más alturas y nuevas fachadas. 2000, Vuelo Quinquenal. Beas alcanza su imagen actual. Se consolidan los crecimientos hacia Saenz de Quejana, configurada como arteria rápida del municipio por el flanco norte. Aparecen nuevos barrios siguiendo la carretera y toda la zona del centro histórico y ribera alcanza su madurez urbanística actual. Se observa la urbanización de la zona de Valparaíso, con la canalización del arroyo y la construcción de edificaciones hacia el lado de San Juan. A pesar de la limitada cantidad de planimetrías o documentos gráficos, se puede confirmar que el río Beas ha sido un eje estructurante del urbanismo beatense hasta entrado el siglo XX, cuando ha ido perdiendo importancia en paralelo a la introducción de criterios desarrollistas que ignoran las cuestiones de identidad local. Fig. 34 y 35. Vistas de la plaza de la Constitución, años 1959 y 1970. Fuente: Ayuntamiento de Beas de Segura
57 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 36. Beas a finales del siglo XIX. Fuente: Ayto. de Beas de Segura Fig. 37. Vista de Beas en 1910. Fuente: Portfolio de Andalucía nº28 Fig. 38. Vista de Beas en 1956. Fuente: Ayto. de Beas de Segura Fig. 39. Vuelo americano 1945. Fuente: Instituto Geográfico Nacional Fig. 40. Vista parcial de Beas, 1959. Fuente: Ayto. de Beas de Segura Fig. 41. Vista parcial de Beas, 1970. Fuente: Ayto. de Beas de Segura
64 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a A su vez, los molinos que se conocen del río Beas (a pesar de que algunos no existan hoy día), son los siguientes según el orden de la corriente del río: Molino del Cubo. Se encuentra en el Camino de los Caces, tomando agua del pago de la Aceña, cerca del Puente del Diablo. Se conservan restos. Molino Nuevo. Río abajo respecto al Molino del Cubo, en las Relaciones se identifica como propiedad de Cristóbal de Villalta. Se edificó de manera compartida entre el Concejo y el Comendador, y se construyó sobre un antiguo batán que tenía una buena ubicación junto al río. Se conserva convertido en una vivienda-cortijo. En este punto comienza el caz que llevaba agua a los molinos de Villalta, de la Encomienda, de los Contreras y de la Cruz Verde. Molino de Juan de Villalta. Con dos ruedas harineras, se ubica en el Camino Viejo de Segura, actual calle Cartagena, aunque se encuentra en estado de ruina en la actualidad. Se abastecía de las aguas que llegaban a la fuente del Zangullo. Fue convertido en vivienda y en las esquinas conserva sillería de piedra toba. Molino de la Encomienda. Se encuentra a la salida del arroyo de la Tobilla, hoy embovedado, en origen construido junto a las Casas de la Encomienda. Fue convertido en vivienda en el siglo XIX y se conservan pocos restos, difíciles de detectar. Molino de Juan y Cristóbal Villalta o de los Contreras. Tiene dos ruedas. Se encuentra bajo las edificaciones de la calle Almenas, hacia el río. Es el mejor conservado en la actualidad, incluyendo maquinaria y un acueducto de tres arcadas en el caz. Molino del Concejo o de la Cruz Verde. De una sola piedra, está construido junto a la Fuente de la Cueva. Hay constancia incluso de haberse utilizado como molino desde época romana, puesto que se encontró hace unos años una piedra de molino romano en esa ubicación. En la actualidad está cubierto por las dos viviendas que cubren la fuente, pero se conservan las dos bóvedas inferiores donde se situaba la maquinaria. Aquí terminaba el caz que se conserva en la actualidad, con un pequeño acueducto de tres arcadas para salvar el arroyo de la Tobilla. Molino de Rufina Martínez. Fuera del término urbano de la Villa según las Relaciones Topográficas, lo que hoy día lo situaría entre la plaza de San Marcos y el Hondonero. No se conoce la ubicación exacta. Molino Hondonero. Con dos ruedas harineras, se asociaba la propiedad a Sancho Rodríguez en las Relaciones Topográficas. Se encuentra junto al campo de fútbol, en la trasera dando hacia el río. En la actualidad la cubierta ha comenzado a desmoronarse, por lo que está en riesgo de ruina física inminente, agravada en los últimos quince años. Fig. 44. Molino de las Beatas. Fuente: elaboración propia Fig. 45. Molino medieval en el Guadalimar. Fuente: elaboración propia Fig. 46. Molino de la Cruz Verde o del Concejo. Fuente: elaboración propia
65 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Molino de la Cámara. Se encuentra poco antes de que el río Beas se funda en el Guadalimar. Se le conoce como propietario Pedro Muñoz según las Relaciones. Cronológicamente los más antiguos son el del Cubo, el Nuevo, el de la Villa, el Hondonero y el de la Cámara. Existían además dos molinos de aceite, el Viejo y el Nuevo, edificado en 1480. El paisaje de molinos que recorre el valle del río Beas es de un gran interés patrimonial y etnológico. A pesar de encontrarse la mayoría de ellos en mal estado de conservación, suponen una muestra viva de las actividades productivas vinculadas al agua que existen en la villa. Beas se configura como población construida sobre el monte en lo defensivo y residencial, que, sin embargo, encontraba en el río el sustento y la economía de sus habitantes, gracias a las industrias artesanales que permitían el autoabastecimiento y comercio. La industria textil: batanes y tenerías Junto a la producción del pan en los molinos hidráulicos, la industria textil fue de gran importancia en Beas y ha dejado vestigios de su influencia. De nuevo, la posibilidad de desarrollar este tipo de producción surge gracias al río Beas y sus afluentes, aprovechando la fuerza motriz del agua para enfurtir los paños, y se registra la mayor actividad en el siglo XVI. Un batán es una maquinaria utilizada para golpear un tejido de tal manera que se cerraran las distancias entre costuras, y que se activa por energía hidráulica, al estar asociado a un cauce. Los batanes, a pesar de pertenecer a habitantes del pueblo, debían pagar renta a la Encomienda de la Orden de Santiago. Hoy día se pueden reconocer hasta cinco batanes en la villa, la mayoría en la parte alta, al igual que ocurría con los molinos. En orden la corriente del río hablamos de: Batán de la Aceña. Se encuentra en el pago de la Aceña, cercano al Puente del Diablo. Batán de la Orden. Estaba bajo el Molino Nuevo y pertenecía a la Orden de Santiago, por lo que no debía pagar renta a la Encomienda. En las Relaciones Topográficas se lo nombra como Batán de Francisco Páez. Batanes del camino de la acequia. En el camino que atraviesa desde el barrio de San Juan hasta la bajada del arroyo de Valparaíso se encuentran res- Fig. 47 y 48. Molino de los Contreras y molino de Juan Villalta. Fuente: José Miguel Fernández Cuadros
66 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a tos de hasta tres batanes, todos ellos abastecidos por el agua que esta acequia transporta y que, a través de Valparaíso, vuelve al río de Beas. A la actividad de los batanes, donde se elaboraban prendas de lana, cáñamo, lino o incluso seda, según la calidad que se deseara, hay que sumarle las tintorerías y tenerías que complementaban el oficio batanero coloreando las prendas o elaborando otras mediante el curtido de pieles. Para el oficio tintorero se utilizaban plantas locales: el “zumaque” o “zumaques”. Prácticamente todas las faldas del Cerro de San Juan hacia el Camino de las Tenerías están plagadas de esta planta, de la que se obtenían diferentes colores, según se usara la raíz, hoja o fruto. Respecto a esta floreciente industria reseña Antonio Yuste: “es interesante destacar la inexistencia de batanes en muchas leguas a la redonda, al punto que hasta tiempo después no se completaría el mapa de esta industria textil en la zona con la incorporación destacada de Úbeda y Baeza” (YUSTE, 2014:56-57). La Provincia Marítima de Segura La vía fluvial que se abre desde la Sierra de Segura hasta el Atlántico, y que en el caso de Beas toma forma en la conexión de los ríos Beas-Guadalimar-Guadalquivir fue de gran importancia comercial e industrial, especialmente en lo relativo a tala y transporte de madera de pino salgareño. Desde estos montes se extendía el negocio maderero por todo el territorio andaluz, llegando a constituirse a esta causa en el siglo XVIII la Provincia Marítima de Segura y el Real Negociado de Maderas de Segura. Es necesario reseñar que ya existe constancia de transporte de maderas por los ríos Guadalimar y Guadalquivir desde época medieval, por su uso en determinadas edificaciones como por la mención en crónicas históricas islámicas y posteriormente cristianas. Sin embargo, el periodo comprendido entre los años 1733 y 1836 supuso el de mayor intensidad explotadora de esta madera, con la presencia de las dos instituciones mencionadas. A comienzos del siglo XVIII la construcción de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla hizo saltar las alarmas sobre los altos precios de obtención de madera en la época: se traía madera de pino desde Flandes, pagando gastos tanto de transporte como de impuestos a un país extranjero. Era necesario encontrar una alternativa más asequible para asumir las hercúleas dimensiones de la edificación tabacalera. Fue entonces cuando se recordó que anteriormente ya se había extraído madera en la Sierra de Segura, un pino salgareño de gran calidad, y que, debido a los muchos derechos concedidos a los locales de allá, se había abandonado este comercio.
67 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a A este fin, se activaron los resortes estatales y se decidió reactivar esta vieja ruta comercial a través del agua, lo que reducía los gastos de transporte al ser únicamente necesarios los operarios que conducirían los troncos aguas abajo. Pronto se impondría la “razón de estado” desde la corona borbónica, y se trazó vía libre para la construcción de la Real Fábrica, previa inspección de las maderas in situ: A pesar de las dificultades a lo largo del año 1734 llegó a la capital hispalense la primera maderada compuesta por más de 8000 piezas de pino de todas las medidas. Ante tal abundancia de maderas se pensó en la venta de las sobrantes con el fin de sufragar los gastos de la siguiente pinada sin necesidad de acudir a los caudales de las Rentas del Tabaco y de la Real Hacienda. Así, tal y como se había previsto, al año siguiente arribó la segunda pinada cuyos gastos fueron sufragados por las ventas de maderas en Andújar, Córdoba, Sevilla y otros pueblos, continuando anualmente los derribos a fin de que todos los inviernos se botase una pinada al agua. (RUIZ, 2018:86-87) Cuando fue evidente que la madera traída excedería la requerida por la tabacalera, se empezó a gestar la creación del Real Negociado de Maderas de Segura, que estableció un negocio para vender esta madera desde Sevilla hacia otros puntos de Andalucía, desde pueblos cercanos a la capital hispalense hasta incluso Córdoba o Jaén, aprovechando los correspondientes descensos por los cauces fluviales. El principal foco emisor de madera dentro de la Sierra de Segura fue la propia Segura de la Sierra, en el corazón del bosque de montaña se talaban los troncos y se conducían hasta la cabecera del Guadalimar donde se vertían al agua. Sin embargo, como se demuestra más adelante, también otras partes de la Sierra fueron explotadas por el Negociado y la Armada, incluyendo Beas. El transporte de las maderas era sencillo, se aprovechaban la fuerza descendente del agua para moverlos, por lo que las pinadas descendían normalmente en otoño o invierno, cuando ésta era mayor: En el primer tramo del Guadalimar los maderos discurrían sueltos, casi de uno en uno, arrastrados por la corriente, siendo guiados por los ganchos de los pineros mediante la técnica del barranqueo, salvando las dificultades del terreno. En una conducción de miles de árboles, como eran las de la Marina, las maderas podían ocupar varios kilómetros en el curso alto del río hasta llegar a tramos de mayor anchura. (RUIZ, 2018:164) Una vez la madera llegaba a Sevilla, y satisfechas las necesidades que la Real Fábrica de Tabacos demandaba, se empezó a almacenar en el llamado Almacén del Rey, o de las Maderas de Segura, situado actualmente en la intersección entre las calles Arjona y Segura. La edificación original no tenía las plantas superiores, sino únicamente el zócalo bajo actual, que está perforado por arcadas de gran dimensión para permitir los descargamentos de madera con comodidad. Esta gran planta baja se remata con torreones y pequeños frontones, en la línea estilística del barroco sevillano de la época. Si del mar entraban hacia aguas arriba las novedades, la corriente aguas abajo ayudaba al transporte fácil de troncos y tablas que llegaban de los pinares de la Sierra del Segura, en tierras jiennenses, al dieciochesco Real Almacén de Maderas, próximo al puente de Triana, que era de barcas cuando se hizo el edificio. (MOSQUERA 2011:38) Fig. 49. Real Almacén de Maderas de Segura, siglo XIX. Fuente: Sevilla bajo tus pies Fig. 50. Real Almacén de Maderas de Segura, actualidad. Fuente: Simona Belmondo
68 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Sin embargo, la floreciente empresa del Negociado se vio afectada por los intereses de la Marina, que también tenía un déficit de madera para la construcción de barcos, esenciales para mantener el comercio de Indias y la defensa de los intereses hispánicos. Los astilleros de La Carraca en San Fernando comenzaron a adquirir parte de la madera que llegaba de Segura hasta que, nuevamente por “razón de estado”, exigieron explotar directamente los montes en lugar de pasar por el intermediario del Negociado, con el consiguiente encarecimiento del producto. A este fin, se firma en 1748 la Ordenanza que su Majestad, (Dios le guarde) manda observar para la Cría, Conservación, Plantíos y Corta de los Montes, con especialidad los que están inmediatos a la Mar, y Ríos Navegables. Método, y Reglas que en esta materia deben seguir los Intendentes de Marina, establecidos en los tres Departamentos Ordenanza sobre el fomento y conservación de montes en las costas de la mar, conocida comúnmente como Ordenanza de Montes, en el Palacio del Buen Retiro de Madrid promulgada por el Marqués de la Ensenada. Este nuevo documento dio a la Marina el poder para explotar de manera unilateral los montes de Segura, que pasaron a formar parte del departamento de Cádiz como Provincia Marítima de Segura, junto con el resto de montes andaluces, si bien debía alternar esta explotación con las necesidades del Real Negociado. Así mismo, el documento contiene “79 artículos que instruyen meticulosamente sobre repoblación forestal, inspección y fiscalización de montes, regulación de multas y castigos, y control exhaustivo de los recursos madereros” (RUIZ, 2018:127). La Provincia Marítima estuvo en funcionamiento hasta el primer tercio del siglo XIX, cuando el negocio maderero derivó hacia otras actividades productivas. Se conoce que Beas de Segura estuvo incluida en la jurisdicción de la Provincia por la ampliación que se realizó en 1752 de sus términos y aldeas: La Real Orden de 10 de octubre de 1752 incorporó a partir de entonces y por el este, las demarcaciones de Alcaraz y sus aldeas; por el […]. Poco después, la jurisdicción volvió a ensancharse con la anexión de los términos de Iznatoraf, Chiclana de Segura, Montizón en las Nuevas Poblaciones y Beas de Segura, en la actual provincia de Jaén. (RUIZ, 2018:137) La extracción de madera por parte del Negociado y posteriormente la Marina conllevó cambios sustanciales en la sociedad y la economía de las poblaciones afectadas en Segura, lo que produjo un rechazo generalizado a estas actividades. La Ordenanza de Montes protegía los pinares y desgranaba los procesos de talado y reforestación que debían llevarse a cabo, lo que impedía que se desarrollar actividades agrícolas en estas tierras; es necesario entender que para las poblaciones locales la agricultura era el medio más rentable en términos de autoabastecimiento y venta de productos en el mercado, pues la actividad constructiva de esta comarca no igualaba la de las grandes ciudades. Esto provocó no pocas revueltas locales, protestas, pleitos e incluso una preocupante cantidad de incendios forestales provocados, que no buscaban sino liberar hectáreas de monte para implantar cultivos. De igual forma, los diferentes pueblos y aldeas de la Sierra estaban obligados a garantizar la manutención de los operarios de madera, por lo que parte de los recursos naturales de estas villas eran entregados a los “hombres del rey”, con las consiguientes protestas que esto generaba. Podemos observar este
69 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a tipo de situaciones en dos episodios documentados en Beas: Para ello se volvía a solicitar la colaboración de las villas de la comarca que, nuevamente, mostraban su resistencia a la hora de facilitar los cereales tal y como le sucedió a la Villa de Beas de Segura en el año 1750 cuando se le pidieron 150 fanegas de trigo para el abastecimiento de la pinada de aquel año. Finalmente, en esta ocasión pasaron a ser 80 ya que el alcalde de la localidad esgrimió como impedimento la escasez de la última cosecha. […] Los incendios forestales más espectaculares se declararon el 2 y el 17 de agosto de 1763 en el término de la villa de Beas y llegaron a extenderse hasta el de Segura de la Sierra. Esta brutal actitud era la respuesta de un pueblo desesperado e ignorante que veía a los bosques como el enemigo a combatir; como el impedimento a un progreso inmediato al no poder transformar aquellos paisajes frondosos en pastos y tierras de labor que les permitiera la subsistencia, causando, no obstante, un terrible atentado ecológico contra su medio de vida. Tras la investigación se hallaron a los culpables del desastre, dos vecinos de Beas de Segura. (RUIZ, 2018: 209) En definitiva, las políticas de explotación maderera en la Sierra de Segura contribuyeron a mejorar la protección de los montes y a implantar una política más restrictiva de repoblación, especialmente por parte de la Marina, pues el Real Negociado no era tan cuidadoso a la hora de talar los bosques. En todo momento ambas instituciones fueron percibidas como hostiles por los habitantes de este país, debido a las necesidades a corto y medio plazo, frente a un desarrollo sostenible del paisaje a largo plazo. No obstante, probablemente el hecho más relevante de esta actividad maderera fue la escala regional que alcanzó, como se ha mencionado: los pequeños pueblos de Segura fueron conocidos en Córdoba, Sevilla o Cádiz gracias a sus recursos naturales, y contribuyeron a la construcción de gran cantidad de obra pública y privada a lo largo de su cauce fluvial por Andalucía, tanto en los siglos anteriores a la Provincia Marítima como durante ésta. Abundantes son las referencias anteriores al siglo XVIII respecto al comercio fluvial con las maderas de pino de Segura: se sabe que hubo una línea continua de explotación de estos bosques gracias a los cauces fluviales, en ocasiones combinados con transporte por carretera. Algunas de las registradas son las siguientes: Eduardo Rodríguez Trobajo interpreta que las vigas y tablazón de la techumbre de la Mezquita Aljama de Córdoba, iniciada por Abdrraman I en el 784, procedían de las Sierras de Cazorla y Segura, habiendo sido transportada en maderadas por el Guadalquivir. Al-Zuhri hace referencia al transporte de madera en esta región por el Guadalimar y Guadalquivir hasta Córdoba a donde en tiempos de Abd al Rahman III llegaban los pinos de Cazorla, Segura y Alcaraz. Ya en época cristiana Alfonso X recurrió a la madera del alto Guadalquivir para abastecer las atarazanas de Sevilla y es a partir del siglo XV cuando la denominación “pino de Segura” aparece con regularidad en crónicas y contratos de obras en toda Andalucía. Fig. 51. Provincia Marítima de Segura. Fuente: Vicente Ruiz García
70 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Con la conquista de Granada el pino salgareño de Segura sería empleado en la Alhambra conducido en carretas para la restauración de las Casas Reales en 1497 y en las Armaduras del Partal. Poco antes sabemos que al menos mil pinos de Segura fueron empleados en la construcción de los Reales Alcázares de Córdoba, en un momento que las pinadas de Segura llegaban hasta Sevilla. En las Relaciones Topográficas de Felipe II, la correspondiente a la Puerta de Segura señala que por el río Guadalimar se transportaba “mucha madera para Sevilla y para otras partes desde las sierras de Alcaraz y Segura”. Puente Ariza fue una impresionante obra de ingeniería del Renacimiento, construido entre los años 1564 y 1581 como camino alternativo al de Despeñaperros, bajo diseño de Andrés Vandelvira y con la dirección de obras del cantero Antón Sánchez de Úbeda. La cimbra fue realizada también con maderas de Segura que, lógicamente fueron conducidas por las aguas del Guadalimar hasta dicho lugar. Alonso Morgado en su Historia de Sevilla publicada por primera vez en 1587, ya habla de “la mucha abundancia de los grandes Pinos labrados en las Sierras de Veas y de Segura que por el rio abaxo los traen en Balsas hombres que vienen encima (...)” (RUIZ, 2018: 88, 89, 158, 166) Posteriormente, con la puesta en marcha del Real Negociado de Maderas y de la Provincia Marítima de Segura, existe aún mayor constancia de las ventas y transacciones madereras gracias a la documentación de estas instituciones. Se tiene constancia de las siguientes operaciones: En 1741, el Deán del Cabildo de la Catedral de Córdoba había solicitado una cantidad de madera de los montes de Segura para el arreglo del templo por un importe aproximado de 60.000 reales. Hasta 1762 este edificio albergó las maderas del Real Negociado de Segura que se vendieron, entre otros clientes, al Cabildo de Córdoba para el arreglo de la Catedral, al Hospital de San Antonio Abad de Córdoba, para el arreglo de su iglesia, a las minas de Almadén, a la iglesia de San Andrés de Baeza y a la Catedral de Jaén. En 1764 el cabildo catedralicio de la Colegial de Baeza había pedido 2372 madres y 30 tablas, para las obras de su capilla mayor. […] En tiempos del ministerio de Rubalcaba se había otorgado licencia para cortar maderas con destino a la catedral de Baeza, pero el obispado de aquella localidad empezó a especular en ventas particulares a la ciudad de Jaén. En 1767 fue redactado el fuero de población del proyecto ilustrado elaborado por Campomanes y encomendado a Olavide que regulaba la creación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena. Una empresa más de la Ilustración donde las maderas de Segura también estarían presentes, esta vez para la construcción de los edificios que conformarían aquel grupo de aldeas de calles rectilíneas, pobladas por los colonos alemanes y suizos. Desde los almacenes de Sevilla la madera de Segura se empleó en la construcción
71 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a civil y religiosa, en la edificación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, en la reparación de numerosos conventos e iglesias, en la reparación y construcción de buques mercantes en astilleros privados o en la construcción de tiendas de campaña para el Ejército. La Marina Mercante, la de guerra, la Maestranza de Artillería, la nobleza o el clero fueron algunos de los clientes habituales de esta institución. Galera Andreu cita el contrato entre la Catedral de Jaén y el Concejo de Segura para el envío de maderas comprometiéndose a “embarcar y traer por el río (Guadalimar) hasta el puente de Mengíbar” y “desde allí seguir el transporte hasta Jaén por carretera.” Mientras el Real Negociado de Maderas de Segura contribuía con 20 pinos a las obras de rehabilitación del Real Seminario de Capuchinos de Sanlúcar de Barrameda en el otoño de 1773 concluía en La Carraca la carena de la fragata Santa Catalina, la urca Anónima y por fin el navío San Julián para el que se había empleado los 150 pinos que, finalmente entregó el Real Negociado de Maderas. (RUIZ, 2018: 107, 159, 176, 208, 219, 237, 408,) Por último, sumado a toda esta destinación edificatoria, como es lógico la Marina destinó gran parte de su cuota de madera a los astilleros de La Carraca, en San Fernando. El objetivo fue reconstruir la flota española para poder defender mejor la posición en el Atlántico frente a Inglaterra, Portugal y Francia, con quienes ya había habido ciertas fricciones. De estos astilleros se botaron navíos tan relevantes en la historia naval española como El Carmen, El Poder, El Oriente, el Santa Teresa, El León, el Santa Catalina, la Anónima, el San Julián, la Santísima Trinidad y el Escorial de los Mares. Naturalmente, en la construcción de todos ellos se utilizó la madera de pino salgareño de Segura. Se puede por tanto afirmar que la madera de Segura recorrió gran parte de las obras principales de Andalucía gracias a la facilidad de las conducciones fluviales de los ríos de la sierra, el Guadalimar y el Guadalquivir. Jaén, Córdoba, Sevilla, Cádiz e incluso Granada fueron receptoras de este material de construcción durante muchos siglos, convirtiendo la comarca de Segura en un proveedor natural de madera. Además, la denominación de Sierra del Agua encuentra uno de sus orígenes en esta poderosa industria: “haciendo alusión a los artilugios que funcionaban por la fuerza de la energía hidráulica del caudal de los ríos para aserrar las maderas. Así, la madera se serraba mediante una hoja de movimiento alternativo y los troncos avanzaban hacia la sierra de forma automática por un curioso dispositivo de cadena y trinquete” (RUIZ, 2018: 157). Fig. 52. Navío África, construido en La Carraca con madera de Segura. Fuente: Museo Naval de Madrid
72 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a *Consultar anexo de ATLAS CARTOGRÁFICOS
73 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a La presencia y abundancia de aguas fue el factor determinante para definir el asentamiento de la villa de Beas. Por una parte, la población adaptó su existencia al cultivo del fértil valle generando un paisaje de huertas paralelo al río continuo de un extremo a otro de la cuenca. En la otra cara de la moneda, el agua también trajo problemáticas: con el desarrollo del pueblo en los márgenes del río, comienza una serie histórica de inundaciones con un periodo de 10 o 15 años de forma normalizada, y con otras de mayor gravedad cada 50 o 100 años. Un paisaje de huertas La presencia de huertas y cultivos acompaña al río Beas desde las inmediaciones de las Cuevas de San Ambrosio, si bien la parte más alta del valle en torno a Cañada Catena desarrolla el bosque segureño que abunda en toda la serranía. Como se ha descrito anteriormente, por la configuración geológica del valle, las laderas albergan redes de agua que descienden hacia las riberas creando un sustrato húmedo de alta fertilidad en las zonas centrales. A partir del comienzo de las huertas, podemos distinguir por criterios de explotación y morfología dos paisajes diferentes: la huerta alta, río arriba de la Villa, y la huerta baja, en los preliminares del Guadalimar y la extensa campiña. En las vegas del río Beas se han producido los episodios más intensos de ocupación y actividad humana; de tal manera, en las proximidades del cauce aparecen los núcleos de población más importantes del término municipal que aprovechan las condiciones topográficas favorables que se dan en ellas para la implantación urbana (Beas de Segura y Cañada Catena). Al tiempo, sobre sus terrazas fluviales se desarrolla una agricultura en forma de huertos que, en el conjunto del territorio municipal, sólo encuentra aquí las condiciones topográficas y de humedad que su desarrollo requiere: el dato más esclarecedor es que aproximadamente el 70% del término municipal de Beas está dedicado a la actividad agrícola (CAMEROS, 2004:7). La huerta alta se puede localizar desde la confluencia del arroyo de Valparaíso con el río Beas hacia las partes superiores del valle. Estos cultivos pertenecen mayoritaria- 3.4. Interacción y adaptación: naturaleza y asentamiento Fig. 53. Huertas altas y olivares frente a Cuevas de Ambrosio. Fuente: elaboración propia
80 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a PROYECTO DE OBRAS DE DEFENSA DE 1952-1954 Ante la persistencia del problema de inundaciones, y a los pocos resultados del informe de 1941, cuyas sugerencias no se llegaron a aplicar con decisión, en 1952 se comienza la elaboración de un plan a gran escala para realizar las defensas de Beas. De ese gran plan, que podemos identificar como el de 1954, se desgajaron una serie de medidas calificadas como urgentes para poder llevarlas a cabo lo antes posible, y conociendo su compatibilidad y encaje en la operación final; estas medidas se definieron en el Proyecto de defensas de Beas de Segura, OBRAS URGENTES (1952), obra de Alfonso Díaz-Agero Rodríguez. Las obras que se consignaron como urgentes fueron las siguientes: - La corrección de la confluencia del arroyo de Valparaíso con el río de Beas, que se realizaba de manera ortogonal generando un fuerte impacto de las corrientes. Se propone realizar un empalme curvilíneo que facilite su asimilación por parte del río. - Limpieza de escombros y aportaciones acumuladas en el río Beas. - La construcción –de nuevo– de tres presas de gaviones en la entrada del río Beas a la villa por la parte alta. Será por tanto en 1954 cuando se lleve a cabo el gran Proyecto de obras de defensa para Beas de Segura, OBRAS DEFINITIVAS, también por parte del ingeniero Alfonso Díaz-Agero Rodríguez. Estas obras ya se esbozaron en el proyecto de 1952, alcanzando su concreción en este dos años después. La propuesta era muy ambiciosa para un pueblo que en aquel momento contaba 13.500 habitantes: se trataba de construir dos grandes “murallas de agua” que rodearan toda la población y que recogieran las aguas que anteriormente se vertían sobre esta para devolverlas río abajo, al comienzo de las huertas bajas; verdaderamente un rara avis en la Sierra de Segura. Una solución dura que cortaría de raíz la problemática de las riadas e inundaciones que la villa de Beas venía padeciendo desde época medieval. La primera gran muralla o foso recogería las aguas de Valparaíso antes si quiera de que estas se acercaran a la zona habitada; la segunda hace lo propio con los arroyos de la Tobilla, San Agustín y Palomares (actualmente Albacares). Además, se volvería a actuar en el propio río Beas mejorando la caja del cauce en ambas riberas. El proyecto de 1954 describe las actuaciones de la siguiente forma: El conjunto de obras que ha de constituir el sistema de defensa de Beas puede considerarse dividido en tres grupos: a) Obras en el río de San Juan o de Beas – regularización del tramo de río aguas arriba del pueblo, con corrección mediante presas de gaviones del perfil de equilibrio. Mejora de la canalización del Beas a su paso por el pueblo. b) Obras en el arroyo de Valparaíso – desvío del arroyo Valparaíso con presa de derivación, canal de desvío y descarga aguas abajo del pueblo. Se efectuará en el tramo del arroyo anterior a los grandes corrimientos. Regularización del trozo del mismo río desde su desviación hasta su actual confluencia, mejorando esta para el caudal que no discurra por la desviación. c) Obras y desviación en los arroyos de la margen derecha – se comprenden tres pequeñas presas de 4,5 y 6 metros de altura de fábrica de mampostería cuya misión es desviar los tres arroyos de la margen derecha (Tobilla, San Agustín, Albacares) y conducir sus aguas por un canal de
81 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a sección semi hexagonal hasta el río Beas aguas debajo de la población. (DÍAZ-AGERO, 1954:11) Estas defensas recibieron varios nombres: rápido y anulador del arroyo de Valparaíso, defensa sur, rápido de tormentas, etc., pero fueron muy celebradas en la villa porque redujeron al mínimo los riesgos de inundaciones. Desde luego conforman un alarde de la ingeniería para dar solución a un problema histórico, si bien no dejan de ser una medida drástica que conforma dos grandes tajos en el valle de Beas. El pueblo quedó amurallado frente a las inundaciones, si bien las defensas también suponen un corte a la circulación de animales y personas, teniendo puentes en algunos puntos; en la práctica funciona como una gran muralla, similar a como ocurre en las grandes urbes con las autovías y circunvalaciones periféricas. Debe ser una intervención abierta a la reflexión y a la mejora, probablemente si el pueblo sigue creciendo hacia estos canales de corte llegará un momento en que deje de tener sentido el protegerlos con vallas y hacer que funcionen como canales urbanos, al igual que pasa en otras ciudades (canal Navigli en Milán, canal de La Vilette en París, o incluso la canalización del Guadalquivir en Sevilla que se mantiene a día de hoy). En 1958 se elabora un proyecto reformado del anterior por parte del mismo ingeniero, completando la documentación durante la ejecución de las obras y detallando de forma más exhaustiva los métodos constructivos, los materiales y los tramos. Se desarrolla más ampliamente la defensa de Valparaíso en sus tres formas: el tramo a cielo abierto, el canal en túnel y el canal cubierto. En la década de 1960 se culminarán definitivamente estas faraónicas obras de defensa, a punto para la gran crecida de 1963 en la que las defensas funcionaron y protegieron a la población de daño alguno. Fig. 63. Defensas norte y sur, estado actual. Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir
82 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 64 y 65. Planta general de la defensa sur (Valparaíso) y secciones transversales del vaso. Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir
83 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 66 y 67. Planta general de la defensa norte (San Agustín) y secciones transversales del vaso. Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir
84 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a PROYECTOS POSTERIORES Posteriormente a la finalización de las obras, se llevan a cabo los siguientes proyectos menores de amplio espectro: - 1962. Proyecto de defensa de la boca y limpieza del túnel de desviación del arroyo de Valparaíso. Proyecto de defensas de Beas de Segura por parte del ingeniero José María Almendral Lucas. Se construye en la boca del túnel de Valparaíso un azud de gaviones a fin de evitar la acumulación de rocas y el posible taponamiento del canal. - 1972. Proyecto de reparaciones por daños de temporales en los canales de las defensas de Beas de Segura, por José María Almendral Lucas. Se reseña el buen rendimiento que las obras están manteniendo y que es necesario mantener el cuidado y limpieza de las mismas cada determinado tiempo. Se consigna la extracción de restos de acarreo en la cuenca de Valparaíso, de arrastres en los otros canales, la eliminación en la rápida de Valparaíso de los restos de una camisa de hormigón que la revestía y la reparación de grietas genéricas en los canales. - 1977. Proyecto de reparación de las defensas de Beas de Segura, de nuevo por José María Almendral Lucas. Se reparan los muros cajeros en la cabecera del río Beas y reparación de grietas en los canales. - 1996. Reparación de los canales de defensa en Beas de Segura, siendo el autor Juan Gallego Cabrera. Se actúa en los dos canales “taponando grietas existentes, previo picado de fisuras y con limpieza al chorro de arena, con mortero especial de cemento y resina epoxy”. - 2002. Defensa contra avenidas y adecuación hidrológico-forestal de la cuenca del río Beas en el entorno de Beas de Segura, por el ingeniero Manuel Martínez Suárez. De nuevo se procede a reparación de grietas, se aumenta la capacidad de desagüe del río Beas aguas debajo de la villa y, 60 años después, se acomete una integración ambiental en los afluentes y en el Beas mejorando la vegetación existente y re-naturalizando los cauces. - 2012. Restauración de los deslizamientos del canal perimetral en la margen derecha del río Beas y otras obras asociadas, siendo autor Manuel Martínez Suárez. Reparación de grietas y fugas, restauración de vallados, reforzamiento del cuenco de Valparaíso y restitución del terraplén bajo de San Agustín. Las intervenciones posteriores a la década de los años sesenta se han limitado a manutención y reforzamiento de la obra existente por lo que se puede afirmar que las defensas de Beas de Segura consiguieron el objetivo de terminar con las constantes inundaciones sobre la villa y transformaron en cierto modo el paisaje del pueblo. No obstante, la construcción de estas infraestructuras no significa que hayan desaparecido completamente los riesgos de inundación, pues en la actualidad cualquier nueva construcción que se desarrolle en el entorno del río Beas debe incluir un estudio de inundabilidad aplicado a la parcela en cuestión. Este estudio debe incluir un bloque de análisis hidrológico, un bloque de análisis hidráulico y, especialmente, el estudio de los parámetros de inundabilidad: la delimitación de la zona de inundación
85 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a peligrosa (ZIP), la delimitación de la vía de intenso desagüe (VID) en el entorno de la parcela estudiada y la delimitación de la zona de flujo preferente (ZFP) en el entorno de la parcela estudiada (CAMEROS, 2020:1-3). De esta manera, y a pesar de la construcción de los sistemas de defensa, la prevención frente a los riesgos de inundaciones sigue vigente en el planeamiento del municipio. Hacia el futuro, queda pendiente una mejor integración paisajística de los sistemas defensivos, pues ahora que son parte indisoluble de la estabilidad hidrológica de Beas, es conveniente entenderlas también como parte de su morfología urbana. Las inundaciones de 1927 supusieron un punto de inflexión que llevó a transformar el paisaje de la villa de manera irreversible, acabando con la imagen natural del río Beas y sus afluentes, si bien ha resultado en unos elementos únicos de este lugar. Los canales de defensa suponen la conducción del agua frente a su libre expansión por el pueblo de Beas, lo que redunda en la idea del paisaje cultural como encuentro entre lo natural y lo artificial. Pueden llegar a formar parte de los crecimientos urbanos y de la conciencia social, si se comprende su singularidad y su aportación morfológica a la estructura urbana. Fig. 68. Aspecto del río Beas tras las inundaciones de 1927. Fuente: Revista Argentaria
86 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 69. Desembarco de la defensa sur en el río, 1958. Fuente: Diputación de Jaén Fig. 70. Desembarco de las defensas norte y sur en el río, 1958. Fuente: Ayuntamiento de Beas de Segura
87 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 71, 72 y 73. Canal de Valparaíso, estado actual. Fuente: elaboración propia
88 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a El patrimonio inmueble es un rasgo indispensable del paisaje y de la forma urbana, además de los patrimonios inmateriales surgidos de procesos y actividades productivas anteriormente detallados. Por ello, se incluyen a continuación los cuatro recursos más singulares del valle del Beas: los elementos y arquitecturas surgidos del agua, el sistema defensivo de la Villavieja que dio origen al pueblo, el monasterio de San José del Salvador, a la sazón convento de las Carmelitas Descalzas y el cementerio de San Lorenzo en La Avanzada. Elementos y arquitecturas del agua Como viene ocurriendo en todo el paisaje periurbano, en la villa de Beas también el agua es un elemento singular. La abundancia de arroyos y manantiales tiene su reflejo en el pueblo en las múltiples fuentes y pozos que se pueden encontrar, la humedad del subsuelo urbano y la fertilidad del suelo. Se trata de un paisaje urbano de tradición islámica, en el cual se pretendió garantizar el acceso a lo que consideraban un bien público, y, a diferencia de lo que ocurría en ciudades como Granada, donde fue necesario una gran tecnología en infraestructuras para llevar agua a todos los puntos de la ciudad, en Beas el agua sencillamente brotaba, allá donde se buscara. La fuente se convierte en el elemento de reunión urbana, en Beas la fuente era antes que la plaza, allí donde brotaba el agua es donde aparecía el espacio público. Washington Irving contaba en los Cuentos de la Alhambra que “fuentes y pozos han sido –desde los tiempos bíblicos– notables puntos de concurrencia y de charla en los climas cálidos” (IRVING, 2007:87), y así ha ocurrido en esta villa desde prácticamente su origen: la fuente de la Plaza en la Plaza del Mercado, la fuente de la Plaza Nueva, la fuente del Concejo, la fuente de la Plazuela, la fuente del Toledillo o la fuente de Casas Nuevas son algunos ejemplos. Madoz describió en el Diccionario geográfico-estadís- tico la Plaza Nueva de esta forma, asociando el espacio urbano con los elementos de agua: “La [Plaza] Nueva es cuadrada de treinta pasos por lado, con una fuente de tres caños abundantes y un pilar, construido en 1808” (MADOZ 1846-1850: Beas). Son lugares que regalan vida a sus gentes, por su frescor, su fluidez y la habitual presencia de vegetación. Igualmente podemos seguir encontrando referencias al pasado de Beas y sus aguas en las Relaciones Topográficas: Según se ve en los capítulos antes de este, esta villa es abundosa de aguas. Las fuentes con que se sirven de agua para beber la dicha villa, además del dicho rio, son cuatro principales, las cuales están dentro en la misma población. La primera se nombra Fuente los Perales, la segunda Fuente la Queva, la tercera Pilar de la Plaza, la cuarta la Fuente el Toldillo. No tienen regadíos, porque se encierran brevemente en el dicho río, cuya agua también se puede beber. (VILLEGAS, 1975:47) De estas que se citan, solo la fuente de los Perales a día de hoy no permanece, o ha cambiado de nombre, el resto siguen existiendo de alguna forma, y así lo hace el espacio urbano en el que se desarrollaban en las fuentes de la Cueva, la Plaza Nueva o el Toledillo. También Madoz citaba las aguas de los alrededores de Beas, en la actualidad 3.5. Recursos patrimoniales
89 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a muchas de ellas ya dentro de la zona urbana debido al crecimiento de la villa: La multitud de fuentes que existen en el término forman un arroyo que pasa por el medio de la población; pero las más abundantes, delgadas y cercanas, prescindiendo de las que ya hemos mencionado, son las llamadas Zangullo, el Estudillo, la Canaleta, la Dueña, la Vieja y la Iba, que se hallan a la distancia de un tiro de bala. Además de estas aguas, hay el arroyo del Lojanco, que desemboca en el Guadalimar, y los nombrados Borbotón, Casena, Almaciles, Valdeparaíso y Brujel. (MADOZ 1846-1850: Beas) Las fuentes del Zangullo o de la Dueña mantienen a día de hoy la misma denominación, siendo el primero uno de los manantiales de los que abastecen de agua de consumo para el pueblo, y siendo el único del municipio que está reconocido como acuífero por la Diputación Provincial de Jaén. Las otras fuentes mencionadas con probabilidad han cambiado de terminología o han desaparecido, aunque el número de afloraciones sigue siendo significativo. De acuerdo al Proyecto de ampliación parcial del abastecimiento de agua potable de Beas de Segura del año 1935, se sabe que en este momento el pueblo se abastecía de las fuentes del Zangullo y Valparaíso para la zona baja y la ribera izquierda; y de la Fuente de la Hermana Francisca para la parte alta del pueblo –esta fuente se encuentra junto al arroyo de la Tobilla, de donde proceden sus aguas–. El proyecto reseña que la cantidad de agua disponible es “insuficiente en épocas de estiaje” (AAVV, 1935:3), por lo que se decide completar la aportación de la Hermana Francisca con la Fuente de la Raja (situada monte arriba), además de llevar a cabo la construcción de un depósito de 250m3 de capacidad en el barrio del Calvario, por lo que es un antecedente del gran aljibe de aguas construido posteriormente. Aunque sin lugar a dudas, lo más interesante de este proyecto lo encontramos en la planimetría que adjunta de la red de abastecimiento. En ella se detalla la ubicación de las veintiséis fuentes activas de la Villa de Beas con aguas procedentes de la fuente-ma- nantial de la Hermana Francisca y del nuevo depósito. Se confirman fuentes o pilares que ya aparecían en documentos antiguos como el pilar de la Plaza del Mercado, la fuente y pilar de Plaza Nueva, la fuente de la Plazuela, la fuente del Concejo frente al convento, la fuente del Toledillo, o la excepción por su origen conventual extramuros de la Fuente de San Francisco, entre otras. A su vez se descubren nuevos puntos de agua en la calle Almenas y la zona de la Encomienda, hasta seis; dos en la Villavieja bajo la muralla norte y en la calle de la Villa; cuatro más en el barrio del Toledillo y tres más entre la plaza del Mercado y San Francisco. A todas estas registradas en 1935 hay que añadir la fuente de San Alberto dentro del convento de las Carmelitas (probablemente no registrada en el proyecto por la categoría de clausura del convento y a la que se le asocian propiedades curativas por su alto contenido en hierro), la fuente-manantial de la Cueva (que ya aparece en las Relaciones Topográficas) y la fuente de Casas Nuevas (receptora de agua desde Valparaíso) en activo a día de hoy las tres. La planimetría también refleja otras actividades productivas relacionadas con el río Beas como las fábricas de aceite y la central hidroeléctrica junto a la zona del Zangullo. Fig. 74. Fuente-manantial del Zangullo. Fuente: elaboración propia
96 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a que en el siglo XIX se llegara a ordenar su demolición, que, afortunadamente, no llegó a completarse. El castillo, bien almenado y pretilado, se levantaba en el extremo oriental del conjunto fortificado, estando fuertemente defendido con varias torres, adarves, andamios y garitas. Entre las torres pueden nombrarse las del Homenaje o de la Abejuela, la Torre Mocha, la de Enmedio y la de los Azores. Poseía dos puertas o entradas: la principal, a la parte sur, llamada Puerta del Hierro; la otra, hacia el oeste, con foso y puente, que se abría a Villavieja. (YUSTE, 2013:30) Actualmente, el área del fuerte se encuentra totalmente colmatada por viviendas que se han ido construyendo a lo largo del siglo XX, lo que ha dado lugar al barrio de la Villavieja, entre las calles Carmen, Almenas, Tobazos y Plazuela. El castillo también ha sido alterado con la construcción de la ermita de la Virgen de la Paz, en el último cuarto del siglo XIX, y de las Escuelas, posteriormente durante el siglo XX. Siguen percibiéndose con claridad los paños de murallas a norte y sur, construidas sobre la formación rocosa y reforzadas en diferentes épocas con una miscelánea de materiales (tapial, mampostería y piedra toba). Tiene protección reconocida como Bien de Interés Cultural en virtud del Decreto 22-04-1949 sobre la protección de los castillos españoles y Ley 13/1985 del Patrimonio Histórico Español. Fortaleza de la Villavieja La fortaleza de la Villavieja y el castillo de Beas forman un conjunto defensivo actualmente muy modificado respecto a su configuración original. Como se ha mencionado anteriormente, está considerado el origen urbano de Beas de Segura y se erige sobre la formación rocosa de El Tobazo, lo que le garantizaba una posición privilegiada desde la que defender el valle de posibles invasores, además de que evitaba que el castillo se viera afectado por las frecuentes crecidas del río Beas y las inundaciones que provocaba. La fortaleza o fuerte ocupa la Villavieja de este a oeste, y en su zona central estuvo situado el castillo, enlazado a las murallas del adarve. De esta forma, se constituía un doble anillo defensivo y un gran recinto amurallado que podía albergar a la población en casos de ataque, como declaró en 1468 el comendador Francisco de León tras visitar la “Villeta” (barrio alto fortificado). Dejaría también por escrito que “el castillo desta villa e fuerte de villavieja, questá dentro desta villa, sigund parece por su antiguedad ser edificado de más de setezientos años a esta parte (...) e no se sabe quien aya sido su fundador” (YUSTE, 2013:29), lo que confirma la hipótesis de origen al menos islámico, pese a haber sido reutilizado tras la conquista cristiana y la cesión a la Orden de Santiago. De acuerdo a la evolución urbana, se sabe que a partir del siglo XVI el pueblo empezó a abandonar el cerro y a extenderse hacia las zonas más llanas de la ribera del río, lo que supuso en la práctica el menoscabo del conjunto defensivo. Esto llevó incluso a Fig. 85. Villavieja de Beas. Fuente: elaboración propia
97 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 86. Planimetría de la Villavieja de Beas, construida sobre las antiguas murallas de la fortaleza. Fuente: elaboración propia
98 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a embargo, la fuente se conservó intacta y se mantiene activa actualmente. El convento de San José del Salvador es Bien de Interés Cultural, recogido en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. El crucero de la iglesia es uno de los hitos arquitectónicos de Beas, junto con el campanario de la iglesia de la Anunciación o la propia Villavieja. Convento de San José del Salvador El Convento de Carmelitas Descalzas de San José del Salvador fue fundado por la mismísima Santa Teresa de Jesús en 1575, siendo el primero que se establecía en la región andaluza, aunque contó con la colaboración de Catalina Godínez y María de Sandoval, nobles de la villa, que tomaron el hábito tras su fundación. Se conoce que la santa al llegar manifestó: “dijéronme grandes bienes de la tierra, y con razón, que es deleytosa y de buen temple” (SANTA TERESA DE JESÚS, 2015:176), reafirmando la certeza ya expuesta de que Beas ha sido siempre un valle fértil y jubiloso. Posteriormente, en 1578, también San Juan de la Cruz llegaría a Beas, donde se estableció para dar asistencia espiritual a las recién llegadas Carmelitas. Está ubicado junto a la Villavieja de Beas, en la zona más antigua del municipio, y está precedido por una plaza. Tiene una estructura sencilla, en torno a un claustro principal al que se adosan los programas básicos conventuales: la iglesia, con entrada desde la plaza de acceso; las celdas y el refectorio. La iglesia monacal se construyó un siglo después de la fundación, y es de estilo barroco, tanto la fachada como el interior y el altar; la planta es de cruz latina. En el siglo XVII se construyó también un hospicio anexo que gestionaron las propias monjas. De singular importancia es la conocida como fuente de San Alberto, situada en el huerto del convento, saliendo de la misma roca (la piedra toba que forma la base geológica de esta zona del municipio), y que es famosa por curar a los enfermos. De hecho, durante la dominación francesa el convento fue destruido en gran medida, y sin Fig. 87. Convento de San José visto desde las huertas. Fuente: Turismo de Beas
99 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a cipreses y murallas, tapias y toba. El cementerio está rodeado de olivares y alza sus tapias blancas y sus cipreses hacia el cielo, generando una imagen muy característica desde los puntos bajos del valle. Cementerio de San Lorenzo El cementerio de Beas de Segura data de 1902, puesto que anteriormente se situaba a extramuros del convento de San Francisco, y se decidió su traslado para que no interfiriera en el inminente crecimiento del municipio en esta dirección. Se eligió como emplazamiento una colina situada hacia el este de la villa, conocida como La Avanzada por ser un puesto de vigilancia, dando este nombre también al manantial que nace en este lugar. El cementerio, encomendado a San Lorenzo, se proyectó con una estructura de parrilla ligeramente inclinada para adaptarla a la topografía, recogiendo la tradición cristiana del santo y su tortura. El acceso está situado a oeste, mirando hacia Beas, y dos pabellones flanquean la entrada: la casa del enterrador y el depósito de cadáveres. Al frente se encuentra la capilla mortuoria, que se rodea de los pabellones principales. El resto del camposanto se divide entre fosas y nichos, y, extramuros, se sitúa el cementerio civil, donde reposan los restos de aquellos no bautizados. Su distribución interior se hace en ladera por la topografía del cerro y se organiza como era habitual según bóvedas o enterramientos menores. La arquitectura de la capilla y los pabellones es de corte historicista, según la tendencia de la época. Además de su valor arquitectónico y compositivo, es de gran interés la situación paisajística del cementerio, ya que la colina tiene una gran visibilidad tanto desde la entrada del valle como desde la propia Beas. De hecho, el cementerio y la Villavieja son los dos elementos visuales que se elevan sobre la cota del valle y establecen una relación visual: Fig. 88. Cementerio de San Lorenzo. Fuente: elaboración propia
100 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 89. Viviendas sobre las murallas de la Villavieja. Fuente: Ayto. de Beas Fig. 90. Portada del monasterio. Fuente: Diputación de Jaén Fig. 91. Camposanto entre olivos. Fuente: elaboración propia
101 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a La percepción que un paisaje genera sobre las personas que lo experimentan es una cuestión imprescindible para valorar qué relevancia se le otorga a este paisaje y en qué medida trasciende de lo habitual y puede considerarse un paisaje de interés cultural. La imagen proyectada es un aspecto con una cierta carga subjetiva a la hora de valorarla, puesto que consiste en saber cómo cada persona ha percibido un lugar; no obstante, esta percepción suele reflejarse o volcarse en hechos objetivos o plasmados de alguna forma, que son los que deben registrarse. Es decir, el paisaje genera una percepción en el usuario, quién, a su vez, transmite o cuenta esta percepción de una manera y con unas herramientas: es este relato el que interesa y permite entender la imagen generada. Para analizar la imagen que el paisaje cultural del valle del Beas proyecta, se reconocen cinco bloques de “reflejos” de la percepción, o muestras de cómo esa percepción se ha plasmado en hechos y documentos. Estos bloques son: la información turística e institucional; la toponimia como reflejo de la tradición social; las manifestaciones artísticas que este paisaje ha generado o influenciado; la repercusión social del paisaje; y, por último, los catálogos o cartografías que han buscado registrar los elementos singulares del mismo. Información turística e institucional El Ayuntamiento de Beas de Segura ha situado el paisaje en el centro de su política cultural durante los últimos años, con vocación de mejorar en su cuidado y mantenimiento, y, especialmente, para utilizarlo como elemento de atracción de turismo y visitantes que contribuyan a equilibrar el sector productivo y económico del municipio. Actualmente están desarrollándose diversos proyectos de promoción y puesta en valor, si bien ya se están empezando a ver algunos resultados. La herramienta más inmediata de la que dispone el Ayuntamiento en esta vocación es su propia página web dedicada al turismo, http://www.turismobeasdesegura.es/, donde se glosan los valores patrimoniales y atrayentes de la villa. Entre los apartados de la web, destaca la importancia concedida al territorio con los apartados Vive la Naturaleza y Disfruta de sus rutas, donde se recogen una gran cantidad de rutas de senderismo y paisaje, de las que muchas incluyen o se caracterizan por elementos relacionados con los paisajes de agua (arroyos, fuentes, el río o los cultivos). Se referencian a continuación algunas de estas rutas: - Cerro de San Juan. Circular por el arroyo de los Almeciles, las faldas del Cerro San Juan y el Parque Botánico de Valparaíso. - La Fuenlabrada. Circular que bordea el Cerro de la Dehesilla (Dehesa de la Carne) por la Fuenlabrada y Fuente Salada. 3.6. Imagen proyectada
102 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a - Albacares. Circular por el Cerro de los Albacares y el Arroyo de la Tobilla. - Camino de las Huertas – Galindo. Circular por Galindo, paraje de antiguos cultivos de cereal y hoy excelentes olivares. - Los Molares. Circular por Los Molares, Albacares Bajos y El Pinillo, en la vertiente norte del río Beas. - Fuente Salada. Circular por las vertientes de los arroyos de Fuente Salada y los Almeciles. - Bocanegra – Camino de las Huertas. Circular por las vertientes del Arroyo Brugel y el Cerro del Castellón sobre La Ventilla de Beas. - Puente Mocho – Veguilla. Ruta ciclista al Puente Mocho (puente romano sobre el río Guadalimar) y la Veguilla. - Puente Mocho – Fuensantilla. Ruta al Puente Mocho por la Fuensantilla, zona de olivares entre el Monte Vacayo, El Cornicabral y el río Guadalimar. - Arroturas. Circular por los olivares de los Albacares Altos y las Arroturas. Además, también se están realizando trípticos turístico-culturales de los diferentes bienes patrimoniales o de interés de Beas, como el realizado del Parque del Valparaíso, ya mencionado a cuenta del arroyo homónimo y las defensas de agua. Se muestra la riqueza natural de la zona, su relación con la naturaleza y su importancia a nivel hídrico para el valle: El Parque de Valparaíso es en realidad una gran construcción hidrológica para regular las avenidas del arroyo del mismo nombre hasta su entronque con el río Beas, de ahí que esté construido a base de un sistema encadenado de presas. Destaca su enclave y la gran masa arbórea de pino de reforestación, así como la gran abundancia de agua y la variedad de especies botánicas y animales que coexisten. (TURISMO DE BEAS, 2019: reverso) Se debe destacar también el papel municipal en la creación y dotación Centro de Interpretación de la Villa de Beas, situado en las antiguas escuelas de la Villavieja, donde se reconstruye el pasado del municipio, desde el siglo XVI en adelante, y se recogen también muchas descripciones, testimonios y pruebas de la relación entre la villa y el agua como elemento generador de su paisaje. Está en la voluntad de la institución municipal el recuperar la importancia del agua en Beas. Además del Ayuntamiento, otras entidades contribuyen a la difusión de los valores de la zona, como es la organización del Camino de San Juan de la Cruz, figura relevante del panorama beatense donde vivió un periodo de tiempo. Se ha creado una dirección web (https://caminodesanjuandelacruz.org) en la que se informa y reivindica la Fig. 92. Ruta por el cerro de San Juan. Fuente: Wikiloc
103 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 93. Tríptico de Valparaíso. Fuente: Turismo de Beas
104 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a ruta tradicional que seguía este santo cristiano para moverse en este lugar, conectando Beas de Segura con Caravaca de la Cruz. La primera etapa es Beas-Hornos y atraviesa la diversidad paisajística de Valparaíso, el arroyo y la construcción de la presa de defensa y los canales de alivio de la villa. El santo vivió en el Calvario de Beas una etapa importante de su vida, tras pasar por prisión en Toledo, y se estableció en la villa para actuar de guía espiritual del convento de Carmelitas. La promoción de la ruta incluye fragmentos del Cántico Espiritual, que fue escrito en parte en este lugar: “Mi Amado, las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, los ríos sonorosos, el silbo de los aires amorosos” (SAN JUAN DE LA CRUZ, 2008:14) A escala supramunicipal, destaca el documento informativo y divulgativo Ruta de la Trashumancia GR-144 Hornos el Viejo – Puente Mocho, elaborada por la Consejería de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente. Esta ruta, como ya se ha descrito, atraviesa gran parte del término de Beas, yendo paralela a todo el paisaje de huertas del valle bajo para culminar en el Puente Mocho y haciendo referencias al patrimonio hídrico: “Descendemos en busca del Puente Mocho entre olivar, donde además del olivo (Olea europaea), destaca la zanahoria silvestre (Daucus carota) por su abundancia en las márgenes de nuestro camino. Cruzamos el arroyo del Brugel y a continuación abordaremos a una gravera desde donde tendremos unas maravillosas vistas del pueblo de Beas de Segura” (CONSEJERÍA, 2013:2). Igualmente cabe reseñar que el Plan de Ordenación del Territorio de la Sierra de Segura ya ha inventariado algunos de los lugares que forman este paisaje, a fin de caracterizarlos y proponer, si procede, actuaciones de mejora o de gestión. Los elementos incluidos en el inventario son el río Beas bajo, el río Beas alto, la almazara de Los Chopos, el yacimiento de El Castellón, el Puente Mocho, la villa romana de Los Baños y el mirador de Cañada Catena. Si bien esta cuestión se aborda en el apartado legislativo, conviene reconocer la inclusión de estos elementos como una voluntad de proteger las partes singulares o generadoras del paisaje. Fig. 94. Etapa de Beas. Fuente: Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible
105 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Toponimia La toponimia de los caminos, las calles y los lugares es igualmente depositaria y demostrativa del uso que se ha venido dando al paisaje y de la tradición social que subyace tras el mismo. Existen amplias muestras de la presencia del agua en el valle y la importancia que ha tenido al observar cómo esta presencia ha pasado a las nomenclaturas de los lugares, algunos muy relevantes. Uno de los casos más evidentes, es el antiguo Camino de los Caces, que encontramos dejando Beas por el Barrionuevo y que hace referencia al caz o canal de recogida de agua que conectaba las infraestructuras molineras y aceiteras de la zona. Igualmente explícito es el camino que sale de Beas paralelamente al río, que fue conocido como camino de las Albercas, haciendo referencia a la necesidad que tenían las fincas de la huerta alta del pueblo de disponer de albercas privadas donde almacenar el agua que recibían desde los caces o acequias. Destaca también el Camino de las Huertas, que se inicia en la salida de Beas cruzando el puente homónimo y que llega hasta el puente de la Ventilla, en clara vinculación a la fértil vega que ha ocupado estos terrenos desde la época medieval. Esta denominación ya se cita en textos antiguos y se ha mantenido hasta la actualidad, recorriendo el camino la práctica totalidad de la vega baja de Beas. Otra zona que recibe su nombre gracias a su relación con el agua y las actividades realizadas es la llamada zona de la Aceña, que de acuerdo a la Real Academia de la Lengua se define como: 1. Molino harinero de agua situado en el cauce de un río/ 2. Rueda que se coloca en el curso de un río y que, movida por la acción de la corriente, saca agua para regar. En efecto, en este lugar estuvo en funcionamiento el Molino de la Aceña, anteriormente reseñado. En definitiva, la toponimia también mantiene la memoria de lugares que tienen o han tenido relación con el agua, siendo muy frecuente el uso de nomenclaturas de esta índole en Beas. Otros ejemplos serían: - Calle el Río. Paralela al río Beas en su margen derecha, era la primera zona en sufrir los desbordamientos del río. - Calle Tendedero. Se sitúa encima de la zona del Zangullo y su nombre viene de las antiguas tenerías y curtidurías, que dejaban sus prendas artesanales a secar en este lugar. - Calle Cueva. Relativa a la fuente de la Cueva o Queva, en desnivel respecto de la calle en la actualidad, y que ya aparece en documentos del siglo XVI. - Calle Fuente del Toledillo. Relativa a la fuente del Toledillo, también registrada en las Relaciones Topográficas del siglo XVI. - Calle Puente Barrio Nuevo. Hace referencia al puente que fue destruido para embovedar el último tramo del arroyo de la Tobilla por las constantes inundaciones y avenidas. - Calle San Agustín. Sobre el trazado del arroyo de San Agustín, en la actualidad canalizado por la defensa norte. - Calle Valparaíso. Homónima al arroyo Valparaíso que desciende por este lugar para alcanzar la confluencia con el río Beas. - Calle Chorrillo de López Navarrete. La denominación Chorrillo es la original
112 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a SUBREGIONAL Decreto 219/2003 por el que se aprueba el Plan de Ordenación del Territorio de la Sierra de Segura y Normas Subsidiarias de Planeamiento de Beas de Segura, 1985. MUNICIPAL (BEAS DE SEGURA) Normas Subsidiarias de Planeamiento de Beas de Segura, 1985. Catálogo de Bienes Inmuebles. NO APROBADO. Plan General de Ordenación Urbana de Beas de Segura. NO APROBADO. A nivel subregional, el Plan de Ordenación del Territorio de la Sierra de Segura, si bien no incluye el municipio de Beas dentro del área del Parque Natural (solo una parte del término, en la zona de Cañada Catena), sí incluye algunos elementos relevantes en su Inventario, de modo que existe un reconocimiento explícito a sus valores y una voluntad de mantenimiento y protección. La relación de elementos beatenses inventariados y su descripción en el POT es la siguiente: RÍO BEAS (BAJO) – CORNICABRAL En torno al río Beas, aguas abajo desde esta localidad, se extiende una amplia vega junto a la que discurre la A-314 que sirve de acceso al interior del ámbito serrano por Cañada de Catena. RÍO BEAS (ALTO) El río Beas propicia la existencia de una de las más extensas vegas del ámbito en la que se inscriben las aldeas de Cañada Catena y Cuevas de Ambrosio, llegando hasta el mismo casco urbano de Beas de Segura en su extremo occidental. La carretera A-314 discurre paralela a ésta y sirve de acceso también a los espacios irrigados por los tributarios del río Beas. PUENTE MOCHO El puente romano de Puente Mocho, sobre el río Guadalimar, está situado en el límite entre los términos municipales de Beas de Segura y Chiclana de Segura, límite formado por el citado río. El acceso se realiza a través de un camino rural que parte de la A-312 y discurre paralelo al Guadalimar por su margen derecha. ALMAZARA DE LOS CHOPOS La almazara se encuentra en el valle del río Beas a unos dos kilómetros de la aldea de Cañada Catena. Se accede a través de la A-314 que comunica Beas de Segura con Cortijos Nuevos. MIRADOR DE CAÑADA CATENA El mirador se sitúa en las cercanías de la aldea de Cañada Catena, en la vertiente del río Beas, a escasos kilómetros de la coronación en el umbral del Puerto. VILLA ROMANA DE LOS BAÑOS Yacimiento romano localizado en las inmediaciones de la aldea de Los Guijalbas y muy próximo al cauce del arroyo del Ojanco, junto al cortijo de Los Baños del que toma su nombre. Se ubica sobre una superficie con débiles pendientes ocupada por olivar en su totalidad y se accede a través de caminos rurales desde la mencionada aldea o desde Arroyo del Ojanco.
113 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO EL CASTELLÓN El yacimiento se asienta sobre una pequeña colina amesetada en la margen izquierda del río Beas a unos 500 metros de altitud. Queda encuadrado entre el “Camino de las Huertas”, uno de los más antiguos e importantes que conducían a Beas de Segura, y la cañada ganadera trashumante, llamada “El Paso”, coincidente con la antigua Vía Romana. Se accede desde la CN-322, a la altura del polígono industrial del Cornicabral. (CONSEJERÍA, 2003: Inventario) A nivel municipal, son de gran importancia las Normas Subsidiarias en vigor, aunque no tienen un gran desarrollo a nivel paisajístico. Establecen en su Capítulo 31 las Áreas del Suelo No Urbanizable de Protección Especial, siendo los aspectos a proteger en los objetos de estudio: 1. Protección del paisaje y vistas de interés. Se deben restituir en desmontes y terraplenes las condiciones naturales del paisaje, se debe orientar la nueva edificación en la dirección que menos obstaculice vistas de interés en márgenes de ríos o carreteras y se estudiarán las alturas de la edificación en entornos histórico artísticos de modo que no afecte a la escala y composición de los mismos. 2. Protección de cauces públicos. No está permitido la colocación de edificaciones o instalaciones en el cauce de avenida normal de modo que pudiera entorpecerse el paso de las aguas, dañar los álveos o significar peligro para personas o bienes. Se prohíbe así mismo la instalación de granjas o estercoleros a 100 metros del cauce de los ríos. 3. Protección forestal y del arbolado. Cualquier actuación en áreas forestales deberá proyectarse de forma que la destrucción del arbolado sea la mínima posible, sin exceder nunca del 10% del total y debiendo repoblarse un número equivalente al de ejemplares destruidos. (AYUNTAMIENTO, 1985: Capítulo 31) Así mismo, de acuerdo a la normativa andaluza y nacional, en el municipio de Beas de Segura existen únicamente tres elementos que reciban la catalogación de Bien de Interés Cultural, que son los siguientes: - BIC Convento de Carmelitas Descalzas y entorno. Incoado el 25-04-1979. - BIC Castillo-fortaleza de Villavieja y entorno. Decreto 22-04-1949 sobre la protección de los castillos españoles y Ley 13/1985 del Patrimonio Histórico Español. - BIC Puente Mocho. Puente de origen romano.
114 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a La concepción actual del paisaje como marco de la vida humana y garante del bienestar está posibilitando la recuperación y regeneración de entornos que habían sido seriamente amenazados por el desarrollismo y el planeamiento económico, frecuentemente alienado de la calidad del espacio, y actuando en pro de la máxima rentabilidad. La línea abierta por el Convenio Europeo del Paisaje ha encontrado poco a poco cabida en las regulaciones y legislaciones nacionales, lo que está dotando de herramientas a las personas e instituciones volcadas en la defensa del territorio. El presente trabajo de investigación no se ha desarrollado con un afán meramente teórico (marcos teórico y analítico), sino que incluye una vocación práctica que permita realizar propuestas de aplicación de los conocimientos obtenidos (marco propositivo). De esta forma se elabora la propuesta de inclusión del paisaje de agua de Beas de Segura en el Registro de Paisajes de Interés Cultural de Andalucía, como objetivo principal, así como se acompaña de recomendaciones para la gestión y el planeamiento de este paisaje y de otras implicaciones inmediatas de la investigación. MARCO PROPOSITIVO Protección patrimonial del paisaje 4.1. Propuesta de Paisaje de Interés Cultural 4.2. Recomendaciones: gestión y planeamiento 4.3. Repercusión de la investigación 4
115 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Con objeto de proponer el paisaje de agua del valle del río Beas (Beas de Segura, Jaén) como Paisaje de Interés Cultural (PIC) a incluir en el Registro de Paisajes de Interés Cultural de Andalucía (en adelante, el R-PICA), se recogerá el trabajo realizado en los marcos teórico y analítico dando forma a esta metodología. Como se ha hecho en otros casos singulares, se analizará y se propondrá también desde la escala territorial y no meramente la escala urbana. Como punto de partida de la propuesta, se debe aportar la identificación básica del territorio en el que se enmarca la propuesta en su contexto regional: Referencia del paisaje: Paisaje de agua en el valle del río Beas y la villa de Beas Término municipal: Beas de Segura, Jaén, Andalucía Zonificación del POTA: Cazorla, Segura, Las Villas y Mágina y Altiplanicies orientales (dominio territorial de los Sistemas béticos) Área paisajística: S3 (Piedemonte de Cazorla, serranía de baja montaña), C2 (Cuenca del Guadalimar, campiñas de piedemonte), C4 (Las Lomas, campiñas alomadas, acolinadas y sobre cerros) Demarcación cultural: (28) Sierra de Cazorla, Segura y La Sagra El R-PICA registra todos los PIC existentes clasificados por demarcaciones, se encuentra en constante actualización y es de consulta libre a través del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. De esta forma, se localiza en primer lugar la Demarcación paisajística Sierra de Cazorla, Segura y La Sagra, dentro de la cual se situará el futuro PIC del valle del Beas, donde se debe contextualizar la propuesta. Por lo tanto, contamos con una red paisajística existente en la que incluir la propuesta de reconocimiento del valle del Beas como PIC, con epicentro en el propio asentamiento de Beas de Segura. Criterios de filtrado La propia concepción del Registro como un documento abierto y actualizable implica que además de una metodología de caracterización, existan unos criterios de selección de los futuros PIC: “una serie de criterios que puedan considerarse de amplio consenso para asegurar un conjunto no arbitrario, coherente, equilibrado y representativo de paisajes con el fin, entre otros, de incluir muchos de los inicialmente propuestos, a la vez que se rechazaban otros y se integraban nuevos” (RODRIGO, 2012:68). Se realiza una exposición razonada sobre el cumplimiento de cada uno de los tres criterios en la propuesta de Beas como paisaje de interés cultural, en base a la caracterización realizada en el Marco Analítico: a) Una escala territorial que permita una cierta homogeneidad en su caracterización y la comparación entre unos paisajes y otros. El paisaje del valle del Beas representa una escala territorial de 1:35000, que ha sido utilizada no solo como escala fija de representación, sino que también se ha trabajado como escala intermedia en la que mostrar la influencia del territorio sobre la villa, y viceversa. El río Beas es tan importante en la parte alta del valle, como en el pueblo, como en las huertas bajas, y esto ha querido 4.1. Propuesta de Paisaje de Interés Cultural
116 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a mostrarse en la escala de transición. Igualmente, la escala que se ha utilizado para el área urbana es de 1:5000, suficiente para mostrar la villa y su entorno inmediato. Se considera por tanto que se cumple la condición de filtrado a). b) La representatividad como patrimonio cultural. Tiene que ser posible identificar y percibir valores del patrimonio cultural, material e inmaterial, teniendo en cuenta no sólo la atribución experta sino también que sean socialmente percibidos y con una manifestación adecuada a la escala elegida según el punto anterior. De acuerdo a la caracterización realizada en el Marco Analítico, se han hallado valores de patrimonio material en los apartados 3.3., 3.4. y 3.5.: la profusión de elementos ligados al agua y a infraestructuras hidráulicas, desde molinos, batanes o puentes, a acequias, albercas y fuentes o manantiales. En el apartado 3.1. y 3.2. aparecen valores inmateriales como el origen desde tiempo histórico del paisaje o los procesos sociales y productivos que se han venido desarrollando. Finalmente, en el apartado 3.6. se ha argumentado la percepción social del paisaje a través de sus instituciones, al formar parte de la toponimia, la conciencia social o la imagen histórica e idealizada de la Villa mostrada mediante el arte. Se considera por tanto que se cumple la condición de filtrado b). c) Unas cualidades perceptivo-formales singulares. Para que estas percepciones se produzcan de un modo adecuado es necesario que los paisajes sean reconocibles, es decir, que mantengan unas condiciones adecuadas de integridad, conservación, autenticidad, contemplación. Si bien este patrimonio ha sido dañado en las últimas décadas, sigue siendo reconocible y se conserva en diversos puntos del valle, lo que reafirma su alcance territorial más allá de puntos aislados, como se desarrolla en el apartado 3.2., al caracterizar el medio físico. De nuevo, se han caracterizado las formas del paisaje al hablar de la interacción entre naturaleza y asentamiento en el apartado 3.4. y al reconocer los recursos patrimoniales singulares de la villa en el apartado 3.5. Se considera por tanto que se cumple la condición de filtrado c). Por lo tanto, se considera que el paisaje de agua en el valle del río Beas cumple adecuadamente las condiciones de filtrado para considerarse un Paisaje de Interés Cultural incluido en el R-PICA.
117 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a *Consultar anexo de ATLAS CARTOGRÁFICOS
118 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Clasificación principal El R-PICA establece un método de clasificación de los paisajes, como se detalló en el apartado 2.2. sobre los paisajes culturales. Por lo tanto, se debe contextualizar la propuesta de PIC de forma sistemas-tipos-subtipos. Si bien se establece así un sistema principal, esto no es óbice para añadirle otros como complementarios. Para la propuesta del valle del Beas, parece claro establecer como principal la categoría D.4.1.: sistemas de obtención y transformación de los recursos, tipo agua y viento, subtipo infraestructuras hidráulicas, puesto que la cuestión fundamental argumentada en la caracterización a la hora de hablar de paisaje cultural es la relación de lo antrópico con lo natural. De cómo el asentamiento humano ha transformado un valle con amplios recursos hídricos en una concatenación de infraestructuras productivas y arquitectónicas que dan lugar a un nuevo paisaje mixto. Infraestructuras hidráulicas son las acequias y albercas dedicadas al riego de los campos, los molinos movidos por el cauce del río para la fabricación de la harina o el aceite, los batanes que funcionan por las acequias para poder crear tejidos, los depósitos de captación como el gran aljibe de Beas, los sistemas de defensa de agua, los puentes que permiten cruzar el río, las fuentes públicas que dotan de agua al sector urbano o los pozos, acuíferos y manantiales adaptados para poder extraer agua para el consumo. Todos estos elementos se han desarrollado y caracterizado convenientemente en el Marco Analítico. Clasificaciones complementarias El sistema principal D.4.1. debe complementarse con aquellos otros que también recogen parte de los rasgos y características indispensables del paisaje: Se debe añadir naturalmente la clasificación C.1.2.: sistemas de seguridad y defensa, tipo posición, subtipo fortificaciones, puesto que Beas cuenta con la existencia del antiguo castillo y fortaleza de la Villavieja, precisamente en pleno proceso de recuperación y puesta en valor. Como se ha descrito en el apartado 3.5., el promontorio donde yacen los restos de las murallas de la fortaleza es uno de los hitos principales del valle, junto con la colina del cementerio; históricamente fue un importante paso defensivo para proteger la Sierra de Segura de invasiones externas. También se debe incluir como complementaria la clasificación D.4.2.: sistemas de obtención y transformación de los recursos, tipo agua y viento, subtipo molinero, puesto que una de las principales infraestructuras que se destacan en el valle son los molinos hidráulicos, tanto para moler la aceituna como el trigo. Así mismo, es pertinente considerar una categoría D.2.6.: sistemas de obtención y transformación de los recursos, tipo agrario, subtipo policultivo, debido al importante carácter del valle como creciente fértil y lugar agrícola, convenientemente detallado en los apartados 3.3. y 3.4. A pesar de que los tipos de cultivo hayan evolucionado desde el policultivo hortofrutícola moderno hasta el práctico monocultivo, la estructura agraria sigue siendo una referencia territorial.
119 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Esquema de implantación territorial Respecto a la implantación territorial del paisaje, se pueden aplicar los distintos criterios descritos en el apartado 2.3., y reconocer el sistema como un paisaje en red por interrelación, es decir, que funciona como una malla discontinua a la percepción que conecta el sustrato hídrico y base del valle con los diferentes elementos, y que sale a la luz en los diferentes escenarios ya sea de forma lineal (río, arroyos) o de forma puntual (manantiales, fuentes, elementos antrópicos). Hablamos por tanto de un paisaje continuo y oculto que se extiende por el territorio y no se circunscribe a zonas concretas del valle, aunque haya diferentes capas, todas ellas forman la malla discontinua que caracteriza este paisaje cultural. Ámbito o marco de la propuesta En continuidad con la metodología del paisaje cultural desarrollada, es necesario elaborar un marco o entorno para la propuesta PIC. Este ámbito debe englobar el espacio que es percibido por las personas que habitan el paisaje, y que ya se ha trabajado especialmente en la escala intermedia territorial. En coherencia con esta escala, se establece que el ámbito de la propuesta debe coincidir con el ámbito de la percepción del paisaje, es decir, el limitado por las líneas de cumbres que coronan el valle, desde el nacimiento del Beas hasta su encuentro con el río Guadalimar. No tendría sentido acortar el alcance de este ámbito visual o deslindar la importancia del paisaje de la villa con las miradas que desde ésta se lanzan en derredor, así como de forma longitudinal a lo largo del valle, desde la cota del río hasta las sierras altas. Dentro de este marco de trabajo se reconoce el estado actual de normativa y planeamiento, y no se aspira estrictamente a proponer prioridades legales, sino a “evaluar desde una cuantificación equitativa y homogénea, la cualidad precisa y la dimensión política y territorial de la integración del patrimonio cultural en su contexto paisajístico en la Andalucía de hoy y de un próximo futuro” (FERNÁNDEZ, 2008:31).
120 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 101. Propuesta de ámbito delimitador para el Paisaje de Interés Cultural del valle del Beas. Fuente: elaboración propia a partir de Google Maps
121 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Claves de la propuesta La inclusión de los paisajes de agua del valle del Beas como Paisaje de Interés Cultural dentro del R-PICA tiene como base un profuso trabajo de caracterización desarrollado en el Marco Analítico, en el que se ha pretendido tomar en consideración todas las circunstancias y variables que se definen en la metodología propuesta por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico: se ha analizado la dimensión temporal del paisaje, mostrando su persistencia histórica; el medio físico en el que se desarrolla, definido por el agua como sustrato en un terreno calcáreo de gran fertilidad; los procesos históricos y socioeconómicos que han dado sentido a la transformación del valle; la adaptación del asentamiento a la naturaleza, tanto para obtener frutos como para guarecerse de sus inclemencias; los recursos patrimoniales principales que se añaden a todo lo anterior y la percepción que este paisaje genera en sus habitantes. Se puede comprobar que el agua tal y como la encontramos en el valle del Beas, en todas sus formas y usos, responde a la concepción de este elemento que tan presente está en Andalucía, y que se analizó en el Marco Teórico a cuenta del texto El Agua como factor de identidad patrimonial (MOSQUERA, 2013). El agua como presencia a cuidar y almacenar, en las captaciones, los aljibes, las albercas o las acequias que devuelven siempre al cauce su remanente. El agua como modelador natural del territorio, al ser el cauce del río y su erosión el causante de la existencia del valle, de la disposición y la forma urbana de la ciudad y de sus sistemas productivos históricos. El agua modelada, a la que se le han abierto caminos y recorridos en la villa y en sus campos. El agua como herramienta técnica, protegiendo la colina de la Villavieja de las invasiones y a su vez protegiéndose el pueblo de ella con sus propios canales-muralla donde recogerla y redistribuirla para evitar las inundaciones. El agua como vehículo, que ha servido como herramienta de conexión con los paisajes bajos de Andalucía para abrir vías comerciales. El agua como material imprescindible de construcción del espacio urbano beatense, presente en muchas de las plazas de la villa, y desaparecida de otras donde también estuvo. El agua ritual, como en la fuente de San Alberto, en los textos de San Juan de la Cruz, o en la fenomenología del camposanto de Beas. Y, por supuesto, el agua en la producción, como motor siempre activo para mover molinos, regar los campos y tensar los batanes. En este punto, la investigación realizada nos permite concluir que el valle del Beas es una representación completa y adecuada de lo que significa un paisaje de agua en Andalucía, y, por ende, que cumple las condiciones para ser propuesto como Paisaje de Interés Cultural. Independientemente del reconocimiento que adquiera, se trata de un paisaje de gran valor y que enfrenta serios riesgos que deben ser afrontados; de igual forma, es imprescindible recuperar la conciencia social y la implicación de sus habitantes para garantizar el crecimiento sostenible, libre y progresivo del valle y su biodiversidad.
128 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Es conveniente que las infraestructuras que se consideren de interés y valor puedan ser recuperadas, y, aunque hayan perdido su función original, puedan formar parte del paisaje de otra manera: formando parte de senderos biosaludables, como base de un nuevo tipo de agricultura en huertos urbanos participativos, o simplemente, como elementos del paisaje. gares de encuentro social en torno al agua, también como una medida para evitar el abandono de los barrios más antiguos de la villa. Recuperación de los molinos y batanes. Si las fuentes han sufrido un proceso de abandono o desidia, qué decir de los molinos y batanes, puesto que la gran mayoría están en estado de avanzada ruina y sin ningún plan de conservación o mantenimiento. De nuevo, en los últimos años el Ayuntamiento está empezando a tratar de paliar esta situación, pero los daños son grandes y la tarea ingente. Sería de gran importancia patrimonial, cultural y etnológica la recuperación de estos elementos arquitectónicos que en su día funcionaron gracias a la fuerza del agua y que componen una línea paisajística singular. Podrían pasar a ser lugares visitables dónde poder entender el funcionamiento de las infraestructuras hidráulicas y su importancia para la molienda del trigo y la oliva en la sociedad beatense. Puesta en valor de acequias y albercas. El paisaje agrícola de regadío que se ha caracterizado en el presente trabajo está dotado de infraestructuras propias singulares como son las acequias y las albercas, sin embargo, tal y como advertían Florencio Zoido y José Castillo, la modernización de las técnicas agrícolas y la apuesta por el monocultivo han provocado que gran parte de este patrimonio caiga en la irrelevancia.
129 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a desde el pueblo. No obstante, se trata de dos elementos de ingeniería de gran valor, poco habituales en un municipio del tamaño de Beas, y que supusieron un reto en el momento de su construcción. Son también dos grandes marcas paisajísticas que, para bien o para mal, forman parte de la forma del valle desde su construcción, así como los grandes espacios libres que bajo ellas existen. Desde este punto de vista, no parece desacertado proponer que tales infraestructuras acaben formando parte del municipio, sobre todo en previsión de posibles crecimientos futuros del mismo, si se invierte la curva de la despoblación. De hecho, sería lógico que el pueblo pudiera crecer ocupando el espacio libre que aún existe entre la zona urbana y las defensas, puesto que su propia construcción ya ha supuesto una barrera para la expansión de la biodiversidad, en lugar de invadir zonas en las que existen paisajes primarios o terciarios. Las actuales Normas Subsidiarias contemplan la necesidad de protección del paisaje y de las vistas de interés, y, no se debe soslayar la posición privilegiada que ambas defensas tienen en la ladera, siendo frente visual de la ladera contraria en todo momento. El futuro Plan General de Ordenación Urbana de Beas de Segura, aún en borrador, haría bien en contemplar la inclusión de estas grandes infraestructuras territoriales en la vida del municipio, aprovechando su potencia paisajística en lugar de obviar su existencia. En cualquier caso, incluso el despoblamiento puede ser una oportunidad para Ex ante Al patrimonio existente en la villa de Beas, hay que añadir también el propio paisaje que está por planear, tanto dentro del propio pueblo en sus crecimientos futuros, como las transformaciones que pueda sufrir el valle del Beas. Previendo esta situación, se hacen también apuntes y recomendaciones “previas a”, de tal manera que el futuro paisaje base su crecimiento en argumentos autóctonos y sostenibles con el carácter del territorio en el que se desarrollan. Papel del agua en el espacio público. Es fundamental asentar la realidad vernácula del agua como generador del espacio, como pieza fundamental de las plazas o los microespacios urbanos. Esta persistencia histórica que se han desarrollado en el pueblo debe mantenerse como referencia y herramienta proyectual de los nuevos espacios. En el caso que exista un cauce natural o una derivación que permita dotar de agua al espacio público debe alentarse esta opción: una fuente, una lámina, una pequeña acequia. De esta forma se continúa manteniendo viva esta manera de hacer ciudad específica del paisaje beatense y que ha caracterizado históricamente su urbanismo. Inclusión paisajística de los sistemas de defensa de agua. Actualmente los canales de alivio y protección de la villa, tanto el norte como el sur, están concebidos como dos infraestructuras utilitarias que no deben ser percibidas
130 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a partes del paisaje que directamente deben estar libres del planeamiento, y de la influencia humana, como ya reflejaba Gilles Clément. La vocación de proteger y poner en valor espacios singulares no debe arrastrarnos hasta caer en la tentación de forzar un planeamiento todopoderoso que elimine la espontaneidad de la naturaleza y sus transformaciones. El paisaje en general, y el valle del río Beas en particular, debe encontrar el equilibrio entre los paisajes primarios y los terciarios, pues los conjuntos primarios o reservas son patrimonio natural, y como tal, están “congelados”, no admiten la nueva diversidad biológica que sí tendría cabida en el tercer paisaje. Así mismo, esta no ordenación debe ir de la mano del compromiso social, no es posible fomentar un paisaje “liberado” sin la implicación social en su protección y respeto. De no darse este compromiso, nos exponemos a dos escenarios: la primarización del paisaje o su desaparición localizada. planificar estos espacios como grandes parques periurbanos que sirvan de transición entre el tejido urbano y el tercer paisaje surgido en el área de movimiento de la villa, además de permitir el uso y disfrute por parte de la ciudadanía de espacios verdes no determinados. Fomento de los recorridos y caminos fluviales. Las NNSS de Beas protegen los cauces públicos, haciéndolos prácticamente inalterables por edificaciones, construcciones agrarias o usos productivos. Esto convierte las riberas en grandes corredores del tercer paisaje, como ya se argumentó en el Marco Teórico. Esta circunstancia debe no solo mantenerse sino aumentarse: estos corredores pueden absorber antiguos cultivos u otros espacios que se hayan convertido en residuos para aumentar la movilidad de la diversidad biológica. Esta naturaleza libre de influencia humana estaría sin embargo abierta a ser recorrida con cautela por las personas, de tal manera que se fomente la interacción antrópica-natural. Hoy día, las nuevas generaciones están perdiendo el contacto con el medio rural, lo que arrastra consecuencias negativas en la salud física y mental. La posibilidad de crear corredores verdes que incluso atraviesen el propio centro de Beas es ciertamente positiva. La no ordenación del paisaje. Si bien es importante tener un plan para el paisaje, y en eso se incide en los anteriores puntos, es igual de importante que, en ocasiones, y para ciertas zonas del territorio, el plan sea no tener plan. Es decir, no es suficiente la norma de protección forestal y restitución de arbolado, hay
131 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a 4.3. Repercusión de la investigación Más allá de la caracterización del paisaje de agua del valle del Beas como paisaje de interés cultural, el presente trabajo de investigación tiene una serie de repercusiones más inmediatas en otros procesos patrimoniales que están en desarrollo actualmente, sin perjuicio de aquellos otros que puedan surgir tras su finalización. El primero es la elaboración del Plan Director para la Villavieja de Beas de Segura, que se viene desarrollando por parte del Ayuntamiento desde el año 2019, y en el que se incluirá la parte de la investigación relativa a paisaje y entorno. El segundo aspecto es la propuesta de ampliación de la oferta de dinamización turística y cultural con nuevas rutas en relación al paisaje del agua en el municipio, de tal manera que se afiance su imagen en el imaginario colectivo. Finalmente, en tercer lugar se propone trabajar con el recopilatorio colaborativo andaluz Conoce tus fuentes, en el que se vuelcan cuestiones que puedan completar la base actual de elementos de agua en Beas. De esta manera, se pretende la elaboración de una investigación aplicada que posibilite y legitime diferentes procesos y actuaciones patrimoniales que sean beneficiosos para la villa y la sociedad beatense, en lugar de limitarse a una búsqueda de conocimiento meramente académica. Fig. 104. La Villavieja en el paisaje. Fuente: elaboración propia
132 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a agua-fortaleza-ciudad característica de Beas. Por ejemplo, una de las catas arqueológicas previstas se llevará a cabo en el pozo junto a la ermita, que algunas hipótesis sitúan como aljibe de la fortaleza. Plan Director del castillo de Beas y la fortaleza de la Villavieja Actualmente el Ayuntamiento de Beas de Segura se encuentra inmerso en el proceso de redacción del Plan Director del castillo de Beas y la fortaleza de la Villavieja, elaborado por el un equipo técnico multidisciplinar en el que colaboran tanto miembros de la corporación como profesionales liberales y de la Universidad de Jaén. Este Plan persigue desarrollar un planeamiento sostenible de recuperación del entorno de la Villavieja, y se ha estructurado en diferentes estudios complementarios que permiten contextualizar la fortaleza en tiempo y forma, realizados por los distintos miembros del equipo. A raíz de la presente investigación, se han volcado sus resultados en el Plan dando forma al bloque del Estudio Paisajístico, de tal manera que se complementa este nuevo documento de pronta publicación incluyendo la relación existente entre el castillo y el valle del río Beas. El Estudio Paisajístico se centra en el papel del agua y la piedra como elementos modeladores del valle, como se ha descrito en el Marco Analítico, recopilando los puntos clave del discurso: el territorio, las actividades productivas, las inundaciones, el agua urbana y el propio carácter paisajístico de la Villavieja; cuestiones todas ellas recogidas en la presente investigación. El objetivo del Plan Director es la recuperación patrimonial del ámbito de la Villavieja, por lo que será de gran interés que ésta se lleve a cabo con una mirada puesta en la repercusión paisajística del enclave y en la posibilidad de restablecer la relación Fig. 105. El paisaje circundante desde la Villavieja, promontorio defensivo. Fuente: Ayto. de Beas
133 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Rutas guiadas por el paisaje de agua de Beas El estudio y análisis de la oferta turística que el Ayuntamiento de Beas ofrece a través de su oficina turística y la web http://www.turismobeasdesegura.es/ ha permitido detectar un nicho de oportunidad patrimonial en la oferta de visitas guiadas por el municipio. Se ofrecen actualmente cuatro modelos de visitas: “La muy noble y leal villa de Beas” (Paseo de la Constitución, iglesia de Santa Ana, barrio del Repullete, Monasterio de San José y barrio de la Villavieja), “Ruta Teresiana Huellas de Santa Teresa de Jesús en la villa de Beas” (Monasterio de San José del Salvador, Centro de interpretación de la villa y torre del Reloj) tanto en versión completa como simple y “Visita guiada a los Museos de Beas” (Museo de Usos y Costumbres, Museo de Humor Gráfico y Centro de interpretación de la villa). Existe un llamativo vacío en la oferta de visitas turístico-culturales en relación a la cultura del agua, tan característica del municipio. Por ello, se proponen dos visitas guiadas más que se incorporarían a la oferta existente, y se describen a continuación: Visita guiada “Infraestructuras de agua en el territorio”. Se propone una ruta en la que el visitante conozca la existencia de las singulares infraestructuras hidráulicas que se han llevado a cabo en la villa y su alrededor. La visita tiene el siguiente recorrido: Plaza de San Marcos (1), canal de entubado del río Beas, ribera sur del río, embalse de descarga de la defensa sur (2), fuente y balsa de San Nicasio (3), presa de derivación de Valparaíso (4), descenso por el valle de Valparaíso (5), acequias y ruinas de los batanes del camino de San Juan (6), molino Nuevo (7) y aljibe de Vistalegre (8). Visita guiada “Fuentes, manantiales y molinos en la villa de Beas”. Se propone un recorrido a través del centro histórico de la villa, mostrando las diferentes fuentes y manantiales que brotan en sus plazas, así como los restos de molinos insertos en el área urbana. La visita tiene el siguiente recorrido: Parque Virgen de la Paz (1), Plaza del Sagrado Corazón (2), fuente del Concejo (3), fuente de la Queva y molino del Concejo (4), molino de los Contreras (5), molino de la Encomienda (6), fuente del Zangullo (7), embovedado del arroyo de la Tobilla, Plazuela (8), barrio del Toledillo (9) y fuente de la Hermana Francisca (10). Se puede completar cruzando a Valparaíso y a la fuente de Casas Nuevas, por el sur, o subiendo hasta la fuente de la Dueña, por el norte.
134 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Fig. 106. Itinerario de la visita “Infraestructuras de agua en el territorio” Fuente: elaboración propia a partir de Google Maps Fig. 107. Itinerario de la visita “Fuentes, manantiales y molinos en la villa de Beas” Fuente: elaboración propia a partir de Google Maps
135 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Inclusión en catálogos Por último, se lleva a cabo un volcado de la información obtenida sobre recopilación de fuentes, manantiales y otros elementos de agua de interés paisajístico y patrimonial en el mencionado catálogo colaborativo online Conoce tus Fuentes (http://www. conocetusfuentes.com/) donde ya se incluyen hasta 38 fuentes, incorporando desde esta investigación 20 fuentes adicionales, manantiales o pozos dentro del término municipal de Beas de Segura. De esta manera, se comparten los conocimientos adquiridos, con objeto de mejorar la conservación y protección de estos elementos. Las elementos o fuentes de Beas de Segura que recoge el catálogo actualmente son los siguientes (38): Fuente del ACERE Nacimiento del ARROYO DE PINARRÓN Fuente de los ATAJOS Fuente del BARRANCO DE LA SORDA Fuente del BARRANCO DEL SERBAL Captación CAÑADA CATENA Fuente de la CANALEJA Fuente de la CARRETERA A-314 Fuente de las CASAS NUEVAS Manantial de la CERRADA DEL MAGUILLO Manantial del CERRO DE LAS PEGUERAS Fuente del CONCEJO Fuente del CORDEL DE PUENTE MOCHO Fuente de los CORTIJILLOS Fuente del CORTIJO DE BUENAMAR Fuente del CORTIJO DE DON JOSÉ Fuente del CORTIJO DE MIHI Fuente del CORTIJO LA LAGUNA Fuente de la CUEVA DEL LOBO Fuente de la DEHESA DE CAÑADA CATENA Manantial EL CASCAJO Fuente del FRESNO Manantial FUENTE PINILLA Fuente del HOYO CUADROS Manantial de JUAN GRANO BASTAGOYA Manantial de LA PRESA Manantial de LA PRESILLA Manantial de LOS BERROS Fuente de la LOSA Manantial de MAGUILLO Manantial de PALANCARES Fuente del PEÑÓN Fuente del área recreativa del POYO DE LOS BURGOS Fuente del POYO DE LOS BURGOS Fuente de la TOBILLA Fuente del TOBÓN Fuente VALPARAISO Manantial del ZANGULLO
136 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a Los elementos inéditos que se incorporan son los siguientes (20): Fuente de los ALBACARES Manantial de la AVANZADA Fuente del BARRANCO DEL LOBO Fuente de CAÑADA CATENA Fuente de la CONSTITUCIÓN Fuentes del CORTIJO DE LAS ALBERQUILLAS Fuente del CORTIJO DE LOS MORCILLOS Fuente-abrevadero de CUEVAS DE AMBROSIO Fuente de la DUEÑA Fuente de la ERMITA Fuente de la HERMANA FRANCISCA Fuente de la MARMOLEJA Fuentes del PARQUE VIRGEN DE LA PAZ Fuente de la plaza de PRADOS DE ARMIJO Fuente de QUEJANA Fuente de la QUEVA Fuente de SAN ALBERTO Fuente de SAN FRANCISCO Fuente y balsa de SAN NICASIO Fuente del ZARZALEJO Fuente del Concejo Identificación del elemento Descripción Se abastece de agua a partir del manantial del Zangullo, situado al este. Está datada su presencia desde el siglo XV, si bien durante los últimos años había sufrido serios daños en su morfología. Por ello, recientemente ha sido recuperada, rehabilitando el frente de piedra caliza, con piedra nueva procedente de Porcuna, e incluyendo dos vasos cúbicos que recogen la caída del agua. Se ha colocado en relieve el escudo de la villa de Beas en el frente de piedra. Cualifica el espacio complejo de la plaza de la Iglesia, donde confluyen la calle de las Tiendas, la avenida de Santa Isabel y la calle Almenas. Se adosa al muro de contención que crea el desnivel de la plaza generando un ámbito estancial. Mirada contemporánea Se describe en el artículo del Diario Jaén publicado el 18/5/17, “Ubicada en la plaza de la Iglesia de Beas de Segura, ha vuelto a resurgir la Fuente del Concejo, gracias a la intervención pública (…). El alcalde destaca la puesta a punto de la fuente que se ha construido dentro del programa de recuperación de fuentes públicas: “Desde el Ayuntamiento hemos querido darle vida a dónde siempre hubo. Durante muchos siglos estuvo en un lugar emblemático como es la Plaza de la Iglesia”. Áreas relacionadas Espacio público Nombre completo: Fuente del Concejo de Beas Cronología: Edad moderna y recuperación contemporánea Ubicación: calle de las Tiendas - plaza de la Iglesia I N V E N T A R I O D E F U E N T E S Fig. 108. Modelo de ficha para catálogo. Fuente: elaboración propia
137 P a i s a j e s d e a g u a | B e a s d e S e g u r a CONCLUSIONES El agua como generador de un paisaje 5 El entendimiento de los paisajes de agua como entes culturales producto de la acción humana sobre el territorio ha sido la cuestión medular de la investigación, condicionando las diferentes fases del trabajo. En torno a ello se ha estructurado el cuerpo teórico, a fin de dotar de herramientas conceptuales que permitieran llevar a cabo el análisis completo del caso de estudio, para, finalmente, volcar ambos bloques en una serie de propuestas de mejora y conservación de estos paisajes, desde las instituciones y desde la sociedad. La investigación concluye obteniendo como resultado manifiesto que el valle del río Beas conforma un paisaje de agua. Este elemento ha sido el eje vertebrador del territorio desde sus primeros asentamientos hasta la actualidad: desde la propia morfología del medio físico, hasta dando forma urbana a la villa, ha condicionado su estructura económica, ha regado las múltiples huertas a lo largo del valle, ha obligado a generar un sistema de defensas ante el propio agua, y, especialmente, ha condicionado la percepción y la imagen que tienen los habitantes del territorio. Las dinámicas de transformación del territorio han estado inequívocamente marcadas por la presencia del agua y su aprovechamiento o gestión, por lo que es necesario entender este elemento como uno de los principales valores del municipio.
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