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Ciencia, arte y feminismo: perfiles de la trayectoria intelectual de María Laffitte

Barrera López, Begoña

Abstract

Este artículo explora el perfil biográfico-intelectual de la escritora María Laffitte (1902- 1986) a partir de los tres ámbitos temáticos siempre presentes en sus proyectos: los avances de la ciencia, la situación sociocultural de la mujer y las artes plásticas modernas. Este triple estudio de sus ideas permite profundizar en el conocimiento de un pensamiento progresista e ilustrado que supo discutir los significados impuestos por el régimen franquista en España, y proponer ideas que enlazarían con las demandas y con algunos de los logros de la temprana democracia.

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ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 Ciencia, arte y feminismo: perfiles de la trayectoria intelectual de María Laffitte * Science, art and feminism: profiles of María Laffitte intellectual trajectory Begoña Barrera López Universidad de Sevilla bb[email protected] Recibido el 5 de septiembre de 2015. Aceptado el 11 de febrero de 2016. BIBLID [1134-6396(2016)23:2; 431-459] RESUMEN Este artículo explora el perfil biográfico-intelectual de la escritora María Laffitte (1902- 1986) a partir de los tres ámbitos temáticos siempre presentes en sus proyectos: los avances de la ciencia, la situación sociocultural de la mujer y las artes plásticas modernas. Este triple estudio de sus ideas permite profundizar en el conocimiento de un pensamiento progresista e ilustrado que supo discutir los significados impuestos por el régimen franquista en España, y proponer ideas que enlazarían con las demandas y con algunos de los logros de la temprana democracia. Palabras clave: María Laffitte. María Campo Alange. Feminismo. Evolucionismo. Arte moderno. ABSTRACT This paper explores the biographical and intellectual profile of the writer María Laffitte (1902-1986) drawing from three thematic areas ever present in her projects: the scientific breakthroughs, the women sociocultural circumstances and the modern art. This study of her ideas allows to deepen in the knowledge of a progressive and enlightenment woman, who knew how to argue the imposed meanings by the francoist regime in Spain, proposing new ideas connected with claims and some achievements of the early democracy. Key words: María Laffitte. María Campo Alange. Feminism. Evolutionism. Modern Art. * La edición de estos libros y artículos se hizo con el apellido de casada de la autora, María Campo Alange. No obstante, en la relación bibliográfica hemos decido mantener el de soltera, Laffitte, por coherencia con las ideas que el artículo sostiene. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 432 SUMARIO 1.—Introducción. 2.—Ideas sobre progreso, ciencia y evolución. 3.—Discursos y estrategias feministas. 4.—En torno al arte moderno. 5.—Diseñar el propio relato. De la introspección a la autobiografía. 6.—A modo de conclusión: la vanguardia de un pensamiento ilustrado. 7.—Referencias bibliográficas. 1.— Introducción La trayectoria intelectual de María Laffitte (Sevilla, 1902 - Madrid, 1986) 1 estuvo definida por un talante progresista e ilustrado que le condujo a afanarse en la comprensión de cuestiones sociales y culturales polémicas para su tiempo, y a comprometerse con la ruptura de las barreras que impedían a las mujeres ser agentes activos en la construcción de conocimiento 2. Esta actitud fue constante desde el descubrimiento de su faceta como escritora en los cuarenta, cuando tras pasar los años correspondientes al periodo republicano y la guerra civil en París junto a su marido, decidiera emprender su propia formación de un modo autodidacta. De esta manera, la falta de educación reglada motivada por la negativa de su familia, de ascendencia aristocrática, a que Laffitte acudiera a la escuela y a la universidad, quedaba enmendada por una voluntad férrea de saber que Laffitte dirigiría siempre hacia tres ámbitos: los avances de la ciencia, la situación sociocultural de la mujer y las artes plásticas modernas. Tales inquietudes se tradujeron durante cuatro décadas en una amplia producción bibliográfica y una discusión compartida con importantes y heterogéneos círculos intelectuales de los que formó parte. Simultáneamente, sus propuestas fueron llevadas a la práctica en proyectos colectivos con los que Laffitte trató de dar forma efectiva a la modernización de los discursos científicos, a la promoción social y cultural de la mujer, y a la renovación de los presupuestos artísticos y estéticos. Dada la compleja red de nociones que conformaron el pensamiento de la escritora, el estudio de su trayectoria intelectual ha requerido la convergencia de dos perspectivas historiográficas que permitieran tanto la consideración del contexto sociocultural en el que sus ideas surgieron y se desarrollaron, como la recuperación de la singularidad de una vida, sin necesidad de presentarla como 1. En este artículo se presentan las principales conclusiones del estudio monográfico BARRERA, Begoña: María Laffitte. Una biografía intelectual. Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2015. 2. Laffitte firmó todas sus obras y empleó públicamente su apellido de matrimonio, Campo Alange. En este artículo, así como en otras investigaciones publicadas sobre ella, hemos decidido emplear su apellido de soltera respetando la voluntad de la escritora al publicar su primer libro, que quiso firmar con su apellido de familia; ante la negativa de los editores, utilizó el de matrimonio, del que se serviría ya en lo sucesivo. CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 433 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 “ejemplarizante”, pero sin diluir tampoco su individualidad en la explicación de las estructuras históricas en las que aquella se encontraba inmersa. Así, la unión de la historia de los intelectuales con la biografía, como herramienta historiográfica, ha hecho posible plantear el estudio de la obra de María Laffitte como una oportunidad para el análisis tanto del arraigo de las definiciones oficializadas de ciencia, mujer y arte durante el franquismo, como de las posibilidades de reformulación de tales nociones desde posiciones individuales racionales y modernizadoras. Solo desde estas perspectivas resulta viable una recuperación de la obra de Laffitte que, escapando de parcialidades temáticas, considere su pensamiento de forma holística, y sepa calibrar el modo en que su vanguardismo se enraizaba en tradiciones intelectuales del pasado y tendía, a la vez, puentes hacia las reivindicaciones y logros de la temprana democracia. 2.— Ideas sobre progreso, ciencia y evolución La voluntad y la confianza en el progreso de la ciencia y de la sociedad fueron los vectores principales del pensamiento de Laffitte, y por ello sus escritos aparecieron plagados de referencias a este deseo de evolución. Aun cuando no hablaba de progreso, en cualquier tema que abordara se mostraba partidaria de lo nuevo: “creo en el ‘progreso indefinido’, que, para mí, está lejos de ser un ‘mito’ ligado a la época de ‘la Ilustración’, y, por tanto, algo viejo y caduco” 3. Estas palabras correspondían a su discurso de ingreso en la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla en 1957. Durante la disertación, titulada Aquella y esta Sevilla, Laffitte afirmó que el “fabuloso progreso técnico de los últimos treinta años solo puede ser valorado positivamente”: a lo que añadió: “no practico, por consiguiente, el misoneísmo, y no pertenezco al grupo de los que emiten agrios juicios de disconformidad a cada innovación, por el solo hecho de serlo” 4. Su voluntad de progreso —y esto es fundamental para el pensamiento de Laffitte— no procedía del apoyo a ninguna ideología política o grupo social, sino que era una apuesta individual, reflexionada y deducida de la idea de la evolución como algo consustancial a este mundo, tan inevitable como deseable 5. Por ello aclaraba: “Soy lógicamente progresista. Y soy progresista porque pienso que 3. LAFFITTE, María: Aquella y esta Sevilla. Sevilla, Academia Sevillana de Buenas Letras. Archivo de la Academia Sevillana de Buenas Letras, 1957, 9. 4. Ibid., 11. 5. Véase un estudio más pormenorizado en BARRERA LÓPEZ, Begoña: “Sobre María Laffitte y la Real Academia Sevillana de Buenas Letras”. Revista de Humanidades, 21 (2014) 31-50. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 434 de este modo sigo la misma dirección que la naturaleza, y que en su forma de proceder tiene que residir, necesariamente, la verdad” 6. Siguiendo las referencias de sus libros, se puede constatar que Laffitte leyó —o al menos conoció bien—, las teorías científicas de Pierre Teilhard de Chardin, Julian Huxley, Frederik J. J. Buytendijk, Alexis Carrel, André Tétry o Jean Rostand, entre otros. Aunque parece que el interés por los temas de la ciencia, y en particular la evolución, fue una constante desde sus primeras lecturas, ella misma señalaba que fue durante “los primeros cincuenta” cuando se entregó de forma más constante a los textos sobre “evolución biológica” 7. De entre todos los autores citados y recogidos en sus libros, fue con el paleontólogo y jesuita Teilhard de Chardin y su teoría del evolucionismo finalista con el que la escritora sintió una mayor vinculación intelectual, y su lectura de El fenómeno humano ensanchó prodigiosamente sus ideas sobre la evolución biológica. Con esta afirmación, Laffitte apuntaba una de las ideas que los pensadores afines a sus teorías (habitualmente científicos católicos) repitieron con más frecuencia, la de que este tuvo la ambición de ver el complejo fenómeno humano en su contexto cósmico, uniendo religión y ciencia. En las décadas siguientes a la muerte de Teilhard, los más decididos defensores de sus ideas, y con los cuales Laffitte entraría eventualmente en contacto para que participaran en sus proyectos, fueron el paleontólogo francés Jean Piveteau (1899-1991) Claude Cuénot (1911- 1992) biógrafo de Teilhard de Chardin y los paleontólogos españoles Miguel Crusafont Pairó (1910-1983) y Emiliano Aguirre (1925) Ciertamente, a partir de los años cincuenta los textos de Laffitte comenzaron a aparecer plagados de referencias a biólogos, paleontólogos e incluso antropólogos cuyas obras se habían dedicado total o parcialmente a la evolución humana y al estudio de la problemática naturaleza-cultura. Estos intereses de Laffitte se enmarcaban en un contexto hostil hacia el evolucionismo, marcado por una conceptualización franquista de la ciencia desde un punto de vista militar y moral, más cercano a los criterios ideológicos que a los científicos, y que se manifestó en importantes cambios institucionales como la fundación en 1939 del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En el campo de la teoría científica, las dos primeras décadas de la dictadura estuvieron dominadas por la defensa de una biología teísta y creacionista, y marcadas por la supeditación de la enseñanza y la divulgación de la ciencia a la religión católica. En esta línea, uno de los puntos más batallados del corpus científico contemporáneo sería el del evolucionismo, que en su versión darwinista fue considerado el núcleo de la llamada “biología materialista y atea”. 6. LAFFITTE, María: Mi atardecer entre dos mundos. Recuerdos y cavilaciones. Madrid, Planeta, 1983, 170. 7. Ibid., 178. CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 435 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 A propósito de ello, Laffitte recordaba en su autobiografía que “en lo que se refiere a la evolución biológica existe todavía, por los primeros cincuenta, dudas y reservas sobre la veracidad de la evolución biológica. El inmovilismo se impone, tercamente, al evolucionismo” 8. A finales de la década de los cincuenta la situación respecto a la ciencia comenzó a cambiar moderadamente, tal y como pudo apreciarse en las publicaciones y en las reuniones científicas que se celebraron para conmemorar en ese año el centenario de la publicación de El origen de las especies de Darwin 9. Por otra parte, en el ámbito institucional, y por lo que al CSIC respecta, la llegada de los tecnócratas al poder supuso para España el abandono definitivo de una economía autárquica, ya que se realizaron una serie de cambios orientados al progresivo desencorsetamiento de la política científica española. Parecería, por tanto, que la regeneración del campo científico fue una realidad a partir de finales de los años cincuenta y sobre todo en los sesenta. Sin embargo, lo cierto es que desde una visión particular como la de Laffitte la dimensión de estos cambios se minimiza, tal vez porque la mentalidad de la sociedad a la que ella pertenecía tardó todavía bastantes años en admitir las nuevas ideas científicas y las consecuencias ideológicas que aquellas implicaban. En todo caso, aunque la escritora pudiera percibir estas transformaciones, desde luego no le resultaron suficientes: Ha pasado más de un siglo desde que empezó a hablarse de transformismo y todavía a estas alturas, en los primeros setenta, hay quien lo rechaza por considerarlo perturbador y ligado a doctrinas “materialistas” [...]. Sin embargo, la existencia de una evolución biológica que se realiza en el espacio y en el tiempo es una de las grandes verdades científicas de nuestra época. Nuestra desconcertante y persistente falta de curiosidad intelectual, unida a la escasísima información que recibió la juventud durante la larga etapa franquista, prolonga increíblemente esta situación [...] Estos datos y muchos más me inducen a pensar que el reloj de nuestros conocimientos en el campo de la Historia Natural —salvo para unos pocos especialistas— está parado desde hace tiempo y siempre funcionó a trancas y barrancas 10. Parece obvio que, siendo un convencimiento tan firmemente arraigado en ella, empleara cualquier ocasión para hacer alegato del progreso y de las ideas evolucionistas que, según creía Laffitte, estaban íntimamente conectadas. La 8. Ibid., 170. 9. GLICK, Thomas F.: Darwin en España. Barcelona, Editorial Península, 1982; MAKINISTIAN, Alberto: Desarrollo histórico de las ideas y teorías evolucionistas. Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004. 10. LAFFITTE, María: Mi atardecer…, op. cit., 171. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 436 primera oportunidad le llegó al ser propuesta por Manuel Fraga para la vicepresidencia del Ateneo de Madrid en 1962, cargo que ocupó hasta el año 1968. La Junta directiva de esta institución, tradicionalmente elegida de forma democrática, solo fue nombrada desde el gobierno durante los periodos de las dictaduras primoriverista y franquista. Durante esta última etapa, y tras haber quedado su elección supeditada a la Delegación Provincial de Educación Nacional de FET y de las JONS desde 1939, y a la Dirección General de Propaganda tras 1946, el Ateneo de Madrid pasó a depender en 1951 de la Dirección General de Propaganda del Ministerio de Información y Turismo 11. Así, a partir de septiembre de 1962, con Manuel Fraga a la cabeza del ministerio y de la institución, se procuró dar una imagen más liberal del Ateneo, para lo cual se dispuso la celebración de una serie de “juntas” que reunieron a importantes miembros del mundo académico y científico, y mediante las que se elegiría de un modo más o menos consensuado tanto la dirección de la institución madrileña como la líneas de su futura actividad. Entre los convocados solo figuraba una mujer, la propia María Laffitte, que sería propuesta para ocupar la vicepresidencia de la institución, junto con Florentino Pérez Embid y Valentín Andrés Álvarez 12. El nombramiento de Laffitte tuvo bastante repercusión en la prensa, donde mayoritariamente se destacó el hecho de que por primera vez una mujer accediera a los puestos directivos de la Junta del Ateneo 13, y el posible paralelismo que la figura de Laffitte pudiera tener con la de Emilia Pardo Bazán, primera mujer socia numeraria de la institución 14. Sin embargo, el aparente progreso que parecía significar la lenta incorporación de mujeres como Laffitte a la esfera pública durante los años sesenta resultaba, para la escritora, insuficiente si solo se trataba de un gesto simbólico que no se traducía en una ampliación de los márgenes de operatividad de aquellas dentro de las instituciones de las que formaban parte. Laffitte mostraba abiertamente que su experiencia en el Ateneo, aun habiendo tenido el paradójico privilegio de ser la primera mujer que accedió a la Junta, fue decepcionante. Y lo fue porque el “carácter liberalizante” que Fraga había pretendido imprimir a la institución no dio de sí lo suficiente 11. ABELLÁN, José Luis: El Ateneo de Madrid. Madrid, La Librería, 2006; HERRERA TEJADA, Clara, et al.: “El Ateneo de Madrid y la recuperación de su archivo: un proyecto de memoria histórica”. En Cuartas Jornadas Archivo y Memoria. La memoria de los conflictos: legados documentales para la Historia. Madrid, 19-20 de febrero de 2009; SÁNCHEZ GARCÍA, Raquel: “El Ateneo de Madrid: Plataforma ideológica del franquismo (1939-1963)”. Historia Contemporánea, 29 (2004) 871-894. 12. Archivo del Ateneo de Madrid: “Informe-Resumen de lo tratado en la reunión del Ateneo de Madrid del 27-09-1962”. 13. Archivo del Ateneo de Madrid: El Noticiero Universal de Barcelona, 19-02-1963; Diario Informaciones de Madrid, 15-02-1963. 14. Archivo del Ateneo de Madrid: Diario España, de Tánger, 20-02-1963; El Noticiero Universal de Barcelona, 19-02-1963. CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 437 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 como para propiciar una regeneración de ideas, o al menos cierta tolerancia, que permitiera realizar con éxito sus proyectos de difusión científica. Desde las primeras reuniones convocadas por Fraga en 1962, la escritora había tratado de gestionar la participación de personalidades en actividades relacionadas con la ciencia y, en especial, con las nuevas tendencias neodarwinistas de la paleontología. Así, había propuesto a Emiliano Aguirre como vocal de la institución 15, y había planteado junto con Rof Carballo la posibilidad de elaborar un curso sobre “divulgación científica” que, tras ser aprobado, quedó bajo la coordinación de Laffitte, Aguirre y Rof Carballo 16. Este proyecto dará lugar a dos seminarios impartidos durante el curso 1963-1964 dedicados a la evolución humana (La naturaleza evolutiva del hombre) y a la figura de Teilhard de Chardin (Teilhard de Chardin). Las intervenciones del ciclo La naturaleza evolutiva del hombre recogieron la vanguardia del pensamiento evolucionista y neodarwinista en España. De hecho, los ponentes de estas mismas serían los mismos que formarían dos años después junto a Laffitte el Grupo español de trabajo Teilhard de Chardin. Entre los asistentes se encontraban personalidades destacadas de la biología, la paleotología o la antropología como Juan Rof Carballo, Jean Piveteau, Julio Caro Baroja, o el propio Emiliano Aguirre. A este ciclo le siguió el de Teilhard de Chardin, igualmente auspiciado por Aguirre y Laffitte, y en el que pudieron intervenir renombrados especialistas en la obra del paleontólogo francés, como Crusafont Pairó, Claude Cuenot o Julio Meinvielle 17. Estas actividades han de vincularse al impacto que las ideas de Teilhard de Chardin habían provocado en España y a su presencia en los medios públicos, impacto que, no obstante, quedó mitigado por la presencia en el Ateneo de convicciones conservadoras y antievolucionistas que hacían imposible que el neodarwinismo y las teorías evolutivas fueran tratadas como un tema científico al margen de (o al menos no supeditado a) lo moral. Es fácilmente imaginable la actitud reticente que Laffitte encontró en la institución ateneísta cuando planteó estos temas a la Junta directiva y, probablemente, a los puestos del gobierno desde los que esta última se dirigía. A propósito de las conferencias de La naturaleza evolutiva del hombre, la escritora afirmaba: En 1963, el tema general del cursillo resultaba en España extremadamente nuevo y hasta, diría yo, ligeramente escandaloso. Me proponía iniciar al gran público sobre un aspecto de la ciencia que hasta entonces había sido 15. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 119. 16. Archivo del Ateneo de Madrid: Resumen de la sesión en el Ateneo de Madrid el 10-11-1962. 17. Archivo del Ateneo de Madrid: Ateneo de Madrid. Memoria, 1962-1967. Madrid, Dirección General de Cultura y Espectáculos, 1968. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 438 cuidadosamente silenciado a causa de determinados temores, por todo lo cual estábamos, en relación con otros países, en vergonzoso retraso. [...] Por otra parte, las conferencias fueron también saboteadas y se dio el doloroso caso de que ante anunciadas intervenciones valiosísimas sobre temas tan nuevos y tan apasionantes, pasasen los socios por delante del salón de actos sin entrar en él. ¿Indiferencia? ¿Consigna? 18. Según su testimonio, también quiso formar un grupo de mujeres para incitar entre ellas al debate sobre las “necesarias reformas” del Código Civil en relación con la mujer, el matrimonio, la familia y el mundo laboral. Aparte de la propia actualidad del tema, en este propósito fue sin duda determinante la influencia del Seminario de Estudios Sociológicos de la Mujer (SESM), un grupo de trabajo que, como veremos, ella misma había fundado en 1960 con el propósito de “despertar las conciencias especialmente somnolientas de las mujeres españolas”. Sin embargo, fue una intención malograda: “En este último proyecto fracasé rotundamente. Desde el primer momento noté una sorda resistencia a pesar de que el tema era actual, evidentemente no tanto como lo sería años después”. Y se pregunta: “¿Es que en el Ateneo no se podía hacer ninguna labor positiva?” 19. Tras su dimisión como vicepresidenta en 1968, el fuerte convencimiento sobre la necesidad de difundir las propuestas científicas y evolutivas llevó a Laffitte a no cejar en su intento de dar a conocer y profundizar en las ideas de sus autores, y especialmente en las de Teilhard de Chardin. Su experiencia en la institución madrileña le empujó a ensayar otros modos de acercamiento y de difusión de sus ideas científicas lejos de las tribunas oficiales. En este sentido, la fundación del Grupo Español de Trabajo Teilhard de Chardin (desde ahora GETTC) en 1965 supondría un cambio de estrategia en su intento por profundizar en las ideas del paleontólogo, pero también un procedimiento eficiente para mantener el contacto con prestigiosos investigadores y teóricos de cuya compañía disfrutaba indudablemente. Esta empresa tuvo su origen en un viaje a París coetáneo a la preparación y celebración de los ciclos científicos-divulgativos para el Ateneo, durante el cual la escritora entró en contacto con la responsable de la Fundación Teilhard de Chardin en Francia, Jeanne Mortier, quien había sido secretaría del paleontólogo, heredera de su legado y transcriptora de su obra póstuma El fenómeno humano. Ella misma le encomendó, según Laffitte, “la divulgación de las ideas teilhardianas en la capital de España, y la creación de un grupo de ‘amigos de Teilhard de Chardin’ tal y como existían en otros países de Europa”; ante la 18. LAFFITTE, María: Mi atardecer…, op. cit., 119-120. 19. Idem. CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 439 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 propuesta, la escritora “tratando de actuar con cautela” se decidió por la fundación de un “Grupo de trabajo Teilhard” 20. Según afirmaba, lo que la escritora pretendía era estudiar más a fondo la obra del paleontólogo entre un “grupo reducido de personas de cultura científica o filosófica” con el fin de esclarecer algunos puntos de su teoría que todavía le parecían problemáticos. Para ello, reunió durante la primera mitad de los años sesenta fue conformando un exclusivo círculo de intelectuales y especialistas que trabajarían coordinados por ella misma: “al empezar la década de los sesenta [...] emprendí la tarea de agrupar a unas pocas personas simpatizantes, en principio, con las ideas teilhardianas, para estudiar, por de pronto más a fondo, el contenido de El fenómeno humano” 21. Las reuniones del GETTC se celebraron únicamente durante dos cursos, 1965-1966 y 1966-1967, en la sala de juntas del Museo de Ciencias Naturales y sin que se tenga constancia de que se levantaran actas oficiales de ellas. Sin embargo, tanto las disertaciones como el coloquio que las acompañaba se recogían, según Laffitte, en cinta magnetófona para ser transcritas posteriormente bajo la supervisión de algunos de los integrantes. Las notas mecanografiadas, que corresponden a cinco disertaciones y dos coloquios, se publicaron en la Colección Cuadernos Taurus en 1969 bajo el título En torno a Teilhard. En él se recogieron los disertaciones y debates entre los miembros del grupo, todos ellos, a excepción de la incorporación de Jesús Moneo, antiguos participantes de las conferencias organizadas en el Ateneo: P. Dubarle, M. Crusafont, Rof Carballo, F. Riaza, etc. 22. No deja de ser llamativo, sin embargo, el papel de la propia María Laffitte en este grupo. Como aglutinadora de los especialistas y organizadora de las sesiones, fue ella quien firmó una breve presentación que incluía el libro En torno a Teilhard repasando las trayectorias y las intervenciones de los conferenciantes. Sin embargo, en esta misma obra, mientras que se recogían no solo las disertaciones sino también las intervenciones durante coloquio de todos los participantes, no aparece apenas rastro de ninguna aportación de la escritora. Esta actuación contrastaba con las de sus compañeros de grupo que, según aparecía en el material transcrito, se prodigaban en observaciones profundas; también contrastaba con la actitud que se esperaría de alguien que llevaba, para estas fechas, una década inmersa en la lectura e investigación sobre el evolucionismo y sobre Teilhard; y contrastaba, sobre todo, con la escritura de Laffitte, con las decenas de páginas que dedicó a estos temas en ocasiones como la que le 20. Ibid., 190. 21. Ibid., 191. 22. Grupo Español De Trabajo Teilhard De Chardin: En Torno a Teilhard. Presentación: Condesa De Campo Alange. Madrid, Taurus, 1969. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 446 pondiente estudio) entre los cambios efectivos que estaban llegando y la propia autopercepción de las mujeres respecto a su lugar en la sociedad. En segundo lugar, la escritora afirmaba que para la mujer española no existía el sexo como satisfacción, ya que este quedaba anulado por la única función biológica de gestar, parir y lactar a sus hijos para la que la mujer se encontraba destinada. El placer sexual sólo parecía necesario, según denunciaba Laffitte, para el hombre, lo que daba lugar a una profunda desigualdad que desembocaba en relaciones desarticuladas y malogradas. Por último, Laffitte abordó la insuficiencia de las trasformaciones sociales de cara a una auténtica promoción de la mujer en sus posiciones laborales e intelectuales. Aun reconociendo los progresos, insistió en que “la incorporación de la mujer al campo de las profesiones liberales es todavía un fenómeno sin asimilar”. Esta situación planteaba para Laffitte muchas preguntas sobre la experiencia emancipadora del último siglo. “¿Es que la mujer española ha cubierto durante esta etapa todo su recorrido?”, “¿cuándo tuvo, cuándo tendrá la mujer verdadera igualdad de oportunidades en relación al hombre?” 40. Para principios de la década de los sesenta, lejos de quedarse en la mera formulación de una agenda o de una hoja de ruta a seguir, la escritora decidió embarcarse en la creación del Seminario de Estudios Sociológicos de la Mujer (en adelante SESM), del que fue fundadora en 1960 y que dirigió hasta 1980. Junto con el cuestionamiento firme de los paradigmas de mujer franquista, este grupo de trabajo —que no fue legalizado hasta 1977— tuvo como objetivo averiguar cómo se estaba desarrollando el proceso de integración de la mujer en la modernización del país. Para ello, Laffitte había conseguido reunir, gracias a la colaboración de su amiga Lilí Álvarez, a un grupo de mujeres que cumplían el perfil que la escritora había establecido como necesario para integrar el grupo de trabajo: “que todas ellas fueran universitarias y que ejercieran una profesión a fin de que tuvieran una experiencia directa de lo que era, por entonces, el mundo del trabajo para la mujer” 41. Compusieron el grupo Consuelo de la Gándara, Elena Catena, las hermanas Pura y María Salas Larrazábal, Concepción Borreguero Sierra, María Jiménez de Obispo del Valle y ya citada Lilí Álvarez (Elia María González-Álvarez y López-Chicheri). La primera labor del grupo consistió en la elaboración de un sondeo sociológico entre las mujeres madrileñas de diecisiete a treinta y cinco años con el fin de aclarar la situación de la mujer española en el proceso de modernización. Las conclusiones, recogidas en Habla la mujer (Cuadernos para el Diálogo), corroboraron para el SESM aquella carencia de un proceso gradual de evolución en la mujeres que Laffitte había apuntado en 1964. El estudio demostraba la 40. Ibid., 348. 41. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 122. CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 447 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 pasividad de las jóvenes y su “inmovilismo y escasa evolución”, entendiendo por ello “la falta de actitud interna ante los problemas sociales”, y mostraba la falta de responsabilidad de las mujeres, probablemente a causa de la excesiva protección familiar. Además, el sondeo revelaba la escisión entre el mundo masculino y el femenino, es decir, la poca confianza, complicidad y entendimiento entre los dos géneros. Como señales positivas, el SESM destacaba la estima de los valores familiares, la “sana moralidad sexual”, la religiosidad, la bondad y generosidad, y el optimismo 42. El siguiente estudio que realizó el SESM, Mujer y Aceleración histórica, fue publicado en la colección “Los Suplementos” de Cuadernos para el Diálogo en 1972, y tenía por finalidad dar “respuesta a la publicación del Libro Blanco para la reforma de la educación en España, con el que no estábamos totalmente de acuerdo en lo referente a la mujer” 43. Para el SESM, estas medidas legislativas en materia de educación resultaban insuficientes en tanto que no cuestionaban los valores tradicionales y el rol hogareño de las mujeres, sino que continuaban promoviendo los roles de esposas y amas de casa. A la crítica la acompañaban propuestas concretas que defendían la urgente profesionalización del trabajo femenino y la necesidad de un régimen de coeducación ante la insuficiencia de una enseñanza mixta pero diferenciada por sexo. En 1977 el seminario publicaba Diagnosis sobre el amor y el sexo en la editorial Plaza & Janés de Barcelona. El proyecto partió de la intención de investigar la afectividad de la pareja humana. “Limitamos nuestro estudio a los jóvenes de 18 a 21 años, porque entendemos que ya han pasado la adolescencia y todavía no están demasiado moldeados por la sociedad”, explicaban las autoras. Las conclusiones extraídas en esta obra, más renovadoras que las dos obras anteriores, advertían que se estaba asistiendo a mediados de la década de los setenta a una evolución de las relaciones interpersonales de los sexos, puesto que caracterizaba a la juventud “el deseo de superar los tabúes sexuales, movida por la convicción de que todo lo natural y espontáneo es bueno”. Además de posicionarse a favor del divorcio, El SESM destacaba la “exigencia de una mayor autenticidad en el amor y en el matrimonio” y el hecho de las relaciones sexuales prematrimoniales fueran cada vez más frecuentes y socialmente admitidas 44. En 1980 Laffitte dejaba de dirigir el SESM “por razones de edad y por haber abandonado el casco urbano para residir en sus cercanías” 45, y en un capítulo 42. Seminario de Estudios Sociológicos de la Mujer: Habla la mujer, resultado de un sondeo sobre la población actual. Madrid, Cuadernos para el Diálogo, 1967. 43. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 124. 44. Seminario de Estudios Sociológicos de la Mujer: Diagnosis sobre el amor y el sexo. Barcelona, Plaza & Janés, 1977. 45. BORREGUERO, Concepción, et al.: La mujer española: de la tradición a la modernidad. Madrid, Tecnos, 1986, 9. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 448 de su autobiografía, titulado “Agonía del patriarcado” se identificaba ya con las aspiraciones del feminismo contemporáneo. La escritora, en una adscripción plena a la tradición del feminismo ilustrado, consideraba que este era un movimiento nacido con la Revolución Francesa, que había tomado cuerpo durante el siglo XIX, especialmente con las sufragistas inglesas, y que luego se había extendido hasta culminar, en los años sesenta, en Norteamérica 46. Como estas palabras evidenciaban, para principios de los ochenta el pensamiento de Laffitte había evolucionado, dejando atrás las nociones esencialistas de aquel “eterno femenino como instinto maternal” defendido en los años cuarenta y sustentado en las aportaciones de Concepción Arenal. Progresivamente, y en parte debido al trabajo colectivo del SESM, su visión del feminismo se había ampliado, y a la repercusión de las teorías de Simone de Beauvoir en los años cincuenta, se sumarían otras como las de feminismo católico o las del feminismo socialista, deudoras todas de la especial coyuntura reivindicativa del tardofranquismo y de la transición democrática. 4.— En torno al arte moderno Si bien María Laffitte realizó importantes aportaciones como consecuencia de su interés por las nuevas teorías científicas y por la situación social de la mujer, fue gracias a su temprano acercamiento al mundo del arte moderno por lo que la escritora pudo comenzar a introducirse en los círculos intelectuales que se estaban fraguando en la capital desde los años cuarenta. Esta pertenencia a grupos reducidos infundió en ella un profundo elitismo intelectual que se plasmó en gran parte de su obra, y que se manifestó de un modo particularmente elocuente en sus textos sobre arte. El primero de ellos, ya señalado, fue el libro dedicado a la pintora María Blanchard, fallecida en 1932 y, como Laffitte afirmaría reiteradamente en sus futuros escritos sobre ella, poco conocida en España. La ausencia de un estudio dedicado a la obra de la pintora impulsó a Laffitte a indagar sobre su trayectoria, y desde 1939 comenzó una búsqueda de fuentes y testimonios que le llevaría a contactar con su familia, a entablar una amistad con su hermana Carmen Gutiérrez-Cueto Blanchard, e incluso a adquirir una pieza de la pintora santanderina 47. Este interés por su trayectoria desembocaría en la publicación de una monografía sobre su obra en 1944, titulada María Blanchard y editada en Hauser y Menet. 46. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 226-229. 47. Archivo Condes de Campo Alange (A.C.C.A): Cartas de Carmen Gutiérrez Blanchard a María Laffitte (26-11-42; 6-3-43). CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 449 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 La novedad que suponía la introducción en España de una artista de la escuela de París no pasó desapercibida en medio de un panorama estético saturado de tradicionalismo y academicismo. A la popularidad creciente de Laffitte como escritora contribuyeron la difusión que la escritora hizo de su obra, enviando ejemplares a amigos y conocidos como Rafael Durancamps, José Francés o Luis de Galinsoga 48, su participación en eventos artísticos como la exposición sobre María Blanchard organizada en el Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús, donde la escritora pudo intervenir en un acto junto al historiador del arte Enrique Lafuente Ferrari, o la reseña que José Camón Aznar le dedicó ese mismo año a su monografía en la prestigiosa revista Ideas Estéticas que él mismo dirigía 49. En la creación de vínculos con destacados intelectuales del mundo del arte estuvo el origen de la invitación de Eugenio d’Ors a que participara en la Academia Breve de Crítica de Arte (en adelante ABCA). Este grupo, dirigido por él mismo, integró a diez miembros más aparte de Laffittte hasta formar el número de once, cifra simbólica para el intelectual. Aparte de Laffitte, el grupo lo componían José María Alfaro, José de Baviera, Carlos Blanco Soler, José Camón Aznar, Yakichiro Suma, Eduardo Llosent, Luis Felipe Vivanco, Zaguera Fombona y Enrique Azcoaga como secretario. El funcionamiento era sencillo y estaba dirigido al estudio y la difusión del arte moderno (aquel producido a finales del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX y que estaba siendo marginado por la estética franquista) y el actual (el realizado por aquellos pintores vivos que hacían difíciles equilibrios para modernizarse dentro de los rígidos límites de temática y técnica que no permitían grandes innovaciones pero sí interesantes alternativas). Para ello se celebrarían desde su fundación en 1944 dos tipos de exposiciones anuales: una titulada Salón de los Once, donde cada miembro presentaba a un artista del que se exponía una obra, y otra denominada Exposición Antológica, donde se recogían las mejores obras expuestas durante la temporada anterior, según el criterio de la ABCA. Laffitte, recuperando en su autobiografía las sensaciones vividas décadas antes, afirmaba que “aunque parezca raro, todavía por aquellos años el público, y hasta la crítica de la capital de España, se resistía a dar paso a las nuevas formas de la pintura contemporánea admitida y admirada en otros países” 50. No parece que estas consideraciones ligadas a un momento histórico fueran una reinterpretación de sus propias opiniones en aquellos años, pues encajaban a la perfección con el perfil intelectualmente elitista del círculo en el que participó, una “minoría selecta” destinada a orientar en la buena dirección los gustos de 48. Archivo Condes de Campo Alange (A.C.C.A): Cartas de Rafael Durancamps (3-2- 44), José Francés (25-1-44) o Luis de Galinsoga (17-1-44). 49. CAMÓN AZNAR, José: “La Condesa de Campo Alange: María Blanchard”. Revista de ideas Estéticas, 5 (1944) 139-140. 50. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 62. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 450 un público falto de criterio. Así, la asunción de la responsabilidad con la revitalización de la cultura artística se convirtió en otro de los compromisos patentes en la trayectoria literaria de Laffitte. La celebración anual de los Salones de los Once le dio la oportunidad de entablar o afianzar la relación no sólo con los intelectuales habituales en la ABCA, sino también con los artistas cuyas obras se mostraban en cada ocasión. Así, en 1946, con motivo de la celebración del Cuarto Salón de los Once, Laffitte se encargó de presentar la figura de Rafael Durancamps, amigo de la escritora y artista de una modernidad contenida pero de trayectoria acreditada en Madrid 51. Igualmente, en el Séptimo Salón de los Once de 1949, evento que significaría un importante paso adelante en la recuperación más explícita del espíritu vanguardista, fue la encargada de la presentación de un invitado de excepción, Salvador Dalí 52, cuya presencia Sánchez Camargo calificó como algo insólito en las “circunstancias de desconocimiento patrio” 53. Estos hechos la acreditaron intelectualmente para llevar a término su siguiente empresa literaria, la publicación en 1953 de un libro titulado De Altamira a Hollywood. Metamorfosis del Arte. La escritora afirmaba que este ensayo había sido producto de un viaje a Nueva York en el que, a principios de los años cincuenta, descubrió con fascinación los museos de arte moderno y artistas como Gauguin, Picasso o Pollock, y gracias al cual había tomado contacto con la historia de la fotografía y con “los pioneros de esta técnica”. Por eso aseguraba: “Me pareció —y sigue pareciéndome— que era necesario, para una buena comprensión de las artes plásticas, un estudio profundo de las representaciones visuales, a fin de darnos cuenta del papel que juega la imagen a través del recorrido histórico” 54. De Altamira a Hollywood fue toda una defensa a ultranza del arte moderno y de la abstracción especialmente. Un alegato que, sin embargo, obedeció a razones muy distintas de las que se postulaban desde el discurso teórico-artístico que gestionaba la implantación de este tipo de pintura y del que Laffitte se quiso desvincular al exponer sus propias ideas sobre el arte abstracto. Recuérdese que los presupuestos que sustentaron la defensa de la abstracción entre los círculos artísticos e intelectuales cercanos al régimen se basaron en la comprensión de tal estilo como una constante histórica y como superación de la anárquica vanguardia de preguerra frente a la que era urgente reivindicar la despolitización y la autonomía espiritual del arte. Así mismo, fue precisamente 51. Centro de Documentación de Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Archivo de la Galería Biosca: “Quinto Salón de los Once, 1947”. 52. Centro de Documentación de Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Archivo de la Galería Biosca: “Séptimo Salón de los Once: invierno 1949”. 53. SÁNCHEZ CAMARGO, Manuel: Historia de la Academia Breve. Homenaje a Eugenio d’Ors. Madrid, Langa y Cia., 1963. 54. LAFFITTE, María: De Altamira a Hollywood. Metamorfosis del Arte. Madrid, Revista de Occidente, 1953, 84. CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 451 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 la espiritualidad que se le presuponía a la abstracción la dio pie a la defensa de un informalismo religioso como modo de renovación del arte sacro y como vía de legitimación segura del estilo abstracto. Finalmente, la inserción de esta tendencia en el relato de la historia del arte español fue la clave de su instauración y lo que justificó la comodidad con la que fue acogido y publicitado desde el régimen, utilizándolo como evidencia de la incorporación de España a la modernidad cultural europea y americana 55. Estos presupuestos oficiales sobre la abstracción tuvieron una influencia bastante limitada en el ensayo de Laffitte, cuya defensa del arte abstracto estaba íntimamente ligadas a sus circunstancias vitales y sus intereses a principios de la década de los años cincuenta. Recuérdese que para Laffitte la voluntad de progreso era una actitud deducida de la idea de evolución como algo consustancial al mundo, de ahí que se autodefiniera como “lógicamente progresista” y reconociera que lo que unía a su obra escrita, temáticamente heterogénea, era el deseo de evolución: “Evolución de las artes visuales, evolución social de la mujer, evolución de mi propia vida...” 56. La aplicación de su idea de progreso al campo de las artes visuales dio como resultado la publicación en 1953 de De Altamira a Hollywood, un ensayo escrito con el propósito de demostrar “cómo esas nuevas formas [del arte moderno] obedecen a la lógica de una evolución espiritual y social en la que interviene directamente el progreso de la técnica” 57. Frente a los tópicos de religiosidad o de españolidad, Laffitte (que no se olvide que pertenecía a un círculo de críticos de arte muy selecto y bien relacionado con cargos institucionales o cercanos al régimen) optaba por un arte que tomara como inspiración los nuevos hallazgos de las diferentes disciplinas científicas: “Hay aspectos de la ciencia que son perfectamente poetizables [...]. Algunos biólogos, algunos psiquiatras, algunos astrónomos, han dado a través de sus exposiciones científicas páginas admirables llenas de un nuevo encanto para los no iniciados” 58. Del mismo modo, sirviéndose de la histórica “disputa” entre fotografía y pintura por la legitimidad como medio de captación de la realidad, Laffitte argumentó que, tras el perfeccionamiento de la técnica fotográfica, la plasmación de la realidad por métodos manuales carecía de sentido. La escritora afirmaba que “la máquina continúa una labor aprendida hace siglos por el pintor: el inventario del 55. Cfr. UREÑA PORTERO, Gabriel: Las vanguardias artísticas en la postguerra española, 1940-1959. Madrid, Istmo, 1982; DÍAZ SÁNCHEZ, Julián: El triunfo del informalismo: la consideración de la pintura abstracta en la época de Franco. Madrid, Metáforas del arte moderno, 2000; La idea de arte abstracto en la España de Franco. Madrid, Cátedra, 2012; DÍAZ SÁNCHEZ, Julián y LLORENTE HERNÁNDEZ, Ángel: La crítica de arte en España (1939-1976). Madrid, Istmo, 2004. 56. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 109. 57. LAFFITTE, María: op. cit., 1953, 14. 58. Ibid., 115. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 452 mundo físico”, lo que le llevaba a cuestionarse la legitimidad del realismo en pintura: “Lo que el pintor sueña o piensa, puesto que se trata de algo que no se ve, ¿tiene necesariamente que ser expresado por medio de la figuración?” 59. En este ensayo de 1953 la escritora también mostró su deuda con el pensamiento de Ortega y Gasset al defender la distinción entre las élites minoritarias y “las masas” según su capacidad de acceso o no a las nuevas consignas culturales del arte de este tiempo. Laffitte, que conocía personalmente y admiraba al filósofo, afirmaba que existía “un divorcio entre el artista y la sociedad” 60, fenómeno que explicaba retomando de un modo explícito las ideas de Ortega, aunque sin citarlo: “Las artes plásticas exentas de figuración, el llamado “arte abstracto”, es el arte que, de momento, se han dado a sí mismas las minorías. Inútil será todo esfuerzo que tienda a hacer comprensible a la masa este arte, porque es radicalmente minoritario” 61. Estas declaraciones, que se extendieron en una amplia disertación, deben ser consideradas también como un ejercicio de posicionamiento social por parte de Laffitte. Más allá del hecho de que ella se hiciera eco de las ideas de Ortega, la alusión a una élite a la que se dirigía aquel arte intelectualizado era todo un ejercicio de posicionamiento, puesto que al fin y al cabo la que escribía estas palabras no era solo una espectadora más integrada en aquella minoría, sino que estaba ejerciendo igualmente de teórica, lo que suponía situarse a la vanguardia de la propia élite. Aunque la recepción en prensa de De Altamira a Hollywood fuera positiva, lo cierto es que este ensayo de 1953 tuvo menos repercusión que sus dos libros anteriores. Laffitte aseguraba no haber quedado satisfecha con su publicación: “Yo no quedé contenta. Siempre me ha parecido desafortunado y poco serio” 62. Sin embargo, tanto De Hollywood a Altamira como su primera obra de 1944, María Blanchard, fueron dos libros fundamentales para la trayectoria de Laffitte, puesto que marcaron las líneas que desarrollaría en sus escritos de las décadas siguientes, en los que continuaría vinculando el arte con la ciencia, o reflexionando sobre obras de mujeres artistas o las mujeres en el arte. Un ejemplo del primer caso es el capítulo que le fue solicitado para Varia Velazqueña, donde Laffitte decidió analizar en un texto que tituló “La magia natural en Velázquez” la relación entre la evolución de la técnica del vidrio y su pintura para corroborar, una vez más, el estrecho vínculo que existía entre ciencia/técnica y los modos de representación de las artes plásticas 63. 59. Ibid., 94, 107-108. 60. Ibid., 144. 61. Ibid., 150-151. 62. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 85. 63. LAFFITTE, María: “La magia natural en Velázquez”. En Varia velazqueña. Homenaje a Velázquez en el III centenario de su muerte, 1660-1960. Madrid, Ministerio de Educación Nacional, Dir. Gral. de Bellas Artes, 1960, 116-207. CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 453 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 Por otra parte, a partir de 1958, y probablemente retomando la actividad que había realizado en la ABCA (que a partir de 1955 dejó de estar activa) Laffitte desarrolló una importante labor como crítica de arte en la cual tuvieron un lugar privilegiado las artistas y la reflexión sobre la mujer en el arte. La escritora aprovechó estos momentos para articular en su discurso sus propuestas sobre el arte junto con sus ideas acerca de la mujer y “lo femenino”, tal y como ya había hecho en María Blanchard. Ejemplos de ello fueron el texto “La poética de la ingenuidad de Pepi Sánchez”, donde Laffitte elogiaba la obra de esta pintora sevillana y su “mano de mujer” (que era tanto como incidir en el carácter “femenino” de su estilo) 64, o la conferencia que impartió en el Club Urbis titulada “Solana y las mujeres”, cuyo texto Cela incluiría en la edición de diciembre de Papeles de Son Armadans y que Laffitte, por su parte, publicaría de nuevo en 1961 junto con el resto de ensayos que compusieron La mujer como mito y como ser humano 65. Durante los años sesenta, sus reflexiones respecto a la estética contemporánea fueron ganando en hondura gracias a la integración de nuevas perspectivas que rompían con las visiones maniqueas y estereotípicas que había manejado en años anteriores. En lo relativo a la mujer, la transformación hacia un pensamiento más integrador, más denso en ideas y aportaciones, se evidenció en el tratamiento que recibieron las artistas sobre las que escribió en este periodo. Las palabras que dedicó a su amiga Carmen Azorena en el catálogo de su exposición póstuma rebelavan el interés que Laffitte sentía por la temática de su obra gráfica: “el hombre-máquina o, lo que es peor aún, pieza de máquina. La mujer genéricamente oprimida, representada a veces por la mujer árabe. Opresores y oprimidos...” 66. Igualmente, al considerar la obra de Liliane Lees-Ranzere, Laffitte hizo unas declaraciones que sintetizaban perfectamente el momento vital en el que se encontraba la escritora: “no quiero caer en el tópico de ver en la pintura de Liliane esa sensibilidad “femenina” que tantos varones creen descubrir en la obra de arte hecha por una mujer. En plena era atómica no creo que tengamos derecho a usar ese lenguaje”, y añadía: “La Sensibilidad, como la Inteligencia, como la Bondad, como toda cualidad humana que pueda escribirse con mayúscula, no tiene sexo” 67. Finalmente, la voluntad de Laffitte de desdecirse de los tópicos que había empleado en sus primeros textos se evidenciaba 64. LAFFITTE, María: La poética de la ingenuidad de Pepi Sánchez. Cuadernos de Arte del Ateneo de Madrid, 32. Madrid, Editora Nacional, 1958. 65. LAFFITTE, María: “Solana y la mujer”. En Papeles de Son Armadans, III, XXXIII bis (1958) 7-25. 66. LAFFITTE, María: Carmen de Azorena. Madrid, Sala de Exposiciones de la Dirección General de Bellas Artes, 1963. 67. LAFFITTE, María: Liliane Lees-Ranceze. Publicaciones españolas Cuadernos de Arte. Colección Ordinaria, 1963. ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 BEGOÑA BARRERA LÓPEZ 454 en un artículo que aportó para el catálogo de la exposición de María Blanchard en la Galería Biosca a finales de 1976, y para el que — según afirmaba la escritora— había realizado una selección de fragmentos de su libro de 1944. Lo significativo de este texto fue que, si bien por lo general copió párrafos enteros sin cambiar ni las comas, en otras ocasiones, cuando sus antiguas tesis reflejaban un ideal de la mujer apegado al discurso misógino, sí modificó sustancialmente sus afirmaciones. De entre todos los cambios, tal vez el más significativo fue el siguiente; si en 1944 había afirmado que, Unida ideológicamente con Juan Gris y Lipchitz, rechaza durante este tiempo, con una energía que pudiéramos llamar “viril”, todo lo que hubiera podido hacer sus composiciones más amables [...]. Tanta energía en su desprendimiento nos demuestra hasta dónde llegó a sacrificar su dulce feminidad. Es la única mujer que ha practicado seriamente el cubismo puro 68. En la versión que presentó en 1976 sus apreciaciones estaban muy matizadas: Unida en la estética con Juan Gris y con Lipchitz, rechaza durante algún tiempo, con una energía que entonces se diría “viril”, todo lo que hubiera podido hacer sus composiciones más amables, [...]. Tanta energía en su desprendimiento permite suponer hasta donde llegó a sacrificar la efusión de su ternura hasta llegar a ser la única mujer que practicó, en serio y con categoría, el cubismo rigurosamente puro 69. Tres décadas después de su “descubrimiento” como escritora, Laffitte revisitaba un texto desde la nueva perspectiva que su trayectoria le había aportado. Las modificaciones que realizó sobre su escrito de 1944 funcionaron como índice de las transformaciones que su personalidad había sufrido y que le obligaban, ya en su madurez, a desdecirse de sus primeras convicciones. Todo ello no hizo más que ir densificando a lo largo de estas décadas un pensamiento que continuamente se revisaba a sí mismo como método de enriquecimiento personal e intelectual. 5.— Diseñar el propio relato. De la introspección a la autobiografía La conciencia que María Laffitte tuvo de la importancia de su aportación en los distintos ámbitos que se han venido revisando en las páginas anteriores, unida a un elitismo intelectual que, aunque fuera más perceptible en lo relativo a los 68. LAFFITTE, María: op. cit., 1944, 43. 69. Laffitte, María: “María Blanchard”. En María Blanchard. 1881-1932. Madrid, Galería Biosca, 1976, 14. CIENCIA, ARTE Y FEMINISMO: PERFILES DE LA TRAYECTORIA INTELECTUAL... 455 ARENAL, 23:2; julio-diciembre 2016, 431-459 círculos de crítica de arte, se extendió a todos los aspectos de su existencia, le condujo a la convicción de que su propia trayectoria y su historia tenían por sí mismas suficiente interés como para ser relatadas. Por ello, la escritora se lanzó en dos ocasiones a la realización de sendas obras de carácter autobiográfico: Mi niñez y su mundo, de 1956, y la ya citada Mi atardecer entre dos mundos. Recuerdos y cavilaciones, de 1983. Así, la decisión de Laffitte de emprender en dos ocasiones esta tarea de capturar y reescribir su pasado indicaba un afán de autodescubrimiento y de autoclarificación, y fue una tarea básicamente interpretativa en la que expuso sus propósitos, el significado que atribuía a su vida, y las formas que tuvo de percibir su propia identidad. En 1954, la escritora decidió comenzar a escribir un libro sobre su niñez en Sevilla en el que poder plasmar las “partículas de pasado” que aún quedaban en su memoria 70. Laffitte tituló este libro Mi niñez y su mundo y trató de retratar en él, tal y como el título expresaba, los primeros años de vida en su ciudad natal, las personas que la acompañaron y los lugares de aquellos años que aún mantenía vivos en su memoria. Publicada de nuevo en Revista de Occidente en 1956, esta obra estaba basada, según su autora, en la intención de “recuperar” su niñez, mediante un ejercicio de introspección que en muchos momentos llegaría a la auto-interpretación psicoanalítica. A pesar de su fuerte intimismo, o quizás precisamente por él, esta obra resultó ser uno de sus textos más logrados y valorados, así como el motivo de su propuesta como “académico” correspondiente en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, y la buena crítica que recibió la publicación se sumó la satisfacción de la autora respecto a su propio trabajo: “esta vez acerté”. Prueba de ello fue la abundante correspondencia cruzada con amigos intelectuales (José Luis Aranguren, Gregorio Marañón, Carmen Laforet) a los que envió el libro, y en cuyas respuestas se aprecia tanto la cercanía intelectual y afectiva que mantenía con ellos, como la buena acogida que el perfil psicológico y autorreferencial de la obra tuvo entre sus lectores 71. Y aparte del grato recibimiento, esta significó para Laffitte un ejercicio más allá de la propia intelectualidad, y un resorte para el cambio emocional: “cuando lo terminé me sentí aliviada y los fantasmas de mi infancia se desvanecieron como por encanto” 72. Ya en la primera mitad de los años setenta, Laffitte escribió un libro en el que seleccionó y reflejó sus experiencias vitales comprendidas entre los años veinte y 1975. Esta obra sería publicada por la editorial Planeta bajo el título Mi atardecer entre dos mundos. Recuerdos y cavilaciones en 1983, tres años 70. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 96. 71. Archivo Condes de Campo Alange (A.C.C.A): Cartas de José Luis Aranguren (21- 6-56), Gregorio Marañón (4-7-56) y Carmen Laforet (5-5-56). 72. LAFFITTE, María: op. cit., 1983, 97.