La tradición taurina legitimadora de la Escuela de Tauromaquia de Madrid. [Reseña de] Ramón, J. L. (2002): Antesala de la Gloria. Historia de la Escuela Taurina de Madrid. Colección La Tauromaquia, Madrid, Ed. Espasa.
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Revista de Estudios Taurinos N.º 18, Sevilla, 2004, págs. 325-329 LA TRADICIÓN TAURINA LEGITIMADORA DE LA ESCUELA DE TAUROMAQUIA DE MADRID Fig. n.º 76.- Ramón, J. L. (2002): Antesala de la Gloria. Historia de la Escuela Taurina de Madrid. Colección La Tauromaquia, Madrid, Ed. Espasa.
326 Mº de los Ángeles Pérez Álvarez José Luis Ramón, autor de la obra tauromáquica Antesala de la Gloria, es un periodista marcado por su pasado juvenil como alumno de la Escuela de Tauromaquia de Madrid. Aquella, que se gestó por un grupo de personas altamente comprometidas e ilusionadas y cuyo esquema organizativo de funcionamiento ha perdurado más de veinte años. Se acometía en 1976 un proyecto formativo para que los chavales interesados, llegados desde cualquier punto de la geografía española, tuvieran la posibilidad de llegar a ser figuras del toreo. Años difíciles los 70 para la sociedad española de profundos cambios económicos y políticos y desde luego no lo fue menos para la escuela de tauromaquia madrileña. Comenzó ésta, su andadura, siendo de ámbito privado e inevitablemente establecida en un marco de precariedad e incertidumbre. En estos comienzos, el autor de esta obra, formaba parte del trío de pioneros que representaba a la escuela taurina en su marcha inicial del ambicioso proyecto. Más tarde, tomaría la decisión de cambiar la ejecución de las distintas suertes del toreo por la compleja profesión periodística. De la lectura, se deduce, el fuerte compromiso adquirido por José Luis Ramón con la fiesta brava, de su experiencia anterior como novillero en el desarrollo de su actividad como escritor. De este compromiso, resultado de su pasión por los toros, sale a la luz la citada obra, enriqueciendo a la Tauromaquia con esta aportación personal y profesional, que aúna la propia experiencia emotiva que atesora en la memoria ·de sus comienzos como espada con una metodología propia de los Medios de Comunicación; circunstancia que le permite mostrarnos algunos contenidos internos de este fenómeno socio-cultural. Transmite en el texto, la propia creencia en la Escuela de Madrid, del mismo modo que, nos describe un proceso formativo merecedor de la confianza para la promoción y tutela de los alumnos. Y, todo ello, señalado gracias al impulso, el esfuerzo y
Recensiones de libros 327 la ilusión de los fundadores y colaboradores, Martín Arranz, Martínez Molinero y José de la Cal, entre otros, que con su apuesta por este modelo de enseñanza se entregaban con fidelidad a su actividad de formadores de la chavalería torera. Se pone de manifiesto, la firme convicción de estas personas de que con su empeño y trabajo descubrirían algunos noveles con potencial de buenos toreros . Sería la cristalización de un proyecto de enseñanza, que prestaría igualdad de oportunidades a los que económicamente podían permitírselo y a los que, por circunstancias personales o familiares, solamente creían poder soñar con ello. Asimismo, la preparación no sólo estaría dirigida a la . enseñanza técnica de la práctica torera, sino también a la formación plena como hombres integrados en una sociedad moderna que requería de un aprendizaje más complejo. El autor hace una recopilación en el texto de testimonios dados personalmente por los que vivieron en primera persona cada una de las etapas evolutivas de la Escuela de Madrid, tanto en la de gestión privada, como en la de gestión pública. Fue en el año 1982 cuando se hacen cargo de ella dos organismo,s institucionales el Ayuntamiento y la Diputación de Madrid, constituyéndose por primera vez el Patronato de la Escuela de Tauromaquia. Una escuela, que se nos describe como ejemplo formativo de extraordinarios toreros. De entre los más destacados, podemos señalar la etapa romántica de las tres primeras generaciones de tríos de novilleros. Recordamos especialmente la segunda con Los Príncipes del toreo, Lucio Sandín, Julián Maestro y José Cubero Yiyo . Así también, la tercera con el reconocido trío formado por José Luis Bote, José Miguel Arroyo, Joselito y José Pedro Prados, El Fundí. No obstante, tenemos que señalar la existencia de generaciones perdidas o puentes entre las citadas con anterioridad, que no consiguieron ser tan populares. Esta obra, por los datos que aporta, puede significar para la historia del toreo y de las escuelas de tauromaquia una nar-
'.328 Mº de los Ángeles Pérez Álvarez ración de gran valor, puesto que en las crónicas se hace alusión a una escuela que se fogitima ante el aficionado por los resultados que ha producido para la Tauromaquia, con la aportación de valiosos matadores. Se nos descubren los sentimientos que afloraban, los valores que el grupo integraba, las ilusiones y conceptos que les hacían soñar y seguir adelante .. Y todo ello, analizado por los protagonistas de las diversas etapas, directivos, profesores, así como los alumnos, van señalando cada acontecimiento, cada circunstancia, cada elemento, que los unía en el desarrollo de las ideas e ilusiones. El recorrido por el que el autor nos conduce, muestra una escuela llena de peculiaridades, única, no sólo por las propias dificultades, sino por la forma en la que los promotores han entendido y transmitido a sus alumnos cómo tiene que ser un torero enraizado en la más pur.a tradición tauromáquica. Queda reflejado en la obra que el objetivo no era hacer toreros, .sino el descubrirlos y catapultarlos al éxito, así como formar a todo aquel que entrara mostrando interés para llevar a término la difícil tarea del toro al engaño. Por todo ello, la Escuela, se describe en los textos como la plataforma primera para pasar después cada novillero, desde la independencia, al desarrollo posterior de un estilo propio, de su torería. Siendo así, en la etapa de pertenencia a la Escuela, tenían que ser capaces de demostrarse a sí mismo y a los demás lo que podrían llegar a ser y hacer en la plaza en su enfrentamiento con el astado para ser elegidos por profesores y alumnos como representantes de ésta en los cosos. De esta etapa, señalan los propios alumnos ia constancia de los profesores, la dureza en el trato, pero también la capacidad de transmitirles todo lo que significa el toreo. La torería, esa forma especial y liminal de ser y de vivir, debía acompañarles siempre; tendrían que asimilarlo como filosofía o forma de vida. En esta forma de escolástica, la técnica era importante, pero también el método y la. doctrina a seguir.
Recensiones de libtos 329 Comprobamos en Antesala de la Gloria el por qué de los éxitos de las distintas generaciones de tríos de tan afamada escuela. Si en el toreo, es importante el aprendizaje de la técnica para la mejor realización de las distintas suertes, aún lo es más la transmisión de los valores que hacen posible la singularidad de la fiesta brava. Quienes por circunstancias, nos hemos preguntado alguna vez, si las escuelas son los lugares idóneos para reproducir la formación de los noveles toreros, podemos hallar en este modelo de enseñanza una respuesta satisfactoria. taurino. Mª de los Ángeles Pérez Álvarez 1 Antropóloga por la Universidad de Sevilla, [email protected] 1 Cuya actividad investigadora va dirigida ampliamente hacia el ámbito