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El "Micromegas" de Voltaire y la observación como proceso ideologizado

Calderón Quindós, Fernando

Abstract

Voltaire considera el Micromegas una “historia filosófica”, y este artículo desea poner de manifiesto el valor filosófico del cuento a través del problema de la observación. La tesis que se defiende aquí es que Voltaire considera la observación como una forma de proceso ideologizado, y que ese es el objetivo con el que se refiere a hombres de letras como Fontenelle o científicos como Derham, Leeuwenhoek o Hartsoeker.

Full text

Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 425 ] EL MICROMEGAS DE VOLTAIRE Y LA OBSERVACIÓN COMO PROCESO IDEOLOGIZADO Fe nando Calde ón Quindós, Uni e sidad de Valladolid. Resumen: Vol ai e conside a el Mic omegas una “his o ia ilosó ica”, y es e a ículo desea pone de mani ies o el alo ilosó ico del cuen o a a és del p oblema de la obse ación. La esis que se de iende aquí es que Vol ai e conside a la obse ación como una o ma de p oceso ideologizado, y que ese es el obje i o con el que se e ie e a homb es de le as como Fon enelle o cien í icos como De ham, Leeuwenhoek o Ha soeke . Abs ac : Vol ai e calls his Mic omegas “a philosophical s o y”. This a icle in ends o p o e he philosophical alue o his s o y ocusing on he P oblem o Obse a ion. The hesis he pape de ends is ha Vol ai e unde s ands “obse a ion” as a o m o ideologized p ocess, and ha i is wi h his goal in mind ha he e e s o men o le e s such as Fon enelle o scien is s as De ham, Leeuwenhoek o Ha soeke . I. In oducción Vol ai e ue un au o p olí ico y o ques al 1 . Cul i o odos los géne os, ensayó odas las o mas li e a ias, esc ibió en e so y en p osa, y dejó ob as de ea o, libelos, a ados ilosó icos, ob as de his o ia y nume osos cuen os. Como dijo una ez de Dide o , odo es aba comp endido en la es e a de su genio. En su ob a han quedado consignadas odas las inquie udes, emo es, espe anzas e ideas del siglo de las luces. No hubo en ese i mamen o de genios ilus ados ninguno que b illa a con mayo ulgo . Vol ai e e a el homb e del siglo, pe o su a án po acapa a odas las cosas le obligó a a a las con supe icialidad, a pasa po ellas sin de ene se en ellas. Las ideas ci culan po su ob a con una apidez inusi ada; los pe sonajes y las pe ipecias ambién. No hay eposo ni iempos mue os, sino que odo es ap esu amien o y cele idad. La mo ilidad es, ambién, la ónica que p eside sus cuen os 2 , y del elenco de pe sonajes que des ilan po sus páginas casi no hay uno solo al que su au o no empuje de un escena io a o o, de una a en u a a o a. Todo apa ece y se des anece después: los acon ecimien os se agolpan, los pe sonajes se mul iplican, los luga es se suceden, las emociones se solapan, las ideas a luyen... El genio de 1 Sigo en es e abajo la aducción de Mic omegas p epa ada po Elena de Diego pa a Cá ed a. Manejo la oc a a edición, publicada en 2007, y en la que se ecogen, como en las ediciones an e io es a és a, las aducciones de Cándido y Zadig. 2 Pa a una ap oximación en español a los cuen os de Vol ai e, sigue siendo muy ecomendable el Vol ai e de Ca los Pujol publicado po la edi o ial ba celonesa Plane a en 1973. Pa icula men e ecomendable es el epíg a e segundo, «no elas y cuen os», de la segunda pa e de la ob a. La edi o ial Si uela publicó en 2006, en un único olumen, las no elas y cuen os de Vol ai e con el í ulo No elas y cuen os comple os en p osa y e so. El p o eso Mau o A miño es el au o del p ólogo y de odas las aducciones. Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 426 ] Vol ai e pa ece, sin emba go, an exube an e como lige o. El i mo que imp ime a su ob a a o ece es a imp esión, pe o ambién el empleo cons an e de la i onía y de la b oma. Además, el cuen o es li e a u a, y, con ecuencia, lec u a de simple espa cimien o y dis acción. Las azones pa a no oma en se io a Vol ai e son a ias, pe o sus cuen os ocul an a menudo mucho más de lo que mues an. La supe icialidad es apa en e. Po debajo de la le a o po de ás de ella hay p eocupaciones muy hondas. Vol ai e esc ibe cuen os, y los cuen os son pa a él p on ua ios de iloso ía. Li e a iamen e exp esadas, las ideas de Vol ai e ganan en colo ido y g acia y pie den al ez en anspa encia y cla idad. Pe o, lec u as de ec eo o pasa iempos li e a ios, los cuen os no dejan po ello de exp esa una iloso ía. Mic omegas, po ejemplo, es una “his o ia ilosó ica”. Nos lo dice el p opio Vol ai e an es de conduci al lec o al é igo de un iaje es ela . Algunos de los mo i os que jus i ican la a i mación de Vol ai e ya han sido e isados po la c í ica. Como señala Elena de Diego, en el Mic omegas se sub aya la ela i idad de nues os juicios 3 , la locu a del mundo, el acaso e inu ilidad de la me a ísica y la denuncia de la cul u a lib esca. Son ópicos del siglo de las luces a los que con ibui án en mayo medida au o es como Dide o , Rousseau o Be na din de Sain -Pie e. Es e abajo no p e ende desa olla ninguno de es os ópicos, sino in oduci en el es udio del Mic omegas un aspec o que ha pasado desape cibido. Me e ie o a las cons an es alusiones que hace Vol ai e al p oblema de la obse ación, y que nos in i an a econoce en la acción y el e ec o de obse a una o ma más de p oceso ideologizado. Pa a ello, con iene eco da p ime o los episodios más ele an es de esa “his o ia ilosó ica”. II. Sinopsis de Mic omegas El cuen o de Mic omegas, publicado po ez p ime a en 1752 4 , es á di idido en sie e capí ulos. El capí ulo I nos o ece un e a o del pe sonaje p incipal y de 3 Con ecuencia, los nomb es que Vol ai e da a los p o agonis as de sus cuen os cons i uyen un an icipo de lo que se dispone a deci . Así po ejemplo, Pangloss, p ecep o de Cándido, es en ealidad un binomio o mado po un p e ijo –pan: odo– y un su ijo –gloss: lengua– que admi e dos lec u as, ambas igualmen e aplicables a Leibniz, de quien Pangloss es su ca ica u a. El p opio Cándido, p o agonis a p incipal del cuen o homónimo, lle a insc i o en su nomb e la ca ac e ís ica que mejo de ine su ac i ud an e las enseñanzas dispa a adas de su maes o, pa a quien es és e el mejo de los mundos posibles y odo ocu e en él po disposición de la di ina p o idencia. Lo mismo puede deci se de Esca men ado, el pe sonaje que da nomb e a o o de los cuen os del ilóso o ancés. En cuan o a Mic omegas, ambién es á cons i uido po un p e ijo –mic o: pequeño– y un su ijo –megass: g ande–, sin duda una o ma ab e iada de exp esa que odo es cues ión de pe spec i a. 4 Se igno a el año en que ue publicada la p ime a edición del Mic omegas, aunque se sospecha que pudo se en 1751 o 1752. Lo que sí se sabe con ce eza es que las dos ediciones siguien es publicadas en Lond es apa ecie on en 1752. Se c ee que la p ime a e sión del cuen o ya es aba p epa ada en el año 1739 con el í ulo de Viaje del Ba ón de Gangán. El Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 427 ] su mundo. Vol ai e conduce al lec o a un plane a ce cano a la es ella llamada Si io. Allí odo es eno me, al menos en compa ación con el plane a Tie a. Eno me y, pese a ello, bien p opo cionado. Las ci as que o ece Vol ai e es án des inadas a exp esa el buen o den y disposición de las cosas de ese mundo. Mic omegas no es una excepción. Como odo lo demás, ambién él gua da p opo ción con los elemen os de esa ealidad emo a. El mundo de Si io es, po lo demás, poco más o menos como el nues o. Mic omegas es udia con los jesui as, hace buena geome ía, diseca insec os, esc ibe me a ísica y discu e con las au o idades eligiosas del luga . Del con encioso con los ju isconsul os sale malpa ado. Obligado a pe manece ochocien os años lejos de su plane a, emp ende el G and Tou . Desea ins ui se en las lecciones del espacio es ela y iaja po el cielo ap o echando unas eces el paso de los come as, o as eces las ue zas de a acción y de epulsión. Po in en el sis ema sola , llega a Sa u no y conoce allí al sec e a io de las ciencias, de quien se ha á acompaña más a de po las ecindades de nues a es ella. El capí ulo II es un diálogo en e los dos pe sonajes du an e la b e e es ancia de Mic omegas en Sa u no. En él esuenan algunos de los emas a o i os de la iloso ía empi is a y de la ciencia en gene al. Discu en sob e los sen idos, sob e su núme o, na u aleza y disposición 5 ; sob e la ida, an b e e e insu icien e en un mundo como en o o en compa ación con el uni e so; sob e el núme o de sus ancias; sob e las p opiedades de la ma e ia 6 . Algunas de es as cues iones ya habían sido a adas po Vol ai e en sus Ca as inglesas (1732) y en su T a ado de Me a ísica (1736); o as apa ece án más a de en su Dicciona io ilosó ico (1764) y en el Filóso o igno an e (1766). El obje i o es in o ma al homb e de su poquedad e insigni icancia, y o ece un co ec i o a esa me a ísica alico a que en la cen u ia an e io habían p ac icado homb es como Desca es o Leibniz 7 . manusc i o, hoy pe dido, es u o du an e algún iempo en manos de Fede ico II de P usia, con quien Vol ai e man u o co espondencia. 5 En e ec o, el ema de los sen idos ha á co e íos de in a en la F ancia ilus ada. El Ensayo sob e el o igen de los conocimien os humanos (1746) de Condillac y la Ca a sob e los ciegos (1749) de Dide o son buena p ueba de ello. Los dos ilóso os es án con encidos de que del núme o, disposición y o den de los sen idos depende el signo de nues as ideas es é icas, mo ales y me a ísicas. O os au o es como Fon enelle o Rousseau especulan con la posibilidad de un sex o sen ido. El p ime o lo ha á en sus En e is as sob e la plu alidad de los mundos (1686) y el segundo en la e ce a de sus ca as mo ales a Sophie d’Houde o . 6 Los in e cambios de opinión con espec o al núme o de sus ancias y a las p opiedades de la ma e ia cons i uyen una c í ica a Desca es. F en e a las es sus ancias pos uladas po és e, Mic omegas asegu a habe con abilizado es mil en sus iajes. Lo mismo ocu e con las p opiedades de la ma e ia. F en e al educcionismo ca esiano que con ie e la ex ensión en la única p opiedad de la ma e ia, el sa u nino cuen a has a escien as p opiedades. E iden emen e, Vol ai e hace li e a u a y es ablece cómpu os ociosos, pe o el obje i o se man iene in ac o: des aca la es echez de mi as de la me a ísica ca esiana. 7 Vol ai e siemp e mos ó su an ipa ía hacia la me a ísica. Con e ido al empi ismo du an e su es ancia en Ingla e a, no dejó de ajus a cuen as con la iloso ía de sis ema. Los p o agonis as de sus cuen os ilus an bien el disgus o que le p o oca la me a ísica: Zadig, ey de Babilonia, es un homb e muy sabio, pe o sabe muy poca me a ísica; Mic omegas es Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 428 ] El capí ulo III se inicia con el adiós del sec e a io de las ciencias a su amada y acaba con la llegada de los dos pe eg inos es ela es a la ie a, donde desemba can un cinco de julio de mil se ecien os ein a y sie e. El capí ulo IV nos o ece una isión pano ámica de nues o plane a. El sa u nino y Mic omegas en el mundo desde a iba, y el mundo que en les disgus a. Como la co eza apa ece ab up a y queb ada, concluye el p ime o que no hay ida, y el segundo que puede habe la, pe o no al es ilo de la suya. Si hay gen e, no es gen e con sen ido común la que allí i e, como no es no mal un mundo sin geome ía ni o den. En es e capí ulo Vol ai e busca el encuen o en e la icción y la ealidad. Mic omegas y el sa u nino descansan en el es echo de Bo nia, con sus pies bañados po el ma Bál ico, cuando, con la ayuda de un mic oscopio ab icado con las cuen as de un colla de diaman es, ad ie en la p esencia de un obje o diminu o lo ando en el ma . Aunque ninguno de los dos lo sabe aún, se a a de la expedición de Maupe uis, de eg eso de la egión de Laponia. El capí ulo V ocu e con Mic omegas sen ado al pie del ma Bál ico, y con el ba qui o de Maupe uis sob e la palma de su mano. Los cien í icos de la expedición se c een so p endidos po un hu acán, mien as el habi an e de Si io los e co e de un lado a o o de la emba cación. La habilidad pa a en oca las len es los ha pues o a la is a donde pa ecía no habe nada. El descub imien o es ex ao dina io, an ex ao dina io –nos dice Vol ai e– que ni siquie a admi e compa ación con el de esos mic oscopis as holandeses, diminu os ellos mismos, que años an es habían so p endido a sus ecinos e ícolas con el descub imien o de los animálculos. El diálogo en e los cien í icos y los ex a e es es iene luga en los capí ulos VI y VII. Mic omegas ab ica una ompe illa con un eco e de su uña y se lle a el ex emo de un mondadien es a la boca. El doble a ilugio le pe mi e habla sin causa es uendo, y oí sin emo a pe de de alle. El in e cambio no iene despe dicio. Vol ai e nos dice que habla on de g an can idad de asun os, de los que enuncia algunos pa a omi i odos los demás. Mic omegas ad ie e que esas “polillas ilosó icas” azonan a pesa de su idículo amaño, y se ep ocha a sí mismo su lige eza de juicio. Es emecido po aquello de lo que acaba de se es igo, se acue da de Dios, celeb a su g andeza y coloca a los habi an es de ese pequeño globo en e los más dichosos del uni e so. La combinación de un cue po diminu o con un alma g andiosa le pa ece el colmo de la elicidad. Su ensoñación, sin emba go, acaba enseguida, an p on o como uno de los azonado es le pone al co ien e de los desmanes de es e mundo. La con e sación gi a aho a hacia o o lado. Los compañe os de Maupe uis han mos ado una g an habilidad pa a medi y conside a las cosas, y Mic omegas les e a aho a a da una explicación de su alma, de su o igen y na u aleza. Sin ins umen os que les asis an, cada uno un mal me a ísico, y Pangloss, expe o en me a ísico- eólogo-cosmolo-nigología, es la ca ica u a de un Leibniz idiculizado. El has ío e indi e encia que sien e hacia la me a ísica se á compa ido po los p incipales ilus ados. En una exp esión eliz, Dide o esumi á muy bien el desc édi o de la me a ísica. Es “el a e –esc ibe en Sob e la in e p e ación de la na u aleza (1754)– de a anza desde lo que no se conoce en absolu o has a lo que se conoce oda ía menos”. Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 429 ] acude a su ilóso o p edilec o, y po las úl imas líneas del cuen o se en co e y sucede se las opiniones de A is ó eles, Desca es, Maleb anche, Leibniz, Locke e incluso Tomás de Aquino. De odos ellos, sólo el ilóso o de B is ol sale bien pa ado. En odo caso, y a la is a del desconcie o, Mic omegas les p ome e un lib o sob e el alma. Lo esc ibe, se lo en ega, y la ob a es lle ada a Pa ís pa a su lec u a en la Academia de las Ciencias. Su sec e a io, un Fon enelle al que Vol ai e no nomb a, lo ab e y no encuen a nada. El lib o es á en blanco 8 . III. La obse ación como p oceso ideologizado Mic omegas es un nomb e compues o, un binomio o mado po dos é minos an ónimos. Además de eso, Mic omegas es el epí ome del cuen o. Lo g ande y lo pequeño con e gen en el ela o de p incipio a in como con e gen ambién en su p opio nomb e. Vol ai e busca el con as e, los cambios incesan es de pe spec i a. En su deseo de o ece al lec o la idea de que nues os juicios son siemp e ela i os, los mundos se mul iplican. Al cambia los mundos, Mic omegas cambia po cada mundo en que pone el pie. En la inmensidad del cielo es como un “pája o que e olo ea de ama en ama” (capí ulo I). La escala dec ece luego, cuando pene a en el sis ema sola : Ma e es “ an pequeño” que sus po eado es emen “no encon a allí donde do mi ”, y con inúan sin hace escala. En cuan o a la Tie a, da “lás ima” po su pequeñez (capí ulo III). Lo g ande y lo pequeño se al e nan e in e cambian en el ela o. El habi an e de Sa u no, po ejemplo, es un enano en compa ación con su cama ada, y un gigan e en compa ación con los habi an es de nues o globo; ambién él es, como odo lo demás, una especie de Mic omegas. Pod ía deci se que pa a cada elemen o del binomio co esponde una pe spec i a, y que Vol ai e pa ece ep esen a se el uni e so a a és de un pa de a ilugios óp icos cuyo empleo al e na en unción de exigencias pu amen e na a i as. En los al ededo es de la ía lác ea, Mic omegas ensancha los ho izon es del uni e so; es un elescopio mó il que conduce nues a mi ada a luga es oda ía inexplo ados. Cuando su mi ada se inclina hacia nues o globo, la pe spec i a elescópica pe sis e aún. Capaz de e a la ga dis ancia, pe o con escasa p ecisión, el habi an e de Sa u no con empla una po ción de nues o globo y señala los elemen os que log a econoce a simple is a. El esul ado es un pano ama y, po consiguien e, una ep esen ación de esa po ción del mundo del que se ha sus aído lo pequeño, lo inap eciable, aquello que después e án Mic omegas y el sa u nino a a és de sus len es diaman inas. Lo elescópico cede en onces su luga a lo mic oscópico, y en ese pano ama exen o un momen o an es de elemen os menudos, se aloja aho a un ba qui o po el que co e ean homb es de una alla diminu a. 8 El desenlace del cuen o se p es a a nume osas in e p e aciones. Quizás la más p obable sea ambién la menos ilosó ica. Vol ai e idiculiza a Be na d de Fon enelle a lo la go del ela o, y con iene ene p esen e que el sec e a io de la Academia de las Ciencias es él. Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 430 ] El uso del mic oscopio y del elescopio ya es á gene alizado en el siglo XVIII 9 . Como auxilia es de la is a, sendos apa a os denuncian las limi aciones de nues o ó gano y ensanchan a la ez nues o ho izon e isual. El uni e so se uel e aho a inconmensu able. La escala de magni udes adquie e alo es desconocidos. La bó eda celes e ya sólo es una p oyección men al que disuel e dis ancias inaba cables, y el cielo cons elado que lo o ma iene su equi alen e en nues o mundo, donde cada pequeña po ción de ie a esconde un uni e so de ida. La ascinación que eje cen el mic oscopio y el elescopio ebasa los lími es de la ciencia y p on o se decan a en li e a u a. El homb e an asea con las posibilidades que o ecen. Swi c ea su no ela más conocida po supe posición de mundos de dis in a magni ud. Lilipu y B obdingnag son dos einos, menudo el uno e inmenso el o o. Vol ai e ha leído los Viajes de Gulli e e in en a él mismo una icción que epi e el ema de la plu alidad de mundos. La ciencia pone a disposición de la li e a u a dos mane as nue as de e , y Swi y Vol ai e explo an sus ecu sos según su genio pa icula : océanos y nau agios a as an a Gulli e de un país a o o mien as el cielo y algunos pun os que esplandecen conducen a Mic omegas po las egiones más apa adas del uni e so. Los escena ios son dis in os, pe o los dos log an ansmi i al lec o la idea de un uni e so ilimi ado, mul i o me y he e ogéneo. Lo pequeño descubie o no es oda ía lo meno ; lo g ande puede se mayo aún. Las medidas son ela i as y a ec an a nues a conside ación de las cosas. Pa a Mic omegas los homb es son “polillas”, “á omos”, “insec os de acá abajo” (capí ulo VI). Su pequeñez los uel e insigni ican es. Ten ado es á de “da es pasos y de aplas a con es piso ones a odo es e ho migue o de asesinos idículos”. Algunos de esos se es mise ables descansan sob e una uña de su mano; después sob e su palma. Si la cie a los aplas a. Su ida no ale nada pa a el gigan e. Noso os somos pa a él lo que las pulgas son pa a noso os. Más espe able y digno de es ima es el enano de Sa u no. Es e dad que és e juzga a menudo con p ecipi ación, que emplea opos en sus discu sos y que su apa a o senso ial le impide cap a ma ices que Mic omegas econoce no malmen e, pe o con él en abla “es echa amis ad”, y lo elige como compañe o de a en u as. En e los dos hay con ianza y buen en endimien o. Sin emba go, Vol ai e deja que la opinión de Mic omegas espec o de Maupe uis y los suyos bascule en e el desp ecio inicial que esul a de su pequeñez y la admi ación que nace de su con e sación con ellos. Hay un p ejuicio que p ecede al hecho mismo de obse a y que sólo se co ige después. Vol ai e pone en ela de juicio la neu alidad de oda obse ación. Los ejemplos se suceden a lo la go del ela o. Con la comicidad p opia de su o ma de esc ibi , c i ica la ingenuidad, la necedad a eces, de aquéllos que obse an el mundo a la luz de p ejuicios en los que no han sabido epa a . La obse ación puede se pacien e y esme ada y queda a uinada po una idea p econcebida. Si 9 Sob e los apa a os óp icos, en pa icula el mic oscopio, y sus aplicaciones li e a ias, éase M. Nicolson, “The mic oscope and he English Imagina ion”, en Science and Imagina ion, I haca, Nue a Yo k, Co nell Uni e si y P ess, 1956. Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 431 ] el obse ado no ha sabido p ime o abdica de sus p ejuicios, lo no mal es que ea aquello que sus p ejuicios le hagan e . Cua o nomb es p opios le si en pa a exp esa es a denuncia: el sa u nino (Fon enelle, en ealidad), y es cien í icos de p ime a ila: el as ónomo William De ham (1657-1735), y los mic oscopi as An ony an Leeuwenhoek (1632-1723), y Nicolas Ha soeke (1656- 1725). Con ellos y con Mic omegas, Vol ai e eco e el espacio que sepa a los abismos de lo inmensamen e g ande de los abismos de lo inmensamen e pequeño. Cuando Mic omegas abandona su hoga , eco e p ime o la ía lác ea. No la e a lo lejos, como De ham. Él pasea po en e sus es ellas, sin elescopio. Conoce o os mundos y o os homb es. Tiene expe iencia del uni e so, y en odas pa es dice habe is o la misma “especie de uni o midad admi able” (capí ulo II). Hay di e encias de mundo a mundo, pe o el o den se impone como la p incipal ca ac e ís ica de un uni e so que no pod ía gobe na se sólo. Vol ai e no acep a las esis ma e ialis as de sus con empo áneos. Con ía en la exis encia de Dios. Es deís a, no a eo, y Mic omegas adop a en es e pun o las con icciones del p opio Vol ai e. De ham ampoco es a eo, al con a io. Sace do e y canónigo de Windso desde 1717, sus ob as es án dedicadas a demos a la exis encia de Dios. Él es p o idencialis a, no deís a. En consecuencia, su co azón pa ece dispues o a e a Dios en odas pa es. Como muchos homb es cul os de su gene ación, como la inmensa mayo ía de los cien í icos que examinan el uni e so en los p ime os años del siglo XVIII, De ham elabo a un discu so que a Vol ai e le pa ece ingenuo 10 . Mic omegas no ha ano ado sus obse aciones, pe o el na ado anónimo del ela o conoce sus pe ipecias y se e obligado a desau o iza a De ham. Así se exp esa sob e es e asun o: [Mic omegas] eco ió en poco iempo la ía lác ea, y obligado me eo a con esa que nunca io, a a és de las es ellas de las que es á cons elada, ese bello cielo empí eo que el ilus e ica io De ham ala dea habe is o as su an eojo (capí ulo I). 10 La idea p o idencialis a con aba con nume osos adep os en Eu opa du an e la segunda mi ad del siglo XVII y p ime a mi ad del XVIII. Po aquellos años, la p ueba de la exis encia de Dios más comúnmen e empleada descansaba en las ma a illas de la na u aleza. Son muchas las ob as que a lo la go de la p ime a mi ad del XVIII se es o za án en popula iza es a idea, p ime o en Ingla e a y pos e io men e en F ancia. John Ray publica en 1704 The wisdom o God mani es ed in he wo ks o he c ea ion, y el p opio De hamen 1713 su Physico-Theology. A demos a ion o he being and a ibu es o God om his wo ks o c ea ion. La moda no a da á en llega a F ancia, y su éxi o se á ulgu an e después de la publicación de Le Spec acle de la Na u e (1732) del aba e Noël Pluche. El í ulo es elocuen e po sí mismo. El espec áculo de la na u aleza sugie e la idea de un au o o escenóg a o, y a la ez la idea de una ob a eple a de encan os. Pe o hay más, Pluche exp esa en su ob a un an opocen ismo ingenuo, muy p on o popula izado en F ancia, y que supond á iempo después un di ícil obs áculo en el nacimien o de la eo ía de la e olución. Pa a Pluche, en e ec o, odo sucede en a o del homb e po disposición de la Di ina P o idencia. La co ien e p o idencialis a queda á imp esa igualmen e en los es udios his o iog á icos. Bas e eco da el Discou s su l’His oi e Uni e selle (1681) de Bossue , del que el p opio Vol ai e da á cumplida cuen a en su Essai su les mœu s e l’esp i des na ions (1756). Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 432 ] De ham busca el pa aíso con su elescopio y encuen a lo que quie e e . La expec a i a que p ecede al momen o mismo de obse a c ea una ilusión en la men e, y el obse ado encuen a esa ilusión cuan as eces di ige el elescopio al cielo. La ecno-obse ación no es sinónimo de éxi o. De ham se ha asomado al cielo con la en aja de con a con un a ilugio so is icado, pe o con el incon enien e de unos p ejuicios capaces de malog a la obse ación más a en a y p olongada. Los mic oscopis as holandeses se encuen an, poco más o menos, en el mismo caso. Leeuwenhoek y Ha soeke son cien í icos expe imen ados que eo izan sob e el enómeno de la obse ación. Obse a no es una a ea simple. Leeuwenhoek enseña en Leyden a puli len es pa a ab ica mic oscopios ú iles, pe o sien e hace lo en ano. El a e de obse a es á ese ado a unos pocos, y es a a e exige el cumplimien o de un di ícil p o ocolo del que su compa io a Ha soeke in o ma a Huygens en su co espondencia pe sonal de 1678 11 . En p ime luga , hay que pone a pun o el ins umen al, única o ma de e i a abe aciones y accede con ga an ías a un mundo mic oscópico, y Ha soeke se de iene en el p oblema que susci a el dia agma, enca gado de egula la can idad de luz que se ha de deja pasa . En segundo luga , hay que obse a ei e ada y sis emá icamen e, p ecaución sin la que la ealidad se mues a dis in a de como es. Las dos especies de animálculos que ha c eído iden i ica en una mues a de semen, y de las que había in o mado a su co esponsal, son la misma cosa: la anspa encia del medio y el ángulo de isión han p o ocado el e o . En e ce luga , Ha soeke gene aliza el expe imen o. Si esos animálculos desempeñan algún papel en la ep oducción, es de espe a po simple analogía que apa ezcan en el líquido seminal de animales de dis in as especies, y Ha soeke epi e la obse ación con mues as seminales de animales domés icos, de en e los que excluye a los ga os, “di íciles de maneja sin unos buenos guan es”. El cumplimien o de es e p o ocolo debe ía ga an iza el éxi o de la obse ación, pe o Ha soeke e as su len e algo que sólo es á p esen e en su imaginación: un indi iduo, animálculo u homúnculo en minia u a. Vol ai e conoce la eo ía de los animálculos espe má icos. Hacía más de medio siglo que el Jou nal de Sa an s (1678) había publicado el ex ac o de una ca a del académico Huygens elacionada con el asun o, y Leeuwenhoek había dado a conoce los esul ados de sus obse aciones un año más a de, en el núme o 143 de las Philosophical T ansac ions. La idea según la cual el emb ión es á ya p e o mado en los homúnculos desc i os po los mic oscopis as holandeses no e a del gus o de Vol ai e, el ilóso o no pa ece dispues o a c ee que los mic oscopis as holandeses hayan supe ado el umb al de sus p econcepciones. No acep a Vol ai e su eo ía y ecu e a la icción pa a lanza un da do con a ellos. Mic omegas 11 Remi o al lec o al clásico de Jacques Roge (1ª ed. 1963), Les sciences de la ie dans la pensée ançaise au XVIIIe siècle, Pa ís, Albin Michel, 1987, en pa icula el capí ulo II «les nou elles décou e es su la géné a ion des animaux», sección II «les animalcules spe ma iques», pp. 293-321. Théma a. Re is a de Filoso ía. Núme o 45. 2012 [ 433 ] acaba de islumb a la exis encia de se es mic oscópicos que pululan y se agi an sob e un ozo de made a. Su mo imien o e á ico y ené ico es idén ico al de los homúnculos en una mues a de semen. Conscien e de ello, el na ado ano a: ¿Qué ma a illosa habilidad no necesi a ía nues o ilóso o de Si io pa a pe cibi los á omos de los que acabo de habla ? Cuando Leeuwenhoek y Ha soeke ie on los p ime os, o c eye on e , la semilla de la que es amos o mados, no hicie on con mucho an asomb oso descub imien o (capí ulo V, cu si a nues a). De o ma oblicua, dis azada de opo, la c í ica de Vol ai e se pe cibe en ese “c eye on e ”, pe o el episodio del descub imien o no ha llegado a su inal. A con inuación, Mic omegas pone un mic oscopio en las manos de su amigo, quien obse a a esos mismos se es en un ajín cons an e. Tan o ímpe u en el ob a le hace pensa que esos se es diminu os mues an su pasión sin el meno eca o. Y así, Pasando de un exceso de descon ianza a un exceso de c edulidad, c eyó pe cibi que abajaban en la p opagación. «¡Ay!, decía, pillé a la na u aleza in agan i». Pe o las apa iencias le engañaban: es o ocu e demasiado a menudo, an o si se u iliza mic oscopio como si no (capí ulo V, cu si a nues a). La exp esión que igu a en es ilo di ec o es, según pa ece, la que un es igo de los de aneos amo osos de Fon enelle con Madame de Tencin hab ía p onunciado al so p ende les en su alcoba. Sin emba go, Vol ai e no busca sólo pone en idículo a un Fon enelle nonagena io. Además, emplea la conocida p omiscuidad del ilus e sec e a io como p e ex o pa a ale a sob e los pelig os de la obse ación. El académico de Sa u no, el p opio Fon enelle con e ido en ex a e es e, e po la len e de sus inclinaciones, como odo homb e lo ha ía. A la pos e, la obse ación no es más que una p oyección de expec a i as, y ni el mic oscopio ni el elescopio ac úan como an ído o con a esa disposición na u al. Quizás pueda e se más y mejo , pe o no más ace adamen e. P ime o hay que enuncia a los p ejuicios, p eámbulo necesa io si se quie e e i a la p ác ica del au oengaño. El p o ocolo es ablecido po Ha soeke conduce al acaso –pa ece deci nos Vol ai e– si no se co ige median e la in oducción de una p ime a consigna: que hay que depone los p ejuicios. El p oblema eside en que el cien í ico es homb e an es de se cien í ico, y que el eje cicio de su p o esión no es independien e de su na u aleza. Puede uno conoce la consigna, y aun es o za se en espe a la; lo di ícil es log a desemba aza se de aquello que, a in de cuen as, nos o o ga iden idad. Fon enelle ama demasiado el “bello sexo”, le gus a el galan eo, y esc ibe pa a las muje es. Su pasión ha con e ido el asiego de unos homb es desconce ados sob e la cubie a de un na ío en un o eón amo oso. El sa u nino Fon enelle es el blanco p e e ido de Vol ai e, pe o pa a da nos mayo cuen a de ello con iene e ocede en el ela o. Mic omegas y el sa u nino acaban de a e iza en nues o plane a. Apenas han enido iempo pa a descansa , desayuna se dos mon añas y eco e el “pequeño país” en ein a y seis ho as de no e a su p ime o, de su a no e después, has a ol e inalmen e al pun o de pa ida: el es echo de Bo nia en el ma Bál ico. En su onda de econocimien o, han c uzado el Medi e áneo y el océano Pací ico, y isi ado los