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La primera frase... y el final del cuento: Dos cuentos maravillosos de Carmen Martín Gaite

Hernández Álvarez, María Vicenta

Abstract

Análisis de la estructura de dos cuentos de Carmen Martín Gaite: El Castillo de las Tres Murallas y El Pastel del Diablo. Estos cuentos siguen el esquema tradicional de la búsqueda y el viaje, pero también proponen una interpretación desde dentro que dobla y completa el relato.

Full text

145 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 LA PRIMERA FRASE... Y EL FINAL DEL CUENTO: DOS CUENTOS MARAVILLOSOS DE CARMEN MARTÍN GAITE Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ Uni e sidad de Salamanca (España) RESUMEN Análisis de la es uc u a de dos cuen os de Ca men Ma ín Gai e: El Cas illo de las T es Mu allas y El Pas el del Diablo. Es os cuen os siguen el esquema a- dicional de la búsqueda y el iaje, pe o ambién p oponen una in e p e ación desde den o que dobla y comple a el ela o. PALABRAS CLAVE Ca men Ma ín Gai e, El Cas illo de las T es Mu allas, El Pas el del Diablo, Cuen os, Es uc u a, Búsqueda. ABSTRACT An analysis o he s uc u e o wo sho s o ies by Ca men Ma ín Gai e: El Cas illo de las T es Mu allas and El Pas el del Diablo (The De il’s Cake). These sho s o ies ollow he adi ional s uc u e o he ques and he jou ney, bu hey also p opose an in e p e a ion om wi hin ha e l ec s and comple es he ale. KEY WORDS Ca men Ma ín Gai e, El Cas illo de las T es Mu allas (The Cas le wi h Th ee Walls), El Pas el del Diablo (The De il’s Cake), Sho S o ies, S uc u e, Ques . RESUME Une analyse de la s uc u e de deux con es de Ca men Ma ín Gai e: El Cas illo de las T es Mu allas y El Pas el del Diablo, qui sui en le schéma a- di ionnel de la quê e e le oyage, mais qui p oposen aussi une in e p é a ion dès l’ in é ieu , un déchi emen qui double le éci e le complè e. MOTS-CLES Ca men Ma ín Gai e, El Cas illo de las T es Mu allas, El Pas el del Diablo, Con es, S uc u e, Quê e. Según algunos na ado es, odas las posibilidades y la ue za del cuen o se encie an en la p ime a ase. Que és a sea una pue a que se ab a, que in i e a la lec u a y a la en ada depende del acie o de su CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 / págs. 145-167. Recibido: Dic. 2002. Acep ado: Oc . 2003. 146 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 elección y de su si uación on e iza: pun o de paso en e dos mundos, és e, el anodino y co idiano, y “el o o”, el b illan e y so p enden e uni- e so de la i cción. Toda una adición de cuen os nos p ecede pa a suge i posibilida- des de comienzos elices –na a i amen e hablando– y es uc u as que han p obado su éxi o an e públicos y lec o es de odos los siglos. Sin emba go, los esquemas an as eces epe idos, –el pa adigma de los cuen os de hadas, po ejemplo; el del iaje y el de la búsqueda–, piden eno ación, juego, y has a bu la; pues los iempos an cambiando, y el lec o que busca o iginalidad y so p esa p ecisa que las es uc u as que iene in eg adas desde niño no se osilicen en i uales ecu en es, sino que se desin eg en en cie a medida, dándole a lo nue o posibilidad de exis encia. Ca men Ma ín Gai e ecupe ando la adición del cuen o1, usa eliz- men e una es uc u a que cul u almen e nos pe enece a odos; de algún modo in eg ada ya en la o ma de nues o pensamien o como modelo indiscu ible. La an í esis, el iaje, la búsqueda, el hé oe, con odos sus co ola ios, ayudan es y ad e sa ios, p uebas y enigmas, ecompensas y cas igos o ganiza án ambién sus ela os. Vamos a e lo en Dos Cuen os Ma a illosos: El Cas illo de la T es Mu allas y El Pas el del Diablo2: Es a es la p ime a ase del Cas illo de las T es Mu allas: Había una ez, hace mucho iempo, un homb e inmensamen e ico, pe o an descon i ado que nunca había sido capaz de dis u a de su i- queza sin sob esal os. Un comienzo adicional pa a un cuen o, Había una ez, el impe - ec o de las his o ias in en adas y de los sueños; hace mucho iempo, po que los cuen os se si úan a la ue za o po cos umb e, en ie as y épocas muy lejanas, sin con o nos; un homb e inmensamen e ico, po - que el cuen o es el eino de lo ex ao dina io y de lo supe la i o; pe o 1 Es in e esan e en es e sen ido su a ículo: “Mi encuen o con An onio obles”, en el que sugie e la in l uencia que han enido en su na a i a los cuen os leídos en la in ancia. Reconoce unos modelos en los pe sonajes de An onio obles, c ia u as inmo - ales po su iple condición de absu das, de gene osas y de an ás icas (C. Ma ín Gai e, 1982). 2 Publicados p ime o de o ma independien e po la edi o ial Lumen; El Cas illo de las T es Mu allas en 1981 y El Pas el del Diablo en 1985, y ecogidos como Dos cuen os ma a illosos en 1992 po la edi o ial Si uela. Todas las ci as pe enecen a es a úl ima edición. Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ 147 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 an descon i ado que..., po que el pe o es necesa io pa a que la pe ec- ción se de e io e y sea posible el ela o, pa a que algo digno de se con ado ocu a en es a balsa del iempo. Es e homb e inmensamen e ico se llamaba Lucand o. Lo sab emos en seguida po que al ededo de su pe sona no con iene c ea dema- siado mis e io. Lucand o no es el hé oe del cuen o3; es simplemen e el pad e, el ad e sa io. La p ime a pa e del cuen o se cen a en una desc ipción pa alela del pe sonaje y del espacio en el que habi a. Lucand o eina en el Cas i- llo de las T es Mu allas. Desc ibi pa alelamen e p o oca un simbolismo del espacio no o zado y, a a és de és e, una se ie de p esagios, anun- cio y posibilidad de con inuación pa a el ela o. El Cas illo de las T es Mu allas se encuen a en lo al o de una mon- aña, dominando el Pasaje de los Lobos y el pueblo de Bel ondo. El Cas illo es de má mol neg o y es á odeado po es mu allas y dos osos. Las mu allas ienen nomb e p opio po que el espacio signi i ca en la his o ia: La Mu alla de los Fosos, la Roja y la E izada; és a úl ima, la ex e io y la más al a, ema ada po pinchos y c is ales. El oso más pegado al cas illo y ambién el más p o undo, de aguas e des y espe- sas, es á habi ado po una especie de a as gigan es, ojas y con cola de ce áceo, llamadas b undas. Es os animales que p esen an una ex aña y caó ica mezcla de ca ac e ís icas son, en núme o de doce, un e dade o mons uo de enso del cas illo4. El espacio es ce ado, concén ico, inaccesible: además de las mu- allas es án las e jas de ba o es an jun os que sólo puede pasa la mi ada. La insc ipción en el a co de la en ada con i ma el ca ác e de su dueño: “Pasad de la go”. Sin emba go, odo den o del ecin o no es neg u a; en e la Mu alla de los Fosos y la Roja hay un magní i co ja dín cuidado po un escla o, Ti uc. C ecen aquí l o es y á boles de especies exó icas y se pasean doce pa os eales, en cu iosa sime ía con las doce b undas del oso. Como dice el cuen o, es e ja dín iene un ai e de pa aíso. Y en eali- 3 Solo los hijos pueden se los hé oes del cuen o. Como señala Ma he Robe : le ai hé os ée ique es le pe sonnage i lial, le seul don l’ his oi e soi con ée d’ un bu à l’ au e (...) le con e ne so jamais de ce pe i monde des pa en s e des en an s. (Ma he Robe , 1967, p. 90). 4 Animal imagina io pa a una nue a zoología an ás ica y simbólica. Sus ca ac e ís i- cas an di e sas son señal del caos donde iene su o igen el mons uo. LA PRIMERA FRASE... Y EL FINAL DEL CUENTO: DOS CUENTOS MARAVILLOSOS... 148 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 dad odo el ecin o del cas illo se p esen a como una especie de mi- c ocosmos. El calco es an isible que las escale as cuen an con an os escalones como días iene el año, cua o descansillos que ep esen an las cua o es aciones y una balaus ada con elie es simbolizando los signos del zodiaco5. Desde el pueblo, a causa de las es mu allas cada una más al a que la o a, sólo se e, lejana y casi siemp e en e nieblas, la pa e más ele ada del Cas illo. Sob e lo que no se pe cibe con ni idez se imagina, se in en a. Sólo sob e lo que no se e con ni idez iene posibilidad de c ece el ela o. El Cas illo de las es Mu allas eco ándose con a el cielo, pa ecía an inexpugnable y an asmal que p oducía espe o ya sólo con mi a lo desde la alda de la mon aña. Los campesinos de Bel ondo la llamaban la “Mon- aña Teneb osa”6. Ya enemos el espacio en el que habi a y sob e el que eina Lucan- d o. Aquí acaba ía el cuen o si no apa ecie an nue as posibilidades de in o mación y conocimien o. Ti uc, el escla o que a iende el magní i co ja dín del Cas illo, hace posible las escasas elaciones con el pueblo de Bel ondo. A la necesi- dad ealis a de abas ecimien o se une la imp escindible necesidad de no icias pa a el ela o. Y pa a in e p e a lo que ocu e es á Cambo Pe apel, un sabio o ien al, habi an e de la o e más al a del Cas illo, cuyo echo de c is al deja e las es ellas. Cambo Pe apel ha i ido a ias idas; sus mue es han sido o as an as ans o maciones. Ha sido águila, p incesa, e mi- año y ha acumulado los sabe es de cada ida. Aho a es sabio expe o en odo ipo de esc i u as, y odo hace pensa a medida que el cuen o a anza, que una nue a mue e y me amo osis es á p óxima a p odu- ci se. Como p esagio pa alelo, Lucand o apa ece muy p óximo a las b un- das. Si Lucand o mi a al oso, Cambo con empla las al u as. Cambo 5 Un Cas illo espejo del Uni e so. Pod ían encon a se más pa alelismos, pues oda casa o habi ación se p es a a ello. Un mic ocosmos p e endía ep esen a ambién la deco ación de la ienda de Alejand o en el Roman d’Alexand e; guiño pa a que odo se in e p e e, pa a que se desci e den o del eino de la “signi i ance”. 6 Tal ez o o eco de los “ omans” medie ales. Aunque aquí se a a á más de sali del “Val Pe illeux”, que de a a esa lo con éxi o. Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ 149 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 in e p e a; aunque con sus más de cien años ha ol idado quién es y dónde se encuen a: una opo unidad más de in e és y so p esa pa a el cuen o7. Y, aunque se le pa ece, no es el sabio Me lín. Ma ín Gai e se cuida muy bien de o ece una desc ipción- esumen que desba a a nues as expec a i as; se a a casi de la in e sión del modelo; con un pun o de i onía: Cambo Pe apel e a muy pequeñi o, es ía una única de colo es y enía el pelo liso y muy neg o, sin ninguna cana. Comía poco, do mía menos y se había ol idado de quién e a. El Cas illo, Lucand o, Cambo , Ti uc, y las b undas, es o nos p esen- a el cuen o en la si uación inicial. Aún no ha ocu ido nada. Se han su- ge ido sin emba go cie as ans o maciones, como ambiguos anuncios, pa a que la esc i u a y la lec u a con inúen. El episodio de los me cade es que pasan po el pueblo camino del Cas illo supone un momen o de ansición, la posibilidad del diálogo y del conocimien o. Los habi an es de Bel ondo hacen p egun as, (las p e- gun as que ha íamos los lec o es del cuen o, en idén ica si uación de ig- no ancia) que se i án pa a elanza la his o ia. Sólo eciben espues as con usas y e asi as. Y es necesa io que no exis a segu idad en el cono- cimien o pa a que la imaginación uncione llenando el acío, ab icando el ela o, múl iples e hipo é icos ela os. Po los me cade es se sab á que exis e una seño a del cas illo, Se- ena. Pa a ella son los co es que anspo an llenos de es idos y ade- ezos. Pe o a es a seño a nadie la ha is o. P egun an la posade a, el he e o, el moline o; p egun an a los me cade es y luego al niño de la posade a que los acompaña. Sólo el me cade más jo en da una es- pues a que asegu a la exis encia de Se ena, pe o conse ando la in iga, la ambigüedad, haciendo posible la con inuación de la his o ia: “Nunca había is o una muje más bella en oda mi ida” –dijo luego– “Pe o no que ía que el seño del Cas illo le comp a a an as cosas. Pa ece algo is e”. El esquema es el mismo que el de la p ime a ase del cuen o. El supe - la i o y el pe o. Algo no encaja. Algo iene que ocu i . Podemos segui 7 Expe iencia y ol ido, las dos ca ac e ís icas que de i nían a los e mi años y los con e ían en pe ec os y opo unos in é p e es de las a en u as de los caballe os e an es. LA PRIMERA FRASE... Y EL FINAL DEL CUENTO: DOS CUENTOS MARAVILLOSOS... 150 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 leyendo y encon a un nue o pa alelismo con el comienzo del ela o. Vamos a conoce aho a el espacio de Se ena, desde ue a, a a és de la mi ada de un zagal que e en el balcón una i gu a es ida de blanco, quie a; una i gu a que no sabe si es á i a, o an quie a como si es u- ie a mue a. El zagal gua da á el sec e o de su isión , y como él, los lec o es ampoco sab emos oda ía si se a a o no de un se eal. A o - unadamen e, como con apa ida, cambiando de pun o de is a, nos hacen en a en el cua o del balcón y obse a , aho a con Se ena, al zagal desde a iba. El ocado y el cua o de cos u a de Se ena se pa ecen cada ez más a una cá cel. Se ena esc ibe sus sueños y sus pensamien os po la noche en el cuade no de apas e des8. Como Cambo , ambién Se ena es un pe sonaje elacionado con la esc i u a y es ambién in é p e e den o de la his o ia. Se ena ampoco puede se el e dade o hé oe de la a en u a. Ella, sin emba go, la p epa a y la explica. Una mues a de su capacidad in e p e a i a es el p esagio sob e la ans o mación en b unda de Lucand o: ¡Cómo se pa ece a las b undas! –pensaba. Y sen ía una mezcla de miedo y pena, po que de niña había leído muchos cuen os donde las pe sonas se con e ían en animales y los animales en pe sonas y se p egun aba si al ez pesa ía sob e Lucand o un male i cio de ese mismo ipo. Se ena in e p e a la ida como un ela o de ap endizaje, como la his o ia de una ans o mación. En el caso de Lucand o una ans o ma- ción in e sa, nega i a, allida, de homb e en mons uo. Como ambién e emos en El Pas el del Diablo, los pe sonajes de es os cuen os de C. Ma ín Gai e son g andes lec o es. Tienen pe ec a- men e asimilada la adición de la na a i a b e e y son capaces de in- e p e a sus p opias his o ias con elación a modelos de es uc u as na- a i as consag adas. En El Pas el del Diablo, aún más que en El Cas illo de las T es Mu allas, apa ecen buenas dosis de lúdica eo ía na a i a. La con e sación en e Lucand o y Cambo supone una posibilidad de cambio de di ección en la his o ia que no se á ap o echada po el pe sonaje. Cambo in e p e a: al ez Se ena necesi e sali del Cas illo, 8 Un eco de los “Cuade nos de odo” de Ca men Ma ín Gai e. No es el único en su ob a. Muchos de sus pe sonajes emeninos son expe as con ado as desde la in an- cia. Y muchas de ellas llenan cuade nos con la esc i u a de sus imaginaciones y de sus sueños. Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ 151 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 iaja . Lucand o no quie e en ende . Es una posibilidad que se cie a, pe o ambién una suge encia abie a a la imaginación del lec o . Una en ana9. Más a de sí se p oduce un cambio signi i ca i o: Se ena da a luz a una niña, Al alé. Es el nacimien o del hé oe. Se ena in é p e e, hacién- dole un guiño al cuen o adicional y a uno de sus mo i os ecu en es, pide un don pa a su hija: que en ienda sus sueños: ...po que no se había p esen ado ningún hada de las que se p esen an en los cuen os, a o mula sus deseos, jun o a la cuna de la ecién nacida. El espacio de Al alé es una g an habi ación oc ogonal10 llena de muchas jaulas con pája os de colo es. La misma habi ación es una g an jaula; odas las en anas ienen ba o es. La habi ación de Al alé, como la de Se ena, como el Cas illo, es una cá cel. El Cas illo de las T es Mu- allas no es el luga de llegada, ni una e apa en el camino. La iniciación consis i á en sali de es e cen o ce ado y oscu o. La iniciación es á en la pa ida, en el iaje. La habi ación de la niña es á si uada ce ca de la de Cambo , a quien Lucand o ha nomb ado su u o (pa a sepa a a la niña de la mad e). Así Cambo pa ece, en e a Lucand o, el “buen pad e”, in é p e e del camino11. Se ena deja de e a su hija. Se ena pie de las ganas de i i . Se ha sepa ado de su hija po que ambién sigue las indicaciones de un sueño: ha de deja la sola; comienza su ap endizaje. 9 Cualquie a es á capaci ado pa a econoce –po lo a gus o que se sien e acu- nado po sus aco des– ese i mo en e ejido de pausas y meand os con que consiguen a i ciona nos a lo con ado los na ado es que, jun o al ex o, nos b indan un ma gen en blanco pa a añadi les los comen a ios que nos aya sugi iendo, una especie de asien o cómodo con en ana al lado po donde mi a las nubes o escapa hacia di e gen es an- asías. “De Je usalén a Je icó” (C. Ma ín Gai e, 1999, p. 237). 10 Oc ogonal, como la p ime a habi ación de los espejos que a a iesa So p esa en la Casa G ande, luga de iniciación en El Pas el del Diablo. 11 Siemp e en los cuen os el hé oe debe pa i , sepa a se del pad e, de la amilia, pa a encon a su camino. Aquí hay un pad e doble, el posi i o y el ne as o. Según Ma - he Robe , es a doble posibilidad apa ece ecuen emen e en los cuen os adicionales, pe o e e ida a la mad e: mad e mala o mad as a y mad e buena, gene almen e mue a o ans o mada en hada. C. Ma ín Gai e ha á coincidi la libe ad con el encuen o del o igen ( emenino) y el descub imien o del amo (Cambo -pad e- u o se ans o ma á en jo en aman e), un inces o sua izado po que Cambo no es pad e biológico. LA PRIMERA FRASE... Y EL FINAL DEL CUENTO: DOS CUENTOS MARAVILLOSOS... 152 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 Es á a pun o de p oduci se la p ime a a en u a, la p ime a libe ad, sólo p esagio de la e dade a, de la de i ni i a, de la libe ad del hé oe. Al cas illo ha llegado alguien del ex e io , un maes o de música pa a la niña. Al alé pide que su mad e aya a e la oca el iolín. Se ena se a egla con esme o y comienza una sue e de apidísimo “ iaje in e io ” que pasa po el consabido y simbólico labe in o: ...y cuando iba andando hacia el aposen o de su hija, el co azón le la ía muy ue emen e. Iba despacio, c uzando la gos co edo es, doblando es- quinas y subiendo escale as. Como si no quisie a llega nunca y le bas a a con sabo ea el camino12. El encuen o en e Se ena y el p o eso de música es an absu do como el de un ópico, como el de un pa adigma: el del amo co és. En e Se ena y Gisel ac úa p ime o la mi ada y luego la oz, la canción is e del p isione o: “Dime, si ú lo sabes, ¿po dónde amo , se a hacia la libe ad?” Se ena se a del Cas illo con el p o eso de música. La a en u a ha sido ápida y ácil. Se ena no ha enido más que espe a y me ece la13. Los habi an es de Bel ondo an a habla mucho del suceso po que sa- ben poco; la ó mula: dije on que... seguida de las co espondien es hipó esis se epi e has a seis eces. Es necesa io elanza el ela o: –Tend emos que espe a a que c ezca la hija- dijo una a de la posade a. Se anuncia una segunda a en u a, una segunda libe ad, la de Al- alé. No se a a sólo de una epe ición de la es uc u a, ambién se p oduce una g adación in ensi i cado a. La a en u a de la mad e no e a más que un ejemplo, anuncio de la a en u a de la hija. Aho a una e - dade a a en u a iniciá ica, más di i cil (con sus p uebas i uales) y más conscien e (con más can idad de signos pa a desci a la). Es a a en u a es el iaje hacia la libe ad y hacia la eminidad que se inicia en un 12 La casa es labe in o; Cas illo o Casa G ande, siemp e simbólicos, como en los sueños, como en los cuen os, o eciendo la posibilidad de múl iples lec u as. 13 Como los hé oes de los Lais de Ma ie de F ance, a quienes las a en u as (siem- p e elacionadas con el amo ) suceden sin busca las. Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ 153 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 momen o de ansición, de cambio; a Al alé le al a poco pa a cumpli quince años. T es ans o maciones an a p oduci se de mane a casi simul ánea. El ela o las yux apone e in e cala, sugi iendo o malmen e su elación simbólica: Lucand o a cambiando; p og esi amen e se de e io a, bebe mucho, se es á quedando so do, no sopo a la luz14, es á eumá ico, su columna e eb al se a i la y se pe i lan sus é eb as bajo la piel i an e; se pa ece cada ez más a las b undas. Al i nal de su ans o mación cae al oso. Es ambién el i nal del con ol y de la ley. El cuen o sugie e en las úl imas líneas que es una más en e las b undas, la núme o ece. Cambo sabe su p óxima mue e (cuando Al alé cumpla quince años). Su ida se ha p olongado desde el nacimien o de la niña pa a espe a la. Cambo conoce la “mon aña ama illa” po su an e io ida de águila y sabe que los pája os que beben en la poza del sol se uel en colo de uego y alcanzan la inmo alidad. Cambo iene un “anillo azul”, lumino- so, en el dedo índice, obje o ma a illoso que pa ece conse a en sus sucesi as idas. T as su mue e, el anillo azul y la oz de Cambo se án a ibu os de Ami , el jo en enamo ado con el que escapa á Al alé. Todo pa ece indica que Cambo pad e se ans o ma en Ami aman e. El mensaje o o in e media io ha sido un pája o de uego, el más especial en e los que Al alé enía en las jaulas. El ela o o ece anuncios de es a ans o mación que no explica. Es con enien e deja zonas de somb a: “No me dejes nunca , ya no e mue as más, po a o , po lo que más quie- as”. Cambo aca iciaba con mucha delicadeza las enzas neg as de Al alé, y su oz se ol ía jo en como la de un enamo ado. “Cuando me mue a e deja é en buenas manos. De eso puedes es a segu a”. Al alé iene un deseo: encon a a su mad e. La a en u a no llega po aza ; es una búsqueda, una conquis a. Pa a la libe ad, Al alé p ime- 14 A la an í esis: Abajo-A iba (Foso-To e, Balcón) se añade la ambién clásica de la luz y la obscu idad. LA PRIMERA FRASE... Y EL FINAL DEL CUENTO: DOS CUENTOS MARAVILLOSOS... 160 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 ealidad al desdoblamien o del pe sonaje; So p esa se con empla y se da ánimos. Un espejo pa ido con picapo e de c is al es la pue a de la sala25. Has a llega a la siguien e habi ación So p esa eco e un pasillo de baldosines blancos y neg os. Nos acompañan en el camino la misma ince idumb e y las mismas so p esas que a la niña. El na ado sigue adop ando su pun o de is a. La segunda es ancia (y cada es ancia pa ece una nue a p ueba que se supe a; ninguna puede sal a se) es g ande y es á iluminada. Se en- cuen a a es ada de muebles y de lib os26, pe o cuen a con es g andes balcones que mi an al ja dín. Se escucha una música, la misma que de o ma muy apagada pa ecía escucha se al en a en la casa. La música b o a de un g amó ono. En uno de los balcones se pe cibe un bul o os- cu o, alguien es ido de neg o. Po i n hemos dado con el Seño de la Casa G ande. Lo que más imp esiona a So p esa es su mi ada: Nunca había is o unos ojos an neg os y an al acecho. Pa ecían los ojos de un lobo. Pe o a So p esa los lobos le daban pena. De es e pe sonaje su ge la misión y el obje o conc e o y ma e ial de búsqueda, –una nue a búsqueda den o de la casa–, una especie de “emboî emen de la quê e”. La búsqueda es ambién una p ueba. T áe- me champán. Como los hé oes clásicos, conscien e de la impo ancia de la emp esa, la niña se sen ía capaz de i a busca la bo ella al i n del mundo. So p esa sale po una pue eci a o ada de azul en la pa ed del ondo. Tiene que da le ambién un ecado a Rica do. O a p ueba más; ni siquie a sabe quién es Rica do, pe o So p esa, eó ica del cuen o: se aco dó de que, en los cuen os, al hé oe nadie le explica nada demasido cla amen e y acaba eniendo él solo que esol e los mis e ios, ence los pelig os y encon a el camino. Si le ayudan no hay p emio i nal. 25 Como en el cuen o “Los Malos Espejos”, el iaje de So p esa es ambién una bús- queda del in e locu o . ...pe du a sin emba go en noso os, esa sed de se e l ejados de una mane a inédi a po los demás, la sed de espejo. (C. Gai e, 1982, p. 16). 26 Ejemplo pa a una poé ica del des án, del deso den y la acumulación de iempos y sabe es. Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ 161 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 Su búsqueda es, sob e odo, la de un sen ido. Debe desci a el camino como un ex o, como una esc i u a. Una esc i u a sin uel a a ás27. De nue o un pasillo, más la go que el an e io , que as un a co sin pue a da paso a la e ce a es ancia. Es a habi ación es á llena de i gu as y de uidos. El camino pa a llega has a la mesa cen al es la go y com- plicado. So p esa sien e sensación de ma eo y en su anda zigzaguea,... ha ol idado lo que iba a busca allí. Es á a pun o de cae en la peo en ación del hé oe: pa a se. El eposo. Se sien a en el columpio de una e aza muy g ande, de espaldas a la habi ación; es á cayendo en los ecue dos, en las lág imas. Supe a es a p ueba g acias a la his o ia de la muje de Lo , pe o su ge una nue a en ación: una de las muje es que ecogen la mesa es su mad e. Ahí es á la pob e ida co idiana en e a la g an a en u a. So p esa supe a con éxi o las p uebas y de nue o in- e p e a: Po lo p on o se daba po con en a con habe salido ai osa del segundo pelig o. El p ime o había sido el de las lág imas; el segundo la isión de su mad e ecogiendo la mesa. Los dos pe enecían al mundo que el hé oe de los cuen os abandona cuando empieza la a en u a. Si se quie e c ece no hay que mi a a ás. Es a pa icula eo ía del cuen o si e pa a es ablece conclusiones que no se de i an de una mo al conse ada po la cos umb e, sino de la expe iencia pe sonal y soli a ia. También supe a So p esa el e ce pelig o, cuando la descub en en su escondi e, po que en los cuen os las p uebas siemp e se o ganizan de es en es, como en los ex os sag ados. Sale de nue o ai osa y c uza una pue eci a28, baja po una es echa escale a de ca acol con los peldaños muy gas ados. Sab emos en seguida que se a a de la bajada a la bodega. Pe o bajamos con So p esa a las p o undidades de es a casa, de su se , pa a me ece subi después hacia la luz. So p esa coge una bo ella de champán, conscien e de que e a la p ime a ez que obaba una cosa; pe o en ealidad odo ocu e aho a po p ime a ez, pues la niña es á c eciendo, cambiando, comp endiendo, ayudada po 27 O o mo i o que se epi e en el cuen o. Apa ece la e e encia bíblica a la muje de Lo y es ambién suge ido po la cancioncilla: “Más, más, eque emás”. 28 Desde que a a esa a la eno me pue a que daba acceso a la Casa G ande po una mínima endija, So p esa no ha hecho más que a a esa diminu as “pue eci as”. El espacio pa ece habe se modi i cado a su medida. LA PRIMERA FRASE... Y EL FINAL DEL CUENTO: DOS CUENTOS MARAVILLOSOS... 162 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 los signos. Como los caballe os del G ial e aban soli a ios y pe didos, aho a co e So p esa po los úneles obscu os, pe o ella lle a la bo ella ap e ada con a su pecho como si ue a un eso o. Se encuen a en onces con un ey. El encuen o y el diálogo son an ex años como el de Alicia con el conejo. C. Ma ín Gai e juega con el doble y di e en e pun o de is a de un na ado que sabe y de una niña que in uye pe o que con unde oda ía, magní i camen e, ealidad y i cción. La niña c ee, en un p ime momen o, –aunque iene sus dudas–, habe se encon ado con un e dade o ey, como si en es e “o o lado” que es la Casa G ande odo ue a posible. Los lec o es sabemos con el na ado que es e ey es un pe sonaje de ea o ensayando su ex o con la niña. El diálogo que ep esen an es un pe ec o ejemplo de amo co - és. Una ez más adquie e p o agonismo la mi ada. El juego del doble pun o de is a, la ambigüedad que in oduce, p o oca al mismo iempo ansiedad e in iga en el pe sonaje, y sob e odo en el lec o . Es a escena de doble lec u a o o ga dinamismo al ela o. So p esa le hace una p egun a al ey: ¿qué iene que hace pa a se mayo ?. Pe o, como se nos anuncia a al p incipio del cuen o, nadie sabe nunca esponde a las p egun as de So p esa. Sin emba go, sí ob iene de es e pe sonaje una in o mación undamen al aunque enigmá ica: de su boca salen las palab as que dan í ulo al cuen o; y e e idas al hom- b e de neg o, al de la p o unda mi ada, el de los ojos de lobo: Nunca ha espe ado a nadie. Ni espe a nada de nadie. Se ol ida de odo lo que no es él mismo, los demás no exis en, no los escucha. ¡Se quie e come él solo el pas el del diablo! Inmedia amen e se da cuen a So p esa de que es a ase encie a un mis e io, que en ella se esconde la cla e, pe o no p egun a29 po que: le pa eció que pod ía se o a de esas en aciones que le salen al paso al hé oe del cuen o pa a emba ulla lo, y me e lo en labe in os, des iándolo de su camino. Supe adas odas las p uebas, So p esa sube. El homb e del balcón no la ecue da; ha enido una pesadilla y So p esa, que las iene pa e- 29 Así Pe ce al ambién se quedó callado en el Cas illo del G ial, po que le pa e- ció lo p opio según la educación y los consejos ecibidos pa a no peca de indisc e o. Felizmen e, es e es udiado silencio de la niña p egun ona no end á las mismas conse- cuencias. Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ 163 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 cidas, la in e p e a. Se sien a con él en el hueco que queda en e la ba- andilla del balcón y la pa ed, como en un escondi e, como una casi a a su medida30. Imagina que la casa es un ba co, que ella a de iaje y que es una muje mayo y el homb e de neg o el capi án del ba co. Be- ben champán pasándose la copa de uno a o o, en amo osa comunión. So p esa in uye que la solución pod ía es a en en ende las palab as: El Pas el del Diablo; p ueba en onces a u iliza las ella misma: ...y po que quie o con a his o ias de e dad y se mala y mayo de e - dad. Muy mala y muy mayo . Como us ed, eso es. No necesi a de nadie. ¡ Come me yo sola el pas el del diablo! Con a his o ias, se mala, se mayo , no necesi a de nadie..., exp esio- nes yux apues as, equi alen es, odas esumidas en “el pas el del dia- blo”. De momen o sólo una in uición sin a gumen os, sin subo dinadas. Nos ace camos al i nal del cuen o. Tend emos que deja ambién al se- ño de neg o. So p esa debe es a de i ni i amen e sola. El seño de la Casa G ande iene que sali de diablo en el segundo ac o de la unción. Es a noche de San Juan iene in i ados; ep esen an pa a di e i se, después de la cena, una ob a de ea o. Se e mina de maquilla y se dispone a sali de la habi ación ans o mado en diablo. An e la insis encia de las p egun as de la niña (¿qué iene que hace pa a se mayo ?), le en ega una pied a de ámba y le o dena en e a la en el luga del o igen, –Y po a o , mi que ida niña, no me p egun es cuál es el luga del o igen. Po que eso e es ú sola quién debe adi ina lo. Con es e nue o juego de la i cción en la i cción, ni So p esa ni los lec o es sabemos quién habla: ¿Se a a del Seño de la Casa G ande, pe sonaje del cuen o?, ¿Se a a del diablo, pe sonaje de una ob a de ea o den o del cuen o? o, ¿se a a del diablo en pe sona?, pa a So - p esa, un diablo no i c icio y sí pa a noso os que leemos el cuen o y apa en emen e sabemos, mimados po el na ado . No hay al mimo. También con noso os el na ado juega a la so p esa. 30 El acue do es cada ez más pe ec o en e el pe sonaje y el espacio. La mis e io- sa Casa G ande con iene ambién es a minúscula casi a que es ella o que le pe enece, o a la que pe enece, p imo dial e ugio. Impo ancia del simbolismo de la casa en los sueños y en los cuen os. LA PRIMERA FRASE... Y EL FINAL DEL CUENTO: DOS CUENTOS MARAVILLOSOS... 164 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 La niña se aleja co iendo de la Casa G ande. De nue o el iaje, el camino, el labe in o, has a in e na se en el bosque, llega has a el luga de la ce emonia del bau izo y ecompone el cuen o de sus o ígenes, como quien uel e al p incipio, es au ando el equilib io31. Una ez más, la úl ima, in en a á So p esa con a le un cuen o a Piz- co: la isión de una muje he mosísima. Pizco se dis ae. Pizco no sabe si se a a de una men i a o de un cuen o. So p esa bo a los signos que pod ían da alguna pis a y cuen a “como si” en ealidad odo hubie a ocu ido. Algo semejan e hace con noso os C. Ma ín Gai e, si uándo- nos en la misma posición que Pizco; como él no sabemos si se a a de una men i a o de un cuen o. Y ampoco sab emos has a algo más adelan e que quizás la a en u a de la Casa G ande ue sólo imaginada y no i ida po So p esa. La ince idumb e no se acla a de modo alguno en el cuen o, con lo que el juego en e ealidad, imaginación y i cción conse a á su dinamismo y la his o ia del cuen o pa ece á e e i sob e la ida, iñiéndola. Es la p ime a ez que Pizco, el ejempla na a a io, se le due me a So p esa. Pizco iene nue os in e eses; en la noche de San Juan ha en- con ado no ia. Los caminos se han sepa ado po comple o. Se despe- di án en la alda de la mon aña, y como dice el cuen o: cada uno omó su camino. Y ya sabemos, po que odos los eco idos son simbólicos, que es os caminos son las di e en es di ecciones de sus idas. So p esa sabe que a pa i de aho a nadie ol e á a escucha sus cuen os; pe o es á a pun o de decidi el paso de la o alidad a la esc i u a. Po que cada ez es más conscien e de que es á sola. Tiene una úl ima ocasión pa a comp oba lo: e pasa po el camino a un homb e es ido de blanco. Es el seño de la Casa G ande. Dice el na ado : So p esa lo econoció aunque lo había is o pocas eces y siemp e de lejos. Y noso os, lec- o es, nos sen imos de nue o bu lados, so p endidos; ¿qué ue en on- ces la a en u a de la Casa G ande? Lo que nos han con ado pe enecía en onces a o a dimensión, nada exis ía ealmen e. Exis ía, mien as lo leíamos. So p esa se da cuen a de que es á sola y ambién de que no nece- si a a nadie, ni siquie a al seño de la Casa G ande; y es e conocimien o le o o ga una inc eíble sensación de ue za: 31 Los hé oes del iaje suelen ol e al pun o de pa ida, y sólo a su uel a lo eco- nocen como o igen y como cen o. Vuel en pa a pode da le i n al ela o y pa a que la a en u a pueda se con ada. Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ 165 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 E a una sensación de pode casi diabólico, que la con e ía de e dad en la muje de blanco con la an o cha en la mano. (...) –¡Esc ibi é mis cuen os, e pongo po es igo, eina de la noche! (...) Y algún día los lee á el seño de la Casa G ande. ¡Ap ende é a come me yo sola el pas el del diablo! Y en es e conju o i nal queda cla o que el obje o de la a en u a es el pas el del diablo, y que és e no es o o que la esc i u a. Pa imos, como en los cuen os popula es, del nacimien o del hé oe, y escuchamos el p esagio que hizo necesa io el ela o pa a explica lo. Asis imos al c ecimien o de So p esa. Conocimos lo p ohibido, equi a- len e siemp e de lo deseado: en a en la Casa G ande, en el conoci- mien o. Vi imos las sucesi as up u as y sepa aciones del hé oe32: los pad es, la adición, la escuela, la con ención, Pizco, el na a a io, el se- ño de la Casa G ande, y de nue o y de i ni i amen e Pizco: el discu so o al. En un iaje eal e imagina io, ex e io e in e io , simbólico, eco i- mos las es ancias y labe in os de la Casa G ande, a a esando p ime o el umb al mágico; y en amos en una dimensión di e en e donde las medi- das y con o nos e an ambiguos, ex años, mó iles. A a és de escale as y co edo es, como en un deco ado de sueños, buscamos un obje o: la bo ella de champán. Pe o supimos que és e no e a el e dade o obje o sino sólo una p ueba más, in en ada pa a se supe ada. Reconocimos con So p esa que el e dade o obje o de la búsqueda consis ía en en- con a el sen ido de unas palab as: El Pas el del Diablo. Unas palab as que noso os conocíamos desde el í ulo, pe o que So p esa no descu- b e has a que es á p óximo el i nal del cuen o. Sin emba go, los lec o es sabemos muy poco, casi an poco como el hé oe; espe amos de algún modo que las palab as del í ulo uel an a apa ece , y la espe a se hace la ga, pe o su apa ición nos so p ende en cualquie caso, po que, como So p esa, desconocemos el sen ido. Sólo al i nal del cuen o, después de unas le es pis as, descub imos y conocemos, al mismo iempo que el hé oe, que el pas el del diablo es la esc i u a, el gozo de la esc i u a, algo que se come en soli a io. Sin emba go no es és a la úl ima ase del cuen o; la úl ima ase menciona a un pája o de alas ojas y azules que uela has a pe de se en el ecin o de la Casa G ande. Y no hay más explicaciones, ninguna eo- ía in e p e a i a que nos conduzca, como si de nue o se nos ol ie a 32 Es e ema es á a ado de o ma muy explíci a en el cuen o “Las A adu as”. (C. Ma ín Gai e, 1994, p. 266). LA PRIMERA FRASE... Y EL FINAL DEL CUENTO: DOS CUENTOS MARAVILLOSOS... 166 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 a o ece la posibilidad de en a en el eino del cuen o, de la imagina- ción. La posibilidad de es ablece un p eca io equilib io. Lo que más so p ende en El Pas el del Diablo son las e l exiones me ali e a ias de So p esa. Es a niña que decidi á con e i se en esc i- o a puede i i lo odo in ensamen e y al mismo iempo con cie a dis- ancia. En El Cas illo de las T es Mu allas se ap eciaban algunos guiños a la adición del cuen o, pe o de o ma más dispe sa, casi acciden al. En El Pas el del Diablo la e l exión acompaña y guía la acción. Exis e un in en o de ecupe ación, adap ación y alo ación de las es uc u as na- a i as adicionales33. Una e l exión que unciona como doble lec u a en un in en o de con e i sen ido a unas o mas que de o a mane a hubie an pe manecido ósiles, huecas. So p esa pa ece habe alcanzado es a eo ía as la lec u a , escucha y c eación de un g an núme o de cuen os, como si p ocedie a del mis- mo modo que un es udioso del olklo e o de la li e a u a popula , in en- ando de e mina y de i ni las líneas básicas, los emas ecu en es, las es uc u as cen ales y hace de es e conocimien o un modelo en el que si ua se y econoce se; po es o p e ende ajus a se con cie a exac i ud a las ca ac e ís icas y compo amien o del clásico hé oe de los cuen os. So p esa ompe con la amilia y con la es echa comunidad de la escuela y del pueblo. Sepa ándose de la calma de lo ce cano y co idia- no, quie e me ece en a en o a adición, mucho más amplia y más lib e, la de la li e a u a34. La de la esc i u a. BIBLIOGRAFÍA CALAME-GRIAULE, Gene iè e (2001). Le Renou eau du con e, Pa ís, CNRS Édi ions. 33 Sob e el p opósi o de la in iga como ing edien e na a i o dice C. Ma ín Gai e: T adicionalmen e se ha enido admi iendo que el man enimien o de es e in e és se a iza median e la apo ación de elemen os inespe ados den o de lo que pa ecía cuad a le a la ama a gumen al, b azadas de leña exó ica capaces de a i a el uego na a i o cuando empezaba a decae ; y p ecisamen e de an o conoce se y usa se es e ecu so a lo la go de los iempos, se ha caído con ecuencia en una o pe aplicación del mismo. “La Apa ición de la Men i a”. (C. Ma ín Gai e, 1999, p. 269). 34 El juego más consolado que se haya in en ado nunca. (C. Ma ín Gai e, 1982, p. 32). Mª VICENTA HERNÁNDEZ ÁLVAREZ 167 CAUCE, Re is a In e nacional de Filología y su Didác ica, nº 28, 2005 MARTÍN GAITE, Ca men (1982). La búsqueda de in e locu o y o as búsquedas, Ba celona, Des ino. MARTÍN GAITE, Ca men (1992). Dos Cuen os Ma a illosos, Mad id, Si uela. MARTÍN GAITE, Ca men (1994). 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