1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México
Abstract
En este trabajo se analiza el recurso a la escatología y al universo profético-apocalíptico de orientación antiliberal en 1821, año de la consumación de la independencia de México. Las diversas fuentes utilizadas revelan la importancia que adquirieron los discursos sibilinos en la transición del Virreinato al Imperio, así como su potencial movilizador. Se argumenta que estos sirvieron para denunciar el liberalismo revolucionario, fomentar la alternativa emancipadora y proponer lecturas mesiánicas renovadas. A través de esos tres aspectos se exploran las posibilidades del pensamiento escatológico y del marco profético a la hora de comprender los cambios político-religiosos del periodo de las independencias hispanoamericanas.
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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México1 1821, “The Last Day of the Times”. Apocalypse, Eschatology and Counter- Revolution in Mexico Josep Escrig Rosa2 Universitat de València y Universidad de Zaragoza (España) ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8976-5998 Recibido: 22-01-2022 Aceptado: 19-03-2022 Resumen En este trabajo se analiza el recurso a la escatología y al universo proféticoapocalíptico de orientación antiliberal en 1821, año de la consumación de la independencia de México. Las diversas fuentes utilizadas revelan la importancia que adquirieron los discursos sibilinos en la transición del Virreinato al Imperio, así como su potencial movilizador. Se argumenta que estos sirvieron para denunciar el liberalismo revolucionario, fomentar la alternativa emancipadora y proponer lecturas mesiánicas renovadas. A través de esos tres aspectos se exploran las posibilidades del pensamiento escatológico y del marco profético a la hora de comprender los cambios político-religiosos del periodo de las independencias hispanoamericanas. Palabras-clave: contrarrevolución, apocalipsis, escatología, profecía, independencia, México. 1 El autor participa de los proyectos de investigación con referencia PID2019-105071GB-100, PID2020-120048GB-100 y P20_01305. 2 ([email protected]). Doctor en Historia Contemporánea por la Universitat de València y autor de Contrarrevolución y antiliberalismo en la independencia de México (1810-1823) (2021).
150 Josep Escrig Rosa Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 Abstract This paper analyses the use of eschatology and the prophetic-apocalyptic universe of anti-liberal thinkers in 1821, the year of the consummation of Mexican independence. Many sources reveal the importance and mobilizing potential of sibylline discourses during the transition from Viceroyalty to Empire. I show they served to denounce revolutionary liberalism, promote an emancipatory alternative, and propose renewed messianic readings. I use these three aspects to explore the possibilities of eschatological thinking and the prophetic framework for understanding the political and religious changes of the Spanish-American independence period. Keywords: Counter-Revolution, Apocalypse, Eschatology, Prophecy, Independence, Mexico. Introducción Durante el periodo de la guerra de la Independencia de México, 1821 fue uno de los años en que proliferaron de manera abundante las profecías, el pensamiento escatológico, las visiones apocalípticas y las ideas mesiánicas3. Un nutrido grupo de eclesiásticos y publicistas contrarrevolucionarios se encargaron de predicar a sus feligreses y difundir en la esfera pública mensajes que alertaban sobre la decadencia de la sociedad contemporánea y la inminente proximidad del fin del mundo conocido. En buena medida, estas intervenciones estaban motivadas por el cambio de ciclo político que había supuesto la revolución española de 1820 y el programa de reforma eclesiástica emprendido por las Cortes del Trienio Liberal4. En ese contexto de transformaciones se produjo la consumación de la independencia de México, contando con el apoyo de un importante sector de los más refractarios5. En este estudio examinamos algunos elementos que 3 Algo presente desde tiempo atrás y que se proyectaría en los años siguientes. Entre otros, Marco Antonio Landavazo, La máscara de Fernando VII. Discurso e imaginario monárquicos en una época de crisis. Nueva España, 1808-1822, México, El Colegio de México et al., 2001; Eric Van Young, La otra rebelión. La lucha por la independencia de México, 1810-1821, México FCE, 2006; y Brian Connaughton, “Milagros: ansiados, celebrados, vigilados y cuestionados. De Nueva España a México, siglos XVI al XIX”, Signos Históricos, vol. XX, nº 40 (2018), 42-107. También, Jacques Lafaye, Mesías, cruzadas y utopías. El judeo-cristianismo en las sociedades iberoamericanas, México, FCE, 2016. 4 Ivana Frasquet, Las caras del águila. Del liberalismo gaditano a la República federal mexicana (1820-1824), Castellón, Universitat Jaume I, 2008. 5 Por supuesto, no se trató de una independencia en términos reaccionarios. Más bien hablamos de un amplio proceso revolucionario atravesado por la emancipación, en los distintos sentidos que le confirieron los actores del momento. Ana Carolina Ibarra, Juan Ortiz y Alicia Tecuanhuey (eds.), La consumación de la independencia. Nuevas interpretaciones, Xalapa, Universidad Veracruzana,
151 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 sustentaron el despertar profético del año de la emancipación, los miedos y las esperanzas que entonces se exteriorizaron, y los fines movilizadores y políticos de las expresiones sobrenaturales. Todo ello nos permitirá ahondar más en un aspecto menos atendido: los vínculos entre discursos de inspiración apocalíptica e independencias hispanoamericanas. Como se ha señalado, la fase de la Era de las revoluciones (1776- 1825), de la que forma parte el año aquí examinado, fue “el primer momento de reflexión escatológica”6. Por esta entendemos el conjunto de doctrinas y creencias referentes a los postreros acontecimientos de la historia, así como aquello que le sigue después. De manera concomitante, el apocalipsis, en tanto que consumación del fin del mundo, evoca la imagen de la destrucción y de la apertura de un tiempo nuevo y potencialmente salvífico7. A través de la intercesión divina, la profecía permite vaticinar lo venidero, el futuro inmediato que se avecina y del que, para los defensores de la tradición, se espera una estabilización del orden dislocado. Ya no se trata de un final indeterminado y lejano, como se había planteado desde la baja Edad Media, sino de un pronóstico a más corto plazo. Por ello se precisan acciones resueltas para evitar el colapso8. La aceleración del tiempo a la que se asiste durante la crisis del Antiguo Régimen y las revoluciones liberales generó desconcierto y tribulaciones entre muchos, especialmente en los reaccionarios, lo cual provocó miedos apocalípticos que tuvieron repercusiones importantes en las miradas sobre la realidad9. A partir de estas consideraciones, la transición que se operó del virreinato de la Nueva España al México independiente, en 1821, nos sitúa ante un escenario convulso de guerra e incertidumbres que resultaba propicio para la proliferación de interpretaciones escatológicas. Ante lo inédito, este tipo de pensamiento ofrecía indicios para descifrar los cambios del presente El Colegio de Michoacán y UNAM, 2021. Para la perspectiva de los conservadores, Josep Escrig, Contrarrevolución y antiliberalismo en la independencia de México (1810-1823), Zaragoza y Zamora, PUZ y El Colegio de Michoacán, 2021, 276-319. 6 Gabriel Cid, “«Las señales de los últimos tiempos». Laicidad y escatología en el pensamiento católico hispanoamericano del siglo XIX”, Hispania Sacra, vol. LXVI, nº 133 (2014), 179-207; y “Espectros del fin. Miedo, apocalipsis y revolución en Hispanoamérica”, en Manuel Chust y Claudia Rosas (eds.), Los miedos sin patria. Temores revolucionarios en las independencias iberoamericanas, Madrid, Sílex, 2019, 595-616. También, Javier Ramón Solans, “La hidra revolucionaria. Apocalipsis y antiliberalismo en la España del primer tercio del siglo XIX”, Hispania, vol. LXXVII, nº 256 (2017), 471-496. 7 Bernard McGinn, “The End is Not Yet. Reflections on the State of Apocalyptic Studies”, en André Vauchez (dir.), L’attente des temps nouveaux. Eschatologie, millénarisme et visions du futur du Moyen âge au XXe siècle, Turnhout, Brepols, 2002, 135-141; y Arthur H. Williamson, Apocalypse then. Prophecy and the Making of the Modern World, Westport, Praeger, 2008. 8 Javier López Alós, Entre el trono y el escaño. El pensamiento reaccionario español frente a la revolución liberal (1808-1823), Madrid, Congreso de los Diputados, 2011, 117-121. 9 Javier Ramón Solans, “Conjugando los tiempos presentes. Figuras temporales de la contrarrevolución española (1789-1814)”, Historia y Política, nº 28 (2012), 215-243; y Javier Fernández Sebastián, Historia conceptual en el Atlántico ibérico, Madrid, FCE, 2021, 399-474.
152 Josep Escrig Rosa Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 a través de un marco explicativo conocido y susceptible de adaptación a diversos contextos10. Las enseñanzas de las Sagradas Escrituras permitían leer los nuevos tiempos por medio de experiencias identificables11. Por supuesto, es conocido que proliferaron argumentos de naturaleza apocalíptica en momentos previos como la guerra de la Convención (1793- 1795), la invasión napoleónica de la Península en 1808, o el estallido de la revuelta insurgente dos años después. Entonces, las autoridades políticas y eclesiásticas del régimen virreinal auspiciaron la predicación de sermones y la publicación de folletos que prevenían sobre la venida del temible Anticristo revolucionario12. Las siguientes páginas se refieren a un momento posterior y se articulan en tres partes y unas conclusiones. Primero se estudian las profecías de orientación antiliberal que circularon antes de conocerse el Plan de Iguala, rubricado por Agustín de Iturbide el 24 de febrero de 1821. La segunda sección atiende a las lecturas escatológicas una vez que la opción independentista fue expandiéndose por el territorio mexicano y se impuso. La tercera plantea una reflexión sobre los posibles significados de la polémica obra del jesuita chileno Manuel de Lacunza. En conjunto, se presenta una mirada hasta ahora no atendida, o evitada, al papel desempeñado por el universo proféticoapocalíptico en el paso del Virreinato al Primer Imperio mexicano. Funestos presentimientos El año que nos ocupa se inició con augurios desconcertantes. Antes de que se difundiera públicamente el plan de independencia, las medidas secularizadoras de las Cortes habían empezado a crear un estado de alarma, tanto por aquellas promulgadas como por los recelos sobre las venideras. Se conocían entonces, abiertamente o a través de cartas particulares y rumores, los decretos de supresión de los jesuitas, abolición del Tribunal de la Inquisición, modificación del fuero eclesiástico, disolución y reforma de las órdenes religiosas y desamortización13. El virrey Juan Ruiz de Apodaca no 10 Malcom Bull (comp.), La teoría del Apocalipsis y los fines del mundo, México, FCE, 1998. 11 Ello contaba con una larga tradición y abarcaba a distintas sensibilidades ideológicas. François- Xavier Guerra, “«Políticas sacadas de las Sagradas Escrituras». La referencia a la Biblia en el debate político (siglos XVII a XIX)”, en Mónica Quijada y Jesús Bustamante (coords.), Élites intelectuales y modelos colectivos: mundo ibérico (siglos XVI-XIX), Madrid, CSIC, 2003, 155-198. 12 A título de muestra, pueden verse José Mariano Beristáin de Souza, Elogio de los soldados difuntos en la presente guerra, que… el día 22 de noviembre de 1794… dijo…, México, Herederos de don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1795; Simón López, Despertador cristiano-político…, México, Oficina de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1809; El Durangueño L. F. E., Centinela contra los seductores, nº 2, México, Imprenta de Arizpe, 1810. Todos ellos, respectivamente, en Biblioteca Nacional de México, Fondo Reservado (BNM-FR), RSM 1795 M4BER, colección Lafragua nº 163 y 181. 13 Andoni Artola, “Política religiosa”, en Pedro Rújula e Ivana Frasquet (eds.), El Trienio Liberal.
153 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 aplicó en su integridad dicho programa de reformas para calmar los ánimos y evitar la pérdida de apoyos. Sin embargo, una creciente oposición de claro signo contrarrevolucionario iba a mostrar su malestar recurriendo al género apocalíptico y su potencial para crear figuraciones y metáforas que incidieran en las conciencias de los feligreses. El día 1 de enero de 1821, el religioso dominico Francisco García Carvajal predicó en la parroquia de San Sebastián de México14. En su sermón denunciaba los escritos satíricos y anticlericales como obras surgidas de la escuela de falsos filósofos que había proliferado desde el siglo XVIII, aunque con algunos antecedentes notables. Sus autores se habían formado en las “pestilenciales cátedras” de “Espinosa, Bayle, Voltaire, Diderot, D’Alembert, Federico, Rousseau, y otros ateos del norte”. Tomando como referencia la extendida teoría reaccionaria de la conspiración contra el altar y el trono15, el religioso advertía a su auditorio sobre los planes destructores de la secta: “en la presente época”, decía, “la irreligión ha logrado hacer partido”. “Sus placenteros y emponzoñados delirios –continuaba– se han extendido a manera de un cáncer por todo el cuerpo místico del Redentor, y su pus hediondo y corrosivo tiene ya inficionados los miembros más robustos”. El dominico analizaba la situación con ojos clínicos para diagnosticar la enfermedad que estaba cerca de corromper irreversiblemente a toda la sociedad. En la eterna lucha entre el bien y el mal, este estaba ganando prosélitos con la ayuda de los escritores impíos16. Según interpretaba, la Iglesia era la institución más amenazada. Como garante de la estabilidad y el orden católico, los “jacobinos frenéticos” habían puesto sus miras sobre ella. Su objetivo era derribarla para debilitar así los poderes políticos e instaurar el reinado de la anarquía y del ateísmo. El padre García Carvajal describía un escenario aterrador en el que la representación de los fenómenos atmosféricos buscaba generar un estado de agitación y ansiedad en los ánimos del público. Refiriéndose a la Iglesia, aseguraba que “los furiosos huracanes que soplan del Aquilón y medio-día de Europa, han levantado la tempestad más deshecha que acaso habrás sufrido en toda tu travesía penosa y dilatada”. Se encontraba “como varada en el gran banco o arrecife del francmasonismo”. Esa logia, con la ayuda de los sofistas, había tejido redes por todo el mundo para desacreditar al estado eclesiástico y la congregación de los fieles cristianos. El fraile explicaba a través de un símil náutico el estado de abatimiento general en que se encontraban los miembros de la institución religiosa: “tu comandante y piloto se halla desatendido: tus Una mirada política, Granada, Comares, 2020, 263-284. 14 Francisco García Carbajal, Impugnación sin defensa de Un bosquejo de los fraudes. Sermón… que…de la parroquia de San Sebastián de Méjico, predicó en ella el día 1º de enero de 1821…, México, Oficina de D. Alejandro Valdés, 1821. Biblioteca del Seminario Conciliar de México, 91 A-IV-16. 15 Javier Herrero, Los orígenes del pensamiento reaccionario español, Zaragoza, PUZ, 2020. 16 Francisco García Carbajal, Impugnación…, 9 y 10.
154 Josep Escrig Rosa Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 timoneles vilipendiados: tus marineros perseguidos; y tus pasajeros (…) en peligro de abandonarte”. El desasosiego era total. Pero la situación todavía resultaba más penosa en España. Allí la Iglesia se encontraba “incendiada por la concupiscencia, descepada por la disolución”. Estaba siendo atacada por “las implacables fieras de unos hombres impíos y noveleros que la van ya dejando sin cercas, sin vástagos, y aun sin las bellas hojas de su antigua devoción”. La imagen de la persecución alimentaba la angustia ante un desenlace fatídico que se percibía cercano. Sin religión no había futuro posible17. Ante este panorama, el dominico solo veía como alternativa la intervención del “Dios de las venganzas”. Los excesos debían ser corregidos y castigados para dejar paso a la regeneración. De nuevo, sus amenazantes palabras debieron resonar en las conciencias de los feligreses: “Vengan, sí, sobre nosotros la desolación de nuestras provincias, los terremotos, las hambres, las pestes, la orfandad y la miseria”. Y añadía a continuación, refiriéndose al Señor: “aquí abrasa, aquí corta, aquí saja, con tal que nuestro castigo nos sirva para la enmienda, no para la perdición”. Los desastres que anunciaba el padre García Carvajal buscaban la sanación del cuerpo social infectado por ideas pecaminosas. La mediación visible de Dios era precisa para depurar a los corrompidos y evitar así el triunfo de sus desoladores proyectos. Además de este amparo, el fraile remataba las notas a la versión impresa de su prédica haciendo un llamamiento para que se prepararan más “sermones contra papeles impíos”18. Las acciones de la Providencia debían complementarse con la participación activa y beligerante de los eclesiásticos comprometidos en la defensa de su Iglesia y de la comunidad que estaba a su cargo. A los pocos días de que el padre García Carvajal pronunciara desde el púlpito el discurso examinado, la sociedad mexicana se vio convulsionada por la publicación de una desconsoladora noticia. El jueves 11 de enero apareció en el Suplemento al Diario Constitucional de México la copia de una carta escrita en Barcelona, el 24 de octubre de 1820, dirigida a un corresponsal veracruzano de nombre Martín19. En ella se reproducía un reporte supuestamente recogido el 3 de agosto en el periódico “Estrenof”, de San Petersburgo. Allí se daba cuenta de que el astrónomo “Wissing”, después de trabajar veinticuatro días en el observatorio del “barón Clinsquer”, había pronosticado el fin del mundo para 1835. Antes, anunciaba que el 21 de octubre de 1822, a las doce del día, quedaría a oscuras la tierra por seis o siete meses como resultado del choque que iba a recibir el sol por parte de un planeta opaco que llevaba cien años dirigiéndose hacia él. Mientras, otra estrella mayor que el sol descendería para 17 Ibidem, 10, 11 y 24. 18 Ibidem, 16, 23 y 14 de las notas sin numerar. 19 Esta se publicó como Copia de una carta de 24 de octubre de Barcelona, escrita a un corresponsal de Veracruz, México, Oficina de los ciudadanos militares D. Joaquín y D. Bernardo Miramón, 1821. BNM-FR, colección Lafragua, nº 219.
155 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 alumbrar la tierra. Pero esta se vería convulsionada trece años después con la llegada de “enormes masas candentes”, resultado del primer impacto, de modo que “la vecindad de este calor secará los ríos y todos los montes de la tierra”. De acuerdo con el narrador de la misiva, esta “profecía” había llenado de confusión a los barceloneses, hasta el punto de que se habían ordenado “rogaciones públicas y otras demostraciones de piedad para aplacar la divina ira que nos amaga formidablemente”20. También en México parece que cundió el pánico ante la proximidad de semejante desenlace. De acuerdo con un observador: Los escritores han alarmado su pluma en contra del profeta, los santuarios se ven frecuentados de una multitud de gentes, que temiendo la proximidad del último día de los tiempos, corren aterrorizados a implorar los divinos auxilios del Dios de las misericordias: los cafés están llenos de contendientes que disputan con ardor sobre el fin del globo terráqueo: en las plazas y calles no hay más que tertulias y corrillos, donde se trata del mayor interés de la infalible profecía del 21 de octubre de 1822: y finalmente en el centro de las casas y conversaciones familiares no se habla otra cosa que de la destrucción del sol21. Según el narrador, esta noticia había inquietado los ánimos y agitado a la opinión pública: “Unos creen, otros dudan, algunos temen, muchos se ríen, estos interpretan de un modo, aquellos de otro, los primeros entienden el vaticinio en un sentido literal, alegórico lo juzgan los segundos”22. De la misma opinión era el periodista José Joaquín Fernández de Lizardi, quien observaba que “el tal papel ha escandalizado a unos, ha atemorizado a otros, y ha dado qué decir a todos”23. De acuerdo con estas opiniones, podemos suponer que la resonancia del tema fue importante. El primero de los comentaristas decía encontrarse “confuso y lleno de temor”, pues no dudaba de la veracidad de la predicción. A su entender, había motivos suficientes para tomarla en serio. Según aseguraba, 20 No se cuenta todavía con estudios sobre las visiones proféticas y apocalípticas durante la España del Trienio Liberal, si bien hay algunos casos interesantes. Por ejemplo, durante la insurrección realista en Cataluña, el monje cisterciense Antonio Marañón, “el Trapense”, recurrió de forma abundante a los discursos proféticos en sus proclamas y sermones. Bajo esa influencia, durante la cuaresma de 1822 en la provincia de Tarragona unos campesinos dijeron encontrarse poseídos por ángeles que les obligaban a ejecutar liberales. Josep Fontana, De en medio del tiempo. La segunda restauración española, 1823- 1834, Barcelona, Crítica, 2013, 72. 21 J. M. P., Venida de los apóstoles del Anticristo, o sea noticia de un mexicano al corresponsal de Veracruz, México, Oficina de don José María Betancourt, 24 de enero de 1821, pp. 1 y 2. Instituto de Investigaciones Históricas, Universidad Nacional Autónoma de México, Colección de Panfletos Mexicanos de la Biblioteca Sutro (San Francisco), rollo 3, pm 11, doc. 23. 22 Ibidem, 2. 23 José Joaquín Fernández de Lizardi, Chanzas contra facetadas y desengaño de viejas por el Pensador Mexicano, México, Oficina de D. J. M. Benavente y socios, 1821, 2. Archivo General de Indias (AGI), México, 1680. Sobre la voluntad persuasiva del periodista véase Rodrigo Moreno, “El fluido ígneo de la palabra: Fernández de Lizardi y la consumación de la Independencia (1820-1821)”, Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, vol. XV, nº 1 y 2 (2010), 153-181.
156 Josep Escrig Rosa Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 las “extraordinarias mutaciones de los tiempos” que se estaban viviendo, así como la “guerra, hambre, enfermedad y miseria” que azotaban al mundo, eran muestras de que se avecinaba el postrero día de la “miserable descendencia de los hijos de Adán”24. De este modo, los nuevos desafíos eran interpretados a través del lente escatológico, dotándolos de sentido y coherencia. El propio Iturbide fue informado de que “el mundo se ha de acabar dentro de 21 meses”, lo cual da cuenta de la dimensión que adquirió el rumor25. La observación de Wissing propició más reacciones. Diversos folletos salieron a impugnar la noticia y tranquilizar a la sociedad. Ello nos da una idea más cabal del impacto que generó la difusión del vaticinio y las lecturas diversas que suscitó. Uno de los críticos denunciaba la falta de ilustración del pueblo, motivo por el cual la gente creía hasta “en los duendes y en las brujas”. Aceptar la llegada del fin del mundo era equivalente a “pretender que los montes corran y que los mares andan”26. Otro de los polemistas reparó en las implicaciones políticas de la predicción. Según entendía, su publicación formaba parte de los planes de los contrarrevolucionarios para minar el nuevo sistema liberal. Se trataba del “escrito más subversivo que puede darse en tales circunstancias”. No era una casualidad que se anunciara la consumación de los tiempos cuando había empezado la segunda etapa constitucional y los diputados avanzan en el desmontaje del Antiguo Régimen. Observaba que, para los reaccionarios, el liberalismo quedaba asociado al mal y a la destrucción. Por ello, decía, los “enemigos de la libertad” estaban “introduciendo guerras religiosas, y fomentando las preocupaciones de algunos ignorantes que creen ver la irreligión en la libertad civil moderada que nos concede la Constitución”. Desde los púlpitos se estaba invocando a Dios para “aniquilar al Congreso”. La alarma era mayúscula. La recepción del vaticinio de Wissing por parte del pueblo podía generar una subversión, pues este “espera un indicio de impiedad o de error para abandonar y perseguir un sistema que se le pinta, hace mucho tiempo, con los colores más horrorosos y abominables”27. Este analista era consciente de la capacidad agitadora de los discursos apocalípticos y por ello trataba de conjurar sus efectos desestabilizadores. También Fernández de Lizardi vinculó la predicción con las maniobras de los serviles. De manera irónica, explicaba que estos estaban anunciando que la Constitución “no sólo nos ha revuelto el mundo, sino 24 J. M. P., Venida…, 2 y 3. 25 José Ignacio Correa a Agustín de Iturbide, México, 24 de enero de 1821. Microfilmes de los “Agustin de Iturbide Papers” (Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos), Instituto Mora, vol. 8, caja 11, f. 413-416. 26 Contra el profeta del fin del mundo, México, Imprenta de D. Mariano Ontiveros, 13 de enero de 1821. AGI, México, 1860. 27 Crítica del suplemento al Diario Constitucional de México del jueves 11 de enero de 1821, México, Oficina de don Alejandro Valdés, 1821. AGI, México, 1680.
157 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 también los astros y planetas”28. Las declaraciones expuestas dan cuenta de la campaña de propaganda desplegada por parte de los antiliberales y del recelo que existía a que sus mensajes incendiarios calaran entre la ciudadanía. Un cuarto impugnador pretendió demostrar la equivalencia entre la predicción de Wissing y el Libro de las revelaciones o Apocalipsis de San Juan. De acuerdo con su particular lectura, el sol representaba al catolicismo y el planeta que iba a colisionar con él la herejía y los errores en materias religiosas. Por su parte, los pedazos en que quedaría destruido el astro simbolizaban los territorios que iban a apartarse de la verdadera fe, mientras que el nuevo sol anunciaba “el de la justicia que ha de abrasar el mundo el día del juicio”. Esta alegoría, afirmaba, “prepara los ánimos a esperar el último día de los tiempos”, aterrorizando a los incautos29. Así, a través del discurso profético se asociaban los acontecimientos de inicios de 1821 con el último libro del Nuevo Testamento, buscando hacer inteligible una predicción controvertida y de difícil explicación, pero con posibilidades de ser leída en tiempo presente. El miedo que provocó la publicación de la carta en el Suplemento al Diario Constitucional de México promovió la aparición de otras noticias sobre hechos sobrenaturales que corroboraban la hipótesis sobre el fin del mundo. En uno de los folletos que acabamos de examinar se hablaba de la llegada de los “apóstoles del Anticristo”, una especie de extraterrestres. Supuestamente, el 25 de diciembre de 1820 arribaron al pueblo mexicano de “Acomisc” unos hombres “originales y raros”, dedicados a la astronomía, como Wissing. Según su espeluznante descripción, eran gigantes, jóvenes, con barba larga y traje antiguo, dormían poco, caminaban descalzos, comían alimentos extraños, tenían la voz aguda y no se les conocía preferencia sexual alguna30. De acuerdo con la explicación, estos seres resultaban generalmente pacíficos, pero muy vengativos y crueles con sus enemigos. Su “secta” había conseguido numerosos prosélitos entre todos los grupos sociales. Ahora se encontraban prisioneros por sus delitos, pero pronosticaban su libertad y represalias para sus rivales. Eran “enemigos destructores de la humanidad”, “discípulos del Anticristo” que preparaban su llegada como antesala del fin de los tiempos31. Para este informante atemorizado, el horizonte inmediato resultaba poco halagüeño. 28 José Joaquín Fernández de Lizardi, Chanzas… 29 Descubrimiento de verdades contra las falsas imposturas que contiene la carta referida en el suplemento al Diario Constitucional del 11 de enero de 1821, México, Oficina de D. J. M. Benavente y socios, 1821, 3 y 4. AGI, México, 1680. 30 J. M. P., Venida…, 4. 31 Ibidem, 7 y 8.
164 Josep Escrig Rosa Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 El padre Carranza interpretaba que la mujer descrita en el Apocalipsis 12 era realmente la Virgen de Guadalupe. Ante la destrucción total, esta era la encargada de preservar los restos de la civilización católica en América: cuando ve San Juan en el Apocalipsis a la Iglesia perseguida del Anticristo, cuando se le revela haciendo frente a las baterías infernales, que en los últimos días del mundo ha de hacer el demonio por su primogénito, la pinta con los mismos coloridos, y con las mismas señas que se apareció la señora de Guadalupe; como que su imagen ha de ser la que ha de sacar la cara por toda la Iglesia62. Esta particular lectura resaltaba la vinculación entre México, la Guadalupana y la salvación de la institución eclesiástica. No en vano, según el padre Carranza, ello ya estaba anunciado en el Libro de las revelaciones. Explicaba que cuando la Virgen hizo frente al Dragón se le entregaron “alas de un águila grande”, las cuales eran “blasón antiguo de México”. Alegóricamente, esas alas iban a permitir que la Iglesia volara a buscar protección al otro lado del Atlántico, dejando a la Bestia varada en la orilla63. Como puede apreciarse, el uso de los símbolos que realizaba este eclesiástico le permitía encontrar en las Sagradas Escrituras señales fehacientes de lo que pretendía demostrar. Consideraba que existían evidencias suficientes para avalar que el santuario del Tepeyac era el lugar escogido para la Iglesia cuando se consumara el final. En su profecía se conjugaban los tiempos: “conozcamos lo futuro por lo pasado”, decía. Así, encontraba que con anterioridad ya se había evidenciado que México era una tierra predilecta en la que ningún enemigo de la Iglesia podía establecerse y triunfar64. La profecía del padre Carranza ya había sido esgrimida en 1809 por el sacerdote y literato José Mariano Berastáin de Souza. En su monumental Biblioteca Hispano-Americana Septentrional (1817-1821) aseguró que estaba cerca de cumplirse lo anunciado por aquel. Según dejó anotado: “a vista de la persecución que hace al pontífice romano el tirano Napoleón Bonaparte, y a los reyes católicos, protectores de la Iglesia de Roma” veía que “México puede ser el más seguro asilo al papa y a los monarcas españoles, contra la voracidad de aquel monstruo”65. La amenaza abominable que supuso entre 1808 y 1814 el emperador de los franceses la representaba en 1821 la Asamblea hispana. 62 Ibidem, 14. 63 Ibidem, 16 y 17. 64 Ibidem, 17 y 18. 65 Citado por David A. Brading, La nueva España. Patria y religión, México, FCE, 2015, 301. También, Martha Terán, “La Virgen de Guadalupe contra Napoleón Bonaparte. La defensa de la religión en el obispado de Michoacán entre 1793 y 1814”, Estudios de Historia Novohispana, nº 19 (1999), 92-129; y Alfredo Ávila, “La crisis del patriotismo criollo: el discurso eclesiástico de José Mariano Beristáin”, en Alicia Mayer y Ernesto de la Torre Villar (eds.), Religión, poder y autoridad en la Nueva España, México, UNAM, 2014, 205-222.
165 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 Para los antiliberales, una alternativa a ese peligro era el traslado del pontífice romano y del soberano español a tierras americanas. Sólo allí podía tener comienzo una nueva era ajena al mal revolucionario. Además de lo señalado, el discurso del padre Carranza tenía correlación con los pronósticos que se realizaron en los sermones de la independencia. Estos atribuían a la Virgen un papel destacado en la consecución de la empresa emancipadora, metáfora de la lucha contra las fuerzas del averno. De acuerdo con el padre Blasco y Navarro, aquella, en su advocación de Zapopan, “lanzó a los abismos al infernal Dragón”, librando a los mexicanos “de los monstruos horrendos de impiedad que pretenden sujetarnos al príncipe de las tinieblas”. Al igual que en su momento comandó los “ejércitos de la milicia celestial” para reducir a los herejes enemigos de la monarquía católica, ahora estaba descendiendo en auxilio del Imperio mexicano66. Por su parte, el prebendado José Julio García de Torres anunció proféticamente a Iturbide y la Regencia, desde la colegiata de la Virgen de Guadalupe, que esta iba a colmar de gracias a los americanos “hasta el último día de los tiempos”67. Lecturas desconcertantes Durante los primeros momentos de la independencia, los mexicanos conocieron más directamente las famosas tesis milenaristas del exjesuita chileno Manuel de Lacunza (1731-1801). Su Venida del mesías en gloria y majestad, redactada entre 1775 y 1790 durante su destierro en Italia, apareció bajo el pseudónimo Juan-Josafat Ben-Ezra. Se publicó en tres tomos en Puebla, en la Oficina del Gobierno. El primero apareció en la segunda mitad de 1821 y los restantes en 182268. Se trata de la primera edición impresa en el continente americano, pues su obra, completa o en fragmentos, había estado circulando en manuscrito desde tiempo atrás. La edición poblana provenía de las impresas en Cádiz (1811, 1812 y 1815), pues en el frontispicio aparece el nombre del mismo impresor, Felipe Tolosa, natural de Vich. Sin haber visto el primer tomo de la versión poblana, hubo quien propuso que su impresión fue aprobada por el obispo Antonio Joaquín Pérez, aunque no hay evidencia de ello69. 66 Tomás Blasco y Navarro, Sermón gratulatorio, que en la solemne jura…, 13-15. 67 José Julio García de Torres, Sermón de acción de gracias a María Santísima de Guadalupe… predicado en su santuario… el 12 de octubre de 1821…, México, Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1821, 1. CEHM-CARSO, nº clasificador: 232.931.72 GAR, nº inventario: 026552. 68 Se conservan en la BNM-FR, RSM 1821 P6LAC. 69 Gerardo Decorme, Historia de la Compañía de Jesús en la República mexicana durante el siglo XIX, t. I, Guadalajara, Tipografía El Regional, 1914, 262. Para las versiones de la obra, Ana de Zaballa, “La Venida del Mesías de Manuel Lacunza. Primeras ediciones y críticas”, Anuario de historia de la Iglesia, nº 11 (2002), 115-127. Los especialistas siguen reconociendo el valor de la obra de Alfred-Félix Vaucher, Une célébrite oubliéé. Le P. Manuel Lacunza y Díaz (1731-1801), Collongues-sous-Salève, Fides, 1941.
166 Josep Escrig Rosa Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 La obra de Lacunza resulta controvertida y ha sido objeto de interpretaciones muy diversas. En distintos momentos, de ella se valieron los círculos jansenistas, judíos, católicos conservadores o contrarrevolucionarios. Sus polémicas afirmaciones sobre el juicio final y el fin del mundo, tras la segunda venida del mesías y su reinado de mil años, alarmaron a las autoridades eclesiásticas: en 1819 la Inquisición española prohibió el texto, en 1824 se incorporó al Índice de libros prohibidos y en 1941 fue condenado definitivamente por el Vaticano70. En parte, esa suspicacia estaba ocasionada por dos motivos. Por un lado, se refiere a la creciente actitud hostil de la Iglesia al fenómeno profético. Por otro, en la Venida se proponía una interpretación literal de la Biblia y se hacían ciertas críticas a la decadencia de la autoridad del papado a la que se asistió a finales del Setecientos. La frustración de Lacunza por la supresión de la Compañía de Jesús, ratificada por Clemente XIV en 1773, así como el temor al avance del regalismo y del episcopalismo, le llevó a vaticinar el apocalipsis71. Como decíamos, la interpretación que se hace en la Venida del milenio pudo resultar interesante a los tradicionalistas. Lacunza participaba del heterogéneo movimiento de la llamada Ilustración católica, pero mostró su rechazo al “espíritu del siglo”72. Arremetió contra las nuevas ideas en materia de renovación religiosa, cerrando el paso a cualquier desviación de la ortodoxia romana. Para ello propuso una relectura del Libro de Daniel y de la profecía de las cuatro bestias que en él se hacía. De este modo, asimiló la última de ellas con el deísmo religioso, es decir, con la creencia en un Dios supremo, pero sin admitir cultos externos ni revelación. En este punto, su discurso se alineaba con el de otros autores antifilosóficos que veían en estas corrientes un peligroso enemigo para la Iglesia: ¿Cuál es el nombre propio de esta cuarta bestia o de esta monstruosa religión? Yo me maravillo que ignoréis una cosa tan pública en el mundo, que apenas la ignora la ínfima plebe. Años ha que se leen por todas partes públicos carteles por los cuales se convida a todo linaje humano a la dulce, humana, suave y 70 Frédéric Martínez, “Milenarismo y defensa de la fe en el siglo de las Luces: la obra del jesuita chileno Manuel Lacunza”, Historia crítica, nº 3 (1990), 45-67. En México la censura está fechada en 1 de mayo de 1819. Cristina Gómez y Guillermo Tovar, Censura y revolución. Libros prohibidos por la Inquisición de México (1790-1819), México, Trama editorial y Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, 2009, 282. 71 La expulsión de los jesuitas y la desaparición de la orden generaron en su momento diversas reacciones, entre las que se observan manifestaciones de signo sobrenatural. Entre otros, Felipe Castro, “Profecías y libelos subversivos contra el reinado de Carlos III”, Estudios de Historia Novohispana, nº 11 (1991), 85-96; Salvador Bernabéu, “El vacío habitado. Jesuitas reales y simulados en México durante los años de la supresión (1767-1816)”, Historia Mexicana, vol. LVIII, nº 4 (2009), 1261- 1303; y Gabriel Torres Puga, “El falso sobrino del Papa. Un plan contra el obispo de Puebla durante la expulsión de los jesuitas”, Historia Mexicana, vol. LXV, nº 3 (2016), 987-1043. 72 Según la expresión de Mario Góngora, “La obra de Lacunza contra el «espíritu del siglo» en Europa, 1770-1830”, Revista de Historia, 15 (1980), 7-65.
167 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 cómoda religión natural. Si a esta religión natural le queréis dar el nombre de Deísmo, o de Anticristianismo, me parece que lo podréis hacer sin escrúpulo alguno, porque todos estos tres nombres significan una misma cosa73. A su entender, el mundo estaba siendo peligrosamente inundado de nuevas creencias que anunciaban un fatal desenlace. Para Lacunza, el deísmo, equiparable a la “filosofía”, podía verse como la “bestia última terrible y admirable”, la “apostasía” y el “espíritu fuerte, el espíritu audaz, el espíritu soberbio y orgulloso”. Esta visión ultraconservadora arremetía contra el Setecientos como un siglo nefasto y peligroso para la religión. Se trataba de una lectura compartida por los autores que hemos visto. Sus invectivas se dirigían contra la falsa filosofía, antecedente del liberalismo secularizador. Obras como la Venida mostraban las raíces del contagio y anunciaban un escenario catastrófico en caso de que triunfaran las ideas reformistas. Una vez más, observamos que la lectura presentista de un autor como Lacunza se entrelazaba con las interpretaciones más conservadoras de la independencia. La recepción de la Venida resultó controvertida. En febrero de 1824 se solicitó revisar un escrito del capellán Pedro Narciso Blanco, titulado Discurso en que se manifiestan las falsedades y errores de Juan Josafat Ben-Ezra acerca de la Iglesia cristiana. Como su título indica, pues el texto no se ha conservado, en él se revisaban e impugnaban algunos de los planteamientos de Lacunza. Los dictaminadores de este manuscrito fueron el presbítero José Manuel Sartorio y el fraile mercedario Manuel Mercadillo74. El primero de ellos tuvo un papel significativo como vocal de la Junta Provisional Gubernativa, primer órgano legislativo del México independiente. Allí tomó partido por el grupo ultramontano favorable de que se restituyera a los jesuitas y las órdenes extintas en la capital (juaninos, hipólitos y betlemitas), además de blindar el fuero eclesiástico. Llegó incluso a amenazar a los miembros de la Junta con recibir un castigo divino, similar al que estaba azotando a España, en caso de que votaran contra las medidas apuntadas75. Puede conjeturarse que Sartorio leyó entonces la Venida y vinculó el reino milenarista y mesiánico que en ella se postulaba con las políticas del momento. Su decepción por la extinción de los ignacianos era comparable a la que sintió Lacunza. En su dictamen del Discurso hizo algunas objeciones a las críticas de Blanco. Se refirió a la Venida como una “grande obra” y “excelente”. Además, decía, “si la Inquisición subsistiese, ya hubiera sin duda levantado esa suspensión a vista del aplauso 73 Juan Josafat Ben-Ezra (Manuel de Lacunza), Venida del Mesías en gloria y majestad, t. I, parte 2, por D. Felipe Tolosa, Puebla, Oficina del Gobierno Imperial, 1821, 55. 74 Raimundo Lida, “Lacunza en México”, en Estudios hispánicos, México, El Colegio de México, 1988, 79-85. Dejamos para otra ocasión entrar en la polémica suscitada por el cura Juan José Fernández de Lara, El mundo ya agoniza, y no lo creemos, Puebla, Oficina de D. Pedro de Rosa, 1822. 75 José Manuel Sartorio, Voto de… a la Junta Provisional Gubernativa, México, Imprenta Imperial de Alejandro Valdés, 3 de noviembre de 1821. BCE-EA, nº de control: 040717.
168 Josep Escrig Rosa Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 con que lo ha recibido el común de los sabios teólogos”. Por su parte, el padre Mercadillo reconoció sus “afectos al Josafat” y afirmó que ya había dado su opinión favorable al escrito de Lacunza ante el extinto Santo Oficio. Habló de la impresión de Puebla como “errada”, lo cual pone de relieve que era conocida y había estado en circulación76. Otros religiosos, como el capellán Ignacio María Lerdo, también refutaron entonces la decisión adoptada en su momento por la Inquisición77. Estas impresiones ponen de manifiesto que la Venida no pasó desapercibida en los momentos de la independencia y en los años inmediatos, generando polémicas a favor y en contra de su particular interpretación milenarista. De hecho, en 1825 se volvería a publicar en México una versión del escrito de Lacunza, en la imprenta de Alejandro Valdés. Breves consideraciones finales En este trabajo hemos reparado en algunas señeras piezas que se publicaron en México en 1821, año de la independencia. A través de ellas se han visto los anuncios sibilinos, apocalípticos y milenaristas que entonces se dieron a conocer. Antes de que se difundiera el proyecto de emancipación los avisos incidían en la llegada del fin de los tiempos como metáfora de lo que estaba implicando la reposición del régimen constitucional y el programa de reforma eclesiástica. Esas noticias se vieron alentadas por la libertad de imprenta, el ensanchamiento de la esfera pública y la toma de una postura cada vez más beligerante por parte de los sectores retardatarios. Rumores y noticias de diversa índole alimentaron miedos y polarizaron cada vez más la vida política. La efervescencia profética alentó a que los antiliberales tomaran partido por la opción independentista hasta entonces cuestionada. Una vez impulsada la ruptura con la monarquía española los discursos de signo contrarrevolucionario asociaron más enfáticamente el liberalismo y las Cortes hispanas con el Anticristo, pero abriendo ahora las puertas a una posible salvación milagrosa del nuevo país. A su juicio, según hemos comprobado, la decadencia de Europa se contraponía a una América gloriosa donde el reinado final de Cristo y su Iglesia estaba por venir. La Virgen intercedía para librar a México del demoníaco Trienio Liberal español. A través de esa redención se esperaba una operación restauradora en materia eclesiástica que tenía en Iturbide a su particular mesías. El futuro inmediato debía suponer una rehabilitación de la normalidad alterada por la soberbia revolucionaria. Esta lectura de los 76 Raimundo Lida, “Lacunza…”, 80-82. 77 “Parecer del doctor don Ignacio María Lerdo, capellán del colegio de niñas de esta capital”, México, 26 de mayo de 1824, en Carta apologética en defensa de la obra de Juan Josafat Ben-Ezra, escrita por el P. D. José Valdivieso, exjesuita, México, Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, 1824. Biblioteca Digital de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
169 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 acontecimientos no fue hegemónica. Sin embargo, nos muestra las distintas y complejas posibilidades de interpretación que caracterizan a la escatología y sus formas para conjugarse en diferentes tiempos. Ello resultó especialmente perceptible en los sectores ideológicos de signo conservador. Para estos la revolución produjo una desconcertante aceleración de la dinámica histórica que se intentaba comprender a través de signos e imágenes reconocibles, a menudo extraídas de la Biblia. La importancia que adquirió este tipo de pensamiento en el momento de la independencia mexicana constituye una evidencia de las estrechas relaciones entre religión y política, así como de su potencial para poner en acción y movimiento a la ciudadanía católica.
170 Josep Escrig Rosa Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 Fuentes impresas: Arias Teixeiro, Veremundo, Representación del arzobispo de Valencia a las Cortes, México, Imprenta de don Mariano Ontiveros, 1822. Ben-Ezra, Juan Josafat (Manuel de Lacunza), Venida del Mesías en gloria y majestad, t. I, parte 2, por D. Felipe Tolosa, Puebla, Oficina del Gobierno Imperial, 1821. Beristáin de Souza, José Mariano, Elogio de los soldados difuntos en la presente guerra, que… el día 22 de noviembre de 1794… dijo…, México, Herederos de don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, 1795. Blasco y Navarro, Tomás, Sermón gratulatorio, que… en la santa iglesia catedral de Guadalajara el día 15 de septiembre de 1821…, Guadalajara, Oficina de don Mariano Rodríguez, 1821. Blasco y Navarro, Tomás, Sermón gratulatorio que… en la santa iglesia catedral de Guadalajara… pronunció el día 28 de octubre de 1821…, Guadalajara, Imprenta de don Urbano Sanromán, 1821. Carranza, Francisco Javier Sermón que el 12 de diciembre de 1748 años predicó en el templo de Nuestra Señora de Guadalupe de la ciudad de Santiago de Querétaro…, México, Oficina de don Mariano de Ontiveros, 1821 (1749). Carrasco y Enciso, Luís, Circular que el Provincial de Santo Domingo dirige a los religiosos de su Provincia de Santiago de Predicadores del Imperio mexicano, México, Imprenta de don José María Ramos Palomera, 25 de mayo de 1822. Carrasco, Lorenzo, Patético alegórico discurso… en el Oratorio de S. Felipe Neri… de la ciudad de Antequera de Oaxaca, lo dijo en 28 de agosto de 1821…, Puebla, Imprenta liberal de Moreno hermanos, 1821. Carta apologética en defensa de la obra de Juan Josafat Ben-Ezra, escrita por el P. D. José Valdivieso, exjesuita, México, Imprenta del ciudadano Alejandro Valdés, 1824. Contra el profeta del fin del mundo, México, Imprenta de D. Mariano Ontiveros, 1821. Copia de una carta de 24 de octubre de Barcelona, escrita a un corresponsal de Veracruz, México, Oficina de los ciudadanos militares D. Joaquín y D. Bernardo Miramón, 1821. Crítica del suplemento al Diario Constitucional de México del jueves 11 de enero de 1821, México, Oficina de don Alejandro Valdés, 1821. Descubrimiento de verdades contra las falsas imposturas que contiene la carta referida en el suplemento al Diario Constitucional del 11 de enero de 1821, México, Oficina de D. J. M. Benavente y socios, 1821. El Durangueño L. F. E., Centinela contra los seductores, nº 2, México, Imprenta de Arizpe, 1810.
171 1821, “el último día de los tiempos”. Apocalipsis, escatología y contrarrevolución en México Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 25, nº 52. Primer cuatrimestre de 2023. Pp. 149-175. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2023.i52.07 Fernández de Lara, Juan José, El mundo ya agoniza, y no lo creemos, Puebla, Oficina de D. Pedro de la Rosa, 1822. Fernández de Lizardi, José Joaquín, Chanzas contra facetadas y desengaño de viejas por el Pensador Mexicano, México, Oficina de D. J. M. Benavente y socios, 1821. García Carbajal, Francisco, Impugnación sin defensa de Un bosquejo de los fraudes. Sermón… que… de la parroquia de San Sebastián de Méjico, predicó en ella el día 1º de enero de 1821…, México, Oficina de D. Alejandro Valdés, 1821. García de Torres, José Julio Sermón de acción de gracias a María Santísima de Guadalupe… predicado en su santuario… el 12 de octubre de 1821…, México, Imprenta Imperial de don Alejandro Valdés, 1821. García Diego, Francisco, Sermón que en… este colegio de N. S. de Guadalupe de Zacatecas… el día 11 de noviembre de 1821, Guadalajara, Imprenta de don Mariano Rodríguez, 1822. J. M. P., Venida de los apóstoles del Anticristo, o sea noticia de un mexicano al corresponsal de Veracruz, México, Oficina de don José María Betancourt, 1821. Jaime Landeribar, Santiago Mariano, Sermón patriótico que… el Ayuntamiento constitucional… de Tepic, solemnizó el juramento de la gloriosa independencia del Imperio mexicano… 22 de julio de 1821, Guadalajara, Imprenta de don Mariano Rodríguez, 1821. López, Simón, Despertador cristiano-político…, México, Oficina de don Mariano de Zúñiga y Ontiveros, 1809. López, Simón, Carta de despedida del obispo de Orihuela a los curas, clero y demás diocesanos suyos, México y Puebla, Oficina de Alejandro Valdés e Imprenta liberal de don Pedro Garmendia, 1821. Ortigosa, José, Sermón que… en la iglesia parroquial de N. S. de la Asunción y N. P. S. Francisco de Toluca el día 13 de mayo de 1822…, México, Oficina de don Mariano Ontiveros, 1822. Pérez, Antonio Joaquín, Discurso pronunciado por el… obispo de la Puebla de los Ángeles… en la catedral de la misma el día 5 de agosto de 1821…, Puebla, Oficina del Gobierno Imperial, 1821. San Martín, José de, Sermón que en la… catedral de Guadalajara, predicó… el día 23 de junio de 1821 en que se solemnizó el juramento de la gloriosa independencia americana…, Guadalajara, Imprenta de Mariano Rodríguez, 1821. Sartorio, José Manuel, Voto de… a la Junta Provisional Gubernativa, México, Imprenta Imperial de Alejandro Valdés, 1821.
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