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Ramón Llull : sobre el Islam en el llibre del gentil e los tres savis

Conde García, Raúl

Abstract

Ramon Llull nos expone en este diálogo entre un gentil y un musulmán los principios por los cuales el islam, bajo los argumentos del sarraceno, se revelaría como la religión verdadera. Sin embargo, el autor aprovecha para mostrar al lector ciertas incongruencias en las palabras del sarraceno, dando a entender que este sostiene posiciones erradas y que, a fin de cuentas, el islam es una religión que no puede sostener las condiciones acordadas al inicio del relato, que se exteriorizan en la existencia de cinco árboles que salvaguardan las esencias de Dios.

Full text

UNIVERSIDAD DE SEVILLA RAMON LLULL: SOBRE EL ISLAM EN EL LLIBRE DEL GENTIL E LOS TRES SAVIS G ado en Filoso ía Facul ad de Filoso ía Junio de 2020 T abajo de Fin de G ado p esen ado po : RAÚL CONDE GARCÍA Tu o : Ca ed á ico D. JOSÉ MANUEL SEVILLA FERNÁNDEZ RAÚL CONDE GARCÍA RAMÓN LLULL: SOBRE EL ISLAM EN EL LLIBRE DEL GENTIL E LOS TRES SAVIS Tu o : P o . D . JOSÉ MANUEL SEVILLA FERNÁNDEZ TRABAJO DE FIN DE GRADO EN FILOSOFÍA FACULTAD DE FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA Junio de 2020, bajo el es ado de ala ma y con inamien o po COVID-19. Resumen Ramon Llull nos expone en es e diálogo en e un gen il y un musulmán los p incipios po los cuales el islam, bajo los a gumen os del sa aceno, se e ela ía como la eligión e dade a. Sin emba go, el au o ap o echa pa a mos a al lec o cie as incong uencias en las palab as del sa aceno, dando a en ende que es e sos iene posiciones e adas y que, a in de cuen as, el islam es una eligión que no puede sos ene las condiciones aco dadas al inicio del ela o, que se ex e io izan en la exis encia de cinco á boles que sal agua dan las esencias de Dios. Palab as cla e: Ramon Llull, Raimundo Lulio, iloso ía, islam, gen il, eligión musulmán, á bol, Llib e del gen il e los es sa is. Abs ac Ramon Llull exposes us in his dialogue be ween a gen le and a Muslim he p inciples by which Islam, unde he a gumen s o he Sa acen, would e eal i sel as he ue eligión. Howe e , he au o akes he oppo uni y o show ce ain inconsis ences in he wo ds o he Sa acen, hin ing ha he holds w ong posi ions and ha , a e all, Islam is a eligión ha canno sus ain he condi ions ag eed a he beginning o he ale, ex e nalized in he exis ance o i e es ha sa egua d he essences o God. Palab as cla e: Ramon Llull, Raimundo Lulio, philosophy, islam, gen le, eligión, Muslim, ee, Llib e del gen il e los es sa is. Resum Ramon Llull ens exposa en aques diàleg en e un gen il i un sa aí els p incipis pels quals l’islam, so a els a guemn s del sa aí, es e ela ia com la eligió e i able. Pe ò, l’au o ap o i a pe a mos a al lec o ce es incong uències en les pa aules del sa aí, donan a en end e que aques sos é posicions e ades i que, al capda all, l’islam és una eligió que no po sos eni les condicions aco dades a l’inici del ela , que s’ex e io i zen amb l’exis ència de cinc a b es que sal agua den les essències de Déu. Pa aules clau: Ramon Llull, Raimundo Lulio, iloso ía, islam, gen il, eligió, musulmà, a b e, Llib e del gen il e los es sa is. ÍNDICE INTRODUCCIÓN 6 I. EL ÁRBOL COMO SÍMBOLO 13 II. EL CARÁCTER DE DIOS, MAHOMA Y LAS ESCRITURAS 20 III. ANÁLISIS HERMENÉUTICO LULIANO DEL ISLAM 28 III.1. Sob e la esca ología islámica 28 III.1.1. Mue e y esu ección 28 III.1.2. El juicio de Dios a los pecados de los homb es 33 III.2. Sob e el pa aíso y el in ie no 39 III.2.1. La senda a la glo ia y al in ie no 39 III.2.2. Los place es pa adisiacos 41 IV. PARTICULARIDADES DE LA OBRA 46 V. CONCLUSIONES DEL TRABAJO 50 BIBLIOGRAFÍA 52 7 INTRODUCCIÓN Quizás en el imagina io colec i o pe i e la idea de una Edad Media en la que el con lic o eligioso aba caba odas y cada una de las á eas de la ida pública. A es a idea han con ibuido las in ini as ca ac e izaciones ic icias que se han hecho de la época, pe o ha íamos mal en asumi es a imagen y con e i la en la única isión posible del pe íodo medie al. Es e iden e que el con lic o eligioso siemp e o mó pa e de la his o ia del Medie o, pe o no es menos cie o que el deseo de con i i en paz y gene a una cohabi ación pací ica en e las es g andes eligiones (judaísmo, c is ianismo e islam) ambién de e minó la ida de muchos ieles que dedica on su ida a la discusión en o no a las cues iones de e. Sin duda, es o úl imo puede deci se de Ramon Llull (1232/1316), eólogo, misione o y poe a mallo quín nacido en Palma, en el seno de una amilia noble emig ada desde Ba celona1. Hijo de Ramon Ama Llull e Isabel d’E ill, ap o echa la posición social de su amilia, que siemp e man u o elaciones con las g andes casas nobilia ias ca alanas, empieza a hace se un hueco en la co e seño ial mallo quina desde jo en y en muy poco iempo log a ac edi a una ca e a pala ina conside able. En el año 1257 con ajo ma imonio con Blanca Picany, con quien u o dos hijos en los cinco años que du ó su ma imonio: Domènec y Magdalena2. Desg aciadamen e, no se conse an las ob as de amo co és que edac ó du an e es a e apa de su ida ni ampoco enemos g an no icia de sus labo es eales, pe o la imagen que o ecen los bióg a os de Llull es la de un noble 1 XIRAU, Joaquín: Vida y ob a de Ramón Llull: iloso ía y mís ica. México D.F. Fondo de Cul u a Económica, 2004, p. 18. 2 DOLÇ I DOLÇ, Miquel: G an Enciclopèdia de Mallo ca. Palma, P omomallo ca, ol. 8, 1989, pp. 115- 123. 8 a icionado a las canciones de amo y comp ome ido con su o icio de o ado , dibujándole como un homb e e sado en le as y con una cla a ocación a ís ica3. Después de se paje, p ecep o , senescal y mayo domo eal de Jaume II de Mallo ca, su ida dio un gi o ascenden al as acon ece le cinco isiones de C is o c uci icado, du an e cinco noches consecu i as, lo cual le lle ó a ende odo su pa imonio y a abandona a su amilia pa a p es a se comple amen e a p edica la Palab a de Dios. T as nue e años de e i o espi i ual, en los que se dedicó al es udio de la iloso ía y la eología de mane a au odidac a y ap endió a habla á abe con luidez (g acias a la ayuda de un escla o musulmán que comp ó y le enseñó los p incipios del islam), Llull log ó con ence a Jaume II pa a que ins au a a una escuela-colegio misional en el con en o Mi ama des inada a p omo e la con e sión de seguido es del islam al c is ianismo, con lo cual es ableció el ap endizaje del á abe como condición indispensable pa a llega a los adep os musulmanes. También ue el p ime ilóso o en u iliza el ca alán (además del la ín, el á abe y el occi ano) como lengua común en sus ob as4, lo cual e ela una cla a mo i ación didác ica, a in de hace llega el c is ianismo al mayo núme o de pe sonas posible. Du an e es os años, se hace buen conocedo de las ob as de o os mís icos y ilóso os, las cuales le in luyen di ec amen e y de e mina án buena pa e de los esc i os que ealiza á a lo la go de su ida. Es os ilóso os son San Agus ín de Hipona, San Anselmo, San F ancisco de Asís, e c. Incluso mues a un al o g ado de in e és po las discusiones eológicas en el seno del islam, siendo g an conocedo de los en en amien os en e a e oís as y los sunni as –conocimien o que se ap ecia en odas las ob as en las que el islam ocupa pa e del con enido incluido en ellas–. Es necesa io hace una b e e desc ipción de la Mallo ca de mediados y inales del siglo XIII pa a conoce el con ex o his ó ico y social en el que Llull desa ollaba sus labo es de misione o. La isla e a un luga común pa a las es cul u as de la época que de e minan la ob a del mallo quín5 coexis iendo en ella y un encla e come cial imp escindible pa a la Co ona de A agón (que conquis ó la isla el 31 de diciemb e de 1229 a manos de Jaume I el Conquis ado ). Pues o que e a un luga a ayen e pa a come cian es de odas las ci ilizaciones del Medi e áneo, no es ex año que la isla acaba a po con e i se en el c isol de es cul u as que ba allaban po log a la hegemonía 3 DE RIQUER, Ma í e al: His ò ia de la li e a u a ca alana ( omo I). Ba celona, A iel, 1984. 4 BERNIS PUEYO, Josep M.: «Ramon Llull y el Islam: ¿es posible un diálogo en e occiden e y o ien e?», p. 4. h ps://es.calameo.com/ ead/004855881b501eae5c7bc 5 ECO, Umbe o: La búsqueda de la lengua pe ec a. Ba celona, G ijalbo Mondado i, 1994, p. 29. 9 del e i o io en cues ión; no en ano se o ganiza on has a cinco c uzadas du an e el siglo XIII en con a del islam, desde la p omo ida po el papa Inocencio III a p incipios de los años 1200 has a la comandada po Luis IX en el 1270. La ob a que nos ocupa y cen a nues o abajo de in de es udios, el Llib e del gen il i els es sa is (c. 1272-1276)6, es signi ica i o y e iden e e lejo del ambien e eligioso y de los deba es eológicos exis en es en el siglo XIII y que se espi a en la o alidad de ob as que o man el co pus luliano. En ella, un gen il con e sa con un c is iano, un musulmán y un judío sob e la con eniencia y el undamen o de cada una de las espec i as eligiones de sus in e locu o es, a in de que el gen il encuen e la Ve dad en alguna de las c eencias que exponen los ieles. Ayudados po una doncella llamada In eligencia, los cua o an poniendo en o den los concep os que se emplean en la con e sación y acla ando los a ibu os que cada uno de los c eyen es le o o ga a Dios. Cada eligión posee su p opio lib o, siendo el p ime o de ellos la in e ención de un sabio que p ueba la p opia exis encia de Dios. El segundo, e ce o y cua o coinciden con la de ensa que el judío, el c is iano y el musulmán (llamado sa aceno en el lib o), espec i amen e, exponen al gen il ace ca de cada una de las di e en es isiones que poseen sob e Dios y la e. Esc i a en la ín y, pos e io men e, en ca alán, la ob a pone en ma cha el mé odo expues o po Llull en el A ab eujada d’a oba e i a (c. 1271), donde el au o o ece una o ma de demos a lógicamen e los dogmas de la c is iandad y mues a los e o es p opios de aquellos que no c een en la eligión e dade a, el c is ianismo. Si en el A ab eujada Llull expone sus azones pa a p ocu a la con e sión de los in ieles, en el Llib e del gen il op a, en cambio, po es ablece un diálogo a es oces que ponga a p ueba los a gumen os que las es eligiones expues as o ece ían al gnós ico que buscase espues a en ellas. Al con a io de lo que pod íamos pensa , no se a a de una ob a especialmen e belige an e con a el islam. Sin emba go, esul a e iden e que, al llega al lib o e ce o (el de “la eligió dels c is ians”), despliega an e el gen il un abanico de a ibu os y concep os mucho más elabo ado que el expues o cuando abo da la eligión del judío y la del musulmán. De hecho, es e es un de alle que se obse a en odas sus ob as an e io es al año 1307. Po ahonda en es a cues ión: es al el espe o que Llull gua da en 6 Según GARCÍAS PALOU (S udia Lulliana. 1969, pp. 69-70), el Llib e del gen il es el p ime o de aquellos que Llull esc ibió, ya que apa ece ci ado en el Llib e de Con emplació en Déu, el cual según la mayo ía de au o es consul ados se ía la ope a p ima del au o mallo quín. Aquí segui emos el c i e io de la mayo ía. h ps://dialne .uni ioja.es/se le /a iculo?codigo=6325641 16 1. Las i udes inc eadas, que son aquellas que deben a ibui se a Dios y que, po an o, son esenciales pa a econoce en Él la mayo de las au o idades. 2. Las i udes inc eadas y las i udes c eadas, las cuales ep esen an a las sie e i udes inc eadas del p ime á bol y las i udes c eadas que el homb e dispone pa a consegui la ida e e na. No puede habe con adicción en e las i udes inc eadas y las i udes c eadas. 17 3. Las i udes inc eadas y los pecados mo ales. En es e á bol se mues an las sie e i udes inc eadas y cómo es as suponen una con adicción espec o a los a ibu os de Dios. Po an o, aquel que come a los pecados que se mues an en el á bol se e á alejado de la posibilidad de ob ene una ida e e na as la mue e co po al. 4. Las i udes c eadas, donde únicamen e se mues an las i udes p opias del homb e mos adas en el segundo á bol y la mane a de odas ellas pa a combina se sin posibilidad de con adicción alguna. 18 5. Las i udes c eadas y los pecados mo ales. Aquí se enseñan las con a iedades en e los caminos c eados po el homb e que hon an a Dios y los icios que hacen pelig a el ec o camino de los mo ales. A excepción del p ime o, cada á bol apa ece cus odiado po los di e en es pe sonajes que nos encon amos en la ob a. La conclusión que podemos saca de es e su il de alle es que las es eligiones a adas en es e Llib e p e enden sal agua da las esencias di inas y las cualidades de aquello que las cons i uye como eligiones. Es deci , dado que la bondad (po escoge al aza una de es as i udes inc eadas) pe enece al o den de lo di ino, es misión del sa aceno, del c is iano y del judío p ocu a que se ob e en unción de es a cualidad p opia de Dios y, más que eso, han de consegui que sea compa ible con la p ác ica de las i udes c eadas po el homb e, que en ningún caso pueden con apone se a las i udes inc eadas. Todas es as i udes, y el deba e en e los sabios que se de i a de ellas, es án ca ac e izadas y con enidas en el llib e p ime , como o ma de es ablece desde un inicio cuáles son los é minos en los que a a o igina se la dispu a en e los es sabios y el gen il. Cla amen e, la in ención de Llull es la de do a de la mayo legi imidad lógica posible a los a gumen os que an a emplea los es sabios que in e ienen en la ob a. Al in y al cabo, lo que Llull o ece con es e sis ema es un mé odo de con e sación, una modalidad del sis ema dialógico po el cual el judío puede dialoga con el c is iano a azón de las cualidades de Dios o de las i udes c eadas con el musulmán ( odo ello, en el ma co del llib e p ime , que es el que inicia la discusión sob e los ca ac e es di inos). Sin duda, en ello sigue la es ela de o os ilóso os, como Rica do de San Víc o o Duns Esco o, en an o que si úa al pode omni-aba cado de la e en un es a us p imo dial, sin incompa ibiliza de ningún modo la e eligiosa con la azón in elec ual, acul ades las cuales o ma ían una elación simbió ica que posibili a en su iloso ía la mos ación del c is ianismo como la eligión e dade a. Y es uc u ando odos es os azonamien os 19 enemos al a b e, o dena y ija el ma co de la discusión que siemp e hab á de lle a se a cabo po los lógicos cauces que ma ca el mé odo. Conside emos ambién que el Llib e del gen il es edac ado po Llull en un pe íodo muy p ime izo, casi nacien e, de su iloso ía. No exis e una so is icación concep ual an desa ollada como en o as ob as, como en el A b e exempli ica (c. 1296) –que se incluye den o del lib o que más explo a es e ecu so, el A b e de ciència–. Po an o, la esquema ización que se de i a de la o ganización de las nociones p esen es en el ex o ha de comp ende se desde el con ex o p esen ado, en endiendo que en la echa de edacción del Llib e, Llull se encon aba pe ilando el A s que, pos e io men e, se á el núcleo de oda su doc ina ilosó ica y que es a ob a ilumina los p ime os pasos dados po el sabio mallo quín en el campo de la escolás ica, co ien e a la que apo ó nume osas c í icas y o as an as con ibuciones a pa es iguales10. 10 RUIZ SIMÓN, Josep Ma ia: Ramon Llull i la eo ía escolàs ica de la ciència. Ba celona, Quade ns C ema, 1999, pp. 87-88. 20 II. EL CARÁCTER DE DIOS, MAHOMA Y LAS ESCRITURAS Es a pa e de la ob a es á o mada po un p ólogo y doce a ículos en los que el sa aceno expone al gen il de mane a concisa las azones po las que el islam o ece una mejo espues a al con lic o espi i ual que expe imen a su in e locu o . Es necesa io menciona aquí la in luencia de al-Ghazali y su ob a El esu gimien o de las ciencias eligiosas, la cual es á o denada en cua o pa es y cada pa e, a su ez, en diez olúmenes, mos ando un o den muy simila al del Llib e. Aunque en un p incipio se pudie a pensa que no exis e un undamen o su icien e que ampa e la a i mación expues a, hemos de eco da el p o undo conocimien o que Llull poseía espec o de la discusión den o del seno del islam en e A e oes (que enía a a i ma la p e alencia de la azón sob e la e a a és de una adap ación de la adición acionalis a g iega den o de la eligión de los musulmanes), los a e oís as11 (quienes sos enían un p incipio de doble e dad pa a legi ima po igual la acción de la azón y de la e) y de los su íes ep esen ados po al- Ghazali (1058-1111)12, al cual Llull espe aba in elec ualmen e. Es e úl imo exp esó en la ob a an e io men e mencionada el modelo que después se ía adop ado po in inidad de ex os que abo da ían cues iones simila es a las plan eadas po el ulema pe sa. Dado que Llull e a buen conocedo de las ob as su íes y un é eo c í ico de A e oes (quien, como es sabido, esc ibió una Des ucción de la des ucción [“Taha u al- aha u ”] con a la Des ucción de los ilóso os [“Taha au al- alasi a”] de al-Ghazali) y los a e oís as no es p ecipi ado sos ene que la es uc u a del Llib e y de sus capí ulos debe mucho a la adición li e a ia islámica. Al inicio del lib o, el sa aceno ealiza el ac o de la ablución a in de consegui la ahӑ a, ce emonias diseñadas con el p opósi o de pu i ica el cue po y el alma y que pueden ealiza se con agua, con a ena, e c. En es e caso, se a a de una pequeña ablución llamada wudu, que se ealiza necesa iamen e an es de o a . Al acaba 11 GEYER, B.: Die pa is iche und scholas iche Philosophie, El e Au lage. Be lin, Benno Schwabe, 1928, pp. 447-449, 456-462, 758-759, e c. 12 GARDINI, Wal e : «Raimundo Lulio y el diálogo con el Islam». Buenos Ai es, O ien e, Occiden e: Re is a de in es igaciones compa adas, ol. 12, nº 1/2, 1995, p. 80. h ps:// acimo.usal.edu.a /371/ 21 el la ado, el musulmán alza las manos y los ojos al cielo, mien as eci a la siguien e o ación: “En nom de Déu mise ico diós, que a o ga mise ico dia, al qual sigui donada lloança, pe què es senyo del món; a ell ado o i a ell em con io, pe què ell és qui ens guia pel camí ec e de la sal ació.13” No cabe duda que es amos leyendo una adap ación (si se le quie e pone el epí e o, luliana) de la p ime a su a del Co án14, aunque con alguna a iación suge en e que debe se comen ada. La palab a que apa ece en el Llib e como Déu, en el ex o co ánico se co esponde al é mino allah. Sin emba go, en á abe es mucho más ecuen e que la palab a Dios enga su equi alencia en el ocablo ilãh. Quizá es e hecho puede ene una explicación en an o que Llull p e enda mos a que la única deidad del islam es el p opio Allah-Dios, iden i icando ambos é minos. De hecho allah, es una con acción de al-ilãh, cuyo signi icado li e al es “el Dios”. Po ende, no exis i ía di e encia alguna en el diálogo en e ilãh y allah, aunque sí se man enga es a di e encia en nume osos pasajes del Co án y en an os ex os eligiosos islámicos. Una ez ealizada la ablución del sa aceno, comenzamos el iaje po los di e en es a ículos que componen es a pa e de la ob a. El a ículo p ime o, de í ulo C eu e que hi ha un sol Déu iene a demos a la necesa ia exis encia de un Dios. Sin emba go, el gen il da po clausu ada es a demos ación g acias a la exposición que ealiza el judío al comienzo de la ob a15. En cambio, el sa aceno in e iene negando la T inidad y la plu alidad exis en e en Dios y que había sido de endida en el lib o an e io po el c is iano. “Si n’hi hagués T ini a [en Dios] es co espond ia que os compos , i que la bonda , la g andesa i l’e e ni a , el pode , la sa iesa i l’amo se ien con a is a la pe ecció; i com que això és imposible, pe això és e iden que Déu no exis eix en ini a .16” 13 LLULL, R.: Llib e del gen il i dels es sa is. Ba celona, Edi o ial Cla e , 2016, p. 266. 14 Co án, Exo dio, 1-7. 15 La demos ación del judío se basa en la adjudicación de las i udes inc eadas como cualidades únicas de Dios, lo que pe mi e econoce en Dios la mayo de las au o idades. 16 LLULL: op. ci . p. 267. 22 Al p onuncia es as palab as, el gen il p ohíbe al c is iano esponde an e al a i mación. Se niega a p opicia una discusión con el musulmán ya que, desde un p ime momen o, es e es á e elando la imposibilidad de con i i bajo una misma e y una misma c eencia. Es e iden e que la demos ación de Dios expues a po el c is iano y el musulmán no son di e en es, sino diame almen e opues as en an o que el p ime o a ibuye a la T inidad las sie e i udes inc eadas como ga an ía de la e acidad del c is ianismo, mien as que el segundo a ibuye dichas i udes a un solo Dios que las con iene den o de sí a in de gua da su pe ección. No es casualidad que el ema de la T inidad sea el escogido po Llull pa a es ablece la p ime a di e enciación undamen al en e el c is ianismo y el islamismo. No en ano dedica buena pa e de su Vi a coae anea (esc i a en el año 1311, un lus o an es de mo i el au o )17 a eo iza sob e es e asun o. En la ob a que hemos ci ado, la cual supone una au obiog a ía que nos pe mi e conoce su ida y sus expe iencias eligiosas de una mane a muy de allada, ela a la a gumen ación que p o ie e an e una au o idad islámica (en es e caso un na’ib unecino), de allando la indubi abilidad de la T inidad c is iana y ca gando con a la concepción de la deidad p opia de la eligión del sa aceno18. Dicho en en amien o dialéc ico, p oducido en el 1293, el cual se localiza empo almen e en uno de sus úl imos iajes al no e de Á ica, p o ocó uno de los a ios linchamien os que su ió du an e su ida y que p opició un cambio en el ace camien o al islam en las ob as pos e io es esc i as después de ales hechos. Dejando a un lado los da os biog á icos ace ca de es as polémicas que condicionan la isión de Llull sob e el islam y que aquí no esul an pe inen es an o po limi ación de espacio en el T abajo como po que sus en en amien os con los musulmanes son muy pos e io es a la esc i u a del Llib e del gen il, lo que se pone de mani ies o en es e p ime a ículo es la imposibilidad que encuen a el gen il pa a halla un pun o de conexión en e c is ianismo e islamismo, a in de posibili a una concepción a moniosa de Dios en e ambas eligiones. En las exposiciones del sa aceno no odo se án con lic os con la isión c is iana de la deidad, pe o desde luego la negación de la T inidad es un aspec o que ya coloca al islam en una posición muy alejada de los o os dos c edos p esen es en la ob a. 17 LLULL R., Au obiog a ía. Ba celona, edición del pad e M. Ba llo i y aducción de A.Mª. de Saa ed a de la edición c í ica la ina de H. Ha ada (1980), 1987. 18 DA COSTA, Rica do: «Muçulmanos e C is ãos nos diálogos de Ramon Llull». Mad id, Anales del Semina io de His o ia de la Filoso ía, ol. 19, 2002, pp. 76-77. h ps:// e is as.ucm.es/index.php/ASHF/a icle/ iew/5600/0 23 En el segundo a ículo, el gen il y el sa aceno deba en sob e Dios como c eado del mundo y de odo lo que exis e. En es e caso –y a di e encia de la discusión con el judío y el c is iano–, el gen il pide al musulmán una explicación sob e la na u aleza del mal y del pecado. La espues a de es e es que an o el mal como el bien p o ienen de Dios; sin emba go, es a espues a no con ence del odo al gen il. La azón de es a incomp ensión se explica de mane a al que Dios, como c eado del mal, es ambién c eado de la culpa y las injus icias que su en los homb es que han e ús del peca que ell ha c ea . El musulmán in e iene de nue o explicando que Dios no puede sino pe mi i la p esencia del mal, cuya exis encia y acción son an e io es a la c eación del mundo. Po consiguien e, dada la pe ec a sabidu ía y consciencia de Dios, es e c ea el pecado en an o que ambién c ea el mundo. Dios, en úl ima ins ancia, exis e sin in y su pode es in ini o, conoce el pecado. Si no lo conociese, no se ía omniscien e y su pode no se ía pe ec o. En es e a ículo del Llib e del gen il empezamos a encon a cla as di e encias en e los a gumen os p opios del c is iano y del judío y los del sa aceno. En los a ículos an e io es, el mal se a a como un enómeno in ame19, una dimensión que Dios no puede ole a y bien induce a los homb es a lucha con a el pecado a a és de una ida ejempla o, po o o lado, el su imien o de un mal, como el mal de la pena, es usado po Dios pa a impa i jus icia en is as de alecciona al homb e. De cualquie mane a, no se ap ecia ninguna des igu ación de los pos ulados islámicos. Llull no op a po de o ma los a gumen os del sa aceno ni po cons ui una ca ica u a del pe sonaje, con el p opósi o de o ien a el discu so hacia un luga de e minado. Es inhe en e a la adición islámica la acep ación del mal como un aspec o p opio de la ida del homb e; un mal que no iene una jus i icación mo al en la doc ina del sa aceno. Es a maldad es necesa iamen e posi i a en an o que Dios la ha c eado, a pesa de que p o oque su imien o en los humanos. Tal y como explica el eólogo suní Ibn Taymiyyah, con empo áneo del Doc o Iluminado: “Si Dios –bendi o sea– es el C eado de odo, en onces ambién c ea el bien y el mal en azón del sabio p opósi o que iene; en i ud de eso, Su acción es sabia y pe ec a20”. Como se expone en el Co án21, Allah no deja al se humano abandonado a su sue e an e la p esencia del mal que pe mi e. Le da las he amien as pa a lucha en con a de él en la medida de las posibilidades del homb e, y aunque es e es un aspec o que no se 19 Véase LLULL: op. ci . pp. 102, 185-188. 20 TAYMIYYAH, Ibn: Minhaj as-Sunnah an-Nabawiyyah. 3:142-2:25. 21 Co án, La Vaca, 286. 24 encuen a en la dise ación del musulmán en el Llib e, sí que nos pe mi e cla i ica que la exis encia del mal es pe mi ida en is as a un bien supe io y no como una expe iencia anecdó ica en la ida del homb e. En es e aspec o, lo des acable es el uso que hace Llull de es e asgo de la eligión islámica como dis anciamien o espec o de las o as. Sí que podemos ad e i cie a es upe acción en las palab as de gen il, que obje a cons an emen e los azonamien os de su igual, an e ales a i maciones del sa aceno. Pe o, en gene al, no exis e manipulación concep ual alguna del ilóso o mallo quín que nos induje a a pensa en una e gi e sación del deba e a in de mos a el islam como una supues a eligión pe e sa po na u aliza la ac uación del mal en la co idianeidad humana. En el e ce a ículo, se expone la igu a del p o e a Mahoma median e el mé odo dend ológico p opues o al comienzo de la ob a. La p ime a lo co esponde al pa bonda i g andesa. El sa aceno ela a al gen il la his o ia de la ciudad de Ya ib (en á abe, Madǐna al-Nabǐ, la “Ciudad del P o e a”), donde la mayo ía de sus habi an es e an gnós icos po su desconocimien o de la g andeza de Dios y necesi ados de la ayuda de la e. Así, Allah en ió a Mahoma como p o e a pa a guia a es os po el camino de la e dad. A odo es o el gen il obje a que la pe ección de Dios no conco da ía con la bondad; pe mi e que exis a mucha gen e que no conoce su g andeza y, po an o, exis i ía un con lic o en e lo expues o po el musulmán y las condiciones de los á boles. A odo ello, el musulmán in oduce la idea del lib e albed ío como opción a disposición de los homb es pa a segui el camino de la e dad. Dios deja el e o pa a posibili a a aquellos que conocen la Ve dad la enseñanza de su eligión. No encon amos azón alguna pa a pensa que Llull expone una isión e gi e sada sob e el lib e albed ío en el seno de la doc ina islámica. Aquello que expone el musulmán en su éplica al gen il se co esponde ielmen e con lo expues o en la décima su a del Co án22. Al con a io que eso, el au o demues a ene un g an conocimien o sob e la lengua á abe, como se p ueba en el uso de la palab a “Ya ib” pa a nomb a al luga donde i ió Mahoma y no “Medina” (que es el é mino más común en ob as de ca ác e eligioso), cuya palab a en á abe ya iene incluida la condición de ciudad. De alles como el que se acaba de expone no son anecdó icos y e elan el p o undo a ec o 22 “¡Oh, homb es, os ha enido, de Vues o Seño , la Ve dad! Quien sigue la ía ec a lo hace, en ealidad, en p o echo p opio y quien se ex a ía, ambién, en de imen o p opio. Yo no soy ues o p o ec o .” 25 del mallo quín po la cues ión que le ocupa en es a pa e de la ob a, mos ando un g an in e és po emplea cuidadosamen e el lenguaje y los é minos usados. En la segunda lo (pode i p udència), el musulmán cuen a que Dios en ía a di e en es p o e as a lo la go de la his o ia, según los iempos y cos umb es, con el p opósi o de mos a el pode de la di inidad y pe mi i al homb e su conocimien o. A odo es o, el gen il esponde que exis e una cla a con adicción en e la doc ina del c is ianismo y la del islamismo y que, po consiguien e, es imposible que las leyes de ambas eligiones engan de Dios al mismo iempo, ya que es o no gua da elación alguna con la lógica de los á boles. La e ce a lo hace uso del pa sa iesa i supè bia. Aquí, el sa aceno se limi a a elogia el bello ca ác e del Co án –que cali ica como el dic a més bell que exis eixi i pugui exis i – y la humildad que el p o e a Mahoma u o a la ho a de di undi la palab a de Dios; en sín esis, se mani ies a el ca iz p o é ico de Mahoma a a és de su humildad y sabidu ía. En el cua o pa , el gen il a gumen a con a el sa aceno cuando es e exp esa que la ene ación hacia Mahoma ocu e po que en él concue dan la jus ícia y la ca i a de Dios. El gen il obje a que si se siguiesen los a gumen os del musulmán, Jesuc is o se ía Dios, dado que su igu a ambién es ene ada po muchos homb es, lo que lle a a gen il a sen encia que Mahoma no se ía en onces hon ado como p o e a. La úl ima lo de es e a ículo, en la que se combinan la espe ança y la gola, es el pe ec o ejemplo po el cual Llull se si e de es e mé odo lógico, a iculado a lo la go de su ob a, pa a señala los e o es de aquellos que no ienen en el c is ianismo. El sa aceno de alla los lujos de la ida en el pa aíso y, pos e io men e, señala que Mahoma es en iado pa a ad e i a los homb es sob e los deli os y los pecados del mundo e enal. Al mismo iempo, expone que es os pecados solo pueden come e se en el pa aíso y han de e i a se du an e la ida ísica23. Indudablemen e, los a gumen os del sa aceno p esen an una con adic io in e minis en an o que, según el p o e a, se han de condena los pecados e enales pe o no aquellos que se p oducen en el pa aíso ( eco demos que la gola es uno de los sie e pecados expues os en el e ce y quin o á bol). Y dado que las lo es no pueden con adeci se a sí mismas ni en e ellas, el gen il sen encia que el azonamien o del musulmán esul a á lógicamen e also, o sea desde una pe spec i a acionalis a. 23 “Déu en ià Mahoma a i que la gen ingués espe ança dels deli s del pa adís i no pequés en els deli s d’aques món.” En LLULL: op. ci . p. 275. 32 Llama la a ención que la jus icia apa ezca como é ice de dispu as en a ias de las p incicpales lo es. No en ano, muchos siglos después, el genio uni e sal de Leibniz culmina á su me a ísica con la Teodicea, el g an a ado ilosó ico ace ca de la jus icia de Dios y de la jus i icación di ina en e al p oblema absolu o del mal (y ald ía a iesga que en una de las p incipales o mas de es e ue a la mue e)33. La penúl ima lo del a ículo co esponde a la pa eja ca i a i jus icia, con enida en el cua o á bol. El sa aceno expone que el emo a Dios y la jus icia (una idea p esen e en las es eligiones ab ahámicas) comba en el odio, la injus icia y el menosp ecio. Dios p ocu a el sen imien o de emo pa a que el homb e le p o ese cul o y p imen las i udes sob e los icios. Es e se ía un emo ca i a i o, pues es a ía más o ien ado a guia las almas de los homb es pa a que se ganasen el pa aíso que a o a cosa. El sa aceno ex ae del quin o á bol la ca i a i la i a. La lección con enida en es e apa ado enseña que los ángeles y los san os posee án un mayo conocimien o de las cosas buenas y de la ca idad cuando esuci en, asun o conside ado p ác icamen e imposible si nunca mu iesen y pe maneciesen siemp e i os. Los homb es y demonios pe e sos ol e ían a la exis encia con aún más i a de la que poseían al mo i –si seguimos la lógica que se les aplica a los buenos homb es, a los san os y a los ángeles–. Si bien el inal del a ículo se mues a un poco c íp ico, no esul a di ícil adi ina la in ención de Llull de exp esa que aquellos que mue en con i a no ol e án a la exis encia e enal ni pod án en a en el pa aíso, dado que con adicen an o las i udes inc eadas como las i udes c eadas de los homb es. Po an o, exis e un ca ác e pecaminoso en la exis encia de los homb es i acundos y de los demonios malignos, esul ando de sus conduc as la p i ación de las bondades de Dios en el pa aíso34 y en la ida después de la esu ección, a la que no pod ían accede po con adeci las cualidades de Dios. A es as al u as, el lec o del Llib e hab á podido obse a con acilidad que los diálogos que el gen il, que hace hono al í ulo, es ablece con el sa aceno cuando se mues a en desacue do con los a gumen os o ecidos po es e úl imo e minan, comúnmen e, con una con unden e sen encia en la que el gen il e ela una incompa ibilidad en e los azonamien os del sa aí y las condiciones p ees ablecidas po los á boles y que han sido acep adas po los pe sonajes del ela o. Es e hecho que ad e imos no impugna en modo alguno nues a esis; a sabe , que el diálogo 33 Essais de Théodicée su la bon é de Dieu, la libe é de l'homme e l'o igine du mal, 1710. 34 No en ano, el diablo en el islam iene el nomb e de Iblis, cuyo signi icado li e al es “aquel que es á p i ado de oda bondad”. 33 in e eligioso acionalis a de Llull no esconde in enciones polemizan es belicosas ni p opicia el choque iolen o en e las múl iples eligiones p esen es en el Medi e áneo du an e los siglos XIII y XIV. Tampoco podemos pe de de is a una dimensión in elec ual que ambién se des ela en es a ob a y es que, an es que un eólogo acionalis a, el mallo quín es un pensado mís ico c is iano y, como al, se le an oja necesa io conclui cie os aspec os de sus a gumen aciones des elando inconsis encias lógicas en los a gumen os eológicos de sus ad e sa ios. Pe o no po ello deja de concedé sele al islam el mismo ca ác e mís ico que pa a el pensado balea poseía el c is ianismo35, pues en él hay un o den cons uido po Dios que jus i ica la cosmo isión expues a po su in e nuncio musulmán. Un ejemplo de es o úl imo explicado se ap ecia en el sép imo a ículo, que a a sob e la mane a en la que los musulmanes c een en la esu ección, la cual no ha de p oba se, ya que las p uebas necesa ias de es e hecho han quedado explicadas en el p ime lib o. Llull desa olla b e emen e la idea de la Ma’ad, la cual o ma pa e de los p incipios undamen ales de las dos co ien es mayo i a ias del islam, y comp ende la doble dimensión po las que la esu ección oma luga : su dimensión ísica y la dimensión espi i ual36. Lo que aquí se de alla es el ca iz apocalíp ico de la esu ección, un día que du a á 50.000 años37 y en el que los homb es esuci a án después de que el ángel Is a il uel a a oca el cue no y c ezcan de nue o las plan as, nazcan las bes ias, e c. Dada la p omesa que hace el sa aceno al inicio del ela o de la necesidad de explica b e emen e las doc inas de su eligión, no se ahonda más en es e aspec o, que en e dad no pa ece despe a mucho in e és al au o po la b e edad del pun o y la concisión con la que se a a el asun o. Lo que sí podemos ad e i en él es la in ención de mos a el día de la esu ección como un p oceso dolo oso y plagado de pesa es, cosa que in e imos po las desc ipciones que leemos al aden a nos en el ela o. Es o no sucede de una mane a an explíci a cuando Llull explica la pe spec i a c is iana del día del Juicio Final o de la p opia idea c is iana de esu ección, que no con ienen pasajes an g á icamen e iolen os como sí se mues an en el diálogo del lib o cua o38. El p opósi o no se nos an oja muy di e en e in encionalmen e al mos ado po Llull en el e ce a ículo cuando esal a los place es ma e ialis as del pa aíso islámico; es o es, la implíci a 35 XIRAU: op. ci . p. 146. 36 C . OKTAR, Adnan: P incipios básicos del islam. Nue a Delhi, Islamic Book Se ice, 2002, pp. 41-44. 37 Co án, Las G adas, 4. 38 . g . LOMBARD, Raymond: El lib o de Apocalipsis. Ciudad del Cabo, Du ban ille Come cial P in e s, 2004, pp. 101-108. 34 in ención de des aca el c edo musulmán como una p ác ica alejada de los plan eamien os del c is ianismo, an o como sea posible po la aplicación del mé odo discu si o empleado en es e Llib e. III.1.2. El juicio de Dios a los pecados de los homb es A con inuación, Llull de alla en el oc a o a ículo las azones po las cuales Dios escucha las plega ias de Mahoma y no en cambio las de los o os p o e as (Ab aham y Jesuc is o), plega ias que se ealiza án pa a sal a a las almas que lo me ezcan el día del Apocalipsis. A modo de in oducción, el musulmán a de allando los di e en es pecados que han ido come iendo las múl iples igu as sag adas de las eligiones judía y c is iana. Así, Adán no pod ía in oca a Dios po habe comido del u o p ohibido. Noé, po habe abandonado a su pueblo el día del dilu io a su sue e. Tampoco Ab aham pod á acudi a Dios po habe men ido a sus pad es39 y sob e su esposa40. Ni siquie a Jesuc is o, quien se sabe indigno de oga a Dios po que los homb es del mundo le han con undido a él con Dios. Jesuc is o les aconseja que isi en a Mahoma y es e accede de buena gana a in e cede en e los homb es y la di inidad. Dios le concede á a Mahoma odos los deseos el día del Apocalipsis, sal ando a las buenas almas y ab iendo la posibilidad a que aquellas que hayan caído en el in ie no puedan se sal adas y goza de los place es del pa aíso. Tawssassul es el nomb e que los musulmanes dan al ac o del uego median e la in ocación de Mahoma y podemos encon a lo an o en los esc i os de la adición chií a como de la co ien e suní, no así en los p ac ican es del wahabismo, que ienen p ohibido e e i se a Dios pa a oga cualquie cosa. Llull concede aquí la imagen de un Allah bondadoso y compasi o al sal a a las almas jus as del mundo y pe mi i les la en ada al pa aíso y, a a és de su pe sonaje del sa aceno, posiciona a Mahoma como el Ve dade o P o e a que puede es ablece con ac o con Dios po no ene el peso de la culpa ni de ningún pecado. Después de es a in oducción al a ículo, es e se subdi ide, como es habi ual en la mayo ía de a ículos de la ob a, en cinco lo es, que co esponden al o den dend ológico explicado al inicio de la ob a. La p ime a lo se iden i ica con el g upo g andesa i pe ecció, donde el sa aceno o o ga a Dios la mayo de las noblezas po accede a las 39 Co án, Los p o e as, 51-64. 40 Génesis, 12:11. 35 pe iciones del p o e a Mahoma y po sal a , en úl ima ins ancia, a las almas que lo me ecen de los males del in ie no. Y mayo nobleza es econocida en Allah po escucha y se escuchado, quedando así demos adas las azones pa a a ibui a Dios es as dos cualidades. Siguiendo con la segunda lo , en la que el musulmán escoge el pa amo i jus icia pa a exp esa la inocencia de Mahoma y su al a de pecado, se mues an esas azones po las cuales Dios accede a escucha le. Se le supone un pecado an o a Ab aham como a Jesuc is o, acusación que el judío y el c is iano ien an de esponde an es de que el gen il les p ohíba en a en un duelo dialéc ico. A ello, el gen il p egun a si Mahoma e a pecado an es de que uese p o e a, a lo que el musulmán esponde que, de hace lo, hab ía sido po igno ancia y po c ee en los ídolos (que aba can el conjun o de c eencias que no es án en consonancia con las eligiones ab ahámicas, que p ohíben sus p ác icas). Te ce a lo : amo i supè bia, donde el sa aceno expone que Dios u o compasión con Mahoma al concede le el hono de se su P o e a, a pesa de se es e ciego y anal abe o, lo que mues a el amo que p o esa Allah a sus elegidos. La humildad de Mahoma al acep a las pe iciones de los homb es demues a que en Él no exis e la sobe bia a la que puede llega aquel que posee un conocimien o supe io de la deidad, y po an o, exis i ía una con adicción en e al amo que p o esan P o e a y Dios y la hipo é ica sobe bia del p ime o. En la lo 4 encon a emos la pa eja e i espe ança. Aquí, el sa aceno acusa al judío y al c is iano de p o esa eligiones impe ec as po que no conocen las enseñanzas de Mahoma, azón que les lle a á a con i i en el in ie no po el es o de la e e nidad. Pe o si es o ue a al y como lo ela a el musulmán, Dios p ocu a ía más su p opia g andeza que la e o la espe anza, la pe ección o la jus icia. Se segui ía de aquí una co upción de las condiciones iniciales es ablecidas en el ela o y en el á bol. El gen il des ela es a incompa ibilidad en e las palab as del sa aceno y los p incipios que los es c eyen es han es ablecido pa a dialoga en consonancia con la lógica p opues a. Palab as del gen il: “… aques a imposibili a p o a que u no en ens les condicions dels a b es al com s’han d’en end e.41” La quin a lo se co esponde con el dúo ca i a i en eja, donde se explica que la elección de Mahoma como el Ve dade o Elegido no debe á p o oca la en idia de los o os p o e as, quienes debe án escucha le con a ención y a eniéndose a sus palab as. 41 LLULL: op. ci . p. 295 36 Con la ap eciación que ealiza en la cua a lo el gen il a eno de los a gumen os del musulmán, se en iende la pe cepción de un cambio de ac i ud a la ho a de exp esa las inconsis encias del sa aceno, pasando de una ac i ud co és y a able a un áspe o y hos il a aque dialéc ico. Aunque bien podemos en ende es e hecho jus amen e al e és, o sea: como una de ensa del gen il del judío y el c is iano po los a gumen os ad hominen que p o esa el musulmán, acusando de indignos a los o os dos c eyen es po desc eídos, po su in idelidad espec o al c edo islámico y po nega la magnanimidad del p o e a Mahoma, adjudicando mayo c edibilidad a Ab aham y a Jesuc is o que al elegido mecano. Pe o quizá pudie a se es o una mues a de la incapacidad de Llull po en ende de mane a impa cial la c eencia de los sa acenos. No pod emos encon a un pasaje simila en el llib e segon y en el llib e e ce –que, espec i amen e, con ienen las exposiciones del judío y el sabio c is iano– po que, simplemen e, el gen il no in e pela a sus in e locu o es en la búsqueda de alguna con adicción que pe mi a mos a la alsedad del judaísmo o del c is iano. En es e úl imo caso, odas las in e enciones que ealiza el c is iano como espues a a las objeciones del gen il acaban po alida la isión inicialmen e expues a po él mismo y po cancela las in e enciones del gen il, quedando cla amen e demos ada que el c is ianismo, bajo la pluma y el e bo de Llull, es la eligión e dade a, la única que se a iene ielmen e a las condiciones que se explici an al inicio del ela o. Es cie o que es e Llib e no es el mayo exponen e del ca ác e an iislámico de la iloso ía luliana a la mane a que se expond á después de sus iajes a Á ica42, pe o dela a la imposibilidad del mallo quín po comp ende al islam como una eligión bien di e enciada de las o as dos p esen es en el ex o, si bien es o no es un aspec o solamen e aplicable a la iloso ía de Llull pe o sí p esen e en la misma. Los a ículos no eno y décimo son simila es en o ma y con enido, siendo el úl imo, en ealidad, un complemen o del p ime o. El no eno a ículo (Re e comp es) in o ma de la necesidad en la eligión islámica po juzga a los homb es en unción del bien o el mal que hayan hecho a sus p ójimos o a la ob a de Dios. Los homb es, buenos o malos, han de endi cuen as an e Dios, quien les o o ga á place es si han ob ado con a eglo a las palab as de Mahoma o les in ligi á du as penas a aquellos que se hayan co ompido po lib e elección. No solo se án los se es humanos quienes indan cuen as. También las bes ias y las a es debe án hace lo, si iendo de ejemplo a los pecado es, quienes al e 42 DA COSTA, Rica do: op. ci . pp. 82-85. 37 que el des ino que les espe a es idén ico al de los animales desea án con e i se en no- es43. La exposición de Llull esul a en exceso c íp ica, y da la sensación de que ese oscu an ismo e minológico que se emplea al inicio de es e a ículo es á más o ien ado a mos a lo incomp ensible de la pos u a del musulmán que a o a cosa. Po si ue a poco, es en es a ob a que se mues a po p ime a ez el in e és de Llull po inclui en el o den de las cosas los ac os del mundo animal, del cual se se i á pa a expone muchas de sus pos u as é icas en ob as pos e io es44. Dada la en e esada edacción de es a pa e, pod ía pa ece que el sa aceno enga a deci que los homb es injus os acaba án po con e i se en bes ias y a es po sus pecados y que su i án al modo en que es as lo hacen. Pe o nada más lejos de la ealidad de una p esun a me amo osis de cas igo, pues la c eencia en la eenca nación en el islam es una o ma de ku hacia Allah, el Co án y el P o e a. De hecho, en el Co án se hace explíci a la pos u a de la eligión islámica al espec o45. La acla ación es necesa ia, dada la inconcisión exposi i a del in e locu o musulmán en es e a ículo. Como es ya cos umb e en el ela o, el a ículo se di ide en cinco lo es. La p ime a, sa iesa i pe ecció, abo da la cues ión de la sabidu ía di ina a eno del conocimien o que iene Dios sob e los pecados o las buenas ob as de los indi iduos. No puede exis i con a iedad en e es a sabidu ía y la pe ección de Dios; con lo cual, se demues a la e dad del a ículo. La segunda lo (pe ecció i jus icia) mues a la conexión exis en e en e la sabidu ía di ina y la jus icia, pues Dios concede al buen homb e g andes bene icios y al mal homb e, ca gas pesadas po el es o de la e e nidad y, po an o, Dios es un se pe ec o en an o que jus o y ice e sa. La e ce a lo (pode i supè bia) enseña cómo el pode de Dios, po el cual cas iga o bene icia a los homb es en unción de sus ac os, es á eñido con la sobe bia y con las o ensas que los injus os come en con a los homb es pob es. El pode de Dios, en onces, domina á a los o gullosos, que no end án la capacidad de opone se a los designios de Allah. En la cua a lo , espe ança i jus icia, el sa aceno co esponde ambas cualidades con el a gumen o de que el homb e, po conocedo de la exis encia de la jus icia di ina, si es o endido end á espe anza en que Dios cas iga á a los injus os y aquel que o ende espe a á eme oso la jus icia de Dios. E ec i amen e, hay co espondencia en e ambas cualidades, 43 No debe en ende se es a exp esión en su aducción li e al del ca alán (“nada”), ha de se comp endida en su sen ido me a ísico. 44 Vid. LLULL, Ramon: Llib e de les bès ies. València, Semb a Llib es, 2015. 45 Co án, La A aña, 57. 38 quedando demos ada una ez más la e dad del a ículo. En la quin a y úl ima lo del a ículo ( emp ança i i a), el sa aceno ela a de una o ma cie amen e oscu a las azones y la o ma po las cuales Dios iguala á los bienes de unos homb es buenos con o os bienes pa a aumen a la glo ia que es os end án en el pa aíso y cómo en els pecado s a à co espond e un peca amb l’al e pe augmen a la se a pena, a in de que las injus icias su idas po los pob es en ida si an de culpa a los homb es injus os en el in ie no y la jus icias i idas po los homb es injus os ayuden a los pob es homb es a accede al pa aíso. Lo cie o es que es e no eno a ículo iene poco de des acable, más allá de lo comen ado al inicio y en algún que o o aspec o p esen e en la quin a lo . No iene mal eco da que el Llib e del gen il pe enece a un pe iodo muy p ima io –cuando no algunos conside an que es su ob a iniciá ica46– de la ob a del mallo quín y no encon a emos, en muchos aspec os, una g an elabo ación de los concep os empleados (aunque, sin duda alguna, el empeño po desa olla lo más que se pueda los é minos empleados en la ob a es muy supe io en Llull que en o os au o es en una e apa simila ). El ejemplo pe ec o pa a es e de alle lo encon amos al inal del a ículo, cuando Llull se ale de la i ud de la emp ança pa a alida la e dad de lo con enido en él, concep o al que dedica especial a ención en o as ob as, como en el Libe p imae e secundae in en ionis47 o en la Doc ina pue il. Pasando al décimo a ículo (“els mè i s i les culpes se an pesa s”) a iende al enómeno de la psicos asis o pesaje del alma, explicando el musulmán la impo ancia de es e ac o en la eligión islámica y la mane a en que se ealiza, pesando las almas de los juzgados. Si los bienes son mayo es que los males come idos, el homb e se sal a á. Pe o si la balanza se equilib a de o ma opues a, la condena es á asegu ada y el homb e se á condenado al in ie no mien as le plazca a Dios. La es uc u a del a ículo es idén ica a la del an e io : cinco a ículos en los que se escogen cinco lo es, a explica , de los cinco á boles. La p ime a lo es pode i sa iesa, donde el sa aceno de iende que la sabidu ía de Dios en es e aspec o p o iene de su pode pa a juzga a los homb es y conoce odos los pecados que es os han come ido. En la segunda lo (g andesa i jus icia) o ien a su exposición hacia la mues a de jus icia di ina que supone el pesaje del alma, siendo a su ez un e lejo de la g andeza de Dios, que no ole a á ninguna o ensa hacia su igu a ni hacia la de aquellos que le ep esen an en la 46 Véase sup a, p. 9. 47 LLULL, Ramón: Llib e d’in enció. Ba celona, L’Abadia de Mon se a , 2014. 39 ie a. Es e iden e que, en es a úl ima lo , el musulmán es á con esando al gen il la exis encia de unos de e minados cas igos ísicos pa a aquellos que oban o asesinan, lími es (en á abe, es os lími es eciben el nomb e de hudud) mo ales con emplados en la llamada ley sha ia, o denada po Dios. Sin emba go, no hay alusión alguna a los deli os elacionados con la sexualidad o con la in idelidad (los llamados zina) y quizá es o encuen e su jus i icación en las pos e io es de ensas que ealiza el sa aceno sob e los place es del pa aíso, en los que se con empla el “dis u e” con nume osas muje es que se conse a án í genes cada ez que el homb e desee ene acceso a ellas. La e ce a lo con iene el pa pe ecció i supè bia. Aquí, el pesaje del alma pe mi e e a Dios has a qué pun o el homb e juzgado se a iene al p incipio de humildad que p edica el P o e a. En los homb es o gullosos no hab ía humildad alguna, no siendo así en las buenas almas, que ac ua ían con o me a los caminos iluminados po el islam. La penúl ima lo comp ende el g upo ca i a i jus icia, que se oponen espec i amen e al odio y la injus icia. Como la ca idad ayuda al homb e a se más i uoso que si no ob ase aco de a ella, no exis i ía con adicción alguna y los homb es que ac uasen de o ma ca i a i a en a ían al pa aíso po pesa sus bienes más que sus males. La lo que cie a el décimo a ículo es ca i a i i a, donde el sa aceno mues a la azón po la cual se sepa an en dos los mé i os, en buenos y malos. Po que si no uesen sepa ados, es os ende ían a con undi se y no hab ía mane a de disce ni qué homb es me ecen en a al pa aíso y quienes ganan un luga en el Yahannam. Po an o, según las condiciones de los á boles lulianos, se demues a que es e a ículo es necesa iamen e e dade o. No cabe duda alguna que la isión de islam que p omue e Llull en es e a ículo iene mucha in luencia de las co ien es islámicas a ábigo-pé sicas, muy in luenciadas po la mi ología del An iguo Egip o que, si bien bañan e in luencian las imágenes esca ológicas del islam, acaban po in lui de una mane a más cla a a aquellos c eyen es del islam en las zonas geog á icas que aba có el Impe io Nue o48. Po que, si bien es cie o que la eligión islámica mues a un c i e io uni icado en doc ina a la ho a de expone el momen o del pesaje del alma, sí que exis en cie as co ien es –como la chií o el wahabismo– que alo an el pesaje de cie os pecados (pecados elacionados, sob e odo, con la in idelidad ma imonial o las p ác icas elacionadas con la sodomía) de una mane a más i ulen a que o os. El sunismo (co ien e mayo i a ia en aquellas poblaciones 48 No solo Llull a endió a es a pa icula idad, ambién Dan e Alighe i se si ió de ella pa a plasma la en alguna de sus ob as. Vid. ASÍN PALACIOS, Miguel: La esca ología musulmana en la Di ina Comedia. Mad id, Imp en a de Es anislao Maes e, 1919, pp. 251-252. 40 si uadas geog á icamen e en la zona del An iguo Egip o o ce canas a él), po ejemplo, op a po p ima el ca ác e mo al y p es a mayo a ención a los ac os del homb e que ienen más que e con la adecuación a unos ideales de jus icia y ca idad conc e os. Se ha de señala que es a in luencia de la cul u a egipcia no solo es á p esen e en el islam, ambién en el c is ianismo, inspi ando la c eación de nume osas ob as de a e o el pin ado de algunos escos en iglesias españolas donde se explica el enómeno (quizás los escos más impo an es conse ados en España se encuen en en la e mi a de San a Eulalia, pe enecien e al municipio palen ino de Aguila de Campoo). III.2. Sob e el pa aíso y el in ie no III.2.1. La senda a la glo ia y al in ie no Los dos úl imos a ículos del llib e qua e san sob e el ascenso/descenso del homb e al pa aíso, luga ese ado pa a aquellos que hayan ob ado de o ma aco de a lo exp esado po el p o e a Mahoma, o al in ie no, donde los homb es in ieles su i án incon ables ma i ios po el es o de sus días. Al inicio del undécimo a ículo (El camí del pa adís i el de l’in e n), el sa aceno de alla, de mane a escue a y concisa, la o ma en la que los homb es ascende án o descende án. El ascenso –según lo desc ibe el au o po boca del c eyen e musulmán- se desc ibe como un puen e ec o que lle a di ec amen e a los palacios que exis en en el pa aíso, donde las buenas almas pod án con empla a Dios siemp e que lo deseen. Es e puen e, o más bien el p oceso po el cual las almas escogidas acceden a la Yanna, se denomina al-si ã , que li e almen e se aduci ía como camino ec o. Pe o no es un é mino que desc iba exclusi amen e el puen e que se ex iende desde la ie a has a el cielo y el in ie no, pues ambién lo encon amos en o as aleyas epa idas po odo el Co án. La palab a al-si ã aba ca más bien odo el p oceso de ascensión al pa aíso y po ello la e en su exis encia es una de las c eencias básicas del islam. No e amos al deduci que se le p esupone un o den a la co ec a p ác ica de las Esc i u as; sob e odo, cuando Llull de ine la caída al in ie no como un momen o caó ico, insu ible y que du a á mil años. F en e al deso den de los pecados, se pos ula el o den del camino ec o. El camino ec o es ob iamen e la ec i ud, y en al sen ido la posible pe ección. Pe o es o no supone 41 ninguna singula idad en e a lo que encon amos en los a ículos del sabio judío y del c eyen e c is iano. Las cinco lo es con enidas en el a ículo explican el modo de acceso al pa aíso y qué han de espe a los ieles que me ezcan llega a él. De al modo que la p ime a lo (bonda i g andesa) explici a que es necesa io ealiza g andes es ue zos pa a pode con empla la g andeza de Dios, la cual se mani ies a en la bondad del Mismo cuando pe mi e que las almas nobles lleguen a es a en con ac o con él. El segundo apa ado (sa iesa i p udència), se cen a en la elación exis en e en e la p udencia y la consciencia de la sabidu ía de Dios, expone el a gumen o de que pues o que Allah odo lo sabe, los homb es que p e endan llega al pa aíso end án una mayo p udencia en sus ac os, debido a que son conocedo es de las no mas co ánicas y del des ino que Dios gua da a quienes cumplen con lo que es ablecen en las leyes del p o e a Mahoma. El homb e debe mos a que, po muy du o y pesado que sean los caminos conducen es al pa aíso, ha de man ene se en la senda co ec a eligiosa y mo al e insis i en la o aleza necesa ia pa a ama la ob a de Dios y al Dios Mismo. En el á bol, amo i i a son cualidades necesa iamen e con a ias. In ié ase: los homb es i acundos se án expulsados del puen e a la Yanna, en una caída que du a á mil años. Llull se aden a en la cua a lo en la elación en e espe ança i jus icia, p esen e en o os a ículos del cua o lib o. La exis encia de un camino an a duo alimen a la necesidad de espe anza en el homb e, espe anza que se co esponde mejo con la jus icia que con cualquie o a i ud p esen e en los á boles, y es así como se demues a que el camino exis e. La quin a lo , jus icia i supè bia, explica la elación con adic o ia en e ambas cualidades. Po pecado de sobe bia, los o gullosos e injus os cae án desde lo más al o a causa de la exis encia de la jus icia, que es a ía opues a o almen e a las acciones sobe bias de los in ieles. A con inuación, se inicia una dispu a dialéc ica en e gen il y musulmán sob e la du ación y el amaño de la senda al pa aíso. No amos a encon a ningún de alle que nos haga pensa que Llull se aleje de los esc i os islámicos pa a expone algún pun o que le a o ezca la c í ica a la eligión del musulmán. De hecho, si podemos de alla algo pa icula en el a ículo undécimo es que es el p ime o (y único) que cie a as una objeción del gen il, quien c ee habe hallado una alla en las palab as del con a io. Sin emba go, el musulmán no calla an e la sen encia del gen il y con es a pe inen emen e a su obse ación, cosa que no enía siendo habi ual has a aho a en la lec u a del lib o. Sí que exis e un ecu so simila en los a ículos oc a o y no eno, pe o en los cie es de alguna lo y no en cambio al clausu a un a ículo. 48 Llib e del gen il, pues el ema a ado se asemeja mucho al del Llib e, cuando no esul a p ác icamen e idén ico, has a la o ma en la que el á a o emplea la lógica-A e con sus in e locu o es. La Dispu a io na a los in uc uosos con ac os de Llull con los musulmanes en la ciudad de Bugía y los seis meses que pasa ía enca celado discu iendo con los sabios musulmanes. Sin emba go, el a amien o que se hace del islam en es as dos ob as di ie e bas an e del dialógico que encon amos en el Llib e, pues en el Libe ya se halla e iden e una cla a ocación polémica y una endencia al en en amien o dialéc ico más ag esi o, p opio de la época en que Llull lo esc ibe; mien as que en la Dispu a io el ca ác e de la discusión se á bien dis in o, pues se p esen a ya una condena ajan e al c edo musulmán y nume osas acusaciones de alsedad espec o al islam, ac i ud que oma el au o a aíz de sus iajes misionales al no e de Á ica, que casi le cues an la ida po su eme idad a la ho a de en en a se a sus in e locu o es musulmanes –no en ano, po su ac i ud dedicada has a el ex emo a la causa de la eligión c is iana a Llull se le conocía como Ramon lo oll, es deci , Ramón el loco–. Así, concluimos con la exis encia de es pe íodos di e enciados en lo ela i o al a amien o que se hace del islam en las ob as lulianas. El p ime pe íodo es a ía ep esen ado po es a misma ob a, si uada en un momen o de iniciación de la c í ica al islam que se de e mina po p omo e la cohabi ación eligiosa y echaza de lleno la ma iz bélica que exis ía en oda con on ación con la eligión de los musulmanes en aquella época. El segundo pe íodo se ca ac e iza po la so is icación de dicha c í ica, de i ada del e inamien o de la iloso ía luliana y de las A es que la componen. Finalmen e, el e ce pe íodo end ía a impugna los dos an e io es po ob a de los acon ecimien os su idos po Llull, que le lle a on a conclui que la paz con los musulmanes se an ojaba una emp esa imposible de ealiza po la de oción que es os p o esaban a su eligión (hecho que, en algunas de sus ob as, alabó y aplaudió de los sa acenos). Hay un de alle que no solo imp egna el llib e qua analizado sino que se encuen a en la o alidad de la ob a, que es la amabilidad que se es ablece en el a o en e los pe sonajes que in e ienen en el desa ollo del esc i o. Si bien es o es una ca ac e ís ica p opia de la li e a u a luliana es cie o que aquí se despliega pa icula men e po a a se de un esc i o localizado en las p ime as e apas de la iloso ía luliana, que se de e mina po no aspi a a la animad e sión en e las es eligiones mayo i a ias en el espacio medi e áneo del siglo XIII. Es o lo halla emos en la p ác ica o alidad de las ob as pe enecien es a su e apa p e-a ís ica y cua e na ia –no siendo así en los pe iodos 49 pos e io es– como dis inción po los es ue zos de a gumen a en a o de la con i encia eligiosa. De hecho, en las in e enciones del sa aceno no obse a emos ningún indicio de acusación a los o os dos sabios eligiosos de p o esa leyes alsas –si acaso, eligiones incomple as po no econoce a Mahoma como el Ve dade o P o e a– po la conside ación que exis e en el islam hacia los dhimmis, nomb e en á abe que designa a los c eyen es de las o as dos eligiones ab ahámicas que no se con i ie on al islam cuando los e i o ios en los que i ían caye on bajo dominio musulmán. Si uno epasa la biog a ía de Llull descub i á que hay una cie a endencia a la a abización de la a ea misional undamen ada en el ap endizaje de la lengua á abe y en la adopción de cie as cos umb es islámicas po acción de la di e sidad cul u al p esen e en la Mallo ca medie al. Es e in e és y el conocimien o de los emas islámicos que Ramon Llull mues a du an e odo el lib o cua o dela a el ipo de ambien e que exis ía en la época del sabio mallo quín en el con ex o geog á ico en el que gene a su iloso ía. 50 V. CONCLUSIONES Una de las cosas que se p e ende demos a con el p esen e T abajo es el poco in e és que mues a Llull po p omociona la C uzada en el sen ido bélico de la palab a y de los hechos, y su empeño po aslada el con lic o a espacios discu si os y lógicos –al menos, en es e pe íodo de su ob a–. La e dad del c is ianismo no se e ela ía po la acción de las espadas sino a a és del deba e y la e u ación de las ideas que undamen an el es o de eligiones. Dicho de o o modo: la C uzada es espi i ual y el ca ác e e dade o de la eligión c is iana ha de enseña se median e un mé odo capaz de a icula lógicamen e una c í ica impugna o ia al judaísmo y al islam. Es cla o que ambién se plan ea un con lic o de legi imidades a lo la go del diálogo con el sa aceno. Que el islam sea un c edo sus ancialmen e ma e ialis a con a iene aquello que el mallo quín conside a como lo alioso de la eligión c is iana: la alo ación de la e y el asce ismo e enal, el sac i icio de los place es e enales, la e i ación del pecado como un mal a comba i (no es de ex aña que en o as ob as del ilóso o balea se asocie la igu a de Mahoma con la del An ic is o61), e c. Y más aún, Llull se mues a pa icula men e in e esado en expone los di e en es c i e ios que exis en den o de la comunidad islámica a la ho a de in e p e a las palab as del Co án, o ien ando la in e p e ación en una u o a di ección, con el a án de pone de mani ies o que es a es una eligión impe ec a pues no es uní oca; uni ocidad que sí se demues a en el llib e e ce , el que pe enece a la exposición del c is iano y las e dades de su eligión. A pesa de ello, no halla emos aquí ninguna in ención belicosa po pa e de los oles de los es pe sonajes p incipales de la ob a, más bien, un ono de a abilidad y 61 PARDO PASTOR, Jo di: «Mahoma y el An ic is o en la ob a de Ramon Llull». Mad id, Anales del Semina io de His o ia de la Filoso ía, 2005, ol. 22, pp. 159-175. h ps://dialne .uni ioja.es/se le /a iculo?codigo=1311927 51 galan e ía pe manen e que con as a muchísimo con la imagen popula que se iene ace ca de las dispu as eligiosas en la Edad Media –de hecho, el ela o acaba con una disculpa en e los es sabios po las posibles o ensas que hayan podido come e unos con o os-. El sa aceno pa ece acep a sin ep oches las objeciones del gen il; y el gen il las pun ualizaciones del musulmán cuando el p ime o es incapaz de comp ende el pun o de is a del o o. En de ini i a, el deba e que encon a emos en la ob a es un deba e calmado, sin que el sosiego p i e al gen il de hace con unden es co ecciones a lo expues o po el mahome ano. En gene al, p ima la co esía sob e el en en amien o y la olun ad de en endimien o mu uo sob e la compe encia en e las es eligiones que se analizan. Dicho lo cual, no deja de se un plan eamien o en exceso idílico y pa icula men e agus iniano, pues Llull no ceja á en su empeño de comp ende la azón como algo necesa iamen e unido a la e, y ice e sa. Idílico po que la p opia desc ipción del espacio donde se desa ollan los acon ecimien os y la apa ición de pe sonajes como la Dona In eligència (la Muje In eligencia) si úa al ela o en un plano iluso io; agus iniano, po el e iden e echazo del au o a las posiciones a e oís as –quienes di o cian las acul ades de la e y la azón y no con emplan la unión de la azón al se icio de la e eligiosa– y la idelidad a los ideales de San Agus ín que ya se explici a desde la p opia concepción del sis ema dend ológico u ilizado en la ob a. En esumidas cuen as, la discusión en o no al islam en el Llib e del gen il iene a exp esa la isión lógica y a gumen ada del Doc o Iluminado sob e la susodicha cues ión, isión que se co esponde con una e apa p ime iza de su iloso ía que oda ía no es aba ma cada po las cui as que es e u o que pasa pos e io men e. Aun así, es innegable que la apo ación de Llull al asun o no con iene un ápice de la belicosidad que cab ía espe a de un misione o an concienciado sob e la incues ionabilidad de su eligión, si uándole en una posición pa icula den o de la co adía misional a la que pe enece y que eje ce á has a las úl imas consecuencias du an e oda su ida. 52 BIBLIOGRAFÍA 1. Fuen es 1.1. Ediciones en ca alán - LLULL, R.: Llib e del gen il i els es sa is (edición a ca go de Ósca de la C uz Palma). Ba celona, Edi o ial Cla e , 2016. - Llull, R.: Llib e del gen il e los es sa is, Palma de Mallo ca, Hijas de Coloma , 1901. - Llull, R.: Llib e d’in enció. 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