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Aproximación a la teoría política de Giannotti y la reforma de Florencia

Fernández Muñoz, Jesús

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APROXIMACIÓN A LA TEORÍA POLÍTICA DE GIANNOTTI Y LA REFORMA DE FLORENCIA JESÚS FERNÁNDEZ MUÑOZ Universidad de Sevilla, España RESUMEN Este capítulo se focaliza en algunas ideas políticas del florentino Donato Giannotti (1492-1573), un desconocido para la filosofía política española y gran olvidado. En particular se analizarán sus ideas principales de la obra más importante de este autor La república de Florencia. Aquí propone una organización republicana ideal y duradera en el tiempo donde ley será la garante de que no vuelvan las tiranías. Por eso marca muy claramente los límites del ejercicio del poder en el Estado mixto que propone. La estabilidad política es el centro de la reflexión de Donato Giannotti acerca del Estado florentino. Un régimen político será estable y duradero cuando se gane la afección de los ciudadanos y esto implica satisfacer los intereses de estos. Lamentablemente el deseo del florentino no se vio reflejado en la realidad de su ciudad. Sin embargo, su teoría política tuvo una enorme influencia posterior: Giannotti fue un importante teórico de la división de poderes y del gobierno mixto y se convirtió en el último gran diseñador de la república de Florencia después de Maquiavelo y Guicciardini. PALABRAS CLAVE Giannotti, republicanismo, gobierno mixto, Florencia, división de poderes. 1. INTRODUCCIÓN 1.1. UN ACERCAMIENTO AL REPARTO DE PODERES La estabilidad política es el centro de la reflexión de Donato Giannotti (1492-1573) tal y como expone en su obra más importante La república de Florencia204 (Russo, 2016, pp. 167-183). Para el florentino un régimen político será estable y duradero cuando se gane la afección de los ciudadanos. Esto significa que el Estado tiene que satisfacer los intereses de todos, para lo que es necesario un orden interno y una milicia eficaz (Soriano González, 2010, p. 274). El arte de la política consistirá en saber cómo satisfacer los intereses, a quién y de qué manera. Los valores que todas las partes de la sociedad comparten son la paz y la tranquilidad, pero hay particularidades: “El pueblo aspira a la libertad, vale decir, a no obedecer más que a las leyes y a los magistrados ordenados por ellas; los moderados, además de a la libertad, al honor; los grandes, además de a ambas cosas, a la grandeza” (Giannotti, 1997, II, 2205). Según Giannotti el estado mixto (Sancho Rocher, 2019) es el que podría satisfacer políticamente las demandas de Florencia. Para Giannotti el bien común es la aspiración de la buena ciudad y esta idea lleva siempre aparejada la estabilidad. Pero ese bien común también implica que necesariamente el gobernante no busque sus intereses privados. El gobierno mixto que propone el florentino trata de una organización política que dota de una estructura particular a las diversas instituciones para que sean interdependientes y se limiten entre sí (Giannotti, 1997, I-3). Con estas ideas generales queda claro que Giannotti pretende evitar que cualquiera de las fuerzas sociales pueda conseguir tanto poder que impida la libertad y rompa el equilibrio institucional como ya ocurrió en varias ocasiones en su ciudad y eso dé lugar a la tiranía (Riklin, 1998). 204 Fue publicada post mortem en 1721 y se considera la continuación de su obra La Repubblica Veneta publicada en 1540 (Russo, 2015). 205 En todas las referencias a Giannotti nos referimos al libro y al correspondiente capítulo de la obra (no a la página) para que el lector pueda acceder en cualquier edición con independencia del idioma. Las novedades principales que aportó al derecho y a la teoría política fueron: “la separación de poderes, las competencias diferenciadas de los órganos políticos, las elecciones periódicas y universales, las leyes y procedimientos” (Soriano González, 2020, p. 311). 1.2. DE LAS TIRANÍAS A LA BÚSQUEDA DE LA LIBERTAD Uno de los problemas más importante que tuvo Florencia fueron las tiranías; por eso Giannotti expresa reiteradamente que la liberación de las tiranías de las ciudades es un beneficio general para los hombres. Dependiendo del grado de “perfección” que hubiese alcanzado la república anterior (a la tiranía) será más o menos rápido (y posible) el restablecimiento de aquella. A este respecto comenta que en las repúblicas en las que el vicio y la corrupción predominaban no es suficiente con el paso de la tiranía a la anterior república. En esos casos se hace necesario una reordenación profunda de las formas de gobierno y si no fuese de este modo la vuelta de la tiranía suele ser rápida y la ciudad vivirá malos tiempos para la mayoría de los ciudadanos. Giannotti no quiere que en su ciudad se repitan los errores del pasado y entiende como necesario dar a la república de Florencia una perfección institucional para que pueda garantizarse su estabilidad. El autor florentino critica la república de 1494 porque no fue capaz de constituir instituciones bien fundamentadas en general y, por ende, no fueron duraderas. El perfeccionamiento del ordenamiento jurídico-civil tiene que ser el punto básico si se quieren conseguir unas instituciones sólidas y evitar la vuelta de las tiranías. Giannotti tiene muy en cuenta la enseñanza de la historia porque ésta siempre da lecciones de cómo proceder a la hora de organizar una sociedad y las distintas posibilidades, así como un conocimiento de las acciones humanas (Soriano González, 2010, pp. 316-317). La finalidad de su texto es: “especular acerca de la forma de gobierno que cabría instituir en nuestra ciudad si algún día llegase a recuperar su libertad, abandonando la idea de poner fin a la tiranía y de instaurar acto seguido la república a quien por prudencia, nobleza, riqueza, favores, amistades, grandeza de ánimo, resulte idóneo para llevar a cabo obra tan grande” (Giannotti, 1997, p. 5). 2. LA MEJOR REPÚBLICA POSIBLE Y EL BIEN COMÚN La intención de Giannotti es simple: quiere que su esfuerzo y su obra pueda ser útil en el futuro de Florencia. Plantea un modo de organización política para Florencia que solo pueda ser alterable por una fuerza extrema. A diferencia de lo que les pasó a los gobiernos republicanos florentinos en 1512 y 1530 que “estaban llenos de defectos, y no les habría llegado la ruina de no haberlos tenido” (Giannotti, 1997, I, 1). La idea es la de un gobierno del agrado de todos los ciudadanos, para que la sociedad en su conjunto sea feliz y no desee otro cambio (porque se habría llegado a la mejor república posible). El planteamiento teórico es el siguiente: bajo el gobierno ideal de Giannotti los ciudadanos no querrían cambiar de régimen pese a que estuviesen en un “rango me- nor”, porque sería un gobierno estable y perpetuo. En el caso contrario, si bien uno podría tener en un momento determinado un mayor poder, en otro tiempo la situación podría cambiar drásticamente porque con los cambios de régimen siempre hay afectados y cada cambio perturba a una determinada parte de la sociedad (Giannotti, 1997, I, 1). Sin embargo, los ciudadanos prefieren vivir en paz y por eso desean la estabilidad. Para Giannotti el bien común es la idea que debe tener toda república, en cambio, si la finalidad y utilidad de dicha república es privada será perjudicial y esa república tenderá fácilmente a la tiranía. Esta tesis del florentino es independiente de la cantidad de personas que estén al mando: ya sean muchos (república), pocos (Estado de los mejores) o uno (reino), la clave se encuentra en la finalidad del bien común. Y es que precisamente la corrupción aparece cuando la finalidad del gobierno se aparta de esa utilidad de la vida buena, en concreto, “cuando se orientan hacia un fin que no es el suyo natural, como cuando se orientan hacia la utilidad privada” (Giannotti, 1997, I, 3). En las formas buenas de gobierno los sujetos pasivos están sometidos de manera voluntaria. En el caso de las formas corruptas el sometimiento es forzado, de manera explícita o implícita y con métodos pasivos o activos. Mas el propio Giannotti tiene muy clara que esta diferencia es accidental, porque se puede dar el caso de que en una tiranía los individuos estén siendo sobornados con regalos u otras artimañas y, por ende, obedezcan de manera “voluntaria”206. Así las cosas, lo importante –y la diferencia substancial– es la finalidad de los respectivos gobiernos: el bien común o el bien privado. Y la fina línea que separa el buen gobierno del gobierno corrupto a veces se difumina: porque un virtuoso rey, que no tiene nada ni nadie que le imponga cómo actuar, puede en un determinado momento cambiar de manera libre la finalidad de su gobierno. El ejemplo que pone Giannotti es muy significativo aludiendo a Rómulo que pasó a ser un tirano, pasando de un gobierno óptimo a una pésima tiranía (Giannotti, 1997, I, 3). Y es que la mutabilidad de los hombres hace posible el cambio de las formas de gobierno y de ahí su inestabilidad, es decir, la exposición a la corrupción de las formas de gobierno. Giannotti tiene muy en cuenta la complejidad social y la malignidad de los seres humanos, pero también establece una división social muy clara y los deseos de cada parte: los grandes desean gobernar (en conjunto o en solitario), los moderados desean libertad y honor y los pobres desean libertad. La propuesta de Giannotti es que cada uno podría obtener lo que desea en su república. Si hubiese un Estado que eso ocurriese podríase denominar perfecto porque los hombres obtendrían lo que quieren y, en esa circunstancia, no tendría sentido que organizasen tumultos de ningún tipo, “de ahí que tales repúblicas puedan ser tenidas por repúblicas cuasi eternas” (Giannotti, 1997, I, 3). Su teoría política se basa en la complementariedad y en la mezcla, es decir, en las inter-relaciones de los intereses de cada clase social. Porque es necesario que exista un príncipe (de los grandi) pero su puesto no puede depender de él mismo, así como también es necesario que los grandes sean los que gobiernen pero que la autoridad no emane de ellos, de esta forma se limita el poder. Y lo mismo ocurre con los moderados y los pobres, es decir, con la multitud: que tiene que ser libre pero la libertad también ha de tener límites, del mismo modo que los honores de los moderados no pueden ser elegidos ni auto-otorgados por ellos 206 En este sentido puede ser aclarador el planteamiento sobre este problema expuesto y desarrollado por Étienne de la Boétie (1530-1563) cuando profundiza en el tema de la servidumbre voluntaria. mismos. Con este planteamiento de gobierno mixto se daría con la satisfacción de los distintos humores de la ciudad (Sancho Rocher, 2019). Pero ¿qué ocurriría en el caso de una ciudad en la que exista una aplastante mayoría de una clase en concreto? ¿sería igualmente válido este gobierno mixto? El florentino expone las distintas posibilidades poco probables en los que el gobierno mixto no podría funcionar: 1. Los grandes son tantos como los pobres (con un número escaso de moderados): en estas ciudades al verse los pobres muy inferiores a los que tienen más riqueza y nobleza se conforman con obedecer y no oponen resistencia. 2. La mayoría son pobres: surge el Estado popular y los grandes permanecen pasivos hasta que encuentran la forma de cambiar la situación y se llega a convertir a uno de ellos en tirano. La propuesta de Giannotti sí que tiene sentido para Florencia porque quiere conseguir un equilibrio de fuerzas y poderes y al mismo tiempo todas las partes podrán colmar sus deseos. El problema aparece cuando: “el Estado de unos pocos da satisfacción a una parte, el Estado popular a otra y el principado sólo a uno; las demás partes quedarían insatisfechas” (Giannotti, 1997, I, 4); por eso opta por el gobierno mixto: para dar satisfacción a todas las partes. Y eso es posible en las “ciudades donde hay pocos grandes, pocos pobres y muchos moderados, o al menos tantos que sobrepasen a los grandes o a la plebe” (Giannotti, 1997, I, 4). 2.1. LOS ERRORES PASADOS: DE LA TIRANÍA A LA REPÚBLICA Y EL EQUILIBRIO CON LOS MODERADOS La tónica general en Florencia fue la desunión social y las discordias entre las facciones, pese a las múltiples reformas y cambios que se instauraron sucesivamente en la ciudad. De hecho, a partir de 1494, cuando comenzó la república, se instituyó el Gran Consejo a imagen y semejanza de la vecina Venecia. Soderini había sido embajador en la Serenissima y conocía su modelo político, por lo tanto, la intención principal era la búsqueda de la libertad para la ciudad después de tantos años de gobierno mediceo. La libertad, la igualdad y la seguridad eran objetivos claros de esta nueva época para lograr una buena convivencia entre los florentinos. Sin embargo, como apunta Giannotti, no fue suficiente y se “hizo necesaria la creación del Confalonier vitalicio, hecho éste que la experiencia mostró sumamente beneficioso para la ciudad” (Giannotti, 1997, I, 5). Pero no fue suficiente porque en general no se establecieron las medidas necesarias para la ciudad y la república terminó en 1512. Con el cambio de regímenes políticos y con el paso del tiempo sería lógico que los florentinos aprendiesen de los errores que se habían comido para no repetirlos. Mas en esta cuestión se sorprende Giannotti y subraya que los florentinos en 1526 cometieron exactamente los mismos errores cuando volvió la república, porque los nuevos gobernantes: “no sólo no aprendieron a corregir cuanto defecto se hubiera dado en el orden pasado, sino que ahítos de ceguera e impotencia destruyeron lo que en él había de bueno, ya que suprimieron la institución del Confalonier vitalicio por nociva a la ciudad, cuando hasta las piedras sabían que, a excepción del Gran Consejo, ninguna otra de las establecidas se había revelado tan útil para aquella” (Giannotti, 1997, I, 5). La valoración de Giannotti de esta segunda época republicana y su ordenación también es negativa y se reafirma en el pesimismo antropológico, tanto en un sentido moral como práctico por la incapacidad de aprender de los errores cometidos en el pasado. Precisamente por eso recayó de nuevo Florencia en 1530 bajo el poder de los Medici. ¿Cómo sería posible ese cambio? ¿qué camino debería tomar la ciudad? Para el florentino el cambio se encuentra en el ya mencionado gobierno mixto y considera a Florencia una ciudad apta para la aplicación de este tipo de gobierno en forma de república. Porque en Florencia las dos facciones principales y enfrentadas eran la de los grandes y el pueblo. De hecho, concluye que la dicotomía grandes-pueblo era constante, los primeros querían gobernar y los segundos vivir libres, eso implica varias cuestiones: la primera es que no puede entenderse a los unos sin los otros y la segunda que los deseos de cada uno implicaban los enfrentamientos entre sí. Claramente le faltaban a Florencia los ciudadanos intermedios (los moderados) y “donde falta este tipo de ciudadanos el gobierno sólo puede ser defectuoso” (Giannotti, 1997, I, 5), por eso los disturbios eran provocados por la facción que no tenía el poder en cada momento. Así pues, sería coherente preguntarse porqué no hubo un predominio claro de ninguna de las facciones y los tumultos fueron constantes. La respuesta que Giannotti expone es por “la igualdad de las respectivas fuerzas” lo que significaba que ninguna de las dos facciones podía derrotar –por completo– a la otra. ¿Cómo podrían los grandes eliminar por completo al pueblo? La seguridad total por parte de los grandes no es posible en ningún caso porque para los grandes son necesarios aquellos que obedecen. Por eso no tienen que castigar a todos sino a los jefes del pueblo a modo ejemplo (y advertencia) para los demás. Esto no implica una seguridad absoluta porque la “enfermedad” queda incubada en el pueblo, aunque éste no se rebele ni forme revueltas cuando parece que el pueblo está “controlado”. Si bien tampoco es posible que el pueblo tenga seguridad respecto a los grandes: la unión del pueblo no se produce y, además, existen amistades privadas y conflictos de intereses particulares entre ambas facciones. Sin dejar a un lado la maleabilidad de la multitud (populismo) ante la riqueza y la grandeza, o lo que es lo mismo: el cambio de posición de la multitud enfurecida de un momento a otro. La mayoría de las veces el pueblo no elimina a los grandes, sino que los envía al exilio y en estos casos el problema se mantiene para el pueblo porque esos grandes serán acogidos en otros lugares. Por lo tanto, de nuevo, con unas fuerzas que no pueden eliminarse y que son parecidas los disturbios no cesan. La igualdad de fuerzas las considera Giannotti desde dos perspectivas: desde la cualidad y desde la cantidad: “Por cualidad entiendo nobleza, riquezas, favores, dignidades, disciplina y otras cosas parecidas; por cantidad, sólo el número” (Giannotti, 1997, I, 5). Los grandes abundan en cualidad y no tienen cantidad suficiente porque son pocos en comparación con el pueblo: “Por ello, en las ciudades en donde el pueblo supere a los grandes en cantidad más de lo que es superado en cualidad, los grandes estarán necesariamente sometidos a la multitud, y en los tumultos llevarán la de perder siempre” (Giannotti, 1997, I, 5). Lo que sucederá a la inversa cuando la cualidad de los grandes supere a la cantidad del pueblo, éstos estarán sometidos a aquellos. El caso de la “igualdad de fuerzas” es el que implica mayor número de tumultos porque “puede también ocurrir que en alguna ciudad los grandes sobrepasen al pueblo en cualidad tanto como son sobrepasados por éste en cantidad; donde tal cosa acaece forzosamente no habrá más que altercados” (Giannotti, 1997, I, 5). Esta realidad política era la de Florencia según expone Giannotti antes del ascenso de Cosme el Viejo y a partir de entonces surgieron en Florencia los ciudadanos que se han denominado “moderados”. Paradójicamente gracias a los Medici se pudo facilitar la vuelta de la república en 1494 (Soriano González, 2010, p. 275). Porque si el número de grandes se hubiese mantenido, el pueblo no habría tenido la fuerza suficiente para reinstaurar una república porque al haber muchos grandes varios habrían pugnado por el poder. Con Cosme desaparece gran parte de la fuerza de los grandes y eso favoreció al pueblo en la reinstauración republicana, porque una vez que la resistencia de los grandes se elimina –que son los que desean gobernar– es mucho más sencillo alimentar los deseos del pueblo: la libertad. Esta situación de Florencia es de la que parte Giannotti para su teorización política, con la intención de mostrar el mejor gobierno posible en Florencia y es muy clara: “pocos grandes, muchos moderados y miembros del pueblo” (Giannotti, 1997, I, 5). Los grandes que deseaban gobernar fueron menos a partir de la instauración del Gran Consejo de la República. Con el retorno de los Medici en 1530 la violencia no distingue de grados ni de honores, por eso Giannotti piensa que el retorno de la República no puede ser en modo alguno peor que la situación en la que viven porque “luego de sufrir y seguir sufriendo la violencia de tan extrema tiranía, pienso que cada uno deba agilizar la instauración de un gobierno civil y público” (Giannotti, 1997, I, 5). Por todo esto el pueblo y los moderados con un gobierno civil y público podrían volver a su situación anterior que, en el peor de los casos, implicaba libertad y, además, una igualdad de condiciones para acceder a las magistraturas –para aquellos moderados que gustan de cierto honor–. Y es que incluso la plebe que no tiene ningún rango ni tampoco propiedades ni bienes estables prefiere la tranquilidad de la república207. 207 Giannotti en general no tiene en cuenta a la plebe de su ciudad por su poca influencia y su escaso potencial en los tumultos –pese a que reconoce que es necesaria y está presente en El problema que se dio en Florencia fue que la Señoría dejaba en manos de los Diez el gobierno de la ciudad en la práctica y él se dedicaba a asuntos de interés eminentemente privado. Según Giannotti la institución de la Señoría debería eliminarse porque no aporta valor a la ciudad pero que, sin embargo, en el caso de que se mantenga sea –y ajustándose al orden del pasado– que los que tengan dicha magistratura sean personas cualificadas. La autoridad ejecutiva de la magistratura tendría que limitarse a casos de urgencia justificada “en el tiempo presente”, lo que significa que para el resto de las cuestiones y cuestiones “futuras” no fuese así: “En suma, para mí sería suficiente con que la Señoría no dispusiera de autoridad ejecutiva en asuntos concernientes al gobierno general de la ciudad, ni en los de particular alguno por las razones antedichas, y con que los demás asuntos particulares de la república se asignen y regulen de modo que todos sepan adónde pueden recurrir” (Giannotti, 1997, III, 8). La ordenación de la república para Giannotti implicaba satisfacer con libertad y honor, así como el deseo de grandeza a los ciudadanos. La libertad se logra a partir del Gran Consejo y el honor con el Senado. Y como el principado solo puede ser ocupado por uno, pero hay otros que tienen ese deseo de grandeza ¿cómo podría resolverse? La propuesta es la siguiente: “Hay que establecer, pues, una magistratura de doce hombres que siempre se reúna con el príncipe, los señores y los Diez; recibirán altísimo honor pues su cargo será vitalicio, y sus actividades serán las más importantes que se traten en la ciudad, a saber: aconsejar a la república en el establecimiento de las leyes –cuya custodia les será atribuida como su propia y principal tarea–, así como en las deliberaciones sobre la paz y la guerra” (Giannotti, 1997, III, 9). Giannotti considera que estos procuradores deben tener una preeminencia respecto a los demás magistrados, así como distintos lujos (ropajes diferenciadores, buen salario de cien florines de oro, con sirviente, etc.) y además sería recomendable que al menos la mitad de los procuradores estuviesen siempre en la ciudad. Sería una magistratura de máximo honor que al poder repartirse en varios ciudadanos “permitiría acontentar a cuantos en una ciudad desean grandeza merecidamente” (Giannotti, 1997, III, 9) y la república tendría contentos a doce de sus mejores hombres que siempre se encargarían de aconsejar a la ciudad. De esta forma la ciudad estaría “gobernada con prudencia y reputación, cuyos efectos para ella no podrían ser sino grandeza y utilidad” (Giannotti, 1997, III, 9). Esta sería a grandes rasgos la estructura de la ordenación civil, el florentino también se adentra en la propia separación de poderes (asunto central que ya se ha comentado) así como en las distintas actividades políticas según cada magistratura. De un modo análogo profundiza en las leyes, las competencias y los distintos procedimientos civiles y penales. Sin dejar de lado la importancia que tiene las elecciones periódicas y universales y la milicia propia para la ciudad. Sin embargo, estos aspectos de detalle sobrepasan la finalidad y la extensión disponible en este trabajo. 4. CONCLUSIONES La república que pretende instituir Giannotti para Florencia no adolece de los problemas anteriores que fueron la causa de su caída. Su planteamiento es el de una república libre donde ni el Confalonier ni ninguna otra autoridad podría eventualmente llegar a un poder tiránico. El ejemplo (y modelo) que utiliza es el del Dogo de Venecia “no hubo jamás en Venecia Dogo que se convirtiese en tirano” y el de los espartanos, donde los intentos que hubo para conseguir dicho poder fueron detenidos. La idea que subyace es que “todo cuanto provea de mayor tranquilidad a la ciudad debe reputarse como mejor” (Giannotti, 1997, III, 12). Sin olvidar que la disolución de la república depende en gran medida de si tiene una buena milicia propia “establecida mediante buenas leyes y buenas instituciones” (Giannotti, 1997, IV, 1). Giannotti sigue la idea maquiaveliana de la importancia para una república de las armas propias209: eso significa que para Giannotti el único modo posible para la 209 Gianotti se refiere directamente a Maquiavelo en este asunto: “No es menester extenderse en la demostración de los defectos de las auxiliares y de las mercenarias, pues ya Maquiavelo lo ha hecho con suma atención; al respecto cabe señalar que tales defectos se agrandan cada defensa de una república (o principado) es el de las armas propias, desechando las armas ajenas (auxiliares y mercenarias). Y ese modelo de armas propias es el que desarrolla en el libro IV y el que propone para Florencia. Es importante concluir que Giannotti no tiene un interés teórico-filo- sófico de aplicación general, sino que su interés es particular para Florencia y para su momento histórico. Se le puede considerar un realista pragmático, aunque finalmente su propuesta para su ciudad no se llegase a aplicar y el destino de Florencia no fue el que deseaba. De hecho, hay una corriente general que lo considera un utópico (Cadoni, 1978) aunque su pensamiento se parece más al realismo político maquiaveliano que a un utopismo vacío alejado de la realidad. En concreto le interesa como objeto de su reflexión la ciudad tal cual es (considerando también su pasado reciente). A partir de esa realidad (presente y pasado) reflexiona sobre las posibilidades y potencialidades que se adaptan más a la realidad florentina (Giannotti, 1997, I, 2). La diferencia fundamental es que Giannotti es principalmente un ideador político (no por ello necesariamente utópico) y Maquiavelo es un comentador de la realidad política que no se detiene a idear una propuesta para Florencia. A modo de síntesis, para Giannotti: “las formas de república malas no se deben de introducir por ser intrínsecamente perversas, y las buenas [tampoco] porque, una vez introducidas, caminarían fácilmente hacia la corrupción” (Soriano González, 2010, p. 277). Por eso propone un nuevo tipo de república que está ajustada tanto a la naturaleza humana como a las características particulares de Florencia y basada en el pueblo. Este Estado mixto que plantea no será válido para todo tiempo y lugar, sino que está pensado exclusivamente para su ciudad, y en todo caso se podría considerar como un ejemplo y adaptarlo a las circunstancias particulares de cada ciudad. La gran aportación de Giannotti a la que más atención se le ha prestado en este capítulo se encuentra en el reparto del poder entre las distintas vez que quien se vale de tales armas no se vale al mismo tiempo de las propias”. (Giannotti, 1997, IV, 1). clases sociales y la limitación del poder. Todo ello dentro de un cierto “espíritu democrático” (Soriano González, 2020, p. 326) que lo convierten en un adelantado a su tiempo. Esta limitación y autorregulación del poder con buenas instituciones y con la participación de todos los miembros de la ciudad sitúa a Giannotti como filósofo político y del derecho muy adelantado que pone sobre la mesa la preponderancia del bien común y de la ley (lo que hoy se denominaría Estado de Derecho) por encima de todo y con el fin de evitar las tiranías y cambios de poder a los que su ciudad estaba acostumbrada. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS: CADONI, G. (1978). L’utopia republicana di D. Giannotti. Giuffré. GIANNOTI, D. (1997). La república de Florencia. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. GUICCIARDINI, F. (2017). Diálogo sobre el gobierno de Florencia. Akal. PICQUET, T. (2017). Le peuple chez les Républicains florentins de la Renaissance, définition et fonctions. Nicolas Machiavel (1469-1527) et Donato Giannotti (1492-1573). 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