Aspectos gramaticales de tres novelas de Miguel Barnet: Biografía de un cimarrón, La canción de Rachel y Gallego
Abstract
Con este trabajo se intenta contribuir al conocimiento del habla cubana actual en su vertiente literaria, mediante un estudio necesariamente selectivo y estableciendo un correlato entre los fenómenos más significativos detectados en el estudio de tres novelas de Miguel Barnet y los equivalentes en la norma lingüística del español general. Se ha dado prioridad al nivel morfosintáctico, aunque está incluido también algún aspecto léxico.
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CAUCE, Revista de Filología y su Didáctica, n? 10, 19871 pgs. 9 - 61 ASPECTOS GRAMATICALES DE TRES NOVELAS DE MIGUEL BARNET: BIOGRAFÍA DE UN CIMARRÓN, LA CANCIÓN DE RACHEL Y GALLEGO PEDRO BARROSO VILLAR RESUMEN Con este trabajo se intenta contribuir al conocimiento del habla cubana actual en su vertiente literaria, mediante un estudio necesariamente selectivo y estableciendo un correlato entre los fenómenos más significativos detectados en el estudio de tres novelas de Miguel Barnet y los equivalentes en la norma lingüística del español general. Se ha dado prioridad al nivel morfosintáctico, aunque está incluido también algún aspecto léxico. PALABRAS CLAVE: Novela testimonio; aspectos morfosintácticos, aspectos léxicos, sistema, norma. 0. INTRODUCCIÓN. El ámbito del español hablado en Hispanoamérica proporciona multitud de sugestivos y atrayentes aspectos inspiradores, cada vez en mayor medida, de un sinnúmero de estudios. Y es que ofrece un interés incuestionable para la investigación lingüística, entre otras razones, por el número de países por el que esa lengua se extiende. Como es sabido, cualquier idioma presenta varios grados de diversificación de la norma que pueden deberse a distintas causas, entre ellas están las llamadas diferencias diatópicas o dialectales o también factores geográficos u horizontales. Por otra parte, según señala E. Coseriu, además de la norma, que es alterable, está el sistema o conjunto de propiedades funcionales. Este es inalterable desde una perspectiva sincrónica. En otras palabras; la norma podrá variar según distintos criterios, pero todos los actos de habla han de ajustarse al sistema1. De no ser así no podría producirse la comunicación. Por ello, aunque las lenguas tienden a diversificarse según el territorio, grado de cultura o de confianza de los hablantes y otros factores, por otro lado mantienen una serie de rasgos cons- 1. Coseriu, E.: Teoría del lenguaje y Lingüistica General. Madrid, Gredos, 1973. CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
tantes y comunes imprescindibles para que exista comunicación. Se pueden interpretar como dos direcciones de tipo contrario: una que tiende a la disgregación y otra que va hacia la unificación. Esta última tiene como guia la llamada norma culta o lengua modélica hacia la que tienden los hablantes de manera consciente o inconsciente. Por razones de diverso tipo, una modalidad adquiere mayor prestigio social y surge así la norma culta que actúa como unificadora. El resultado de este tipo de acción es una lengua común o estándar de la que todo hablante puede valerse para la comunicación aunque cambien las circunstancias dentro de una misma lengua. En cuanto al objeto de mi trabajo, está limitado por una inexcusable necesidad de seleccionar una parcela de ese amplio campo de investigación que es la lengua hablada en Hispanoamérica. Y esa selección está fijada por dos coordenadas básicas puesto que me centro en el estudio del lenguaje de un novelista cubano. Ello significa que se da, por una parte, una clara limitación topográfica y, por otra, que me apoyo en un lenguaje literario —si bien adopto una perspectiva lingüística— y, por tanto, queda descartada la exacta fidelidad por parte del escritor al lenguaje hablado, aunque se trate de un autor que, como en este caso y según expongo a continuación, milite en las filas de la denominada novela testimonio. Advierto antes que no entro a detallar fenómenos que haya documentado tan sólo esporádica u ocasionalmente. Existe buen número de ellos que tengo registrados y que pueden constituir la base de un ulterior estudio, más profundo y detallado que el que imponen los límites de éste. Ahora me centro en los que son más significativos por su reiteración en las tres noveles estudiadas o en alguna de e!las. El autor de las novelas es Miguel Barnet, que nació en La Habana en 1940 y que se dedicó desde 1959, primero como estudiante y luego como profesor, a los estudios folklóricos y etnográficos. Es considerado como pionero y principal representante de la novela testimonio, es decir, de relatos confeccionados sobre las experiencias personales de individuos que han sido entrevistados por él. Así, a base de horas de conversaciones y de grabaciones magnetofónicas, elabora las tres novelas que son objeto de estudio. Este procedimiento no implica que el relato sea una transcripción al pie de la letra de lo que'dice el informante, sino que, como él mismo declara en la introducción a «Biografía de un cimarrón»: «Fuimos cuidadosos en extremo al conservar la sintaxis cuando no se repetía en cada página.» (Pág. 8). Y un poco antes: «En todo el relato se habrá podido apreciar que hemos tenido que parafrasear mucho de lo que él nos contaba. De haber copiado fielmente los giros de su lenguaje, el libro se habría hecho difícil de comprender y en exceso reiterante.» (Pág. 8). Esta ¡dea de Barnet vuelve a repetirse de forma más desarrollada en el apéndice a «La canción de Rachel», donde el autor explica su manera de entender la novela testimonio. Al hablar del lenguaje propio de estos relatos declara lo siguiente: «Pero lo fundamental del lenguaje en la novela testimonio es que se apoye en la lengua hablada. Sólo así posee vida. Pero una lengua hablada decantada, como ya hemos dicho. Yo jamás escribiría un libro reproduciendo fidedignamente lo que la grabadora me dicte. De la grabadora tomo el tono del lenguaje y la anécdota, lo demás, el estilo y los matices, siem- 10 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
pre serán de mi contribución. Porque esa falsa literatura, simplista y chata, que es producto de la transcripción, no va a ninguna parte.» (Pág. 140). En la misma página propugna que el autor «debe darle rienda suelta a su imaginación cuando ésta no lesione el carácter de su personaje». En resumidas cuentas, Barnet es consciente de que el lenguaje no se puede manipular hasta el extremo de desvincularlo del hombre, porque el lenguaje es parte de la propia vida del hombre. Por eso de Rachel dice: «Esta es la historia de ella, de su vida tal y como ella me la contó y tal como luego se la conté a ella.» (Pág. 140). Palabras que, por supues- to, son extensibles a «Biografía de un cimarrón» y a «Gallego». No es mi propósito —insisto— adoptar una perspectiva acerca de las pautas que dan fisonomía a la novela testimonio. Ello implicaría trascender a cuestiones más amplias. Pero resulta importante insistir en el tratamiento del lenguaje porque de ello se deriva un hecho importante: el carácter de crónica que esta técnica confiere a las novelas. Y, al intentar respetar en la medida de lo posible las particularidades de la lengua hablada, los aspectos gramaticales del lenguaje oral resultan más evidentes y sencillos de rastrear, aun cuando el material de trabajo se encuentre en forma escrita. 1. SINTAGMA NOMINAL: FENÓMENOS MÁS DESTACADOS. 1.1. Presentadores. 1.1.1. Uso anómalo del artículo. En lo relativo al empleo del artículo determinado y del tradicionalmente «indeterminado», pueden establecerse dos apartados: uno relativo a los casos en que está ausente el presentador y otro referente a las ocasiones en que aparece, pero sin ajustarse al uso habitual del español modélico. 1.1.1.1. Ausencia de artículo. La no aparición de artículo sirve en ocasiones para realzar la esencia del significado del sustantivo. Ello da lugar a que éste presente el valor que Amado Alonso denomina generalizador y que según Emilio Alarcos es clasificador. Estos son algunos ejemplos: «...bailaban muñeira...» (G. 135). « - A tomar fresco.» (G. 139). «Muchos negros vide yo coger látigo por matar tocoloro y gorriones.» (C. 52). En ciertos casos imprime ál texto un matiz modal, que puede concretarse en un significado locativo, posesivo o de índole similar: -: «El que nace en aldea busca el horizonte hasta que lo alcanza.» (G. 20). «...Menocal, que era dueño de ingenio y ahora es dueño de país.» (G. 76). «No andaba creyendo en humanidad.» (G. 191). 11 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
Otras veces la ausencia de artículo se observa en expresiones con claro valor de intensificador o enfático: «Si no lo hacía así, se buscaba tremendo pleito con el dueño del ingenio.» (C. 76). La ausencia de artículo en alguna ocasión se justifica por tener un antecedente bien identificado que hace innecesaria su repetición. Este uso es habitual en el español peninsular: «El era uno de esos chulos de pacotilla de que yo hablaba.» (G. 103). Nótese que en varios de los textos citados no se produce propiamente la ausencia de artículo, sino más bien del presentador un, que funcionalmente es una unidad autónoma, mientras que el ofrece una clara dependencia. Esto ha llevado a considerar a un como un adjetivo más que como un artículo2. La razón de tratar conjuntamente la ausencia de ambos es que los dos son presentadores del nombre. Esta ausencia de presentador se produce con relativa frecuencia ante implementos que están incluidos en expresiones con significado lúdico en mayor o menor grado: «...se pasa la vida tocando guitarra.» (C. 181). Con el lexema «jugar» es muy habitual este uso, Incluso cabría señalar que tal ausencia facilita una mayor cohesión del lexema «jugar» y del sustantivo, la cual resulta más necesaria al producirse una deslexicalización del citado lexema. Ello repercute no sólo en la ausencia de artículo, sino también, como hecho vinculado, en la no aparición de la preposición a. A este respecto José Antonio Martínez señala «que los requisitos funcionales de sujeto e implemento tienden a coincidir, unido al hecho de que los sintagmas que designan personas y otros seres sean mayoritariamente «contables», ha tenido mucho que ver, sin duda, con la presencia en el implemento de la preposición a como último recurso para diferenciar ambas funciones». Y añade: «Por lo menos puede decirse que la preposición no viene impuesta por la categoría semántica de lo «Animado», sino también por la presencia del artículo.»3 De hecho se documentan ejemplos en que tanto el artículo, como la preposición, están omitidos ante un sustantivo singular en función de implemento: «...jugar cubilete.» (G. 77). «...jugar dominó.» (G. 112). «...jugaba maní.» (C. 83). «...jugar brujería.» (C. 130). 2. Alarcos Lloraoh, E.: Estudios de gramática funcional del español. Madrid, Gredos, 1978. 3. Martínez, José A.: «Acerca de la transposición y del aditamento sin preposición», en Archivum, 31-32, Universidad de Oviedo, 1981-82. 12 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
Tales ausencias producidas de forma simultánea parecen conducir a una especie de síntesis lexómica a la que ha podido contribuir la citada deslexicalización de «jugar». La omisión de artículo y preposición como fenómenos vinculados parece más evidente si los textos anteriores se contrastan con otros en los que aparecen restituidos los dos elementos a la vez: «...jugar al monte.» (C. 84). «...jugar al dominó o a la baraja.» (G. 153). «...jugando al poker o a la baraja española...» (R. 27). Kany4, citando a Keniston, recuerda que el español general omitió antiguamente al artículo con ciertos nombres como «casa, palacio» y otros similares. Indica que el fenómeno se extendió al español americano y, afirmando que hoy está en desuso, lo atribuye a que el sustantivo fuese considerado como denotador de individuos conocidos. Se documenta en dos de las novelas que estudio: «Todo el que podía prefería Alhambra mil veces.» (G. 119). En este texto la supresión se produce ante nombre propio: el de un célebre teatro de La Habana. Ante el mismo sustantivo se repite la carencia de presentador en estos casos: «...si no es así no entro en Alhambra.» (R. 75). «...trabajaba de cupletera en Alhambra.» (R. 103). Pero, a renglón seguido, en la misma obra se consigna la presencia de artículo ante el mismo nombre: «¿Ustedes han oído hablar del Alhambra?» (R. 103). 1.1.1.2. Presencia anómala de articuló. La presencia de artículo puede ponerse en correlación con su ausencia, o bien con la aparición de otros presentadores. En el primer caso, al contenido morfológico del artículo aporta la identificación del nombre ante el interlocutor; la ausencia supone sólo la clasificación del lexema sustantivo frente a los demás5. Cuando se opone a la presencia de otros presentadores la diferencia radica en identificación frente a valores como la deixis, posesión o cuantificación. Los ejemplos documentados en las novelas que estudio pueden clasificarse en varias modalidades. A veces el artículo aparece incluido ante sintagmas o grupos sintagmáticos con función de implemento: 4. Kany, Ch. E.: Sintaxis hispanoamericana. Madrid, Gredos, 1970. 5. Alarcos, op. cit. 13 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Tengo que decir que fui también pintor de brocha gorda cuando hubo la ocasión.» (G. 144). ' «El lucumf y el congo no se llevaban tampoco. Tenían la diferencia entre los santos y la brujería.» (C. 33). En este último ejemplo se observa, además, una especie de construcción perifrástica al expresar mediante dos lexemas, «tener» y «diferencia», lo que se podría enunciar con uno sólo: «diferenciar». La presencia de artículo ante implemento es relativamente frecuente en construcciones con «haber» en uso impersonal: «Hay la envidia y los celos por dondequiera.» (C. 140). Cabe añadir que en ocasiones sus contextos tienen valor catafórico: «Hay el peligro de que venga la decadencia.» (C. 53). «No había la costumbre de tomar agua.» (C. 136). Pero la construcción impersonal no es imprescindible: ; «Yo me encontraba mejor antes que ahora. Tenía la juventud.» (C. 66). También se da la inclusión del artículo en frase hecha: «...se llenaba al tope.» (C. 93). Por último, se puede consignar el empleo del artículo ante cada elemento de una enumeración. Este empleo, enfático, se da también en el español peninsular y adquiere un elevado índice de frecuencia en Andalucía: «Mire, amigo, caballero, señor, aquí llevo el pez espada, el buen ronquito, el cochino, la chema, el caballero, la mojaiba, el salmonete, la biajaiba, la morena, el palomete, la rabirrubia, el bacalao, el gallego, sardinas de veinte clases, el delicioso rabao...» (R. 95-96). Para concluir, la divergencia en el uso del artículo con respecto al español peninsular es muy reducida. Kany6, de acuerdo con Keniston, piensa que el origen de la diferenciación con la norma general se remonta a situaciones similares en las lenguas indígenas. Recurre, por tanto, al sustrato como base del fenómeno. No obstante cabe pensar que estas fluctuaciones se deban a una extensión originada en el propio castellano. 1.1.2. OTROS PRESENTADORES. 1.1.2.1. Posesivo con valor cuantitativo. En las tres novelas estudiadas se puede registrar el tratamiento del posesivo con va- 6. Op. cit. 14 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
lor cuantitativo. No obstante, el fenómeno se percibe un mayor número de ocasiones en «Gallego». Además, suele estar reforzado por el adverbio de cantidad poco: «Yo me asusté mi poco.» (G. 48). «Peleó en ella su poquín.» (C. 82). «Llegaba por la tarde y ensayaba mi poco.» (R. 17). Con otro adverbio de cantidad aparece en: «Tiene que haber llorado su algo.» (G. 33). Otras veces el valor cuantitativo no está reforzado por una forma adverbial: «Me cogían su miedo los dormilones de mierda aquellos...» (G. 88). «Hubo su quema de urnas por allá por San José de Las Lajas.» (G. 208). «...y siempre alguien le tiraba a uno su bobería.» (C. 59). «En todos los ingenios de la esclavitud había sus matorrales y sus buenos árboles.» (C. 124). «Yo me daba mis vueltas por aquello de las mancebas.» (C. 140). 1.1.2.2. Sustitución del posesivo por pronombre personal tónico precedido de la preposición de. La forma sintética posesiva queda sustituida con frecuencia por la analítica construida con de seguida por un pronombre personal tónico. Se trata de un fenómeno usual en Hispanoamérica, según reconoce Kany7, y en ciertas zonas peninsulares como Asturias. Aunque se produce con las tres personas gramaticales, el uso es mucho más generalizado con la tercera. Sólo en dos casos es registrado el empleo de «de nosotros», frente al uso mucho más habitual de las formas de primera y segunda persona en otras zonas hispanoamericanas. Hay que tener en cuenta, en este sentido, que es en la tercera persona en la que se dan mayores situaciones de ambigüedad; por ello, el giro analítico sirve para clarificar la referencia genérica y numérica, ya que «su, sus, suyo, suya, suyos, suyas» pueden re'erirse a un solo poseedor o a varios. Como primera persona de plural aparece en: «Como ella hacía el trabajo de nosotros, yo me dormía para descansar.» (G. 77). «En seguida tomó las riendas de nosotros.» (C. 176). Todos los demás casos hacen referencia a tercera persona: «Y cuando estaba caliente se ponía a contar con una gracia muy de él...» (G. 20). 7. Op. oit. pág. 68. 15 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«...dar mi apoyo a una misión de él.» (G. 153). «Me dio la contraseña un negro viejo que había en el mismo ingenio de ellos...» (C. 15)8. «...las mujeres lavaban las ropas de sus maridos y de sus hijos y las de ellas.» (C. 20). «...por esa época la música de ellos era con guitarra nada más.» (C. 30). «El papel protagónico era de ella.» (R. 93). «...degollamiento de él...» (R. 108). En el texto siguiente contrasta el empleo del posesivo con el del giro que tratamos: «El buen hombre le llevó todo al rico. Y le pidió al niño suyo, porque era de él y de su mujer.» (G. 24). 1.1.2.3. Uso del posesivo en lugar del artículo. En ocasiones se utiliza el posesivo en vez del artículo. No se registra una cantidad significativa de este fenómeno. Puede decirse que los casos en que aparece son habituales en el español general. Con todo cito el uso ocasional de algunas expresiones que son menos frecuentes en la Península: «Mi abuelo se daba cuenta y decía que yo perdía mi tiempo...» (G. 27). «Gordomán iba una que otra vez a tocar su gaita con Arsenio...» (G. 145). «Jamás me ha gustado quitarle a nadie su ilusión.» (R. 16). 1.1.2.4. Tendencia a omitir aquél y allí. Señala Kany que «en el español de América existe una tendencia a hacer caso omiso de aquél y sustituirlo por ése en la mayoría de las circunstancias»9. Por el mismo motivo se tiende a sustituir el adverbio allí por ahí. Señala entonces que ése soporta una doble carga al asumir los valores de aquél. Así en «Gallego» cuando el personaje principal cuenta su vida y se remonta muchos años atrás para relatar la travesía entre Vigo y La Habana dice: «Esa noche no pegué los ojos. Pestañeaba como un condenado. La certeza de que en la mañana me iba me puso así.» (G. 37). Este uso aparece en otras ocasiones: «En ese entonces no existía la centrífuga ésa que le llaman.» (C. 17). 8. «ingenio» es en Cuba el conjunto de aparatos para moler la caña y obtener el azúcar, y también es la finca que contiene el cañamelar y las oficinas de beneficio. DRAE. 9. Op. clt. pág. 170. 16 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Las bateas de la esclavitud no eran como las de ahora. Esas eran más rústicas.» (C. 20). «El pan de agua valía un medio la flauta, era muy distinto al de hoy. Yo prefería ése.» (C. 25). Como consecuencia de lo anterior cabe señalar que en las novelas estudiadas existe la tendencia a que ahí asuma los valores de allí: «Un día Conrado me llevó a una fonda que se llamaba Las Brisas de Paula (...) Ahí me comí un caldo gallego que era un manjar del Olimpo.» (G. 69). «Los chinos alquilaban una casa y se reunían en ella los días de fiesta. Ahí jugaban hasta que se cansaban.» (C. 87). 1.2. Morfemas de género y de número. 1.2.1. Plural en vez de singular y viceversa. Llama la atención, con respecto a la norma general del español, la utilización del plural en vez del singular así como el fenómeno contrario. A tal efecto Kany observa que «el plural no es indiferente en el uso peninsular, y menos aún en el español de América, aplicado a las prendas de vestir y a los objetos personales...»10. Los casos registrados en las novelas objeto de estudio son, en su mayoría, frases hechas, locuciones adverbiales: «Era una aldea corriente, como todas las de Galicia. Me hago ideas que las habrá mayores...» (G. 26). «Bueno, yo dormía a piernas sueltas.» (G. 47). «Viene tranquilito y guapetón, como el que no quiere las cosas. > (C. 120). «Le agregué toda la morcilla que me vino en ganas...» (R. 83). Del uso contrario se da algún caso: «...decía dos o tres chistes y con la misma me retiraba.» (R. 47). «...era él el que tenía la cabeza llena de musaraña...» (R. 42). «Las piernas se me aflojaron y con la misma volvieron a coger fuerzas.» (R. 85). Fuera de los casos de frase hecha, son escasas las apariciones de plural por singular. Con todo, se documenta ocasionalmente en ciertos implementos o suplementos que forman parte de un predicado cuyo sujeto léxico es también plural. Podría interpretarse como una suerte de repercusión del número del sujeto en el término adyacente del verbo. Desde el punto de vista semántico, un claro matiz distributivo se deriva de ese uso del plural: 10. Op. cit. pág. 26. 17 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
con frecuencia a dichos verbos en el habla normal: 'él se me acercó'; pero generalmente se prefiere 'me acerqué a él' al posible 'me le acerqué'...»14. En las novelas estudiadas aparece el fenómeno tanto en construcciones reflexivas como en las que no lo son. He aquí algunas secuencias que pertenecen al tipo reflexivo: «Hasta una noche en que me le acerqué y la empecé a tocar por arriba...» (G. 47). «Yo me limitaba a bien oír. Concha se les burlaba en sus caras.» (G. 101). «Tomé un coche de alquiler y me le aparecí a Barrios...» (G. 174). «Me le tiraba por el cuello al primero que veía y con una soga bien apretada me lo pasaba al hombro...» (C. 47). «Cuando veía que una hembra salía me le acercaba y la invitaba a beber o comer algo.» (C. 70). «Yo, pensándolo bien, me le he escapado al diablo.» (R. 25). Ya se señaló que este uso también se practica sin el pronombre reflexivo, como en las ocasiones siguientes: «La gente le salía huyendo porque decían que era el mismo diablo...» (C. 30). «Todo el mundo le huía.» (C. 110). «...pero ella le coqueteaba y se ríe con él.» (R. 44). «De temple quiere decir que él te tiene confianza.» (R. 71). «Pero conocí a los grandes, me rocé con ellos; nada de verlos de cerca, los alternaba.» (R. 93). El último de los textos anteriores podría quizá incluirse también en las construcciones con implemento en lugar de suplemento. Es frecuente también la vinculación del pronombre átono antepuesto, no ya exclusivamente a un verbo de movimiento, sino más bien a un adverbio de lugar. Obsérvese que en la expresión habitual «caminaban detrás de él» no hay referente átono, sino preposición más pronombre tónico pospuesto y en función de término adyacente de un núcleo adverbial. Sin embargo, Barnet escribe algunas veces: «La habían acusado de bruja porque las tinosas le caminaban detrás y los niños salían despavoridos.» (G. 136). «El perro que veía a un negro le corría detrás.» (C. 45). «Le corrían atrás y la guardia rural le echaba cercos...» (C. 102-103). 14. Op. cit. pág. 151. 24 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
1.4.4. Variación en el número del referente átono. La utilización del referente de complemento en singular cuando el sintagma elidido es plural se registra con relativa frecuencia en el español general. Por tanto, este fenómeno no llama la atención de una manera especial. Pero sí es menos frecuente la aparición del plural en lugar del singular. De ambos fenómenos se puede ofrecer algún ejemplo. El singular para plural complemento aparece en: «Cuando pasaba algún tiempo y la esquifación (...) se gastaba, le daban a los hombres una nueva...» (C. 22). «Ellos no le temían a los muertos.» (C. 115). «Claro que ese sistema le convenía a los curas.» (C. 129). «Yo le hubiera dado paredón a esos hombres.» (C. 182). El fenómeno inverso se documenta en: «Yo ya tenía el fuego metido en la cabeza. Ella, más serena, pero con los ojos saltándoles de la cara.» (G. 29). «Las mujeres en esos años estaban regaladas. Les decían a un gallego...» (G. 101). En ambos casos parece que la concordancia se establece con otros sintagmas presentes que no son el verdadero complemento. Así, en el primer texto el pronombre concuerda con «ojos» y no con «ella»; análogamente, en el segundo concuerda con «mujeres» y no con «a un gallego». 1.4.5. Posposición del pronombre tónico. Es un fenómeno que tiene cierta vitalidad en el español peninsular. Por los casos documentados en las novelas, no se puede concluir que en América tenga una frecuencia de empleo mayor: «Un señor de bigotes, cubano él, nos tiró una toalla...» (G. 54). «Mamá era una negra vieja medio traidora ella.» (C. 16). «Era trigueño. Medio jabao él y muy alto.» (C. 181). «Había un morenito él que negociaba las hembras.» (R. 104). A la vista de los casos aducidos, podría considerarse que esta posposición del pronombre obedece a razones de expresividad y, salvo en el último texto, se presenta en forma de inciso. 1.4.6. Anteposición enfática del pronombre sujeto en las interrogativas. Normalmente en el español peninsular el sujeto léxico se pospone al verbo en las interrogativas; resultan así secuencias del tipo «¿dónde creías tú que ibas?». Sin embargo, 25 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
en las novelas que son objeto de estudio se encuentran ordenaciones sintácticas en las que el sujeto va colocado delante del verbo. Para Kany el fenómeno tiene vigencia en Las Antillas especialmente. Y, tras señalar que se exceptúan de este uso los pronombres «él, ella, ellos, ellas», lo explica como una fusión de dos oraciones15: «—¿Y dónde tú creías que ibas? ¿A la romería acaso?». (G. 54). «Ella quería saber dónde yo vivía.» (G. 79). «Y me preguntaban qué yo hacía de cimarrón.» (C. 55). «Oye, ¿de dónde tú vienes?» (C. 77). «—Señora, dígame, sin compromiso, ¿qué edad usted tiene?» (R. 44). «—Dime, chico, ¿en qué mes tú naciste?» (R. 52). Esta anteposición es frecuente cuando la función de sujeto la ejerce un pronombre; es ocasional si tal función la ejerce un sustantivo. Con todo, se registra algún caso de la segunda modalidad como los que siguen: «Sé hasta dónde el jején puso el huevo.» (G. 158). «Yo sabía cuándo las cosas iban bien porque el coco me lo decía.» (C. 32). El fenómeno anterior es propio tanto de las interrogativas directas como de las indirectas. Ahora bien, se circunscribe a las parciales, es decir, a aquéllas en las que no se pregunta sobre la verdad o falsedad del lexema verbal. Este tipo de oraciones lleva forzosamente alguna partícula interrogativa («dónde, cuándo, qué»...), la cual suele ir antepuesta al sintagma sujeto. El mismo tipo de anteposición se registra si aparece un adyacente temático, expresión con la que Alarcos designa lo que la tradición gramatical denomina sujeto del infinitivo o del gerundio: «Al yo mirar, sentí un corrientazo y el pelo se me cayó casi completo.» (R. 101). «Tenía miedo que m: madre se muriera sin yo verla...» (G. 155). 2. EL VERBO. 2.1. Perífrasis verbales. Cabe destacar, en primer lugar, la elevada incidencia que tiene el uso de la perífrasis venir a + infinitivo, habitual también en el español general, para significar el tiempo aproximado en que ocurre algún acontecimiento. El rendimiento de esta perífrasis se observa fundamentalmente en «Cimarrón»: 15. Op. cit. pág. 158. 26 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Mi padrino se llamaba Gin Congo, y mi madrina Susana. Los vine a conocer por los años noventa...» (C. 15). «El monte se jugaba, en la esclavitud, en las tabernas y en las casas de los amos. Pero yo lo vine a practicar después de la abolición.» (C. 26). «Yo me vine a acercar a los negros viejos después de la abolición.» (C. 30). «Cuando dejé el monte fue cuando me vine a aprender esos nombres, porque de cimarrón estaba en la ignorancia de todo.» (C. 46). 2.2. Tendencia al desarrollo de un lexema verbal en la fórmula verbo más implemento. Otro tipo de construcciones, en cierto modo perifrásticas, consiste en la utilización de un lexema verbal cuya significación hace una referencia muy amplia a la realidad. Por ese motivo se especifica mediante un implemento. Pero es de destacar que existen lexemas verbales que, por sí solos, tendrían el mismo significado que el lexema verbal más el implemento: «Pero eso vino después que yo había tenido experimentación en el bagazo.» (C. 18). Aquí podría haberse utilizado «había experimentado en el bagazo». La construcción «hacer el cuento» en lugar de «contar» es muy frecuente. Ejemplifico con un texto de los múltiples que podrían citarse: «Después de la esclavitud yo le hice el cuento a un congo...» (C. 44). Veamos otras expresiones: «Y me callaba las cosas para que nadie hiciera traición...» (C. 41). «Yo siempre llevaba la figuración de que el monte me iba a gustar.» (C. 41). «Yo me hacía la figuración de que el calor se me metía por dentro y me ablandaba los sesos.» (C. 50). «Hice campamento debajo de un árbol.» (C. 42). «Yo tengo la consideración de que el cimarrón vivía mejor que el guajiro.» (C. 47). «...y yo no puedo decirle gracias ni darle un saludo...» (R. 69). Es fácil en estos textos restituir el lexema verbal que es objeto de la perífrasis que se está comentando. Tendríamos respectivamente los siguientes: «traicionara», «me figuraba», «acampé», «considero» y «saludarlo». 27 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
Como se ve, la novela más rica en este tipo de fenómenos es «Cimarrón»; a ella pertenece la casi totalidad de las citadas. El fenómeno parece tener cierta extensión en el ámbito de las hablas hispanoamericanas y no sólo en Cuba. Así lo confirma Lope Blanch, quien, refiriéndose al español mejicano, menciona como una de sus características el «reemplazo del verbo simple por frase verbal —echar una nadada—...»16. 3. SINTAXIS DE LOS TÉRMINOS ADYACENTES VERBALES. 3.1. Suplemento en lugar de implemento. Las particularidades que se anotan a continuación no suponen una gran diferencia con respecto a la norma del español general. La mayoría de los adyacentes verbales siguen la construcción habitual en la lengua. En el caso que se va a tratar conviene tener presente que tanto el suplemento como el implemento delimitan de una manera análoga el lexema verbal. Por este motivo Emilio Alarcos señala que ambos son incompatibles dentro de un mismo predicado. Se da la circunstancia de que la tradición gramatical no distingue el suplemento, el cual queda englobado dentro del complemento circunstancial. El profesor Alarcos17 pone de relieve el hecho de que, si bien externamente el suplemento coincide o puede coincidir con el aditamento, sin embargo los hechos funcionales demuestran que aquél se conecta con el lexema del verbo en un nivel similar al del implemento. Prueba de ello es la movilidad del aditamento con relación al núcleo de la oración, así como la no alteración de la estructura del predicado si un aditamento desaparece al ser consabido por el interlocutor. Por su parte, tanto el implemento como el suplemento dejan algún tipo de referente si son consabidos. El primero, un referente átono con los morfemas de género y número del nombre al que sustituye; el suplemento persiste a través del índice funcional más un elemen- to tónico pronombre o adjetivo. Por último hay que destacar que la movilidad de! suplemento e implemento con respecto al núcleo, es mucho menor que la del aditamento. Aparece suplemento en lugar de implemento en diversas ocasiones en las que el lexema verbal es de «lengua o entendimiento». El origen de este fenómeno podría remontarse a usos del español clásico en los que el suplemento actual funcionaba como adyacente de un elemento indefinido: «contar algo de alguien». Al producirse la supresión del citado elemento indefinido, la otra secuencia pasa a depender directamente del núcleo de la oración contrayendo la función de suplemento: «contar de alguien». 16. Lope Blanch, J. M.: «Estado actual del español en México», en Estudios sobre el español en México, México, Universidad Nacional Autónoma, 1983, pág. 11-31. 17. Véase «Verbo transitivo, verbo Intransitivo y estructura del predicado», en op. cit. 28 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
De los textos que se ofrecen a continuación, el primero mantiene la estructura originaria. No obstante, dada la semejanza entre los lexemas «hablar» y «contar», podría interpretarse también como un cruce analógico: «... yo he sido siempre separatista y no me ha gustado conocer demasiado de la vida ajena.» (C. 31). «... y se quedó allí a contar de lo que hubiese sido y tal.» (G. 20). «Se sentaba en un banco de piedra con dos o tres amigos a contar de lo que fue y tal.» (G. 172). «... y Benigno se puso a contar de la novia que había dejado y tal.» (G. 39). «El asunto es que Ma'Lucía me contaba de unas costumbres africanas que yo nunca vide aquí.» (C. 143). «Ma'Lucía me seguía contando del sapo.» (C. 144). «Yo mismo no sabía del porvenir.» (C. 149). 3.2. Implemento en lugar de suplemento. Se ha señalado que la delimitación que hacen del lexema verbal el implemento y el suplemento es análoga. Este hecho puede favorecer el que se invierta el término adyacente verbal con respecto a la norma del español general. No obstante, en este caso, se pueden separar usos que son generales en español, de otros que no lo son. Unos coincidentes con el español peninsular: «Pero me acuerdo que yo estaba sentado unas filas detrás...» (G. 118). La secuencia del tipo «me acuerdo que» en la que se omite la preposición de es casi constante y coincide con la tendencia, cada vez más perceptible en el español hablado peninsular. Probablemente se deba a la analogía existente con la construcción «recuerdo que». Esa preposición se omite también tras otros lexemas verbales, sobre todo si les sigue una proposición subordinada sustantiva18: «.. me enteré también que lo que pasó entre ella y yo no tuvo mucha importancia.» (G. 168). «Luego me enteré que nos decían asesinos.» (G. 195). «Hasta me acuerdo que mis padres me dijeron la fecha en que yo nací.» (C. 14). «De lo que sí me acuerdo es que mis padrinos...» (C. 15). Usos divergentes respecto del español peninsular: 18. Paola Bentivoglio denomina «dequeísmo» el uso de la preposición de en sintagmas en que la norma culta no lo acepta y «queísmo», la supresión de esa preposición donde la misma norma lo exige. Véase «Queísmo y dequeísmo en el habla culta de Caracas», reseñado por Montes Giraldo, J. J. en Thesaurus, Boletín del Instituto Caro y Cuervo, vol. XXXIX, 1984. 29 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Cuba la soñaban todos.» (G. 24). «Eso se llama pelear el bocado.» (G. 102). «...sabían mucho de tanto caminar el mundo.» (G. 133). En el último texto puede explicarse la ausencia de preposición por un cruce analógico entre los verbos «caminar» y «recorrer». En este mismo apartado cabe consignar también el empleo de la construcción «jugar algo» en lugar de «jugar a algo». Se trata de un uso arcaico del español peninsular utilizado ya por Alfonso X, hoy en desuso: «Venían los amigos a invitarlo a uno a jugar cubilete o a beber.» (G. 77). «Nos reuníamos con Veloz y Gundín a jugar dominó allí, en Escobar.» (G. 112). «La baraja se jugaba preferiblemente con olea...» (C. 26). En «Cimarrón», tratando de transcribir la forma de hablar de otra persona se lee: «¿Cómo tú no aprende a jugá maní?» (C. 83). Y en la misma página: «Jugaba maní para tener un atajo de mujeres.» (C. 83). También se registran construcciones del tipo «jugar algo», pero en contextos donde «jugar» tiene otro significado: «Tenía que jugar barracón todas las noches.» (C. 98). En el texto anterior «jugar barracón» equivale a «permanecer en el barracón». «Casi siempre se usaban tambores. Los mismos tambores de jugar palo.» (C. 126). «Cada vez que esos grupos iban a jugar quimbumbia se buscaban una mano de palitos para fortalecerse.» (C. 126). «Había quien después de la Resurrección se ponía a jugar brujería.» (C. 130). En estos contextos «jugar» significa «practicar el palo, la quimbumbia, la brujería», nombres de determinados ritos religiosos afrocubanos. Puede, no obstante, detectarse cierta significación lúdica en estos casos, si entendemos que los ritos religiosos son también manifestaciones de la actividad festiva del hombre. Aunque es bastante frecuente la construcción «jugar algo», también aparece contrastando la frase modélica «jugar a algo». Por tanto, se puede citar algún texto que sirve de contraste con los anteriores: «A veces jugaba con vosotros al dominó o a la baraja.» (G. 153). «Jugaban a la baraja y hacían competencias de caballos.» (C. 67). 30 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Pasábamos días y noches enteras (...) jugando al poker, a la baraja española, a la ruleta...» (R. 27). En «Rachel» no se documenta ningún caso de «jugar algo». Kany19 cita como usuales en Hispanoamérica las construcciones «soñar algo» y «pelear algo», que suprimen las preposiciones «con» y «por» respectivamente. De cada una de ellas solamente registro un caso en «Gallego» para las tres novelas estudiadas. 3.3. Implemento con verbos que habitualmente funcionan como intransitivos. Señala Emilio Alarcos20 que la cuestión de la transitividad e intransitividad no es característica de los verbos, sino de los predicados. Así, ciertos lexemas verbales tienen probabilidades altas de ser incrementados con un implemento, otros las tienen bajas y, por último, están los verbos qe son indiferentes a la presencia de un Implemento, el cual aparecerá o no según los casos. Por ello, concluye que este aspecto —el de la transitividad e ¡ntransitividad— sale del campo de la gramática y pertenece, con mayor propiedad, al léxico. En dos de las novelas se observan algunos núcleos de predicado que aparecen incrementados con un implemento a pesar de estar considerados tradicionalmente como intransitivos, ya que sus lexemas efectúan una referencia muy concreta a la realidad: «Ellos se bañaban casi en cueros y buceaban quilos que las gentes les tiraban...» (G. 78). El texto anterior equivale a «recogían al bucear los quilos o monedas que les tiraba la gente». Este fenómeno se registra en otras ocasiones: «De lo que sí estoy seguro es que de allí me huí una vez.» (C. 16). «...cuando un paisano de éstos se enfermaba, dejaba dicho quién lo podría heredar.» (C. 116). «A mí nunca se me ha olvidado la primera vez que intenté huirme.» (C. 41). «...uno se cree que está soñando todavía, y ahí es donde se coge un dedo o se resbala.» (C. 80). «Al hombre que se casaba con viudas le tocaban el fotuto y le sonaban en la cara latas viejas...» (C. 93). «Mientras más bravo se ponía el hombre, más latas y fotutos le sonaban.' (C. 94). De los textos ofrecidos cabe destacar el empleo de un implemento reflexivo en la ma- 19. Op. cit., p. 23. 20. Op. cit. 31 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
yoría de ellos. Es evidente que puede omitirse sin que se altere el sentido de la frase, por lo que podría considerarse como un elemento enfático, intensificador. Nótese además que el verbo «enfermar» junto con otros que encierran la idea de movimiento como «huir», son los más empleados en este tipo de construcción. A este respecto Kany señala: «No resulta fácil determinar si el pronombre reflexivo se emplea en este caso por analogía con el de los verbos transitivos o si es una a manera de complemento indirecto, dativo ético, dativo de interés, «pseudorreflexh/o» o algo por el estilo»21. El citado autor documenta el fenómeno en la lengua literaria antigua y señala que es común en el habla popular del español peninsular. Por último, y en cuanto al fenómeno en general, es de señalar que se documenta en «Cimarrón» con el mayor número de textos y que está ausente en «Rachel». 3.4. La expresión «es que». La utilización del llamado que galicado es un hecho bastante frecuente en las novelas estudiadas, al menos en dos de ellas. Hay autores que lo atribuyen a influencia francesa, aunque otros piensan en una simple práctica popular22. Independientemente del origen, es destacable la vitalidad de este uso, que se extiende a la lengua general cada vez más. Sirvan de ejemplo los siguientes textos: «Por eso es que ocurren tantos naufragios. El mar es infinito.» (G. 42). «Y así fue que subimos al barco, que se llamaba Lerland y era de bandera alemana.» (G. 43). «Antes los hijos no se gobernaban por sí solos. A los veinticinco años era que podían decidir algunas cosas.» (C. 131). «Cuando pasaron los días fue que vino la calma.» (C. 168). Frente a la abundancia de empleo en «Gallego» y en «Cimarrón», sólo registro un tex- to en «Rachel»: «Por eso, porque conocía esos teatros, donde no había nadie que supiera dirigir, fue que me entusiasmó entrar en Alhambra.» (R. 82). 3.5. Adverbio «ya» ante pronombre sujeto. El fenómeno se produce de manera esporádica en el español general, pero en las tres novelas que estudio se registran gran cantidad de casos, lo que hace suponer que, a nivel oral, el índice de frecuencia se incrementa notoriamente respecto al del español peninsular: 21. Op. cit., p. 226. 22. Véase Kany, op. cit., pp. 297-298. 32 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«— Mira, Pedro, ya nosotros no somos felices.» (G. 24). «Yo digo que tenía que pasar, porque ya yo era un hombre casi...» (G. 29). «Ya él había estado en Vigo, conocía un puerto de mar...» (G. 42). «Ya yo tendría como veinte años.» (C. 59). «Cayito decía: "Ya yo me lo esperaba de Tajó".» (C. 164). «A los nueve años ya yo tecleaba algo de piano y bailaba rumba.» (R. 15). «"Ya tú eres un lince", me decía.» (R. 84). «Ya yo tenía mi público y eso no lo tragan las otras tan fácilmente.» (R. 86). 4. DERIVACIÓN. Lo más llamativo, dentro de este apartado, es que en las tres novelas de Barnet la creación léxica a partir de la derivación adquiere un elevado índice de funcionalidad, superior al del español hablado en la Península. De esta manera son muchas las palabras y significaciones nuevas que se forman. No obstante, hay que señalar que los recursos utilizados para esa derivación léxica no se salen en ningún caso de los que el sistema del español ofrece; lo que sucede es que el mismo mecanismo se aplica a mayor número de voces. Es decir, be recurre a los mismos afijos, cuya modalidad más fecunda, con gran diferencia, es la sufijación. Por eso, en el presente estudio se prescinde de tratar los prefijos, al no observarse en su uso particularidad alguna digna de relieve. Se puede afirmar, resumiendo, que el procedimiento que se presenta en las novelas está permitido por el sistema, pero se sale de la norma del español general. Se señalan a continuación una serie de textos en los que la derivación difiere de los usos más generales del español. Tales casos van referidos fundamentalmente a la formación de sustantivos, adjetivos y verbos. 4.1. Derivación sustantiva y adjetiva. 4.1.1. Sufijo «ero». Se trata de uno de los sufijos más frecuentes de la lengua y que aparece utilizado en voces que no pertenecen al caudal léxico general, formándose así una serie de términos nuevos. No obstante, en ocasiones forma palabras que existen con la misma o parecida acepción, aunque con otro sufijo. Al ser el más productivo de los sufijos que aparecen en estas novelas, son abundantes los textos que se pueden ofrecer: «Pero mi abuelo que era más cuentero que ellos, les buscaba la boca y luego exageraba hasta por los codos.» (G.22). 33 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«El cometa ahí, paradito, detrás de la Farola del Morro, amenazando con dar un rabazo.» (R. 35). * «Al yo mirar, sentí un corrientazo y el pelo se me cayó casi completo. Gracias a los médicos losalvé...» (R. 101). Se puede observar por los textos anteriores que este sufijo conlleva el valor significativo «golpe dado con». 4.1.6. Otros sufijos. Además de los tratados anteriormente, se documentan otros sufijos, pero no en la misma proporción. En éstos, los usos que se salen de la norma general son más ocasionales y, por este motivo, se pueden tratar en conjunto. El sufijo —ón, con valor aumentativo, sirve para la caracterización de personas u objetos: Llevaban melenas atadas con cintas, iban barbudos, y hasta se colgaban collares y pulsos hechos con balas. Muy bocones y alardosos, como en Cuba, lo mismo.» (G. 177). «En los cachimbos había íres tachos. Los tachos eran grandes de cobre y bocones.» (C. 17). En los textos anteriores se observa una significación diferente según se aplique «bocón» a personas o cosas. En el primer caso viene a significar «fanfarrón» y sustituye a nuestro «bocazas»; cuando se refiere a los tachos indica que son recipientes de boca ancha. «Después me di a pasear con el dinero. Me lo gasté todo con mujeres salpicoñas.» (C. 95). «Aquel coliseo era decente de todos modos, lo que como ellas .salían descubiertas un poco de arriba y eran unas mujeres tan salpiconas...» (G. 123). Del sufijo —ada se citan dos textos. El primero de ellos indica «comportamiento propio de»; el otro tiene significación colectiva con claros matices despectivos: «Eso de la fama es falso todo, pero el curro es cabeciduro verdad y hace curradas que le cuestan la vida.» (G. 107). «La negrada de la capital de la provincia se escondió.» (R. 55). En el texto siguiente se observa una sustitución de sufijo ya que «mudada» aparece en lugar del término general «mudanza»: «Iba diciendo que me mudé. Pues sí. La mudada me estimuló.» (R. 84). El sufijo —iza se registra en una ocasión en la novela «Gallego» y forma un sustantivo colectivo que indica acción repetida: 40 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Ese mismo día, después que Conrado se fue con la golpiza, Gundín me llamó aparte.» (G. 116). Puede observarse que sustituye al término más habitual de «paliza». Por último, se puede documentar un uso del sufijo —dor en un término ajeno a la norma del español general: «El muy abusador llamó a dos ayudantes y me amarró las manos con una soga, si no me escapo.» (C. 168). Es evidente que el término sustituido en este caso es «abusón». 4.2. Derivación verbal. Es un hecho conocido que la primera conjugación es la más fecunda del español. A ella pertenece la casi totalidad de los verbos que crea la lengua. Este fenómeno se constata con claridad en las tres novelas estudiadas. Dentro de esta primera conjugación cabe señalar dos procedimientos: el primero es la aplicación directa de la terminación —ar del infinitivo; el otro consiste en la formación de verbos a través del sufijo —ear. 4.2.1. Formación verbal en—ar. La formación de verbos mediante este procedimiento es relativamente frecuente. Para ejemplificar se ofrecen los textos que siguen: «A mí nunca me ha gustado, y la noche es para fiestar, no para que le pase a uno lo que me pasó a mí ese día.» (G. 50). «El caso es que más tarde la vide mucho en Santa Clara. Yo iba a fiestar. Con Ma'Lucía tuve buenas relaciones.» (C. 142). En las dos citas anteriores se presenta una derivación verbal que aproximadamente equivale al modélico «festejar» (formado sobre «festejo»). Aquí aparece el verbo formado directamente sobre «fiesta». Otra formación verbal se documenta en «atrabancar», usado en el sentido de «quedarse detenido o atascado»: «Entonces me quedo en blanco y es como si estuviera retenido o atrabancado en una época remota.» (G. 154). El término «amistar» se utiliza como equivalente de «trabar amistad»: «Iba de un lado a otro conociendo gentes, pero sin ganas de amistar coi: nadie.» (G. 179). «Ahí es donde se bajaba el bandolero y aprovechaba la confianza para amistarse con la familia.» (C. 106). 41 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
Para el caso de «pestañar» cabría decir que se trata de un uso inverso al de la norma, ya que se trata de la adición directa de —ar en el lugar del modélico «pestañear» que presenta la otra modalidad de derivación: «La pobre, mientras los dueños estaban en Cuba, no tenía reposo, no pestañaba.» (G. 203). El término «embullar» equivale a «participar en algo bullicioso», «animarse». En esta voz no sólo interviene la sufijación, sino también la derivación con prefijo: «Y los negros, embullados con el punzó, corrían como ovejitas para los barcos y ahí mismo los cogían.» (C. 14). «Lo que hacía era que lo olía un rato y ya con eso me embullaba yo también porque si no era el aburrimiento padre.» (R. 30). Otro caso de sustitución de sufijo con empleo directo de la terminación —ar se documenta en la palabra «atemorar», donde, por otra parte, se observa la presencia de un prefijo: «Uno iba por un camino,, por la noche, y sentía un grito o un ronquido. Yo, acostumbrado a eso, no me atemoraba mucho.» (C. 114). «Allí nadie se atemoró. Al cotrario, las ganas de pelear aumentaron.» (C. 166). Por último, se citan otros dos textos en los que la derivación está reforzada con un prefijo: «...la organización estaba por el suelo. Maceo y Gómez eran los mayores cabecillas. Ahora, no podían embridar a todo el personal.» (C. 159). «Lo triste es destarrarse sola (...) a votar, a defender al presidente como si fuera el papá...» (R. 94). En el primero de los textos «embridar» significa «poner en orden»; en el segundo aparece «destarrarse» en el sentido de «defenderse, abrirse camino». 4.2.2. Formación verbal en —ear. Las formaciones nuevas en —ear alcanzan una frecuencia quizá ligeramente superior a las anteriores. En esta modalidad de derivación también se incluyen casos en los que se aprecia la sustitución de sufijos. Una de esas sustituciones se documenta con el término «parquear», utilizado en lugar del modélico «aparcar»; en él se observa que el empleo de —ear equivale a la utilización de la terminación directa y al prefijo: «Una tarde estábamos sentados en los bancos aquellos verdecitos, soleándonos, y llega un carro grande marca Chandler y se parquea frente a la puerta sur.» (G. 56). 42 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
En el caso de «rumbear», que se cita a continuación, el significado viene a ser el de «abrirse camino, tomar rumbo»: «En ese ínterin de mi vida me lo rumbeaba todo. Ya me estaba aplatanando, si no me cogía la pelona. En Cuba no se puede decir que no a nada.» (G. 119). El término «volear» parece estar formado sobre «vuelo» y se utiliza como equivalente de «transportar»: «Cuando yo veía aquellos ladrillos amontonados allí, en bloques, y pensaba que tenía que volearlos yo solo, quería morirme.» (G. 129). Otro caso en el que se sustituye la terminación directa en —ar por el sufijo que estamos comentando se registra en el texto siguiente: «Fui repellador y casi me hago azulejeador. Lo que pasó fue que otro catalán (...) me dijo un día: — Note hagas ilusiones, el queazulejea aquí soy yo, yo, ¿qué pasa?.»(G. 131). En el texto anterior se observa no sólo la derivación verbal, sino también la adjetivación posterior partiendo del verbo. El mismo tipo de sustitución comentado anteriormente se presenta al aparecer el significante «martillear» y no «martillar»: «Soy muy curioso, le demostré que podía martillear, clavar las carranchas a las tablas, que tenía luces para medir.» (G. 133). Fenómeno semejante se produce en «camuflajear» por «camuflar», aunque con una ligera ampliación de sufijo: «Camuflajeamos los coches y las antiaéreas con las ramas del olivar.» (G. 187). Una forma nueva, al menos para el español modélico, es «carpintear»: «Si no había obra de albañilería, carpinteaba algo, hasta que me superé en el oficio.» (G. 132). «Parece que como se había pasado la tarde al lado mío viéndome carpintear, el olor a alcohol y resina, más la viruta, le produjeron una hinchazón y tuvimos que correr al médico.» (G. 203-204). El término «bajear» equivale a «olfatear, detectar»: «Los majases son bichos muy peligrosos. Se dan en las cuevas y en el monte. Bajean a las personas con el aliento (...) y la adormecen para chuparle la sangre.» (C. 43). «Chistear» se emplea para significar «hacer chistes, tomarse algo a broma»: «Si los santos se empeñaban en que uno no comiera, por algo sería. ¡Yo, ni para chistear con eso!.» (C. 76). 43 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
En las descripciones que se hacen en «Cimarrón» referentes a la elaboración del azúcar y a los cuidados que requiere la caña plantada, aparece el término «guataquear» con el significado de «escardar con la guataca o azada»: «No me resultó raro; ya yo era experto en eso. También guatequeaba el campo.» (C. 78). La voz «guarabeados» se emplea para calificar los trajes con adornos que solían llevar los saltimbanquis en sus funciones callejeras: «Los gitanos (...) Cuando salían de sus funciones eran serios y no les gustaba mucho la confianza. Usaban los trajes más guarabeados.» (C. 133). Por último, «trapear» tiene la acepción de «limpiar el suelo» en el texto siguiente: «Y por idiota, por verraca, tumbé el espejo con el palo de trapear y se me hace añicos la luna.» (R. 84). 5. RÉGIMEN PREPOSICIONAL. Son frecuentes los casos en que el uso de las preposiciones supone un desvío de la norma del español general. Por eso resulta necesario documentar una serie de construcciones en las que se produce este fenómeno. Las variaciones en el régimen preposicional del español americano respecto de la norma peninsular no se limitan al ámbito cubano, sino que se registran también en otros países27. 5.1. Interferencias preposicionales. La sustitución de preposiciones es un hecho que se produce con cierta frecuencia. Estos son algunos de los textos en los que se puede apreciar: «Era muy relambida, muy simpática, y José tenía locura con ella.» (G. 83-84). Aquí aparece la preposición con cuando lo normal sería por. «Todas las semanas me hacía de un cochinatico.» (C. 43). En la novela «Gallego» por dos veces se registra «dar pena con alguien» en el sentido, no de «apenarse juntamente con», sino en el de «apenarse de alguien»: «Me dio pena con él y lo llevé a mí casa para que lo conociera Leoncia.» (G. 114). «Hablamos en gallego. Me dio pena con él. Se veía que había tenido algún problema.» (G. 191). Asimismo aparece la preposición a empleada en lugar de en. La construcción que se cita como ejemplo es frecuente en el español general ya que los matices de lugar «en donde» y «a donde» a veces no quedan claros para los hablantes: 27. Véase Rabanals, A. y Coníreras. L. «El habla culta de Santiago de Chile: material para su estudio» Torno I, Anexo número 2 del Boletín de Filología, Santiago, Editorial Universitaria 1979. 44 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Para hacer azúcar había unos embudos grandes a donde se echaba el moscabado...» (C. 17). Otras sustituciones son las que siguen: «Después de su miedito en montarse, al principio, ya lo cogían todos los días y hasta por su gusto.» (R. 15). Se refiere al miedo a montarse en el tranvía eléctrico. En el español modélico, el verbo «fiarse» rige un suplemento con la preposición de. En cambio a «confiar» le suele suguir otro con el índice funcional en. Quizá debido a un cruce de ambas construcciones se registra la secuencia «confiar de»: «... nosotros nunca confiamos de él completamente.» (C. 178). «En pocos días no se podía confiar de nadie.» (C. 185). 5.2. Ausencia de preposición. En ocasiones se documentan textos en los que está ausente el índice funcional cuando éste debería aparecer: «Yo iba nada más que pescar gallinas, porque el baile nunca me ha gustado.» (C. 67). «El era un poco sanguinario y rebéncúo. A mí no me faltó el respeto nunca.» (C. 170). «Lo más triste es que en Cuba nunca se castigaron guerrilleros.» (C. 182). La secuencia anterior presenta una pasiva refleja tal como es característico del español clásico, mientras que hoy lo normal sería la construcción impersonal «nunca se castigó a los guerrilleros». Otras omisiones de preposición se producen en construcciones que cada vez son más frecuentes en todas las zonas del español. Tal es el caso de la preposición de, ausente de ciertas secuencias en las que efectuaría una segunda transposición a función adjetiva: «Era una aldea corriente, como todas las de Galicia. Me hago ideas que las habrá mayores...» (G. 26). «Tenía miedo que mi madre se muriera sin yo verla...» (G. 155). «Se daba el caso que iba una hembra detrás y se encontraba...» (C. 28). «Yo estoy seguro que casi todas las tropas hubieran hecho igual en esa situación.» (C. 176). «Me di cuenta que faltaba...» (C. 188). A veces de queda sustituida por otra partícula de enlace no preposicional. Sucede en alguna construcción comparativa: 45 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«... el muy embustero, ellos a veces eran más jodedores que lo que uno se creía, me dijo...» (C. 44). v José A. Martínez explica la presencia de que comparativo en lugar de de cuando relativo y antecedente pueden entenderse como co-referentes28. No obstante, en el texto ofrecido se ha dado la sustitución a pesar de no haber co-referencia. 5.3. Presencia innecesaria. Merecen mencionarse una serie de textos en los que aparece la proposición a sin que sea propio del español modélico. Se trata de la construcción «mandar a + secuencia sustantiva (generalmente infinitivo)». Como es sabido, en «mandar a» el lexema verbal tiene el significado de «enviar», en tanto que sin la proposición significa «ordenar». Sin embargo se documentan textos en los que se produce el último de los significados a pesar de la preposición. Kany29 alude a la probabilidad de que tal confusión se remonte a la lengua antigua, e indica que en la actualidad es mucho más frecuente en Hispanoamérica que en España. Estos son algunos ejemplos: «El viejo la mandó a matar porque se descubrió que ella le iba contando vida y milagros de un guardián...» (G. 106). La interpretación de «a matar» como suplemento puede chocar con la presencia del implemento la, pero éste puede interpretarse como dependiente de «matar». Desde luego, lo normal es «la mandó matar» o «mandó matarla», sin preposición, donde «matar» es un claro implemento de «mandó». La construcción se repite de forma muy parecida: «El viejo mandó a que la degollaran allí mismo, en horas del día.» (G. 106). «Una vez, el gobernador Salamanca lo mandó a prender...» (C. 82). «Febles lo mandó a meter en los hornos.» (C. 99). «Ya Méndez, el asesino, había mandado a matar al mulato, que no salió de Cuba ni un carajo.» (C. 105). 28. «Oraciones consecutivas y comparativas», (cit), 29. Op. cit., p. 392. 46 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
6. ADVERBIO Y LOCUCIONES ADVERBIALES. 6.1. El adverbio. 6.1.1. Divergencias de la norma general en el uso de adverbios. 6.1.1.1. Valor adverbial del sustantivo «verdad». Sólo se documenta tal uso en «Gallego», siempre en boca del narrador-protagonista. Desde el punto de vista significativo y funcional equivale a «verdaderamente». Va siempre pospuesto a sustantivo o adjetivo y no puede precisarse si es un complemento de alguno de éstos o del verbo: «Eso de la fama es falso todo, pero el curro es cabeciduro verdad y hace curradas que le cuestan la vida.» (G. 107). «Las fortunas cayeron. Los bancos cerraron. Hombres de pistón verdad se volvieron fantoches.» (G. 155). «Nosotros éramos de campo verdad.» (G. 168). «Se iban como gallinas asustadas. Me puse bonito verdad.» (G. 212). Resulta conveniente aclarar que en el texto anterior «bonito» significa «enfurecido». 6.1.1.2. «Allí» con valor pronominal. Equivale a un pronombre personal átono implemento. También aparece únicamente en «Gallego», si bien sólo de forma esporádica, por lo que resultaría aventurado llegar a conclusiones sobre un posible uso más amplio. Pero sí cabe señalar que este valor se da en textos españoles clásicos y también en registros vulgares actuales del tipo «aquí mi amigo» en lugar de «éste es mi amigo»: «En Santa Clara, número 10, vivían dos señoras gallegas muy amigas de la familia de mi novia. También visitábamos allí. Ellas daban comidas a módicos precios...» (G. 144). Nótese que «allí» parece sustituir a una unidad pronominal de tipo lo o las, o, en todo caso, a un sintagma adjetivo como «aquello». Así que equivaldría a «también las visitábamos», o bien a «también visitábamos aquello». 6.1.1.3. «Arriba» por «encima». Es un fenómeno destacable por su frecuencia, sobre todo en las construcciones del tipo «caerle arriba a alguien». Se documenta en dos de las novelas estudiadas: «Gallego» y «Cimarrón»: «...Alfonso se metió en un rollo con una tal Margarita y la policía le cayó arriba.» (G. 157). 47 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Pero yo tenía un espíritu de cimarrón arriba de mí,.que no se alejaba.» (C. 41). «Andaban sueltos. No los tenían para cebar. Le caíamos atrás al primero que veíamos.» (C. 162). Nótese que en el texto anterior se trata de otra unidad adverbial, pero con la misma construcción. 6.1.2. Divergencias sintácticas. Otras particularidades observadas en la cuestión adverbial conciernen, no ya a la sustitución de unidades léxicas, como en el apartado anterior, sino a la ordenación de esta unidad gramatical. En ocasiones se producen anomalías en cuanto a la posición dentro de la oración, tanto si los adverbios van aislados como si aparecen agrupados: «Desde aquel estallido nunca más bien oí.» (G. 188). La secuencia «más bien» no significa «mejor». El contexto es muy claro y resulta evidente que debe interpretarse «nunca más volví a oír bien». «La gente del pueblo se acostaba a las doce; pero, en el campo, a las ocho o a las nueve todo el mundo ya estaba rendido.» (C. 136). Conocido es que el uso modélico pospone «ya» al verbo. Con todo, la anteposición anotada es frecuente en el habla coloquial peninsular. 6.2. Locuciones adverbiales. Como es sabido, las locuciones adverbiales se comportan a la manera de adverbios complejos, formados a partir de otras categorías gramaticales que con el tiempo y el uso se lexicalizan, llegando sus elementos a fusionarse en mayor o menor grado. Manuel Criado del Val30 estudia el enriquecimiento del campo adverbial a costa de otras categorías gramaticales que, agrupadas, funcionan como adverbios. Se señalan a continuación ciertas locuciones cuya forma no coincide con expresiones del español peninsular de igual o similar valor. 6.2.1. Fórmulas negativas. El refuerzo de la negación es un fenómeno habitual en la lengua española, pero la frecuencia con que se da en las novelas de Barnet permite pensar en una intensificación respecto del español general. Los procedimientos a que se recurre para ese refuerzo son comunes: expresiones que hacen referencia a un objeto pequeño, repetición de la negación... Una de las fórmu- 30. Criado de Val, Manuel: Fisonomía del idioma español. Agullar, Madrid, 1962. p. 200. 48 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
las negativas consiste en la afirmación de una negación, es decir, el advebio «sí» afirma el contenido negativo de una oración, confiriéndole un carácter enfático: «A donde sí nunca pude ir, ni soñarlo siquiera fue al Teatro Nacional.» (G. 125). «Yo sí no podía vivir del aire.» (G. 156). «Pizpiretas, canallas, con su salsa, arrogantes, eso sí no estaba mal visto...» (R. 82). Obsérvese que la expresión enfática equivalente en el español peninsular intercala «que» entre las partículas afirmativa y negativa. En los textos siguientes se citan locuciones introducidas por «ni». Generalmente le sigue algún término que en el contexto connota escaso valor o importancia: «...que no era general ni la cabeza de un guanajo.» (C. 159). «...y nos dijo que nos ducháramos deba'o de un chorro de agua que no era ducha ni un carajo.» (G. 54). «Eso de los pelados cortos salió cuando empezaron a poner casas de peinados en Cuba. Antes, ni por cuento.» (C. 69). «Pero invitarlo a uno, ni de juego.» (G. 62). «Saludaba con un pañuelo, pero ni por juego se acercaba.» (C. 16). «Sí los santos se empeñaban en que uno no comiera, por algo sería. ¡Yo, ni para chistear con eso! Hoy es y ni por lo que dijo el cura como nada de eso.» (C. 76). «No duró aquella avanzada ni un tilín.» (C. 155). «Ya no le gustaba La Habana ni un tantito.» (G. 149). «El les había prometido que cuando ganara le iba a dar la libertad a Marruecos. Pero no dio ni pitoche.» (G. 180) Coincidiendo con la observación de Kany31, la fórmula «ni modo» indica el incumplimiento de un deseo o el fracaso de un esfuerzo»; «La sangre sí salía (...), pero la letra, ni modo, no entraba.» (G. 28-29). En «Gallego» aparece un caso de pervivencia de la fórmula «ya más», sin aglutinación de sus componentes etimológicos: «Y así estaban siempre, y no cantaban, y no reían y no estaban contentos ya más.» (G. 24) 6.2.2. Locuciones adverbiales invertidas. Abundan en las novelas estudiadas las expresiones «más nada», «más nunca» y 31. Op. cit., p. 476. 49 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
«Jején» es voz que designa cierta clase de insecto. La expresión figurada de los dos textos últimos tiene el sentido de «no ocultársele nada a uno». «Cuando me topé con las fuerzas mambisas, grité y ellos me vieron (...) De primera y pata me sentí raro, medio confundido. Es verdad que todo aquello era un arroz con mango. Ni siquiera estaban formados los escuadrones ni designados los jefes.» (C. 153). Para referirse a un colectivo de gente desorganizada se utiliza en «Cimarrón» la fórmula «ser un arroz con mango». En ella el lexema «mango» parece significar el fruto comestible y de sabor agradable del árbol del mismo nombre, muy extendido en América, según el DRAE. «Les decía a voz en cuello: "Ustedes se merecen la muerte, cabrones".» (C. 167). Es evidente que la expresión anterior equivale a la forma peninsular «a voz en grito». «Pero de matrimonio nada. Los padres de él negados hasta la pared de enfrente.» (R. 20). La secuencia anterior presenta una forma enfática con el significado de «negados por completo». 7.3. Expresiones que indican tiempo o espacio. Alguna de ellas ha sido ya tratada en otro apartado, (ver locuciones adverbiales). Con significación espacio-temporal cito tan sólo «a la hora de los mameyes», equivalente a «a la hora de la verdad» y que aparece en una novela: «Yo me pasaré la vida quejándome de él; de que era un asesino y un bandolero. No un cobarde. Pocos hombres, a la hora de los mameyes, echaron cuerpo como él.» (C. 165-166). «Si ahí la gente se hubiera revirado, todo hubiera sido distinto (...) Pero a la hora de los mameyes nadie echó cuerpo ni palabra.» (C. 189). 8. A MODO DE RECAPITULACIÓN. Se han estudiado tres novelas de Miguel Barnet en los aspectos lingüísticos que más se apartan de la norma del español general. Cabe afirmar en este momento que ninguno de los fenómenos tratados afecta a la estructura interna del sistema de la lengua y que, si bien son numerosos los puntos diferenciadores, resulta obvio que son muchos más cuantitativamente los unificadores. Las que en apariencia son divergencias mayores suelen consistir en la intensificación de un fenómeno que no es desconocido en el español modélico ni en usos análogos 56 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
o iguales de las hablas coloquiales peninsulares. Recuérdese, por ejemplo, el caso de la transposición del adjetivo a adverbio o del mayor rendimiento de cietos sufijos, según queda expuesto en el apartado de la derivación. Puede, por tanto, hablarse de un aprovechamiento más intenso de las posibilidades que el sistema ofrece. Otras veces no se trata de un fenómeno de intensificación, sino que se dan diferencias reales con respecto a la norma general. Sin embargo, tampoco revisten especial importancia para la pervivencia del sistema. Así sucede, por ejemplo, con ciertas particularidades que se han estudiado sobre el uso preposicional, el cual, por otra parte, no siempre se ajusta a la norma en las diferentes hablas del español peninsular. En cuanto a las coincidencias (como es evidente, no han sido tratadas, por innecesario, las coincidencias absolutas), cabe citar aquí la utilización de los referentes pronominales átonos, cuya adscripción al español modélico es prácticamente total. Lo mismo sucede con el empleo de los morfemas del sustantivo, ya que sólo difiere en cuanto al género, número y artículo de manera ocasional y tales usos no son ajenos a otros populares del español normativo. Por ello, a partir de un estudio de la novelística de Barnet bajo la perspectiva adoptada, se percibe la vitalidad de una lengua común o coiné, cuyas diferencias diatópicas no repercuten negativamente en las posibilidades de comunicación esenciales de los hispanohablantes. Por otra parte, conviene precisar que la mayoría de los aspectos morfosintácticos estudiados se registran en dos de las tres novelas: «Biografía de un cimarrón» y «Gallego»; mientras que la tercera, «La canción de Rachel», mantiene una mayor adecuación al español modélico, como queda demostrado con la documentación textual que se ha ofrecido. Otro tanto puede decirse del léxico, si bien éste no forma parte, como ya se indicó, del objetivo fundamental de este trabajo. 57 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
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EXPRESIONES ABREVIADAS B.D.J. = Boletín de Dialectología Hispanoamericana. C. = Biografía de un Cimarrón, para citas textuales del autor; se utiliza «Cimarrón» en textos que no son del autor. C.S.I.C. = Consejo Superior de Investigaciones Científicas. DRAE. = Diccionario de la Real Academia Española. F.C.E. = Fondo de Cultura Económica. G. = Gallego, en citas textuales del autor; en las demás ocasiones se cita el título completo «Gallego». R. = La canción de Rachel, para las citas del autor; en los demás casos se cita por «Rachel». RFE. = Revista de Filología Española. 61 CAUCE. Núm. 10. BARROSO VILLAR, Pedro. Aspectos gramaticales de tres novelas de ...
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