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1 Universidad de Sevilla Facultad de Ciencias de la Educación Grado en Educación Primaria Autora: Elena Nasaescu Tutor: Prof. Dr. Miguel Cruz Giráldez Trabajo Fin de Grado – Investigación Curso 2020/2021 El Maltrato Infantil y su Relación con las Conductas Antisociales en la Edad Adulta - El Caso de Pascual Duarte
2 ÍNDICE Resumen...................................................................................................................................... 3 Abstract ....................................................................................................................................... 3 Introducción ................................................................................................................................ 4 Método ........................................................................................................................................ 7 Resultados ................................................................................................................................... 9 Discusión .................................................................................................................................. 15 Conclusiones ............................................................................................................................. 18 Referencias ................................................................................................................................ 18 Anexo ........................................................................................................................................ 21
3 El Maltrato Infantil y su Relación con las Conductas Antisociales en la Edad Adulta - El Caso de Pascual Duarte Resumen El maltrato infantil es un problema de salud mundial grave que afecta seriamente el desarrollo y el bienestar de los niños y la sociedad en la que viven. Estudios empíricos indican que la exposición al maltrato durante la infancia está asociada a diversas conductas antisociales en la edad adulta. Sin embargo, para comprender la complejidad de estas conductas problemáticas nuevos estudios son necesarios. El objetivo del estudio fue examinar el vínculo entre el maltrato infantil y las conductas antisociales en la adultez a partir del testimonio de Pascual Duarte de la novela "La Familia de Pascual Duarte" de Camilo José Cela. Se realizaron análisis de contenido usando el programa ATLAS.ti. Los hallazgos confirman resultados de estudios previos complementando la evidencia sobre la relación entre el maltrato infantil y las conductas antisociales en la edad adulta. Los resultados serán útiles para los programas de prevención e intervención de estas conductas problemáticas. Palabras clave: maltrato infantil, factores de riesgo, conductas antisociales, familia, método cualitativo. Abstract Child maltreatment is a global health problem that seriously affects the development and well-being of children and the society in which they live. Empirical studies indicated that exposure to childhood maltreatment is associated with different antisocial behaviors in adulthood. However, to understand the complexity of these problem behaviors, new studies are needed. The aim of the study was to examine the link between child maltreatment and antisocial behaviors based on the testimony of Pascual Duarte from the novel "La Familia de Pascual Duarte" by Camilo José Cela. Content analyzes were performed using the ATLAS.ti program. Findings confirm the results of previous studies complementing the evidence on child maltreatment and antisocial behaviors in adulthood. This could be useful for prevention and intervention programs against these problematic behaviors. Keywords: child maltreatment, risk factors, antisocial behaviors, family, qualitative method.
4 Introducción El maltrato infantil perpetrado en y por la familia convierte en víctimas de violencia física y psicológica a millones de niños cada año en el mundo. En Europa, un informe realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2013) alertó de la alta prevalencia de maltrato infantil: del 9.6% para abusos sexuales, 16.3% para negligencia física, 18.4% negligencia emocional, 22.9% abusos físicos hasta 29.6% para abusos emocionales. En España, por cada cien jóvenes de entre 8 y 17 años se estimó una prevalencia en torno al 4.25% (Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad, 2011). Si bien es difícil determinar el número de niños y niñas maltratados por sus padres/cuidadores, la gravedad del maltrato infantil como problema de salud pública y de derechos humanos ha sido mundialmente reconocida. Esta forma de violencia doméstica afecta seriamente a corto y a largo plazo a las víctimas y, por extensión, a la sociedad en su conjunto (OMS, 2018). El maltrato infantil se ha definido como cualquier acción de maltrato físico y/o emocional, abuso sexual, desatención o trato negligente a los hijos, incluida la explotación comercial o de otra índole, que ocasiona un daño real o potencial para la salud, supervivencia, desarrollo o dignidad del niño en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder (OMS, 2013). Teniendo en cuenta esta conceptualización se distinguen cuatro formas de maltrato que los menores podrían sufrir por parte de sus progenitores/cuidadores: abusos físicos, abusos sexuales, abusos psicológicos y negligencia. El abuso físico hace referencia al uso intencionado de la fuerza física contra el niño (p.ej., golpes, zarandeos, palizas, mordiscos, estrangulamientos, quemaduras, envenenamientos, entre otros) que ocasiona perjuicios para su dignidad, salud y supervivencia. El abuso sexual hace referencia a la implicación del niño en actividades sexuales que no comprende, en las que no puede dar su consentimiento o para las que no está suficientemente desarrollado, o que transgreden leyes o normas sociales. Los abusos sexuales pueden ser perpetrados por adultos o por otros jóvenes que debido a su edad o estado de desarrollo están en una situación de confianza o poder en relación con la víctima. Los abusos psicológicos son un tipo de violencia sutil perpetrada por un progenitor o cuidador que puede manifestarse de forma aislada o reiterada manteniendo al niño en un entorno inapropiado, carente de apoyo emocional necesario para su desarrollo óptimo. Este tipo de maltrato hace referencia a restricciones de movimientos, menosprecio continuado, culpabilización, amenazas, actos de terror, discriminación o ridiculización, y otras variantes no físicas de rechazo o de trato hostil que son perjudiciales para la salud y el desarrollo físico,
5 cognitivo, moral o social del niño. Y por último, la negligencia o desatención abarca tanto incidentes aislados como reiterados de dejadez por parte de un progenitor/cuidador en uno o varios de los siguientes aspectos: salud, educación, desarrollo emocional, nutrición, hogar y condiciones de vida segura. Una amplia evidencia científica muestra que los jóvenes y adultos con antecedentes de maltrato infantil también muestran distintas conductas antisociales a lo largo de la vida (Braga et al., 2017; Malvaso et al., 2016; Wilson et al., 2009). Las conductas antisociales han sido definidas como un conjunto amplio y heterogéneo de actitudes y comportamientos que infringen las normas sociales y morales (Rutter et al., 1998), incluyendo daños, robos, consumo de sustancias, conductas agresivas y violencia, entre otros. Un metaanálisis de estudios longitudinales mostró que dependiendo del tipo de maltrato infantil sufrido, las víctimas podrían involucrarse en distintas conductas antisociales. El abuso físico y sexual se relacionaría más fuertemente con las conductas agresivas, mientras que los jóvenes desatendidos tendrían un mayor riesgo de implicación en conductas antisociales en general (Braga et al., 2017). Además, Mersky y Reynolds (2007), utilizando datos longitudinales, encontraron que las víctimas de abuso físico y negligencia en la infancia tendrían más probabilidades de ser condenadas por un delito violento en la edad adulta en comparación con los niños no maltratados. A menudo, el maltrato infantil coincide con otras adversidades como por ejemplo aquellas de naturaleza biológica (p.ej., limitaciones físicas y psíquicas del menor), emocional (p.ej., baja autoestima, inseguridades, falta de expectativa, escasas habilidades emocionales y de afrontamiento de problemas, escasos recursos para tomar decisiones por parte de los padres), económica (p.ej., desempleo, carencias económicas), social (p.ej., consumo de sustancias y drogodependencia por parte de los padres, divorcio y desestructuración familiar) o cultural (p.ej., escasa formación sobre las responsabilidades de ser padres/cuidadores), lo que hace muy difícil determinar qué factor o combinación de factores tiene una mayor influencia en la implicación en conductas antisociales en la edad adulta. La literatura sobre el maltrato infantil sugiere que este tipo de violencia doméstica no ocurre de forma aislada. Frecuentemente se vincula (pero no determina) a otros tipos de violencia
6 interpersonal (p.ej., violencia de pareja) debido a una compleja interacción de factores de riesgo individuales y contextuales que son comunes (ver Malvaso et al., 2016; Wilson et al., 2009). Además, estos factores de riesgo dan pistas sobre el por qué solo una pequeña parte de las víctimas de maltrato infantil muestran conductas antisociales en la edad adulta y otras, en cambio, no están involucradas (ver Stewart et al., 2008). Además, los estudios informan de una transmisión intergeneracional del maltrato infantil de manera que algunas personas expuestas al maltrato podrían perpetrar este tipo de violencia más adelante en la vida (Craig et al., 2021; Thornberry et al., 2012). Varias revisiones sistemáticas y metaanálisis, centradas en la relación maltrato infantil-conductas antisociales (p.ej., Assink et al., 2015; Malvaso et al., 2016), sugieren que los factores familiares juegan un papel clave en reducir o aumentar la probabilidad de mostrar conductas antisociales a lo largo de la vida. Distintos trabajos señalan que la separación de los padres, el bajo nivel de educación de los padres, con antecedentes por consumo de sustancias, problemas de salud mental o delincuencia y las malas relaciones entre padres e hijos aumentan el riesgo de cometer conductas antisociales en la adultez (Farrington et al., 2015). Por lo tanto, para examinar la relación entre el maltrato infantil y las conductas antisociales, y comprender el vínculo entre estas conductas problemáticas es importante considerar tanto los factores individuales, como los factores contextuales. Existen diversos modelos teóricos que explican el vínculo entre el maltrato infantil y las conductas antisociales. Por ejemplo, el modelo teórico del aprendizaje social (Bandura, 1986) asume que la violencia es una conducta aprendida que se repite en las relaciones adultas. Así, los niños que observan en su hogar que la violencia es una forma aceptable de resolver los problemas, es muy probable que imiten o toleren las conductas agresivas y la violencia en la edad adulta. Asimismo, es importante mencionar la teoría general de la tensión (Agnew, 1992). Este modelo teórico sugiere que las personas, ante una fuente de tensión o entorno adverso (que les impide logros sociales positivos o les priva de gratificaciones que poseen o esperan poseer) que genera emociones negativas (p.ej., ira, frustración, resentimiento), intentarán corregir la situación desagradable mediante conductas que transgreden las normas morales y sociales. De esta manera, el bajo autocontrol y la baja autorregulación emocional las llevaría a involucrarse en actos violentos para aliviar la tensión experimentada (Agnew, 2001).
7 A pesar de existir un importante cuerpo de literatura científica centrado en describir, analizar y explicar el maltrato infantil y su relación con las conductas antisociales, y que además, informa sobre las graves consecuencias para la salud y el desarrollo psicosocial óptimo de las víctimas de maltrato infantil, es necesario seguir indagando en estas conductas problemáticas. Teniendo en cuenta la idiosincrasia del maltrato infantil resulta particularmente difícil planificar estrategias de prevención, detección e intervención, ya que los perpetradores son, al mismo tiempo, quienes ejercen la mayor influencia en las victimas. Asimismo, algunos estudios sugieren que existencia de ciertos efectos “durmientes” del maltrato sufrido en la infancia y ante la falta de un efecto inmediato podría volverse significativo más adelante en la vida. Por ello, tras la revisión del estado del arte, la hipótesis de partida del estudio es de tipo relacional analítico, en tanto en cuando se plantea que existe una relación entre el maltrato sufrido en la infancia y las conductas antisociales en la adultez. Así, el presente trabajo pretende examinar la relación entre el maltrato infantil y las conductas antisociales manifestadas en la edad adulta, teniendo en cuenta el testimonio de una víctima de este tipo de maltrato a través de sus memorias. Método Tipo de investigación Este estudio relacional analítico se aborda desde una metodología cualitativa. Se ha empleado esta metodología porque el estudio no pretende producir datos generalizables u obtener conocimiento nomotético (Olabuénaga, 2012), sino indagar en el fenómeno del maltrato infantil y su relación con las conductas antisociales a lo largo de la vida teniendo en cuenta la complejidad de la realidad en el cual se aborda. El estudio se realizó mediante la técnica de análisis de contenido, que consiste en leer de manera sistemática y objetiva el contenido de un documento escrito para luego analizar e interpretar la información con el fin de dar respuesta a la pregunta de investigación e interpretar de manera adecuada la realidad objeto de estudio (Braun & Clarke, 2006; Olabuénaga, 2012). Contexto de la investigación Para llevar a cabo el estudio se ha contado con una muestra no probabilística intencional razonada debido a la idoneidad del testimonio de Pascual Duarte de la novela La Familia de
8 Pascual Duarte de Camilo José Cela. La novela describe la vida de Pascual Duarte, de la niñez a la adultez, y su testimonio respecto a la manifestación de distintas conductas antisociales que acabaron en crímenes. La novela de corte realista está compuesta por un prólogo y cuatro partes: nota del transcriptor, carta anunciando el envío del original y cláusula del testamento, las memorias de Pascual Duarte, y finalmente, otra nota del transcriptor. La primera parte, la nota del transcriptor, describe cómo se encontró en el año 1939, en una farmacia de Almendralejo, el manuscrito que transcribe las memorias de Pascual Duarte. La segunda parte, señala la carta escrita por Pascual a Joaquín Barrera López desde la cárcel de Badajoz en 1937, anunciando el envío del manuscrito de sus memorias. La tercera parte, las memorias de Pascual Duarte, es la base de la novela y se presenta en XIX capítulos. La última parte, otra nota del transcriptor, describe cómo pasó Pascual sus últimos años en la cárcel de Chinchilla. Además, le siguen dos cartas, una escrita por Santiago Lurueña, el cura de la cárcel, y otra por Cesáreo Martin, el cabo de la guardia civil, que informan (cada una desde la perspectiva de quien la escribe) sobre los últimos días de vida y la muerte de Pascual Duarte. Estándares éticos de la investigación En toda investigación con seres humanos es necesario seguir las indicaciones de la Ley Orgánica 3/2018 de 5 de diciembre de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales, y los estándares éticos nacionales e internacionales establecidos en la Declaración de Helsinki. En el presente estudio, al analizar el texto de una novela, y por tanto, al tratarse de una fuente secundaria de información, los nombres que aparecen en el estudio se consideran seudónimos que el propio autor de la novela haya utilizado para preservar el anonimato y no revelar la identidad real de los informantes. Análisis de datos Para el análisis de los datos se ha empleado el software ATLAS.ti (v. 9.0), el cual ha permitido almacenar y codificar el texto completo transcrito de la novela. Para ello, se ha buscado el sentido de las palabras y el estudio de los temas propuestos, realizando una codificación mixta de carácter inductivo. Tras codificar y realizar el análisis semántico pormenorizado se llevó a cabo
9 un análisis analítico para comprender la relación entre las variables. Luego usando la técnica de triangulación se han contrastado los datos producidos (Creswell, 1998). En concreto, se ha contrastado el discurso del texto de la novela con lo que evidencia la literatura científica respecto al maltrato infantil y su vínculo con las conductas antisociales, particularmente con la violencia y el crimen en la edad adulta. Resultados La Figura 1 muestra relaciones entre el maltrato perpetrado por los padres y la implicación en conductas antisociales en la edad adulta según el testimonio de Pascual. Los resultados indican que durante su niñez Pascual ha sido víctima de malos tratos por parte de sus progenitores. Tal como afirma en su testimonio, Pascual ha sufrido violencia física “Yo, …si he de decir verdad tanto me daba el que cobrase el uno como el otro; unas veces me alegraba de que zurrase mi padre y otras mi madre, pero nunca hice de esto cuestión de gabinete.” (Cela, 2003, p. 38) También, ha sufrido maltrato de tipo emocional al ser privado del apoyo emocional que ofrece un contexto familiar adecuado para el desarrollo positivo del niño. Al referirse al padre, Pascual indica que “le tenía un gran respeto y no poco miedo, y siempre que podía escurría el bulto y procuraba no tropezármelo; era áspero y brusco y no toleraba que se le contradijese en nada...” (Cela, 2003, p. 35). Los gestos de afecto por parte de la madre también parecen ser escasos ya que “era también desabrida y violenta, tenía un humor que se daba a todos los diablos y un lenguaje en la boca que Dios le haya perdonado, porque blasfemaba las peores cosas a cada momento y por los más débiles motivos.” (Cela, 2003, p. 37). Esa falta de afecto y apoyo maternal se deja entrever cuando Pascual describe a su hermano, Mario, “pasábase los días y las noches llorando y aullando como un abandonado” (Cela, 2003, p. 58). Junto a sus hermanos, Pascual ha sufrido la negligencia de ambos progenitores. Sin embargo, destaca la negligencia materna al ser la madre quien favorece el abandono escolar temprano: “Mi madre no quería que fuese a la escuela y siempre que tenía ocasión, y aun a veces sin tenerla, solía decirme que para no salir en la vida de pobre no valía la pena aprender nada.” (Cela, 2003, p. 40), y quien desatiende las necesidades de los hijos. Por ejemplo, cuando describe la vida del hermano, Pascual indica que “… se pasaba los meses tirado por los suelos, comiendo
16 víctimas de maltrato infantil tienen mayor probabilidad de mostrar violencia, consumo de sustancias y otras conductas antisociales a lo largo de la vida. Ante la creciente sensibilización y relevancia social, el objetivo del presente trabajo fue abordar el fenómeno del maltrato en la niñez e indagar en su relación con las distintas conductas antisociales para comprender qué determina a algunas víctimas de maltrato infantil mostrar conductas antisociales en la adultez. Para ello, se ha tenido en cuenta el testimonio de Pascual, el protagonista de la novela La Familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela. Es bien sabido que la familia, y concretamente, los padres tienen un papel crucial en el contexto de socialización de sus hijos al brindarles el apoyo emocional necesario para su desarrollo positivo. Sin embargo, el testimonio de Pascual mostró que los padres también pueden tener una influencia no deseada sobre los hijos. El presente trabajo sugiere que el maltrato infantil perpetrado por los padres se relaciona con distintas conductas antisociales en la adultez, y además, las variables centradas en la familia podrían mediar en esta relación. Las vivencias de Pascual han mostrado que los padres implicados en violencia doméstica y otras conductas antisociales influyeron negativamente en la socialización del hijo. La literatura previa sobre conductas antisociales (ver Bandura, 1986) había señalado que ante modelos negativos de conducta que usan la violencia como estrategia aceptable para resolver los problemas, los niños aprenden a transgredir las normas sociales y morales, tolerando la violencia hasta el punto de normalizarla. Algunos estudios previos (ver Stewart et al., 2008) han señalado que a pesar del daño que el maltrato infantil podría causar a la integridad física y psicológica del niño no todas las víctimas se ven afectadas de la misma manera, por lo que no todas las víctimas de maltrato infantil muestran conductas antisociales a corto o a largo plazo. El testimonio de Pascual sugirió que las consecuencias del maltrato infantil dependen de otros factores, como por ejemplo la existencia de figuras de apoyo o de las características individuales del niño. Es posible que la falta de figuras de apoyo tanto en la niñez, como en la edad adulta podría haber incrementado las probabilidades de implicación en conductas antisociales. Es posible que debido al maltrato perpetrado en la niñez por los padres, figuras significativas que deberían aportar apoyo emocional y seguridad, el vínculo afectivo con la madre se haya roto, condicionando así las conductas de Pascual a lo largo de la vida. La frustración generada por la falta de afecto y apoyo materno parece haber motivado el odio
17 que Pascual mencionó en su testimonio. Probablemente esta falta de afecto y apoyo sea el “mal” (Cela, 2003, p. 63) que su madre le causó, ya que Pascual en ningún momento explicitó claramente en qué consistió su maldad. Además, es interesante señalar que probablemente la falta de vínculo afectivo con la madre ha determinado a Pascual no desvelar su nombre y de esta manera deshumanizarla con el fin de justificar moralmente el matricidio. Por otra parte, los resultados han mostrado que las competencias sociales, emocionales y morales tienen un rol clave tanto para afrontar las situaciones de maltrato, como para la implicación en conductas antisociales, incluida la delincuencia. Estas competencias hacen referencia a distintos conocimientos, actitudes y habilidades para percibir, comprender y gestionar emociones propias y de los demás, a distintas habilidades relacionales, al conjunto de principios, normas y valores que dirigen la conducta y aplicarlos de manera deseable a distintas situaciones de la vida (ver Fernández-Berrocal et al., 2017; Gómez-Ortiz et al., 2017). En línea con estudios previos (ver el metaanálisis de Durlak et al., 2011) que avalan el papel de estas competencias para promover el desarrollo psicosocial positivo de las personas, es posible sugerir que lograr un nivel adecuado de competencias sociales, emocionales y morales protegería a las personas de la victimización y de verse implicadas en conductas antisociales. En este sentido, es importante que los programas de prevención e intervención promuevan las competencias sociales, emocionales y morales (como el autocontrol, comprensión y autorregulación emocional, habilidades relacionales y habilidades para tomar decisiones responsables, entre otras) para reducir las conductas antisociales, incluido el maltrato infantil. Teniendo en cuenta la complejidad de la realidad que aborda este estudio, cabe destacar la dificultad para determinar el factor o la combinación de factores que podrían tener una mayor influencia o explicar la existencia de una relación causal entre el maltrato infantil y las conductas antisociales. No obstante, el testimonio de Pascual ha permitido identificar algunas variables como las competencias sociales, emocionales y morales, el apoyo socioemocional, las conductas antisociales de los padres incluido el consumo de sustancias, la violencia en la pareja, entre otros, que podrían ser factores clave para comprender la relación entre el maltrato sufrido en la niñez y las conductas antisociales en la adultez. En este sentido futuros trabajos que utilicen un diseño
18 longitudinal o experimental podrán examinar estas variables para esclarecer su influencia y avanzar en el estudio del maltrato infantil y otras conductas antisociales. Conclusiones Los resultados de este estudio pretenden arrojar luz para comprender qué determina algunas víctimas de maltrato infantil mostrar conductas antisociales en la adultez. Este trabajo proporciona información útil para los programas de prevención resaltando que para prevenir las conductas antisociales a nivel individual, comunitario y social, es fundamental empezar desde edades muy tempranas, ya que las personas que muestran este tipo de conductas problemáticas las desarrollan en la niñez y adolescencia, pudiendo continuar durante toda la vida si no se reducen los factores de riesgo y se promueven los factores de protección. En este sentido, una correcta actuación por parte de la escuela es crucial e implica contar con estrategias de prevención, detección e intervención temprana. Además, es fundamental que la actuación por parte de la escuela incluya profesorado que tenga los conocimientos y esté entrenado adecuadamente en la detección y prevención las distintas conductas antisociales, incluido el maltrato infantil. Por otra parte, la escuela al ser un contexto formal y socializador debe ofrecer a todo el alumnado, incluyendo el menos favorecido, la oportunidad de adquirir competencias sociales, emocionales y morales, y educación para la vida. Referencias Agnew, R. (1992). Foundation for a general strain theory of crime and delinquency. Criminology, 30(1), 47-88. Agnew, R. (2001). Building on the foundation of general strain theory: Specifying the types of strain most likely to lead to crime and delinquency. Journal of Research in Crime and Delinquency, 38(4), 319-361. Bandura, A. (1986). Social foundation of thought and action: A social cognitive theory. Prentice- Hall. Braga, T., Goncalves, L. C., Basto-Pereira, M., & Maia, A. (2017). Unraveling the link between maltreatment and juvenile antisocial behavior: A meta-analysis of prospective longitudinal studies. Aggression and Violent Behavior, 33, 37–50.
19 Braun, V., & Clarke, V. (2006). Using thematic analysis in psychology. Qualitative Research in Psychology, 3(2), 77-101. http://doi.org/10.1191/1478088706qp063oa Cela, C. J. (2003). La Familia de Pascual Duarte (47 ed.). Barcelona: Destino. Craig, J. M., Malvaso, C., & Farrington, D. P. (2021). All in the family? Exploring the intergenerational transmission of exposure to adverse childhood experiences and their effect on offending behavior? Youth Violence and Juvenile Justice, 19(3), 1–16. https://doi.org/10.1177/15412040211003648 Creswell, J. W. (1998). Qualitative inquiry and research design. Choosing among five approaches. SAGE Publications. Durlak, J. A., Weissberg, R. P., Dymnicki, A. B., Taylor, R. D., & Schellinger, K. B. (2011). The impact of enhancing students’ social and emotional learning: A meta-analysis of schoolbased universal interventions. Child Development, 82, 405-432. Farrington, D. P., Ttofi, M. M., Crago, R. V., & Coid, J. W. (2015). Intergenerational similarities in risk factors for offending. Journal of Developmental and Life-Course Criminology, 1, 48–62. Fernández-Berrocal, P., Cabello, R., & Gutiérrez-Cobo, M. J. (2017). Avances en la investigación sobre competencias emocionales en educación. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 88, 15 - 26. Gómez-Ortiz, O., Romera-Félix, E. M., & Ortega-Ruiz, R. (2017). La competencia para gestionar las emociones y la vida social, y su relación con el fenómeno de acoso y la convivencia escolar. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 88, 27 - 38. Ley Orgánica 3/2018 de 5 de diciembre de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales. BOE núm. 294, de 6 de diciembre de 2018. https://bit.ly/3pVhTkl Malvaso, C., Delfabbro, P., & Day, A. (2016). Risk factors that influence the maltreatment offending association: A systematic review of prospective and longitudinal studies. Aggression and Violent Behavior, 31, 1–15. http://dx.doi.org/10.1016/j.avb.2016.06.006. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. (2011). Maltrato infantil en la familia en España. Informe del Centro Reina Sofía. Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Olabuénaga, J. I. (2012). Teoría y práctica de la investigación cualitativa. Deusto Digital.
20 Organización Mundial de la Salud. (2013). European report on preventing child maltreatment. WHO Regional Office for Europe. http://www.euro.who.int/__data/assets /pdf_file/ 0019/217018/European-Report-on-Preventing-Child-Maltreatment.pdf Organización Mundial de la Salud. (2018). European status report on preventing child maltreatment. WHO Regional Office for Europe. https://www.euro.who.int/__data/assets/ pdf_file/0017/381140/wh12-ecm-rep-eng.pdf Rutter, M., Giller, H., & Hagell, A. (1998). Antisocial behavior by young people. Cambridge University Press Stewart, A., Livingston, M., & Dennison, S. (2008). Transitions and turning points: Examining the links between child maltreatment and juvenile offending. Child Abuse & Neglect, 32(1), 51–66. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2007.04.011 Thornberry, T. P., Knight, K. E., & Lovegrove, P. J. (2012). Does maltreatment beget maltreatment? A systematic review of the intergenerational literature. Trauma, Violence, & Abuse, 13(3), 135–152. Wilson, H. W., Smith Stover, C., & Berkowitz, S. (2009). Research Review: The relationship between childhood violence exposure and juvenile antisocial behavior: A meta-analytic review. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 50(7), 769–779.
21 Anexo Informe de citas y códigos generado por el programa ATLAS.ti para el proyecto “El maltrato infantil y su relación con las conductas antisociales en la edad adulta” 118 Citas 1:1 ¶ 10 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “no he corregido ni añadido ni una tilde, porque he querido respetar el relato hasta en su estilo.” 1:2 ¶ 11 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “El personaje, a mi modo de ver, y quizá por lo único que lo saco a la luz, es un modelo de conductas; un modelo no para imitarlo, sino para huirlo; un modelo ante el cual toda actitud de duda sobra;” 1:3 ¶ 20 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “como quiero descargar, en lo que pueda, mi conciencia con esta pública confesión, que no es poca penitencia, es por lo que me he inclinado a relatar algo de lo que me acuerdo de mi vida. Nunca fue la memoria mi punto fuerte, y sé que es muy probable que me haya olvidado de muchas cosas incluso interesantes, pero a pesar de ello me he metido a contar aquella parte que no quiso borrárseme de la cabeza y que la mano no se resistió a trazar sobre el papel, porque otra parte hubo que al intentar contarla sentía tan grandes arcadas en el alma que preferí callármela y ahora olvidarla.” 1:4 ¶ 22 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Noto cierto descanso después de haber relatado todo lo que pasé, y hay momentos en que hasta la conciencia quiere remorderme menos.” 1:5 ¶ 23 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Pesaroso estoy ahora de haber equivocado mi camino, pero ya ni pido perdón en esta vida. ¿Para qué? Tal vez sea mejor que hagan conmigo lo que está dispuesto, porque es más que probable que si no lo hicieran volviera a las andadas. No quiero pedir el indulto, porque es demasiado lo malo que la vida me enseñó y mucha mi flaqueza para resistir al instinto. Hágase lo que está escrito en el libro de los Cielos.” 1:6 ¶ 46 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte.” 1:7 ¶ 49 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi casa estaba fuera del pueblo, a unos doscientos pasos largos de las últimas de la piña. Era estrecha y de un solo piso, como correspondía a mi posición, pero como llegué a tomarle cariño, temporadas hubo en que hasta me sentía orgulloso de ella. En realidad lo único de la casa que se podía ver era la cocina, lo primero que se encontraba al entrar, siempre limpia y blanqueada con primor; cierto es que el suelo era de tierra, pero tan bien pisada la tenía, con sus guijarrillos haciendo dibujos, que en nada desmerecía de otras muchas en las que el dueño había echado porlan por sentirse más moderno.”
22 1:8 ¶ 49 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Teníamos también un reló despertador colgado de la pared, que no es por nada, pero siempre funcionó como Dios manda, y un acerico de peluche colorado, del que estaban clavados unos bonitos alfileres con sus cabecitas de vidrio de color. El mobiliario de la cocina era tan escaso como sencillo: tres sillas —una de ellas muy fina, con su respaldo y sus patas de madera curvada, y su culera de rejilla —y una mesa de pino, con su cajón correspondiente, que resultaba algo baja para las sillas, pero hacía su avío. En la cocina se estaba bien: era cómoda y en el verano, como no la encendíamos, se estaba fresco sentado sobre la piedra del hogar cuando, a la caída de la tarde, abríamos las puertas de par en par; en el invierno se estaba caliente con las brasas que, a veces, cuidándolas un poco, guardaban el rescoldo toda la noche.” 1:9 ¶ 50 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “El resto de la casa no merece la pena ni describirlo, tal era su vulgaridad. Teníamos otras dos habitaciones, si habitaciones hemos de llamarlas por eso de que estaban habitadas, ya que no por otra cosa alguna, y la cuadra, que en muchas ocasiones pienso ahora que no sé por qué la llamábamos así, de vacía y desamparada como la teníamos. En una de las habitaciones dormíamos yo y mi mujer, y en la otra mis padres hasta que Dios, o quién sabe si el diablo, quiso llevárselos; después quedó vacía casi siempre, al principio porque no había quien la ocupase, y más tarde, cuando podía haber habido alguien; porque este alguien prefirió siempre la cocina, que además de ser más clara no tenía soplos. Mi hermana, cuando venía, dormía siempre en ella, y los chiquillos, cuando los tuve, también tiraban para allí en cuanto se despegaban de la madre. La verdad es que las habitaciones no estaban muy limpias ni muy construidas, pero en realidad tampoco había para quejarse; se podía vivir, que es lo principal, a resguardo de las nubes de la navidad, y a buen recaudo — para lo que uno se merecía— de las asfixias de la Virgen de agosto. La cuadra era lo peor; era lóbrega y oscura, y en sus paredes estaba empapado el mismo olor a bestia muerta que desprendía el despeñadero cuando allá por el mes de mayo comenzaban los animales a criar la carroña que los cuervos habíanse de comer.” 1:10 ¶ 52 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “En la cuadra teníamos un burrillo matalón y escurrido de carnes que nos ayudaba en la faena y, cuando las cosas venían bien dadas, que dicho sea pensando en la verdad no siempre ocurría, teníamos también un par de guarros (con perdón) o tres. En la parte de atrás de la casa teníamos un corral o saledizo, no muy grande, pero que nos hacía su servicio, y en él un pozo que andando el tiempo hube de cegar porque dejaba manar un agua muy enfermiza.” 1:11 ¶ 54 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “la pesca siempre me pareció pasatiempo poco de hombres, y las más de las veces dedicaba mis ocios a la caza; en el pueblo me dieron fama de no hacerlo mal del todo y, modestia aparte, he de decir con sinceridad que no iba descaminado quien me la dio.” 1:12 ¶ 55 – 56 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “La perra volvió a echarse frente a mí y volvió a mirarme; ahora me doy cuenta de que tenía la mirada de los confesores, escrutadora y fría, como dicen que es la de los linces… un temblor recorrió todo mi cuerpo; parecía como una corriente que forzaba por salirme por los brazos, el pitillo se me había apagado; la escopeta, de un solo caño, se dejaba acariciar, lentamente, entre mis piernas. La perra seguía mirándome fija, como si no me hubiera visto nunca, como si fuese a culparme de algo de un momento a otro, y su mirada me calentaba la sangre de las venas de tal
23 manera que se veía llegar el momento en que tuviese que entregarme; hacía calor, un calor espantoso, y mis ojos se entornaban dominados por el mirar, como un clavo, del animal. Cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura y pegajosa que se extendía poco a poco por la tierra.” 1:13 ¶ 61 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón cuando yo niño, y alto y gordo como un monte. Tenía la color tostada y un estupendo bigote negro que se echaba para abajo. Según cuentan, cuando joven le tiraban las guías para arriba, pero, desde que estuvo en la cárcel, se le arruinó la prestancia, se le ablandó la fuerza del bigote y ya para abajo hubo que llevarlo hasta el sepulcro. Yo le tenía un gran respeto y no poco miedo, y siempre que podía escurría el bulto y procuraba no tropezármelo; era áspero y brusco y no toleraba que se le contradijese en nada, manía que yo respetaba por la cuenta que me tenía. Cuando se enfurecía, cosa que le ocurría con mayor frecuencia de lo que se necesitaba, nos pegaba a mi madre y a mí las grandes palizas por cualquiera la cosa, palizas que mi madre procuraba devolverle por ver de corregirlo, pero ante las cuales a mí no me quedaba sino resignación dados mis pocos años.” 1:14 ¶ 61 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Según cuentan, cuando joven le tiraban las guías para arriba, pero, desde que estuvo en la cárcel, se le arruinó la prestancia, se le ablandó la fuerza del bigote y ya para abajo hubo que llevarlo hasta el sepulcro” 1:15 ¶ 62 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Lo guardaron por contrabandista; por lo visto había sido su oficio durante muchos años, pero como el cántaro que mucho va a la fuente acaba por romperse, y como no hay oficio sin quiebra, ni atajo sin trabajo, un buen día, a lo mejor cuando menos lo pensaba —que la confianza es lo que pierde a los valientes—, le siguieron los carabineros, le descubrieron el alijo, y lo mandaron a presidio.” 1:16 ¶ 63 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien de estatura; era larga y chupada y no tenía aspecto de buena salud, sino que, por el contrario, tenía la tez cetrina y las mejillas hondas y toda la presencia o de estar tísica o de no andarle muy lejos; era también desabrida y violenta, tenía un humor que se daba a todos los diablos y un lenguaje en la boca que Dios le haya perdonado, porque blasfemaba las peores cosas a cada momento y por los más débiles motivos. Vestía siempre de luto y era poco amiga del agua, tan poco que si he de decir la verdad, en todos los años de su vida que yo conocí, no la vi lavarse más que en una ocasión en que mi padre la llamó borracha y ella quiso como demostrarle que no le daba miedo el agua. El vino en cambio ya no le disgustaba tanto y siempre que apañaba algunas perras, o que le rebuscaba el chaleco al marido, me mandaba a la taberna por una frasca que escondía, porque no se la encontrase mi padre, debajo de la cama. Tenía un bigotillo cano por las esquinas de los labios, y una pelambrera enmarañada y zafia que recogía en un moño, no muy grande, encima de la cabeza. Alrededor de la boca se le notaban unas cicatrices o señales, pequeñas y rosadas como perdigonadas, que según creo, le habían quedado de unas bubas malignas que tuviera de joven; a veces, por el verano, a las señales les volvía la vida, se les subía la color y acababan formando como alfileritos de pus que el otoño se ocupaba de matar y el invierno de barrer.”
24 1:17 ¶ 64 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de virtudes y su falta de conformidad con lo que Dios les mandaba —defectos todos ellos que para mi desgracia hube de heredar —y esto hacía que se cuidaran bien poco de pensar los principios y de refrenar los instintos, lo que daba lugar a que cualquier motivo, por pequeño que fuese, bastara para desencadenar la tormenta que se prolongaba después días y días sin que se le viese el fin. Yo, por lo general, no tomaba el partido de ninguno porque si he de decir verdad tanto me daba el que cobrase el uno como el otro; unas veces me alegraba de que zurrase mi padre y otras mi madre, pero nunca hice de esto cuestión de gabinete.” 1:18 ¶ 65 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi madre no sabía leer ni escribir; mi padre sí, y tan orgulloso estaba de ello que se lo echaba en cara cada lunes y cada martes y, con frecuencia y aunque no viniera a cuento, solía llamarla ignorante, ofensa gravísima para mi madre, que se ponía como un basilisco. Algunas tardes venía mi padre para casa con un papel en la mano y, quisiéramos que no, nos sentaba a los dos en la cocina y nos leía las noticias; venían después los comentarios y en ese momento yo me echaba a temblar porque estos comentarios eran siempre el principio de alguna bronca. Mi madre, por ofenderlo, le decía que el papel no decía nada de lo que leía y que todo lo que decía se lo sacaba mi padre de la cabeza, y a éste, el oírla esa opinión le sacaba de quicio; gritaba como si estuviera loco, la llamaba ignorante y bruja y acababa siempre diciendo a grandes voces que si él supiera decir esas cosas de los papeles a buena hora se le hubiera ocurrido casarse con ella. Ya estaba armada. Ella le llamaba desgraciado y peludo, lo tachaba de hambriento y portugués, y él, como si esperara a oír esa palabra para golpearla, se sacaba el cinturón y la corría todo alrededor de la cocina hasta que se hartaba. Yo, al principio, apañaba algún cintarazo que otro, pero cuando tuve más experiencia y aprendí que la única manera de no mojarse es no estando a la lluvia, lo que hacía, en cuanto veía que las cosas tomaban mal cariz, era dejarlos solos y marcharme.” 1:19 ¶ 66 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “La verdad es que la vida en mi familia poco tenía de placentera, pero como no nos es dado escoger, sino que ya —y aun antes de nacer— estamos destinados unos a un lado y otros a otro, procuraba conformarme con lo que me había tocado, que era la única manera de no desesperar.” 1:20 ¶ 66 – 69 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “De pequeño, que es cuando más manejable resulta la voluntad de los hombres, me mandaron una corta temporada a la escuela; decía mi padre que la lucha por la vida era muy dura y que había que irse preparando para hacerla frente con las únicas armas con las que podíamos dominarla, con las armas de la inteligencia. Me decía todo esto de un tirón y como aprendido, y su voz en esos momentos me parecía más velada y adquiría unos matices insospechados para mí. Después, y como arrepentido, se echaba a reír estrepitosamente y acababa siempre por decirme, casi con cariño: —No hagas caso, muchacho. ¡Ya voy para viejo! Y se quedaba pensativo y repetía en voz baja una y otra vez: —¡Ya voy para viejo…! ¡Ya voy para viejo…!” 1:21 ¶ 70 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi instrucción escolar poco tiempo duró. Mi padre, que, como digo, tenía un carácter violento y autoritario para algunas cosas, era débil y pusilánime para otras: en general tengo observado que
25 el carácter de mi padre sólo lo ejercitaba en asuntillos triviales, porque en las cosas de trascendencia, no sé si por temor o por qué, rara vez hacía hincapié.” 1:22 ¶ 70 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi madre no quería que fuese a la escuela y siempre que tenía ocasión, y aun a veces sin tenerla, solía decirme que para no salir en la vida de pobre no valía la pena aprender nada. Dio en terreno abonado, porque a mí tampoco me seducía la asistencia a las clases, y entre los dos, y con la ayuda del tiempo, acabamos convenciendo a mi padre que optó porque abandonase los estudios. Sabía ya leer y escribir, y sumar y restar, y en realidad para manejarme ya tenía bastante. Cuando dejé la escuela tenía doce años;” 1:23 ¶ 71 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Como la pobre nunca fue un modelo de virtudes ni de dignidades y como no sabía sufrir y callar, como yo, lo resolvía todo a gritos.” 1:24 ¶ 72 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi padre llevaba ya un largo rato paseando a grandes zancadas por la cocina. Cuando Rosario nació se arrimó hasta la cama de mi madre y sin consideración ninguna de la circunstancia, la empezó a llamar bribona y zorra y a arrearle tan fuertes hebillazos que extrañado estoy todavía de que no la haya molido viva. Después se marchó y tardó dos días enteros en volver; cuando lo hizo venía borracho como una bota; se acercó a la cama de mi madre y la besó; mi madre se dejaba besar… Después se fue a dormir a la cuadra.” 1:25 ¶ 78 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi padre andaba desazonado viendo que la criatura no prosperaba, y como lo resolvía todo echándose más vino por el gaznate, nos tocó pasar a mi madre y a mí por una temporada que tan mala llegó a ser que echábamos de menos el tiempo pasado, que tan duro nos parecía cuando no lo habíamos conocido peor.” 1:26 ¶ 79 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi madre, que había quedado aún más baja de salud que antes de parir, apañaba unas tundas soberanas, y a mí, que no le resultaba nada fácil cogerme, me arreaba unas punteras al desgaire cuando me tropezaba, que vez hubo de levantarme la sangre del trasero (con perdón), o de dejarme el costillar tan señalado como si me lo hubiera tocado con el hierro de marcar.” 1:27 ¶ 81 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “El efecto que su marcha produjo en mi casa ya se puede figurar usted cuál fue; mi padre culpaba a mi madre, mi madre culpaba a mi padre… En lo que más se notó la falta de Rosario fue en las escandaleras de mi padre, porque si antes, cuando ella estaba, procuraba armarlas fuera de su presencia, ahora, al faltar, y al no estar ella nunca delante, cualquiera hora y lugar le parecía bueno para organizarlas. Es curioso pensar que mi padre, que a bruto y cabezón ganaban muy pocos, era a ella la única persona que escuchaba; bastaba una mirada de Rosario para calmar sus iras, y en más de una ocasión buenos golpes se ahorraron con su sola presencia. ¡Quién iba a suponer que a aquel hombrón lo había de dominar una tierna criatura!” 1:28 ¶ 82 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “mi padre —que borracho y pendenciero sí sería, pero cristiano viejo y de la mejor ley también lo era”
32 “El pensar que aquel tierno pedazo de carne que era mi hijo, a tales peligros había de estar sujeto, me ponía las carnes de gallina. —Le pondremos vacuna. —Cuando sea mayorcito… —Y lo llevaremos siempre calzado, porque no se corte los pies. —Y cuando tenga siete añitos lo mandaremos a la escuela… —Y yo le enseñaré a cazar… Lola se reía, ¡era feliz! Yo también me sentía feliz, ¿por qué no decirlo?, viéndola a ella, hermosa como pocas, con un hijo en el brazo como una santa María. —¡Haremos de él un hombre de provecho!” 1:61 ¶ 455 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Nuestra ilusión, todo nuestro bien, nuestra fortuna entera, que era nuestro hijo, habíamos de acabar perdiéndolo aun antes de poder probar a encarrilarlo.” 1:62 ¶ 513 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “yo me quedé en la cocina fumando un pitillo, ese pitillo que siempre me cogen fumando los momentos de apuro.” 1:63 ¶ 514 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Pocos días duró. Cuando lo devolvimos a la tierra, once meses tenía; once meses de vida y de cuidados a los que algún mal aire traidor echó por el suelo…” 1:64 ¶ 520 – 521 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Se me ocurren estos pensamientos porque si cuando el aborto de Lola y las cuchilladas de Zacarías creí desfallecer de la nostalgia, no por otra cosa era — ¡bien es cierto!— sino porque aún no sospechaba en lo que había de parar.” 1:65 ¶ 522 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Tres mujeres hubieron de rodearme cuando Pascualillo nos abandonó; tres mujeres a las que por algún vínculo estaba unido, aunque a veces me encontrase tan extraño a ellas como al primer desconocido que pasase, tan desligado de ellas como del resto del mundo, y de esas tres mujeres, ninguna, créame usted, ninguna, supo con su cariño o con sus modales hacerme más llevadera la pena de la muerte del hijo; al contrario, parecía como si se hubiesen puesto de acuerdo para amargarme la vida. Esas tres mujeres eran mi mujer, mi madre y mi hermana.” 1:66 ¶ 524 – 534 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Las mujeres son como los grajos, de ingratas y malignas. Siempre estaban diciendo: —¡El angelito que un mal aire se llevó! —¡Para los limbos por librarlo de nosotros! —¡La criatura que era mismamente un sol! —¡Y la agonía! —¡Que ahogadito en los brazos lo hube de tener! Parecía una letanía, agobiadora y lenta como las noches de vino, despaciosa y cargante como las andaduras de los asnos. Y así un día, y otro día, y una semana, y otra… ¡Aquello era horrible, era un castigo de los cielos, a buen seguro, una maldición de Dios!
33 Y yo me contenía. Es el cariño —pensaba— que las hace ser crueles sin querer.» Y trataba de no oír, de no hacer caso, de verlas accionar sin tenerlas más en cuenta que si fueran fantoches, de no poner cuidado en sus palabras… Dejaba que la pena muriese con el tiempo, como las rosas cortadas, guardando mi silencio como una joya por intentar sufrir lo menos que pudiera. ¡Vanas ilusiones que no habían de servirme para otra cosa que para hacerme extrañar más cada día la dicha de los que nacen para la senda fácil, y cómo Dios permitía que tomarais cuerpo en mi imaginación! Temía la puesta del sol como al fuego o como a la rabia;” 1:67 ¶ 546 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Las más grandes tragedias de los hombres parecen llegar como sin pensarlas, con su paso, de lobo cauteloso, a asestarnos su aguijonazo repentino y taimado como el de los alacranes.” 1:68 ¶ 575 – 577 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Estaba como loca, como poseída por todos los demonios, alborotada y fiera como un gato montés… Yo aguantaba callado la gran verdad. —¡Eres como tu hermano! …la puñalada a traición que mi mujer gozaba en asestarme…” 1:69 ¶ 584 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi madre no podía reprochar mi dolor, el dolor que en mi pecho dejara el hijo muerto, la criatura que en sus once meses fue talmente un lucero.” 1:70 ¶ 585 – 598 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Se lo dije bien claro; todo lo claro que se puede hablar. —El fuego ha de quemarnos a los dos, madre. —¿Qué fuego? —Ese fuego con el que usted está jugando… Mi madre puso un gesto como extraño. —¿Qué es lo que quieres ver? —Que tenemos los hombres un corazón muy recio. —Que para nada os sirve… —¡Nos sirve para todo! No entendía; mi madre no entendía. Me miraba, me hablaba… ¡Ay, si no me mirara! —¿Ves los lobos que tiran por el monte, el gavilán que vuela hasta las nubes, la víbora que espera entre las piedras? —¡Pues peor que todos juntos es el hombre! —¿Por qué me dices esto? —¡Por nada! Pensé decirle: —¡Porque os he de matar!” 1:71 ¶ 614 – 625 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “—Rosario, hermana mía… —Pascual… —Triste es el tiempo que a los dos nos aguarda. —Todo se arreglará… —¡Dios lo haga! Mi madre volvía a intervenir.
34 —Mal arreglo le veo. Y mi mujer, ruin como las culebras, sonreía su maldad. —¡Bien triste es esperar que sea Dios quien lo arregle! Dios está en lo más alto y es como un águila con su mirar; no se le escapa detalle. —¡Y si Dios lo arreglase! —No nos querrá tan bien…” 1:72 ¶ 626 – 628 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Se mata sin pensar, bien probado lo tengo; a veces, sin querer. Se odia, se odia intensamente, ferozmente, y se abre la navaja, y con ella bien abierta se llega, descalzo, hasta la cama donde duerme el enemigo. Es de noche, pero por la ventana entra el claror de la luna; se ve bien. Sobre la cama está echado el muerto, el que va a ser el muerto. Uno lo mira; lo oye respirar; no se mueve, está quieto como si nada fuera a pasar. Como la alcoba es vieja, los muebles nos asustan con su crujir que puede despertarlo, que a lo mejor había de precipitar las puñaladas. El enemigo levanta un poco el embozo y se da la vuelta: sigue dormido. Su cuerpo abulta mucho; la ropa engaña. Uno se acerca cautelosamente; lo toca con la mano con cuidado. Está dormido, bien dormido; ni se había de enterar… Pero no se puede matar así; es de asesinos. Y uno piensa volver sobre sus pasos, desandar lo ya andado… No; no es posible. Todo está muy pensado; es un instante, un corto instante y después… Pero tampoco es posible volverse atrás. El día llegará y en el día no podríamos aguantar su mirada, esa mirada que en nosotros se clavará aún sin creerlo.” 1:73 ¶ 629 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Habrá que huir; que huir lejos del pueblo, donde nadie nos conozca, donde podamos empezar a odiar con odios nuevos. El odio tarda años en incubar; uno ya no es un niño y cuando el odio crezca y nos ahogue los pulsos, nuestra vida se irá. El corazón no albergará más hiel y ya estos brazos, sin fuerza, caerán…” 1:74 ¶ 635 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Lo digo porque, si bien más tiempo, mucho más tiempo del debido tardé en averiguar que la tranquilidad es como una bendición de los cielos, como la más preciada bendición que a los pobres y a los sobresaltados nos es dado esperar, ahora que ya lo sé, ahora que la tranquilidad con su amor ya me acompaña, disfruto de ella con un frenesí y un regocijo que mucho me temo que, por poco que me reste de respirar —¡y bien poco me resta!—, la agote antes de tiempo. Es probable que si la paz a mí me hubiera llegado algunos años antes, a estas alturas fuera, cuando menos, cartujo, porque tal luz vi en ella y tal bienestar, que dudo mucho que entonces no hubiera sido fascinado como ahora lo soy.” 1:75 ¶ 636 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “En este largo mes que dediqué a pensar, todo pasó por mí: la pena y la alegría, el gozo y la tristeza, la fe y la desazón y la desesperanza… ¡Dios, y en qué flacas carnes fuiste a experimentar!” 1:76 ¶ 664 – 665 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Cuando don Santiago me dio la bendición, tuve que hacer un esfuerzo extraordinario para recibirla sin albergar pensamientos siniestros en la cabeza; la recibí lo mejor que pude, se lo aseguro. Pasé mucha vergüenza, muchísima, pero nunca fuera tanta como la que creí pasar.
35 No pude pegar ojo en toda la noche y hoy estoy fatigado y abatido como si me hubieran dado una paliza;” 1:78 ¶ 667 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “¡Buena diferencia va entre lo pasado y lo que yo procuraría que pasara si pudiese volver a comenzar!, pero hay que conformarse con lo inevitable, con lo que no tiene arreglo posible; a lo hecho pecho, y tratar de evitar que continúe, que bien lo evito aunque ayudado —es cierto— por el encierro.” 1:79 ¶ 673 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “No perdí el tiempo en preparar la huida; asuntos hay que no admiten la espera, y éste uno de ellos es. Volqué el arca en la bolsa, la despensa en la alforja y el lastre de los malos pensamientos en el fondo del pozo y, aprovechándome de la noche como un ladrón, cogí el portante, enfilé la carretera y comencé a caminar.” 1:80 ¶ 676 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “En Madrid no estuve muchos días, no llegaron a quince, y el tiempo que en él paré lo dediqué a divertirme lo más barato que podía y a comprar algunas cosillas que necesitaba y que encontré a buen precio en la calle de Postas y en la plaza Mayor; por las tardes, a eso de la caída del sol, me iba a gastar una peseta en un café cantante que había en la calle de la Aduana —el Edén Concert se llamaba— y ya en él me quedaba, viendo las artistas, hasta la hora de la cena, en que tiraba para la buhardilla del Estévez, en la calle de la Ternera. Cuando llegaba, ya allí me lo encontraba por regla general; la mujer sacaba el cocido, nos lo comíamos, y después nos liábamos a la baraja acompañados de dos vecinos que subían todas las noches, alrededor de la camilla, con los pies bien metidos en las brasas, hasta la madrugada. A mí aquella vida me resultaba entretenida y si no fuera porque me había hecho el firme propósito de no volver al pueblo, en Madrid me hubiera quedado hasta agotar el último céntimo.” 1:81 ¶ 678 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “por lo visto, el otro había mirado para la Concepción, pero lo que más extrañado me tiene todavía es cómo, con la sarta de insultos que se escupieron, no hicieron ni siquiera ademán de llegar a las manos. Se mentaron a las madres, se llamaron a grito pelado chulos y cornudos, se ofrecieron comerse las asaduras, pero lo que es más curioso, ni se tocaron un pelo de la ropa. Yo estaba asustado viendo tan poco frecuentes costumbres pero, como es natural, no metí baza, aunque andaba prevenido por si había de salir en defensa del amigo. Cuando se aburrieron de decirse inconveniencias se marcharon cada uno por donde había venido y allí no pasó nada.” 1:82 ¶ 679 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “¡Así da gusto! Si los hombres del campo tuviéramos las tragaderas de los de las poblaciones, los presidios estarían deshabitados como islas.” 1:83 ¶ 688 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “En realidad no deja de ser natural que mi mujer, joven y hermosa por entonces, notase demasiado, para lo poco instruida que era, la falta del marido: mi huida, mi mayor pecado, el que nunca debí cometer y el que Dios quiso castigar quién sabe si hasta con crueldad…” 1:84 ¶ 711 – 720 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Lola se echó a llorar amargamente. Con un hilo de voz me confesó:
36 —Voy a tener un hijo. —¿Otro hijo? —Sí. Yo me quedé como asustado. —¿De quién? —¡No preguntes! —¿Que no pregunte? ¡Yo quiero preguntar! ¡Soy tu marido! Ella soltó la voz. —¡Mi marido que me quiere matar! ¡Mi marido que me tiene dos largos años abandonada! ¡Mi marido que me huye como si fuera una leprosa! Mi marido… —¡No sigas!” 1:85 ¶ 721 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Sí; mejor era no seguir, me lo decía la conciencia. Mejor era dejar que el tiempo pasara, que el niño naciera… Los vecinos empezarían a hablar de las andanzas de mi mujer, me mirarían de reojo, se pondrían a cuchichear en voz baja al verme pasar…” 1:86 ¶ 731 – 739 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “—Pascual; lo siento con más fuerza que ninguno, siento que ha de vivir… —¡Para mi deshonra! —O para tu dicha, ¿qué sabe la gente? —¿La gente? ¡Vaya si lo sabrá! Lola sonreía, con una sonrisa de niño maltratado que hería a la mirada. —¡Quién sabe si podremos hacer que no lo sepa! —¡Y todos lo sabrán! No me sentía malo —bien Dios lo, sabe—, pero es que uno está atado a la costumbre como el asno al ronzal. Si mi condición de hombre me hubiera permitido perdonar, hubiera perdonado, pero el mundo es como es y el querer avanzar contra corriente no es sino vano intento.” 1:87 ¶ 751 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi madre, que la muy desgraciada debió ser la alcahueta de todo lo pasado, andaba como huida y no se presentaba ante mi vista. ¡Hiere mucho el calor de la verdad! Me hablaba las menos palabras posibles, salía por una puerta cuando yo entraba por la otra, me tenía —cosa que ni antes sucediera, ni después habría de volver a suceder— la comida preparada a las horas de ley, ¡da pena pensar que para andar en paz haya que usar del miedo!, y tal mansedumbre mostraba en todo su ademán que hasta desconcertado consiguió llegarme a tener. Con ella nunca quise hablar de lo de Lola; era un pleito entre los dos, que nada más que entre los dos habría de resolverse.” 1:88 ¶ 756 – 768 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Es que la sangre parece como el abono de tu vida… Aquellas palabras se me quedaron grabadas en la cabeza como con fuego, y como con fuego grabadas conmigo morirán.” 1:89 ¶ 769 – 773 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “—¿Y si te jurase que nada pasará? —No te creería. —¿Por qué?
37 —Porque no puede ser, Pascual, ¡eres muy hombre! —Gracias a Dios; pero aún tengo palabra.” 1:90 ¶ 783 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Estaba muerta, con la cabeza caída sobre el pecho y el pelo sobre la cara… Quedó un momento en equilibrio, sentada donde estaba, para caer al pronto contra el suelo de la cocina,” 1:91 ¶ 788 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Un nido de alacranes se revolvió en mi pecho y, en cada gota de sangre de mis venas, una víbora me mordía la carne.” 1:92 ¶ 789 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Salí a buscar al asesino de mi mujer, al deshonrador de mi hermana, al hombre que más hiel llevó a mis pechos; me costó trabajo encontrarlo de huido como andaba.” 1:93 ¶ 866 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “En aquel momento estaba frío como un lagarto y bien pude medir todo el alcance de mis actos. Me tenté la ropa, medí las distancias y, sin dejarle seguir con la palabra para que no pasase lo de la vez anterior, le di tan fuerte golpe con una banqueta en medio de la cara que lo tiré de espaldas y como muerto contra la campana de la chimenea. Trató de incorporarse, desenvainó el cuchillo, y en su faz se veían unos fuegos que espantaban; tenía los huesos de la espalda quebrados y no podía moverse. Lo cogí, lo puse orilla de la carretera, y le dejé.” 1:94 ¶ 867 – 897 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Estirao, has matado a mi mujer… —¡Que era una zorra! —Que sería lo que fuese, pero tú la has matado. Has deshonrado a mi hermana… —¡Bien deshonrada estaba cuando yo la cogí! —¡Deshonrada estaría, pero tú la has hundido! ¿Quieres callarte ya? Me has buscado las vueltas hasta que me encontraste; yo no he querido herirte, yo no quise quebrarte el costillar… —¡Que sanará algún día, y ese día! —¿Ese día, qué? —¡Te pegaré dos tiros igual que a un perro rabioso! —¡Repara en que te tengo a mi voluntad! —¡No sabrás tú matarme! —¿Que no sabré matarte? —No. —¿Por qué lo dices? ¡Muy seguro te sientes! —¡Porque aún no nació el hombre! Estaba bravo el mozo. —¿Te quieres marchar ya? —¡Ya me iré cuando quiera! —¡Que va a ser ahora mismo! —¡Devuélveme a la Rosario! —¡No quiero! —¡Devuélvemela, que te mato! —¡Menos matar! ¡Ya vas bien con lo que llevas! —¿No me la quieres dar? —¡No!
38 El Estirao, haciendo un esfuerzo supremo, intentó echarme a un lado. Lo sujeté del cuello y lo hundí contra el suelo. —¡Échate fuera! —¡No quiero! Forcejeamos, lo derribé, y con una rodilla en el pecho le hice la confesión: —No te mato porque se lo prometí… —¿A quién? —A Lola. —¿Entonces, me quería? Era demasiada chulería. Pisé un poco más fuerte… La carne del pecho hacía el mismo ruido que si estuviera en el asador… Empezó a arrojar sangre por la boca. Cuando me levanté, se le fue la cabeza —sin fuerza— para un lado…” 1:95 ¶ 902 – 903 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Tres años me tuvieron encerrado, tres años lentos, largos como la amargura, que si al principio creí que nunca pasarían, después pensé que habían sido un sueño; tres años trabajando, día a día, en el taller de zapatero del penal; tomando, en los recreos, el sol en el patio, ese sol que tanto agradecía; viendo pasar las horas con el alma anhelante, las horas cuya cuenta —para mi mal— suspendió antes de tiempo mi buen comportamiento.” 1:96 ¶ 904 – 905 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Da pena pensar que las pocas veces que en esta vida se me ocurrió no portarme demasiado mal, esa fatalidad, esa mala estrella que, como ya más atrás le dije, parece como complacerse en acompañarme, torció y dispuso las cosas de forma tal que la bondad no acabó para servir a mi alma para maldita la cosa. Peor aún: no sólo para nada sirvió, sino que a fuerza de desviarse y de degenerar siempre a algún mal peor me hubo de conducir. Si me hubiera portado mal hubiera estado en Chinchilla los veintiocho años que me salieron; me hubiera podrido vivo como todos los presos, me hubiera aburrido hasta enloquecer, hubiera desesperado, hubiera maldecido de todo lo divino, me hubiera acabado por envenenar del todo, pero allí estaría, purgando lo cometido, libre de nuevos delitos de sangre, preso y cautivo —bien es verdad —, pero con la cabeza tan segura sobre mis hombros como al nacer, libre de toda culpa, si no es el pecado original;” 1:97 ¶ 904 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Peor aún: no sólo para nada sirvió, sino que a fuerza de desviarse y de degenerar siempre a algún mal peor me hubo de conducir.” 1:98 ¶ 905 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Pero me porté lo mejor que pude, puse buena cara al mal tiempo, cumplí excediéndomelo que se me ordenaba, logré enternecer a la justicia, conseguí los buenos informes del director…, y me soltaron; me abrieron las puertas; me dejaron indefenso ante todo lo malo.” 1:99 ¶ 907 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Y creyendo que me hacían un favor, me hundieron para siempre” 1:100 ¶ 924 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “¡Pobre don Contado, qué bueno era! ¡Si él supiera que lo mejor que podría pasarme era no salir de allí!”
39 1:101 ¶ 944 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “La sangre se me agolpó a los oídos y las lágrimas estuvieron a pique de aparecerme en ambos ojos. Al señor Gregorio no le importaba nada mi libertad.” 1:102 ¶ 963 – 979 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “¡Quién! —¡Soy yo! —¿Quién? Era la voz de mi madre. Sentí alegría al oírla, para qué mentir. Yo, Pascual. —¿Pascual? —Sí, madre. ¡Pascual! Abrió la puerta; a la luz del candil parecía una bruja. —¿Qué quieres? —¿Que qué quiero? —Sí. —Entrar. ¿Qué voy a querer? Estaba extraña. ¿Por qué me trataría así? —¿Qué le pasa a usted, madre? —Nada, ¿por qué? —No, ¡como la veía como parada! Estoy por asegurar que mi madre hubiera preferido no verme. Los odios de otros tiempos parecían como querer volver a hacer presa en mí. Yo trataba de ahuyentarlos, de echarlos a un lado.” 1:103 ¶ 1012 – 1013 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “La Rosario fue a verme en cuanto se enteró de mi vuelta. —Ayer supe que habías vuelto. ¡No sabes lo que me alegré! ¡Cómo me gustaba oír sus palabras! —Sí, lo sé, Rosario; me lo figuro. ¡Yo también estaba deseando volverte a ver! Parecía como si estuviéramos de cumplido, como si nos hubiéramos conocido diez minutos atrás. Los dos hacíamos esfuerzos para que la cosa saliera natural.” 1:104 ¶ 1029 – 1030 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “¿Quién me ha de querer? —Pues cualquiera. ¿O es que no te quiero yo?” 1:105 ¶ 1072 – 1083 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “—Estoy tan libre como tú, Esperanza. —Tan libre como cuando tenía veinte años. Esperanza me miraba tímidamente. —No soy un viejo; tengo que pensar en vivir. —Sí. —En arreglar mi trabajo, mi casa, mi vida… ¿De verdad que me esperabas? —Sí. —¿Y por qué no me lo dices? Ya te lo dije. Era verdad; ya me lo había dicho, pero yo gozaba en hacérselo repetir. —Dímelo otra vez.
40 La Esperanza se había vuelto roja como un pimiento. La voz le salía como cortada y los labios y las aletas de la nariz le temblaban como las hojas movidas por la brisa, como el plumón del jilguero que se esponja al sol. —Te esperaba, Pascual. Todos los días rezaba porque volvieras pronto; Dios me escuchó.” 1:106 ¶ 1099 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Llevábamos ya dos meses casados cuando me fue dado el observar que mi madre seguía usando de las mismas mañas y de iguales malas artes que antes de que me tuvieran encerrado. Me quemaba la sangre con su ademán, siempre huraño y como despegado, con su conversación hiriente y siempre intencionada, con el tonillo de voz que usaba para hablarme, en falsete y tan fingido como toda ella. A mi mujer, aunque transigía con ella, ¡qué remedio la quedaba!, no la podía ver ni en pintura, y tan poco disimulaba su malquerer que la Esperanza, un día que estaba ya demasiado cargada, me planteó la cuestión en unas formas que pude ver que no otro arreglo sino el poner la tierra por en medio podría llegar a tener. La tierra por en medio se dice cuando dos se separan a dos pueblos distantes, pero, bien mirado, también se podría decir cuando entre el terreno en donde uno pisa y el otro duerme hay veinte pies de altura…” 1:107 ¶ 1105 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “La idea de la muerte llega siempre con paso de lobo, con andares de culebra, como todas las peores imaginaciones. Nunca de repente llegan las ideas que nos trastornan; lo repentino ahoga unos momentos, pero nos deja, al marchar, largos años de vida por delante. Los pensamientos que nos enloquecen con la peor de las locuras, la de la tristeza, siempre llegan poco a poco y como sin sentir, como sin sentir invade la niebla los campos, o la tisis los pechos. Avanza, fatal, incansable, pero lenta, despaciosa, regular como el pulso. Hoy no la notamos; a lo mejor mañana tampoco, ni pasado mañana, ni en un mes entero. Pero pasa ese mes y empezamos a sentir amarga la comida, como doloroso el recordar; ya estamos picados. Al correr de los días y las noches nos vamos volviendo huraños, solitarios; en nuestra cabeza se cuecen las ideas, las ideas que han de ocasionar el que nos corten la cabeza donde se cocieron, quién sabe si para que no siga trabajando tan atrozmente. Pasamos a lo mejor hasta semanas enteras sin variar; los que nos rodean se acostumbraron ya a nuestra adustez y ya ni extrañan siquiera nuestro extraño ser. Pero un día el mal crece, como los árboles, y engorda, y ya no saludamos a la gente; y vuelven a sentirnos como raros y como enamorados. Vamos enflaqueciendo, enflaqueciendo, y nuestra barba hirsuta es cada vez más lacia. Empezamos a sentir el odio que nos mata; ya no aguantamos el mirar; nos duele la conciencia, pero, ¡no importa!, ¡más vale que duela! Nos escuecen los ojos, que se llenan de un agua venenosa cuando mirarnos fuerte. El enemigo nota nuestro anhelo, pero está confiado; el instinto no miente. La desgracia es alegre, acogedora, y el más tierno sentir gozamos en hacerlo arrastrar sobre la plaza inmensa de vidrios que va siendo ya nuestra alma. Cuando huimos como las corzas, cuando el oído sobresalta nuestros sueños, estamos ya minados por el mal; ya no hay solución, ya no hay arreglo posible. Empezamos a caer, vertiginosamente ya, para no volvernos a levantar en vida. Quizás para levantarnos un poco a última hora, antes de caer de cabeza hasta el infierno… Mala cosa.” 1:108 ¶ 1106 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mi madre sentía una insistente satisfacción en tentarme los genios, en los que el mal iba creciendo como las moscas al olor de los muertos. La bilis que tragué me envenenó el corazón y tan malos pensamientos llegaba por entonces a discurrir, que llegué a estar asustado de mi mismo coraje. No
41 quería ni verla; los días pasaban iguales los unos a los otros, con el mismo dolor clavado en las entrañas, con los mismos presagios de tormenta nublándonos la vista.” 1:109 ¶ 1107 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “El día que decidí hacer uso del hierro tan agobiado estaba, tan cierto de que al mal había que sangrarlo, que no sobresaltó ni un ápice mis pulsos la idea de la muerte de mi madre. Era algo fatal que había de venir y que venía, que yo había de causar y que no podía evitar aunque quisiera, porque me parecía imposible cambiar de opinión, volverme atrás, evitar lo que ahora daría una mano porque no hubiera ocurrido, pero que entonces gozaba en provocar con el mismo cálculo y la misma meditación por lo menos con los que un labrador emplearía para pensar en sus trigales.” 1:110 ¶ 1108 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “herir, herir sin pena, rápidamente, y huir, huir muy lejos, a La Coruña, huir donde nadie pudiera saberlo, donde se me permitiera vivir en paz esperando el olvido de las gentes, el olvido que me dejase volver para empezar a vivir de nuevo” 1:111 ¶ 1108 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “La conciencia no me remordería; no habría motivo. La conciencia sólo remuerde de las injusticias cometidas: de apalear un niño, de derribar una golondrina… Pero de aquellos actos a los que nos conduce el odio, a los que vamos como adormecidos por una idea que nos obsesiona, no tenemos que arrepentirnos jamás, jamás nos remuerde la conciencia.” 1:112 ¶ 1109 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Mucho pensé en aquello, pero procuré vencerme y lo conseguí; volverme atrás hubiera sido imposible, hubiera sido fatal para mí, me hubiera conducido a la muerte, quién sabe si al suicidio. Me hubiera acabado por encontrar en el fondo del Guadiana, debajo de las ruedas del tren… No, no era posible cejar, había que continuar adelante, siempre adelante, hasta el fin. Era ya una cuestión de amor propio.” 1:113 ¶ 1120 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Había llegado la ocasión, la ocasión que tanto tiempo había estado esperando. Había que hacer de tripas corazón, acabar pronto, lo más pronto posible. La noche es corta y en la noche tenía que haber pasado ya todo y tenía que sorprenderme la amanecida a muchas leguas del pueblo.” 1:114 ¶ 1123 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “Pensé cerrar los ojos y herir. No podía ser; herir a ciegas es como no herir, es exponerse a herir en el vacío… Había que herir con los ojos bien abiertos, con los cinco sentidos puestos en el golpe.” 1:115 ¶ 1125 – 1131 en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) “El suelo crujía. Mi madre se revolvió en la cama. —¿Quién anda ahí? Entonces sí que ya no había solución. Me abalancé sobre ella y la sujeté. Forcejeó, se escurrió… Momento hubo en que llegó a tenerme cogido por el cuello. Gritaba como una condenada. Luchamos; fue la lucha más tremenda que usted se puede imaginar. Rugíamos como bestias, la baba nos asomaba a la boca… En una de las vueltas vi a mi mujer, blanca como una muerta, parada a la puerta sin atreverse a entrar. Traía un candil en la mano, el candil a cuya luz pude ver la cara de mi madre, morada como un hábito de nazareno… Seguíamos luchando; llegué a tener las vestiduras rasgadas, el pecho al aire. La condenada tenía más fuerzas que un demonio. Tuve que
48 1:40 ¶ 132, “Cuando volvimos hasta la casa, pasadas dos horas largas del suceso, el …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:42 ¶ 133, “Cuando el señor Rafael acabó por marcharse, mi madre recogió a Mario …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:43 ¶ 138, “Mi madre tampoco lloró la muerte de su hijo; secas debiera tener las …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / ● Conductas antisociales en la adultez 6 Citas: 1:12 ¶ 55 – 56, “La perra volvió a echarse frente a mí y volvió a mirarme; ahora me doy …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:50 ¶ 322 – 323, “Es una pena que las alegrías de los hombres nunca se sepa dónde nos ha …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:54 ¶ 409 – 419, “La rabia que llevaba dentro no me dejó ver claro; tan obcecado estaba …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:93 ¶ 866, “En aquel momento estaba frío como un lagarto y bien pude medir todo …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:94 ¶ 867 – 897, “Estirao, has matado a mi mujer… —¡Que era una zorra! —Que sería lo que …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:115 ¶ 1125 – 1131, “El suelo crujía. Mi madre se revolvió en la cama. —¿Quién anda ahí? …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) ● Consumo de sustancias 4 Citas: 1:16 ¶ 63, “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:24 ¶ 72, “Mi padre llevaba ya un largo rato paseando a grandes zancadas por la …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:25 ¶ 78, “Mi padre andaba desazonado viendo que la criatura no prosperaba, y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:26 ¶ 79, “Mi madre, que había quedado aún más baja de salud que antes de parir …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / ● Encarcelamiento 2 Citas: 1:13 ¶ 61, “Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:15 ¶ 62, “Lo guardaron por contrabandista; por lo visto había sido su oficio …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / ● Estilos de crianza 19 Citas: 1:13 ¶ 61, “Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:16 ¶ 63, “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) /
49 1:17 ¶ 64, “Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Algunas tardes venía mi padre para casa con un papel en la mano y, …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Mi madre, por ofenderlo, le decía que el papel no decía nada de lo que …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:20 ¶ 66 – 69, “De pequeño, que es cuando más manejable resulta la voluntad de los …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:21 ¶ 70, “Mi instrucción escolar poco tiempo duró. Mi padre, que, como digo, …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:21 ¶ 70, “Mi padre, que, como digo, tenía un carácter violento y autoritario …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:22 ¶ 70, “Mi madre no quería que fuese a la escuela y siempre que tenía ocasión …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:25 ¶ 78, “Mi padre andaba desazonado viendo que la criatura no prosperaba, y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:26 ¶ 79, “Mi madre, que había quedado aún más baja de salud que antes de parir …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:27 ¶ 81, “El efecto que su marcha produjo en mi casa ya se puede figurar usted …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:29 ¶ 83, “mis padres, que en lo único que estaban acordes era en su preocupación …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:37 ¶ 128, “Cuando nos abandonó no había cumplido todavía los diez años, que si …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:38 ¶ 128, “Si mal había estado hasta entonces, mucho más mal le aguardaba después …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:39 ¶ 129 – 131, “no se le ocurriera peor cosa al pobre que morderle en una pierna al …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:42 ¶ 133, “Cuando el señor Rafael acabó por marcharse, mi madre recogió a Mario …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:43 ¶ 138, “Mi madre tampoco lloró la muerte de su hijo; secas debiera tener las …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:60 ¶ 447 – 454, “El pensar que aquel tierno pedazo de carne que era mi hijo, a tales …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) ● Hostilidad 15 Citas: 1:12 ¶ 55 – 56, “La perra volvió a echarse frente a mí y volvió a mirarme; ahora me doy …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:30 ¶ 92, “¡Mira, Estirao! ¡Mira, Estirao! ¡Que soy muy hombre y que no me ando …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:31 ¶ 94, “A mí me ganaba por la palabra, pero si hubiéramos acabado por llegar a …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:44 ¶ 139, “Mucho me dio que pensar, en muchas veces, y aún ahora mismo si he de …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:45 ¶ 142 – 144, “—¡Angelitos al cielo! ¡Angelitos al cielo…! —y sus palabras me …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) /
50 1:51 ¶ 325 – 343, “Yo le llamé la atención. —¡Pues no le veo la gracia, la verdad! —Pues …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:70 ¶ 585 – 598, “Se lo dije bien claro; todo lo claro que se puede hablar. —El fuego ha …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:72 ¶ 626, “Se mata sin pensar, bien probado lo tengo; a veces, sin querer. Se odia …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:87 ¶ 751, “Mi madre, que la muy desgraciada debió ser la alcahueta de todo lo …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:91 ¶ 788, “Un nido de alacranes se revolvió en mi pecho y, en cada gota de sangre …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:92 ¶ 789, “Salí a buscar al asesino de mi mujer, al deshonrador de mi hermana, al …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:93 ¶ 866, “En aquel momento estaba frío como un lagarto y bien pude medir todo el …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:106 ¶ 1099, “Llevábamos ya dos meses casados cuando me fue dado el observar que mi …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:107 ¶ 1105, “La idea de la muerte llega siempre con paso de lobo, con andares de …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:108 ¶ 1106, “Mi madre sentía una insistente satisfacción en tentarme los genios, en …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) ● Infidelidad 2 Citas: 1:24 ¶ 72, “Mi padre llevaba ya un largo rato paseando a grandes zancadas por la …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:33 ¶ 124, “A los quince años de haber nacido la niña, y cuando por lo muy chupada …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / ● Madre 13 Citas: 1:16 ¶ 63, “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Mi madre no sabía leer ni escribir; mi padre sí, y tan orgulloso estaba …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:22 ¶ 70, “Mi madre no quería que fuese a la escuela y siempre que tenía ocasión …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:26 ¶ 79, “Mi madre, que había quedado aún más baja de salud que antes de parir …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:27 ¶ 81, “El efecto que su marcha produjo en mi casa ya se puede figurar usted …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:33 ¶ 124, “A los quince años de haber nacido la niña, y cuando por lo muy chupada …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:35 ¶ 124 – 125, “mi padre acabó por callarse a la noche siguiente —que era la del día …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:37 ¶ 128, “Cuando nos abandonó no había cumplido todavía los diez años, que si …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) /
51 1:38 ¶ 128, “Si mal había estado hasta entonces, mucho más mal le aguardaba después …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:39 ¶ 129 – 131, “no se le ocurriera peor cosa al pobre que morderle en una pierna al …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:42 ¶ 133, “Cuando el señor Rafael acabó por marcharse, mi madre recogió a Mario …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:43 ¶ 138, “Mi madre tampoco lloró la muerte de su hijo; secas debiera tener las …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:106 ¶ 1099, “Llevábamos ya dos meses casados cuando me fue dado el observar que mi …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) ● Modelo negativo de conductas 13 Citas: 1:13 ¶ 61, “Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:16 ¶ 63, “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:17 ¶ 64, “Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Mi madre no sabía leer ni escribir; mi padre sí, y tan orgulloso estaba …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Mi madre, por ofenderlo, le decía que el papel no decía nada de lo que …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Ella le llamaba desgraciado y peludo, lo tachaba de hambriento y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “él, como si esperara a oír esa palabra para golpearla, se sacaba el …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:22 ¶ 70, “Mi madre no quería que fuese a la escuela y siempre que tenía ocasión …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:25 ¶ 78, “Mi padre andaba desazonado viendo que la criatura no prosperaba, y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:26 ¶ 79, “Mi madre, que había quedado aún más baja de salud que antes de parir …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:27 ¶ 81, “El efecto que su marcha produjo en mi casa ya se puede figurar usted …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:33 ¶ 124, “A los quince años de haber nacido la niña, y cuando por lo muy chupada …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:43 ¶ 138, “Mi madre tampoco lloró la muerte de su hijo; secas debiera tener las …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) ● Normalizar la violencia 9 Citas: 1:16 ¶ 63, “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:17 ¶ 64, “Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) /
52 1:18 ¶ 65, “Yo, al principio, apañaba algún cintarazo que otro, pero cuando tuve …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:19 ¶ 66, “La verdad es que la vida en mi familia poco tenía de placentera, pero …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:39 ¶ 129 – 131, “no se le ocurriera peor cosa al pobre que morderle en una pierna al …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:51 ¶ 325 – 343, “Yo le llamé la atención. —¡Pues no le veo la gracia, la verdad! —Pues …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:52 ¶ 348 – 352, “Yo tiré para casa acompañado de tres o cuatro de los íntimos, algo …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:81 ¶ 678, “por lo visto, el otro había mirado para la Concepción, pero lo que más …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:82 ¶ 679, “¡Así da gusto! Si los hombres del campo tuviéramos las tragaderas de …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) ● Padre 9 Citas: 1:13 ¶ 61, “Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:14 ¶ 61, “Según cuentan, cuando joven le tiraban las guías para arriba, pero, …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:15 ¶ 62, “Lo guardaron por contrabandista; por lo visto había sido su oficio …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “mi padre sí, y tan orgulloso estaba de ello que se lo echaba en cara …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:21 ¶ 70, “Mi instrucción escolar poco tiempo duró. Mi padre, que, como digo, …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:21 ¶ 70, “Mi padre, que, como digo, tenía un carácter violento y autoritario …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:25 ¶ 78, “Mi padre andaba desazonado viendo que la criatura no prosperaba, y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:27 ¶ 81, “El efecto que su marcha produjo en mi casa ya se puede figurar usted …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:28 ¶ 82, “mi padre —que borracho y pendenciero sí sería, pero cristiano viejo y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) ● Violencia doméstica 13 Citas: 1:13 ¶ 61, “Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:16 ¶ 63, “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:17 ¶ 64, “Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Mi madre no sabía leer ni escribir; mi padre sí, y tan orgulloso estaba …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) /
53 1:18 ¶ 65, “mi padre sí, y tan orgulloso estaba de ello que se lo echaba en cara …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “solía llamarla ignorante, ofensa gravísima para mi madre, que se ponía …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Mi madre, por ofenderlo, le decía que el papel no decía nada de lo que…” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Ella le llamaba desgraciado y peludo, lo tachaba de hambriento y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “él, como si esperara a oír esa palabra para golpearla, se sacaba el …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:18 ¶ 65, “Yo, al principio, apañaba algún cintarazo que otro, pero cuando tuve …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:24 ¶ 72, “Mi padre llevaba ya un largo rato paseando a grandes zancadas por la …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:25 ¶ 78, “Mi padre andaba desazonado viendo que la criatura no prosperaba, y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:27 ¶ 81, “El efecto que su marcha produjo en mi casa ya se puede figurar usted …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) ● Violencia física 8 Citas: 1:13 ¶ 61, “Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués, cuarentón …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:16 ¶ 63, “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:17 ¶ 64, “Se llevaban mal mis padres; a su poca educación se unía su escasez de …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:24 ¶ 72, “Mi padre llevaba ya un largo rato paseando a grandes zancadas por la …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:25 ¶ 78, “Mi padre andaba desazonado viendo que la criatura no prosperaba, y …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:26 ¶ 79, “Mi madre, que había quedado aún más baja de salud que antes de parir …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:39 ¶ 129 – 131, “no se le ocurriera peor cosa al pobre que morderle en una pierna al …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003) / 1:115 ¶ 1125 – 1131, “El suelo crujía. Mi madre se revolvió en la cama. —¿Quién anda ahí? …” en La Familia de Pascual Duarte (Cela, 2003)