El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá.
Abstract
La región del Guayrá fue un territorio de experimentación para los primeros jesuitas que llegaron al Paraguay desde Brasil, pero a la vez de continuidad de las labores apostólicas comenzadas en su territorio. Presentamos aquí el trabajo del jesuita portugués Manuel Ortega como el primer misionero que logró conformar un agrupamiento cristiano entre los ybyrajáras del Guayrá y que la historiografía, especialmente de habla hispana, ha negado sistemáticamente.
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24 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá EL JESUITA PORTUGUÉS MANUEL ORTEGA Y EL AGRUPAMIENTO DE YBYRAJÁRAS CRISTIANOS EN LOS INICIOS DE LA EVANGELIZACIÓN DEL GUAYRÁ THE PORTUGUESE JESUIT MANUEL ORTEGA AND GROUPING OF CHRISTIANS YBYRAJÁRAS AT THE BEGINNING OF THE EVANGELIZATION OF GUAYRÁ Carlos A. Page Universidad Nacional de Córdoba – Argentina Resumen: La región del Guayrá fue un territorio de experimentación para los primeros jesuitas que llegaron al Paraguay desde Brasil, pero a la vez de continuidad de las labores apostólicas comenzadas en su territorio. Presentamos aquí el trabajo del jesuita portugués Manuel Ortega como el primer misionero que logró conformar un agrupamiento cristiano entre los ybyrajáras del Guayrá y que la historiografía, especialmente de habla hispana, ha negado sistemáticamente. Palabras clave: Manuel Ortega, Guayrá, misiones jesuíticas Abstract: Guayrá region was a territory of experimentation for the first Jesuits who came to Paraguay from Brazil, but also continuity of the apostolic work begun in its territory. We present the work of Portuguese Jesuit Manuel Ortega as the first missionary who was able to form a Christian grouping among ybyrajáras Guayrá and historiography, especially Spanish speakers, has consistently denied here. Keywords: Manuel Ortega, Guayrá, Jesuit Missions Fecha de recepción: 24/06/2015 Fecha de evaluación: 30/10/2015
25 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá Introducción “Llamamos reducciones a los pueblos de indios, que viviendo a su antigua usanza en montes, sierras y valles, en escondidos arroyos, en tres, cuatro o seis casas solas, separados a legua, dos, tres y más unos de otros, los redujo la diligencia de los Padres a poblaciones grandes y a vida política y humana”. 1 Los primeros historiadores jesuitas del Paraguay, tanto los PP. Del Techo 2 como Lozano, 3 dedicaron largas páginas a los antecedentes portugueses de las reducciones del Paraguay. No lo hizo el P. Ruiz de Montoya pues su obra fue escrita con la premura de un alegato ante la Corte, describiendo contrariamente los abusos de los bandeirantes paulistas. Sin embargo los seguidores de habla hispana de aquellos historiadores soslayaron sin reparos la intervención directa de los portugueses en el Guayrá como bien lo señaló Cortesão. 4 El mismo P. Hernández, 5 refutó a Robert Southey 6 en su clásica historia del Brasil, escribiendo que “los Padres Ortega y Fields, no fundaron reducción alguna (…) las reducciones empezaron veinte años más tarde según la dirección del P. Diego de Torres”. Por el contrario el P. Leite 7 añade, que no hay dudas que estos jesuitas introdujeron “os métodos usados nas aldeias da Baía”. A lo que agregamos que no solo los métodos empleados, que eran los propios de la Compañía de Jesús, y objetivos comunes en el continente como la libertad del indio, sino que los jesuitas lusitanos llegaron a misionar por la ciudad de Villarrica y sus alrededores y luego fundar residencia, consiguiendo agrupar en pueblo a los ybyrajáras del Guayrá que permanecieron al menos dos años como cristianos y en “policía” o, como prefiere Ruiz de Montoya, en “vida política y humana”. Pues este 1 Antonio Ruiz de Montoya, La conquista espiritual del Paraguay, hecha por los religiosos de la Compañía de Jesús en las provincias de Paraguay, Paraná, Uruguay y Tape. Estudio preliminar Dr. Ernesto J. A. Maeder. Buenos Aires: Equipo Difusor de Estudios de Historia Iberoamericana, [1639] 1989, p. 58. 2 Nicolás del Techo SI, Historia de la Provincia del Paraguay de la Compañía de Jesús. Asunción: Centro de Estudios Paraguayos “Antonio Guasch”, [1673] 2005. 3 Pedro Lozano SI, Historia de la Compañia de Jesus en la Provincia del Paraguay. T. 1, Madrid: Imprenta de la Viuda de Manuel Fernández, 1754. 4 Jaime Cortesão, Jesuítas e bandeirantes no Guairá (1549-1640). Manuscritos da Coleção de Angelis, Rio de Janeiro: Biblioteca Nacional, 1951, p. 63. 5 Pablo Hernández SI, Organización social de lãs doctrinas guaraníes de la Compañía de Jesús. Barcelona: Gustavo Gili editor, Tomo 1, 1913, p. 441. 6 Robert Southey, History of Brazil. Part the Second. London: Printed for Longman, Hurst, Frees, Orme and Broom, Paternoster row, 1817, p. 333. 7 Serafim Leite SJ, “Jesuitas do Brasil na fundação da missão do Paraguay (11 de Agosto de 1588)”, Archivum Historicum Societatis Iesu, a. VI, nº 19 (Roma, 1937), p. 19.
26 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá punto es el que desarrollaremos. Sin dejar de mencionar testimonios que expresan que en aquellos remotos tiempos también los jesuitas portugueses agruparon junto a Villarrica al menos dos pueblos originarios y que su principal misionero fue el P. Manuel Ortega, el maestro de la lengua guaraní de los jesuitas que llegaron después desde la provincia del Perú. Una de las primeras acciones que llevaron a cabo los jesuitas portugueses llegados con el P. Nóbrega en 1549, fue estudiar las diversas lenguas del Brasil basadas en el tupíguaraní a través de un trabajo colectivo. Y lo hicieron porque ya lo había establecido San Ignacio en las Constituciones, contemplando el aprendizaje de lenguas extranjeras para reforzar la propagación de la fe. Pero como estas lenguas eran ágrafas, los jesuitas debieron adaptarlas al alfabeto romano y a las reglas gramaticales latinas. Comenzaron a tener contacto con los habitantes americanos a través de las misiones volantes y poco a poco fueron confeccionando manuscritos que constantemente se fueron perfeccionando hasta alcanzar la primera publicación. 8 Es oportuno recordar que las misiones volantes son una estrategia pastoral para ciudades y áreas rurales, manifiesta en la Contrarreforma y que constituyó para los jesuitas uno de sus ministerios más característicos. El P. Silverio Landini fue quien desarrolló un plan basado en su propia experiencia tanto en Italia como Córcega. Consistía en permanecer una semana en un sitio, predicando e instruyendo cada día a grupos diferentes. Aunque nacieron desde el comienzo de la Orden, el general Aquaviva le dio un impulso determinante. 9 Pero fue muy dificultoso para los jesuitas llevar esta experiencia pastoral a gran parte de Iberoamérica pues la movilidad de sus habitantes les impedía regresar para afianzar la prédica. De allí que renació en la Compañía de Jesús la necesidad de agrupar pequeños caseríos indígenas en grandes poblados donde se pudiera seguir más de cerca las enseñanzas del Evangelio. Por otro lado esta experiencia ya se había iniciado en la América española desde los inicios de la Conquista. 8 José de Anchieta SI, Arte de gramática da língua mais usada na costa do Brasil. Coimbra: por Antonio de Mariz, 1595. 9 S. J. O'Malley SJ, “Misiones populares”, en Charles E. O'Neill y Joaquín María Domínguez, Diccionario histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-Temático. T. III. Madrid: Universidad Pontificia de Comillas, 2001, p. 2691.
27 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá De esta manera desarrollaron su acción pastoral los PP. Tomás Fields y Manuel Ortega, quienes una vez que llegaron a Villarrica comenzaron con sus misiones volantes hasta asentarse en una residencia y lograr agrupar en pueblos a los indios comarcanos. La actividad de estos jesuitas se desplegó en la región entre 1588 y 1599. Pero cabe consignar que el P. Saloni y su discípulo el P. Marciel de Lorenzana los visitaron a fines de 1593. La primera Carta Anua del P. Diego de Torres de 1609, expresa que en Villarrica habitaban 100 vecinos y que a la redonda había unos cien mil indios tributarios, sin contar las mujeres, niños y ancianos: “Anduvo entreelos enmission mucho tpo elpe Ortega ybaptizo mas deveinte ydos mil indios ydize quepudiera aver los baptizadosatodos situvia quien le ayudara porqueera grandeelamor qletenian, es jente que no haze mal anadie sino les hacen mal peroes jente muy baliente muy amigos desacerdotes es jente muy caritativa principalme conlos extranjeros”. 10 Al año siguiente el mismo P. Torres comentó que envió al Guayrá a los PP. Simón Mascetta y José Cataldino y a un sacerdote pretendiente de la Compañía llamado Melgarejo, 11 pasando por Maracayú, que era una reducción donde moría gran cantidad de gente en la cosecha. 12 Los ybyrajáras o gualachos. Desde el H. Correia al P. Ruiz de Montoya En la historiografía colonial (jesuita), el primero que menciona e identifica a los ybyrajáras como gualachos fue el P. Antonio Ruiz de Montoya. También lo hacen luego los PP. Del Techo y Lozano. Este último incluso transcribiendo la relación que escribió de este pueblo el P. Ortega, la más remota que conocemos. Pues yvyrajá –como nos comenta el P. Meliá personalmente– es palabra guaraní, que significa dueños del bastón sin especificar 10 Carlos Leonhardt SJ, Documentos para La Historia Argentina. Tomo XIX, Iglesia. Cartas Anuas de la Provincia del Paraguay, Chile y Tucumán de la Compañía de Jesús (1609-1614). Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras, 1927, p. 17. 11 El joven Rodrigo Ortiz Melgarejo era hijo del sevillano capitán Ruy Díaz Melgarejo, fundador de Ciudad Real del Guayrá en 1556, luego Villarrica del Espíritu Santo en 1570 y finalmente Santiago de Jerez una década después. Su hijo Rodrigo estudió con los jesuitas de Brasil, ejerciendo con el tiempo el gobierno de la diócesis con jerarquía de Vicario General. 12 Carlos Leonhardt SJ, Documentos para La Historia Argentina. Tomo XX, Iglesia. Cartas Anuas de la Provincia del Paraguay, Chile y Tucumán de la Compañía de Jesús (1615-1636). Buenos Aires: Facultad de Filosofía y Letras, 1929, p. 87.
28 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá que se trate del bastón de mando o del garrote de guerra. Por lo tanto de esta manera llamarían los guaraníes a los gualachos, del grupo Gé (o Yé / Jé) y de la familia kaingang. Alain Fabre, 13 siguiendo a varios autores, divide las lenguas del microfilo Jé en tres ramas y ocho lenguas, ubicadas enteramente en actual territorio brasileño. Una rama serían los kaingang con las familias gualacho/coronado, gualachí, chiki 14 y cabelludo. 15 Susnik y Chase-Sardi 16 ubican a los “Yvyrayára” al norte de los coronados y gualachos, distribuidos entre los ríos Ivaí y Paranapanema. Es decir al norte de la primera Villarrica (1570-1592). Agrega que fueron “guaranizados” con la penetración de los protombayá unos 500 años d.C. La fundación de una serie de ciudades españolas ubicadas al oriente de Asunción, como Villa de Ontiveros (1554), Ciudad Real (1555) y luego Villarrica del Espíritu Santo (1570) respondía a crear enclaves urbanos en el camino por tierra hacia el océano, pues era más corto y menos dificultoso que el fluvial. Los españoles tuvieron como única economía la yerba y el algodón, no contando con ganado caballar ni vacuno. Pues organizaban verdaderas “entradas” agresivas a las aldeas de guaraníes con el propósito de formar tropillas para los yerbales. En la historiografía portuguesa, el P. Vasconcellos (1596-1671), 17 al redactar el viaje del H. Pedro Correia hacia la tierra de los ybyrajáras también los denomina “bilreiros”, expresando que así los llamaban los portugueses y que: “dizia-se que era dotada de bons costumes, de huma só mulher, de não comerem carne humana, de sujeição a huma só cabeça, que não erão amigos de matar, e 13 Alain Fabre, “Diccionario etnolingüístico y guía bibliográfica de los pueblos indígenas sudamericanos”, (2005). http://www.ling.fi/Entradas%20diccionario/Dic=Je.pdf [Consulta: 10 enero 2015]. 14 Ruiz de Montoya escribe al provincial Mastrilli Durán en 1628: “Los Chiquis gentilidad de Gualachos que están entre el río del Piquirí y el Iguazú” (Cortesão, op. cit., pp. 295-296). 15 En la Carta Anua Nicolás Mastrilli Durán 1626 e 1627 se refiere a los “cabelludos”, denominados así “porque traen el cabello tan crecido que les cubre los ombros solo cercenado por toda la frente hasta las orejas”. Pero también escribe: “dicense con otro nombre de coronados porque aun las mujeres y niños usan a abrirse las coronas como los frayles” (Leonhardt, op. cit., 1929, p. 336). 16 Branislava Susnik y Miguel Chase-Sardi, Los indios del Paraguay. Madrid: Editorial Mapfre, 1995, p. 16 y 58. 17 Simão de Vasconcellos SI, Chronica da Companhia do Estado do Brasil, e do que obraram seus filhos parte do novo mundo. Lisboa: Casa do Editor A. J. Fernandes Lopes. Tomo 1, [1663] 1865, p. 97.
29 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá outros raros entre os mais Indios: e parecía tinhão já bom camino andado pera aceitar a doutrina de Christo”. Pero agrega algo muy interesante, pues escribe que el H. Correia estaba preparado para su encuentro pues: “thina já tomado por escrito os vocablos, e modos de fallar d´esta gente, de hum Indio, que thina estado entre elles cattivo”. Es decir que no solo conocía perfectamente la lengua brasílica, sino también la de los ybyrajáras; incluso era considerado por los tupíes como el “Senhor de Peruíbe” 18 de la Capitanía de San Vicente. De tal manera el coadjutor Correia emprendió la expedición con el objetivo de llegar hasta los ybyrajáras, recuperar la libertad de un prisionero español de los tupis y preparar el camino de vuelta al Paraguay del capitán Juan de Salazar, fundador de Asunción. Pero antes debía convencer a los tupíes y carijós que terminaran con la sangrienta guerra que había entre ellos, para luego intentar concentrarlos en una gran población cristiana. Enviado por el P. Nobrega, partió el 24 de agosto de 1554 junto a los HH. João de Sousa y Fabiano de Lucena. Llegaron a Cananéia de los tupíes, logrando la paz y luego partiendo a las tierras de los carijós. Pero según el P. Vasconcellos 19 no pudieron llegar a los ybyrajáras por los inconvenientes de guerras entre naciones que había en su camino y al volverse, tanto los HH. Pedro como João, fueron asesinados. El H. Correia fue en su tiempo el “homem mais rico de São Vicente” antes de ingresar a la Compañía de Jesús en 1550 por insistencias del P. Leonardo Nunes, convirtiéndose en el segundo novicio recibido en Brasil. 20 Cuando en 1570 el capitán español Ruy Díaz de Melgarejo, por orden de Juan de Garay, fundó la ciudad de Villarrica del Espíritu Santo, lo hizo en tierras ubicadas entre los ríos Pykysyry o Piquirí y el Huavay o Ivaí, a tres leguas del dominio del cacique Kuarahyverá en tierras de los ybyrajáras y 60 leguas de Ciudad Real. El motivo de tal fundación era creerse que por esta región se pensaba encontrar el legendario Mbae-verá- guasú (cosa brillante y grande) que en la tradición guaraní era una ciudad rica y espléndida. Pero en 1592 Ruy Díaz de Guzmán decidió trasladar el asentamiento a orillas del Ivaí, en 18 Regina Maria A. F. Gadelha, “Jesuítas portugueses no Paraná: uma contribuição para a história da expansão territorial do Brasil”, IHS. Antiguos jesuitas en Iberoamérica, vol. 1 nº 1, 2013, pp. 15-16. 19 Vasconcellos, op. cit, p. 99. 20 Gadhela, op. cit., pp. 16-17. Beatriz Franzen, Jesuítas portugueses e espanhóis no Sul do Brasil e Paraguai coloniais: novos estudos. São Leopoldo: Unisinos, 1999, p. 134.
30 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá su confluencia con el Curumbatay o Corumbatai, que desembocaba directamente al Paraná. Además, por allí pasaba el antiguo camino precolombino del Peabiru que conectaba Santa Catarina con el Alto Perú. La ciudad luego fue destruida por los bandeirantes en 1632 y nuevamente trasladada. Los primeros jesuitas llegados al Guayrá en 1588 fueron testigos de ese primer traslado y con el nuevo trazado recibieron un sitio donde levantaron su residencia e iglesia, abandonada en 1599. Para 1619 el superior P. José Cataldino informó al provincial P. Pedro de Oñate sobre las poblaciones de indios infieles del Guayrá que estaban en guerra, señalando especialmente que: “ay también otra entrada a otros Indios, adonde no han entrado españoles, pero en tpo pasado yvan a servirles y por recibir dellos malos tratamientos no han buelto mas, fuera desto de aquí ay otros dos mil Indios q llaman ybirayara, q quiere decir señores del palo, fueron (sic) de otro mayor numero q esta mas adentro, estos tienen diferente lengua a la general no están encomendados a españoles, sino puestos en cabeza de el Rey y destos domesticos algos. son Xpianos y piden padres”. 21 Es decir que tributaban a la Corona sin sujeción a ser encomendados pero bajo la tutela de los oficiales y cristianos porque seguramente fueron bautizados por los primeros jesuitas del Brasil. Unos años después, el provincial del Paraguay P. Mastrilli Durán, en la Carta Anua del periodo 1626-1627, cuando se refiere a la residencia de Villarrica, expresa que existe hace más de 40 años, sujeta a la provincia del Perú, pero: “por estar mas de mil leguas de Lima, Cabeza de aquella provincia, no fue posible conservarla, con que se caio la casa e Iglesia i no quedo mas que la memoria de la Compa.”. Y ante tanto desamparo el provincial envió a los PP. Cristóbal de la Torre y al portugués Pablo de Benavides para que prediquen en la ciudad y en las afueras, determinando luego reabrir la residencia dejando a este último. 22 Villarrica, según testimonio del escribano Juan Bautista Troche de 1628, 21 Cortesão, op. cit., p. 162. 22 Leonhardt, op. cit., 1929, pp. 352-353.
31 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá contaba con tres reducciones, una en la provincia de Tucutí, llamada San José con el P. Pedro Mola al frente, la otra en la provincia de Yneaiguasu con la advocación de San Pablo a cargo del P. José Cataldino y finalmente en la provincia del Tayaoba en advocación a los Ángeles a cargo del P. Pedro de Espinosa. 23 Era superior del Guayrá el P. Ruiz de Montoya y en una Carta Anua parcial que le envió al provincial en 1628 expresa que el Guayrá contaba con ocho reducciones. A más de las nombradas antes, agrega la de San Ignacio, Loreto, San Javier, Encarnación y Concepción. Dice además que “otra de camperos Ybiraiaras, o lanceros que es nacion distante me encargare yo hasta que V. R. nos envie ayuda”. Ruiz de Montoya, claramente relaciona “Aquí entre Ybiraiyaras o Gualachos” e incluso menciona “Guañanos”, 24 con quienes, como él mismo relata, fundó en 1627, junto al P. Francisco Díaz Taño, la reducción de Nuestra Señora de la Purísima Concepción, con la ayuda de un indio tullido que hablaba la lengua y con el que el P. Ruiz de Montoya improvisó un catecismo breve, dejando a los PP. Díaz Taño y Diego de Salazar. 25 La reducción de Concepción de los gualachos fue destruida por los bandeirantes y sus habitantes participaron del famoso éxodo guaireño. Hubo otros intentos reduccionales para el siglo XVIII pero no obtuvieron el éxito deseado. 26 El P. Ruiz de Montoya describe a los gualachos o como también dijimos que los llama “Ybíraiyaras”: “Son estos indios de estatura alta y por la mayor parte blancos, viven en pueblecitos cada cacique de por sí, los cuales ordinariamente tienen hasta cien vasallos. Las casas son redondas a manera de hornos, duermen en el suelo sobre paja cubiertos con unas mantas grandes que hacen de malvas, el fuego tienen en medio de la casa y todos se acuestan a la redonda los pies hacia el fuego. Los indios andan vestidos en el pueblo, pero yendo a cazar van desnudos. Las indias aun desde niñas andan vestidas”. Continúa el P. Antonio explicando que los hombres: 23 Cortesão, op. cit., p. 258. 24 Ibídem, pp. 260, 279 y 293. 25 Incluso de la lengua de los gualachos el P. Díaz Taño compuso “un arte y vocabulario de ella y traduciendo las oraciones y catecismo” según expresa el P. Ruiz de Montoya en 1630 (Cortesão, op. cit., p. 345). 26 Jorge Francisco Machon, “La reducción de los Guayanás: reiteración de un fracaso misional”. Congreso Internacional. Jesuitas 400 años en Córdoba. T. 2, Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba, Universidad Católica de Córdoba y Junta Provincial de Historia de Córdoba, 1999, pp. 201-214.
32 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá “No tienen más de una mujer no porque tengan algún genero de contrato natural o matrimonio verdadero, sino porque ellas no consienten a otra en su compañía y sobre esto se suelen aporrear y reñir y la que más puede quedar por señora de la casa. Agrega que si el hombre no es buen cazador “y no les trae nada los dejan y toman otro”. El casamiento por la Iglesia se le presentaba a la mujer como una dificultad, porque no les permitía buscar otro marido si con el que se casaron no la alimentaba o la maltrataba. Tenían conocimiento de un dios creador que está en el cielo y a dónde irían los muertos. Pues por ello: “no lo entierran, sino le hacen un lecho en alto y le cubren muy bien con paja, y allí lo dejan para que se sequen”. Lo van a visitar a menudo y: “cuando el cuerpo está ya seco buscan mucha miel y hacen mucho vino y convidan a todos los del pueblo para enviar el alma del difunto al cielo”. Finalmente relata que juntan mucha leña y “le pegan fuego, diciendo nîyî chî cây catú taplî, humo negro sube al cielo, dando grandes voces todos al tiempo que se quema y si el humo sube derecho dicen que va su alma al cielo”. 27 El P. Manuel Ortega y su relación de los ybyrajáras En medio del intento del H. Correia de acercarse a los ybyrajáras y el conocimiento de ellos alcanzado por el P. Ruiz de Montoya, encontramos como protagonista fundamental en el primer agrupamiento poblacional de ybyrajáras cristianos al P. Manuel Ortega. Sobre su biografía el P. Viotti cita una carta necrológica escrita por el P. Luis de Santillán, 28 que no hemos podido hallar en el Archivo General de la Nación (Argentina) donde claramente cita haberla consultado. 29 No obstante los PP. Lozano y Del Techo -como dijimos- 27 Cortesão, op. cit., pp. 346-347. 28 El P. Santillán (Lima, 1570 – 1654), después de estudiar en su ciudad natal fue destinado a Chile, como misionero en Osorno y profesor de filosofía en Santiago. Pasó luego como misionero en la región de Tunja (Colombia) en la viceprovincia del Nuevo Reino de Granada, de la que fue elegido su primer procurador en 1610. A su regreso fue designado rector del colegio de Santafé de Bogotá (1612-1618). Posteriormente y a pedido suyo fue trasladado a La Plata, donde se lo designó rector del colegio San Juan Bautista y primer rector de su universidad de San Francisco Javier (1620-1627). Luego fue provincial de Nueva Granada (1627-1632), donde se destacó en incentivar los ministerios de negros e indios, como a su vez ordenar a los estudiantes que aprendan lenguas indígenas. Concluido su mandato regresó a su ciudad natal (J. Baptista SI, “Santillán, Luis de”. En Charles E. O'Neill y Joaquín María Domínguez, Diccionario histórico de la Compañía de Jesús. Biográfico-Temático. T. IV, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 2001, p. 5654). 29 Incluso cita otro documento de este Archivo titulado: “Naufragio o empantamiento, en que estubo el Padre Manuel de Ortega de la Compañía de Jesús, con treinta personas naturales dos días con sus noches arriesgo
39 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá fueron ejemplo para que se les unieran otros habitantes de diferentes naciones. Otros en cambio prefirieron: “motivar mas eficazmente la ida de los Ministros del Señor, dexaban labradas Cruces de ochenta pies de alto, y fabricada Iglesia, en cuyo Atrio se avia de enarbolar el Estandarte triunfador del Abysmo”. Hacía siete años que estaban los PP. Fields y Ortega en Villarrica y escribe Lozano: “habían convertido innumerables infieles, puliendo el bronco de sus genios, y domesticando lo cerril de sus naturales, con la vida política en que los avian impuesto”. Agregando enseguida: “y de estos tenían fundados dos numerosos Pueblos cerca de Villarrica” (…) “ambos Pueblos florecían igualmente en la observancia de la Ley Divina, y en la policía Christiana, lográndose bien el particular fomento, con que los atendía su desvelo”. 44 También lo había dicho el P. Del Techo: “fundaron dos pueblos con los gentiles que habían convertido, á quienes protegían con todas sus fuerzas, como hijos suyos que eran en Cristo”. 45 El legado del misionero portugués A continuación de lo expresado por el P. Lozano, escribe que entre los PP. Fields y Ortega se destacaba este último: “que como mas robusto, y perito en el Idioma de la Region, podía mantener el mayor peso de tan penosas tareas, y era de ordinario quien salía á las Missiones”. 46 Incluso agrega Aurelio Porto que “Convence-nos esta última informação que o padre Ortega, haja estendido o seu apostolado até a região ao sul do Iguaçu, habitat naquela época dos ibirajaras”. 47 Ya mencionamos la experiencia y el aprendizaje del P. Ortega en las lenguas tupíguaraní y la de los ybirajáras, pues contaba con el Arte y Prácticas Doctrinarias del P. Anchieta como informó el provincial P. Rodrigues en 1597: “sevem também aos padres da 44 Lozano, op. cit., pp. 253-254. 45 Del Techo, op. cit., p. 105. 46 Lozano, op. cit., pp. 253-254. 47 Aurelio Porto, História das Missões Orientais do Uruguai. Rio de Janeiro: Publicaç es do Serviço do Patrim nio Histórico e Artístico Nacional, n 9. Imprenta Nacional, Rio de Janeiro, 1943, pp. 32-33.
40 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá Companhia, que andam no Peru, para ensinar aos indios do Tucumão, do Rio da Prata e doutras terras que confinam com o Brasil”. 48 Lo que nos cabe agregar es la visita que hicieron a Villarrica los PP. Saloni y Lorenzana en 1593. Sin dejar de soslayar que el P. Lorenzana había sido enviado por el P. Romero junto al P. Barzana y el H. Aguilar, siendo el primer jesuita de la provincia del Perú que se internó entre los guaraníes del Guayrá. Pues la puerta a las selvas del Paraguay se la abrió el P. Saloni, compañero de los PP. Ortega y Fields, enviados por el P. Anchieta y con quien indudablemente aprendió la lengua en sus largos viajes por el amplio territorio. Llegaron a Villarrica en enero, luego de caminar por numerosos pueblos guaraníes impartiendo los sacramentos del bautismo y matrimonio. El P. Lorenzana dio cuenta de aquel viaje escribiendo al provincial Juan Sebastián y expresando de Villarrica: “Tiene la Compañía en este pueblo una muy buena iglesia que han hecho los vecinos con mucho amor, y está el pueblo en una comarca grande indios, mucha parte dellos christianos, y todos los demás con deseo de serlo, especialmente los ibicayacas, gente de grande ánimo, muy bellicosa y con ayuda y favor refrenan los españoles el atrevimiento de los guaraníes, que tanto daño suelen hacer a los christianos”. 49 Y el provincial replicó que el P. Lorenzana “con la ida creció en lengua y vino muy diestro de ella”. 50 Lo mismo afirmó el P. Barzana en carta al provincial de 1594, remarcando que los tres que vinieron del Brasil: “saben muy bien el Guaraní, muy poco diferente del Tupi, y el P. Marciel de Lorenzana lo habla con mucha propiedad y distinta pronunciación; que los Guaranís pertenecientes á la jurisdicción de la Villa del Espíritu Santo”. 51 Después de aquella visita, los PP. Ortega y Fileds siguieron residiendo en Villarrica, recorriendo Ciudad Real y Santiago de Jeréz, aunque a su regreso sufrieron la epidemia de 1597. Una y otra vez acudieron a estas ciudades y su comarca. Tiempo después murió el P. Saloni en Asunción en 1599 y el P. Barzana fue trasladado, quedándose solo en Asunción 48 Viotti, op. cit., p. 38. 49 Antonio de Egaña SJ, Monumenta Peruana VI (1596-1599), Romae: Monumenta Missionum Societatis Iesu, 1974, pp. 376-377. 50 Ibídem, p. 387. 51 Pastells, op. cit., p. 97.
41 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá el P. Lorenzana, quien también fue trasladado por orden del visitador Esteban Páez en 1602. Aunque regresó tiempo después, en 1606, para convertirse luego en partícipe fundamental de las primeras reducciones de la flamante Provincia Jesuítica del Paraguay. Pero sobre todo fue quien les enseñó a sus compañeros recién llegados la lengua guaraní que aprendió con sus hermanos del Brasil. Al regresar a Asunción los PP. Saloni y Lorenzana, luego de seis meses de viaje, le relataron al P. Barzana las cosas admirables que habían visto y cuando este las escuchó: “no dudó en llamar á boca llena apóstol de los guaranís al P. Ortega; y aunque él era un anciano venerable por sus virtudes, se propuso imitar á éste en sus heróicas acciones”. Efectivamente, escribe el mismo Del Techo: “Brillaba el Padre Manuel Ortega por la santidad de su vida, constancia en los trabajos y favores divinos, mereciendo ocupar un lugar insigne entre los más esclarecidos hijos de la Compañía”. 52 El sitio que eligieron los misioneros del Perú y el mismo P. Torres para comenzar sus actividades pastorales, obviamente fue la región del Guayrá, pues la labor desarrollada allí era por demás visible. Miles de bautismos y matrimonios habían sido el germen y la semilla plantada por el P. Ortega. Los nuevos misioneros tuvieron los mismos problemas; que al ser pocos, no podían residir en las primeras cinco reducciones fundadas y se concentraron en Loreto del Paranapanema y San Ignacio del Pirapó, donde fue especial la participación del P. Lorenzana. La llegada del P. Ruiz de Montoya fue clave en estos años, pues fundó once pueblos entre 1622 a 1629, 53 dos de ellos: Concepción y San Pedro de guayanás. 54 Los poblados de indios cristianos fundados en el Guayrá duraron poco tiempo debido a las incursiones bandeirantes para obtener mano de obra esclava. La concentración de esos pueblos facilitaba la caza de personas y comenzaron a ser arrasados en 1628 y, como escribe Susnic y Chase-Sardi, 55 provocaron una verdadera psicosis colectiva del “fin 52 Del Techo, op. cit., p. 105. 53 Hernández, op. cit., p. 10. 54 Bartolomeu Meliá SI, El guaraní conquistado y reducido. Asunción, 1988, pp. 72-73. 55 Susnic y Chase-Sardi, op. cit., p. 76.
42 Número 37, diciembre 2016, pp.24-42 Carlos A. Page El jesuita portugués Manuel Ortega y el agrupamiento de ybyrajáras cristianos en los inicios de la evangelización del Guayrá del mundo”, alcanzando a 60.000 los indios esclavizados que llegaron a San Pablo. Los guaraníes sobrevivientes no dudaron en huir a la selva y solamente un limitado número de ellos, siguió el llamado del P. Ruiz de Montoya en su famoso éxodo y transmigración. Por su parte la tarea pastoral del P. Ortega y su defensa de la libertad del indio no dejó de cosechar enemigos. Por ello fue denunciado de solicitante de dos hermanas en 1597, y fue enviado al Tribunal inquisitorial de Lima y encerrado en cárceles secretas en Marzo de 1604, para pasar luego a un colegio de su Orden. Al fin salió absuelto por que el denunciante, en su lecho de muerte, declaró que la acusación había sido una mentira. 56 El P. Ortega profesó sus últimos votos a fines de 1605. Dos años después fue enviado por el provincial del Perú P. Esteban Páez y a pedido del virrey conde de Monterrey, a misionar nada menos que entre los chiriguanos del sur de Bolivia junto al P. Jerónimo Villarnau. 57 Dos años permanecieron en la región, hasta que el P. Ortega regresó a La Plata, donde murió el 21 de octubre de 1622. 58 56 José Toribio Medina, El Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las Provincias del Plata. Buenos Aires: Ed. Huarpes, 1945, p. 142. 57 Carlos A. Page, “La evangelización jesuítica entre los chiriguanos”. Revista de Humanidades y Ciencias Sociales, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, Vol. 17, Nº 1-2, 2013, p. 197. 58 Hugo Storni, SI, Catálogo de los jesuitas de la provincial del Paraguay (Cuenca del Plata) 1585-1768). Roma: Institutum Historicum SI, 1980, p. 208.