Un hombre cabal
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197 Revista de Estudios Taurinos N.º 51, Sevilla, 2022, págs. 197-199 UN HOMBRE CABAL Aunque había leído en la prensa sus crónicas taurinas, que siempre me interesaron mucho, no supe hasta bastante tiempo después quién era la persona que se ocultaba bajo el seudónimo de Gonzalo Argote, un nombre muy eufónico que en sus grafías y en su sonoridad parecía remitir a tiempos pasados. Fue en una de las reuniones del patronato de la Fundación de Estudios Taurinos, allá en las altos de una de las casas aledañas a la plaza de toros de Sevilla, donde se desveló para mí el misterio, pues allí estaba el mismo Gonzalo Argote en la persona de Juan Manuel Albendea, uno de los pioneros de nuestra Fundación y también uno de sus miembros más activos, ya que la presidió en algún momento y participó hasta el final en todas sus actividades. Su corpulencia física y el timbre rotundo de su voz produjeron en mí un efecto admirativo y en cierto modo intimidatorio, pues quién era yo –pensaba– para hablar de toros con alguien que venía precedido de un enorme prestigio en el mundo de la Fiesta y que se expresaba, además, con la seguridad de un sapiente aficionado. Aquel hombre transmitía con su palabra una sensación decerteza y de veracidad, de convencimiento y de sabiduría en el dominio de los toros, y siempre fue para mí, desde aquel mismo día, un referente merecedor de todo mi respeto.
198 Poco a poco, en el curso de la vida de la Fundación, fui descubriendo en él una dimensión humana que contrastaba con aquella primera impresión intimidatoria. Detrás de aquella voz sonora, de aquella contundencia con la que parecía opinar en nuestras reuniones, se me fue revelando un afecto, una bonhomía y un talante amistoso y conciliador que me fue impactando tanto o más que su probada competencia como entendido en el mundo del toro. Y ya en los últimos años de su vida, vencida del todo aquella intimidación mía de los inicios, pude apreciar en todo su valor la honda palpitación humana de su personalidad, la entrega desinteresada a los demás, el cariño que profesaba a sus amigos. Más allá de sus valores como gran conocedor de la Fiesta, reconocidos y celebrados tanto por los aficionados y amantes del toreo como por los críticos y por los mismos toreros –hecho este último que yo comprobé de primera mano en varias ocasiones–, pude apreciar en él dos cualidades muy sobresalientes: una insobornable coherencia personal con sus convicciones y fidelidades más hondas y un gran entusiasmo y un espíritu de lucha realmente admirables para defender ese íntimo patrimonio moral sin complejo alguno. Su batallar en el mundo de la política para conseguir una ley que diera oficialidad a la fiesta de los toros fue todo un ejemplo de entrega a la causa que merece la gratitud de todos cuantos creemos en la legitimidad y en el valor de la tauromaquia. Y su activa participación, hasta los momen-tos finales de su vida, en las tareas de nuestra Fundación revela hasta qué punto no perdió nunca la ilusión ni los deseos de contribuir a su feliz andadura. Compartí con él y con Carlos del Barco la coordinación del libro sobre Pepe Luis Vázquez que publicamos en 2018 en nuestra colección “Tauromaquias”. Fue aquélla una inolvidable experiencia que se prolongó a lo largo de muchos meses y que terminó por descubrirme la inmensa solera taurina que Juan Manuel atesoraba en su persona y en los anaqueles de una exce- Fundación de Estudios Taurinos 22 23 lente biblioteca que él, siempre generoso, nos enseñaba con la fruición y el entusiasmo que ponía en todas sus cosas. . Tardes enteras de conversación y de proyectos en su acogedora casa sevillana, gentilmente atendidos por su amabilidad y la de su esposa Mariquilla ; relatos de una vida tan interesante como la suya, abundante de lances de todo orden ; intercambio cordial de juicios y puntos de vista para dar cuerpo a ese libro que fue una de sus últimas aportaciones a la historia del toreo. Nunca olvidaré, querido Juan Manuel, amigo mío, aquella hermosa aventura compartida, la que dejó en mí la convicción de que con ser mucho tu saber de toros, más y más grande fueron tu hombría de bien y tu rica humanidad de persona cabal. Rogelio Reyes Fundación de Estudios Taurinos 198
Poco a poco, en el curso de la vida de la Fundación, fui descubriendo en él una dimensión humana que contrastaba con aquella primera impresión intimidatoria. Detrás de aquella voz sonora, de aquella contundencia con la que parecía opinar en nuestras reuniones, se me fue revelando un afecto, una bonhomía y un talante amistoso y conciliador que me fue impactando tanto o más que su probada competencia como entendido en el mundo del toro. Y ya en los últimos años de su vida, vencida del todo aquella intimidación mía de los inicios, pude apreciar en todo su valor la honda palpitación humana de su personalidad, la entrega desinteresada a los demás, el cariño que profesaba a sus amigos. Más allá de sus valores como gran conocedor de la Fiesta, reconocidos y celebrados tanto por los aficionados y amantes del toreo como por los críticos y por los mismos toreros – hecho este último que yo comprobé de primera mano en varias ocasiones-, pude apreciar en él dos cualidades muy sobresalientes : una insobornable coherencia personal con sus convicciones y fidelidades más hondas y un gran entusiasmo y un espíritu de lucha realmente admirables para defender ese íntimo patrimonio moral sin complejo alguno. Su batallar en el mundo de la política para conseguir una ley que diera oficialidad a la fiesta de los toros fue todo un ejemplo de entrega a la causa que merece la gratitud de todos cuantos creemos en la legitimidad y en el valor de la tauromaquia. Y su activa participación, hasta los momentos finales de su vida, en las tareas de nuestra Fundación revela hasta qué punto no perdió nunca la ilusión ni los deseos de contribuir a su feliz andadura. Compartí con él y con Carlos del Barco la coordinación del libro sobre Pepe Luis Vázquez que publicamos en 2018 en nuestra colección “Tauromaquias”. Fue aquélla una inolvidable experiencia que se prolongó a lo largo de muchos meses y que terminó por descubrirme la inmensa solera taurina que Juan Manuel atesoraba en su persona y en los anaqueles de una exce- Fundación de Estudios Taurinos 22 199 23 lente biblioteca que él, siempre generoso, nos enseñaba con la fruición y el entusiasmo que ponía en todas sus cosas. Tardes enteras de conversación y de proyectos en su acogedora casa sevillana, gentilmente atendidos por su amabilidad y la de su esposa Mariquilla; relatos de una vida tan interesante como la suya, abundante de lances de todo orden; intercambio cordial de juicios y puntos de vista para dar cuerpo a ese libro que fue una de sus últimas aportaciones a la historia del toreo. Nunca olvidaré, querido Juan Manuel, amigo mío, aquella hermosa aventura compartida, la que dejó en mí la convicción de que con ser mucho tu saber de toros, más y más grande fueron tu hombría de bien y tu rica humanidad de persona cabal. Rogelio Reyes Fundación de Estudios Taurinos 199