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Calores de Andalucía

Fernández-Reyes, Rogelio

Abstract

Como nunca los medios de comunicación están reflejando los efectos de los desastres naturales. Si bien no hay más huracanes en Centroamérica que en otros años, sí se ha duplicado el número de ellos con mayor virulencia. Y cada vez son más las instituciones que relacionan el calentamiento global con desastres como los producidos por el Katrina y el Stan, por ejemplo. Según informaban expertos de la Organización Mundial de la Salud, unas 10.000 personas de la región de Asia-Pacífico fallecen cada año como resultado de los factores asociados al calentamiento global, tales como la enfermedad del mosquito-borne. El riesgo de sufrir tifones, ciclones e inundaciones en la zona se incrementa notablemente. Advertían: «Este número puede incrementarse entre los próximos 50 y 100 años». En el presente artículo se efectúa un análisis periodístico del efecto de la ola de calor producida en Europa en el verano de 2003. Concretamente nos centraremos en Sevilla, aunque remitiremos a las administraciones autonómica y nacional.

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30 - 2005 135 CAMBIO CLIMÁTICO Calores de Andalucía Rogelio Fernández Reyes* Como nunca los medios de comunicación están reflejando los efectos de los desastres naturales. Si bien no hay más huracanes en Centroamérica que en otros años, sí se ha duplicado el número de ellos con mayor virulencia. Y cada vez son más las instituciones que relacionan el calentamiento global con desastres como los producidos por el Katrina y el Stan, por ejemplo. Según informaban expertos de la Organización Mundial de la Salud, unas 10.000 personas de la región de Asia-Pacífico fallecen cada año como resultado de los factores asociados al calentamiento global, tales como la enfermedad del mosquito-borne. El riesgo de sufrir tifones, ciclones e inundaciones en la zona se incrementa notablemente. Advertían: «Este número puede incrementarse entre los próximos 50 y 100 años». En el presente artículo se efectúa un análisis periodístico del efecto de la ola de calor producida en Europa en el verano de 2003. Concretamente nos centraremos en Sevilla, aunque remitiremos a las administraciones autonómica y nacional. Al contabilizar las muertes producidas por golpes de calor en el verano de 2003, la Consejería de Sanidad de la Junta de Andalucía, a través del SAS andaluz señaló 42 decesos en el Estado al final de la canícula. Desde Madrid, el Ministerio de Sanidad amplió a 101 conforme avanzó el mes de agosto. Un año después se reconocía que la ola de calor había tenido un efecto mucho mayor: el exceso de mortalidad respecto al mismo período de años anteriores fue de 6.500 según el Ministerio de Sanidad. En una nota de prensa de Ecologistas en Acción se contabilizaban 12.963, basándose en datos del Instituto Nacional de Estadística. Si, tal como corroboraron un grupo de expertos, la ola de calor del verano de 2003 está vinculada en un 70-80% de probabilidades al cambio climático, nos encontramos ante la mayor catástrofe ambiental de Andalucía, España y Europa. Decenas de miles de muertos se enterraron bajo la consideración de crisis de salud, cuando la verdad puede ser que la mano del hombre estuviera detrás, a través de su impacto ambiental. Los hechos ocurrieron en un verano excesivamente silencioso, sin advertir lo que podría estar ocurriendo. AQUEL VERANO SILENCIOSO Así podría haber titulado Rachel Carson la segunda entrega, tras Primavera silenciosa, si hubiera analizado los efectos de la ola de calor en el verano de 2003. Como recogeremos en el presente artículo, se trata de uno de los mejores ejemplos de desinformación ambiental y de ilusión ambiental por parte de las autoridades administrativas. Las altas temperaturas no son una experiencia inusual. Sí lo supone la frecuencia de estos fenómenos extremos, que evidencian indicios del cambio climático. Según la revista Science, el verano de 2003 fue el más caluroso en Europa en los últimos 500 años. Una ola de calor registró unas temperaturas record en muchos puntos de la comunidad andaluza. En Granada, el 20 de julio marcaba 24º a las 7 de la mañana, y Sevilla llegó a 46,2º. * Doctor en Periodismo 30-13.p65 31/01/2006, 11:50135 Calores de Andalucía 136 30 - 2005 Al realizar un análisis informativo del Diario de Sevilla nos encontramos con que trató el tema en nueve portadas durante el mes transcurrido a partir del inicio de la ola de calor, siendo el tema principal en ocho de ellas. La sección En Portada (páginas dos y tres) trató el asunto en cinco ocasiones. El resto de informaciones aparecieron en las secciones de Sevilla y Sociedad. Hubo un editorial dedicado al tema y tres artículos de opinión. Los temas principales tratados fueron: las temperaturas, la ola de calor en sí, los apagones, un número reducido de muertes y la situación de los hospitales. Las primeras conclusiones son que, durante esos días, no se ofreció información del verdadero impacto de las altas temperaturas y no se vinculó al cambio climático. Tan sólo dos artículos se refirieron a él: el editorial, titulado «Un círculo vicioso e insostenible» trataba sobre la alteración del clima del planeta; y un artículo de opinión firmado por Manuel Pimentel titulado «Población y Cambio Climático» en el que reflexiona sobre la responsabilidad del ser humano en dicho cambio. Relato de los hechos La primera información que apareció fue el 31 de julio tras pasar la noche anterior con una mínima de 27 grados. Los días siguientes trataron sobre la ola de calor, algunos fallecimientos y sobre los centros hospitalarios. El 4 de agosto publicaba que el SAS afirmaba el refuerzo de urgencias en los tres hospitales de Sevilla y los centros de Córdoba y Cádiz, y una constante coordinación entre hospitales ante posibles derivaciones de pacientes. Este panorama difería del que relataban facultativos de hospitales de Sevilla y miembros del sindicato médico Satse y de CCOO acerca del colapso y de una sanitaria bajo mínimos. Tal como recogía el Diario de Sevilla, una verdadera situación dura se vivió el 1 de agosto en el Macarena, donde los propios médicos del centro aseguraron que la media de espera para atender a los pacientes rozaba las cinco horas, (…) colas en la admisión y falta de camas e incluso camillas. El 7 de agosto, el balance oficial de fallecidos (facilitados por Protección Civil y por el SAS) era de 14. El día 8 se batían nuevos récords: el de los días consecutivos por encima de los 40º, la temperatura máxima de 45,2º en Sevilla y la subida de temperatura del Mar Mediterráneo (según el Centro Metereológico de Cataluña alcanzó los 32º, esto es, 5º superior a la media en esta época, y la marca más alta registrada en 45 años). El 9 de agosto Protección Civil cifraba en 19 (12 en Andalucía) el número de muertos como consecuencia de la ola de calor que azotaba España. Al día siguiente, el SAS aclaraba por qué no incluía determinados fallecimientos. Refiriéndose a dos difuntas, precisaba: «fueron pacientes aquejadas por enfermedades crónicas agravadas por el calor, por lo que no se incluyen en el registro de víctimas mortales como consecuencia del término médico golpe de calor, una patología más grave que supone la desnutrición celular y la pérdida de funcionamiento de varios órganos o sistemas que pueden producir la muerte en poco tiempo». Esta explicación es cla- ve para la investigación, dado que el Servicio Andaluz de Salud no contabilizaba las muertes de más que el calor estaba provocando, sino tan sólo aquellos que presentaban el cuadro médico de golpe de calor. El día 12 la portada informaba: «La mortalidad crece un 60% en Sevilla bajo la ola de calor». Basándose en las inhumaciones e incineraciones en el cementerio de la localidad desde el 30 de julio, el diario analizado mostraba otras cifras que las barajadas oficialmente: un 60% más de muertes que en el mismo período del año anterior. La necrópolis sevillana se vio al borde del colapso, por lo que algunas funerarias desviaron cadáveres a centros incineradores de Huelva y Jérez para que los familiares no tuvieran que esperar una lista de espera de dos días para dar abasto con las cremaciones. En los 13 o 14 días transcurridos habían fallecido 131 personas más que en las mismas fechas de 2002, según los datos de la necrópolis. El mismo día 12 aparecen unas declaraciones del consejero de Salud de la Junta, Francisco Vallejo, realizadas durante una visita a las instalaciones del Hospital Militar de Sevilla. Contrariamente a lo expuesto por el SAS el 9 de agosto, el balance oficial del Servicio Andaluz de Salud comenzó a contabilizar, además de los fallecimientos por síntomas de ola de calor, a decesos por patologías asociadas a las altas temperaturas como consecuencia del agravamiento de enfermedades crónicas, 12 y 8 respectivamente. 30-13.p65 31/01/2006, 11:50136 30 - 2005 137 CAMBIO CLIMÁTICO En estos días comenzarán las noticias sobre la ola de calor en distintos países de Europa, donde se baten registros: Alemania alcanzó los 40,8º (la mayor temperatura desde que comenzaron los registros en 1730. Hay que recordar que el año anterior sufrió unas riadas que devastaron el país); Francia llegó a su mínima más alta, con 25,5º (la mayor temperatura desde que comenzaron los registros en 1873); Londres sobrepasó los 37,9º (también la más alta desde que comenzaron los registros siglo y medio antes). El 14 de agosto la ola de calor ha provocado «42 muertes», según los datos oficiales. Como explicará Diario de Sevilla, «en la estadística aportada por el SAS no se incluyen algunos óbitos certificados en los últimos días en diversos puntos de la ciudad, como algunos ancianos hallados muertos o una indigente (…) Las autoridades sanitarias no han confirmado que estas muertes estén relacionadas con el calor». El 15 se refleja la crisis ocurrida en Francia por los entre mil quinientos y tres mil muertos que se cifraban había dejado la ola de calor. Así lo recoge el Diario de Sevilla: «Después de varias semanas minimizando los daños de la canícula, el Gobierno galo ha decidido afrontar de lleno las consecuencias de lo que el ministro de Sanidad Mattei reconoció ayer como una epidemia». El 16 de agosto un artículo de opinión reflejaba fielmente la imagen que presentaban los datos oficiales y que prevaleció en los medios de comunicación: «…en Francia ha habido 3.000 muertos vinculados a la canícula, mientras que en España las cifras oficiales dan por ahora, 40 muertos (…) Al comparar los efectos de la canícula en Francia y en España no cabe descartar lo que podríamos considerar un hecho cultural: las gentes de Andalucía, Extremadura o Madrid están mejor preparados para hacer frente al bochorno que la población de los Landes o de la región parisina a la canícula». El 17 de agosto aparece la primera reacción dudando de las cifras de muertes por calor. La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) defendía que las cifras eran superiores y consideraba «llamativo» que en países de nuestro entorno, como Francia o Reino Unido se contaran por miles. A su juicio, la diferencia se debía a la manera con las que se contabilizaban las muertes, dado que el Ministerio de Sanidad sólo contabiliza las producidas por golpe de calor. Para la Federación «esta peculiar forma de elaborar estadísticas por parte de nuestros responsables sanitarios resulta poco rigurosa y algo triunfalista». Aseguraban igualmente que los datos se contradicen con los proporcionados por los servicios funerarios en todo el país, «que están señalando un aumento de defunciones respecto al año pasado que oscila entre el 25 y el 100% según las distintas regiones». El 18 de agosto la información se refería a los países de Europa. El titular era: «El calor saca los colores al Gobierno italiano». Las cifras de muertes en Francia ascendían ya a 5.000. El Director General de Salud francés dimitió. El 20 de agosto una información en la sección de Sevilla reconoce que el calor aumentó un 50% los duelos en el tanatorio. Luis Sánchez, gerente del tanatorio de la SE-30 aseguraba que durante la ola de calor «se ha triplicado el número de defunciones». Otra información trata sobre otros lugares. En Jaén el incremento de óbitos se dispara hasta el 86%. En Barcelona y su área habían fallecido hasta este día 887 personas más que en 2002 en similares fechas. Este mismo día aparece reflejado que «Sanidad investiga la cifra de muertes por golpe de calor». La ministra de Sanidad se comprometió a recabar de las comunidades autónomas los datos de mortandad atribuibles a las altas temperaturas. El medio centenar declarado en España no satisfacía a la Fadsp ni al PSOE. Es oportuno decir que el PSOE no puso en duda las cifras de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía (gobernada por el PSOE) y sí las del Ministerio de Sanidad (gobernada por el PP). El 21 de agosto se volvía a reflejar la situación en Francia, esta vez con una fuente que, a la postre, ha sido de las más fiables. Los servicios funerarios estimaban en 10.000 las muertes por la canícula. Pompas Fúnebres Generales apuntaron 13.000. Dos días después, la ministra de Sanidad, Ana Pastor, rechazaba cualquier comparación con la crisis sanitaria acusada en Francia. Los datos recabados hasta el momento por el Ministerio contabilizaban a 101 muertos (54 por agravamiento de patologías previas y 47 por efecto directo del calor). El 21 de agosto, asociaciones de pacientes acusaban al Gobierno de ocultar el número real de muertos por la ola de calor, que cifraban en unos 2.000. La Asociación El Defensor 30-13.p65 31/01/2006, 11:50137 Calores de Andalucía 138 30 - 2005 del Paciente (Adepa) y la Asociación de Víctimas de Negligencias Sanitarias (Avinesa) criticaron las deficiencias de los sistemas de aire acondicionado de los hospitales españoles, a su juicio, directamente relacionadas con el fallecimiento de numerosos pacientes ancianos. Pusieron en evidencia la actuación «diametralmente diferente» de las autoridades sanitarias en España y Francia, país en el que cesó el Director General de Salud. En España «no se mueve del sillón ni Dios», aludían. Según la presidenta de Avinesa, los datos oficiales conocidos «no son fiables» y está convencida de que la cifra es mucho mayor, aunque agregó que no sabe «con qué animo» el gobierno «oculta» los datos reales. El 18 de septiembre, el grupo parlamentario del PSOE ya apuntaba a 6.112 el incremento de muertes respecto a 2002. Este mismo día, el departamento de Ana Pastor presentó a los consejeros sanitarios autonómicos un «Informe sobre el potencial impacto sanitario de la ola de calor y la evolución reciente de la mortalidad general y por causas en España». Los resultados del estudio «mostraban» que los fallecimientos durante el mes de agosto de 2003 en España se habían debido a las mismas causas que en los meses anteriores, «sin que haya un patrón significativamente distinto que haga sospechar un aumento de causas de muerte prematura o sanitariamente evitable explicativo de esas defunciones». La ministra, amparada en los datos ofrecidos por las comunidades autónomas, subía la cifra de víctimas a 141. El 25 de septiembre de 2003, el Ministerio de Sanidad francés admitía la cifra de 14.802 muertes por la ola de calor. En Italia se estimó un incremento de 4175 defunciones en el grupo de mayores de 65 años entre el 15 de julio y el 15 de agosto. En Portugal ente el 31 de julio y el 12 de agosto se estimó un exceso de mortalidad respecto al año anterior de 1316 personas. En Gran Bretaña este incremento fue de 2045 personas entre el 4 y el 13 de agosto. En España, 141. ¿Más listos que nadie? Tuvimos que esperar a conocer cifras oficiales más reales en mayo de 2004. El día 6, Diario de Sevilla publicaba en una pequeña columna los resultados del informe Nacional de Epidemiología el cual señalaba que entre junio y agosto del verano de 2003 se produjo un exceso de defunciones de mayores de 65 años cifrado en 6.500. El sesgo seguía: sólo se analizaron las muertes de mayores de 65 años. Los actores Consejería de Salud de la Junta de Andalucía: Defendió que se reforzaron los servicios de urgencias. Si al principio no contabilizó los fallecimientos por enfermedades crónicas agravadas por el calor, a partir del día 12 sí los consideró. A pesar de ello el balance oficial del Servicio Andaluz de Salud es de 31 difuntos a 12 de agosto (20 andaluces). El 14 de agosto el Diario de Sevilla hablará de 42 fallecidos según las fuentes oficiales, todo parece apuntar que se refería al SAS. El día 15, oficialmente se contabilizaban 29 muertes en Andalucía. Protección Civil: En los primeros días aportó datos de los fallecimientos, pero tras unas cifras presentadas diferentes a las del SAS, dejaron de suministrar información, asumiendo esta función por entero la Consejería de Salud. Ministerio de Sanidad: Remitía a los datos ofrecidos por las comunidades autónomas, los cuales nos pasaban del medio centenar a día 17 de agosto. La ministra Ana Pastor admitía que se contabilizaban todas las defunciones atribuidas a las altas temperaturas. El Ministerio tomó protagonismo a partir del día 15, cuando las muertes en Francia ya se contabilizaron por miles. La ministra de Sanidad rechazó cualquier comparación con las crisis sanitarias acusadas en el país galo. Personal sanitario y sindicatos: El número de hospitalizados generó una protesta por lo que éstos consideraban deficiencias en el servicio sanitario. Tanatorios y cementerios: Se convirtieron en las fuentes más fiables para medir la verdadera envergadura de la catástrofe. A pesar de que puntualmente fueron consultados, sus datos no consiguieron poner en duda los datos oficiales durante toda la canícula. En Francia, su información fue decisiva para poner en evidencia las declaraciones del ministro francés, quien aseguraba, antes de reconocer la epidemia, que «las cifras de mortandad eran comparables a los años anteriores, salvo casos puntuales» Ecologistas: Resulta llamativo que durante esos días, las asociaciones ecologistas no presentaran notas de prensa vin- 30-13.p65 31/01/2006, 11:50138 30 - 2005 139 CAMBIO CLIMÁTICO culando la ola de calor con el cambio climático, cuando han sido abanderados en la denuncia del calentamiento global. En aquellos días las notas de prensa de Ecologistas en Acción Andalucía se referían a las Minas Las Cruces. Empresas de suministro energético: Fueron protagonistas por apagones producidos. Suministraron información sobre el porcentaje del consumo energético. Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (Fadsp): Fue la primera entidad que puso en entredicho las cifras oficiales criticando la «peculiar forma de elaborar estadísticas por parte de nuestros responsables sanitarios resulta poco rigurosa y algo triunfalista». Diario de Sevilla: Admitió las fuentes oficiales como referencia válida, lo que le limitó para tener una visión más amplia de lo que estaba ocurriendo. Hizo un buen ejercicio profesional al acercarse a las fuentes del cementerio. Lástima que no siguiera profundizando en esa línea. A pesar de todo, a través del editorial, fue el primero que vinculó lo que estaba ocurriendo con el cambio climático. Conclusiones – Existió una desinformación generalizada desde los responsables de sanidad de las distintas comunidades autónomas y del Ministerio de Sanidad español en cuanto a los verdaderos efectos de las altas temperaturas en las causas de muertes. Dado que numerosas fuentes fiables apuntaban a las más de 141 muertes que oficialmente se reconocieron, sostenemos que hubo un oscurecimiento consciente de la realidad. – De la ilusión ambiental creada por la administración política se benefició —de manera efímera— tan sólo la clase política, perdiendo la sociedad la oportunidad de un debate y una reflexión. – Si, tal como corroboraron un grupo de expertos, la ola de calor del verano de 2003 está vinculada en un 70-80% de probabilidades al cambio climático, nos encontramos ante la mayor catástrofe ambiental de Andalucía, España y Europa. Decenas de miles de muertos se enterraron bajo la consideración de crisis de salud, cuando la verdad puede ser que la mano del hombre estuviera detrás, a través de su impacto ambiental. Dado que es una conclusión de envergadura, creemos conveniente que habrá que tener más datos científicos para identificar la ola de calor del verano de 2003 con el cambio climático. Con la información que hoy disponemos podemos concluir que dicha ola de calor puede ser la mayor catástrofe ambiental ocurrida en Andalucía, España y Europa en cuanto a número de víctimas mortales. 30-13.p65 31/01/2006, 11:50139