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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Discontents and “Black Swans”: Elections in Uruguay in 2019 Gerardo Caetano1 UDELAR, FCS (Uruguay) Lucía Selios2 UDELAR, FCS (Uruguay) Ernesto Nieto3 UDELAR, Cenur-Salto (Uruguay) Recibido: 06-07-19 Aprobado: 24-08-19 Resumen En la actual campaña electoral uruguaya de 2019, se perfila un cuadro de descontentos generalizados que desborda claramente los estándares tradicionales de la política del país. Muchos de estos descontentos se articulan con diversos factores que los autores han venido destacando en trabajos anteriores, como señales de una mutación gradual pero efectiva de la política uruguaya. En continuidad con ese abordaje de investigación, en el artículo se indagará acerca de las posibilidades efectivas de que esta mutación política adquiera proporciones realmente significativas en las actuales circunstancias, con la posibilidad de confirmación de “cisnes negros” que parecen atisbarse en la campaña electoral en curso. Para ello, luego de algunos discernimientos teóricos y metodológicos, se trabajará el itinerario de distintos indicadores de opinión pública a nivel nacional 1 ([email protected]) Doctor en Historia. Docente e investigador en temas como historia política y análisis de los procesos democráticos contemporáneos. 2 ([email protected]) Doctora en Ciencia Política. Docente e investigadora en temas como métodos de investigación y opinión pública. 3 ([email protected]) Doctorando en Ciencia Política. Docente e investigador en temas de opinión pública y gobiernos subnacionales.
278 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 durante el período 1995-2017, vinculados con el objeto de estudio planteado. A partir de esos insumos, se realizarán algunas breves consideraciones de proyección analítica. Palabras-clave: Elecciones, Uruguay, Descontentos, Opinión Pública, Mutación. Abstract In 2019, during the current Uruguayan electoral campaign, public opinion shows widespread and atypical discontent. Citizens’ discontent exceeds the traditional standards of high political support in this county, and it is related to several factors that have been pointed out by the authors in previous studies, as signs of a gradual but effective mutation of Uruguayan politics. In this vein, the article inquiries about the prospects that those transformations acquires truly significant proportions, given the unusual emergence of “Black Swans” in the current electoral contest. The article begins discussing some theoretical and methodological arguments, then presents the evolution of the main public opinion trends during 1995-2017 period. Finally, it presents some brief considerations of analytical projections. Key-words: Elections, Uruguay, Discontent, Public Opinion, Mutation. 1. El asunto Los autores de este texto vienen sosteniendo desde hace tiempo que “la democracia uruguaya está mutando, en sus tiempos y con sus pautas singulares,” en una correspondencia lenta pero firme con otros procesos que se dan de modo más acelerado e incierto en América Latina. (Caetano-Selios 2016: 237) ¿Pero a qué puede llamarse una mutación? Refiere básicamente a un proceso de cambio, de transformación de aspectos de un proceso u objeto específico. El concepto de mutación se inscribe en un proceso de reflexión y de análisis de la política que se viene desarrollando desde hace algunos años y por diferentes autores. Es que como ha venido ocurriendo desde hace mucho, la Democracia de manera persistente se ha debido apoyar en otras palabras y conceptos (desde adjetivos o categorías nuevas), para complementar su definición o para y habilitar un enfoque de análisis diferente. En esa perspectiva, diferentes autores han usado y usan adjetivaciones para señalar los aspectos más salientes. Así mientras que para unos es “continua” (Schnaper, que luego es continuada en la actualidad por Cheresky en estas latitudes), para otros es “poselectoral”,
279 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 de “auto representación” y afianzada en una nueva cultura política “impolítica” (Rosanvallon). Intentemos analizar brevemente algunos de estos cambios (mutaciones) señalados por estos diversos autores. Dice Rosanvallon que en A. Latina crece la auto representación, (Rosanvallon 2007) mientras que Manin señala que en realidad lo que crecen son las formas de participación no institucionalizadas; (Manin 2015) complementando esta visión, Urdinatti afirma que “los ciudadanos ya no presionan a sus representantes en nombre de la democracia, sino que buscan tener a las instituciones bajo los reflectores, es decir, bajo la mirada pública que de alguna manera quiere vigilar lo que acontece”. (Urbinati 2013) Y todo esto es posible porque hay un cambio profundo en la idea de la representación entendida como fue planteada durante buena parte de la historia política de la democracia, a la que precisamente llamamos “representativa”. Pero además se afirma que “El sistema de partidos se ha debilitado o ha desaparecido, como resultado de la desarticulación de las organizaciones históricas y de la emergencia de movimientos políticos inorgánicos, como es frecuentemente el caso en América Latina; o aun con persistencia de partidos históricos mutantes a la par de la emergencia de nuevos ecologistas, extrema derecha, regionalistas; constituyéndose escenarios de fragmentación, como en varios países europeos, tanto en las elecciones como en la actividad parlamentaria. De modo que en vísperas de las elecciones aparecen otros actores con nuevas etiquetas y una centralidad creciente de los liderazgos personales. Incluso los actores institucionales y los líderes se posicionan de un modo diferente”. (Cheresky 2015) Podemos sintetizar que muchas de las mutaciones señaladas por diferentes autores se asientan en tres niveles diferentes pero complementarios: el rol de los partidos políticos y los liderazgos que de ellos se derivan, la emergencia de formas de participación no tradicionales en el espacio público y las transformaciones del rol del Estado. Siguiendo esta serie de mutaciones señaladas para América Latina y en referencia específica al caso uruguayo, los autores de este texto hemos afirmado además que las mismas se encuentran asentadas en un malestar social extendido por el que viene transitando la sociedad uruguaya en los últimos tiempos, en consonancia con muchos procesos similares que ocurren en la región y en el mundo, en tanto rasgo de época. Se trata de un malestar específico, de carácter netamente ciudadano. Los actuales gobernantes se quejan de que la evolución de los indicadores económicos y sociales de los últimos quince años de gobierno del Frente Amplio no justifica esa sensación ambiente de los uruguayos. (Caetano 2017) Sin embargo, como lo indican estas sociedades enojadas del siglo XXI, los
280 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 descontentos ciudadanos no siempre responden a situaciones críticas o adversas; con frecuencia emergen de la desmemoria y de expectativas desmesuradas, también del desgaste del ejercicio del gobierno o de claudicaciones de otro tipo. Y ese malestar ciudadano, cuando se instala, afecta a todos los escenarios que conforman nuestra Polis. Sin embargo, resulta particularmente relevante el malestar hacia la política cuando este se da en una sociedad tan institucionalista como la uruguaya, en un escenario de bastante normalidad en comparación con sus vecinos, con una centralidad tradicional de lo público y en especial de los partidos como agentes mediadores del conflicto social. En los actuales contextos, esos tradicionales “amortiguadores” (Real de Azúa 1984) de la política uruguaya parecen convertirse en las principales víctimas de ese malestar. El malestar puede ser entendido a partir de cambios graduales en la cultura política que sustenta la praxis de nuestras instituciones y que su vez es conformada por ella. En el actual proceso electoral 2019-2020 parecen confluir varios fenómenos novedosos que exacerban estos perfiles y que podrían traducirse en auténticos “cisnes negros” en la política uruguaya: protagonistas y procesos raros, de fuertes efectos disruptivos, difíciles de predecir. Este tipo de fenómenos han sido muy excepcionales en la historia política uruguaya. ¿Qué fenómenos novedosos de ese porte están ocurriendo en el actual proceso electoral? Citemos algunos de entre los más destacados: la participación de un precandidato presidencial completamente outsider, el empresario Juan Sartori, en la interna de uno de los partidos históricos del país como es el P. Nacional; 4 el ingreso meteórico a la política electoral de quien ocupara hasta marzo del presente año la comandancia en jefe del ejército, Guido Manini Ríos, cesado luego por el gobierno de Tabaré Vázquez e investido casi inmediatamente como precandidato presidencial por un partido de perfil militar denominado “Cabildo Abierto”; 5 la postulación presidencial del empresario 4 La postulación presidencial del empresario uruguayo Juan Sartori dentro del P. Nacional ha constituido la mayor sorpresa del actual proceso electoral uruguayo. Desconocido hasta el año pasado por la enorme mayoría de los uruguayos, sin haber votado nunca ni haber demostrado inclinación política alguna a la política, con un desconocimiento evidente sobre la realidad del país y del partido al que se ha integrado, ha desarrollado en forma muy temprana (incumpliendo la ley electoral que determina los tiempos de campaña) una profusa propaganda en los medios de comunicación utilizando cuantiosos recursos. Las últimas encuestas a un mes de las internas del 30 de junio lo dan creciendo y ya en el segundo lugar de preferencias en el P. Nacional. Las razones de su candidatura siguen siendo un misterio para la mayoría de los dirigentes políticos y analistas. 5 El general Guido Manini Ríos (1958) fue Comandante en Jefe del Ejército desde el 1º de febrero de 2015 (designado a instancias del entonces Ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, en los días finales del gobierno de José Mujica) hasta el 12 de marzo de 2019, día en el que en fue destituido por el actual presidente Vázquez por incurrir en graves declaraciones públicas contra el Poder Judicial. Integrante de una familia política con nítidos antecedentes políticos de derecha, durante su actuación como comandante incurrió en numerosas declaraciones controversiales sobre temas políticos y militares (actuación del ejército durante la dictadura, rechazo a la ley modificatoria del servicio de pensiones y jubilaciones militares, rechazo a las organizaciones de derechos humanos y de familiares de detenidos desaparecidos, etc.), siendo en todo momento protegido por el Ministro y ex dirigente tupamaro Fernández Huidobro, con quien trabó amistad. En setiembre de 2018 fue
281 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Edgardo Novick, que fuera candidato a la Intendencia de Montevideo en 2015, en acuerdo con los partidos Colorado y Nacional bajo el lema “Partido de la Concertación”, que constituyó luego un nuevo “Partido de la Gente” de fuertes perfiles populistas de derecha; 6 entre otros de similar tenor. Contribuyen a estimular la percepción sobre la posibilidad de cambios más profundos en la política uruguaya otros fenómenos y procesos, tal vez menos imprevistos y extraños pero de fuerte impacto, que sin configurar “cisnes negros” parecen ayudarlos a emerger con fuerza: la casi certeza de que ni el Frente Amplio actualmente gobernante ni la suma de blancos y colorados obtendrán mayorías legislativas en los comicios de octubre, con lo que ambos bloques se verán muy probablemente forzados a buscar acuerdos con partidos menores, dentro de una franja que se muestra tan dispersa como diversa desde el punto de vista ideológico; 7 la renovación total de la grilla de candidatos dentro del Frente Amplio, a partir de la imposibilidad constitucional de reelección de Vázquez y del desistimiento de José Mujica y Danilo Astori; el inesperado retorno a la política electoral competitiva como precandidato presidencial de Julio María Sanguinetti, de 83 años y dos veces presidente de la República, quien hacía una década se había retirado formalmente de la política partidaria activa; entre otros. Como se verá en el artículo, este cuadro muy novedoso para los estándares tradicionales de la política uruguaya tiende a coincidir con un marco de descontentos generalizados, muchos de los cuales se focalizan contra el actual gobierno frenteamplista, aunque otros refieren claves más genéricas y diversas de distanciamiento con la política, sus instituciones y actores. Muchos de estos descontentos, cuya desagregación teórica y metodológica se abordará a continuación, sintonizan y en algunos casos se articulan con aquellos factores que hemos venido destacando en trabajos anteriores como señales de una mutación gradual pero efectiva de la política uruguaya. En continuidad con ese sancionado con un arresto a rigor por 30 días por duras declaraciones políticas contra el proyecto oficial de revisión de las jubilaciones militares. Casi inmediatamente de haber sido cesado como comandante, fue proclamado como precandidato a la Presidencia de la República por un partido recién creado denominado “Cabildo Abierto”. 6 Edgardo Novick (1956), uno de los más importantes empresarios del medio uruguayo, fue candidato a Intendente de Montevideo por el “Partido de la Concertación”, creado para esa instancia electoral por los partidos Blanco y Colorado junto a ciudadanos independientes, con el fin de derrotar al gobernante Frente Amplio. En las elecciones del 10 de mayo de 2015 no solo fue el candidato más votado de su partido sino el segundo más votado luego del electo Intendente frenteamplista Daniel Martínez. Tras esa buena votación continuó actuando en político, constituyendo formalmente el 7 de noviembre de 2016 el llamado “Partido de la Gente”. Desde entonces ha realizado una costosa propaganda política, ha recibido la adhesión de legisladores electos bajo los partidos Blanco y Colorado y de ciertas figuras reconocidas en el ambiente político. Reconocido admirador de Jair Bolsonaro, cuyo triunfo electoral celebró, se perfila como un candidato populista de ultraderecha. 7 En esa franja se ubican el ultraizquiedista “Unidad Popular”, el centro izquiedista “Partido Independiente”, los ultraderechistas “Cabildo Abierto” y “Partido de la Gente”, el ecologista PERI, entre otros.
282 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 abordaje de investigación y de cara a estos perfiles “exóticos” que para la media de la política uruguaya tradicional presenta el actual proceso electoral en el país, en el texto que sigue se indagará acerca de las posibilidades efectivas de que la mutación política uruguaya adquiera proporciones realmente significativas en las actuales circunstancias, así como que pueda darse la eventualidad de que se confirmen algunos de esos “cisnes negros” cuya oportunidad parece atisbarse -al menos como hipótesis- en la campaña electoral en curso. Para ello, luego de algunos discernimientos indispensables en los planos teórico y metodológico, se trabajará el itinerario de distintos indicadores de opinión pública a nivel nacional durante el período 1995-2017. A partir de esos insumos, se realizarán algunas breves consideraciones de proyección analítica a propósito del objeto de estudio propuesto. 2. Descontento, desafección, cinismo, desconfianza y otras yerbas Resulta visible que en el mundo entero se encuentran cada vez más ciudadanos desconformes, desilusionados, cínicos, apáticos, desconfiados de la política. Muchos de ellos incurren en algunos casos en actitudes extremistas e intolerantes, con rechazo a lo político y a sus protagonistas, perfilando a menudo una creciente desvalorización de la democracia. Esta coyuntura se traduce en ciudadanos que ni apoyan ni se sienten parte de la organización política en la que viven (Aarts et al 2014). Para varios analistas, estas actitudes son en parte producto de una cultura globalizada, hiperindividualista, mediada por redes sociales invasivas, cuyos algoritmos refuerzan las opiniones primarias de las personas e impiden llegar a registrar siquiera opiniones discordantes (Calvo 2015, Cruz et al 2017), mucho menos a tolerarlas. Las características de esa sociedad global y líquida, junto a las propias fallas de los sistemas políticos, como la incapacidad de colmar expectativas o la profusión de actos de corrupción, entre otros, han provocado una escalada de abstencionismo electoral, amplio apoyo a partidos antisistema, reestructuración de los viejos sistemas de partidos y a la aparición de líderes populistas-autoritarios. Debe recordarse que la preocupación de la academia por las actitudes democráticas de los ciudadanos ha estado presente desde el inicio de la disciplina (Almond y Verba 1963, Easton 1965, Rosenberg 1954, entre otros). Este último se preocupó por estudiar la apatía política, Easton por entender el rol de retroalimentación imprescindible para la sustentabilidad del sistema político, mientras que Almond y Verba pusieron el foco en el conjunto de actitudes que hacían a la cultura política cívica, normativamente adecuada al sistema democrático norteamericano, y por lo tanto, siempre desde su perspectiva de análisis, al del mundo occidental en su conjunto.
283 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Durante los años setenta y en un clima enrarecido por el repudio que entre la juventud norteamericana generaban procesos como la guerra de Vietnam, los escándalos políticos como el caso Watergate del Presidente Nixon, las reinvindicaciones por derechos civiles de los afroamericanos, las dictaduras de la Seguridad Nacional y el terrorismo de Estado respaldados en forma directa por los EEUU, se produjeron cambios en las actitudes políticas, por lo que toda una nueva literatura disciplinar avanzó sobre el estudio de cambios actitudinales hacia la democracia (Di Palma 1970, Easton 1975, Citrin et al 1975 , Nie y Andersen 1974) Por los años ochenta, Europa debió enfrentar procesos de recesión económica que, en forma inesperada, luego de las décadas “doradas” del Estado de Bienestar y de la economía social de mercado, hacían retornar la exclusión, el desempleo y el hambre, fantasmas que se creían distantes en el viejo continente luego de la posguerra. En ese contexto, los ciudadanos europeos comenzaron también a tener actitudes refractarias hacia sus gobiernos y sus sistemas políticos. Un reciente estudio muestra cómo desde 1965 a la fecha, en Gran Bretaña el vigor de los sustentos democráticos ha venido bajando de manera alarmante (Jennings et al 2018). Hacia fines del siglo XX, la literatura retoma con preocupación este conjunto de nuevos valores “antipolíticos” y sus consecuencias. En particular, el eje principal de preocupación ha sido precisamente el descontento, sus causas y consecuencias (Dalton 1998, 2004, McAllister 1999, Miller y Listhaug 1999, Klingemann 1999, Montero, Gunter y Torcal 1996, 1997), entre otros. En la tercera ola de democratización en América Latina, el estudio de las transiciones jerarquizaba entre sus preocupaciones la capacidad que los nuevos regímenes demostrarían para generar legitimidad y apoyo político de sus ciudadanos, hecho crucial para proyectar la estabilidad de las incipientes democracias (Linz 1978, Linz y Stepan 1996). En esta perspectiva y con preocupaciones similares, otros estudios también se centraron en las nuevas democracias post soviéticas (Mishler y Rose 1999; Pharr y Putnam 2000, entre otros). Debido a la falta de datos de opinión pública durante las transiciones en América Latina, los trabajos sobre descontento y desafección aparecieron recién en el presente siglo. Centrados en la legitimidad y sustentabilidad de las políticas emergentes, esos estudios han explorado la confianza institucional (Córdova y Seligson 2009, Seligson 2002), las actitudes generales hacia el sistema, su performance y las respuestas de los ciudadanos (Torcal 2006, Torcal y Montero 2006). Más allá de las circunstancias en que se fueron elaborando las teorías y demarcando los conceptos, el problema del descontento ciudadano ha sido problematizado por muchas décadas (Thomassen 2015), casi siempre con el mismo común denominador: la preocupación por la forma en que este malestar
284 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 pone en jaque la legitimidad y la representación, el desafío que interpone al mismo ideal de la democracia representativa. El apoyo ciudadano8 es fundamental para que la legitimidad racional-legal (Weber 1993) impere sobre otras, lo que hace que el ciudadano apoye y se sienta parte de la democracia en la que vive. Ese “sentirse parte” implica que se sienta bien representado, ya que el sistema exige que los gobernantes se orienten por las preferencias de los representados, que “sigan los preceptos del pueblo” (Dahl 1993), no para actuar como ellos, con mandatos estrictos y rígidos, sino para velar de manera eficaz y transparente por sus intereses (Pitkin 1985, Manin, Przeworski y Stokes 1999). Los problemas de descontento, desafección, cinismo, desconfianza y alienación pueden erosionar la idea misma de la democracia liberal basada en la representación. Por cierto que los ciudadanos pueden estar descontentos por muchas razones (Maldonado 2013:120), desde la desilusión con los actores como por su rechazo a las políticas que se llevan a cabo, sobre todo ante crisis económicas (McAllister 1999) Pero también puede ser producto de un conjunto de actitudes más permanentes, ya sea por la cultura política trasmitida en sus etapas de socialización (Inglerhart 1997, Inglerhart y Welzer 2006), o como consecuencia de repetidas desilusiones sobre las instituciones y actores (Holmberg 1999). Todas estas circunstancias generan a la larga que se pierda la “cadena de representación” (Powell 2005), bajo la que se sustenta la democracia. Las consecuencias de todas estas actitudes pueden ser muy diferentes, según la definición conceptual que se adopte del descontento y de sus circunstancias. Por ejemplo, Moisés (2011) ha señalado que en las viejas democracias las consecuencias del descontento produjeron la aparición de nuevas formas de participación, mientras que en las nuevas democracias, Brasil en particular, esto ha generado alejamiento de la política, abstencionismo, alienación. Dalton (2004), por su parte, ha señalado la necesidad del estudio del peso de estas problemáticas en las “nuevas” democracias. Definitivamente, estos rápidos cambios que se operan y la escasa literatura que existe sobre el tema en América Latina ameritan mayor investigación. En particular, la literatura sobre descontento ciudadano es realmente escasa en el Uruguay. Sólo cuatro trabajos la abordan específicamente: 9 Moreira 2000, que problematiza a los demócratas descontentos a través de su cultura política y sus actitudes democráticas; Canzani 1999, que muestra las tendencias del apoyo a la democracia y sus instituciones; Rossel 2002, que 8 En realidad el problema también se vincula a la tensión existente en el diseño democrático entre eficiencia y legitimidad. La eficiencia puede producir políticas que generen descontento ya que los ciudadanos pueden no verse representados en esas decisiones. Ese descontento puede producir problemas de legitimidad, que a la larga afectarán la eficiencia 9 Si bien otros autores han mostrado tendencias de la cultura política en Uruguay, el énfasis en el descontento sólo se ha abordado por los cuatro aquí señalados.
285 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 descubre la tipología latente en base al sustento y la confianza institucional, reafirmando el concepto de los “demócratas insatisfechos” y su vínculo con la izquierda política; y finalmente Chasquetti 2017, que hace lo propio pero combinando las actitudes hacia el gobierno, así como el apoyo, confianza y vínculo con los partidos. En definitiva, el problema de las actitudes de descontento con la democracia y sus procesos constituye un tema que se ha venido profundizando y está vigente. Al respecto ha señalado Torcal: “…las democracias representativas se han extendido por casi todos los países del Sur de Europa, Asia, América Latina y los países de Europa occidental, pero todas estas ‘nuevas democracias’ tienen síntomas de desafección política: falta de interés en la política, cinismo hacia la política, los políticos y las instituciones, así como un sentido de alienación respecto a la política” (2006:157). Separando la paja del trigo: definiciones dimensiones e indicadores para el análisis del caso Cuando se abordan los temas del descontento o la insatisfacción de la ciudadanía respecto a la democracia, sus instituciones, su performance y actores, el tema general abordado se denomina de diferentes formas, tanto debido a su uso cotidiano, como a las diversas definiciones que los estudios han utilizado para delimitar esos conceptos y medir los fenómenos consiguientes. El análisis requiere entonces algo de orden antes de continuar. A partir de las teorías procedimentales de la democracia (Dahl 1993, Pitkin 1985), la problemática se vincula de modo fundamental a la legitimidad que ella requiere (Linz 1988). En este marco, el descontento se ve como un producto, que implica tanto resultados como juicios específicos sobre la performance de las instituciones y actores en relación a las expectativas de los ciudadanos. De hecho, Di Palma define el descontento político10 como “la molestia resultante de la creencia que la actuación del gobierno se queda corta respecto a los deseos o expectativas de los ciudadanos”. (1970:30) Por su parte, el descontento también se asocia a la idea de desconfianza en las instituciones y actores, la que se produce tanto por sus malos desempeños como por los actos de corrupción y otros escándalos políticos. [“Fundamentalmente, la confianza política puede ser entendida como el apoyo ciudadano a las instituciones tales como el gobierno, el parlamento, ante la incertidumbre o la vulnerabilidad a las acciones de estas instituciones”].11 (Van Der Meer 2017:1). Finalmente, la 10 Si bien en la versión original se hablaba de “desencanto”, la definición de Di Palma se ha utilizado posteriormente como “descontento” (ver Gunter, Montero y Torcal 1998, Klingemann, 1999, entre otros) 11 Traducción propia. “Fundamentally, political trust can be understood as citizens’ support
292 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 es el Ejecutivo, mientras que el Parlamento oscila entre los dos. Con el nuevo siglo llegó la crisis y la confianza en estas instituciones se derrumbó. Para el año 2003, sólo el 37% de los uruguayos confiaba en el Poder Judicial y un 21 % en el Parlamento. En el año 2004, la confianza en el Presidente cayó a 16%. Estos son los mínimos de toda la serie. A partir de 2005 comienza un período de crecimiento en la confianza hacia las instituciones, junto con el primer período de gobierno del FA. En este ciclo la confianza en el Presidente será la mayor de las tres instituciones, llegando a un máximo de 71% en 2010, año de cambio de presidente pero no de partido de gobierno. En este año Tabaré Vázquez deja el gobierno con cifras récord de popularidad y asume José Mujica. Por su parte, durante este período el Parlamento es mejor evaluado que el Poder Judicial. Fuente: Latinobarómetro. Pregunta “Por favor, mire esta tarjeta y dígame, para cada uno de los grupos, instituciones o personas mencionadas en la lista, ¿cuánta confianza tiene Ud. en...?. ¿Diría que tiene mucha, algo, poca o ninguna confianza en...?. Congreso/Parlamento Nacional, Gobierno (sin datos entre 1997 y 2001), Poder Judicial, (Se reporta el porcentaje de quienes manifestaron alguna o mucha confianza en cada pregunta). Finalmente, en los últimos años, la confianza en estas instituciones comienza a caer rápidamente. Para 2017 sólo el 34% de los uruguayos confiaba en el Parlamento. Este valor es el peor luego de los años de la crisis. Lo mismo
293 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 sucede con el Presidente (40%) y el Poder Judicial (41%). A lo largo del período, la confianza en el Poder Judicial se muestra como la más estable (la que presenta menor oscilación o ancho de banda), mientras que la actitud ante el Presidente es la que más varía en el período, ya que tiene el mínimo y el máximo de las tres instituciones. Si se le agrega ahora el análisis de la confianza en otras instituciones, hay datos que resultan preocupantes. Por ejemplo, que los tres Poderes Públicos que sostienen el orden republicano sean menos confiables para los uruguayos que las FFAA, la Policía y aún que la Iglesia Católica (59, 59 y 40% para 2017 respectivamente), no deja de llamar la atención. Para agregar elementos de preocupación, los partidos políticos (actores por excelencia del sistema democrático uruguayo) se encuentran muy por debajo en los niveles de confianza llegando a un 25 % en 2017. Fuente: Latinobarómetro. Pregunta “Por favor, mire esta tarjeta y dígame, para cada uno de los grupos, instituciones o personas mencionadas en la lista, ¿cuánta confianza tiene Ud. en...?. ¿Diría que tiene mucha, algo, poca o ninguna confianza en...?. Iglesia, Policía, Fuerzas Armadas y Partidos políticos.(Se reporta el porcentaje de quienes manifestaron alguna o mucha confianza en cada pregunta).
294 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Si como se registra en el cuadro anterior, se analizan estas cuatro instituciones en particular, surgen algunas conclusiones interesantes. La Iglesia ha experimentado una pérdida constante de confianza. Salvo alguno momentos puntuales, la tendencia es de caída persistente de confianza. Entre 1995 y 2017 pierde 15 puntos. El impacto global de los numerosísimos casos de pedofilia a nivel mundial puede configurar una razón general para esta caída. La Policía muestra niveles de confianza bastante estables, aunque tuvo un máximo de 64% en 2016. Las FFAA son la institución que más crece pasando de 44% en 1995 a 59% en 2017. El cambio más radical se da a partir de 2011. Es de suponer que la participación de los militares en tareas de crisis civil (inundaciones, fenómenos climáticos con amplia afectación de poblaciones en el interior del país, etc.) fueron factores que han contribuido al escenario positivo de esa evaluación. Finalmente, los partidos políticos, son por lejos, los actores que presentan menores niveles de confianza entre los uruguayos, con todas las implicaciones de diversa índole que proyecta este registro en un país con la tradicional centralidad partidista del Uruguay. Confianza interpersonal Para finalizar, si se sigue la trayectoria en el período considerado de la confianza que los uruguayos tienen entre sí, vemos que para el año 2017, sólo uno de cada cinco señala que se puede confiar en la mayoría de sus conciudadanos. O sea, cuatro de cada cinco uruguayos no confía en el otro.
295 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Fuente: Latinobarómetro. Pregunta: “Hablando en general, ¿diría Ud. que se puede confiar en la mayoría de las personas o que uno nunca es lo suficientemente cuidadoso en el trato con los demás?” Si se combinan los tres gráficos de confianza, se pueden observar nuevamente algunos síntomas preocupantes. Dificilmente puede haber convivencia ciudadana si no hay confianza entre los ciudadanos. Si además, quienes articulan la vida política del país, los partidos políticos, no resultan confiables, y las instituciones republicanas se encuentran en la misma dirección de franco retroceso, se genera una situación de debilidad del sistema. Falta de legitimidad del sistema y desconfianza en los actores, constituye una mezcla que ya ha demostrado en otros países (Brasil por ejemplo) que puede ayudar al surgimiento de planteos autoritarios o directamente anti democráticos, con líderes mesiánicos o empresarios exitosos. Por cierto que Uruguay tiene otros elementos más consistentes de cultura democrática que sus vecinos y que ello se ha revelado varias veces a lo largo de su historia. Pero insistir una vez más en el excepcionalismo uruguayo y en su vieja vocación isleña dentro de América
296 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Latina, con las derivas de opinión pública que se han registrado y dentro del contexto de época que se advierte en el continente y a nivel más global, puede resultar una opción equivocada desde el punto de vista analítico e imprudente en términos institucionales. Aprobación presidencial Fuente: Carlin, Ryan E., Jonathan Hartlyn, Timothy Hellwig, Gregory J. Love, Cecilia Martinez-Gallardo, and Matthew M. Singer. 2016. Executive Approval Database 1.0. Available for download at www.executiveapproval.org. Esta serie contempla todas las encuestas nacionales e internacionales publicadas. Se genera la serie susvizada, usando el algoritmo dyads-Ratio de Stimson (1991). Como explicaciones posibles a esta situación, además de que por la forma de elección (“ley de lemas vigente”, con multiplicidad de candidaturas presidenciales por lema) eran presidentes que llegaban con escaso apoyo electoral directo; el Partido Colorado de Julio M Sanguinetti, ganador de las elecciones, obtuvo en 1994 en conjunto menos de la tercera parte de los votos totales a modo de ejemplo. Fueron también gobiernos que debieron adoptar medidas fuertemente cuestionadas por la ciudadanía. En el primer gobierno de Sanguinetti, se pueden señalar al respecto la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, así como su particular uso del veto presidencial, que realzaba aún más su condición de gobierno en situación de minoría parlamentaria.
297 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Lacalle por su parte modificó la forma de ajuste de las jubilaciones, que había sido fruto de una reforma constitucinal plebiscitada junto con las elecciones que lo llevaron a la presidencia. Además dejó de convocar sin cambio legal a los tradicionales Consejos de Salarios (con su larga tradición de negociación colectiva tripartita) e intentó privatizar algunas empresas públicas, lo que obtuvo en el Parlamento aprobando una ley al respecto, que sin embargo fue luego rechazada en forma contundente en un referéndum contra la ley desarrollado el 13 de diciembre de 1992. El segundo gobierno de Sanguinetti tuvo como polémicas más fuertes, la reforma de la educación y la reforma constitucional. Sin embargo, los gobiernos del siglo XXI sí se ajustaron a las expectativas teóricas antes reseñadas. Ellos comprenden al gobierno de Jorge Batlle (2000- 2005) del Partido Colorado y a los siguientes del Frente Amplio con el presidente Tabaré Vázquez (2005-2010), José Mujica (2010-2015) y nuevamente el inicio de la administración de Tabaré Vázquez (a partir de 2015 y hasta 2020). Todos ellos registraron una “luna de miel” al comienzo, luego una caída y ciertos niveles de aprobación hacia el final del mandato, salvo este último que viene liderando Tabaré Vázquez. Es posible que esto se deba a los efectos de la reforma constitucional de 1996, ya que con ella se introdujeron cambios fundamentalmente electorales que modificaron la lógica política y de gobierno. Sin embargo, en su último año de gobierno el malestar con la presente administración de Vázquez resulta por demás evidente. Resulta llamativo que este gobierno ostente en la recta final niveles tan bajos de aprobación como los que tenían los presidentes anteriores a la reforma (que eran electos con mucho menos respaldo electoral), y que incluso llegue a un nivel de aprobación cercano al que se registró en la dramática coyuntura de crisis económica y social del año 2002, durante el gobierno de Jorge Batlle. Interés en la política y simpatía en los partidos Si a lo anterior, le agregamos el interés que los uruguayos dicen tener en la política, tenemos más datos preocupantes. Según el Latinobarómetro, la mayoría de los uruguayos no muestra interés en la política a lo largo de todo el período considerado, con la sola excepción de 2007, año en el que por única vez, la mitad de los uruguayos dijo estar interesado en la política.
298 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Fuente: Latinobarómetro. Pregunta “¿Cuán interesado está Ud. en la política?, Muy interesado, Algo interesado, Poco intersado, Nada interesado. (Se agrupó Muy y algo interesado como interesados y Poco y Nada interesado como desinteresados) Resulta claro, además, que el interés en la política acompaña los ciclos electorales, ya que crece próximo a ellos o a la realización de plebiscitos, y cae en los períodos intermedios. Según la encuesta Ágora, en el año 2018 los uruguayos que declaraban estar interesados en la política alcanzaban el 42% del total.
299 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 TABLA 1- Interés en política entre los uruguayos. Año 2018 discriminado geográficamente. Total Montevideo Interior Le interesa 42 46 53 No le interesa 40 51 54 Regular 17 1 26 NS/NC 120 Total 100 100 100 Fuente: Consultora Ágora, cobertura nacional. Agosto 2018 No obstante lo anterior, más de la mitad de los uruguayos dice tener simpatía por algún partido político. Según la encuesta LAPOP, para 2016 el 56% de los uruguayos simpatizaban con algún partido. Este indicador tiene su mínimo en 2008 (50%) y su máximo en 2010 (66%). O sea que más allá de que, como se ha advertido, los uruguayos contemporáneos tienden a desconfíar de los partidos políticos (solo el 25 % en 2017 confiaba en ellos), esto no les impide tener simpatía por alguno de los mismos. Fuente: LAPOP. Pregunta “¿Simpatiza con algún partido político? Si/No”
300 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 En síntesis, el sistema democrático uruguayo presenta problemas de legitimidad en tanto sus principales instituciones republicanas presentan problemas de confianza, así como también se confirman síntomas de desconfianza en cuanto a los principales actores del sistema: los partidos políticos ya no son tan confiables para los uruguayos, a lo que se agregan problemas de integración ciudadana, en tanto los niveles de confianza interpersonal han caído en forma considerable. Sólo el hecho de que aún en estas circunstancias, la mayoría de los uruguayos siga mostrando simpatía por algún partido va en sentido contrario al resto de los indicadores referidos. Intención de Voto Por su parte, al analizar la intención de voto de los uruguayos, se pueden observar diferentes evoluciones en el respaldo indicado hacia los diferentes partidos, pero también se verifican algunas características generales. En relación a estas últimas, el electorado uruguayo se ha caracterizado por tener altos niveles de indecisión en los años inmediatos a las elecciones (en los que se registran los máximos de cada quinquenio). Estos niveles descienden hasta encontrar sus mínimos en años electorales. Sin embargo, en el último quinquenio los indecisos registran para el año 2015 un máximo histórico desde 1989, llegando casi a un 30%. Ello significa que para ese año, uno de cada tres uruguayos no se manifestaba a favor de votar ningún partido. Y si bien ese valor ha ido cayendo, aún hoy en plena carrera electoral, si bien es el mínimo del quinquenio, se encuentra en valores próximos a los máximos registrados en los dos quinquenios anteriores.
301 Descontentos y “cisnes negros”: las elecciones en Uruguay en 2019 Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Fuente: Banco de Datos Política y RRII FCS-UdelaR. Elaboración promedio simple a partir de los datos publicados por empresa Cifra, Equipos, Interconsult y Factum sistematizados en la página. A partir de 1998 Radar, y a partir de 2013 de Opción Consultores. En lo que refiere a la evolución de la intención de voto por partido vemos que, para el año 1994, el país estaba dividido prácticamente en tercios entre los tres partidos principales (Colorado, Nacional y Frente Amplio). Ese es el último año en que el Partido Colorado reúne la mayor cantidad de intención de voto. A partir de allí comienza a caer y a partir de 2002, deja de ser la segunda opción siendo superado con claridad por el Partido Nacional. Este partido, a su vez, salvo excepciones se mantuvo como tercera opción desde 1990 hasta 2002. A partir de allí se convierte en la segunda fuerza política, y la única con posibilidades reales de disputarle el gobierno al Frente Amplio. Este fue el único partido con crecimiento sostenido hasta el año 2005, cuando llega al gobierno por primera vez. En esa oportunidad, uno de cada dos uruguayos se inclinaba por esta opción. De allí en adelante, cae levemente oscilando en el entorno de los 45 puntos. Pero a partir de 2015 registra una abrupta caída que puede asociarse principalmente –entre otros temascon la mala evaluación presidencial que hacen los uruguayos de la actual gestión de Tabaré Vázquez.
308 Gerardo Caetano, Lucía Selios y Ernesto Nieto Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 21, nº 42. Segundo semestre de 2019. Pp. 277-311. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 doi: 10.12795/araucaria.2019.i42.12 Calvo, Ernesto, Anatomía política de Twitter en Argentina. Tuiteando #Nisman. Buenos Aires, Capital Intelectual, 2015. Canzani Agustín, “Significados del desencanto político en uns “democracia dura”: tenencias recientes en Uruguay y el contexto latinoamericano”, paper presentado en el primer encuentro regional de Wapor., 1999. Chasquetti, Daniel, “Weak Malaise with Democracy in Uruguay” en Joignant Alfredo, Mauricio Morales, Claudio Fuentes (Editores), Malaise in Representation in Latin American Countries: Chile, Argentina and Uruguay. New York, Editorial Palgrave Macmillan, 2016. Cheresky, Isidoro, “El nuevo rosto de la democracia”, FCE, BSAS, 2015 Christensen, Henrik S., «All the Same? Examining the Link between Three Kinds of Political Dissatisfaction and Protest». Comparative European Politics, 14(16), 2014, 1-21. Citrin, Jack; Mcclosky, Herbert; Shanks, J. Merill, y Sniderman, Paul M. «Personal and Political Sources of Political Alienation». British Journal of Political Science, 5(1): 1-20, 1975. Córdova Abby and Mitchell A. Seligson, “Economic Crisis and Democracy in Latin America,” PS: Political Science and Politics, October, 2009. (doi:10.1017/S1049096509990114) Cruz Facundo, Paula Clarici y Lara Gyburn, “Dos territorios. Las elecciones argentinas 2015 en Twitter”. Más Poder Local. Número 30, Enero 2017, pp 14-16. Dahl Robert A. La Democracia y sus Críticos. Barcelona, Editorial Paidós. 1993. Dalton, Russell, “Democratic challenges. Democratic choices. The erosion of political support” in Democratic Governance, Nueva York, Oxford University Press, 2004. Dalton, Russell.J., “Political support in advanced industrial democracies”. In: P. Norris (ed.), Critical citizens: global support for democracy governance. Oxford, Oxford University Press, 1999. Di Palma, Giuseppe, “Apathy and Participation. Mass Politics” in Western Societies. New York: Free Press, 1970. Easton, David. A Systems Analysis of Political Life. New York: Wiley, 1965. Easton, David, “A Re-Assessment of the Concept of Political Support”, British Journal of Political Science, 5, 1975. Gerardo Maldonado Hernández, “Desapego político y desafección institucional en México ¿Desafíos para la calidad de la democracia?” En Política y Gobierno. Vol temático: Desafío de la política mexicana, 2013, pp. 109:138.
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