El hombre invisible o Las ruinas de Munstherhall: novela histórica original del tiempo de las Cruzadas
Full text
LAS RUUVAS DE jaCC \ 1
.\\-0 EL HOMBRE INVISIBLE,^ ÓLAS RUINAS te JWwwíwfi&ll» Sftnoveicv &litóx.icco oivcjiu<cC c*eí tiempo 3o £ct¿ S'ciioaíoco. Jrtfenctrtí 'm/rcnfoic/e ^/^wm 1853.
Es propiedad de la casa de Cabrerizo.
INTRODUCCION . Entrar elogiando una obra en su principio,es necia éinsufrible vanidad: alabar el asunto de ella, creo podrá hacerse sin incurrir en la tiola de presuntuoso. May mérito en los asuntos ,yle hay también en el modo de tratarlos. El escritor puede recomendar los primeros ,al paso que decidir del segundo toca al inteligente lector. El asunto de la presente novela es recomendable en sí mismo, pues versa sobre los hechos yépo -
VI cas que mas interesan la curiosidad ,por los rasgos de heroísmo i¡ hazañas ilustres ycaballerescas de que abundan ,cuales son los tiempos de las Cruzadas. He notado leerse con preferencia los romances sacados de las historias de la edad media ,y cebarse los lectores con mayor placer en las temerosas descripciones de subterráneos ,misterios yedificios góticos,que en las que versan sobre distintas materias jyaunque esta casi general aprobación del gusto no fuera suficiente áinclinarme áeste género de romance ,bastaría ádecidirme el juicio de Chateaubriand
VIÍ en su Genio del Cristianismo. Es muy digno de notar,dice este célebre escritor ,que nuestros poetas yromanceros por un retorno natural álas costumbres de nuestros mayores ,se complacen en introducir en sus ficciones espectros yfantasmas, un subterráneo, un templo gótico etc. Tanto encanto hay en las cosas que dicen relación con las costumbres antiguas ycon la religión. En la universal inundación de novelas que cubre actualmente la Europa, han quedado tan agotados los recursos en especial desde la aparición de los sublimes genios del romance DArlin-
zar las rodillas del autor de sus dias, yentusiasmarse ála vista de las armas ennoblecidas con el sagrado uso en que fueron empleadas; ya. ..mas entre el júbilo yregocijo universal aun existian corazones, áquienes el triunfante retorno de los Cruzados cubrió de luto ydesolación. ¡Tierna ysensible Margarita! tú en medio deí general contento yregocijo llorabas la pérdida de tn joven amante, áquien una temprana muerte arrebató en medio de sus triunfos ,acompañándole á la tumba las bendiciones de los cristianos, yla admiración de los infieles. Los muros de la soberbia
o Damieta fueron testigos de su valor, la torre de Tanis teatro de su bizarría ,hasta que arbolado el estandarte de la cruz sobre sus encumbradas almenas ,yabierto el paso álos vencedores, cavó de la altura de la plataforma hasta elIVilo ,cuyas hinchadas ondas le sepultaron para siempre en su seno. Esta fue la relación que el escudero del gallardo yjoven Adolfo caballero Frison hizo de su catástrofe ala bella Margarita hija del barón de Steenhausen ,castillo feudal situado en los confines de Wesfalia yFrisia ,yesposa prometida áaquel valiente ydesgraciado guerrero como recompensa
6 de sus hazañas ,ypremio el mas dulce de su temprano valor. Alas primeras noticias de la vuelta de los Cruzados el amable ytierno corazón de la doncella palpitó de alegría yde esperanza, la soledad se convirtió en vergel de delicias, ysu delicada voz que en mucho tiempo no se dejara oir ,volvió á encantar acompañada del arpa el castillo ysus alrededores. Desde entonces se la Veia todos los dias en la atalaya ,tendiendo sus hermosos ojos ya por el camino que al través de altas montañas yespesos bosques conducia al castillo, ya por el mar cuya estension me‘ día ansiosamente con la vista ,ü-
7 sondeándose ácada bajel que se descubría en el horizonte le traía el inestimable tesoro por quien tanto suspiraba. Tal vez divisaba álo lejos por la parte de tierra un grupo de caballeros, cuya luciente armadura despedia viva lumbre herida de los rayos del sol: al acercarse distinguía sobre sus corazas la cruz roja $mas ¡ay! su corazón no palpitaba yse mantenía mudo. Llegaban los caballeros pidiendo hospitalidad ,yeran acogidos con magnificencia yafec- to por el anciano padre de Margarita entusiasta del valor caballeresco. Los salones góticos de Steenhausen resonaban con la his- 2
8 toria de las hazañas de los Cruzados, escuchándolo Margarita con toda el alma en los oídos. Alguno ignorando el ínteres de esta joven, se complacía en referir extensamente las del invencible Adolfo j mas sin que pudiese darle nuevas de su persona áquien dejaba todavía en el sitio de Damieta ,por haber sido de los primeros que regresaron ásu patria antes de la total rendición de aquella fuerte ciudad. Amaneció por fin un triste ynebuloso día :el mar embravecido se estrellaba con furor contra los fundamentos del castillo} espesos nubarrones apareeian en largas hileras por el horizonte ,y
9 sobre su obscuro fondo blanqueaban algunas gaviotas yotras aves marítimas lamiendo la espumosa superficie de las aguas. Un navio cubriéndose con sus redondas velas cruzaba ácorta distancia, yen los terribles yrepetidos balances que alternativamente le hacían aparecer ydesaparecer entre los montes de agua, se manifestaba el peligro de su inminente naufragio. Margarita inmóvil ysilenciosa contemplaba desde lo al- to de la atalaya él triste espectáculo que tenia ála vista, yun impulso de compasión le llenó de lágrimas los ojos ,reflexionando las angustias de aquellos infelices na-
10 regantes con la presencia de la horrorosa muerte que les aguardaba por momentos. ¡Ah !no sabia aun cuánto debía interesarle ía suerte de la desgraciarla tripulación de aquel buque desconocido. Mas un pensamiento asalta su corazón. No hay duda: alli va su amante: aquella nave le trae su mas dulce esperanza.,., ysolo se la muestra para arrebatársela con mayor crueldad.... Sí para venir áperecer ála vista de su patria ,ha escapado de mil riesgos en el viage ,yse ha librado del furor yde la cimitarra de los infieles.... Esta reflexión va poco á poco ahondando en su imaginación
11 hasta el punto en que una montaña de agua bramando se desploma sobre el buque que ya vela cercano, yle sepulta en su seno. —•»j Ay ,Adolfo !” grita Margarita ,ycae desmayada. La noche bahía extendido su nebuloso yhúmedo velo sobre la tierra, yocultado el horror de la tempestad jmas el estruendo roneo del mar todavía agitado ,se dejaba oir mezclado con los lúgubres ayes de las aves nocturnas que anidaban en el hueco de los peñascos ,cuando la infeliz Margarita volvió del parasismo. Sus primeras percepciones fueron débiles éinconexas. Advirtiendo es-
12 tai- en un lecho, yrecordando luego la escena del día anterior ,túvola por efecto de un sueño triste producido por su acalorada fantasía. Abrió lentamente los ojos ,y recorrió los objetos que la rodeaban. Su padre permanecía sentado ála cabecera con la vista fija en el rostro de Margarita ,manifestando el afan mas vivo ycuidado mas tierno ,ycomo si de la de su bija estuviese pendiente su existencia. Solo le distraía por un momento la atención con que escuchaba áun desconocido situado del otro lado de la cama ,en cuyo rostro afligido estaba pintado el terror yespanto. En el instante
13 que Margarita volvió en sí, el barón de Steenliausen estaba absor- to enteramente en la relación del desconocido ,ycomo ningún movimiento acompañó aquella reacción de la naturaleza, la desmayada doncella recobró el uso de sus sentidos mucho antes que se apercibiesen de ello su padre yel estrangero. Este hablaba con energía yprecipitación :Margarita le miró ,yquiso reconocer sus facciones ;mas iluminando solo parte de ellas la luz encendida en la sala ,no pudo ayudar ásu memoria en el reconocimiento. El estrangero parecia tener de cuarenta ácincuenta años :sus cabellos
20 Everardo una señal de retirarse, llamó áGertrudis aya de Margarita ,ordenándole cuidar de ella, yprocurar distraerla de sus melancólicos pensamientos. JVo necesitaba Gertrudis de avisos ni estímulos para cumplir con indecible placer el mandato del barón. Adoraba áMargarita áquien vió nacer, yla amable joven correspondía ásu cariño con todo el ardor de la mas exquisita sensibilidad. Eran las dos mas que aya ypupila ,dos amigas inseparables no obstante la diferencia de edades, rayando Gertrudis en los cuarenta, ycontando apenas la bella Margarita diczlsiete primaveras.
21 Mas antes de pasar ála relación de los sucesos de esta familia ,que presentarán cuadros interesantes en el transcurso de esta obra ,se hace indispensable bosquejar brevemente el carácter de los personajes basta aqui corocidos ,yque deben figurar en la escena, reservándonos trazar el de los demas áproporción que los sucesos los bagan aparecer. El barón de Steenhausen fue uno de los guerreros que en la quinta Cruzada siguieron al obispo de Halberstadt ,yásu valor se debieron considerables ventajas en Siria yEgipto. Su fria intrepidez no se desmentía en me-
22 dio de los riesgos mas inminentes ylances mas apurados ,ysu exterior apático rara vez alteraba el desórden de alguna pasión tumultuosa ,semejante al cielo de su país, en donde la calina de una atmósfera constantemente nublada y vaporosa pocas veces interrumpe tal cual rayo de sol penetrando por entre nubes cenicientas. Casó á vuelta de sus expediciones militares con una noble señora viuda del castellano de Trienliolt feudo de Westfalia ,de quien tuvo á Margarita5mas ápocos años perdió ásu esposa yquedó con su hi ja de tierna edad ,en quien se advertían ya en pequeño las gra-
25 cías que con el tiempo debía desarrollar. El único defecto de que se podia tachar al liaron ,defecto si asi se le puede llamar, dlslmulable por otra parte en persona de su edad ,era la complacencia con que aun ácosta del sufrimiento de los oyentes se extendía en referir sus hazañas militares ,ysu prevención en favor de las Cruzadas era tal ,que alistarse solamente para la guerra sag'rada equivalía en su concepto álas acciones mas gloriosas de los héroes de la antigüedad. Mas como no siempre hallaba con quien desahogar su flujo de historiar, solo lo advertían los que trataban
24 intimamente con él, sia que le ocurriese la posibilidad de engendrar fastidio con la monótona repetición de unos misinos sucesos. Margarita su hija participaba algún tanto de la preocupación paterna en favor de los Cruzados, cosa nada extraña en un siglo en que toda la gloria se cifraba en el valor militar, las costumbres de aquella edad también influian visiblemente en su carácter comunicándole cierto aire romancesco, y conocia demasiado el precio de sus gracias para no aprovecharse de su ascendiente, yejercer sobre su paladin aquella dulce soberanía, móvil vestímulo álos prodigios
25 de valor en los guerreros. Antes de partir Adolfo ála expedición ,ella misma le ciñó la espada, yante el altar de la capilla del castillo le juró en presencia del cielo yde su padre ser suya si volvía digno de ella. Quitándose luego un rico anillo del dedo ,le puso en el de Adolfo d¡- cíéndole :«Este os acompañará en mi nombre ,ysolo la muerte debe separarnos. Si me le traen, solo veré en él la sentencia de vuestra muerte óde la mia.” Adolfo partió creyéndose invencible. Margarita era de una belleza delicada $mas su genio de sobrado sensible degeneraba en melaneóli- * J
26 co. Sus ojos azules tenían una expresión yenergía irresistible :el rostro ovalado todas las proporciones de la regularidad yhermosura :sus mejillas siempre blancas como lo demas del rostro solo debian al rubor un ligero ymomentáneo colorido de carmín, y mas frecuentemente manifestaban la interesante palidez de la sensibilidad ymelancolía habitual. Dotada de espíritu vivo ypenetrante aprendía sin trabajo cuanto se le enseñaba, yen la edad de la adolescencia apenas abandonado el umbral de la niñez ,ya su talento cultivado era el embeleso de cuantos la trataban.
27 Mas entre estos ,fuera de su padre ysu amante ninguno ocupaba tan distinguido ypredilecto lugar en atpiel amable corazón como su aya Gertrudis. Verdaderamente era acreedora ásemejante preferencia la buena señora ,ysu virtud yprendas se grangearon ademas la estimación del barón y el respeto de toda la familia. La suya era noble aunque escasa de bienes de fortuna ,ypor esta razón el padre de Margarita con quien tenia conexiones de parentesco ,la llamó al castillo ¡midió antes de su casamiento para que gobernase la casa en los negocios que no pedían su in-
28 mediata intervención. El desempeño de la fiel Gertrudis sobrepujó álas esperanzas del barón, yasi no vaciló éste en fiar la educación de su hija áesta buena sonora, cuya fidelidad, prudencia y demás prendas tenia bien conocidas. Estos eran sin contar la servidumbre, los tres principales personajes que habitaban en el castillo de Steenhauscn ,cuando liejó Evcrardo.
29 CAPITULO II. LAS RUINAS DEL TEMPLO GÓTICO. líesdc la elevación del castillo de Steenliausen en dias serenos se veia descollar ádistancia de una milla un edificio blanco sobre el verde opaco de los densos bosques que cubrían las inmediaciones. Un campanario g-ótico de mármol indicaba estar unido áun monasterio ,mas no advirtiéndose con la distancia el deterioro que en él babia ocasionado la mano del tiempo, ycubriendo lo restante los árboles de la selva ,no anunciaba
3G que notado su abismamiento, prosiguió de esta manera. —«Nunca me be equivocado en creer erais mas al propósito para enamorar en un estrado que para derribar’ cabezas de infieles en un asalto ,ysino fueseis algún tanto ligero ,no babria dama que no os admitiese por su caballero de mil amores.” —«Silencio ,gritó el cruzado en tono de autoridad ásu escudero ,habiendo vuelto en sí de su meditación al tiempo que aquel pronunciaba las últimas palabras. Silencio digo ,sino queréis quedar para siempre huésped de este país ,ydar de comer álos
57 lobos yzorras antes que amanezca.” —»Señor ,disimulad mi torpeza; solo me vino ála cabeza aquella niña tan vivaracha que se llamaba Hoskendam ,áquien conocisteis en el Cairo....” Un ruido sordo que se dejó oir en el bosque ápoca distancia, distrajo al cruzado de la intención de castigar al locuaz escudero, manifestada en el acto de levantar Ja espada para descargarle un golpe que el se disponía áevitar con destreza. Parecía ser voces sumisas de dos personas que hablaban en secreto ,ysolo pudo oir un acento delicado pronunciar esta
58 esprcsion :él es 5mas luego cesó el murmullo ,yvolvió áquedar el bosque sumergido en un profundo silencio. Admirado el viagero de esta novedad, mas estrada atendida la hora yel lugar ,dirigió el caballo luida donde sonara el eco, gritando con voz alta: —«¿Quien va allá?” Mas fue inútil su diligencia, pues su voz se apagó gradualmen* te entre los árboles de la selva. —«No sé qué piense de esta aventura ,dijo al escudero olvidado de su reciente impertinencia, la cual indica que somos observados 5mas tendrá poco amor ásu vida el que esté de liumor de po-
59 ñor estorbos ámi viage.’ Dijo esto levantando la voz con tono amenazador ,yprosiguió: —»Me parece tan inútil andar por aqui de noche, como por dentro de las pirámides sin luz ,yasi desmonta ysentémonos al pie de un árbol basta que el dia nos manifieste en qué lugar estamos.” No tuvo lugar de ejecutar su intención ,pues advirtió en aquel instante acercarse un bulto por entre las sombras ,ysus pasos fuertes ysonoros indicaban no solo que caminaba sin precaución, sino el temor que tenia de sentar mal el pie sobre el escabroso terreno del bosque. 4
40 —«¿Quién va allá ,repitió el cruzado dirigiéndose al bulto, ¿quién va allá, digo?” —»Un hombre honrado ásus quehaceres respondió el bulto sin interrumpir su marcha ,ycon voz que no manifestaba sorpresa ni estrañeza con tal encuentro. -—«Decidme pues, hombre honrado, continuó el caballero, ¿dónde nos hallamos?” —«Creo ,respondió el desconocido sin dejar de andar ,que en lo interior de un bosque.” —«Y yo haré, villano, adivinéis bien pronto dónde se halla el puño de mi espada, cuando la sintáis sobre el cráneo llamando ála
41 puerta de vuestro cerebro. Decidme prouto que habitación es la mas próxima, ypor dónde saldremos de lo interior de este bosque, va que con tanta precisión habéis determinado nuestra situación geográfica.” Entonces el desconocido que ya estaba algo apartado, ypor lo mismo el cruzado iba elevando su voz en proporción de la distancia para que le oyese ,paró. —«Seguid esa senda donde os halláis, dijo, ytomad la izquierda siempre que halléis dos caminos: en breve llegaréis álas ruinas de Munsterhall, yála habitación del Hombre invisible
42 Dicho esto ,continuó su víage ydesapareció entre las densas ti* nieblas del bosque. Semejante respuesta dejó admirados álos viage* ros ,menos por la novedad de la aparición de aquel, según los indicios, aldeano áaquellas horas yen aquel lugar, que por la circunstancia de su respuesta. La sencillez de esta era argumento de conocerse en aquella comarca un sugetocon el prodigioso título de invisible ,pues áno ser asi ,no lo hubiera el rústico nombrado con tan poco aparato ymuestras de admiración. El cruzado bien quisiera partir en busca de éste y obligarle ádeclararse mas $pero
43 inutilizaba sus deseos la obscuridad de la noche yel miedo de estraviarse. Apeló pues al único recurso que le quedaba en las presentes circunstancias ,yfue seguir la senda basta llegar al monasterio ,donde pensaba salir en breve de sus dudas ,éinformarse del misterioso hombre invisible. —«Parece que hayamos sido transportados al pais de los encantos ,dijo ápoco de haber comenzado ácaminar ,yya estoy impaciente por saber quien será este hombre invisible ,yver si su invisibilidad le libra de hospedarme esta noche, yde impedir me re-
44 gale con las provisiones que sin «luda deberá tener de repuesto eu su casa.” —»Mirad ,señor ,no os baga subir por los aires cuando menos os catéis ,yno tratéis de echarlas de valiente con él 5yos prevengo que el inas diestro mandoble ála inglesa es para un hombre invisible lo que una lanzada en las nubes.” —«Noto ,Astolfo ,que desde (¡ue entramos en Europa te has tomado conmigo un aire autorizado yde consejero que no acomodará áningún amo. ¿Quién te mete en si hay mandobles ála inglesa óla tudesca ,ni «pié entiendes
4» de nubes ni lanzadas? Por bien satisfecho pudiera haberse dado Saladino si todos los escuderos cruzados hubiesen causado tantos daños en Eg'iplo como el mió. IV o estarían ahora los cristianos con la pierna tendida ,regalándose en Damicta con los barbos del Nilo.” —«¿Tenéis pues algo que echarme en cara?” —JYada ;antes alabar el celo con que ejerciste el honorífico empico de eunuco en el harem de Safedin.... —«Por vuestras órdenes, señor mió ,yde aquella rapaza....” —«Calla ,boca infernal ,pues si continúas ,te juro por esta
tacion de un rústico. Ademas de la puerta de la entrada había áun lado otra cerrada ,cuyas comunicaciones les eran desconocidas} mas sospecharon ser paso áalgunas habitaciones del arruinado monasterio ,proporcionado áevitar sorpresas ai misterioso habitador de aquella soledad ;pues no creyó el cruzado ser real yefectiva su invisibilidad, sino destreza en evitar la vista ,ysubstraerse álas pesquisas de los que ópor curiosidad ópor otra causa tuviesen ínteres en reconocerle. Mas un nuevo objeto cambió sus ideas, haciéndole concebir mas alta del hombre invisible. Sobre la mesa
vio dispuesta una abundante cena de manjares menos delicados que excitadores del apetito. La necesidad le dispensó de los melindres de la cortesía, yasi se adelantó con Astolfo ádisfrutar del banquete dispuesto para ellos, cuando advirtiendo un papel sobre la mesa le tomó ansiosamente, esperando sacar de él alguna luz en tan estrada aventura. Leyó rápidamente ,ysu contenido era el siguiente : «Disfrutad con vuestro escudero los beneficios de la hospitalidad próvida ,que vela sobre »los necesitados. Descansad basta »manana ypartid 5mas no vavais
S4 »á Stcenhausen, porque allí está »la muerte.” Déjase ála reflexión del lector el pasmo yadmiración que semejante prodigio debió causar en el ánimo del cruzado. Era pues indudable existia un ser portentoso ,áquien no se ocultaban ni sns secretos ni sus intenciones ,ycuya previsión alcanzaba álas consecuencias de su viage áSteenhausen ,de las cuales le prevenia, para que evitase los efectos de un paso que debía producir males, calamidades ,ybasta la muerte. Debió sin duda hacer fuerza la intimación del invisible en su corazón, pues entregado un momen-
to ásus reflexiones de las que no les distrajo sil escudero ,quien desde el principio comenzó áobedecer con exactitud la primera orden del invisible tocante ádisfrutar los beneficios de la hospitalidad ,yen cuya imaginación obró débilmente la aprensión de tal prodigio jentregado ,digo ,áserias reflexiones por un momento, concluyó por decir áAstolfo: —•»He resuelto descansar esta noche ,ymañana retrocederemos ábuscar el camino que conduce á mi castillo.” —»¿Acaso, contestó Astolfo, sin dejar de hacer desaparecer con expedición las provisiones Iiospi» Universidad de Se Fac. füo!agía-Bíbl¡
o6 talarlas del invisible ;acaso os ha hecho miedo el papelucho de la fantasma? ¡Va! sois valiente cruzado para que os asusten cuatro letras mal escritas.” —«Partiremos mañana ámi eastillo respondió secamente el cruzado, en cuya voz notó su escudero una espresion indefinible, no sabiendo si atribuir la mudanza de su resolución átemor del papel, óáalguna nueva idea no estraña en su carácter algo veleidoso. Como quiera que fuese, el escudero manifestó su adhesión ála voluntad de su dueño espresada tan terminantemente ,con una iu-
57 clinacion de cabeza bastante equívoca ,pues fue seguida del último ydecisivo asalto álas generosas provisiones del invisible. Bien es verdad que no por esa dejó de hablar ásu amo, concluido que hubo su desempeño. —«Es cosa dura marchar de aqui sin ver al dueño de la posada, quien nos podia tachar de groseros ,si nos ausentábamos sin darle las gracias.” —«Eso misino pensaba yo, añadió el cruzado ,yemprendería por curiosidad un reconocimiento de estas ruinas ,áno detenerme la reflexión de que si el invisible quisiese dejarse ver ,nos hubiera eaVl-S t Kr,u* íl!*- Biblioteca
aguardado ápie firme.” —»Mas reflexionad la gloria que os resultaría ,si lograseis despojarle de esa prerogativa de invisibilidad.” —»lVo liay duda, ypor lo mismo que es mas excelente ,será la mas bien guardada jaunque estoy resuelto áregistrar estos viejos paredones ,porque no crea el invisible que temo álas fantasmas escondidas como buhos ála sombra de sepulturas.” Dicho esto comió ligeramente, ylevantándose ápoco tiempo, se dispuso áinternarse con su escudero en aquellas desiertas ruinas.
CAPITULO III. HISTORIA DE ADOLFO. Descansó Margarita con alguna tranquilidad lo que faltaba de la nocbe con la seguridad de que, fuesen cuales fuesen los peligros ydesgracias de su amante ,existia todavía, yno habia perdido la dulce esperanza de verle por fin. La certidumbre de esta persuasión fundada en la promesa de devolverle el anillo siempre que se bailase en peligro inminente de perder la vida, óde enviárselo por tercera persona si efectivamente
60 perecía ,sosegó las zozobras ytemores de la hermosa Margarita} y aunque deseara que Everardo le refiriera las noticias que tenia de su amo sin dilación ,rindióse no obstante álas instancias de su padre de atender primero ásu salud, parte de cuyo restablecimien- to pendía entonces de su descanso. Pero la misma impaciencia de saber lo que tan directamente interesaba ásu corazón retardó su restablecimiento algunos dias, durante los cuales nunca cesó de instar ya ásu padre ya áEverardo, para que satisfaciesen su impaciente curiosidad ,pues la lectura de la carta dirigida áella por Adol-
61 fo yentregada por Everardo no había calmado del todo sil angustia ,ni disipado sus recelos. Fue preciso finalmente condescender en una declaración ,que dilataba de dia en dia la apatía natural del barón de Steenhausen para quien nunca parecia sobrado tarde, jun- to con el temor del resultado de la relación ,la cual no dudaba los produciría terribles en el corazón de su hija. Si al principio le consoló la idea lisongera de vivir todavía su amante ,la imaginación exaltada con la reflexión de los peligros áque se exponía ydel mas terrible que anunciaba su carta ,la desanimaba en términos de
68 hierro de un dardo pasa con mayor facilidad un pedazo de marfil, que la cota de malla ócoraza de acero.” —«Sea asi como vos queréis, ya que estáis decidida áatormentaros sin cesar $mas á lo menos suspended el juicio hasta haber oido la relación de Everardo ;de ella inferiréis lo que debáis temer óesperar de la vida ómuerte de Adolfo.” —»¡Ah! respondió Margarita suspirando, quizás tengo mas pruebas contra vuestras esperanzas que en favor de ellas.” —>>Y ¿cuáles son?” —»¿Os acordáis de la noche
«9 que llegó Everardo? Cuando volví en mí del desmayo ,ypor casualidad lijé la vista en la entrada de la sala ,¿lo creeréis? me pareció ver áAdolfo vestido como el dia de su partida. Ea cruz roja brillaba en su pecho ,el viento agitaba en su cimera las plumas blancas yverdes que la adornaban ,yreconocí en él la sombra gloriosa del guerrero gloriosa, pues voló ya árecibir en el cielo el premio de sus hazañas.” No pudo continuar Margarita} arrojóse álos brazos de Gertrudis ,yhecha un mar de lágrimas escondió en el seno de su aya su hermoso rostro.
yo —»Y ¿á esa quimera de vuestra débil imaginación llamáis prueba? dijo Gertrudis con acento cariñoso. Dejad ,querida bija de mis entrañas ,dejad esas lúgubres ideas ,yno penséis mas que en vos. ¡Cuál será el dolor de Adolfo jsi al volver tuviese que lloraros víctima de un dolor sin fundamento ,yno sirviesen sus glorias sino para hacerle mas cruel la pena de carecer del único testigo y móvil principal de ellas !” La llegada del barón de Steenhauscn interrumpió las lágrimas y diálogo de las dos amigas. Vió á su bija llorosa, yesta novedad alteró por el pronto sus facciones;
71 mas sabida la causa le dijo con su calma genial: —«Creí ser otro el motivo; mas no es probable baya muerto Adolfo en el asalto de la torre. Cuando la toma de Zara yo entré el primero por la brecha, yllovían sobre mí dardos ,piedras yfuego griego. Recibí una herida en la cabeza yno lie muerto; no es probable haya muerto Adolfo. Isaac Angelo hubiera tenido poco que agradecer álos franceses yvenecianos ,si todos los que asaltaron áConstantinopla hubiesen caído. Si eso fuera, el Du\ Enrique Dándoli... .” En este punto entró £verardo í>
72 oportunamente para cortar la relación circunstanciada que induilablemgfité iba átejer el harón del asedio de Constantinopia.... —«Llegáis ápunto de desengañar áesta muchacha ,yde hacerla ver cuán probable es se haya salvado, vuestro amo del asalto de la torre del Nilo. Referidle la historia de vuestra expedición, ysatisfaréis al mismo tiempo mi curiosidad, pues hasta ahora no he recibido sino noticias aisladas, según las cuales no puede formarse Idea de la guerra presente.” —»No podré ,respondió Everardo ,contentaros según deseáis, pues no permitiéndome, mi dase
75 mezclarme en las resoluciones de los gefcs ,solo atendí áobedecer yseguir ámi señor ,no obstante creo poder daros una idea ,aunque sucinta, bastante exacta del sitio ytoma de Damieta, que es realmente el liecbo principal yca- si único de esta Cruzada. Omito referiros los pormenores de la salida de nuestra flota septentrional de la boca del Mosa ,como también de los inconvenientes que retardaron nuestra llegada áoriente. Ya estáis informado de la guerra de Portugal emprendida áinstancias de los obispos ycristianos de aquel pais. Yo no abandoné jamás áAdolfo ,yfui testigo de su va-
74 lor yhazañas en el asalto ytoma de Alcázar, de donde fueron desalojados los infieles ,yquitado aquel padrastro que tenia en continua alarma yejercicio el valor de los cristianos. La estación bastante adelantada obligó ála flota á buscar algún puerto de Italia para invernar. Distribuyéronse los bajeles por los de Ñapóles ySicilia. Nuestro buque invernó en Mesilla, yáprincipios de primavera nos hicimos ála vela en una escuadra compuesta de cinco óseis buques frisónos yflamencos, yfue la primera que avistó las costas de Egipto áfines de abril, ydos dias después fondeó en el puerto de
75 San Juan de Acre. Estaban reunidos en esta ciudad los principales gefes de la Cruzada, ypresentaba un aspecto grandioso con la corte del rey Juan de Briena ,el duque de Austria ,los obispos y grandes maestres del Temple ydemás órdenes militares. El conde de Holanda que llegó poco después yvarios guerreros alemanes trataron desde luego de no permanecer en inacción ,yaprovechar el tiempo yel ardor de los soldados. Mi señor fue llamado al consejo de los gefes, ydespués de varios debates se resolvió llevar la guerra áEgipto como causa y raíz del mal. Manifestóse en la
76 jauta: que Egipto era de donde los soldados enviaban poderosas armadas ála Tierra Santa para oponerlas álos cruzados ;que si lograban hacerse dueños del origen yfuente de donde las terribles inundaciones de bárbaros se estendian por la Palestina, no habría fuerza capaz de resistir álas de los cruzados. Que los sarracenos no temiendo por aquel lado, se halíarian sorprendidos. Que en todo Egipto no se hallaba plaza alguna fortificada fuera de Damieta. Que tomada esta plaza ,cosa nada difícil atendidas las fuerzas de los cruzados, aumentadas de día en dia con la llegada continua
77 de tropas de refresco ,podían ir á atacar al Soldán hasta el mismo Cairo, que no se hallaba en estado deresistir, careciendo absolutamente de fortificaciones yllena de gente incapaz de defensa. Finalmente que esta había sido la idea del Papa Inocencio en el concilio de Letran ,yera de esperar que asi como hahia parecido inspirado por Dios este designio ,baria la gracia de que saliese con felicidad. «Tomada esta resolución ,reunióse la armada jnnto álos castillos de los Peregrinos ,ysiendo nuestros bajeles ylos de Colonia los primeros que se hallaron en es-
84 elevaron asimismo en el mas fuerte de sus buques una máquina en forma de caballero para batir la torre por otro punto. Mas estas prevenciones no tuvieron el éxito feliz que nos habíamos prometido. El gran mástil sobre que apoyaba el puente de los caballeros de San Juan se rompió por medio ,yle arrastró en su eaida con espantoso fracaso ,yhabiendo el del duque de Austria falseado bajo los pies de los innumerables soldados que se agolpaban yatropellaban mutuamente ansiosos de ser los primeros en combatir ,cayeron estos valientes de golpe sobre las minas de los dos puentes, éimpedidos y
embarazados con las pesadas armas yescudos ,los que no perecieron en la caída dieron con sus cuerpos en las ondas del Nilo hinchadas por la marea ,ysin que pudiesen valerse en medio de tanta confusión de hombres ,armas, hierros yenormes pedazos de madera rota quedaron anegados ála vista de los infieles ,quienes celebraban desde las murallas ytorres de alegría ,con horribles gritos yblasfemáis tan lamentable catástrofe. «Rugia Adolfo de furor viéndose impedido de vengar la muerte de sus compañeros ,pues el navio que montaba como también el
86 de los Templarios se mantenían en inacción ,siendo sus operaciones en aquel instante mas perjudiciales que útiles por el embarazo del rio. Mas no sufriéndole su ardiente impaciencia detenerse mas, baja rápidamente del castillejo, y acompañado de Alberto que jamás le abandonaba, salta en un esquite ordenando Je siguiesen los frisones yalemanes en bajeles ligeros, yse introduce por el estrecho canal que separaba la torre de la ciudad ,áfin de apoderarse de la parte superior del rio ,yromper el puente de barcas que comunicaba la plaza con la torre. Era tan espnesta la tentativa, que
87 los sarracenos no creyeron posible imaginarla siquiera; mas la sorpresa que les causó tal arrojo no les impidió defender el canal con inaudito furor. Pasamos no obstante en medio de la espantosa granizada de dardos, flechas y piedras que llovían de la torre, las cuales cayendo sobre los cascos ,corazas yarmas ,producían un estruendo formidable. Mas el ánimo de Adolfo de tal suerte enardeció álos soldados, que despreciando el considerable daño que recibían ,llegaron áparage en que estaban ya bastante fuera del alcance de ios tiros, éimpidiendo la salida de todos los ba- 7
88 jeles de la ciudad ,se dispusieron si forzar el puente. Adolfo yAlberto tornaron un montante, los soldados les seguían con un hacha yuna espada. Adolfo saltó el primero en una de las barcas del puente, siguióle Alberto 5ymien- tras los sarracenos se agolpaban hacia aquel lugar áprecipitar al rio álos valientes campeones ,los frisones se arrojan de tropel ,hacen una horrorosa carnicería en los infieles ,quienes por su parte trataban de venderles cara la victoria ,caen de una yotra parte, se tiñen las aguas de sangre5mas finalmente llevando Adolfo la muerte ydestrucción do quiera
89 que alcanzaba su espada ,logróse desalojar el enemigo del puente, que roto ya por diferentes partes, dejó aislada la torre yprivada de los socorros de la ciudad. »Habia en el campo un famoso ingeniero amigo de Adolfo ,de quien ya deberéis tener noticia, pues es clérigo de la iglesia de Colonia. Hablo de Maestre Olívier ,ese genio sublime ,ídolo de alemanes yfrisones ,ytan famoso predicador como sabéis. Este pues hizo juntar dos grandes naves asegurándolas con gruesos cables, yaferrándolas con largas barras de hierro, que atravesando las popas yproas estaban clavadas con
90 espigones del mismo metal. Para hacer mas sólida la máquina éimpedir la desunión de las naves, hizo pasar al través de entrambas largas yfuertes vigas aseguradas también contra la cubierta. Dispuestas de esta suerte ,buscó los cuatro mástiles mayores que pudo encontrar con igual número de gruesas vergas, que extendiéndose de uno áotro los unían formando un cuadro por la parte superior, donde con maderos colocados sobre dichas vergas yplanchas de hierro formó una plataforma, sobre la que fabricó un castillo de madera que excedia en mucho la altura de la torre del jVilo, yestaba
91 cubierto de cueros de buey ycamello sin curtir para resistir* al fuego. Bajo del castillo en el borde de la plataforma aseguró una escala cubierta toda de planchas de hierro, ysuspendida ámanera de puente levadizo prouta áecharse sobre la torre ,ytan larga que se estendia muchas brazas mas allá de las proas de los navios $y en la parte inferior de la máquina se lrabian dispuesto ciertos tablones largos ygruesos clavados en las proas ,los que puestos sobre palos rollizos hacían rodar hasta la torre ,áfin de proporcionar á los minadores ocasión de hacer alguna abertura al pie de ella v 1
92 mientras la atacaban por arriba. Reconocida yaprobada la máquina por sólida ,ymuy al propósito para el logro de tan difícil empresa, resolvieron los gefes hacer el último esfuerzo para enseñorearse de la torre del jYilo. «Escogiéronse para esta gloriosa empresa soldados de todas naciones para evitar los celos, yá fin de que todos tuviesen parte en las hazañas ypeligros. El bravo Leopoldo duque de Austria fue nombrado por gefe de esta espedicion ,quien destinó ámi amo ya Alberto con parte de los alemanes yfrisones para guarnecer la plataforma. Llegado el dia destinado al
93 asalto ,se ordenó el ataque en la forma siguiente. Un gran navio bien armado subiendo contra la corriente iba delante mostrando el camino ála portentosa máquina, que seguía atestada por todos lados por la cubierta ,plataforma y alto del castillo de los valientes, sobre los cuales tenia fija la vista todo el ejército ,como depositarios del honor yfortuna de los cristianos. Ellos orgullosos de la elección hecha de sus personas para sostener tan ilustre cualidad, miraban el peligro con generoso menosprecio ycon un continente fiero yamenazador ,que manifestaba claramente la resolución de
100 primero ,no cedió la de ser el segundo que empuñase por Cristo la espada en la famosa torre 5al instante le oí gritar, victoria por la Cruz ,yeste eco glorioso fue repetido por el tropel de cruzados que ya se hallaban en posesión de la plataforma de la torre. Querer pintar las escenas de horror yheroísmo de aquella acción que duró desde las nueve de la mañana hasta las doce del dia siguiente seria cosa interminable :solo os diré que desalojados los infieles de lo alto de la torre quisieron aun resistir al pie de ella 5mas noticiosos de que los minadores habían abierto brecha por la parte infe-
101 rior yse disponían áentrar ,pidieron cuartel yse rindieron al duque de Austria. Fueron muchos los que se ahogaron en el JVilo de una yotra parte ,ymuchos mas los que consumió el fuego, yios que saliendo ánado fueron muertos en el agua por los cruzados que estaban abordo de ios bajeles ;yrota al mismo tiempo la cadena atada por uno de sus estreñios ála torre, toda la (Iota entró libremente por allí para atacar áDamieta por el lado del agua. »Sosegado algún tanto el desorden consiguiente átan reñida batalla yencarnizada espugnaciou,
102 fui ábuscar ámi amo ;mas pareciendo sucesivamente todos los campeones de la torre, yentre ellos Alberto ,Adolfo no se dejaba ver. Pregunté al amigo por él 5 mas me contestó con aire no sé si triste ódistraído que al bajar la escalera de la torre se habían separado ,yno le liabia vuelto á ver.” Hasta este momento Margarita pendiente de las palabras de Everardo manifestaba en la mudanza de color en el rostro los diversos sentimientos que la agitaban, como si se hallase presente álos sucesos que aquel referia; mas cuando llegó áeste paso, y
403 se persuadió áque verdaderamente había desapareeido su amante, víctima de la cimitarra de los infieles ,una mortal palidez se esparció por su bello rostro, ycayó exánime en los brazos de Gertrudis. —«Cosa estrafía parece, dijo el barón ,la congoja de esta muchacha, yno sé áqué viene esta niñería. Retiradla, Gertrudis, y Dios le perdone el haber interrumpido la relación de la Cruzada que me tenia embelesado» Mas, amigo ,os confieso ,añadió vuelto áEverardo, luego que Gertrudis yMargarita se retiraron ,os confieso que me pasma el asalto de la 8
104 torre, atendidas las circunstancias que lo hacían tan peligroso ,bien que si va á decir verdad una escena semejante presencié en el asal- to de Constantinopla. Hubierais visto una resistencia tanto mas feroz yobstinada, cuanto era mayor la exaltación de los ánimos. La presencia del joven Alejo inflamaba álos cruzados ;mas Gomneno también contaba en su partido hombres valientes, yfue necesaria toda su cobardía ytodo el heroísmo de Dándoli yMontmorency ydemas gefes ,para salir con tan difícil victoria. Mas proseguid, que necesito de vuestra relación para hacer sobre ella mis
10a observaciones ,ycomparar los adelantos de la táctica en esta nueva Cruzada.” Iba Everardo áproseguir su historia ycomplacer al barón; mas entró ála sazón Gertrudis pidiéndole de parte de su bija tuviese la bondad de verla un momento. El barón se levantó pausadamente de la silla ,yfue áver lo que tenia que comunicarle Margarita acompañado de Everardo, áquien durante el corto espacio que mediaba hasta el lecho de su bija ,refirió casi todo el sitio de Constantinopla parando ácada momento, y durando mas de inedia hora el viagc ála habitación de Margarita. Universidad de Sevilla I -miiotect I Fsc. Filo!
ioe CAPITULO IV- RECONOCIMIENTOi Parece que naturalmente deben ser los espectros ysombras únicos habitantes de las ruinas. Estas son el espectro ysombra del edificio, yrequieren justamente sombras de cuerpos que los habiten. En electo colocado un hombre en medio de las gigantes columnas y elevados arcos de un antiguo templo óedificio gótico ,se diría que el primitivo poseedor no ha renunciado todavía ásu dominio y quiere conservar su herencia, im-
107 pidiendo con su presencia que el tiempo le arrebate los restos de su pasada grandeza. Tales parecían los dos cruzados contemplando con silenciosa admiración las ruinas de la iglesia de MunsterliaU por donde comenzaron el reconocimiento, Astolfo llevaba la luz que tomaron de la cabaña del hombre invisible, yla sombra gigantesca proyectada ásus espaldas contra las sólidas paredes de sillería comunicaba mayor sublimidad áesta escena de pavor yde misterios, Descubríase átrechos al través de las bóvedas el cielo estrellado ,aumentando por la ilusión óptica la elevación del edificio. Aves noc-
108 turnas cruzaban de un lado áotro deslumbradas con el desacostumbrado resplandor de la linterna, y el ruido sordo de sus alas interrumpía tan profunda cabna de un modo horroroso, corriendo águarecerse en sus agujeros de tropel, ydejando oir tal vez sus lúgubres ayes. —»Bella compañía tiene el hombre invisible en su retiro, dijo el cruzado después de haber atentamente considerado el vuelo tortuoso de las aves nocturnas, y realmente congeniará con ella, pues no dudo le favorezcan con sus visitas frecuentemente estos avechuchos.”
109 —»Y ¿cuál es nuestro objeto principal en recorrer estas viejas paredes? dijo Astolfo. ¿Es hallar al invisible ,ómeramente pasear por este ameno vergel lo que queda de la noche?” —»E1 tiempo lo dirá ;porque si nos viene átiro la ocasión de sorprender al invisible no la despreciaremos, ycuando no, nos quedará el recurso de ejercitar nuestra antigua ligereza yhabilidad en asaltar murallas ytorres, figurándonos ser este monasterio la fortaleza del Tabor ya medio batida con las máquinas; ytomando ápunto de honor no dejar escondrijo que no registremos, aun
116 ésta hizo un leve movimiento y desapareció. —»He aqui verificada la invisibilidad de nuestro hombre ,dijo áAstoífo quien permanecía como estúpido ,pasivo espectador de la escena :mas ábuen seguro que no gozará de la misma prerogativa ese estafermo de allá bajo ,y yo respondo de su persona. Vamos ,cobarde ,¿qué temes yendo conmigo?” —»Yo ánadie temo sino á Dios ;yno creo sea indicio de temerle mucho meterse con las almas que están ya bajo su inmediata jurisdicción. Echadme álas barbas media docena de aquellos per-
il7 ros descreídos de la Tierra Santa, ysi no los hilvano con mi partesana uno tras otro como sartas de coral, quiero que me los claven en la frente.” —»Asi lo creo, respondió el cruzado bajando la escalera del panteón. Mas vive Dios que se lia escapado el pájaro de la jaula.” Esto dijo habiendo reconocido el espacio subterráneo ,ynotado una escalera tortuosa en frente de la que daba ála iglesia. —»Esta aventura no debe quedar aqui, pues según veo hay mas de un invisible, ytodos saben aprovechar las comunicaciones admirablemente para substraerse ála vis-
118 ta de los curiosos. Sigamos por este lado yveamos qué hay por allá arriba.” Siguió Astolfo ásu señor con la luz en la mano ,ysubiendo la opuesta escalera dieron en un salón espacioso en cuya testera se veía un altar, donde balda señales de haber existido un Crucifijo colosal engastado en la pared, yse echaba de ver en la figura de cruz aun dibujada en ella. Creyeron ser la sala capitular ,ayudando á sii presunción algunos restos de la sillería antigua de esquisitas y prolijas labores 5mas no era el reconocimiento de las paredes el objeto principal de su escursion jsil
119 curiosidad cebada con la aparición del misterioso guerrero ansiaba satisfacerse, aunque en el afan con que el cruzado registraba basta los agujeros mas recónditos de aquellas ruinas se descubría un motivo superior al de simple curiosidad. Bien lo advirtió Astolfo, mas respetó el silencio de su señor por algún tiempo ,hasta que viéndole empeñado en subir un tramo de escalera suspendido en el aire ,pues liabia faltado el apoyo del arco; yque ademas de la imposibilidad de llegar áél, no permitía sosten demasiado firme al peso del cuerpo yarmadura, se atrevió ádecirle: 9
120 —«Cualquiera que supiese habíais gastado dos horas por mero entretenimiento en reconocer nidos de lechuzas ,os calificaria de galante caballero.” —»Me son indiferentes los juicios de los necios, los cuales se creen con derecho ájuzgar de las obras que no entienden.” —«Mas permitidme os diga ¿cuál es vuestro objeto en subir á esa desmoronada escalera? ¿Creeis acaso que el hombre que acabamos de ver habrá podido subir por donde tratáis de hacerlo? —«Ya te be dicho que no tengo necesidad de darte cuenta de mis acciones. Ayúdame ácolocar
121 esta piedra sobre el monten inmediato de escombros ,yveré si alcanzo con la mano ála estremidad del arco.” —»IIe aqui el fruto de la victoria yel descanso preparado al trabajo $venir áenterrarnos en vida por un capricho. Mas valiera habernos quedado en las mazmorras del Cairo ,óentre aquellos perros de Damieta... que emplear en levantar piedras negras las manos consagradas áesterminar los enemigos del nombre de Cristo, y árestituir al seno de la iglesia...” —«Maldiciente ,silencio :no vuelvas átus pasadas necedades, pues la paciencia tiene sus límites,
122 yála mia nada falta ya para salvarlos.” —»Ciertamente soy necio, pues logro amenazas ycastigos en premio de verdades ycelo. Enhorabuena, voy áayudaros, ydesde ahora me lavo las manos de las consecuencias de tan inútil temeridad.” Dicho esto arrimó la linterna á un pedazo de pared, yasiendo un enorme fragmento de capitel le colocó sobre otras piedras, hasta tan- to que el cruzado pudo alcanzar con la mano una de las piedras desunidas ,que apenas se mantenía pegada álas inmediatas. Su ligereza yagilidad le valieron en
125 aquella ocasión para ganar de un salto el último escalón ;mas no fue sin una violenta sacudida procedida del peso repentino del cuerpo sobre el arco destituido de apoyo. La piedra mas salida cayó llevando consigo las mas próximas} el arco bamboleó jmas el cruzado se mantuvo firme yse inclinó á dar la mano áAstollo, quien alargándole primero la linterna ,se disponía aunque con repugnancia áseguir ásu señor. Mas en aquel instante el peso yesfuerzos del caballero determinaron la ruina del arco yde parte del paredón á que estaba unido. Cayó con espantoso fracaso envolviendo en sus
124 ruinas al atrevido cruzado ,la luz se apagó, yAstolfo atónito yfuera de sí de horror permaneció largo tiempo conservando apenas el sentimiento de su existencia. Por fin volvió en sí yse cercioró de la terrible catástrofe. l\ropodia dar un paso sin esponerse áhundirse en un precipicio, ignorando absolutamente el terreno. Comenzó á dar voces llamando ásu señor; mas no contestando sino el eco lejano de las desiertas habitaciones del monasterio ,acabó de convencerse de la desgracia, ysu corazón oprimido de dolor se desahogó con algunas lágrimas. Mas su crítica situación no le permitía
123 abandonarse al exceso de la pena ocasionada por la pérdida de su señor 5procuró átientas reconocer las inmediaciones ;aunque las piedras sillares caidas de la escalera ypared vecina amontonadas ámuchos pies de altura le quitaban basta la mas remota esperanza de estracr el cadáver de su señor sepultado en aquellas ruinas, yvíctima de su temeraria curiosidad. En tal conflicto se acordó del hombre invisible ,ycon el acento de la agonía ydesesperación exclamó: —«Hombre invisible, venid á socorrerme. ” ¡O prodigio !oye ópoca distan-
152 cia son desoídas :el Profeta enderece inis pasos por la senda de las tinieblas, yo os seguiré adonde gustéis, lo lie jurado ” —»Callad, que nos escuchan:” le interrumpió la mugcr... ypronunciadas estas palabras cesó enteramente el diálogo, yAstolfo solo percibió un ligero estruendo como de quien se aleja precipitadamente. ¿Qué reflexiones debia producir en el atónito escudero del cruzado tan estraña aventura? Oh* en el centro de Alemania, en una noche obscura, yen las ruinas de un monasterio dos desconocidos estrangeros, cuyo idioma le daba
153 áconocer su patria (pues en el tiempo de su espediciou áSiria y Egipto halda tenido ocasión de aprender medianamente el árabe) ¡qué misterio tan inesplicahle !No quiso empeñarse cu las ruinas que acababa de abandonar ,acordándose del hombre invisible yde su orden terminante} mas no dejó de aplicar el oido por si escuchaba algún nuevo diálogo; pero habiendo inútilmente aguardado algún tiempo, se encaminó ála choza del invisible. La luz que antes le había servido de faro le enseñó ahora también la dirección, yápoco ra- to se halló dentro de la cabaña. Llamóle la atención un papel re-
154 cientemente escrito que estalla sobre la mesa, ycuyo contenido era el siguiente :«Reconoce los efec- «tos de la impertinente curiosidad. «Vuelve átu pais, alli te aguarda «el amor yla belleza :no vayas á «Stecnliausen ,que alli está la «muerte: si no obstante insistes «en desconocer la razón yreli- «gion ,tiembla de que amanezca «sobre ti el 24 de Agosto.” Recorría Astolfo pasmado aquellos misteriosos caracteres :suena un ruido ásus espaldas $vuelve la cabeza.... ¡cielos! ¿estaba aquella noebe destinada álos portentos? Era su amo.
15S CAPITULO V. APARICION INESPERADA. Poco era lo que faltaba para finalizar la historia de Adolfo. El barón de Steenhausen estaba impaciente por oirla ,yEverardo se dispuso á complacerle. IVo quiso asistiese su bija por no csponerla áalgún trastorno ,atendida la exaltación de su sensibilidad. Everardo concluyó asi su relación. —«Afligido con la noticia de Alberto me separé de él para indagar el paradero de mi señor; mas mis pesquisas fueron inútiles, 10
156 ysolamente adquirí la terrible sospecha de su muerte. Dijéronme algunos soldados que le liabian visto caer al x\ Tilo desde una de las ventanas de la torre ,añadiendo que su casco distinguido de los demas por una garzota de plumas blancas yverdes se había visto al pie de ella 5prueba cierta de haber sido desarmado su dueño. Olvidábaseme deciros como antes de la acción yasalto de la torre me entregó Adolfo la carta de que lie sido portador ,yme encargó la consignase ávuestra hija ,como garante seguro de no ser inminente el riesgo áque se esponia 5mas añadió que no me apartase de él
157 demasiado para entregarme el anillo, lo cual no pudo verificarse, porque aunque fui de los primeros en saltar del castillo ála torre, la confusión ydesorden general, yel haberse Adolfo yAlberto precipitado por la escalera en persecución de los vencidos fueron impedimento ámí intención de seguirles ,yla resistencia desesperada que aun hicieron sobre la plataforma algunos sarracenos y que solo cesó con su muerte ,retardó nuestra total victoria. Finalmente cuando después de las mas esquisitas diligencias no logré otro fruto que respuestas vagas ócontradictorias, me persuadí realmen-
158 te haber perecido ,yno hallándome en disposición de continuar la guerra, abatido ytriste por la pérdida de mi señor aproveché la ocasión de una nave pronta áha* cerse ála vela para este pais, yen compañía de algunos cruzados á quienes ósus negocios ósus heridas precisaban áregresar ásu patria ,emprendí el viage. Fue este largo ydesastroso 5estuvimos mil veces ápunto de ser tragados por el mar ,yúltimamente se levantó ávista de estas costas la borrasca mas furiosa tpie liemos sufrido ,y ysin ser poderosos los esfuerzos de los marineros ,nos arrojó la marea ála embocadura del Jade,
139 donde afortunadamente pudimos salvar ábeneficio de la creciente la barra del rio ,ydespués de mil fatigas ypeligros llegar ásalvo, y cumplir la comisión de mi malogrado señor.” Esta fue la relación de Adolfo, que el barón escuchó con menos interes que al principio, por no versar sobre su asunto favorito y predilecto ,ásaber guerras ybatallas. —»No obstante dijo áEverardo. Me lia servido de estreñía complacencia oiros ,yveo por vuestra relación lo acertado de las medidas de los gefes de la cruzada. Mas si siguieran mi consejo
140 yel ejemplo del asedio de Constantinopla, seguramente no espu» sieran tanto la gente ,de la que deben ser económicos los capitanes. ¿Por qué ,valiéndome del ejemplo que acallo de proponer, un puño de cruzados bastó para hacer ensenar las espaldas ácien núl hombres con Alejo ásu frente? ¿Por qué se perdió tau poca gente en el asalto ápesar de la nube de defensores? Yo os aseguro que no obstante la pérdida de Safedin yconquista de Damieta podían vivir mas de los que viven, yno haber quedado sepultados en el Ailo tantos valientes ,si Maestre Olivier á imitación de los an-
141 tiguos formara su testudo por abajo para resguardar los pies de los defensores, asi como los cubrió por arriba contra las flechas yfuego griego: semejante invento fuera un portento de arquitectura militar. Por ejemplo, ¿por qué no hizo salir de trecho en trecho fuera de la torre anchos tablones colchados de lana empapada en vinagre yaceite para impedir la acción del fuego, ycon esto lograba conservar la vida álos que en el calor del combate cayesen de lo alto de la plataforma? Las cortas distancias yel mullido disminuyeran la fuerza de la caida, yos juro que pocas misas de difuntos tu-
244 garita que permanecía desmayada en sus brazos, desde que las palabras de Adolfo le dieron áconocer ser él su verdadero ytierno amante. Solo el padre ocultaba bajo la visera calda los sentimientos cpic sin duda le agitaban jmas en el movimiento éinquietud de su cuerpo se echaba de ver su situación. Esta escena muda se prolongaba sin que nadie osase ópudiese interrumpir el silencio 5mas aun no estaban patentes las maldades de Alberto. Otros dos personages se presentan áaumentar la ignominia del raptor yla admiración de los circunstantes. Alberto reconoce en el primero al musul-
245 man que interrumpió la ceremonia ysolemnidad nupcial en la capilla En el segundo... ¡cielos!... un joven hermoso como el amor se arroja del caballo en que venia} se echa álos pies de Alberto —»Por fin, esclama con acen- to delicado ysentido ,el Dios de los cristianos ha escuchado mis ardientes ruegos yte me devuelve para siempre ,óluz de mis ojos, adorado cristiano }que aunque me has sido infiel como el avestruz que desampara sus huevos, eres hermoso como la mañana, gallardo como la palma del desierto ,yvaliente como el león.... Mírame, mira átu esclava ,hermoso naza-
246 reno.... mira á!;u Hoskendam, á tu María.... tú rae decías :te amo como el viagero sediento la fuente Cn el desierto ;mas no puedes ser mia :un muro de división está puesto entre nosotros*.... ¿cómo en la morada de nuestros tiernos amores levantaremos al cielo las manos ,no siendo dirigidas áun mismo Dios?.... Tú me hablaste, ytú Dios fue el mió5yo recibí so* bre mi frente la señal de vuestro Cristo ,que ya lo es mió 5el agua de la salud corrió sobre mi cabeza. .. .ytú me diste la mano de es* poso.... tú me llamaste tu herrno* sa María ,yyo renuncié al nombre de mis padres por el que me
247 impuso el esposo tle mi corazón» Decíanme mis compañeras} infeliz Hoskendam ,tú eres ligera como el antílope en entregarte áun pérfido descreído :los nazarenos persiguen áSaladino ytoda su raza: tú llevas en tus venas la sangre de aquel héroe... no te perdonarán... Mas yo les respondía imi esposo es fiel ,yno me aborrecerá: yo le seguiré ásu país ,oiré el dulce acento de su lengua querida; veré ásus hermanos, yadoraré ásus hermanas} yMaría será feliz lejos de su patria.... Vesme aquí ,Alber- to :yo te perdono ;irías no ,nada tengo que perdonarte }recíbeme por esclava, si aspiro demasiado 17 L
248 aspirando áser esposa5no me prives de tu vista ,ybendeciré el dia de mi nacimiento, yla pérdida de mi patria ” Asi habló la bella María, áquien reconocieron los cruzados por una de las mas célebres ydelicadas beldades de Oriente, áquien Safedin custodiaba en su palacio, destinándola un dia á ser su esposa. Era bija de Saladino. ¡Qiié peso de crímenes sobre el pérfido Alberto! Seductor, adúltero ,traidor ála amistad yásu Dios ,raptor infame de la esposa de su amigo !¡Qué horroroso cuadro aparecía tras el velo que se acallaba de rasgar! La bella Ma-
249 ría permanecía abrazando su rodilla procurando ablandarle ;sus vivos ypenetrantes ojos le flechaban las encendidas miradas del amor mas violento ;mas Alberto parece insensible :la confusión, ó tal vez el arrepentimiento le anudan la lengua. El espectáculo de la afligida estrangera conmovió á los presentes en especial ála sensible Margarita ,quien olvidando sus propias penas ,se desprendió de Everardo para acercarse áconsolarla. Mas en aquel momento como saliendo de su estupor ,rechaza Alberto con violencia áMaría ,da un espolazo al caballo ,y antes que pudiesen volver en sí de
230 la sorpresa ,se roba ála vista de todos. —«Hija de Saladillo ,dijo el guerrero (jue la acompañaba con la calma propia de su carácter $será forzoso volvamos áEgipto áproclamar entre los adoradores del Profeta tu necedad, yla fe de los nazarenos.” —»No será asi, esclamarou á un tiempo Adolfo ysu padre..... La hermosa María se reunirá con su esposo, continuó el hombre invisible, yéste reconocerá sus yerros. Su corazón no es perverso} una pasión bastarda le ha arrebatado, es verdad, álos excesos mas criminales }mas sin el obstáculo
231 que durante un año lia impedido descubrirme yvivir desconocido al mundo ,Alberto no se hubiera abandonado al estremo de furor y olvido de todas las obligaciones del honor yvirtud. Padre mió, continuó vuelto ásu padre ,aqui tenéis ávuestro hijo no indigno de este título :Margarita ,aqui ves el verdadero yfiel esposo que tu padre ytu voluntad lian elegido :Everardo ,reconoce átu señor ;el cielo lia permitido que finalmente llegase el momento de poder manifestarme ,yaclarar los misterios que me reduelan áocultar mi nombre ymi existencia. Hija de Saladillo ,fiel Salali,
252 compañero de los trabajos yperegrinaciones de María ,no os consideréis destituidos de auxilio ;el ciclo vela sobre vosotros ,yla felicidad vivirá con vosotros.” Asi habló Adolfo, ysu padre apeándose del caballo corrió áabrazarle ,haciendo lo mismo Everardoj mas les previno Adolfo, saltando ligero de su alazan, ycorriendo ásu encuentro con los brazos abiertos ,mientras las dos bellas jóvenes contemplaban con los ojos llenos de lágrimas los transportes del amor filial ypaternal, yesperaban el desahogo nnítuo de tan dulces yjustos sentimientos, para tomar parte en la alegría y
233 regocijo tan estraordinario como inesperado. Cumplidos con el padre los deberes de la naturaleza, reservaba Adolfo otros igualmente dulces al amor. ¿Quién describirá los raptos de alegría yternura que embriagaron los corazones de entrambos amantes ,viéndose finalmente libres de la zozobra, y con la confianza de la próxima felicidad? —-»¿I\ío os decía yo, adorada Margarita, que el dia 24 de Agos- to seria el término de nuestras desgracias?” —»¿Y tuvisteis la crueldad de envidiar ami padre y.... también ámí la satisfacción de saber
260 rae el arrepentimiento mas sincero al cstraviado Alberto. Antes que esto sucediese ,habíase publicado por Steenhausen ysus cercanías, yaun llegado á países mas distantes la maravillosa historia del hombre invisible. Tan- to el barón de Steenhausen como el padre de Adolfo ,Gertrudis ,y sobre todo la hermosa Margarita, sin exceptuar la apasionada María ysu anciano mentor Saiah estaban impacientes por saber los misterios de las ruinas de Munstcrhall, ylos sucesos que hablan obligado áAdolfo áencerrarse en aquellos escombros por tanto tiempo. Dados algunos dias al desean-
26i so de tantas fatigas yzozobras, reconvino el barón áAdolfo con la palabra dada desde el principio de satisfacer su curiosidad. El joven cruzado se dispuso con gusto ácomplacer áaquella noble compañía ,yreunidos en un lugar los personages interesados en la historia, la refirió brevemente Adolfo de esta maricrai —»Poco os molestaré la atención con la relación de mis sucesos. Everardo os informó ya de los que precedieron yacompañaron á la espedicion ,ycon especialidad al asalto de la torre del Nilo. En efecto cuando me separé de Everardo ,yen compañía de Alberto
262 bajé la escalera persiguiendo álos fugitivos, no advertí que en lugar de mis compañeros bajaban tras nosotros algunos sarracenos que aun liabian quedado en la plataforma ,yliuian asimismo del liicrro del vencedor ,de suerte que nos fue absolutamente cortada la comunicación con nuestra gente. Llegados áuna pieza capaz que estaba ámitad de la torre con algunas ventanas al rio ,conocí el riesgo en que me liabia metido inconsideradamente ,yasi resolví vender cara mi vida ,yvolviéndome áAlberto :valor ,intrépido amigo, esclamé, ymuramos corno valientes. Cayeron algunos sarrace-
265 nos álos golpes de nuestra desesperación 5pero mientras me batía con dos de los mas arrojados por el frente ,no advertí que Alberto habia caído herido ,yestaba ya incapaz de defenderse. Creyéndome resguardado por aquella parte ,continué peleando, basta que uno de los enemigos sorprendiéndome por el flanco, me descargó tan furioso golpe sobre el casco, que me hizo caer en tierra aturdido ,yperdido el conocimiento. Creyendo me hablan muerto ,me arrojaron al rio por una de las ventanas ;mas yo nada puedo decir de mí ,hasta el punto que recobré los sentidos. Mi primer mo- 18
264 vimiento fue un suspiro que quise dar para dilatar el pecho ;mas no pude veri(icario ,porque con la aspiración me entró repentinamente un torrente de agua por la boca ynarices. En medio del susto yagonía conocí que estaba en el agua ,yadiviné el motivo :mas la agitación comunicó ámis miembros un movimiento convulsivo á favor del cual subí involuntariamente ála flor del agua. Entonces respirando el aire acabé de serenarme; mas 110 se me ocultó lo inminente del peligro en que me bailaba. En medio del caudaloso N¡- lo ,vestido de una pesadísima armadura, debilitado por las heridas
265 ypérdida de sangre, ymaltratado sin cesar con los golpes de maderos ,tablas yfragmentos de barcos ,poca esperanza me quedaba de salvarme ,yla distancia de la ribera me desanimaba aun mas ,pareeiéndomc imposible ganarla á nado. La vida es naturalmente amable; mas no era la muerte en sí misma la que en tal conflicto se me liacia terrible. Una muerte gloriosa recibida en la torre al impulso del brazo enemigo fuera el cobno de mi dicha ;mas una muerte ignoble yobscura entre las horrorosas agonías de la desesperación era para mí la mas cruel yespantosa. En tan apura-
266 do lance me acordé de Dios» yen mí corazón le dirigí con el mavor fervor la deprecación siguienteí Señor ,sabéis que solo me hace horrible la muerte el no recibirla con gloria: concededme la vida, y libradme de este peligro áíin de poder serviros mas largo tiempo contra los enemigos de vuestra fe, Vos juro sacrificaros durante un año lo mas amable ámi corazón que es la gloria militar; permaneciendo oculto ydesconocido de todos yhasta de mi padre en todo este tiempo ,ydedicándome álas austeridades de la vidasolitaria(l). iEn las historias tic la edad media
267 Oyó el cielo mi súplica :un grueso madero venia hácia mí flotando sobre el agua: las hinchadas ondas del Nilo le comunicaban un balance muy semejante al de las embarcaciones ,yal llegar junto ámí siguiendo la caída de una ola, bajó la extremidad que pudiera llamarse su proa ,yadelantando al misino tiempo se puso debajo de mi cuerpo, el cual al elevarse, levantó sin dificultad, yme bailé yen especial de ¡as Cruzadas se leen votos semejantes, hechos con bastante frecuencia; asi este que es el principio y ocasión de los misterios de esta novela, se funda en un hecho que no es sino muy verosímil.
268 afortunadamente navegando por el IVilo en el bajel que ine depasó la Providencia. Entonces ápesar de mi debilidad pude aunque con trabajo ganar la orilla en un parage retirado ,donde comenzando á cumplir el voto ,me despojé de mi rica armadura ,ycomo no estaba muy distante el campo de batalla, me fue fácil encontrar Un soldado muerto, cuyo casco ycoraza tome poniéndole los míos, yasi pudo tomar cuerpo con algún fundamento la noticia de mi muerte, ayudando al engaño el estar el cadáver sumamente desfigurado. Mas nunca conocí el precio ydificultad de mi voto ,como cuando álo
209 lejos descubrí el campo cruzado y las torres de Damicta ,yánuestras tropas batiéndose denodadamente con los infieles. La sangre me ardía en las venas deseando volver al combate 5inas lúceme violencia ,yjuntándome áuna partida de alemanes que iban á dar áEuropa las primeras noticias del Miz suceso de nuestras armas ,con nombre supuesto me embarqué, ydespués de un viage Miz tomó tierra en Hamburgo. De alli vine al sitio que habla destinado para mi retiro yfueron las ruinas de Munsterhall que tenia bien conocidas ,yescogí con preferencia por estar mas cerca de
276 tenido noticia de ella. El asalto de ia toree del Nilo se verificó en un viernes 24 de Agosto ,dia de San Bartolomé ,yen aquel misino liiee el voto de vivir un ano desconocido ,ydebí al prodigioso favor del cielo la conservación de la vida. Era por consiguiente el destinado al fin del cumplimiento de mi voto, yáesta circunstancia aludian las amenazas áAlberto ylas esperanzas al barón yMargarita ,relativas al fin de los errores del primero yde los trabajos ydolores de los segundos. »Ea temeridad de Alberto le puso áriesgo de perecer debajo de las ruinas del arco de la escalera,
277 intentando subir por ella: al espantoso estruendo del fracaso acudí ásocorrerle temiendo lo que pudiera ser :oí la invocación de Astolfo ,yle marqué la dirección para salir de aquel sitio ,de donde se alejó, persuadido áque dejaba á su señor muerto yenvuelto en los escombros. Con mucho trabajo aparte algunas piedras, guiándome el fatigoso resuello de Alberto oprimido con el enorme peso de las losas ,yal cabo de muchos esfuerzos logré librarle del riesgo, pues afortunadamente los golpes y contusiones eran de poca consideración. Dile en voz baja las mismas órdenes que áAstolfo ,ypar-
278 lió áencontrarle. Fue estraordinario el pasmo de Astolfo al ver entrar en la choza ásu señor á quien lloraba por muerto :oyó con placer las obligaciones que ambos debían al invisible ,yyo creí haber producido su efecto mis amenazas misteriosas ,cuando ála mañana siguiente les vi tomar un camino diferente del de Steenhausen. Pero mudé de opinión cuando supe haberse recibido aqui la noticia de que el fingido Adolfo vivia ,yestaba para llegar de un momento áotro. Omito las dolorosas reflexiones que me ocasionó este suceso ,pues entonces ya María me había referido su historia y
279 relaciones con Alberto. Este llegó como sabéis ,yse procedió álos preparativos de la boda. Tampoco ignoráis el medio de que me valí para impedir se efectuase ,enviando áSalab con orden de entregarle una carta ,en que jen nombre de María le anunciaba estar resuelta áhacer valer sus derechos ante los tribunales, sino desistía de su criminal enlace. Alberto muy distante de creer ásu esposa en aquel pais quedó turbado ,yrenunció solemnemente á la mano de Margarita. Paso en silencio los desagradables sucesos que siguieron áeste ,yque no ignoráis. Yo fui ,continuó Adolfo vuelto al ba* 19
280 ron de Steenliausen ,el aldeano que os condujo áreconocer el monasterio yde antemano puse la carta en la mesa ,para preveniros de la inutilidad de vuestras pesquisas tocante áSalah. La barba crecida ,el sombrero alicaído ,la cutis tostada me desfiguraron lo bastante para no temer ser conocido, como sucedió, ni introducirme frecuentemente en este castillo sin dar nota ,ya como aldeano ,ya como cruzado viagero, en cuyo trage penetré basta la puerta de la habitación de Margarita ,habiendo tenido noticia de su indisposición el dia de la llegada de Everardo jy en el de aldeano la tarde de la lie-
I 281 {jada de Alberto. Mi amigo es perdonable en parte 5creyéndome muerto ,no podía emplear mejor sus atenciones que en la señora del corazón de su amigo. Solo siento no baya hecho justicia á vuestras gracias ,hermosa María, mas su error ha sido momentáneo: perdonadle ysed felices ,pues la vuestra es necesaria para el complemento de mi ventura.” Asi habló Adolfo ytodos quedaron en agradable suspensión, efecto de los pasmosos acaecimientos del invisible ,cuya virtud y prerogativa cesó para bien de todos el célebre 24 de Agosto. Solo restaba saber los sucesos de Alber-
282 to ,pues era claro liaber sido fingida toda su relación hecha cuando llegó áSteenhausen. Poco después el mismo Alberto los refirió, yen substancia fue lo siguiente. »La amistad entre Adolfo yAlberto obligaba al primero ánada tenerle oculto. Comunicóle sus amores con Margarita, enseñóle el retrato ,yse lo hizo tan vivo y fiel de sus gracias ybelleza ,que Alberto quedó perdidamente enamorado. Encarecióle sobre todo el inestimable favor del anillo ;yesto bastó para que Alberto perdiese la paz ,yno pensase ya sino en los medios de lograr áMargarita. Pero el asalto de la torre, si por
285 una parte le dió ácreer podía sin delito aspirar ásu posesión ,pues vió caer áAdolfo en el suelo al impulso de un golpe de maza ,le privó de verificarlo por entonces, pues lleno de heridas cayó prisionero en poder de los infieles, quienes en compañía de Astolfo su escudero yde algunos otros le llevaron al Cairo, yle destinaron al servicio de Hoskendam ,una de las hijas de Saladino ,yhermosura célebre en todo Egipto. Ver ésta áAlberto yenamorarse fue obra de un momento jsiendo viva yardiente declaró su pasión al esclavo cruzado ,yeste esperando por tal medio alcanzar libertad ,no
284 dudó corresponder ásu amor. La apasionada amante liizo aun mas: viéndole detenido en darle la mano de esposo por motivo de religión, renunció ásu falsa secta, y se bautizó. Dispuso su fuga ,yno sin atropellar por varios cinminentes peligros se embarcaron ,ytomaron tierra en Europa. Mas Alberto que llevaba en su corazón la imagen de Margarita ,no dudó vender yabandonar ásu esposa, como lo efectuó en Marsella donde desembarcaron, partiendo sin detención áSteenhausen áengañar áMargarita fiado en la maravillosa semejanza que Labia entre él yAdolfo ,pues muchos los con-
285 fundían fácilmente ;ypersuadiéndose áque la desemejanza entré sus facciones podía atribuirse ála influencia del clima ,viages ,yfatigas de la guerra. María viéndose abandonada siguió el consejo del anciano Salah que la acompañaba, yresolvió seguir ásu pérfido esposo. Felizmente tomó lengua tan átiempo ,que supo con individualidad noticias de él en todos los lugares de su tránsito. Junto al monasterio de Munstérhall llegaron á reunirse ,pues siguiendo el mismo camino ,se estraviaron ambos en el bosque. Ella fue la que profirió las palabras él es, habiéndole conocido en su diálogo con Astol-
regalón, itomo en pasta. ., Col ina en Italia ,por Madama 12 i3 Staél. 4tomos en pasta. •.. Julia,ólos subterráneos del cas- :54 tillo de Mazzini.2tom. pta. La Sacerdotisa peruana ,óReinaldo yElina, novela indiana. 2426 itomo en pasta. ....... Ricardo ySofía ,ólos yerros 12 i3 del amor. 2tomos en pasta.. La segunda. El Solitario del monte salvage, por el Vizconde D'Arlincourt. 24 26 2tomos en pasta La Extrangera ,óla Muger misteriosa ,del mismo autor. 24 26 2tomos en pasta Aventuras del último de los Abcncerrages ,por Chateau- 24 26 briand. ltomo en pasta.. . . El Caballero del Cisne ,ólos Bandos de Castilla ,novela española ,por Lopez-Soler. 5 10 11 tomos en pasta Barba Azul, 6la Llave encantada: colección de cuentos para ób 4o niños yabuelitas, itomo pta. 12 t3
simar yReligión ,óla Joven Griego. ,novela histórica, l tomo en pasta. * Orosman yZora ,óla pérdida de Argel ,novela histórica, l tomo en pasta AmoryVirtud, ólas cinco novelas. itomo en pasta. ... Sales Cómicas ,agudezas yrasgos de imaginación de autores espaüoles yextrangeros. !tomo en pasta • El Juramento de no amar ,ó las tres Amigas. Novela traducida del francés. 2tomos en pasta El Amor yla Muerte ,óla Hechicera-. por el Vizconde D'Arlincourt. itomo en pasta . Las Ruinas de Santa Engracia óel sitio de Zaragoza ,novela histórica original. 2to- mos en pasta Teodora, Heroína de Aragón, ómemorias del coronel Blok, Episodio para la historia de la itomo en pasta Aventuras de Safo yFaon. 1to 12 i3 12 i3 12 t3 I2i3 24 26 I2i3 24 2Í) l2i3
mo en pasta La Sacerdotisa druida ylas ruinas de Persépolis. itomo pta. Alfonso ,del Hijo natural. 2 tomos pasta Las Madres rivales ,óla Calumnia. Por IVÍAD. GENLIS. 4 tomos en pasta El Corsario. Por Lord Byron. x tomo pasta El Pirata generoso. 1tomo en pasta ... El Hombre invisible ,ólas Ruinas de Munsterhall: novelahis- 1 tdrica original del tiempo de] las Cruzadas, itomo en pasta. 12 ’i3 1 2 ¡XO 24 26! 56; Ia¡13> I I¡ 12 i3 ta 12
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