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Fedro, Revista de Estética y Teoría de las Artes. Número 24, septiembre de 2024. ISSN 1697-8072 [pp. 32-46] https://dx.doi.org/10.12795/Fedro/2024.i24.03 EL ACTO TRANSDUCTIVO, UNA APROXIMACIÓN EPISTEMOLÓGICA Y ESTÉTICA DESDE LA TEORÍA DE GILBERT SIMONDON THE TRANSDUCTIVE ACT: AN EPISTEMOLOGICAL AND AESTHETIC APPROACH FROM THE THEORY OF GILBERT SIMONDON .DULQD(ULND5RMDV&DOGHUyQ 8QLYHUVLGDG$XWyQRPDGH0p[LFR Resumen Este artículo indaga en el planteamiento de la estética en la filosofía de Gilbert Simondon, delimitada en su Teoría de la Transductividad, y el proceso de individuación, lo cual se reflexiona en el marco de la hipermodernidad, y frente a una nueva concepción del arte; para trasladarlo hacia la interpretation del proceso creativo y de la producción artística en la expresión misma del bio arte, a través de la pieza Nature? de la artista Marta de Menezes. Así, el acto transductivo se observa como un elemento inherente al proceso de creación, propio de un arte crítico, que se desarrolla en el mundo de las biologías de lo posible, donde se explora la relación estrecha y dependiente del objeto técnico y del ser técnico como lo plantea Simondon. Por lo que, en este artículo, se propone el acto transductivo como un elemento que es posible identificar en los procesos de creación artística en el bio arte. Palabras clave: Acto transductivo, hipermodernidad, objeto técnico, ser técnico. 32
Abstract This article explores the approach to aesthetics in the philosophy of Gilbert Simondon, delimited in his Theory of Transductivity, and the process of individuation, which is reflected in the framework of hypermodernity, and a new conception of art; to move it towards the interpretation of the creative process and artistic production in the very expression of bio art, through the piece Nature? by the artist Marta de Menezes. Thus, the transductive act is observed as an inherent element in the process of creation, typical of a critical art, which develops in the world of the biologies of the possible, where the close and dependent relationship between the technical object and the technical being, as Simondon puts it, is explored. Therefore, in this article, the transductive act is proposed as an element that is possible to identify in the processes of artistic creation in bio art. Keywords: Transductive act, hypermodernity, technical object, technical being. Introducción A través de este trabajo se generará una aproximación filosófica al cambiante fenómeno del arte, así como una reflexión en torno a las apreciaciones sobre el proceso creativo y de la producción artística en el marco de la hipermodernidad. Es menester plantear en este apartado un preámbulo a la inclusión de conceptos propios de la teoría de Gilbert Simondon (1924-1989)1 para la exploración del bio arte. Del mismo modo, se busca tratar el carácter transgresor del arte en el campo de la biología como un importante antecedente a la visión de la inmersión en el mundo de las biologías de lo posible por medio de la vida artificial y su relación con la naturaleza para su posterior implementación en los procesos de producción de bio arte y los estudios propios de la estética. Por lo anterior, se propone el acto transductivo como un nuevo elemento propio del proceso de creación. De tal forma, se tomarán como punto de partida conceptos formulados por Gilbert Simondon, en una búsqueda de lo que mencionara Berman (2004), no solo como una integración y puente de nuestra propia existencia con la realidad, sino la posibilidad de encontrar un camino de reencantamiento del mundo, es decir, la creación de un arte que corresponda al nuevo mito ligado a la cosmovisión hipermoderna (p. 86). 1.Gilbert Simondon nació en octubre de 1924, en Saint- Étienne, Francia, y falleció en 1989. Ingresó en la Escuela Normal Superior en 1944. Desde la rue d’Ulm pasa a ser profesor de Filosofía en el liceo de Tours, de 1948 a 1955, donde siempre que puede, intenta reemplazar a los profesores de Física; instala en el subsuelo del liceo una galería de aparatos y de máquinas iniciando a sus alumnos en su conocimiento. En 1960, es nombrado profesor en la Universidad de Poitiers, donde crea un laboratorio de psicología. Dirigirá igualmente en la Sorbona, su último destino a partir de 1963, un nuevo laboratorio de psicología. (Pelayo, 2006:1) 33
1. Antecedentes y aproximaciones contextuales a las teorías simondianas La relación del hombre y la naturaleza se desarrolla en un constante movimiento, ahora se ha dejado de lado la mentalidad en la que se deseaba la permanente armonía del hombre con el medio natural que lo rodea, y que, en dicha relación de nutrida reciprocidad del pasado, la naturaleza era dominante. Esta separación comienza en la necesidad humana de aceleración del tiempo y la manipulación del entorno, como el control de procesos vitales, con la finalidad de obtener por mano propia el acceso a la inmortalidad. Se trata del alejamiento de la tradición hermética, así se ha eliminado la concepción de poseer una comunicación con la divinidad, o como se menciona en el universo ptolomeico, con las inteligencias espirituales que gobiernan la Mente del Mundo. El ser humano proclamaba la separación entre el hombre, la divinidad y la naturaleza, misma que daría por resultado el mundo de la modernidad, la tecnología y la razón como principio de creación. En cierta forma es un primer paso, hacia el cambio del animismo al mecanicismo, lo que ha dado como resultado una estructura paralela deliberadamente racional para definir el nuevo mundo. Así, el ser humano es reconocido en su condicionalidad natural, y se entiende a sí mismo como respuesta del funcionamiento de fuerzas, una parte especial del cosmos. La modernidad tiene vínculos con sus hechos históricos remotos, se producen cambios radicales del pensamiento y de los ideales humanos, así la idea de progreso tiene raíz en la tradición cultural e ideológica, en la Europa del siglo XIX, y se abre paso al continuo movimiento de las sociedades, al generarse nuevas relaciones entre estas, determinantes en este proceso. Quizá por única vez en la humanidad, este periodo moderno cree percibir que todo el mundo trabaja en la misma dirección, que todo producto humano es producto del espíritu de su tiempo. Así, se dice que, para entender los discursos de la modernidad, es necesario comprender la dualidad característica del hombre, la idea del tiempo y del espacio, así como la concepción del lenguaje en su carácter imperecedero y permanente. La confianza en la ciencia y la lógica hace que la filosofía analítica se vuelva la corriente más representativa de la época moderna; y como un reflejo de la racionalidad moderna, es viable hablar del hombre como posibilidad, como apariencia, como invención, como pensamiento, como conocimiento, como lenguaje, como trascendencia. Esta visión de la sociedad se vio afectada durante la segunda mitad del siglo XIX, y se convirtió en un rasgo fundamental de los conceptos, procesos y productos de los movimientos artísticos y literarios modernistas del siglo XX. Así, en la comprensión del mecanicismo se genera la constante relación entre la ciencia y el arte como una cualidad intelectual necesaria para que el individuo interactúe y pueda fluir en ambos 34
universos, hecho que como sabemos hoy en día, la especialización y fragmentación del conocimiento nos lleva a la existencia de sub-universos insertos, a su vez y contenidos en ambos campos, donde en algunas ocasiones las zonas limítrofes se desdibujan, dando pie a una interacción constante. Como lo señala Lyotard en su estudio sobre la condición del saber de la cultura que se desarrolla en la actualidad, a la cual denomina la condición posmoderna, es el camino a la desmitificación del ser humano, y del inicio de la construcción posmoderna caracterizada por el razonamiento inexacto y la imaginación. Es una revolución de la filosofía del lenguaje donde sus elementos son más consubstanciales que puros, más comprometidos que claros, ambiguos más que articulados y más pérfidos que interesantes: Pues no se puede saber lo que es el saber, es decir, qué problemas encaran hoy su desarrollo y su difusión, si no se sabe nada de la sociedad donde aparece. Y, hoy más que nunca, saber algo de esta última, es en principio elegir la manera de interrogar, que es también la manera de la que ella puede proporcionar respuestas. No se puede decidir que el papel fundamental del saber es ser un elemento indispensable del funcionamiento de la sociedad y obrar en consecuencia adecuadamente, más que si se ha decidido que se trata de una máquina enorme. A la inversa, no se puede contar con su función crítica y proponerse orientar su desarrollo y difusión en ese sentido más que si se ha decidido que no forma un todo integrado y que sigue sujeta a un principio de contestación. La alternativa parece clara, homogeneidad o dualidad intrínsecas de lo social, funcionalismo o criticismo del saber, pero la decisión parece difícil de tomar, o arbitraria (Lyotard, 1991, p. 14). La posmodernidad surge sin inspiración, surge de una contradictoria motivación del desencantamiento del mundo, razón por la cual es decadente, busca una significación, reduce sus pensamientos a ideologías a un fenómeno de la sociedad burguesa; es decir, la sociedad ya no encuentra su motivación en la creadora subjetividad perdiéndose en un dinamismo interno de mutabilidad constante. Se proyecta y produce aquello que no puede lograrse o dominarse mediante la representación, o el pensamiento conceptual que desconcierta, que atribuye en su legitimación su propia distorsión; ya que, se supone más flexible en su exposición y que contribuye a una entropía cultural que cae dentro de una crisis que no puede regularse, como lo menciona Lyotard (1994): Incluso cuando cambian sus reglas y se producen innovaciones, incluso cuando sus disfunciones […] pueden hacer creer en una alternativa y levantar esperanzas, no se trata más que de reajustes internos y su resultado solo puede ser la mejora de la «vida» del sistema, la única alternativa a ese perfeccionamiento de las actuaciones es la entropía, es decir, la decadencia (p. 13). 35
Ahora bien, la lógica espacial de la práctica posmodernista ya no se organiza alrededor de la definición de un medio dado sobre la base del material o de la percepción de este, sino que se organiza a través del universo de términos en oposición dentro de una situación cultural dada y a favor del pragmatismo; la objetividad territorial y su relación con el cuerpo sin órganos como antítesis de la realidad contra el organismo o código, tomando como única realidad la del «yo siento». La desmitificación del ser humano comienza su camino a la construcción del discurso posmoderno, iniciado por el permitido razonamiento inexacto y la imaginación. Posteriormente, este discurso se media por la cultura y la crítica, los fenómenos sociales y culturales que se desarrollan en ámbitos académicos, filosóficos, arquitectónicos, sobre cine y literatura; con Lyotard es una interdisciplina confirmada (1994, p. 41). Y es ahí donde la cultura postmoderna genera nuevos debates de legitimación, ya que los términos que conforman y acompañan a este discurso son: la narrativa, la representación del mundo, la interdisciplina y el autor, como lo plantea Lyotard, en la lectura, conocimiento y confrontación con los mitos anteriores, también denominadas metanarraciones o metarrelatos, pareciera que el ser humano controla e interpreta las diversas formas de la actividad discursiva del mundo, como lo menciona Lyotard (1994): En fin, lo mismo que no tiene necesidad de acordarse de su pasado, una cultura que conceda preeminencia a la forma narrativa es indudable que ya no tiene necesidad de procedimientos especiales para autorizar sus relatos. Es difícil imaginar, primero, que aísle la instancia narrativa de entre otras para concederle un privilegio en la pragmática de los relatos, después, que se interrogue acerca del derecho que el narrador, desconectado así del «narratario» y la diégesis, tendría de contar lo que cuenta, con el fin de que la cultura emprenda el análisis o la anamnesis de su propia legitimidad (pp. 20 y 21). Entonces, la postmodernidad proyecta y produce aquello que no puede dominarse mediante la representación o el pensamiento conceptual, que desconcierta, que atribuye en su legitimación su propia distorsión, que se supone más flexible en su exposición y que contribuye a una entropía cultural que cae dentro de una crisis que no puede regularse. Es una completa transformación del lenguaje a la transgresión, aunque pocos sean los que logren apoyarse en un discurso verdadero, que procure a una sociedad circundada del miedo que en estos últimos años plantea a la sociedad un devenir caótico. 2. El camino de la individuación, el objeto técnico y el ser técnico Este nuevo orden o sistema se desarrolla desde la transformación cultural y la resonancia de la experiencia evolutiva en la que participan la tecnología, la información y la 36
transferencia de experiencias vitales a través de entornos compartidos y habitables. Los sistemas se definen como complejos, no solo por el determinismo condicionante de su naturaleza, sino que se caracterizan por su desarrollo no lineal para el despliegue de relaciones y procesos aleatorios, encontrando en la adaptación una estrategia de auto generación, auto organización, de temporalidades relativas y comportamientos de emergencia, tal y como lo menciona Iliana Hernández: A mayor complejidad de la interacción y de la heurística utilizada, mayor complejidad del organismo creado, no buscando ser un sistema predictivo; sin embargo, dependen de la participación activa, para definir qué tan complejos son y cómo las criaturas se reproducen. Se trata de crear vida por otros medios distintos a los hasta ahora considerados naturales, con entidades que pueden crecer, reproducirse, adaptarse y colaborar entre sí y con otros (Hernández y Niño, 2010, p. 14). El sistema de pensamiento relativista y flexible de la actualidad permite estudiar la mente y el cuerpo humanos para formular una posterior réplica en lo que ahora se conoce como vida e inteligencia artificial, al ser uno de los objetivos la exteriorización, conexión y simulación de comportamiento humano. Al generar una interfaz comunicativa de pensamiento. En tal sentido, las teorías evolucionistas darwinianas resultan entonces limitadas e insuficientes para poder generar un estudio de los fenómenos correspondientes a la vida natural y cultural. Dando pauta a la generación de nuevas líneas de exploración que toman como fundamento conceptos evolucionistas, pero desde una perspectiva distinta, haciendo uso de actos interpretativos y de imaginación, que permitan conocer y comprender las estrategias de reproducción, adaptación y operatividad autónoma de los organismos en sus distintos estadios de existencia y de comunicación social, y por ende cultural. De lo anterior se infiere que ante el relativismo y la flexibilidad metodológica existente en la ciencia como en el arte, se deriva un enfrentamiento contra la confusa presencia de metáforas y analogías de conocimiento endebles, contradictorias y ambiguas, por lo que es necesario abordar los fenómenos que forman parte de nuestra actualidad a partir de conceptos definidos, propios del campo de la ciencia que interactúen con aquellos correspondientes a las artes, para construir y estructurar de este modo, posibilidades teóricas concernientes al campo del bio arte, así como en sus implicaciones creativas y alcances de producción. Por ello, se retoman algunos planteamientos teóricos de Gilbert Simondon, filósofo francés que aborda las problemáticas de la definición de la técnica en relación con los procesos científicos y socioculturales. Lo anterior tomando como premisa específica la concepción de las técnicas como producciones humanas mediadoras entre el mundo 37
y los hombres; y los objetos como aquellos productos que resultan de un proceso de invención que busca modificar e incidir en la realidad. G. Simondon trabaja en la definición y distinción entre objeto técnico y ser técnico: el primero es la realidad humana que reside en la máquina, es lo que permite concebir a la máquina no como un objeto contrario al hombre, sino que si es deseo de este concebir un objeto, es necesario entonces pasar por un proceso de individuación e invención que solo proviene del objeto mismo, dotándole de un código previo que lo determina como una realidad preindividual. El objeto técnico crea una relación interhumana para crear el modelo transindividual, así el ser técnico es la sociedad y el principio de individuación que fijan convenciones y dinámicas como potencialidad que se adecuen e incorporen a los procesos físicos, psíquicos y colectivos. De tal manera que, la individuación hace posible la disolución de la forma, el concepto y la realidad precediéndoles. Por ello es necesario pensar en la individuación como la diferencia individual que surge desde las relaciones diferenciales puras, haciendo a un lado las categorías y géneros ya creados o preconcebidos considerados como lo general que predefina su existencia. Lo menciona Simondon en (2005): “Hay que pensar la vida como una sucesión transductiva de operaciones de individuación, o como un encadenamiento de resoluciones sucesivas, donde cada resolución previa puede ser reincorporada en las resoluciones ulteriores” (p. 67). Por lo expuesto con antelación, podemos afirmar que la técnica se desarrolla por intenciones, con fines y medios, ya que el ser viviente es una máquina auto generadora y natural, al existir continuidad entre el hombre y el animal, introduciéndose así, la técnica como un concepto contradictorio y problemático; por ende, en la medida que se vuelve sinérgica, la técnica acerca máquinas y seres vivos; naturaleza y cultura son realidades interactuantes, hasta cierto punto, indistinguibles, tanto la técnica se vuelve natural, y la naturaleza, técnica. Así, Simondon, menciona la génesis físico-biológica, dando pauta al descubrimiento de la evolución de las máquinas y de los procesos técnicos. 3. El acto transductivo, una reflexión orientada a la estética Ahora bien, la dirección que se puntualiza a través de los conceptos definidos por Simondon se propone como una ruta para el análisis y revisión de conceptos propios de la estética, en su aplicación de producción bio artística actual, sin embargo, es necesario hacer algunos señalamientos y considerar antecedentes importantes con respecto a la individuación, como proceso propuesto por Simondon. Entre estos antecedentes a los conceptos del plano teórico de Gilbert Simondon, se menciona la idea tradicional que se origina en el mundo occidental desde la antigüedad, en torno al individuo como una 38
sustancia estable compuesta de elementos inalterables: átomos de Demócrito, la Teoría de las ideas de Platón, y la introducción de la Teoría de las formas según las implicaciones a la vez efectivas y las lógicas de Aristóteles. Posteriormente se plantea, de manera contraria, que no hay individuo terminado posible, ni individualidad, solo algunos seres vivos que pasan por el proceso de individuación como un ejercicio constante y permanente del individuo. Por lo que esta interactividad permanente no permite una operación dialéctica o de retroalimentación, dado que la interactividad se fundamenta en un proceso constante de desfasamiento del individuo (concretización). De esta manera el devenir en el proceso evolutivo es analizado simplemente como un accidente que afecta a ese proceso definido por fases –en la mayoría de los casos simplemente el devenir es inexistente–, este es un elemento accidental que conforma dicha interfase sin definir el proceso de individuación o concretización necesariamente como se puede apreciar en lo que enseguida nos refiere Gilbert Simondon (2007): Porque las interacciones entre los elementos estructurales en el transcurso del funcionamiento no están definidas, salvo para una sola de ellas, a saber, la función moduladora […] Las precisiones y cerramientos sucesivos aportados a este sistema transforman en funciones estables los inconvenientes que aparecen por sí mismos en ocasión de su funcionamiento (p. 52). La sustancia que se había considerado como la cualidad inmodificable del ser, ahora no solo es cambiante sino que es volatilizable en estos periodos de desfasamiento, hasta ser reemplazada por aquel conjunto-colonia de elementos meta-estables desde el proceso de individuación en un niño hasta la muerte; por lo que el valor del estudio y la Teoría de la Individuación de Simondon radica en la tensión constante entre la permanente relación de lo estable-inestable para construir la condición de lo meta-estable. En el que el proceso de unificación se genera desde su potencial. En todo caso, es necesario percibir el medio interior y el medio exterior del organismo como realidades mediadoras y abstracciones que influyen en el proceso de individuación. Esta Teoría de la Individuación se puede apreciar en distintas áreas como la física, la biología, la semiótica, etc., al devenir en sí misma en una ontología y epistemología en su conjunto. El individuo que ha generado transductividad no es un individuo que se pueda definir por las fases de su proceso de desarrollo, sino que se reconoce como un individuo que se ha convertido en una interfase entre un medio interior o exterior de acuerdo con su potencialidad. Es decir, el individuo se encuentra en una condición de constante potencialidad cambiante. 39
Por ello, nuestra manera de percibir la realidad y nuestros actos nos dirigen a una finalidad transductiva, y así se infiere que el proceso de individuación es el paso que va desde lo físico a lo psíquico en el ser viviente; cuyo proceso deriva de su naturaleza preindividual, es decir, de la información que proviene de los procesos de invención. De tal forma que todo cambio en la individuación proviene del interior del que condiciona su naturaleza y es modulada por el individuo técnico, el hombre como creador, justamente, de su condición de vida. Simondon insiste en que las innovaciones técnicas mayores o invenciones de tipo industrial, son primero, según él, un asunto de imaginación plástica; sus inventores dibujan en espíritu, analógicamente; después a través de un proceso lógico, de cálculo. Esto es propio de la invención técnica, pero no es solo la presencia del pensamiento del individuo técnico en la invención del viviente, ya que en este proceso intervienen secuencias insertas como una codificación propia de la vida que condicionan a este. 4. Transductividad, aproximaciones al acto comunicativo y al proceso bio creativo Ya que en el planteamiento tradicional del arte se observa un alejamiento de la falsa creencia en la autenticidad y de su autonomía, lo que lleva a una confrontación entre un lenguaje abierto-claro (ciencia) y un lenguaje cerrado (arte). Sin embargo, la línea que los integra en el campo del arte se vuelve imperceptible y todo esto se torna ambiguo, entre lo que es filosofía, técnica, experimentación, conocimiento y manifestación cultural, a través de la inmersión del ser humano que crea ante la máquina auto generadora. En este sentido, retomando la presencia de la transductividad –como el concepto fundamental simondiano– esta no se genera de la relación dialéctica ni del devenir, en sí misma la forma se diluye con el concepto y se destruye; hecho que enfatiza y rescata la idea de información, generando a su vez una relación entre su particular filosofía de la vida, la filosofía de la técnica y la filosofía de la información. Es el constante tránsito correspondiente a la operación propia de la individuación. De este modo lo transductivo es un planteamiento contrario al inductivo o deductivo, ya que es un fenómeno de comunicación continua, es decir, la constante transmisión de información, que parte de códigos preexistente que condicionan el acto mismo, sin que esta sea una condicionante inmodificable. Ahora bien, el acto transductivo se concibe cuando un concepto o idea se traslada de contexto sistémico, promoviendo la aparición de nuevos significados, lo que permite el cambio y alteración de contenidos, y por lo tanto genera el acto interpretativo. En el mundo contemporáneo las lógicas provenientes de las nuevas tecnologías hacen que los vínculos sociales sean cada vez más dependientes, en efecto, de las nuevas teorías de las tecnologías de la información y de la comunicación. La colectivización de 40