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Del pasar de las TIC a la responsabilidad civil y criminal

Moya Hiniesta, Fernando Segundo

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Fernando Segundo Del pasar de las TIC a la responsabilidad civil y criminal 28 feb, 2006 El pasado artículo lo dedicamos a temas balompédicos donde reclamábamos la puesta a punto en la modernidad, por parte de los dirigentes de la competición, incluido los estamento arbitrales que no se han enterado o no quieren enterarse de qué es esto de las Tecnologías de la Información; cada vez más exigible no sólo para impartir justicia en el deporte rey, sino también para prevenir riesgos mayores. Lamentablemente me siento en la obligación, sin que sirva de precedente, de entrar de nuevo en el tema del fútbol, aparcando otros asuntos sobre los que quería escribir de actualidad en comunicación, en los que no hay poco que decir y maldecir, dados lo horizontes ‘extraños’ y de arenas movedizas sobre los que circula la libertad de expresión y opinión ultimamente. Días atrás, el paso a semifinales del Deportivo de la Coruña estuvo inmerso en una controversia peligrosísima en lo que a prevención ciudadana se refiere. Me sorprenden enormemente que tanto el comité antiviolencia, el comité de árbitros, los propios clubes y los medios de comunicación no repararan en ello. “La violencia es demasiado peligrosa para jugar con ella” hablaba en una ocasión el juez Marino Barbero. Y entiendo que irresponsablemente se ha jugado con ella. Suspender un partido de forma ‘chulesca’ por parte del colegiado Megía Dávila, fue un acto de extrema irresponsabilidad que debería haber provocado una investigación por parte de nuestros políticos porque estos señores tan bien pagados no pueden actuar alegremente con miles de ciudadanos reunidos en masa. El asunto venía caldeado por errores de arbitraje al Valencia en el partido de ida. En el de vuelta se suspendió la segunda parte y el último minuto de la primera, por una moneda que impactó en el rostro de un ayudante. Errores que vienen a urgir tomar medidas en lo preventivo para evitarlos con los nuevos elementos que nos aportan las tecnologías. Pero decisión, ante un mal menor, que pudo provocar un mal mayor por la suspensión. Suspender un espectáculo de masas sólo debe hacerse en caso muy grave para la integridad y la vida humana de los miles de congregados. Sobre esto, y el comportamiento de las masas ante una provocación, deben tener información los que tienen responsabilidad en estos espectáculos. El señor Megía Dávila ha demostrado un desconocimiento integral en lo preventivo y por tanto, en mi opinión debería de incapacitársele para arbitrar un partido más. ¿Se imaginan ustedes que hubiera pasado si un grupo de espectadores reaccionaran violentamente en la suspensión?… felizmente el comportamiento de los aficionados valencianos fue ejemplar, abandonando pacíficamente la cancha. Unos días después por causas desconocidas, la entrada al estadio filipino Ultra, (inapropiado nombre para la ocasión), para la retransmisión de un popular programa de televisión con grandes premios, provocó una estampida con saldo de 88 muertos y 337 heridos. Hay que recordar asimismo lo ocurrido en el estadio de ‘Heysel’, donde ante la falta de medidas de prevención en las vallas murieron aplastadas 39 personas y 487 heridas. El artista Klaus Littmann viene realizando exposiciones itinerantes sobre el fútbol trabajando en las muestras sobre el fenómeno de la violencia y orientadas en su intención para que los jóvenes puedan asistir tras debatir el fenómeno en las escuelas. Es una iniciativa que merece tener en cuenta. Ya que al hilo de las reflexiones de Littmann, cuando en los estadios aparece el racismo, la violencia, la dicriminación en lugar del juego limpio, la libre participación y la diversión se pasa del ´lugar del deporte al lugar del crimen’. Y de esto somos todos responsables: padres, educadores, profesionales, dirigentes, periodistas, autoridades deportivas, comités antiviolencia, etc. Todos por falta de información o educación en la prevención, tenemos alguna parte de responsabilidad. Canciones, objetos de merchandising, declaraciones, violencia en expresiones y en el juego, errores y actitudes arbitrales, todo ello crean el caldo de cultivo para la inseguridad ciudadana. Y hay que plantearse de una vez por toda una formación en el comportamiento y actitudes de lo públicos por parte de lo que tienen la responsabilidad pública y de imagen, para evitar decisiones unilaterales, como las del ‘bárbaro’ Megía Dávila, felizmente sin consecuencias graves. Hay pues que recibir con los brazos abiertos la iniciativa de Klaus Litmann y entender con él que la violencia es un problema social, que él ha representado en el fútbol. Y demandar de una vez por todas que los responsables del balompié no pasen por alto el fenómeno y tomen medidas para que estos incitadores estén en el estamento que estén, formen parte como socios de los clubes de masas, los representen, o salten al campo sin estar preparados para ello.