Poemas desde el lago
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49 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2007 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2007.i06.07 Nora Nani 48 Revista Internacional de Culturas y Literaturas ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2007.i06.07 Nora Nani POEMAS DESDE EL LAGO POEMS FROM THE LAKE 1. La frontera es ese espejo donde se mira mi sombra. 2. Ya no tengo manos. Al borde del silencio mudé la tristeza como una culebra ciega. 3. Y si el instinto quiere se me caerán las distancias hasta encontrar el perfil de mi nombre en la bruma. 4. Un otoño me dará las hojas. Yo le daré mis cartas viejas. Mis fotos. Mi lujo, mi brillo, mis sentencias. 5. Desnuda iré al invierno llena de aves y de plumas. Se me caerá la piel al borde del camino. 6. Cada éxodo es una vigilia que retrocede. Partir es quemarse las manos y andar de rodillas todos los incendios del mundo. No me digas nada. Detrás del horizonte se me han quemado los pañuelos y rondará mi sombra sola su sola danza y su espera. Danza de lobos en manada triste… Pero soy el cazador. El que apunta con la flecha y aminora el llanto de la presa. Pero soy la presa. Y lloro y me escondo. Mi otro yo encuentra la noche que perdí en emboscadas y desgarros. Huyo y persigo.
51 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2007 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2007.i06.07 50 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2007 ISSN: 1885-3625 Nora NaniPoemas desde el lago DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2007.i06.07 Me busco. Me danzo. Me encuentro. Me devoro. En el soplo de mis huesos mi propia flauta está llamando. Y regreso. 7. Mandamientos. Mandatos. Tropezones de la sangre redonda que siempre vuelve a los inicios. No sé cómo llamarla. Con qué voces pedirle reparos de orfandad o deslustre de simientes. Ay, gira y se desdice, ronda, redonda, la ronda de mi sangre que ya no sabe sangrar y se desangra en voces de otra sombra… Reparo que ya no cubre. Mañana que no nace. Noche que no llueve pero llora a gritos como tormenta que deshilacha su furia y atropella ángeles en avería de estrellas. 8. Las entelequias del sonido se programan con la lluvia. Dinteles del trigal en la pajiza vibración del aire. Rumor a cuerdas ocurriendo como gotas que caen sobre su propio éxtasis. Desando la melancolía. No es la lluvia. Es mi sangre. Y es espesa, acortinada, con un goteo de siglos en su amplia congoja. Melaza del viento que destina su canto a los funerales de enero. Pero no es enero. No hay trigales. Ni siquiera llueve. Otra vez la tristeza me burla los tiempos. Es ahora y son todos los ahoras. Ya es ahora. Y enero es ahora. Y la lluvia. Y mi sangre que grita su distancia y su fango, oscura y transparente, como una criatura perversa que llueve en mi alma. 9. Se me ha deshecho de pañuelos la alborada. Por el adiós salpiqué de piedras el camino y fui buscando mi cruz en el agua. Perdí la sombra en un dintel de lluvia. Me siguieron perros desolados con lenguas de azúcar y un olor a pobreza en la percusión de sus pasos… Bestias temblorosas como los sueños soñados por un niño que jamás va a crecer y que promete definir en viento su estatura… Yo puse las manos adentro del agua, pero la lluvia era el adentro y el afuera, un desconcierto de perros y de niños, un azul desolado que no sabía qué hacer con mi sombra y sus tropelías de cielo. Después me volví hacia la noche y era más clara sobre el pasto, casi como el eco de tus pasos que un día derramaron el adiós por los tréboles e hicieron un viento manso con mis ojos que te seguían como niño como perro como lamento de estrella tan lejos y tan sola.
53 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2007 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2007.i06.07 52 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2007 ISSN: 1885-3625 Nora NaniPoemas desde el lago DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2007.i06.07 en caballo para el sueño… No hubo cielo y el ave olvidó su voz. No hubo canto y el grillo olvidó su cielo. No hubo sueño y el potro desbarrancó las esperanzas y se fue en alaridos, huyó de mis sentencias y del rumbo que pacía sobre el pasto en todos los solsticios. El verde se quedó un tiempo más. Ya habían desaparecido los rojos, los azules y los amarillos. Ocres nunca hubo. Negros tampoco. Ningún otro. Pero el verde tiene el coraje de la vida y se quedó en desafío para que no me muriera. Y cuando ya estaba de arbolito, de madera tierna y hojita verde, una gran hoguera antigua, desesperada, sacó sus dientes del derramo de mi carne y mi cuerpo fue el receptáculo del alma: carbón de piedra, estrella apagada cada vez más hondo, corazón que se asfixia en su roca decisiva. 12. Quiero que guardes este collar… Son abalorios de musgo que desgrano para cuidar tu sombra. Traen el vértigo de mi sangre en un estuche rojo y lo he puesto a sanación bajo la luna todas las veces que el tiempo marcó simetrías en la huella de los astros. Déjame ser el aire que nodrice tus sueños. Con hojitas de ruda y corazón de mburucuyá te haré un sahumerio que difunda en tu piel los rastros de la noche. Brillarás de perfil como un relámpago o el latido de una estrella. Y no estarás. Y no serás más que la luz Pero me brillan las manos en la noche. No es mentira la eternidad si te sigue mi sombra en la lluvia. 10. La soledad arrienda catamaranes. Navega la porfía a contramano del viento. Como un verdugo implacable y tierno el lago me pone sus tiempos al compás de la sangre. Y soy alfarera del sonido que repica entre las piedras su cansado soliloquio. Soy ancestro y soy canción. Una máscara que inunda los llamados de una casa por siempre sepulta y presente en su arquitectura de espanto. Me llama el lago. Desde el fondo del lago me llaman otras voces y es un patio que juega su silente bonanza y su desaparecida estrella. A veces vuelvo ceñida de algas con viejos caracoles en el pecho. A veces voy tan pueblerina y desmañada a empaparme en su ademán de pozo definido. Hay un antes y un después, una desprevenida audacia que deslinda tempestades. Y mi sangre sola es un pez que reparte sus temblores. 11. Cada vez mas lejos. Quizás ni sangre tenga ahora.Cada vez más adentro y quieta. La bestia que nombró mis vísceras se hartó de tanta paz desmontada… Pero mutó, mutó en ave para cielo en grillo para canto
55 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2007 ISSN: 1885-3625 DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2007.i06.07 54 Revista Internacional de Culturas y Literaturas, abril 2007 ISSN: 1885-3625 Nora NaniPoemas desde el lago DOI: http://dx.doi.org/10.12795/RICL.2007.i06.07 con la luz de los peces y alzó piedras, piedras blancas, piedras del indio bellísimas y quebradizas, musicales y mortíferas. Alzó piedras. Su anciano más lejano pasaba flotando y constreñía rocas en la orilla. Y ella bailaba con las nubes y lloraba sin agua como el lago, pero las piedras blancas eran un porfío de historia rota. -¡Ya no sirven!- gritaba el anciano. Ella miraba el cielo (¿sería el de entonces?) y tornaba a las rocas sucia y deshilada… No la vieron volver las crecientes del verano. (Fragmento del libro inédito POEMAS DESDE EL LAGO –2006-) que te viste… Ese desconocido que pasa… El extranjero en la casa de mis días. 13. En esto quiero quedarme. ¿Cuánto cuesta el hilo de un ave que decapita asfaltos en el aire? Bucólica de mí me tomó la mañana sin café, ni mate siquiera… Una buena tunda de almohadas para mis sueños… ¿Y cómo llegué aquí? Si venía por el ocio del verde, terrón y bestia arracimada junto al tiempo… Sojuzgo la esperanza. Le hinco púas en las manos, le crucifico las piernas para que no se vaya. Pero no me iré. Ya estoy sucia de caminos y soy la ramera que usa el viento para pedirle cancha a la soledad. Así nomás. Mientras pueda. 14. Hay lugares donde abunda mi rama soledosa. Tengo una historia con barcos que silencian su aventura en cormoranes de ira, una mansedumbre atrofiada por los vientos y una esquina minuciosa y perversa quebrándome el alma. No sé si antes o después. Un altillo mutilado de luna le calzó los vestigios al verano y mi árbol sueña desde la sombra su pajaral en celo. 15. Después de arrojar su anciano al agua, volvió a trepar por la vertiente, se lavó los ojos