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Sobre Juego, Deporte y Comunicación

Vázquez-Medel, Manuel Ángel

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9 P ólogo Sob e juego, depo e y comunicación En esa ob a esencial de la cul u a eu opea que es Homo ludens, del holandés Johan Huizinga, se defi ne el juego como «una acción u ocupación lib e, que se desa olla den o de unos lími es empo ales y espaciales de e minados, según eglas absolu amen e obliga o ias, aunque lib emen e acep a- das, acción que iene un fi n en sí misma y a acompañada de un sen imien o de ensión y aleg ía y de la conciencia de se de o o modo que en la ida co ien e». Tal defi nición lle a en su núcleo el con encimien o de que la cul u a humana «b o a del juego —como juego— y en él se desa olla». Huizinga lle a la dimensión lúdica p opia de lo humano más allá de lo pu amen e biológico o «na u al» (que sin duda encon amos en el eino animal) pa a en aiza la en la libe - ad y en la conciencia que nos ca ac e izan. El juego, pues —y hablamos de cualquie juego— desa olla la dimensión ac i a de lo humano, lib emen e (lo lúdico se e o zado y se des anece en el ma co de la ob-ligación y de la imposición coac i a), en las coo denadas espacio- empo ales y de con- ciencia que nos cons i uyen, en el in e io de unos lími es o ma co no ma i o olun a iamen e acep ado, que suspende la p oyección eleológica (fi nalis a y uncional) del homo abe , es ableciéndose como fi n en sí mismo. Pe o, sob e odo, lo que aho a nos in e esa es que la dimensión lúdica ac i a un sen imien o ensi o y a la ez aleg e, eu ó ico (es o es, que nos lle a posi i amen e hacia algo). En ese desplazamien o, Comunicación y Depo e. Nue as pe spec i as de análisis 10 se ac i a esa conciencia de se de o o modo que en la ida co ien e. Si se epa a en an p ecisas y sagaces pun ualizacio- nes, no nos puede ex aña que la palab a depo e en oque con el e bo depo a y, en úl ima ins ancia, con un po a o po a nos a un espacio y un iempo dis in os, di e en es de los que ca ac e izan nues o co idiano emplazamien o. El se humano es un se emplazado, que habi a ma e ial y simbólicamen e un espacio- iempo, un plexo, desde su con- ciencia, que se cons i uye en la ed dinámica de elaciones que nos hacen se lo que somos. Pe o ambién necesi amos, de cuando en cuando, una uga, una sue e de huida de ese pliegue en el que exis imos y en el que pe cibimos la inso- po able g a edad (que no le edad) del se . El depo e ac i a una depo ación que no es impues a, sino olun a ia: po ello depo a se, documen ado en nues a lengua desde 1200 ap oximadamen e, signifi ca «di e i se, descansa ». Ap o e- cho, po cie o, pa a eco da ambién la acepción espacial y de mo imien o que supone la palab a «di e sión». Depue o, como «solaz, en e enimien o», apa ece desde Be ceo, y depo e es palab a documen ada en Fonseca desde 1596, aunque el Dicciona io c í ico—e imológico cas ellano e hispá- nico de Co ominas—Pascual ad ie e que en la acepción «ac i idad, comúnmen e al ai e lib e, con obje o de hace eje cicio ísico» es calco mode no del inglés spo y al a oda- ía en la edición del Dicciona io de la Academia Española de 1884, en el que ampoco encon amos las en adas depo is a, depo ismo, depo i o. A o unadamen e, en es os años iniciales del e ce mile- nio, exis e una abundan e bibliog a ía sob e la na u aleza, las implicaciones an opológicas, psicológicas y sociales del depo e, con e ido ya en obje o de o mación uni e si a ia, que es deci el g ado más al o que es a sociedad encomienda a la ins i ución enca gada de sis ema iza , ansmi i y eplan- ea cualquie ipo de conocimien o en el ámbi o humano. Y no podía se de o o modo. Pocas ealidades sociales hay que engan an p o unda capacidad de implicación, de a as- e, de a acción pa a el homb e y la muje de nues os días 11 P ólogo como el depo e. Hecho ya no sólo ísico, cul u al y social, sino incluso económico y polí ico, el depo e se ha con e - ido en es os años iniciales de la mayo c isis de iden idad conocida en oda la his o ia de la humanidad en un elemen o de defi nición, de cons ucciones iden i a ias, de elabo ación de sen ido y de conciencia. Sin emba go, es p eciso señala que el depo e, como enó- meno de masas, ya no pe enece al ámbi o de la acción, sino de la con emplación, del espec áculo y de lo espec acula . Pa ece como si, en su de i a y su endencia a la in e sión de aquello en que consis e (algo que desde Jung, con inspi a- ción he acli iana llamamos p incipio de enan iod omía), el depo e se hubie a ans o mado en lo con a io de aquello en que consis e. Ya no es amos an e el ideal de la paideia g iega la inizado en el mens sana in co po e sano, sino incluso en lími es que apun an a g a es pa ologías de la men e, an o en el ámbi o indi idual como en el colec i o. ¿Cómo ha llegado el depo e, la ac i idad depo i a ans- o mada en espec áculo depo i o g acias a los medios de comunicación de masas, a se casi lo con a io de lo que e a inicialmen e? ¿Cómo puede habe ebasado el ámbi o de la p esencia has a con e i se en pu a e-p esen ación ( ambién en el sen ido shopenhaue iano)? ¿Cómo el p incipio de al e- idad, que nos aslada (nos depo a, nos po a lib e y olun- a iamen e) a un ámbi o que nos saca de la u ina fi nalis a y co idiana, se ha llegado a con e i en p incipio de al e ación e incluso de alienación? Pa a algunos, ambién lle ados po una lógica unila e al al ex emo de su isión, el depo e —y, muy especialmen e el ú bol en nues o en o no cul u al— cumpli ía la unción que en el impe io omano enía el ci co, o eciendo panem e ci censes a un público (con e ido en «plebe») en el que su humani as ha quedado educida a la pu a supe i encia ma e- ial y biológica (panem) y pa a el que la búsqueda de sen ido cons i u i a de lo humano queda saciada en el espec áculo (ci censes). Sin duda hay mucho de cie o en lo an e io . Pe o que una Comunicación y Depo e. Nue as pe spec i as de análisis 12 ealidad como el depo e sea lle ada a su ex emo y su in e - sión no cues iona su p opia esencia. El depo e, como una a iedad p i ilegiada de lo lúdico humano iene una impo - ancia an opológica ( an o ma e ial, ísica, como simbólica) de p ime o den. Decía Hölde lin que «allí donde es á el peli- g o c ece lo que nos sal a». Y, en e ec o, en la espec acula i- zación de lo depo i o, en su ans o mación de se una ea- lidad ac i a que nos ensa y nos con ie e en suje os, a una ealidad pasi a en la que somos me os espec ado es y aná- icos de los p ocesos iden i a ios y de cons ucción del sen- ido, se encuen an algunas cla es esenciales del momen o p esen e. Los medios de comunicación de masas han sido a la ez la ecnología y la mediación que han cons uido una socie- dad de masas y una cul u a de masas. Pe o el concep o de masa, como muy ace adamen e indica a O ega y Gasse , supone una negación de la indi idualidad cons i u i a de lo humano como algo singula e i epe ible. También supone una negación de la sociabilidad insc i a en las aíces o es uc- u as an opológicas de lo imagina io humano. El depo e ac i a una dimensión básica de la humani as: la ac i idad (que no pasi idad) ísica que modela y modula nues o cue po, es ableciendo un ho izon e saludable de nues o adical biológico y ma e ial. En esa in e acción del sis ema cue po-men e, el depo e se con ie e en una exigen- cia del i i saludable, de la posibilidad de ene una men e sana en un cue po sano. Pe o el depo e ha ac i ado una de las dimensiones más confl ic i as de nues a exis encia: el agon, la lucha, el confl ic o, la con on ación, la olun ad de p e alencia, de ence , de domina , de con ola aquello que se con on a con noso os. Lo cie o es que, incluso en es e ex emo dis o si o de lo humano, educido al imagina io and océn ico (machis a) de la con on ación, el dominio, la p e alencia, el con ol, la dimensión agónica de la exis encia cumpli ía su p opia unción y su come ido. Siemp e que se dinamiza a con sus ca ego ías complemen a ias (la coope a- P ólogo 13 ción, la sine gia, el desa ollo de una olun ad no imposi i- a…). Sin emba go, al como se nos o ece en la ac ualidad, una buena pa e de las ac i idades (y sus consiguien es pasi i- dades y con emplaciones iden ifi ca o ias) depo i as se nos p esen an con o o signo: el de la pu a con on ación y la olun ad de ic o ia y p e alencia, el del dominio y la e an- cha eliminado a del con a io, el de la cons ucción de un ecin o del noso os (un anum) que nos hace aná icos e impulso es de iden idades asesinas (sea en lo simbólico y a eces, desg aciadamen e, ambién en lo ísico y ma e ial). El ámbi o de efl exión sob e el depo e se con ie e, en la ac ualidad, en una e dade a a alaya p i ilegiada pa a com- p oba , en la ine i able mezcolanza del igo y la cizaña, de las luces y las somb as, de lo posi i o y de lo nega i o, las aíces mismas de lo humano y cie as de i as pa ológicas en la búsqueda del sen ido que siemp e es á de ás de es as excesi as iden idades (nacionales, locales, aciales, sexuales, e c.) de lo depo i o. El olumen que el lec o iene en e las manos supone una apo ación singula a la efl exión sob e esas elaciones complejas ( an dis in as y dis an es de los simplismos que muchos buscan) en e depo e y comunicación. La p emisa que p eside es as efl exiones dispa es, di e sas y de dis in o alcance eó ico, p ác ico y c í ico, es que el depo e, con su ue za dinámica, con aposi i a, a iculado a de iden idades, ascinan e… ha ans o mado la comunicación social, del mismo modo que las écnicas, medios y cauces comunica i- os de la ac ualidad han ans o mado la p ác ica depo i a. Pe o, sob e odo, la han con e ido en un espec áculo de imponde ables magni udes económicas, sociales, cul u ales e incluso polí icas. ¿Po qué ha llegado an lejos la impo ancia del depo e pa a una pa e impo an e del colec i o humano del plane a? Digámoslo de mane a di ec a y sencilla: po que se ha asla- dado a es e ámbi o de la acción, la con emplación y la expe- iencia humana una buena pa e del caudal an opológico Comunicación y Depo e. Nue as pe spec i as de análisis 14 de lo sag ado. ¿Nos suena a una conside ación maximalis a y excesi a? Tal ez no si eco damos que lo que se busca (y se p o oca) en los medios de comunicación es ascinación y en usiasmo. Y no ol idemos que Rudolph O o defi nía lo sag ado como numen emendum e ascinans, aquello numi- noso y luminoso que nos hace embla y p o oca ascinación. Y eco demos, opo unamen e, que la palab a en usiasmo iene o igina iamen e del g iego en heos asm, que quie e deci «el soplo de Dios den o de noso os». Tomado en un sen ido eligioso y fi losófi co, el en usiasmo es una ue za que llena de ene gía al que lo expe imen a, es el soplo o la p e- sencia de la di inidad en noso os, el endiosamien o; desde Sóc a es, ese ap o o «locu a di ina» que nos impulsa a se c eado es. Hoy, sin emba go, esa c ea i idad que nos hace en usias- ma nos (como sucedáneo de o as búsquedas más adicales de sen ido) se encuen a an o en la ac i idad depo i a, en esa olun ad cons an e de supe ación idimensional (ci ius, al ius, o ius: más ápido, más al o, más ue e), como en la compulsión mediá ica que nos lle a a se espec ado es y copa ícipes del espec áculo depo i o. Domingo Ga cía-Sabell, en el p ólogo a la edición de Alianza de Homo ludens ecue da la dimensión agonal (el adje- i o acuñado po Bu ckha d ), es deci , de lucha, p esen e en los depo es y especialmen e en el ú bol, como p o o ipo de los juegos an i é icos: «En es a especie de nue a, no ísima compe ición se supone que el es ado de ánimo de los jugado- es debe se , y así lo señala nues o his o iado , el a eba o y el en usiamo. Pe o me pa ece que hoy en día esas exube- ancias psicológicas es án p o agonizadas po el público. Los espec ado es se han ans o mado en ac o es. Su pa cialidad, su in ansigencia, sus malos modos, e incluso sus ísicas iolen- cias os en an, a mi modo de e , una cie a ca ac e ís ica que no se da en los ac o es del agon pu o». En e ec o, mien as és os supe an su u o compe i i o pasadas unas ho as, «los ‘ ans’ pe sis en en su ac i ud ag esi a, en su ana ismo y en su ce azón pasional. Secuela: lo que es aba es a uido como P ólogo 15 una e asión lúdica de lo co idiano pasó a ans o ma se en mo i o con inuo de es echez colec i a». Sin duda: la adi- calización y la in e sión de lo depo i o según el p incipio de enan iod omía, po el que una ealidad se ans o ma en su con a ia, p esiden en la ac ualidad una buena pa e del eje cicio y de la ans o mación espec acula de lo depo i o, a a és de los medios de comunicación de masas, muy espe- cialmen e la ele isión (pe o ya ambién el cine, el cómic, in e ne , los ideojuegos, e c.). En el ci ado p ólogo afi ma Ga cía-Sabell: «Con emplado el enómeno desde un pun o de is a sociológico, ello equi ale a un cambio, a una des- ucción de lo lúdico a a o de impulsos ins in i os no con- olados. Pe o es as es e ilizado as pulsiones son, a su ez, el nega i o esul ado de muchos ac o es. Uno de ellos, y quizá el esencial, sea el de los medios de comunicación de oda índole con sus capacidades pa a as o na el ánimo de la gen e ingenua». Nos encon amos, pues, en un e eno especialmen e sen- sible, que no debe se juzgado desde el desp ecio seudoeli- is a po el depo e (que niega así en él algunas de las dimen- siones más p o undas y posi i as de la condición humana), ni desde la mi ada complacien e y ac í ica de quien se deja a as a po los fl ujos o co ien es dominan es, con su e- mendo po encial alseado , de simulac o, y en el ondo des- uc i o. Una ez más, como ya deja a es ablecido Umbe o Eco en los años sesen a, ni apocalíp icos, ni in eg ados an e enómenos de an hondo calado en las colec i idades huma- nas de la ho a p esen e. Tal es la i ud de es e olumen, en el que han colabo ado p es igiosos in es igado es en comunicación de las uni e si- dades de Andalucía, y muy especialmen e de la de Se illa y del Depa amen o de Comunicación Audio isual, Publici- dad y Li e a u a que engo el hono de di igi en el momen o de esc i u a de es e p ólogo. Se ía injus o llama la a ención sob e alguna colabo ación en pa icula en es e olumen: odas componen una mi ada dis in a (y cien ífi camen e dis an e, pa a no deja se a apa Comunicación y Depo e. Nue as pe spec i as de análisis 16 po el enómeno obse ado) del hecho depo i o y de su a a- mien o a a és de muy di e sos cauces y sopo es de la comu- nicación social. Jo ge Da id Fe nández Gómez efl exiona lúcidamen e ace ca de las elaciones en e depo e y publici- dad a p opósi o de las complejas (y a eces e ibles) es a e- gias de la ma ca Nike; Jesús Jiménez Va ea, desde su compe- encia en el análisis del cómic se aden a en el depo e como géne o na a i o en el manga; An onio Checa Godoy aúna su expe iencia p o esional e in es igado a pa a aza un in e- esan ísimo esbozo de la adio depo i a al inicio del siglo XXI; An onio Alcoba López o ece una sis ema ización muy ica sob e la o og a ía y el o ope iodismo depo i os; Ma i- za Sob ados León efl exiona sob e los p incipales géne os del pe iodismo depo i o, que se mue en en e los lími es de lo in o ma i o y lo in e p e a i o, en un caso muy pecu- lia de pe iodismo de opinión que a eces llega a ex emos ana izado es; San iago Rome o G anados se aden a en el depo e de al a compe ición desde las ca ego ías de endi- mien o, espec áculo y pa ocinio, es é ices de un ián- gulo que apun an hacia la ac i idad depo i a, su ans o - mación espec acula y sus implicaciones económicas; Juan de Pablos Pons pa e del depo e como ealidad sociocul u- al pa a aden a nos en algunas cla es de su p esencia y su a amien o en In e ne ; Al onso Boullón Sabín aza una ap oximación muy ica al ideojuego, que u iliza las dinámi- cas compe i i as del depo e como elemen o cons uc i o y modelizado de quienes se imbuyen en es e espacio de ap en- dizaje de ac i udes y compo amien os que luego se p oyec- an en el ámbi o i al co idiano; Joaquín Ma ín Mon ín o ece dos espléndidos abajos sob e el depo e en el cine y en la ele isión. In encionalmen e le he dejado pa a la e e encia fi nal po que a él co esponde el mé i o de un a- bajo igu oso y ecundo en el e eno de la elación en e depo e y comunicación. Su pe spicacia, su in eligencia, su olun ad de undamen ación igu osa en un ámbi o que algu- nos pod ían es ima de segundo o e ce ango in es igado (siendo, muy al con a io, de p ime o den), le con ie en en P ólogo 17 un pun o de e e encia en es e ámbi o in es igado en nues- o espacio cul u al eu opeo y la inoame icano. Sin luga a dudas su ya inminen e Tesis Doc o al sob e La ealización del depo e en ele isión ha de con e i se, como es e olumen colec i o que él coo dina con sabidu ía y empeño, en un hi o pa a habla en el u u o de es os emas c uciales pa a en ende la ho a p esen e. Aho a queda al lec o el place de la lec u a de espléndi- dos abajos, que nunca son pun o fi nal, sino pun os de pa - ida pa a segui cons uyendo un pensamien o c í ico en es a impo an ísima es e a de la ealidad humana. Manuel Ángel Vázquez Medel Ca ed á ico de Li e a u a y Comunicación Di ec o del Depa amen o de Comunicación Audio isual, Publicidad y Li e a u a de la Uni e sidad de Se illa Se illa, 29 de sep iemb e de 2004