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Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Discourses, policies and perceptions on Jewish immigration to Colombia at the beginning of the 20th century Angélica Alba-Cuéllar1 Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7864-9868 Recibido: 13-07-2023 Aceptado: 11-12-2023 Resumen Los grandes flujos migratorios globales que tuvieron lugar entre mediados del siglo XIX e inicios del XX vieron a cientos de millones de personas en todo el mundo cruzar la frontera de su país para ir a otro. En ese escenario, y a diferencia de otros países suramericanos, Colombia no fue un gran receptor de inmigrantes. Sin embargo, algunos de quienes llegaron, entre ellos judíos de distintos orígenes, 1 ([email protected]). Internacionalista de la Universidad del Rosario, Magíster en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia y el Instituto de Altos Estudios para el Desarrollo – IAED, Magíster en Historia de la Universidad de los Andes (Colombia), Doctora en Historia de la Universidad de los Andes (Colombia). Profesora de carrera del Departamento de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha sido profesora de la Universidad del Rosario y la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. Recibió el premio de Excelencia en la docencia (2018) por parte de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, fue becaria del Programa Fulbright (Beca Estudiante Doctoral colombiana, 2020) y becaria por parte del Gobierno de la República China (Taipei) (Curso de Desarrollo nacional, 2013). Entre sus publicaciones recientes cabe citar: Alba-Cuéllar, A. (2019). El fenómeno del yihadismo global: del surgimiento de al-Qaida a la lucha contra ISIS. Los rostros del otro. Colonialismo y construcción social en Medio Oriente y Norte de África. Ed. Universidad Externado de Colombia. Pp.107-138; Alba-Cuéllar, A. (2019). De las vidas en los márgenes a los sincretismos y los mestizajes: una aproximación crítica a las nociones de identidad y cultura desde los enfoques globales. Memorias: Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe colombiano, (septiembre - diciembre), 89-115; Silverburg, S. R., & Alba-Cuéllar, A. (2016). Diplomatic Dominos: South America and the Recognition of [the State of] Palestine. Review of Social Sciences, (april) Vol. 1, 3, 11-24.
176 Angélica Alba-Cuéllar Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 enfrentaron restricciones para su ingreso al país, que fueron incrementándose particularmente en la década de los años treinta, todo ello bajo gobiernos, en principio, de distintas vertientes ideológicas. Este artículo tiene el propósito de caracterizar los discursos, políticas y percepciones alrededor de la inmigración judía en Colombia durante las primeras cuatro décadas del siglo pasado, en el marco de una serie concepciones sobre cuestiones como la raza y la nación y sus supuestas vinculaciones con las posibilidades de progreso. Palabras-clave: migración, judíos, Colombia, legislación, raza, progreso. Abstract The great global migration that took place between the mid-19th century and the beginning of the 20th century saw hundreds of millions of people around the world cross the border of their country to go to another. In this scenario, and unlike other South American countries, Colombia was not a great recipient of immigrants. However, some of those who arrived, including Jews of different origins, faced restrictions to enter the country, which increased particularly in the 1930s, and under governments of different ideological tendencies. The aim of this article is to characterize the discourses, policies and perceptions around Jewish immigration in Colombia during the first four decades of the last century, considering multiple conceptions on issues such as race and nation and their supposed links with progress as framework. Keywords: migration, Jews, Colombia, legislation, race, progress. Introducción Durante el periodo de las masivas migraciones globales, Colombia recibió flujos muy pequeños de inmigrantes en general, y de aquellos judíos en particular, especialmente si se le compara con las dinámicas que tuvieron lugar en otros países suramericanos como Argentina, Brasil o Uruguay. Incluso, hasta tiempos muy recientes y tras el inicio de una oleada importante de inmigración venezolana, el país se había caracterizado por ser, más bien, un expulsor de migrantes. Esa poco numerosa inmigración se explica por diversos factores, como las frecuentemente adversas condiciones climáticas y ambientales, los reiterados conflictos o el desarrollo limitado de la infraestructura y la industria. Sin embargo, también fue el reflejo de los procesos de construcción de la “identidad nacional” de finales del siglo XIX y de la adopción de una ideología de la modernización, común en toda Hispanoamérica, en la que el componente
177 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 europeo y blanco era central2, lo cual se expresaba en las expectativas vigentes sobre la llegada de ciertos extranjeros –y, por tanto, en el rechazo de otros– y sobre su potencial papel en el progreso de la nación. A pesar de que esta pretensión de las élites se caracterizó tanto por una sobreproducción de leyes y decretos como por el establecimiento de restricciones para el ingreso al país de algunos grupos específicos, a Colombia llegaron algunas oleadas de inmigrantes de distintos orígenes, entre ellos, judíos de lugares como el Mediterráneo oriental y Europa del Este. Como lo indica el historiador José Moya, aunque resulta limitado para examinar el proceso de la migración propiamente dicha, la nación-estado puede ser la mejor unidad de análisis para estudiar tanto la emigración como las políticas de inmigración3 y, por ende, las percepciones frente a la misma en la sociedad receptora. En ese sentido, Jeffrey Lesser enfatiza la cuestión racial y étnica como parte del análisis sobre la inmigración y pone de relieve la importancia de considerar tanto el rechazo como la aceptación en el estudio de las reacciones de la sociedad de acogida con respecto al “otro”4. Así, este artículo tiene el propósito de caracterizar los discursos, las políticas y las percepciones frente a la inmigración judía en Colombia en las primeras cuatro décadas del siglo XX, periodo en el cual esta se produce de forma más notoria, pero sin considerar aquella que, por sus dinámicas y características particulares, tiene lugar a partir de 1939. Para ello, se emplean fuentes oficiales como leyes y decretos sobre la inmigración y memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores al Congreso de la República, así como cifras y estadísticas de los censos realizados en la época; asimismo, se consultaron diversas fuentes de prensa nacional y trabajos de historiadores colombianos y colombianistas. El objetivo es desarrollar y articular dos planteamientos centrales: por un lado, que algunas de las ideas y reacciones frente a la inmigración respondían a los procesos de construcción de la identidad y a la pretendida relación entre raza y progreso, y por otro, que estos también obedecían a prejuicios evidentemente antisemitas, ecos de estereotipos que desde hacía tiempo se difundían sobre los judíos en aquellos lugares del mundo en los que, por su dispersión, estos tenían presencia. 2 Fréderic Martínez, “Apogeo y decadencia del ideal de la inmigración europea en Colombia, siglo XIX” en Boletín Cultural y Bibliográfico, 34 (44) (1997), https://publicaciones.banrepcultural.org/ index.php/boletin_cultural/article/view/1718/. 3 José Moya, Cousins and Strangers: Inmigrantes españoles en Buenos Aires, 1850-1930, Berkeley, Universidad de California, 1998, p. 4. 4 Jeffrey Lesser, Welcoming the Undesirable: Brazil and the Jewish Question, Berkeley, University of California Press, 1995, p. 9.
178 Angélica Alba-Cuéllar Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 La Hegemonía conservadora, la inmigración y la legislación migratoria en Colombia a inicios del siglo XX A finales del siglo XIX, las élites de la Regeneración habían puesto en marcha la construcción de la nación como un proyecto político y cultural que, además de implicar la difusión de imaginarios colectivos que generaran procesos de cohesión y orden social, fue también pensado en términos de exclusión y homogenización. En ese sentido, la lengua española, la religión católica y la historia oficial funcionaron como dispositivos para ese fin y fueron institucionalizados a través de la Constitución de 1886. Ello implicaba desconocer la existencia de una diversidad de lenguas, cosmovisiones y valores simbólicos y culturales distintos a aquellos, produciéndose así la “cultura nacional” desde el Estado5 y limitando con ello las bases identitarias de lo que significaba ser colombiano. En este contexto, se producían esfuerzos por incentivar una inmigración selectiva que no significara mayores disrupciones para tal proyecto, aunque, en general, con pobres resultados: durante la década de 1880, en promedio llegaron al país cerca de 100 inmigrantes al año, cifra que se duplicó entre 1890 y la primera década del siglo XX para luego llegar a cerca de 400 por año entre 1908 y 19196. Estas cifras, aunque crecientes, eran muy pequeñas en comparación con las de los grandes receptores de inmigración de la región. Parte de ello se explica por el hecho de que el siglo se había iniciado en Colombia en medio la Guerra de los Mil Días y a que, además de las enormes pérdidas humanas, el país quedó arruinado tras su conclusión7. Esta difícil situación fue, con pocas dudas, un elemento de disuasión de la inmigración. Luego de la guerra, se reforzó la Hegemonía Conservadora en el gobierno del país. En 1904 llegó al poder Rafael Reyes, en cuyo gobierno se emitió el Decreto 496 de 1909 en el que se reglamentaba la inmigración. Allí se definía como inmigrante “a todo extranjero, jornalero, artesano, industrial, agricultor o profesor, que siendo menor de sesenta años y mayor de diez, y acredite su moralidad y sus aptitudes, llegue a la República para establecerse en ella” y se establecía que no sería admitidos enfermos, personas con problemas mentales o mala condición física8. Además, se disponía que tendrían el apelativo de “perniciosos” aquellos “que aparecieran complicados en algún movimiento de huelgas u otro de esta especie, ya sea como promotores, ejecutores o auxiliares” 5 María Elena Erazo, “Construcción de la nación colombiana”, Revista Historia de la Educación Colombiana (11) (2008), pp. 38-40. 6 William Paul McGreevey, Historia económica de Colombia, 1845-1930, Bogotá, Ediciones Uniandes, 2015, pp. 266-267. 7 David Bushnell, Colombia, una nación a pesar de sí misma: de los tiempos precolombinos a nuestros días, Bogotá, Planeta, 1994, p. 208. 8 Artículo 4, Decreto 496 de 1909 “Por el cual se reglamentan las leyes sobre inmigración y se deroga el decreto 1218 de 1908”.
179 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 y, en general, establecía los principios para la protección de la inmigración “honorable y laboriosa” y la contención de la “viciosa e inútil9. Entonces, la llegada de extranjeros al país seguía siendo escasa: el censo de 1912 estableció que, de una población total de 5,472,604 habitantes, solo 14,289, el 0,2 % de la población, eran foráneos10. Durante los siguientes gobiernos, el país siguió recibiendo pocos inmigrantes; además, con el inicio de la guerra en Europa en 1914, disminuyó significativamente la migración trasatlántica11. A pesar de que la afluencia de extranjeros seguía siendo baja, su presencia, en particular de ingleses, alemanes, italianos y españoles, así como de siriolibaneses, palestinos y judíos, empezó a dinamizar ciertos sectores económicos en varias regiones del país12. En el periodo de la posguerra y tras la Revolución bolchevique en Rusia, en Colombia, como en muchos otros lugares de Europa y del mundo, crecería la influencia de las ideas socialistas y revolucionarias. Durante la administración de Marco Fidel Suárez (1918-21) se establecieron mayores restricciones orientadas, en parte, a minimizar esos temidos riesgos. Así, en 1919 se expidió la “Ley 78 sobre huelgas” que, entre otros, indicaba a las autoridades de puertos y fronteras evitar la entrada de extranjeros indocumentados que pudieran representar un peligro para la seguridad nacional13. Luego, la Ley 48 de 1920 estableció obligaciones para los extranjeros que llegaran a Colombia, como la presentación de un pasaporte con su información básica como oficio o profesión, grado de instrucción, estado civil, estado de salud14 y una atestación de buena conducta, entre otros, y debía quedar claro el objeto de su viaje y su intención de permanecer, o no, en el territorio colombiano. La ley también establecía que personas con enfermedades físicas y mentales, mendigos, anarquistas y comunistas, no podían entrar al país15, lo cual pone en evidencia la preocupación existente y creciente por evitar una inmigración no deseada al país. 9 Decreto 496 de 1909, “Por el cual se reglamentan las leyes sobre inmigración y se deroga el decreto 1218 de 1908”. 10 Rueda en Roger Pita Pico, “La expulsión de extranjeros “perniciosos” en Colombia durante los últimos años de la Hegemonía Conservadora”, HiSTOReLo. Revista De Historia Regional y Local, 9 (17) (2017): 160, http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&pid=S2145- 132X2017000100155&lng=pt&nrm=.pf&tlng=es, p. 159. 11 McGreevey, Historia económica de Colombia, pp. 1-2. 12 Hermes Tovar, “Emigración y éxodo en la historia de Colombia”, Amérique Latine Histoire Et Mmoire, 3 (2001), https://doi.org/10.4000/alhim.522. 13 Ley 78 de 1919, “Sobre huelgas”. 14 Considerando que por entonces la llamada “gripe española” había causado numerosas víctimas en el mundo y también en Colombia. 15 Ley 48 de 1920, “Sobre inmigración y extranjería”.
180 Angélica Alba-Cuéllar Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 Las visiones sobre la “raza”, la nación colombiana y las leyes de inmigración en la Colombia de los años veinte A comienzos de la década de los veinte empezaron a emerger con cierto impulso ideas acerca de la supuesta “degeneración” de la raza colombiana y, consecuentemente, de la inmigración en relación con esta, así como de sus efectos en relación con las perspectivas de progreso del país. En Colombia, así como en otros países de Latinoamérica, se habían difundido los planteamientos racialistas al menos desde el siglo XIX y sus ideas seguían dominando algunas de las discusiones más importantes sobre la naturaleza de las naciones y su camino hacia la modernidad. En el país surgieron varios defensores de la tesis de la degeneración racial, que fue discutida en el marco de la “Fiesta de la Raza” en 1920 y que dio origen a la publicación de un volumen titulado “Los problemas de la raza en Colombia”, la recopilación de una serie de conferencias dictadas por destacados intelectuales y médicos colombianos en el Teatro Municipal de Bogotá. El médico conservador Miguel Jiménez López, uno de sus más importantes impulsores, consideraba que “la población colombiana atravesaba un proceso de “degeneración” a causa de la influencia negativa del medio ambiente en la zona tropical y de los “vicios” o deterioro biológico heredado de los ancestros”16, y que frente a estos problemas, una de las soluciones era la inyección de sangre europea que ayudara a elevar la calidad de la población existente17. A partir de ello, empezó a plantearse la cuestión del progreso asociada con la naturaleza del elemento humano de la nación con argumentos centrados en los peligros existentes para la deseada prosperidad nacional, especialmente aquellos que “debilitaban” a alguna parte de la población. Por ello, buscaron respuestas en las teorías de la ciencia racial y geográfica europea, que adaptaron a las realidades y problemas propios, y propusieron la necesidad de intervenir la población, controlándola y transformándola, no solo a través de la educación y de la higiene social, para algunos insuficientes para esos fines, sino a partir de una eugenesia de origen neolamarckiano que asumía que la “raza” podría mejorarse a través de rasgos adquiridos, es decir, de la inmigración18. En la misma dirección, el también conservador Laureano Gómez, quien afirmaba que en la latitud que ocupa Colombia nunca se había desarrollado una verdadera cultura19, haría en 1928 una de sus declaraciones más contundentes al afirmar 16 Miguel Jiménez López en Catalina Muñoz Rojas, Los problemas de la raza en Colombia: más allá del problema racial: el determinismo geográfico y las “dolencias sociales” (Bogotá: Universidad del Rosario, 2011), pp. 11, 73. 17 Catalina Muñoz Rojas, Los problemas de la raza en Colombia: más allá del problema racial: el determinismo geográfico y las “dolencias sociales” (Bogotá: Universidad del Rosario, 2011), pp. 11, 18-20, 37. 18 Muñoz, Los problemas de la raza en Colombia, pp. 15-17. 19 Álvaro Villegas Vélez, «La elite intelectual colombiana y la nación imaginada: raza, territorio y
181 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 que el colombiano, por mestizo, “no constituye un elemento utilizable para la unidad política y económica de América Latina: conserva demasiado los defectos indígenas: es falso, servil, abandonado y repugna todo esfuerzo y trabajo. Sólo en cruces sucesivos de estos mestizos primarios con europeos se manifiesta la fuerza de caracteres adquirida por el blanco”20. Influyentes intelectuales liberales también se sumaron a las reflexiones sobre el asunto. Luis López de Mesa quien, entre otras cosas, realizó una clasificación racial por departamentos en las primeras décadas del siglo XX, atribuyendo a cada raza características fisiológicas, mentales, intelectuales y morales particulares21, y que sería Ministro de Relaciones Exteriores en la República Liberal, afirmaba que el progreso era posible, que se estaba ganando la lucha contra la naturaleza adversa y la suerte que nos había tocado, y se mostraba favorable a la inmigración como fuente potencial de soluciones a los problemas del país. Al respecto, afirmaba: La inmigración de sangre blanca, bien escogida y reglamentada como debe hacerse, es para los países en desarrollo, un elemento incomparable de población, de progreso, de producción y de estabilidad política y social. Una corriente de inmigración europea suficientemente numerosa iría ahogando poco a poco la sangre aborigen y la sangre negra, que son, en opinión de los sociólogos que nos han estudiado, un elemento permanente de atraso y de regresión en nuestro continente22. Así que la inmigración selectiva, sana y numerosa para López de Mesa significaba la posibilidad de regeneración de la raza colombiana o, en el mismo sentido, la inmigración de “indeseables” podía terminar de degenerarla. En ese contexto, la tendencia en términos legislativos fue notoriamente discriminatoria. Esto se evidencia con ejemplos como la Ley 114 de 1922 “Sobre inmigración y colonias agrícolas”, expedida cuando el mismo Miguel Jiménez López era ministro de Gobierno del presidente Pedro Nel Ospina (1922-26), y que abrió la posibilidad de que grupos de agricultores extranjeros se asentaran en el país a través del fomento de la inmigración de individuos y de familias que por sus condiciones personales y raciales no puedan o no deban ser motivo de precauciones respecto del orden social o del fin que acaba de indicarse, y que vengan con el objeto de laborar la tierra, establecer nuevas industrias o mejorar las existentes, introducir y diversidad (1904-1940)», Anuario de Historia Regional y de las Fronteras, 11 (1) (2006): pp. 45-46, 50. https://revistas.uis.edu.co/index.php/anuariohistoria. 20 Laureano Gómez, “Interrogantes sobre el progreso de Colombia: conferencia dictada en el Teatro Municipal de Bogotá”, en Jorge Orlando Melo, “Etnia, región y nación: el fluctuante discurso de la identidad (notas para un debate)” (Academia.edu, 1989), p.10. 21 Villegas, “La elite intelectual colombiana y la nación imaginada”, pp. 49-52. 22 López de Mesa en Muñoz, Los problemas de la raza en Colombia, p.134. Segunda conferencia.
182 Angélica Alba-Cuéllar Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 enseñar las ciencias y las artes, y, en general, que sean elemento de civilización y progreso23. La ley, además, estableció la prohibición de que entraran elementos “que por sus razones étnicas, orgánicas o sociales sean inconvenientes para la nacionalidad y para el mejor desarrollo de la raza”24. En esta misma dirección, en el Decreto 1148 de 1923 sobre instrucciones a los cónsules, se estableció que quedaba “prohibido a los cónsules visar pasaportes a negros, sirios y chinos” y se indicaba que para el Ministerio de Relaciones Exteriores era necesario que se tomaran medidas “muy serias” contra la migración de esos elementos nada deseables y que, a la larga, podían ser perjudiciales para el desarrollo de la raza y para el porvenir del país25. Parece evidente que estas disposiciones legales hacían eco de los debates de trasfondo racial que tenían lugar en Colombia y que se daban alrededor de las ideas de civilidad, modernidad y progreso, cuyas fuentes se hallaban en el mundo intelectual europeo. En ese contexto, el censo de 1928 estableció que la población aproximada del país era de 7,967,788 habitantes, siendo 34,338 de ellos extranjeros (el 0,43%), la mayoría de los cuales eran venezolanos, sirios, españoles, italianos, alemanes, estadounidenses e ingleses26. Las ideas sobre la “raza” y la legislación sobre la inmigración durante los primeros años de la República Liberal La política de los gobiernos liberales frente a la inmigración, lejos de flexibilizarse, se hizo aún más restrictiva, especialmente con la imposición de cuotas de extranjeros que podían entrar a Colombia. Durante la presidencia de Miguel Olaya Herrera (1930-34) se emitió el Decreto 2232 de 1931 que estableció un sistema de cuotas de inmigración para la entrada al país de individuos de las siguientes nacionalidades: búlgara, china, griega, hindú, libanesa, lituana, palestina, polaca, rumana, rusa, siria, turca y yugoeslava […] Durante el año de 1932 se permitirá la entrada a Colombia a: 10 búlgaros; 10 hindúes; 10 palestinos; 10 chinos; 10 libaneses; 10 polacos; 10 rusos; 10 griegos; 10 lituanos; 10 rumanos; 10 sirios; 10 turcos y 10 yugoeslavos27. 23 Ley 114 de 1922, “Sobre inmigración y colonias agrícolas”. 24 Ibíd. 25 Decreto 1148 de 1923, “Instrucciones que el visitador de consulados Dr. Santiago Rozo entrega al Dr. Abadía cónsul de Colombia en Los Ángeles para darle cumplimiento al pliego de instrucciones y otras órdenes que ha comunicado el Ministerio de Relaciones Exteriores con respecto a los cónsules”, p. 3. 26 Boletín de la Contraloría General de la República, Año 4°, Octubre y noviembre de 1930, Números 39 y 40, pp. 529-530. 27 Decreto 2232 de 1931, “Por el cual se establece un requisito para la entrada de ciertos extranjeros al país”.
183 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 Los pagos que debían hacer los inmigrantes quedaron establecidos en el Decreto 1060 de 1933: estos debían “dejar un depósito de cien pesos moneda legal en la Administración de Aduana del puerto por donde entre”, que les sería devuelto al salir del país28. Estos decretos no especifican las razones por las cuales se establecen dichas cuotas y restricciones, pero lo cierto es que la decisión se enmarca, como en el periodo anterior, en las discusiones eugenésicas que seguían teniendo lugar en el país. Vale la pena añadir que, entonces, ya había empezado a surgir una derecha radical que cuestionaba los principios del gobierno democrático y que tenía una importante influencia extranjera; muchos de estos radicales se mostraban tolerantes con las figuras de Mussolini y más tarde con la de Hitler, y eran seguidores de Francisco Franco. Laureano Gómez, quien había sido crítico del fascismo al comienzo de la década, se mostró de acuerdo con algunas de sus propuestas: era abiertamente anticomunista y antisemita y creía que la democracia liberal occidental estaba en decadencia29. Bajo el gobierno de Alfonso López (1934-38) se impulsaron algunas medidas más progresistas; por ejemplo, fueron comunes las invitaciones a académicos europeos de inclinación humanística y liberal para trabajar en Colombia como docentes30. No obstante, las restricciones a la inmigración de ciertos grupos se hicieron cada vez más contundentes. El Decreto 148 de 1935 indicaba que ese año solo se permitiría “la entrada a Colombia a cinco armenios, cinco búlgaros, cinco chinos, cinco egipcios, cinco estones (sic), diez griegos, cinco hindúes, cinco letones, diez libaneses, cinco lituanos, cinco marroquíes, cinco palestinos, veinte polacos, cinco persas, diez rumanos, diez rusos, diez sirios, cinco turcos y diez yugoeslavos”. Por su parte los gitanos, “sea cual fuere la nacionalidad a que pertenezcan, sólo podrán entrar al país mediante permiso especial del Ministerio de Relaciones Exteriores”31; sin embargo, a ellos les fue completamente prohibida la entrada al país al año siguiente32. Luego, en el Decreto 397 de 1937 se endurecieron las condiciones de ingreso al país de algunas de las nacionalidades ya, en ese punto, tradicionalmente restringidas: Los búlgaros, chinos, egipcios, estones, griegos, hindúes, latvios, letones, libaneses, lituanos, marroquíes, palestinos, polacos, rumanos, rusos, sirios y turcos podrán entrar al país siempre que llenen los siguientes requisitos: a) Presentar ante el respectivo Cónsul de Colombia el pasaporte expedido por las autoridades competentes del país a que pertenezca el interesado; b) Para 28 Decreto 1060 de 1933, “Por el cual se reforman y refunden los Decretos números 300 y 840 de 1932, reglamentarios de la Ley 103 de 1927, sobre extranjería”. 29 Bushnell, Colombia, una nación a pesar de sí misma, p. 262. 30 Bushnell, Colombia, una nación a pesar de sí misma, pp. 255-260. 31 Decreto 148 de 1935, “Por el cual se establecen requisitos para la entrada al país de extranjeros pertenecientes a determinadas nacionalidades”. 32 Decreto 1194 de 1936, “Por el cual se establecen requisitos para la entrada al país de extranjeros pertenecientes a determinadas nacionalidades”.
190 Angélica Alba-Cuéllar Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 Gobierno colombiano frente a los desesperados intentos de los judíos europeos de llegar a país a finales de la década de los treinta. De otro lado, las notas y opiniones sobre la inmigración judía se hicieron muy visibles en diversos medios de comunicación en particular en los años treinta; la misma comunidad judía afirmaba en 1936 que “los brotes de una campaña febril en su contra venían produciéndose hacía dos o tres años”56. Algunas quejas eran impulsadas por grupos de comerciantes en distintas ciudades y revelaban “el descontento de los principales centros comerciales del país, por el número creciente de individuos de raza semítica establecidos en Colombia, y que ejercen profesiones relacionadas con el comercio, en las cuales les hacen la competencia a los ciudadanos colombianos, sin provecho alguno para el país”57. No obstante, algunos columnistas y periodistas muy respetados se mostraban en contra de las crecientes manifestaciones de antisemitismo, como el liberal Luis Eduardo Nieto Caballero, quien en 1936 se oponía a “la campaña de aversión y de injusticia” en contra de los judíos, afirmando que estos no solamente eran “una colonia de elementos activos, honorables que han traído industrias nuevas, y que han logrado abaratar los abrigos y pieles y carteras y adornos que no podían usar antes sino las clases ricas, algo que peca contra la civilización, contra la humanidad, contra las controversias del país”, sino destacando que se trataba de una raza de “hombres muy distinguidos, filósofos, poetas, matemáticos, verdaderos transformadores de la ciencia y mujeres divinas”58. Sin embargo, estas no parecen ser las posiciones más comunes en la prensa de la época. En un artículo titulado “¿El judío errante hallará por fin la paz en Colombia?” en el semanario Estampa, un cronista que escribía bajo el seudónimo de Marcel señalaba que en el país predominaba la inmigración judía que correspondía “a los desterrados, a los que huyen del peligro europeo de la intranquilidad del ambiente, y se refugian en la beatífica paz de nuestras instituciones democráticas” 59. En declaraciones dadas a Marcel, un funcionario del Gobierno afirmaba que el pequeño comerciante del país había sido casi desplazado “por el hábil comerciante judío ingenioso y recursivo que abre largos créditos y facilita las mejores condiciones de pago. Que no mueve el capital, sino que lo retiene en espera de hacerse a una mejor plaza, de dominar un mercado más amplio”. Ello, afirmaba, implicaba la “desmoralización del comercio urbano”60. 56 Jaime Fainboim, “Tempestad en un vaso de agua. Agitación anti-hebrea en Colombia”, Nuestra Tribuna. Año III, No. 32, (Abril de 1936), p. 2. 57 Ibíd. 58 L. E. Nieto Caballero, “El comercio judío”, El Grafico. En: Nuestra Tribuna, Año III, No. 32 (Abril de 1936), p. 9. 59 Marcel, “¿El judío errante hallará por fin la paz en Colombia?”, Estampa, Abril 15, 1939, p. 13. 60 Marcel, “¿El judío errante hallará por fin la paz en Colombia?”, p. 14.
191 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 Es así que, a pesar de que se reconocían las difíciles condiciones de las que buscaban escapar, las reacciones en contra parecían intensificarse y la cuestión económica y comercial acaparaba las reseñas y referencias a los judíos en los diarios colombianos. Por ejemplo, en el liberal El Tiempo se publicaba el 2 de julio de 1938 un artículo titulado “Cómo se apoderaron los judíos de los clientes de la clase media”; allí se señalaba que los judíos polacos habían centuplicado “la capacidad adquisitiva del cliente, en forma artificial”, lo que habría producido el “desalojamiento del comerciante colombiano”. A través de sus actividades, según el artículo, estos eran incapaces de producir riqueza y de incrementar la economía del lugar en el que se encontraban, y se sostenía que [e]l comercio, tal como lo entienden y ejercitan estas gentes, es un violento vehículo de explotación. […] Se trata de desalojar determinadas casillas económicas para establecer en estas posiciones el predominio de un hábil sistema de explotación: para instalar una portentosa e inteligente que se utiliza en apoderarse de los recursos económicos de las clases sociales más necesitadas y desvalidas. […] El sistema de ventas a plazos, bajo un control racional, y ejercido como medio de incremento comercial, no como instrumento de explotación, es de todo punto conveniente. Pero ocurre que el judío no ha perseguido nunca la implantación de este sistema como medio de incremento comercial. En todos los casos, el judío pretende copar la capacidad adquisitiva de su clientela, para someterla a su dominio, para tenerla bajo su control absoluto61. Esto se ilustra también en numerosas caricaturas de la época, como la publicada en el diario conservador La Patria de Manizales, y que originalmente fue publicada en Je suis partout, un semanario francés publicado entre 1930 y 1944 abiertamente nacionalista, antisemita y profacista62, lo que además indica la circulación de material antisemita a través del Atlántico: 61 Ximenez, “Cómo se apoderaron los judíos de los clientes de la clase media”, El Tiempo, 2 de julio de 1938. 62 “Je suis partout”, Bibliothèque Mémorial de la Shoah, 2016, http://www.memorialdelashoah. org/wp-content/uploads/2016/05/je-suis-partout-inventaire-bibliotheque.pdf.
192 Angélica Alba-Cuéllar Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 Imagen 1. Caricatura "La metamorfosis del judío" Fuente: Diario La Patria. 11 de junio de 1938. Todo ello, una vez más, nos remite a los tradicionales prejuicios existentes sobre los judíos en distintos lugares del mundo en los que han tenido presencia. Con el propósito de responder a las crecientes manifestaciones de antisemitismo en el país, la comunidad judía en Colombia creó la revista mensual Nuestra Tribuna. La publicación tenía la misión de explicar “las ideas y fines de una raza que hace poco constituía en este país una cosa desconocida o falsamente comprendida”63. Por ejemplo, como respuesta a unos debates en el Senado de la República en diciembre de 1935 sobre la inmigración en general, y la judía en particular, así como a una crónica de “Calibán”64 en El Tiempo en esos días, que habían inspirado una serie de carteles que se pegaron en distintos sectores de Bogotá en los que se leía “Calibán y el Senado nos secundan en nuestra lucha contra los Polacos65”, el autor de la columna, Ish Ejad, afirmaba: 63 Alberto Weissman Trommer, “Felicitaciones a nuestro primer aniversario”, Nuestra Tribuna, Año II, No. 13, (Septiembre de 1934), p. 39. 64 Este era el seudónimo con el que escribía Enrique Santos, hermano del presidente Enrique Santos, en el periódico El Tiempo. 65 Que era el apelativo con el que comúnmente se les conocía a los judíos llegados de Europa, con
193 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 [L]os debates en el Senado y la crónica de Calibán son indicios demasiado claros, hasta dónde ha llegado la obra roedora de la agitación antisemita […] [A]quí se da el caso insólito de que precisamente los que más fuertemente se golpean el pecho como genuinos liberales, son los que hablan como discípulos de Hitler. […] El “hombre de la calle” colombiano se fija que el buhonero que hace poco aún comía una vez al día, tiene su almacén establecido y vive como un rico. Esto da envidia –somos humanos. Según sus conceptos comerciales, debe haber allí gato encerrado, pues con medios honrados y usuales no se puede llegar tan lejos con esta facilidad. No llega a entender que la base de este negocio del exbuhonero es precisamente la confianza que tiene en su honradez y que, generalmente, que todo el almacén no es suyo sino el nombre siendo las mercancías de propiedad ajena, entregadas a crédito. Un trabajo sin descanso, el aumento de las ventas abasteciendo un publico que anteriormente no tenia tales necesidades y alguna suerte pueden llegar a convertir el almacén en uno propio de veras. […] Las recomendaciones restrictivas que se hicieron al [S] enado tienen un marcado olor a propaganda hitlerista66. Además de acusar al gobierno y a algunos liberales de su actitud hostil y discriminatoria hacia los judíos, en Nuestra Tribuna también se denunciaba que el consulado alemán en Bogotá y la Casa Bayer repartían “gratuitamente unos folletos con discursos calumniosos y judeófobos de Hitler y Goebbels, sembrando sistemáticamente el odio contra el pueblo hebreo y contra los hebreos residentes en Colombia”67. Y sobre los prejuicios contra los judíos por ser supuestos agentes del comunismo, respondían: La idiotez aparente de confundir al judaísmo con el movimiento comunista, no es tal idiotez, sino malevolencia bien calculada y política. Agitación por el espanto en la Edad Media, hemos envenenado las fuentes y asesinado a Dios. Hoy somos comunistas y pretendemos el dominio mundial. […] El comunismo es una religión intolerante que no convive con ninguna otra. Y si el nazismo no significara al mismo tiempo persecución de judíos […] indudablemente se encontrarían muchos judíos entre los nazis combatiendo al comunismo. Así estamos entre el yunque comunista que se opone a nuestro pueblo como tal y entre los martillazos nazis que se dirigen contra todo judío individualmente68. Es evidente que la posición de los inmigrantes judíos en el país era compleja. Si bien el desarrollo de sus actividades, especialmente comerciales, era percibido con algún recelo, cuando no con hostilidad abierta, por parte de algunos nacionales, otros, especialmente entre las clases populares, celebraban las innovaciones que trajeron consigo y que les permitieron el acceso a bienes tradicionalmente reservados para las clases altas. Sin embargo, las posturas independencia de su lugar de origen. 66 Ish Ejad, “Calibán contra los polacos”, Nuestra Tribuna, Año III, No. 29 (Enero de 1936). 67 Ish Ejad, “Colombia, alerta!”, Nuestra Tribuna, Año III, No. 30 (Febrero de 1936). 68 Ibíd.
194 Angélica Alba-Cuéllar Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 frente a su llegada y presencia en el país no se limitaron a las de aquellos con quienes los inmigrantes entraron en contacto en sus entornos específicos, sino que, como hemos visto, se (re)produjeron en discursos oficiales, críticas desde las élites intelectuales y notas de prensa y opinión. Conclusiones Como se ha indicado, factores diversos incidieron en los bajos números que caracterizaron a la inmigración en Colombia a inicios del siglo XX. Sin embargo, las ideas sobre la naturaleza de la nación y el papel de las distintas “razas” en el progreso del país fueron significativas en ese contexto. La legislación y los debates sobre el tema ponían de relieve las tensiones existentes entre los ideales de la inmigración y su relación con el potencial desarrollo económico y social del país, por un lado, y la necesidad de preservar la identidad nacional en construcción y de garantizar el progreso a partir del rechazo de la llegada al país de ciertos grupos considerados inconvenientes para la nación colombiana, por otro. No obstante las limitaciones y el poco éxito de las iniciativas para atraer inmigrantes “deseables”, se produjeron algunos movimientos migratorios hacia el país, percibidos en general de forma positiva. A pesar de que los inmigrantes judíos se encontraban entre aquellos grupos considerados poco convenientes para el proyecto nacional, algunos de ellos llegaron a Colombia. Si bien la legislación al respecto no iba dirigida específicamente a evitar que estos ingresaran, ya que no mencionaba ningún término que los identificara –como judíos o hebreos, por ejemplo–, al imponer restricciones a polacos, rusos, rumanos, lituanos, e incluso a turcos, palestinos o sirios, es posible que se intentara evitar que entraran, además de esos elementos más claramente definidos por su nacionalidad, judíos de esos orígenes. En ese sentido, y aunque las leyes y decretos fueran inespecíficos para el caso, en documentos oficiales, debates intelectuales y artículos de prensa se revela la preocupación de que los judíos siguieran entrando al país, aun a finales de la década de los treinta, cuando la situación empeoraba rápidamente para ellos en Europa. Aunque se producían entonces algunas formas de reconocimiento de las complejas condiciones que los traían al país, así como de sus aportes a la dinamización del comercio y de su papel en la apertura del consumo entre las clases populares, con frecuencia se invocaban los riesgos que implicaban sus prácticas comerciales, así como sus tradiciones y creencias para la moralidad, el orden social y el progreso de la nación, recurriendo con frecuencia a estereotipos de larga data. Pese a todo, algunos inmigrantes judíos
195 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 se establecieron en Colombia y, aunque muchos enfrentaron los prejuicios a los que nos hemos referido, estos eventualmente lograron vincularse a la sociedad nacional como miembros plenos y, de hecho, participar activamente en el desarrollo nacional.
196 Angélica Alba-Cuéllar Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 Referencias bibliográficas: Fuentes primarias Documentos oficiales: Boletines de la Contraloría General de la República: Octubre y noviembre de 1930, Números 39 y 40. Memorias del Ministerio de Relaciones Exteriores al Congreso: 1916, 1919, 1930, 1938, 1939. Legislación: Decreto 1060 de 1933, “Por el cual se reforman y refunden los Decretos números 300 y 840 de 1932, reglamentarios de la Ley 103 de 1927, sobre extranjería”. Decreto 1148 de 1923. “Instrucciones que el visitador de consulados Dr. Santiago Rozo entrega al Dr. Abadía cónsul de Colombia en Los Ángeles para darle cumplimiento al pliego de instrucciones y otras órdenes que ha comunicado el Ministerio de Relaciones Exteriores con respecto a los cónsules”. Decreto 1194 de 1936, “Por el cual se establecen requisitos para la entrada al país de extranjeros pertenecientes a determinadas nacionalidades”. Decreto 148 de 1935, “Por el cual se establecen requisitos para la entrada al país de extranjeros pertenecientes a determinadas nacionalidades”. Decreto 2232 de 1931, “Por el cual se establece un requisito para la entrada de ciertos extranjeros al país”. Decreto 397 de 1937, “Por el cual se establecen requisitos para la entrada al país de extranjeros pertenecientes a determinadas nacionalidades”. Decreto 496 de 1909 “Por el cual se reglamentan las leyes sobre inmigración y se deroga el decreto 1218 de 1908”. Ley 114 de 1922, “Sobre inmigración y colonias agrícolas”. Ley 48 de 1920, “Sobre inmigración y extranjería”. Ley 78 de 1919, “Sobre huelgas”. Otros informes y documentos oficiales: Mensaje del presidente de la República de Colombia al Congreso Nacional en sus sesiones de 1939. Bogotá: Imprenta Nacional.
197 Discursos, políticas y percepciones frente a la inmigración judía a Colombia en las primeras décadas del siglo XX Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 26, nº 55. Primer cuatrimestre de 2024. Pp. 175-198. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2024.i55.08 Periódicos y revistas: Nuestra Tribuna: septiembre de 1934, enero de 1936, febrero de 1936, abril de 1936. El Gráfico: abril de 1936. Estampa: 15 de abril de 1939. El Tiempo: 2 de julio de 1938. Memorias: Guberek, Simón. Yo vi crecer un país. Bogota: Siglo del Hombre Editores, 2009. Fuentes secundarias: “Klapper”. The Oxford Dictionary of the Jewish Religion. https://www. oxfordreference.com/view/10.1093/acref/9780199730049.001.0001/ acref-9780199730049-e-2954. Bibliowicz, Azriel. “Intermitencia, ambivalencia y discrepancia: historia de la presencia judía en Colombia”. Amrique Latine Histoire et Mmoire, 3 (2001) https://doi.org/10.4000/alhim.535. Bushnell, David. Colombia, una nación a pesar de sí misma: de los tiempos precolombinos a nuestros días. Bogotá: Planeta, 1994. Erazo, María Elena. “Construcción de la nación colombiana”. Revista Historia de la Educación Colombiana, 11 (2008): 33-52. Hernández García, José Ángel. “Emigración judía en Colombia en los años 1930 y 1940. Un caso particular: los polacos”. Pensamiento y cultura, 10 (2007): 177-190. Leal Villamizar, Lina María. “Colombia frente al antisemitismo y la inmigración de judíos polacos y alemanes 1933-1948”. Tesis de Maestría inédita. Departamento de Historia, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2011. https://repositorio.unal.edu.co/handle/unal/7615. Lesser, Jeffrey. Welcoming the Undesirable: Brazil and the Jewish Question. Berkeley: University of California Press, 1995. Martínez, Fréderic. “Apogeo y decadencia del ideal de la inmigración europea en Colombia, siglo XIX”. Boletín Cultural y Bibliográfico, 34 (44) (1997): 3-45. https://publicaciones.banrepcultural.org/index.php/boletin_cultural/ article/view/1718.
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